Etiqueta: Putin

  • ¿Más peligro nuclear hoy que en 1962?

    En 1962, el mundo se paralizó ante la Crisis de los Misiles en Cuba. Estados Unidos y la URSS, con John F. Kennedy y Nikita Jrushchov al mando, estuvieron a un paso real de la guerra nuclear. Y sin embargo, a último momento, se impuso la diplomacia, el miedo mutuo, la cordura: ambos líderes comprendieron que no habría vencedores si apretaban el botón.

    Hoy, más de 60 años después, cabe preguntarse: ¿Los líderes actuales —Putin, Trump, Netanyahu, Jamenei— tienen la misma lucidez racional y sentido histórico que sus antecesores?

    ¿Qué ha cambiado?

    En la Guerra Fría:

    • Solo dos superpotencias nucleares marcaban el tablero: EE.UU. y la URSS.
    • Existían canales diplomáticos activos, incluso en el clímax del enfrentamiento.
    • El miedo era estructural: la doctrina de Destrucción Mutua Asegurada (MAD) actuaba como freno.

    Hoy:

    • Rusia amenaza con armas nucleares tácticas en Ucrania casi como parte de su retórica oficial.
    • EE.UU. bombardea instalaciones nucleares iraníes (Fordow, Natanz, Isfahán) abriendo un nuevo frente global.
    • Israel e Irán se han convertido en actores estratégicos con capacidad de arrastrar a las potencias a un conflicto regional con consecuencias globales.
    • Las plataformas digitales aceleran los impulsos, y los líderes toman decisiones bajo presión mediática constante —sin el mismo tiempo para la reflexión estratégica que tenían Kennedy o Jrushchov.

    ¿Jugaban Israel o Irán un rol como el actual en la Guerra Fría?

    No. Durante la Guerra Fría:

    • Israel era un actor militar relevante pero periférico, sin declarada capacidad nuclear hasta fines de los 60s.
    • Irán era un aliado estratégico de EE.UU. hasta la Revolución Islámica de 1979. No tenía ambiciones nucleares declaradas ni protagonismo militar regional como hoy.

    Hoy, ambos son nodos claves en el equilibrio de poder:

    • Israel, con un arsenal nuclear no declarado y doctrina de represalia inmediata.
    • Irán, decidido a desafiar la hegemonía regional y, tras los ataques, más expuesto que nunca a tomar decisiones extremas.

    ¿Qué hay del liderazgo?

    Kennedy tenía 45 años, estaba rodeado de asesores científicos, militares y diplomáticos que lo presionaban para atacar, pero él optó por el diálogo, el bloqueo y el intercambio secreto de misiles en Turquía por misiles soviéticos en Cuba.

    Trump hoy se jacta de haber ordenado bombardeos nucleares preventivos. Putin habla del “uso legítimo de lo nuclear” si Rusia se ve amenazada. La contención emocional parece haber cedido espacio al orgullo nacionalista.


    Entonces: ¿subestimamos o sobrestimamos el peligro?

    Puede que el miedo colectivo al hongo atómico haya disminuido —por distancia generacional—, pero los riesgos no son menores.
    Hoy hay más actores, menos tratados, y líderes más impredecibles.

    Einstein dijo:

    “No sé con qué armas se peleará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta será con palos y piedras.”

    ¿Estamos haciendo algo —como humanidad— para evitar que tenga razón?

  • Rusia Redefine las Reglas del Juego Nuclear

    La firma de una nueva doctrina nuclear por parte del presidente ruso Vladimir Putin representa un cambio importante en la postura estratégica de Rusia. Este documento amplía las condiciones bajo las cuales Moscú podría emplear armas nucleares, incluyendo su posible uso en respuesta a un ataque convencional significativo respaldado por una potencia nuclear. Este desarrollo, enmarcado en el contexto de la guerra en Ucrania y el enfrentamiento con la OTAN, tiene implicaciones profundas y peligrosas para la estabilidad global y regional.

    Contexto Geopolítico

    Rusia ha enfrentado crecientes desafíos desde la invasión a Ucrania en 2022. La asistencia militar de Occidente a Kiev, que incluye el suministro de armamento avanzado como misiles de largo alcance, ha debilitado las capacidades militares rusas y erosionado su influencia. En este escenario, Rusia recurre a su doctrina nuclear como un instrumento disuasorio, buscando contrarrestar el desequilibrio convencional frente a la OTAN y los Estados Unidos. La actualización de la política nuclear subraya la percepción rusa de una amenaza existencial derivada de la expansión occidental en su esfera de influencia.

    Características de la Nueva Doctrina

    El documento redefine las circunstancias para el uso de armas nucleares, incluyendo:

    1. Ataques convencionales significativos: Una novedad es considerar ataques con armas convencionales que, por su escala y naturaleza, se perciban como amenazantes para la seguridad nacional.
    2. Protección de aliados estratégicos: Expande la protección a socios como Bielorrusia, un gesto que refuerza la alianza ruso-bielorrusa frente a las que Putin considera presiones occidentales.
    3. Vaguedad estratégica: La doctrina mantiene ambigüedad sobre los umbrales específicos para el uso nuclear, aumentando el riesgo de malentendidos o escaladas no deseadas.

    Esta estrategia parece diseñada para dar a Rusia mayor flexibilidad en su respuesta a potenciales amenazas, reforzando la percepción de que está preparada para tomar medidas extremas si su soberanía o intereses vitales se ven comprometidos.

    Impacto Regional

    Rusia intenta consolidar su influencia en Europa del Este mediante esta doctrina. El respaldo explícito a Bielorrusia podría interpretarse como una seria advertencia hacia países como Polonia y Lituania, que han reforzado sus defensas ante la creciente militarización rusa. Además, la ampliación de los criterios para el uso nuclear es un recordatorio de las capacidades estratégicas de Rusia y su disposición a emplearlas si su hegemonía regional se ve amenazada.

    Riesgos Globales

    1. Escalada de tensiones: Este cambio eleva la probabilidad de una confrontación directa entre potencias nucleares, ya que reduce los límites entre un conflicto convencional y uno nuclear.
    2. Desestabilización estratégica: La ampliación de los criterios para el uso de armas nucleares podría socavar los acuerdos internacionales de control de armas y las normas de disuasión.
    3. Incertidumbre para los aliados de la OTAN: La ambigüedad rusa podría forzar a los países de la OTAN a reconsiderar sus propias doctrinas nucleares, exacerbando una carrera armamentista.

    Motivaciones de Moscú

    1. Contrarrestar la narrativa de debilidad: Tras los reveses militares en Ucrania, esta doctrina proyecta una imagen de fortaleza.
    2. Mensajes internos y externos: A nivel interno, busca consolidar el apoyo al régimen al presentar a Rusia como una potencia invulnerable. Externamente, pretende disuadir a los aliados occidentales de intensificar su respaldo a Ucrania.
    3. Preparación para escenarios extremos: Moscú podría estar anticipando una prolongación del conflicto en Ucrania y prevé situaciones donde la opción nuclear podría parecer inevitable para defender sus intereses.

    Perspectiva Futura

    La actualización de la doctrina nuclear rusa subraya la complejidad de la geopolítica contemporánea, donde los límites entre guerra convencional y nuclear se vuelven más difusos. Para la comunidad internacional, este cambio plantea desafíos significativos, incluyendo la necesidad de reforzar mecanismos diplomáticos y de control de armas. En el corto plazo, es probable que la doctrina incremente la desconfianza entre Rusia y Occidente, exacerbando una peligrosa dinámica de disuasión mutua.

    La nueva postura nuclear rusa refleja la estrategia de un Kremlin acorralado, que busca compensar su debilidad militar convencional con una mayor dependencia en su arsenal estratégico. Este desarrollo no solo altera el equilibrio de poder regional, sino que plantea riesgos muy graves para la seguridad global.

  • Putin, un triste payaso: Una reflexión profunda sobre el asesinato de Alexei Navalni desde la perspectiva de Guy Sorman

    El brutal asesinato de Alexei Navalni, uno de los más prominentes líderes de la oposición en Rusia, ha dejado al descubierto las entrañas del régimen de Vladímir Putin y plantea interrogantes profundamente inquietantes sobre el futuro de la democracia en el país. En un artículo reciente para ABC, el renombrado intelectual Guy Sorman desglosa la compleja naturaleza del régimen ruso actual y ofrece un análisis penetrante sobre el impacto de este trágico suceso.

    Sorman comienza su reflexión señalando las diferencias entre el despotismo actual en Rusia y el totalitarismo implacable de la era de Stalin. Mientras que en el pasado los disidentes como Navalni eran silenciados de inmediato, en la Rusia contemporánea persiste un despotismo que permite, aunque sea de manera limitada, la expresión del descontento popular. Esta distinción es crucial para comprender la táctica de Putin, quien busca legitimidad internacional mientras reprime a la oposición interna.

    El autor destaca la paradoja de que Putin busque presentarse como un líder respetable en la escena mundial, a pesar de su desprecio por los principios democráticos fundamentales. Organiza elecciones simuladas y mantiene una fachada de Estado de derecho, todo mientras ejerce un control férreo sobre la sociedad y la política. Esta estrategia, según Sorman, revela la profunda inseguridad de Putin y su desesperado anhelo de reconocimiento y legitimidad.

    La figura de Navalni representa una amenaza existencial para Putin, no solo por su defensa de la democracia, sino también por su habilidad para utilizar el humor y la ironía como armas políticas. A través de sus ingeniosas ocurrencias, Alexei Navalni logró desafiar el poder del régimen y movilizar a la población en su contra. «El arma suprema de Navalni era el humor. Recordarán que, después de haber sido víctima de un intento de envenenamiento impregnando sus calzoncillos con una sustancia que debería haberle matado, Navalni, en lugar de indignarse, llamó a Putin «dictador de la ropa interior». Cuando los dictadores están tan inseguros respecto a su poder como Putin, no soportan el humor. Que se rían de él, que descubran que el rey está desnudo, es la peor afrenta que se le puede hacer a Putin. Su odio personal hacia Navalni tiene menos que ver con la defensa que este hacía de la democracia que con sus ocurrencias, que hacían reír a toda Rusia.» dice Guy Sorman. La muerte de Alexei, por lo tanto, no solo representa la pérdida de un líder político, sino también la muerte de un símbolo de la resistencia y la valentía frente a la opresión.

    Sorman concluye su reflexión destacando el legado duradero de Navalni y la importancia de su sacrificio en la lucha por la democracia en Rusia. Su decisión de regresar al país a pesar del peligro y su disposición a dar la vida por sus convicciones lo convierten en un mártir moderno y un símbolo de esperanza para todos aquellos que continúan luchando por un futuro más justo y libre.

    En última instancia, el asesinato de Alexei Navalni es un recordatorio sombrío de los peligros del despotismo y la represión política en el mundo contemporáneo. Su legado perdurará como un faro de esperanza y un llamado a la acción para todos aquellos comprometidos con la causa de la libertad y la justicia. Putin, por su parte, seguirá siendo recordado como un triste payaso cuya tiranía y crueldad solo han servido para fortalecer la determinación de aquellos que se oponen a él.

  • Los límites de la asociación Rusia-China que dicen no tener ninguno

    En los últimos años, la relación China-Rusia se ha profundizado a medida que las dos naciones han buscado un nuevo orden mundial contra su rival común, Estados Unidos. Sin embargo, desde que comenzó la guerra, China ha evitado brindar ayuda militar directa a Rusia.

    Tres semanas antes de que los tanques rusos entraran en Ucrania el año pasado, el presidente Vladimir Putin viajó a Beijing para la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Invierno organizada por el presidente chino Xi Jinping, un evento rechazado por los líderes occidentales.

    En una declaración conjunta de 5.300 palabras emitida el mismo día, Xi y Putin dijeron que su amistad “no tenía límites”, declaración que provocó una ola de malestar en Occidente. Señaló que las dos principales potencias autoritarias del mundo estaban haciendo causa común.

    Beijing también fue la primera visita de Putin al extranjero fuera de la ex Unión Soviética en octubre desde que la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto en su contra por crímenes de guerra en Ucrania.

    En los últimos años, la relación China-Rusia se ha profundizado a medida que las dos naciones han buscado un nuevo orden mundial contra su rival común, Estados Unidos. Sin embargo, desde que comenzó la guerra, China ha evitado brindar ayuda militar directa a Rusia.

    Los vínculos bilaterales entre las dos potencias son más complejos y llenos de matices de lo que parece. La asociación de Moscú con China tiene un pasado largo e histórico que es anterior al ascenso del Partido Comunista Chino al poder en Beijing hace siete décadas.

    Chiang Fang-liang, nacida en Bielorrusia, posa con su marido, el ex presidente de Taiwán, Chiang Ching-kuo, el 15 de marzo de 1985. Crédito: AFP

     

    La novia soviética del Kuomintang

    A primera hora de la tarde del 15 de diciembre de 2004, Chiang Fang-liang, viuda del ex presidente taiwanés Chiang Ching-kuo, murió de insuficiencia respiratoria y cardíaca en un hospital de Taipei a los 88 años. Había vivido una vida tranquila y solitaria como miembro de la primera familia de Taiwán. Su marido y sus tres hijos pasaron delante de ella.

    Nacida como Faina Vakhreva en el Imperio Ruso, era miembro de la Liga Juvenil Comunista de la Unión Soviética y conoció a su futuro marido cuando ambos trabajaban en una fábrica en Siberia. Se casaron en 1935.

    Unos años antes, el padre de Chiang, el generalísimo Chiang Kai-shek, llevó al partido nacionalista chino Kuomintang al poder en China continental. Sin embargo, en 1949, la victoria de los comunistas obligó a la familia Chiang y a su gobierno a retirarse a la isla de Taiwán, donde vivió y murió Fang-liang.

    La Unión Soviética, y luego Rusia, han tenido poco contacto con Taiwán, pero la conexión rusa de la familia Chiang sirvió como recordatorio de cuánta influencia alguna vez tuvieron los soviéticos sobre la política a través del Estrecho de Taiwán.

    Chiang Ching-kuo llegó a la URSS a los 15 años y pasó allí 12 años. Abrazó la vida de un marxista soviético, e incluso adoptó un nombre ruso –Nikolai Vladimirovich– en honor a Vladimir Ilich Lenin, el primer líder de la URSS.

    El Kuomintang, fundado en 1912 por Sun Yat-sen, recibió durante mucho tiempo apoyo y ayuda de la Unión Soviética. Sin embargo, durante la Guerra Civil China (1927-1949) los soviéticos apoyaron a los comunistas que derrotaron a los nacionalistas y establecieron la República Popular China.

    Se ve a Chiang Fang-liang con su esposo, el ex presidente de Taiwán, Chiang Ching-kuo, y sus hijos en una foto sin fecha. Crédito: AFP/KMT

    En sus memorias “Mis días en la Rusia soviética”, Chiang Ching-kuo recordó su época como “completamente aislado de China, ni siquiera le permitieron enviar una carta”, y esos largos años fueron “los más difíciles” de su vida. Todas sus solicitudes de regresar al continente fueron rechazadas por las autoridades, según los historiadores rusos Alexander Larin y Alexander Lukin, ya que Chiang estaba prácticamente rehén de las órdenes de Lenin. Sucesor como líder soviético, Joseph Stalin.

    A Chiang y su pequeña familia se les permitió abandonar la URSS en 1937, cuando en China el Kuomintang y los comunistas formaron una nueva alianza para luchar contra una invasión japonesa que presagiaba la Segunda Guerra Mundial. Fue una salida afortunada para ellos, ya que el país soviético atravesaba un período de represión política extrema conocido como la Gran Purga, durante el cual cientos de miles de oponentes políticos de Stalin fueron destituidos y eliminados.

    Desde entonces hasta sus últimos días, la esposa rusa de Chiang nunca volvió a poner un pie en su patria.

    Los años en la Unión Soviética llevaron a Chiang Ching-kuo “a examinar el socialismo con una mirada más crítica y contribuyeron a su evolución hacia el anticomunismo”, argumentaron Larin y Lukin, quienes dijeron que el fracaso del sistema económico soviético influyó. en la transición de Taiwán hacia las reformas de mercado bajo el gobierno de Chiang durante la década de 1970.

    Y no sólo en Taiwán, “finalmente, los comunistas chinos en China continental llegaron a la misma conclusión” sobre el modelo económico soviético, según los autores rusos.

    «Deng Xiaoping, el arquitecto de las reformas económicas de China continental, fue compañero de clase de Chiang… y tuvo una experiencia similar, aunque mucho más corta, en la URSS», escribieron.

    Buenos vecinos

    Desde la década de 1960 hasta la de 1990, la relación entre China y la URSS estuvo marcada por turbulencias, incluido un conflicto fronterizo de siete meses en 1969. La China de Mao Zedong condenó a Moscú por “traicionar al comunismo”, mientras que la Unión Soviética retiró toda la ayuda económica a Beijing.

    Sólo se calentó después de que Mikhail Gorbachev se convirtiera en secretario general del Partido Comunista de la URSS e iniciara la reforma política y social llamada perestroika. Después de la disolución de la Unión Soviética, China reconoció a la Federación de Rusia como su sucesora legal el 24 de diciembre de 1991. Moscú y Beijing firmaron un Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa diez años después, allanando el camino para un nuevo capítulo en su asociación especial. .

    Rusia China
    El líder soviético Mikhail Gorbachev [derecha] hace un gesto mientras habla con el líder chino Deng Xiaoping durante una reunión en 1989 en Beijing. Crédito: Boris Yurchenko/AP

    Una declaración conjunta en el vigésimo aniversario del tratado en 2021 dijo que las relaciones ruso-chinas “han alcanzado el nivel más alto de su historia”. .”

    «Las relaciones ruso-chinas se basan en la igualdad, la profunda confianza mutua, el compromiso con el derecho internacional, el apoyo en la defensa de los intereses fundamentales de cada uno, los principios de soberanía e integridad territorial», dijo.

    Oficialmente, los lazos entre China y Rusia se describen como una “asociación integral e interacción estratégica en la nueva era”, según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia.

    China ha sido el mayor socio comercial de Rusia desde 2010, con un comercio bidireccional que alcanzó los 140.700 millones de dólares en 2021 y los 134.100 millones de dólares en los primeros siete meses de 2023. El objetivo es 200.000 millones de dólares o más en 2023.

    Rusia es el segundo mayor proveedor de petróleo de China, después de Arabia Saudita, con 86,3 millones de toneladas vendidas en 2022. China también compró 68,1 millones de toneladas de carbón a Rusia el año pasado.

    Y China es uno de los mayores inversores extranjeros en Rusia. El jefe del gobierno ruso, Mikhail Mishutin, dijo al líder chino Xi Jinping durante una visita en mayo que actualmente hay 79 proyectos conjuntos en ambos países por un total de más de 165 mil millones de dólares.

    «Rusia está interesada en una China estable y próspera, y China está interesada en una Rusia fuerte y exitosa», decían documentos oficiales de ambas partes.

    La bandera china se exhibe en el stand ruso durante la Exposición Internacional de Importaciones de China en Shanghai, el 6 de noviembre de 2018. Foto: Ng Han Guan/AP

     

    Pero dejando de lado los intereses económicos mutuos, las “percepciones de amenazas compartidas” son el núcleo de sus relaciones bilaterales, según Ian Storey, académico del ISEAS – Instituto Yusof Ishak en Singapur.

    «Moscú y Beijing consideran que la primacía de Estados Unidos es contraria a sus intereses nacionales y una amenaza a la supervivencia del régimen», dijo Storey. En su opinión, los dirigentes ruso y chino creen que Estados Unidos está aplicando una estrategia de contención contra ellos y está “decidido a derrocar sus sistemas políticos autoritarios orquestando ‘revoluciones de color’”.

    ¿Alianza o no?

    En respuesta, Moscú y Beijing han estado impulsando su cooperación militar, lo que plantea dudas sobre si equivale a una especie de alianza militar.

    En 2020, le preguntaron a Putin en una reunión si tal alianza era concebible. Respondió que tanto Rusia como China “siempre han creído que nuestras relaciones han alcanzado tal nivel de cooperación y confianza que no es necesario”.

    «Hemos logrado un alto nivel de cooperación en la industria de defensa; no me refiero sólo al intercambio o la compra y venta de productos militares, sino al intercambio de tecnologías, que quizás sea lo más importante», dijo Putin.

    Banderas nacionales de Rusia, China y Mongolia ondean en vehículos blindados durante los ejercicios militares Vostok 2018 en Siberia Oriental, Rusia, el 13 de septiembre de 2018. Crédito: Sergei Grits/AP

     

    Los analistas dicen que las disparidades de poder entre ellos pueden impedir la formación de una alianza.

    Alexander Gabuev, un experto ruso del grupo de expertos Carnegie Endowment, escribió que “si para Rusia, bajo las sanciones de Occidente, China se está convirtiendo en un socio cada vez más importante que sería difícil de reemplazar”. Pero añadió que para Beijing, “Moscú podría ser suplantada fácilmente, ya que la mayor parte de lo que suministra a China podría comprarse en otros lugares”.

    “Además, las sanciones de Estados Unidos y la UE están haciendo que Rusia dependa gradualmente de China para obtener tecnología civil estratégica, como los sistemas 5G”, dijo el experto ruso, refiriéndose a un tipo de red de Internet móvil de alta velocidad.

    «Moscú y Beijing son muy conscientes de que sus intereses no siempre coinciden», dijo Gabuev. «Ninguna de las partes quiere correr el riesgo de verse arrastrada a un conflicto importante por los intereses de su socio».

    Sin embargo, la declaración conjunta sobre el Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa de 2021 decía: “Si bien no son una alianza militar y política, como las formadas durante la Guerra Fría, las relaciones ruso-chinas exceden esta forma de interacción interestatal. «

    Incluso sin una alianza formal, la cooperación militar y técnico-militar entre los dos países se ha fortalecido en los últimos años, aunque los límites de esa cooperación se han vuelto evidentes desde la invasión rusa de Ucrania.

    Rusia China
    El presidente de China, Xi Jinping, le hace un gesto al presidente de Rusia, Vladimir Putin, durante una ceremonia de bienvenida antes de una conferencia en Shanghai en 2014. Crédito: Carlos Barria/Pool AP

     

    Visitantes frecuentes

    Putin y Xi se han reunido la friolera de 42 veces en los últimos 10 años.

    Putin ha visitado China 22 veces, más a menudo que cualquier otro líder mundial. Por su parte, Xi ha visitado Rusia nueve veces, más que cualquier otro país. La última vez que Xi estuvo en Moscú fue en marzo, en su primer viaje al extranjero desde que fue reelegido para un inusual tercer mandato.

    Un año antes de eso y justo antes de que Moscú invadiera Ucrania, Xi y Putin anunciaron la “amistad sin límites” entre los dos países. No habría “áreas prohibidas” de cooperación bilateral.

    Pero desde que comenzó la guerra de Ucrania en febrero de 2022, China casi no ha brindado apoyo material a la campaña militar de Rusia.

    Sin embargo, Beijing ha apoyado retóricamente a Moscú, haciéndose eco de su descripción de la invasión como una “operación militar especial”, provocada por la expansión de la OTAN. China también se abstuvo de una resolución de la ONU que condenaba la acción de Rusia.

    A principios de este año, Beijing publicó una “Posición sobre la solución política de la crisis de Ucrania” de 12 puntos, que se dice tiene como objetivo mediar en una paz. El documento no condena la agresión de Rusia contra Ucrania ni considera la retirada de Rusia como una condición previa para la paz, y no ha logrado ningún éxito tangible.

    Vassily Kashin, un experto ruso en el ejército chino, dijo que no había señales de que China quisiera cambiar su posición de larga data de no armar a Rusia durante la guerra de Ucrania.

    Estados Unidos ha advertido a China de severas sanciones si suministra armas a Rusia.

    «Si China ve que perderá más que ganar con algunas acciones para apoyar a Rusia, tales acciones nunca se toman», dijo Kashin. «Esta es la razón por la que China se ha abstenido de vender armas a Rusia, incluso a pesar del hecho de que las armas chinas probablemente cambiarían completamente las reglas del juego en el campo de batalla de Ucrania».

    Las tropas chinas se mantienen firmes durante los ejercicios militares Vostok 2018 en Siberia Oriental, Rusia, en 2018. Crédito: Sergei Grits/AP

     

    Compañeros de cama

    Si bien se mantiene indeciso sobre la guerra y reclama imparcialidad, Beijing parece estar en una posición única para beneficiarse del vacío en el mercado mundial de armas dejado por Rusia, que tiene que desviar su producción de armas al campo de batalla.

    “Desde que el Kremlin invadió Ucrania en febrero de 2022, cada vez menos países estarán interesados ​​en comprar equipos rusos”, afirmó Ian Storey del ISEAS – Instituto Yusof Ishak, que ha estudiado los vínculos militares entre Rusia y China durante muchos años.

    La industria de defensa de China podría beneficiarse. Seis de las 15 empresas de defensa más grandes del mundo son ahora de China, según una lista compilada por Defense News, un sitio web centrado en la industria de la defensa.

    «Muchos sistemas chinos sofisticados se derivan de sus homólogos rusos, y los sistemas de defensa aérea de mediano y largo alcance se encuentran entre las capacidades más buscadas por los clientes de Rusia», dijo Defense News.

    Ian Chong, politólogo de la Universidad Nacional de Singapur, dijo que existe un debate sobre los cálculos estratégicos de China.

    “Algunos afirman que Beijing quiere un socio menor en Rusia que pueda distraer a Estados Unidos y sus aliados y al mismo tiempo proporcionar energía y minerales clave. Otros ven una Rusia débil como un potencial pasivo para China”, dijo Chong.

    Cualquiera que sea la afirmación que resulte cierta, parece que los papeles en la cita entre Moscú y Beijing ahora se han invertido.

    Es posible que Putin quiera leer un memorando de una reunión en la Casa Blanca en junio de 1980, donde el entonces presidente estadounidense. El embajador en la URSS, Thomas J. Watson, Jr., dijo al presidente Jimmy Carter que, en su opinión, “los chinos tienen tendencia a saltar de cama en cama”, advirtiéndole sobre la propensión de Beijing al cálculo estratégico y político.

    El presidente ruso Vladimir Putin [centro, derecha] y el presidente chino Xi Jinping se dan la mano durante su reunión en el Gran Palacio del Kremlin en Moscú, el 22 de marzo de 2013. Crédito: Alexander Zemlianichenko/Pool vía AP< a i=1>Editado por Mat Pennington y Jim Snyder
  •  Ucrania: Una Predicción de Agotamiento y Cambio en el Horizonte en dos años

    En un artículo reciente publicado en ABC, el escritor y analista Guy Sorman plantea una perspectiva interesante sobre el conflicto entre Rusia y Ucrania. Sorman sugiere que en un plazo de dos años, Rusia se encontrará en una posición de agotamiento tanto en recursos financieros como humanos, lo que podría poner fin a la prolongada guerra.

    Según Sorman, la financiación de la guerra actual se sostiene en gran medida a través de la exportación de petróleo ruso, a pesar de estar teóricamente prohibido. Este petróleo se vende en su mayoría a India, que luego lo refina y redistribuye como gasolina a los países de la Unión Europea. Sin embargo, el autor predice que en dos años, la evolución de los métodos de producción de energía en Occidente hará que el petróleo ruso sea innecesario.

    El autor también aborda la cuestión de los recursos humanos en la guerra. Sorman señala que gran parte de los soldados rusos provienen de regiones pobres de Asia Central y que este reclutamiento a cambio de pequeñas remuneraciones no puede durar más de dos años debido a la creciente conciencia de estas comunidades de que la guerra en Ucrania los está llevando a su exterminio.

    Sorman especula sobre los posibles escenarios futuros, planteando la posibilidad de que Rusia pueda encontrar un nuevo líder que impulse reformas democráticas y económicas, acercándose a la Unión Europea. También considera la opción de un cambio de liderazgo hacia un dictador militar más beligerante, aunque sugiere que los recursos y el apoyo de la población podrían limitar esta posibilidad.

    En términos de la reacción internacional, Sorman destaca la importancia de la OTAN en la guerra y cómo los aliados occidentales han optado por apoyar a Ucrania sin expandirse más allá de sus fronteras. El autor insta a estos aliados a mantener este curso inteligente y a resistir el deseo de aventurarse más allá, evitando los errores del pasado.

    Finalmente, Sorman aborda la opinión pública y cómo su apoyo y disposición a aceptar sacrificios son cruciales para la duración de cualquier conflicto. El autor reflexiona sobre las deudas acumuladas en el proceso y cómo, en dos años, llegará el momento de evaluar los costos y los beneficios de la guerra.

    En general, el artículo de Guy Sorman ofrece una visión interesante y optimista sobre el futuro del conflicto entre Rusia y Ucrania, con predicciones sobre el agotamiento de los recursos y la posible transformación del escenario geopolítico en los próximos dos años.  «¿Debo mencionar a la opinión pública? Una guerra solo dura si la opinión pública se une a ella y acepta determinados sacrificios. Hoy estos sacrificios son a la vez reales e invisibles, tanto en Europa como en EE.UU. Acumulamos deudas que habrá que devolver. Esta carga es aún casi imperceptible y lo seguirá siendo dos años más. Después de estos dos años, tendremos que hacer cuentas. Por un lado, deberemos evaluar lo que nos ha costado esta guerra y, por otro, lo que nos ha aportado: la desaparición de un enemigo imprevisible como Putin y una victoria para la democracia liberal. Suficiente para hacer que los demás déspotas recapaciten. Por eso debemos mantenernos firmes: dos años. Es lo mínimo a exigir a nuestros conciudadanos. Quizá haga falta explicarles mejor por qué les pedimos estos sacrificios; sería deseable aclarar el coste, la duración y lo que está en juego» concluye.

  • La orden de detención contra Putin dictada por la Corte Penal Internacional puede ser simbólica, pero debe ser el principio para que rinda cuentas

    Con motivo del noveno aniversario de la anexión ilegal de Crimea, el 18 de marzo el presidente ruso Vladimir Putin visitó la península ucraniana ocupada. Su visita se produjo un día después de que la Corte Penal Internacional de La Haya emitiera una orden de detención contra él.

    Putin y su comisaria para la infancia, Maria Alekseyevna Lvova-Belova, se enfrentan a cargos relacionados con la supuesta deportación ilegal de niños ucranianos a Rusia. Por simbólica que pueda ser por ahora, la orden judicial señala una determinación contra la impunidad. Señala la enorme magnitud de los abusos cometidos por las fuerzas rusas y sus representantes, de los que Putin es el máximo responsable.

    La deportación a Rusia de niños ucranianos desde los territorios de Ucrania ocupados contraviene claramente la cuarta convención de Ginebra. Esta trata de la protección de los civiles durante la guerra, de la que Rusia es parte.

    Las violaciones de los derechos de los niños han sido documentadas con desgarradores detalles por la organización de derechos humanos Almenda, que hasta 2014 tenía su sede en Crimea y ha supervisado los abusos rusos contra los niños y otros grupos vulnerables desde entonces.

    Violaciones rusas del derecho internacional

    Los abusos rusos en Ucrania se extienden mucho más allá de la deportación de niños y mucho más allá de Crimea. Así lo ha documentado en dos informes la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) sobre violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos en Ucrania. La Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre Ucrania también ha recopilado sus propias investigaciones. Los informes, de octubre de 2022 y marzo de 2023, dan una idea de la magnitud de los abusos sufridos por la población civil desde que Rusia se anexionó Crimea y ocupó partes del Donbás en 2014.

    Existen claras obligaciones para las potencias ocupantes en virtud del Reglamento de La Haya sobre la guerra terrestre (1907) y del cuarto convenio de Ginebra (1949), así como del primer protocolo adicional a los convenios de Ginebra (1977).

    Entre las violaciones cometidas por Rusia a lo largo de nueve años se incluye la de hacer permanentes, en lugar de temporales, los acuerdos de ocupación. Introdujeron el rublo ruso como moneda y cambiaron los planes de estudio y el idioma de las escuelas al ruso. Se han impuesto pasaportes rusos a la población y se ha reclutado a la fuerza a hombres para el ejército ruso.

    Las anexiones por parte de Rusia de Crimea en marzo de 2014 y de las regiones de Donetsk, Jersón, Luhansk y Zaporiya en septiembre de 2022 también son ilegales según el derecho internacional.

    También hay pruebas de que Rusia no ha satisfecho ni siquiera las necesidades básicas -alimentos, agua, electricidad, saneamiento y atención sanitaria- de los residentes que han permanecido allí, otro requisito del derecho internacional.

    Mientras tanto, ha habido informes de abusos directos contra civiles. Estos abusos van desde homicidios ilegítimos y secuestros hasta torturas, violencia sexual y deportaciones forzosas. Se han destruido propiedades públicas y privadas y se ha denegado a la población los derechos civiles y las libertades políticas básicas.

    La invasión a gran escala de febrero de 2022 intensificó aún más el sufrimiento de la población civil. Rusia hizo caso omiso de los principios de distinción, proporcionalidad y cautela al atacar zonas pobladas. Destruyeron infraestructuras civiles críticas y las denominadas “instalaciones que contienen materiales peligrosos”, como centrales nucleares.

    Desde febrero del año pasado, el trato a los prisioneros de guerra, protegidos por la tercera convención de Ginebra (1949), se ha añadido a la lista de violaciones rusas del derecho internacional. Esto ha incluido el maltrato sistemático a los prisioneros de guerra, incluida la tortura y la violencia sexual.

    ¿Puede Rusia rendir cuentas?

    Ucrania ha iniciado sus propios esfuerzos para exigir responsabilidades individuales a través de juicios nacionales por crímenes de guerra. Pero la orden de detención de la Corte Penal Internacional contra Putin indica un frente más amplio en la lucha contra la impunidad. El hecho de que Rusia se retirara en 2016 del estatuto de Roma que creó el tribunal no significa que el presidente ruso no pueda ser juzgado ante él.

    El expresidente serbio Slobodan Milošević fue acusado cuando aún ocupaba el cargo, en 1999. Tuvo que comparecer ante el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia entre 2002 y su muerte en 2006.

    Del mismo modo, el hecho de que Ucrania no sea signataria del Estatuto de Roma es irrelevante en este caso, ya que el país ha ejercido dos veces su prerrogativa de aceptar la jurisdicción de la Corte Penal Internacional. En 2015 concedió al tribunal un derecho de duración indefinida para investigar posibles crímenes cometidos en territorio ucraniano después del 20 de febrero de 2014.

    Otra opción es procesar a los dirigentes rusos específicamente por el crimen de agresión contra Ucrania ante un tribunal especial, creado como mecanismo internacional híbrido para complementar a la Corte Penal Internacional y los procedimientos judiciales internos ucranianos.

    Otros organismos especializados también pueden conocer de casos contra Rusia. El Consejo de Aviación de la ONU acordó hacerlo el 17 de marzo en el contexto del derribo en 2014 del vuelo MH17 sobre Donbás.

    También existe el principio de jurisdicción universal. Esto permite a los Estados procesar por crímenes de guerra a personas que no sean nacionales de sus países. Alemania, Suiza y otros países europeos han recurrido a este mecanismo para enjuiciar crímenes de guerra cometidos en la guerra civil siria desde 2011.

    Más allá de la rendición de cuentas

    Pero la rendición de cuentas por sí sola ni siquiera empezará a abordar el sufrimiento de los ucranianos. Ayudar a los ciudadanos a hacer frente al trauma que han experimentado significa crear una respuesta local, culturalmente adecuada, para que las víctimas y los supervivientes se organicen, identifiquen y defiendan sus necesidades específicas. Habrá que apoyar a las mujeres y a los hogares dirigidos por mujeres. En última instancia, será necesaria la búsqueda de la verdad a nivel local para que las personas puedan volver a convivir de forma segura.

    Este tipo de justicia reparadora será un complemento esencial de la justicia retributiva. Ya hay un gran número de víctimas y supervivientes de los abusos rusos en los territorios controlados por Ucrania y en los recientemente liberados. Trabajar con estas personas es esencial por su propio bien, pero también para mejorar constantemente los esfuerzos de justicia restaurativa a medida que Ucrania libera más territorios.

    Dar a conocer el apoyo internacional a las medidas restaurativas es una señal tan importante para el pueblo de Ucrania como la lucha contra la impunidad de Putin y otros criminales de guerra rusos. Es una señal de compromiso, no sólo con la victoria ucraniana, sino también con la justicia posterior.The Conversation

    Stefan Wolff, Professor of International Security, University of Birmingham

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Mike Pence reprende a los republicanos “apologistas de Putin”

    El exvicepresidente de Estados Unidos Mike Pence dijo que «ahora más que nunca necesitamos un movimiento conservador comprometido con el papel de Estados Unidos como líder del mundo libre».

    WASHINGTON —
    El exvicepresidente de Estados Unidos Mike Pence advirtió el miércoles sobre la creciente ola populista en el Partido Republicano, reprendiendo a los “apologistas de Putin” que no están dispuestos a hacerle frente al presidente ruso por su invasión de Ucrania.

    En declaraciones en la Heritage Foundation, un centro de investigación conservador en Washington, y a menos de un mes antes de las elecciones de medio término en EEUU, Pence habló de la creciente brecha entre los conservadores tradicionales y una nueva generación de candidatos populistas inspirados, en parte, en el expresidente Donald Trump.

    “Nuestro movimiento no puede abandonar el compromiso fundacional que tenemos con la seguridad, un gobierno de tamaño limitado, la libertad y la vida. Pero tampoco podemos permitir que nuestro movimiento se vaya por mal camino debido al canto de las sirenas del populismo sin principios que no está anclado a nuestras tradiciones más antiguas y nuestros valores más queridos”, le dijo a la audiencia del centro.

    Agregó que “Este movimiento y el partido al que anima deben seguir siendo el movimiento por una defensa nacional fuerte, un gobierno limitado y valores morales y vida tradicionales”.

    A ese fin, Pence criticó a los integrantes del partido que han promovido una política exterior más aislacionista, en especial en lo que respecta a la agresión de Ucrania por parte de Moscú.

    Horas antes el miércoles, el presidente ruso Vladimir Putin declaró la ley marcial para cuatro regiones ucranianas que se anexó ilegalmente en un momento en que sus fuerzas han sufrido fuertes derrotas en el campo de batalla, y renovó sus ataques sobre ciudades ucranianas e infraestructura vital.

    “Sé que hay un coro creciente en nuestro partido, incluyendo algunas voces nuevas en nuestro movimiento, a quienes les gustaría que nos desvinculáramos del mundo en general”, declaró Pence.

    Sin embargo, señaló que “la contemporización nunca ha dado buenos resultados, jamás, en la historia. Y ahora más que nunca necesitamos un movimiento conservador comprometido con el papel de Estados Unidos como líder del mundo libre y como vanguardia de los valores estadounidenses”.

    “En un momento en que Rusia continúa librando su guerra inadmisible de agresión contra Ucrania, creo que los conservadores deben dejar claro que Putin debe detenerse y que Putin pagará (por lo que ha hecho)”, dijo Pence. “No puede haber lugar en el movimiento conservador para los apologistas de Putin. En este movimiento sólo hay espacio para los paladines de la libertad”.

    Pence ha estado recorriendo el país, haciendo campaña en nombre de los candidatos republicanos en las elecciones de medio término mientras prepara el terreno para una posible postulación a la presidencia en 2024.

  • La amenaza nuclear de Putin según la teoría de juegos

    Contamos con un Reloj del Juicio final. En 1945, científicos que directa o indirectamente, como Albert Einstein, habían contribuido a desarrollar las primeras armas nucleares, fundaron el Boletín de Científicos Atómicos, y dos años más tarde crearon el Reloj del Juicio Final. No es un reloj físico, es una idea que recoge en minutos y segundos el tiempo que resta hasta la media noche, el fin del mundo. Este oscuro reloj es una metáfora del riesgo de que un conflicto nuclear acabe con la civilización tal cual la conocemos. Al inicio de cada año se emite un comunicado oficial que indica si hemos adelantado o retrasado segundos.

    El reloj del juicio final. Evolución desde su creación.
    Fuente: Boletín de científicos atómicos

    La perestroika de Mijaíl Gorbachov nos hizo ganar tiempo, y la caída de la Unión Soviética marcó el momento más alejado del juicio final. A partir de entonces, cada año ha ido aproximándose a las 0:00h, entre otras cosas por la inclusión de nuevos riesgos como el calentamiento global, la incorporación de más países al club nuclear y el desarrollo de nuevas armas.

    Al inicio de 2022 el reloj marcó solo 100 segundos para la medianoche, pero pocos medios se hicieron eco, la sensación del riesgo de guerra nuclear parecía haber desaparecido.

    La doctrina de la destrucción mutua asegurada y las matemáticas

    Un encuentro casual en la Univesidad de Princeton entre dos refugiados del nazismo llevó a una cooperación que acabaría con la publicación en 1944 de un libro soprendente: La teoría de los juegos y el comportamiento económico. Los autores eran el matemático húngaro John von Neumanny el economista austriaco Oskar Morgenstern. La teoría de juegos abría un campo de las matemáticas que serviría para valorar las actuaciones humanas frente a distintas situaciones. El área principal de aplicación era la economía. Sin embargo, el método se ha extendido a otras áreas, y una de ellas es la guerra.

    Tras la II Guerra Mundial la misma teoría de juegos llevó a John von Neumann a proponer la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD, acrónimo en inglés, que también significa loco). Según MAD, si EE UU (y la OTAN) y la URSS (y el Pacto de Varsovia) tenían cada cual suficientes armas nucleares para acabar con el otro no las usarían, pues sería su autodestrucción. Aunque al filo de la navaja, el mundo vivió entonces un periodo de paz inusualmente prolongado.

    Desde 1986 el número de cabezas nucleares fue disminuyendo aunque se han mantenido en una cantidad suficiente para llevar al conjunto del planeta a la catástrofe.

    nuclear
    Inventario estimado de de cabezas nucleares en el mundo, 2022.
    Matt Korda, and Robert Norris, Federation of American Scientists, 2022.

    Pero el equilibrio que postula MAD se tambalea. La situación cambió el 24 de febrero de 2022 con el inició de la invasión de Ucrania por Rusia, y Putin se ha encargado de recordarnos que el riesgo del empleo de armas nucleares sigue existiendo.

    Escenarios según la Teoría de Juegos

    La invasión de Ucrania, que parecía que iba a ser un paseo militar, se ha convertido en un fiasco para Putin. Se han puesto en evidencia las debilidades de su ejercito y su inferioridad frente a las armas occidentales. Incluso teniendo en cuenta que la propaganda en las guerras dificulta conocer la verdad, es claro que Ucrania está recuperando, a un alto coste de vidas, parte de los territorios ocupados con algunas operaciones de un éxito incuestionable, como ha sido la destrucción parcial del puente de Kerch, que une Crimea y Rusia ¿Que sucederá si el avance de Ucrania sobre estas zonas continúa?

    La teoría de juegos puede aportarnos algo de claridad. Consideremos tres escenarios:

    1. La guerra se enquista y se prolonga indefinidamente.
    2. Rusia lanza una gran ofensiva y consigue que Ucrania acepte las condiciones de Putin.
    3. Ucrania, con la ayuda occidental, consigue expulsar a los rusos de las áreas ocupadas.

    La tercerea opción es para muchos la ideal. Es posible que Rusia acepte la situación, pero aquí Putín se juega más que la derrota. En el abandono de las zonas ocupadas podría destruir los reactores de Zaporiyia. Esta sería una acción desesperada que no le proporciona ninguna ventaja ni evitaría su caída, y además la contaminación afectaría a Rusia. Podríamos plantear que Putin en esa situación recurra al empleo de armas nucleares. Rusia dispone de un gigantesco arsenal nuclear que podría utilizar contra algún país de la OTAN, pero en ese caso la destrucción mutua asegurada está garantizada. Por esa razón esta vía parece descartada.

    El escenario mas probable: El empleo de un bomba táctica

    Pero ¿qué sucedería si se emplea un arma táctica (una bomba nuclear pequeña) en las zonas recuperadas por Ucrania que Rusia considera de su soberanía?

    Rusia formalmente, aunque de forma ilegal, las ha incorporado a su territorio. De acuerdo con su doctrina, uno de los casos en los que contempla el uso de armas nucleares es la agresión contra la Federación Rusa, incluso con armas convencionales, si la existencia del Estado resulta amenazada. La recuperación por Ucrania de estos territorios en la legalidad rusa puede considerarse como una amenaza contra la Federación Rusa.

    Una bomba nuclear de fusión utiliza deuterio y tritio que es activado por menos de 10 kg de U-235 o Pu-239. Estos isótopos tienen que estar en concentraciones muy altas, varias veces superiores a las que se encuentran en los reactores nucleares, y conseguirlos es, afortunadamente, extremadamente difícil. De hecho, Rusia y EE UU desde hace décadas no los producen, les sobra con lo que tienen en existencias.

    Al fisionarse el U-235 o el Pu-239 generan mayoritariamente isótopos de vida corta que en pocos minutos se desintegran. Lo mismo ocurren con los neutrones liberados que activan algunos materiales que son radiactivos pocas horas. El destrozo lo produce sobre todo la liberación de energía. Las más pequeñas (1 kt o menos) son como bombas convencionales pero de potencia destructiva muy superior. La consecuencia es que el país que las lanza no teme ver contaminado su propio territorio, por lo que no es un problema usarlas dentro de sus fronteras o en sus proximidades. Se estima que Rusia tiene unas 2 000 armas de este tipo, pero le basta usar una para cambiar las reglas del juego.

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    Estimación gráfica de los efectos de una pequeña bomba nuclear de 1 kt lanzada en Dnipro, según la web NUKEMAP.
    Nukemap / Alex Wellerstein

    Rusia podría utilizar estas bombas en áreas con baja densidad de población y, aunque no provocase miles de muertos, el efecto propagandístico sería incontrolable. Habríamos entrado en el reino de la incertidumbre, y en el mejor de los casos quizás el cataclismo solo sería económico.

    La Unión Europea tiene que tener preparada una acción conjunta ante esta eventualidad. De hecho, es necesario un acuerdo que incluya al mayor número de países posibles para aislar a cualquier estado que utilice un arma de este tipo. En un mundo postnuclear todos seríamos perdedores.

    La mejor opción según la teoría de juegos

    Una de las variantes de la Teoría de Juegos son los juegos cooperativos, populares por la película Una mente maravillosa que cuenta la vida de su principal creador, John Nash.

    La aplicación de los juegos cooperativos a la situación actual probablemente nos llevaría a que la opción menos mala fuese una negociación con Rusia que evitase la opción nuclear, antes que expulsar a Rusia de todas las zonas que ha ocupado, que además llevan en guerra desde 2014.

    Putin, antes de que lo expulsasen y de recurrir al arma nuclear, aceptaría la negociación. A la larga, parar la guerra, aunque eso implique hacer algunas concesiones injustas para Ucrania, acabará volviéndose contra Putin.

    En un análisis de riesgo-beneficio, la teoría de juegos nos lleva a que la negociación con Putin es la opción menos mala, pero es un juego en la cuerda floja.

    En cualquier caso, hay que reanudar el camino de la reducción de armas nucleares: quienes las tienen pueden usarlas para chantajear a quienes no las poseen. De no hacerlo, asistiremos a una nueva carrera nuclear a la que intentaran unirse nuevas naciones. El Reloj del Juicio Final avanzaría más que nunca hacia la media noche.The Conversation

    J. Guillermo Sánchez León, Modelización matemática. IUFFyM, Universidad de Salamanca

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Nobel de la Paz reconoce los derechos humanos frente a las agresiones de Putin y sus acólitos

    En el 70º cumpleaños de Vladimir Putin, el comité del premio Nobel ha reconocido la labor de tres activistas que luchan contra el mandatario ruso y contra los regímenes pro-Putin.

    El Nobel de la Paz ha recaído en el activista bielorruso encarcelado Ales Bialiatski, en la organización rusa de derechos humanos Memorial y en el Centro de Libertades Civiles de Ucrania. Los tres ganadores han sido reconocidos por el comité como ejemplos de “derechos humanos, democracia y coexistencia pacífica”.

    Cabe destacar que el comité ha premiado a un activista encarcelado por el principal aliado de Putin, a un grupo de derechos humanos ruso que Putin ha intentado cerrar y a un grupo de derechos humanos ucraniano que está documentando los crímenes de guerra rusos.

    El bielorruso Ales Bialiatski está actualmente encarcelado por su activismo. Fue uno de los primeros activistas por la democracia en Bielorrusia en la década de 1980, y nunca ha perdido su compromiso ni su activismo para promover la democracia y el desarrollo pacífico en Bielorrusia.

    A medida que Bielorrusia se deslizaba hacia la dictadura, el activismo de Bialiatski se hizo menos aceptable para el régimen del presidente Alexander Lukashenko. Bialiatski es la cuarta persona a la que se le concede el Nobel de la Paz estando detenida, y el comité del Nobel ha pedido que se le libere para poder recoger su premio en persona en Oslo.

    El Centro de Libertades Civiles ucraniano comenzó a identificar y documentar posibles pruebas de crímenes de guerra rusos en febrero de 2022, cuando comenzó la invasión. Estos esfuerzos serán importantes en caso de que la Corte Penal Internacional pueda acusar a Rusia de crímenes de guerra. El Centro ha sido reconocido por el comité del Nobel por trabajar para “fortalecer la sociedad civil ucraniana y presionar a las autoridades para que Ucrania sea una democracia de pleno derecho”.

    El tercer galardonado es la organización rusa de derechos humanos Memorial, ilegalizada en Rusia en 2021. Memorial fue cofundada por Andrei Sájarov, el físico y premio Nobel de la Paz, durante la época de Gorbachov, con el objetivo de sacar a la luz la magnitud del terror y la persecución durante el periodo de Stalin en el poder.

    La organización publica documentos históricos previamente ocultos e historias personales de quienes fueron enviados a los gulags de Joseph Stalin, los campos de prisioneros rusos. Estas historias se volvieron incómodas para el régimen de Putin cuando empezaron a tener paralelismos con su progresiva represión.

    En los últimos años, el Kremlin ha intentado perseguir y encarcelar a los activistas de Memorial y cerrar sus oficinas en Moscú. Por una infeliz ironía, la concesión del premio Nobel de este año coincide con una comparecencia en el tribunal de Moscú de los activistas de Memorial para tratar de anular la incautación de su oficina.

    El comité del premio de la Paz dijo que había tenido en cuenta el riesgo que suponía para los galardonados la concesión de estos premios. En el caso de Bialiatski, en particular, ya que se encuentra en prisión, el comité dijo que esperaba que el premio le levantara la moral y no tuviera consecuencias negativas para él.

    La portavoz del comité, Berit Reiss-Andersen, dijo: “A través de sus constantes esfuerzos en favor de los valores humanos, el antimilitarismo y los principios del derecho, los galardonados de este año han revitalizado y honrado la visión de Alfred Nobel de la paz y la fraternidad entre las naciones, una visión muy necesaria en el mundo actual.”

    La historia del Nobel

    El premio Nobel de la paz pretende reconocer a la persona o personas que “más hayan hecho por la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y por la celebración y promoción de los congresos de paz”. Desde su creación en 1901, se han concedido 137 premios de la paz.

    Las candidaturas a este premio proceden de jefes de Estado, políticos, ganadores anteriores y académicos. Este año ha habido 343 candidaturas, la segunda cantidad más alta de la historia del premio.

    La historia del premio de la paz ha sido en ocasiones controvertida. En particular, los premios otorgados al presidente Barack Obama en 2009, en medio de las ejecuciones extrajudiciales cometidas por drones estadounidenses, y al secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger y al político vietnamita Le Duc Tho en 1973 por negociar la paz en Camboya cuando el conflicto aún estaba en curso, han suscitado críticas. La ganadora de 1991, Aung San Suu Kyi, tuvo que defender posteriormente a su país de las acusaciones de genocidio, lo que la aleja del espíritu y el propósito del premio de la paz.

    Este año, el comité se ha mantenido alejado de los favoritos de las casas de apuestas, el presidente ucraniano Volodímir Zelensky y el activista político ruso encarcelado Alexei Navalny. En su lugar, han optado por activistas de derechos humanos de larga trayectoria que se han enfrentado a los poderosos para llevar a cabo un trabajo difícil.

    El premio Nobel de la Paz de 2022 ofrece un atisbo de esperanza para reafirmar las normas en torno a la coexistencia pacífica y los derechos humanos universalizados.The Conversation

    Robert M. Dover, Professor of Intelligence and National Security, University of Hull

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Homenaje al pueblo ucraniano

    Homenaje al pueblo ucraniano:  Escribo estas líneas embargado de una inmensa emoción al comprobar la valiente y decidida resistencia de Ucrania frente a la invasión de la bestialidad comandada por Putin.

    Garry Kasparov -más conocido por el ajedrez- escribió que el actual presidente Vladimir Putin celebró nada menos que la historia de la KGB, imprimió efigies del asesino Félix Dzerzhinsky y eliminó el debate sobre si Lenin debe ser removido del lugar de honor que ocupa en la Plaza Roja, puesto que afirmó que “hacerlo sería decirles a los rusos que ellos han venerado valores falsos”.

    Asimismo, Kasparov señaló que en los textos difundidos por la Universidad de Moscú se tergiversan los hechos más importantes de la historia soviética y “las invasiones de Hungría y Checoslovaquia son descriptas como operaciones conjuntas del Pacto de Varsovia para preservar la integridad del sistema socialista”.

    Kasparov, con razón, se indignó frente al hecho de que las autoridades rusas -a diferencia de lo que ocurrió después del holocausto hitleriano o la reciente inauguración de La Casa del Terror, en Hungría- no han producido ni el más mínimo mea culpa. Insiste en que Putin “es el mayor enemigo del mundo libre”, con quien “no hay diálogo posible” y “nada es cierto de lo que dice de Ucrania”. Al escribir estas líneas está invadida por la canallada rusa instalada en el Gobierno…un escándalo internacional para todas las personas decentes.

    La situación actual de Rusia, dominada por la antigua nomenclatura, se ha adueñado por parte de aquellos hampones de lo más importante de la actividad económica de aquel país. En medio de intimidaciones y cercenamiento de la prensa y amenazas cada vez que hay simulacro de procesos electorales y de violencia institucionalizada, esa parodia grotesca significa un peligro para la civilización además de una catástrofe para el sufrido pueblo ruso.

    La muy digna coordinación de la defensa de Ucrania por parte del presidente Volodemir Zelenski ya incentivó a Estados Unidos y a Europa a enviar armamentos y a establecer severas sanciones financieras al autócrata ruso. Son verdaderamente conmovedoras las escenas trasmitidas por el periodismo de mujeres y niños refugiados en otros lares para dejar atrás a maridos y padres en la guerra defensiva de un ataque brutal.

    Ucrania es parte de Europa oriental, de 600.000 kilómetros cuadrados, de cuarenta millones de habitantes. Se remonta al 882 y luego de invasiones de mongoles y rusos puede consolidar su territorio en 1919 en la Conferencia de Paz en París, lo cual es desconocido por la URSS en medio de siempre criminales “limpiezas étnicas” hasta el derrumbe del Muro de la Vergüenza y en 1991 se declaró estado independiente con altibajos de diversa magnitud (incluso el pro-ruso Viktor Yanvkovich que finalmente huyó luego de haber decretado fusilamiento de estudiantes rebeldes y otras tropelías mayúsculas) hasta el presente por todos conocido.

    Debe destacarse la impronta de gran excelencia de la Universidad de Kiev, la notable producción agrícola de Ucrania, la elegancia de los edificios de sus ciudades, la gastronomía de alta calidad, la música lugareña y sobre todo el espíritu religioso, cordial y solidario de su pueblo.

    Estas líneas pretenden rendir homenaje a ese pueblo magnífico, independientemente de cómo termine la tragedia en la que el mundo libre está hoy sumido por la barbarie de un gobernante ruso malvado. Solo los cobardes, pusilánimes y totalitarios se han abstenido de condenar la invasión.