Categoría: Opinión

  • Idioma y Cultura

    Idioma y Cultura

    En 1975, mientras dirigía la Escuela de Aeronáutica Civil en Panamá —proyecto conjunto con la OACI y el PNUD—, solicité un diccionario etimológico al departamento de compras. La respuesta fue desalentadora: costaba seiscientos dólares de entonces. En cambio, un Webster en idioma inglés se conseguía por apenas veinte. Aquella barrera económica marcó mi camino: empecé a usar el diccionario inglés para guiar mi escritura y pensamiento en español.

    De esa experiencia surgió una inquietud más profunda: mientras el inglés parecía expandirse con la ciencia y la innovación, el español daba señales de contraerse en ciertos ámbitos. ¿Era posible? Observando con atención, encontré varias realidades preocupantes.

    Primero, para escribir con claridad y profundidad se necesitan palabras precisas. Algunas se han desgastado o cambiado de sentido según la región —como “bochinche”, que en Panamá alude al chisme malicioso que crece de boca en boca, distinto del tumulto o barullo general—.

    Segundo, la Real Academia Española (RAE) y otros diccionarios tradicionales han privilegiado definiciones de uso actual sobre el origen etimológico y filosófico de los términos.

    Tercero, mientras obras como el Merriam-Webster son acumulativas e inclusivas, la tradición académica hispánica ha tendido a ser más restrictiva y normativa.

    Esta diferencia no es trivial. Los jóvenes angloparlantes accedían fácilmente al sentido histórico, evolutivo y conceptual de las palabras. Los hispanohablantes, con frecuencia, no. De allí la percepción de que las sociedades de habla inglesa avanzan a la velocidad de la ciencia y la técnica, mientras que en el mundo hispánico, a veces, parecemos avanzar con mayor lentitud cognitiva y cultural.

    La raíz está en la filosofía de los diccionarios. Buscar “estado” en un Webster ofrece páginas de disección histórica, filosófica y social: una verdadera herramienta de pensamiento. En el Diccionario de la lengua española (DLE) de la RAE predomina la definición escueta, normativa y de uso. Uno expande la mente; el otro fija límites de lo “aceptable”.

    Históricamente, la RAE ha seguido el lema “limpia, fija y da esplendor”, priorizando uniformidad y pureza. Esto tiene ventajas: mantiene la unidad de un idioma hablado por más de 500 millones de personas en más de veinte países. Pero también genera rigidez. La institución tarda en reconocer vocablos que la realidad ya usa (aunque en las últimas décadas ha incorporado más americanismos y usos regionales, y dispone de recursos digitales y corpus como el CORPES). El enfoque anglosajón es más pragmático y descriptivo: si el pueblo o la ciencia usan una palabra con consistencia, se registra. No juzga tanto; documenta y queda incorporado al idioma.

    Hoy, la digitalización ha eliminado las barreras económicas de 1975. Cualquiera puede consultar etimologías en línea, comparar diccionarios y explorar orígenes. El verdadero obstáculo ya no es el precio, sino el hábito cultural: ¿valoramos la precisión léxica o nos conformamos con el slang inmediato?

    Adoptar lo mejor de ambas tradiciones no significa colonizar el español, sino enriquecerlo. Podemos conservar la unidad y elegancia que aporta la norma académica, sin renunciar a la vitalidad, la creatividad y la profundidad analítica del modelo descriptivo.

    Las palabras son las herramientas con las que construimos pensamiento, tecnología y futuro. Un idioma que se vuelve fósil rígido congela también el desarrollo de sus hablantes. Uno que se disuelve en arbitrariedad pierde poder comunicativo.

    El español no está menguando —es una lengua viva, diversa y en expansión demográfica—, pero sí necesita más curiosidad lexicográfica por parte de sus usuarios. Usemos el DLE como ancla normativa, el Diccionario Histórico para profundidad diacrónica, y herramientas como el Webster o Wiktionary para explorar capas etimológicas y filosóficas. Escribamos y pensemos con exigencia, sin purismo estéril ni permisividad que diluya el sentido.

    Es hora de exigir un español tan dinámico, preciso y audaz como los tiempos que nos toca liderar. Ni fósil ni caos: vivo, profundo y nuestro.

    Nota: con aportes de Grok.

  • El Poder Solapado

    El Poder Solapado

    En 2014 escribí el libro intitulado “Educación ¿estatal o particular?» en el cual enfocaba realidades de las vertientes educativas por la vía estatista o de ese mercado que es la sociedad, en la cual se intercambia lo que sea que otros buscan tener. Al respecto se manifiesta Agustín Toptschij en un artículo en el Mises Institute, destacando que, en las sociedades del 2026, aunque no son las mismas presentes en dictaduras o sistemas estatistas del ayer, nos llama a darnos cuenta que el poder centralista se administra vía los gobiernos estatales:

    “…funciona mejor cuando dicho mandar es solapado en vez de flagrante, haciendo ver que es benigno, racional e invisible, engendrando conformidad a través de una superación social en vez de hacerlo impositivamente a las patadas.

    Ya hoy día es mucho más engorroso imponer el estatismo del siglo pasado, dado que hoy existen maneras más insidiosas, sutiles y de control solapado, que presentan a quienes gustan de arrear en vez de dar el buen ejemplo. O, como acabo de escuchar en un chat, que debemos combatir la mentira con mentiras porque si lo haces con la verdad, pierdes. En ello está el caso o ejemplo del centralismo educativo NODUCA que sirve intereses estatistas económicos, sindicales y culturales y no de un estadismo.

    Hoy la gran mayoría de los argumentos en medios son, más que nada, anecdóticos, que señalan lo que tal o cual autoridad se robó; pero casi nunca vemos el fondo de ello. Es decir, ¿cómo es que resulta tan fácil robarle a todo el país? En cortito, cómo no va a ser así si estamos chuecos a partir de la misma Constitución; cuya torcedura nace de nuestra historia estatista, centralista y corrupta. Y es que el poder desbocado navega por encima de las instituciones, democracia, leyes, rendición de cuentas y la transparencia; vale decir:

    Un estatismo invasivo y generalizado que anula elecciones, parlamentos y tribunales, destruyendo mercados, la propiedad y sanos elementos afines.

    Para cerrar esta reflexión, debemos entender que el problema no radica simplemente en los nombres de quienes ocupan las sillas presidenciales o las curules legislativas. El verdadero peligro del estatismo moderno es que ha logrado colonizar la mentalidad colectiva, haciéndonos creer que fuera del arbitrio estatal solo existe el caos. Desde el centralismo educativo —diseñado más para fabricar súbditos dóciles que mentes críticas e independientes— hasta la hiperregulación que sofoca al emprendedor, la sociedad civil ha sido sistemáticamente desarmada y domesticada.

    Nos hemos acostumbrado a la ilusión del voto, ignorando que una democracia vaciada de contrapesos reales y de respeto absoluto a la propiedad privada es solo una fachada cosmética. Cuando la ley deja de ser un escudo para el individuo y se convierte en el garrote del gobernante, el contrato social se rompe de raíz. La corrupción rampante que vemos a diario no es una falla accidental del diseño institucional; es el sistema funcionando exactamente para lo que fue creado: un mecanismo de transferencia forzosa de riqueza desde quienes producen hacia la casta burocrática y sus allegados.

    Estas enormes burrocracias con asambleas que no descubren la ley sino la inventan con la finalidad de abonar la base servil que los mantiene en el curul lucrativo a las autoridades electas, desde el presidente, van y vienen, dejando endémico el sistema putrefacto que engendra deterioro y pobreza.

    Más allá está el estado profundo que en vez de potenciar el libre mercado, potencia un capitalismo de compinches. Y triste que todo ello no es invisible, pues hoy lo vemos en un mercado laboral que ya anda por el 50% de la actividad emprendedora en Panamá. Sin embargo, el corrupto mar de fondo en el poder permanece y permea a la sociedad.

  • La Gobernanza Predatoria

    La Gobernanza Predatoria

    En los debates diarios sobre las políticas públicas en Panamá, es común escuchar llamados a una “mejor gobernanza”. Pocas palabras se usan con tanta frecuencia y se comprenden tan poco. La gobernanza no es simplemente otro nombre para las acciones del gobierno. Mientras que la gobernanza —el conjunto de mecanismos que permiten a los seres humanos coordinar su vida social y resolver pacíficamente sus conflictos— ha existido desde que las personas comenzaron a vivir juntas, el Estado moderno es una invención histórica relativamente reciente.

    Lejos de ser una simple continuación de formas antiguas de autoridad, el Estado, como explica Agustín Toptschij, se define por su reclamo de soberanía: se posiciona como la fuente última del derecho, sin reconocer ninguna autoridad superior. Esta autonomía institucional, más que cualquier política concreta, le otorga una lógica predatoria. Poco a poco, tiende a absorber o subordinar otras instituciones —la familia, la empresa privada, la educación, agua, transporte, energía, otras más y hasta la alimentación. También las asociaciones civiles y las tradiciones locales— bajo la justificación del “bien común”.

    En Panamá, un país bendecido con ventajas geográficas y una economía dolarizada que ya demuestra los beneficios de limitar la soberanía monetaria, esta distinción resulta especialmente relevante. No tenemos que elegir entre orden y libertad. Necesitamos recuperar las ricas posibilidades de la gobernanza que no dependen de la expansión permanente de la jurisdicción del Estado.

    Esta lógica predatoria no es, necesariamente, fruto de la mala intención de gobernantes individuales, sino de la naturaleza misma del Estado soberano moderno. Al declararse fuente última del derecho, tiende inevitablemente a expandir su jurisdicción. Cada problema social —la inseguridad, la educación deficiente, los desequilibrios económicos— se convierte en pretexto para absorber más funciones que antes eran gestionadas por la sociedad civil, las familias o el mercado.

    En Panamá vemos este fenómeno con claridad. La dolarización ha sido un poderoso límite a la soberanía monetaria y nos ha dado mayor estabilidad que muchos países vecinos. Pero, en general observamos la tendencia expansiva: regulaciones que complican la vida de la pequeña y mediana empresa, un sistema de pensiones que genera inquietud sobre su sostenibilidad, y una burocracia que crece mientras la confianza en las instituciones públicas disminuye. No se trata solo de “mal gobierno”. Se trata de un modelo que concentra poder y debilita la sociedad.

    Frente a esto, es necesario recuperar las posibilidades de una gobernanza que no dependa de la expansión permanente e indecente de los entes en que se han convertido nuestros gobiernos estatales. La historia y la experiencia contemporánea ofrecen ejemplos esperanzadores:

    1. En el ámbito económico: La dolarización misma es un gran ejemplo de gobernanza sin soberanía monetaria plena. De igual forma, la competencia entre jurisdicciones (como los regímenes especiales en zonas francas o el hub logístico) demuestra que la apertura y la competencia reguladora pueden generar mejores resultados que la planificación central.
    2. En seguridad: Donde la policía estatal enfrenta limitaciones, la seguridad privada, los sistemas de vigilancia comunitaria y las tecnologías de prevención han mostrado eficacia. El reto es regularlos sin ahogarlos.
    3. En educación y bienestar: Familias, iglesias, fundaciones y empresas ya demuestran capacidad de ofrecer servicios de calidad. En lugar de estatizarlos, deberíamos facilitar su expansión mediante vales, desregulación y mayor libertad de elección.
    4. En resolución de conflictos: La arbitración comercial y los mecanismos privados de solución de disputas suelen ser más rápidos y menos costosos que los tribunales estatales saturados.

    La verdadera cuestión no está en tener más “Estado” y sus gobiernos en nuestras vidas, pues hay mejores formas. Un orden basado en la soberanía ilimitada del aparato estatal o uno construido sobre múltiples centros de autoridad y responsabilidad personal.

    Panamá, por su historia y posición estratégica, tiene una oportunidad única para liderar un modelo de gobernanza más humilde y eficaz. Reducir la voracidad del Estado no significa caos, sino liberar el enorme potencial creativo y cooperativo de la sociedad. Es hora de pasar de la gobernanza estatista a una gobernanza verdaderamente social.

  • Más allá del estrecho de Ormuz: los cuellos de botella que pueden hacer tambalear el control de los mares

    Más allá del estrecho de Ormuz: los cuellos de botella que pueden hacer tambalear el control de los mares

    Los grandes pasos marítimos del petróleo ya no se dividen entre importantes y secundarios, sino entre los que están bajo asedio, los que tienen dueño, los que están naciendo y los que sostienen todo el sistema. Cuando los mercados temen un cierre en el estrecho de Ormuz, el precio del petróleo se dispara en cuestión de horas. Lo hemos visto muy de cerca en todo 2026. La razón es bien conocida: por ese angosto paso del golfo Pérsico transita cerca del 20 % del crudo y el 25 % del gas natural licuado (GNL) que consume el mundo, según la Agencia Internacional de Energía. Pero fijarse sólo en Ormuz es leer solo una página del atlas y creer que se ha entendido el mundo.

    La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estima que el 76 % del petróleo mundial viaja por mar. Ese océano de crudo y gas no fluye libremente: se estrangula en una docena de pasos que concentran los flujos en espacios de pocos kilómetros, a veces de pocos cientos de metros. Lo interesante no es catalogarlos, sino entender que se dividen en cuatro familias con lógicas de riesgo muy distintas: los pasos clásicos que están bajo asedio, los que tienen dueño con nombre y apellidos, los que están naciendo ante nuestros ojos y los que sostienen silenciosamente todo el edificio.

    Los principales cuellos de botella energéticos globales (el tamaño del círculo es proporcional al tráfico de barriles de petróleo). Fuente: elaboración propia con datos de la EIA (1H2025)., CC BY

    Bajo el asedio de los drones y las lanchas rápidas

    Durante medio siglo, la seguridad de los cuatro grandes pasos del petróleo –el estrecho de Ormuz, que conecta el golfo Pérsico con el Índico; el canal de Suez, que sirve de paso entre el Mediterráneo y el mar Rojo; el de Bab el-Mandeb, entre el mar Rojo y el Índico, y el paso de Malaca, que conecta el Índico con el Pacífico– descansó sobre una premisa simple: ningún actor racional se atrevería a desafiar a la marina estadounidense. Esa premisa ha muerto entre 2023 y 2026, y su certificado de defunción se firmó en el mar Rojo.

    En 2023, los hutíes atacaron desde la costa yemení los buques comerciales estadounidenses y británicos en tránsito por Bab el-Mandeb, como una declaración de apoyo a Hamás en la guerra contra Israel. Entonces, las milicias demostraron que un arsenal de drones y misiles baratos bastan para desviar el comercio mundial. No necesitaron hundir ninguna flota: la mera amenaza disparó los seguros marítimos y obligó a las navieras a rodear África, elevando los fletes entre un 200 y un 300 %, y alargando cada viaje entre 10 y 15 días.

    Tras los ataques, el canal de Suez –con apenas 313 metros de ancho en sus tramos críticos y por el que transitan unos 12 millones de barriles diarios– vio evaporarse buena parte de su tráfico sin que nadie lo bloqueara físicamente. Las flotillas navales multinacionales desplegadas en la zona, analizadas en detalle por la propia EIA, no lograron restaurar la confianza: la disuasión clásica no funciona contra quien no tiene nada que perder.

    La misma lección se proyecta sobre los dos gigantes asiáticos del mapa. Ormuz mueve unos 20 millones de barriles diarios pero Malaca lo supera: 23,2 millones de barriles diarios en el primer semestre de 2025, el 29 % de todo el comercio marítimo mundial de petróleo, apretados en un pasaje de 2,5 kilómetros entre Malasia e Indonesia.

    China importa por esa vía cerca del 80 % de su crudo y esa enorme dependencia genera el llamado “dilema de Malaca”.

    Los pasos con dueño: donde el riesgo no es un misil, sino una firma

    Otro tipo de riesgo está en los pasos controlados por un Estado concreto que puede –legalmente o de factocondicionar el tránsito de terceros. Esta presión es menos espectacular que un ataque con drones, pero sus efectos pueden ser igual de profundos.

    Un caso de manual son los estrechos turcos. La convención de Montreux de 1936 dio a Turquía las llaves del Bósforo y los Dardanelos, únicos accesos al mar Negro, por donde sale el crudo kazajo y ruso hacia el Mediterráneo.

    Tras la invasión de Ucrania, Ankara aplicó Montreux con un doble rasero: cerró el paso a los buques de guerra pero lo mantuvo abierto a los petroleros rusos con crudo barato. El estrecho se convirtió en moneda de cambio de la política exterior turca y Europa descubrió que una de sus arterias de importación dependía de la buena voluntad de un socio indispensable e imprevisible.

    Menos conocidos son los estrechos daneses –Gran Belt, Pequeño Belt y Øresund–, única salida del Báltico al Atlántico. Por ellos salía alrededor de un tercio de las exportaciones marítimas rusas de crudo, antes de las sanciones económicas a Rusia por la guerra de Ucrania. Aquí no hay Montreux: Dinamarca no puede negar el paso inocente que estipula el derecho marítimo, por el que los barcos de todos los Estados pueden navegar por el mar territorial de otro, siempre que se trate de un paso rápido y sin detenciones. Pero la geografía impone su propio peaje: el Øresund apenas alcanza 8 metros de calado en algunos puntos, lo que veta a los superpetroleros y obliga a Rusia a usar buques más pequeños y costosos.

    A esta familia también pertenecen Gibraltar, 14 kilómetros entre Europa y África, y puerta del GNL atlántico hacia el Mediterráneo, y el canal de Panamá, que conecta las costas atlánticas y pacíficas del continente americano y da salida al GNL texano hacia Asia. Panamá añade una vuelta de tuerca: el clima se está convirtiendo en su dueño efectivo. La sequía de 2023-24 en la cuenca del lago Gatún redujo el calado, impuso colas de semanas y demostró que la infraestructura más sofisticada puede ser rehén del ciclo hidrológico. La retórica de la administración Trump sobre “recuperar el canal” hizo el resto: hasta los pasos más institucionalizados vuelven a estar en el mercado de la geopolítica.

    El tablero que viene: deshielo, semiconductores y gas africano

    La tercera familia no aparece en los manuales clásicos de seguridad energética porque está naciendo ahora mismo. Son los corredores que el cambio climático, la transición energética y la rivalidad entre China y EE. UU. están dibujando sobre el mapa.

    El más literal es el Ártico. El deshielo está convirtiendo la Ruta del Mar del Norte, a lo largo de la costa siberiana, en una autopista estacional que podría operar todo el año hacia mediados de siglo, recortando 7 000 kilómetros entre Rotterdam y Shanghai. Rusia lleva una década preparándose con rompehielos nucleares, nuevos puertos y bases militares en la zona, mientras que en su flanco occidental está Groenlandia, con sus tierras raras y su posición dominante, lo que explica el insistente interés de Washington por la isla.Justo debajo, el GIUK Gap (el pasillo entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido), que fue la línea antisubmarina de la Guerra Fría, se prepara para una segunda vida como corredor logístico vigilado.

    En el otro extremo térmico del planeta, el canal de Mozambique se perfila como la arteria del gas africano: los yacimientos de Mozambique y Tanzania, entre los diez mayores del mundo, empezarán a exportar GNL a gran escala en la segunda mitad de la década, y sus metaneros tendrán que pasar entre la costa africana y Madagascar.

    El corredor emergente más inestable no es nuevo en el mapa, sino en su significado: el estrecho de Taiwán. Por sus aguas transitan los petroleros y metaneros que abastecen a Japón, Corea del Sur y el norte de China. Pero también los semiconductores que alimentan la industria mundial y los cables submarinos que sostienen internet. Un conflicto en Taiwán no sería solo un shock energético sino también industrial y digital simultáneo, sin precedente histórico con el que compararlo. Es el único paso del mapa cuyo cierre no admite ruta alternativa que valga. https://datawrapper.dwcdn.net/aFOHE/2/

    La garantía de fondo: lo que sostiene el sistema cuando todo falla

    Queda una última familia, la menos visible: las piezas que no mueven barriles pero hacen posible que los demás los muevan. Son el seguro del sistema, y como todo seguro, sólo se aprecia cuando hay siniestro:

    1. La pieza militar: Diego García, un atolón de 44 kilómetros cuadrados en mitad del océano Índico, que alberga desde los años setenta una base militar anglo-estadounidense desde la que se puede proyectar poder sobre los pasos de Ormuz, Bab el-Mandeb y Malaca a la vez. La lección es incómoda pero clara: el flujo energético global descansa, en última instancia, sobre infraestructura militar de proyección de poder.
    2. La pieza geográfica: el cabo de Buena Esperanza, que no puede cerrarse al ser mar abierto y que absorbe el tráfico cuando Suez o Bab el-Mandeb fallan. No obstante, cada activación añade dos semanas de travesía y millones de dólares por viaje que acaban en la factura del consumidor.
    3. La pieza industrial: los oleoductos que rodean los estrechos –como el Petroline saudí hacia el mar Rojo (con hasta 7 millones de barriles diarios de capacidad ampliada), el Habshan-Fujairah emiratí que esquiva Ormuz, el Bakú-Tiflis-Ceyhan que evita el Bósforo– son la redundancia planificada del sistema. Pero el sabotaje del Nord Stream, en 2022, mostró que los tubos también se atacan y ninguno puede absorber el volumen completo de los pasos que complementan. La redundancia atenúa la vulnerabilidad; no la elimina.

    Leído así, el mapa de los cuellos de botella (chokepoints) es un mapa de poder. Para los importadores netos de combustibles fósiles, la lección es que diversificar fuentes sin diversificar rutas es hacer la mitad del trabajo: depender de un único corredor equivale a firmar un pagaré geopolítico con vencimiento impreciso.

    Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Culpar a los ricos e ignorar los Incentivos

    Culpar a los ricos e ignorar los Incentivos

    Pareceré loro repitiendo los mismos argumentos, pero… muchísimo cacarean los supuestos “socialistas” y tal, y muy poco salen a relucir verdades que quedan opacadas entre los goles del mundial. En este caso, me refiero al cacareo contra los ricos, cuando casi nadie sabe lo que es un rico; pues los hay que tienen mucho dinero, pero muy poca riqueza, mientras hay muchos pobres que son mucho más ricos que los adinerados.

    La verdadera riqueza está mucho más allá que el dinero; pero, si lo que estamos enfocando es la riqueza económica de un pueblo, entonces pongamos atención a realidades que típicamente se les escapan a la gran mayoría. La única forma de lograr riqueza en dinero y lograr millones de una manera sana es, produciendo y ofreciendo productos o servicios que alguien quiere comprar.

    Cada dólar que gastan los compradores es un voto a favor de un producto o un servicio. Si no te gusta, no lo compras o despides a quien te da el servicio. Pero eso no es lo que ocurre en los sistemas que dicen ser “gobierno” en los cuales estos organismos torcidos meten no las pezuñas sino todo el cuerpo. Y más aún, el mercado es como las carreras de caballo, autos y tal en cuanto a que no ganan los mismos, como cuando el gobierno mete la mano, sino que ganan los que mejor ofrecen resultados.

    A todo ello, estamos viendo un proceso que es voluntario, de libre mercado; lo cual no se da cuando el gobierno dicta precios, descuentos, supuestos subsidios y muchos otros engaños coercitivos; tales como los impuestos cuando estos son exagerados y utilizados para hacer porquerías. La triste realidad es que nuestros supuestos gobiernos han trastocado su misión de ser protector contra los bandoleros y se han convertido en los mayores bandoleros. Y el crimen no está sólo en lo que roban sino en el daño colateral de no desempeñar bien su función básica de atajar a… ¿a quién? ¿Acaso se van a atajar a ellos mismos?

    Creer que los subsidios nacen por el amor al prójimo, al pobre, al pueblo es lo máximo en despiste; pues quienes dan favores esperan colores en donaciones, votos y aplausos cuando pasa la caravana de soberbios ungidos. En todo ello se ignoran los peligros de usar el poder gubernamental para lo que no es. Los gobiernos consiguen sus ingresos no mediante producción y venta de buenos productos. El asunto es ver cuáles son y cuáles no los buenos productos; tal como el Metro y MiBus.

    A todo ello, debo celebrar a personas como George F. Novey, fundador de las empresas Novey en Panamá, quien solía decirnos: “Quien con niño se acuesta, embarrado amanece”. Y tanto George como mi padre Irving, y Richard Novey que luego administraron las empresas de la familia, no se arrimaron a los gobiernos de turno. Pero, les cuento que sí tuve que ir asentarme con un ministro para informarle de su vice que nos quería coimear. El ministro me dijo: “Esto está muy mal” y cambiaron al vice a otro ministerio.

    En fin, cuando un gobierno se entromete directamente en el mercado, tal como lo establece el Título X de nuestra Constitución, el mismo se constituye en un elemento no sólo irruptor sino peor. Y sí, los panameños necesitamos gobierno, pero… ¿es eso lo que tenemos? Triste pero la realidad es que lo que hemos venido sufriendo son asaltantes legales protegidos por la misma ley para llevar a cabo sus actividades delictivas. No proveen seguridad sino todo lo contrario.

  • Bitcoin no necesita que septiembre sea alcista

    Bitcoin no necesita que septiembre sea alcista

    En los últimos días circularon dos noticias que, a primera vista, parecen hablar de cosas completamente distintas. Por un lado, algunos analistas sostienen que el verdadero impulso alcista de Bitcoin podría comenzar en septiembre, apoyándose en patrones históricos, liquidez global y señales macroeconómicas.

    Por otro, una antigua ballena despertó después de siete años de inactividad para mover alrededor de 1.600 BTC, valuados en unos 188 millones de dólares. Inmediatamente aparecieron las especulaciones habituales: ¿va a vender?, ¿se viene una caída?, ¿es el comienzo de una distribución?

    Como siempre, el mercado reaccionó exactamente como suele hacerlo: mirando el precio.

    Pero quizá la pregunta correcta sea otra.

    El error de mirar Bitcoin como si fuera una acción

    La inmensa mayoría de los participantes entra a Bitcoin preguntándose cuánto puede subir.

    Los cypherpunks hicieron exactamente la pregunta inversa:

    ¿Por qué necesitamos una forma de dinero que ningún gobierno pueda controlar?

    Ese fue el origen de Bitcoin.

    No nació para ganarle al S&P 500, ni para convertirse en el activo de moda de Wall Street. Nació para resolver un problema político y monetario: permitir que dos personas intercambien valor sin pedir permiso a ningún tercero. El precio llegó después.

    Las ballenas van y vienen. El protocolo permanece.

    Cada cierto tiempo aparece una billetera inactiva que mueve cientos o miles de bitcoins y los medios lo presentan como un evento extraordinario.

    En realidad, demuestra justamente lo contrario.

    Esos bitcoins permanecieron inmóviles durante siete años. Nadie pudo confiscarlos. Nadie pudo congelarlos. Nadie necesitó autorización para moverlos cuando su propietario decidió hacerlo. Y eso no es una noticia sobre el precio, sino una demostración práctica de soberanía patrimonial.

    En cualquier sistema financiero tradicional, mantener un patrimonio inmóvil durante siete años depende de bancos, custodios, reguladores y jurisdicciones. En Bitcoin depende únicamente de quien posee las claves privadas.

    El mercado seguirá intentando adivinar el próximo movimiento

    Siempre existirán modelos que anuncien un mercado alcista para septiembre, diciembre o el próximo halving. Algunos acertarán y otros tantos no, porque el precio de corto plazo depende de miles de variables imposibles de conocer completamente: liquidez, tasas de interés, derivados, ETFs, geopolítica, regulación y, sobre todo, psicología colectiva.

    Convertir Bitcoin en un ejercicio permanente de predicción termina ocultando lo verdaderamente revolucionario que es.

    Si alguien compra únicamente porque espera un 30% de rentabilidad, probablemente venda cuando aparezca un -20%. Pero quien compra porque entiende el problema que Bitcoin resuelve, suele reaccionar exactamente al revés.

    El verdadero «bull market»

    Desde una mirada cypherpunk, el mercado alcista no comienza cuando el precio rompe un máximo histórico, sino que comienza cada vez que una persona comprende que puede ahorrar en un activo cuya emisión nadie puede alterar; cuando alguien aprende a autocustodiar sus monedas; cuando descubre que no necesita permiso para enviar valor a cualquier parte del mundo. O cuando entiende que las reglas del sistema no cambian porque un ministro firme un decreto o porque un banco central necesite financiar un déficit.

    Ese es el verdadero crecimiento de Bitcoin.

    El precio simplemente termina reflejándolo… tarde o temprano.

    Comprar por convicción, no por calendario

    Si septiembre resulta ser el inicio de un nuevo ciclo alcista, excelente. Si la ballena decide vender todos sus bitcoins, también será parte normal del mercado. Nada de eso modifica la razón por la que Bitcoin existe.

    Los especuladores seguirán preguntándose cuándo comprar.

    Un liberal que quiere proteger el fruto de sus decisiones económicas responde otra pregunta: ¿En qué otro sistema monetario puedo confiar más que en uno cuyas reglas no dependen de ningún gobernante?

    Mientras esa pregunta siga teniendo la misma respuesta, el precio será apenas una consecuencia. No la razón para estar aquí.

  • El socialismo no es la respuesta al capitalismo de compinches

    El socialismo no es la respuesta al capitalismo de compinches

    Supongo que quien se arrima a la ideología socialista, prima hermana del comunismo, está desencantado con aquello que llaman «capitalismo», que no es sino «capitalismo de compinches»; llamémosle «capinchismo». Pero ¿por qué, en vez de mudarse del capinchismo a «el socialismo», no optan por mudarse hacia el verdadero capitalismo, único sistema que ha demostrado capacidad de producir riqueza social, y ello solo con arrimarse a los ideales del verdadero capitalismo, ese que, mal que bien, consagra nuestra Constitución panameña en su Preámbulo? Lo que no tiene buen sentido es irse del capinchismo al socialismo, ideología que diluye la libertad como el agua diluye la sopa.

    En estos días escuchaba una discusión en Fox News en la cual una socialista (demócrata) decía que Trump quería desmantelar la red del asistencialismo estadounidense con su política de «drenar la ciénaga». La contraparte republicana le ripostó algo como: qué fácil es voltear la realidad patas arriba, creer que delegar al gran gobierno la solución de las iniquidades hace sentido, que los programas de redistribución a través de diputados —y el gobierno como garante de última instancia en el financiamiento inmobiliario, la justicia, la salud, la educación y mucho más— fuesen sanos.

    El meollo del asunto es que muchos simplemente ignoran las realidades del socialismo; o peor, su resentimiento es tan irracional que no les importa. ¿Cuál es la esencia del comunismo? Creer que desmantelando los derechos de propiedad se puede acceder a la justicia, a una sana cultura, a la ciencia, a la creatividad, a la repartición de riquezas y acabar con la tiranía. Curioso camino para lograr esas cosas, particularmente cuando para ello se requiere ese instrumento llamado «Estado/gobierno/rey», que viene casado con politicastros y toda la gama de alimañas gubernamentales. Y ojo, que no hablo del auténtico político, tan raro como el hombre de las nieves, dado que el medio está prostituido y resulta difícil ser impoluto dentro del sistema. Las dos veces que llegué a dirigir una entidad gubernamental solo duré un año, y creo que fue porque detuve aquello que no se debe detener.

    Leer la historia de los experimentos comunistas es como leer la antología del mismo Infierno, y ni siquiera me tomo la molestia de citar obras. Es rarísimo escuchar loas a Stalin, Mao, Kim Jong-un, Ho Chi Minh, Pol Pot, Castro, Chávez, Maduro, Ortega y demás, cuyas historias yacen en los cementerios de millones de inocentes asesinados bajo sus tiránicos regímenes. Ya nadie se acuerda de los muertos ni de los sufrimientos que tuvieron que soportar antes de ser arrojados como animales en infernales trincheras.

    Y hoy vemos un organismo que llaman Naciones Unidas, que agrupa mucha más desunión que unión: un organismo que a diario condena a Israel, cuando rarísima vez señala a países de líderes como los ya mencionados. Dejemos que los muertos sepulten a los vivos: ¡extraordinaria incongruencia! Los muertos yacen a nuestros pies y aún somos incapaces de escuchar sus lamentos. ¿Cómo podemos decir que somos morales y hacernos ciegos ante semejantes atrocidades?

    A tal grado hemos torcido la realidad que ya condenamos la libertad y exaltamos su defunción en manos de un socialismo que es la antesala de vuelta al comunismo. A personajes como Bernie Sanders, quien se acercó a la presidencia de los EE. UU., se le ha escuchado decir cosas como: «No creo que sea importante que discutamos acerca de la ideología socialista.» Habría que preguntarles a los aproximadamente cien millones de víctimas que claman desde sus lúgubres entierros si piensan lo mismo.

    ¿Cómo explicar la magia de gobernantes venezolanos que convierten al país más rico de América Latina en el más pobre y, no contentos con ello, lo celebran? Venezuela sufría para el momento en que escribí originalmente este artículo, una inflación de 9.000% (cifra que, para el cierre de 2018, terminaría superando el 130.000% según el Banco Central, y el millón por ciento según el FMI)., pero los pobres que lo padecían no lo entendían. Dudo que lo entendiera Maduro.

    Pongamos atención a personas como Lawrence I. McQuillan, quien nos advierte: «Un gobierno lo suficientemente poderoso para darte todo lo que quieres es lo suficientemente poderoso para quitarte todo lo que tienes.»

    PS: este artículo fue originalmente escrito en 2018. Como apreciará el lector, poco ha cambiado desde entonces.

  • Los países más ricos: no es ideología sino acciones

    Los países más ricos: no es ideología sino acciones

                         Como he señalado más de una vez, la econometría no tiene valor científico. Para empezar, cada cual realiza estas estadísticas y cálculos matemáticos, como el PIB, según sus criterios. De modo que, en el mejor de los casos pueden dibujar una tendencia con fines periodísticos. Hecha la aclaración, lo que muestra la realidad global es que la ideología, los discursos políticos son solo propaganda electoral, lo que cuenta son los hechos. La academia, la actividad intelectual, cuando es ciencia verdadera, puede influenciar a cualquier político o sociedad sea cual fuere su arenga electoral.

                          Gabriel Cohen publicó un interesante artículo titulado “Las mayores economías del mundo en 2026: nominal frente a PPA”. Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) significa comparar cuanto se puede adquirir con la misma cantidad de dinero. O sea, dos personas en países distintos pueden ganar nominalmente la misma cantidad, pero una consigue más bienes dado que allí los precios son más bajos, y entonces sería más rico.

                          El siguiente gráfico compara los países contando, por un lado, el PIB nominal, que mide la producción a las tasas de cambio actuales, y por el otro considerando la PPA, según los precios y el costo de vida locales. Los datos son proyectados para 2026.

    ideología

                      China ocupa el primer puesto como la mayor economía del mundo por PPA, dado que allí los precios son más bajos, mientras que EE.UU. sigue siendo el primero por PIB nominal que es la medida estándar utilizada para comparar economías globales ya que reflejaría la producción a las tasas de cambio actuales.

                               Con Deng Xiaoping, China inició a partir de 1978 el Gaige Kaifang, o Reforma y Apertura, proceso que emprendió para recusar al maoísmo y abrirse al mundo y al sector privado, y creció espectacularmente siendo hoy la segunda economía más grande del mundo por PIB nominal, superando a Alemania en 2007 y a Japón en 2010.

                              «No importa si el gato es blanco o negro, sino que cace ratones», fue la famosa frase de Deng marcando que lo que impacta es la realidad, las acciones que realmente ejecutan los gobiernos, no las ideologías que dicen representar.

                               La explicación filosófica es simple. El Estado, con su monopolio de la violencia -que siempre destruye- impone “leyes”, ergo, cuanto menos intervenga en la sociedad, menos destrucción ocurrirá. Así de simple, así de directo sin que importe el discurso político, el “color del gato”.

                                China superó a EE.UU. en PIB ajustado por PPA en 2014 situándose ya en USD 44,3 billones (proyectado para2026). Esto refleja las diferencias en los precios locales. Un dólar de producción en EE.UU. compra menos que uno en un país como China o India, esta última con el tercer PIB más grande del mundo ajustado por PPA.

                             Las clasificaciones por PPA destacan dónde se pueden producir o comprar bienes y servicios a menor precio, mientras que el PIB nominal sigue siendo la medida preferida para evaluar el tamaño de las estructuras financieras, el comercio internacional y la influencia global.

                           Por otro lado, Dorothy Neufeld escribe otra interesante columna titulada “Los países más ricos del mundo por PIB per cápita”. Es decir, el PIB nominal de cada país dividido por el número de habitantes, o sea, cuál sería la producción por cada ciudadano.

                           El siguiente gráfico compara el PIB per cápita de los países más ricos en el año 2000 contra el 2026 (estimado). Las cifras se muestran en dólares estadounidenses actuales y no se ajustan por inflación.

                               Destaca Irlanda donde los mismos políticos populistas que empobrecieron al país, rectificaron, “pusieron un gato que cace ratones”, bajaron el peso del Estado empezando por recortar impuestos y lograron que el país subiera del puesto 14 al 2º desde el año 2000, con un PIB per cápita que ya supera los USD 140.000, multiplicándose por cinco. La presión fiscal general en allí ronda el 22% del PIB, bien debajo del promedio europeo. EE.UU. esta en el puesto 7 con USD 94.430 y lejos China con USD 14.874.

                                 La siguiente tabla compara los países más ricos del mundo en 2000 y 2026 en términos de PIB nominal per cápita.

                              El auge refleja décadas de inversión extranjera de empresas multinacionales tecnológicas, farmacéuticas y financieras que utilizan Irlanda como base europea. Singapur también registró una de las mayores ganancias, pasando del puesto 20 al quinto. Ambos países ilustran cómo las economías más pequeñas pueden escalar rápidamente en el ranking global de riqueza atrayendo inversiones e industrias de alto valor. Lo que deja en claro además un detalle no menor.

                            Cuando en economía se dice que “los recursos son escasos” en realidad lo que es escaso es el stock actual de bienes y servicios, pero el principal recurso natural es el cerebro humano, su creatividad, que no tiene límite superior, sobreabunda en tanto el Estado no lo impida coactivamente, por ejemplo, con leyes de estatales de copyright que limitan los cerebros que pueden trabajar, sobre algunas ideas, a aquellos que ostentan el monopolio de esa idea garantizado por estas leyes. Por ello, los países más ricos son aquellos en los que el Estado coarta menos la creatividad humana, aun cuando tienen escasos bienes naturales distintos a la creatividad personal, como petróleo o tierras agrícolas.

  • Estado, Estatismo y Cultura

    Estado, Estatismo y Cultura

    “La educación formal, las políticas culturales y el extenso financiamiento de las artes fueron todos dirigidos hacia la construcción de una «cultura oficial «.

    Una contradicción fundamental reside en el corazón de la Constitución de Panamá. Mientras prohíbe formalmente el ejercicio arbitrario y discrecional del poder, su propio lenguaje crea las condiciones que hacen tal comportamiento no solo posible, sino inevitable.

    Los artículos 282 y 284 abren el compás para que los gobiernos del Estado queden facultados en “orientar, dirigir, reglamentar, reemplazar o crear” actividades económicas y de intervenir en cualquier empresa en busca de objetivos vagos como la “justicia social”, la “utilidad pública” y la “función social” de la propiedad. Estas cláusulas elásticas entregan a los sucesivos gobiernos un cheque en blanco de enorme amplitud ideales para cosas nada sanas.

    Así, lo que la Constitución pretende prohibir como abuso de autoridad, lo habilita estructuralmente mediante la misma amplitud y ambigüedad de sus disposiciones. El resultado es una invitación permanente a la aplicación selectiva de las normas, al favoritismo político, al exceso regulatorio y a la corrupción: exactamente las prácticas discrecionales que el texto legal dice querer restringir.

    Nos advierte Rahimi Zonouz que lo típico alrededor del mundo ha sido que “la educación formal, las políticas culturales y el extenso financiamiento de las artes fueron todos dirigidos hacia la construcción de una «cultura oficial«. Esta afirmación captura con precisión uno de los mayores riesgos del estatismo, que es:

    la tendencia del Estado a no limitarse a crear condiciones para el florecimiento cultural, sino a intervenir directamente en su producción, distribución y orientación”. John A. Bennett N.

    En Panamá, esta inclinación se manifiesta a través de la educación pública centralizada (MEDUCA), las políticas culturales estatales y el financiamiento selectivo de expresiones artísticas. Lejos de respetar la espontaneidad y diversidad cultural, el Estado busca moldear una cultura que sirva a sus objetivos de control, perpetuación un poder torcido y protección serviles intereses particulares que han marcado históricamente la gobernanza en el país.

    El tema de fondo o meollo es que existe una relación básica entre lo que es o debe ser el “Estado”; es decir, el pueblo soberano que en su dispersión sociocultural busca vivir en sano albedrío sin ataduras de desviados intereses políticos. A ello se lo conoce como el “Estado-nación”.

    Curiosamente no todos los países son Estados-nación; tal como Russia, India y otros más. Muchos de estos son multiculturales con clara identidad regional, tal como nuestros pueblos originarios. La tendencia general es ver a Panamá como un Estado-nación; sin embargo, me parece que como ocurre con tantas cosas, el asunto no es blanco y negro, sino mestizo.

    Pero, lo que debería llamarnos a la meditación es que a pesar de que Panamá tiene considerables libertades civiles y apertura económica, al menos y según el ranking de libertad, está infectada de un considerable grado de corrupción y clientelismo partitocrático que; al agregar las particulares realidades indígenas, que tienen sus propios entendimientos de los derechos de propiedad, son difíciles de acoplar con los preceptos constitucionales vigentes.

    Nuestra realidad estatal precede y dio forma a gran parte de la conciencia moderna nacional; más relacionado con el Canal que con una homogeneidad étnica; lo cual debería llamarnos al estudio de cómo la libertad personal, económica y cultural, interactúa con el poder de los gobiernos del Estado y el mismo Estado. El Artículo 127 de la Constitución nos da un buen pantallazo de una realidad que escapa a muchos panameños.

    En resumen, el enfoque de este escrito está dirigido a crear conciencia del enorme reto que tenemos los panameños no sólo relativo a la diversidad cultural que dificulta la creación o existencia de una cohesión social; sino también estatismo malsano que padecemos y que está evidente en nuestra supuesta Constitución; esa que lo que más constituye o facilita es el desgobierno.

  • Orígenes de la Economía

    Orígenes de la Economía

    La economía, ante todo, es ‘acción humana’; es decir, aquello que hacemos los humanos con lo poco que tenemos para poner la paila; dicho esto en la expresión común criolla del panameño. Enfocado así, la economía no es una ciencia abstracta que separa o que su definición se aleje de su realidad básica y natural; y, en ello y como bien nos lo señala Marcos Giantanse en su artículo en el Mises, la economía no fue descubierta en una corte o junta de gobiernos, sino que sus orígenes, conocimiento y entendimiento se fue haciendo evidente entre quienes economizaban, lo cual significa reducir los gastos, evitar desperdicios y ahorrar para el futuro imprevisto. Visto así, la economía no es algo que se controla desde palacio, sino que la función de palacio es la de facilitar la actividad del mercado dentro de la cual funciona lo económico en frugalidad y ahorro.

    Y, hablando de “frugal o frugalidad”, vale la pena ver y entender que esta palabra deriva del latín fuges o de los “frutos del campo o la cosecha”; lo cual está íntimamente ligado a la economía o a economizar; dado que para tantos la cosecha no siempre es abundante y obliga a ser frugales, al ahorro y al aprovechamiento. Y vale la pena darse cuenta que fueron ciertos humanos que a través de la meditación en noches estrelladas quienes fueron descubriendo estas realidades que hoy pareciera estamos olvidando o despreciando; tal vez, más que nada, por quienes pretenden gobernar a su antojo y no en función de los mejores intereses de los gobernados.

    El comercio o mercado, no es mero intercambio; ya que para que el intercambio beneficia a parte y parte debe haber cálculos, previsiones, confianza, y buenas costumbres, dada la tendencia perniciosa de gobiernos y gobernantes como los que hemos tenido en Panamá, de querer dictar precios y tal, no en función del mercado sino de los votos que los mantiene en el poder.

    Por otro lado, las variantes que afectan los intercambios son tantas y complejas que la pretensión de controlarlas desde palacio es arrogante y dañina. El precio al que puede alguien vender una pipa cuando la vende al borde del camino en Bejuco no es el mismo que quien intenta venderla en el Sarigua, Visto así, el control de precios es una imbecilidad y corrupción. Y no sólo entra en juego el costo de producir y poner en venta, sino la capacidad variable de quienes comercian. Hay quienes trepan palmas como monos y otros que deben pagar a otros para que las trepen. En tales casos, ¿acaso el que no sabe o puede trepar palmas de coco no debe vender pipas y cocos?

    En fin, y como bien lo decía Santo Tomás de Aquino: Lo que puede gobernarse a sí mismo no parece necesitar de otro que lo gobierne. La criatura racional puede gobernarse a sí misma, pues tiene dominio sobre sus actos, y obra por sí misma, y no sólo es movida por otro, que parece ser lo propio de las cosas gobernadas. Por lo tanto, no todas las cosas están sometidas al gobierno divino.

    A lo anterior añado que no sólo al “gobierno divino” sino al gobierno humano que tenemos en Panamá y que todos bien deberíamos saber que gran parte de su actuar no está orientado a servir sino a servirse.

    En fin, los controles de precios, tales como los que tenemos en Panamá no están para facilitar el mercado sino en función del interés bastardo de bribones que, tristemente, solemos elegir para que nos desgobiernen.