Etiqueta: Reforma del estado

  • Mayor confianza es clave para la recuperación postpandemia de América Latina y Caribe: BID

    Los países con mayor confianza tienden a gozar de mayores niveles de productividad, que aquellos donde los índices de confianza son bajos y que poseen una economía informal más grande en relación con su PIB.

    Fortalecer la confianza es fundamental para que el sector empresarial se vuelva más dinámico y se realicen las reformas económicas necesarias para potenciar la recuperación de América Latina y el Caribe post-COVID, reveló el jueves un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

    De acuerdo el informe «Confianza: la clave para la cohesión social y el crecimiento en América Latina y el Caribe» la desconfianza es un problema que limita el desarrollo socioeconómico de la región y afecta la capacidad de sus países para resolver retos complejos, como el cambio climático.

    Nueve de cada diez personas en la región desconfían del prójimo, según el estudio que encontró niveles de confianza equivalentes a una cuarta parte a los de países desarrollados que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

    «Promover la confianza mediante una mayor transparencia e instituciones más sólidas debería ser una prioridad en la agenda política de América Latina y el Caribe. Colocar la confianza en el centro de la toma de decisiones gubernamentales reavivaría significativamente el desarrollo en la región», dijo en un comunicado el presidente del BID, Mauricio Claver-Carone.

    «Mayor confianza significa menos burocracia que daña a los negocios, a las inversiones y a la innovación. Significa gobiernos más transparentes, comprometidos en cumplir sus promesas y a rendir cuentas», agregó.

    Para Claver-Carone la confianza también permite a los ciudadanos aportar su voz y opiniones para participan activamente en las democracias apoyando la construcción de sociedades más inclusivas.

    Los países con mayor confianza tienden a gozar de mayores niveles de productividad, mientras que aquellos donde los índices de confianza son bajos, poseen una economía informal más grande en relación con su Producto Interno Bruto (PIB), según el informe.

    Altos niveles de confianza producen democracias más sólidas, aumento del emprendimiento y la innovación, mayor crecimiento de empresas y contratación de empleados, alza de la recaudación de impuestos, aumento de la inclusión financiera de las personas y un incremento de la demanda de bienes públicos como la educación de calidad, de acuerdo con el estudio del BID.

    El informe recomienda que los gobiernos de la región, al momento de diseñar políticas públicas, crear incentivos para que funcionarios públicos, agentes económicos y los ciudadanos actúen de manera fiable.

    Los gobiernos deben reducir las brechas de acceso a la información invirtiendo tanto en organismos reguladores de primer nivel como en educación poniendo más información a disposición de los ciudadanos para empoderarlos y disuadir conductas poco fiables, según la investigación del BID.

    Asimismo, los gobiernos deben elevar las rendiciones de cuentas y fortalecer a las instituciones independientes que velan por el cumplimiento de las normas para que los ciudadanos sientan que puedan contar con estas en caso de abuso gubernamental, de empresas u otros ciudadanos.

    «Este informe ofrece un camino hacia reformas que favorecerán al mercado, y a la vez desarrollarán una mayor cohesión social», dijo Eric Parrado, economista jefe del BID.

    Fuente: BID, VOA

  • Índice de libertad económica municipal en las ciudades europeas 2021. Por qué importan

    «Índice de libertad económica local (LEFI) 2021. Ciudades europeas», acaba de ser presentado por la Fundación para el Avance de la Libertad en Madrid. Por qué son importantes para Panamá también.

    La comparación de la libertad económica es una herramienta eficaz en el debate social y político. La Fundación para el Avance de la Libertad, con sede en Madrid, ha desarrollado varios estudios nacionales e internacionales que comparan y clasifican la cantidad de libertad en la economía y otras áreas. Uno de ellos, el Índice de Libertad Económica de las Ciudades de España, que se publica anualmente desde 2018.

    El Índice de Libertad Económica Local (LEFI) es un paso adelante hacia la internacionalización de este tipo de investigación comparada. Su objetivo es evaluar la libertad económica en las comunidades o municipalidades a través de las fronteras, respondiendo así al desafío que plantea la diversidad de funciones y poderes de las autoridades municipales en diferentes países. Este primer LEFI se ha aplicado a un conjunto de treinta grandes ciudades de la Unión Europea, EFTA y Reino Unido, a través de datos proporcionados por fuentes oficiales. LEFI proyecta así un cuadro fijo de la situación de la libertad económica a nivel local en el continente europeo. Si bien la libertad económica todavía depende en gran medida de la formulación de políticas nacionales, las decisiones municipales tienen un impacto cada vez mayor en un mundo que se está volviendo mucho más urbano a un ritmo muy rápido. Cuanta más libertad económica disfruta una ciudad, más prosperidad, empleos y oportunidades generará para sus residentes. Para el caso, por ejemplo, Madrid vs el resto de comunas españolas, ha gozado de mayores libertades durante la pandemia, lo que le ha permitido salir rápidamente de la crisis económica y especialmente la laboral.

    La libertad económica opera como un atractivo de la actividad empresarial, generando así puestos de trabajo y oportunidades para todos los habitantes de una ciudad. Dependiendo del marco legislativo particular de cada país, las autoridades municipales tienen varios niveles de poder de decisión sobre asuntos que afectan su libertad económica local.

    índice libertad

    Los investigadores recomiendan a todos los gobiernos municipales que consideren cómo utilizar su poder de toma de decisiones existente a favor de una economía local más libre, e impulsar una mayor autonomía local de las autoridades regionales o nacionales, de modo que la ciudad pueda desarrollar su propia estrategia para ser más competitiva y atractiva.

    Además, dan especialmente tres tipos de recomendaciones para la libertad económica local, que, de adoptarse, sin duda mejorarían el desempeño de la ciudad no sólo en este particular índice, sino en otros similares: Reducir el gasto y la deuda locales; la austeridad municipal y las cuentas saludables generan prosperidad para todos.

    Es particularmente importante:

    • Pagar la mayor cantidad posible de la deuda existente, con el objetivo de que la deuda sea cero después de no más del período ordinario en el cargo de un ayuntamiento. Establecer mecanismos de contención de la deuda es una política inteligente para perseguir este fin.
    • Reducir sustancialmente el gasto local, particularmente conteniendo o, si es posible, reduciendo la planilla municipal. La subcontratación de servicios, especialmente los de mayor costo, es otra política eficiente. En muchas ciudades, un área de costo particularmente alto es la policía local.
    • Reducir o, idealmente, eliminar todos los subsidios de la ciudad y cualquier servicio que también sea proporcionado por un nivel de administración diferente (por ejemplo, regiones).
    • Reducir la carga fiscal local sobre los residentes de la ciudad. Menos impuestos significa más dinero en la economía real y en los bolsillos de los residentes.

    Es necesario:

    • Reducir los impuestos que recauda directamente la ciudad.
    • Elegir el pago ciudadano por los servicios en lugar de los “servicios gratuitos” pagados con impuestos.
    • Reducir la cantidad de sanciones (por ejemplo, multas de estacionamiento).
    • Impulsar que una mayor parte de los impuestos nacionales / regionales se delegue en las ciudades, con poder suficiente para decidir cuánto recaudar y, por lo tanto, competir mediante la reducción de impuestos.
    • Mejorar los servicios evitando el intervencionismo.
    • Los servicios altamente profesionales solo son posibles a través de la provisión del sector privado.

    Y por último sugieren:

    • Subcontratar los principales servicios e introducir elementos de competencia efectiva en su prestación.
    • Cierre o venta de empresas de la ciudad.
    • Evitar la concesión de licencias, la sobrerregulación local de las empresas y cualquier barrera a la economía colaborativa.
    • Evitar cualquier intervención en el mercado de alquiler residencial.

    Con todos estos parámetros en mente, posiblemente, cuando se realice el próximo índice más global, las ciudades que aparezcan mejores rankeadas, serán las que atraerán mayores inversiones. Panamá no es un estado federal, pero frente a una posible reforma constitucional, sería importante tener en cuenta discutir públicamente la posibilidad de dejar mayor autonomía a sus ciudades. Y es importante aclarar que autonomía no es lo mismo que descentralización.

    En un mundo competitivo, globalizado y con barreras bajas de entrada, estar a la vanguardia en políticas públicas livianas y flexibles, marcará la diferencia entre pertenecer al mundo desarrollado o continuar perpetuando la pobreza.

  • ¿Ministerio de la cultura?

    ¿Por qué pongo en tela de duda al Ministerio de la Cultura? Podría ser porque soy necio. O… puede ser porque Papá Dios me regaló el don de ser crítico y de no aceptar las cosas porque vienen del… ¿Gobierno? ¿Centralismo? ¿De la politiquería? ¿De la ganadería policastrense? Creo que analizar todas las facetas de las cosas es vital. Estos en torno a la metichería cultural salen a partir de un escrito del extraordinario economista francés, Frédérick Bastiat, quien partió de nuestro planeta en diciembre de 1850. Algunos describen a Bastiat como “el economista y periodista más brillante que jamás haya existido”; de manera que, tal vez valga la pena ponerle algo de atención. Voy a sintetizar lo que dijo Bastiat al respecto del estado metido en las artes.

    Ciertamente que las artes juegan un papel fundamental y esencial en la salud de una sociedad y es importantísimo promoverlas; el asunto está en cómo. Dijo Bastiat que: “el arte engrandece, eleva y armoniza el alma de una nación; que la redirige de una excesiva absorción en las ocupaciones materiales; motiva en ella el amor por lo hermoso; y así, actúa favorablemente en su comportamiento, costumbres, morales, y hasta en su industria.

    El asunto está en dónde debe ubicarse la frontera entre el papel gobernante estatal (el Ministerio de Cultura) y la vida económica y social de su gente. Estoy seguro que el lector no querrá que los políticos, y menos los politicastros, entre hasta nuestros retretes a depositar allí sus tortas. Y si es por asegurar la paila al artista, ¿no aplica el mismo criterio a tantas otras actividades? Y tanto que hablan de igualdad.

    Pero en las siguientes reflexiones de Bastiat está el tuétano del asunto: “… el gobierno no debería inmiscuirse en el mantenimiento de las artes dado que dentro de la realidad económica no podría, por la vía de los impuestos, estimular las artes sin meterse con las realidades del lujo, y así interrumpir el curso natural de la civilización.” Y es que, típicamente algunos, por su situación económica, estarán en posición y capacidad de interactuar con las artes, más no así otros que por su condición, necesidades, gustos, trabajo y tal, poco o nada aportan al tema.

    Las necesidades de una población son muchas y muy variadas; y no es la función del estado atenderlas en particular, sino de atender el estado general en el cual estas cosas encuentren mayor expresión. Simplemente, política y are no conjugan. Creer que la cultura en general, o del arte en particular, nos vendrá de arriba es llevase a engaño.

    Estamos hablando de la destrucción de nuestras libertades e independencia. Que los políticos se ocupen de la seguridad… SI. Que se metan con Rembrandt… ¡NO! Igual con la educación, actividad que como todos debíamos saber, anda de mal en peor. Bastiat decía que la confianza debe estar en el pueblo y no en sus legisladores; y más aún si no saben legislar.

    La otra es que cada vez que el estado se mete en algo lo que termina es creando una nueva cueva de ladrones, lo cual queda patente con eso de las botellas.

    En resumen, si vamos a tirar el dinero de los impuestos a la letrina, al menos debíamos demostrar que en ello hay utilidad. Lo terrible llega cuando ya la mayoría cree que el gasto público es más importante que el privado. No hay que olvidar o desconocer que los trabajos en el gobierno se dan políticamente, creando ganadores y perdedores.

  • La politiquería sembrando tempestades

    La politiquería chabacana y corrupta panameña ha sembrado y sigue sembrando la destrucción del país, lo cual queda en clara evidencia cuando vemos datos contundentes tal como el que en el 2013 los asalariados del sector privado representaban el 53% de todos los empleos en el país. Pero al 2020 el empleo del sector formal bajó a 33%, lo cual representa un 36% de reducción del empleo formal.

    Durante el 2021 la tendencia continúa con 2 de cada 3 empleos generados por el sector informal o gubernamental. Y no que el aumento del informal sea malo, todo lo contrario, sino que la economía necesita el aporte de todos sus sectores.  Y, a estas alturas, si el impacto no ha sido más grave y notorio se debe mayormente al aumento del empleo gubernamental que ha enmascarado la pérdida del formal. El problema con ello es que, pese a que los empleados públicos pagan impuesto, esos aportes salen de un bolsillo gubernamental para ingresar en el otro bolsillo gubernamental. Y, ni hablar que la mayor parte de trabajo gubernamental son improductivos y dañinos.

    A todo ello, a través del tiempo los politicastros y su politiquería lograron convencer “al pueblo” de que los ricos tenían la capacidad para que el gobierno los ordeñara, para luego partir y repartir lo ordeñado. El “problemita” es que pocos saben sacar cuentas. Simplemente, el dinero de los ricos, que nos son tantos, no alcanza y más bien termina empeorando todo con la destrucción del empleo y la economía.

    Más allá de todo lo señalado, está lo que se llama un ‘déficit estructural’; que es cuando sale más de lo que entra. Si en Panamá sumamos todos los llamados “subsidios” sería obvio que son la razón de que la deuda pública aumenta, sin hablar del pillaje. Y ello va imponiendo costos adicionales que eventualmente llevan a consecuencias nefastas, dado que ello es insostenible.

    Cuando un gobierno usa el producto de los impuestos para el parte y reparte, no está cumpliendo con su misión básica y esencial, que es velar por la seguridad y la libertad de su gente; libertad sin la cual un pueblo se vuelve parasitario y no resuelve por cuenta propia y termina sentándose a esperar los llamados “subsidios” que no son tal; ya que un verdadero subsidio no crea dependencia.

    Y más aún, el vicio de desgobierno consiste en aumentar la actividad gubernamental, no porque eso es lo que corresponde a la salud de una sociedad; sino porque con un gasto aumentado hay más de dónde meter la mano. Tristemente tío pueblo no entiende o no responde ante esta realidad y se vuelve cómplice de la politiquería, con lo cual se va potenciando el colapso de la sociedad.

  • Gobiernos y «regaliernos»

    Antes que nada, definamos términos: “Gobierno” es una institución a la cual un pueblo le encomienda la autoridad de ejercer ciertas normas de conducta social. Sugiero que no busquen la definición en diccionarios ya que estos, más que nada, nos presentan el uso que hoy damos a las palabras y no, necesariamente, su auténtico sentido. Por ejemplo, hoy día son muchos los gobiernos que se apartan de las normas constitucionales de su población, gobernando de forma discrecional y, hasta discriminatoria. De allí, que me he tomado la libertad de acuñar el nuevo vocablo “regalierno”; neologismo por “gobierno regalón” o del confisca, parte y reparte, para quedarse con la mejor parte.

    Veamos que la invención “regalierno” no es tan alocada ya que en el diccionario de la RAE encontrarán el término “regalero”, en desuso que se refiere al: “Empleado que en los sitios reales tenía el cuidado de llevar las frutas o flores al rey y demás personas a quienes acostumbraba regalárselas.” Tal vez podría igual llamarse “agentes de coima o coimeros”.

    En nuestro patio, la política la hemos convertido en instrumento de vileza y no de corrección. Recuerdo un diputado que luego de ser electo dijo: “Bueno, ahora tengo que recuperar los $300,000 que invertí para ser electo”; pero no habló nada del lucro que pretendía lograr. Ello me trae a mente el Anillo del Poder de Tolkien, el cual no es un simple cuento de ficción, pues encierra profundas verdades de nuestra existencia. Es la brutal fascinación que ejerce el Anillo que abre los portales a la venta de toda clase de favores. Y por sus propias palabras los podemos conocer. Hemos escuchado a uno y otro presidente panameño que sin pena alguna declaran que “si unos reciben es porque otros ofrecen”; cosa que los pintan de cuerpo y alma. Es como el pedófilo que dice: “Es que la menor se me ofreció”. ¡por supuesto! que ofertas sobrarán; lo triste es hacerse policía para recibir y aceptar regalías. Semejante actuar fomenta el aumento de las ofertas.

    Si le das la oportunidad a un enamorado del Anillo del Poder, le pasará igualito que a  Sméagol en la oda del Tolkien, quien se convierte en el desfigurado Gollum. A su vez, vemos a ministros que se asemejan a los Nazgûl – literalmente “espectro del Anillo”. Y la sombra de Mordor no sólo oscurece la tierra en Panamá sino en tantos otros países; hasta en los EE.UU., cuna de la libertad. El término regalierno no me vino así no más, sino que lo plagié del nuevo vocablo del inglés “giverment” que está en boga en los EE.UU. entre liberales clásicos.

    La genial Ayn Rand (1905-1982), novelita ruso-americana, filósofa, dramaturga y guionista, desarrolló el sistema conocido como el “objetivismo”, formuló la pregunta: ¿Por qué los humanos requieren una institución de gobierno? Su filosófica respuesta fue: Dado que la mente humana constituye su herramienta básica para sobrevivir, la forma de lograr conocimiento para guiar sus acciones es la libertad para pensar y para actuar en conformidad con su raciocinio y juicio. Pero el hombre no vive sino en sociedad, de la cual deriva enormes beneficios en intercambios de pensamientos y de bienes y servicios; todo lo que es conducente a la sobrevivencia, siempre que se den las condiciones propicias para ello.

    A través de generaciones el ser humano ha ido derramando conocimientos que enriquecen a la sociedad. Y el otro elemento fundamental, no sólo del relevo de conocimiento sino del aumento del potencial de desarrollo, nos ha llegado a través de la división del trabajo. Desafortunadamente, todos esos mecanismos de desarrollo y progreso se van perdiendo en la medida en que se pierde la libertad y la seguridad; y para ello es que se han constituido los gobiernos, para coadyuvar en aquello que es propio de cada quien.

    De lo expuesto bien podemos inferir que la función esencial de un gobierno es la protección de la propiedad, comenzando por la de nuestros cuerpos, seguido por nuestras facultades de pensamiento, palabra, tránsito y apropiación sin violación. De allí también podemos inferir de que la única legislación que corresponde a un gobierno es en el ámbito descrito. El gobierno no debe dictar sino estar al servicio de los ciudadanos en fiel acatamiento a la sana ley.

  • La pandemia impositiva

    ¿Te has preguntado alguna vez si el dinero de los impuestos produce mayores beneficios a la comunidad en manos del estado que en las manos de los ciudadanos que los generan? Y, si la realidad es que NO, que esos dineros son más productivos en las manos del ciudadano, entonces ¿por qué seguimos dando esos fondos a los gobiernos?

    Trágicamente, el desgobierno ha llegado a tales extremos que nuestra actividad estatal está más enfocada en satisfacer los intereses del ESTADO PROFUNDO, que los intereses de los ciudadanos; y en particular de los que menos tienen. ¿Sabes lo que es el estado profundo?

    Se conoce como “estado profundo” a la actividad gubernamental exagerada en tamaño y en lo metiche. Lo que verdaderamente corresponde al estado es la protección de la vida, la libertad y la propiedad; y si ni eso pueden hacer bien los gobiernos ¿para qué encomendarle cosas como la educación de nuestros hijos, el manejo de la CSS y tal.

    Lastimosamente, el lavado de cerebro que las oligarquías gubernamentales le han metido al pueblo, a través de toda la historia, es tal, que una gran cantidad del mismo se siente cómoda dando más y más dinero a los politiqueros de turno, al tiempo que se alegran que le quiten a los ricachones. Todo lo señalado nos lleva a la interrogante de ¿qué y para qué es el gobierno?, que ya lo respondía anteriormente. Trágicamente, ni los mismos gobernantes que hoy sufrimos lo saben. O, si lo saben, entonces son unos malandrines.

    Son tantos los que se alegran cuando aumentan los impuestos, porque piensan que con ello están “jodiendo” a los odiados ricos. Miren no más lo que ocurre en sitios como Venezuela y Cuba. Felices, aunque los únicos ricos son los milicos y los políticos. Y vemos a tantos que salen a corear: “Robó, pero le dio al pueblo.”

    Y repito: No estoy contra los impuestos sino contra los impuestos exagerados, que se vuelven una carga insoportable para productores, amenazando con acabar con su actividad y obligándoles a efectuar aumentar precios o hacer recortes o buscar la manera de evadir o evitar las imposiciones aberrantes. La tergiversación ha llegado a tal punto que la mayoría de los empresarios han convertido la contabilidad en instrumento fiscal, cuando la función contable debe ser administrativa. La contabilidad no es para saber cuándo debemos el estado o cómo podemos pagar menos, sino para ver cómo va la empresa.

     

    Por otro lado, mucho se cacarea acerca de la equidad, pero la exageración impositiva lo que produce es falta de equidad; ya que para algunas actividades es fácil evadir y para otras no. La economía informal es buen ejemplo. ¿Acaso algunas alternadoras que ganan lindo llevan libros, pagan ITBM y hacen declaración de renta?

    Por otro lado, cuando el gobierno se vuelve obeso, se van creando feudos, cada uno con su príncipe; que se pasa todo el día buscando nuevas formas de “gobernar”, lo cual lleva a un sistema impositivo parasitario. Simplemente dicho, los impuestos como están son dañinos.

    Cada impuesto produce aumento de los precios, mientras que le resta entradas al productor y elevan al consumidor. En síntesis, todo impuesto distorsiona el mercado; tano al conocido como al desconocido. En resumen, ningún impuesto es neutral. Todos causan efectos que típicamente son perversos.

    Resumiendo: la única función legítima del estado es la de defender a la gente contra la violencia de otros. Sin embargo, hasta eso se puede hacer mejor de forma descentralizada, sin la amenaza de una policía que se vuelva dictadura militar. La perversa tendencia humana es la de hacer que unos paguen por lo que otros quieren. Pero, eso no es caridad y, a fin de cuentas, los impuestos fácilmente se convierten en pillaje político.

  • Las fortalezas del carácter son fundamentales si se quiere liderar un país hacia el desarrollo

    Crear un camino de la pobreza a la prosperidad es un objetivo para muchos líderes nacionales y el objetivo a menudo declarado de muchas organizaciones internacionales de desarrollo públicas y privadas. Pero para los muchos países del mundo cuyas poblaciones aún no han disfrutado de los frutos de la prosperidad, ¿qué se necesita para realizar esta ambición común? ¿Quién debería desempeñar qué papel?

    Durante los últimos catorce años, el Legatum Prosperity Index ha ofrecido una visión única de lo que impulsa el progreso en las naciones de todo el mundo. En este último informe del Legatum Institute, denominado  How Nations Succeed: Analyses of National Transformation, se busca dar una respuesta holística a este par de preguntas.

    La prosperidad implica mucho más que riqueza: va más allá de lo financiero a lo político, lo judicial y el bienestar y el carácter de una nación; se trata de crear un entorno en el que todas las personas puedan alcanzar su máximo potencial. Una nación es próspera cuando tiene instituciones sólidas y eficaces, una economía abierta y personas que están sanas, educadas y seguras. Estos principios básicos de la prosperidad son comunes a todas las naciones en desarrollo.

    Los países que se ubican en la mitad superior del Legatum Prosperity Index tienden a tener un conjunto de características discernibles. El nivel de conflicto es mínimo, o al menos contenido. Las libertades esenciales se respetan en su mayoría y los gobiernos son en su mayoría competentes y responsables. Las economías funcionan relativamente bien, con suficiente diversificación y productividad para mantener el empleo mayoritariamente asalariado y niveles de PIB per cápita superiores a $ 3500. Además, existen tasas relativamente bajas de mortalidad relacionada con la pobreza, mientras que los estándares de atención médica y educación son suficientes para satisfacer las necesidades básicas de la mayoría de la población.

    Si bien estas son las características generales de los países que brindan prosperidad a sus ciudadanos, las preguntas que aborda este informe constituyen un elemento central de la política de desarrollo. Una mala formulación de políticas no solo cuesta valiosos recursos financieros y capital político; cuesta tiempo. Tiempo en el que más niños podrían asistir a la escuela, más mujeres podrían sobrevivir al parto y más personas pudieron ver sus propias aspiraciones realizadas. También, el diseño de la política tiene un impacto a largo plazo. Una investigación sobre la dependencia de caminos de la infraestructura romana ha demostrado que dos mil años después, la actividad económica sigue más densamente concentrada alrededor de donde se construyeron esos caminos.  Dicho de manera más simple: las decisiones que se tomen hoy tendrán un impacto en el desarrollo de las naciones durante siglos.

    Así como la prosperidad de las naciones ha evolucionado durante los últimos 60 años, también lo ha hecho nuestra comprensión de la naturaleza del desarrollo. En su libro de 1960, Stages of Economic Growth, Walt Rostow postuló que había cinco etapas distintas de economía y desarrollo institucional a través del cual transitan las naciones: sociedad tradicional, condiciones previas para el despegue, el despegue, la conducción hasta la madurez y la era de alto consumo masivo. Él también sugirió que era posible acelerar el ritmo al que los países avanzaban estas etapas con ayuda externa, es decir, la llamada cooperación internacional de países desarrollados a los menos desarrollados, a través de instituciones multilaterales, ONGs, etc. Pero como escribió Peter Bauer en su libro Dissent on Development, en una crítica específica a Rostow, ‘las sociedades no son aviones que despegan en un momento verificable para un destino específico y, a partir de entonces, sólo hay que esperar progresar sin interrupción. ‘

    Hay pocas razones para creer que el desarrollo es un proceso bien ordenado y un proceso predecible. De hecho, la mayor parte de la historia humana sugiere precisamente lo contrario. Los diversos campos de la investigación actual sobre lo que caracteriza, cataliza y sostiene a los procesos de desarrollo nacional son amplios y divergentes.

    Esto se ve aún más confuso por los patrones de crecimiento inconsistentes de las naciones en el pasado siglo. Está claro que el desarrollo no es un proceso lineal. Los países tienen buenos y malas décadas, y el progreso pasado no es garantía de éxito futuro. La literatura sobre desarrollo está repleta de ejemplos de países que fueron marcados para el éxito, pero cayeron en ciclos de violencia y pobreza, y viceversa.

    Para respaldar el análisis de este informe, los investigadores de Legatum tomaron un conjunto de países que, en 1960, habían sido identificados como subdesarrollados en términos tanto económicos como sociales y analizaron los patrones detrás de sus trayectorias de desarrollo contrastantes entre sí.

    En 1960, un nivel anual de PIB per cápita de $ 1,500 representaba a un país de rango medio. Asimismo, una esperanza de vida de 60 años representaba un país de nivel medio. En consecuencia, se utilizaron medidas para establecer el punto de referencia de 1960 para la prosperidad. Para que un país que comenzó por debajo de este umbral de 1960 sea un ejemplo de desarrollo exitoso, se incluyeron a aquellos cuya esperanza de vida ha aumentado desde entonces a más de 70 años, el PIB per cápita a más de $ 3500 y la tasa de crecimiento anual a más del 3,5%.

    De aproximadamente una docena de países que satisfacen estos criterios, se seleccionaron seis para el análisis en este informe: Botswana, Colombia, República Dominicana, Indonesia, Mauricio y Sri Lanka. Para contrastar estos ejemplos, se eligieron algunos ejemplos menos exitosos, donde el PIB per cápita actual es menos de $ 3500 y donde la tasa de crecimiento anual per cápita ha estado por debajo del 2%. Hubo muchos ejemplos de este tipo, de los cuales se eligieron cuatro con experiencias variadas: Kenia, Jordania, Nicaragua y Sierra Leona.

    Una característica notable de estas diferentes categorías de países es que todos los países que han tenido éxito ocupan posiciones superiores al puesto 80 en el Legatum Prosperity Index; y, en consecuencia, las naciones menos exitosas se ubican en la mitad inferior del Índice. La intención de los investigadores del Legatum ha sido en todo momento centrarse en lo que parece haber funcionado, así como en lo que no. En consecuencia, este informe no se centra ni en los mejores ni en los peores ejemplos de desarrollo nacional, sino más bien en aquellos que se han movido de más cerca de abajo a arriba de la mitad del Índice. Estas naciones muestran que el ‘éxito’ no se limita al crecimiento estratosférico de Corea del Sur o la madurez institucional de Suecia. Su experiencia en los últimos sesenta años –de desarrollo vacilante y poco glamoroso—ha sido el potencial para ofrecer la mejor guía a los encargados de formular políticas en aquellas naciones que siguen sumidas en la pobreza en la actualidad.

    Como tal, este informe hace una contribución oportuna al debate en curso sobre la validez y eficacia de la ayuda. Es correcto cuestionar si el enfoque internacional actual de la ayuda está colaborando, o incluso obstaculizando, la capacidad de las personas, las comunidades y las naciones para desarrollar su potencial único. Incluso los defensores más comprometidos de la ayuda se verían obligados a admitir que los más de $ 1 billón de ayuda para el desarrollo entregados a las naciones africanas entre 1960 y 2010 no han logrado crear el nivel de prosperidad previsto por los donantes. En cambio, este informe arroja luz sobre una tendencia clara y convincente: la ayuda ha demostrado ser más eficaz cuando se orienta en apoyo de las prioridades de desarrollo de las propias naciones, en particular mediante el apoyo a los esfuerzos para crear capacidad no solo en sectores críticos como la salud y la educación, sino también para mejorar la calidad de la gobernanza, ya sea la administración o el poder judicial. Cuando se usa adecuadamente, la ayuda puede ayudar a reforzar el proceso de desarrollo, pero no sustituye a las naciones que están construyendo sus propios caminos desde la pobreza a la prosperidad.

    Esta comprensión conduce a una conclusión fundamental, una que se encuentra en el corazón del informe: en última instancia, las naciones deben desarrollarse por sí mismas. Esto coloca la responsabilidad del progreso en los propios líderes de los países en desarrollo. Sin embargo, esto requiere mucho más que perspicacia política y competencia administrativa. En especial, requiere que los líderes sean hombres y mujeres de visión y carácter, comprometidos a colocar el desarrollo a largo plazo de sus naciones por encima de los imperativos políticos a corto plazo.

    En resumen, requiere líderes virtuosos.

    Este informe deja en claro que dicho liderazgo puede marcar la diferencia. Entre el éxito y el fracaso, entre la pobreza y la prosperidad. La determinación de los líderes de hacer lo correcto ha demostrado ser fundamental para el desarrollo de los países más exitosos en este informe: garantizar la integridad del estado de derecho al someterse a él, haciendo cumplir un fallo judicial incluso contra el propio gobierno, establecer una transferencia de poder sin problemas al dejar el cargo voluntariamente y permitir un crecimiento económico sostenido enfrentando los intereses creados, resistiendo la tentación de favorecer a la propia tribu, que hacen que las naciones no sean competitivas, son el tipo de decisiones desinteresadas que fortalecen las instituciones y la confianza en el gobierno.

    Independientemente de sus desafíos y oportunidades, una nación no puede y no se desarrollará hasta que un cuadro de liderazgo interno esté preparado para asumir el manto de la reforma. Los líderes de los países más exitosos que se describen en el reporte, a su manera, han alineado estos desafíos y oportunidades con sus propios imperativos políticos internos. La formación de instituciones, la confianza y el fomento del crecimiento económico son, en última instancia, función de estos procesos internos.

    Las experiencias de estas naciones también sugieren que el desarrollo exitoso depende de algo más que la simple competencia ejecutiva de los líderes. También depende igualmente del carácter de los líderes. Su determinación de priorizar la prosperidad de su nación sobre la suya propia, de gobernar para unir en lugar de dividir, y de establecer una visión para su nación, es clave para la solidez de las instituciones que sustentan el contrato social.

    El proceso de desarrollo nacional puede ser un proceso complicado y, a menudo, no lineal. Las variadas experiencias de las naciones del estudio sirven para ilustrar la enorme complejidad de la prosperidad. Sus historias también ponen de relieve la naturaleza intrínsecamente holística e interrelacionada de la prosperidad: las mejoras aisladas en un área de la formulación de políticas pueden deshacerse fácilmente si se descuidan otras.

    Sin embargo, se requiere más investigación para determinar dónde pueden estar los umbrales de lo suficientemente bueno y la importancia relativa de estas diferentes áreas. Se ha observado que el liderazgo nacional importa; que el desarrollo es un proceso impulsado internamente de cambio de comportamiento masivo; que los presidentes y primeros ministros no son simplemente ejecutores de políticas, sino agentes de cambio ellos mismos; y que la naturaleza y la calidad del liderazgo están indeleblemente vinculadas a las experiencias del individuo. Debido a la naturaleza variable del liderazgo, es poco probable que el proceso de desarrollo se pueda determinar por completo. Queda demasiado sujeto a la personalidad, y a la pura suerte, para pretender que es posible predecir con certeza la trayectoria a largo plazo de una nación. No obstante, la adopción de una política mínima viable en las áreas clave del desarrollo probablemente resultará, en el transcurso de décadas, en un camino hacia la prosperidad.

    Los ejemplos de progreso contenidos en el estudio deberían proporcionar una fuente de inspiración para todos aquellos que están decididos a ver que las personas de todas las naciones alcancen su potencial único. La construcción de la prosperidad es inevitablemente una empresa abrumadora para las naciones de cualquier región y en cualquier momento de su historia. Sin embargo, este informe demuestra de manera convincente que no solo es posible, sino que está al alcance de todas y cada una de las naciones.

    La importancia de las ideas es la clave y motor de la prosperidad. Las ideas forjan líderes con carácter y fortaleza para conducir a los individuos de una nación hacia su desarrollo. Un líder que se presuma de tal diciendo que es pragmático, terminará en un rotundo fracaso, téngalo en cuenta para la próxima vez que vote.

    Informe completo PDF, descargar aquí

    Fuentes: Legatum Institute, Atlas Network.

  • Nuestro enemigo, el estado

    El título de este escrito es el título del libro de Albert Jay Nock, y no sé si al lector le ocurre igual que a mí cuando por primera vez escuché decir semejante cosa: que el estado es nuestro enemigo, ya que a través de toda mi vida se me había presentado o vendido la imagen mental del estado benefactor o bondadoso, que resuelve, protege y combate a los malos y a la pobreza. Esa burbuja de ingenuidad se fue rompiendo con las advertencias de personajes como Nock, que abre su obra literaria con una cita de Herbert Spencer (1850): “Sea cierto o no de que el Hombre fue moldeado en iniquidad y concebido en el pecado, es incuestionablemente cierto de que el Gobierno es concebido de la agresión, y por la agresión.” Y si vamos a la historia veremos cuan ciertas son estas palabras.

    La realidad es que todo se presta para el bien o para el mal; sin embargo, hay cosas que mejor se prestan para ser instrumentos del mal; y los gobiernos están de primeritos en esa lista de la ignominia. La distinción debería ser simple: El gobierno o la gobernanza, en su justa medida, es esencial en un mundo de abundantes injusticias, en el cual unos optan por salir adelante pisoteando a otros. Pisotean arrebatando vidas, hiriendo, negando libertades y despojando propiedades; y para ello se supone es el estado y gobierno. Pero, esa esencial y delicada función de velar por la vida, la libertad y la propiedad debe llevarse a cabo sin menoscabar el orden espontáneo social; es decir, fomentando que cada quien resuelva por cuenta propia sus necesidades, entre las cuales está la de extender la mano al prójimo. Es así ya que sin ello los destinos humanos no pueden prosperar.

    Pero, resulta que el gobierno o el rey no sólo es el instrumento ideal para velar por la vida, libertad y propiedad, sino también lo es para abusar del poder y usarlo como instrumento de la rapiña. ¿O será que no hemos caído en cuenta de ello? ¿Acaso no hemos visto como los que acceden a los puestos de “autoridad” van conformando una casta que se imagina superior? Una casta que investida con un poder adulterado puede entrometerse en todo. Inclusive, pueden encarcelar a toda una comunidad bajo el falaz alegado de: “Te estamos cuidando”.

    Y es que el poder es algo difícil de definir. Pruébalo, anda y define en tu mente, con tus palabras imaginarias, lo que entiendes por “poder”. Yo acabo de hacer lo mismo en este momento que escribo, y mis palabras mentales fueron: “El poder es poder; es decir, es poder hacer algo por la fuerza de la fuerza o, idealmente, por razón de la fuerza de la verdad”; lo cual me lleva más allá. Me lleva a preguntar: ¿Cuál fuerza es mayor, la fuerza de la fuerza o la fuerza de la razón del pensamiento lleno de la verdad? La pregunta es más que válida.

    Hace años, en un conclave de gremios empresariales que se habían separado del CoNEP, debido, precisamente, a abusos del poder, yo sugería que dicho organismo (consejo nacional de la empresa privada) no era un gremio sino un consejo de gremios; cuya función consistía en permitir y promover un intercambio de ideas sobre las cuales los distingos gremios podían encontrar comunidad o… encontrar la fuerza de la razón. Pero un joven representante de uno de los gremios me reclamó: “Tú lo que quieres es un club de conversación.” Le respondí: “¿Y qué propones tú que sea el CoNEP?” Me dijo algo así: “Un instrumento del poder empresarial.” Le dije: “¿Crees que existe mayor fuerza que la razón? Y el joven no supo responder pues, dudo que entendía.

    Como bien señala Nock: “Las ideas tienen consecuencias…” Pero, a diferencia de las consecuencias de nuestros actos personales, los actos de los organismos nacidos y forjados en el poder, fácilmente se combinan para promover los intereses de la coerción, a expensas de los más débiles. Más aún, el estado excedido no sirve a los débiles sino de ellos se sirve; pues son los mismos débiles que eligen en votos de ignorancia a los henchidos de vano poder.

    Una cosa es la satisfacción de nuestras necesidades personales por intermedio de nuestro ingenio y esfuerzo y, a su vez, a través de intercambios de muto acuerdo. Otra cosa, muy diferente y perversa, es la procura de satisfacer necesidades propias por intermedio del trabajo de otros, sin que en ello medie un muto acuerdo. Así, por ejemplo, son los controles de precios coercitivamente impuestos a través del estado excedido en poder; en cual caso se mitigarían carencias del momento a la vez que se potencias otras mucho mayores a futuro.

    ¿No ha visto el lector a tantos políticos que llegan a ser acaudalados sin que de ellos se conozca empresa que no sea la política y la fuerza del estado en vicio? ¿Acaso no es más que obvio que se trata de síntomas del poder estatal desbocado? Creer que en tales circunstancias el estado pueda ser instrumento de desahogo de los más necesitados es máxima ingenuidad o peor.

    Y, más allá, cuando a quienes se ataca son a los que salen a denunciar la rapiña del estado excedido, es que debía ser obvio que estamos frente a nuestro enemigo el estado; particularmente, cuando un estado es erigido sobre las arenas de adulteradas constituciones. Pero aún, teniendo constituciones construidas sobre la roca sólida de la razón y la verdad, no queda garantizado el gobierno comedido y puesto al auténtico servicio del pueblo; ya que quienes ejercer el poder exagerado fácilmente pueden prostituir las instituciones estatales para practicar la rapiña bajos instintos.

    Hoy, el común de la gente no entiende lo que es un gobierno limitado; lo cual les suena caricaturesco cuando, para ellos, el poder es para ser poderoso, tal como la lujuria es para ser lujurioso. Y, a fin de cuentas… ¿qué hemos de proponer a cambio del estado, sus gobiernos y gobernantes? ¿Acaso estoy hablando de “reformas políticas”, o de una afanada búsqueda del caudillo salvador?

    Lo que debemos esforzarnos por ver es que mientras persista una población escasamente educada, que no tenga la profundidad de carácter, así como la capacidad intelectual para entender los principios subyacentes, seguiremos a merced de nuestro enemigo el estado.

    Y… hoy que les escribo, lo hago consciente que igual que Nock, me dirijo al remanente; es decir, a esa minoría capaz de entender y de tomarse el tiempo de leer; pues no son los fácilmente manipulados los que podrán propiciar un cambio. Pero semejante cambio no podrá ocurrir sin antes no colapsan las corruptas prácticas de enemigo estado. Y es, precisamente, eso lo que hoy día estamos presenciando, aunque pocos lo advierten. Que el estado de ayer ya no tiene cabida en el mundo del mañana.

    Y más allá de las predicciones de Albert Jay Nock en 1935, hay que ver que los cambios sociales son como tomar el tren; es decir, que tienes que estar en la estación cuando llegue el mismo. O son como los frutos que sólo se pueden cosechar cuando maduros. O… tal vez, son como los restos de un naufragio, que sólo sirven como asidero luego del naufragio. Hoy, en el 2020, ya va siendo obvio que los cambios siempre han estado presentes, en mayor o menor grado. Los eventos que estamos viendo en sociedades más desarrolladas, tal como en los EE.UU., así lo muestran.

    Y es que se está exacerbando el frenesí de pedir al estado o, mejor dicho, a los zorros del gallinero, aquello que jamás debíamos pedirles. Y hablo de gallineros y zorros, ya que el estado, propiamente dicho, no es para lo que mayormente le usamos hoy día. Que si controles de precios, inflación, endeudamiento, manipulación agraria y tantas otras actividades impropias. Y son los jóvenes hoy día que, a pesar de que tal vez no lo entiendan… ¡vaya si no lo sienten!

    En síntesis, y como señala Nock, “igual que el estado no tiene dinero propio, tampoco el poder que tiene es propio; pero vayan ustedes a ver si los politicastros lo entienden o les importa. El poder del político o del politicastro es aquel que le damos los ciudadanos. Y no será hasta que despertemos que dejaremos de permitir que se abuse de aquello que nos pertenece a cada uno de nosotros.

  • ¡Ojo!, con pedir protección al zorro del gallinero

    La semana pasada publiqué un escrito acerca de como el intervencionismo central conlleva serias consecuencias económicas y sociales; y, como me ocurre muy a menudo, un amigo de Facebook comentó su preocupación en cuanto a que en la ausencia intervencionista gubernamental, tío pueblo quedaría a “la merced del mal empresario”. Como suele ser, el amigo no está falto de un pedazo de la razón; es decir, que existen problemas con los precios que se elevan. Pero lo que pocos ven, son las verdaderas causas de la elevación de precios, que son muchas y sólo les dejo con algunas.

    Comencemos por señalar que a través de la historia los precios de los productos, incluyendo los alimentos, han ido en disminución. Hace unos 100 años la gente vivía en un estado de desnutrición, particularmente en los países poco desarrollados. Pero hoy, cualquiera que transita por las calles de nuestro Panamá verá cantidad de gente que de flaca no tiene nada. Es más, la obesidad se torna en problema social de salud. En síntesis, hoy los alimentos resultan unas 8 veces más económicos que hace 100 años. Y las razones deberían ser obvias, pues los métodos de hoy permiten una producción mucho mayor a menor esfuerzo y costo. En todo caso, sí existen problemas, pero debemos conocerlos.

    La pregunta a responder es: ¿Tío pueblo está a merced de los malos empresarios o…?; y en el “o” es está el tuétano. El asunto es enredado, pero si damos un paseo por la cadena de producción y suministros, encontraremos cosas muy curiosas a la que pocos ponen atención. De salida, al uso del nombrecito “empresario”. Empresario somos todos los que emprendemos la aventura de ganarnos el pan. El agricultor que siembra, sus jornaleros, el transportista y quienes le ayudan a cargar, y toda la gran lista de intermediación, hasta llegar a los sitios de venta. Estas cosas no las ve tío pueblo, al que sólo le importa el precio y culpar al empresario, sin discriminar en su enojo.

    Pero, pregunto: ¿Acaso todo el costo de mantener al brontosaurio gubernamental no entra en los precios de la comida? ¿O es que no te lo habías imaginado? ¿Sabes cuántas botellas pululan los pasillos de la burrocracia central? Más allá de los costos burrocráticos, que entran en escena, están los costos que deben capear los empresarios para cumplir con la lluvia de normas gubernamentales, muchas de las cuales no tienen ni pie ni cabeza. Y ni hablar de la corruptela institucionalizada.

    Ahora, vayamos al final de este cuento, al momento en que pides ayuda al Chapulín gobierno. ¿Crees que nuestra clase política está allí para resguardarte contra los malos empresarios? ¿O, no te has dado cuenta que están más bien para hacer mancuerna con ellos? Me queda clarísimo el recuerdo de mi abuelo George F. Novey, quien rehusaba hacer negocios con el estado porque  «quien con chuecos se asocia, chueco es y chueco queda».

    Años más tarde sus ejemplos saldrían a flote cuando me tocó ir a un ministerio a poner una queda contra un sub director que nos extorsionaba en la Novey. ¡Uy!, qué mal, me dijo el ministro, y al torcido lo cambiaron de puesto. ¡Por favor!, vayamos dejando la inocencia, la envidia y el odio irracional a un lado y, aprendamos para qué está el gobierno, qué servicios le son indelegables prestarnos y a elegir a gente honesta en consecuencia; porque, por lo que he visto a mis 77 años, son demasiados los que se identifican con los deshonestos que abusan del abultado sistema.

  • El peligroso modelo «Robin Hood» de los carteles durante la Pandemia.

    El nuevo Robin Hood de América Latina?? Los carteles de drogas distribuyen alimentos y medicamentos durante la pandemia del coronavirus.

    A mediados de abril, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, hizo una declaración inusual. Hizo un llamado a las pandillas criminales para que dejen de dar paquetes de comida a las personas durante la crisis del coronavirus. Según él, deberían enfocarse en poner fin a la violencia en el país. Pero los carteles mexicanos de la droga no son los únicos que ayudan durante la pandemia. En general, las organizaciones criminales en toda América Latina están mostrando su poder.

    Marzo fue uno de los meses más sangrientos en México en los últimos dos años. Según El Diario de México , 153 personas fueron asesinadas, la mayor cantidad desde agosto de 2018. Las ciudades fronterizas, que controlan los carteles de la droga, han resentido esta situación en particular. Las fronteras cerradas con los Estados Unidos han dificultado el tráfico de drogas, lo que ha debilitado significativamente los carteles y desde luego, incrementando la violencia.

    Pero durante la crisis del coronavirus, las pandillas buscaron el apoyo de los locales. Han establecido centros informales de salud en comunidades aisladas, que se encuentran en una situación financiera difícil y que casi no reciben ayuda del gobierno, relata la  BBC británica . Las redes sociales están inundadas de fotos y videos que muestran cómo entregan paquetes de agua, alimentos o medicinas a los locales.

    Una de ellas, tomada por todas las agencias de noticias, muestra a la hija del Chapo Guzman, repartiendo alimentos y ayuda a personas en dificultades.

    Foto: Afp

    La situación en México no es única. En abril, el ministro de Salud de Brasil, Luiz Henrique Mandetta, pidió a las autoridades locales que discutan con los carteles de la droga la mejor forma de detener la propagación del coronavirus.

    En esencia, él mismo admitió que el estado no podría hacer frente a una pandemia sin su ayuda. «Tenemos que entender que el estado simplemente no llegará a estas áreas, y la situación está bajo el control de los traficantes de drogas», dijo Mandetta.

    Tienda de conveniencia y toque de queda

    En los barrios venezolanos de Caracas, los grupos locales del crimen organizado han establecido una tienda de conveniencia e instaron a los residentes a cumplir con las medidas de cuarentena. Incluso introdujeron un toque de queda ante el gobierno.

    La pandilla Barrio 18 en Guatemala ha dejado de exigir temporalmente combustible a las empresas locales. Y sus miembros están ayudando a implementar medidas contra la propagación del coronavirus. La situación es la misma en el vecino El Salvador, escribe Camilo Tamayo Gómez, profesor de estudios de seguridad en la Universidad de Leeds , para The Conversation .

    Pero como señala Gómez, el hecho de que las organizaciones ilegales reemplacen al estado no es nada nuevo. Este ha sido el caso en América del Sur desde la década de 1990. Los carteles y las pandillas de la droga esperan que a la larga puedan reemplazar algunas funciones del estado para que sus actividades ilegales puedan prosperar.

    Aun así, la situación actual representa un cambio, ya que los carteles ahora brindan servicios sociales y de salud. Sin embargo, esto es una consecuencia directa del fracaso del estado y su incapacidad para combatir la infección por coronavirus y mantener la economía en pie.

    Las organizaciones criminales buscan evocar emociones positivas en las personas, como la gratitud y la solidaridad, para aumentar su legitimidad y fortalecer su posición en el territorio, dice The Conversation. Idealmente, les gustaría parecerse a Robin Hood y construir una reputación como un ladrón completamente positivo.

    En momentos como éstos, donde la ineficiencia del estado ha quedado en evidencia, tanto por los sistemas de salud desbordados, como una economía en estado desesperante, hay que prestar muchísimas atención a estos movimientos de los carteles, porque bien podrían comenzar a tomarse sectores donde la ayuda tarda en llegar y no hay nada más peligroso que una población con hambre y miedo.