Hay historias empresariales que incomodan al relato dominante. No porque sean perfectas, sino porque demuestran que otra relación entre capital y sociedad es posible sin pasar por el Estado. La de Milton Hershey es una de ellas.
En una época —finales del siglo XIX y comienzos del XX— marcada por monopolios protegidos, aranceles, concesiones y connivencia política, Hershey eligió un camino distinto: crear valor real, competir en el mercado, y luego devolver a la sociedad no vía impuestos ni prebendas, sino mediante propiedad privada organizada con fines educativos.
Su mayor legado no es el chocolate. Es el Milton Hershey School Trust.
El gesto radical: donar la propiedad, no el excedente
En 1918, Milton Hershey tomó una decisión que aún hoy resulta subversiva: entregó el control económico de su empresa a un fideicomiso educativo destinado a sostener una escuela para niños huérfanos y vulnerables. No fue filantropía cosmética. No fue “responsabilidad social empresaria”. No fue deducción fiscal oportunista.
Fue algo mucho más profundo: una renuncia voluntaria al control del capital para garantizar una misión concreta, sin intermediación política.
Desde una perspectiva libertaria, este punto es crucial:
Hershey no pidió subsidios ni impuestos reducidos.
No reclamó privilegios regulatorios para su escuela.
No delegó la educación en el Estado.
No esperó el rediseño de la sociedad desde arriba.
Simplemente dijo: “Esto es mío. Y con esto voy a financiar educación, de forma privada, permanente y autónoma.”
El Trust como antítesis del capitalismo prebendario
El capitalismo prebendario —el que hoy se fomenta desde sistemas políticos capturados— funciona al revés:
Empresas que no compiten, sino que hacen lobby.
Fortunas que no crean valor, sino que capturan rentas.
“Filantropía” que depende del favor estatal.
Educación convertida en instrumento ideológico.
El Trust de Hershey rompe ese esquema.
El fideicomiso:
No depende del presupuesto público.
No está sujeto a ciclos electorales.
No responde a sindicatos estatales ni burócratas.
Vive o muere según la buena administración del capital.
Es educación financiada por mercado, sostenida por propiedad privada y blindada frente al populismo. Para un libertario, esto no es una anécdota moral: es arquitectura institucional.
Educación sin Estado (y sin resentimiento)
La Milton Hershey School no nació como un experimento ideológico, sino como una solución concreta: formar personas capaces de valerse por sí mismas.El foco no era la igualdad forzada, sino la movilidad real. No la victimización, sino la responsabilidad personal. No el adoctrinamiento, sino el oficio, la disciplina y la dignidad del trabajo.
Hershey entendió algo que hoy parece olvidado: la educación no necesita ser estatal para ser inclusiva, necesita ser sostenible, exigente y honesta.
Un empresario, no un redentor
Desde el punto de vista libertario, hay algo aún más valioso: Hershey nunca quiso ser un salvador social. No escribió manifiestos.
No intentó “reformar el sistema”. No pidió que otros siguieran su ejemplo por ley.
Actuó como empresario: Creó riqueza. Asumió riesgos. Compitió. Ganó. Y luego decidió libremente qué hacer con lo suyo.
Ese es el orden correcto.
Todo lo demás —impuestos forzados, redistribución política, filantropía obligatoria— es una inversión moral del proceso.
Por un 2026 con más Milton Hershey y menos empresarios prebendarios
Cerrar 2025 recordando a Milton Hershey es recordar que:
El capital no es el problema, sino su captura.
La desigualdad no se corrige destruyendo riqueza, sino creándola y usándola con inteligencia.
La educación florece cuando está protegida de la política.
El empresario auténtico no vive del Estado, vive del cliente.
Hershey no fue un santo. Tampoco fue perfecto. Pero entendió algo esencial que hoy escasea: el verdadero legado no se vota, no se subsidia, no se decreta. Se construye.
Desde Goethals Consulting, cerramos 2025 con ese deseo: que el talento vuelva a ser premiado, que volvamos a confiar en la libertad, no porque sea perfecta, sino porque es humana, y que el éxito deje de pedir perdón. Porque cuando el capital es libre y responsable, no necesita redención. Necesita propósito. Por un 2026 con más historias como la del gran empresario Milton Hershey.
Hace unas semanas, entré por curiosidad en una tienda Pop Mart en un centro comercial de Kuala Lumpur. No sabía que estaba a punto de presenciar una escena sociológicamente fascinante: adultos y adolescentes agitando cajas cerradas, intentando adivinar qué personaje les tocaría por el peso o la forma. Miraban vitrinas, susurraban nombres, comparaban modelos con la emoción de quien está a punto de jugarse algo más que un simple juguete. Todos buscaban lo mismo: un Labubu. Pero nadie sabía si conseguiría el que deseaba.
Ese pequeño personaje con orejas puntiagudas y sonrisa afilada no era solo un juguete de vinilo. Era un símbolo. Un objeto de deseo. Y también, un caso perfecto para entender cómo funcionan las tendencias en el siglo XXI.
De monstruo de nicho a estrella viral
Labubu nació en 2015 de la mano del artista hongkonés Kasing Lung, como parte del universo The Monsters. Durante años fue una figura marginal, valorada por fans del art toy y el diseño asiático underground. Todo cambió cuando Pop Mart adquirió los derechos y lo transformó en fenómeno global: cientos de versiones, colaboraciones con marcas de lujo, ediciones limitadas y un sistema de venta en cajas cerradas (blind boxes) que no permiten ver cuál es su contenido, convirtió la compra de labubus en un pequeño ritual de azar y expectativas.
El boom definitivo llegó cuando, en abril de 2025, la cantante tailandesa Lisa, con más de 100 milones de seguidores en Instagram y miembro del grupo femenino de k-pop Blackpink, colgó su foto en la red con varios labubus colgando de su bolso. Le siguieron Rihanna, Dua Lipa, se viralizó en TikTok y surgieron millones de fans en todo el mundo. Labubu pasó de nicho a viral. De novedad a moda. De objeto a fenómeno.
Pero ¿cómo ocurre esto? ¿Cómo algo tan específico y raro se convierte en un objeto de deseo para millones de personas en todo el mundo?
Cuando la innovación se comporta como la materia
En mi tesis doctoral propuse una teoría interdisciplinar inspirada en la idea de modernidad líquida desarrollada por el filósofo polaco-británico Zygmunt Bauman y en el comportamiento de líquidos y gases, tanto en reposo como en movimiento (física de fluidos). Sugiero que la innovación es la materia de la que está hecha la moda. Y como toda materia, puede encontrarse en tres estados: sólido, líquido y gaseoso.
A su vez, la innovación puede encontrarse en tres fases: novedad, tendencia y moda. Este paralelismo no es metafórico, sino estructural. Igual que el agua cambia de estado en función de la temperatura y la presión, las innovaciones también se transforman dependiendo del contexto social, cultural y económico.
La novedad es el estado sólido: tiene forma, es densa, estática y circula entre pocos. De acuerdo a la teoría de difusión de las innovaciones –desarrollada a mediados de los sesenta del siglo pasado por el sociólogo estadounidense Everett Rogers–, esta etapa corresponde a los innovadores. Es una propuesta con gran valor simbólico pero sin difusión masiva.
Cuando comienza a expandirse, se vuelve tendencia y se hace líquida: fluye, se adapta, conecta comunidades. En esta fase aparecen los early adopters. Es el momento en que la idea empieza a convertirse en conversación.
Cuando alcanza el punto de fusión, traspasa un abismo (the chasm): la brecha crítica en el ciclo de adopción de un producto innovador. Sus primeros usuarios suelen ser visionarios, buscan las últimas innovaciones y asumen riesgos. En cambio, la mayoría temprana solo salta el abismo cuando ya la innovación ya ha sido probada y validada por otros.
En la viralidad de las modas o la adopción de nuevas innovaciones, pasado el abismo hay un punto clave (tipping point) en el que el contagio ya es muy difícil de parar. Entra en el mainstream o mercado masivo y se transforma en moda: pasa al estado gaseoso, se masifica, pierde densidad, se vuelve omnipresente… hasta que se evapora.
Sandra Bravo
Este proceso es cíclico. Muchas innovaciones se quedan congeladas. Otras nunca se consolidan y no fluyen. Algunas se esfuman rápidamente, casi tan pronto como llegan. El deseo y la innovación, como la materia, necesitan condiciones para sostenerse.
Quién decide qué deseamos (y por cuánto tiempo)
Labubu ha pasado por todas esas fases. Empezó siendo una figura marginal (sólido), se volvió tendencia al cruzar nuevas audiencias (líquido) y alcanzó el estado gaseoso al viralizarse globalmente.
Los labubus están en TikTok, adornando bolsos de lujo y en reportajes de prensa. Lo que comenzó siendo un símbolo de distinción se va convirtiendo en ruido visual. Una señal de que el ciclo se agota. Y que quizá esté a punto de empezar de nuevo.
Pero las tendencias no cambian de estado por sí solas. Igual que el agua necesita temperatura y presión para transformarse, las modas también responden a estímulos externos. En este caso: marcas, algoritmos, consumidores e influencers.
La temperatura cultural la generan las campañas, los lanzamientos, el contenido visual. La presión simbólica proviene del deseo colectivo: la comunidad que replica gestos, los fans que buscan el objeto, la ansiedad por pertenecer.
Y además, existen fuerzas de empuje –como los influencers– que agitan el sistema desde dentro, validando tendencias y desplazando otras estéticas.
Yo soy así
Hoy, la visibilidad no depende tanto de lo que es, sino de cuántas veces puede ser compartido. Y así, emergen lo que yo llamo microidentidades líquidas: formas rápidas y flexibles de decir “yo soy así” en una cultura donde ese yo es mutable, compartido, estético y performativo.
Y en un mundo que –en palabras del filósofo coreano y Premio Princesa de Asturias 2025 Byung-Chul Han– recompensa la visibilidad y el rendimiento constante, cada tendencia se convierte en una máscara provisional. Un Labubu no es solo un objeto: representa pertenencia, afecto compartido, incluso un lenguaje generacional.
En este ecosistema volátil somos cuerpos flotando en un fluido simbólico: nos empujamos, nos chocamos, cambiamos de forma… al ritmo del mercado.
Del hype al vacío: flotar, saturarse, desaparecer
El formato blind box añade, además, una dimensión emocional: no solo compramos un objeto, sino también la experiencia misma de desear, esperar, probar suerte. En una cultura saturada de predicción algorítmica, el azar introduce una chispa de misterio. Para el filósofo francés Roland Barthes, la moda es lenguaje antes que indumentaria. Hoy podríamos decir que ese lenguaje habla, sobre todo, en clave emocional.
Las cajas cerradas no permiten ver qué labubu contienen, lo que añade emoción a la compra. Sandra Bravo
Pero ese lenguaje también obedece a leyes físicas. El principio de Arquímedes dice que un cuerpo sumergido en un fluido desplaza un volumen equivalente. En moda ocurre lo mismo: cuando una tendencia entra con fuerza otra es empujada fuera. El mercado simbólico no es infinito. Solo flota lo que logra desplazar a otra estética. Los labubu, al popularizarse, reemplazaron a figuras kawaii anteriores como Molly o Sonny Angel.
Y como todo gas, el hype tiende a disolverse. La sobreexposición agota el deseo. Surgen copias, se pierde el misterio, aparece la saturación. Y entonces el ciclo se reinicia: nuevas versiones, más presión, más temperatura.
El misterio de lo que llega (y se va)
Wang Ning, fundador y director general de Pop Mart, supo leer el punto exacto de fusión de estos objetos. En 2025, tras sumar 20 mil millones de dólares a su patrimonio gracias a la viralidad de Labubu, apareció en las listas como el 79º hombre más rico del mundo. Porque entender el cuándo, más que el qué, sigue siendo el verdadero poder.
Este modelo de moda líquida no busca explicar caprichos estéticos, sino revelar el proceso por el que una innovación nace, se expande y termina por desvanecerse. Porque las tendencias, aunque parezcan imprevisibles, también tienen estructura. No flotan al azar: cambian de estado según la presión del deseo colectivo y la temperatura cultural que las rodea.
El verdadero reto para las marcas no es detectar lo nuevo, sino saber en qué punto del ciclo está. ¿Es aún salgo sólido y marginal, con alto riesgo de desvanecerse sin haber trascendido? ¿Está ya en fase líquida, ganando tracción? ¿O ya es gas, omnipresente pero a punto de evaporarse?
¿En qué punto del ciclo nos encontramos? ¿La fiebre de los labubus ha alcanzado ya el punto de saturación y tiende hacia la evaporación? Sandra Bravo
Para los consumidores, su posición en esa curva depende de cuánto riesgo están dispuestos a asumir. Hay quienes adoptan lo que luego será moda incluso antes de que tenga nombre. Otros esperan a que sea seguro, validado, casi obligatorio. Y, en medio, fluyen millones de microidentidades que se encienden y se apagan como una llama.
Labubu no es la excepción. Es un caso perfecto: nació como rareza, fluyó como tendencia y explotó como moda. Hoy flota por todas partes. Pero también puede que pronto empiece a disiparse.
“Cateo” viene del latín “captare”, de coger o buscar; tal como ocurre con la búsqueda de vetas auríferas en minas y tal. También el uso ha llevado el término a referirse la búsqueda de evidencias relacionadas con delitos. Pero, lo que no es legal es la detención y cateo en ausencia de delitos o razonable sospecha de ello. Sin embargo, no es nada rara esa actuación policial en Panamá y la pregunta sería ¿por qué lo hacen? La respuesta la encontraremos en una historia de gobernanza desmedida y corrupta que nuestra gente ha apadrinado a través de los siglos.
Una organización policial que permite a sus agentes cometer semejantes delitos sin ningún resquemor dice mucho acerca de la corrupción endémica que traemos en el DNA en este hermoso istmo. Es así, ya que las autoridades no pueden desconocer semejante práctica; la cual se da con peatones y conductores de autos. Y las excusas que dan son ¡baladí!; termino de origen árabe que significa “tierra”, o digo yo… “mugre”.
Alegan algunos que la detención, con demanda de identificación y cateo se justifica como herramienta para pescar delincuentes. ¡Qué lindo!, considerando que en tales actos el delincuente es el agente de policía. Esa no es la manera de pillar delincuentes; y al respecto doy un ejemplo: Si los agentes de tránsito se dedicaran a patrullar y pescar a los infractores crónicos, verían que entre ellos están los malandrines. Triste que a menudo los malandrines son los de la ATTT.
Vayamos al fondo jurídico… tal como el caso de Jennings versus Smith, en que se demandó por pedido ilegal de identificación a un pastor negro. El pastor regaba el jardín de su vecino que se había ido y le pidió el favor. Una vecina vio al pastor y llamó a la policía, que llegó e interrogó al pastor; quien explicó el caso, pero igual le pidieron identificación y el pastor se negó. Imagínense, que para salir a regar el jardín del vecino tienes que llevar cédula o tal. En fin, el caso fue hasta la Corte Suprema de Alabama, la cual falló en contra de pedir identificación cuando no media falta ni delito de por medio.
Entonces, regresemos a Panamá en dónde a mi hermano en dos ocasiones que fue detenido sin mediar causa se negó a presentar su licencia. En el primer caso fue un agente motorizado que insistió y mi hermano le declaró arresto al agente; el cual salió en corriendo, se montó en su moto y se dio a la fuga. En el segundo caso lo detuvieron en un retén, de esos que se hacen fuera de norma: “Su licencia.” “¿Por qué?” “¡Su licencia!” Mi hermano cerró la ventana. Lugo vino un sargento y luego un teniente; este último le preguntó: “¿Qué ocurre señor?” “Que me piden la licencia y cuando pregunto por qué no me dan razón.” El teniente: “Señor, ¡váyase, váyase!” ¿No les dice esto algo mis estimados lectores?
El meollo o tuétano del asunto es que en una población en donde no se respeta a los ciudadanos o extranjeros el bienandar anda trastabillando, ese que nace con el respeto a la libertad, es que es lo primero que aparece en el Preámbulo de nuestra malísima constitución; la cual, al menos, en eso no anda mal al decir:
“Con el fin supremo de fortalecer la Nación y garantizar la libertad…”
Es simple, cuando el mal ejemplo lo apadrinan las autoridades que permiten o hasta andan en contubernio con sus agentes, es análogo a los padres de familia que no enseñan el bienandar as sus hijos.
En pleno 2025, la comunidad cripto afronta no solo amenazas digitales, sino un riesgo creciente al mundo físico. Según informes recientes, se han multiplicado los casos de secuestros y extorsiones dirigidos específicamente a poseedores de Bitcoin, incluso con montos tan modestos como 0,5 BTC (~50 000 USD), aprovechando filtraciones de datos de exchanges y sistemas KYC. En este contexto surge GLOK, una plataforma que juega conscientemente con la marca de pistolas Glock para dar sensación de protección, pero sin armamento. Fue impulsada por Alena Vranova, cofundadora de Trezor, y se autodenomina “el ángel guardián descentralizado” para cryptoholders.
¿Qué es GLOK y cómo funciona?
GLOK opera sobre el protocolo descentralizado Nostr, garantizando privacidad, código abierto y cero dependencias centrales. Su función principal: un botón de pánico que envía alertas —incluyendo tu geolocalización— a familiares, vecinos o una red cripto configurada por el usuario en caso de peligro físico.
Si bien GLOK plantea un avance fundamental en seguridad descentralizada, no debemos olvidar que el mundo digital y el mundo físico deben actuar en conjunto. Un botón de alerta puede ser útil para notificar un peligro, pero no reemplaza la capacidad individual de defensa en tiempo real. En una situación crítica, cuando la amenaza ya está frente a ti, la diferencia entre ser víctima o sobreviviente puede depender de tu preparación, tu temple… y tu autonomía física. La soberanía comienza con el control de tus llaves, pero se consolida con el control de tu cuerpo, tu espacio y tus decisiones.
Por esa razón, GLOK también ofrece cursos presenciales, como el que se efectuará en Riga, Letonia, de aproximadamente $1 000 (≈0,01 BTC). Incluye entrenamiento anti-secuestro dividido en tres módulos: prevención, técnicas básicas defendibles y protocolos de emergencia o negociación bajo estrés.
Private geolocation for all of us, proclama su anuncio, resumiendo el espíritu de GLOK: una herramienta pensada no solo para la élite tecnológica, sino para cualquier persona que valore su soberanía personal y quiera una forma directa y descentralizada de pedir ayuda cuando más importa.
Una mirada libertaria: protección personal sin el Estado ni armas
Desde una perspectiva libertaria, GLOK representa un modelo significativo:
Seguridad distribuida y voluntaria
No depende de policías ni ejércitos estatales. Cada usuario configura su red de apoyo. Es voluntario, basado en confianza mutua dentro de la comunidad cripto.
Desconfianza del Estado y defensa personal
Ante la erosión de derechos y la burocracia estatal, GLOK apuesta por la autodefensa civil. Sin armas, pero con herramientas know- how y redes de ayuda espontánea.
Autonomía y descentralización real
Apoya la soberanía individual: los usuarios retienen control sobre su información, su red de auxilio, y su propio comportamiento frente a amenazas.
Privacidad
La app utiliza diseño criptográfico y descentralizado para evitar censuras, fugas de datos o ataques coordinados centralizados.
¿Es este el futuro de la protección cripto?
La creciente violencia física contra holders de Bitcoin convierte a GLOK en un pionero en seguridad real. Los datos hablan: sólo en 2025 se documentaron decenas de ataques contra inversores, muchos derivados de filtraciones de identidad y domicilios.
En un entorno donde incluso pequeñas cantidades atraen secuestros express, tener solo seguridad digital ya no basta. GLOK ofrece un enfoque híbrido: tecnología, comunidad y formación práctica.
Ventajas: ¿por qué suena atractivo?
Sistema abierto
No hay puertas traseras, ni servidores centralizados: todo es auditable por la comunidad.
Red social de apoyo
Puedes elegir quién recibe la alerta: no solo familiares, también vecinos o participantes confiables en eventos cripto.
Formación realista
El entrenamiento presencial dota de habilidades tácticas para reaccionar ante situaciones extremas.
Low‑cost en comparación a seguridad privada tradicional
Un curso de mil dólares puede parecer caro, pero es una fracción de lo que costaría contar con protección personal profesional.
Consideraciones importantes para el uso efectivo de GLOK
1. La red lo es todo GLOK basa su funcionamiento en una red de apoyo que tú mismo configuras. Su eficacia depende directamente de que esa red sea confiable, esté disponible y, en la medida de lo posible, geográficamente próxima. Si tus contactos no pueden actuar con rapidez, o si te encuentras en un entorno donde no tienes aliados, el potencial de respuesta se reduce. Como toda herramienta descentralizada, su poder reside en la calidad de las conexiones humanas que la respaldan.
2. Capa de seguridad, no escudo absoluto GLOK es una herramienta poderosa, pero no mágica. Funciona mejor como parte de una estrategia más amplia de defensa personal. En situaciones críticas, especialmente cuando el ataque es inmediato o sorpresivo, la tecnología puede no darte margen de acción. Por eso es clave que el usuario también contemple su preparación física, su conciencia situacional y su capacidad de reacción como elementos inseparables de su seguridad.
Por qué GLOK dará que hablar…
GLOK representa una respuesta libertaria e innovadora a un problema real: la violencia física que ya afecta a holders de criptomonedas. No promueve la proliferación de armas, sino de redes autónomas, formación, tecnología y autoorganización comunitaria. Podría ser el indicio de cómo se protege un individuo libre en un mundo donde los Estados y las instituciones tradicionales no bastan para garantizar seguridad.
En ese sentido, GLOK hace honor al juego de palabras con Glock: no dispara, protege.
Este modelo plantea preguntas para legisladores, usuarios y arquitectos de seguridad: ¿deberían los gobiernos facilitar sistemas colaborativos como este? ¿Hasta qué punto es sostenible replicar esta arquitectura a escala? El futuro podría no ser un Estado vigilante, sino comunidades sólidas, apps libres y protocolos abiertos como GLOK.
Cuando pensamos en residuos peligrosos, lo primero que imaginamos son materiales radiactivos de centrales nucleares. Pero hay otro actor silencioso: los hospitales. Allí también se generan desechos altamente peligrosos —desde restos radiactivos usados en radioterapia hasta materiales infecciosos y farmacéuticos— que requieren tratamientos específicos para evitar riesgos a la salud y el medio ambiente.
¿Qué tipos de residuos estamos tratando?
Los residuos radiactivos pueden venir de reactores, investigación científica o el sector médico. Se clasifican por su nivel de actividad: alta, media o baja. Por ejemplo, el yodo-131 usado en tratamientos médicos sigue siendo radiactivo varios días después de ser desechado.
En hospitales también se manejan residuos biológicos infecciosos, objetos punzantes, fármacos citotóxicos o sustancias químicas tóxicas. Muchos de estos no son radiactivos, pero pueden ser igual de peligrosos si no se gestionan bien.
¿Cómo se tratan tradicionalmente?
Las formas más comunes de tratamiento incluyen la incineración, la compactación, el encapsulamiento en cemento o la vitrificación (convertirlos en vidrio). Para residuos infecciosos, se usan autoclaves, microondas y desinfección química. Pero estas técnicas suelen ser costosas, poco eficientes energéticamente y generan residuos secundarios peligrosos.
Las innovaciones que están cambiando el panorama
Transmutación nuclear
Tecnología emergente (“nuclear transmutation”) avalada en Suiza.
Reduce en un 80 % los residuos de larga vida útil, transformándolos en isótopos de menor riesgo, con radiactividad finita (<500 años).
Bioremediación de radionúclidos
Uso de bacterias, plantas y hongos (incluidos organismos modificados genéticamente como Deinococcus radiodurans) para inmovilizar o precipitar uranio, plutonio, cesio, entre otros
Vitrificación avanzada y cerámicas sintéticas (Synroc)
Encapsulado del HLW en vidrio o cerámica cristalina (Synroc, Synroc‑GCM) con alta capacidad de carga radioactiva y estabilidad geológica
Geomelting y vitrificación in situ
Técnica de fundición por plasma que convierte residuos (incluidos relaves nucleares) y suelos contaminados en material vidrioso estable.
Digitalización y trazabilidad con IoT/Digital Twin
Sistemas como RAWINGS con AR e IoT permiten monitorizar condiciones de contenedores radiactivos en tiempo real, minimizando errores y accidentes.
Imágenes Compton con visión artificial
Cámaras portátiles que permiten caracterización en tiempo real de residuos radiactivos, optimizando su clasificación y ubicación en depósitos.
Tecnologías onsite hospitalarias innovadoras
Micro Auto Gasification Systems (MAGS): gasificación compacta que transforma residuos hospitalarios en bio‑char y energía térmica, evitando incineración.
Sistemas como Sterilwave de Bertin: tratamiento con microondas y trituración in situ reduce hasta un 85 % del volumen, elimina riesgos biológicos y permite considerar el residuo como basura municipal segura .
Perspectiva de futuro
Las innovaciones están orientadas a reducir volumen radiactivo, acortar el tiempo de riesgo, y cerrar el ciclo localmente (tratamiento en sitio).
La transmutación nuclear y la bioremediación ofrecen soluciones transformadoras, aunque aún requieren escala y pruebas a gran escala.
Tecnologías digitales (IoT, AR) y de imagen avanzada mejoran la seguridad y eficiencia del actual sistema de gestión.
¿Hacia dónde vamos?
La tendencia es clara: tratar los residuos peligrosos en el mismo lugar donde se generan, reducir su volumen y riesgo, y usar tecnología avanzada para trazabilidad y seguridad. Aunque algunas soluciones aún no están disponibles a gran escala, su desarrollo promete un futuro donde estos residuos puedan ser gestionados con menor impacto ambiental y sanitario.
No se requiere una licenciatura para ser para ser exitoso en los negocios. Y, absurdo creer que los funcionarios públicos del MEDCA sabrán cómo desarrollar el espíritu empresarial en sus estudiantes. Lo que sí lograrán infundir en ellos es el desorden que hoy día han estado promoviendo en los cierres de calles. Debemos ver y entender que no puedes entrenar a una persona a ser empresario; y menos en el país del “no a la privatización”, en el cual el gobierno lo tenemos metido hasta en nuestros retretes. En fin, el emprendimiento es una actividad social de distribución del trabajo productivo entre la comunidad; lo cual no se logra cuando dicho intercambio es secuestrado por los gobiernos. La interacción social se da primariamente en la familia, el barrio y tal; pero la función gubernamental primaria es la de dar la seguridad necesaria para que pueda prosperar la actividad social; lo cual se pierde cuando los gobiernos dejan su rol de árbitros para volverse perversos actores en el mercado.
La realidad a menudo deambula por curiosos laberintos. Imagínense que personajes como Steve Jobs, Bill Gates, Elon Musk, Richard Branson, Jeff Bezos y empresarios exitosos en Panamá tienen en común y quedarán muy sorprendidos. Nos cuenta Douglas French del Mises Wire, que Branson sufría de dislexia y fue malísimo en la escuela, tal como lo fui yo, que como Branson, no me gradué de la Universidad; aunque no se me ocurre compararme con él. Steve Jobs desertó la universidad, lo mismo que Bill Gates. Y el caso de Bezos que se graduó de ingeniero eléctrico. U Oprah Winfrey quien ganó tres Emmy antes de graduarse.
En mi caso, tuve la oportunidad de involucrarme en una gran cantidad de actividades no sólo empresariales y gubernamentales, aviación, educación, actividades marinas, en el arte de la pintura, la poesía, la composición de canciones, cocina, la escritura, y muchas otras más. Suelo contar que luego de pintar no tan mal con carboncillo, un día me encontré con un libro de como pintar a carboncillo y lo leí todo, pero… curiosamente, ya en la práctica y por cuenta propia había aprendido prácticamente todo lo que el libro enseñaba; lo cual me trae a mente el caso del empresario Booker T. Washington, un negro nacido esclavo que, entre muchas otras, aprendió a leer y escribir solito.
Lo otro que me ha quedado luego de tantos caminos trillados es que mis actividades no siguen caminos trillados por otros sino que aprendí por mi cuenta, a mi ritmo y entusiasmo. Es como lo que me ocurrió al ir a registrar mis canciones y una funcionaria me preguntó cuál era el género de mis canciones; le dije: “Ni idea”, déjeme consultar con mi hijo, que es compositor graduado de la U de Carolina del Norte. Cuando le pregunté, estaba con otro profesor de música y se pusieron a discutir el genero de mi música, y hasta el día de hoy no concuerdan. Le dije a la funcionaria… “típico” y ¿vaya usted a ver que es típico. Típico mío, será.
En fin, el buen empresario actúa frente a frente a lo desconocido; tal como mi padre, Irving Bennett, que montó en Novey la primera ferretería en Panamá y probablemente en toda Latinoamérica que sacó toda la mercancía de los depósitos y la expuso a la clientela. Lo curioso es que cuando lo propuso a los socios, estos, junto a muchos amigos le advertían: “Irving, no puedes hacer eso, te van a robar todo.” No fue así y el primer año Novey cuadruplicó sus ventas. ¿Crees que en el MEDUCA enseñan eso?
En 2012, la Universidad de México (UNAM) destacó a Zomia como un “refugio para pueblos que se niegan a someterse al poder de un Estado” Hoy, más de una década después, este testimonio sigue resonando: Zomia no es un mero relicto antropológico, sino un faro libertario en un mundo donde el Estado, bajo cualquier bandera, busca expandirse.
¿Qué es Zomia?
Zomia es una vasta región montañosa del Sudeste Asiático –más de 2.5 millones de km²– que abarca territorios de Vietnam, Laos, Tailandia, Birmania, suroeste de China e incluso zonas limítrofes con India, Pakistán y Afganistán. En estas tierras viven cerca de 100 millones de personas, agrupadas en diversos pueblos que han permanecido al margen del control estatal por milenios .
La “anarquía por diseño”
El antropólogo James C. Scott, en The Art of Not Being Governed (2009), explica cómo estos pueblos han cultivado deliberadamente formas de vida que los hacen poco absorbibles por los Estados centralizados: movilidad constante, agricultura migratoria, estructuras sociales horizontales, identidades fluidas, religiosidad itinerante, cultura oral. Scott lo llama “barbarie por diseño”: elementos culturales que, lejos de ser “primitivos”, son perfectamente funcionales para mantener la libertad individual frente al Estado.
Desde una óptica libertaria, esto representa una respuesta activa a la coerción institucional. En lugar de esperar una revolución, la estrategia es simple: evitar el control estatal.
Lecciones libertarias para el mundo moderno
Subsidiariedad efectiva: Zomia demuestra que las comunidades pueden autoorganizarse sin necesidad de intervención estatal. Su éxito reside en soluciones locales, sin burocracias.
Resistencia silenciosa y descentralización: Scott resalta cómo estos pueblos practican infrapolítica, es decir, formas cotidianas de resistencia, sin grandes rebeliones, pero con impacto real. Esa es la verdadera contracultura, algo que libertarios valoran como acción directa sin coletazos violentos.
Cultura como herramienta de libertad: Zomia es una cultura de resistencia. Lo que los convierte en símbolos no es la revuelta armada, sino su decisión cotidiana de no ser “gobernados”. Su forma de vida es un testimonio de que existen modos alternativos de convivencia.
Una advertencia para el Estado moderno: en un mundo que siente el impulso de digitalizar, censurar y regular cada aspecto de la vida, Zomia nos recuerda que cuando el Estado crece demasiado, la gente encuentra formas de escapar. No solo huyen geográficamente, sino que utilizan la descentralización tecnológica, criptomonedas, educación libre, comunidades digitales.
¿Sigue Zomia siendo relevante en 2025?
Sí. Las formas modernas de poder –vigilancia masiva, control de datos, intervención educativa– son la nueva frontera. Inspirarse en Zomia implica:
Favorecer comunidades locales abiertas, móviles y autónomas.
Reconocer que la descentralización no es solo técnica, también es cultural y social.
Rechazar sistemas educativos, sanitarios o financieros impuestos por el Estado, y avanzar hacia modelos voluntarios, cooperativos o basados en vouchers.
¿Es posible replicar Zomia fuera de Asia?
No se trata de huir a las montañas. Más bien, se trata de construir espacios donde la autoridad sea reducida, temporal y delegada. Comunidades rurales autogestionadas, barrios que se organizan sin Estado, redes de voluntarios, iniciativas ciudadanas de transparencia. Todo esto ya existe como semilla de un mundo pos-estatal.
Zomia es más que una curiosidad histórica: es un modelo práctico de libertad. Más allá del academicismo, esta región nos habla del poder del individuo y de la comunidad cuando se niegan a dejar su destino en manos de una autoridad central.
Para la perspectiva libertaria actual, Zomia no es lejana o exótica: es la biblia viva de la no-sumisión, demostrando que, donde el Estado impone su presencia, florecen formas de vida alternativas. Ahí radica su verdadera lección: la libertad no siempre se conquista, a veces simplemente se elige.
Comprar ropa online es una de las actividades más populares del comercio electrónico actual, pero también una de las más frustrantes. ¿La talla será la correcta? ¿Cómo me quedará realmente esta prenda? ¿Qué pasa si me queda mal y tengo que devolverla? Estas preguntas han perseguido a los consumidores desde que las tiendas virtuales comenzaron a ofrecer ropa. Sin embargo, Google está dando un paso gigante para terminar con estas dudas, con una propuesta que podría transformar para siempre nuestra experiencia de compra: la posibilidad de “probarse” ropa virtualmente a partir de una sola foto.
En su blog oficial, Google ha anunciado una nueva funcionalidad basada en inteligencia artificial que permitirá a los usuarios «probarse ropa» y visualizar cómo se vería una prenda sobre su propio cuerpo, simplemente subiendo una imagen. Este avance no es sólo cosmético: es una solución técnica a un problema estructural del e-commerce de moda, y responde a una demanda creciente por parte de los consumidores.
¿Cómo funciona esta tecnología?
A través del motor de búsqueda de Google, al buscar una prenda específica —por ahora disponible sólo con camisetas de marcas estadounidenses como H&M, Everlane, Anthropologie y Loft— los usuarios podrán acceder a una herramienta de prueba virtual. Usando inteligencia artificial generativa, el sistema superpone digitalmente la prenda seleccionada sobre una imagen del usuario, ajustándola a su fisonomía, tonalidad de piel, cuerpo y proporciones.
Para esto, Google ha entrenado sus modelos con imágenes de personas reales, no con modelos estilizados ni cuerpos idealizados. Esta inclusión de cuerpos diversos —en términos de complexión, altura, edad y tono de piel— marca un avance también desde el punto de vista de la representación: no sólo se mejora la experiencia técnica, sino también la emocional y psicológica de quien compra.
¿Qué cambia realmente con esta innovación?
Uno de los principales motivos de devolución de ropa en las tiendas online es que el producto no cumple con las expectativas de ajuste o apariencia. Al ofrecer una visualización personalizada y realista al «probarse la ropa», Google no sólo mejora la experiencia del usuario, sino que también reduce costos logísticos para los vendedores (menos devoluciones, menos transporte innecesario) y hace más sostenible la industria.
Esta herramienta representa un claro ejemplo de cómo la IA generativa no sólo tiene aplicaciones en texto, imagen o audio, sino también en soluciones prácticas y cotidianas. Al democratizar el “probador virtual”, Google acerca una experiencia que hasta ahora era limitada a aplicaciones específicas o costosos entornos de realidad aumentada.
¿Cuáles son los desafíos?
Claro que este tipo de avances también abre nuevas preguntas. ¿Qué pasa con la privacidad de las fotos que los usuarios suben? ¿Cómo se almacenan esas imágenes? ¿Qué garantías existen de que los datos corporales no serán utilizados con otros fines? Como en todo desarrollo tecnológico impulsado por IA, el dilema ético y de uso responsable sigue vigente. Google asegura que las imágenes se utilizan sólo para generar la vista previa y no se almacenan, pero habrá que seguir monitoreando cómo evoluciona esa política con el tiempo.
Reflexión final
En un momento en el que las fronteras entre lo físico y lo digital se vuelven cada vez más difusas, propuestas como esta redefinen no solo cómo compramos, sino cómo nos relacionamos con nuestra propia imagen. Probarte ropa con una sola foto podría sonar a magia, pero en realidad es el resultado de una conjunción de datos, visión computarizada e inteligencia artificial aplicada al servicio del usuario.
La compra online de moda está entrando en una nueva era, y Google quiere estar al frente. ¿Será este el inicio del fin del probador tradicional? Lo que es seguro es que, de aquí en adelante, mirar una prenda en la pantalla y saber cómo nos quedará está mucho más cerca de ser una realidad cotidiana.
A partir del 1 de enero de 2026, el Reino Unido, en una clara ofensiva contra la privacidad, exigirá que todas las plataformas de criptomonedas reporten información detallada sobre cada transacción de sus clientes, incluyendo datos personales y fiscales, monto de las operaciones, tipo de criptoactivo y la naturaleza de la operación. Esta iniciativa, impulsada por la agencia fiscal británica (HMRC), busca, según el discurso oficial, combatir la evasión fiscal y proteger al consumidor.
Pero detrás de este lenguaje burocrático se esconde un avance directo contra la privacidad financiera y la autonomía individual. En la práctica, estas medidas suponen un sistema de vigilancia masiva sobre las finanzas personales, transformando a cada exchange en un brazo ejecutor del Estado fiscal. El incumplimiento por parte de las plataformas resultará en sanciones económicas que buscan forzar la obediencia del sector privado a esta nueva lógica de control.
¿Qué diferencias hay con MiCA?
A simple vista, la medida británica guarda semejanzas con el Reglamento MiCA (Markets in Crypto-Assets) de la Unión Europea, que también establece marcos regulatorios para emisores y proveedores de servicios relacionados con criptomonedas. Sin embargo, hay diferencias clave: MiCA busca generar un marco normativo uniforme para facilitar la innovación, mientras que la política del Reino Unido se enfoca casi exclusivamente en el control fiscal. No hay aquí un intento de equilibrio regulatorio: se trata de control puro y duro, en nombre de una supuesta “protección” que nadie ha solicitado.
MiCA al menos reconoce que hay una dimensión económica que puede potenciarse si se proporciona seguridad jurídica. En cambio, el enfoque del Reino Unido criminaliza de antemano cualquier uso anónimo o privado de criptomonedas. Bajo este nuevo régimen, cada transacción será tratada como sospechosa por defecto.
La traición al espíritu de Satoshi
Lo que está en juego no es simplemente una nueva capa de compliance para los exchanges. Es, en términos ideológicos, un ataque frontal a las ideas que motivaron el nacimiento de Bitcoin. El white paper de Satoshi Nakamoto, publicado en 2008, proponía una red descentralizada, resistente a la censura, sin intermediarios ni confianza en autoridades centrales. Una red entre pares, donde los individuos son plenamente responsables de su dinero y sus decisiones.
Bitcoin fue creado como respuesta al abuso de poder de los bancos centrales y gobiernos tras la crisis financiera de 2008. No vino a pedir permiso. Vino a desintermediar. A ofrecer una alternativa para quienes no quieren participar en un sistema financiero basado en deuda, inflación crónica y vigilancia.
Estas nuevas regulaciones suponen lo contrario: reinstaurar el control estatal mediante la cooptación de actores privados, socavando la privacidad, criminalizando la autonomía financiera y asfixiando el uso libre de una tecnología que, por diseño, nació para estar fuera de su alcance.
Libertad no es “equilibrio”
Hablar de “buscar un equilibrio” entre libertad e intervención estatal es asumir una premisa falsa: que el Estado tiene derecho a controlar todas las formas de intercambio humano por defecto. Pero Bitcoin propone otra cosa: una relación libre, voluntaria, sin coacción. Nadie está obligado a aceptar Bitcoin. No es de curso forzoso. Por eso la idea de que el Estado debe “proteger al usuario” es absurda: ¿protegerlo de qué? ¿De sí mismo?
El usuario de Bitcoin es, en esencia, un adulto responsable. La arquitectura misma de la red asume que cada persona es capaz de cuidar su clave privada, validar sus transacciones y asumir las consecuencias de su uso. Esa concepción —profundamente libertaria— es incompatible con la idea de que una burocracia puede vigilar cada movimiento por nuestro bien.
Lo que está ocurriendo no es nuevo. Es una vieja historia: cada vez que aparece una tecnología que escapa al control estatal, el Leviatán reacciona. La descentralización es, para los Estados, una amenaza existencial. Y como no pueden destruir la tecnología, buscan domesticarla mediante normativas coercitivas, sanciones, vigilancia y miedo.
Pero Bitcoin no necesita pedir permiso. Su código sigue funcionando. Su red sigue creciendo. Y cada persona que decide custodiar sus claves, validar sus bloques y operar fuera del sistema, mantiene viva la promesa de una libertad que no se negocia.
El crecimiento de las criptomonedas ha abierto un nuevo horizonte para la inversión y la innovación financiera, pero también ha dado lugar a una preocupante tendencia delictiva: los ataques violentos contra personas con altos volúmenes de activos digitales. Estos delitos, conocidos como “wrench attacks” (literalmente, “ataques de llave inglesa”), consisten en el uso de la fuerza física o la coacción directa para obtener acceso a wallets cripto, ya sea a través de amenazas, tortura o secuestros.
Según un informe reciente publicado por Cointelegraph, tan solo en los primeros meses de 2025 se han registrado al menos seis casos documentados de ataques violentos a inversores y figuras prominentes del ecosistema cripto. La cifra alarma a la comunidad global, que hasta ahora asociaba el principal riesgo de estos activos con los ciberataques o fraudes digitales.
Casos recientes que encienden las alarmas
Entre los casos más resonantes se encuentra el del cofundador de Ledger, David Balland, y su esposa, quienes fueron secuestrados en Francia. Los captores, que buscaban obtener sus claves privadas, llegaron a mutilar a Balland para presionar a la empresa. Ambos fueron liberados gracias a una operación policial, y varios sospechosos fueron detenidos.
Otro episodio en París involucró a la hija de Pierre Noizat, fundador de Paymium, una de las plataformas de intercambio de Bitcoin más antiguas de Europa. La joven fue objeto de un intento de secuestro, lo que refuerza la idea de que los delincuentes no solo apuntan a las víctimas directas, sino también a sus familiares.
En Estados Unidos, la popular streamer Kaitlyn Siragusa, conocida como «Amouranth», fue atacada en su residencia por delincuentes armados que intentaron acceder a sus criptoactivos. Logró defenderse utilizando un arma de fuego.
Una amenaza que trasciende fronteras
El fenómeno no es nuevo, pero ha adquirido mayor visibilidad recientemente. En 2018, el inversionista británico Danny Aston fue atado y golpeado en su domicilio, frente a su esposa embarazada, por un grupo que lo obligó a transferir Bitcoin. En 2022, un empresario noruego fue torturado durante horas para entregar sus claves privadas.
De acuerdo con Chainalysis, en su informe anual de 2023 sobre cripto-criminalidad, el volumen total de criptomonedas robadas mediante métodos no cibernéticos (incluyendo fraudes presenciales y coerción física) creció un 15% interanual, lo que representa un total estimado de $76 millones USD a nivel global. Aunque sigue siendo una porción menor comparada con los grandes hackeos, la violencia física introduce una nueva dimensión de riesgo.
¿Por qué están aumentando estos ataques violentos?
Los analistas identifican varios factores:
Alta concentración de riqueza en pocas personas: muchas wallets individuales contienen millones de dólares en activos que pueden transferirse en segundos.
Exposición pública: los inversores cripto activos en redes sociales se vuelven blanco fácil al mostrar su estilo de vida o compartir información sobre inversiones.
Dificultad de rastreo: la naturaleza descentralizada y pseudoanónima de muchas blockchains impide rastrear fácilmente los fondos una vez transferidos.
Medidas de seguridad recomendadas
Expertos en ciberseguridad y firmas de custodia sugieren implementar estrategias que dificulten el acceso inmediato a los activos digitales:
Carteras multifirma (multisig): requieren la autorización de múltiples personas o dispositivos para ejecutar una transacción.
Dispositivos de almacenamiento en frío (cold wallets): mantienen las claves privadas desconectadas de Internet, lo que las hace inaccesibles en ataques físicos.
Segmentación de fondos: distribuir los activos en distintas wallets, incluyendo algunas “señuelo” con pequeñas cantidades.
Contratación de seguros especializados: productos como el “wrench attack insurance” de AnchorWatch están ganando interés en el mercado cripto institucional.
Soluciones descentralizadas de provisión de seguridad.
Una respuesta desde el Estado
En países como Francia, donde se han reportado múltiples incidentes en pocos meses, las autoridades han comenzado a coordinar reuniones con líderes del sector cripto para definir estrategias de seguridad y asistencia legal. Sin embargo, aún existen vacíos regulatorios sobre cómo tratar este tipo de crímenes híbridos, que combinan aspectos digitales y físicos.
A futuro
El auge de los ataques violentos contra inversores de criptomonedas expone una nueva vulnerabilidad del ecosistema descentralizado. Mientras los desarrolladores de tecnología trabajan en soluciones de custodia más seguras, la educación, la prevención y la cooperación con autoridades serán clave para proteger no solo los activos, sino también la integridad física de quienes participan de este mercado. Invertir en criptomonedas implica asumir riesgos. Que no te sorprenda asumir también los que aún no aparecen contabilizados.