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  • La Espeluznante Realidad de la Deuda Estadounidense: ¿Hacia un Colapso Financiero sin Precedentes?

    El creciente peso de la deuda estadounidense ha suscitado una alarma generalizada entre economistas y expertos, que advierten sobre las graves implicaciones de una crisis de deuda soberana. La cifra astronómica de más de USD $175 billones en pasivos, una cifra astronómica que incluye pasivos por seguridad social y Medicare, revelada en el reciente Informe Financiero del Gobierno de los Estados Unidos de febrero de 2024, ha encendido las alarmas sobre el futuro financiero del país.

    La realidad es desalentadora: Estados Unidos enfrenta una montaña de deuda que amenaza con sumirlo en un colapso financiero de proporciones catastróficas. La situación se complica aún más por el hecho de que el gobierno federal solo pudo recaudar USD $1,86 billones el año pasado, una cantidad que queda muy por debajo de lo necesario para hacer frente a sus compromisos financieros.

    El analista financiero Brent Donnelly plantea una perspectiva sombría al sugerir que el gobierno podría verse tentado a confiscar activos privados, incluidos los USD $177 billones en activos de hogares y organizaciones sin fines de lucro, como una medida desesperada para tratar de pagar la deuda. Sin embargo, esta cifra incluye todo lo que poseen los estadounidenses, desde fondos de cobertura hasta fideicomisos personales. La realidad es que la cifra recaudada de USD $1,86 billones el año pasado, es una cifra ya inflada por el gasto deficitario.

    Además, el dólar ha perdido alrededor del 25% de su valor real desde 2020. Si se liquidaran los activos privados o si ocurriera una crisis financiera, el valor de esos USD $177 billones se desplomaría. Esta acción tendría repercusiones devastadoras en la economía y en la confianza pública.

    deuda estadounidense

    Las promesas incumplibles del gobierno estadounidense, que incluyen generosos beneficios de seguridad social y Medicare, representan un lastre cada vez más insostenible para las finanzas públicas. Además, las obligaciones del país hacia sus aliados extranjeros y acreedores nacionales e internacionales plantean desafíos adicionales que podrían minar la confianza en el dólar y en la economía estadounidense.

    En un intento por cumplir estas promesas, el gobierno podría verse obligado a tomar medidas extremas, como aumentar masivamente los impuestos o recortar drásticamente los servicios públicos. Tales acciones solo intensificarían la crisis económica y social, erosionando aún más la confianza en las instituciones públicas y socavando la cohesión social.

    El futuro de la economía global pende de un hilo mientras Estados Unidos enfrenta su creciente montaña de deuda. La incertidumbre económica y política plantea interrogantes sobre el camino a seguir y las decisiones que se tomarán en los próximos años. En este contexto, las criptomonedas y la tecnología blockchain podrían surgir como refugios de valor ante la incertidumbre de la deuda estadounidense, mientras que la inteligencia artificial continúa avanzando como una herramienta potencial para transformar industrias y economías enteras.

    La situación actual plantea desafíos monumentales y plantea la urgente necesidad de abordar la crisis de la deuda de manera eficaz y sostenible. El futuro de Estados Unidos y de la economía global depende de las decisiones que se tomen en los próximos años y de la capacidad de la nación para superar estos desafíos con determinación. Y en caso que así no lo hicieren, estar preparados para cualquier eventualidad cubriendo nuestro trabajo y ahorro frente a los desatinos del gobierno y bancos centrales.

  • Burbuja especulativa: ¿Puede China pagar las cuentas?

    El jefe del gigante inmobiliario Evergrande bajo arresto domiciliario mientras el «milagro económico» se convierte en «burbuja especulativa».

    En medio de informes y rumores sobre animales de zoológico hambrientos y jubilados que no reciben sus pensiones, el presidente del Grupo Chino Evergrande,  el promotor inmobiliario más endeudado del mundo, en dificultades financieras, se encuentra ahora bajo “vigilancia residencial”, llamado arresto domiciliario, mientras el sector inmobiliario chino pierde su encanto y unos 42.000 gobiernos locales están buscando dinero para pagar a los acreedores.

    El presidente de Evergrande, Hui Ka Yan, o Xu Jiayin, está bajo supervisión policial las 24 horas del día y no puede salir de su casa ni recibir invitados sin permiso. Alguna vez fue el hombre más rico de China. En 2017, Hui Ka Yan tenía un patrimonio neto de 42.500 millones de dólares, superando al fundador de Alibaba, Jack Ma, y al fundador de Tencent, Pony Ma.

    Gran parte de la prosperidad de China –como la de Hui– probablemente ahora plantea un signo de interrogación, y no se trata sólo de los gigantes de la propiedad privada como Evergrande; son las decenas de miles de gobiernos locales los que han construido y “modernizado” China en lo que puede ser la burbuja inmobiliaria especulativa más grande de todos los tiempos.

    El tribunal no ha decidido en qué medida los bienes raíces representan el PIB de China (entre el 25% y el 30% según la mayoría de los cálculos), pero la cuestión, en una nueva era de exceso masivo de oferta y baja demanda, es dónde se asentará el nuevo equilibrio.

    Andrew Collier, director gerente de Orient Capital Research, dice: “China tiene que reducir el tamaño de la industria inmobiliaria en aproximadamente un tercio, lo que causará mucho dolor a los propietarios de viviendas, los gobiernos locales y algunos bancos”. Algunos analistas podrían describir esto como una evaluación optimista.

    Demasiado grande para caer

    George Magnus, investigador asociado del China Center de la Universidad de Oxford, dice que la deuda está en todas partes del sistema chino y su alcance es difícil, si no imposible, de evaluar.

    «Las deudas acechan en proyectos de asociaciones público-privadas: [hay] préstamos que no están en los balances o en los libros por completo, y otros planes de recaudación de fondos de los gobiernos locales».

    Anne Stevenson-Yang, fundadora y directora de investigación de J Capital Research, la describe como “una ciencia muy inexacta”, refiriéndose al problema de determinar la profundidad de la deuda nacional de China.

    «Un gobierno puede redactar un contrato con una empresa para obtener un préstamo de, digamos, 100 millones de yuanes», dice Stevenson-Yang, y añade que podría presentarse «como una venta de terrenos».

    «Existe un acuerdo de que la tierra será devuelta una vez que se devuelva el dinero, pero ese acuerdo no puede quedar escrito».

    Añade Stevenson-Yang: «Creo que el problema es demasiado grande para resolverlo».

    Una medida precisa de la deuda no registrada sería una tarea difícil, dice Dexter Roberts, director de asuntos de China en el Centro Mansfield de la Universidad de Montana e investigador principal del Atlantic Council .

    «Lo que sí sabemos es que es muy grande y está creciendo», dice Roberts.

    “Pekín parece decidido a evitar el riesgo moral de rescatar a los gobiernos locales. El problema es que el endeudamiento de los gobiernos locales se ha vuelto tan grave que se está extendiendo y afectando también a muchos chinos comunes y corrientes, como también ocurre con las personas mayores que ven retrasados ​​sus pagos de pensiones o con los funcionarios públicos a quienes no se les paga a tiempo. .”

    En resumen, la deuda que pesa sobre el antiguo gigante del crecimiento chino tiene que asentarse en alguna parte y es probable que caiga sobre las cabezas de aquellos que tienen menos probabilidades de poder pagarla. «El pueblo de China», dice Stevenson-Yang. Y añade, refiriéndose a la cuestión de cómo Beijing podría abordar el problema: “No tengo idea de cuál es su plan, aparte de esconder la cabeza en la arena. De hecho, creo que están estancados burocráticamente”.

    El economista Michael Pettis comentó en un hilo de tweets , en la plataforma de redes sociales ahora conocida como X, que probablemente sería mejor si Beijing proporcionara sólo un alivio temporal y al mismo tiempo obligara a los gobiernos locales a resolver la deuda ellos mismos”.

    El “aprieto extremadamente difícil” en el que se encontraban los gobiernos locales, con ingresos menguantes que limitan su capacidad para pagar las deudas, se debió a una confluencia de factores, dice Roberts.

    «Los cierres pandémicos y las medidas enérgicas contra el sector inmobiliario sobreapalancado, que probablemente eran necesarias pero que han sido muy perjudiciales para la economía en general, además de la caída de los ingresos y la capacidad de gasto provocada por los tiempos económicos difíciles en general».

    Magnus de Oxford dice: “ El gobierno central aparentemente ha comenzado a enviar inspectores para obtener una imagen adecuada de la deuda de los gobiernos locales, y los profesionales de las finanzas y algunos responsables de políticas hablan sobre canjes de deuda, en virtud de los cuales la costosa deuda de los gobiernos locales se canjearía por deudas más baratas. bonos del gobierno central.

    «Esto, en el mejor de los casos, ganaría un poco de tiempo, pero no es más que reemplazar deuda con deuda y realmente no resuelve el problema». Mientras tanto, los gigantes de la propiedad privada de China (Evergrande, Country Garden y Vanke, entre otros) continúan tambaleándose en un mercado sin interesados. Los gobiernos locales que se han endeudado sobre la base de activos inmobiliarios que ahora están sobrevaluados y que no serán rescatados desde arriba están en un aprieto.

    “Emigrar”, dijo Stevenson-Yang de J Capital Research cuando se le preguntó qué haría si estuviera dirigiendo un gobierno local endeudado en China.

    Editado por Mike Firn y Elaine Chan.

  • ¿Qué tan endeudados están los países de Centroamérica?

    Los países suelen pedir prestado dinero a organismos internacionales cuando lo recaudado en impuestos no es suficiente para el pago de proyectos o gastos del Estado.

    En Centroamérica, el país que menos ha recurrido a esta práctica es Guatemala, cuya deuda pública es la más baja de la región con 22.593 millones de dólares, lo que equivale a un aproximado del 30 % del Producto Interno Bruto (PIB), según cálculos del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI).

    Mientras que los países con la mayor deuda pública son El Salvador, con el 76 % de su PIB comprometido y Costa Rica con el 63 %.

    “Históricamente Guatemala ha sido un país muy conservador. No ha estado en la situación de Honduras o Nicaragua en los años 80’s, países pobres altamente endeudados. Tampoco hemos llegado a tener dependencia de la deuda como la tiene El Salvador y Costa Rica, y eso de alguna manera genera un blindaje macroeconómico”, dijo a la Voz de América el economista Hugo Maul, investigador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

    El Fondo Monetario Internacional (FMI), en su evaluación del Artículo IV 2023, dijo que la deuda de El Salvador es “elevada y se encuentra en una senda insostenible”. Por lo que recomendó, en febrero de este año, “el desarrollo de un plan fiscal y de financiamiento completo y ambicioso, destinado a reconducir la deuda a una senda sostenible y a facilitar el acceso al mercado internacional de capitales».

    Mientras que para Costa Rica dijo que “la orientación general de las políticas debe seguir centrada en hacer que la inflación regrese a la meta y que la deuda pública se mantenga en una firme trayectoria descendente”.

    ¿La deuda es funcional?

    Una de las maneras utilizadas por las entidades financieras para medir si un nivel de deuda es correcto o excesivo es comparando lo que se debe con el PIB de cada país, es decir, comparando el monto de la deuda con el valor de los bienes y servicios finales que produce ese país.

    Por ejemplo, si un país debe 80 millones de dólares y su PIB es de 100 millones, de lo producido, ya debe la mayor parte y su capacidad de riqueza queda reducida.

    Según el ICEFI, en 2020, varios países del mundo registraron un aumento del nivel de endeudamiento público debido a la disminución del PIB por la poca actividad económica. En el caso de Centroamérica, el nivel promedio de endeudamiento en la región era del 48,5 %. Luego de la pandemia, el promedio de deuda se elevó al 60,6 %.

    “Con las cifras consideradas en los presupuestos de ingresos y gastos del Estado para cada uno de los países de la región, se estima que, al cierre de 2023, la deuda pública regional media se reducirá́ hasta 54 % del PIB”, señala ICEFI.

  • Gasto público en Panamá: endeudamiento insostenible y servicios ciudadanos descuidados

    En los últimos años, Panamá ha sido testigo de una alarmante tendencia: el crecimiento desmedido del gasto público, que se traduce en un incremento exponencial del endeudamiento nacional. A pesar de este vertiginoso aumento en el presupuesto estatal, los ciudadanos apenas ven mejoras en los servicios públicos y, en muchos casos, sufren la falta de infraestructuras básicas y la ineficiencia de las instituciones gubernamentales.

    El presupuesto estatal para el año 2024 es una clara muestra de esta inmensa expansión del gasto público. Aunque algunos puedan argumentar que este aumento presupuestario es necesario para impulsar el desarrollo y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, la realidad es muy diferente. En muchos casos, este gasto excesivo se traduce en proyectos poco transparentes y políticas clientelistas que benefician a unos pocos en detrimento de la mayoría. Sin olvidarnos el detalle no menor de su ejecución en medio de una contienda electoral.

    Uno de los principales problemas de un alto gasto público sin un control adecuado es el incremento del endeudamiento. Cada vez que el gobierno gasta más de lo que ingresa, se ve obligado a recurrir a préstamos para cubrir la diferencia. Esto no solo aumenta la deuda nacional, sino que también representa una carga para las futuras generaciones, quienes deberán asumir las consecuencias de las decisiones fiscales irresponsables del presente.

    El endeudamiento insostenible no solo afecta a las finanzas públicas, sino también a la economía en su conjunto. Una elevada deuda pública puede llevar a un aumento de los intereses y comprometer la capacidad del gobierno para invertir en áreas prioritarias como la seguridad y justicia, la salud, educación y la infraestructura. Además, puede generar incertidumbre entre los inversores y desincentivar la inversión privada, lo que impacta negativamente en el crecimiento económico del país.

    Por otro lado, el ciudadano común se ve afectado por el alto gasto público de diversas maneras. A pesar de que el gobierno tiene más recursos a su disposición, la calidad de los servicios públicos no mejora significativamente. La falta de infraestructuras adecuadas, la escasez, pero fundamentalmente la mala asignación de recursos en sectores como los ya señalados, y la ineficiencia en la prestación de servicios básicos son problemas que persisten.

    Además, la burocracia y la corrupción en el aparato gubernamental también juegan un papel importante en el desvío de fondos y la falta de resultados tangibles para la población. En muchos casos, el alto gasto público se traduce en un enriquecimiento ilícito de unos pocos funcionarios y empresarios vinculados a la clase política, mientras que los ciudadanos comunes siguen enfrentando dificultades y carencias.

    Para revertir esta situación nefasta y dañina, es fundamental que el gobierno adopte una política de gasto público responsable y transparente. Es necesario establecer mecanismos de control y rendición de cuentas para evitar el mal uso de los recursos públicos. Además, es fundamental priorizar la inversión en áreas clave señaladas y dejar el resto de actividades al desarrollo en manos privadas.

    Asimismo, es crucial promover la participación ciudadana y la transparencia en el proceso presupuestario. Los ciudadanos deben estar informados y tener voz en las decisiones que afectan sus vidas y su futuro. Solo a través de una gestión responsable y una verdadera rendición de cuentas, se podrá evitar el endeudamiento excesivo y mejorar la calidad de los servicios públicos en beneficio de todos los panameños.

    En conclusión, el aumento desmedido del gasto público en Panamá es una situación preocupante que exige una reflexión profunda por parte de las autoridades y la sociedad en su conjunto. El endeudamiento insostenible y la falta de mejoras en los servicios ciudadanos son señales claras de que es necesario cambiar el rumbo y adoptar políticas fiscales responsables y transparentes. Solo así se podrá construir un futuro próspero y equitativo para todos los ciudadanos panameños.

  • El desafío de la democracia liberal y el endeudamiento público en Panamá

    La democracia liberal en Panamá se enfrenta a desafíos significativos, especialmente en lo que respecta al endeudamiento público. Desde la transición democrática posterior a la invasión, el país ha experimentado un crecimiento económico notable, pero también ha acumulado una deuda considerable. En este artículo, analizaremos la interrelación entre la democracia liberal, el peligro populista y el endeudamiento público en Panamá, examinando datos desde la democracia post invasión hasta la situación actual en el contexto de la post-pandemia.

    El auge del populismo y su impacto en el endeudamiento público en Panamá

    En los últimos años, se ha observado un aumento del populismo en Panamá, con líderes políticos que han prometido soluciones rápidas y sencillas a los desafíos del país. Estas políticas populistas, aunque atractivas para muchos,  han llevado a un aumento en el endeudamiento público. Enfrentar estas políticas irresponsables y garantizar una gestión financiera responsable se vuelve fundamental para la estabilidad económica y el futuro del país.

    El endeudamiento público en Panamá: de la democracia post invasión al estado actual post pandemia

    Desde la transición democrática en 1990, Panamá ha experimentado un crecimiento económico constante, pero también un incremento en el endeudamiento público. Antes de la pandemia, el país ya enfrentaba una deuda significativa, con un porcentaje de deuda sobre el PIB que se encontraba en niveles preocupantes. Sin embargo, la crisis sanitaria y sus consecuencias económicas han generado un aumento adicional en el endeudamiento, exacerbando los desafíos financieros a los que se enfrenta el país.

    El desafío de la sostenibilidad de la deuda

    El endeudamiento público descontrolado puede tener consecuencias negativas para la economía panameña. Un alto nivel de deuda dificulta la inversión en infraestructura y programas esenciales a cargo del gobierno como seguridad, justicia, educación o salud, limitando el desarrollo económico y la calidad de vida de los ciudadanos. Además, la dependencia excesiva de los mercados financieros internacionales puede aumentar la vulnerabilidad del país a las crisis económicas externas. Es crucial abordar el endeudamiento de manera responsable y buscar soluciones sostenibles para garantizar la estabilidad y el crecimiento a largo plazo.

    Preservando la democracia liberal y abordando el endeudamiento público en Panamá

    Para preservar la democracia liberal y abordar el endeudamiento público, es esencial fortalecer las instituciones democráticas, fomentar la transparencia y la rendición de cuentas, y promover una gestión fiscal responsable. Panamá debe buscar políticas que impulsen el crecimiento económico sostenible y diversificado, reduzcan la dependencia de la deuda y fomenten la inversión en sectores clave decididos por la propia ciudadanía. La participación ciudadana informada y el compromiso político son fundamentales para abordar estos desafíos y construir un futuro próspero para el país. Pero de ello no se desprende que para financiar el despilfarro se persiga a los ciudadanos con herramientas oficiales de recaudación impositiva y lograr el «equilibrio fiscal». Si la ciudadanía no logra abordar el pago de los impuestos es porque no puede porque sus ingresos han mermado o son demasiado altos para su rentabilidad empresarial. La clave está en que sus candidatos políticos no continúen irresponsablemente gastando a cuenta de futuros pagadores de la fiesta. Y en la ciudadanía en saber elegir.

    Conclusión:

    Panamá enfrenta el desafío de sostener la democracia liberal, evitar el populismo y disminuir el endeudamiento público. La gestión responsable de la deuda y la promoción de políticas económicas austeras y responsables son cruciales para garantizar un desarrollo económico equitativo y duradero. Al fortalecer las instituciones democráticas y fomentar una cultura de responsabilidad fiscal, Panamá puede superar estos desafíos y sentar las bases para un futuro próspero y estable. La participación ciudadana activa y el liderazgo político comprometido son clave para lograrlo. Y decirle al político en busca de votos, que la ciudadanía sabe que no hay tal cosa como un almuerzo gratis.

  • Caminos deprimentes

    Disculpen el escrito desalentador pero mejor que pongamos atención a los caminos que tomamos, a ver si evitamos la devastación. Me refiero a la actuación política demagógica y delictiva que ha permeado a la actividad bancaria y bursátil, predisponiendo a la misma población planetaria a una depresión económica sin igual. Todo el drama de crisis económica actual fue sembrado hace más de un siglo con la ideología de un supuesto progresismo que en realidad era y es regresismo; veamos.

    Desde el 2020 la reserva federal de los EE.UU. que había bajado los requerimientos de las reservas bancarias a cero por ciento; lo cual quería decir que los bancos dejaron de tener límite en cuanto a las reservas para hacer frente para apagar conatos de incendio económico y no dar lugar a conflagraciones mayores. El lado oscuro de semejante medida, cuya justificación la apodaron de incentivo a la inversión, es que con ello se da un gran aumento en la emisión de papel moneda; a tal grado que entre el 2020 y el 2021 dicho suministro aumentó en un 35%.

    Según parece, ya ni a los gobiernos ni a buena parte de la comunidad parece importarle el endeudamiento; pero… ¡vaya! si chillan con el aumento de los precios o, mejor dicho, la disminución del valor del dinero que mal llaman “inflación”. Los efectos de semejante estupidez colectiva son inimaginables y escapan a la gran mayoría; para muestra un diminuto botón: En casa ya no compramos posturas de gallina sino cosechamos las que nos dan las cuatro gallinitas que tenemos en el patio. Y ya no queremos las posturas del súper dado que no se comparan en sabor con las de casa. Moraleja: ¿qué creen que pasará con la industria avícola si esta tendencia sique en aumento?

    ¡Ah sí!, y como ñapa ya en nuestro patio no hay alacranes, culebras, cucarachas y otras sabandijas pues las hemos engullido. Es decir, nuestras gallinitas las convirtieron en deliciosas posturas.

    La crasa estupidez de la Fed fue la adopción de la política de ‘relajamiento cuantitativo’, o como me gusta apodarle, “relajo cuantitativo”, que consiste en, entre otras, crear dinero de la nada para, disque, incentivar y rescatar a los negocios malos o como les apodaban: “too big to fail”, que traduce a “muy grandes para dejar que quiebren”. ¡Qué lindo!, salvan a los grandotes y al rayo con los medianos y chiquitos. Las nubes tormentosas que ya acechan son el resultado directo de toda esta política demencial y corrupta.

    Quizá la mejor forma de entender lo que ocurre hoy es estudiando a la Gran Depresión estadounidense ocurrida entre 1929 y 1939, la cual tuvo efectos por todo el mundo. Si así fue entonces, imaginen como sería hoy día. Y es que las depresiones económicas siempre salen luego de un boom económico insostenible; en el caso presente, insostenible dado que fue artificial o artificioso. Existe una íntima relación entre las tasas de intereses y los ahorros, esos que son vitales. En períodos de sana actividad económica la gente ahorra y consume: restaurantes, ropa, viajes, etc.

    El chiste con el putrefacto intervencionismo central se da cuando el gobierno hace andar las imprentas del dólar y luego dan a ciertos bancos facilitando que estos presten a bajos intereses. Así, la gente siente que la economía y el país va viento en popa ya toda vela, cuando, en realidad lo que ocurre es que se están sembrando tempestades; tal como las sembró en Panamá Martinelli.

    En síntesis, los desastres económicos los siembra el intervencionismo central politiquero. Simplemente no entendemos que los gobiernos no están para que les demos las riendas del dinero.

  • El FMI es una verdadera vergüenza

    Una vez más el Fondo Monetario Internacional (FMI) otorga facilidades al gobierno argentino que se caracteriza por endeudarse para luego instalarse en su condición de incumplidor serial. Siempre un explosivo para el próximo gobierno y así sucesivamente en una calesita macabra que se va cayendo a pedazos pero en todos los casos el derrumbe lo sufre la gente de a pie que sistemáticamente ve encogidas sus perspectivas.

    En un país en el que se vienen repitiendo medidas empobrecedoras con una monotonía exasperante no hay más remedio que reiterar las alarmas y sugerir medidas que reviertan los graves problemas que suscita el estatismo que venimos sufriendo desde hace largas décadas a contramano de valores alberdianos que hicieron de nuestro país la admiración del mundo hasta que irrumpió el siempre devastador estatismo.

    Nuestros gobiernos mendigan préstamos para financiar un aparato estatal elefantiásico que carcome todo vestigio de productividad en el contexto de cargas tributarias insoportables, déficit crónicos, inflaciones astronómicas, regulaciones asfixiantes, economía cerrada y mercado laboral anti-trabajo, y henos aquí que en una segunda ronda alardean con que no hay que “pagar con el hambre del pueblo” (que los mismos gobernantes provocan) sin percatarse que los acreedores no pretenden cobrase con hambrunas sino con dólares.

    Henry Hazlitt el economista estrella de Newsweek durante décadas y el célebre autor de La economía en una lección y del detallado y voluminoso análisis de la teoría keynesiana titulada Los errores de la nueva economía, escribió una columna el 11 de noviembre de 1963 que parece preparada para las instancias que corren. Se titulaba “Deshagan el FMI” donde explica que esa institución se estableció en reemplazo de la disciplina monetaria que establecía el patrón oro clásico al efecto, en su lugar, de dar rienda suelta a los procesos inflacionarios. Una vez establecidos los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años 20 que permitieron abrir los grifos de la inflación a través de las bancas centrales, se instaló este “banco central de bancos centrales” que luego se transformó en prestamista de gobiernos fallidos. Hazlitt recuerda que “los padres de la entidad fueron Harry Dexter White por los Estados Unidos y Lord Keynes por Inglaterra. White sirvió como director ejecutivo del FMI quien en 1945 fue denunciado por el FBI como espía ruso lo cual fue ratificado por la Justicia en Estados Unidos […] Y Keynes -el mayor apóstol de la inflación de todos los tiempos- en el Parlamento británico el 23 de mayo de 1944 aseguró:”Si tengo alguna autoridad para decir en que es y que no es la esencia del patrón oro, diría que este plan es su exacto opuesto es decir el derrumbe de la moneda independiente del poder político”.

    En esta línea argumental es pertinente recordar que en su prólogo a la edición alemana de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en 1936, en plena época nazi, Keynes escribió que “la teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia”.

    En este contexto Hazlitt concluye que “la solución real consiste en desmantelar el Fondo Monetario Internacional […] ya que es una gigantesca máquina de inflación mundial” y más adelante subraya que “es realmente asombroso que este sistema fabricado en Breton Woods en 1944 es no solo tolerado sino considerado sacrosanto”.

    Por su parte el cuatro veces candidato a la presidencia en Estados Unidos y ex congresista Ron Paul en el Ron Paul Institute, el 24 de marzo de 2015, en una columna titulada “Eliminen, no reformen al FMI” reitera que esa institución es coactivamente financiada por los contribuyentes de distintos países para dar sustento a gobiernos corruptos y quebrados como consecuencia de aplicar medidas estatistas, y cuando están por renunciar o reconocer sus fracasos reciben carradas de dólares a tasas de interés menores a las de mercado y con repetidos períodos de refinanciación y perdones de diversa envergadura. A título de ejemplo muestra la financiación que recibía del FMI Saddam Hussein y al último apoyo escandaloso a Grecia.

    Al decir de economistas de la talla de Peter Bauer, Doug Bandow, Robert Barro, Karl Brunner, Ronald Vauvel y Raymond Mickesell esta institución sirve para financiar a gobernantes ineptos empujados por la realidad de sus desaciertos, en lugar de permitir que se reviertan sus fracasadas políticas estatistas reciben cuantiosos recursos del Fondo. Sostienen estos profesionales que ese ha sido el caso repetidamente en Argentina, México, Bolivia, República Dominicana, Haití, Indonesia, Irak, Pakistán, Tanzania, la ex Camboya, Filipinas, Ghana, Nigeria, Sri Lanka, Zambia, Uganda, Turquía, El Salvador, Egipto y Etiopía.

    En su visita a Buenos Aires, Yuri Yarim Agaev, enviado por Vladimir Bukouvsky -uno de los más destacados disidentes de la ex Unión Soviética junto con Alexander Solzhenistin- informó que luego del derrumbe del Muro de la Vergüenza liberales rusos estuvieron a punto de acceder al gobierno “si no fuera por la apresurada irrupción del FMI que dotó de millones de dólares a miembros de la nomenclatura de donde finalmente surgió el actual gobierno”.

    Fue muy difundido el caso del general Mobutu Sese Seko que usurpó el poder en Zaire que fue el mayor receptor de ayuda por parte del FMI en relación a su población. El poder de Mobutu fue absoluto condenando a la gente a los suplicios más horripilantes en un contexto de saqueo permanente que permitió que ese sátrapa acumulara una fortuna de ocho mil millones de dólares de esa época.

    A lo consignado debe agregarse el jugoso ensayo de Anna Schwartz (la coautora con el premio Nobel en Economía Milton Friedman de la muy difundida historia monetaria estadounidense) titulado “Es tiempo de terminar con el FMI y el Departamento de Estabilización del Tesoro” y el libro de la doctora en economía por la Universidad de Oxford Dambisa Moyo titulado Cuando la ayuda es el problema, en donde se detallan innumerables casos patéticos de países que reciben cuantiosos recursos en medio de corrupciones alarmantes y dislates económicos fomentados por la ayuda que proviene coercitivamente de bolsillos ajenos.

    En el contexto de la deuda pública externa, es de interés recordar que cuando Thomas Jefferson siendo embajador en París recibió la flamante Constitución norteamericana escribió que “si hubiera podido agregar una cláusula adicional la concretaría en la prohibición al gobierno de contraer deuda” que como lo expresó otro premio Nobel de Economía, James M. Buchanan, “significa comprometer coactivamente patrimonios de futuras generaciones que ni siquiera han participado en el proceso electoral para elegir al gobierno que contrajo la deuda.”

    Entonces el Fondo Monetario Internacional alimenta a burócratas que son remunerados con honorarios colosales a costa de los contribuyentes para en definitiva incentivar el despilfarro y, por ende, el empobrecimiento de todos pero muy especialmente de los más vulnerables cuyos salarios se ven reducidos por el creciente estatismo.

    En este escenario, los gobiernos que se encuentren en serias dificultades por sus mayúsculos desaciertos tendrán dos opciones: rectificar sus errores abriendo el mercado y fortaleciendo marcos institucionales civilizados o, de lo contrario, continuar con los desatinos pero financiados por Corea del Norte, Cuba o similares…si es que allí encontraran dólares, pero no de parte de Washington y sus aliados. Entonces, el fondo del Fondo estriba en terminar cuanto antes con esta entidad que tanto daño ha causado y lo sigue haciendo.

    Recomiendo a los lectores interesados en este tema que consulten los muchos textos recopilados en el Ludwig von Mises Institute donde múltiples autores coinciden en base a muy diversas documentaciones que el FMI debe liquidarse a la brevedad para bien del mundo libre. En ese escenario, como queda dicho, las pesadas burocracias desaparecerían y la banca privada dirigirá sus recursos donde predominen marcos institucionales serios y, por ende, una economía exenta de estatismo crónico y de corrupciones alarmantes.

    En Britannica se lee que “El impacto de los préstamos del FMI ha sido ampliamente debatido. Oponentes al FMI argumentan que sus préstamos incentivan a que los estados miembros apliquen muy malas políticas económicas domésticas, sabiendo que si lo necesitan el FMI los sacarán del apuro. Esta red de contención, sostienen los críticos, demoran las necesarias reformas y crean dependencias de largo plazo. Los oponentes también apuntan que los rescates del FMI se extienden a la banca que ha realizado préstamos a insolventes, por ende los alientan a que aprueben inversiones aun más riesgosas.”

    Se podrá preguntar y repreguntar cómo es posible que el FMI insista en prestar una y otra vez a gobiernos espantosamente irresponsables pero debe advertirse que a diferencia de los que prestan asumiendo riesgos con recursos propios, los burócratas de esta entidad internacional lo hacen coactivamente con el fruto del trabajo ajeno y -vuelvo a remarcar- percibiendo ellos salarios monumentales. No es para hacer algo ad hominem sino al solo efecto ilustrativo pero es preciso subrayar que a esta altura necesitamos una política cristalina y no Kristalina.

  • Gasto público panameño: su evolución en los últimos 20 años

    Una de las herramientas con que cuenta el estado para ejecutar sus planes de gobierno, es el gasto. Los recursos que sostienen el gasto provienen básicamente de dos fuentes de fondos; los aportes de los ciudadanos, recaudados a través del cobro de impuestos y tasas, y la toma de créditos, tanto internos como externos, los cuales se encuentran condicionados por la capacidad productiva.

    Este artículo presenta y relaciona el comportamiento histórico del gasto neto del sector público y la capacidad de producción total de bienes y servicios, medido en el PIB de Panamá, durante los últimos 23 años, destacando los respectivos períodos presidenciales.

    gasto

    Desde el año 1999 al 2021 el gasto (Gráfico 1.a) se ha venido incrementado año tras año, a excepción del 2001 y 2005, acumulando una diferencia de B/.22,214 millones, a un ritmo más o menos acelerado, dependiendo de las características de la gestión de gobierno realizada en cada periodo presidencial (Grafico 1.b).

    gasto

    Considerando períodos completos de presidencias, se puede clasificar como la gestión con menor gasto a la de M. Moscoso, que inició (1999) con B/.4,585 millones y terminó (2004) con B/.7,022 millones, dando como resultado un incremento de B/.2,437 millones.

    Le sigue, en segundo lugar, la gestión de M. Torrijos (2004-2009) con un aumento del gasto de B/.3,254 millones, representando una diferencia porcentual con la anterior de 33.5%.

    En tercer lugar, se encuentra la gestión de J.C. Varela (2014-2019) con un incremento de B/.4,935 millones, en donde se produjo el aumento más acelerado con una diferencia porcentual de 51.7%.

    Finalmente, R. Martinelli concluyó su periodo presidencial con un incremento de B/.6,466 millones, siendo su diferencia porcentual de 31.1%, representando un ritmo menor con la anterior de 2.4%.

    Teniendo en cuenta que a la gestión actual del presidente Cortizo le falta el cierre de tres períodos anuales (2022-2024), se observa que inició (2019) con un gasto de B/.21,677 millones, cifra que aumentó a B/.26,799 al cierre preliminar del año 2021, representando un incremento diferencial de B/.5,122 millones. Si se proyecta, en un escenario optimista, su gasto a futuro (2024), podría sufrir un incremento diferencial cercano al doble del actual, al alcanzar un gasto de B/.30,000 millones.

    En lo que respecta al producto interno bruto (Grafico 2.a), se incrementó en B./47,268 a un ritmo mas o menos acelerado, dependiendo de las características de la gestión de gobierno realizada en cada período presidencial (Grafico 2.b).

    El crecimiento fue interrumpido en el 2020, en donde se sufrió una abrupta caída del 19.26%, atribuible a las medidas tomadas para combatir la pandemia, las cuales condujeron a un importante cierre de la economía productiva privada del país. En el 2021 se retoma el crecimiento para llegar a los B/.59.224 millones, valor que retrocede a lo generado a fines del 2017. Dicho de otra forma, se han perdido más de 4 años de productividad.

    Haciendo un ejercicio de futurología proyectando valores, a mediados del 2023 se alcanzaría al PIB del 2019, para recién en el año 2027 alcanzar un valor semejante al que se hubiera logrado si no se hubiera sufrido el retroceso del 2020.

    gasto

    Al clasificar las gestiones presidenciales bajo este indicador, se ubica a la de R. Martinelli (2009-2014) con el mayor incremento, que ascendió a B/.22,805 millones.

    Seguido por la gestión de J.C. Varela (2014-2019) con un aumento de B/.16,879 millones, la de M. Torrijos (2004-2009) con B/.12,105 millones y la de M. Moscoso (1999-2004) con B/.3,057 millones.

    Durante la gestión actual, se observa que inició su periodo (2019) con B/.66,801 millones para descender a un valor preliminar de B/.59,224 millones en el año 2021, representando una caída de B./7,577 millones, quedándole tres cierres anuales para remontar este valor.

    Teniendo en vista los datos expuestos, hasta aquí, se puede afirmar que Panamá se encuentra inmersa en una profunda crisis económica, que repercute en lo social, al sufrir un importante aumento del gasto del gobierno central y una abrupta caída de la productividad expresada por el PIB.

    En el Gráfico 3.a se puede observar la relación porcentual, desde el año 1999 hasta el 2021, del gasto efectuado por el gobierno versus la productividad del país (PIB) y en el Grafico 3.b se presenta el porcentaje diferencial acumulado en cada período presidencial.

    gasto

    gasto

    Este último gráfico supone un resumen del comportamiento del gasto y su peso sobre el PIB en los últimos 23 años, que nos lleva a la siguiente conclusión: en manejo de gasto, hay algunos períodos que salen mejor parados y otros no tanto. Eso es independientemente de la opinión sobre el gasto que cada uno pueda sostener. Y tampoco dice mucho sobre la calidad del gasto, que no es lo analizado en este caso.

    Por el lado de los que lograron bajar la relación gasto/PIB, o el peso del gasto sobre la productividad del país, claramente el primer lugar es la gestión de M. Torrijos (2004-2009).

    En su gestión, se logró disminuirla en un 8.9%, manteniendo los valores anuales de esa relación (gasto/PIB) en el orden del 35%, como resultado de haber controlado el nivel del gasto, principalmente en sus tres primeros años de gobierno. Al mantener sostenido el crecimiento del PIB, el cual se ubicó por encima del 10% en el 2005, 2006 y 2007, se absorbió el incremento del gasto.

    Le sigue la gestión de R. Martinelli (2009-2014) con una disminución del 4.4%, manteniendo la relación alrededor del 37%. Ello se debió porque a pesar de que realizó un fuerte aumento del gasto éste mismo fue acompañado en igual medida por el PIB.

    Luego la gestión de J. C. Varela (2014-2019) disminuyó el 1.1%, debido a un crecimiento proporcional del gasto en relación al PIB.

    Por el lado de quienes salen mal respecto a la gestión del gasto, aumentando el peso sobre el PIB, está la administración de M. Moscoso (1999-2004), que registró un incremento de 8.4%, debido a un ritmo lento de crecimiento del PIB, acompañado de un gasto más acelerado.

    Finalmente, en la gestión actual (2019-2021), la relación entre el gasto y el PIB presenta un fuerte aumento en el 2020, pasando de 32,4% al 44.5%, debido a la fuerte caída del PIB (19.3%) y aumento del gasto. Esta relación porcentual se logró contener en el 2021 al cerrar con una incidencia de 45%; sin embargo, a pesar de haberse logrado aumentar el PIB (9.8%) el fuerte crecimiento del gasto (11.5%) no logró mejorar esa relación.

    Curiosamente, el período mejor puntuado y el peor, van de la mano del mismo ministro de Economía, y si bien la pandemia del Covid es un hecho que no puede desconocerse, también cabe recordar que en el 2008 también hubo otra crisis financiera global, la más grave post 1929.

    En el siguiente cuadro se resume el posicionamiento de las gestiones presidenciales realizada según cada indicador:

    Lamentablemente estos resultados confirman la afirmación de que se necesita revisar y controlar el gasto público si no se quiere empeorar la situación. Quedan por delante años muy duros y todo depende del rumbo que tome el gobierno en sus tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) para suavizarlos y queda en evidencia que no sólo es controlar el gasto, sino también crear un ambiente favorable para la producción. Estos dos son factores claves, entre otros, para lograr un crecimiento sostenible.

  • Deuda nacional de EE. UU. supera los 30 billones de dólares por primera vez en la historia

    Los 30 billones de dólares en deuda pendiente se deben a una amplia variedad de acreedores, incluido el propio gobierno federal.

    El Departamento del Tesoro informó la semana pasada que la deuda nacional total de Estados Unidos superó los 30 billones de dólares por primera vez en la historia, una cantidad equivalente a casi el 130 % de la producción económica anual de Estados Unidos, conocida como producto interno bruto. La cifra convierte a Estados Unidos en una de las naciones más endeudadas del mundo.

    La deuda federal ha sido alta y en aumento durante décadas, pero la respuesta del gobierno federal a la pandemia de coronavirus, que implicó inyecciones masivas de efectivo en la economía de EE. UU., aceleró en gran medida su crecimiento.

    A finales de 2019, antes de la pandemia, la deuda nacional era de 22,7 billones de dólares. Un año después, había aumentado 5 billones de dólares adicionales, a 27,7 billones de dólares. Desde entonces, la nación ha agregado más de 2 billones de dólares en deuda adicional.

    Un recordatorio sombrío

    Si bien la cifra de 30 billones de dólares, por sí sola, no tiene un significado significativo, puede servir para centrar la atención en lo que algunos ven como una preocupación importante para la salud futura del país.

    «Alcanzar la marca de 30 billones es un recordatorio de cuán alta es nuestra deuda y cuánto hemos estado pidiendo prestado», dijo Marc Goldwein, vicepresidente senior y director de políticas senior del Comité para un Presupuesto Federal Responsable.

    “La deuda del público, que es la medida que preferimos usar, es casi tan grande como la economía”, dijo Goldwein a VOA. «En una década, será más grande que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, tenemos la tasa de inflación más alta que hemos tenido en 40 años, y no parece haber ninguna señal de que los préstamos vayan a disminuir».

    Diferentes deudores

    Los 30 billones de dólares en deuda pendiente se deben a una amplia variedad de acreedores, incluido el propio gobierno federal.

    Según el Departamento del Tesoro, al 31 de enero, 6,5 billones de dólares de la deuda nacional se clasificaron como «tenencias intragubernamentales». Esto incluye valores del Tesoro en poder de varias agencias del gobierno federal, principalmente la Administración del Seguro Social, que mantiene un fondo fiduciario para proporcionar ingresos a las personas mayores.

    La porción mucho más grande de la deuda se clasifica como deuda en poder del público, que asciende a 23,5 billones de dólares. El término «público» puede ser algo engañoso porque la categoría incluye no solo los instrumentos de deuda en poder de inversores individuales, sino también las deudas en poder de la Reserva Federal, los grandes fondos de inversión y los gobiernos extranjeros.

    Según el Departamento del Tesoro, los gobiernos extranjeros tienen alrededor de 7,7 billones de dólares en deuda estadounidense, aunque ningún país tiene más del 5% del total. A finales de noviembre, según los datos más recientes disponibles, Japón era el mayor tenedor extranjero de deuda estadounidense, con 1,3 billones de dólares. China fue el segundo mayor tenedor de deuda estadounidense, con 1,1 billones de dólares, mientras que el Reino Unido ocupó un distante tercer lugar, con 622.000 millones de dólares.

    El costo de la deuda

    El costo del servicio de la deuda pendiente del país se ha convertido en una parte importante del presupuesto federal a medida que ha crecido la deuda pendiente. En 2021, el gobierno realizó 562.000 millones de dólares en pagos de intereses sobre la deuda pendiente. Eso es más que el presupuesto anual de cada agencia federal individual, excepto el Tesoro, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (que administra los programas gubernamentales de seguro de salud de Medicare y Medicaid) y el Departamento de Defensa.

    Sorprendentemente, durante la primera parte de la pandemia, los pagos de intereses del gobierno federal cayeron incluso cuando la deuda aumentó, debido a una amplia disminución de las tasas de interés.

    Sin embargo, con la Reserva Federal a punto de comenzar a aumentar las tasas de interés en un intento por evitar el aumento de la inflación, la tasa que el Tesoro tiene que pagar por la deuda recién emitida probablemente aumentará, lo que significa que el costo total del servicio de la deuda federal probablemente aumentará en un futuro relativamente cercano.

    Comparación con otros países

    La relación deuda/PIB de Estados Unidos, la medida más utilizada para medir el nivel de endeudamiento de un país, lo ubica entre los países más endeudados del mundo.

    Según los datos recopilados por el Banco Mundial en octubre, el país con la relación deuda/PIB más alta del mundo es Japón, que tiene una deuda equivalente al 257% de su producción económica. Otras economías desarrolladas con relaciones deuda/PIB muy altas son Grecia, con un 207 %, e Italia, con un 155 %.

    Con una proporción del 133%, EE. UU. es el duodécimo país más endeudado en general y el cuarto más endeudado entre las economías desarrolladas que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. El promedio de la OCDE es una relación deuda-PIB del 80%.

    Ambos partidos aumentaron la deuda

    La deuda nacional es el total acumulado de los déficits federales anuales. Estados Unidos ha visto superávits federales en solo cuatro de los últimos 50 años, de 1998 a 2001, que abarcan los últimos tres años de la administración de Bill Clinton, demócrata, y el primer año de la administración de George W. Bush, republicano.

    En las últimas décadas, tanto los demócratas como los republicanos han contribuido al aumento de los niveles de endeudamiento federal, con un aumento regular de la deuda, independientemente del partido que controle el Congreso y la Casa Blanca.

    Es un hecho que hace que algunos miembros del Congreso expresen frustración con sus colegas por una aparente falta de preocupación por el problema.

    “Treinta billones de dólares en deuda es una cifra obscena, pero lo que es aún más deprimente es el hecho de que a la mayoría de los políticos de ambos partidos realmente no les importa”, dijo el senador Ben Sasse, republicano de Nebraska, en un comunicado. «Alguien tendrá que pagar ese dinero cuando estos políticos se hayan ido y no lo pagarán ellos, sino nuestros hijos».

  • 5 formas en que incumplimiento de deuda de EE. UU. repercutiría en la economía global

    El daño de un incumplimiento de deuda de EE. UU. no se limitaría solo al país. Los valores emitidos por EE. UU. han sido tan confiables durante tanto tiempo que se tratan como esencialmente libres de riesgo en los mercados financieros.

    Los legisladores estadounidenses tienen menos de tres semanas para evitar un incumplimiento de la deuda soberana del país elevando el límite a la cantidad de dinero que el Departamento del Tesoro puede pedir prestado. De no hacerlo, Estados Unidos incumpliría intencionalmente sus deudas por primera vez en la historia.

    A estas alturas, se ha informado ampliamente sobre el alcance del daño que los economistas predicen que sufriría la economía estadounidense en caso de incumplimiento provocado por un amargo conflicto entre los demócratas y los republicanos en el Congreso.

    Una estimación de Moody’s Analytics a principios de este mes predijo que en un escenario de incumplimiento prolongado, Estados Unidos entraría en recesión, con una caída del Producto Interno Bruto de casi un 4%. Se perderían unos seis millones de puestos de trabajo, lo que elevaría la tasa de desempleo al 9%. La venta masiva resultante del mercado de valores borraría 15 billones de dólares en riqueza familiar. A corto plazo, las tasas de interés se dispararían y, a largo plazo, nunca volverían a caer a los mínimos previos al incumplimiento.

    Pero el daño de un incumplimiento de deuda de EE. UU. no se limitaría solo a la nación. Los valores emitidos por EE. UU. han sido tan confiables durante tanto tiempo que se tratan como esencialmente libres de riesgo en los mercados financieros y se utilizan para respaldar una gran cantidad de contratos financieros globales.

    «El mercado del Tesoro de Estados Unidos es el activo ancla del mundo», dijo Jacob Kirkegaard, investigador principal del Peterson Institute for International Economics. «Si resulta que ese activo en realidad no está libre de riesgos, pero que en realidad puede incumplir, eso básicamente detonaría una bomba en el medio del sistema financiero global. Y eso será extremadamente complicado».

    Secuelas inmediatas

    En caso de incumplimiento, generalmente se asume que habría una venta masiva de valores del Tesoro, conocidos como bonos del Tesoro. Esto sucedería por múltiples razones, desde inversionistas individuales asustados por el incumplimiento, hasta compañías que tenían préstamos garantizados con bonos del Tesoro obligados a reemplazarlos con algo que el prestamista considera más seguro.

    La venta masiva haría que a Estados Unidos le resulte más caro pedir prestado en el futuro, lo que haría subir las tasas de interés en Estados Unidos y reduciría el valor del dólar frente a otras monedas del mundo.

    A continuación cinco formas en que esos efectos se harían eco en la economía global:

    Reducción del comercio mundial

    Si un incumplimiento llevara a Estados Unidos a la recesión, los consumidores y las empresas estadounidenses reducirían la cantidad de bienes y servicios que compran fuera del país.

    Si bien esto afectaría prácticamente a todos los países hasta cierto punto, los países de mercados emergentes que dependen de las exportaciones a Estados Unidos para obtener gran parte de sus ingresos se verían particularmente afectados.

    La devaluación esperada del dólar tendría un impacto similar, lo que haría más costoso para las empresas estadounidenses comprar suministros en el extranjero, lo que haría que el comercio se redujera aún más.

    Las economías dolarizadas sufrirían

    El dólar estadounidense es una moneda común en gran parte del mundo. Algunos países lo han adoptado como moneda oficial, mientras que en otros existe al lado de una moneda local que a menudo está «vinculada» al dólar para mantener estable su valor.

    En el caso de que un incumplimiento redujera el valor del dólar, los países con economías altamente dolarizadas verían disminuido el poder adquisitivo de las existencias de divisas existentes.

    «Los mercados emergentes sufrirían mucho por esto, porque no tendrían una moneda nacional que fuera muy creíble», dijo Kirkegaard.

    Contratos comerciales afectados

    En todo el mundo, muchas transacciones transfronterizas conllevan requisitos de liquidación en dólares estadounidenses. En tiempos normales, esto se considera una forma práctica de asegurarse de que los cambios repentinos en el valor de una moneda local no perjudiquen dramáticamente a una de las partes en una transacción que se liquidará en el futuro.

    Una caída repentina y pronunciada en el valor del dólar significaría que las personas y las empresas que anticipan el pago de los contratos existentes en dólares, de hecho recibirían menos de lo que esperaban por sus bienes y servicios.

    Los contratos comerciales más sofisticados pueden contener cláusulas anti-incumplimiento que requieren que los acuerdos sean renegociados en caso de incumplimiento que reduzca el valor de una moneda de reserva. Si bien esto mantendría a ambas partes en un contrato completo, también complicaría y probablemente ralentizaría muchas transacciones.

    El capital fluye fuera de EE. UU.

    Una de las ventajas económicas que ha disfrutado Estados Unidos durante mucho tiempo es que es un imán para el capital mundial. Cuando la economía global es fuerte, los inversores que buscan crecimiento canalizan dinero a empresas estadounidenses. Cuando los tiempos son malos, los inversores buscan refugio en los bonos del Tesoro de Estados Unidos. De cualquier manera, los mercados globales están dirigiendo capital a EE. UU.

    Pero cuando las tasas de interés suben por una razón equivocada, porque los inversores no confían en que el gobierno de Estados Unidos pague sus deudas, ese sistema se rompe.

    El resultado es que, hasta cierto punto, los inversores que buscan refugio serían más cautelosos al asumir que los valores del Tesoro son la inversión a la que recurrir para proteger el valor de sus activos. El movimiento lógico sería que comenzaran a dirigir al menos parte de sus inversiones a valores emitidos por otros gobiernos y denominados en diferentes monedas.

    Nueva moneda de reserva

    Un efecto secundario de esos nuevos flujos de capital podría ser un desafío para el dólar como «moneda de reserva» mundial.

    Una moneda de reserva es el dinero en poder del banco central de un país y de las grandes instituciones financieras para facilitar el comercio mundial de las empresas nacionales, cumplir con las obligaciones de la deuda internacional e influir en los tipos de cambio de la moneda nacional, entre otras razones.

    La estabilidad del dólar lo ha convertido en la moneda de reserva global dominante desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Esto ha generado una demanda mundial constante de dólares, lo que ha hecho posible que el gobierno de Estados Unidos pida préstamos a tasas de interés más bajas que otras naciones grandes.

    Los competidores globales de Estados Unidos, incluidos China y Rusia, pero incluso aliados, como la Unión Europea, han sugerido durante años que sería mejor si el dominio del dólar no fuera tan completo como es.

    Ha habido pocos movimientos para desbancar al dólar en las últimas décadas, pero una conmoción como un incumplimiento de la deuda estadounidense podría persuadir a algunos países de cubrir sus apuestas tomando otras monedas, como el euro o el renminbi, como adiciones a sus tenencias de reservas.

    «Si eres China o, en realidad, la zona del euro, has querido reemplazar o suplantar el papel dominante del dólar en la economía global con el renminbi o el euro», dijo Kirkegaard. «No se puede pedir nada mejor».