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  • Una economía en UCI en dos tiempos

    Una economía en UCI en dos tiempos: este artículo toma una radiografía de algunos resultados económicos que comienzan y terminan con un denominador común: el mismo Ministro de Economía en Panamá.

    El mismo nos dejó un legado financiero sano (2009) y recibió una herencia financiera enferma (2019) luego de transcurridos sólo 10 años. ¿Podrá repetir la hazaña? Parecería que el camino tomado no deja mucho entusiasmo por ahora.

    economía en UCI

    El PIB desde el año 2003 hasta el 2019 se mantuvo en crecimiento sostenido. Con ciertas altas y bajas, alcanzó un promedio de 10.51% anual, ubicándose como uno de los más altos de América y del mundo, a pesar de haber sufrido los efectos de la crisis económica mundial del 2008 y el ataque exterior indiscriminado de los Panama Papers.

    economía en UCI

    Sin embargo, estas oscilaciones en el crecimiento, se iban a manifestar crudamente a partir del primer trimestre del año 2020, cuando comienza la pandemia del COVID 19, que desata una feroz “guerra” para controlar, minimizar y tratar de neutralizar los efectos devastadores en la salud, que bajo una falsa dicotomía entre salud o economía, dejó a un lado esta última, con los resultados que veremos a continuación.

    En la “batalla sanitaria” que nos encontramos desde hace más de un año se logró, hasta ahora, pudiera decirse que por ahora, se ha logrado controlar al virus;  con un costo altísimo, no solo sopesado en vidas, sino  también a nivel social y económico, reflejado en las cuentas estatales como privadas, tal y como ocurre en cualquier guerra bélica.

    Tan solo viendo estos gráficos se puede apreciar que la “Guerra COVID 19” desencadenó otras nuevas batallas; la “Batalla Económica” y la “Batalla Social”, ya declaradas, pero que aún no son asumidas conscientemente como tal. La que me ocupa hoy, la batalla económica, ya se venía librando silenciosamente, pero se expuso con toda su crudeza en este escenario post Covid en la economía que comienza a despuntarse.

    El siguiente gráfico reseña desde el año 2003 a la fecha, estos cambios que se iban gestando, en especial, respecto al uso de  la herramienta del endeudamiento estatal . Dicho endeudamiento,  ahora se esgrime como la única posibilidad frente a los daños en la economía que se produjeron debido a las medidas de contención del virus tomadas por el gobierno,  que básicamente generaron un corte del flujo de caja real de la economía.

    A partir de aquí cabe analizar los resultados de cada periodo de gobierno, con la finalidad de observar el impacto de las políticas públicas ejecutadas en la utilización del endeudamiento como motor del crecimiento en una economía.

    En el período presidencial de Martín Torrijos (2004/2009), el actual Ministro de Economía recibe como herencia una deuda de $10,026 millones en el año 2004, en una gestión compartida con el periodo de M. Moscoso, teniendo un crecimiento de 15.08%  respecto al 2003.

    En esta gestión se logra estabilizar la deuda, congelándola alrededor de los $10,500 millones, pasando de un valor diferencial de $1,314 millones a -33 millones en el 2008, representando un aumento promedio anual de tan solo 1.84%. Es decir, congelar y rebajar deuda, no implicó sacrificar el crecimiento del país,  ya que el PIB aumentó a un promedio anual de 12.63%, pasando de $15,013 millones en el 2004 a $27,117 en el 2009.

    Esto significó una disminución sostenida de la Relación Deuda Vs. PIB, siendo de 0.668 en el año 2004 a 0.415 en el 2009, con un diferencial de 0.253. Dicho de otra manera, por cada dólar de crecimiento del PIB, logra ahorrar $0,25 dólares.

    Estos resultados ponen de manifiesto que las políticas publicas ejecutadas fueron de carácter austero aplicando una filosofía de crecimiento en base al ahorro.

    Este legado económico influyó positivamente para que Panamá alcanzara en el 2010 el Grado de Inversión BBB-, otorgada por Fitch Ratings y ratificada por Standard & Poors y Moody’s, asumiéndose que las Calificadoras de Riesgo establecieron una relación límite de 0.40.

    En el periodo R. Martinelli (2009/2014) la deuda pasó de $10,972 millones a $18,231 millones, aumentando $7,259 millones, a un promedio anual de 10.74% sufriendo una fuerte aceleración (en valor porcentual), con respecto al período anterior (8.9% mayor).

    Así mismo el PIB aumentó a un promedio anual de 13.04%, sufriendo una leve aceleración (en valor porcentual), con respecto al período anterior (0,41% mayor).

    En cuanto a la Relación Deuda Vs. PIB pasó de 0.415 en el año 2009 a 0.365 en el 2014, continuando con una disminución sostenida hasta llegar a 0.344 en el año 2013 marcando el punto de inflexión de mínima logrado en el periodo total analizado.

    Estos resultados contribuyeron a la sostenibilidad y afianzamiento del Grado de Inversión, aunque refleja un cambio filosófico en las políticas públicas ejecutadas, poniendo en evidencia que se pasó de un crecimiento de la economía en base al ahorro a un crecimiento en base al endeudamiento.

    En el periodo J. C. Varela (2014/2019) la deuda pasó de $18,231 millones a $31,018 millones, aumentando $12,787 millones, a un promedio anual de 11.32%, sufriendo una leve aceleración (en valor porcentual), con respecto al periodo anterior (0.6% mayor).

    Así mismo el PIB aumentó a un promedio anual de 6.02%, marcando una acentuada desaceleración (en valor porcentual), con respecto al periodo anterior (7.02% menor).

    En cuanto a la Relación Deuda Vs. PIB paso de 0.365 en el año 2014 a 0.464 en el 2019, continuando con un aumento sostenido iniciado en año 2014.

    Estos resultados muestran una continuidad en las políticas públicas ejecutadas, basadas en la filosofía de «crecimiento» en base al endeudamiento, con resultados deficientes y exacerbados dado que, por un lado, la deuda continuó en aumento, pero el crecimiento (PIB) sufrió una disminución porcentual progresiva y, por otro lado, pone en riesgo la Calificación de Grado de Inversión, dado que la tendencia en continuo aumento de la relación Deuda Vs. PIB sobrepasó el límite sostenido por las calificadoras (0,40) en el 2019 para la economía panameña.

    En el año 2019 se inicia el periodo de Laurentino Cortizo, en donde el Ministro de Economía recibe una herencia de $31,018 millones de deuda (2.8 veces más de lo que dejó 10 años antes), un PIB de $66,801 (2.4 veces de lo que dejó en el 2009) y una relación Deuda Vs. PIB creciente (habiéndola dejado con tendencia decreciente). A esta herencia con indicadores que presentan tendencias desfavorables, a los nueve meses de gestión se le suma la paralización económica como consecuencia de la “Guerra COVID 19” provocando el inicio de una “Batalla Económica” que apenas está comenzando.

    La “Batalla Sanitaria” dejó como consecuencia en el 2020 una abrupta caída del PIB de 20.75% en tan solo 9 meses, equivalente a $13,863 millones (valor mayor al PIB total del 2003). El año cierra con un valor absoluto de $52,938 millones, cifra similar al resultado del primer trimestre del 2015, o sea que retrocedió 5 años, situación que se mantendría proporcional en el 2021, si se diera la proyección de crecimiento pronosticada por el Banco Mundial de 9.0%.

    En cuanto a la deuda, el 2020 cerró en $36,960 millones, acusando un aumento porcentual de 19.15%, equivalente a una variación diferencial de $5,941 millones con respecto año anterior (sin pandemia). Esta situación también se mantendría en el 2021 al aumentar la deuda en $6,000 millones (según lo expresado por el Ministro de Economía en estos días), para llegar a los $42,961 millones.

    Además, en el 2020 la relación Deuda Vs. PIB creció abruptamente escalando de 0.464 (en el 2019) a 0.698, representando un diferencial de 0.234 y sobrepasando en 0,268 el límite sostenido por las calificadoras (0,40), pudiendo llegar a 0,745 en el 2021 de darse los pronósticos ya mencionados, sobrepasando el límite del Grado de Inversión por 0.345.

    De acuerdo a los indicadores del PIB y la Deuda, la situación no cambiaría sustancialmente para el año 2021, aunque sí se agravaría- aún más- y llegaría a niveles insostenibles para mantener el Grado de Inversión actual.

    Por otra parte, los Ingresos Corrientes percibidos por el Gobierno Central se mantuvieron en crecimiento sostenido desde el 2003 hasta el 2013 (durante 10 años). En el año 2014 (gestión compartida entre el Gobierno de R. Martinelli y J. C. Varela) se produjo una disminución significativa  de los ingresos de 7.86%, equivalentes a $591 millones, para cerrar el año en $6,927 millones.

    Desde este punto, retoma en alza, tardando 2 años (2016) para equiparar en valor absoluto el máximo logrado en el 2013 que fue de $7,517, para alcanza otro pico máximo de recaudación en el 2018 con $9,011 millones.

    En el año 2019 (sin pandemia) en una gestión compartida entre J. C. Varela y N. Cortizo, los Ingresos disminuyen significativamente un 8.34% (casi medio punto más que la caída del 2014) seguido de una nueva abrupta caída de 19.77% en el 2020, año de la pandemia (un 11.91% más que la caída del 2014) equivalente a $1,633 millones (cifra casi similar al total de ingresos percibidos en el 2003), para lograr cerrar el año con un valor de $6,626 millones.

    Los Ingresos Corrientes en el 2020 se retrotraen en valor absoluto a la cifra alcanzada a mediados del año 2014 (o sea 6 años de retroceso).

    Si se compara la experiencia del 2014, en donde se perdieron 2 años, para recuperarse de una caída de 7.86%, en el caso de repetirse la historia, recuperar la caída del 2019/20 de 28.11%, llevaría por lo menos 7 años, o sea que en el 2027 se equipararía (a valor constante) con la cifra pico del año 2018 (en esta estimación no se contempla la inflación).

    Según lo estimado por el Ministro de Economía, los Ingresos Corrientes en el 2021 podrían aumentar a $7,489 millones logrando una recuperación de 13.02%, con lo que se equipararía a lo percibido en el 2016, achicando la brecha en un año (o sea 5 años). De acuerdo a ello, se debería suponer que los Gastos corrientes también se tendrían que retrotraer al año 2016 para estar en una situación similar, pero como se verá a continuación los gastos solo se retrotraerían al valor de 2019 (esto no se ve nada bien).

    En cuanto a los Gastos Corrientes efectuados por el Gobierno Central desde el 2003 hasta el 2019 se mantuvieron con una tendencia al alza, con ciertas altas y bajas, alcanzando un crecimiento promedio de 9.25% anual.

    Para el periodo 2014 al 2019 el Gasto aumentó en promedio un 9.84%, pasando de $5,737 millones a $9,091 millones, representando un diferencial de $3,354 millones.

    Y respecto al año 2020 los Gastos disminuyeron significativamente un 12.09%, equivalente a $1,099 millones con respecto al año anterior, para cerrar en $7,992 millones, cifra similar a los Gastos Corrientes efectuados a inicios del 2018.

    Según lo estimado por el Ministro de Economía, los Gastos Corrientes en el 2021 podrían aumentar a $8,833 millones lo que implica una cifra cercana al pico del 2019 (año pre pandemia).

    Al considerar la relación de Gastos Corrientes Vs. Ingresos Corrientes durante 8 años (periodo 2010 al 2018 se mantuvo por debajo del punto de equilibrio (por cada dólar ingresado se gastó menos de 1 dólar).

    En el 2019 (año sin pandemia) la relación pasó a ser de 1,10, (por cada dólar ingresado se gastó $1,10), sobrepasando el punto de equilibrio en un 10,0% y aumentando un 20.02% respecto al año anterior. Es decir, que se pasó del superávit al déficit.

    En el 2020 (año de pandemia), la relación continúa en aumento (9,58% más) pasando a ser de 1,21 (por cada dólar ingresado se gastó $1,21), sobrepasando aún más el punto de equilibrio en un 21% (por cada dólar ingresado se gastó $1,21), quedando a un nivel superior del pico alcanzado en el 2009.

    Según los Ingresos Corrientes y Gastos Corrientes previstos por el ministro para el 2021, la relación daría como resultado 1.18, por lo que indicaría que la situación no cambiaría sustancialmente. Cabe aclarar que este diferencial (Ingresos Corrientes menos Gastos Corrientes) se refiere al flujo de caja generado en Operaciones. Por lo tanto, sólo a ese renglón puedo estimar el déficit o superávit correspondiente.

    Sector privado, su endeudamiento.

    En cuanto al Sector Privado, la deuda reflejada por los saldos de créditos locales del Sistema Bancario, reflejan un continuo crecimiento desde el año 2003 al 2019 a un promedio anual de 10.45%, disminuyendo levemente en el 2020 en 1.66%, reflejando las consecuencias de las restricciones impuestas en la “Batalla Sanitaria”.

    El año 2020 cerró con un saldo de $54,292 millones, superando en $1,354 millones al alicaído PIB y en $17,332 millones a la Deuda del Sector Público. Si la Deuda Pública asusta, la Deuda Privada con los Bancos asusta mucho más, eso sin contar los otros tipos de deudas que mantienen los privados.

    Al comparar los saldos del 2010 y los del 2020, de los cuatro principales sectores que aglutinan alrededor del 86% del saldo total, se observa a nivel general que este porcentaje no varió sustancialmente en los últimos 10 años. A nivel especifico, la composición del saldo destinado al Comercio sufrió una caída de 7.1%, pasando de 26.6% en el 2010 a 19.5% en el 2020, mientras que el Hipotecario subió un 5.7% pasando del 27.5 al 33.2%, al igual que el Consumo Personal lo hizo en un 1.6% pasando de 21.2% al 22.8% y la Construcción que pasó de 10.2% al 10.7% incrementándose 0.5%. El resto de los sectores en conjunto disminuyó su saldo en 0.7% pasando de 14.6% al 13.9%.

    Si se asocian los sectores con cierto grado de dependencia, la Construcción creció casi el doble que las Hipotecas, mientras que el Consumo Personal casi se quintuplicó frente al Comercio. Y  creció 2,4  veces en los últimos 10 años, o sea, un diferencial de $7,162 millones más respecto a los iniciales $ 5,207 millones en el 2010. El problema con este gasto (consumo personal) es que el mismo, mayormente, no tiene un activo que lo respalde, es un gasto de una sola vez sin generación de activo alguno.  En otras palabras, en el caso de endeudarse para la compra de una propiedad (hipotecario), siempre existirá esa propiedad o inversión. Un gasto efectuado con tarjeta de crédito, normalmente, es de un solo uso y se extingue al momento sin generar activo alguno.

    Una alerta muy importante que surge a raíz de este análisis, es que generalmente, el crédito personal está respaldado por el trabajo (la ficha de la CSS que se solicita por ejemplo); al haberse al menos duplicado la tasa de desocupación según diversas estimaciones, quiere decir que posiblemente la mitad de los saldos de los créditos al consumo, personales, tengan dificultades para ser honrados, a menos que hubiera suficiente capacidad de ahorro que no estarían demostrando los números a priori.

    Posiblemente, tomando en cuenta esta situación, se explique que el sector bancario, que siempre toma recaudos para mantener mas o menos estable la salud del sistema mediante la provisión de fondos para préstamos (incobrables por ejemplo), haya ido en constante aumento en los últimos años. La provisión  es un buen indicador para observar el nivel de confianza e incertidumbre en el fiel cumplimiento de las obligaciones crediticias asumidas.

    Desde el 2003 al 2015 las provisiones fluctuaron entre un valor mínimo de $404 millones a un máximo de $642 millones, marcando una franja de oscilación de $238 millones. En el 2016 comienzan a subir desde $662 millones a $2,033 millones marcando un diferencial de $1,371 millones.

    Esto refleja que durante 12 años el Sistema Bancario se mantuvo medianamente estable hasta el 2015.  En el año 2016 y 2017 comienza a mostrar cierto grado de endurecimiento puesto de manifiesto al provisionar $282 millones más que en el 2015. Endurecimiento que se acentúa en el 2018 y 2019 al provisionar $623 millones más que en el 2017 (más del doble que los dos años anteriores) para llegar al 2020 provisionando $638 millones (en un solo año superó la cantidad de los dos años anteriores juntos).

    Para terminar, aplicando términos sanitarios, tan de moda en estos tiempos: esta radiografía da algunos indicios, entre otro tantos, del estado de gravedad en que se encuentra la economía y, por ende, la amenaza que recaerá en la situación social al sufrir las consecuencias. Esta situación amerita una urgente internación directa en la unidad de cuidados intensivos (UCI). El resultado dependerá si se afronta la enfermedad con el diagnóstico correcto y del tipo de tratamiento que se le dé. Lo que queda claro, que ni el sector privado ni mucho menos el sector público, tienen comodidad ni capacidad para seguir endeudándose. Ese no es el camino, tal como quedó demostrado en el primer tiempo, cuando la base del crecimiento fue el ahorro y no la deuda.

  • La tentación a hacer trampas en tiempos de pandemia es grande. Evite hacer contabilidad creativa y arriesgarse penalmente

    Aún recuerdo cuando estalló globalmente el caso ENRON; de lo único que hablábamos en el trabajo era sobre el caso. Mi jefe directo venía todos los días con ideas diferentes de cómo no saltaron las alertas antes, pero eran otros tiempos. Hoy, excepto si hubiera una gran cadena de complicidades, ese caso no podría darse.

    La poderosa empresa americana tenía activos estimados en 63.000 millones de dólares y supuestamente facturaba 100.000 millones de dólares anuales. Sin embargo, en diciembre del 2001, se declaró en quiebra. ¿Cómo era posible tal cosa? En que todo fue «maquillado»: los pasivos los habían convertido en activos, los créditos se presentaron como ingresos y todos los beneficios estaban inflados. La empresa alteraba o fabricaba registros contables para engañar a sus accionistas. Estos engaños financieros llevaron a que la acción en bolsa, que se cotizaba sobre los 90 dólares en el 2000, en un año pasara a costar tan sólo un dólar, un 99 % menos.

    Con el correr del tiempo, fueron saliendo a la luz todos los fraudes financieros y allí nos enteramos todos que ENRON, en realidad, acumulaba deudas de 30.000 millones de dólares. Con la quiebra declarada, al menos 20.000 empleados perdieron su trabajo. El escándalo también le costó la reputación y luego la existencia, a la otrora poderosa firma auditora, Arthur Andersen, una de las conocidas como Big Five en ese entonces.

    Pero ¿qué es la contabilidad creativa? “es el proceso de manipulación de la contabilidad para aprovecharse de los vacíos de la normativa contable y de las posibles elecciones entre diferentes prácticas de valoración y contabilización que ésta ofrece, para transformar las cuentas anuales de lo que tienen que ser a lo que, quienes las preparan, prefieren que sean … en lugar de reflejar estas transacciones de forma neutral y consistente”. Naser, K (1993).

    Las motivaciones o tentaciones para acudir a esta práctica, es que existen CEOs, directores generales, auditores, que cargan sobre sus hombros con la presión de la comunidad inversora sobre las empresas para que presenten resultados, rentabilidad, patrimonio y situación financiera positivos; existencia de sistemas de compensaciones atadas a beneficios, precios de las acciones, crecimiento de la empresa, interés de la empresa en la obtención de préstamos beneficiosos, obtener incentivos fiscales, posibilidades de atribuir éxitos en años posteriores y muchos más etcs.  Diferentes circunstancias que pueden llevar a proceder a “maquillar” las cuentas de una empresa, para mantenerse en la cima de su sector en los casos más suaves o engañar a los bancos para obtener créditos y ayudas que no operarían de mostrar la imagen más fiel de la empresa como prescriben las normas internacionales de información financiera. O en el peor de los casos, para engañar a socios o accionistas.

    Ahora pueden entender que lo que inicialmente habían comenzado a hacer en ENRON, fue contabilidad creativa, aprovecharse del mismo sistema contable que raya en la ética, para luego cruzarse definitivamente al fraude. Esta línea divisoria es extremadamente delgada y quienes se ufanan de ser genios financieros para maquillar números que no les son favorables, su misma arrogancia los hace caer. El problema es que en general quienes arman estas estructuras creativas, CFOs normalmente, no las firman y hacen incurrir en delitos penales a quienes por ignorancia o mediocridad para ocupar puestos de máxima responsabilidad, no pueden supervisar o no quieren, que los estados financieros de la empresa sean el reflejo de haber tomado decisiones estratégicas erróneas o directamente una mala gerencia.

    Sucede mayormente en empresas familiares cuya estructura directiva y gerencial no es profesional. En empresas profesionalizadas, luego del caso ENRON (y otras muchas más que siguieron), la alta gerencia se rige por principios de gobierno corporativo que evita estos problemas. Una de las medidas más importantes aunada a estos principios es fortalecer los códigos éticos tanto para los directivos como para los financieros, contables y auditores internos, para no aceptar la contabilidad creativa. Los comités de auditoría son fundamentales como contrapeso y control adicional sobre la dirección de las empresas. La inclusión de consejeros o directores independientes es imprescindible, pero que realmente no tengan vínculo alguno con la empresa que suponen deben vigilar.

    Es muy preocupante la práctica por parte de las empresas de la contabilidad creativa, tal y como hemos visto. Pero en tiempos de pandemia, la preocupación se hace más evidente, dado que las pérdidas en una gran cantidad de empresas practicantes de la contabilidad creativa, la realidad del Covid las va a exponer en toda su crudeza. Y la tentación de seguir endeudándose vía bancaria es alta. Sobre todo, si los números de ejercicios/años anteriores no eran del todo fieles. Al final, siempre salen perjudicados los inversores, los banqueros (no hablo de aquellos ejecutivos que a sabiendas entran en componendas con malos gerentes), quienes han depositado su confianza en empresas no merecedoras de ella (mejor dicho, sus malos ejecutivos) que a raíz de unas cuentas que reflejan unos estados engañosos, deciden invertir/prestar su dinero y luego obtienen pérdidas a cambio de dicha confianza.

    Cuidado entonces, la delgada línea que separa el juega vivo del fraude se hace invisible en momentos de desesperación. Que ello no le nuble su pensamiento y actúe con sinceridad frente a los bancos, cuéntele sus problemas reales y enfréntelos. Lo contrario, puede significarle una larga temporada a la sombra.

  • En este escenario de anormalidad e incertidumbre, la liquidez en las empresas, manda

    Un nuevo estudio de la firma Accenture demuestra que un cuarto de los temas de discusión de los CEOs a nivel global, son sobre la crisis del Covid-19  y los problemas financieros que se enfrentan. De hecho, una de las conclusiones es que el 42 por ciento de las empresas más importantes del mundo (S&P 500) están en un nivel considerable de riesgo de quiebra en el futuro cercano.

    Y en este escenario, muchas empresas panameñas no se escapan del riesgo. Una de las constantes en los últimos 10 años, ha sido vivir apalancados, es decir, endeudados y postergando pagos a futuro. Pero el cisne negro, esto es, la reacción de los gobiernos ante el Covid-19, ha resultado en una espada de Damocles para una buena parte de personas y empresas panameñas acostumbradas a no darle la importancia al cash, o la liquidez.

    Por supuesto, muchas empresas podrán sobrevivir ante esta situación, como siempre sucede cuando existe una intervención artificial en la economía, y aquellas relacionadas con las de provisión de servicios como Energía, Comunicaciones, Salud o Alimentos básicos, no habrán sido tan impactadas. Otro rubro que no ha sido muy afectado es el relacionado a los Servicios Públicos y el Sector público en general es el que saldrá incólume de esta situación (mientras los impuestos y endeudamiento aguanten).

    Ahora bien, regresando al tema de la liquidez, si le sumamos el agravante del intento de regulación ahora mismo en la Asamblea  a la actividad financiera que ejercen los bancos, no sólo será un enorme golpe institucional, sino una posible restricción crediticia a los necesitados de liquidez. Esto le sumará una enorme presión, a la que ya tienen, a las compañías que necesitan gestionar su liquidez.

    Y qué es gestionar la liquidez? ¿han escuchado alguna vez la frase “cash is the King”? Bien, es el condicionamiento más importante para cualquier CEO o CFO que se presume responsable de una empresa, el manejo de caja. Consiste en equilibrar el efectivo a corto plazo y las presiones de los costos actuales con las inversiones adecuadas en nuevas oportunidades de crecimiento, y su responsabilidad hacia los grupos de interés y la sociedad en general. Resumido: contar con cash o mantener un buen cash-flow.

    Por tanto, ante la situación planteada, el dinero y la financiación van a tener que conseguirse por caminos distintos a los habituales bancarios. La época de conseguir dinero barato, financiación rápida para los negocios, como hace un par de años, ha desaparecido de un solo estornudo.  Posiblemente los únicos que  conseguirán financiación serán aquellos negocios que cuenten con un excelente manejo de su tesorería, un balance muy sano y un plan de negocios solvente que reduzcan el riesgo de impago.

    Entonces, el desafío más importante para las empresas en este momento, es indagar y ser muy creativos en cómo gestionar su liquidez sin depender tanto de los créditos bancarios. Buscar acuerdos y tomar decisiones (duras) consensuadas con colaboradores, proveedores, inquilinos, acreedores, y en forma autónoma, sin dependencia de organismos oficiales gubernamentales y oponiéndose a cualquier intervención que condicionen estos acuerdos libres y voluntarios. Mucha responsabilidad  tendrán en ello las diversas asociaciones gremiales empresariales.  En definitiva, buscar soluciones inteligentes y no las fáciles de solicitar más créditos, que en el mejor de los casos que sean otorgados, no harán más que incrementar las deudas en un estado de incertidumbre en el que nadie puede predecir  cómo se va a poder devolverlas.

    En esta crisis, los grandes CEOs se definirán por su liderazgo estratégico y operativo. La forma en que enfrenten y manejen los obstáculos financieros de la incertidumbre operativa y del mercado, en la viabilidad económica, en la rentabilidad y en los movimientos de la competencia, ayudarán a potenciar la liquidez y mejorar la rentabilidad, lo que les permitirá a las empresas no solo sobrevivir el momento, sino también prosperar y salir fortalecidas a futuro.

  • Analizando la situación crediticia panameña pre y post Covid 19

    En la guerra declarada contra el COVID-19 hemos perdido territorio en las últimas semanas. Esto se pone de manifiesto principalmente por el notable aumento en el número de contagios diarios y por estar llegando al punto límite del Sistema Sanitario, en cuanto a la capacidad disponible de las unidades de cuidado intensivo, entre otras cuestiones relacionadas que no son noticias alentadoras.

    De esta batalla, mucho se habla. Pero mientras tanto, ¿qué está pasando con la otra batalla? La de la Pandemia Económica, que poco se escucha. El avance del enemigo viene en franco crecimiento y el contrataque, ¿dónde está?

    Veamos cómo se encuentra la situación crediticia del Sistema Bancario Nacional en el primer cuatrimestre del 2020, con casi dos meses de impacto del COVID-19, comparado con años anteriores.

    Según las estadísticas de la Superintendencia de Bancos de Panamá, el Saldo de Crédito Hipotecario ocupa actualmente el primer lugar con un 32.7% (17,96 Millones) del monto total de crédito, seguido en segundo puesto por el de Créditos al Sector Consumo Personal con un 22.7% (12,129 Millones) y en el tercero se encuentra el Crédito al Comercio Local con el 20.49% (11,340 Millones).

    De las ocho tipologías de crédito que componen el Saldo Total del Sector Privado, el 75.6% (poco más de las tres cuartas partes) se concentra en las tres áreas ya mencionadas lo que  me lleva a pensar que gastamos mucho, pero que invertimos poco en producción.

    En esta ocasión me voy a concentrar en el Saldo de Crédito para el Consumo Personal, que se encuentra distribuido actualmente en Créditos Personales, absorbiendo dos tercios del saldo total (66.8%); el tercio restante se divide entre Tarjetas de Crédito, con el 19.4% y financiamiento para automóviles con el 13.8%.

    El volumen de Préstamo Total, viene creciendo en forma prácticamente constante desde el año 2013, con un registro en abril de 43,391 millones, para llegar a los 55,771 millones en el 2020. Por lo que sufrió un incremento diferencial en ocho años de 21,380 millones, con una variación porcentual de 62.8%. (barra en gris del siguiente gráfico 1). Esto representa un crecimiento promedio anual del Préstamo Total de 7.8

    En el mismo periodo, el Saldo Total de Créditos para el Consumo tuvo un comportamiento similar, aunque mucho más acelerado.Veamos: En el 2013 el saldo fue de 6,498 millones, aumentando para el 2020 a 12,544 millones. Por lo que sufrió un incremento diferencial en ocho años de 6,046 millones, con una variación porcentual de 93.04%. (barra oscura del gráfico).

    Esto representa un crecimiento promedio anual del saldo de crédito para consumo de 11.6%, casi el doble más que el crecimiento promedio  del PBI Panameño y poco más (3.8%) del volumen de Préstamos totales.

    De aquí se puede decir que el panameño crece en base al  endeudamiento y no por su ahorro.  Este comportamiento es similar al adoptado por la administración del Estado, tal y como lo dejo entrever el Ministro de Economía hace una semana en su presentación ante los Diputados.

    Al comparar el Saldo de Crédito para Consumo con el volumen de Préstamo Total, la relación porcentual (números blancos del gráfico) en el 2013 fue de 18.9% pasando a 22.5% en el 2020, siendo el diferencial para el periodo de ocho años de 3.6%.

    Si bien los Saldos en valor absoluto vienen aumentando a un ritmo prácticamente constante desde el 2013, en el primer cuatrimestre del 2020 se denota una leve desaceleración.

    En los meses subsiguientes se puede esperarpor un lado, un estancamiento parcial en los Saldos de Créditos, debido a las acciones Covid impulsadas por el Estado (Poder Ejecutivo y Legislativo) que impactan directamente sobre las amortizaciones, provocando una dilación de los plazos de vida crediticios. Cabe destacar que los intereses siguen corriendo: o se pagan ahora o se acumularan al saldo deudor, dependiendo esto de las políticas que apliquen los bancos o la negociación que hagan con sus clientes.

    Por otro lado, el Total del Préstamo se verá afectado de la misma manera, debido a la disminución de la oferta crediticia de los bancos (¿no están extrañando las llamadas por teléfono, correos y mensajes?) y de la demanda de nuevos créditos en general por parte de los clientes, que se han visto afectados en sus ingresos por la paralización de la actividad económica, por ende, de su liquidez o capacidad financiera.

    Este último punto no solo afecta a la demanda, sino que también pudiera tener un impacto directo en el cumplimiento de los compromisos crediticios asumidos, debido a la disminución de la capacidad de pago de los clientes, reflejándose en el futuro en los resultados de la Calidad del Crédito.

    En tal sentido me voy a remitir a la visión de los Bancos que monitorean continuamente los Saldos Vencidos y Saldos Morosos, para reaccionar al riesgo por medio de Provisiones para Prestamos.

    En el gráfico se puede apreciar el crecimiento de la Cartera de Préstamos del Sistema Bancario (barras grises), que se han ido incrementando en forma continua desde el 2013 al 2019, sufriendo una caída del 2.25% en el presente año.

    Esto último es posiblemente una consecuencia atribuible a la guerra del COVID-19, reflejando la situación de oferta y demanda que comentaba en párrafos anteriores.

    En cuanto a la Provisión para Prestamos (barras azules) se ve una cierta tranquilidad entre el 2013 y 2017, con montos que oscilan entre 484 y 712 millones, manteniendo una relación porcentual con el monto de la Cartera cercana o por debajo del 1%. En el año 2018 se denota un importante incremente, sobrepasando los 1,000 millones con una relación porcentual con el monto de la Cartera de 1.40% (0.45% más que el año anterior) para continuar aumentando progresivamente (1.59% en el 2019, 0.19% más) hasta llegar al 2020 a un monto de 1,456 con una relación de 1.89% (0.30 más que el 2019).

    Esta reacción de los bancos es posiblemente una consecuencia directa del estado de riesgo latente de los Saldos Vencidos y Morosos, que los obliga a aumentar la provisión cuando aumenta el riesgo, con la finalidad de preservar la salud del Sistema Bancario Nacional.

    Aquí se pone de manifiesto que ya el año pasado el Sistema Bancario había identificado un aumento del riesgo y que en el primer cuatrimestre del presente año se está agravando.

    Como ya expresé, la capacidad de pago de los clientes se está viendo afectada por la situación del COVID-19, por lo que los riegos de pagos aumentan, así que es lógico esperar que la Provisión Bancaria también aumente.

    El aumento de la Provisión no solo perjudica a los bancos, ya que al tener que provisionar más les quita disponibilidad de dinero, sino que también perjudica a los clientes, debido a que frente a la reducción de disponibilidad para préstamos, el dinero se hace más escaso y por ende, caro en el tiempo, es decir que aumentan los intereses.

    Por otro lado, mientras se mantenga estable el pago de los intereses generados por los créditos, los bancos no se verán tan perjudicados, ya que las medidas impulsadas hasta el momento, prologan la vida de los créditos actuales. Hoy el problema surge, si la capacidad de pago de los clientes disminuye al punto de no poder hacer frente al pago de los intereses y en el futuro, cuando se supere la crisis del virus, de afrontar los compromisos completos de los saldos adeudados.

    Esperemos los resultados de los próximos meses de mayo y junio, en donde se reflejará la real situación económica del país en Pandemia, por lo que se podría augurar un agravamiento en la situación Crediticia de Panamá.

    Por el momento no queda otra que seguir adelante, poniendo los privados lo mejor que tenemos para sobrevivir; es difícil pero se debe tratar de pagar lo que la salud financiera le permita, no postergar ni dilatar hacia adelante si tiene capacidad de pago ahora mismo. Tener un presupuesto es clave, especialmente ahora. Para administrar su presupuesto, debe identificar sus ingresos probables  de aquí al próximo año y los gastos indispensables, por ello es  importante identificar sus necesidades versus sus deseos, tomando muy en cuenta que tradicionalmente los próximos meses siempre han sido los de mayor gasto en Panamá y este año no deberían serlo lastimosamente. Durante este período incierto, trate de evitar pedir prestado dinero adicional tanto como sea posible. Si debe pedir dinero prestado, asegúrese de comprender el costo de los diferentes productos de crédito antes de tomar una decisión, y pida prestado solo lo que necesita.

    Si la iliquidez o el efectivo disponible está siendo algo dificultoso de obtener, entonces es posible que deba considerar una estrategia más agresiva para salir de la deuda. Busque opciones para la consolidación de deudas o comuníquese con un asesor de crédito para analizar sus opciones con un profesional calificado.

    Asegúrese de comparar todas las opciones de préstamo y sus costos, tasas de interés y plazos de reembolso antes de elegir un producto de crédito. De lo contrario, contratar un nuevo crédito costoso ahora podría crearle más problemas financieros en el futuro.

    Una recesión económica como la estimada, va a conducir a un mayor desempleo, lo que significa menos seguridad laboral para todos. En este tipo de economía volátil, es mejor tomar medidas para reducir la mayor cantidad de deuda posible. Esto elimina las facturas de las que debe preocuparse y los pagos de deudas que están consumiendo ingresos.

    Los efectos económicos a largo plazo de COVID-19 pueden ser de largo alcance. Es posible que desencadene  otra recesión global. Con eso en mente, es importante apuntalar sus finanzas contra la inestabilidad económica a largo plazo.

    Si se encuentra en situación de quiebra, cierre o necesita saber cómo enfrentar o gestionar su empresa en la incertidumbre, no dude en consultarnos en Goethals Consulting. Este asesoramiento es online en tiempo real y por un máximo de 50 minutos por sesión. Para concretar su cita, escríbanos a info@goethalsconsulting.com o llamar a 6229-2530 o 6679-2750.

  • Tomar deuda para pagar deuda, una espiral negativa hacia el abismo.

    Días pasados me llegó, como a todos ustedes supongo, el video del enfrentamiento en la Asamblea entre una diputada y el Ministro de Economía panameño. Sin entrar en consideración sobre los errores conceptuales de la representante del pueblo al preguntar, y en lo que quizás muchos se quedaron, en la discusión, me voy a centrar en sólo un par de respuestas del Ministro Héctor Alexander.

    En dichas respuestas, se dijo, palabras más, palabras menos, lo siguiente: “Por la parte del financiamiento… voy a dar un pasito atrás para contestar esa pregunta; para un país como Panamá que no está ahorrando casi, las inversiones tradicionalmente, parte de ellas se financian con préstamo, y yo preveo que, en el futuro, en la medida que no tengamos ahorros suficientes para financiar todas las inversiones públicas, realmente yo creo que esa práctica, seguirá.”. “La otra parte de los préstamos que se tienen que hacer es, mientras Panamá no tenga la capacidad de poder pagar con sus propios recursos, lo que es la parte que tiene que ver con el refinanciamiento, bueno lo va a tener que pedir prestado, y es una verdad…”“…por ejemplo; el otro año hay 2,000 millones de dólares que vencen en deuda que va a ver que hacerle frente. Del 2020 al 2024 creo que hay como un tercio de la deuda total de los 30,000 millones va a estar venciendo. Entonces la pregunta es ¿cómo se le puede hacer frente a eso si usted no pide prestado para pagarla?, sino tiene que entonces estar seguro que esos 10,000 millones salen de los ahorros del gobierno básicamente. Y yo tengo que ser sincero que no veo que eso pueda ser posible. Así que realmente entonces, incluso como lo veo para el próximo año, 2,000 millones de dólares el gobierno no va a poder sacar 2,000 millones para bajar la deuda el próximo año realmente.”

    Todo lo expresado por el Ministro tiene una crudeza y sinceridad que lastimosamente no la hubo en los últimos 10 años. Son realidades que deberemos afrontar y que si no hubiera sido por el Covid, probablemente hubiéramos seguido gastando alegremente sin medir consecuencias. Si algo aprendimos con el virus es que el ahorro y no el gasto es la base de la fortuna; si hubiéramos sido prudentes con el gasto y hubiéramos tenido ahorros, la situación no sería tan mala como la estamos padeciendo ahora mismo.

    ¿Y cómo podemos enfrentar los próximos meses ante esta coyuntura? Tengo la respuesta, pero primero déjenme comentarles una anécdota  que debe dispararles una respuesta honesta de parte de ustedes.

    Resulta que un padre de familia recibe un día una tarjeta de crédito con un límite acorde a su salario y comienza a utilizarla sin demasiados contratiempos. Al tiempo, otro banco, que revisa su historial salarial y de crédito, decide enviarle otra tarjeta, pero esta vez, con un límite bastante más generoso respecto al salario. De pronto, este padre de familia, comienza a hacer regalos a sus hijos, luego compra materiales para embellecer la casa, su esposa le dice que no está segura, pero este entusiasta padre le dice que en realidad es una buena inversión, porque así eleva su valuación. Y luego se tienta en seguir comprando más cosas en cuotas varias en el tiempo.

    Los vecinos que lo miran, en secreto murmuran sobre su espectacular crecimiento, que seguro en el trabajo lo han ascendido. Y así las cosas, un día se da cuenta que las tarjetas están al tope y ya no logra con su salario (que por cierto, le han aumentado, pero no tanto como pensaba) llegar a pagar el mínimo requerido por su banco. Entonces se da cuenta que aún tiene algún saldo disponible en la otra tarjeta y corre al ATM más cercano para retirar en efectivo el disponible para ir al otro banco y pagar con ese efectivo el mínimo que debe. Por cada vez que hace esta transacción, los gastos financieros se le siguen incrementando y llega un momento que alcanza al límite de la otra tarjeta.

    Ya a esta altura, desesperado, sin lograr un nuevo préstamo del banco, acude a su empresa, que le da un respiro por un par de meses, pero entonces, el descuento directo del cheque quincenal, no lo deja llegar a hacer frente a los gastos normales de la casa y peor aún, los hijos que no quieren disminuir sus mesadas y la esposa no quiere disminuir sus salidas al cine, este señor  ingresa en un umbral de conductas que terminan rayando en lo incorrecto: no devuelve el dinero que le pidió prestado a un familiar, deja de pagar la luz, cuando le cortan el celular va y compra un chip prepago, intenta falsificar billetes..en fin, al final se queda sin trabajo porque llegó un virus a su comunidad. El cuento es que resultó que el señor no había progresado, sino que le dieron un crédito fácil y se dedicó a consumir. Eso es lo que dicen que se debe hacer quienes promueven a “el consumo” como la forma de generar riqueza en el país.

    Del otro lado, están quienes promueven la austeridad y ahorro, para que esta postergación del consumo a futuro genere, a quienes quieren hacer inversiones sostenibles, el suficiente crédito disponible y barato. Y para quienes no hagan inversiones, la suficiente tranquilidad de tener un respaldo el día que la situación lo amerite, como ahora mismo.

    En términos muy generales, tiene sentido endeudarse, la llamada deuda buena, para adquirir bienes o servicios que aumentan su valor con el paso del tiempo, de forma que en el futuro valdrán más que su precio inicial más el costo de su financiamiento  (la hipoteca para su hogar, por ejemplo). O para generar ingresos, como para un negocio nuevo o que reducen los gastos durante la vida del préstamo por importes que superan los costos de la deuda (cuando el pago del préstamo es menor al ingreso que genera el bien). Esto es lo que normalmente se denominan inversiones. En el caso del gobierno, deberían ser en salud, educación, seguridad, justicia, carreteras, como se acepta normalmente.

    Deuda «mala» en cambio es aquella que  incluye todas las que se contraen para adquirir bienes o servicios que no necesitamos o que no podemos permitirnos (por ejemplo, joyas o carteras de marcas de moda, abonos a gimnasios). Una práctica muy mala es utilizar préstamos de consumo cuyos plazos de repago son superiores a la vida del producto financiado. Esto es algo que muchas personas caen en la tentación cuando viajan, toman deuda de plazos a muchos años para pagar unas vacaciones que se consumen enseguida.  Para  estos gastos es mejor  ahorrar hasta poder pagarlos en efectivo, aunque use su tarjeta para hacerlo. En el caso del gobierno, todo el resto de actividades que le corresponden al sector privado, planilla, asesores, oficinas que no generan valor y sólo agregan burocracia que encima, son las responsables de la corrupción.

    La respuesta honesta que les solicité al inicio es ¿en qué situación consideran que el padre de familia habría actuado como un buen padre y qué debería haber hecho con las tarjetas?

    La respuesta que se den es la misma que deberían exigirle al Ministro y gobierno para que ejecuten. En mi caso, les diré, estamos como ese señor de la anécdota, solicitando deuda para pagar deuda y la única opción posible es el recorte del inmenso gasto público y generar suficiente ahorro para afrontar los pagos sucesivos que se vienen.

  • ¿Austeridad o aumento de impuestos?

    El nuevo gobierno se encuentra con una realidad económica poco envidiable. Los dos gobiernos anteriores endeudaron al país probablemente hasta más allá de los 30 mil millones de dólares si tenemos en cuenta todas las deudas del sector público y los “llave en mano”. El nuevo gobierno se topa con que los gobiernos anteriores jugaron a dejar el tema del programa de Invalidez, Vejez y Muerte al siguiente gobierno por 10 años y ya ahora no se puede postergar más la reforma; se encuentra que hay que reformar la educación , la salubridad y la seguridad. Quiere pagarle a los proveedores y usar el programa Manos a la Obra para reactivar la economía. Pero no hay dinero. A Laurentino Cortizo le quedan pocas opciones, puede pedir prestado, seguro de que las calificadoras y los bancos nos van a seguir prestando hasta que estemos como Grecia.

    Las otras opciones son, subir impuestos e inflar la moneda. Por ahora no podemos inflar la moneda,  aunque la existencia de los «martinellis» y su extensión empieza a preocupar; de hecho ya vemos como ciertos servicios empiezan a cambiar los balboas a 0.95 balboas por un dólar americano. Por primera vez el balboa es algo real así como la inflación monetaria gracias a que Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela no entienden que acuñar moneda por señoreaje es emitir moneda. No hay barreras mágicas entre acuñar monedas metálicas o imprimir papel moneda. Estamos acuñando balboas, esperemos que el gobierno entrante pare esta locura.

    Lo que queda entonces, si no se puede endeudar más o devaluar más nuestros ahorros y salarios, es subir impuestos o cortar gastos.

    Algunos proponen subir impuestos, total esa es la moda en los USA y en Europa. El problema es que subir impuestos, como si estuviéramos en los Estados Unidos o Escandinavia no va a funcionar. Mientras las personas vean a personajes como ciertos diputados del partido del gobierno en la Asamblea, la gente se seguirá preguntando si realmente vale la pena subir los impuestos solo para ver que la mayor recaudación, de haberla, se perderá en corrupción, subsidios clientelistas, planillas, contratos de alquileres a amiguetes. En otras palabras, es dudoso que los panameños estén dispuestos a pagar más impuestos, mientras vean que el dinero de los mismos no se destina al bien común sino a alimentar un monstruo burocrático, de corrupción, impunidad, clientelismo, populismo, y demagogia.

    En consecuencia, para poder justificar políticamente un alza de impuestos, la gente tiene que ver el resultado de esos impuestos. Los europeos pagan impuestos altos, porque están viendo que realmente se obtiene un beneficio colectivo de estos impuestos. Los norteamericanos que ven como parte de estos impuestos termina en subsidios clientelistas y en operativos militares de dudosas intensiones, están un poco menos dispuestos a pagar impuestos. Los latinoamericanos todavía más. Cuando vemos que tenemos un estado que no vale los impuestos que pagamos por él, y además es caro y complicado pagar impuestos, tratamos de eludirlos y usar ese dinero en cosas más productivas.

    En otras palabras, no nos gusta seguir engordando al monstruo. Y tenemos razón.

    Laurentino Cortizo debe empezar por cortar la grasa y matar al monstruo, racionalizando el gasto público. Luego podremos hablar de sacrificios. La gente no quiere que en una recesión económica le saquen un centavo más de sus ingresos en impuestos, y que se los quieran subir mientras siguen robando a manos llenas y los ladrones siguen impunes, es un insulto doble. El gobierno tiene que pensar en controlar los gastos en planilla y subsidios, y no solo los subsidios populistas a los pobres sino los subsidios mercantilistas a los empresarios. El gobierno debe pensar en retomar las privatizaciones, como la de los correos, la del IDAAN y aunque se opongan las personas más ricas de Panamá, la de los Aeropuertos Internacional de Tocumen, Rio Hato, David, y Panamá Pacifico, haciéndolo de manera separada para que puedan competir entre si. En otras palabras, el gobierno no debe hablar de subir impuestos, si antes no corta gastos, vende activos, y suprime la corrupción y la impunidad. Esperemos que siga este camino.

  • El régimen chino emite más deuda para solucionar su problema con las deudas

    Solo días después de que los medios de comunicación reportaran que un número sin precedentes de corporaciones anunciaron que no podrán pagar los bonos que deben, el régimen chino anunció que los gobiernos locales pueden emitir bonos para pagar las deudas que madurarán en 2018 –lo que resalta la enormidad del problema de deuda de China.

    La política fue anunciada el 15 de mayo por el Ministerio de Finanzas y esencialmente permitirá a las autoridades locales seguir cubriendo su deuda con más deudas.

    El régimen chino permitió esta práctica también en 2014. En 2015, las autoridades centrales emitieron bonos de gobiernos locales para reemplazar la cuantía de la deuda que debían las autoridades locales, como una forma de reducir la carga de los intereses.

    Según datos del Consejo de Estado de China, entre 2015 y 2017, el reemplazo de deuda bajó la carga de intereses en 1,2 billones de yuan (alrededor de U$S 188 mil millones)

    Mientras tanto muchas de las grandes empresas de China –algunas de las cuales están públicamente cotizadas– ya han declarado que no podrán pagar los bonos este año, incluido el Grupo de la Industria del Carbón de Sichuan y el Grupo de Herramientas Mecánicas de Dalian, ambos de propiedad estatal; el Grupo del Puerto de Dandong, que maneja el puerto ubicado en la frontera con Corea del Norte; el Grupo de Construcción de Ciudades de China, una empresa de ingeniería de construcción; y la Compañía de Seguridad y Fuego de China, una empresa especializada en sistemas de seguridad, según informó un reportaje del periódico estatal China Securities Journal.

    Desde comienzos de este año hasta el 7 de mayo, 19 empresas declararon que no podrán pagar sus bonos corporativos, según información de la base de datos financiera china Wind. El valor total de los bonos era de 14,35 mil millones de yuanes (alrededor de U$S 2,25 mil millones), un aumento del 20 por ciento en relación al mismo período el año pasado. El número de empresas declarándose en default también aumentó en un 19 por ciento en relación al mismo período el año pasado.

    Según el China Securities Journal, un total de 5 billones de yuanes (alrededor de U$S 784 mil millones) en bonos corporativos crediticios madurarán este año –el número más alto hasta ahora.

    Pero debido a la reducción del endeudamiento y al reciente ajuste que hizo el régimen chino al mercado de bienes raíces y otros sectores, el pago de la deuda podría conllevar riesgos. El Journal advirtió que el riesgo podría crecer más allá de una empresa individual declarándose en default y causar una crisis financiera de gran escala en todo el sistema.

    El comentador chino Wen Xiaogang dijo a La Gran Época que dado que gran parte de los ingresos públicos de los gobiernos locales proviene de bienes raíces (toda la tierra en China es propiedad de las autoridades, que luego reparten el arrendamiento de la tierra a desarrolladores y propietarios de hogares); sus ingresos públicos podrían reducirse entre regulaciones, obligándoles a pedir más dinero prestado.
    La edición de Shanghai del Journal, Shanghai Securities News, reportó el 10 de mayo que los préstamos a corto plazo también estaban en problemas. Según datos de Wind, 116 bonos a corto plazo –pagables dentro de un año– fueron cancelados o pospuestos desde principio de año. El valor ascendió a 63,94 mil millones de yuanes (alrededor de U$S 10 mil millones). Sorprendentemente, la mayoría de esos deudores poseía evaluaciones AA o AA+.

    A fines del año pasado, la evaluación de la estabilidad financiera de China hecha por el Fondo Monetario Internacional (FMI) descubrió que la deuda total del país –incluyendo el gobierno central y local, las corporaciones y los hogares– ascendía a 2,55 veces su PIB (Producto Interno Bruto).

    El reporte del FMI advirtió contra del continuo apoyo financiero del régimen chino a favor de empresas inviables en bancarrota, como las empresas estatales mencionadas más arriba, que declararon anteriormente que no podrán pagar sus bonos.

    Según estimaciones del economista chino radicado en EE. UU., el Dr. Cheng Xiaonong, de las 31 provincias y municipalidades gobernadas directamente de China, 25 están en deuda y sobreviven dependiendo de fondos de las autoridades centrales.

    Liu Yi contribuyó a este reportaje.