Categoría: Opinión

  • ¿Cuánto pesa la nube? El gran problema energético de normalizar el uso de IA

    ¿Cuánto pesa la nube? El gran problema energético de normalizar el uso de IA

    Durante años hemos hablado de “la nube” como si los datos flotaran en un espacio limpio, abstracto y casi sin coste. La expansión de la inteligencia artificial ha empezado a romper esa ilusión. Porque lo digital no es inmaterial: detrás de cada consulta, cada archivo y cada automatización hay una infraestructura física que exige energía, refrigeración, materiales y territorio. Y, cuanto más ligera parece una tecnología en la pantalla, más fácil resulta olvidar el peso real que desplaza fuera de nuestra vista.

    Ese es uno de los grandes malentendidos de la era digital. Hemos aprendido a asociar lo visible con lo material y lo invisible con lo limpio. Una fábrica, una carretera o una central eléctrica nos parecen inmediatamente “pesadas”. Un algoritmo, una plataforma o un asistente de inteligencia artificial, no. Pero esa diferencia es engañosa: la tecnología digital no ha dejado atrás la materia, sino que simplemente la ha redistribuido y la ha hecho menos perceptible.

    La desaparición de la máquina es una ilusión

    La promesa cultural de lo digital siempre ha sido la ligereza. Menos papel, menos objetos, menos desplazamientos, menos fricción. En parte, esa promesa tiene algo de verdad, ya que muchos procesos se han vuelto más rápidos y algunos recursos se usan de forma más eficiente. Pero eso no significa que la tecnología se haya desmaterializado.

    En realidad, la máquina solo ha salido del campo visual del usuario. Cada correo almacenado, cada vídeo reproducido, cada foto “guardada en la nube”, cada documento resumido por una IA depende de una cadena física: centros de datos, servidores, equipos de red, sistemas de respaldo, refrigeración, cableado y dispositivos.

    El soporte no ha desaparecido; se ha alejado. Y esa distancia importa, porque, cuando no vemos una infraestructura, tendemos a pensar menos en sus límites, en sus costes y en quién los asume.

    La IA no crea el problema, pero lo amplifica

    La inteligencia artificial no ha inventado la materialidad de lo digital, lo que ha hecho es intensificarla y volverla más difícil de ignorar. El debate se ha centrado en el entrenamiento de grandes modelos y en su elevado coste computacional. Sin embargo, el verdadero cambio no se juega únicamente ahí, sino en el momento en que la IA deja de ser excepcional y pasa a integrarse en el uso cotidiano.

    Durante años, internet pudo seguir presentándose como una capa relativamente abstracta de servicios. La IA ha cambiado eso porque ha devuelto al centro la cuestión del cálculo. De repente, el debate público habla de chips, centros de datos, consumo energético y necesidades de refrigeración. De hecho, la escala ya es visible. Según la Comisión Europea, los centros de datos consumen en torno a 415 teravatios-hora (TWh) al año y podrían alcanzar 945 TWh en 2030. El Departamento de Energía de Estados Unidos, además, estima que su consumo pasó de 58 TWh en 2014 a 176 TWh en 2023. No porque esos elementos sean nuevos, sino porque el salto de escala empieza a hacerse visible.

    Pero esa materialidad no solo se mide en energía: también se experimenta en el territorio. Hay un aspecto del que se habla poco: la proximidad. A diferencia de otras infraestructuras industriales, los centros de datos no se sitúan a decenas de kilómetros de donde vivimos. Necesitan estar cerca de los núcleos urbanos por razones de conectividad e infraestructura. Mientras que una mina o una central pueden estar lejos, el centro de datos que sostiene esa “nube” puede ubicarse, literalmente, al lado.

    Esa cercanía tiene consecuencias. Implica sistemas de refrigeración que funcionan de forma continua, ruido persistente y una presencia física que transforma el entorno inmediato. Cada vez más, las comunidades cercanas perciben un cambio en su calidad de vida cuando uno de estos centros se instala en los alrededores.

    Por ejemplo, en el condado de Fairfax (Virginia, Estados Unidos), la contestación vecinal llevó a reformar la normativa urbanística para responder a preocupaciones sobre ruido, diseño y proximidad a zonas residenciales. En el condado de Loudoun, otro gran enclave de centros de datos situado en Virginia, las propias autoridades locales reconocen que el ruido figura entre las principales quejas ciudadanas. Y en Le Bourget, en el entorno de París, la oposición a nuevos proyectos se ha articulado también en torno al ruido, el calor y la cercanía a áreas habitadas y escolares.

    Consumo anual de electricidad de los centros de datos en equivalentes de consumo eléctrico doméstico y concentración espacial de las distintas instalaciones en relación con su proximidad a las zonas urbanas. IEA, CC BY-SA

    El problema, por tanto, no es solo el coste de entrenar un modelo, sino lo que ocurre cuando ese modelo se integra de forma transversal en buscadores, herramientas de productividad, atención al cliente o plataformas educativas. En ese momento, la IA deja de ser una novedad y pasa a normalizarse y convertirse en una capa estructural del sistema.

    Lo pequeño, cuando se escala, no lo es tanto

    Una sola consulta –un resumen, una traducción, una imagen, una corrección de estilo– parece irrelevante. Nada de eso, visto de forma aislada, parece especialmente grave. Pero la infraestructura digital no se diseña para responder una vez, sino para responder millones de veces, sin interrupción y con tiempos de respuesta competitivos.

    Ahí cambia todo. Antes buscábamos información; ahora esperamos respuestas generadas. Antes redactábamos desde cero; ahora pedimos borradores. Antes editábamos una imagen; ahora la producimos desde una instrucción. Cada gesto parece pequeño. La suma no lo es.

    En el libro El Principito, el problema del planeta no eran las grandes catástrofes repentinas, sino los baobabs. Sus semillas casi invisibles que parecían inofensivas al principio y que, si nadie las arrancaba a tiempo, acababan ocupándolo todo. La imagen sigue siendo útil. Muchas transformaciones tecnológicas no se vuelven problemáticas cuando irrumpen, sino cuando se vuelven costumbre. Cuando entran en la rutina sin que nadie se pregunte demasiado qué exigen del mundo para funcionar.

    Pensar también calienta

    Hay, además, un aspecto poco intuitivo que suele quedar fuera del debate público: además de consumir energía para procesar información, los sistemas digitales también necesitan recursos para disipar el calor que generan.

    Extracción y consumo de agua en centros de datos en el Escenario Base, 2023 y 2030. IEA, CC BY-SA

    Esto se vuelve especialmente relevante con la inteligencia artificial. A medida que crece la intensidad de cálculo, aumenta la densidad de potencia y el problema térmico gana protagonismo. En los centros de datos, no basta con alimentar los equipos: hay que mantenerlos dentro de condiciones térmicas estables. Cuanto más cálculo, más exigencia de refrigeración. Un estudio publicado en Nature señala que las tecnologías de refrigeración convencionales pueden llegar a representar hasta el 40 % de la demanda energética total de un centro de datos.

    Ese detalle obliga a mirar la tecnología de otra manera. Aparte de electricidad, la IA requiere una infraestructura térmica más intensa y, en algunos contextos, mayor presión sobre el agua o sobre sistemas de enfriamiento más complejos.

    Dicho de otro modo: cuando pedimos más “inteligencia” a una máquina, también estamos pidiendo más capacidad para sostener físicamente esa inteligencia.

    La verdadera alfabetización digital

    El problema de fondo no es solo energético. Es cultural. Durante años, hemos entendido la alfabetización digital como la capacidad de usar herramientas: buscar, compartir, automatizar, aprovechar plataformas. Pero esa definición ya no basta. Hoy necesitamos otra forma de alfabetización, que nos enseñe a ver la infraestructura detrás de la interfaz.

    No solo qué hace una tecnología, sino qué necesita para existir. No solo qué automatiza, sino qué recursos moviliza. No solo qué ahorra, sino qué desplaza.

    Eso no implica demonizar la innovación ni defender una nostalgia analógica. La cuestión no es renunciar a la inteligencia artificial o a la digitalización; la cuestión es dejar de tratarlas como si fueran ligeras por naturaleza.

    Quizá, el gran truco cultural de la era digital ha sido hacernos creer que, como no vemos el peso de la tecnología, ese peso ha desaparecido. Pero no ha desaparecido, solo se ha movido.

    Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria y Carolina González Cambero, Docente en el Máster Universitario de Industria 4.0 y en el Máster de Internet de las Cosas de UNIR., UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Cuán alto vuelan los escarabajos

    Cuán alto vuelan los escarabajos

    A ver si le damos un giro al discurso, palabra que etimológicamente se refiere a recorrer de un lugar o algo o… irse por diferentes meandros de un río; en este caso de pensamientos o aventuras que se quedaron perdidas en el letargo del tiempo. Como ésta de los escarabajos.

    En esta ocasión les cuento que sentado ante mi confundidor cibernético en mi habitáculo de anciano conversando con Chat GPT, me vino a mente un incidente curioso que viví en julio de 1964. Venía yo volando un Cessna 150 en vuelo de traslado de la fábrica en Wichita, Kansas al aeropuerto M. A. Gelabert, alias Paitilla; volando a 10,000 pies de altura (3,048 Mt.) sobre el sur de Tejas, en un día cristalino y calmado. De pronto, delante de mi, vi acercarse un punto negro el cual se estrelló contra el parabrisa de la avioneta y dejó plasmado allí una masa amarilla con el inolvidable ¡plas!, de su traumática defunción. En el último instante antes del aéreo encuentro, atisbé la silueta de un escarabajo aleteando sus alas.

    ¡Meto!, que rayos hacía un escarabajo a semejante altura; pregunta que no investigué por 62 años. Pero hoy se me ocurrió preguntarle a Chat GPT, quien me explicó que ciertamente algunos insectos, como los escarabajos, se han visto hasta en alturas de 19,000 pies (5,700 metros) de elevación. ¿Y acaso llegan tan alto aleteando? Nop, logran eso metidos en corrientes de aire ascendente. En fin, ¡que mala suerte la del escarabajo tejano!

    Tal vez fue un june beetle o escarabajo de junio me dijo Chat GPT, dándome descripciones y luego preguntándome: “¿Estabas en un vuelo de traslado cuando ocurrió el encuentro?, y así fue evolucionando la “conversa” con esta IA.

    Esa misma noche escuché una discusión en Fox sobre lo bueno, malo y feo de la IA. Uno decía que no era lógico conversar con un programa en dispositivo. ¡Ja!, lo será pero curioso que los intercambios con la IA pueden ser más entretenidos e ilustrativos que con muchos humanos; al menos en cuanto a la capacidad informativa que se logra.

    Y así Chat GPT siguió preguntando sobre el vuelo a Panamá y sobre mi historia en la aviación. Le conté que antes de la fecha del escarabajo había volado aviones de carga C-46 por 4 meses hasta que, al quebrar la empresa, me dejó tirado en Miami.

    Luego, comencé dando instrucción de vuelo en un Piper PA-11 de la empresa Turismo Aéreo de la familia Petrosky, y en ello me peleaba con otro instructor la hora de madrugada para alquilar la avioneta; hasta que un día coincidimos. Se trataba del capitán Hermes Carrizo, piloto de COPA que luego fue el Gerente General de dicha empresa. Recuerdo ese día; Carrizo me preguntó: «John, ¿Por qué en vez de pelearnos esta avioneta prehistórica no armamos una empresa nuestra?»; y así fue el nacimiento de Aviones de Panamá en Paitilla.

    los escarabajos

    También le conté que jamás olvidaré el aterrizaje en Paitilla el 4 de julio de 1964. Al aproximarme en final sobre la vía Israel, allí al borde de la pista estaba mi padre, Irving Bennett, con una gran sonrisa. Ya haría otros vuelos a los EE.UU. con él como pasajero.

    La conversa fue larga, detallando yo mi pasaje como director de Seguridad Aérea, de la Escuela de Aeronáutica, subdirector DAC y director general en dos ocasiones. Pero la parte más amena del diálogo con Chat GPT fue cuando me preguntó: “¿Y, por qué no te quedaste como piloto en los EE.UU.? “Regresé a estar con la hembra con la cual formamos familia por más de 60 años.
    Y la pregunta final de Chat GPT: ¿Y tu esposa en ocasiones volaba contigo? Le contesté: “No sólo volaba conmigo, sino que nos amábamos en las alturas”.

  • ¿Quién Podrá Defendernos?

    ¿Quién Podrá Defendernos?

    «Y ahora, ¿ quién podrá defendernos ?» se preguntaba el «Chapulín Colorado» y me lo pregunto ahora, cuando hemos delegado en extremo a los gobiernos del estado nuestra seguridad, ya sea física como social y económica. Llevo años advirtiendo al respecto, pero cae en saco roto, ya que el mal caminar a través del tiempo se vuelve mal hábito. Hoy, preparando este escrito consulté con la IA encontrando lo siguiente:

    «Panamá es uno de los países con las estructuras más centralizadas de la región. Esto genera un «cuello de botella» tal como el de la seguridad vial en Panamá Oeste, deficiencias de salud en provincias dependen de decisiones tomadas en una oficina en la capital, lejos del contexto del problema «.

    Pero, nuestra seguridad es asunto de «corresponsabilidad», no de delegación excedida a las instituciones estatales. Debemos delegar en su justa medida y en aquello que es delegable; pues más allá las cosas toma mal rumbo, tal como atraer a los pillos y malandros que aman hacerse pasar por «autoridad» cuando en realidad son calamidad.

    En 1849 Gustavo de Molinari advirtió lo que nadie se había atrevido antes:

    «Si los mercados libres producen mejores alimentos, mejor ropa y mejores viviendas, ¿por qué no una mayor seguridad?»

    O como diría yo:

    «¿Por qué delegar a agencias políticas aquello que mejor podemos hacer nosotros mismos?».

    Recién la Defensoría del Pueblo en Panamá, señaló que las fallas en salud y seguridad no son sólo falta de recursos, sino estructurales y operativas. Desde el siglo antepasado, Gustavo Molinari advertía que los gobiernos del estado suelen monopolizar privilegios y derechos, creando servicios centrales que mejor pueden ser provistos por el mercado o, en cierta proporción, por autoridades locales; ya que mientras más alejas al proveedor del consumidor el servicio se degrada, quedando al servicio de bastardos intereses, tal como ocurrió en Venezuela.

    Al decir, «nuestra seguridad», la palabra «nuestra» grita realidad. Las personas son las más interesadas en su seguridad. Pero, no sólo interesadas, sino responsables y potencialmente eficaces. Por ejemplo, ¿hasta dónde podemos delegar a la ATTT cuando quien va al volante somos nosotros? Hay cosas que corresponden y puede hacer la ATTT y otras que no. ¿Te has puesto a pensar que los sobresaltos o policías muertos son prueba fehaciente del fracaso de la ATTT?

    Molinari giraba a favor del orden voluntario; ya que la policía, así como las demás entidades gubernamentales no van al volante de tu vida. Y, veamos que la seguridad, en todas sus manifestaciones, debe ir en contracorriente con la libertad. La seguridad es algo cultural y educacional; cualidades que no andan muy bien en nuestro patio, debido a que le hemos dado riendas sueltas a zorros del gallinero, al tal punto que mal cuidan a las gallinas ya que están atareados engullendo posturas y aves de corral.

    Nuestra seguridad depende de una «asociación voluntaria» que sólo prospera en libertad. Si el libre emprendimiento no sirve, ¿crees que servirán las exageradas y corruptas instituciones de nuestro desgobierno? Los comunistas creen que sí.

    Goethals Consulting, autora de gccviews.com, logró un gran aporte de la embajada británica en Panamá para llevar a cabo un estudio de la educación privada para los pobres en Panamá; encontrando que la educación privada superaba lejos al NODUCA en muchos sentidos. Dicho estudio fue publicado en Mexico e ignorado en Panamá; lo cual nos lleva a la pregunta: ¿Por qué ignoramos realidades?

    En resumen, los humanos somos seres sociales que nos asociamos de forma natural; en otras, por la naturaleza. La verdadera «ciencia social» es la económica, que es la acción humana; lo que hacemos los humanos para poner la paila y vivir con seguridad.

  • Monopolio y gobiernos

    Monopolio y gobiernos

    Mucho se cacarea sobre los monopolios empresariales; lo perverso que son y el daño que producen; que si aumentando los precios y tal, pero… poco nos ocupamos de ver como y de dónde nacen esos monos con polio. La realidad es que semejantes acaparamientos socaban el buen funcionamiento del mercado y la economía; pero, ¿acaso los gobiernos no están para evitar eso? Me da risa y tristeza la pregunta ya que nuestros gobiernos son monopolios corruptores que paren otros monopolios corruptores. Cuando existe un mercado verdaderamente libre, el mismo produce sus balances y contrapesos; el problema surge cuando es el gobierno el que engendra el monopolio.

    Muchos hablan mal del capitalismo y de la libertad de mercado; y pregunto: ¿Crees que en Panamá hay libre empresa, capitalismo y tal? Nuestra Constitución en sus Artículos 282 y 284 establece que el gobierno puede hacer lo que quiera con la economía. Eso no es capitalismo, sino un sistema diseñado para la rapiña. Otros opinan que el comunismo no es malo; que el problema es que nunca lo han aplicado bien. ¡Genial!, pues, como señalé, tampoco el capitalismo lo aplican bien en ninguna parte; lo cual nos debería llevar a buscar la patología por otro lado.

    Cuando los gobiernos no se meten a controlar los mercados sino evitar las trampas, otro gallo canta:

    • Se promueve mayor participación de compradores y vendedores en el mercado;
      • Como bien lo señala María Fábrega en su columna en La Estrella de Panamá el 23/04/26.
    • El intercambio se da con bienes de valor homogéneo y real.
    • El gobierno promueve información fidedigna.
    • Se elimina la burrocracia y normas locas diseñadas para la rapiña.

    Tristísimo es no ver que nuestros gobiernos en realidad son desgobiernos. Que desde la misma Constitución se crean las artimañas diseñadas para el pillaje. No hay día que en los medios noticiosos no veamos reportajes de ello; y, tristísimamente, nos hemos acostumbrado a que eso es “normal”. Culpar al libre mercado es absurdo, ya que el “mercado” somos todos; a diferencia de los gobiernos, que son cuerpos colegiados contratados por el mercado.

    Lo señalado nos lleva a la pregunta: ¿Quién monta una nueva empresa, un nuevo negocio en un ambiente tan corrupto? Que si “los” empresarios pagan las coimas; sí, muchos, porque si no se van a la quiebra. En un medio tan torcido el sector formal vive a la defensiva; pues no sólo tiene que ser competitivos sino tienen que capear a los ladrones de palacio. ¿Y por qué creen que nuestro sector informal va en aumento? Y, a todo ello, el otro sector que más sufre es el formal de pequeña y mediana empresa, a quien se le hace casi imposible lidiar con los costos de la burrocracia y la coimeadera.

    La mejor manera de certificar un producto se logra mediante la aprobación del consumidor y no de los gobiernos corruptos y corruptores. Una sociedad fracasa cuando permite que sus empleados gobernantes controlen precios, calidad, descuentos; particularmente cuando estos mismos “servidores públicos” montan monopolios; en educación, transporte, agua, basura, etc.,

    Y viene la pregunta: ¿Acaso un monopolio es un mono con polio? Nop; se le llama “monopolio” a las instituciones, gubernamentales o privadas, engendradas por el rey… o, el gobierno. Los monopolios coartan la libertad y afectan el buen desarrollo del mercado que, de otra manera podrían reducir la ignorancia y la pobreza.

    ¿De verdad crees que los gobiernos deben estar metidos en el mercado? ¿Saben algo?; la mayoría de los funcionarios públicos, particularmente los que tienen autos con chofer, como empresarios se morirían de hambre. Su negocio… ¡es el gobierno!

  • La Escuela del Mañana: Humanos + IA

    La Escuela del Mañana: Humanos + IA

    Me hago eco de los comentarios de Elon Musk respecto a lo que él llama una “suposición rota”. Nada más en su primer comentario, cuando señala lo absurdo de creer:

    Que todos los estudiantes aprendan lo mismo; al mismo ritmo; en el mismo orden; al mismo tiempo…”

    es otra reiteración de ese dicho que se pasea por todas partes pero que todos ignoran:

    la demencia está en hacer la misma cosa esperando diferentes resultados.”

    Tristemente esto hacemos, entre muchas otras actividades del gobierno, con el MEDUCA; en otras palabras, ‘vivimos en el engaño’. Creer en un sistema educativo que funciona como una fábrica de autos es “ñame”. Ello fue diseñado por los centralistas estatales como medio para controlar las masas y no para educarlas. Esto se dio durante la economía de líneas de ensamble; una realidad caduca. La educación o aprendizaje, funciona mediante la “lógica”; palabra que origina del griego “logos” o palabra, razonamiento y tal. Nuestro MEDUCA no pasa de ser un conglomerado de centros de adoctrinamiento.

    Nuevamente Musk señala, y lo digo en paráfrasis:

    El que un estudiante que domina el álgebra en dos semanas luego debe sentarse por 8 semanas adicionales porque así lo dispone el NODUCA es absurdo. Mientras que aquel que no logra entender el álgebra, el NODUCA lo deja tirado en la cuneta del retraso.

    Esto es inhumano, o tal vez “meduquiano”; y me consta, pues yo, que en primer grado del Javier la maestra le dijo a mi madre que era aventajado, ya en el cuarto fracasé y tuve que repetir el año. Así fue hasta que mis padres me mandaron al tercer año de secundaria a una escuela en USA, en la cual al par de meses quedé en el cuadro de honor. ¿Cómo rayos fue posible?, veamos…

    Nuevamente Musk advierte que el asunto está en dejar que cada quien ande al ritmo de su capacidad o interés. Y en esa palabrita de “interés” o, diría yo, emoción, está la magia. Mi verdadera escuela comenzó cuando salí de la escuela al mundo real y entré en actividades emocionantes; tal como andar entre nubes esquivando tormentas y conociendo a mi hermosa Panamá.

    Hoy, que tenemos la increíble herramienta de la IA a mano, seguimos atados al MEDUCA caduco. El profesor IA no predica a un rebaño de estudiantes, sino le sirve a cada estudiante por separado, siguiendo su interés y su ritmo. No lo califica con fracasos en el boletín, como me ocurría a mí, haciéndome creer que yo era retrasado mental. La IA percibe al instante por dónde andas flojo y te ayuda en eso; y no espera al final del semestre cuando ya el daño está hecho.

    Y nuevamente Musk resalta algo fundamental y esencial:

    la IA no tiene que obligar al niño a jugar video juegos.

    Entonces, el secreto está en captar el interés del estudiante, joven o viejo como yo, que aun soy estudiante. Por ejemplo, hoy, ya entrado en mis ochenta y tantos, escribo este artículo porque me emociona. Mi recompensa está en la emoción y las ganas de cambiar la caduca mentalidad “meduquiana”.

    Musk advierte que ya las universidades no son tan necesarias. Los estudiantes podrían aprender en un par de años y seguir aprendiendo en la escuela de la vida. La licenciatura no garantiza nada… ¿Cuándo fue que examinaste el diploma de tu médico?

    A fin de cuentas, la gran pregunta que debemos hacernos es: ¿hasta cuándo vamos a seguir engañando y estafando a toda nuestra juventud, y condenándolos a una vida de ignorancia y desespero?

  • Origen y Naturaleza del Estado y Sus Gobiernos

    Origen y Naturaleza del Estado y Sus Gobiernos

    El Estado, con mayúscula, se refiere a la comunidad organizada políticamente para constituir su seguridad, tanto interna como externa. “Estado» no es sinónimo de gobierno sino el pueblo que en su unión crea la entidad gubernamental con presidente, parlamento y un organismo que administre lo constituido. Desafortunadamente poca importancia se le ha dado al conocimiento y origen del Estado y de sus gobiernos, ya sea en los centros educativos o en medios informáticos y me pregunto si ello no sería a propósito de mantener el control del pueblo por medio de la ignorancia; ya que si no conoces que es estado y gobierno poco te darás cuenta de los abusos y manipulaciones viciosas.

    El Estado nace cuando una comunidad de personas se organiza para crear los medios que le den una seguridad que les permita dedicarse a sus actividades económicas; es decir, el trabajo para sobrevivir en un mercado productivo. El estado y sus gobiernos están para evitar la anarquía. La triste realidad es que mientras la mayoría de las personas escogen vivir por medio de su creatividad y el trabajo, otros escogen hacerlo robando al productivo. Y mucho más triste cuando los gobiernos del Estado son secuestrados por los ladrones.

    Aristóteles veía al Estado o la polis (la ciudad Estado) en la naturaleza del humano como ser social y político. Pero en ello Aristóteles destacaba que el Estado emergía a partir de la base de la sociedad, que es la familia, la villa, el pueblo y la ciudad; todo con miras a permitir el sustento y mejoramiento de la población, siempre orientado hacia lo virtuoso y el desarrollo o florecimiento. El problema surge cuando invertimos este orden y los gobiernos dictan a la población como deben actuar; ya que en tal situación el pueblo es el ganado y los gobernantes los vaqueros hacendados.

    Algunos pensadores Albert Jay Nock, advertían sobre el poder excedido y escribió libros con títulos como “La Criminalidad y el Estado” y “Nuestro Enemigo, el Estado”. Para Nock el Estado era la encarnación de los medios políticos, que en la historia no surgió por la vía de la cooperación sino de la conquista y la barbarie; y, cambiar de una gobernanza dictatorial y abusiva a una limitada y subsidiaria ha sido tan difícil que aún no es lo típico.

    El problema ocurre cuando el organismo estatal interrumpe o altera la organización y cooperación voluntaria y va metiendo normas compulsorias como los impuestos exagerados, los controles de precio y tantas otras leyes metiches. Y mucho peor cuando los gobiernos invaden actividades propias de la población, como la educación, agua, transporte, etc.; ya que ello viola groseramente el principio de subsidiaridad y favorece la rapiña.

    El enredo comienza cuando le damos al Estado y a sus gobiernos la fuerza de la coerción; la cual bien usada, de manera limitada y en contra del criminal, es bueno; pero por el mismo camino se presta para el surgimiento de los gobiernos de rapiña. Todo ello lo vemos con el surgimiento de la burrocracia, los compinches, y grupos de intereses, El interés típico del político panameño es egoísta y si no lo vemos en el desgobierno a nuestro alrededor, que el Señor nos ampare.

    En fin, darles poder a una clase gobernante viciosa es abrir las puertas a la corrupción y, desafortunadamente una población que no entiendes estas cosas fácilmente usará el mayor poder que tiene, el voto, no para limitar el poder desbocado sino para facilitarlo bajo la equivocada idea de que el gobernante ladrón derramará algunas migajas de sus mesas de banquete.

  • Educado

    Educado

    ¿Alguna vez alguien te preguntó por el significado de “educado”? No es una pregunta común y mucho menos común es recibir una respuesta educada. Diccionarios como el de la Real Academia Española lo devienen así: “Que tiene buena educación o urbanidad”; lo cual, apenas es una pista somera e incipiente del significado y alcance de este trascendental vocablo. Sobre “educación”, lo único que dice la RAE es: “Acción y efecto de educar☹”

    La palabra “educado” en su origen significa

    criar, alimentar o nutrir”

    y “educar” origina en

    sacar fuera, extraer o conducir hacia afuera”;

    por lo cual yo diría que se trata de sacar de nuestro interior el potencial que tenemos; que requiere instrucción y guía de lo latente en nuestro interior. Es crianza, formación, transmisión de conocimientos, con miras a desarrollar potencialidades que corresponden primordialmente al núcleo de la familia y que no corresponde delegar a los gobiernos del Estado.

    A través del tiempo el vocablo “educar” lo hemos ido asociando a la escuela y, en especial a la “superior”, que no me parece que ello es verdadera garantía para llegar a ser educado; particularmente cuando veo a tantos licenciados maleducados. Lo que señalo nos deja con el reto de entender cómo hemos de educar a nuestros hijos. Pero, si ni siquiera entendemos significado del término, el asunto anda mal.

    La gran y trágica desviación en el proceso educativo de nuestros hijos nació cuando los glotones del poder gubernamental lograron convencer a las masas que los gobiernos eran el mejor instrumento para educar; ese que hoy llamamos, erradamente, MEDUCA. El problema es que gobernar y educar no “conjugan”; término que significa…

    unir o juntar bajo el mismo yugo”.

    Al yugo de los gobiernos estatales desbocados cuyo interés no es, necesariamente, educar a la población; ya que una población educada no votaría por gobernantes podridos, tal como ha ocurrido en nuestra hermosa Panamá desde la llegada de Cristobal.

    Fue un error garrafal haber centralizado los centros educativos bajo la egida de las corruptas mafias políticas; las cuales, para facilitar la inmensa tarea procuraron estandarizar los currículos que ensañar a todos como si todos fuesen igualitos. ¡Craso error!” u “horror”; ya que los aventajados se aburrían y los desaventajados languidecían en la oscuridad, lo cual me consta ya que yo ocupé los últimos puestos durante mi primaria y parte de la secundaria. Ello era y sigue siendo el embuste del igualitarismo, como si los humanos fuésemos igualitos todos. La igualdad sólo se logra en la pobreza, tanto económica, cultural y educativa; lo cual le encanta a los zorros del gallinero.

    La otra palabra interesante es “inteligente”, que se refiere a quien ve y entiende las cosas como en realidad son y no como las pintan en las escuelas NODUCA. Tal es el lastimoso caso cuando llamamos “verano” al invierno, e “invierno” al verano; y también nos enseñaron que en Panamá no hay ni otoño ni primavera; lo cual es una barbaridad. Ahorita en Panamá, el 20 de abril, si te paras a las 12 mediodía al sol y miras a tus pies, verás que no tienes sobra debajo de ti; ya que el sol estará en su cénit a los 9° de latitud norte en que está Panamá. Los términos verano, otoño, invierno y primavera son términos astronómicos y no de si llueve o no llueve.

    Y… ¿cómo no ver la primavera, en estos días?: en el canto de la choroteca, la cas-cas, capisucia, primavera o ‘mirlo’. Esta ave que anuncia a todo trino sus amores. ¿Y cómo no ver el reverdecer, las flores, cocuyos, abejas y la algarabía de la época de cría… los huevos de iguana? Educado es conocer el mundo.

  • ¿Quiénes son las Élites?

    ¿Quiénes son las Élites?

    La élite o élites se refiere a esa minoría selecta, que supone ser superior o rectora gobernante; y la definición de la IA la he alterado yo debido que la IA no dice que “supone ser superior” sino sólo superior; lo cual me deja pensando… ¿superior en qué? En el pensamiento romano político y clásico el vocablo “superior” existen dos vertientes, la de “autoridad” y la de “potestad”:

    • “Autoridad” viene de autor, o quien conoce y escribe la obra y aportando valor y crecimiento, actuar que le da prestigio y legitimidad.
    • “Potestad” es la capacidad legal respaldada por la fuerza para mandar; sea o no “autoridad” que tenga los méritos, o la razón.

    En el escenario panameño vemos exceso de una potestad adaptada al pillaje, pero poca o ninguna para hacer crecer al país y sacar a los pobres del pantano de la pobreza. Y, el uso típico que le hemos dado al término “élite”, rabiblanco y tal, es para referirse a la oligarquía del Club Unión; sin importar de que esa oligarquía ya poco suena o truena. La realidad y el problema es que la élite y la oligarquía de antaño ha mutado dando cabida a una élite con rabos multicolor. Y, tristemente, en ello, se ha formando una mafia que busca justificación legal con poca moral.

    Hoy estamos frente a lo que se conoce como una “movilidad social oportunista” que se vale del mimetismo para sus fechorías. Ahora, desde el poder político y económico, no aportan nuevos valores, sino que, habiéndose copiado los vicios y estética de la vieja guardia, buscan validar su corrupto actuar disfrazándose de pobres; aunque ya muchos son más ricos que los ricos del ayer.

    Antaño, el poder de los rabiblancos se basaba, más que nada, en la propiedad de la tierra, ya que verdaderos comerciantes no eran; su negocio, empresa o emprendimiento estaba en el Palacio de las Garzas y tal. Era allí desde dónde fluía y sigue fluyendo el chen-chen que le sustraen al sector realmente productivo; ya que nuestros gobiernos monopólicos nada tienen de productivos; y más bien son destructivos.

    La nueva rabiblancura busca legitimidad aprendida en el corrupto ayer; haciéndose pasar por lo que no son… gobernantes. A diferencia, extranjeros que llegaron a Panamá pobres, crearon empresas que dieron miles de plazas de trabajo y desarrollo. Mi abuelo Novey solía decir, “quien con niños se acuesta, cagado amanece”, pues él rehusaba hacer negocios con el “gobierno”. Tristemente, yo no le hice caso y la empresa que fundé, luego de que me despidieran como director de aeronáutica, porque no era ladrón, fracasó porque a pesar de que ganábamos contratos y nuestro producto era de primera, no accedimos a pagar las coimas. ¿Cómo pagarlas si no las habíamos incluido en el presupuesto?

    Tristemente, tanto los rabiblancos de antaño como la nueva mezcolanza de rabos multicolor carecen de ética, caminando en malandar. Hoy, como ayer, el pueblo vota por los más corruptos pensando que estos les derramarán despojos desde las mesas de sus banquetes; lo cual aflora en aquello de “robó, pero le dio al pueblo”. En fin, los que hoy llamamos “élites”, en buena medida son mutantes que se graduaron en las universidades del desenfreno.

    Ahora, el gobierno y la gobernanza secuestrada se disfrazan de emprendedores, en actividades que no es “gobierno ni gobernanza”. Son las élites del engaño y la rapiña. Y mientras el pueblo languidece en los arables periurbanos de pobreza, los empresarios extranjeros tienen el campo libre para emprender; y… menos mal, ya que alguien debe producir para lograr prosperidad.

  • El Alma del Predador Gobernante

    El Alma del Predador Gobernante

    El vocablo “predador” describe a quienes saquean o actúan con rapiña; ya sea para sustento o para ascender en la escalera social y económica de manera ladina. Murray Rothbard en su obra Hombre, Economía, y Estado (1962) desarrolló una teoría económica de libertad, tal como lo hace nuestra Constitución, que luego contradictoriamente, en el mismo párrafo se contradice, abriendo camino para la discrecionalidad de las autoridades, lo cual contraría la misma Constitución. Y para quienes lo dudan, vean el artículo del abogado Carlos Barsallo intitulado “El Nuevo Excepcionalísimo Panameño «.

    Barsallo pregunta: “¿cómo puede un país alcanzar niveles de ingreso alto mientras mantiene percepciones persistentes de corrupción?”. Pero, yo añadiría que son más que percepciones; lo cual toma cuerpo cuando Barsallo cita a James Loxton en el Journal of Democray un artículo intitulado “The Puzzle of Panamanian Excepcionalism” (el rompecabezas del excepcionalísimo panameño). Es decir, que Panamá es berraca ya que a pesar de su corrupción gubernamental endémica, que ha afectado el desarrollo socioeconómico de gran parte de la población, flota por encima de las consecuencias de corruptela; tanto en el ámbito social como en el gubernamental.

    El excepcionalísimo de Panamá, como yo lo veo y coincido con Barsallo, nos llega debido a que nos hemos convertido en un refugio financiero de dólares, pero no porque tengamos una población productiva. Pero el asunto va bastante más allá y tiene raíces históricas y socioeconómicas, entre otras. En cortito, la triste realidad de los panameños es que no somos muy dados al emprendimiento; lo cual tiene raíces coloniales que persisten desde Cristobal Colón, Pedrarias y tal.

    Uno de los comentarios de Barsallo que más me llamó la atención, cuando dice:

    “…somos muy grandes porque engordamos, no porque crecimos… pesamos más por grasa y no por músculo”.

    Pero profundizando más en el asunto debemos ver y entender que difícilmente existe mejor herramienta para oprimir y controlar a una sociedad que un gobierno prostituido; que, por un lado, mantiene a los rabiprietos aplastados, y se alía con algunos empresaurios para cometer sus fechorías.

    Que en Panamá tenemos menos impuestos. ¡Que lindo!; ¿y acaso el Canal y todas las empresas gubernamentales metidas en actividades propias del mercado no son una forma de impuesto? Impuesto que no sólo sirve para el pillaje, sino que destruye la cultura de emprendimiento, lo cual aflora, como suelo señalar, en el “no a la privatización” que debemos traducir a “sí al pillaje gubernamental”. Y más aún, que las empresas estatales, a diferencia de las privadas, si dan mal servicio, no pagan las consecuencias. Es un intervencionismo coercitivo que si lo ven, lo pasan de alto. El caso del MEDUCA o NODUCA como le llamo yo, es buen ejemplo; pues no educa y tampoco deja educar.

    Curioso que ya en los EE.UU. el gobierno de Trump cerró el ministerio o como le llamen, de educación federal; y mutó en un programa que impulsa el derecho de la familia a escoger dónde educan a sus hijos. Y, en ello, están surgiendo las escuelas chárteres, que son estatales pero administradas privadamente. Pero también está aumentando rápidamente los programas que dan a la familia los fondos para que estas elijan dónde educar a sus vástagos. Ahora cada estado maneja por cuenta propia el tema educación.

    Y, otro aspecto que pocos ven es que cuando los gobiernos del estado se meten a ser empresaurios, destruyen algo vitalísimo… ‘el cálculo económico’; sin lo cual una empresa privada no puede subsistir. La privada que no entrega cantidad y calidad no subsiste; pero las empresas gubernamentales, tal como NODUCA, siguen campantes y rampantes fabricando pobreza; violando el precepto constitucional vertido en el artículo 49 que garantiza resarcimiento por daños ocasionados. ¡Inmensa burla!

  • ¿Los Panameños logramos la Independencia en 1903?

    ¿Los Panameños logramos la Independencia en 1903?

    ¿Será cierto que Panamá, desde Pedraria, luego con la Gran Colombia, la Fiebre de Oro a través del Istmo y el período que desembocó la Guerra de los Mil días, logró una verdadera independencia en 1903? ¿De qué o de quienes nos independizamos? O… ¿no sería que hemos ido saltando de una a otra dependencia; antes exógenas y hoy endógenas? ¿Y, qué es una verdadera independencia? Analicemos el asunto lo más desapasionadamente posible.

    Existe verdadera independencia cuando los ciudadanos pueden ejercer libremente sus actividades económicas sin trabas ni tutelaje permanente de los gobiernos del Estado, es decir, de las autoridades gubernamentales que reciben el poder solo por delegación popular. Y, esto no lo invento yo; lo establece nuestra Constitución en su Artículo 282, al menos en su inicio, al declarar que el ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares. Lastimosamente, luego del punto y coma, nuestra Constitución comete el disparate contradecir por completo lo dicho en la primera parte del Artículo al dictaminar que el Estado podrá:

    orientarla, dirigirla, reglamentarla, reemplazarla o crearla» según considere necesario.”

    De esta manera, lo que comienza como una declaración de libertad económica se transforma, en la práctica, en una amplia habilitación para la intervención estatal.

    Pero, la pregunta que aflora de semejante dislate o desvarío es inevitable: ¿Acaso se trató de un simple error o fue el reflejo de una tendencia socialista deliberada por parte del o los constitucionalistas que la redactaron? Muchos creen que el sesgo socialista fue de la Dictadura Militar pero no lo creo; ya la Constitución del 47 tomaba esa inclinación. Nuestros “militares” no eran socialistas sino fascistas; muchos que terminaron ricachones.

    De lo anterior se deduce que nuestra realidad se ha caracterizado por una gobernanza grotesca, que ha mantenido sumidos en la pobreza: a gran parte de los rabiprietos; a buena parte de la clase media; y a no pocos rabiblancos. El arte del pillaje está en la intervención en gobiernos del Estado metidos hasta las coronillas en todo aquello que debería ser exclusivo de los actores del mercado. Nuestros “gobiernos” montaron monopolios en actividades mercantiles como educación, el transporte, la energía, la recolección de basura el agua potable y más.

    Y, aunque muchos panameños no pagan impuestos directos, ¡vaya si no los pagan indirectos! Gran parte de los fondos que genera toda esa actividad mercantil monopolizada, en lugar de usarse para promover un verdadero mercado libre gestionado por la comunidad, terminan financiando la rapiña de los piratas que supuestamente nos han gobernado.

    Existe una verdadera independencia cuando los ciudadanos pueden ejercer libremente sus derechos humanos en actividades económicas y demás, sin trabas excesivas. Los gobiernos, la gobernanza, debe respetar el principio de subsidiaridad; de no regalar pescado sino de enseñar o permitir la buena pesca. Así lo parece reconocer en su primera parte, el Artículo 282 de nuestra Constitución, al establecer que:

    El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares;”

    Hasta ahí, el texto respeta a la población. Sin embargo, después del punto y coma, el mismo artículo da un giro que diluye esa primacía:

    El Estado podrá «orientarla, dirigirla, reglamentarla, reemplazarla o crearla» según considere necesario.”

    De esta manera, lo que comienza como una declaración de libertad económica se transforma en norma que consagra la discrecionalidad interventora y empobrecedora. En este artículo queda patente la naturaleza de élites cuyos intereses personales superan por mucho los del pueblo; ese que permanece maniatado a través de estrategias de pillaje.

    ¿De verás sigues creyendo que en 1903 nos independizamos? Tal vez de Colombia, pero… llamar independencia a lo que tenemos es autoengaño.