Categoría: Opinión

  • Monopolio y gobiernos

    Monopolio y gobiernos

    Mucho se cacarea sobre los monopolios empresariales; lo perverso que son y el daño que producen; que si aumentando los precios y tal, pero… poco nos ocupamos de ver como y de dónde nacen esos monos con polio. La realidad es que semejantes acaparamientos socaban el buen funcionamiento del mercado y la economía; pero, ¿acaso los gobiernos no están para evitar eso? Me da risa y tristeza la pregunta ya que nuestros gobiernos son monopolios corruptores que paren otros monopolios corruptores. Cuando existe un mercado verdaderamente libre, el mismo produce sus balances y contrapesos; el problema surge cuando es el gobierno el que engendra el monopolio.

    Muchos hablan mal del capitalismo y de la libertad de mercado; y pregunto: ¿Crees que en Panamá hay libre empresa, capitalismo y tal? Nuestra Constitución en sus Artículos 282 y 284 establece que el gobierno puede hacer lo que quiera con la economía. Eso no es capitalismo, sino un sistema diseñado para la rapiña. Otros opinan que el comunismo no es malo; que el problema es que nunca lo han aplicado bien. ¡Genial!, pues, como señalé, tampoco el capitalismo lo aplican bien en ninguna parte; lo cual nos debería llevar a buscar la patología por otro lado.

    Cuando los gobiernos no se meten a controlar los mercados sino evitar las trampas, otro gallo canta:

    • Se promueve mayor participación de compradores y vendedores en el mercado;
      • Como bien lo señala María Fábrega en su columna en La Estrella de Panamá el 23/04/26.
    • El intercambio se da con bienes de valor homogéneo y real.
    • El gobierno promueve información fidedigna.
    • Se elimina la burrocracia y normas locas diseñadas para la rapiña.

    Tristísimo es no ver que nuestros gobiernos en realidad son desgobiernos. Que desde la misma Constitución se crean las artimañas diseñadas para el pillaje. No hay día que en los medios noticiosos no veamos reportajes de ello; y, tristísimamente, nos hemos acostumbrado a que eso es “normal”. Culpar al libre mercado es absurdo, ya que el “mercado” somos todos; a diferencia de los gobiernos, que son cuerpos colegiados contratados por el mercado.

    Lo señalado nos lleva a la pregunta: ¿Quién monta una nueva empresa, un nuevo negocio en un ambiente tan corrupto? Que si “los” empresarios pagan las coimas; sí, muchos, porque si no se van a la quiebra. En un medio tan torcido el sector formal vive a la defensiva; pues no sólo tiene que ser competitivos sino tienen que capear a los ladrones de palacio. ¿Y por qué creen que nuestro sector informal va en aumento? Y, a todo ello, el otro sector que más sufre es el formal de pequeña y mediana empresa, a quien se le hace casi imposible lidiar con los costos de la burrocracia y la coimeadera.

    La mejor manera de certificar un producto se logra mediante la aprobación del consumidor y no de los gobiernos corruptos y corruptores. Una sociedad fracasa cuando permite que sus empleados gobernantes controlen precios, calidad, descuentos; particularmente cuando estos mismos “servidores públicos” montan monopolios; en educación, transporte, agua, basura, etc.,

    Y viene la pregunta: ¿Acaso un monopolio es un mono con polio? Nop; se le llama “monopolio” a las instituciones, gubernamentales o privadas, engendradas por el rey… o, el gobierno. Los monopolios coartan la libertad y afectan el buen desarrollo del mercado que, de otra manera podrían reducir la ignorancia y la pobreza.

    ¿De verdad crees que los gobiernos deben estar metidos en el mercado? ¿Saben algo?; la mayoría de los funcionarios públicos, particularmente los que tienen autos con chofer, como empresarios se morirían de hambre. Su negocio… ¡es el gobierno!

  • La Escuela del Mañana: Humanos + IA

    La Escuela del Mañana: Humanos + IA

    Me hago eco de los comentarios de Elon Musk respecto a lo que él llama una “suposición rota”. Nada más en su primer comentario, cuando señala lo absurdo de creer:

    Que todos los estudiantes aprendan lo mismo; al mismo ritmo; en el mismo orden; al mismo tiempo…”

    es otra reiteración de ese dicho que se pasea por todas partes pero que todos ignoran:

    la demencia está en hacer la misma cosa esperando diferentes resultados.”

    Tristemente esto hacemos, entre muchas otras actividades del gobierno, con el MEDUCA; en otras palabras, ‘vivimos en el engaño’. Creer en un sistema educativo que funciona como una fábrica de autos es “ñame”. Ello fue diseñado por los centralistas estatales como medio para controlar las masas y no para educarlas. Esto se dio durante la economía de líneas de ensamble; una realidad caduca. La educación o aprendizaje, funciona mediante la “lógica”; palabra que origina del griego “logos” o palabra, razonamiento y tal. Nuestro MEDUCA no pasa de ser un conglomerado de centros de adoctrinamiento.

    Nuevamente Musk señala, y lo digo en paráfrasis:

    El que un estudiante que domina el álgebra en dos semanas luego debe sentarse por 8 semanas adicionales porque así lo dispone el NODUCA es absurdo. Mientras que aquel que no logra entender el álgebra, el NODUCA lo deja tirado en la cuneta del retraso.

    Esto es inhumano, o tal vez “meduquiano”; y me consta, pues yo, que en primer grado del Javier la maestra le dijo a mi madre que era aventajado, ya en el cuarto fracasé y tuve que repetir el año. Así fue hasta que mis padres me mandaron al tercer año de secundaria a una escuela en USA, en la cual al par de meses quedé en el cuadro de honor. ¿Cómo rayos fue posible?, veamos…

    Nuevamente Musk advierte que el asunto está en dejar que cada quien ande al ritmo de su capacidad o interés. Y en esa palabrita de “interés” o, diría yo, emoción, está la magia. Mi verdadera escuela comenzó cuando salí de la escuela al mundo real y entré en actividades emocionantes; tal como andar entre nubes esquivando tormentas y conociendo a mi hermosa Panamá.

    Hoy, que tenemos la increíble herramienta de la IA a mano, seguimos atados al MEDUCA caduco. El profesor IA no predica a un rebaño de estudiantes, sino le sirve a cada estudiante por separado, siguiendo su interés y su ritmo. No lo califica con fracasos en el boletín, como me ocurría a mí, haciéndome creer que yo era retrasado mental. La IA percibe al instante por dónde andas flojo y te ayuda en eso; y no espera al final del semestre cuando ya el daño está hecho.

    Y nuevamente Musk resalta algo fundamental y esencial:

    la IA no tiene que obligar al niño a jugar video juegos.

    Entonces, el secreto está en captar el interés del estudiante, joven o viejo como yo, que aun soy estudiante. Por ejemplo, hoy, ya entrado en mis ochenta y tantos, escribo este artículo porque me emociona. Mi recompensa está en la emoción y las ganas de cambiar la caduca mentalidad “meduquiana”.

    Musk advierte que ya las universidades no son tan necesarias. Los estudiantes podrían aprender en un par de años y seguir aprendiendo en la escuela de la vida. La licenciatura no garantiza nada… ¿Cuándo fue que examinaste el diploma de tu médico?

    A fin de cuentas, la gran pregunta que debemos hacernos es: ¿hasta cuándo vamos a seguir engañando y estafando a toda nuestra juventud, y condenándolos a una vida de ignorancia y desespero?

  • Origen y Naturaleza del Estado y Sus Gobiernos

    Origen y Naturaleza del Estado y Sus Gobiernos

    El Estado, con mayúscula, se refiere a la comunidad organizada políticamente para constituir su seguridad, tanto interna como externa. “Estado» no es sinónimo de gobierno sino el pueblo que en su unión crea la entidad gubernamental con presidente, parlamento y un organismo que administre lo constituido. Desafortunadamente poca importancia se le ha dado al conocimiento y origen del Estado y de sus gobiernos, ya sea en los centros educativos o en medios informáticos y me pregunto si ello no sería a propósito de mantener el control del pueblo por medio de la ignorancia; ya que si no conoces que es estado y gobierno poco te darás cuenta de los abusos y manipulaciones viciosas.

    El Estado nace cuando una comunidad de personas se organiza para crear los medios que le den una seguridad que les permita dedicarse a sus actividades económicas; es decir, el trabajo para sobrevivir en un mercado productivo. El estado y sus gobiernos están para evitar la anarquía. La triste realidad es que mientras la mayoría de las personas escogen vivir por medio de su creatividad y el trabajo, otros escogen hacerlo robando al productivo. Y mucho más triste cuando los gobiernos del Estado son secuestrados por los ladrones.

    Aristóteles veía al Estado o la polis (la ciudad Estado) en la naturaleza del humano como ser social y político. Pero en ello Aristóteles destacaba que el Estado emergía a partir de la base de la sociedad, que es la familia, la villa, el pueblo y la ciudad; todo con miras a permitir el sustento y mejoramiento de la población, siempre orientado hacia lo virtuoso y el desarrollo o florecimiento. El problema surge cuando invertimos este orden y los gobiernos dictan a la población como deben actuar; ya que en tal situación el pueblo es el ganado y los gobernantes los vaqueros hacendados.

    Algunos pensadores Albert Jay Nock, advertían sobre el poder excedido y escribió libros con títulos como “La Criminalidad y el Estado” y “Nuestro Enemigo, el Estado”. Para Nock el Estado era la encarnación de los medios políticos, que en la historia no surgió por la vía de la cooperación sino de la conquista y la barbarie; y, cambiar de una gobernanza dictatorial y abusiva a una limitada y subsidiaria ha sido tan difícil que aún no es lo típico.

    El problema ocurre cuando el organismo estatal interrumpe o altera la organización y cooperación voluntaria y va metiendo normas compulsorias como los impuestos exagerados, los controles de precio y tantas otras leyes metiches. Y mucho peor cuando los gobiernos invaden actividades propias de la población, como la educación, agua, transporte, etc.; ya que ello viola groseramente el principio de subsidiaridad y favorece la rapiña.

    El enredo comienza cuando le damos al Estado y a sus gobiernos la fuerza de la coerción; la cual bien usada, de manera limitada y en contra del criminal, es bueno; pero por el mismo camino se presta para el surgimiento de los gobiernos de rapiña. Todo ello lo vemos con el surgimiento de la burrocracia, los compinches, y grupos de intereses, El interés típico del político panameño es egoísta y si no lo vemos en el desgobierno a nuestro alrededor, que el Señor nos ampare.

    En fin, darles poder a una clase gobernante viciosa es abrir las puertas a la corrupción y, desafortunadamente una población que no entiendes estas cosas fácilmente usará el mayor poder que tiene, el voto, no para limitar el poder desbocado sino para facilitarlo bajo la equivocada idea de que el gobernante ladrón derramará algunas migajas de sus mesas de banquete.

  • Educado

    Educado

    ¿Alguna vez alguien te preguntó por el significado de “educado”? No es una pregunta común y mucho menos común es recibir una respuesta educada. Diccionarios como el de la Real Academia Española lo devienen así: “Que tiene buena educación o urbanidad”; lo cual, apenas es una pista somera e incipiente del significado y alcance de este trascendental vocablo. Sobre “educación”, lo único que dice la RAE es: “Acción y efecto de educar☹”

    La palabra “educado” en su origen significa

    criar, alimentar o nutrir”

    y “educar” origina en

    sacar fuera, extraer o conducir hacia afuera”;

    por lo cual yo diría que se trata de sacar de nuestro interior el potencial que tenemos; que requiere instrucción y guía de lo latente en nuestro interior. Es crianza, formación, transmisión de conocimientos, con miras a desarrollar potencialidades que corresponden primordialmente al núcleo de la familia y que no corresponde delegar a los gobiernos del Estado.

    A través del tiempo el vocablo “educar” lo hemos ido asociando a la escuela y, en especial a la “superior”, que no me parece que ello es verdadera garantía para llegar a ser educado; particularmente cuando veo a tantos licenciados maleducados. Lo que señalo nos deja con el reto de entender cómo hemos de educar a nuestros hijos. Pero, si ni siquiera entendemos significado del término, el asunto anda mal.

    La gran y trágica desviación en el proceso educativo de nuestros hijos nació cuando los glotones del poder gubernamental lograron convencer a las masas que los gobiernos eran el mejor instrumento para educar; ese que hoy llamamos, erradamente, MEDUCA. El problema es que gobernar y educar no “conjugan”; término que significa…

    unir o juntar bajo el mismo yugo”.

    Al yugo de los gobiernos estatales desbocados cuyo interés no es, necesariamente, educar a la población; ya que una población educada no votaría por gobernantes podridos, tal como ha ocurrido en nuestra hermosa Panamá desde la llegada de Cristobal.

    Fue un error garrafal haber centralizado los centros educativos bajo la egida de las corruptas mafias políticas; las cuales, para facilitar la inmensa tarea procuraron estandarizar los currículos que ensañar a todos como si todos fuesen igualitos. ¡Craso error!” u “horror”; ya que los aventajados se aburrían y los desaventajados languidecían en la oscuridad, lo cual me consta ya que yo ocupé los últimos puestos durante mi primaria y parte de la secundaria. Ello era y sigue siendo el embuste del igualitarismo, como si los humanos fuésemos igualitos todos. La igualdad sólo se logra en la pobreza, tanto económica, cultural y educativa; lo cual le encanta a los zorros del gallinero.

    La otra palabra interesante es “inteligente”, que se refiere a quien ve y entiende las cosas como en realidad son y no como las pintan en las escuelas NODUCA. Tal es el lastimoso caso cuando llamamos “verano” al invierno, e “invierno” al verano; y también nos enseñaron que en Panamá no hay ni otoño ni primavera; lo cual es una barbaridad. Ahorita en Panamá, el 20 de abril, si te paras a las 12 mediodía al sol y miras a tus pies, verás que no tienes sobra debajo de ti; ya que el sol estará en su cénit a los 9° de latitud norte en que está Panamá. Los términos verano, otoño, invierno y primavera son términos astronómicos y no de si llueve o no llueve.

    Y… ¿cómo no ver la primavera, en estos días?: en el canto de la choroteca, la cas-cas, capisucia, primavera o ‘mirlo’. Esta ave que anuncia a todo trino sus amores. ¿Y cómo no ver el reverdecer, las flores, cocuyos, abejas y la algarabía de la época de cría… los huevos de iguana? Educado es conocer el mundo.

  • ¿Quiénes son las Élites?

    ¿Quiénes son las Élites?

    La élite o élites se refiere a esa minoría selecta, que supone ser superior o rectora gobernante; y la definición de la IA la he alterado yo debido que la IA no dice que “supone ser superior” sino sólo superior; lo cual me deja pensando… ¿superior en qué? En el pensamiento romano político y clásico el vocablo “superior” existen dos vertientes, la de “autoridad” y la de “potestad”:

    • “Autoridad” viene de autor, o quien conoce y escribe la obra y aportando valor y crecimiento, actuar que le da prestigio y legitimidad.
    • “Potestad” es la capacidad legal respaldada por la fuerza para mandar; sea o no “autoridad” que tenga los méritos, o la razón.

    En el escenario panameño vemos exceso de una potestad adaptada al pillaje, pero poca o ninguna para hacer crecer al país y sacar a los pobres del pantano de la pobreza. Y, el uso típico que le hemos dado al término “élite”, rabiblanco y tal, es para referirse a la oligarquía del Club Unión; sin importar de que esa oligarquía ya poco suena o truena. La realidad y el problema es que la élite y la oligarquía de antaño ha mutado dando cabida a una élite con rabos multicolor. Y, tristemente, en ello, se ha formando una mafia que busca justificación legal con poca moral.

    Hoy estamos frente a lo que se conoce como una “movilidad social oportunista” que se vale del mimetismo para sus fechorías. Ahora, desde el poder político y económico, no aportan nuevos valores, sino que, habiéndose copiado los vicios y estética de la vieja guardia, buscan validar su corrupto actuar disfrazándose de pobres; aunque ya muchos son más ricos que los ricos del ayer.

    Antaño, el poder de los rabiblancos se basaba, más que nada, en la propiedad de la tierra, ya que verdaderos comerciantes no eran; su negocio, empresa o emprendimiento estaba en el Palacio de las Garzas y tal. Era allí desde dónde fluía y sigue fluyendo el chen-chen que le sustraen al sector realmente productivo; ya que nuestros gobiernos monopólicos nada tienen de productivos; y más bien son destructivos.

    La nueva rabiblancura busca legitimidad aprendida en el corrupto ayer; haciéndose pasar por lo que no son… gobernantes. A diferencia, extranjeros que llegaron a Panamá pobres, crearon empresas que dieron miles de plazas de trabajo y desarrollo. Mi abuelo Novey solía decir, “quien con niños se acuesta, cagado amanece”, pues él rehusaba hacer negocios con el “gobierno”. Tristemente, yo no le hice caso y la empresa que fundé, luego de que me despidieran como director de aeronáutica, porque no era ladrón, fracasó porque a pesar de que ganábamos contratos y nuestro producto era de primera, no accedimos a pagar las coimas. ¿Cómo pagarlas si no las habíamos incluido en el presupuesto?

    Tristemente, tanto los rabiblancos de antaño como la nueva mezcolanza de rabos multicolor carecen de ética, caminando en malandar. Hoy, como ayer, el pueblo vota por los más corruptos pensando que estos les derramarán despojos desde las mesas de sus banquetes; lo cual aflora en aquello de “robó, pero le dio al pueblo”. En fin, los que hoy llamamos “élites”, en buena medida son mutantes que se graduaron en las universidades del desenfreno.

    Ahora, el gobierno y la gobernanza secuestrada se disfrazan de emprendedores, en actividades que no es “gobierno ni gobernanza”. Son las élites del engaño y la rapiña. Y mientras el pueblo languidece en los arables periurbanos de pobreza, los empresarios extranjeros tienen el campo libre para emprender; y… menos mal, ya que alguien debe producir para lograr prosperidad.

  • El Alma del Predador Gobernante

    El Alma del Predador Gobernante

    El vocablo “predador” describe a quienes saquean o actúan con rapiña; ya sea para sustento o para ascender en la escalera social y económica de manera ladina. Murray Rothbard en su obra Hombre, Economía, y Estado (1962) desarrolló una teoría económica de libertad, tal como lo hace nuestra Constitución, que luego contradictoriamente, en el mismo párrafo se contradice, abriendo camino para la discrecionalidad de las autoridades, lo cual contraría la misma Constitución. Y para quienes lo dudan, vean el artículo del abogado Carlos Barsallo intitulado “El Nuevo Excepcionalísimo Panameño «.

    Barsallo pregunta: “¿cómo puede un país alcanzar niveles de ingreso alto mientras mantiene percepciones persistentes de corrupción?”. Pero, yo añadiría que son más que percepciones; lo cual toma cuerpo cuando Barsallo cita a James Loxton en el Journal of Democray un artículo intitulado “The Puzzle of Panamanian Excepcionalism” (el rompecabezas del excepcionalísimo panameño). Es decir, que Panamá es berraca ya que a pesar de su corrupción gubernamental endémica, que ha afectado el desarrollo socioeconómico de gran parte de la población, flota por encima de las consecuencias de corruptela; tanto en el ámbito social como en el gubernamental.

    El excepcionalísimo de Panamá, como yo lo veo y coincido con Barsallo, nos llega debido a que nos hemos convertido en un refugio financiero de dólares, pero no porque tengamos una población productiva. Pero el asunto va bastante más allá y tiene raíces históricas y socioeconómicas, entre otras. En cortito, la triste realidad de los panameños es que no somos muy dados al emprendimiento; lo cual tiene raíces coloniales que persisten desde Cristobal Colón, Pedrarias y tal.

    Uno de los comentarios de Barsallo que más me llamó la atención, cuando dice:

    “…somos muy grandes porque engordamos, no porque crecimos… pesamos más por grasa y no por músculo”.

    Pero profundizando más en el asunto debemos ver y entender que difícilmente existe mejor herramienta para oprimir y controlar a una sociedad que un gobierno prostituido; que, por un lado, mantiene a los rabiprietos aplastados, y se alía con algunos empresaurios para cometer sus fechorías.

    Que en Panamá tenemos menos impuestos. ¡Que lindo!; ¿y acaso el Canal y todas las empresas gubernamentales metidas en actividades propias del mercado no son una forma de impuesto? Impuesto que no sólo sirve para el pillaje, sino que destruye la cultura de emprendimiento, lo cual aflora, como suelo señalar, en el “no a la privatización” que debemos traducir a “sí al pillaje gubernamental”. Y más aún, que las empresas estatales, a diferencia de las privadas, si dan mal servicio, no pagan las consecuencias. Es un intervencionismo coercitivo que si lo ven, lo pasan de alto. El caso del MEDUCA o NODUCA como le llamo yo, es buen ejemplo; pues no educa y tampoco deja educar.

    Curioso que ya en los EE.UU. el gobierno de Trump cerró el ministerio o como le llamen, de educación federal; y mutó en un programa que impulsa el derecho de la familia a escoger dónde educan a sus hijos. Y, en ello, están surgiendo las escuelas chárteres, que son estatales pero administradas privadamente. Pero también está aumentando rápidamente los programas que dan a la familia los fondos para que estas elijan dónde educar a sus vástagos. Ahora cada estado maneja por cuenta propia el tema educación.

    Y, otro aspecto que pocos ven es que cuando los gobiernos del estado se meten a ser empresaurios, destruyen algo vitalísimo… ‘el cálculo económico’; sin lo cual una empresa privada no puede subsistir. La privada que no entrega cantidad y calidad no subsiste; pero las empresas gubernamentales, tal como NODUCA, siguen campantes y rampantes fabricando pobreza; violando el precepto constitucional vertido en el artículo 49 que garantiza resarcimiento por daños ocasionados. ¡Inmensa burla!

  • ¿Los Panameños logramos la Independencia en 1903?

    ¿Los Panameños logramos la Independencia en 1903?

    ¿Será cierto que Panamá, desde Pedraria, luego con la Gran Colombia, la Fiebre de Oro a través del Istmo y el período que desembocó la Guerra de los Mil días, logró una verdadera independencia en 1903? ¿De qué o de quienes nos independizamos? O… ¿no sería que hemos ido saltando de una a otra dependencia; antes exógenas y hoy endógenas? ¿Y, qué es una verdadera independencia? Analicemos el asunto lo más desapasionadamente posible.

    Existe verdadera independencia cuando los ciudadanos pueden ejercer libremente sus actividades económicas sin trabas ni tutelaje permanente de los gobiernos del Estado, es decir, de las autoridades gubernamentales que reciben el poder solo por delegación popular. Y, esto no lo invento yo; lo establece nuestra Constitución en su Artículo 282, al menos en su inicio, al declarar que el ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares. Lastimosamente, luego del punto y coma, nuestra Constitución comete el disparate contradecir por completo lo dicho en la primera parte del Artículo al dictaminar que el Estado podrá:

    orientarla, dirigirla, reglamentarla, reemplazarla o crearla» según considere necesario.”

    De esta manera, lo que comienza como una declaración de libertad económica se transforma, en la práctica, en una amplia habilitación para la intervención estatal.

    Pero, la pregunta que aflora de semejante dislate o desvarío es inevitable: ¿Acaso se trató de un simple error o fue el reflejo de una tendencia socialista deliberada por parte del o los constitucionalistas que la redactaron? Muchos creen que el sesgo socialista fue de la Dictadura Militar pero no lo creo; ya la Constitución del 47 tomaba esa inclinación. Nuestros “militares” no eran socialistas sino fascistas; muchos que terminaron ricachones.

    De lo anterior se deduce que nuestra realidad se ha caracterizado por una gobernanza grotesca, que ha mantenido sumidos en la pobreza: a gran parte de los rabiprietos; a buena parte de la clase media; y a no pocos rabiblancos. El arte del pillaje está en la intervención en gobiernos del Estado metidos hasta las coronillas en todo aquello que debería ser exclusivo de los actores del mercado. Nuestros “gobiernos” montaron monopolios en actividades mercantiles como educación, el transporte, la energía, la recolección de basura el agua potable y más.

    Y, aunque muchos panameños no pagan impuestos directos, ¡vaya si no los pagan indirectos! Gran parte de los fondos que genera toda esa actividad mercantil monopolizada, en lugar de usarse para promover un verdadero mercado libre gestionado por la comunidad, terminan financiando la rapiña de los piratas que supuestamente nos han gobernado.

    Existe una verdadera independencia cuando los ciudadanos pueden ejercer libremente sus derechos humanos en actividades económicas y demás, sin trabas excesivas. Los gobiernos, la gobernanza, debe respetar el principio de subsidiaridad; de no regalar pescado sino de enseñar o permitir la buena pesca. Así lo parece reconocer en su primera parte, el Artículo 282 de nuestra Constitución, al establecer que:

    El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares;”

    Hasta ahí, el texto respeta a la población. Sin embargo, después del punto y coma, el mismo artículo da un giro que diluye esa primacía:

    El Estado podrá «orientarla, dirigirla, reglamentarla, reemplazarla o crearla» según considere necesario.”

    De esta manera, lo que comienza como una declaración de libertad económica se transforma en norma que consagra la discrecionalidad interventora y empobrecedora. En este artículo queda patente la naturaleza de élites cuyos intereses personales superan por mucho los del pueblo; ese que permanece maniatado a través de estrategias de pillaje.

    ¿De verás sigues creyendo que en 1903 nos independizamos? Tal vez de Colombia, pero… llamar independencia a lo que tenemos es autoengaño.

  • Destruir la economía y salvarla: la paradoja de la confianza en tiempos de incertidumbre

    Destruir la economía y salvarla: la paradoja de la confianza en tiempos de incertidumbre


    En su artículo “Destruir la economía y salvarla”, Guy Sorman propone una lectura provocadora del momento económico global, marcada por tensiones geopolíticas, políticas proteccionistas y una creciente incertidumbre. Lejos de limitarse a una crítica coyuntural, el autor plantea una tesis más profunda: la economía no se sostiene únicamente en indicadores o políticas, sino en un elemento intangible pero decisivo, la confianza.

    Sorman sitúa el origen del deterioro económico reciente en decisiones políticas que alteran el funcionamiento del sistema global, como la imposición de aranceles variables o la instrumentalización de conflictos internacionales. Estas acciones, lejos de ser simples medidas económicas, erosionan la previsibilidad del sistema. Y es precisamente esa previsibilidad (la capacidad de anticipar reglas estables) lo que permite a los agentes económicos tomar decisiones de inversión, producción y consumo.

    El autor recuerda que el capitalismo nació sobre redes de confianza, inicialmente familiares, en las que la palabra y la reputación eran suficientes para sostener acuerdos comerciales. Aunque el sistema se ha sofisticado con instituciones, contratos y mercados financieros, su fundamento sigue siendo el mismo: la creencia compartida en que las reglas no cambiarán arbitrariamente.

    Desde esta perspectiva, el problema central no es tanto la guerra, los aranceles o las crisis energéticas en sí, sino el efecto acumulativo de estas decisiones sobre la credibilidad del sistema. Cuando los actores económicos perciben que las políticas responden más a impulsos políticos que a principios estables, la confianza se resquebraja. Y con ella, el motor mismo del crecimiento.

    Uno de los puntos más interesantes del texto es la advertencia sobre el papel del dólar y de Estados Unidos como ancla del sistema global. Sorman sugiere que el verdadero riesgo no reside en medidas concretas, sino en la pérdida de fe en esa referencia central. Si el dólar deja de percibirse como un valor seguro, las consecuencias pueden ser profundas y duraderas, alterando el equilibrio financiero internacional.

    Sin embargo, el autor no cae en un pesimismo absoluto. La “salvación” de la economía, según su planteamiento, pasa precisamente por restaurar esa confianza perdida. Esto implica volver a principios básicos: estabilidad normativa, coherencia en las políticas y respeto por las reglas del juego económico. En cierto modo, Sorman reivindica una visión clásica del liberalismo económico, donde la intervención política debe ser limitada y predecible.

    El artículo citado también puede leerse como una crítica indirecta a la creciente politización de la economía global. En un mundo interdependiente, las decisiones unilaterales tienen efectos sistémicos, y la tentación de utilizar la economía como herramienta de poder geopolítico puede resultar contraproducente. La economía, parece decir Sorman, no es un arma sin consecuencias: es un ecosistema delicado basado en expectativas compartidas.

    “Destruir la economía y salvarla” no es solo un diagnóstico de la coyuntura actual, sino una reflexión sobre la naturaleza misma del sistema económico. Su mensaje es claro: se puede destruir la economía rápidamente, erosionando la confianza, pero reconstruirla exige tiempo, coherencia y credibilidad. En un contexto de tensiones globales, esta advertencia resulta más pertinente que nunca.

  • No Hay que Temer a los Robots sino al Desgobierno

    No Hay que Temer a los Robots sino al Desgobierno

    El experto en mercados de capitales, Attila Rebak, acaba de publicar un artículo que anda por el mismo trillo que he tomado yo en torno a la llegada de IA los robots y tal. Y es que las veces que en alguna reunión familiar o de amistades cometo el error de abordar temas algo más robustos, en el sentido etimológico del vocablo “robusto” o “roble”; es decir, aquello que tiene más fibra, y abordo el tema de la Ai, los robots y tal, no falta quien o quienes entran en pánico, alegando que nos dejarán si trabajo. Lo curioso es que la etimología de “trabajo” viene de tripalium que era un aparejo de tortura compuesto por tres palos o tri-palium¸ relativo al sufrimiento o la carga, lo cual me lleva a preguntar: ¿por qué será que tantos defendemos la tortura?

    Bueno, veamos que de trabajos hay los que son tortura y otros, tal como el que yo tuve de piloto, no era sino el placer de andar como gallote paseando entre nubes. El asunto es que deberíamos celebrar la tecnología que no sólo haga los trabajos tortuosos, sino que ayude a reducir los costos de producción y otros más. En 1,900 en EE.UU. el 40% de la fuerza laboral estaba en el agro y mucho más en otros países, mientras que hoy en EE.UU. sólo entre 1.4 – 1.6%; con lo cual se abrió el camino para que nos dedicásemos a faenas más productivas que impulsaron el desarrollo humano.

    Lo importante en todo este tema de evolución tecnológica, sea relativo al trabajo, la mecánica, ciencia y tal, típicamente se nos escapa a casi todos. Me refiero al camino de la humanidad, el cual, quiera que no, tiene un destino. Podemos argüir o discutir ferozmente sobre el destino, pero… les aseguro que la respuesta la podemos ver cualquier noche, alejados de las luces de las ciudades, si miramos al firmamento. Nuestro destino lo podemos encontrar en el firmamento de nuestra imaginación.

    Lo ocurrido en el pasado no fue que los trabajos desaparecieron, sino que mutaron o emigraron hacia actividades más productivas que no sólo servían al trabajador sino al resto de la comunidad. Y es en este sentido que debemos ver el desarrollo de la IA, los robots y tal; lo cual, admito, no es fácil, ya que el reto está en divisar un mañana que nos deslumbra, tal como deslumbra mirar las estrellas en la noche e imaginar que para allá vamos.

    ¿Cuántos hoy entienden que el secreto de una economía robusta de desarrollo humano descansa sobre las capacidades productivas de cada persona? Como bien señala Attila Rebak, los que antes sacaban yuca y ñame del suelo hoy son médicos, enfermeras, pilotos y tal; y mañana serán… ¡vaya usted a saber! Y todo ello me regresa al desgobierno MEDUCA que se quedó varado en un pasado caduco en infértil.

    Pero lo más grave de todo este asunto lo tenemos en los gobiernos; si es que podemos llamarles así. En EE.UU., en Panamá o por todas partes, los gobiernos se han quedado en el lodazar del ayer caduco; y ello en tantas maneras que no alcanza para enfocarlo aquí. Tan sólo les señalo que en Panamá el sector formal languidece o se apachurra, mientras el informal aumenta; lo cual, en cierto sentido es bueno, pero no suficiente.

    En resumen, la AI es una máquina y punto; el tema es que hacemos los humanos con nuestras máquinas. Todas nuestras actividades requieren constante renovación, sea la educación, salud, transporte, y todo lo demás.

  • Del marxismo al rabiblanquismo cultural

    Del marxismo al rabiblanquismo cultural

    El término «marxismo cultural» circula hoy con dos significados radicalmente distintos. En el plano académico, designa a una corriente del siglo XX —la Escuela de Fráncfort, Gramsci, Adorno— que analizó la cultura como campo de batalla del poder. En el debate público contemporáneo, se convirtió en acusación: una supuesta conspiración para erosionar los valores occidentales desde las universidades, los medios y las instituciones. La diferencia entre ambos usos no es semántica; es la diferencia entre una escuela de pensamiento y un mito político.

    Antonio Gramsci fue el primero en articular con claridad la idea de hegemonía cultural: la clase dominante no gobierna solo por la fuerza o la economía, sino porque logra que sus valores se perciban como naturales, universales, inevitables. Esta idea —desnuda de ideología— es en realidad una descripción bastante precisa de algo que ocurre en todas las sociedades, incluida Panamá. Solo que aquí no lo hace la izquierda.

    Lo que en Panamá ejerce esa hegemonía cultural es lo que podría llamarse el rabiblanquismo cultural: la estrategia de la oligarquía criolla —familias históricas con peso en la banca, el comercio y la política— para mantener su posición no solo a través del dinero, sino a través del relato. El «rabiblanco» no necesita revolución; necesita estabilidad. Y para eso usa exactamente las mismas herramientas que Gramsci describió: el control de la educación, el discurso sobre la identidad nacional, la administración de los servicios públicos como clientelismo disfrazado de bien común.

    La Constitución panameña es un ejemplo ilustrativo. El Estado asume la responsabilidad de la educación, el agua, la electricidad y el transporte —una arquitectura que suena redistributiva— pero que en la práctica ha servido para que una élite pequeña administre contratos, emplee redes de lealtad y evite que emerja competencia real. No es marxismo; es estatismo al servicio del privilegio. Es Gramsci aplicado al revés: en lugar de subvertir el orden, lo congela con barniz social.

    La distinción entre ambos fenómenos es clara si se mira el objetivo: el marxismo cultural quiere transformar la sociedad, aunque a menudo reemplaza una forma de control por otra. El rabiblanquismo cultural quiere preservar la pirámide. Uno destruye tradiciones; el otro las momifica. Pero las herramientas son asombrosamente parecidas: captura de instituciones, producción de relatos legitimadores y uso del Estado como amplificador cultural.

    Queda, por último, una pregunta incómoda sobre el origen psicológico del marxismo: ¿nace del análisis o del resentimiento? Nietzsche llamó ressentiment a esa forma de revancha que se viste de justicia. Lo paradójico es que el rabiblanquismo panameño también opera desde el resentimiento: el miedo atávico a perder lo que se tiene.

    Dos formas de control cultural, dos clases con sus propias ansiedades, y en medio una sociedad que paga el costo de no nombrar con claridad lo que ocurre. Quizás el primer paso sea exactamente ese: llamar a cada cosa por su nombre.


    Basado en un diálogo entre John Bennett Novey y Grok sobre marxismo cultural y realidad panameña.