Etiqueta: subsidios

  • El Gobierno quita más de lo que da

    Es normal que el gobierno quite más recursos de los que da, ya que su función no es ser empresa productiva sino de función normativa; y, lo que jamás ve Tío Pueblo son los costos de gobernar, en especial la parranda de costos escondidos; y no me refiero al pillaje sino a los costos asociados a lo que llaman “inversiones”.

    Miren no más lo que ha ocurrido en países que cacarean el parte y reparte, tal como Cuba, Venezuela, Corea del Norte o hasta países nórdicos que una vez fueron muy prósperos, hasta que adoptaron políticas socialistas y llegaron a tal punto que no podían siquiera pagar los salarios sus funcionarios; tal como ocurrió con Suecia en 1990. Para arreglar el enredo tuvieron que achicar el gobierno y hasta privatizar muchas funciones. ¡Ah!, pero de esas cosas no hablan los medios que gustan vender cuentos de hadas.

    El tema no explican en los medios son cosas como las complejidades del desarrollo de las estructuras de capital; que es algo que definitivamente no pueden hacer los gobiernos porque los capitales que manejan son ajenos. Todos, de una manera u otro, nos beneficiamos o perjudicamos de esas estructuras de capital. Tristemente, el no entender estas complejidades lleva a las mafias gubernamentales a invertir con fines politiqueros y no de economizar. Así, distorsionan las estructuras de los capitales del mercado. Se ve en el crecimiento del sector informal y el estancamiento del formal.

    Y si hemos logrado inversiones de afuera no es porque las hemos alentado con nuestras torpezas sino porque las que han llegado es porque huían de sitios como Venezuela y otros que están peor que nosotros. Me crispa escuchar en medios y en la misma Constitución cuando se habla del “interés social”. Sí, como no, los gobernantes saben lo que es eso. O hablar de bienestar económico, cuando lo que se practica no lleva a eso. Uno de los ejemplos más horribles fue la doctrina social de la Iglesia, cuando la misma la torcieron hacia el socialismo. La Iglesia sí tiene una sana doctrina social; pero todo se puede usar para el bien o para el mal.

    El problema del llamado “interés social” es que sirven para justificar el intervencionismo y hacer ver que el gobierno es una entidad volcada a servir. ¡Sí claro!, ¿servir a quién? El problema de estos espejismos está en hacer creer que los gobiernos son fuentes inagotables de riqueza; hasta que, como en Cuba y tal, el manantial se queda sin agua porque talaron la selva y envenenaron las aguas.

    Jamás olvido la vez que hice amistad con un señor que había logrado montar su propio taller de herrería y me estaba construyendo un vivero en casa. Un día, le dije que él era un capitalista y se sintió ofendido. “¿Cómo así?”, me dijo. “Yo no soy eso…” Le respondí: “Acaso no tienes una empresa, oficina, autos, equipos, contabilidad y tal?” “Sí, me respondió”. “Bueno, todo esos es capital o cápita, palabra del latín que significa ‘cabeza’. Capitalista es quien usa la cabeza y sus bienes de capital para producir. Lástima que en el país del “no a la privatización” desarrollamos una cultura anti empresarial; lo cual aprovechan otras culturas que llegan y logran echar “palante”.

    Y no hay que ir muy lejos, en vez de pedir que hagamos un uso correcto de la minería lo que pedimos es que cerremos las minas porque crea daños ambientales y tal. Si es así, vamos a cerrar el Canal, que es la obra que más daños ambientales ha creado.

  • Origen del estancamiento económico y la decadencia política

    Habernos acostumbrado al tamaño del mastodonte gubernamental y a lo profundo de su incursión en la vida de la población denota la malignidad de la patología que vive nuestra sociedad. Con sólo considerar el grado de confiscación fiscal existente en correlación con los resultados obtenidos debería ser obvio el problema. Pero así somos los humanos, realidad vertida en la historia bíblica de parte de la población judía que optó por no abandonar la esclavitud en Egipto al considerar las penurias que encontrarían en el desierto. Y en Panamá ciertamente encontraremos penurias muy pronto cuando ya no podamos seguir pagando los supuestos subsidios que muy poco o nada subsidian y son origen del estancamiento económico (y la decadencia política).

    No creo podemos encontrar mejor ejemplo del grado de violación de nuestros derechos fundamentales que los vividos y por vivir en la encerrona del COVID; como si no fuésemos más que una gran masa semoviente. Jamás olvidaré que una vez al entrar en Albrook Mall con un profesor visitante extranjero, un policía en la entrada me increpó que tenía la máscara muy baja, cuando a unos metros de distancia había mesas de comensales de un restaurante sin máscaras; y eso sólo un minúsculo detalle de la locura desatada.

    O, tal vez como cierta Big Tech clausuró nuestra revista electrónica por contenido inapropiado, referido a cosas como las que digo en este escrito. Sin embargo vieron bien las vacunas que poco o nada servían y que hoy admiten tienen efectos secundarios nada buenos. Pero del inmenso daño económico y social que pocos advierten aún está por delante, a raíz de la disrupción del mercado y los derechos humanos.

    Poco conocido y entendido el introito de la Constitución de Panamá que literalmente establece: “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad…” ¿Cuál libertad? ¿Acaso nuestros gobiernos se dedican a fortalecer la libertad, cuando hacen retenes delictivos, controles de precio, y violan toda clase de derechos?

    ¿Y cómo defender derechos cuando a través del tiempo hemos ido trastocando el sentido de las palabras?; tal como cuando un agente de tránsito viola tu derecho de transitar libremente para ver si dejaste vencer tu licencia, la placa o tal. Es decir, cometen un delito para ver si has cometido una falta.

    Lo que pocos entienden es que nuestros derechos son como la respiración, que si dejas de hacerlo, feneces. Presenciamos casos de esta índole por todas partes y no los advertimos. O está el caso de los llamados “subsidios” que nadie sabe su cantidad y costo. Y lo peor es llamar “subsidio” a lo que no subsidia sino todo lo contrario. Y si buscas el antónimo de subsidio te vas a divertir o frustrar.

    ¿Y qué de los “derechos” espurios que surgen día a día, que más que derechos son cartas a Santa? Llamar “derecho” a lo curvo no tiene sentido; máxime cuando esos falsos derechos terminan siendo la causa de la pobreza, tanto económica como la pobreza de conocimiento. Los verdaderos derechos son cosas que ya posees, tal como la vida, el pensamiento, la palabra, casa, celular, etc.; cosas que nadie tiene la razón o derecho de quitarte, tal como la vida, la palabra, el transitar y las cosas que son de tu propiedad.

    Bien lo señala Fin Andreen citando la primera oración de la Declaración de los Derechos Humanos: “La ignorancia, el olvido o el desprecio por los derechos humanos son las únicas causas del infortunio público y de la corrupción gubernamental.” Pero… cuando hemos delegado al corrupto colectivo político la educación de nuestros hijos; lo necio es pensar que no lo usarán para facilitar el pillaje.

  • ¿Qué subsidian los carnavales?

    Les ruego se refieran a un estudio realizado en el 2006 por nuestra empresa[download id=»19850″ template=»title»] , hoy en estado de hibernación por, en su momento, haberse negado a pagar las coimas del caso en concursos internacionales ganados en licitaciones públicas. El estudio deja reclara la corrupción que representan los subsidios y que terminan empobreciendo a la población de en dimensiones y maneras que pocos imaginamos. Y, aunque en el título de este escrito hablo de carnavales el lector quedaría atónito al ver, como dije, la dimensión del perjuicio socioeconómico.

    No más para iniciar el tema, veamos lo que publicó la Estrella de Panamá en relación a los carnavales del 2024 https://www.laestrella.com.pa/economia/derrama-economica-de-carnaval-2024-podria-superar-los-300-millones-XN6078011 cuando advierten que el derroche de subsidio podría superar los 300 millones. El problemita, si leyeron el estudio que hicimos en Goethals en el 2006, es el de la mentira cuando llaman “subsidio” a lo que no subsidia; o cuando califican la noducación del MEDUCA como “gratuita”; que es como decir que un cáncer metastásico es gratis y beneficioso.

    El artículo de la Estrella dice que “economistas y la JD del Carnaval capitalino estiman esta cifra como parte del consumo que circula en la economía…” Como bien señala Murray Rothbard en su magistral obra El Hombre, Economía y el Estado, “todo el dinero nunca se “mueve” en una misteriosa “circulación”; es decir, que si no la mueves en un carnaval la moverás por otro lado y lo más probable de manera más provechosa. En otras palabras, en todo momento existe una suma dada de dineros productos en dispersión y es peligroso y engañoso andar con la tontería de hablar del dinero en circulación como si esto fuese algo productivo. Y también el otro engaño de una “velocidad de circulación”. En fin, ojo con los llamados “economistas”, particularmente los del gobierno cuyo trabajo es complacer al político…

    Y peor cuando el artículo de la Estrella habla de “derrama económica”, como si las fiestas del Rey Momo, dios de la sátira las burlas y la mofa. ¿Realmente creen que estas cosas son productivas? Bueno… tal vez sí, para los políticos bribones.

    También señala el artículo que las fiestas del Momo son económicamente importantes para hoteles, transporte, gasolineras; lo cual lleva a preguntar: ¿Si no se hace el carnaval habría una merma económica? Bueno, tal vez lo que se propone es ayudar las economías de sitios carnavaleros del interior. Pero… ¿no habrá mejores formas de ayudar?, tal como reducir la corrupción gubernamental, mejorar la educación, etc.?

    Y si en Panamá no llueve, en Brasil no escampa, cuando allá se celebran los carnavales con verdadero fervor y aporte politiquero. Y… curioso que sus carnavales originaron como festivales católicos conocidos como paradas “blocos”. Por supuesto que cuando se da una gran presión social para el jolgorio los politicastros estarán allí con los billetes de los impuestos ansiosos por satisfacer su clientela. El asunto es si realmente ello es productivo.

    En el fondo está la falacia económica de mercados que quedan distorsionados por la mano politiquera de maneras que no advertimos; como bien advierte la ley económica formulada por Bastiat, sobre “lo que se ve y lo que no se ve». Se distorsionan las señales del mercado que, a su vez, distorsionan las asignaciones y eficiencia del gasto. El error está en creer que los gobiernos y sus manipuladores políticos son duchos en las asignaciones económicas… ¡ja!

    En síntesis, estamos frente a la falacia de la gobernanza emprendedora o empresarial, craso error sembrado en nuestra corrupta constitución y diseminada en el «no a la privatización».

  • El Regalierno Produce Pobreza

    El “regalierno”, como le llamo yo al gobierno regalón, empobrece a todos debido a que destruye el mercado o intercambio de bienes y servicios entre los ciudadanos; intercambio que es la base de la creación de riqueza humana.

    Buenos indicadores advierten que gran parte del mundo ya ha entrado en recesión o está entrando; lo cual nos lleva a definir de forma somera la recesión como una mala asignación de los recursos económicos por dislocados intereses politiqueros o peor, por intereses de pillaje, tan comunes en nuestro patio y más allá.

    Son muchos los factores que alteran el libre mercado llevándonos a ciclos recesivos; tal como cuando políticos amantes del clientelismo prometen aumentos de salario mínimo, control de precios, descuentos, subsidios y más subsidios. Como bien se ha dicho a cansancio “nada es gratis” en el regalierno y digo yo que toda carnada lleva anzuelo.

    En fin, nadie puede controlar los intercambios que se dan a diario entre millones de personas en el mercado. Lo que sí pueden hacer es cambiar las reglas del juego para servir intereses bastardos que piensan les pueden favorecer para llegar puestos de poder que les permiten robar a sus anchas.

    Dicho todo lo anterior, sí es cierto que la inflación ya está golpeando los bolsillos de todos; afectando más a unos que a otros ¡por supuesto! Y una vez más… “inflación” no es aumento de precios sino la pérdida del valor o poder adquisitivo de la moneda. En épocas cuando el dinero eran cosas como la sal, cacao y tal, si alguien traía cacao en cantidad de otras partes y lo tiraba al mercado, cuando intentabas pagar con él, te pedían más cantidad del mismo porque se había vuelto fácil de conseguirlo. Tan simple y tan difícil de entender.

    La verdadera asistencia económica social jamás debe ser parasitaria que llega para quedarse, ya que al final todos terminamos pagándola. Lastimosamente los mercaderes de la mentira han dado por llamar “derechos” a los subsidios; lo cual es ¡absurdo! Tal como tener derecho a subsidios pero no al libre tránsito que nos quitan grupos sindicales. Todos estos son factores que inciden en la recesión y crean pobreza: el regalierno.

    Luego, con cada nuevo regalón político, el gobierno sale a cacarear que debemos aumentar impuestos; con lo cual el gobierno de turno y los anteriores van tomando una tajada más grande de los panameños que realmente producen cosas y servicios de valor para destinar dichos recursos a malas inversiones y al pillaje. Lo que pocos ven es que el verdadero gasto que vale es la capacidad de gasto de la gente que es el motor de una economía sana.

    Bien dijo Rothbard que todo impuesto y el gasto resultante disminuye los ahorros y el consumo por parte de auténticos productores, y pasa al supuesto beneficio parasítico de los consumidores que nada producen.” Visto así, el gasto gubernamental no es una suma cero sino una suma negativa.

    Lastimosamente en Panamá demasiados creen que el gobierno es el motor de la economía cuando, en realidad, es el desastre de la misma. Panamá puede y debía ser el país más rico de América pero con la carga de maleantes que disque gobiernan… Y ¡por supuesto! que todo ello desincentiva a buen productor y convierte a muchos empresarios en coimeros ya que si no pagan los quiebran.

    Sin ahorro y la inversión privada no vamos a ningún lado. El secreto de nuestro progreso está en disminuir el gasto gubernamental. ¿Cuántos candidatos a las próximas elecciones prometen disminuir el inútil gasto central?

  • El Ocio Vacío: Pan, Circo y la Crisis de la Conciencia Ciudadana

    Desde tiempos antiguos, a los gobernantes les ha interesado mantener a las masas ocupadas con un ocio colectivo. Esta estrategia, lejos de enriquecer a los ciudadanos, ha servido como una vía de escape o distracción, desviando la atención de asuntos cruciales que, de recibir la debida atención, podrían impulsar a la ciudadanía a involucrarse en la solución de sus problemas reales. El dicho «Panem et circenses» de los romanos, o «Pan y toros» según los ilustrados españoles, refleja esta idea, que en la actualidad podría representarse como «pan y circo, /jamones/cualquier cosa «gratis» «.

    Este enfoque, al ofrecer entretenimiento vacío mientras no se cubren las necesidades básicas, parece haber encontrado lugar entre ciertos líderes políticos a lo largo de la historia. Sin embargo, en tiempos actuales, ¿es realmente prudente priorizar el ocio sobre asuntos cruciales?

    La reciente crisis sociopolítica ha traído consigo una serie de desafíos fundamentales. Podría pensarse que lo más urgente sería realizar las acciones politicas dolorosas que encausen la senda del crecimiento y progreso. Sin embargo, resulta sorprendente que, en lugar de atender a estas necesidades, se prioricen ya las entregas de pavos y jamones y comiencen ya los festejos de diciembre, otorgándole un espacio inverosímil en las noticias y medios de comunicación en un momento tan crítico.

    La famosa frase «Panem et circenses» tiene su origen en el poeta satírico Juvenal, quien lamentaba la pérdida de interés del pueblo romano por la política en su época. Se quejaba de la pasividad ciudadana, que solo buscaba «pan y circo». Este concepto se arraigó en una era marcada por el desarrollo del Imperio, donde el poder estatal prevaleció sobre las libertades individuales, y se impulsaron entretenimientos como las carreras de carros y los juegos gladiatorios para controlar y contentar a la plebe.

    El entretenimiento de masas en la antigua Roma, aunque heredero de la tradición griega, distaba mucho del refinamiento y la excelencia individual del atletismo griego. Mientras que en Grecia se promovía el ocio como un momento para el cultivo intelectual y el cuidado de la mente, en Roma, este ocio se convirtió en un espectáculo para las masas, buscando anular espiritualmente a los espectadores.

    Los paralelismos entre el circo romano y los estadios actuales no son difíciles de trazar. En la época de Juvenal, el entretenimiento baldío y la desviación de la verdadera reflexión cívica sirvieron para mantener al pueblo ocupado, distraído de asuntos más trascendentales. Esta estrategia, lejos de promover un ocio edificante, se convirtió en una herramienta de dominación y control social.

    En tiempos modernos, este fenómeno se ha replicado de diversas formas. El subsidiar a manos llenas y otras formas de entretenimiento vacío del cual son cómplices muchos del ambiente televisivo y periodístico, han ocupado el espacio que antiguamente se utilizaba para cultivar la mente y participar en la cosa pública. La vorágine de estímulos sin pensamiento crítico ha llevado a una pérdida de profundidad en la reflexión y la participación ciudadana.

    En resumen, la historia del «Panem et circenses» nos recuerda que el entretenimiento vacío, utilizado como herramienta de control y distracción, puede convertirse en un obstáculo para el desarrollo de una sociedad reflexiva y comprometida con resolver sus problemas reales. La priorización del ocio sobre las necesidades cruciales puede ser un indicio alarmante de los tiempos modernos, donde el entretenimiento trivial se ha convertido en el opio del pueblo, impidiendo una mayor conciencia y participación ciudadana en la solución de los problemas del mundo actual.

  • La cultura de la dádiva

    Mucho se habla de la importancia de “dar” pero muy poco acerca de cómo dar, ya que, como todo en esta vida, está el bienandar y el malandar o, tal vez podría decir, el “biendar” y el “maldar”. Escudriñemos un poco por estos senderos del actuar humano que tanto cacareamos y poco comprendemos. Y… ¡ha sí!, dádiva es la acción de dar gratuitamente. ¡jm!, el problemita es que “gratuito” también tiene sus vericuetos de entendimiento… ¡uf!

    “Vericueto”, es “un sitio difícil de acceder o transitar”, cosa muy cierta cuando hablamos de gratuito o de dádiva”, tal como ocurre con el engaño gubernamental de tantos “subsidios” que no subsidian. Y ello nos deja buscando el sentido del término “subsidio”: “sub”, lo que está por debajo y “sidium” del latín silla; es decir, la silla que está por debajo y nos sostiene. ¿Será cierto que los subsidios de la mafia política nos “sostiene”?

    Lo cierto es que ayudar y sostener al necesitado no es fácil. En la Biblia se habla de ayudar al prójimo; lastimosamente pocos recapacitan que el “prójimo” es aquel que está “próximo” o aquel que conocemos su realidad y necesidad y en virtud de ello mejor podemos ayudarle y ello no aplica al regalierno.

    Está el caso de mi empleada, persona humilde que almorzando con sus hijos, estos le cuentan que los hijos de la vecina no han comido, y mi empleada toma de su mesa y les manda comida. Como bien deben saber, esto no tiene ningún parecido a los llamados “subsidios” gubernamentales.

    Pero y hablando de subsidio o de lo que está por debajo; por debajo está el principio de la subsidiaridad: En la encíclica papal Centesimus Annus se nos advierte que “una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándola de sus competencias.”

    Y dicha encíclica abunda al decir que: “Al intervenir directamente y quitar responsabilidades a la sociedad, el estado asistencial provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de los aparatos públicos, dominados por lógicas burocráticas más que por la preocupación de servir a los usuarios, con enorme crecimiento de los gastos.”

    Hoy, en que Panamá se encuentra soliviantada por el tema minero es buen momento para reflexionar sobre estas cosas tan vitales para la sociedad o la asociación humana. Sí, el contrato minero es y es, pero por debajo de todo ello está el que históricamente hemos delegado a los gobiernos del estado lo indelegable; ya sea, los recursos del subsuelo, del aire, hídricos, marítimos y tal.

    ¿Acaso no hemos meditado acerca del inmenso error de haber encargado, no a los gobiernos, sino a la politiquería corrupta las cosas que son competencia de la población; me refiero al mercado, educación, minería, naturaleza, el aire, etc. Vuelvan a leer, más arriba, acerca de la subsidiaridad. Y, vayan meditando sobre el haber dado a la clase política la facultad de arrebatar los recursos económicos a los productivos para repartirlos alegremente entre los amigos del desgobierno.

    First Quantum es y es, sí, pero FQ no es el problema sino nosotros mismos que hemos, reitero, delegado lo indelegable a los pillos politiqueros; lo cual queda plasmado en ese decir: “robó pero le dio al pueblo”. Lo triste es que lo único que ha dado la corrupta clase política al pueblo han sido engaños y pobreza.

  • Subsidios gubernamentales: Un Análisis Crítico sobre su Efecto en la Economía y la Sociedad

    Los subsidios gubernamentales son un tema de discusión recurrente en el ámbito económico y político. A través de los años, se han justificado como herramientas para estimular la economía, apoyar a sectores vulnerables y promover el bienestar social. Sin embargo, un artículo escrito en 2006 por John Bennett cuestiona la efectividad y las consecuencias de estos subsidios, destacando las siguientes ideas clave.

    Subsidios: ¿Ayuda o Distorsión?

    Bennett comienza abordando la esencia de los subsidios. Estos son concesiones económicas otorgadas por el gobierno a ciertos grupos o individuos con el propósito de reducir los precios de los bienes de consumo final. La pregunta fundamental que plantea es si los subsidios realmente cumplen su objetivo. Según el autor, en muchos casos la respuesta es negativa.

    Los subsidios pueden generar distorsiones en la economía al distanciar a la sociedad de la comprensión de los verdaderos costos de producción y la competitividad. Además, fomentan la dependencia en lugar de la solidaridad, lo que va en contra del principio de subsidiaridad. La subsidiaridad defiende que una entidad superior no debe interferir en las actividades de una entidad inferior, a menos que sea absolutamente necesario para el bien común. Los subsidios, al contrario, a menudo provocan una falta de responsabilidad en la sociedad.

    Consecuencias Económicas y Sociales

    Bennett destaca varios problemas económicos y sociales asociados con los subsidios. En primer lugar, los subsidios pueden prolongar la existencia de empresas ineficientes a costa de las eficientes, lo que afecta la capacidad del mercado para adaptarse a las cambiantes realidades económicas. Esto conduce a un perjuicio para los consumidores, ya que se restringe su capacidad de elección y se generan distorsiones en los precios.

    Además, el autor argumenta que los subsidios crean castas y fomentan la politiquería en lugar de la eficiencia. Al otorgar subsidios, se premian hábitos ineficientes y se castigan los buenos. Además, los subsidios a los pobres pueden tener un efecto negativo al quitarles el incentivo para buscar soluciones por sí mismos, lo que genera más pobreza y crea un círculo vicioso.

    El Rol de la Libertad y la Subsidiariedad

    Bennett aboga por un enfoque basado en la libertad y la subsidiaridad como alternativa a los subsidios gubernamentales. La subsidiaridad sostiene que la sociedad florece mejor cuando diferentes organizaciones sociales tienen distintas funciones y no interfieren en exceso en las actividades de las entidades inferiores. La libertad, según el autor, es inherente a las instituciones humanas, incluyendo la política, la economía y la cultura moral.

    Un enfoque basado en la subsidiariedad y la libertad permite que las personas busquen soluciones por sí mismas y promueve la solidaridad. Bennett argumenta que la intervención del gobierno a menudo socava el imperio de la ley, un principio fundamental para una sociedad democrática.

    Conclusión

    El artículo de John Bennett ofrece una perspectiva crítica sobre los subsidios gubernamentales y destaca sus efectos negativos en la economía y la sociedad. Plantea la importancia de la subsidiaridad y la libertad como enfoques alternativos que promueven la responsabilidad individual y la solidaridad. Aunque escrito en 2006, las ideas presentadas siguen siendo relevantes en los debates actuales sobre políticas públicas y subsidios.

  • Celebremos la Resurrección

    Una estimada amistad, Richard Rahn, presidente de “Institute for Global Economic Growth”, economista y escritor más que prolijo, quien nos acompañó en Panamá en 1917 en ocasión del foro Pathways, en artículo del Washington Times, nos recuerda de que estamos en época de esperanza, de renovación en la resurrección. Es así ya que la humanidad no aprende y avanza sino a través de las tormentas de locura y corrupción que ponen en evidencia el mal camino y nos ayudan a retomar el bienandar.

    Es muy cierto que vivimos tiempos de líderes incompetentes, de tranques y baches en las calles. Pero, más que nada, de contratiempos económicos a causa de políticas económicas alocadas o, mejor dicho, completamente corruptas en malgasto. Nos endeudamos para sostener al gobierno desmedido cuyo principal objetivo apunta a perpetrarse en la papa. ¡Qué ingenuidad!, cuando lo que hacen les traerá todo lo contrario.

    La realidad es que vivimos tiempos de cambio y adaptación. Tiempos en los cuales se dará avances en la medicina, a punto que lograremos vencer a la mayoría de las enfermedades y prolongar nuestras vidas. Avances que, con el tiempo, reducirán los costos de vida de forma inimaginable.

    Y, a todo ello, nos daremos cuenta de la forma torcida en que muchos intentan torcer realidades; tal como la del cambio climático, que pintan como un fenómeno nuevo y destructivo, cuando la naturaleza del mismo Universo es una de cambio. Cuando se acaben los cambios se acaba el Universo. Pero, el mayor de los peligros y maldades que nos asedian están en la locura de tantos que adversan los verdaderos derechos humanos de libertad y autodeterminación; sin los cuales la humanidad no puede acceder a su destino de un mañana en el cual podremos mover montañas.

    Ya la ciencia asoma a la energía de fusión, limpia, segura, ilimitada y económica. Y tal como lo advierte Rahn, “ló único que hace falta es que la clase política comience a actuar como adultos y nos den el permiso…” permiso de administrar nuestras vidas y nuestro futuro. Rahn también nos habla del desastre de nuestros sistemas que osamos llamar “educativos”. De lo triste que es mantener a toda una juventud sumida en mazmorras como las del MEDUCA.

    También por el lado oscuro de la Fuerza vemos el movimiento “woke”, que traduce a “estar al tanto y activamente atento a las realidades sociales, en particular a las del racismo.” Suena medio bonito pero debajo de todo ello subyacen los efectos que nos trae la mala educación, la politiquería de arrabal y entro otras más, la Babel idiomática en la cual pretenden cambiar la forma en que hablamos y pensamos; es decir, asignar nuevos sentidos a las palabras, con lo cual llegaremos a tal punto que unos y otros no podremos comunicarnos.

    La realidad es que la verdadera prosperidad no nos llegará por la vía de los partidos políticos tradicionales y corroídos; sino, a través de mercados desembarazados que permitan que sean los ciudadanos los que marquen el compás de su andar. De ciudadanos cuya única esperanza de vida no sea la de un jamón en Navidad.

    En fin, y vuelvo a citar a Rahn: “La buena nueva es que la locura del momento pasará, tal como ha ocurrido siempre.” Debemos estar atentos a las nuevas oportunidades que se presentan y van en aumento. Oportunidades de dejarles un mundo mejor a nuestros hijos. Un mundo cuyo objetivo será viajar a nuevos puertos; de manera que una vez más tomemos conciencia de que el mundo no es plano… el mundo no tiene límites.

  • Impuestos a los ricos y subsidios a los pobres?

    Quiera que no, el subsidio es una forma de intervención confiscatoria gubernamental ya que sólo existe por vía de los impuestos. El problema es que no podemos subsidiar a todos para siempre, pues los numeritos no salen.

    ¿Cuán a menudo cuestionamos la eficacia de los subsidios, así como su sostenibilidad en el tiempo? Si lo hiciésemos a conciencia, lo más probable es que caeríamos en cuenta de que no contribuye a la solución de la pobreza sino todo lo contrario.

    El subsidio supone ser una asistencia dada a personas o sectores necesitados que, idealmente, será productiva para quienes reciben la asistencia y no para el dadivoso político. En inglés se usa el término «entitlement» que no tiene vocablo único en el castellano pero que está asociado a la palabra «titular» o documento jurídico en el que se otorga un derecho, pero cuidado que tal derecho podrá ser legal pero no real; es decir, no devienen de los derechos intrínsecos del ser humano, sino inventado por irreales actores políticos.

    Quiera que no, el subsidio es una forma de intervención confiscatoria gubernamental ya que sólo existe por vía de los impuestos. El problema es que no podemos subsidiar a todos para siempre, pues los numeritos no salen. Estas «benevolencias» politiqueras siempre crecen y terminan con aumentos impositivos y con bien se ha dicho: «el Estado es esa entidad ficticia mediante la cual todos quieren vivir a costillas de los demás».

    Debemos tener presente que toda confiscación de la propiedad va por el camino del socialismo del parte y reparte, en dónde siempre los más vivos se quedan con la mejor parte. Desafortunadamente la opinión popular se inclina a creer que el quitarles a ricos mediante los impuestos no les afecta es andar por buen camino. ¡Más equivocados no pueden estar!.

    La dura realidad es que la inmensa mayoría de “ricos” apenas utiliza para su vida y diversión una mínima parte de sus patrimonios; eso, si es que quiere seguir siendo rico; ya que, si no ahorra e invierte, los más probable es que quede pidiendo subsidio junto a los pobres. Pero, a todo ello, ese ahorrar e invertir es el motor de la economía esencial para dar trabajo al resto de la población.

    Y no es que los impuestos sean malos. El mal está en los impuestos exagerados que no sólo confiscan capitales productivos sino los desvían hacia actividades poco o nada productivas. O peor, al despilfarro y hasta el pillaje.

    A los demagogos les fascina decir que «los ricos tienen que pagar». Si se tratase de políticos honestos, deberían decir, «esto nos saldará caro a todos». El secreto del buen gobierno es usar lo menos posible del ahorro ciudadano para cumplir con las funciones esenciales de gobierno. Lo contrario siempre conlleva la disminución de los salarios y la elevación del costo de vida.

    El subsidio, sea eléctrico, gas, viejitos y demás, sólo se justifica como medida provisional de urgencia, pero jamás debería perpetuarse y los ejemplos del por qué no, abundan. Los vemos hoy en el aumento de los precios de todo. Y lo más triste y siniestro es escuchar a tantos despistados que al ver esos aumentos acusan de que el empresario se aprovecha y vuelve más rico. Mis estimados, lo que conviene al rico no es una población de pobres sino una de ricos; y los únicos despistados que no parecen entenderlo o no les importa son los pervertidos politicastros.

  • La intervención estatal y los malos incentivos que genera

    La intervención, quirúrgica o gubernamental, es cosa muy delicada. Pero, en particular las gubernamentales debemos verlas con inmenso recelo, dada su propensidad politiquera y corrupta. En el caso de la intervención quirúrgica, el cirujano tiene buenos incentivos para salvar y mejorar la salud del paciente; pero, en la arena política, los incentivos se inclinan a lo negativo. Sólo a manera de ejemplo, el cirujano sigue siendo cirujano luego de las elecciones; pero, el político, si es honesto y no promete el cielo y la tierra, lo más probable es que quede fuera de la jugada. Este es un problema cultural y tema de otro escrito.

    El ciclo económico típico tiene razones propias del mercado, tales como malas inversiones, que el mercado capta en sus señales de precios, llevando a las correcciones del caso. Las depresiones profundas típicamente se deben a la intervención gubernamental, de forma tal que anula los mecanismos correctores del libre mercado, lo cual prolonga y profundiza la crisis. En tal situación es probable que se llegue al grado de “estanflación”, como en 1970. La mala intervención se manifiesta con controles de precios, incluyendo los salarios, intervención en las tasas de intereses; y, ni hablar de lo que vivimos durante los encierros vacunos del COVID.

    Luego viene el gasto gubernamental deficitario, planillas abultadas y hasta groseras, supuestamente para dar asistencia; pero… el asunto es ¿asistencia a quiénes? Obvio que a los amiguitos o buenos clientes. Luego vienen los rescates a empresas que según los “expertos” que no se puede permitir que colapsen. Y si estas cosas no alcanzan, entonces vemos, tal como en los EE.UU. de Biden, astronómicas intervenciones económicas en supuestos proyectos de infraestructura. Y parte del engaño consiste en llamar “infraestructura” al parte y reparte, que permite quedarse con la mejor parte. Entonces, cuando todos esos esfuerzos interventores no funcionan y la economía se desploma, se van en busca de chivos expiatorios.

    La virulenta noción de que un gasto, o mal llamado “incentivo gubernamental”, pueda ser buena medicina es, no sólo absurda sino ridícula. Y ni hablar cuando la politiquería gubernamental decide redirigir gastos de supuestas inversiones hacia proyectos o programas populares; lo cual no está basado en criterios de emprendimiento sino del clientelismo político.

    Y más allá aún, están los supuestos subsidios que no subsidian, sino que crean dependencia y servidumbre. Los fondos de subsidio tienen que salir de algún lado. Salen del bolsillo de empresas y personas que han sabido producir. Pero si les quitas a éstos, bajo la suposición de que tío gobierno le va a dar mejor uso, entramos en el ámbito del engaño patrañero. Y los que terminan pagando el mayor precio son, precisamente, los más necesitados.

    Todo lo señalado nos retrotrae a esas actividades politiqueras que desvían la atención e inversión hacia áreas o actividades que procuran valerse de los supuestos regalos de incentivo; que distrae de la actividad económica productiva. Los agentes gubernamentales, que saben de los negocios oscuros, pero poco de los claros, desvían los dineros de actividades productivas.

    Semejantes artimañas politiqueras caen en el área de lo azaroso moral. A su vez, lo azaroso moral, que infecta la actividad gubernamental, afecta la actividad empresarial; que prostituye creando coyundas público/privadas perjudiciales.

    Tal vez el mejor ejemplo de intervencionismo castrante lo estamos viviendo hoy con la absurda intervención estatal en lo del COVID. Es la intervención miope que sólo ve y busca la ilusa “solución” del momento, sin ver que a más largo plazo el problema ya no será el COVID sino el virus interventor de la economía; el cual es aún más mortal que aquel de Wuhan.