Categoría: Opinión

  • En la Política Resucita el Primitivismo Selvático

    En la Política Resucita el Primitivismo Selvático

    En su origen, la palabra “política” tuvo el sentido de perseguir nobles objetivos a través de los cuales los ciudadanos podían organizar sus vidas en comunidad de manera segura y productiva. Pero, como suele suceder en asuntos del poder, lo que en principio tuvo nobleza se corrompió, tomando el sentido de engaños y beneficios políticos. Hoy día el vocablo “política” o “político” ha tomado un sentido peyorativo y ello no es casual sino causal. En sentido maquiavélico, la política se convirtió en la estratagema para acceder y mantener el poder. En Panamá vivimos el desboque burrocrático en la manipulación de los medios noticiosos en dónde muchos se caracterizan por una retórica de calabaza vacía.

    La política de arrabal que hoy vivimos se nutre de la pobreza e ignorancia que sembraron las élites del Intramuros del Casco Viejo.

    En tal ambiento la lógica sucumbe, igual que el debate técnico, el científico y social; tanto en lo económico como en lo ético y todo queda subordinado a las chuecas agendas partidistas. Así, la comparsa que logró entrar al Palacio de las Garzas prioriza su permanencia y en ello las necesidades de la población van perdiendo prioridad. Peor es que un presidente honesto es igual que una manzana sana en un cesto de podridas.

    En ese muladar se extravían la justicia y la ética, como también el cálculo económico; ese que sólo existe en libre mercado, dado que los gobernantes carecen los incentivos del ahorro ya que el dinero que usan o mal usan lo arrebatan en impuestos desbocados. Peor aún es que todo ello corrompe el emprendimiento y a los emprendedores; ya que quienes no se aparean con los demonios se van al fracaso.

    Más tenebroso es que en semejante patología lo torcido se vuelve “normal”, realidad pintada en el decir: “robó, pero le dio al pueblo”.

    Más horrible aún es ver a los asaltantes del poder valerse del inmenso pecado de la envidia, del cual se aprovechan para abanicar y vilipendiar al capitalista, al empresario, a la propiedad; al rico y tal; lo cual lo deja a uno pensando que lo único que tiene valor es ser pobre, sin capital, sin empresas, sin propiedades y sin dinero, tal como ha ocurrido por todo nuestro hemisferio.

    Hoy, se confunden las palabras “gobierno” y “Estado” escribiendo “Estado” con “E” mayúscula; engaño para hacer ver que el gobierno es el estado; es decir, el pueblo. Sí, como no… hay que ser más que ingenuo para creer que nuestros gobiernos representan los verdaderos y buenos intereses del pueblo. Y más tenebroso aún es que el adoctrinamiento y el engaño han sido tan buenos que el pueblo ni siquiera conoce lo que les conviene.

    Vivimos en la letrina del engaño; cinismo que nos lleva a la fragmentación del verdadero estado, que somos todos; mientras que los gobiernos son los organismos a quien el pueblo delega su seguridad y su economía. En ese engaño deberíamos ver la bestia agazapada en los matorrales esperando para su ataque.

    Así, la población queda fracturada y, como reza el dicho, “divide y vencerás”; o, tal vez lo que dice es “divide y robarás”. El verdadero y auténtico gobierno está llamado a enfocarse en la seguridad y la libertad de sus representados; la población. Imagínense que hasta nuestra horrible Constitución comunista comienza señalando eso en su Preámbulo.

    El buen gobierno, la productiva gobernanza se basa en sana economía; y, la palabra “economía” lo dice todo… “economizar” y no dilapidar y robar.

  • Enamorados con la IA

    Enamorados con la IA

    Hoy día, en casa o en cualquier sitio, es más común ver a personas haciéndole el amor a su celular e ignorando por completo a quienes tienen al lado. “¿Creo le hacen el amor al celular?” Bueno… ¿qué es amor y que significa “hacer el amor”? ¿Acaso estar enamorados no es tratar a alguien o algo con deseo, con atención excesiva, mirándola embebecidos, en íntima comunicación de sentidos y teclado, confiando secretos, buscando dopamina, validación, entendimiento, y una compañía que no encuentran más allá del celular y la IA?

    En la misma Creación se nos entregaron capacidades y objetos que servirían para el bien o el mal; desde una manzana hasta la IA. El Creador bien conocía nuestras limitaciones y por ello murió en La cruz, para expiar nuestros pecados. O, tal vez, dicho más simple, para dejarnos un mensaje de salvación en este valle de lágrimas. En síntesis, la tecnología, tal como la manzana, no es antinatural sino expresión de nuestra naturaleza. Así, no tiene sentido querer frenar aquello que ya nadie lo detiene; pues el único camino está adelante y no en un ayer obsoleto.

    Desde que el primer humano sopló sobre una brasa para avivar el fuego, hemos usado las herramientas que la Creación nos ofrece, no para dominarla, sino para dialogar con ella. La tecnología es nuestra segunda naturaleza: prolongación de la mano, la memoria y ahora la mente.

    Desafortunadamente muchos no sabrán darle buen uso a la IA; y simplemente se limitarán a hacerle el amor; a escapar de la realidad, manipulando, vigilando, generando adicción o aislándose y no para usar esta maravillosa herramienta que nos abre el camino hacia lo desconocido. Una herramienta que expande nuestras capacidades mentales y nos permitirá viajar a las estrellas.

    Pero esta herramienta maravillosa puede ser mucho más. Es una catapulta que expande nuestra creatividad y nos abre caminos hacia el mismo Universo. Gracias a ella, hoy escribo estas líneas y las complemento con ideas que antes me habrían tomado meses o años. Ya no necesito buscar en un diccionario de papel. La IA entrelaza a la humanidad y nos permite compartir el conocimiento acumulado de toda nuestra especie. Y esto apenas comienza.

    Al mismo tiempo que la IA es una herramienta a la par con un radiante y extraordinario amanecer y un potencial abismo. En ella se cumple la antigua parábola del bien y del mal. Estamos ante cambios exponenciales donde el futuro ya no es dentro de un siglo, sino mañana mismo. Esa es la realidad apocalíptica que ya vivimos.

    Esta realidad está en los inmensos cambios que enfrentamos en el nuevo mundo de avances exponenciales, en dónde el futuro es mañana mismo y no a un siglo.

    En fin, podemos seguir ‘haciendo el amor’ de forma superficial con la IA, o podemos enamorarnos de verdad: con entrega, respeto, curiosidad mutua y el deseo de ir juntos más lejos, hacia las estrellas. El mal o el bien no está en la manzana o en la AI sino dentro de cada uno y a todos nos ha sido concedida la capacidad de escoger el mejor camino.

    Cada día veo más inquietante como tantos se sientan en la mesa, el metro y tal, todos con la cabeza torcida hacia abajo, ignorando a quienes están cerca; y la pregunta que surge en mi es… ¿qué ocurrirá cuando el chip de la IA nos lo metan dentro; en la cabeza o tal vez en las pezuñas? En ese mañana próximo me pregunto… ¿a dónde fijaremos la mirada?

  • ¿El Rico Explota al Pobre?

    ¿El Rico Explota al Pobre?

    La dificultad en corregir la ausencia de lógica y entendimiento del socialismo yace en las palabras, esas que usamos, pero sin entenderlas, tal como “envidia, rico, capital” y tantas más.

    Wanjiru Njoya saca a relucir la frase popularizada por Mark Twain: “Hay tres clases de mentiras: la mentira, las mentiras de “#$%&%, y las estadísticas”.

    La narrativa de Njoya me conduce por caminos poco trillados por la inmensa mayoría, dentro de la cual pulula la torcida narrativa del supuesto socialismo que muchos colegios enseñan como “historia”; que como bien señala Njoya, son narrativas que causan perjuicios inimaginables pues son falaces. La lógica para desmentir la falsedad del socialismo no es complicada; lo triste es que no es asunto de lógica sino de intestinos… en las Escrituras le llaman “envidia”, la cual: “no es pecado menor”, sino uno destructivo que abre la puerta a otros males…” O como dijo Santiago en 3:16: “Donde hay envidia y rivalidad, allí hay confusión y toda obra mala”.

    La dificultad en corregir la ausencia de lógica y entendimiento del socialismo yace en las palabras; esas que usamos, pero sin entenderlas, tal como “envidia, rico, capital” y tantas más. Pregunta a tus prójimos que te definan “riqueza” o “capitalismo” y encontrarás que la equivocación nace no sólo en no entender las palabras sino en la suspicacia y en el sentido peyorativo al usar vocablos como capitalismo”.

    Confundimos al capitalismo con: la codicia; la ganancia desmedida; la explotación; los millonarios; las grandes empresas y la desigualdad.

    O como decía Marx: se trata de un sistema en el cual el que más tiene explota al que menos”.

    Y cuando dijo “el que más tiene”, no sólo hablaba de dinero sino de riqueza… ¡Uy!, desafortunadamente pocos saben que riqueza no es dinero sino aquello que es “rico”, bueno y que conduce buen destino.

    Se llama “capitalismo” al uso de los capitales humanos para lograr progreso, bienestar y adelanto. Los “capitales” se refieren a cosas como: ‘el capital humano’, que es el mayor de los capitales; los atributos personales que aumentan la capacidad productiva y el valor de la persona; es el conocimiento; la aptitud; salud; educación; comunicación, capacidad de liderazgo; disciplina; resiliencia; experiencia; capacidad de aprendizaje y así val el asunto.

    Y con la envidia viene el rechazo: a lo “privado” y al letrero que lee: “propiedad privada, no entre”, y ello produce rechazo a la exclusión del pobre. Pero, tristemente, no ven el verdadero significado del vocablo “propio”; tal como cuando decimos “propio es del ave volar” o del barco flotar y del matrimonio el amor.

    Entonces, ¿será cierta la generalización de que “el rico explota al pobre”. En alguna medida sí pero… las generalizaciones son odiosas; ya que con semejante manta arropas a tantos que no solo no explotan, sino que son los que más riqueza producen y sacan a los pobres de la pobreza.

    ¿Tienes idea del porcentaje del capital que usan los millonarios para vivir? El millonario típico vive con menos del 1% y ni hablar Elon Musk, que sólo usa el 0.01% de su capital para vivir. Es el error típico está en la suma cero de la economía; de tantos que creen que la riqueza es una cantidad fija que hay que repartirla. La riqueza no tiene más límite que el que le ponemos en ignorancia.

    Veamos el Panamá de 1848, en dónde la pobreza extrema era lo común; hasta que llegó una empresa privada y construyó el ferrocarril de Panamá y las cosas comenzaron a cambiar. Y sí, luego tuvimos la Guerra de los Mil Días; triste realidad sembrada en nuestro lúgubre pasado.

    Hoy, la pobreza ha ido en mengua y las oportunidades en aumento; aunque ese pasado de ignorancia y explotación politiquera todavía lo padecemos.

  • ¿Capitalismo de compinches?¿O “socialismo de compinches”?

    ¿Capitalismo de compinches?¿O “socialismo de compinches”?

    Todo gobierno obeso, sea de izquierda o derecha, deja de ser capitalismo; que es lo que ocurre en nuestra querida Panamá. El socialismo es perverso esté donde esté. También podemos llamarle Socialismo de Compinches , porque el problema con hablar de “capitalismo de compinches” es que no tiene sentido ya que si es de “compinches” entonces deja de ser capitalismo dado que, de una forma u otra, se trata de rechazo de lo que realmente es el mercado. En otras palabras, si mezclas al capitalismo con el socialismo, deja de ser capitalismo ya que no hay tal cosa como un capitalismo con aderezo de socialismo ya que sería análogo a una mujer levemente embarazada.

    Yuri, que es profesor de economía en la universidad en Carthage en Wisconsin, trabajó en el gobierno soviético en un puesto de investigación y se escabulló de la Unión Soviética en 1989; habiendo participado en la comisión del presidente Gorbachev en su programa de reforma conocida como perestroika.

    En la universidad de Carthage Yuri dejó de asistir a las reuniones de docentes porque como dice Yuri, “eran tan molestas como los parquímetros”. En ello, el presidente de la universidad le pidió que, por favor, asistiese a las reuniones docentes pues el futuro de la civilización del oeste estaba en juego. Y es que en la actualidad en los EE.UU., y particularmente el partido que osa llamarse “demócrata” ha dado un giro brusco y terrorífico hacia el comunismo; y al decir esto me salté el vocablo “socialismo” por la razón que ya señalé: «que no hay tal cosa como mujeres medio embarazadas» a lo cual añado que, en carreteras de dos vías en sentido contrario uno no debe conducir en el medio de los dos carriles.

    Hoy día gran parte de los medios informativos auspiciados por la naciente tendencia comunista gringa, tienen gran dominio; en el cual han llegado al extremo de vilipendiar al nacimiento de la democracia estadounidense, alegando que no fue virtuoso sino perverso. Y Yuri llega a comentar que parecido a los medios “informativos”, los cuales parecen más programas de comediantes, lo mismo está ocurriendo en los EE.UU.

    Y un parte de la explicación de la realidad que está contribuyendo o facilitando el deslizamiento gringo a la izquierda, camino al comunismo, es la misma mentalidad que dio alumbramiento o, diría ya, oscurecimiento, a la ideología del “centro de la carretera” o comunismo leve o, o como originalmente acuñaron la frase los cómicos mejicanos Los Polivoces en la década de 1970: “ni con la izquierda ni la derecha sino todo lo contrario”. Y es que tomar semejante posición no conduce a un pueblo a buen destino.

    Decir que el “socialismo” o la pendiente resbalosa hacia el comunismo no es resbalosa y conduce al comunismo es tontería; tal como ocurre con tantos drogadictos. Hoy día son muchos despistados que dicen algo como: “tranquilo, prueba esta pastillita que te pondrá feliz y no es tan mala como dicen.” Y, sostengo yo, que lo que señalo nace con el rechazo a lo que llamamos “capitalismo o extrema derecha”; ya que son muchos los que no ven ni entienden que en tantos sitios, tal como en Panamá, lo que padecemos no es de capitalismo sino de socialismo de compinches. Es un rechazo a algo muy perverso. ¡Sí!, estoy de acuerdo, pero es desconocer la el origen de la patología.

    En fin, y como bien dice Yuri que tantos cacarean por allí: “Y sé que te disgusta la putrefacción gubernamental de derecha que tenemos, y lo que te propongo es: ¿Por qué no probar el socialismo…” tal vez no sea tan malo.

  • La Legalidad Como Escudo Contra la Verdad

    La Legalidad Como Escudo Contra la Verdad

    Antes de entrar de lleno al tema implícito en el título, pensé que podría resultar interesante que el mismo es producto de mi larga trayectoria como funcionario público que en dos ocasiones estuve al frente de una institución del gobierno; o quizás de incontables artículos en dónde, a través del tiempo, he intentado descubrir la putrefacción de los gobiernos utilizando la legalidad, y la gobernanza en nuestro querido país… algo así como, “por que te quiero te aporreo”. La diferencia, de lo que hoy les derramo en estas letras, es el producto de un dame que te doy con Chat GPT. Muchos opinan que hay que ponerle bozal a la IA o AI, pero… de ser así, también lo debimos hacer con los autos, aviones y quizá hasta con el fuego, ya que todos estos son mortales. ¡Nop!, la mortalidad no está en el machete sino en el machetero.

    No más para ilustrar y dar derrotero a este tema, les cuento que se enfoca, como ya dije, en la putrefacción gubernamental que nos viene infectando a través de la historia; digamos… desde Pedrarias Dávila cuando no éramos sino la finca privada del rey de España. Pero, la pregunta que formulo es, ¿acaso hemos dejado de ser finca de… de…? ¡ajá!; allí es dónde la puerca tuerce el rabo. Antes era el rey de España… ¿hoy de quien o quienes? Para auscultar el asunto examinemos lo que supone ser el Estado y sus gobiernos y, más aún, la sociedad; ¡por supuesto!, en cortito, pues esto se podría volar en libro gordo.

    Aunque los gobiernos, a través de la historia, tuvieron sus orígenes en la conquista violenta y sanguinaria, en épocas más recientes han intentado evolucionar para convertirse en la viva voz de poblaciones que buscan la manera de vivir en pacífica y productiva sociedad y, ante todo, libertad; al menos en las verdaderas democracias, ya que en el comunismo ello no es posible, como tampoco lo es en las torcidas democracias.

    En Panamá, a través de su historia, los gobiernos más han procurado servirse que servir a quienes los eligieron o… tal vez no fueron electos sino selectos. Pero lo cierto es que la legalidad o la ley ha sido usada como escudo contra la verdad. En una sociedad saludable, la ley supone estar estructurada para favorecer una sana comunidad; sin embargo, esta no es la realidad en nuestro país, en dónde los gobiernos han sido usados como herramienta para esconder la corrupta realidad que imponen los grupos que logran apoderarse del timón de la nación; lo cual queda claro para quienes leen y logran entender nuestra Constitución.

    Entre las entidades gubernamentales no existe coordinación ni propósito unificado, más que aquel que sea la rapiña; en dónde las empresas del gobierno central o de sus satélites supuestamente autónomos son feudos, que igual que las mafias se reparten el botín. Así, nuestra Constitución no pasa de ser un contrato anti social y anti sociedad. Una clase política dedicada a proteger su impunidad a través de falsos mecenazgos.

    El caso de los retenes de tránsito delictivos que comúnmente realizan muchos agentes de la ATTT ilustra no sólo lo señalado sino el grado de corrupción, en donde agentes del orden cometen detenciones delictivas para pescar bajo el manto de la legalidad, la comisión de faltas de tránsito, tal como placas o licencias vencidas, que dan lugar a las coimas. Y esta misma realidad está presente a través de toda la actividad de falsa gobernanza. Y, ¡por supuesto!, que todo ello produce toda clase de comportamientos aberrantes por parte de tantos a quienes les resulta más fácil robar que trabajar y producir.

  • Cuando la excepción se convierte en norma, como los retenes

    Cuando la excepción se convierte en norma, como los retenes

    En 2019, en medio del cambio de gobierno en Panamá, surgió un debate entre quien escribe y un amigo liberal, que iba mucho más allá de la eliminación de retenes policiales. La discusión apuntaba a una cuestión de fondo: ¿qué sucede cuando el Estado adquiere facultades que restringen derechos individuales bajo el argumento de la seguridad, la administración o la eficiencia?

    La preocupación expresada era que los retenes no representaban simplemente un mecanismo de control vehicular, sino una inversión del principio jurídico fundamental según el cual un ciudadano libre no debe justificar permanentemente su inocencia ante el poder.

    La lógica liberal clásica sostiene que el Estado debe tener motivos concretos para intervenir sobre una persona. Cuando ocurre lo contrario —cuando se detiene a ciudadanos al azar para verificar documentos o detectar posibles infracciones administrativas— se produce un cambio sutil pero importante: el individuo deja de ser considerado libre por defecto y pasa a estar bajo sospecha permanente.

    La cuestión no era solamente legal. Era moral e institucional.

    El costo oculto de la burocracia

    Otro aspecto señalado en aquella conversación era la tendencia de los gobiernos a medir únicamente los ingresos fiscales que generan determinadas regulaciones, ignorando los costos que esas mismas regulaciones imponen a la sociedad.

    Tomemos un ejemplo sencillo. La renovación periódica de placas, permisos o certificaciones puede representar una fuente de ingresos para el Estado. Sin embargo, rara vez se contabiliza el tiempo perdido por millones de ciudadanos, las horas laborales desperdiciadas, los desplazamientos innecesarios, las filas, los trámites y la energía económica que se desvía desde actividades productivas hacia el simple cumplimiento burocrático.

    Desde la economía institucional, estos costos reciben el nombre de costos de transacción. Son reales, aunque no aparezcan en ningún presupuesto oficial.

    El resultado es paradójico: una medida que parece recaudar dinero puede terminar destruyendo más riqueza de la que genera.

    La corrupción visible y la invisible

    Cuando se habla de corrupción, la mayoría piensa en sobornos, contratos amañados o desvío de fondos públicos.

    Sin embargo, existe una forma más profunda y menos visible de corrupción: aquella que queda incorporada a las propias reglas del sistema.

    Cuando una estructura institucional permite discrecionalidad excesiva, controles arbitrarios o intervenciones permanentes sobre la vida cotidiana de los ciudadanos, se crean incentivos para el abuso incluso aunque no existan funcionarios particularmente corruptos.

    No se trata únicamente de personas corruptas.

    Se trata de instituciones que facilitan comportamientos corruptos.

    Por eso el problema rara vez está en el agente de menor rango. La pregunta relevante es quién diseñó las reglas, quién las mantiene y quién se beneficia de ellas.

    El silencio social

    Quizás la observación más dura del intercambio fue la referida a la complicidad social.

    Las restricciones a la libertad rara vez avanzan únicamente por decisión gubernamental. También necesitan la indiferencia de buena parte de la sociedad.

    Empresarios que prefieren adaptarse antes que cuestionar.

    Medios de comunicación que consideran ciertos abusos como algo normal.

    Ciudadanos que aceptan pequeñas restricciones porque creen que afectan a otros.

    Gradualmente se instala una cultura donde la defensa de los derechos individuales deja de ser una prioridad y pasa a verse como una molestia o una excentricidad.

    La consecuencia es que las instituciones dejan de servir como límites al poder y comienzan a funcionar como herramientas de administración de la obediencia.

    La lección

    La discusión de 2019 sigue siendo relevante porque plantea una pregunta que trasciende a Panamá y a cualquier gobierno particular.

    La verdadera prueba de una sociedad libre no es cuánto poder tiene un gobernante bien intencionado, sino cuánto poder se le impide ejercer cuando aparecen gobernantes menos virtuosos.

    Las libertades individuales rara vez desaparecen de golpe. Normalmente se erosionan mediante pequeñas excepciones, trámites aparentemente inocentes y controles que la sociedad acepta porque parecen razonables en el corto plazo.

    Y cuando finalmente se percibe el costo acumulado, muchas veces la maquinaria institucional ya está funcionando por inercia.

    Como advertía Hayek, el peligro para la libertad no suele llegar disfrazado de tiranía abierta, sino de administraciones convencidas de que saben mejor que los ciudadanos cómo deben vivir sus vidas.

  • “Soluciones” Impuestas: arrear

    “Soluciones” Impuestas: arrear

    No puedo más que insistir en que no es asunto de arrear sino de liderar mediante sanos principios y buenos ejemplos. Y por allí me parece escuchar algún centralista paternalista y condescendiente que me dice algo como: “Sí, Bennett, lo que no entiende es que eso puede funcionar con una población educada. Aquí no queda otra más que arrear.” Lo cual dicho de otra manera sería: “Aquí, no queda otra que regalar pescado y no enseñar a pescar”.

    ¿De veras?, que simplemente nos quedamos así bajo la esperanza e ilusión de que en algún futuro lejano e incierto lograremos cultura y educación? ¿Acaso no existirán formas de enderezar un poco más rapidito los caminos del servilismo? ¡Claro que hay!; pero, educar al pueblo no apetece nuestra cultura partitocrática parasitaria, de políticos para quienes el gobierno es el negocio. Tirar por borda ingentes esfuerzos de adoctrinamiento en las aulas del NODUCA y tal es impensable. Un pueblo en servidumbre es esencial para el gallinero lleno de gallinas y posturas.

    “Y dígame, don Bennett”: ¿Cuáles son esas formas de enderezar malos caminos en el Panamá de los “¿…viejos senderes retorcidos que el pie, desde la infancia, sin tregua recorrió…?” Habría que recurrir a la utopía de sanos principios que deberían quedar grabados en la constitución y llevados a la práctica política y gubernamental.

    ¿Se imaginan como sería si uno de los Diez Mandamientos dijese algo cómo?: “No es malo mentir si es para regir.” Artículo 91 de nuestra constitución: “…los padres de familia tienen el derecho de participar en el proceso educativo de sus hijos.” ¡Qué magnanimidad!, que la constitución nos conceda un derecho que existe más allá de la misma. ¿Qué buscaban los constitucionalistas con eso? Queda claro en la primera parte del Artículo 91, en dónde el estado y sus políticos se abrogan la “organización y dirección de la educación.” ¿Qué tal nos va con eso?

    La peor ley es la imposible de cumplir. El ejemplo ridículo y absurdo sería una ley que prohíbe respirar. Y, sin embargo, mucha de nuestra Constitución y sus reglamentos van por esos laberintos caminos. Y menos mal, pues de aplicarse sería trágico; como trágica ha sido la creación del NODUCA.

    He sacado a relucir lo anterior en aquellos momentos del COVID, que nos mueve a mirar con mayor detenimiento esas políticas de encierro dictadas con la supuesta finalidad de resguardarnos del virus. Pero, lo que no sabíamos entonces ni ahora, es que el más virulento de los virus se llama “gobierno desbocado”, que es el creador de la peor anarquía.

    Igual ocurre con el NODUCA, creado para educarnos… en la servidumbre será; que es como salvar a un náufrago aventándole un ancla. Papa dios no nos puso grilletes de control sino que nos permitió acceso al fruto del bien y del mal; diciendo: “Creced y multiplicaos como las estrellas del cielo”. Pero para “crecer” hace falta ser libre.

    Para cuidar al ganado se le encierra en corrales, pero no al ser humano. Pero— ¿cómo cambiar el desordenado apetito de quienes se creen reyes? La encerrona sólo alargó el proceso natural de una infección que no termina sino con la inmunización del rebaño. Sólo había que resguardar a los vulnerables; cosas que, en muchos casos, no se hizo, como en ciertos hogares para ancianos.

    Aprender no es fácil. Allí les dejo otro caso histórico que saca a relucir la mentalidad centralista burrocrática, que es mi caricatura de ocasión. Muestra un histórico y verdadero edicto gubernamental supuestamente dirigido a evitar que los caballos se asustasen cuando pasaban los primeros automotores. Parte de la historia dejada en olvido. ¿Tal vez por pena?

  • Avispas y Nuestra Visión del Mundo

    Avispas y Nuestra Visión del Mundo

    Esta mañana nuestra chef y mayordoma, al verme caminar hacia nuestro mirador selvático me alertó: “Tenga cuidado, Sr. Bennett, que ahora que la rama del árbol de mango se bajó, entre sus hojas hay un nido de… ¿abejas serán? Le tomé foto con el celular y agrandé la imagen… ¡nop!, son avispas; de manera que consulté con la IA quien me obsequió un mundo de conocimientos de fábula; de esa fábula que está a nuestro alrededor, en nuestros patios y tal, y que pasamos por alto e inconsecuente. Nuevamente ¡nop!, está lejos de “inconsecuente” y es penoso que no lo veamos. Adentrémonos a ese mundo de maravillas.

    El asunto es que nuestra pasarela cubierta con lajas de piedra conduce a nuestro mirador selvático, a dónde a diario voy a meditar y hablar con Madre Natura.

    De salida, como soy fan de las abejas, avispas, abejorros y de la naturaleza en general, al ver que el nido estaba justo sobre nuestra pasarela empedrada; y allí, entre las nuevas hojas primaverales de verde claro del mango, había un curioso nido o colmena.

    Y sí, en esta época, pasado abril y entrando en mayo, es nuestra primavera que decimos no tenemos; pero… ¡vaya si no la tenemos! Otra cosa es que no la vemos y que llamemos invierno a nuestros veranos y veranos a nuestros inviernos. El asunto es que todo ello me lanzó en una aventura de investigación de la naturaleza; entre la cual no sólo están las avispas, abejas, árboles, sino también los humanos, que somos parte de circo o… “círculo” o anillo de la vida.

    avispasChat GPT me dijo que eran “avispas papeleras”, también conocidas como cartoneras, de la subfamilia Polistinae, de regiones tropicales; que construyen su nido con celdas hexagonales bajo el paraguas protector de una hoja doblada. Les llaman “papeleras” pues con saliva y hojas secas trituradas construyen su hogar de papel. Y mi mente vagabunda me llevó a explorar la palabra “avispa”, con la cual forme el título de este artículo.

    Avispas, naturaleza y la gestión de la escasez.

    La palabra “avispa” viene del latín vespa, que tomó la inicial “a” debido a la influencia analógica con la palabra “abeja”. El nombre ha evolucionado a partir del indoeuropeo, tal como el lituano vapsà y el prusiano wobse. Es curioso que el latín vespa y sus derivados vespula y vespillo o vispillo, designen a los enterradores y oficios fúnebres de cremación; en particular de los pobres que solían hacer sus entierros al anochecer.

    Pero… a todo esto, en la foto principal verán que las hojas del mango obstruyen el paso al mirador; lo cual no era así hace unas semanas. ¿Por qué habría de bajarse la rama del mango?; lo cual me llevó a formular una hipótesis, que luego me la confirmó la AI. Durante el inicio nuestra época seca invernal, nuestros árboles, como el mango, algarrobo y otros tantos, cambian a hojas con pocas estomatas, estructuras que controlan la transpiración, para no botar el agua escasa de la temporada seca. Al llegar la primavera, los árboles vuelven y cambian con hojas nuevas con cantidad de estomatas que transpiran agua o savia absorbida desde las raíces. Y, resulta que el galón de agua pesa 3.76 kg o 8.24 libras; y al llenarse todas las hojas del árbol provocan que las ramas se doblen con el peso.

    En fin, las avispas de papel no son agresivas, pero si le meto la cabeza se emberracan y pican. La AI me explicó como mudar el nido o subir la rama y ahora tendré que ver como resuelvo.

  • Libertad en el país del estatismo

    Libertad en el país del estatismo


    En un chat leí que Dinamarca era un país socialista y le pregunté a la IA, la cual respondió: «En rigor, Dinamarca no es una nación socialista. Funciona como una economía capitalista de libre mercado de gran éxito, respaldada por una enorme red de seguridad social financiada por el Estado. En lugar de socialismo, Dinamarca se clasifica universalmente como una «socialdemocracia» o un ejemplo paradigmático del modelo nórdico».

    La dificultad para entender el tema está en la «semántica»; es decir, el estudio sistemático del significado del lenguaje y la lógica, que denota cómo las palabras sugieren o expresan de manera explícita los sentimientos, más allá de las definiciones de los diccionarios y, ni hablar, del uso vulgar de los vocablos. En otras palabras, el secreto del entendimiento humano está en las palabras, en cómo las entendemos y usamos.

    Pero la dificultad para comunicarnos bien no solo está en el entendimiento y uso de los términos, sino en nuestros sentimientos, costumbres y otras realidades que nos han moldeado. Por ejemplo, típico es decir que Panamá es una nación democrática, pero… ¿lo es? Busquemos la respuesta comenzando con la definición de «democracia».

    En esencia, democracia y libertad van de la mano; no solo en la elección de las autoridades de los gobiernos del Estado, sino en el respeto al albedrío de las personas en su vida y, por tanto, en el mercado y otras actividades propias de cada persona y de la comunidad.

    Pero a una sociedad que no distingue entre «democracia» y «estatismo» no le irá nada bien; que es el caso de Panamá, nación inmensamente estatista a partir de su Constitución. Y el estatismo no conjuga con «libertad y albedrío». El meollo del asunto está en la prevención de una interferencia gubernamental estatal en cómo la gente quiere vivir, amar, expresarse y conducir sus actividades económicas.

    Y ¡vaya si no es el caso en Panamá!, en donde la Constitución establece que el Estado puede meterse en toda empresa a hacer lo que le venga en gana a los gobernantes de turno. Entre Panamá y Dinamarca no hay ningún parecido, pues en Dinamarca hay mucha más libertad económica no solo que en Panamá, sino que en los EE. UU. y otros países supuestamente democráticos.

    El «estatismo» se refiere a la creencia política bajo la cual los gobiernos del Estado mantienen un control centralizado sobre los asuntos económicos de la comunidad y del mercado.

    Cualquier parecido con Panamá no es una mera coincidencia: es deliberado y malintencionado, ya que es la estratagema histórica de las élites gobernantes para mantenerse en el Intramuros mientras el pueblo languidece en el Extramuros. En síntesis, poco ha cambiado desde la fundación de la ciudad de Panamá.

    El país estatista imprime papel moneda del cual abusa robando a la comunidad vía inflación; impone impuestos —valga la redundancia— para financiar sus excesos; y, ni hablar que, como en Panamá, los gobiernos del Estado los tenemos metidos hasta en el agua de nuestros retretes, y ya ni eso hacen bien.

    A diferencia del país estatista, está la idea del país «minarquista»; este último referido a gobiernos que no exceden las funciones propias de una sana gobernanza: de dejar hacer y no de hacerlo todo, como si la población fuese toda de imberbes. Lo que Panamá sí hace bien, ¡gracias a Dios!, es que no imprime papel moneda; pues de hacerlo, quién sabe cómo estaríamos.

    En síntesis, en nuestro planeta no existe ningún país con verdadera libertad democrática. Vivimos en un mundo de metiches, lo cual debería ser obvio si nos fijamos en los enredos arancelarios. El secreto del éxito socioeconómico está disperso entre todas las personas, y no enclaustrado en vanos recintos gubernamentales.

  • La ilusión de libertad en internet: 8 maneras en las que la red moldea nuestras decisiones

    La ilusión de libertad en internet: 8 maneras en las que la red moldea nuestras decisiones

    Nos gusta pensar que decidimos por nosotros mismos. Que elegimos qué ver, qué comprar, qué opinar. Que somos, en última instancia, sujetos autónomos navegando en un espacio abierto de posibilidades. Pero esa imagen empieza a resquebrajarse cuando observamos con más detenimiento cómo funcionan los entornos digitales en los que pasamos buena parte de nuestra vida cotidiana.

    La sociología lleva tiempo recordándonos que la libertad nunca opera en el vacío. Como planteó el sociólogo francés Pierre Bourdieu, nuestras decisiones están siempre orientadas por estructuras previas que delimitan lo que percibimos como posible. Hoy, esas estructuras no solo son sociales: son también algorítmicas.

    Internet no nos quita la capacidad de decidir, sino que hace algo más sofisticado: configura el marco dentro del cual decidimos.

    1. Elegimos lo que vemos, pero no lo que aparece

    Cuando abrimos una red social o hacemos una búsqueda, no accedemos a “todo lo que hay”, sino a una selección previa. Un filtro invisible ha decidido antes qué merece nuestra atención. No sentimos que eso limite nuestra libertad porque seguimos eligiendo, pero lo hacemos dentro de un menú ya configurado.

    Ahí es donde el poder se vuelve sutil, casi imperceptible. Como sugería Michel Foucault, no hace falta imponer conductas si se puede organizar el campo de lo posible.

    2. Creemos que algo es importante porque nos lo ponen delante muchas veces

    Hay temas que parecen inevitables. Están en todas partes: en titulares, en vídeos, en conversaciones digitales. Poco a poco, empiezan a ocupar más espacio en nuestra mente. No es casualidad, sino el resultado de procesos de selección que deciden qué circula y qué queda relegado.

    Como explicaba Niklas Luhmann, los sistemas sociales funcionan reduciendo complejidad. Internet lo hace simplificando el mundo hasta convertirlo en aquello que aparece en pantalla.

    Lo que no aparece simplemente deja de existir para nosotros.

    3. Formamos opiniones en entornos que ya están inclinados

    Muchas veces creemos que nuestras opiniones son el resultado de una reflexión personal. Pero lo cierto es que solemos construirlas en espacios donde ciertas ideas ya están reforzadas.

    Leemos, escuchamos y vemos contenidos que apuntan en direcciones similares. Con el tiempo, eso genera la sensación de que “todo el mundo piensa así”.

    Eso es hegemonía en el sentido que le confería el intelectual y filósofo italiano Antonio Gramsci: no hace falta obligar a nadie a pensar algo si se logra que determinadas ideas parezcan las más razonables, las más evidentes, las más normales.

    4. Sentimos de determinada manera porque el entorno nos empuja a ello

    Internet no solo organiza información: también organiza emociones.

    Hay contenidos que circulan más porque generan indignación; otros porque producen miedo; y otros porque refuerzan identidades o pertenencias. Sin darnos cuenta, nos movemos emocionalmente dentro de esos marcos. Nos indignamos cuando toca indignarse, nos alarmamos cuando toca alarmarse, e internet lo sabe porque conoce nuestros gustos.

    En términos de la profesora de Sociología estadounidense Arlie Russell Hochschild, podríamos decir que hay una especie de “guía emocional” implícita que orienta cómo debemos sentir en cada momento.

    5. Compramos lo que creemos querer pero ese deseo ya estaba anticipado

    Las recomendaciones parecen adaptarse a nuestros gustos. Y en parte lo hacen, pero también los modelan. Después de ver ciertas cosas, empezamos a interesarnos por otras similares. Poco a poco, nuestras preferencias se vuelven más previsibles… y más dirigidas.

    Aquí se cumple, en versión digital, una intuición clásica de Karl Marx: el sistema no solo responde a necesidades, también las produce.

    No solo elegimos lo que queremos. Terminamos queriendo lo que aparece disponible.

    6. Pensamos rápido, pero cada vez pensamos menos en profundidad

    La lógica de internet premia la velocidad. Respuestas rápidas, contenidos breves, explicaciones simples. Eso facilita el acceso, pero tiene un coste: la pérdida de matiz, de duda, de elaboración.

    Como advertía el sociólogo y filósofo estadounidense Herbert Marcuse, el riesgo de una sociedad altamente funcional es la reducción del pensamiento a una sola dimensión: lo inmediato, lo útil, lo evidente. Pensar despacio empieza a parecer un lujo innecesario.

    7. Hablamos como la plataforma permite que hablemos

    No solo cambia lo que decimos, sino cómo lo decimos.

    Los formatos digitales –memes, hashtags, frases cortas– condicionan el tipo de lenguaje que utilizamos. Y, con ello, el tipo de ideas que podemos expresar.

    Porque, como señalaba Ludwig Wittgenstein, los límites del lenguaje son también los límites del pensamiento.

    Si el lenguaje se estrecha, también lo hace nuestra capacidad de imaginar otras formas de ver el mundo.

    8. Y, lo más importante: todo esto nos parece completamente normal

    Quizá lo más inquietante no es ninguna de las formas anteriores por separado, sino el hecho de que todas ellas han dejado de resultarnos problemáticas.

    No sentimos que algo nos esté condicionando, ni percibimos pérdida de autonomía, ni detectamos imposición. Simplemente, vivimos así.

    Eso es lo que los filósofos Theodor W. Adorno y Max Horkheimer identificaron como una de las formas más eficaces de dominación: aquella que no se reconoce como tal.

    Una pregunta final difícil de esquivar

    Si todo lo que ve, lo que le interesa, lo que le emociona, lo que desea –e incluso la forma en que lo nombra– ocurre dentro de entornos previamente organizados por otros, ¿qué parte de su vida seguiría siendo reconocible como “suya” si, de pronto, quedara fuera de esos entornos?

    Y, aún más inquietante: si no puede responder con claridad ¿sigue decidiendo o simplemente está habitando decisiones que alguien (o algo) ya tomó por usted?

    Puede llevarse esta pregunta a la cama. Pero, cuidado: hay preguntas que, una vez pensadas, ya no nos devuelven la misma vida. Porque algunas preguntas funcionan como aquella pastilla roja de Matrix: no nos dan respuestas, nos obligan a ver lo que ya no podemos dejar de ver.

    Víctor Hugo Pérez Gallo, Assistant lecturer, Universidad de Zaragoza

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.