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  • ¿Qué subsidian los subsidios?

    Los subsidios derrochan dineros ciudadanos que en gran medida se obtienen a través de costosos préstamos. Y, como ocurre tantas veces, ya nadie se acuerda de cómo fue el parto del niño “Subsidio”. Fue una movida politiquera para ganar votos y respaldo. Y es que, cuando no se puede lograr respaldo prometiendo lo correcto, eso que conviene a todos, hay que usar carnada con un buen anzuelo dentro.

    Cuenta Robert Blumen, ingeniero de software y editor de podcasts, que el relajo comenzó en Inglaterra, por allá en 1937, cuando el genio de la pérfida economía, Lord Keynes, durante una crisis económica vendió el concepto de los “estímulos”, alegando que estimulaban la economía. Y la población se tragó la carnada y el anzuelo. Y, a todo ello, los políticos fascinados con el genio economista, lo elevaron a rango de San Keynes.

    Hoy día, la evidencia contraria a los estímulos es más que evidente en los EE.UU., que, en medio de la crisis económica provocada por demenciales y virulentos encierros, se reparten estímulos que estimulan quedarse en casa; ya que así ganan mucho más que si salen a trabajar. Y ¡por supuesto!, que los sindicatos, amiguitos del relajo politiquero, se unen con estos para seguir el festín de engaño.

    Lo triste de todo lo señalado es que el sistema centralizado educativo, ese que NODUCA, no enseña economía; ya que un pueblo educado en economía se daría cuenta de que los politicastros los están usando y abusando. Peor aún es que, hasta la Iglesia Católica, años atrás, abandonó el tema económico aduciendo que era asunto del Rey y no de Dios. ¡Grave error! La economía es acción humana y la acción humana ¡vaya si es asunto de Dios! Eso lo señalaron los eruditos escolásticos en su corriente teológica y filosófica medieval para enseñar la revelación religiosa del cristianismo. Hablamos de personajes desde Santo Tomás de Aquino y tantos otros jesuitas y franciscanos: Francisco Vitoria, filósofo, teólogo y jurista español, fundador de la tradicional filosofía conocida como La Escuela de Salamanca.

    Luego, en 1803 nos encontramos con Jean-Baptiste Say, economista clásico que nos advierte que la creación de un producto crea la demanda de otros productos, en virtud de una creación de valor que da lugar a intercambios con otros productos; llamémosle “comercio”. Y la pregunta que se desprende como papaya madura es: ¿Acaso los subsidios estimulan la producción y el comercio? ¡No! Lo que sí hacen es estimular la dependencia y el servilismo. De hecho, no son auténticos “subsidios”, ya que un subsidio no crea dependencia, sino que ayuda a ser productivo.

    Y entre las perversiones de supuestos estímulos, vemos los controles de precio, entre los cuales está el salario mínimo; que son vagabunderías de sindicatos aliados a los zorros del gallinero.

    Un buen ejemplo de como la libertad de comercio mejora calidad y disminuye precios se da en el caso de la ivermectina, medicamento tan viejo que perdió su patente. Hoy, este efectivo medicamento lo fabrican muchas casas farmacéuticas y su precio es bajo. Indudablemente por ello fue rechazado por gobiernos títeres de casas farmacéuticas que ofrecen costosos medicamentos protegidos bajo patente.

    Un buen comentario que me encontré al preparar este escrito fue: “Los estímulos no estimulan dado que el verdadero factor que impulsa la producción es mucho más que financiero; ya que involucra el deseo de trabajar y una disposición de enfrentar incertidumbres». ¿Será eso algo que enseñan en las escuelas del NODUCA?.

  • La politiquería sembrando tempestades

    La politiquería chabacana y corrupta panameña ha sembrado y sigue sembrando la destrucción del país, lo cual queda en clara evidencia cuando vemos datos contundentes tal como el que en el 2013 los asalariados del sector privado representaban el 53% de todos los empleos en el país. Pero al 2020 el empleo del sector formal bajó a 33%, lo cual representa un 36% de reducción del empleo formal.

    Durante el 2021 la tendencia continúa con 2 de cada 3 empleos generados por el sector informal o gubernamental. Y no que el aumento del informal sea malo, todo lo contrario, sino que la economía necesita el aporte de todos sus sectores.  Y, a estas alturas, si el impacto no ha sido más grave y notorio se debe mayormente al aumento del empleo gubernamental que ha enmascarado la pérdida del formal. El problema con ello es que, pese a que los empleados públicos pagan impuesto, esos aportes salen de un bolsillo gubernamental para ingresar en el otro bolsillo gubernamental. Y, ni hablar que la mayor parte de trabajo gubernamental son improductivos y dañinos.

    A todo ello, a través del tiempo los politicastros y su politiquería lograron convencer “al pueblo” de que los ricos tenían la capacidad para que el gobierno los ordeñara, para luego partir y repartir lo ordeñado. El “problemita” es que pocos saben sacar cuentas. Simplemente, el dinero de los ricos, que nos son tantos, no alcanza y más bien termina empeorando todo con la destrucción del empleo y la economía.

    Más allá de todo lo señalado, está lo que se llama un ‘déficit estructural’; que es cuando sale más de lo que entra. Si en Panamá sumamos todos los llamados “subsidios” sería obvio que son la razón de que la deuda pública aumenta, sin hablar del pillaje. Y ello va imponiendo costos adicionales que eventualmente llevan a consecuencias nefastas, dado que ello es insostenible.

    Cuando un gobierno usa el producto de los impuestos para el parte y reparte, no está cumpliendo con su misión básica y esencial, que es velar por la seguridad y la libertad de su gente; libertad sin la cual un pueblo se vuelve parasitario y no resuelve por cuenta propia y termina sentándose a esperar los llamados “subsidios” que no son tal; ya que un verdadero subsidio no crea dependencia.

    Y más aún, el vicio de desgobierno consiste en aumentar la actividad gubernamental, no porque eso es lo que corresponde a la salud de una sociedad; sino porque con un gasto aumentado hay más de dónde meter la mano. Tristemente tío pueblo no entiende o no responde ante esta realidad y se vuelve cómplice de la politiquería, con lo cual se va potenciando el colapso de la sociedad.

  • Gobiernos y «regaliernos»

    Antes que nada, definamos términos: “Gobierno” es una institución a la cual un pueblo le encomienda la autoridad de ejercer ciertas normas de conducta social. Sugiero que no busquen la definición en diccionarios ya que estos, más que nada, nos presentan el uso que hoy damos a las palabras y no, necesariamente, su auténtico sentido. Por ejemplo, hoy día son muchos los gobiernos que se apartan de las normas constitucionales de su población, gobernando de forma discrecional y, hasta discriminatoria. De allí, que me he tomado la libertad de acuñar el nuevo vocablo “regalierno”; neologismo por “gobierno regalón” o del confisca, parte y reparte, para quedarse con la mejor parte.

    Veamos que la invención “regalierno” no es tan alocada ya que en el diccionario de la RAE encontrarán el término “regalero”, en desuso que se refiere al: “Empleado que en los sitios reales tenía el cuidado de llevar las frutas o flores al rey y demás personas a quienes acostumbraba regalárselas.” Tal vez podría igual llamarse “agentes de coima o coimeros”.

    En nuestro patio, la política la hemos convertido en instrumento de vileza y no de corrección. Recuerdo un diputado que luego de ser electo dijo: “Bueno, ahora tengo que recuperar los $300,000 que invertí para ser electo”; pero no habló nada del lucro que pretendía lograr. Ello me trae a mente el Anillo del Poder de Tolkien, el cual no es un simple cuento de ficción, pues encierra profundas verdades de nuestra existencia. Es la brutal fascinación que ejerce el Anillo que abre los portales a la venta de toda clase de favores. Y por sus propias palabras los podemos conocer. Hemos escuchado a uno y otro presidente panameño que sin pena alguna declaran que “si unos reciben es porque otros ofrecen”; cosa que los pintan de cuerpo y alma. Es como el pedófilo que dice: “Es que la menor se me ofreció”. ¡por supuesto! que ofertas sobrarán; lo triste es hacerse policía para recibir y aceptar regalías. Semejante actuar fomenta el aumento de las ofertas.

    Si le das la oportunidad a un enamorado del Anillo del Poder, le pasará igualito que a  Sméagol en la oda del Tolkien, quien se convierte en el desfigurado Gollum. A su vez, vemos a ministros que se asemejan a los Nazgûl – literalmente “espectro del Anillo”. Y la sombra de Mordor no sólo oscurece la tierra en Panamá sino en tantos otros países; hasta en los EE.UU., cuna de la libertad. El término regalierno no me vino así no más, sino que lo plagié del nuevo vocablo del inglés “giverment” que está en boga en los EE.UU. entre liberales clásicos.

    La genial Ayn Rand (1905-1982), novelita ruso-americana, filósofa, dramaturga y guionista, desarrolló el sistema conocido como el “objetivismo”, formuló la pregunta: ¿Por qué los humanos requieren una institución de gobierno? Su filosófica respuesta fue: Dado que la mente humana constituye su herramienta básica para sobrevivir, la forma de lograr conocimiento para guiar sus acciones es la libertad para pensar y para actuar en conformidad con su raciocinio y juicio. Pero el hombre no vive sino en sociedad, de la cual deriva enormes beneficios en intercambios de pensamientos y de bienes y servicios; todo lo que es conducente a la sobrevivencia, siempre que se den las condiciones propicias para ello.

    A través de generaciones el ser humano ha ido derramando conocimientos que enriquecen a la sociedad. Y el otro elemento fundamental, no sólo del relevo de conocimiento sino del aumento del potencial de desarrollo, nos ha llegado a través de la división del trabajo. Desafortunadamente, todos esos mecanismos de desarrollo y progreso se van perdiendo en la medida en que se pierde la libertad y la seguridad; y para ello es que se han constituido los gobiernos, para coadyuvar en aquello que es propio de cada quien.

    De lo expuesto bien podemos inferir que la función esencial de un gobierno es la protección de la propiedad, comenzando por la de nuestros cuerpos, seguido por nuestras facultades de pensamiento, palabra, tránsito y apropiación sin violación. De allí también podemos inferir de que la única legislación que corresponde a un gobierno es en el ámbito descrito. El gobierno no debe dictar sino estar al servicio de los ciudadanos en fiel acatamiento a la sana ley.

  • Creadores y depredadores

    Todos somos propietarios de nuestras vidas y de la vasija que la contiene, es decir, nuestro cuerpo; con lo cual surge la gran pregunta de si nuestro cuerpo es cosa contenida dentro de la vasija conocida como “cuerpo humano”. Pero dejemos eso allí ya que a dónde los quiero llevar hoy es a la definición o entendimiento de la diferencia del humano creador del bien y el depredador de miseria. Comencemos preguntándonos ¿cómo se mide la sana creatividad humana? Podría ser a través de una obra de arte, una sinfonía o, tal vez, su capacidad de producir riqueza y bienestar no sólo personal sino social. Las vacas, por ejemplo, se pasan la vida pastando y abonando la tierra con heno digerido; lo cual, de cierta manera es creativo, ya que enriquece el suelo y da vida a las plantas y árboles, cosa que hace inconscientemente.

    Por su parte, los humanos, para mantener el cuerpo que sustenta la vida también se apropian de las cosas del mundo, tal como la vaca se apropia de los pastos. Pero allí termina la analogía, ya que los humanos vamos mucho más allá y no sólo nos apropiamos de vegetales, animales, insectos y otras fuentes nutrientes, sino que sembramos, cosechamos y también fabricamos herramientas y una inmensa o infinita gama de elementos que no sólo enriquecen la vida personal sino también la comunal. Y por “enriquecimiento” me refiero no sólo a la creación de cosas materiales sino inmateriales, tal como la música y, quizá hasta la risa y el amor.

    Y, al hablar de enriquecimiento, muchos, inmediatamente habrán pensado en el dinero. Pero, el dinero sólo es una de tantas representaciones de aquello que es “rico” o “sabroso”; tal como es rica la comida, la música, el arte cosas del mundo que hacemos nuestras. El dinero sólo es una forma que inventamos los humanos para ahorrar riquezas, ya sean físicas o abstractas. Como no podemos ahorrar lo pescado, vendemos lo que producimos de más, creando ahorro.

    Pero, el humano, como ser social que es, a través de la división del trabajo logra no sólo satisfacer sus propias necesidades, sino que va creando condiciones propicias para intercambios enriquecedores; llamémosle “mercado”. A todo ello, no perdamos de vista el que algunos se dedican a vilipendiar los términos: riqueza, mercado, enriquecimiento y otros en un afán ideológico contrario a la libertad comercial y en favor de un sistema centralizado que, supuestamente, subsana las deficiencias del mercado; argumentando que el mercado favorece a unos y perjudica a otros menos creativos.

    Y aunque sea cierto que unos son más capaces o productivos que otros. El problema es que el sistema centralizado que proponen es muchísimo más imperfecto que el mercado y destructivo de la libertad creativa. En tal sentido, acusan a unos de acaparar inmensas fortunas. Pero ¿acaso es mala la capacidad de ser más creativo y productivo? Quienes así piensan no entienden que los llamados “ricos” apenas usan una minúscula porción de su caudal para satisfacer sus necesidades personales; mientras que mucho más del 90% favorece a la sociedad en maneras que poco llegamos a ver o hasta comprender.

    No existe ni gobierno ni gobernante que pueda superar la capacidad productiva de todas esas personas o ciudadanos que son capaces de producir mucho más que cualquier gobierno. Más aún, los gobiernos no son medio de producción, sino que están para proteger los medios productivos. En este sentido es vital identificar y separar al creativo productivo del creativo depredador. El mundo está repleto de depredadores y la función de gobierno no es la de ser uno más de ellos.

    Son tantas las formas en que se da la depredación y una de las principales es a través de la prostitución del dinero papel; ese que ansían controlar los malos gobernantes para poder reproducirlo a su antojo en imprentas gubernamentales. Esto lo señaló el jesuita Juan de Mariana (1536 – 1624) en su obra, “De monetae mutatione”; o degradación de la moneda, perversidad que persiste hasta este día. Mariana fue denunciado por hacer alusiones a los ministros que modificaron el peso del oro moneda para financiar los gastos estatales que a menudo eran ímprobos.

    Semejante vileza no sólo produce una dislocación de los recursos productivos, tanto humanos como materiales, sino que conduce a males inflacionarios y malas inversiones. Y más aún, resulta en un promotor del sistema fiscal confiscatorio en oposición a la auténtica economía de dejar hacer. Cuando quien infla se hace llamar “autoridad”, se pone en movimiento una decadencia moral generalizada y clientelista.

    Luego de todo ello, se evapora la creación productiva y floree la depredación, dando lugar a ideologías de falso socialismo que presumen correcciones de arriba hacia abajo, negando hasta la misma propiedad de nuestros cuerpos que en adelante pasan a ser propiedad del estado.

  • El ocaso de la familia

    La persona, es decir, el ser humano, pensante y actuante es, ante todo, un ser social; en otras palabras, un ser que vive en asociación a otros seres, lo cual llamamos “sociedad”. Esta es la base de nuestra civilización; vale decir, la acción y efecto de civilizar, que es mejorar la formación y comportamiento de la gente, elevando su cultura. Entonces, más allá de la persona está el núcleo familiar, la comunidad inmediata, la fraternidad, la iglesia, los negocios, y así; todo lo cual constituye el estado. El problema surge cuando los gobiernos se prostituyen y traicionan al estado, tras lo cual dejan de servir a la comunidad y comienza a servir a lo que se llama el “estado profundo”.

    En nuestra amada Panamá, el estado profundo tuvo su origen antes y después de la llegada de Cristóbal Colón. Mucho habremos cacareado las bondades de la libertad mientras levantábamos falsos ídolos que la burlaban; y, a través de la historia perfeccionamos la burla. Hoy, sólo los más miopes no tienen la capacidad de advertir la monstruosa insensatez de la corrupta politiquería.

    Pero, lo siniestro de todo lo señalado va mucho más allá; ya que, para poder afianzar al estado profundo, hace falta ir destruyendo las mismas fundaciones de la persona, de su familia y del resto de la sociedad. Y la manera en que se ha ido dando esta diabólica violación ha sido mediante la absorción de una porción cada vez mayor de los recursos, funciones, y autoridad moral de otras instituciones. En Panamá hoy día lo vemos en ese “no a la privatización” que se eleva como plegaria al mismo Satanás. Luego, sólo queda el totalitarismo.

    Son muchos y diversos los mecanismos de la dominación; pero los más sediciosos son aquellos orientados a la destrucción de la familia, lo cual comienza desde la supuesta educación en la infancia y en algunos países se está extendiendo al cuidado de los ancianos en casas de retiro; actividades que histórica y socialmente han pertenecido al ámbito de la familia. Es la amputación del núcleo familiar, lo cual termina en atrofia.

    En adelante, ya el ciudadano pierde confianza en su propia habilidad de velar por sus hijos y sus viejos y recurre al dios estado para que lo subsidie; situación que tiene la perniciosa cualidad de ir en aumento hasta convertirse en un “derecho”. El derecho de ser subsidiado, pero con aquello que no subsidia sino lleva a servir a los inescrupulosos.

    El cuidado de los niños fue política estatal en Rusia, la cual, ahora en el 2020 va apareciendo en los EE.UU. Ya el cuidado de los niños pasa al estado, el cual cuida a su estilo y a sus propósitos. Y, por supuesto, que los centristas aman cada encargo que se les hace; encargos que acrecientan su razón de ser y existencia parasitaria. Pero queda la pregunta: ¿En dónde son mejor utilizados los recursos económicos, en las manos del ciudadano o en las de los politicastros? Y peor, en adelante ya la sociedad pierde su capacidad de ser caritativa. Y peor aún, considerando que el estado jamás podrá ser caritativo, cualidad que es sólo personal.

    A fin de cuentas, la mayor parte de los fondos de la “noducación” se quedan enredados entre las patas del caballo. Y es que la burocracia es costosa y mucho más si es burrocracia. Luego, a fin del camino, el ocaso de la familia es el ocaso de la sociedad y la ruta al colapso; lo cual ocurrirá si no despertamos.

    Y, como bien dijo Peter Schiff acerca del gobierno: “El gasto gubernamental es análogo a una transfusión de sangre del brazo derecho al izquierdo, con manguerillas llenas de orificios que derraman la mayor parte de la sangre.”

  • El futuro está en el Agri Tech.

    Panamá tiene un problema estructural serio en el tema del agro. Año tras año, década tras década, bajo las excusas de comercio justo o de salvaguardar la soberanía alimenticia, los gobiernos prometen ayudar al agro, y poner barreras no arancelarias, o subsidios, o grandes proyectos de infraestructura, o una combinación de todas esas cosas, pero el agro no levanta. Una de las causas de la mala distribución del ingreso en Panamá es que el agro emplea a medio millón de personas de manera directa, pero solo genera menos del dos por ciento del PIB. Que el agro caiga con respecto a otras actividades en la generación del PIB no es en sí malo, porque eso es normal en todos los países con industrias o servicios, pero que emplee tanta gente en proporción a los ingresos que genera es negativo, el agro es una fábrica de pobreza. Y es algo que todos los sectores políticos deben entender.

    El agro en Panamá tiene varios problemas estructurales.

    1. Un enfoque en el mercado interno, lo cual limita su capacidad de crecimiento y lo hace enfocarse en rubros de alimentos en los cuales no es necesariamente competitivo y tiene que ser protegido y subsidiado, engendrando poco valor agregado para el país y para quienes viven del agro.
    2. El proteccionismo y el enfoque en el mercado interno significan que los panameños tenemos que comer comida más cara para sostener el agro, que la pagamos de dos maneras, en precios más altos de la comida y en impuestos para subsidios.
    3. La falta de claridad en temas como derechos de propiedad hace difícil usar la tierra para financiamiento.
    4. La falta de proyectos de infraestructura por temas de corrupción y malos manejos.
    5. La protección constitucional dada a los comerciantes al por menor que crea cuellos de botella en el mercado local que perjudican a los productores. El control de precios y las cuotas de importación al final actúan como otra distorsión más.
    6. El hecho de que el agro está enfocado en el mercado local ata la tierra y los recursos humanos a rubros poco lucrativos que solo subsisten por las protecciones locales en lugar de buscar rubros competitivos a nivel mundial.

    La solución es ser como Nueva Zelanda y Australia, dos ejemplos de países con un sector agrario fuerte y sin embargo son países desarrollados.

    Estos países tienen derechos de propiedad claros sobre la tierra que facilitan el financiamiento y una política agraria enfocada en las exportaciones. Cuando Nueva Zelanda abrió los mercados a las importaciones, y eliminó los subsidios de raíz, su primera ministra fue tachada de ser la asesina del agro, pero fue esta apertura la que abrió el mercado a la exportación en lugar de usar la tierra para actividades destinadas a suplir el mercado local.

    Hay que tener claro un par de cosas:

    1. Los inversionistas no van a invertir en un mercado local pequeño como el de Nueva Zelanda o Panamá, ellos quieren un mercado más grande para sus productos, un mercado global. Y van a invertir en un agro enfocado en un mercado global no en un agro enfocado en 4 millones de personas.
    2. Los inversionistas no van a invertir en un mercado donde la titularidad de la tierra no está clara. Panamá no atrae inversionistas al agro por eso. El agro sigue dependiendo de la banca estatal comparado con otros sectores de la economía. Y de subsidios y ayudas.
    3. La inversión extranjera y la propiedad sobre la tierra así como la libre competencia son fundamentales para poder introducir nuevas tecnologías y es allí donde está el futuro. Atar la tierra a rubros poco competitivos matan la innovación.

    El mundo demanda cada vez más alimentos; sobre todo Asia. Y esta situación demanda granjeros competitivos e innovadores, no gente que hace lo mismos década tras década y espera resultados distintos.

    Desde métodos para automatizar el manejo de las fincas, a mejores maneras de conservar los productos, manejar la cadena de comercialización en blockchain, conservar agua, electricidad y tierra, nuevos fertilizantes y pesticidas más seguros y económicos, sistemas automatizados de diagnóstico de enfermedades y plagas, el mercado en línea con blockchain que elimina intermediarios, el uso de robots y drones para manejar los cultivos y el ganado, la genética para mejorar las especies. Todo esto requiere de inversionistas que un sector agropecuario enfocado en 4 millones de personas y fuertemente intervenido por el Estado no se puede costear, pero sí podría un mercado enfocado en 7 mil millones de personas con un agro manejado por inversionistas privados globales.

    Los australianos han logrado, en un país donde su industria es la segunda menos subsidiada, y con condiciones de sequía, suelos y climas poco favorables convertirse en un jugador mundial en tecnología agropecuaria, algo que también han logrado los Israelíes. La agrotecnología es en futuro, y requiere de mercados libres e innovación, no de subsidios y protecciones.

    Acá queremos seguir haciendo lo mismo, y esperando resultados distintos. Es la definición de idiota de Albert Einstein.