Etiqueta: Panama

  • El Alma del Predador Gobernante

    El Alma del Predador Gobernante

    El vocablo “predador” describe a quienes saquean o actúan con rapiña; ya sea para sustento o para ascender en la escalera social y económica de manera ladina. Murray Rothbard en su obra Hombre, Economía, y Estado (1962) desarrolló una teoría económica de libertad, tal como lo hace nuestra Constitución, que luego contradictoriamente, en el mismo párrafo se contradice, abriendo camino para la discrecionalidad de las autoridades, lo cual contraría la misma Constitución. Y para quienes lo dudan, vean el artículo del abogado Carlos Barsallo intitulado “El Nuevo Excepcionalísimo Panameño «.

    Barsallo pregunta: “¿cómo puede un país alcanzar niveles de ingreso alto mientras mantiene percepciones persistentes de corrupción?”. Pero, yo añadiría que son más que percepciones; lo cual toma cuerpo cuando Barsallo cita a James Loxton en el Journal of Democray un artículo intitulado “The Puzzle of Panamanian Excepcionalism” (el rompecabezas del excepcionalísimo panameño). Es decir, que Panamá es berraca ya que a pesar de su corrupción gubernamental endémica, que ha afectado el desarrollo socioeconómico de gran parte de la población, flota por encima de las consecuencias de corruptela; tanto en el ámbito social como en el gubernamental.

    El excepcionalísimo de Panamá, como yo lo veo y coincido con Barsallo, nos llega debido a que nos hemos convertido en un refugio financiero de dólares, pero no porque tengamos una población productiva. Pero el asunto va bastante más allá y tiene raíces históricas y socioeconómicas, entre otras. En cortito, la triste realidad de los panameños es que no somos muy dados al emprendimiento; lo cual tiene raíces coloniales que persisten desde Cristobal Colón, Pedrarias y tal.

    Uno de los comentarios de Barsallo que más me llamó la atención, cuando dice:

    “…somos muy grandes porque engordamos, no porque crecimos… pesamos más por grasa y no por músculo”.

    Pero profundizando más en el asunto debemos ver y entender que difícilmente existe mejor herramienta para oprimir y controlar a una sociedad que un gobierno prostituido; que, por un lado, mantiene a los rabiprietos aplastados, y se alía con algunos empresaurios para cometer sus fechorías.

    Que en Panamá tenemos menos impuestos. ¡Que lindo!; ¿y acaso el Canal y todas las empresas gubernamentales metidas en actividades propias del mercado no son una forma de impuesto? Impuesto que no sólo sirve para el pillaje, sino que destruye la cultura de emprendimiento, lo cual aflora, como suelo señalar, en el “no a la privatización” que debemos traducir a “sí al pillaje gubernamental”. Y más aún, que las empresas estatales, a diferencia de las privadas, si dan mal servicio, no pagan las consecuencias. Es un intervencionismo coercitivo que si lo ven, lo pasan de alto. El caso del MEDUCA o NODUCA como le llamo yo, es buen ejemplo; pues no educa y tampoco deja educar.

    Curioso que ya en los EE.UU. el gobierno de Trump cerró el ministerio o como le llamen, de educación federal; y mutó en un programa que impulsa el derecho de la familia a escoger dónde educan a sus hijos. Y, en ello, están surgiendo las escuelas chárteres, que son estatales pero administradas privadamente. Pero también está aumentando rápidamente los programas que dan a la familia los fondos para que estas elijan dónde educar a sus vástagos. Ahora cada estado maneja por cuenta propia el tema educación.

    Y, otro aspecto que pocos ven es que cuando los gobiernos del estado se meten a ser empresaurios, destruyen algo vitalísimo… ‘el cálculo económico’; sin lo cual una empresa privada no puede subsistir. La privada que no entrega cantidad y calidad no subsiste; pero las empresas gubernamentales, tal como NODUCA, siguen campantes y rampantes fabricando pobreza; violando el precepto constitucional vertido en el artículo 49 que garantiza resarcimiento por daños ocasionados. ¡Inmensa burla!

  • ¿Los Panameños logramos la Independencia en 1903?

    ¿Los Panameños logramos la Independencia en 1903?

    ¿Será cierto que Panamá, desde Pedraria, luego con la Gran Colombia, la Fiebre de Oro a través del Istmo y el período que desembocó la Guerra de los Mil días, logró una verdadera independencia en 1903? ¿De qué o de quienes nos independizamos? O… ¿no sería que hemos ido saltando de una a otra dependencia; antes exógenas y hoy endógenas? ¿Y, qué es una verdadera independencia? Analicemos el asunto lo más desapasionadamente posible.

    Existe verdadera independencia cuando los ciudadanos pueden ejercer libremente sus actividades económicas sin trabas ni tutelaje permanente de los gobiernos del Estado, es decir, de las autoridades gubernamentales que reciben el poder solo por delegación popular. Y, esto no lo invento yo; lo establece nuestra Constitución en su Artículo 282, al menos en su inicio, al declarar que el ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares. Lastimosamente, luego del punto y coma, nuestra Constitución comete el disparate contradecir por completo lo dicho en la primera parte del Artículo al dictaminar que el Estado podrá:

    orientarla, dirigirla, reglamentarla, reemplazarla o crearla» según considere necesario.”

    De esta manera, lo que comienza como una declaración de libertad económica se transforma, en la práctica, en una amplia habilitación para la intervención estatal.

    Pero, la pregunta que aflora de semejante dislate o desvarío es inevitable: ¿Acaso se trató de un simple error o fue el reflejo de una tendencia socialista deliberada por parte del o los constitucionalistas que la redactaron? Muchos creen que el sesgo socialista fue de la Dictadura Militar pero no lo creo; ya la Constitución del 47 tomaba esa inclinación. Nuestros “militares” no eran socialistas sino fascistas; muchos que terminaron ricachones.

    De lo anterior se deduce que nuestra realidad se ha caracterizado por una gobernanza grotesca, que ha mantenido sumidos en la pobreza: a gran parte de los rabiprietos; a buena parte de la clase media; y a no pocos rabiblancos. El arte del pillaje está en la intervención en gobiernos del Estado metidos hasta las coronillas en todo aquello que debería ser exclusivo de los actores del mercado. Nuestros “gobiernos” montaron monopolios en actividades mercantiles como educación, el transporte, la energía, la recolección de basura el agua potable y más.

    Y, aunque muchos panameños no pagan impuestos directos, ¡vaya si no los pagan indirectos! Gran parte de los fondos que genera toda esa actividad mercantil monopolizada, en lugar de usarse para promover un verdadero mercado libre gestionado por la comunidad, terminan financiando la rapiña de los piratas que supuestamente nos han gobernado.

    Existe una verdadera independencia cuando los ciudadanos pueden ejercer libremente sus derechos humanos en actividades económicas y demás, sin trabas excesivas. Los gobiernos, la gobernanza, debe respetar el principio de subsidiaridad; de no regalar pescado sino de enseñar o permitir la buena pesca. Así lo parece reconocer en su primera parte, el Artículo 282 de nuestra Constitución, al establecer que:

    El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares;”

    Hasta ahí, el texto respeta a la población. Sin embargo, después del punto y coma, el mismo artículo da un giro que diluye esa primacía:

    El Estado podrá «orientarla, dirigirla, reglamentarla, reemplazarla o crearla» según considere necesario.”

    De esta manera, lo que comienza como una declaración de libertad económica se transforma en norma que consagra la discrecionalidad interventora y empobrecedora. En este artículo queda patente la naturaleza de élites cuyos intereses personales superan por mucho los del pueblo; ese que permanece maniatado a través de estrategias de pillaje.

    ¿De verás sigues creyendo que en 1903 nos independizamos? Tal vez de Colombia, pero… llamar independencia a lo que tenemos es autoengaño.

  • Del marxismo al rabiblanquismo cultural

    Del marxismo al rabiblanquismo cultural

    El término «marxismo cultural» circula hoy con dos significados radicalmente distintos. En el plano académico, designa a una corriente del siglo XX —la Escuela de Fráncfort, Gramsci, Adorno— que analizó la cultura como campo de batalla del poder. En el debate público contemporáneo, se convirtió en acusación: una supuesta conspiración para erosionar los valores occidentales desde las universidades, los medios y las instituciones. La diferencia entre ambos usos no es semántica; es la diferencia entre una escuela de pensamiento y un mito político.

    Antonio Gramsci fue el primero en articular con claridad la idea de hegemonía cultural: la clase dominante no gobierna solo por la fuerza o la economía, sino porque logra que sus valores se perciban como naturales, universales, inevitables. Esta idea —desnuda de ideología— es en realidad una descripción bastante precisa de algo que ocurre en todas las sociedades, incluida Panamá. Solo que aquí no lo hace la izquierda.

    Lo que en Panamá ejerce esa hegemonía cultural es lo que podría llamarse el rabiblanquismo cultural: la estrategia de la oligarquía criolla —familias históricas con peso en la banca, el comercio y la política— para mantener su posición no solo a través del dinero, sino a través del relato. El «rabiblanco» no necesita revolución; necesita estabilidad. Y para eso usa exactamente las mismas herramientas que Gramsci describió: el control de la educación, el discurso sobre la identidad nacional, la administración de los servicios públicos como clientelismo disfrazado de bien común.

    La Constitución panameña es un ejemplo ilustrativo. El Estado asume la responsabilidad de la educación, el agua, la electricidad y el transporte —una arquitectura que suena redistributiva— pero que en la práctica ha servido para que una élite pequeña administre contratos, emplee redes de lealtad y evite que emerja competencia real. No es marxismo; es estatismo al servicio del privilegio. Es Gramsci aplicado al revés: en lugar de subvertir el orden, lo congela con barniz social.

    La distinción entre ambos fenómenos es clara si se mira el objetivo: el marxismo cultural quiere transformar la sociedad, aunque a menudo reemplaza una forma de control por otra. El rabiblanquismo cultural quiere preservar la pirámide. Uno destruye tradiciones; el otro las momifica. Pero las herramientas son asombrosamente parecidas: captura de instituciones, producción de relatos legitimadores y uso del Estado como amplificador cultural.

    Queda, por último, una pregunta incómoda sobre el origen psicológico del marxismo: ¿nace del análisis o del resentimiento? Nietzsche llamó ressentiment a esa forma de revancha que se viste de justicia. Lo paradójico es que el rabiblanquismo panameño también opera desde el resentimiento: el miedo atávico a perder lo que se tiene.

    Dos formas de control cultural, dos clases con sus propias ansiedades, y en medio una sociedad que paga el costo de no nombrar con claridad lo que ocurre. Quizás el primer paso sea exactamente ese: llamar a cada cosa por su nombre.


    Basado en un diálogo entre John Bennett Novey y Grok sobre marxismo cultural y realidad panameña.

  • Minería, propiedad y responsabilidad: una crítica al subsuelo estatal

    Desde un punto de vista liberal, la discusión sobre la minería suele desviarse hacia cifras agregadas: cuánto aporta al PIB, cuántos empleos genera o cuántos ingresos fiscales produce. Ese enfoque utilitarista, aunque común, elude la pregunta central: ¿con qué derecho se decide sobre el subsuelo y quién asume moralmente los daños que pueden producirse? En minería, esta omisión no es accidental, sino estructural. Cuando el subsuelo pertenece al Estado, la relación moral básica —persona, propiedad y responsabilidad— es reemplazada por una relación política: ciudadano, permiso y poder.

    El caso panameño sigue siendo ilustrativo precisamente por cómo se entrelazan decisiones judiciales, disputas políticas y una noción difusa de propiedad. La mina Cobre Panamá, una de las mayores del mundo, permanece sin operación productiva desde noviembre de 2023, cuando la Corte Suprema declaró inconstitucional el contrato que habilitaba su explotación. A diciembre de 2025, la mina continúa cerrada, sin reapertura autorizada, con actividades limitadas a mantenimiento, preservación ambiental y gestión de riesgos. El gobierno ha impulsado una auditoría integral independiente, cuyos primeros resultados preliminares comenzaron a conocerse a fines de este 2025 y cuyo informe final está previsto para inicios de 2026. Paralelamente, el diálogo entre el Estado y la empresa operadora, First Quantum Minerals, se mantiene abierto pero condicionado, sin que exista aún una decisión definitiva sobre reapertura, rediseño del proyecto o cierre permanente.

    Más allá del desenlace, el conflicto revela un problema moral profundo en la minería: la despersonalización de la responsabilidad que genera el régimen de propiedad estatal del subsuelo. Cuando el recurso “es de todos”, en los hechos no es de nadie en particular. Las comunidades cercanas a la mina no son propietarias, sino administradas. No otorgan consentimiento; apenas son informadas. Y cuando aparece un riesgo ambiental —afectación del agua, del suelo o de la salud— no existe un responsable claramente identificable frente a víctimas concretas, sino una cadena de permisos, excepciones y autoridades que diluyen la rendición de cuentas.

    Desde una ética liberal, esto es problemático. La libertad no consiste en autorizar actividades mediante decretos, sino en respetar el principio de no dañar a terceros y asumir plenamente las consecuencias cuando ese daño ocurre. El estatismo del subsuelo rompe esa simetría moral: quien decide no es quien sufre, y quien explota no responde directamente ante quienes cargan con el riesgo.

    Por eso, una salida libertaria no exige prohibir la minería ni idealizar la naturaleza, sino re-moralizar el sistema, acercando decisión y responsabilidad a las personas afectadas. Existen soluciones inteligentes de cooperación que no dependen de un Estado central omnipotente. Por ejemplo, acuerdos de servidumbre ambiental exigibles entre operadores y comunidades vecinas, donde se reconozcan límites claros de no-daño y obligaciones automáticas de reparación. O fideicomisos locales de garantía, financiados por la empresa mientras dure la actividad, administrados con participación ciudadana y liberados sin litigios cuando se verifiquen incumplimientos ambientales.

    Asimismo, el monitoreo ambiental con control comunitario y datos abiertos puede sustituir parte de la desconfianza política por verificación directa. No se trata de más burocracia, sino de más control por quienes viven con las consecuencias. Incluso mecanismos de arbitraje local o jurados vecinales permitirían resolver conflictos sin escalar cada desacuerdo al plano nacional, donde todo se vuelve ideológico y binario.

    El debate minero en Panamá —y en América Latina— no se resolverá preguntando si la minería “conviene” o no. La pregunta moral correcta es otra: ¿quién decide legítimamente sobre un territorio y quién responde cuando algo sale mal? Mientras el subsuelo siga siendo estatal, esas respuestas seguirán siendo evasivas. Paradójicamente, sólo allí donde la propiedad es clara puede hablarse de una protección genuina de las personas y del ambiente; los permisos políticos, en cambio, diluyen la culpa y vuelven moralmente opaca a la minería.

  • Soberanía individual frente al control estatal: la adhesión de Panamá a los nuevos acuerdos globales sobre criptoactivos

    La reciente decisión del gobierno panameño de adherirse a los acuerdos multilaterales CARF MCAA y CRS MCAA —instrumentos globales que obligan a intercambiar automáticamente información sobre criptoactivos y cuentas financieras— se presenta como un paso hacia la “transparencia” y la lucha contra la evasión fiscal. Sin embargo, desde una perspectiva libertaria, esta medida es profundamente problemática. Más que promover un sistema financiero justo, consolida un modelo de vigilancia masiva que erosiona la privacidad, la soberanía individual, desalienta la innovación y limita la libertad económica de las personas.

    Las criptomonedas surgieron como respuesta a un sistema financiero dominado por intermediarios e instituciones estatales que han demostrado repetidamente su incapacidad para garantizar estabilidad, privacidad y equidad. Frente a ello, los criptoactivos ofrecen soberanía individual, descentralización y autonomía. Pero los gobiernos —temerosos de perder control— han encontrado en el discurso de la “evasión fiscal” una excusa perfecta para imponer regulaciones que nada tienen que ver con proteger a la ciudadanía y sí mucho con preservar el poder recaudatorio.

    El falso dilema: “regulación o evasión”

    El gobierno panameño sostiene que al unirse a estos acuerdos internacionales está reforzando su capacidad para combatir la evasión fiscal, el lavado de dinero y el uso ilícito de estructuras financieras digitales. Este argumento plantea un falso dilema: o aceptamos la vigilancia estatal masiva o permitimos la ilegalidad. Esa lógica es engañosa y peligrosa.

    Desde el punto de vista libertario, el Estado tiene la función de castigar delitos reales, no de fiscalizar preventivamente a toda la población bajo la presunción de culpabilidad. La evasión fiscal no se combate invadiendo la privacidad financiera de millones de usuarios, sino reduciendo la complejidad tributaria, eliminando incentivos perversos y estableciendo sistemas legales transparentes que no empujen a los individuos a buscar refugio ante la voracidad fiscal.

    Equiparar el uso legítimo de criptoactivos con actividades criminales es tan absurdo como decir que quien usa dinero en efectivo quiere lavar dinero. El efectivo no está en manos Estatales, y sin embargo no se prohíbe. El argumento sería igual de débil.

    Privacidad financiera: un derecho, no un privilegio

    Las criptomonedas permiten a las personas administrar su dinero sin depender de intermediarios y sin someter cada transacción al escrutinio estatal. Esta privacidad no es un lujo ni un subproducto accidental: es una garantía fundamental contra el abuso de poder.

    En países con crisis económicas, hiperinflación, congelamientos de cuentas o sistemas bancarios corruptos, la privacidad financiera ha sido la diferencia entre sobrevivir y perderlo todo. Obligar al intercambio automático de información financiera no solo es desproporcionado: mina la esencia misma de las criptomonedas como herramienta de soberanía individual.

    Muchos justifican estas medidas diciendo que “el ciudadano honesto no tiene nada que temer”. Esa frase históricamente ha servido para legitimar abusos. La privacidad no es una concesión estatal: es un derecho humano básico que limita el poder del gobierno, precisamente porque el poder sin límites se convierte inevitablemente en abuso.

    El caso de Nueva York: cómo la regulación excesiva destruye ecosistemas innovadores

    Un ejemplo histórico demuestra el riesgo de repetir errores: la BitLicense de Nueva York.

    En 2015, el Departamento de Servicios Financieros de Nueva York implementó una de las regulaciones más estrictas del mundo para empresas de criptomonedas: licencias costosas, auditorías invasivas, requisitos técnicos prohibitivos y barreras de entrada que solo las grandes corporaciones podían cumplir.

    ¿El resultado?

    • Emprendedores huyeron del estado.
    • Startups innovadoras cerraron o reubicaron sus operaciones.
    • Inversiones y talento migraron hacia jurisdicciones más abiertas.
    • El ecosistema cripto neoyorquino colapsó, dejando espacio únicamente para grandes instituciones financieras.

    Panamá, en ese momento, se benefició. Varios emprendedores tecnológicos y especialistas en finanzas digitales encontraron en el país un refugio más flexible, abierto y dinámico, donde experimentar sin la burocracia paralizante de Nueva York. Fue un ejemplo claro de cómo la regulación excesiva no protege al consumidor, sino que sofoca la innovación y expulsa talento.

    Hoy, con la firma de los acuerdos CARF y CRS, Panamá corre el riesgo de adoptar la misma filosofía restrictiva que llevó a Nueva York a destruir su propio ecosistema cripto emergente.

    Intercambio automático de información: vigilancia sin precedentes

    Los acuerdos firmados obligan a que toda la información relevante sobre criptoactivos manejada por empresas, intermediarios, exchanges o custodios sea reportada sistemáticamente a gobiernos extranjeros.

    En la práctica significa:

    • Monitoreo automático de transacciones.
    • Identificación obligatoria de usuarios.
    • Recolección centralizada de datos financieros sensibles.
    • Entrega de esa información sin necesidad de procesos judiciales.

    Esto equivale a una base de datos global del patrimonio privado de los ciudadanos. No solo es desproporcionado: es riesgoso. Los gobiernos fallan todo el tiempo en proteger datos; los hackeos a instituciones públicas se han vuelto rutinarios. La centralización siempre es un punto débil.

    La privacidad no debe ser tratada como sospechosa. Debe ser vista como una barrera legítima frente al poder, no como un obstáculo.

    El efecto sobre la innovación y la competitividad

    Un país que adopta regulaciones globalistas estrictas pierde competitividad automáticamente frente a aquellos que permiten mayor libertad. Las criptomonedas no reconocen fronteras: los emprendedores se van a donde haya menos barreras y más libertad.

    Panamá podría convertirse en un hub de innovación, pero difícilmente lo hará si se alinea con las jurisdicciones más conservadoras y reguladoras del mundo. La innovación florece donde el Estado se mantiene limitado y las personas pueden experimentar sin miedo a quedar atrapadas en laberintos burocráticos.

    Si Panamá sigue el camino de Nueva York, no solo expulsará talento: perderá la oportunidad histórica de posicionarse como un centro regional de libertad financiera.

    La libertad es mejor política pública que la vigilancia

    La adhesión de Panamá al CARF y al CRS representa una rendición ante un modelo global de vigilancia financiera. Se vende como “modernización” o “cooperación internacional”, pero en realidad es una pérdida significativa para la libertad de los ciudadanos.

    Desde una perspectiva libertaria, la lucha contra el delito no puede convertirse en excusa para restringir derechos fundamentales. Lo que Panamá necesita no es más vigilancia, sino más libertad, más competencia, más innovación y un sistema judicial eficaz que persiga delitos reales, no actividades voluntarias entre individuos soberanos.

    Repetir los errores regulatorios de Nueva York sería un golpe innecesario a la creatividad económica y al potencial del país. Panamá no debe aspirar a ser un engranaje más del aparato fiscalizador global, sino un faro de libertad financiera en la región.

  • Panamá y su revolución en el café de especialidad: del terroir al podio mundial

    En los últimos años, Panamá ha logrado posicionarse como una de las referencias mundiales en el ámbito del café de especialidad. Ajustando su mirada hacia la calidad más que al volumen, el país centroamericano ha combinado condiciones naturales privilegiadas —altitudes, suelos volcánicos, microclimas— con innovación agronómica, trazabilidad y una cultura productiva colectiva que ha permitido escalar premios y récords internacionales.

    Un ecosistema único para el café premium

    Las regiones de Boquete, Tierras Altas, Renacimiento y Dolega, en la provincia de Chiriquí, constituyen el corazón del café de altura panameño. Allí, la confluencia de suelos ricos, altitudes entre 1 500 y más de 2 000 metros, lluvias bien distribuidas y brisas que suavizan las temperaturas crean un “terroir” difícil de replicar. Ese entorno natural, mediado por productores con alta especialización, da como resultado cafés con perfiles aromáticos florales, notas frutales delicadas, vivacidad en acidez y una claridad inusual en taza.

    Pero el mérito no es solo del entorno natural: muchos caficultores han profesionalizado su labor, dominando catación, procesos de fermentación controlada, secado de precisión y trazabilidad genética. Esta atención milimétrica permite que sus lotes logren puntajes superiores a los 90 puntos —umbral para considerarse “de especialidad”— con frecuencia sostenida en competencias internacionales.

    “Best of Panama”: plataforma de excelencia y subastas globales

    La puerta de entrada del café panameño al mundo es, sin duda, el concurso Best of Panama (BOP), organizado por la Asociación de Cafés Especiales de Panamá (SCAP). Cada año, los mejores lotes de diferentes categorías —Geisha (lavado y natural), Pacamara, tradicionales, varietales— compiten en rigurosas catas evaluadas por jueces locales e internacionales. Los ganadores luego se subastan mundialmente, atrayendo compradores de Europa, Asia, Oriente Medio y América.

    La fama de Panamá se ha cimentado en esas subastas. En la edición de 2025, por ejemplo, un lote de Geisha Washed de la Hacienda La Esmeralda fue vendido por 30 204 dólares por kilogramo, estableciendo un nuevo récord global.  Esta cifra, jamás antes vista en la historia del café de especialidad, y no sólo en Panamá, ratifica cómo el mundo del café premium valora no sólo el origen, sino la narrativa, el control total de la cadena y la excelencia sensorial.

    De hecho, esa puja récord no es algo accidental: de los 50 lotes subastados en esa edición, 30 superaron los 1 000 USD por kilo. Y en otras versiones anteriores del BOP, lotes de Geisha han vendido por más de 1 000 USD la libra, haciendo de Panamá sinónimo de exclusividad cafetera.

    Innovación, colaboración y mirada al futuro

    Uno de los pilares del éxito de Panamá con el café de especialidad radica en el modelo colaborativo entre productores. A diferencia de otros países donde domina la competencia fragmentada, en Panamá se favorece el intercambio de conocimientos, la profesionalización colectiva, y la adhesión a estándares de calidad comunes. Además, existe un incentivo legal: cualquier persona puede convertirse en exportador incluso con pequeños volúmenes, lo que democratiza el acceso al mercado global.

    El 2025 también marcó otro hito: durante el BOP se anunció que Panamá será sede del World of Coffee 2026, el congreso internacional más importante del sector, y será la primera vez que se realice en Latinoamérica. Esta elección reafirma el protagonismo del país como epicentro global del café gourmet.

    Dentro del país, eventos como La Cosecha refuerzan la conexión entre el productor, el consumidor y el turista. En 2025, por primera vez, La Cosecha abrió su experiencia al público mediante paquetes turísticos, permitió visitar fincas emblemáticas y destacar la cultura cafetera como componente turístico-sensorial.

    Un camino de más que café

    El caso panameño trasciende la producción agrícola: es una historia de transformación cultural, científica y comercial. En apenas tres décadas, tras décadas de producción convencional, Panamá ha redefinido el café como lujo, cultura y obra artesanal. En ese trayecto, su especialidad (con el Geisha como emblema) ha servido para guiar la evolución global del segmento premium del café.

    Hoy, cada taza panameña que se consume en Europa, Asia o Norteamérica lleva consigo una narrativa de altura, de trazabilidad, de pasión y de un pequeño país que apostó por calidad en lugar de escala. Esa apuesta, respaldada por premios, récords y reconocimiento, inspira no solo a baristas y tostadores, sino también a productores de otras latitudes que sueñan con elevar su café más allá del convencional.

  • Entre la República y la Mafia

    «Les tocará a los lectores decidir si en Panamá hemos tenido república o mafia. Si son mafias, triste que las hemos estado eligiendo, dado que eso dice mucho sobre el asunto».

    Se le llama despotismo estatista a los sistemas de gobierno en los cuales el estado se instituye como la suprema autoridad, llegando a imponerse de manera opresiva, arbitraria y engañosa sobre las personas que conforman la nación; vale decir, la comunidad de personas compuesta por una o más nacionalidades, diversidad cultural y que poseen un territorio y un gobierno más o menos definido.

    El “estado” se refiere a un concepto más abarcador que el gobierno que sólo es el cuerpo o instituciones que representan al estado y que supuestamente somo todos. Se supone que los gobiernos del estado son las autoridades electas por un período, con el encargo de poner en práctica la constitución, sus leyes y reglamentos. Nos dice la AI que el estado puede ser visto como el edificio y los gobiernos como la gente que está dentro.

    Por otro lado, el vocablo “mafia”, se refiere a cualquier organización criminal y clandestina; pero… digo yo que cuando un gobierno alberga una organización criminalmente clandestina, entonces deja de ser gobierno y pasa a ser mafia. Y al hablar de “república”, del latín res-pública o cosa oficial o pública, veremos que, cuando las máximas autoridades se corrompen, ello constituye un atentado contra la república. Entonces, al ver lo planteado arriba, ya les tocará a los lectores decidir si en Panamá hemos tenido república o mafia. Si son mafias, triste que las hemos estado eligiendo, dado que eso dice mucho sobre el asunto.

    Pero no crean que sólo me refiero a Panamá, pues en los EE.UU., cuna de auténtica libertad, igualmente ocurrió el surgimiento del imperio; tal como fue planteado en el libro “The Rise of Empire” escrito en 1952 (el Surgimiento del Imperio). Y no sólo en los EE.UU. sino por todo el planeta; y ni hablar de los países comunistas y socialistas. En los EE.UU. fue el llamado “New Deal” o nuevo arreglo, que no era más que el deseo de regresar a conducir el país como se solía antes de la independencia de Gran Bretaña. En Panamá, nunca cambiamos la forma de gobierno que nos dejó la Madre Patria; con la diferencia que ya los Pedrarias no mandan parte del tesoro al rey de España sino se han quedado repartiéndoselo entre el conjunto mafioso; derramando migajas a una población viciada en servilismo.

    Si les parezco extremista en lo que señalo, miren no más algunas cosas que recién publica quien fue director del diario La Prensa, quien revisó el final de la Estrategia Marítima de Nacional de Panamá, apoyó la creación de la Universidad Marítima de Panamá, miembro de la Comisión Presidencial para la transferencia del Canal de Panamá de los EE.UU. a nuestro país, ex presidente de la APEDE, etc., etc., hablando de cantidad de actos de corrupción gubernamental los describe así:

    “…esto no es negligencia, es un diseño. Una estructura de poder que ha aprendido a sobrevivir cambiando de forma, pero nunca de fondo. Es el mismo viejo truco del Gatopardo, ahora vestido con discursos de transparencia y modernización”.

    “No habrá justicia social, ni desarrollo sostenible, ni institucionalidad sólida, mientras el poder legislativo siga capturado por logias corruptas, clientelistas y profundamente cínicas.”

    “Panamá necesita una Asamblea que rinda cuentas, que respete la ley, que entienda que el poder no es un botín.”

    Muchos dicen que necesitamos un Bukele, pero… tales personajes típicamente sólo surgen luego de la destrucción del país. En tal sentido, Cuba podría estar más cerca de un repunte que nosotros. El presidente Mulino necesita el apoyo de la ciudadanía. Tristísimo que un Panamá con tantos recursos esté como estamos.

  • El Algarrobo: Viernes de letras y poesías

    ¿Por qué cambio mi tema político económico al hediondo algarrobo (hymenaea coubaril)? Pues… para dar variedad a la lectura sobre temas que tienen su encanto; tal como lo tengo con el algarrobo o “algarroba” como le conocíamos cuando niños. En el terreno baldío frente a nuestra casa en el hoy Obarrio, antes Juan Franco, había un gran árbol de algarrobo que nos alimentaba con sus “fragantes” frutos. Bueno, los gringos le apodan “the Stingking Toe Tree” o el árbol de la pezuña hedionda, que para nosotros era un aroma de fino manjar; ¿o es que no hay millones que gustan de los quesos “hediondos”? En fin, para el gusto se hicieron los colores o, más bien, los sabores.

    Esta mañana que salí a tomar el sol matinal, ausculté las frutas del algarrobo que adorna el frente de nuestra casa en Las Cumbres, para ver si ya están maduras y podía disfrutarlas y regresar a mi infancia. No, aún falta un poco, ya que hay que esperar que vayan cayendo solas, pues están tan altas que no hay como cosecharlas del árbol; y ojo que caigan en el parabrisas del auto.

    Se trata de un árbol caducifolio; ¡la maravilla de las palabras! “Caduci” de caducar y “folio” de hojas” o árbol de hojas caducas; que las cambia en otoño y en primavera, estaciones que sí tenemos en Panamá, que llamamos invierno al verano y verano al invierno. El algarrobo cambia sus hojas al entrar la estación invernal seca por hojas que no botan agua. En primavera, entrando nuestro verano lluvioso, vuelve y cambia a hojas que botan mucha agua, con lo cual mueven la alimenticia sabia del suelo a sus hojas.

    Hoy, me vino una pregunta a mente: ¿Por qué son tan duras las vainas de la fruta? ¡Durísimas!, a punto que hay que darle con martillo. Como todo en la naturaleza tiene motivos evolutivos de sobrevivencia, los árboles crecen ricas y alimenticias frutas para que quienes las coman distribuyan las semillas; imaginé que habían evolucionado como alimento de grandes animales con grandes molares. La AI me dio la razón: “El perezoso gigante…” Grandes herbívoros que requerían mucho alimento; y, ciertamente el algarrobo con sus dulces frutos ofrecía eso, empacado en una vaina resistente y transportable. Luego, las partían para merendar y en el proceso dejaban caer las semillas, ya sea de la boca o del ano, con lo cual el algarrobo lograba su dispersión.

    Pero… los perezosos gigantes se extinguieron hace miles de años, en la época del Pleistoceno. La sabia Madre Natura le halló nuevos amigos, tales como el ñeque o agoutí, con sus afilados dientes. Estos toman las vainas y se las llevan a sus madrigueras, entierrándolas para guardarlas para más tarde.

    Tristemente, hoy, pocos en Panamá conocen el algarrobo y cuando se los presento y sienten su aroma me ponen cara de asco y preguntan: “¡¿Cómo rayos puedes comer eso?! No saben lo que es bueno. Sus propiedades son extraordinarias: es antibacterial; antimicótico; antiparasitario; súper nutritivo, debido a sus características químicas y bromatológicas; alto en fibra y antioxidantes. Mi nieta, Micaela, aprendió a saborear los batidos de algarroba que en la licuadora con algo de leche se vuelven como una malteada debido a su capacidad de absorción de agua y su característica mucilaginosa. Y ni hablar que para hacer pan, una de mis aficiones, es lo máximo.

    Son tantas las propiedades benéficas del algarrobo que mejor búsquenlas en el Internet, que no sólo es una fruta súper saludable sino que tiene grandes valores industriales. Su dura madera sirve para instrumentos musicales y tanto más. Pero en especial el algarrobo sirve por su belleza y por los recuerdos que me trae de mi juventud.

  • Panamá y la recuperación del turismo global global: Logros y Desafíos

    El turismo internacional cerró 2024 con un logro histórico: la recuperación del 99% de los niveles previos a la pandemia, según el Barómetro del Turismo Mundial de ONU Turismo. Con 1.400 millones de llegadas internacionales, la industria volvió prácticamente a las cifras de 2019, mostrando la capacidad del sector para superar la peor crisis de su historia. Sin embargo, mientras algunas regiones lograron superar con creces sus niveles previos de turismo, el análisis regional revela matices importantes, especialmente en América Central, donde Panamá tiene un papel destacado.

    La recuperación del turismo en América y el papel de Panamá

    A nivel continental, América recuperó el 97% de las llegadas internacionales previas a la pandemia. En este contexto, América Central y el Caribe sobresalieron al superar en un 17% los niveles de 2019, destacándose como destinos clave para turistas internacionales. Panamá, con su estratégica ubicación geográfica y su variada oferta turística, tiene todos los elementos para aprovechar este crecimiento. Desde su capital moderna y vibrante, pasando por el histórico Canal de Panamá, hasta las playas paradisíacas y biodiversidad única de lugares como Bocas del Toro y el Darién, el país ofrece una experiencia diversa.

    No obstante, al comparar con sus vecinos regionales, Panamá no alcanzó el nivel de crecimiento excepcional de países como El Salvador (+81%) o Guatemala (+33%). Esto podría estar relacionado con la falta de estrategias más agresivas en promoción internacional y diversificación de la oferta turística. Mientras otros destinos han apostado por campañas intensivas dirigidas a mercados específicos y un desarrollo integral de infraestructura, Panamá parece haber confiado en su reputación como un hub de conectividad aérea, liderado por el Aeropuerto Internacional de Tocumen.

    ¿Qué está frenando a Panamá?

    Si bien Panamá tiene ventajas competitivas claras, como su posición geográfica y estabilidad económica, enfrenta desafíos importantes. La ausencia de una estrategia robusta para promocionar destinos emergentes dentro del país limita su potencial para captar la creciente demanda por turismo sostenible y destinos menos explorados. En un momento en que los viajeros buscan experiencias auténticas y responsables con el medio ambiente, el país necesita adaptar su oferta para satisfacer estas expectativas.

    Además, la recuperación plena del turismo internacional exige un enfoque más equilibrado. Mientras que el crecimiento en Panamá sigue siendo positivo, la falta de inversión en infraestructura turística más allá de la capital y en destinos periféricos limita su capacidad de competir con países vecinos. En este contexto, los expertos de ONU Turismo han subrayado la importancia de fomentar prácticas sostenibles como una estrategia clave para el desarrollo turístico en 2025. Quizás Panamá debería encontrar su propio camino para hacerla un destino único: mejor infraestructura, más conectividad interna, mayor seguridad.

    Perspectivas y oportunidades para el futuro

    El Barómetro del Turismo Mundial proyecta un crecimiento continuo para 2025, con un aumento del 3% al 5% en las llegadas internacionales. Panamá tiene una oportunidad significativa para capitalizar esta tendencia, pero debe priorizar ciertas áreas. Inversiones en infraestructura, iniciativas de turismo únicas y diferenciadas y un enfoque en la promoción internacional son esenciales para consolidar su posición como destino competitivo.

    El turismo no solo es un motor económico; también representa una herramienta clave para el desarrollo socioeconómico. En Panamá, el sector contribuye de manera importante al PIB y genera empleos en servicios, transporte y hotelería.

    El resurgir del turismo en 2024 marca un punto de inflexión global, y Panamá tiene todas las herramientas para destacar en este nuevo escenario. Aunque enfrenta desafíos relacionados con la diversificación de su oferta y la competencia en una región altamente dinámica, las oportunidades están al alcance. El país debe adaptarse rápidamente a las tendencias actuales del mercado, como la búsqueda de sostenibilidad y destinos menos conocidos, para maximizar su potencial.

  • Sin Libertad no hay Democracia

    «En esencia, la democracia no funciona con un pueblo carente de libertad.».

    Del dicho al hecho hay un gran trecho; igual, igual es de la ley a la práctica. Son pocos los que no llegan a entender que no se puede jugar un buen partido deportivo sin normas; y más aún, sin buenas normas, lo cual es el grave problema que tenemos en Panamá con una constitución tan pervertida que ningún gobierno se ha atrevido a llevarla a la práctica o praxis. Hablo del ‘estado de derecho’, que supone ser el principio por el cual nos regimos. Dicho simplemente, hay estado de derecho cuando andamos derecho o en bienandar; cuando la ley es sana y seguimos su trocha.

    El problema en Panamá es que desde la época colonial y antes, siempre hubo una casta oligárquica dominante que usaba su capacidad de dominio para imponer sus faltas de principios, de libertad y propiedad. Hoy día, cuando nuestro planeta ya adquiere un carácter globalista, esas castas oligárquicas han evolucionado, creando una agenda globalista y satánica, por describirlo de alguna manera. Una agenda que niega la misma naturaleza de la Creación y pretende introducir de forma solapada la diabólica dominante.

    La otra faceta de la tragedia está en un cacareo democrático que es como la gallina que cacarea pero sólo pone engaño. Me refiero al intervencionismo gubernamental; el cual es la misma esencia del comunismo, en dónde no rige un estado de derechos sino de intereses de la oligarquía de turno. Es lo que había durante nuestra dictadura militar y que ha seguido de manera solapada en los gobiernos posteriores. En resumen, no se respeta la propiedad privada; realidad que origina desde una supuesta educación centralizada en la cual jamás enseñan los derechos de propiedad. Si lo dudan, vayan a cualquier escuela MEDUCA y pasen examen, no a los estudiantes sino a los “educadores”; con el perdón de los buenos, que por algún lado andan agazapados.

    Todo lo que señalo se pone más peliagudo cuando les digo que el instrumento de todo el mal lo tenemos en la misma democracia, cuando no entendemos lo que es y como funciona; a tal punto que la torcemos y convertimos en la dictadura de las mayoría meducadas o maleducadas. Bien se ha dicho que “la democracia es el mejor medio para llevar a cabo el socialismo”, o el comunismo. Y es que para mí hablar de socialismo es igual que hablar de una mujer levemente preñada.

    En esencia, la democracia no funciona con un pueblo carente de libertad. Y hay muchas maneras de perder la libertad, entre ellas las botellas, los jamones, y el resto de los disque subsidios que nos tienen amarrados al servilismo de las mafias dominantes. La frase que encierra el principio es “el derecho a la autodeterminación”; esa que no la tienen las botellas y sus rémoras. En los EE.UU. esto queda patente en las grandes ciudades con sus políticas regalonas que hoy día típicamente tienden a votar por los demócratas izquierdistas.

    El mayor bien de una comunidad está en la división del trabajo a través del mercado; en dónde todos pueden participar y sacar ventaja; siempre que el mismo no esté intervenido por la mafia gubernamental, como ocurre en Panamá; en dónde hasta el agua potable que usamos nos la proveen los gobiernos del estado.

    Cuando el gobierno interviene en el mercado le da poder a la minoría dominante; esa que se alimenta como sanguijuela de la sangre del pueblo. La única manera de retomar el timón de la barca estatal es sacando a la Cosa Nostra de nuestras vidas. El problemita con ello es que luego todos tendríamos que ser empresarios, lo cual no sería fácil cuando nos adiestraron para ser serviles a las oligarquías de turno.