Categoría: Opinión

  • Especular sobre la especulación

    Especular sobre la especulación

    Es bastante común escuchar y leer a quienes sostienen que los culpables de gran parte de los males que aquejan a nuestra sociedad la tienen los especuladores; es decir, quienes buscan el lucro en los negocios. Curioso, pues “especular” significa pensar, de hacer conjeturas, suponer, y, en general, de adelantarse en el tiempo a los que ocurrirá en algún momento futuro, con miras, entre otras, a sacar provecho de esas circunstancias. Otra definición es la de «asumir un riesgo empresarial con la esperanza de lograr alguna ventaja futura», teniendo en cuenta que también se corre el riesgo de caer en desventaja. En fin, quien no especula jamás podrá ser un comerciante funcional.

    Por supuesto que cuando a los intervencionistas estatales les fracasan sus alocadas estrategias de regimentar nuestras vidas, salen a buscar culpables y la palabrita «especulador» le viene a pelo, pues con ella lo dicen todo, al mismo tiempo que no dicen absolutamente nada; un perfecto galimatías.

    El problema del interventor de palacio en la vida ajena es que se va trazando intrincados planes para enfrentar el producto de sus propias transgresiones económicas y sociales, sin tomar en cuenta la naturaleza humana; esa que no responde dócilmente a políticas centralizadas. Y menos mal, pues el día en que todos dejemos que nuestro sentido común sea manipulado por el de los políticos de turno será el día de nuestra decadencia total. Esta es la batalla de los malos políticos en contra de la actividad mercantil ciudadana; y, en general, a todo el que ve a quien especula como el enemigo público.

    En síntesis, especular no sólo es bueno sino esencial en una sociedad libre. No especular es no pensar. En un mundo libre todo ser protagónico es un ser especulador que toma decisiones en vista al futuro. Estudiamos porque creemos que nos resultará beneficioso a futuro; ahorramos por la misma razón; y acaparamos o ahorramos pensando en que podemos servir mejor a nuestros clientes; por supuesto, sacando ventaja económica, pues por algo nos tomamos el riesgo, que suele ser grande.

    Sin embargo, la gran tragedia del intervencionismo estatal es que con ello se va distorsionando las señales de mercado y se dificultan las tomas de decisiones en la actividad comercial; porque ya uno no sólo debe lidiar con las fuerzas propias del mercado sino también con todo el intríngulis politiquero; y… ni hablar con todo el pillaje.

    Por ejemplo, ¿quien se arriesga a invertir en un mercado en dónde no se respetan los contratos, particularmente con el estado representado con sus gobiernos y en dónde no se tiene certeza de repago de los compromisos de deuda central. Pero por otro lado vemos que los especuladores de los mercados financieros son el producto de la propia intervención estatal que ha ido creando un ambiente propicio para ello; lo cual es particularmente cierto en países con bancas centrales en dónde juegan con las tasas de intereses.

    El especulador no está a la par con el gobernante que tiene a mano la opción de la coerción y más bien depende del beneplácito de sus contrapartes en el comercio. Los especuladores sirven una función vital como señalizadores del mercado, y en la medida en que los gobernantes logren una disciplina fiscal, iremos disminuyendo las especulaciones disparatadas.

  • El barón feudal moderno

    El barón feudal moderno

    El Doctor en Economía, autor de al menos 11 libros, Alberto Benegas Lynch, en la onceava versión de su obra, Fundamentos de Análisis Económico, con el prólogo por el premio Nobel en Economía, Friedrich von Hayek, aborda el grave problema de la injerencia gubernamental en el mercado y mucho más. Benegas establece de salida que «el empresario es un benefactor de la humanidad puesto que sus pasos están dirigidos a servir los intereses del prójimo». Al fin y al cabo, el «empresario» no es más que el mismo prójimo actuando en su increíble diversidad de funciones, que, a pesar de estar motivadas por el interés propio, sólo lo logra si al mismo tiempo es capaz de satisfacer el interés de sus clientes, ya que nadie patrocina permanentemente a un embaucador, a menos que estemos hablando del corrupto barón feudal y hoy día de corruptos políticos, de esos que abundan ya que es más fácil ganar desde el gobierno que compitiendo de tú a tú en el mercado.

    Bien resalta Benegas que la realidad del efecto benefactor de la actividad económica ciudadana sólo tiene lugar en una sociedad libre, en el contexto de un mercado desembarazado. Que a medida en que se producen las injerencias del gobierno en las actividades comerciales de los ciudadanos empresarios se van convirtiendo en «mendicantes de favores oficiales, y comienzan a actuar en función de una corporación fascista; en suma, se convierten en barones feudales», o funcionarios gubernamentales de facto.

    En semejante escenario la calidad y el mercadeo cede ante el cabildero que se asemeja al pepenador de Cerro Patacón, buscando ventajas entre los despojos del banquete oficial. En semejante estercolero el único título que vale tener es el de suma cum laude en criptografía de putrefactas leyes e interminables reglamentos.

    Para este barón feudal lo importante es el contrato directo, los certificados de abonos tributarios, protecciones, créditos baratos exenciones fiscales y toda clase de subsidios. Si todavía hay quienes no entienden la naturaleza de la crisis económica y social que apenas ha asomado su cola, como témpano del cual sólo vemos una minúscula parte, entonces vayan poniendo sus barbas en remojo.

    Y no son solamente los «empresarios», en el sentido limitado del vocablo, sino todos aquellos pepenadores de favores oficiales, con sus mal llamadas «conquistas». La única conquista valedera y permanente es la que surge a partir de la inventiva y el esfuerzo propio y no las ganadas en la rebatiña politiquera. El problema es que en un mercado verdaderamente desembarazado no prospera el politiquero ni el barón feudal; esos que no durarían medio año en el tormentoso mar de la competencia de un libre mercado.

    En la vida sólo existen dos maneras de lograr ingresos económicos; a través del trabajo o a través del robo que se hace más fácil cuando te vistes de gobernante o barón del estado. Esta última inevitablemente lleva a una sociedad al colapso. Cada vez que escuchamos a un gobernante acusar a empresarios, se está acusando a sí mismo de interventor ya que el empresario no roba sin su socio gobernante; o disque gobernante.

    Los colapsos económicos que vemos en tantos países en dónde la insensatez llegó a su límite, tal como en Cuba y Venezuela, ahora sufren las consecuencias y eso deberían llamarnos en Panamá a la reflexión sobre nuestras propias realidades. Nosotros quizás todavía estamos a tiempo, pero sólo si despertamos y dejamos la tontería del “robó pero le dio al pueblo”.

  • ¿Defendemos libertad empresarial o privilegios?

    ¿Defendemos libertad empresarial o privilegios?

    El camino de la vida comunmente nos plantea la necesidad de reexaminar con ojos críticos nuestro caminar y los apedianos* no escapan a ello. Solemos hacer sonar muchos bombos y platillos en loas a nuestros logros, y ciertamente que los hay, pero igualmente debemos examinar con detenimiento aquello en lo que nos hemos quedado cortos. En particular me refiero a esa triste realidad humana de adaptación que nos torna complacientes ante el status quo, por más equívoco que este pueda ser. Así, vemos que en muchos casos hemos llegado a ver como normal y correcto lo que lejos está de serlo, y todo esto conduce al error de convertirnos en supuestos defensores de una irreal libertad empresarial; cuando en realidad bien podemos estar defendiendo privilegios y abanicando el intervencionismo y hasta la corrupción estatal.

    Si hiciésemos el ejercicio crítico veríamos que muchas de las políticas industriales y comerciales que son patrocinadas por acto u omisión por los carteles afectos a los sistemas políticos imperantes, poco se diferencian del ideal socialista que supuestamente adversamos. Al final del día veremos que la tendencia politiquera gravita hacia la satisfacción de logros del proselitismo. Lo cierto es que una vez que le entregamos alguna responsabilidad al gobierno bajo la suposición que es para el beneficio social de algún grupo, ello no es más que ilusión, y veremos que esos controles se irán extendiendo a fin de satisfacer las aspiraciones y los prejuicios de las masas. No existen alternativas a la disciplina de un mercado desembarazado y auténticamente competitivo, ya que no se puede pedir que otros hagan lo que uno dice y no hace.

    La cruda verdad es que pocos empresarios creen en la verdadera libertad de empresa, pues el credo de los réditos, aunque espurios, es supremo. ¿Cómo puede sobrevivir un verdadero mercado sin trabas cuando cada vez que nos sentimos amenazados por cambios o amenazas, corremos a pedir la intervención del gobierno? He presenciado las angustias de un importador frente a la modernización de los servicios del sistema comercio exterior porque ello creaba un imponderable, frente a la realidad de un status quo, quizás torcido, pero bien conocido. Un sistema de interminables e intricados engranajes de coimas que mantienen bien engrasadas a todas esas articulaciones.

    ¿Cómo hemos de discutir en contra del «éxito» a favor de un mercado sin favoritismos cuando dicho intervencionismo es rentable y la libertad es aterradora? Y es que perdemos vista de ese camino que nos conduce a la servidumbre; no sólo de estructuras torcidas sino de la perpetuación de la gran pobreza que es el manantial de nuestros malestares sociales. Por todo ello es cardinal caer en cuenta que quienes están en gobierno poseen una poderosa herramienta con la cual pueden expandir su poder político mediante la intervención en el mercado. Así, la «burrocracia» va reemplazando al empresarialismo como medio primario de la planificación económica. Es el viejo truco de la zanahoria y del garrote.

    Por un lado los beneficiados se convierten en aliados, mientras que a sus adversarios que no rebajan sus principios les resulta sumamente oneroso oponerse a todo ello. Esta expansión del Estado en los mercados tomó gran auge desde que en 1870 Bismark dio inicio a la burocratización central de la «inseguridad social». Luego durante la Gran Depresión Franklin D. Roosevelt se alió con los poderes del «estáblishment » industrial y se crearon unas ciento diez nuevas entidades de gobierno, entre ellas Fannie Mae. Los malos políticos de los demás países han seguido el redituable ejemplo.

    Vaya usted a preguntar a eruditos la razón del gobierno y muchos dirán que es para «estimular» al mercado y tal, para lo cual se sustraen los fondos de los bolsillos de los ciudadanos hacia el ogro central quien se supone será más capaz de «estimular» que los propios ciudadanos sus actividades. ¿Quién no ve con buenos ojos que papá gobierno le regale un jamón? Pero aún es que llegan a justificarlo diciendo que va a favor del interés público. La excusa más común para acepar es: «si no lo hago yo, lo hace otro».

    La variedad de formas de supuestos «estímulos» son muchas y sigilosas, tal como el requisito de licencias o ciudadanía para ejercer alguna profesión u actividad. De esta manera los gremios logran protección en contra de quienes serían sus competidores; a menudo más capacitados. Se suele decir que es para la protección del consumidor, pero lo más común es que sea todo lo contrario. Al final de cuentas no existen prebendas que no las paguen otros.

    En fin, quienes se ubican en el rol de Pepito Grillo tienen mayor compromiso que todos los demás y las Asociaciones Cívicas, cuyos estatutos mandan la defensa de la libertad de empresa que elimine todos estos vicios del mercado, deben renovarse continuamente para evitar caer en la trampa del conformismo.

    * como se conoce informalmente a los miembros de la Asociación de Ejecutivos de Empresa en Panamá.

    *Artículo originalmente escrito en 2010.

  • El Engaño Semántico

    El Engaño Semántico

    Tal como he señalado en múltiples artículos pasados, la batalla del convencimiento comienza con la “semántica”; es decir, el laca-laca y el torcimiento del significado de las palabras. La semántica estudia la psicología del lenguaje o el dar a entender; pero, lastimosamente, así como el buen uso de la semántica nos ayuda a entender, su mal uso sirve para enredar y engañar y… los politicastros se han vuelto expertos en el engaño semántico, a tal grado que hoy se habla de “terrorismo semántico”. Qué en este artículo lo conjugo con el tema económico y a desenmascarar uno de los mayores engaños de la política como medio del asalto a los bienes y el bienestar del pueblo.

    Otra curiosidad del tema que abordo es como cada comunidad tiene sus propias variantes del torcimiento del leguaje y la palabra; tal como en Panamá en dónde hemos llamado “metrobus” a lo que no es tal o subsidios a lo que no subsidia y; en ello surge la pregunta: ¿Eso se hizo por ignorancia o por diseño o engaño trapichero?

    Un familiar nos comentaba de lo difícil que se ha vuelto comprar una casa debido a la elevación de los precios. Pero… ¿Cuál es la realidad subyacente, acaso es que quienes venden quieren más ganancia o… será que existen otros factores que no vemos? La politiquería marxista, tal como nos dice Carlos Boix en un artículo en el Instituto Mises, le encanta torcer la realidad para adelantar su psicosis centralista; y nos cuenta que en los EE.UU. usan el engaño semántico de “crisis de Asequibilidad”, lo que se presta para toda la tergiversación política que apunta a resolver las elecciones, pero no la adquisición de tu casa. Y Boix también nos llama la atención al mal suso del vocablo “crisis”.

    A fin de cuenta el propósito de los pérfidos politiqueros está en el intervencionismo; ya que si no están en el sancocho no están en nada. Que, si los diablos rojos eran un desastre, ¿realmente crees que de Diablos Rojos a Tio Gobierno, alias políticos, era y es la solución? ¿Tienes idea de cuánto se han robado los últimos gobiernos y lo que ello implica económicamente para todos? Y, nuevamente en ello Boix hace la pregunta magistral que la paso yo en paráfrasis: el gobierno habla de resolver los problemas, que en muchos o todos los casos fueron creados por corrupta gobernanza, pero a la misma vez siguen pariendo políticas que en vez de resolver lo empeoran todo.

    Las “soluciones” del pasado en los EE.UU. para posibilitar la tenencia de tu casa fueron cosas como que el gobierno se convirtiese en ‘prestatario de última instancia’, lo cual se hizo a través de: la creación de Fanny Mae y Fredy Mac.; y bajando las tasas de intereses de forma ficticia, con lo que crearon el desastre económico del 2008, que persiste hasta hoy y va en aumento; ya que las tasas intereses ficticiamente bajos crean empresas endebles. Y, ni hablar de la ruma de subsidios que no son tal.

    A fin de cuentas, el verdadero problema no es económico sino uno de engaño político gubernamental; en que los EE.UU. comienza con una inflación creada por los gobiernos para robar al pueblo y en Panamá con otra cantidad de políticas ñames o tuberculosas que no son más que un asqueroso engaño para robar. Y, tristemente, los pocos gobernantes intentan corregir se los traga el sistema.

    Y me gusta como Boix termina su artículo aconsejando que despertemos al engaño semántico gubernamental y usemos bien las palabras pues así le paramos el relajo a las mafias políticas.

  • Lecciones norteamericanas sobre la legalización del cannabis recreativo

    Lecciones norteamericanas sobre la legalización del cannabis recreativo

    La legalización del cannabis recreativo (hablamos solo del uso lúdico, no del medicinal) es una realidad consolidada en parte de Norteamérica. Tanto Canadá como 24 estados de EE. UU. (además de tres territorios y el distrito de Columbia) permiten este tipo de consumo. Esta coexistencia ha creado un laboratorio natural que permite observar los efectos sociales, sanitarios y económicos de la legalización en contextos culturales muy semejantes.

    Aumento del consumo y sus consecuencias

    Uno de los aspectos observados tras la legalización es un aumento del uso de cannabis en algunos segmentos de la población, tanto de manera esporádica como frecuente. Este cambio pueden inferirse de encuestas de consumo, pero también de consecuencias derivadas del mismo. En Canadá, tras un periodo de contención inicial, las urgencias médicas y los ingresos hospitalarios relacionados con el cannabis y los brotes psicóticos inducidos por esta droga aumentaron. En parte podría explicarse por la disminución de la percepción de riesgo.

    Alteración en la percepción del riesgo

    Cuando un producto pasa de la ilegalidad a la venta regulada, la percepción social del riesgo tiende a disminuir y se produce un proceso de normalización que afecta especialmente a los jóvenes, favoreciendo la iniciación o el aumento del consumo. La legalización del cannabis no elimina sus efectos adversos, ampliamente documentados a nivel físico y mental, pero puede contribuir a ocultarlos bajo una apariencia de sustancia “segura” o “natural”. Así ocurrió históricamente con el alcohol y el tabaco, cuya integración en el mercado legal fue acompañada de estrategias que minimizaron sus riesgos.

    Cambios en el mercado legal

    Más allá del cambio en la percepción, la gran transformación está en el mercado. Sus principales consecuencias son tres:

    1. La legalización ha hecho más accesibles y visibles los lugares de venta.
    2. El porcentaje del compuesto del cannabis responsable de los efectos que busca el consumidor recreativo (THC) ha aumentado. Es decir, mismas cantidades tienen más efectos psicoactivos, aumentando los casos de intoxicación por su uso.
    3. La venta legal ha impulsado la aparición de una gran variedad de formas de administrar el cannabis: flores, aceites, comestibles, extractos y, quizá lo más preocupante, bebidas que empiezan a ser muy populares entre la población joven. Ya no solo se fuma y eso abre un nuevo horizonte a las empresas que lo comercializan. Es decir, se ha legalizado el cannabis recreativo en el contexto de sociedades de consumo.

    Persistencia del mercado negro

    Uno de los propósitos más importantes de la legalización era reducir el mercado negro. Aunque la comercialización legal supone muchas ventajas que veremos más adelante, no ha eliminado la venta ilegal. De hecho, en lugares como Nueva York, el cannabis más consumido se sigue consiguiendo de forma clandestina. Al no estar controlado con impuestos, el producto se vende más barato, haciendo que las ventajas de la legalización se diluyan. En Canadá, se estima que el porcentaje de consumo ilegal está en torno al 30 %.

    Buenas noticias

    Existen elementos positivos de la legalización. La evidencia es clara: se ha registrado una reducción de los delitos relacionados con el cannabis. Tanto en Canadá como en los estados de EE. UU. donde se ha aprobado, los arrestos y detenciones por delitos relacionados con el cannabis se han desplomado entre un 70 % y un 90 %, lo cual libera recursos para delitos de mayor gravedad, reduce la carga policial sobre sectores poblacionales más penalizados por infracciones menores y facilita su reinserción laboral y educativa (en muchos estados, los delitos previos a la legalización han sido borrados).

    Las otras buenas noticias derivan del aumento de ingresos fiscales y la posibilidad de someter al cannabis a controles sanitarios, etiquetado y límites de contaminantes. Esto reduce los riesgos asociados al producto adulterado o contaminado, comunes en el mercado negro. Además, la legalización ha abierto espacio para un discurso más racional y menos estigmatizante sobre el consumo y sus riesgos, favoreciendo políticas de reducción de daños más realistas. Y permitiendo investigar mejor los efectos de su consumo.

    La legalización sin simplismos

    La legalización no es intrínsecamente negativa o positiva: depende en gran medida de cómo se diseñe, implemente y supervise. En Norteamérica, los beneficios esperados (recaudación fiscal, reducción del mercado ilegal, mejora del control del producto y disminución de condenas penales) están presentes, aunque el balance es incierto.

    La implantación de la venta legal requiere periodos de transición y campañas sobre sus riesgos, así como marcos regulatorios sólidos que controlen el producto y su precio, restrinjan la publicidad e impidan el acceso a menores. En Europa, solo Alemania, desde 2024, permite el uso recreativo (en Países Bajos, no es exactamente legal). Pronto veremos qué lecciones sacar de su experiencia.The Conversation

    Luis Sordo, Investigador y profesor del Departamento de Salud Pública y Materno-Infantil. CIBERESP, Universidad Complutense de Madrid

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • La era de los superricos: ¿beneficio o amenaza a la democracia?

    La era de los superricos: ¿beneficio o amenaza a la democracia?

    En su artículo “La era de los superricos”, Guy Sorman reflexiona sobre la creciente influencia de los multimillonarios en la economía global y la política contemporánea, planteando una crítica tanto moral como estructural sobre el papel que estas élites juegan en nuestras sociedades modernas.

    Sorman parte de una observación estadística: según cálculos de la prensa económica anglosajona, el mundo cuenta con alrededor de 3 000 multimillonarios, una cifra sin precedentes en la historia. Para él, este número no solo refleja un auge sin igual de la acumulación extrema de riqueza, sino también una transformación en la distribución del poder económico y político a escala global.

    El economista francés distingue varias categorías entre estos superricos. Por un lado están los herederos, que representan aproximadamente la mitad de los multimillonarios y que, según Sorman, viven de rentas sin aportar contribuciones significativas al progreso económico o social. Por otro lado, distingue entre creadores —como Bill Gates, cuya innovación tecnológica expandió el acceso a la informática— y depredadores, aquellos cuya fortuna se sustenta principalmente en la especulación financiera.  Esta segunda categoría es particularmente polémica para Sorman, ya que sitúa a figuras como George Soros, Stephen Schwartzmann o Warren Buffett en un grupo que obtiene enormes beneficios sin necesariamente contribuir al bien común.

    Una de las preocupaciones centrales que Sorman plantea es la proximidad entre dinero y poder político. Argumenta que muchos multimillonarios han acumulado parte de su riqueza gracias a sus vínculos con gobiernos y élites políticas, una tendencia que se observa no solo en Estados Unidos, sino también en países como China, India, Rusia y Nigeria. Esta interconexión, advierte, plantea un riesgo para la democracia liberal porque los intereses de un puñado de individuos ricos pueden llegar a prevalecer sobre los de las mayorías ciudadanas.

    Además de su influencia política, Sorman subraya que los superricos tienen cada vez más control sobre los medios de comunicación y las plataformas digitales, lo que les permite moldear narrativas públicas a su favor. En Francia, por ejemplo, el oligarca del sector del lujo Bernard Arnault no solo mantiene relaciones estrechas con el poder político, sino que también ejerce control sobre medios escritos, ampliando así su capacidad de influencia cultural y social.

    Sorman no ignora las aportaciones filantrópicas de algunos multimillonarios, especialmente en el contexto de Estados Unidos, donde figuras como Rockefeller, Carnegie, Gates o Buffett han donado importantes sumas a causas humanitarias y educativas.  Sin embargo, el autor señala que esta filantropía representa una excepción y no la regla, y en muchos casos también se retuerce para fines fiscales o de prestigio personal.

    La crítica de Sorman va más allá de un juicio moral: sugiere que la concentración extrema de riqueza puede generar distorsiones estructurales en la economía global, disminuyendo la equidad, reforzando monopolios y distorsionando los mecanismos de competencia.  También advierte que esta concentración puede debilitar la base de la democracia representativa, ya que los superricos tienen recursos para influir en elecciones, políticas públicas e incluso en la legislación fiscal a su favor.

    “La era de los superricos” de Guy Sorman plantea una pregunta inquietante: ¿puede una democracia liberal prosperar cuando una minoría acumula niveles de riqueza y poder comparables a los de los Estados nacionales? Sorman sugiere que si no se toman medidas para limitar la influencia política y económica de estas élites —sea a través de políticas fiscales, regulación mediática o controles antimonopolio— la democracia y la equidad social podrían verse seriamente debilitadas. La discusión libertaria está servida.

  • ¿Por qué la universidad celebra a Santo Tomás de Aquino cada 28 de enero?

    ¿Por qué la universidad celebra a Santo Tomás de Aquino cada 28 de enero?

    A finales de enero muchas universidades celebran un acto solemne dedicado a un maestro medieval, Santo Tomás de Aquino, referente del saber desde el siglo XIII. Su figura contribuyó a sentar las bases de la docencia y de la investigación universitaria.

    París: formación y método

    Tomás de Aquino llegó a la Universidad de París hacia 1245, un centro que se había consolidado como uno de los focos intelectuales más dinámicos de Europa. Allí accedió al grado de bachiller bíblico, centrado en la lectura y comentario de la Sagrada Escritura, y más tarde alcanzó el grado de bachiller sentenciario.

    Ilustración medieval de una reunión de médicos en una universidad.
    Reunión de médicos en la Universidad de París, de Étienne Colaud, del manuscrito Chants royaux.
    Biblioteca Nacional, París / Gallica

    Tomás de Aquino asimiló el método escolástico característico de la universidad medieval, que integraba la lectura y el comentario de textos, el planteamiento argumentado de problemas teóricos y el debate entre maestros y estudiantes. Su pensamiento tuvo un papel decisivo en la integración del aristotelismo en la universidad medieval. Al mismo tiempo, articuló una relación ordenada entre razón y fe orientada a la búsqueda de la verdad y la Iglesia Católica le consideró doctor angélico, doctor común y doctor de la humanidad.

    Sus obras Summa theologiae y Summa contra gentiles circularon en las universidades europeas y se incorporaron a la enseñanza reglada. Estos textos contribuyeron a fijar criterios rigurosos de argumentación y método para la comunidad científica.

    El reconocimiento universitario

    Durante la década de 1250 la Universidad de París atravesó una crisis institucional de gran alcance. En 1253 los maestros seculares interrumpieron de forma colectiva la enseñanza, como respuesta a un conflicto con las órdenes mendicantes de los dominicos y los franciscanos por el acceso a las cátedras. El enfrentamiento cuestionó el estatuto académico de estas órdenes y derivó en su exclusión temporal de la universidad. Entre los afectados se encontraba Tomás de Aquino. El conflicto se resolvió tras la intervención del papa Alejandro IV mediante la bula Quasi lignum vitae, que les autorizaba a continuar con sus escuelas públicas y a acceder a las cátedras de la universidad.

    Un año después, Tomás de Aquino recibió la licencia para enseñar Teología (licentia docendi), lo que le otorgó plena legitimidad académica. El inicio público de su magisterio en Sagrada Escritura quedó marcado por la lección inaugural de 1256 en París, con el discurso conocido como Rigans montes. Para esa ocasión eligió el versículo del Salmo 103: “Rigans montes de superioribus suis; de fructu operum tuorum satiabitur terra” (“Regando los montes desde arriba, la tierra se saciará del fruto de tus obras”).

    Esta imagen ofrece una clave para comprender el orden del saber. La doctrina procede de lo alto y llega a la comunidad académica a través de quienes han recibido autoridad para enseñar. El doctor transmite un conocimiento que exige método, precisión y responsabilidad en el uso de la palabra. En esta figura se reconoce un modelo de rigor académico, servicio a la verdad y continuidad de la tradición universitaria.

    La autoridad que la universidad reconoció a Tomás de Aquino se vio reforzada más tarde por el reconocimiento eclesial. El papa Juan XXII lo canonizó el 18 de julio de 1323 con la bula Redemptionem misit. Más tarde, Pío V lo proclamó doctor de la Iglesia (1567).

    La memoria material de Tomás de Aquino se vincula a la abadía de Fossanova (en el centro de Italia), lugar donde murió en 1274. Allí permaneció su cuerpo durante casi un siglo, depositado en un sarcófago que hoy se conserva como testimonio histórico.

    Una fecha cambiante

    Su conmemoración litúrgica se fijó en un primer momento el 7 de marzo, fecha de su muerte. Esta elección planteó dificultades, ya que coincidía con frecuencia con la Cuaresma, periodo en el que se restringían los actos públicos y las ceremonias académicas.

    La situación cambió cuando el papa Urbano V ordenó el traslado de las reliquias de Tomás de Aquino a Toulouse, en Francia. La recepción tuvo lugar el 28 de enero de 1369 en el convento de los Jacobinos, antiguo convento de la Orden de los Predicadores, donde se conservan en la actualidad.

    Altar y relicario de santo Tomás de Aquino en la Iglesia de los Jacobinos en Toulouse (Francia).
    Altar y relicario de santo Tomás de Aquino en la iglesia de los Jacobinos en Toulouse (Francia).
    Didier Descouens/Wikimedia Commons, CC BY-SA

    Entre los siglos XIV y XV, las universidades europeas adoptaron esta fecha como marco adecuado para ceremonias institucionales. No obstante, la configuración definitiva de la festividad se produjo en el siglo XX. Este proceso se inscribe en la reforma del calendario litúrgico posterior al Concilio Vaticano II. En 1969, el papa Pablo VI promulgó la carta apostólica Mysterii Paschalis, en la que se estableció el criterio de mantener en el calendario común solo aquellas celebraciones consideradas de valor universal para la Iglesia.

    Así, la conmemoración religiosa de Tomás de Aquino quedó fijada el 28 de enero, una decisión que proporcionó un marco litúrgico estable.

    Difusión europea y continuidad institucional

    La memoria de Tomás de Aquino recibió un respaldo institucional cuando León XIII publicó Aeterni Patris (1879). Esta encíclica consideró su pensamiento como eje fundamental de la enseñanza superior frente a las corrientes materialistas de su tiempo. Un año después, el breve Cum hoc sit (1880) lo declaró patrono de las universidades y escuelas católicas.

    Con estas disposiciones, León XIII presentó a Tomás de Aquino como referente intelectual para la investigación y la enseñanza superior. En España, una Real Orden publicada en 1922 reconoció la festividad de Santo Tomás de Aquino como Fiesta del Estudiante.

    Pintura con un religioso en el medio que sostiene un libro.
    El triunfo de santo Tomás de Aquino, de Benozzo Gozzoli.
    GrandPalaisRmn (musée du Louvre) / Hervé Lewandowski

    De esta manera, se aseguró su continuidad como acto institucional en el sistema universitario. La celebración se difundió junto con el modelo parisino por universidades de toda Europa. Fuera de este continente, el arraigo es también significativo en Filipinas.

    Solemnidad y simbolismo académico

    La festividad de Santo Tomás se asocia desde la Edad Media a la figura del doctor universitario y en el acto se hace visible la dimensión pública de la autoridad intelectual. La ceremonia se acompaña de cantos solemnes, y los signos externos –la toga, el birrete, el libro y el anillo– refuerzan su significado. En conjunto, poseen un valor institucional y una continuidad de la tradición universitaria.

    La pervivencia de esta celebración responde a la continuidad de un modelo de universidad más que a una lógica confesional. En centros que mantienen una relación con el calendario litúrgico romano, Tomás de Aquino se integra en los actos solemnes del curso académico. En otros contextos, formados en tradiciones anglicanas o protestantes, es un referente intelectual de la comunidad científica. Esta diversidad de enfoques permite entender cómo su legado se ha asumido de distintas maneras en la transmisión del saber a lo largo de la historia. En su figura, la comunidad científica reconoce un modelo de rigor intelectual y de estudio orientado a la búsqueda de la verdad.

    Por este motivo, celebramos cada 28 de enero al maestro que otorgó a la razón un estatuto de autoridad universitaria y que definió la investigación como una responsabilidad institucional.The Conversation

    Anna Peirats, Catedrática de Humanidades, Universidad Católica de Valencia y Francisco Javier Arteaga Moreno, Profesor de Estadística, Universidad Católica de Valencia

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • No castiguen a Irán ni a Groenlandia, sólo a estos Ayatolás

    El pueblo iraní ha demostrado un coraje y determinación superior, y siguen protestando a pesar de miles de muertos, asesinados por los terroristas del Estado liderados por ayatolás dementes. 

    Como dijo Friedrich Merz, “Cuando un régimen sólo puede mantenerse en el poder a través de la violencia, entonces está efectivamente acabado”. Los sistemas autoritarios se basan en la coerción, y en el miedo que es un mecanismo adaptativo que nos alerta del peligro, pero se vuelve muy contraproducente si no se desactiva con razón y coraje, y da origen a una reacción primitiva: la violencia.

    Como al pueblo iraní lo asiste la razón y la verdad, está venciendo ese miedo, por el contrario, el régimen terrorista apela a la violencia. Y, para esconder esta violencia, produjeron un apagón informativo -incluido el corte de internet- de modo que los sectores más duros de los servicios de “seguridad” puedan lanzar una represión sangrienta.

    Obviamente, el uso de Starlink en Irán está prohibido, de ahí que contar con el equipamiento necesario y su uso sea ilegal. A pesar de ello, en plena revuelta, su despliegue era más amplio que en episodios previos de manifestaciones y apagones en el país. Y este tipo de cosas debe facilitar Occidente a los iraníes.

    Entretanto, Trump estudia maniobras como ciberataques contra instalaciones militares y civiles y opciones como bombardear el país o una operación más específica contra sus líderes, lo que decapitaría al régimen y ofrecería a los EE.UU. la oportunidad de negociar con los remanentes de la República Islámica.

    Respecto de esta última opción, y lamento decirlo, los recientes episodios en Caracas muestran que capturar o matar a unos pocos líderes no cambia el régimen completamente. El heredero del Sha, Reza Pahlavi, viene demostrando una posición moderada y realista, pero, insisto en una intervención al estilo Venezuela el heredero terminaría como Corina Machado, viendo, al margen, la continuación – “moderada” para la propaganda- del régimen chavista.

    Una intervención militar más amplia podría provocar el deceso de muchos civiles y exacerbar la región -de hecho, otros países árabes ya lo han advertido- y provocar una respuesta militar iraní que pueda ser excusa para una mayor masacre de sus ciudadanos.

    Como preludio, Trump decidió aumentar los aranceles contra los países que continúan comerciando con Irán, hasta en 25%. Pero estas sanciones, al igual que las que ya estaban vigentes por parte de otros países, van a empeorar la situación económica del país, afectando aún más a los ciudadanos comunes, que ya sufren el impacto de las sanciones y su implementación por parte del corrupto régimen islámico.

    Por el contrario, Trump debería dejar de distraer al mundo con su capricho sobre Groenlandia -y respetar la propiedad privada y libertad de sus ciudadanos, que ellos decidan su futuro- y los países occidentales deberían esforzarse por facilitar -liberar- al máximo posible las relaciones de los ciudadanos comunes de Irán con el resto del planeta, porque esto les permitiría reforzarse, contactarse y difundir más información.

    Útiles son las acciones como las que adelantó el secretario del Tesoro de los EE.UU., que afirmó que están monitoreando la fuerte salida de fondos pertenecientes a la dirigencia islámica, y aseguró que los bloquearán. Y el mundo entero debería cerrar las embajadas y toda oficina del Estado iraní, no tiene sentido dialogar con dementes. Finalmente, Occidente debe dejar de apoyar a la tiranía saudí, sin dudas el mayor promotor global del fanatismo islámico.

    Y, por cierto, la humanidad tiene que repensar el concepto de Estado y democracia, no es posible que dementes como Hitler, Stalin y estos ayatolás, ganen elecciones o no, obtengan el mando de fuerzas armadas y policiales -estatales- con las que luego reprimen salvajemente a sus ciudadanos y, para colmo de las ironías, lo hacen de manera “legal”, si hasta realizan farsas judiciales.

  • El Mercado y el Gobierno en el Cuadrilátero

    El pugilato entre la libertad de mercado y el control gubernamental político es un tema muy poco abordado en los medios informativos, lo cual es sumamente lastimoso ya que en ello bien puede depender la pobreza o riqueza de una nación. Y, para entrarle al tema, examinemos lo que es y no es el orden; particularmente el orden social que trae progreso real. El reto está en saber lo que es el verdadero orden social y no el desorden imperante que se sufre en tantos países, incluyendo Panamá.

    El elemento clave del buen orden está en una sana interrelación entre las personas; más específicamente en la familia. El mal se presenta y crece cuando gobernantes soberbios pretenden imponer un orden social que no parte desde la base que es la familia, el barrio; en fin, de abajo para arriba y no al revés. Dictar a la población cómo deben actuar es promover el desorden; ya que en adelante la gente se convierte en marionetas de las castas… ¡Uy!, no quiero llamarles “gobernantes” ya que eso no es gobernar.

    ¿Crees que ordenar descuentos, salarios mínimos o tantas otras disposiciones legales de ley positiva? Es decir, la ley que te ordena a proceder como quieren los políticos, que es muy diferente a la ley negativa; vale decir, la ley que te prohíbe el verdadero desorden, tal como: matar, robar, golpear, orinar en media calle y tal.

    El reto es que sepamos distinguir qué clase de leyes producen un buen orden social y cuáles no. Cuando el restaurante quiebra por tantos descuentos a jubilados ¿acaso eso promueve buen orden y desarrollo? ¿Cómo pueden buenos empresarios dirigir la barca de su negocio cuando los politicastros le están metiendo la mano en el timón?

    Espero que ya vaya el lector dándose cuenta de lo difícil que es diferenciar entre el orden y el desorden. Henry Adams sentenció que “el caos era la ley de la naturaleza; y el orden era el sueño del hombre.” O… veamos el mundo, ¿crees que Dios lo creo todo ordenadito? No, lo creo para que nosotros lo ordenáramos. ¿Qué gracia habría sido una Creación en la cual todo estaba ordenadito desde el Palacio Celestial?

    Para mí existe orden cuando la gente puede intercambiar productos y servicios sin tener metido al politiquero. Pero cuando la ley te dice que el gobierno puede intervenir en toda empresa, tal como lo dice la constitución de Panamá, ¿crees ese ordenamiento es orden? Y regresando el “cuadrilátero” del título de este escrito, ¿te imaginas lo que sería el box si los políticos se meten al ring a dar órdenes a los boxeadores?

    Tristemente, los torcidos políticos y sus compinches disque empresarios son unos engreídos que creen tener la capacidad imponer orden social desde el Palacio de las Garzas. Bueno, tal vez sí, pero no con más gobierno sino con menos. Panamá podría funcionar de maravillas sin impuestos. ¡Claro!, para ello tendríamos que reducir en grande el aparato de desgobierno; limitándolo a lo que sí es gobierno.

    Un expresidente contrató a nuestra empresa de consultoría para hacer un programa de cálculo impositivo y, el programa demostró que podríamos bajar el impuesto corporativo a 10% y el de renta a 5%; y eso sin reducir el tamaño del aparato del desorden.

    Y lo más serio es que no imaginamos lo que trae la AI y la robótica. La AI y los robots sólo nos quitarán el trabajo mecánico, dejando a los humanos encargados de hacer lo que las máquinas no pueden. No fuimos creado para ser bestias de labranza, sino para cosas mucho más celestiales.

  • En Davos, la cumbre woke, de Pedro Sánchez a Milei

    “Líderes mundiales de los ámbitos gubernamental, empresarial, de la sociedad civil y académico se reunirán… para… una acción colectiva audaz hace que esta reunión sea especialmente relevante”, reza el llamado al Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) 2026.
    “Colectiva” ciertamente se refiere a colectivismo y, definitivamente, no es casual. Ya hace unos años el conservador sitio online Breitbart describía al foro como “un colectivo de élites izquierdistas y sus compinches corporativos multinacionales que debaten sobre cómo configurar las agendas globales para dividir el botín”.

    En esta costosísima que reunión pagamos los ciudadanos con nuestros impuestos, entre el 19 y 23 de enero se encontrarán presidentes de empobrecidos países africanos, de oriente medio y de Latinoamérica además de occidentales. En total, cientos de líderes políticos, incluidos decenas de jefes de Estado.

    O sea, son muchos burócratas estatales los que concurren, de esos que se dedican a “regular” al mercado, a interferirlo coactivamente. Y los temas en la agenda son temas de cómo el Estado debe regular al mercado natural, cómo estos gobernantes deben coartar la libertad de las personas de acuerdo con el “sector privado” allí presente. Y, por cierto, nunca olvidan “cómo mejorar los sistemas de impuestos” porque de ellos viven.

    Ahora, este “sector privado” -que no es ni la millonésima del mercado- está conformado por empresarios al estilo de Bill Gates -que ha participado muchas veces- que ha amasado una fortuna exagerada gracias, precisamente, a privilegios otorgados por los burócratas presentes, como el “copyright” que es un monopolio intelectual impuesto coactivamente por el Estado. Otros, van a este foro para intentar evitar que los regulen o los perjudiquen, política errada en mi opinión.

    Y los discursos son incoherentes. Por su parte, los políticos latinoamericanos y africanos están preocupados por la pobreza que ellos mismos crean, por ejemplo, con abusivos impuestos que terminan pagando los más pobres ya que los empresarios los derivan subiendo precios, bajando salarios, etc.

    “Se prevé que la economía mundial, atrapada entre las tensiones comerciales y la incertidumbre política, crezca apenas un 3,1 % en 2026… el comercio… solo aumentará un 0,9 % en 2025… A pesar de que la inflación general se ha controlado gradualmente, la subyacente sigue siendo elevada y la ratio de deuda-PIB ha escalado hasta máximos históricos del 95 %”, reconoce el WEF.

    Y continúa “…el 22 % de los empleos actuales en todo el mundo cambiarán en los próximos cinco años, principalmente como consecuencia de la IA… Actualmente, 4500 millones de personas carecen de acceso a servicios sanitarios esenciales y el sector sufre un déficit de financiación de 10.500 millones de dólares anuales, lo que subraya la urgencia de inversiones en materia de salud”, afirma el WEF, aunque no dice que los que lograron esto son los mismos dirigentes que van a Davos a rasgarse las vestiduras.

    Y en esto no podía faltar la “inefable” persona de Pedro Sánchez que el año pasado, en nombre de la “libertad” de participación propuso en este foro que los burócratas de la UE controlen arbitrariamente las redes sociales y castiguen a los “díscolos”.

    En el otro extremo, Javier Milei llegó a afirmar que «foros como este han sido promotores de la agenda siniestra» de la izquierda woke. Y este año planea reafirmar sus críticas y mostrar su apoyo incondicional a Trump. Es decir, potencia y publicita, con su presencia y disertación, al WEF en el que, sin dudas, triunfa y se fortalece el discurso y las acciones woke.

    La posición realista es la de Elon Musk que, precisamente, se niega a participar por considerar que, en esta cumbre, diga lo que se diga en las alocuciones, en los hechos solo se puede favorecer al wokismo. De hecho, una de las aspiraciones del presidente argentino era la captación de inversiones y, desde su participación anterior, la inversión extranjera directa en su país ha sido negativa por causa de las empresas que se han ido. Claramente su viaje fue contraproducente desde que significó un gran gasto inútil.

    Es llamativo el que parte de la opinión pública tenga una imagen negativa del mercado natural cuando éste no es sino las personas, esa misma opinión pública que lo rechaza. El mercado natural, subrayo, es el conjunto de los seres humanos desde el punto de vista de la cooperación voluntaria, pacífica, espontánea entre las personas con el fin de vivir y mejorar.

    Sucede que la idea se ha deformado hasta contrariar su verdadero sentido. Y en esto sin dudas colabora el WEF, que está de moda, y se presenta como “promercado” cuando no lo es, confundiendo al público. En primer lugar, como dije, el mercado está compuesto por 7500 millones de personas -la población mundial- y los “líderes” llegados a Davos no llegan ni a 4000, ni la millonésima parte.

    Y esto sucede aun cuando el Foro abiertamente propone más estatismo: “Ante el aumento de los riesgos geopolíticos, es previsible que estas intervenciones estatales se intensifiquen. Debemos prepararnos para la era de la resiliencia ’inducida por el Estado’».

    Todos los postulados del WEF son irracionales. A ver. Una hipótesis científica necesita de tres condiciones necesarias mínimas, pero no suficientes. ¿Cuál es la condición suficiente? No existe, porque en la ciencia nada es definitivamente -absolutamente- verdadero jamás. Solo tenemos postulados que utilizamos en tanto sean útiles y cumplan con las esas tres condiciones necesarias.

    Primero, no debe contradecir principios básicos, dicho de modo elemental, no puede decirse que lo malo es bueno. Segundo, debe tener una demostración lógica simple y razonable y, tercero, debe quedar corroborado por datos empíricos independientes y reiterados.

    Tomemos por caso la recaudación impositiva que es la sangre de los Estados y, por ende, del WEF. Primero, la presión fiscal -necesariamente coactiva- no puede ser buena porque contradice un principio básico: la violencia siempre destruye. Segundo (y explico el primero), al contrario del mercado, donde las personas pagan por aquello que les conviene -y se produce la eficiencia porque cada parte recibe lo que mejor le viene- el Estado fuerza a pagar, utilizando su monopolio de la violencia, aunque lo que se ofrece no convenga.

    Y tercero, donde la presión fiscal -conformada por impuestos, más inflación y endeudamiento estatal que quitan recursos al sector privado- es más alta, los datos empíricos muestran que menor es el desarrollo, porque el Estado malgasta los recursos al evitar la eficiencia que se produce cuando cada persona tiene la posibilidad de utilizar voluntariamente sus recursos en lo que conviene.