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La tentación a hacer trampas en tiempos de pandemia es grande. Evite hacer contabilidad creativa y arriesgarse penalmente

Aún recuerdo cuando estalló globalmente el caso ENRON; de lo único que hablábamos en el trabajo era sobre el caso. Mi jefe directo venía todos los días con ideas diferentes de cómo no saltaron las alertas antes, pero eran otros tiempos. Hoy, excepto si hubiera una gran cadena de complicidades, ese caso no podría darse.

La poderosa empresa americana tenía activos estimados en 63.000 millones de dólares y supuestamente facturaba 100.000 millones de dólares anuales. Sin embargo, en diciembre del 2001, se declaró en quiebra. ¿Cómo era posible tal cosa? En que todo fue “maquillado”: los pasivos los habían convertido en activos, los créditos se presentaron como ingresos y todos los beneficios estaban inflados. La empresa alteraba o fabricaba registros contables para engañar a sus accionistas. Estos engaños financieros llevaron a que la acción en bolsa, que se cotizaba sobre los 90 dólares en el 2000, en un año pasara a costar tan sólo un dólar, un 99 % menos.

Con el correr del tiempo, fueron saliendo a la luz todos los fraudes financieros y allí nos enteramos todos que ENRON, en realidad, acumulaba deudas de 30.000 millones de dólares. Con la quiebra declarada, al menos 20.000 empleados perdieron su trabajo. El escándalo también le costó la reputación y luego la existencia, a la otrora poderosa firma auditora, Arthur Andersen, una de las conocidas como Big Five en ese entonces.

Pero ¿qué es la contabilidad creativa? “es el proceso de manipulación de la contabilidad para aprovecharse de los vacíos de la normativa contable y de las posibles elecciones entre diferentes prácticas de valoración y contabilización que ésta ofrece, para transformar las cuentas anuales de lo que tienen que ser a lo que, quienes las preparan, prefieren que sean … en lugar de reflejar estas transacciones de forma neutral y consistente”. Naser, K (1993).

Las motivaciones o tentaciones para acudir a esta práctica, es que existen CEOs, directores generales, auditores, que cargan sobre sus hombros con la presión de la comunidad inversora sobre las empresas para que presenten resultados, rentabilidad, patrimonio y situación financiera positivos; existencia de sistemas de compensaciones atadas a beneficios, precios de las acciones, crecimiento de la empresa, interés de la empresa en la obtención de préstamos beneficiosos, obtener incentivos fiscales, posibilidades de atribuir éxitos en años posteriores y muchos más etcs.  Diferentes circunstancias que pueden llevar a proceder a “maquillar” las cuentas de una empresa, para mantenerse en la cima de su sector en los casos más suaves o engañar a los bancos para obtener créditos y ayudas que no operarían de mostrar la imagen más fiel de la empresa como prescriben las normas internacionales de información financiera. O en el peor de los casos, para engañar a socios o accionistas.

Ahora pueden entender que lo que inicialmente habían comenzado a hacer en ENRON, fue contabilidad creativa, aprovecharse del mismo sistema contable que raya en la ética, para luego cruzarse definitivamente al fraude. Esta línea divisoria es extremadamente delgada y quienes se ufanan de ser genios financieros para maquillar números que no les son favorables, su misma arrogancia los hace caer. El problema es que en general quienes arman estas estructuras creativas, CFOs normalmente, no las firman y hacen incurrir en delitos penales a quienes por ignorancia o mediocridad para ocupar puestos de máxima responsabilidad, no pueden supervisar o no quieren, que los estados financieros de la empresa sean el reflejo de haber tomado decisiones estratégicas erróneas o directamente una mala gerencia.

Sucede mayormente en empresas familiares cuya estructura directiva y gerencial no es profesional. En empresas profesionalizadas, luego del caso ENRON (y otras muchas más que siguieron), la alta gerencia se rige por principios de gobierno corporativo que evita estos problemas. Una de las medidas más importantes aunada a estos principios es fortalecer los códigos éticos tanto para los directivos como para los financieros, contables y auditores internos, para no aceptar la contabilidad creativa. Los comités de auditoría son fundamentales como contrapeso y control adicional sobre la dirección de las empresas. La inclusión de consejeros o directores independientes es imprescindible, pero que realmente no tengan vínculo alguno con la empresa que suponen deben vigilar.

Es muy preocupante la práctica por parte de las empresas de la contabilidad creativa, tal y como hemos visto. Pero en tiempos de pandemia, la preocupación se hace más evidente, dado que las pérdidas en una gran cantidad de empresas practicantes de la contabilidad creativa, la realidad del Covid las va a exponer en toda su crudeza. Y la tentación de seguir endeudándose vía bancaria es alta. Sobre todo, si los números de ejercicios/años anteriores no eran del todo fieles. Al final, siempre salen perjudicados los inversores, los banqueros (no hablo de aquellos ejecutivos que a sabiendas entran en componendas con malos gerentes), quienes han depositado su confianza en empresas no merecedoras de ella (mejor dicho, sus malos ejecutivos) que a raíz de unas cuentas que reflejan unos estados engañosos, deciden invertir/prestar su dinero y luego obtienen pérdidas a cambio de dicha confianza.

Cuidado entonces, la delgada línea que separa el juega vivo del fraude se hace invisible en momentos de desesperación. Que ello no le nuble su pensamiento y actúe con sinceridad frente a los bancos, cuéntele sus problemas reales y enfréntelos. Lo contrario, puede significarle una larga temporada a la sombra.

About the author

Irene Gimenez

Irene Gimenez

Irene Gimenez, analista internacional. Es abogada con maestría en economía y ciencias políticas. Su especialidad es el análisis económico del derecho. También tiene especializaciones en temas financieros, tecnología y globalización. Su preferencia hoy día es analizar el impacto de los desarrollos bajo tecnología Blockchain y el impacto que ello generará en las próximas décadas.

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