Categoría: Opinión

  • Rúa: la Soberanía del Espíritu

    Rúa: la Soberanía del Espíritu

    Desde niño me ha fascinado la fruta del algarrobo. Para llegar a su pulpa, esa que a algunos nos parece delectable y a otros desagradable, hace falta un martillo que logre romper su impenetrable corteza; pero jamás me puse a contemplar por qué la Madre Natura le había dado una cáscara tan dura; y no fue hasta ya octogenario que un día me pregunté: “si la naturaleza diseña los frutos para que los animales consuman la pulpa y esparzan las semillas lejos del árbol progenitor, ¿para qué criatura del planeta destinó el algarrobo una protección tan descomunal? La IA me lo explicó: es que el fruto estaba diseñado para el perezoso gigante, una bestia de la megafauna extinta hace milenios. Hoy, el algarrobo sigue ejecutando un programa biológico casi obsoleto, esperando a un comensal que ya no existe. Menos mal que están los ñeques y los Johnny Bennett; los primeros las pueden abrir y diseminar y el segundo, aparte de comerse las frutas tal cual, hace deliciosos batidos y pan de algarroba, como también le hace propaganda a uno de los frutos más beneficiosos que hay.

    Si la inmensa mayoría de la humanidad vive sin entender siquiera el diseño de los árboles, ¿qué oportunidad real tenemos de que entiendan la Matrix artificial que los gobierna? O: ¿por qué hay tantos policías muertos en la ciudad; el desorden y tranques en las vías; ha crecido y sigue creciendo la deuda pública; la terminal moderna de Tocumen está en estado desastroso; hay tantos baches en las calles; el agua se va; el flujo eléctrico anda mal, bombillos parpadeando y aparatos eléctricos quemándose; las escuelas MEDUCA no abren a tiempo y están destruidas, mientras todas las privadas abren y están en buen estado… ¿y para qué seguir?

    Esa misma pobreza sociológica domina nuestro presente. La colmena actual se pasa la vida relatando incidentes menores, pero es incapaz de profundizar en las causas y en las curas. Nos desgastamos comentando lo que anda mal, pero muy pocos entienden las razones y menos las soluciones.

    Creen ciegamente, como afirma el adoctrinamiento común, que monopolios estatales como el MEDUCA «educan», cuando en realidad su única función es fabricar súbditos obedientes que jamás cuestionen las causas. Confían la economía a los gobiernos del Estado, olvidando la verdad factual de que el sector público jamás debe competir en el mercado, a menos que queramos entregarle voluntariamente la custodia del gallinero a los zorros.

    Frente a esta colectivización digital —donde las masas unifican su pensamiento a la baja, repitiendo consignas vacías en chats y pegando gritos en partidos de fútbol— solo nos queda la resistencia de la Rúa. La Rúa es el soplo de viento invisible que mueve las olas, las velas y las hojas de los árboles; así como el Espíritu mueve nuestras almas… no lo vemos, pero allí está. O la materia negra que hoy buscan los astrónomos con telescopios espaciales. Una fuerza cuántica y creadora que está allí, que la ciencia materialista no entiende, pero que muevas las galaxias y la energía universal.

    En eso… entra la IA, capaz de tomar todo el conocimiento humano y ponerlo a nuestra disposición en segundos; de manera que ya no seremos más esclavos sumisos de las burrocracias corruptas; esas que intentan desesperadamente mantener a los pueblos en corrales de sumisión o en arrabales de perdición. Hoy, y no mañana, la humanidad necesita despertar y sintonizar con el Padre, el Hijo y la Rúa que es el Espíritu Santo. Ello nos permitirá desplegar las velas de la barca que nos permitirá viajar por el Universo.

    NOta: Ensayo 4/4: La Singularidad de la Noosfera

  • El despertar de la humanidad: más allá del empleo y la limosna estatal

    El despertar de la humanidad: más allá del empleo y la limosna estatal

    «Humanidad no es el cubículo de oficina, ni el formulario burocrático, ni la sumisión al caudillo de turno a cambio de una dádiva.»

    Cuando el legendario Sherlock Holmes soltaba su famoso «Elemental, mi querido Watson» (o en nuestro argot cervantino, «Elemental, mi estimado Sancho»), no se refería a algo simple o insignificante. Al contrario, apuntaba a lo esencial, a esa verdad factual tan obvia y desnuda que la mayoría, cegada por sus propios sesgos o por el ruido del entorno, era incapaz de ver.

    Hoy, los pasajeros del avión global en picada mortal siguen discutiendo acaloradamente sobre el control de precios, las tasas de interés y el último aumento al salario mínimo. No se dan cuenta de que el motor del avión ya se fundió. Vivimos bajo el mayor secuestro de la historia humana: el fraude del dinero fíat. El llamado Quantitative Easing o «relajo cuantitativo» no es más que la impresora estatal marchando a toda máquina para fabricar papelillos de monopolio. Una trampa macroeconómica que, mediante la inflación, le roba el tiempo de vida y el esfuerzo al ciudadano común antes de que el billete toque sus manos. Intentar salvar el gasto público insostenible imprimiendo billetes devaluados para financiar subsidios que no subsidian es como echarle gasolina al fuego esperando apagarlo y sin que se den cuanta del saqueo.

    Pero mientras los capitanes de la burrocracia intentan sostener este andamiaje obsoleto a base de deudas e ilusiones, un alud tecnológico irreversible avanza en la dirección opuesta. La Inteligencia Artificial no viene a traer una crisis económica más; viene a demoler la Matrix de la escasez. Su verdadero impacto no es la creación de dinero digital, sino la deflación absoluta del costo de la existencia biológica. Al automatizar el drudgery —ese trabajo mundano, repetitivo y cognitivo básico que por siglos nos ha reducido a la categoría de robots biológicos—, la IA rompe el monopolio de la supervivencia. Si producir alimentos, medicina y energía pasa a costar fracciones de centavo, el dinero tradicional pierde su poder de extorsión. El Estado ya no podrá comprar la obediencia de los hombres con la promesa de la canasta básica.

    ¿A qué nos dedicaremos entonces? Es aquí donde se abren las compuertas del verdadero despertar de la humanidad. «Humanidad» no es el cubículo de oficina, ni el formulario burocrático, ni la sumisión al caudillo de turno a cambio de una dádiva. Esas son taras coloniales y neandertales que el MEDUCA del mundo nos programó para aceptar. La verdadera riqueza es un estado de Bienandar: es la soberanía absoluta sobre nuestro activo más valioso, el tiempo. Es la liberación de las capacidades latentes de la mente y del espíritu, esas mismas frecuencias cognitivas y genios artísticos que permitieron a un puñado de mentes diseñar la propia IA.

    Cruzar el peaje hacia la Noosfera infundirá pánico en quienes solo saben definir su existencia a través del empleo tradicional o la limosna estatal. Ver caer los templos del gigantismo burocrático les parecerá el Apocalipsis. Pero el fin del esclavo obediente es, en realidad, el inicio de una física del valor puramente voluntario, donde el ser humano por fin recupera las llaves del Paraíso que le fueron entregadas en la Creación.

    Nota: Ensayo 3/4: La Singularidad de la Noosfera.

  • Los laberintos mágicos de la Creación y el abismo educativo

    Los laberintos mágicos de la Creación y el abismo educativo

    De niño, regresando a casa por la bajada de la Calle 50, desde donde hoy está el Soho Mall, que antes era la casa de mis primos Novey de la Guardia, bajando hacia la Vía Brasil, algo me hizo dar la vuelta y a caminar de espaldas, con la mirada fija en la ruta que dejaba atrás. En la loma, a la altura del edificio conocido como «el tornillo» o el F&F Tower, a casi 0.4 km, vi aparecer una fila de cinco autos, el último, un pequeño camión. Mi atención se clavó hipnotizada en ese último vehículo. A medida que la fila me iba pasando y el camión se aproximaba, un presentimiento o no sé qué, me hizo pegar una veloz carrera alejándome del borde de la vía. Al mirar atrás, el camión había perdido el control, patinando salvajemente sobre el punto exacto donde yo habría estado parado. Recuerdo perfectamente subir la loma anterior a mi casa, mirar al cielo y pensar con la inocencia de mis seis años: “Nadie lo va a creer”. Traigo a colación este episodio no por nostalgia, sino para abrir de golpe las compuertas de una inmensa y brutal realidad que nos fue legada en la mismísima Creación.

    Aquella premonición salvadora no fue una anomalía milagrosa; fue un destello del sistema de navegación avanzado y latente que llevamos dentro. La ciencia materialista lleva décadas balbuceando que el ser humano apenas utiliza una minúscula fracción de su capacidad neuronal cognitiva. Lo que no nos dicen es por qué. Hemos mantenido apagadas, por diseño del sistema, frecuencias de procesamiento analítico, capacidades matemáticas insólitas y genialidades artísticas dormidas que hoy nos parecen de ciencia ficción.

    Para poder aprovechar los laberintos mágicos e inimaginables que se abren en las espumas de los encantados mares de ese mañana que es hoy, debemos estar dispuestos a realizar cambios impensables. Y el primero de ellos exige demoler una estructura fósil: nuestra educación neandertal.

    Los ministerios de educación, los MEDUCA del mundo, deben quedar en el olvido. Estas instituciones no nacieron como herramientas de iluminación o de educación real, sino como fábricas de sumisión y servilismo, diseñadas para moldear súbditos obedientes a merced de los torcidos que deambulan entre nosotros buscando el control del poder político. El viejo paradigma te educa para el cubículo, para la repetición y para la dependencia estatal. Te entrena para ser un engranaje sumiso en una máquina que la Inteligencia Artificial ya desmantela.

    La IA nos abre realidades inimaginables; entre ellas, la educativa. Al asumir el trabajo mundano, repetitivo y cognitivo básico, la tecnología no viene a embrutecernos, sino a actuar como el gran catalizador que forzará el despertar de esas capacidades latentes de la mente humana. Nos devuelve el tiempo y nos quita la excusa. Ya no se trata de memorizar datos que un algoritmo procesa en milisegundos, sino de expandir la consciencia hacia el arte puro, la intuición hiperdimensional y la creación de valor real en el mundo del mañana.

    La transición, por supuesto, infundirá pánico en las mentes educadas bajo el viejo manual del arrabal y la dádiva. Ver caer los templos del gigantismo estatal y ver desaparecer la burrocracia que simulaba funciones productivas les parecerá el fin del mundo. Pero no es el fin, es el extraordinario momento en que se abrirán las puertas de mismo Paraíso.

    Mucho antes de lo imaginado miraremos atrás desde la cúspide de la Noosfera; y nos reiremos con benevolencia de nuestra incapacidad de acceder al mismo Universo con las llaves que nos fueron entregadas en la Creación.

    Nota: Ensayo 2/4: La Singularidad de la Noosfera

  • La IA y el fin de la mentira. El mañana que es hoy

    La IA y el fin de la mentira. El mañana que es hoy

    A quienes todavía toleran mis abordajes conceptuales —algunos con genuino interés, otros con simple paciencia— suelo lanzarles una pregunta que siempre provoca un silencio incómodo: ¿Tú crees que en el Cielo hay secretos? Tras una pausa pensativa, la respuesta casi unánime es un rotundo «no». ¡Ajá! Y si en un orden superior el secreto no existe y la transparencia es absoluta; ¿qué creen ocurrirá cuando la IA (inteligencia artificial) no de lugar a la mentira y a los secretos? El descomunal reto que, como tsunami ya llega, nos presenta incógnitas imposibles de resolver con las mentalidades de un ayer obsoleto. ¿Qué hacer frente a semejante realidad? Buenísima pregunta.

    Para ver y luego entender lo que ya llega debemos despertar a la Apocalipsis y su Singularidad. Y con “apocalipsis” me refiero al final del camino que nos trajo al presente y el inicio de un nuevo camino que no lo podemos ver ni entender con los lentes del ayer sino con los de un mañana que aún no tenemos.

    Intenten imaginar los cambios que vendrán con los autos robóticos o con los retretes que analicen la bioquímica de tus deposiciones. Y ello es apenas un atisbo lo que todo ello traerá. Simplemente no tenemos la capacidad de ver y entender el colapso del ayer frente a un mañana deslumbrante y sin falsedades.

    ¿Cómo lograremos superar los obstáculos que se interponen a la adaptación exponencial del mañana que es hoy; tales como el gigantismo de la corrupta y burrocrática gobernanza de los gobiernos estatales erigida sobre el poder descarriado? La inmensa realidad de gobiernos y gobernantes cuyas prioridades están trastocadas, al poner sus mezquinos intereses por delante. Curioso que en Panamá los presidentes no logran reelección.

    Entonces… ¿qué ocurrirá cuando la IA ya no de lugar al secreto y la mentira; al robo y la desvergüenza? Cuando un sistema algorítmico global procese e interconecte la verdad factual en tiempo real y el motor del estatismo simplemente se fundirá por falta del lubricante que le permita andar. Esto nos lleva a las profundidades abismales de una realidad matemática ineludible: el fin definitivo de la cultura del falso subsidio que ya es económicamente insostenible.

    Y frente a tan descomunal y brutal realidad los pasajeros del avión en picada mortal siguen viviendo y discutiendo un ayer de controles de precios, subsidios que no subsidian y tanto más que lo tienen en las narices y no lo ven. No más imaginen el transporte robótico, sin conductor, sin violar normas de tránsito, sin semáforos, sin accidentes; en dónde los seguros prácticamente desaparecerán; con costos tan disminuidos que no tendrá sentido comparar un auto. Y ni hablar cuando esos autos se eleven y transiten por el aire. Esta será la nueva etapa de la humanidad, la noosfera o etapa del conocimiento.

    Un mundo en el cual el trabajo manual y gran parte, sino todo el mental, lo hará la IA. ¿A qué nos dedicaremos los humanos? A ver si logramos un atisbo a ello… pues, casi todo el trabajo en que hoy nos afanamos para ganar el pan, lo podrán hacer los robots de IA mucho mejor y a una fracción del costo.

    No se trata de un cambio de gobierno ni de una crisis económica más. Estamos ante la reconfiguración radical de la condición humana. Quien tenga oídos para oír, que se prepare; porque el alud no va a detenerse para pedir permiso a quienes prefieren conservar su mirada vacua ante el mañana que es hoy.

    Nota: Ensayo 1 de 3 que abordan la Singularidad de la Noosfera

  • Cómo organizar una empresa familiar para facilitar su salida a los mercados de internacionales

    Cómo organizar una empresa familiar para facilitar su salida a los mercados de internacionales

    En España, las empresas familiares son la columna vertebral de la economía: representan el 92 % del tejido empresarial, generan el 70 % del empleo privado y aportan el 57,8 % del valor añadido bruto del país. Tienen fortalezas que pocas organizaciones pueden igualar: visión a largo plazo, compromiso con el legado y una cultura de confianza que favorece la inversión sostenida en innovación.

    Y, sin embargo, hay un dato que llama la atención: solo exporta el 10 % de las empresas familiares españolas, frente al 13 % de las no familiares. ¿Significa esto que innovan menos o que son menos competitivas que las de fuera? Hemos investigado al respecto y los resultados apuntan a una explicación distinta: el problema no es la capacidad de innovar sino cómo se organiza la familia dentro de la empresa.

    Innovar no basta

    La textos sobre internacionalización empresarial han asumido durante décadas que innovar es el principal empujón hacia el exterior: mejores productos o procesos generan ventajas que se pueden explotar en otros mercados. El modelo de Upsala describe el proceso como una secuencia progresiva de detección de oportunidades y compromiso de recursos fuera del país.

    Pero hay un paso que se suele pasar por alto: en una empresa familiar, decidir comprometer esos recursos no es una cuestión puramente económica. Pesa también lo que los investigadores llaman la “riqueza socioemocional”: el control sobre el negocio, la identidad familiar, el legado y la reputación.

    Lejos de ser un lastre, estos valores son parte de lo que hace especiales a estas empresas. La cuestión es cómo se canalizan.

    No importa cuánta familia hay, sino dónde está

    Analizamos cerca de 8 000 observaciones de más de 1 500 pymes familiares manufactureras españolas entre 1996 y 2020 para intentar contestar a la pregunta: ¿cómo la presencia de la familia en distintos niveles directivos modera la relación entre innovar y exportar?

    El resultado es claro: la implicación familiar ayuda a internacionalizarse, pero el efecto depende de dónde se concentra esa implicación, no de cuánta haya. Cuando los familiares ocupan puestos operativos el efecto es muy positivo pues actúan como bisagra entre la visión estratégica y la operación diaria, y eso hace que la innovación se traduzca en más ventas internacionales. Su compromiso con el legado, su conocimiento del día a día del negocio y su implicación directa generan mayor confianza interna y una ejecución más sólida de las estrategias.

    En cambio, cuando los familiares dominan el equipo directivo prevalece una lógica más protectora: preservar el control y la autonomía puede pesar más que arriesgarse a la incertidumbre de salir fuera. No es que la familia no quiera crecer: es que el instinto de proteger lo construido compite con el impulso de expandirse. Ese freno se vuelve estadísticamente significativo cuando los familiares superan el 67 % del equipo directivo.

    La combinación que funciona

    Nuestros resultados no sugieren que la familia deba alejarse de la dirección. Su implicación sigue siendo una ventaja real: las relaciones de confianza y los vínculos emocionales generan un capital social interno que facilita compartir conocimiento y reduce la incertidumbre ante los mercados exteriores. De hecho, cuando se combina con capacidad innovadora, la implicación familiar refuerza la internacionalización.

    El problema no es la familia en sí, sino dónde se concentra dentro de la estructura de gobierno de la empresa. Lo que proponemos es una estructura de gobernanza que combine dos piezas:

    1. Un equipo directivo con presencia de profesionales externos, que aporten conocimiento de los mercados internacionales y experiencia en la gestión de la incertidumbre global.
    2. Una presencia familiar fuerte en los puestos operativos para que la cultura organizacional y el compromiso se transformen en ejecución de calidad.

    Esta combinación no diluye el carácter familiar de la empresa: lo refuerza. Si los directivos externos aportan perspectiva, los familiares aportan, en el día a día, cohesión y compromiso a largo plazo.

    Juntos consiguen que la innovación se convierta en crecimiento internacional sostenido.

    Diseño organizacional y políticas públicas

    Las administraciones públicas ofrecen programas de apoyo a la internacionalización, que suelen centrarse en proporcionar financiación o información sobre los mercados exteriores. Pero si el freno real para salir a los mercados exteriores está en cómo se organiza el gobierno de la empresa, llega un punto en que esas medidas ya no avanzan.

    De ahí la necesidad de que existan programas de mentoring para aquellos miembros de la familia que quieren asumir roles operativos de peso, incentivos para atraer talento directivo externo, o talleres de gobernanza familiar pensados específicamente para la internacionalización.

    Mirada a largo plazo y paciencia

    Las empresas familiares tienen algo que pocas organizaciones logran replicar: un compromiso genuino con el proyecto, una mirada que va más allá del corto plazo y una cohesión interna que es, en sí misma, una ventaja competitiva. Son justo los ingredientes que exige la internacionalización: paciencia, tolerancia a la incertidumbre y capacidad de ejecución sostenida.

    El reto, entonces, no es cambiar la naturaleza de la empresa familiar, sino organizar mejor su talento. Cuando la familia ocupa el lugar adecuado dentro de la estructura, la salida hacia los mercados internacionales fluye de manera natural. Y eso, en el fondo, es lo que distingue a las empresas familiares que mejor compiten en los mercados.

    Lucía Garcés Galdeano, Profesora Titular de Universidad. Departamento de Gestión de empresas, Universidad Pública de Navarra; Alfonso Hernández Vivanco, Lecturer, Universitat Ramon Llull; Claudio Cruz Cázares, Profesor Agregado, Universitat de Barcelona y Diana-Andreea Filipescu, Associate Professor of International Business, TBS Education

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Socioeconomía de la prosperidad: nace del pueblo, no de sus gobiernos

    Socioeconomía de la prosperidad: nace del pueblo, no de sus gobiernos

    Ningún nuevo gobernante, aunque sea de la estirpe de los magos, puede deshacer los daños acumulados durante años de desgobierno, distorsiones y malas políticas. Esa es una verdad incómoda que muchos prefieren ignorar. ¿Cuántos panameños conocen o entienden de economía, y mucho menos de socioeconomía? Sin embargo, todos tienen derecho al voto; un voto que termina respaldando a los mismos gobernantes y diputados corruptos por los que han venido votando desde siempre. El sufragio típico en Panamá, y en tantos otros lares, va dirigido a quien más promete regalar lo que jamás se debe entregar: la propiedad del ser humano, su albedrío y el derecho a manejar su propia empresa.

    La economía no es solo números, inflación o déficit fiscal. Es la intersección entre los mercados y la cultura de una población: sus hábitos, sus expectativas, su relación con el trabajo, con la propiedad, con el Estado y el verdadero rol de la persona. Muy pocos entienden estos conceptos, y sin embargo son la base misma que determina el rumbo de una nación.

    En Panamá existe un daño profundo: una cultura política de arrabal y de servilismo que se expresa con claridad en el popular grito de “¡No a la privatización!”. ¿Cuántas personas comprenden el grado de ignorancia que hay detrás de esa consigna cuando se lanza más desde las tripas que desde el cerebro? La economía no es un ente abstracto separado de la gente; incluye, intrínsecamente, la cultura de la población.

    He visto marchas de protesta con pancartas que exigen que el gobierno resuelva problemas individuales, reflejo de corrientes culturales en Panamá que se oponen a la idea misma de la propiedad privada y de la responsabilidad individual. No se trata de menospreciar a nadie, sino de señalar una realidad: cuando una cultura está más cerca de estructuras ancestrales que de las exigencias de una sociedad contemporánea, y cuando casi no hay esfuerzo de adaptación, la nación termina cargando con expectativas imposibles. Pensar que un nuevo gobierno puede corregir mágicamente cientos de años de desgobierno y de una cultura desfasada de la realidad es pura fantasía.

    La realidad económica y socioeconómica varía enormemente dentro de un mismo país. En Argentina, la situación de Mendoza no es la misma que la de Buenos Aires. En Mendoza, al igual que en la Florida estadounidense, las autoridades no acataron con el mismo rigor el confinamiento del COVID que otras poblaciones. Quien visita Boquete nota que casi no se ve basura en las calles. En contraste, la realidad que vomitan los ríos capitalinos es elocuente. Y ante todo ello, ¿cuántos panameños vemos y entendemos la irresponsabilidad detrás del manejo de la basura en la capital?

    Recién abordé el tema del desorden vial con alguien, preguntando: ¿por qué llaman autopatrulla a los vehículos de la ATTT? No sabía. Le dije: porque la verdadera función de ordenamiento del tránsito vehicular se tiene que hacer patrullando; ya que sembrados como postes coimeros en las calles es imposible. O… ¿por qué hay tantos “policías muertos” (resaltos) en la capital? Pues porque nadie respeta las normas. ¿Andan buscando el por qué? Si las autoridades ni siquiera son capaces de administrar la recolección de basura o el ordenamiento del tránsito, ¿realmente alguien puede creer que respetarán las leyes de la economía? Y ni hablar de las de la socioeconomía, que representan el matrimonio entre las actividades del mercado y la cultura de la sociedad.

    La socioeconomía no se arregla con decretos ni con discursos grandilocuentes. Se construye —o se destruye— día a día, en la cultura, en las expectativas y en las decisiones de millones de personas.

  • El Efecto de Goteo Económico

    El Efecto de Goteo Económico

    «El “derrame” o “goteo” (trickle-down) suele ser muy malinterpretado en el debate político superficial.«.

    Un podcaster pregunta: “¿Si la economía crece, los pobres salen de la pobreza o los ricos se vuelven más ricos?”. Luego asevera que una economía puede crecer sin que se reduzca la pobreza… sí; pero también depende de lo que se entiende por “economía”.

    ¿Cómo hacer que el crecimiento llegue a la mayoría de los hogares? El del podcast responde que “se necesita política social y redistributiva” para rescatar a los pobres. ¿Será cierto que la solución está en el confisca, parte y reparte, para que los maleantes gubernamentales se queden con la mejor parte? El podcaster y muchísimos más no se han asomado al abismo o etiología del mal.

    Hay otro tema de fondo que conviene considerar: la definición misma de riqueza. ¿Acaso riqueza es simplemente tener más dinero? ¿O se logra verdadera riqueza subiendo salarios por decreto y redistribuyendo? ¡Nooo! La verdadera riqueza está en la persona que crece en cultura, conocimientos, hábitos y capacidad. Requiere aumentar la productividad y su valor en el intercambio social que es el mercado; no sólo de bienes y servicios, sino de acercamiento humano. Y, por favor, no busquemos eso por la vía política y menos la politiquera y redistributiva; pues allí no van a encontrar otra cosa que pobreza socioeconómica.

    El camino más sólido pasa por generar las condiciones para que más personas logren producir productos o servicios que otros quieran comprarles. Para ello se requieren verdadera educación, seguridad jurídica, estabilidad, incentivos al trabajo e inversión; es decir, un entorno donde el esfuerzo y la productividad sean recompensados. Sin ello no hay motivación, y sin motivación regresamos a las cuevas.

    Cuando niño conocí en nuestra empresa de familia, Novey, al Sr. González, gerente del patio, cuyo salario era de unos $600. Cuando se jubiló y sin más que hacer, se fue a Puerto Coquira en el Bayano y veía llegar a los nativos en sus piraguas que venían de compras a la Capital; y le vino la idea de hacerles el encargo de compras. Pasaron los años y el Sr. González le regaló una casa a cada una de sus tres hijas… eso no es goteo sino una cabeza de agua que aprendió en real vivencia en una empresa que no se embarraba con la corruptela gubernamental.

    El “derrame” o “goteo” (trickle-down) suele ser muy malinterpretado en el debate político superficial. La frase nació como burla a la idea de que la actividad de arriba ayuda a los de abajo. Se usa como estratagema para negar el efecto real y virtuoso: el derrame de capacidades, conocimiento, estructura y ejemplo que los empleados de una buena empresa hacen suyo. Lo que el Sr. González demostró es precisamente eso. Y este es apenas un ejemplo.

    Pero hay algo más profundo. Ni el goteo ni el diluvio alcanzan cuando la gobernanza está podrida. La pobreza crónica suele tener su manantial en instituciones extractivas, deuda pública insostenible, clientelismo y corrupción. En ese terreno, las políticas redistributivas se convierten en botín y los recortes fiscales solos no bastan. Sin reglas claras, seguridad jurídica e incentivos reales al trabajo productivo, el crecimiento se concentra o se evapora. El verdadero derrame no es un regalo que cae desde arriba: es el resultado de personas que aumentan su valor en el mercado porque el entorno se lo permite y recompensa.

  • De Panamá Viejo a Panamá Nuevo

    De Panamá Viejo a Panamá Nuevo

    Las pobrezas que hoy nos perturban debemos verlas en nuestra evolución social, la cual comenzó con la finca que el rey de España configuró con un modelo rentista. El intento originario no estaba en poblar, cultivar y lograr una riqueza social humana, sino en cosechar las riquezas de Castilla del Oro, en donde se creía que las arenas de las playas eran doradas. Luego, con el tiempo, al descubrir que las playas eran de arena común, el intento fue lograr ingresos a través de peajes: tanto por el paso a través del istmo, como por quienes se quedaron varados aquí y tuvieron que pagar por cupos, coimas, licencias y demás para poder hacer mercado en la finca del rey.

    Con el pasar del tiempo, el oro de la finca se agotó y la vida en la se fue circunscribiendo a Panamá la Vieja y luego a la Nueva; que no era más que un burgo medieval dentro del cual había una casta burguesa, calles de tierra y un sistema séptico que transportaba la caca en carretas, y fuera de sus muros, el Arrabal. Entonces ¿qué fue de la gobernanza, acaso cambió? La respuesta la podemos ver en el comentario de un diputado en la asamblea colombiana en 1840, quien dijo: “Quien quiera conocer a Panamá, que vaya rápido, ¡pues se acaba!”

    En 1849 se produce un fenómeno único con el descubrimiento de oro en California, que torna a Panamá en el atajo hacia la riqueza del oeste gringo. ¿Y qué encontraron los argonautas en Panamá? Pues lo que había advertido el diputado colombiano. Ese choque entre transeúntes a través de parajes de escasez social y económica produjo muchos incidentes de «tajadas de sandía»; y no solamente como cuenta la errada historia.

    Más adelante, luego del ferrocarril, continúan nuestros problemas que culminan en la Guerra de los Mil Días y luego en la construcción del Canal de Panamá, en la cual el choque entre culturas vuelve a estar presente y termina con el enclave de la Zona del Canal; en donde se esconden los “zonians” de los panameños porque no se llevan. Bueno, sí, acaso para ir los días libres a las cantinas y prostíbulos a formar peleas; o panameñas que iban los fines de semana a las bases militares a buscar futuro.

    En 1903 nos independizaron los gringos y, desde entonces, ¿qué cambios reales se dieron en el modelo? Bueno, la Constitución de 1972 es fiel testimonio del ideal de gobernanza centralista, populista e intervencionista que adoptamos. Y lo más curioso es que aún hoy, en el 2026, la mayoría casi no lo advierte y quieren reformar lo irreformable; algo así como reconstruir a Frankenstein.

    Pero aún pocos ven la realidad en la cual los gobiernos están enquistados de manera destructiva en el mercado, dando testimonio de que la finca ya no es del rey de España, sino de los corruptos y corruptores «reyes» del Nuevo Panamá, que han llevado el clientelismo de los cupos, licencias y coimas al grado de arte. Y de educación real y efectiva… ¡ni pensarlo!, pues ello destruiría el cercado de semovientes ciudadanos liberándolos y destruyendo la finca burguesa.

    En resumen, y para entender nuestra terrible realidad, hay que reconocer nuestro pecado original: Panamá no nació como una nación, sino como la finca del rey de España. Desde la colonia hasta el sol de hoy, los administradores solo han cambiado de nombre, pero mantienen la misma tara mental: gestionar una economía de peaje y prebendas, creando una escasez institucionalizada para mantener a la población dependiente del «parte y reparte». Es bajo esta lógica de capataces que nace el NODUCA.

  • ¿Quién es Dueño de Ti?

    ¿Quién es Dueño de Ti?

    La respuesta parece obvia, casi ridícula por su simplicidad: el dueño de ti eres tú. Eres el soberano absoluto de tu cuerpo, de tu pensamiento, de tu obra y de tus acciones. Este principio de auto propiedad es la raíz de donde brota todo lo demás que está inscrito en la misma Creación y que tan difícil responsabilidad nos fue adjudicada. Si eres dueño de tu mente y de tu esfuerzo, inevitablemente eres dueño de lo que produces. De allí deviene, de forma natural e inalienable, el derecho a la propiedad privada.

    Nuestra Constitución comienza declarando estos derechos fundamentales con gran elocuencia, pero tropieza y se contradice en el camino. Lo más grave no es solo la incoherencia jurídica, sino cómo este virus ideológico ha permeado en la sociedad panameña. Hoy, un lema común resuena desde las calles hasta los gremios empresariales que cacarean libertades, pero actúan con debilidades: «no a la privatización». Hemos satanizado la palabra hasta el punto de olvidar que privatizar es, simplemente, validar lo que es estrictamente tuyo.

    Esta fobia a lo individual ha engendrado una costumbre morbosa en nuestro andamiaje legal y social: una burrocracia asfixiante diseñada para hacernos creer que el Estado nos otorga el permiso de existir y vivir.

    Cuando fui director en las empresas Novey, contábamos con un ejército de abogados y mensajeros dedicados exclusivamente a lidiar con el monstruo estatal. Era un escudo divino. Pero al dejar atrás los recursos de los grandes capitales, la realidad golpea de frente: hoy, para el ciudadano de a pie, cumplir con la normativa gubernamental es una tarea imposible. La consecuencia directa está a la vista de todos: a «Tío Pueblo» no le queda más remedio que refugiarse en el emprendimiento informal para poder sobrevivir. Menos mal que existe la informalidad, porque el diseño estatal está hecho para ahogar la iniciativa privada.

    Y no perdamos de vista que las vilipendiadas “escuelas rancho” son negocios informales, a veces de una persona o familia y otras de la misma comunidad que no encuentra solución en el NODUCA.

    En semejante realidad surge la incógnita de ¿cómo podemos defendernos contra aquellos que en sus vidas no aprendieron de moralidad y en el desespero por subsistir y descollar revierten a la violencia en contra de la propiedad ajena. Buena parte de la solución está en la educación; pero, lastimosamente esa también ha sido secuestrada y tergiversada por torcidos intereses centralistas. Y lo torcido llega a tal extremo que hasta gran parte del sector privado, por acto u omisión, apoya el empobrecedor monopolio educativo estatal; ese que ha invadido la esfera de lo privado que pertenece a la familia, al igual que en tantas otras actividades propias del mercado.

    De qué sirve un MEDUCA que no enseña desde la juventud las realidades de propiedad, comenzando por la propia. De allí nace que una gran parte de la población busca resolver sus necesidades por la vía estatista; a tal punto que llegan argüir que los subsidios y tal son “derechos” de propiedad. Que quitarle al productivo para dar al improductivo es lo correcto. O peor, de justificar tomar las cosas por la vía coercitiva; el asalto, la trampa, el robo, engaño y la mentira.

    Al marchar ciegamente contra «lo privado» y aplaudir el exceso de regulaciones, la población marcha contra su propia soberanía. Si el derecho a lo tuyo, a tu negocio y a tu legítima defensa se debilita, la respuesta a la pregunta inicial deja de ser obvia. Si tú no eres tu propio dueño debido a un papel vencido o a un trámite imposible, ¿de quién eres propiedad entonces?

  • El Derecho a Elegir es Sagrado

    El Derecho a Elegir es Sagrado

    En los dos artículos anteriores sostuve que la educación pertenece primero a la familia y que los gobiernos, al apoderarse de su administración directa, violan el principio de subsidiariedad. También afirmé que el aprendizaje es, ante todo, un proceso emocional y relacional que los sistemas centralizados —capturados por sindicatos y cálculos políticos— violan por razones no edificantes. Hoy quiero mostrar por qué el derecho a elegir es sagrado cuando se trata de la educación de nuestros hijos, lo que revelan los números bien llevados y, sobre todo, lo que revelan las escuelas rancho que muchos quieren cerrar.

    Las cifras internacionales son elocuentes. En Estados Unidos, el porcentaje de estudiantes que alcanzan niveles sobresalientes en matemáticas ronda apenas el 8 %. En China esa proporción se eleva a cerca del 58 %. India, en varios de sus sectores urbanos y en las escuelas que operan con real exigencia, muestra también porcentajes muy superiores. No se trata de una diferencia menor: es un abismo que se traduce en capacidad de innovación y competitividad. Y ocurre mientras se gastan fortunas por alumno en sistemas que privilegian los intereses de grupos con intereses que no tienen que ver con el aprendizaje.

    Panamá no es ajena a esta realidad. Participé en un estudio financiado por la Embajada del Reino Unido en Panamá, dirigido por Martín Krause y en el que también intervino el investigador británico James Tooley, autor de The Beautiful Tree. Cuando presentamos los hallazgos en la Cámara de Comercio, el presidente de la entidad dijo con claridad: “Este estudio no debe quedar encerrado en estas cuatro paredes”. Lamentablemente, allí se quedó. En APEDE, cuando mostramos que en Panamá existían escuelas de bajo costo como las que Tooley había documentado en India, China y África —escuelas rancho de propiedad comunitaria o privada que educaban mejor que muchas oficiales—, un ex presidente de la asociación se levantó airado y exigió que se revelaran sus ubicaciones para proceder a su cierre.

    Yo mismo fui a verificarlo sobre el terreno. En Veracruz, al oeste del Canal, filmé escuelas particulares modestas que cobraban alrededor de 35 dólares mensuales. No tenían edificios monumentales ni banderas institucionales, pero tenían algo más valioso: dueños responsables, maestros comprometidos, padres juiciosos, cercanía a los hogares y, lograr mejor futuro para sus hijos. Los padres pagaban de su bolsillo lo que el Estado ofrecía “gratis”, porque sabían que muy a menudo lo gratis sale carísimo. El video sigue disponible y muestra, sin discursos, por qué esas familias elegían la escuela sencilla .

    Tooley documentó el mismo fenómeno en decenas de países: cuando los padres tienen la posibilidad real de elegir, y cuando existen proveedores independientes que responden directamente ante ellos, los niños aprenden más y mejor. La distancia importa, como la confianza en quien dirige la escuela, el vecindario y educadores que promueven amor por el conocimiento real y no por un adoctrinamiento; ni por edificios grandiosos que no tienen dueños que respondan por lo que venden.

    La solución está en devolver a las familias el poder de decidir. Si hay que ayudar, que no sea en mazmorras políticas sino a través de la acción ciudadana en sanos mercados sin burrocracia. Démosle los medios económicos para los padres contraten a su juicio.

    Libertad para que comunidades, agrupaciones y educadores funden y dirijan escuelas sin asfixia regulatoria. La verdadera manera en que el Estado puede proteger es supervisando y no avasallando con monopolios infectos de estatismo. Se pueden lograr resultados muy superiores con costos muy inferiores.

    Mi trayectoria de más de seis décadas —desde la escuela de vuelo de 1964, la Escuela de Aeronáutica Civil, el trabajo en APEDE, el estudio con Tooley y las visitas a las escuelas de Veracruz— me ha llevado siempre a la misma conclusión. La educación florece cuando la responsabilidad vuelve a quienes más quieren al niño: sus padres. Florece cuando el maestro se siente responsable ante ellos y no ante gobiernos de turno. Florece cuando la emoción del aprendizaje vuelve a ocupar el centro.

    Lástima que sean tantos que no ven o atienden la realidad en la existencia de las escuelas brujas, rancho, o como quieran llamarles. O peor, que si las señalamos las vayan a cerrar porque educan mejor que el NODUCA y eso no lo pueden permitir. Lo que se les escapa es que el derecho a elegir es sagrado y sin ello lo que tenemos es dictadura y pobreza.

    Nota: Ensayo 3/3