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  • El derecho a elegir: una reforma liberal para la salud panameña

    El derecho a elegir: una reforma liberal para la salud panameña


    Existe una paradoja incómoda en el corazón de los sistemas de salud latinoamericanos: se habla mucho del «derecho a la salud» pero se ignora sistemáticamente el derecho previo, más fundamental y más personal, que hace posible cualquier otro derecho en medicina: el derecho a elegir. Elegir al médico. Elegir el hospital. Elegir la atención que mejor se ajusta a las necesidades propias, no a las de una burocracia que desconoce tanto al paciente como a su historia.

    Un estudio reciente realizado por Ipsos en España pone en evidencia que el 71% de los ciudadanos madrileños sabe que puede elegir a su médico de familia dentro del sistema público, diez puntos por encima de la media nacional. Madrid obtiene la mejor valoración del sistema de libre elección sanitaria de todo el país: un 7,7 sobre diez, frente a un 6,8 de media. Y lo más revelador no son los números, sino lo que los ciudadanos dicen cuando se les pregunta por qué cambian de médico o de centro: buscan trato humano y personalizado, rapidez en la atención y confianza en el profesional. No buscan ideología sanitaria. No buscan al Estado. Buscan a alguien que les atienda bien.

    Esta es una lección que Panamá no puede seguir ignorando.


    El sistema panameño: fragmentado, burocrático y sin salida

    El sistema de salud de Panamá es, en su estructura actual, un laberinto de segmentaciones que conspiran contra el paciente. La Caja de Seguro Social (CSS) cubre a los trabajadores formales y sus dependientes. El Ministerio de Salud (MINSA) atiende a la población sin cobertura de seguridad social. El sector privado existe, pero su acceso depende exclusivamente de la capacidad de pago individual. El resultado es un sistema tripartito donde la calidad de atención que recibe un ciudadano no depende de sus necesidades médicas, sino de su condición laboral, su lugar de residencia y su nivel de ingreso.

    Dentro de este esquema, el asegurado de la CSS no elige. Se le asigna una policlínica según su lugar de trabajo o domicilio. Se le asigna un médico. Se le asigna una fecha. Se le asigna todo, salvo la posibilidad de decidir. Si no le satisface la atención, si el médico asignado no genera confianza, si el centro queda a dos horas de distancia, el paciente no tiene salida formal: o acepta lo que le corresponde según el criterio administrativo, o paga de su bolsillo en el sector privado, duplicando el costo de un sistema que ya financia con sus cotizaciones.

    Esto no es un sistema de salud. Es una forma de administrar la enfermedad.


    La libre elección no es un privilegio: es un principio

    Desde una perspectiva liberal clásica, el argumento a favor de la libre elección sanitaria no es simplemente utilitario, aunque los datos de eficiencia también lo respalden. Es, ante todo, un argumento sobre la dignidad del individuo.

    El liberalismo clásico parte de la premisa de que el ser humano es el mejor juez de sus propios intereses. No porque sea infalible, sino porque nadie más tiene acceso a la información íntima que define sus preferencias, sus circunstancias y sus valores. Un burócrata en la Ciudad de Panamá no sabe que el asegurado en Chitré tiene mayor confianza en un determinado médico, que su horario laboral hace imposible acudir a la policlínica asignada, o que sus condiciones de salud requieren una atención más especializada de la que su centro puede ofrecer. El individuo sí lo sabe. Y tiene el derecho de actuar en consecuencia.

    La libre elección sanitaria no exige privatizar el sistema de salud. No exige eliminar la cobertura pública. No exige nada que no sea coherente con un Estado que respeta a sus ciudadanos: permitir que el dinero público que cada trabajador aporta mediante sus cotizaciones le siga a él, no a la institución, cuando decide dónde recibir atención.


    El modelo madrileño como referencia pragmática

    Lo que ha hecho la Comunidad de Madrid no es un experimento radical. Es una aplicación sensata de un principio obvio: si el ciudadano financia el sistema, el sistema debe responder al ciudadano, no al revés.

    El modelo madrileño de libre elección no elimina la red pública de hospitales y centros de salud. Al contrario, la mantiene y la somete a un estímulo que ninguna reforma burocrática ha logrado introducir con la misma eficacia: la competencia por la preferencia del paciente. Cuando un hospital sabe que los ciudadanos pueden elegir ir a otro centro, tiene incentivos reales para mejorar su trato, reducir sus tiempos de espera y elevar la calidad de su atención. La Fundación Jiménez Díaz, el Hospital Gregorio Marañón y el Hospital Rey Juan Carlos lideran las preferencias de los madrileños precisamente porque han respondido mejor a lo que los pacientes valoran.

    El mecanismo es elegante en su simplicidad: la información fluye a través de las decisiones de millones de ciudadanos actuando según sus propias necesidades, y esa información distribuida guía la mejora del sistema mejor de lo que podría hacerlo cualquier plan central.


    Una propuesta para Panamá: cuatro pilares de una reforma posible

    Una reforma de libre elección para el sistema panameño no requiere una revolución constitucional ni una privatización masiva. Requiere cuatro cambios estructurales que son, en esencia, una ampliación de derechos ciudadanos.

    Primero, portabilidad de la cobertura dentro de la CSS. El asegurado debe poder elegir su policlínica y su médico de familia dentro de la red pública, independientemente de dónde trabaje o dónde resida. El número de afiliado debe seguir al paciente, no al empleador ni al domicilio. Este cambio, administrativamente viable, transformaría la relación del ciudadano con el sistema: de súbdito asignado a usuario con voz.

    Segundo, libre elección de especialista y hospital. Cuando un médico de atención primaria refiere a un paciente a un especialista o a un centro hospitalario, el paciente debería poder escoger entre los centros acreditados de la red, tanto públicos como privados concertados. El modelo de concierto con la red privada, bien regulado, amplía la oferta sin incrementar necesariamente el gasto público, al aprovechar capacidad instalada que hoy se subutiliza.

    Tercero, información transparente y comparativa. La libre elección sin información es una libertad vacía. El sistema panameño debe desarrollar y publicar indicadores de calidad, tiempos de espera y satisfacción del usuario por cada centro y por cada servicio. Que el ciudadano pueda comparar antes de elegir es tan importante como que pueda elegir. La transparencia es la condición de posibilidad de cualquier mercado de servicios que funcione bien, incluido el sanitario.

    Cuarto, el dinero sigue al paciente. Este es el principio más importante y, también, el más disruptivo. Cuando un asegurado de la CSS elige un prestador privado acreditado, una fracción de su cotización debe financiar esa atención. No como un subsidio discrecional, sino como un derecho derivado de su condición de cotizante. Este mecanismo introduce competencia real en el sistema, premia la calidad y elimina el absurdo de que el ciudadano pague dos veces: una con sus cotizaciones y otra de su bolsillo cuando la oferta pública no le satisface.


    La objeción que no se sostiene

    Los defensores del statu quo responderán, como siempre, que la libre elección beneficia a los más informados y perjudica a los más vulnerables. El argumento merece tomarse en serio, pero no resiste el análisis empírico ni el moral.

    Empíricamente, los datos de Madrid muestran que la libre elección no es un privilegio de élites: es un derecho que los ciudadanos valoran transversalmente y ejercen de forma creciente cuando se les informa y se les facilita el acceso. El problema no es la libre elección, sino la falta de información y de infraestructura para ejercerla. La solución, entonces, no es eliminar el derecho sino garantizar las condiciones para su ejercicio universal.

    Moralmente, el argumento paternalista es el que resulta más perjudicial para los más vulnerables. Decirle a un ciudadano de escasos recursos que no puede elegir su médico porque el Estado sabe mejor que él lo que necesita, es precisamente el tipo de condescendencia que perpetúa la desigualdad. La libre elección bien diseñada empodera especialmente a quienes hoy no tienen salida del sistema público, porque les da una herramienta de exigencia y de movilidad que antes no tenían.


    La salud como expresión de libertad

    La salud no es solo una necesidad biológica. Es el terreno donde se juega la autonomía real de las personas. Un sistema que impide elegir no protege la salud: administra la enfermedad con criterios ajenos al enfermo.

    Madrid ha demostrado que es posible construir un sistema público de salud donde el ciudadano es el protagonista de su propia atención, donde los centros compiten por servir mejor y donde la satisfacción del paciente es el indicador que orienta las decisiones institucionales. La nota de 7,7 sobre 10 que los madrileños otorgan a su modelo de libre elección no es un dato estadístico menor: es la expresión cuantificada de lo que significa que el Estado respete a sus ciudadanos.

    Panamá tiene todos los recursos intelectuales, institucionales y sociales para recorrer ese camino. Lo que le falta es la voluntad política de poner al paciente, y no a la burocracia, en el centro del sistema.

    El derecho a elegir médico no es un capricho liberal. Es el mínimo de dignidad que un Estado moderno le debe a sus ciudadanos.


  • La mitad de los dispositivos conectados a Internet en los hospitales son vulnerables a ciberataques, según un informe.

    Históricamente, la seguridad cibernética no ha sido una prioridad para las organizaciones de atención médica. Pero los picos en los ataques de ransomware a hospitales en los últimos dos años, están empujando a los grupos a realizar cambios para prevenir estos ciberataques. Los hospitales de menor tamaño en particular, han expresado abiertamente los desafíos que enfrentan: ¿cómo expanden las capacidades de ciberseguridad en un momento en que la experiencia, el enfoque y el presupuesto no están disponibles o se desvían a otros lugares? Dado que los ataques de ransomware, aumentaron casi un 600 % en 2020, y el 21 % de esos ciberataques se centraron en dispositivos médicos o IoT, según Cynerio, empresa de ciberseguridad sanitaria.

    La amenaza más activa proviene de grupos que ingresan a los sistemas hospitalarios a través de un dispositivo vulnerable y bloquean las redes digitales del mismo, lo que podría dejar a los médicos y enfermeras sin acceso a registros médicos, dispositivos y otras herramientas digitales, exigiendo un rescate para desbloquearlos. Estos ciberataques se han intensificado en los últimos años y ralentizan las funciones de los hospital hasta el punto de repercutir en la salud de los pacientes.

    Además, más de la mitad de los dispositivos conectados a Internet que se utilizan en los hospitales tienen una vulnerabilidad que podría poner en riesgo la seguridad del paciente, los datos confidenciales o la usabilidad de un dispositivo, según el informe de Cynerio. El estudio analizó datos de más de 10 millones de dispositivos en más de 300 hospitales e instalaciones de atención médica en todo el mundo, que la empresa recopiló a través de conectores unidos a los dispositivos como parte de su plataforma de seguridad.

    El tipo más común de dispositivo conectado a Internet en los hospitales fue una bomba de infusión. Estos dispositivos pueden conectarse de forma remota a registros médicos electrónicos, extraer la dosis correcta de un medicamento u otro líquido y administrarlo al paciente. Las bombas de infusión también fueron los dispositivos con mayor probabilidad de tener vulnerabilidades, en concreto y segun el estudio un 73%, lo cual podría permitir cambiar la dosis de un medicamento, por ejemplo.

    Otros dispositivos comunes conectados a Internet son los monitores de pacientes, que pueden rastrear datos como la frecuencia cardíaca y la frecuencia respiratoria, y los ultrasonidos. Ambos tipos de dispositivos estaban en la lista de las 10 principales vulnerabilidades. Aunque aún no se ha registrado oficialmente un ataque de este tipo, los especialistas señalan que podrían ser un objetivo de ataque inminente.

    La buena noticia es que el informe de Cynerio señala que la mayoría de las vulnerabilidades en dispositivos médicos se pueden reparar fácilmente: se deben a contraseñas débiles o predeterminadas o a un aviso de recuperación sobre el que la organización no ha actuado.

    Pero informes como este, combinados con la creciente frecuencia de los ataques de ransomware, están empujando a más organizaciones de atención médica a invertir en ciberseguridad, dicen los expertos. “Creo que esto está alcanzando un nivel de criticidad que está llamando la atención de los directores ejecutivos y las salas de juntas”, dijo Ed Gaudet, director ejecutivo y fundador de la empresa de seguridad cibernética Censinet.

  • Impulsan en California legislación que prevé el uso de cannabis medicinal en hospitales

    MarinHealth Medical Center, hospital de propiedad pública supervisado por la junta del Distrito de Salud de Marin, está pidiendo al gobernador Gavin Newsom que firme un proyecto de ley que requeriría que los hospitales y otras instalaciones de atención médica permitan que los pacientes con enfermedades terminales usen cannabis medicinal en sus instituciones.

    El Proyecto de Ley 311 del Senado o Ley de Ryan, que lleva el nombre de Ryan Bartell, quien se vio obligado a mudarse de California al estado de Washington para usar cannabis en lugar de morfina inductora de coma para su dolor mientras estaba en el final de su vida, prevé «el uso de cannabis medicinal por parte de un paciente terminal dentro de un centro de atención médica». La propuesta prohíbe a los pacientes inhalar o vapear productos de cannabis a base de hierbas y restringe el uso de cualquier forma de cannabis en las salas de emergencia.

    “Quizás MarinHealth pueda mostrar cierto liderazgo y ser uno de los primeros hospitales en California, si no en el país, en aprobar el uso de cannabis”, dijo El Dr. Larry Bedard, miembro del grupo de trabajo sobre cannabis de la Asociación Médica Estadounidense.

    «Esto se hizo en reconocimiento del hecho de que los pacientes y sus familias ya estaban trayendo cannabis al hospital», escribió David Klein, director ejecutivo de MarinHealth Medical Center. «También se presentó con el conocimiento de que nuestra farmacia y nuestro personal podrían tratar el cannabis medicinal como cualquier otro medicamento enviado por el paciente o producto de venta libre».

    Bedard afirmó que los pacientes de MarinHealth podrían estar usando cannabis sin informar a sus médicos, arriesgando interacciones peligrosas con otros medicamentos que están tomando. Recordó que el cannabis puede interactuar con los anticoagulantes, que diluyen la sangre para prevenir accidentes cerebrovasculares; analgésicos como Vicodin y Oxycontin; y medicamentos contra la ansiedad como Valium. «Es realmente un argumento a favor de la educación médica», dijo Bedard. «La gran mayoría de los médicos desconocen por completo».

    La resolución aprobada por la junta de distrito en 2016 citó un artículo de la Revista de la Asociación Médica Estadounidense, que informó que el cannabis medicinal es significativamente útil con el dolor crónico, dolor neuropático, espasmos musculares en la esclerosis múltiple y paraplejía, náuseas por quimioterapia contra el cáncer y síndrome de emaciación por SIDA.

    Los legisladores aprobaron una ley similar en 2019, pero fue vetada por el gobernador demócrata Gavin Newsom, quien expresó su preocupación de que «crearía conflictos importantes entre las leyes federales y estatales». En julio, el patrocinador del proyecto de ley redactó una carta dirigida al Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE. UU. para preguntar si permitir dicho uso en terrenos hospitalarios podría poner en peligro el financiamiento federal de las instalaciones.

    La asociación señala que la ley requeriría que las instalaciones de atención médica u hospitales traten el cannabis medicinal como un medicamento y cumplan con las mismas reglas de almacenamiento y dispensación requeridas por la ley estatal y federal para otras sustancias controladas al requerir una orden médica y dispensar en la farmacia.

    “Esto pone a la instalación / farmacéutico en violación directa de la Ley Federal de Sustancias Controladas, ya que la licencia de la DEA no permite la compra o dispensación de sustancias de la Lista I”, dice la carta. “También pone al farmacéutico a cargo en conflicto directo con la Ley Federal de Sustancias Controladas, que pondrá en peligro su licencia profesional personal”.

    Hasta la fecha, un puñado de estados, incluidos Connecticut y Maine , han promulgado leyes que permiten explícitamente el uso de productos de cannabis elegibles para pacientes hospitalizados en determinadas circunstancias.

  • Voluntarismo rígido: Por qué las vacunas deben ser voluntarias

    Mi evolución de opinión de por qué las drogas deben ser legalizadas y las vacunas deben ser voluntarias.

    Hasta mis 18 años, estaba estrictamente en contra de las drogas. Probé la primera cerveza y hierba de verdad solo cuando llegué a la universidad. Consciente de todas las consecuencias negativas de las drogas, no entendía en absoluto por qué las personas consumen drogas.

    Consideraba que su criminalización era correcta, y pensaba que el estado se tomaba este problema en serio y estaba tratando de erradicar las drogas de nuestra sociedad.

    Al tiempo, comencé a reunirme con diferentes personas que tomaban diversas drogas. A menudo fueron artistas, intelectuales, empresarios exitosos, personalidades bastante sólidas quienes cambiaron el mundo de manera significativa.

    Me dí cuenta de que todas estas personas en mi país correrían el riesgo de ser criminalizadas. Si se encuentran en el lugar equivocado en el momento equivocado con las sustancias equivocadas, pueden encontrarse fácilmente en la cárcel o tener serios problemas con la ley. Conocí a varias personas excelentes que recibieron una penalización del estado por posesión de drogas. Me pareció increíblemente injusto.

    Empecé a darme cuenta de que la solución a este problema podría ser la despenalización. Las personas no pueden ser procesadas por lo que hacen con sus cuerpos y lo que ponen en ellos.

    Comencé a interesarme por varias drogas, sus efectos nocivos y contraindicaciones, y a pensar en qué drogas son peligrosas y deben seguir prohibidas. Por el contrario, en aquellas que no son tan peligrosas y podrían despenalizarse.

    Mientras tanto, obtuve más información sobre la guerra larga y completamente infructuosa contra las drogas en prácticamente todos los estados. Lo cual no solo no se puede ganar, sino que constantemente trae más y nuevas víctimas inocentes.

    Vi un video de Milton Friedman que explica que hay una sociedad mejor en la que la gente sufre una sobredosis voluntariamente que una sociedad en la que una gran cantidad de personas inocentes muere involuntariamente como parte de la guerra por ‘daños colaterales’ contra las drogas y las bandas de narcotraficantes .

    Me di cuenta de que cualquier medicamento, sin que el estado pudiera hacer nada al respecto, podía pedirse en los criptomercados y pagarse mediante criptomonedas. Y como criptoanarquista, sé que técnicamente no es posible prohibirlo.

    Vi el video de Ron Paul, Por qué debería legalizarse la heroína, y me di cuenta de que, dentro del marco de la libertad, debemos respetar cualquier relación comercial bidireccional, incluida la relación entre un traficante de drogas y un consumidor.

    Además de los consumidores, también conocí a algunos traficantes de drogas y me di cuenta de que no son personas menos honestas que los vendedores ordinarios de alcohol o tabaco. Al igual que los vendedores de alcohol o tabaco, solo satisfacen los deseos humanos y sus clientes pagan sus servicios en formas voluntarias acordadas entre sí (lo que no se puede decir, por ejemplo, sobre los servicios que nos brindan los políticos).

    Con la diferencia de que enfrentan hasta varios años de prisión por brindar estos servicios «voluntarios».

    La última fase de mi desarrollo en la percepción de las drogas fue la fase en la que arribé alrededor de mis 30 años, precedida por una fase de aproximadamente dos años de minarquismo y una intensa reflexión sobre cómo podría ser una sociedad justa y libre que respete la libertad de las personas y las opciones voluntarias.

    De repente dejé de pensar en qué medicamentos son muy dañinos, cuáles son menos dañinos, cuáles necesitan ser despenalizados y cuáles solo se pueden autorizar con receta médica. Estas consideraciones empezaron a parecerme completamente absurdas.

    Me di cuenta de que nadie en el mundo tiene derecho a intervenir por la fuerza en los cuerpos de los adultos y decidir qué se pueden poner los adultos en él o no. Si el estado no criminaliza a las personas que se perforan los ojos, ¿por qué debería criminalizar a las personas que se ponen heroína en las venas?

    A pesar de que existe una fuerte adicción a la heroína, aplicar la violencia y criminalizar a las personas que la toman, es como patear a tu propio hijo, que se ha perdido durante unos días y se ha encontrado de nuevo debido a su estupidez.

    Criminalizar a las personas que voluntariamente satisfacen los deseos de otras personas (sexo, drogas, …) y que se amenazan principalmente a sí mismas, es solo una demostración pública y dolorosa de su incompetencia y locura.

    No entiendo por qué el votante promedio, que ha estado inmerso en el alcohol toda su vida, debería de alguna manera decidir sobre la criminalización de personas a menudo mucho más inteligentes (consumidores y distribuidores) que tienen  relaciones comerciales voluntarias.

    Me dijeron que mi visión liberal de las drogas cambiaría drásticamente cuando tuviera hijos.

    Ya tengo dos y nada ha cambiado.

    Así como les explicaré que no tomen alcohol, también les explicaré que no tomen otras drogas. O si alguna vez se encuentran en tal situación, permítales usar su razón y actuar de la manera más responsable posible. Tienen un solo cuerpo y una vida larga con un cuerpo sano es mejor que una corta con uno enfermo.

    Todos mis argumentos hasta ahora sobre por qué las drogas deben ser despenalizadas y legalizadas se han reducido a dos:

    Por qué es necesario despenalizar las drogas:

    Todos tienen pleno derecho a su propio cuerpo y, por lo tanto, tienen la máxima libertad para disponer en él.

    Por qué es necesario legalizar las drogas:

    Se deben respetar todas las relaciones mutuamente voluntarias (comerciales y de otro tipo), siempre que no se violen los derechos de los demás. La guerra estatal contra las drogas nunca ha funcionado históricamente.

    Me he dado cuenta de que el argumento estatista «las drogas no se pueden legalizar, porque quién se hará cargo de todos esos drogadictos y sus sobredosis», y a su vez «el Estado y nuestro servicio sanitario pagarán por ello», es erróneo, porque el error está en el sistema de salud colectivista y en los seguros que no tienen en cuenta si alguien es adicto a los medicamentos o no, y el costo de tratarlos externaliza involuntariamente a todos los demás asegurados o contribuyentes.

    Alguien puede argumentar que las drogas rompen familias y, por lo tanto, debe haber cierta responsabilidad social. Bien, las familias también son aplastadas masivamente por el alcohol, los juegos de azar, la intolerancia religiosa y, lo que es más importante, por el hecho de que las parejas ya no pueden ser satisfechas sexualmente o de otra manera. La cuestión  es de hasta qué punto el Estado debería ser responsable por esto y prohibirnos a todos nosotros hacer todas estas cosas por dinero.

    En el sitio web de Čierna Labuť se publicó una entrevista con Riš Ďuran sobre la vacunación , que cree que la vacunación debería ser un asunto o acuerdo de relaciones voluntarias (en la mitad de los países de la UE, la vacunación no es y nunca ha sido obligatoria y no tienen ningún problema con ella).

    En una página de Facebook  hubo una reacción muy negativa a su artículo. No soy médico, químico ni biólogo. No puedo juzgar en qué casos Rišo se equivocó y en cuáles no. Pero como voluntarista, ni siquiera necesito saberlo.

    Sé que obligar a un adulto bajo amenaza de violencia a hacer algo, es inmoral. Incluso en una situación en la que podría poner en grave peligro su propia vida.

    «¡Pero esto no es una amenaza para la vida adulta! ¡Pero puede poner en peligro la vida de niños inocentes que solo pagarán por la estupidez de sus padres! ¡Hace apenas un mes, un niño de 1,5 años murió de polio en Alemania solo porque no estaba vacunado!» son los variados argumentos.

    Desafortunadamente (y afortunadamente al mismo tiempo) la salud del niño está completamente en manos de los padres. Los padres deciden no solo su vacunación, sino qué tan saludable comerá, cuánto se moverá, qué educación recibirá, lo que puede afectar drásticamente su vida posterior, etc.

    La salud y la vida de un niño posiblemente dependen mucho más de una dieta adecuada que de si está o no vacunado. ¿Obligaremos a los padres a darles a sus hijos únicamente «alimentos saludables» certificados por el estado? ¿Es la «comida sana» realmente saludable para todos los niños? (Esto también es ambiguo respecto a la vacunación).

    Una gran cantidad de niños son víctimas de sus padres, que beben o son violentos, lo que hace sufrir mucho a sus hijos inocentes. ¿Lanzaremos un programa estatal para insultar y espiar a tales padres con el fin de criminalizarlos en la próxima interacción negativa con sus hijos?. ¿Por qué no?.

    ¿Hasta qué punto sigue siendo admisible la intervención estatal en cualquier toma de decisiones por parte de los padres y hasta qué punto ya no lo es?

    «Sin embargo, el hecho de que el estado no pueda obligar a los padres a comer adecuadamente a sus hijos no significa que no deba obligarlos a la vacunación obligatoria. (porque técnicamente es mucho más fácil). ¡Pensamos en nuestros hijos y sabemos cómo protegerlos mejor!», otro común argumento en defensa de la coerción estatal.

    Aquí es necesario enfatizar el efecto puramente psicológico de la vacunación obligatoria (y la coerción estatal), que a menudo se olvida.

    En mi opinión, la propagación de cualquier conspiración contra la vacunación se ve claramente favorecida por el hecho de que es obligatoria e involuntaria, lo que muchas personas perciben en sí mismas como una conspiración estatal. Y sobre esa base, en principio, no permitirán que sus hijos sean vacunados.

    Creo que muchas más madres en el Blue Horse aprobarían las vacunas para sus hijos si fueran voluntarias y se comercializaran como algo que su hijo realmente necesita y que protegerá a su hijo. Si algo ya es obligatorio, entonces ya no necesita ningún marketing positivo. Y crea automáticamente solo espacio innecesario para conspiraciones. En la mitad de los países de la UE donde la vacunación o las jornadas de vacunación son voluntarias, el número de personas vacunadas es igual o mayor que en los países donde es obligatoria. Porque el marketing positivo se utiliza para las vacunas y la gente lo ve como lo correcto para sus hijos. Y los demás tienen una opción para decidir.

    Como voluntarista rígido, creo que la vacunación o las vacunas deberían ser voluntarias. Como todo en nuestras vidas.

    En este caso, estoy de acuerdo con Riš. Soy muy consciente de que una persona que no cambia de opinión se estanca de la misma manera.

    Por lo tanto, me pregunto si alguna vez dejaré de ser un voluntarista rígido y comenzaré a aprobar el uso de la violencia estatal en «ciertas» circunstancias.

    Nota: este paper fue originalmente escrito en Agosto de 2016.