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  • Mirar con atención: ¿optimismo o pesimismo?

    Este tema del optimismo y el pesimismo requiere análisis más cuidadoso. El apresuramiento nunca conduce a buen puerto. Partamos de la premisa que la crítica es lo que empuja las cosas a mejorar, mientras que el aplauso a rajatabla conduce al estancamiento.

    Seguramente los de nuestra generación no somos originales si decimos que el mundo está complicado. Antes que nosotros hubieron otros problemas, algunos de los cuales más graves que los actuales lo cual no nos consuela pues debemos resolver lo que nos toca.

    Observamos con alarma lo que viene ocurriendo en el otrora baluarte del mundo libre: Estados Unidos. De un tiempo a esta parte es grande la decadencia respecto a los valores y principios establecidos por los Padres Fundadores. En lo personal escribí un libro sobre el tema titulado Estados Unidos contra Estados Unidos donde abarcó muy diversas facetas culturales, institucionales, económicas y de relaciones exteriores que muestran un marcado declive. Es cierto que hay entidades extraordinarias que trabajan denodadamente para revertir el problema, pero por el momento no resulta suficiente. La anterior administración elevó el gasto público, el déficit y la deuda a niveles muy preocupantes pero luego objetó el recuento electoral por resultar perdidoso a pesar de que los cincuenta estados ratificaron su derrota en las urnas y también lo hicieron sesenta y un jueces federales y locales junto al propio vicepresidente de esa misma gestión. Luego asumió otro gobierno de otro partido que se ha propuesto empeorar aquellos tres indicadores clave.

    Por su parte, en nuestra región el estatismo ha llegado a límites insoportables en la isla-cárcel cubana y le siguen los imitadores venezolanos, los nicaragüenses y ahora los peruanos. Los argentinos abrimos esperanzas a raíz de dos derrotas electorales consecutivas del chavismo autóctono, aunque los problemas que se avecinan no son menores. En el continente europeo y en Inglaterra resurge el nacionalismo xenófobo con algunas pocas reacciones saludables en tierras españolas. Tenemos un Papa peronista y arrebatos autoritarios aquí y allá en zonas orientales junto a un megalómano de proporciones inauditas en Corea del Norte y otros de similares características en Rusia y China.

    Pero al mismo tiempo consignamos reacciones bien inspiradas debido a personas e instituciones que se preocupan y ocupan de contrarrestar los atropellos del Leviatán. Todo esto es para ser optimista, sin embargo, los otros datos comentados mueven el fiel de la balanza peligrosamente hacia territorios oscuros. Debemos meditar cuidadosamente esta encrucijada, una meditación que habitualmente no cuenta con muchos adeptos puesto que como escribió Antonio Machado “de cada diez cabezas nueve embisten y una piensa.”

    Frente a justificadas críticas por mucho de lo que ocurre en nuestro mundo, hay quienes reprochan a los críticos manteniendo que hay que ser optimista y ver el lado bueno de las cosas. Continúan diciendo que el color con que se mira la vida depende de cómo se percibe la realidad, lo cual ilustran con el vapuleado ejemplo del vaso con líquido hasta la mitad: unos lo verán medio vacío y otros medio lleno. Esto último dicen es lo que le da sal a la vida, lo contrario es puro derrotismo inconducente.

    Ahora bien, este tema del optimismo y el pesimismo requiere análisis más cuidadoso. El apresuramiento nunca conduce a buen puerto. Partamos de la premisa que la crítica es lo que empuja las cosas a mejorar, mientras que el aplauso a rajatabla conduce al estancamiento. Como la perfección no está al alcance de los mortales, todo es susceptible de criticarse lo cual revela estados de inconformidad y pretensión de alcanzar metas más elevadas.

    Un paso más en esta indagación, actividad detectivesca o arqueología interior nos muestra que quien es pesimista respecto al presente es porque piensa que se pueden lograr objetivos mejores, situación que en verdad lo convierte en un optimista respecto del futuro. En cambio, el optimista respecto al presente de hecho estima que no pueden obtenerse marcas mejores, apreciación que lo convierte en un pesimista respecto del futuro. En otros términos, el conformista se oculta tras una pantalla de optimismo pero es pesimista por naturaleza, mientras que el crítico del presente tiene esperanzas en lograr un horizonte más promisorio.

    Y este no es un mero juego de palabras, encierra una profunda visión filosófica de la vida. Junto con muchos otros he insistido que quien se siente completo en su vida tiene una mirada liliputense de sí mismo. La verdadera visión optimista (que comparte la raíz de óptimo) apunta más allá de lo logrado, es crítico y autocrítico. Ve la vida como una aventura y un desafío para mejorar. No se estanca y se “sienta sobre sus (supuestos) laureles”. Esto transmite entusiasmo y alegría al contrario del optimista a ultranza que en realidad tiene una visión lúgubre de la vida por más que dibuje una perpetua sonrisa en su rostro y se ría como la hiena.

    El pesimista del presente pretende más de la vida, tiene expectativas más altas y por eso es un optimista del futuro. En cambio, el optimista de cuanto ocurre en el presente al renunciar al espíritu crítico está renunciando a la condición humana. Solo es posible progresar si se está disconforme con el presente. En otra oportunidad, en este contexto, lo he citado a Miguel de Unamuno quien escribe que permanentemente lo llaman “pesimista, cosa que, por otra parte, no me tiene en gran cuidado. Sé todo lo que en el mundo del espíritu se ha hecho por eso que los simples y los sencillos llaman pesimismo”.

    Los que no son capaces de ver un futuro mejor y se acomodan a lo que ocurre con optimismo se quedaron sin proyectos, están anquilosados y padecen un espíritu anciano, aquél estado que André Maurois definía como “la sensación que es demasiado tarde”.

    Este es el sentido por el que Octavio Paz insistía que “Si los intelectuales latinoamericanos desean realmente contribuir a la transformación política y social de nuestros pueblos, deberían ejercer la crítica”. Este es el sentido por el que los autores de todas las grandes obras imprimen un sello crítico al statu quo, es porque llevan en el alma la ambición irrefrenable del mejoramiento y con sus contribuciones corren el eje del debate hacia posiciones más elevadas, como lo destacan con especial vehemencia Longfellow, Andre Gide, Jonathan Swift, Erik von Kuehnelt-Leddihin, Albert Camus y tantos otros escritores de gran calado.

    Esto ocurre en todas las manifestaciones del arte, recuerdo la formidable producción cinematográfica El niño con el traje a rayas, relato que me conmovió profundamente. Ese pequeño -hijo de uno de los criminales nazis del ejército de Hitler- ofrece un magnífico ejemplo de cordura al acercarse por el lado de afuera del alambrado a otro compinche de su edad que estaba encerrado en uno de los campos de concentración y clandestinamente al trasponer los feroces alambres para encontrarse con su amiguito con el que muere en una de las tantas cámaras de gas (resulta impresionante la toma de un primer plano de las manos entrelazadas de los dos chiquitos en camino a la muerte). En aquellos momentos trágicos para la humanidad, el revivir escenas escabrosas como las mencionadas, con todo el dolor y el espanto del caso, nos trasmiten una visión optimista en el sentido de que condenas sin reservas de esas montruosidades vividas constituyen un signo alentador y hacen que las víctimas no hayan sido exterminadas inútilmente, precisamente debido a la profunda crítica que el rodaje genera en toda mente con un mínimo de razonabilidad. Y el régimen nazi terminó merced al pesimismo que mostraron opositores respecto al horrible presente de aquellos momentos.

    Es que no vamos a ninguna parte con los tilingos que todo les parece bien y son siempre optimistas de lo que ocurre, y si vamos a alguna parte es al cadalso. Son los que dicen que “no hay que juzgar” sin percibir que eso es también un juicio como lo es todo lo que hacemos o decimos cotidianamente. Los que ejercen el espíritu crítico y luchan diariamente por mayores dosis de libertad y respeto recíproco en última instancia son por naturaleza, como queda dicho, optimistas respecto a las potencialidades del hombre. En cambio, los optimistas de cuanto tiene lugar, operan con una muy escasa y estrecha expectativa de lo que puede y debe hacer el hombre, cuentan con un plafón que no supera la altura de sus cuerpos, son incapaces de mirar al cielo, deambulan por los zócalos de la vida, si fuera por ellos aún rugiríamos en las cavernas.

    Nada peor que aquellos irresponsables que recostados en sus poltronas repiten que no hay que preocuparse puesto que “ya vendrá la parte buena del ciclo de la historia” sin percatarse que nunca llegará esa faz si no hacemos algo por explicar y difundir los valores del respeto recíproco. Las cosas no suceden automáticamente en las relaciones sociales, no hay tal cosa como el determinismo histórico, como bien apunta Paul Johnson: “Una de las lecciones de la historia que uno debe aprender, a pesar de que resulta desagradable, es que ninguna civilización puede darse por sentada. Su permanencia nunca puede asumirse; siempre hay una edad oscura acechando a la vuelta de cada esquina”.

  • Cómo es qué tantos se dejan arrear? Parte II. El Ciclo de la distorsión de la masa

    Una vez que logramos entender los fenómenos y mecanismos de la formación de mentalidad de masa, debemos proceder a examinar y entender no sólo como se originan sino cómo evolucionan cíclicamente. Y es que una vez que ya nos encontramos sumido en un fenómeno de mentalidad de masa, se van presentando fenómenos destructivos; tal como vemos, si es que vemos, los efectos que las medidas gubernamentales están y van produciendo en la economía y en la vida ciudadana. A fin de cuentas, la mayoría sólo logra ver y entender parte del cuadro total; entre otras razones, porque les han destruido su capacidad de pensamiento verás crítico. En tal estado mental la única “verdad” que cuenta es la que tienen fijada en su mente; lo cual entienden muy bien los centralistas, tal como los líderes “democrats” en los EE.UU., a quienes no les importa salir a decir mentiras y otras barbaridades ya que saben más que bien que le hablan a una masa que se comerá cualquier cosa.

    Lo anterior nos lleva a destacar otra realidad asociada al tema que abordo; en cuanto a que, en una dictadura clásica, tal como la militar que sufrimos en Panamá, la gente obedece por temor, pero en la mentalidad de masa no es así; es en esta condición mental hipnótica que da lugar al peor de los estados totalitarios, capaces de los peores crímenes. En una dictadura clásica si la población acepta los dictámenes de su Torrijos o Noriega, y se apaciguan, igual los dictadores se volverán más al estilo de Torrijos, quien recibió el apodo de “Papachú”; es decir, Papá Dios. Torrijos se esmeró por crear una imagen benévola y positiva. En contraposición el error fatal de Noriega fue hacer lo contrario, tal como ocurrió con la decapitación de Spadafora.

    En contraposición, en una dictadura totalitaria, cuando la población se amansa, entonces es cuando el dictador y sus huestes se vuelven demonios feroces; que fue el caso de los rusos en 1930 y los alemanes en 1935. Entonces es que se van prendiendo los hornos para cocinar a sus opositores o, ni siquiera, sino a quienes sirven de buenos objetos para polarizar las ansiedades y odios de la población. Y, entonces es que el monstruo comienza a devorar a sus propios hijos. En el caso de Rusia, la mayoría de los más de 50 millones exterminados no eran los ricos, que ya habían sido eliminados y se habían fugado, sino la gente del pueblo que no tenía como escapar de las fauces del demonio enloquecido.

    Los tres grupos en grupos de transformación masiva

    1. En el grupo uno estará el 70% de la población que no es hipnotizada. Lo mismo que en un estado totalitario los embobados no pasan del 30% de la población.
    2. Luego vemos un segundo grupo, alrededor del 40% que no se unen, pero no se oponen, de manera que dan lugar al fenómeno, el cual ahora llega a un 70% de la población.
    3. El tercer grupo de un 25% o 30%, que no queda hipnotizado, son los que se manifiestan e intentan actuar en contra del desquicio colectivo. Y, curiosamente, este grupo no pertenece a ninguna clase en particular, sino que es heterogénea; es decir que está conformada por diferentes clases políticas, sociales y étnicas, de manera que no es fácil definirlo.

    El asunto es que cuando este grupo encuentra o es llevado a reconocer el fenómeno y el peligro que acecha y logran identificarse entre ellos, se dificulta o imposibilita el fenómeno de formación masiva. ¡Este es el reto!, y la razón por la cual me he tomado el tiempo de leer, estudiar y escribir sobre todo esto, dada la urgente importancia de evitar un colapso total de la sociedad, tanto en Panamá como más allá. Algunos dirán que poco puede hacer una sola persona, pero, como bien se ha dicho, “el aleteo de una mariposa en un continente puede producir huracanes en otro.”

    ¿Cómo algunos rechazan la formación de masas?

    La respuesta no es tan simple o fácil de comprender; pero, tal vez podemos acercarnos un poco a ello. Y es que algunos apenas han logrado una visión muy limitada o un enfoque de túnel, si se quiere del mundo y el universo. Muchos ni siquiera se hacen las preguntas y, simplemente, se dejan llevar por sus preferencias que han desarrollado a lo largo de su vida. Por ejemplo, si los del gobierno y otras entidades regionales e, inclusive, religiosas, declaran que una vacuna es segura, muchos simplemente lo aceptarán sin tomarse el tiempo y trabajo de investigar el tema más a fondo.

    El entrevistador pregunta al psicólogo Desmet ¿si la degradación en la fe y que están quedando con mayores niveles de ansiedad están más predispuestos a aceptar inducciones masivas, ya sea en un sentido transhumanista u otra? Inclusive y en muchos casos, pareciera que muchas personas más educadas parecen ser estar más predispuestas a aceptar estas ideologías. Desmet responde: Sobre ello ya habló Gustave Le Bon en el Siglo XIX en su libro, “La Psicología de la Muchedumbre”, escribió que mientras más educados, más predispuestos están a una formación de masa. Más aún, se da otro fenómeno dentro de la masa; y es que los más educados e inteligentes, una vez asimilados a la masa, tienden a conformarse con la misma, bajando el nivel de su inteligencia ‘o tal vez su manifestación’. Dicho de otra manera, todos se tornan igualmente inteligentes, lo cual dicho de otra manera sería: ‘Igualmente Estúpidos’ y van perdiendo su capacidad de raciocinio crítico y pensamiento racional.

    En cuanto a si el nivel de ansiedad juega un papel en la formación de masa… «no estoy seguro de ello, porque siento que mucha gente que rechazan entrar en la formación de masa también sufren un alto grado de ansiedad». En mi caso (Desmet) nunca he sentido ansiedad debido al virus. Tal vez algo al inicio; pero desde el principio sentí el surgimiento de dinámicas sociales que podrían ser muy riesgosas y potencialmente peligrosas. En la primera semana de la crisis escribí una opinión en un diario advirtiendo que esta situación mostraba las características de un estado totalitario. En ese sentido fue que sentí ansiedad, por las consecuencias sociales y no por el virus. Pero me inclino por pensar que se trata de una tendencia de conectar la ansiedad con cierto objeto

    El despertar

    El entrevistador a Desmet: «Ahora me gustaría explorar el fenómeno de lo que ocurre cuando ya muchos van advirtiendo que el poder estatal se ha tomado más control de la cuanta y se está o ha formado un estado totalitario». En mi caso, la víctima de mis preocupaciones y quejas era mi esposa (John Bennett: En mi caso mi hijo y empleados que sufren mis desvaríos de rechazo a lo que veo está ocurriendo aquí y por tantos otros sitios). ¿Qué y cómo podemos hacer para contribuir con el despertar de la comunidad? Y, tal vez puedas compartir partes de tu propio viaje en todo esto. Sé que te fijabas en las estadísticas, que no hacían mucho sentido, hasta que caíste en cuenta de lo que ocurría; es decir, ese proceso que nos lleva a tomar conciencia de lo que ocurre.

    Desmet: Opino que lo más importante es no callar y seguir usando los medios que cada quien pueda tener para comunicar nuestras inquietudes. Decir, simplemente, que no estás de acuerdo con la narrativa de la corriente principal o “mainstream”. Eso es lo más básico, dado que la formación de masa es un tipo de hipnosis y como tal es un fenómeno provocado por vibración de una voz. Y debemos tomar lo que digo de manera literal, cosa que bien entienden los líderes totalitarios, cuando vemos que inician cada día con 30 minutos de propaganda, en la cual la voz del líder constantemente penetra la conciencia de la población. Y, sin el aporte de los medios de comunicación masiva; y si el líder totalitario no puede cacarear su mensaje hipnótico a las masas, entonces no podrá hipnotizarlos, tal como ocurrió en Alemania y en la Unión Soviética. Pero lo opuesto también es cierto; es decir, que con el aporte de otras voces de sentido común se puede interrumpir el proceso hipnótico. En fin, debemos convencernos y convencer a los demás sobre la importancia de manifestarnos abiertamente.

    En cuanto a mis propias experiencias vividas durante todo esto; de algo que los llevó a despertar y darnos cuenta de que lo que nos han estado vendiendo los líderes gobernantes y otros no tiene sentido. Que si logramos comunicarles a otros acerca de estos puntos de inflexión, tal vez podemos ayudarles con el despertar. En mi caso, formula Desmet, desde el comienzo del virus escribí que: “El miedo al virus es más peligroso que el mismo virus”. Dese un principio tuve el sentir de que el proceso psicológico era más peligroso que el biológico. Es más, dos meses antes de la declaración de pandemia, en diciembre a fines del 2019, fui al banco a pagar el balance de mi hipoteca; y el gerente del banco me preguntó: “Por qué quieres pagar lo que queda de tú hipoteca… vas a perder las ventajas de impuestos y tal?” Le respondí: “Porque siento que esta sociedad se encuentra en un punto de zozobra. En la universidad las cosas andaban muy mal, no se cumplían las tareas, había varios indicadores negativos que aumentaban de forma exponencial, y en diciembre le dije al banco: “Quiero estar lo más libre sin compromisos”. El director del banco me habló por hora y media, intentando convencerme de que él sentía que no era necesario lo que yo hacía. Luego le dije a mi esposa: “Fíjate, ese es el punto de inflexión del cual te hablaba”. Es decir, los encierros, máscaras y tal.

    En Bélgica, todos habían leído el artículo de Desmet, que por ello se había vuelto famoso, a punto de que en ocasiones sentió temor, pensando que tal vez estaba equivocado, que sí estábamos frente a un virus asesino en grande. Sin embargo, a fines de mayo, los modelos del Imperial College demostraron de que no era el caso.

    «Fue entonces que te fuiste a consultar las estadísticas, a usar el raciocinio sobre lo que sentías. Y es que nosotros en la emisora intentamos influenciar con datos y lógica, pero parece que nos estrellamos contra un muro. ¿Habrá algunos principios o forma de influenciar que podrías compartirnos, una forma de aproximarnos a todo esto de una forma sicológica que facilite este proceso de toma de conciencia?» pregunta el entrevistador a Desmet, que concluye:

    «Creo que se trata de seguir aportando argumentación racional con el fin de contrarrestar el proceso hipnótico. Pero, si sólo hacemos eso, puede resultar frustrante. Y es que mientras la gente esté profundamente hipnotizada será muy difícil despertarlos con argumentos racionales. El proceso de formación de masa se inicia en un nivel emocional, es decir, la interconexión de nuestra ansiedad con un objeto en o al cual podemos asirnos, tal como se agarra el náufrago a los restos flotantes de un navío hecho pedazos contra los arrecifes; o, en el caso que nos ocupa, el virus. El problema es que, una vez que el náufrago se agarra del “pecio”, palabra que significa “fragmento de la nave que ha naufragado”, es muy difícil que lo suelte, aunque ese pecio no lo pueda salvar.

    Habrán visto algo de eso en la película Titanic. En semejante situación o fenómeno, hay que hacerle ver al náufrago de que la dependencia a los dictámenes desquiciados y controladores de malos gobernantes no es salvación. Ello les hará darse cuenta que no están a salvo y que tienen que buscar otra vía de salvación; que, nuevamente, en el caso que nos ocupa, consiste en retomar las riendas de la gobernanza, esa que, en su momento, dejamos que fuese secuestrada por corruptos politicastros.

    Nota del autor:  les ofrezco una transcripción del audio de una entrevista que le hacen a Mattias Desmet en el Pandemic Podcast. No me limité a una transcripción pura, sino que fui introduciendo mis experiencias y otros comentarios que se fueron presentando ante las explicaciones de Desmet. Quien quiera buen puede buscar el video de la entrevista y para verla sin mis intromisiones.

    Entrevista de Dan J. Gregory del PANDEIC PODCAST al Dr Mattias Desmet – Psicólogo Clínico

  • ¿Cómo es que tantos se dejan arrear? Parte I

    Tantos se dejan arrear, que caen presa del embrujo, que conduce a la “transformación de masa, algo así como control masivo y al totalitarismo, tal como lo ocurrido en Rusia en 1930 y Alemania en 1935.

    Entrevista de Dan J. Gregory del PANDEIC PODCAST al Dr Mattias Desmet – Psicólogo Clínico

    A continuación, les ofrezco una transcripción del audio de una entrevista que le hacen a Mattias Desmet en el Pandemic Podcast. No me limité a una transcripción pura, sino que fui introduciendo mis experiencias y otros comentarios que se fueron presentando ante las explicaciones de Desmet. Quien quiera buen puede buscar el video aquí de la entrevista y para verla sin mis intromisiones.

    La entrevista

    Con algo de paráfrasis

    Inicialmente no lo vi en su magnitud y alcance. Pero cuando fui comparando las estadísticas vi cómo se exageraba la mortalidad del virus. El virus gubernamental era mucho más mortal que el COVID. Modelos Imperial College… hablaban de 80 mil y en Suecia sólo fueron 6 mil, sin que allí se dieran los cierres de otros sitios que cerraron. Allí fue que comencé a ver el tema con sospecha. Comencé a preguntarme ¿cómo era posible que tantos cayeran en semejante engaño? Que en muchos países pobres morirían más de hambre que por el CORONA; pero aun así siguieron el sendero de la vaca.

    Fenómeno de Gran Formación en Masa: Fenómeno que emerge en una sociedad en el cual ocurre o se promueve una disociación social en la cual se coinciden al menos 4 condiciones, a saber:

    1. La primera condición y la más importante se da cuando hay mucha gente que sufre una perdida social o asociativa.
    2. La segunda condición se da cuando mucha gente pierde el sentido de la vida, lo cual está asociada a la primera condición. Los humanos, siendo seres sociales, si pierden el contacto con el rebaño, su vida pierda sentido.
    3. La tercera condición se da cuando mucha gente entra en un estado de ansiedad no conectada a una representación mental; por ejemplo, si ves un león sabes la causa de tu miedo, pero si no logras ubicar la causa de tu miedo o ansiedad es probable que entres en un estado emocional negativo, ya que no puedes controlar lo que sientes.
    4. La cuarta condición es un gran nivel de frustración y agresión. Una agresión que sientes pero que no tienes a dónde o a quien dirigirla.

    Cuando se dan estas condiciones se pueden dar situaciones típicas en las cuales alguna entidad, política y tal, pueda aprovechar y canalizar esas emociones a su antojo. En tal situación es fácil conducir al rebaño; se dejan arrear. Hoy día lo vemos en el uso exagerado de las máscaras y de otras maneras que ni caemos en cuenta; tal como un guardia que me llamó la atención al entrar el Albrook Mall porque no estaba de acuerdo con la manera en que yo llevaba mi máscara; sin embargo, a pocos metros de distancia estaban las mesas de gente comiendo y charlando si máscaras. En otras palabras, llenan el vacío dando una representación mental a la ansiedad. A fin de cuenta lo que esto permite, como ya señalé, es controlar a rebaño y llevarlo al matadero. Otro ejemplo es la pasividad de tantos a los encierros, la vacunación aun cuando las personas han tenido el COVID, lo cual es mucho más efectivo que la vacuna, y quien sabe cuál otra forma de control podrá surgir más adelante; tal como poder meter a millones de hebreos en hornos.

    Más aún y más adelante, cuando ya el fenómeno descripto ocurre, se va formando otra clase de asociación social con un nuevo sentido; algo así como una nueva solidaridad. Esto permite que el rebaño pase de un estado de aislamiento social a uno contrario, caracterizado por un alto grado de conexión que fácilmente puede ser pervertida. Algo así como la reacción en una masa de protesta o de linchamiento.

    Por las razones expuestas es entendible que tantos estén cayendo en conclusiones inmensamente absurdas y equivocadas. Es algo como esos rituales que hemos visto llevan a un grupo religioso fanático a cometer suicidios en masa. Es un comportamiento mediante el cual las personas muestran su pertenencia al grupo o la masa; se dejan arrear. Y lo más curios u horripilante es que mientras más absurda la proposición, mejor funciona dentro del ritual. Es así ya que al actuar alocadamente están dando testimonio fehaciente de su lealtad; algo así como los ritos de iniciación a fraternidades y tal.

    Pero, todo esto va mucho más allá, dado que están dadas o presentes las condiciones de inconformidad con sus vidas: su trabajo, el estilo de vida, la carrera diaria en el tropel a los puestos de trabajo, el consumismo, en un ambiente que en buena medida desfavorece la toma de responsabilidad, potencia la fijación de sus ansiedades en dirección errada; tal como ocurrió en la Alemania nazi que culparon a los hebreos de todo, a tal punto que terminaron metiendo a millones en hornos. En Panamá uno de las falsedades típicas ha sido la división de clases con el “no a la privatización”.

    Una realidad típica y poco conocida y menos entendida es que al menos un 50% de los ciudadanos en países desarrollados sienten que sus trabajos no tienen sentido. ¿Cómo será en Panamá? Todas estas son realidades sociales que poco o jamás abordamos y menos abordan las autoridades electas, esas que tienen sus propias “prioridades”. Y, todo ello propicia las condiciones para la toma de malísimos caminos. En países como Bélgica anualmente se usaban 300,000,000 dosis de medicamentos antidepresivos, en una población de 11 millones.

    El virus del CORONA

    En la situación actual, el virus del CORONA ha permitido o facilitado de venderle “soluciones” quiméricas. Se trata de atender los síntomas y no la patología, o peor, atender falsas patologías, tal como alegar que los hebreos eran demonios que merecían ir a los hornos.

    Por otro lado, el reto y lo que corresponde es entender cómo llegamos a esas situaciones de aislamiento y pérdida de sentido en la vida, lo cual fácilmente se torna en ansiedad y hasta agresividad. Uno de los síntomas del mal que ha ido creando las condiciones del descontento y tal lo vemos en esos medios informativos que se han vuelto completamente partisanos o, partidista, si se quiere, lo cual ha ido creando una nefasta polarización que se sustenta sobre un bombardeo de falsedades. Y ni hablar lo que aportan los medios de intercomunicación social el enredo.

    Todo lo presentado nos lleva a estudiar aquellas realidades que nos han llevado a la formación masiva en direcciones muy perjudiciales caracterizada por fomentar una visión de túnel; que es algo que ocurre cuando se nos presenta una emergencia, tal como un perro grande que se nos viene encima. En ese momento nuestra vista se centra en la amenaza inminente o la que creemos ser la mayor amenaza; pero no vemos que en realidad el perro no viene a atacarnos, sino que huye de una avalancha o tal. Es así con tanta gente que sólo viendo una pequeña parte de la realidad se abocan a acciones desconectadas con el gran panorama. Se dejan arrear. Otro síntoma ilustrativo es ver que de pronto la única patología que parece importar es el COVIDA, mientras que el resto de las enfermedades y causas de mortalidad y sufrimiento parecen perder importancia.

    En mi caso, al inicio de la pandemia, escribí en varios medios de que los efectos económicos y otros de las medidas que tomaban los gobiernos iban a causar problemas colaterales mucho más perjudiciales que el COVID; realidad que se asoma, pero sólo la cabeza. En el caso de los EE.UU., una sociedad que logró organizarse en torno a ideales de libertad jamás soñados en la historia humana y que hoy día vemos a tantos despreciarlos. Mas raro o curioso es que el fenómeno de formación masiva no se caracteriza por un egoísmo, ya que la mayoría de los afectados están dispuestos a perder su libertad y todas esas cosas que tanto les costaron y que atesoraban, para satisfacer su fijación patológica. Tal es el suicidio de toda una comunidad religiosa fanática. Se dejan arrear.

    Y más allá, se dan otros fenómenos de adaptación a la mentalidad de masa o semoviente consistente en que a muchos les gusta o acomoda más la nueva realidad, pero no se detienen a ver si es sana o malsana o cuan sana y cuan malsana. Se dejan arrear. En semejante situación, son muchos que no quieren regresar al corrinche de ayer. Tal puede ser el caso de los profesores gubernamentales que se han acostumbrado a trabajar desde casa. Se ahorran costos y todo el alboroto del ir y venir en el desorden vial. Pero pocos se detienen a ver las causas de ese ayer incómodo o peor. No se dan cuenta de la forma desordenada en que los gobiernos conducían la autoridad de tránsito; o peor, el uso de las instituciones para sacar provecho del partido de turno.

    A todo eso puede resultar fácil que la gente crea que la solución está en volver a lo pasado, lo cual sería error fatal. La salida lógica y buena es hacia adelante; el problema es que ese “adelante” es un nuevo mundo de cambios alucinantes que no conocemos ni entendemos y que nos intimida. Existen nuevas formas de cambiar y mejorar el “nuevo normal”, pero ello requiere que lo entendamos y busquemos. Por ejemplo, la descentralización de la educación, que en el caso de Panamá ya salen proyectos legislativos en esa dirección, pero los mismos están plagados de centralismo, de no querer soltar las riendas del control. Así, vemos que los políticos que veían esfumarse sus controles, de pronto no vieron la crisis como un momento de mudarse a un mejor mundo sino de perpetrar el viejo de control y saqueo.

    Por otro lado, vemos que asoman otros fenómenos tales como el rechazo o peor, el descrédito y hasta ataque a personas que, como yo en este caso, van señalando estas cosas. De pronto el problema es quien advierte y señala la verdadera patología y habla de auténticas vías de solución. Estos fenómenos los estamos viendo claramente en los EE.UU., en dónde se dan casos como los de sindicatos magisteriales de las escuelas del gobierno, esas que apodan “públicas”, ha pedido al presidente Biden la intervención de la FBI y otras entidades anti terroristas, que tomen carta contra los padres de familia que acuden a las reuniones de las directivas de los colegios para oponerse a lo que muchos vemos que es más adoctrínenlo que educación. Han llegado a punto de decir que no compete a los padres meterse con lo que se les enseña a sus hijos.

    Peor es ver que en la mentalidad de masa, muchos están dispuestos a cometer atrocidades luego de haberse convencido que tienen una “autoridad moral” o algo semejante. Y regresamos al caso del nazismo, ¿cómo explicar los campos de concentración y los hornos? El fenómeno presente en la mentalidad de masa favorece el caramelo sobre el purgante; es decir, que a muchos les resulta más fácil o potable creer el cuento que enfoca la ira personal, a escuchar y creer a personas que explican como lo hago yo ahorita. Pero no, se dejan arrear. Y, en ello, regreso al ejemplo del comportamiento de una masa de linchamiento, de esas comunes en la cinematografía del oeste o en el pasaje bíblico en el cual Jesús advierte: “El que esté libre de pecado que lance la primera piedra.” Existe una marcad tendencia de callar la voz de la razón cuando no conforma con los sentimientos de ira.

    No a la privatización

    Otro ejemplo de lo señalado en el párrafo anterior es el del “no a la privatización” que atrae a tantos. Y si un John Bennett o marcado “rabiblanco” sale a decir que semejante eslogan es una perversión, es muy posible o, de hecho, se vuelve el objeto del ridículo y oprobio. Eso mismo señaló Gustave Le Bon, destacado polímata francés, antropólogo, psicólogo, médico e inventor, quien señaló que una de las características sobresalientes del comportamiento de masas enfurecidas o incensadas es su intolerancia contra “disidentes”. La masa incensada busca que se le unan y no que les contradigan. Lo otro curioso es que las masas inflamadas necesitan enemigos que atizen la hoguera de su ira y, en buena medida no los eliminan sino los mantienen como el torero a los banderilleros.

    Otra forma de plantear lo señalado en el párrafo anterior nos retrotrae a «no a la privatización», en dónde la población que siente frustración por su lamentable situación, necesita chivos expiatorios y en ello vemos a los zorros del gallinero o políticos que acusan al “empresario”; lo cual es absurdo ya que todos somos, en alguna medida, empresarios o personas que emprenden sus vidas y su economía. Dicho eso, ¿se imaginan lo que ocurriría en una gran masa de frustrados e incensados si descubren que sus padecimientos no vienen de parte de empresarios sino de los zorros de gallinero? Sí… es muy probable que los liquiden. Imagínense un pueblo que despierte a la realidad del sistema politiquero que los ha entregado y condenado a la pobreza, mientras que personas inmigrantes que no han sido envenenados llegan y logran éxito económico. Y, ¡por supuesto! que no tienden a mezclarse con los nativos ya que no comparten su torcida visión del mundo. Tampoco es que estos sean “mejores” sino que no les lavaron la cabeza en cuanto al mercado y lo que es una sociedad sanamente productiva que no se deja engañar por los zorros del gallinero. No se dejan arrear.