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  • Trump, Brexit… ¿Vamos a un nuevo orden fiscal internacional?

    Trump, Brexit… ¿Vamos a un nuevo orden fiscal internacional?

    Donald Trump ha conmemorado sus 100 primeros días en la Casa Blanca con el anuncio de una propuesta de reforma fiscal que incluye una agresiva rebaja del Impuesto de Sociedades. De cumplirse los planes del presidente, el tipo general pasaría al 15 por ciento. Además, el mandatario ha puesto encima de la mesa la transición hacia un sistema territorial, lo que supondría el fin del pago de impuestos por beneficios obtenidos en el extranjero.

    La propuesta de Trump está pendiente de aprobación en el Congreso y el Senado. La mayoría republicana en ambas cámaras invita a pensar que, en efecto, habrá una rebaja importante del Impuesto de Sociedades, aunque está por ver si los legisladores llegarán tan lejos como propone el presidente Trump. Pero, mientras Washington concreta su revolución fiscal, las propuestas de la Casa Blanca ya están causando nerviosismo al otro lado del charco.

    La respuesta de Bruselas

    En Bruselas, la primera reacción ha sido reveladora. Casi doscientos eurodiputados socialdemócratas del Parlamento Europeo han reaccionado a la propuesta de la Casa Blanca con un comunicado en el que denuncian que las rebaja de Trump “es una amenaza al trabajo de la OCDE, el G-20 y la UE, que están avanzando hacia el establecimiento de un sistema tributario justo y eficiente, que ponga fin a la erosión de las bases tributarias”. Los socialdemócratas también apuntan que “reducir al 15 por ciento el Impuesto de Sociedades y adoptar un sistema tributario de corte territorial puede invitar a los gobiernos de otros países a entrar en una carrera hacia abajo, con continuos recortes del tipo impositivo cobrado a las empresas. Esto favorecería principalmente a las grandes multinacionales e impondría desventajas competitivas al resto de compañías”.

    Especialmente dura ha sido la respuesta de Paul Tang. Este político holandés, también adscrito a la bancada socialdemócrata, es una de las cabezas visibles de la Unión Europea en el grupo de trabajo llamado a impulsar la armonización del criterio de cálculo del Impuesto de Sociedades en el Viejo Continente. Tang afirmó que la rebaja propuesta por Trump “es una vergüenza” y resulta “similar a las medidas proteccionistas desatadas en la década de 1930, con el objetivo de empobrecer al país vecino”.

    Por su parte, la Comisión Europea ha guardado un revelador silencio, pero su servicio de comunicación ha terminado declarando a la agencia Bloomberg que “debido a su poder e influencia en la economía global, el gobierno de Estados Unidos debe jugar un rol central en la lucha contra la evasión fiscal, tal y como está haciendo la Unión Europea. Estados Unidos ha apoyado las medidas que han impulsado la OCDE y el G-20. Esperamos que siga siendo así”.

    La respuesta de Londres

    En Reino Unido, que ya se prepara para negociar su salida de la Unión Europea, el anuncio de Trump no ha cogido a nadie por sorpresa. Según me explica Mark Field, uno de los diputados más cercanos a la primera ministra, Theresa May, “se ha hablado mucho del riesgo que supone el Brexit para la City londinense, pero creo que el principal peligro que enfrentamos no es que las empresas financieras se vayan a París o a Frankfurt, sino que se vayan a Estados Unidos, donde se están anunciando cambios muy importantes”.

    Tras el referéndum del pasado 23 de junio, en el que una mayoría de los británicos optó por abandonar la UE, el entonces titular de la cartera de Finanzas, George Osborne, puso encima de la mesa el recorte del Impuesto de Sociedades. “Tenemos que demostrar que seguiremos poniéndole las cosas fáciles a las empresas. Por eso, tenemos que llevar el Impuesto de Sociedades del 20 al 15 por ciento”, afirmó en las páginas del Financial Times.

    La dimisión de David Cameron y la llegada al poder de Theresa May se tradujo en el relevo de Osborne. Su sucesor en el cargo, Philip Hammond, ya ha advertido que “todo dependerá de la negociación con la Unión Europea, pero si se pretende dejar a Reino Unido fuera del mercado único, tendremos que recuperar esa competitividad bajando el Impuesto de Sociedades”. De momento, Hammond ha confirmado que, entre 2018 y 2020, el tipo general de dicho impuesto pasará del 20 al 17 por ciento.

    Un nuevo paradigma

    Aunque no todos los gobiernos del Viejo Continente están a favor de limitar la competencia fiscal, los técnicos de la Unión Europea y los Ejecutivos de Alemania y Francia llevan años defendiendo desde las instituciones comunitarias una agenda de armonización tributaria que poco a poco ha sido asumida por la OCDE y el G-20. Pero el impulso definitivo a esta campaña por los impuestos altos ha venido del otro lado del Atlántico, especialmente en los años de gobierno de Barack Obama.

    La victoria de Trump puede suponer un cambio de tendencia y abrir un nuevo paradigma. En clave fiscal, las reformas que ha propuesto el presidente ya están teniendo importantes consecuencias en la política tributaria del resto de países desarrollados. Pero otro efecto del plan de la Casa Blanca es un refuerzo de la campaña para abolir FATCA. Esta norma, que se está extendiendo a nivel global vía acuerdos bilaterales, fuerza a las entidades de otros países a “identificar” e “informar” sobre cuentas vinculadas a ciudadanos estadounidenses o residentes fiscales en el país norteamericano, bajo amenaza de duras sanciones.

    Ya en 2014, el Comité Nacional del Partido Republicano pidió formalmente la retirada de FATCA. Ahora, con Trump en la Casa Blanca, los esfuerzos para acabar con estos tratados se están redoblando. Legisladores como Rand Paul y grupos de la sociedad civil como Americans for Tax Reform ya están abanderando la eliminación de FATCA, en el marco de la reforma fiscal que prepara Washington.

    Este giro por parte de Estados Unidos dejaría a la Unión Europea en una situación muy precaria. Las campañas de armonización descansan sobre una premisa central: la adopción de una posición común defendida por los gobiernos más poderosos del mundo. Si Trump se desmarca de esa alianza y Reino Unido sigue su propio camino tras el Brexit, las iniciativas contra la competencia fiscal van a quedar muy tocadas y las políticas tributarias van a recuperar la tónica de décadas pasadas, en las que el objetivo central no era exprimir al contribuyente sino ganar atractivo para impulsar el crecimiento al calor de un marco fiscal más atractivo.

    ¿La guerra fiscal?

    Todo lo anterior puede terminar desencadenando una oleada de rebajas fiscales que aceleraría el pulso de la competencia tributaria y frenaría los excesos armonizadores de los últimos años. Hay razones para pensar que esas dinámicas van a fortalecerse: basta con mirar lo ocurrido en los últimos doce meses para comprobarlo.

    En Francia, el triunfo de Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales puede suponer una importante rebaja del Impuesto de Sociedades. En Suiza se acaban de modificar las normas de la fiscalidad empresarial, para dejar el tipo efectivo en el 14 por ciento. Bélgica también ha movido ficha y quiere reducir su tasa del 34 al 20 por ciento. España viene de reducir Sociedades del 30 al 25 por ciento. En Letonia, donde ya hay un flat tax del 15 por ciento, se va a aprobar una base imponible alternativa, que permitirá cambiar el tipo único por una tasa equivalente a 2.500 euros por trabajador. En Hungría, el tipo general va a caer del 19 al 9 por ciento. En Estonia, el tramo es del 20 por ciento pero no se cobra sobre el beneficio, sino únicamente en el reparto de dividendos. Irlanda sigue ofreciendo un tipo del 12,5 por ciento, pero además ha introducido un gravamen del 6,25 por ciento para los beneficios derivados de patentes registradas en la isla. Y también se anuncian medidas interesantes en Israel, Australia, Eslovaquia, Polonia, Noruega, Países Bajos…

    Las políticas dictadas desde Bruselas nunca han tenido tan poca influencia como en 2017. La incapacidad demostrada por las instituciones comunitarias desde el estallido de la Gran Recesión ha disparado el euroescepticismo y ha dejado en una posición muy precaria a quienes defienden las políticas de la armonización.

  • El Mundo entre la Impunidad, el Terrorismo y la Demagogia

    El Mundo entre la Impunidad, el Terrorismo y la Demagogia

    Lo menos que puedo decir es que es un hecho insólito la actitud de Almagro frente Maduro en Venezuela en tanto que se ignora la situación política de Cuba en los últimos 58 años, así como la falta de libertad que prevalece no obstante el acuerdo con Obama. Este juicio no significa que esté en desacuerdo con el reconocimiento de la lamentable situación política y económica de Venezuela. Mi interés se limita a preguntarme cual es la razón de la preocupación por la situación de Venezuela y la indiferencia ante la desgracia del pueblo cubano.

    En su informe Almagro señala que en Venezuela la Constitución ha dejado de tener sentido. Y más aún después que la Corte Suprema pretendió un golpe de Estado constitucional, por más que el mismo haya sido revocado por Maduro, pero el poder absoluto permanece. En Cuba no tiene sentido la arbitrariedad absoluta del poder político en manos de los Castro desde el año 1959. Al mismo tiempo señala y con razón que Venezuela es un país hundido en la opresión. Por supuesto la represión es el nombre de la ley en Cuba como bien lo señala Rosa María Payá en su carta a Almagro donde le señala que en Cuba no hay libertad.

    Por su parte algunos países latinoamericanos se han reunido para solicitar la liberación de los presos políticos en Venezuela para. Por supuesto se ignoran los presos políticos en Cuba. Aun después del acuerdo con Obama se continuó apresando hasta la fecha. Pero más recientemente la reunión organizada por la OEA, muchos de los países latinoamericanos no asistieron. No obstante la OEA logró aprobar una resolución que declara una violación del orden constitucional en Venezuela. Por supuesto asimismo se ignora que el hambre es hoy la amenaza del día en Cuba. Un país que en 1959 tenía el mayor nivel de vida en América Latina.

    Pasemos a otro tema vigente en la actualidad y del cual hoy da noticia lo ocurrido en el tren ruso. Es decir el terrorismo es la guerra del siglo XXI. Pero al mismo tiempo se ignora el terrorismo que tuvo lugar en América Latina organizado en Cuba y financiado por la Unión Soviética. En aquella oportunidad el terrorismo era una guerra fundamentalmente interna a favor del poder político absoluto en nombre del comunismo. O sea la cubanización de América Latina. Y recordemos con el Che a la cabeza. Hoy ante el impacto de la creación de las armas nucleares, que como bien señalara Juan Pablo I “no eran bélicas sino disuasorias” el terrorismo entraña un restablecimiento histórico del enfrentamiento del Occidente con el Oriente.

    Debemos recordar la sabiduría de David Hume cuando dijo: “La historia es un aprendizaje”.Y efectivamente hemos olvidado las Cruzadas, que hoy según una reciente información se enseñan en los colegios islámicos. Y por supuesto es mi criterio que la mayoría de los países islámicos viven hoy el panorama político que enfrentara Occidente antes de la llegada del liberalismo. Es decir a partir de la Glorious Revolution en Inglaterra en 1688 y seguidamente en Estados Unidos con la Constitución de 1787.

    Como bien señalara Montesquieu en Las Cartas Persas, en aquella época los musulmanes consideraban que los cristianos eran los que más se mataban entre ellos. Así en la guerra de los Treinta Años- 1618-1648- murió la mitad de la población de Europa continental. Igualmente debemos tener en cuenta que si en 1600 en Inglaterra hubiese habido libertad religiosa, los Estados Unidos no existirían. La religión determinaba el poder, y como he repetido hasta el cansancio, cuando el que gobierna es Dios el que se le opone es hereje y hay que matarlo. Tal fue la época de la Inquisición en Europa y hoy parece prevalecer en el Medio Oriente.

    Pues bien en los países musulmanes no han separado la religión de la política que como antes dije prevaleció en Occidente hasta que se cumplió la premisa de Adam Smith cuando predijo: “Habrá libertad religiosa cuando haya multiplicidad de sectas” Y esto ocurrió en Estados Unidos con la llegada de los pilgrims. Y por supuesto ese principio se estableció en la Constitución de 1787 y el Bill of Rights de 1791.

    La situación del aparente enfrentamiento con el Medio Oriente se empeoró como consecuencia de la política del presidente Carter que provocó la caída del Sha de Irán que era partidario de Occidente, y su consecuencia la llegada de los Mullah. Irán hoy representa el mayor riesgo en el Medio Oriente, no solo por el enfrentamiento con Occidente, sino inclusive entre ellos. El Islam tiene dos religiones internas, los sunnitas y los shiitas y aparentemente ese enfrentamiento se encuentra entre Irán e Irak y también con Arabia Saudita. Y como si fuera poco se produjo el ataque del gobierno de Bashar al-Assad en su propio país con armas químicas.

    Por último pero no menos importante es la situación interna de Occidente plagada de populismo de izquierda y de derecha, tal como la describe Fareed Zakaria en su reciente artículo en Foreign Affairs “Populism on the March.” Es decir por una parte el socialismo y por la otra el nacionalismo. Ello implica en primer término el incremento del gasto público que ha tenido lugar y que como se sabe determina la tasa de crecimiento económico. Hoy el nivel del gasto público en la Unión Europea fluctúa alrededor del 50% del PBI y en Francia alcanza al 57% del PBI. Por esa razón entre el 2008 y el 2016 la Unión Europea no ha crecido y la de Italia cayó en un 10%.

    El otro problema que está afectando a la Unión Europea ha sido el EURO. Si no se dispone de una moneda que se pueda devaluar aumentan los precios internos en relación a sus socios comerciales. La consecuencia es la caída en las exportaciones y por ello es Alemania cuya productividad ha crecido la que tiene el mayor superávit comercial en la Unión Europea. La Argentina es un ejemplo de la problemática que ello implica y esa situación se ha repetido y alcanzó al período del uno a uno.

    Por la otra parte el nacionalismo con la Sra. Marine Le Pen en Francia está provocando una tendencia política a salir de la unión. En Estados Unidos con la llegada de Donald Trump ha surgido la tendencia al proteccionismo. De la otra parte el nacionalismo ha provocado el Brexit que como bien reconoce The Economist no solo perjudica a la Unión Europea sino también a Inglaterra. En primer lugar porque el 40% de las exportaciones inglesas van a la Unión Europea y todo parece indicar que la Sra. Merkel no está dispuesta a tener un acuerdo comercial con Inglaterra. Y por la otra se incrementado la tendencia de Escocia de salir del Reino Unido y permanecer en la Unión Europea.

  • Las Elecciones Francesas; Derecha e Izquierda

    Las Elecciones Francesas; Derecha e Izquierda

    Las recientes elecciones francesas constituyen una prueba más de la confusión que reina en el llamado mundo Occidental y Cristiano. Cuando tenemos en cuenta las diferencias de las respectivas filosofías políticas de los candidatos, nos encontramos ante un mundo incierto, que a mi juicio ignora los principios que determinaron la situación del mundo en que vivimos. Mundo que tomamos por dado y que en gran medida se vitupera como capitalismo, el sistema que lo creo tan solo a partir de hace unos doscientos años. Tal como lo describe William Bernstein en su “The Birth of Plenty”: “hasta principios del siglo XIX el mundo vivía como vivía Jesucristo”.

    Empecemos con la Sra. Marine Le Pen, que ganó el segundo lugar en las elecciones. ¿Qué es la extrema derecha? Aparentemente se entiende por extrema derecha el Fascismo, plagado de nacionalismo. Al respecto se ignora que el origen del fascismo surge del socialismo, tal como lo define Von Hayek en su “The Road To Serfdom” y lo interpreta Ernst Nolte en “Three Faces of Fascism”. Tanto uno como otro tratan de ignorar los derechos individuales en nombre de la organización. Y como bien reconoce Hayek el fascismo y el marxismo son el producto de la filosofía que produjeron grandes pensadores de Europa, que generaron la teoría del Estado de Fichte, Lasalle y Robertus, y por supuesto Spengler y a la que adhirió Hegel y desde mi punto de vista incluyo a Kant. Esa teoría, tal como la describe Hayek, parte de que: “El estado no está fundado y formado por individuos, ni tiene el propósito de servir ningún interés particular. Es el sistema en el que el individuo no tiene derechos sino solo deberes”. Así lo reconoció Kant.

    El fascismo que surgió de Italia con Mussolini es otra muestra de su origen socialista, hoy aparentemente reconocido por la extrema derecha. Mussolini era socialista y aparentemente leyó a Lenin que escribió en reconocimiento del fracaso del comunismo “La Nueva Política Económica” donde dijo: “Los capitalistas están entre nosotros. Están operando como ladrones; ellos tienen ganancias; pero ellos saben cómo hacer las cosas”. Y no olvidemos que en Francia el líder del Fascismo, surgido del marxismo, fue Charles Maurras y su creación la Acción Francesa. O sea que todo parece indicar que de la descripción que se hace del pensamiento de Marine Le Pen, Maurras está de vuelta en Francia.

    En otra descripción del resultado de las elecciones francesas, Emmanuel Macron quien ganó las elecciones con el 23% de los votos es pro europeo y liberal, en tanto que Francois Fillon que es de centro derecha quedó en tercer lugar con el 18,8% de los votos, ganándole al líder de la llamada ultra izquierda Jean-Luc Melenchon por 0,5%. Ahora nos hacemos otra pregunta: ¿Qué es ser liberal y qué es la centroderecha? El liberalismo fue el resultado de los principios que estableciera John Locke, que transformaran la historia del mundo, comenzando con la Glorious Revolution en Inglaterra en 1688, que más tarde determinara la más conocida Revolución Industrial. Por supuesto con el pensamiento de David Hume y Adam Smith incluidos determinaron en Estados Unidos la aprobación de la Constitución de 1787 y el Bill of Rights de 1791. Así surgió el Rule of Law, denominado por Marx ‘capitalismo’ para descalificarlo éticamente como la explotación del hombre por el hombre.

    Queda la problemática pendiente de definir qué es la centro derecha, y que es ser liberal en Francia. ¿Cuál es la filosofía que difiere de los principios liberales que parten del reconocimiento de la naturaleza humana?, y por ello en primer término Locke dijo: “Los monarcas también son hombres”. Por tanto definió la necesidad de controlar el poder político. Y ese principio fundamental se estableció en Estados Unidos a partir de la institución de la denominada “judicial review”. La misma surgió a partir del caso de Madison vs. Marbury en el que el Juez Marshall definió la función y el deber del Poder Judicial de decir que es la Ley de acuerdo a la Constitución.

    Hasta donde yo conozco la historia esa institución no se impuso en ninguno de los países europeos, ni aun en Inglaterra donde no hay Constitución y por tanto el supuesto control del poder se encuentra absolutamente en el Parlamento. Por ello cuando vino Attle después de la Segunda Guerra Mundial, violando los derechos de propiedad destruyó la economía inglesa. Inglaterra tuvo que esperar la llegada de Margaret Thatcher para recuperar su situación económica, hoy igualmente deteriorada como consecuencia de la influencia del partido laborista para aumentar el gasto público al 49% del PBI.

    Entonces ¿qué es estar a favor de Europa, tal como se dice de la posición de Macron? Evidentemente esa posición no implica un acuerdo ideológico o filosófico, sino tan solo mantener la permanencia de Francia en la Unión Europea. No es que crea que el Brexit es una buena decisión apara Inglaterra y que también es el propósito de Marine Le Pen, pero no debieran caber dudas de la crisis de la Unión Europea causada en primer lugar por el Euro. Al respecto Andrew Moravcsik escribió en Foreign Affairs: “Europe’s Ungly Future” y allí describe la problemática que causa la imposibilidad de que los países aprecien su moneda y como la productividad alemana crece, y sus socios comerciales no tienen la posibilidad de depreciar su moneda, ello produce un incremento de la demanda por los productos alemanes.

    Pero el problema que enfrenta la Unión Europea no se limita al Euro y está descripto en otro artículo de Foreign Affairs “Capitalism in Crisis” de Mark Blyth. En el mismo señala que la crisis del capitalismo se debe al aparente conflicto con la democracia. Ahora aparece la ética de la igualdad y el capitalismo supuestamente genera desigualdades. Por tanto el socialismo que ahora se le denomina populismo domina la democracia. Consecuentemente la Unión Europea tiene un gasto público que ronda el 50% del PBI, y en Francia ya alcanza al 56% del PBI. Y como bien señala George Gilder, “el gasto público no es parte del producto sino del costo de producir”. Consecuentemente Europa no crece y hasta la fecha no sabemos de ninguno de los candidatos a la presidencia de Francia se haya manifestado al respecto de reducir el gasto.

    Aparentemente la discusión política en Francia parece limitada entre el nacionalismo y el socialismo. Es decir entre el populismo de derecha y de izquierda. Entonces tenemos una deuda pendiente respecto a la definición de la derecha, de la extrema derecha, la izquierda y la centroizquierda. Y ahora tenemos pendiente a Estados Unidos con el nivel de gasto más elevado de su historia rondando el 40% del PBI. Pero siguiendo con nuestra duda, ¿Es posible saber si los Founding Fathers eran de extrema derecha? Hasta 1918 solo el 20% de la población tenía derecho a votar.

    En la carta 10 de El Federalista James madison escribió: “Hombres de temperamento faccioso, de prejuicios locales, o de siniestros designios, pueden por intriga, por corrupción o por otros medios, primero obtener los sufragios, y después traicionar los derechos de la gente” O sea se manifestó frente a la democracia mayoritaria y a favor de la república tal como había dicho Aristóteles 2500 años antes. Lo cierto al respecto es que cuando establecieron la Constitución de 1787 y el sistema del Rule of Law, o sea el respeto por los derechos individuales y que el gobierno estaba formado por hombres que no eran ángeles, lograron que cien años los Estados Unidos pasaran a ser la primera economía mundial.

    Ahora llegó Donald Trump quien parece seguir una política contraria a la definida por los Founding Fathers y lo podríamos considerar populista de derecha. O sea a favor de la Nación. Por ello tiene encuentros con su propio partido y no sabemos a dónde vamos. Pero en tanto y en cuanto no decida reducir el gasto y las crecientes regulaciones que complican las decisiones económicas difícilmente se recuperará la economía americana. Y ese es el proceso que habría determinado la decadencia del crecimiento económico en la Unión Europea. ¿Qué pasaría si Marine Le pen gana y separa a Francia de la Unión Europea y siguiendo los pasos de Trump impide la inmigración? Hasta ahora son sus únicas prédicas políticas. Así tampoco conocemos la política a seguir del liberalismo de Macron salvo que no se separara de la Unión Europea. Pero que hará con el Euro y con el nivel del gasto. No sabemos. “El futuro es semper incertum”.

  • The U.N. Has Absolutely No Idea How Economic Growth Works

    The U.N. Has Absolutely No Idea How Economic Growth Works

    I’ve been at the United Nations this week for both the 14th Session of the Committee of Experts on International Cooperation in Tax Matters as well as the Special Meeting of ECOSOC on International Cooperation in Tax Matters.

    As you might suspect, it would be an understatement to say this puts me in the belly of the beast (for the second time!). Sort of a modern-day version of Daniel in the Lion’s Den.

    These meetings are comprised of tax collectors from various nations, along with U.N. officials who – like their tax-free counterparts at other international bureaucracies – don’t have to comply with the tax laws of those countries.

    In other words, there’s nobody on the side of taxpayers and the private sector (I’m merely an observer representing “civil society”).

    I could share with you the details of the discussion, but 99 percent of the discussion was boring and arcane. So instead I’ll touch on two big-picture observations.

    What the United Nations gets wrong: The bureaucracy assumes that higher taxes are a recipe for economic growth and development.

    I’m not joking. I wrote last year about how many of the international bureaucracies are blindly asserting that higher taxes are pro-growth because government supposedly will productively “invest” any additional revenue. And this reflexive agitation for higher fiscal burdens has been very prevalent this week in New York City. It’s unclear whether participants actually believe their own rhetoric. I’ve shared with some of the folks the empirical data showing the western world became rich in the 1800s when fiscal burdens were very modest. But I’m not expecting any miraculous breakthroughs in economic understanding.

    What the United Nations fails to get right: The bureaucracy does not appreciate that low rates are the best way of boosting tax compliance.

    Most of the discussions focused on how tax laws, tax treaties, and tax agreements can and should be altered to extract more money from the business community. Participants occasionally groused about tax evasion, but the real focus was on ways to curtail tax avoidance. This is noteworthy because it confirms my point that the anti-tax competition work of international bureaucracies is guided by a desire to collect more revenue rather than to improve enforcement of existing law. But I raise this issue because of a sin of omission. At no point did any of the participants acknowledge that there’s a wealth of empirical evidence showing that low tax rates are the most effective way of encouraging tax compliance.

    I realize that these observations are probably not a big shock. So in hopes of saying something worthwhile, I’ll close with a few additional observations

    • I had no idea that people could spend so much time discussing the technicalities of taxes on international shipping. I resisted the temptation to puncture my eardrums with an ice pick.
    • From the moment it was announced, I warned that the OECD’s project on base erosion and profit shifting (BEPS) was designed to extract more money from the business community. The meeting convinced me that my original fears were – if possible – understated.
    • A not-so-subtle undercurrent in the meeting is that governments of rich nations, when there are squabbles over who gets to pillage taxpayers, are perfectly happy to stiff-arm governments from poor nations.
    • The representative from the U.S. government never expressed any pro-taxpayer or pro-growth sentiments, but he did express some opposition to the notion that profits of multinationals could be divvied up based on the level of GDP in various nations. I hope that meant opposition to “formula apportionment.”
    • Much of the discussion revolved around the taxation of multinational companies, but I was still nonetheless surprised that there was no discussion of the U.S. position as a very attractive tax haven.
    • The left’s goal (at least for statists from the developing world) is for the United Nations to have greater power over national tax policies, which does put the UN in conflict with the OECD, which wants to turn a multilateral convention into a pseudo-International Tax Organization.

    P.S. The good news is that the folks at the United Nations have not threatened to toss me in jail. That means the bureaucrats in New York City are more tolerant of dissent than the folks at the OECD.

    Republished from: fee.org