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La solidaridad desvirtuada

solidaridad

El término “solidaridad” es muy interesante y tiene variedad de usos y sentidos. Pero, como ocurre con tantas cosas buenas y útiles, todo se puede pervertir y “malusar”. El vocablo “solidaridad” le ha venido a pelo a los socio-comunistas en su desesperada avalancha hacia el totalitarismo; ya que dicha palabra es altisonante y el comodín perfecto.

El uso y sentido del término de marras me llama la atención debido a la creciente tendencia hacia el llamado “socialismo”; en particular, a que, la cuna del mayor experimento de libertad en el mundo, los EE.UU., parece estar girando hacia la izquierda y desdeñando la libertad de mercado, bajo el baladí argumento de la “solidaridad”. El término se usa típicamente para dar a entender que tal o cual acción o comportamiento es dadivoso o de buena intención.

El sentido que da la iglesia católica a la solidaridad es una ayuda desinteresada que se da a la persona en necesidad, desamparada o minusválida. Pero para que esa asistencia sea auténtica y efectiva, la misma debe cumplir cuatro condiciones: 1) Quien da es el dueño de lo que se da; 2) Lo que se da debe tener valor para quien lo da; 3) Lo que se da debe tener valor para quien lo recibe, y; 4) La ayuda debe evitar la creación de dependencia endémica.

En la práctica, el concepto de “solidaridad”, que algunos lo entienden como “igualdad”, ha quedado desvirtuado por el abuso del discurso politiquero que anda en la búsqueda de aquello que está lejos de ser solidario; vale decir, en búsqueda del clientelismo o servilismo patológico.

La verdadera solidaridad es una característica de una elevada sociedad humana que actúa por amor al prójimo y no por coacción gubernamental centralizada e interesada. Es algo como lo que ocurre en una familia sana, en dónde el necesitado no tiene que mendigar ya que su gente le conoce y le da una asistencia basada en el amor.

Visto desde otro ángulo, la solidaridad no es cosa que se puede masificar y entregar al estado para que la administre; tal como vemos que se pretende en tantos estados, a través de esquemas impositivos y tal. El ser humano ve y siente a su prójimo; es decir, a quien está “próximo” o allí mismo, en dónde le vemos, palpamos, y que nos mueve a darle asistencia.

La función del estado en todo ello debe apuntar, antes que nada, a no estorbar o entorpecer el mecanismo social; ese que nace en la unión de la familia, del barrio y así va impregnado a toda la comunidad. No es cosa que decanta desde lo alto, sino que asciende tal como asciende la savia por efecto osmótico, desde las raíces hasta lo más alto del árbol.

A partir de lo señalado, debemos advertir que la verdadera solidaridad no requiere inmensos esquemas de redistribución conducidos por interesados politicastros. Y, en cuanto a la “igualdad”, sólo vale destacar que todos debemos ser iguales ante la ley. Otra cosa muy diferente y sin sentido es pretender que todos somos iguales en otros aspectos. Más aún ¡viva la diferencia!, que en la diversidad está la riqueza.

Cuando vemos que se pretende vender una “solidaridad” impuesta, es hora de estar en alerta. La solidaridad no es cosa que se delega a los políticos; ya que, si los ciudadanos carecen de ese sentido de hermandad, no hay político ni gobierno que pueda reemplazarlo. La verdadera fuerza solidaria nace y se manifiesta a través de toda una población que conoce y participa de lo que le es propio.

About the author

John Bennett Novey

Piloto profesional. Trabajó en Aeronáutica Civil como Director de Flight Safety; fundador de la Escuela de Aeronáutica, donde se desempeñó como Director durante 5 años, así como instructor de teoría de la aerodinámica y la meteorología (un proyecto del PNUD y el Gobierno de Panamá). Luego, como Director General Adjunto de Aeronáutica Civil y finalmente como Director General en 2 ocasiones. Fundador del Servicio de Bomberos de Tocumen y Búsqueda y Rescate. También estudió la investigación de accidentes en la escuela NTSB y se desempeñó como investigador de accidentes de aviación durante muchos años.

Fue secretario de la junta directiva de George F. Novey, Inc. hasta 2007, cuando se vendió la cadena . También se desempeñó como presidente de Miami Window Corp., una planta de fabricación de ventanas.

Fue elegido para 2 períodos como Presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas, donde también sirvió en una multitud de comisiones, tales como transporte y libre empresa.

En 1990 fue galardonado con la medalla de logro de la Administración Federal de Aviación por sus servicios a la aviación internacional.

Socio fundador de Goethals Consulting Corp. y presidente honorario de ISA, Instituto de estudios para una Sociedad Abierta.

Columnista de los 2 principales periódicos de Panamá y columnista económico de la Agencia Internacional de Prensa Económica (AIPE). También escribió para varias otras revistas. Ponente en diversas universidades panameñas y organizaciones cívicas, y autor del libro Educación ¿gubernamental o particular? Además de un libro histórico pendiente 'El Verdugo de Panamá'

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