Etiqueta: Moda

  • Labubu, el peluche viral que explica cómo nacen (y se evaporan) las tendencias

    Hace unas semanas, entré por curiosidad en una tienda Pop Mart en un centro comercial de Kuala Lumpur. No sabía que estaba a punto de presenciar una escena sociológicamente fascinante: adultos y adolescentes agitando cajas cerradas, intentando adivinar qué personaje les tocaría por el peso o la forma. Miraban vitrinas, susurraban nombres, comparaban modelos con la emoción de quien está a punto de jugarse algo más que un simple juguete. Todos buscaban lo mismo: un Labubu. Pero nadie sabía si conseguiría el que deseaba.

    Ese pequeño personaje con orejas puntiagudas y sonrisa afilada no era solo un juguete de vinilo. Era un símbolo. Un objeto de deseo. Y también, un caso perfecto para entender cómo funcionan las tendencias en el siglo XXI.

    De monstruo de nicho a estrella viral

    Labubu nació en 2015 de la mano del artista hongkonés Kasing Lung, como parte del universo The Monsters. Durante años fue una figura marginal, valorada por fans del art toy y el diseño asiático underground. Todo cambió cuando Pop Mart adquirió los derechos y lo transformó en fenómeno global: cientos de versiones, colaboraciones con marcas de lujo, ediciones limitadas y un sistema de venta en cajas cerradas (blind boxes) que no permiten ver cuál es su contenido, convirtió la compra de labubus en un pequeño ritual de azar y expectativas.

    El boom definitivo llegó cuando, en abril de 2025, la cantante tailandesa Lisa, con más de 100 milones de seguidores en Instagram y miembro del grupo femenino de k-pop Blackpink, colgó su foto en la red con varios labubus colgando de su bolso. Le siguieron Rihanna, Dua Lipa, se viralizó en TikTok y surgieron millones de fans en todo el mundo. Labubu pasó de nicho a viral. De novedad a moda. De objeto a fenómeno.

    Pero ¿cómo ocurre esto? ¿Cómo algo tan específico y raro se convierte en un objeto de deseo para millones de personas en todo el mundo?

    Cuando la innovación se comporta como la materia

    En mi tesis doctoral propuse una teoría interdisciplinar inspirada en la idea de modernidad líquida desarrollada por el filósofo polaco-británico Zygmunt Bauman y en el comportamiento de líquidos y gases, tanto en reposo como en movimiento (física de fluidos). Sugiero que la innovación es la materia de la que está hecha la moda. Y como toda materia, puede encontrarse en tres estados: sólido, líquido y gaseoso.

    A su vez, la innovación puede encontrarse en tres fases: novedad, tendencia y moda. Este paralelismo no es metafórico, sino estructural. Igual que el agua cambia de estado en función de la temperatura y la presión, las innovaciones también se transforman dependiendo del contexto social, cultural y económico.

    La novedad es el estado sólido: tiene forma, es densa, estática y circula entre pocos. De acuerdo a la teoría de difusión de las innovaciones –desarrollada a mediados de los sesenta del siglo pasado por el sociólogo estadounidense Everett Rogers–, esta etapa corresponde a los innovadores. Es una propuesta con gran valor simbólico pero sin difusión masiva.

    Cuando comienza a expandirse, se vuelve tendencia y se hace líquida: fluye, se adapta, conecta comunidades. En esta fase aparecen los early adopters. Es el momento en que la idea empieza a convertirse en conversación.

    Cuando alcanza el punto de fusión, traspasa un abismo (the chasm): la brecha crítica en el ciclo de adopción de un producto innovador. Sus primeros usuarios suelen ser visionarios, buscan las últimas innovaciones y asumen riesgos. En cambio, la mayoría temprana solo salta el abismo cuando ya la innovación ya ha sido probada y validada por otros.

    En la viralidad de las modas o la adopción de nuevas innovaciones, pasado el abismo hay un punto clave (tipping point) en el que el contagio ya
    es muy difícil de parar. Entra en el mainstream o mercado masivo y se transforma en moda: pasa al estado gaseoso, se masifica, pierde densidad, se vuelve omnipresente… hasta que se evapora.

    Sandra Bravo

    Este proceso es cíclico. Muchas innovaciones se quedan congeladas. Otras nunca se consolidan y no fluyen. Algunas se esfuman rápidamente, casi tan pronto como llegan. El deseo y la innovación, como la materia, necesitan condiciones para sostenerse.

    Quién decide qué deseamos (y por cuánto tiempo)

    Labubu ha pasado por todas esas fases. Empezó siendo una figura marginal (sólido), se volvió tendencia al cruzar nuevas audiencias (líquido) y alcanzó el estado gaseoso al viralizarse globalmente.

    Los labubus están en TikTok, adornando bolsos de lujo y en reportajes de prensa. Lo que comenzó siendo un símbolo de distinción se va convirtiendo en ruido visual. Una señal de que el ciclo se agota. Y que quizá esté a punto de empezar de nuevo.

    Pero las tendencias no cambian de estado por sí solas. Igual que el agua necesita temperatura y presión para transformarse, las modas también responden a estímulos externos. En este caso: marcas, algoritmos, consumidores e influencers.

    La temperatura cultural la generan las campañas, los lanzamientos, el contenido visual. La presión simbólica proviene del deseo colectivo: la comunidad que replica gestos, los fans que buscan el objeto, la ansiedad por pertenecer.

    Y además, existen fuerzas de empuje –como los influencers– que agitan el sistema desde dentro, validando tendencias y desplazando otras estéticas.

    Yo soy así

    Hoy, la visibilidad no depende tanto de lo que es, sino de cuántas veces puede ser compartido. Y así, emergen lo que yo llamo microidentidades líquidas: formas rápidas y flexibles de decir “yo soy así” en una cultura donde ese yo es mutable, compartido, estético y performativo.

    Como explica el sociólogo británico Anthony Giddens, la sociedad actual en la modernidad tardía el yo se convierte en un proyecto reflexivo, construido a partir de las imágenes, elecciones y narrativas disponibles.

    Y en un mundo que –en palabras del filósofo coreano y Premio Princesa de Asturias 2025 Byung-Chul Hanrecompensa la visibilidad y el rendimiento constante, cada tendencia se convierte en una máscara provisional. Un Labubu no es solo un objeto: representa pertenencia, afecto compartido, incluso un lenguaje generacional.

    En este ecosistema volátil somos cuerpos flotando en un fluido simbólico: nos empujamos, nos chocamos, cambiamos de forma… al ritmo del mercado.

    Del hype al vacío: flotar, saturarse, desaparecer

    El formato blind box añade, además, una dimensión emocional: no solo compramos un objeto, sino también la experiencia misma de desear, esperar, probar suerte. En una cultura saturada de predicción algorítmica, el azar introduce una chispa de misterio. Para el filósofo francés Roland Barthes, la moda es lenguaje antes que indumentaria. Hoy podríamos decir que ese lenguaje habla, sobre todo, en clave emocional.

    Las cajas cerradas no permiten ver qué labubu contienen, lo que añade emoción a la compra.
    Sandra Bravo

    Pero ese lenguaje también obedece a leyes físicas. El principio de Arquímedes dice que un cuerpo sumergido en un fluido desplaza un volumen equivalente. En moda ocurre lo mismo: cuando una tendencia entra con fuerza otra es empujada fuera. El mercado simbólico no es infinito. Solo flota lo que logra desplazar a otra estética. Los labubu, al popularizarse, reemplazaron a figuras kawaii anteriores como Molly o Sonny Angel.

    Y como todo gas, el hype tiende a disolverse. La sobreexposición agota el deseo. Surgen copias, se pierde el misterio, aparece la saturación. Y entonces el ciclo se reinicia: nuevas versiones, más presión, más temperatura.

    El misterio de lo que llega (y se va)

    Wang Ning, fundador y director general de Pop Mart, supo leer el punto exacto de fusión de estos objetos. En 2025, tras sumar 20 mil millones de dólares a su patrimonio gracias a la viralidad de Labubu, apareció en las listas como el 79º hombre más rico del mundo. Porque entender el cuándo, más que el qué, sigue siendo el verdadero poder.

    Este modelo de moda líquida no busca explicar caprichos estéticos, sino revelar el proceso por el que una innovación nace, se expande y termina por desvanecerse. Porque las tendencias, aunque parezcan imprevisibles, también tienen estructura. No flotan al azar: cambian de estado según la presión del deseo colectivo y la temperatura cultural que las rodea.

    El verdadero reto para las marcas no es detectar lo nuevo, sino saber en qué punto del ciclo está. ¿Es aún salgo sólido y marginal, con alto riesgo de desvanecerse sin haber trascendido? ¿Está ya en fase líquida, ganando tracción? ¿O ya es gas, omnipresente pero a punto de evaporarse?

    labubu
    ¿En qué punto del ciclo nos encontramos? ¿La fiebre de los labubus ha alcanzado ya el punto de saturación y tiende hacia la evaporación?
    Sandra Bravo

    Para los consumidores, su posición en esa curva depende de cuánto riesgo están dispuestos a asumir. Hay quienes adoptan lo que luego será moda incluso antes de que tenga nombre. Otros esperan a que sea seguro, validado, casi obligatorio. Y, en medio, fluyen millones de microidentidades que se encienden y se apagan como una llama.

    Labubu no es la excepción. Es un caso perfecto: nació como rareza, fluyó como tendencia y explotó como moda. Hoy flota por todas partes. Pero también puede que pronto empiece a disiparse.The Conversation

    Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Probarse ropa con una foto: Google revoluciona la moda online

    Comprar ropa online es una de las actividades más populares del comercio electrónico actual, pero también una de las más frustrantes. ¿La talla será la correcta? ¿Cómo me quedará realmente esta prenda? ¿Qué pasa si me queda mal y tengo que devolverla? Estas preguntas han perseguido a los consumidores desde que las tiendas virtuales comenzaron a ofrecer ropa. Sin embargo, Google está dando un paso gigante para terminar con estas dudas, con una propuesta que podría transformar para siempre nuestra experiencia de compra: la posibilidad de “probarse” ropa virtualmente a partir de una sola foto.

    En su blog oficial, Google ha anunciado una nueva funcionalidad basada en inteligencia artificial que permitirá a los usuarios «probarse ropa» y visualizar cómo se vería una prenda sobre su propio cuerpo, simplemente subiendo una imagen. Este avance no es sólo cosmético: es una solución técnica a un problema estructural del e-commerce de moda, y responde a una demanda creciente por parte de los consumidores.

    ¿Cómo funciona esta tecnología?

    A través del motor de búsqueda de Google, al buscar una prenda específica —por ahora disponible sólo con camisetas de marcas estadounidenses como H&M, Everlane, Anthropologie y Loft— los usuarios podrán acceder a una herramienta de prueba virtual. Usando inteligencia artificial generativa, el sistema superpone digitalmente la prenda seleccionada sobre una imagen del usuario, ajustándola a su fisonomía, tonalidad de piel, cuerpo y proporciones.

    Para esto, Google ha entrenado sus modelos con imágenes de personas reales, no con modelos estilizados ni cuerpos idealizados. Esta inclusión de cuerpos diversos —en términos de complexión, altura, edad y tono de piel— marca un avance también desde el punto de vista de la representación: no sólo se mejora la experiencia técnica, sino también la emocional y psicológica de quien compra.

    ¿Qué cambia realmente con esta innovación?

    Uno de los principales motivos de devolución de ropa en las tiendas online es que el producto no cumple con las expectativas de ajuste o apariencia. Al ofrecer una visualización personalizada y realista al «probarse la ropa», Google no sólo mejora la experiencia del usuario, sino que también reduce costos logísticos para los vendedores (menos devoluciones, menos transporte innecesario) y hace más sostenible la industria.

    Esta herramienta representa un claro ejemplo de cómo la IA generativa no sólo tiene aplicaciones en texto, imagen o audio, sino también en soluciones prácticas y cotidianas. Al democratizar el “probador virtual”, Google acerca una experiencia que hasta ahora era limitada a aplicaciones específicas o costosos entornos de realidad aumentada.

    ¿Cuáles son los desafíos?

    Claro que este tipo de avances también abre nuevas preguntas. ¿Qué pasa con la privacidad de las fotos que los usuarios suben? ¿Cómo se almacenan esas imágenes? ¿Qué garantías existen de que los datos corporales no serán utilizados con otros fines? Como en todo desarrollo tecnológico impulsado por IA, el dilema ético y de uso responsable sigue vigente. Google asegura que las imágenes se utilizan sólo para generar la vista previa y no se almacenan, pero habrá que seguir monitoreando cómo evoluciona esa política con el tiempo.

    Reflexión final

    En un momento en el que las fronteras entre lo físico y lo digital se vuelven cada vez más difusas, propuestas como esta redefinen no solo cómo compramos, sino cómo nos relacionamos con nuestra propia imagen. Probarte ropa con una sola foto podría sonar a magia, pero en realidad es el resultado de una conjunción de datos, visión computarizada e inteligencia artificial aplicada al servicio del usuario.

    La compra online de moda está entrando en una nueva era, y Google quiere estar al frente. ¿Será este el inicio del fin del probador tradicional? Lo que es seguro es que, de aquí en adelante, mirar una prenda en la pantalla y saber cómo nos quedará está mucho más cerca de ser una realidad cotidiana.

  • Zara incursiona en el metaverso lanzando su primera colección digital.

    El metaverso ha llegado para quedarse, y para muchos ya se ha convertido en la próxima gran revolución tecnológica que pretende transformar la economía mundial. Grandes corporaciones como Google, Nvidia o Microsoft ya han mostrado en público sus apuestas por el nuevo mundo digital, aunque la mayor parte del protagonismo se lo lleva Facebook, que se ha tornado un elemento clave para impulsar la idea, incluso decidiendo cambiar el nombre de la compañía a Meta.

    Muchos analistas destacan la industria de la moda digital como el próximo gran negocio dentro del metaverso. Firmas como Tokens.com, han adquirido recientemente 116 lotes de terreno virtual en el distrito Fashion Street Estate de Decentraland (uno de los metaversos más populares en al actualidad) por 2,4 millones de euros, batiendo el récord de compra de la plataforma con el objetivo de organizar desfiles y eventos de moda virtuales.

    En especial la industria de la Haute Couture está siendo un actor clave en esta nueva realidad. Gucci, Balenciaga y Ralph Lauren, ya han experimentado con este entorno creando líneas cápsula y colecciones diseñadas específicamente para sus contrapartes virtuales. Pero no solo jugadores de lujo están saltando a bordo del metaverso, gigantes de la moda rápida también están buscando los mundos virtuales para reforzar su reputación, sobre todo cuando se trata de contentar a sus objetivos número uno: la generación millennial y generación Z.

    El minorista español Zara es el más reciente en hacerlo, en un proyecto de colaboración con la marca de moda Ader Error, una de las marcas de ropa más importantes de Corea del Sur.

    Disponible también en la vida real, el lanzamiento conjunto de la serie AZ Collection estará disponible para comprar a través del metaverso surcoreano Zepeto, que cuenta con numerosas asociaciones con jugadores de moda, belleza y cosmética, incluidos Louboutin, Nars o Dior y con otras muchas celebridades como Selena Gomez y el grupo Blackpink. Se trata de una plataforma similar a Habbo Hotel (que tuvo su apogeo a principios de los 2000) o Second Life, pero con avatares mucho más realistas, en la que los usuarios pueden reunirse en salas, jugar en línea y comprar monedas virtuales para personalizar al máximo su personaje. La plataforma está desarrollada por Naver, un gigante tecnológico conocido como el Google de Corea del Sur, y que tras su última ronda de financiación, está valorada entre 746 millones y 1.491 millones de euros.

    A través de la tienda virtual ADERERRORXZARA alojada en la plataforma, están disponibles todas las piezas de la innovadora colección, marcada por estampados amplios y cómodos que incluye tintes unisex. La propuesta de moda se compone de prendas de invierno con un estilo casual como pantalones, abrigos o sudaderas. Estas piezas, cuyos precios oscilan los 200€, ya están disponibles en la tienda online y en algunas tiendas físicas de España, Corea del Sur, Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, Francia, Italia, Holanda, China y Japón.

    «Se trata de un proyecto que reflexiona sobre la capacidad del lenguaje para expresar ideas, dar lugar a otras formas de pensar y crear nuevas culturas”, explicó Zara en una publicación de Instagram. «Los diseños reflejan el estilo de vida de personas cuyas personalidades están moldeadas por sus experiencias simultáneas en el mundo real y el virtual, demostrando la nueva ‘persona’ soñada por ambas marcas”, añadió la compañía.

  • Moda 2020: China, India, moda masculina, el e-commerce y athleisure impulsan el negocio hasta 1,9 billones de dólares

    La moda masculina continúa creciendo a gran velocidad en comparación con la ropa femenina, según los últimos datos recopilados por Euromonitor International.

    A pesar de la desaceleración en el mercado desarrollado, el aumento del riesgo en la economía global y los desafíos que enfrenta el sector en sí, la moda continúa creciendo y alcanzará ventas de hasta 1,88 mil millones de dólares, según Euromonitor International.

    La consultora enfatiza que la ropa y el calzado constituyen la segunda industria de bienes de consumo más grande del mundo. A pesar de su madurez, su perspectiva es positiva, aunque sus palancas de crecimiento no son las mismas que hace diez años.

    El progreso del comercio electrónico, el enorme potencial de China e India y el crecimiento de la moda masculina compensarán los canales y categorías tradicionales defectuosos, que continúan representando la mayor parte de las ventas del sector: mercados desarrollados, venta minorista física y mujeres.

    El comercio electrónico es uno de los principales responsables del progreso que experimentarán las ventas de moda en los próximos años: en 2019, una cuarta parte de las ventas del sector ya se realizaron en línea.

    Por otro lado, la moda masculina se ha convertido, junto con athleisure, en la principal categoría de crecimiento: las ventas de ropa masculina han estado creciendo durante varios años más que la ropa femenina, y las ventas de ropa deportiva crecerán un 8% este año, en comparación con el 4% del sector en su conjunto. El año pasado, los leggings fueron la categoría que más creció entre la indumentaria, en medio del crecimiento de athleisure y la creciente evolución de la práctica del deporte entre las mujeres.

    En general, la consultora espera que las ventas de ropa crezcan un 4%, hasta 1,5 billones de dólares, mientras que el calzado crecerá otro 4%, hasta 384 mil millones de dólares, impulsado por el calzado infantil.

    China e India, junto con los Estados Unidos, serán los mercados más grandes del mundo para el sector en 2024. Las ventas de moda en China ascenderán a 435 mil millones de dólares en cuatro años, superando a los Estados Unidos, con 384 mil millones de dólares.

    Cada uno de ellos generará más ventas que los siguientes tres mercados juntos: India, con 101 mil millones de dólares; Alemania, con 79 mil millones y el Reino Unido, donde la moda alcanzará ventas de 76 mil millones de dólares en 2024.

    El hombre y el comercio electrónico siguen siendo las principales palancas de crecimiento en el sector. Euromonitor subraya que el crecimiento de la moda masculina sigue superando a la de las mujeres y que una cuarta parte de las ventas en el sector ya se realizan online.

    Otro factor que cambiará el consumo en el mediano plazo es el creciente papel de la sostenibilidad, demostrado en los últimos años por acuerdos como el Pacto de la Moda. ‘Después de vivir en la era de la moda rápida, los consumidores ahora reevalúan sus hábitos de compra y muestran interés en adoptar prácticas más sostenibles’, dice Ayako Homma, consultor de moda y lujo de Euromonitor.

    El 60% de los consumidores está preocupado por el cambio climático y el 64% trata de tener un impacto positivo en el medio ambiente a través de las actividades diarias. ‘Mientras los consumidores se están volviendo más conscientes del medio ambiente, las compañías de ropa y calzado están tratando de frenar el impacto ambiental de la moda desde varios ángulos’, agrega el experto.

    Si el lector está en el negocio de la moda, ya sabe las tendencias y dónde invertir en los próximos años.