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  • Manifiesto del Ser Emergente Liberado

    El Manifiesto del Ser Emergente Liberado, escrito por Juraj Bednar, es un llamado a la acción para aquellos que buscan la libertad individual y la transformación social desde una perspectiva liberal. Bednar, conocido por su activismo en el ámbito de las criptomonedas y la privacidad digital, propone un enfoque de cambio que no se basa en la confrontación directa, sino en la creación de nuevas realidades que reflejen los valores de autonomía y autoexpresión.

    Introducción desde una mirada liberal

    En lugar de esperar reformas desde arriba o seguir mapas trazados por otros, Bednar aboga por la emergencia: un proceso de transformación que surge desde el interior del individuo y se manifiesta en acciones concretas que desafían las estructuras existentes. Este enfoque resuena con los principios del liberalismo clásico, que enfatiza la importancia de la libertad personal, la responsabilidad individual y la innovación como motores de progreso social.

    El manifiesto destaca la importancia de crear prototipos de libertad en lugar de simplemente protestar contra lo que no funciona. Al hacerlo, se fomenta un entorno donde la belleza, la alegría y la claridad se convierten en herramientas subversivas que inspiran a otros a cuestionar y redefinir sus propias realidades.

    El Manifiesto del Ser Emergente Liberado (Traducción).

    No estamos esperando ser guiados.
    No estamos aquí para seguir mapas dibujados por otros.
    Estamos aquí para escuchar—profunda y valientemente—al tenue pulso de algo real en nuestro interior.

    Ese pulso es la libertad—no como escape, sino como creación.
    No del tipo que grita “no”, sino del que susurra “sí… ¿y si?”

    Elegimos emerger.

    No nos conformamos, y no nos rebelamos.
    Elegimos el tercer camino: la emergencia—una forma de devenir que surge desde dentro,
    y fluye hacia afuera como la luz del sol atravesando una grieta.

    No pedimos permiso para ser completos.
    No esperamos que alguien más arregle el sistema.
    Cultivamos algo más, en otro lugar.
    No ruidosamente. No violentamente. Sino con una presencia innegable.

    Creemos en el derecho a devenir—no una copia, no un rol, sino algo nuevo.
    Somos artistas de la individualidad, hackers de sistemas, jardineros de posibilidades.

    Nuestro método es hackear

    Cambiamos no por la fuerza—sino por la percepción.
    Descubriendo pequeños cambios que lo transforman todo.
    No imponemos ideas; sembramos resonancia.
    No ordenamos; invitamos.

    Creemos que los sistemas internos son tan hackeables como los externos.
    Un pensamiento, una postura, una pregunta en el momento adecuado pueden reiniciar una vida.

    Somos los guías psicodélicos del mundo práctico.
    Caminamos junto a otros—no para enseñarles el camino, sino para preguntar:
    “¿Dónde vive tu libertad?”

    No discutimos, creamos

    Construimos nuevos sistemas en lugar de arreglar interminablemente los antiguos.
    Vivimos de manera diferente, para que otros sientan que es posible.
    Damos forma a la libertad—no como protesta, sino como prototipo.
    No intentamos ganar debates.
    Intentamos hacer obsoleto lo que ya no sirve.

    Creemos que la belleza es subversiva. La alegría es contagiosa.
    Y la claridad es revolucionaria.

    Creemos…

    Que cada ser humano contiene una brillantez oculta,
    y que anhela ser invitada a salir, no forzada a entrar.
    Que la verdad puede ser silenciosa, y aún así derribar muros.
    Que no estás roto—estás en proceso de devenir.

    Esto conduce a una acción emergente…

    Vivimos con integridad que despierta curiosidad en las personas.

    Decimos verdades que dejan espacio para que otros se sumen.

    Construimos cosas que permiten a otros construir sobre ellas.

    Nos liberamos tan completamente que otros empiezan a preguntar cómo.

    Sé la luz extraña.
    Sé la chispa suave.
    Sé quien abre la puerta desde dentro.


    Este manifiesto es una invitación a todos los que creen en la capacidad del individuo para generar un cambio auténtico y duradero. Desde una perspectiva liberal, representa un llamado a la acción para construir un mundo donde la libertad no sea solo un ideal, sino una realidad vivida y compartida.

  • ¿Es mala la sobrepoblación?

    Un día un amigo me preguntó: “¿Sabes Johnny, cual es el mayor problema que tiene la humanidad?”; la sobrepoblación. Le dije que no compartía esa noción y eso fue hace muchos años, cuando deambulaba yo por los cincuenta o sesenta o algo así. Hoy, pasado mis 80 lustros y sentado en la soledad de mi aposento desván de la vida me salta ese incidente a la conciencia y creo es hora de contestarle a mi amigo; lo cual es muy difícil ya que se me adelantó en el camino a la próxima dimensión, de manera que la explicación se las pasó a quien lea estas líneas.

    Gran parte de la población en este mundo piensa que demasiados humanos no es algo bueno; que debemos limitar la cantidad porque… ¡buena pregunta!, no “porque” sino ¿por qué? El argumento típico va por la línea del socialismo, del centralismo y de las mentes incapaces de asomarse al Universo y a la Creación. Personas que creen que los recursos, las riquezas y tal son finitas y que si aumenta la población hay que repartir entre muchos. De hecho, así funcionamos en Panamá: es la política con la cual los grupos de poder vienen engañando al pueblo; es el manantial de los programas que osamos llamar de “subsidio” cuando lo único que subsidian es la pobreza y la ignorancia.

    Pero el asunto derrama mucho más allá de nuestro Panamá. Tomemos el caso de China, en dónde el gobierno llegó a prohibir más de un hijo por familia y hoy están en inmenso problema social y económico. No sólo por falta de quienes sustituyan a los viejos sino de quienes aporten más riqueza; riqueza de recursos, de ideas, y de amor. Se estancaron en un ayer obsoleto. Pero… ¿es eso lo que hemos visto al paso del tiempo y con el incremento poblacional? ¡Nop! Es miopía no ver los adelantos en recursos, en ciencias y tantas otras avenidas que nos abren camino al Más Allá.

    Lo que muchos no ven es que los humanos estamos dotados de facultades únicas que hoy apenas comenzamos a atisbar. Cada ser humano es un manantial creativo, innovativo, capaz de abrir nuevos caminos, particularmente en comunión con sus hermanos cercanos y distantes; en un mundo en el cual lo distante ya prácticamente no existe.

    Detrás de todo ello, y como bien lo señaló Huerta de Soto, más gente es más fuerza de desarrollo y cambio. Es el alma de la incomprendida “división del trabajo” que también es la división del conocimiento y, en particular, la del conocimiento emprendedor; que en Panamá se topa con el “no a la privatización”, que es lo mismo que decir, no al desarrollo.

    En el emprendimiento de la población y no en el gobierno es dónde está la riqueza de la nación. Pero en Panamá el gobierno y sus torcidos políticos en infecciosa coyunda con malos emprendedores se enquistan en la misma carne del pueblo, como un cáncer mortífero. Simplemente no vemos que el conocimiento emprendedor es subjetivo, exclusivo, y propio de cada quien, a punto que no se puede centralizar. No más veamos que nuestros gobiernos no son evolutivos sino involutivos; es decir, dados a caminar hacia tras.

    En fin, el mayor peligro en Panamá y el resto del mundo no reside en la «sobrepoblación», sino está en no ser capaces de conocer lo que es la creatividad humana. Que en vez de temer el futuro, debemos conocer el camino hacia el Más Allá; lo cual jamás encontraremos en los pasillos del Palacio de las Garzas y otros oscuros laberintos del centralismo.

  • ¿Qué no se puede tocar en una constitución? El rol de las cláusulas pétreas

    La democracia se basa en la idea de la soberanía popular. La constitución, como norma fundamental, impone límites y fronteras a la voluntad popular. Cuando esos límites pierden vigencia, el cambio constitucional se hace presente en el discurso político y la sociedad. En ocasiones, se plantea, incluso, como una vía de escape para graves crisis políticas. Pero la constitución, por naturaleza, se resiste a ser cambiada, y por ello crea mecanismos de autopreservación. Límites temporales, mayorías especiales o referéndums son algunos de ellos. El más absoluto es la cláusula pétrea. ¿Qué son esas cláusulas pétreas? ¿Cómo se ven? ¿Qué contemplan? ¿Por qué importan? Eso queremos responder.

    Una tensión resuelta por lo “indecidible”

    Entre el constitucionalismo y la democracia hay una tensión innegable. Mientras la democracia habla del poder popular para el autogobierno, el constitucionalismo va de “frenos y contrapesos”, controles al poder. La reconciliación de ambas ideas se produce al admitir el modelo de democracia constitucional, en la cual “la regla de la mayoría se mantiene, pero ciertos temas o decisiones no se someten a la consulta ciudadana porque se entiende que forman parte del ámbito de lo no decidible”, según algunos expertos.

    Ahora, lo indecidible no es una categoría binaria, sino gradual, y se manifiesta en distintas intensidades. Cuando se exige una mayoría especial para adoptar una ley, se impone un límite a la mayoría simple. Así, en cierto sentido, el contenido de esa ley entra en dicho ámbito.

    Las normas que impiden la restricción al núcleo esencial de los derechos también imponen la “cualidad de lo indecidible” a los mismos. Más rígidas que el ejemplo anterior, estas normas no se pueden superar ni con una mayoría especial. Pero un cambio de la constitución podría superar ambos supuestos.

    Las fronteras del cambio constitucional

    Las constituciones buscan estabilidad, por eso es difícil modificarlas. Los muros que se deben salvar para reformar una constitución también son una escala de lo indecidible. Requisitos de tiempo, supermayorías o referéndums son mecanismos que van elevando la dificultad del cambio constitucional.

    La frontera final está en las cláusulas pétreas. Como su nombre indica, son normas revestidas de una solidez especial, pretenden estar “talladas en piedra”. Ellas declaran que ciertos aspectos de la constitución no pueden cambiar por ser considerados esenciales. Son verdaderos límites materiales a la voluntad popular.

    Anatomía de las cláusulas pétreas

    Estas cláusulas, también llamadas “de intangibilidad”, son jurídicamente insuperables, por lo que solo se pueden abolir a través de una sustitución total del marco constitucional, es decir, por el poder constituyente revolucionario.

    Su alcance varía de país en país. Típicamente, se refieren a aspectos como los derechos fundamentales, la forma del Estado, el régimen político o el sistema de gobierno. Sin embargo, pueden incluirse otros temas. Por ejemplo, si en un país se estima que la pertenencia a una organización como la Unión Europea es inseparable de su identidad, esa membresía puede hacerse intangible.

    En suma, estas cláusulas buscan proteger los principios esenciales, es decir, el espíritu del ordenamiento constitucional. En América Latina, la forma republicana, la alternancia en el poder y la división de poderes suelen estar protegidas por cláusulas pétreas. Tanto Italia como Francia hacen lo propio con la forma republicana del Estado.

    Las cláusulas pétreas se ubican, casi sin excepción, en las secciones de la constitución referidas a su reforma, y aparecen expresando que uno o varios temas no podrán ser reformados (artículo 268 de la Constitución de República Dominicana) o que las reformas que pretendan afectarlos no podrán ser consideradas (artículo 60, sección 4 de la Constitución de Brasil). También pueden aparecer como declaraciones en los apartados sobre principios fundamentales (artículo 6 de la Constitución de Venezuela).

    La Constitución española no incluye ninguna cláusula que diga que ciertos aspectos no se pueden cambiar nunca (“cláusula de intangibilidad”). En cuanto a los límites para reformarla, la única restricción explícita que aparece es la del artículo 169. Aquí se dice que no se puede empezar un proceso de reforma constitucional si el país está en guerra o si se encuentra vigente alguno de los estados de excepción, alarma o sitio mencionados en el artículo 116.

    Claro está, visto que son el mayor obstáculo a la posibilidad de cambio constitucional, su uso debe ser racional. Una constitución excesivamente rígida, con amplísimas cláusulas pétreas, puede producir un congelamiento que la distancie de la sociedad. Por otro lado, si no se incluyen, se corre el riesgo de que por vía de reforma se alteren temas medulares del Estado, desvirtuando su naturaleza.

    La importancia de saber que existen

    El autoritarismo avanza de forma preocupante en el mundo. En varios países, los gobiernos anuncian y proponen reformas constitucionales dirigidas a avanzar en sus agendas políticas particulares. Hoy más que nunca, los ciudadanos debemos conocer cuáles son los “no negociables” de nuestras normas fundamentales y alzarnos en su defensa cuando sea necesario.

    Advertir que un cambio vulnera las cláusulas pétreas nos permite actuar para evitarlo. Acudir a la justicia para denunciarlo es crucial, y ella debe actuar en consecuencia protegiendo a la Constitución. Pero sobre todo, se debe procurar la organización social en rechazo de fraudes y en defensa del pacto social.

    También es necesario que, en procesos constituyentes, la sociedad conozca y participe de la discusión cuando se quieran incluir cláusulas pétreas. Como hemos señalado, ellas deben reflejar el espíritu o núcleo de la norma fundamental, y conocer ese núcleo solo es posible cuando hay un máximo de participación y apertura. Asimismo, solo el consenso puede dar origen a este tipo de normas, porque se acuerda que son consustanciales a la existencia misma del Estado.

    La protección de los derechos humanos, como misión de toda sociedad, debe entenderse como una “cláusula pétrea universal” cuya defensa es una obligación de los ciudadanos del mundo, en cualquier momento y lugar. Lo mismo puede decirse del sistema democrático, sin el cual no tiene sentido la democracia constitucional.

    En síntesis, las cláusulas pétreas son esa constitución que no cambia, el corazón mismo de las normas fundamentales en un país. Por ello, deben ser determinadas por el consenso, y conocer su contenido es un deber ciudadano, puesto que al promoverlas y defenderlas, en definitiva, garantizamos la paz social y la legitimidad del sistema jurídico.The Conversation

    Anselmo Coelho Hernández, Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Católica Andrés Bello

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Adiós a Mario Vargas Llosa

    La literatura hispanoamericana despide a una de sus figuras más ilustres. Mario Vargas Llosa, fallecido el 13 de abril de 2025 en Lima a los 89 años, deja un legado que trasciende las letras y se adentra en los dominios de la libertad, la política y la historia de América Latina. Premio Nobel de Literatura en 2010, y parte esencial del «boom» latinoamericano junto a García Márquez, Cortázar y Fuentes, Vargas Llosa dedicó su vida a explorar las tensiones entre el poder y la libertad, la moral y la corrupción, la historia y la ficción.

    Entre su prolífica obra, La fiesta del Chivo (2000) ocupa un lugar central. No solo por su calidad literaria y su profundidad psicológica, sino por la contundencia con la que retrata los mecanismos del totalitarismo. Ambientada en la República Dominicana bajo la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, la novela alterna tres líneas narrativas: el regreso de Urania Cabral, hija de un político trujillista que regresa del exilio; los últimos días de Trujillo antes de su asesinato; y la historia de los conspiradores que acabaron con su vida.

    Lo que Vargas Llosa logra en esta obra es más que una novela histórica. Es un testimonio feroz sobre cómo el poder absoluto degrada no solo a quienes lo ejercen, sino a toda una sociedad. El miedo, la obediencia ciega, la corrupción institucional y la degradación moral son los pilares de un régimen que, aunque caribeño y situado en los años 50 y 60, encuentra ecos inquietantes en nuestros días.

    La fiesta del Chivo no es solo una denuncia del autoritarismo, sino también una meditación sobre la memoria, el trauma y la complicidad. Urania, la protagonista, representa a toda una generación marcada por el silencio, la represión y el dolor heredado. Su regreso a Santo Domingo no es solo geográfico, sino emocional: es la confrontación con un pasado que todavía duele, y cuya huella persiste.

    En una época en la que resurgen liderazgos mesiánicos, discursos autoritarios y el desprecio por los límites institucionales, La fiesta del Chivo se vuelve urgente. Nos recuerda que los regímenes de fuerza no nacen de la nada: crecen con la indiferencia, se alimentan de la cobardía y prosperan en el terreno fértil del miedo.

    Vargas Llosa escribió esta novela cuando ya era un intelectual consolidado, defensor de la democracia liberal y crítico implacable de los populismos, de izquierda y de derecha. Su postura ideológica —controvertida para muchos— nunca contaminó la honestidad de su literatura, que no evita mostrar la miseria humana incluso en los personajes más idealizados.

    Hoy, al despedirlo, no solo lloramos al novelista que nos ofreció obras monumentales como Conversación en La Catedral o La ciudad y los perros. También nos despedimos del pensador que defendió, en cada línea, la libertad individual como principio innegociable.

    La obra de Mario Vargas Llosa seguirá viva mientras se lean sus libros, pero La fiesta del Chivo, en particular, debería permanecer como lectura obligatoria para todos aquellos que, en tiempos de crisis, buscan entender cómo nace y cómo se sostiene una tiranía. Porque la historia —como la literatura— está ahí no solo para ser recordada, sino para no ser repetida.

  • ¿Qué tipo de fotos triunfan en Instagram cuando hablamos de turismo?

    ¿Qué hace que unas fotos turísticas se vuelvan relevantes en redes sociales?

    Una pareja sonríe frente a una catedral. Una joven se toma un selfie con un pincho en la mano. Un grupo de amigos se abraza en medio de una plaza empedrada. Estas escenas, cotidianas en Instagram, van mucho más allá del simple recuerdo personal. Cada imagen compartida es un pedacito de la imagen que millones de personas forman sobre un destino turístico.

    Instagram se ha convertido en la gran vidriera del turismo contemporáneo.
    Tiene más de 1 300 millones de usuarios activos, y hashtags como #travel superan los 680 millones de publicaciones. Sin embargo, hasta hace poco era difícil saber con precisión qué tipo de contenido conecta realmente con la audiencia.

    ¿Qué imágenes generan más interacción?

    ¿Influye que las comparta un turista o un residente?

    ¿Afecta que haya personas en la fotografía, o no?

    Por el Camino de Santiago

    Plaza Mayor de León. Imagen promocional.
    Portal oficial de turismo de España
    Catedral de León. Imagen promocional.
    Portal oficial de turismo de España

    Para responder a estas preguntas, hemos realizado un análisis de alrededor de 150 000 publicaciones de 43 000 usuarios anónimos de Instagram. Tras su filtrado y limpieza, en torno a 27 000 publicaciones de Instagram de la ciudad de León, una de las paradas principales del Camino de Santiago, han sido tratadas mediante inteligencia artificial para estudiar tanto el contenido visual como textual de las fotos: qué mostraban, quién las compartía y cuántos likes y comentarios recibían. Nuestro objetivo era entender qué hace que una foto turística se vuelva relevante en redes sociales.

    Los resultados sorprenden por su coherencia. Las imágenes que muestran lugares emblemáticos –monumentos, calles históricas, paisajes– generan mucha más interacción que aquellas centradas en bares o restaurantes. Además, las fotos que incluyen personas reciben más likes y comentarios que las que no lo hacen. Es decir, ver a alguien viviendo la experiencia hace que quien observa pueda imaginarse en su lugar, empatice mejor y reaccione a ese contenido.

    Y hay algo más: las publicaciones compartidas por turistas logran mayor impacto que las de los propios residentes. Tal vez porque el turismo tiene algo de excepcional, de novedad, que capta mejor la atención. Incluso, cuando aparece una persona en la foto, el efecto positivo en la interacción es aún mayor si quien la publica es un turista.

    Esto no significa que los residentes no tengan un papel relevante. Al contrario, también ellos contribuyen activamente a la construcción de la imagen del destino. Pero sus publicaciones parecen generar una conexión diferente, quizá más cotidiana, menos aspiracional.

    Agente de destino

    En este contexto, cada usuario de Instagram se convierte, sin saberlo, en un agente de marketing territorial. Sus fotos moldean la percepción de miles de potenciales viajeros. Esto abre un abanico de oportunidades (y también de responsabilidades) para los destinos turísticos.

    ¿Y si en lugar de limitarse a lanzar campañas institucionales fomentaran que los visitantes compartiesen ciertos tipos de imágenes? ¿Y si diseñaran espacios pensados para ser fotografiados, como puntos selfie diferentes a los más visitados, con el fin de luchar contra la masificación? ¿Y si invitaran a los propios ciudadanos a mostrar lugares de su ciudad desde su propia mirada?

    Hoy, más que nunca, una foto puede ser el inicio de un viaje. Y entender qué imágenes emocionan, inspiran y generan interacción es clave para construir destinos más visibles, atractivos y deseados, pero también más responsables y sostenibles. Esta investigación no busca decirle a nadie qué fotografiar, pero sí invita a reflexionar sobre el poder de lo que compartimos.

    Porque en cada publicación, en cada “me gusta”, se va tejiendo la imagen –real o idealizada– de los lugares que visitamos… o que soñamos visitar.The Conversation

    Sofía Blanco Moreno, Profesor ayudante doctor, Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de León; Ana M. González-Fernández, Profesora Titular de Universidad. Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de León; Luis Vicente Casaló Ariño, Catedrático de Universidad en Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de Zaragoza y Pablo Antonio Muñoz-Gallego, Catedrático de Universidad en Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de Salamanca

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • IDAAN Agua y Mercado

    Estimado lector ¿me puedes decir el nombre del número 0.0035? No lo busques que ya lo hice por ti y, por mí también; pero me extiendo un poco más en mi cuento: El número 1 en palabra es uno; digamos un dólar; 0.1 es un décimo de dólar o 10 centavos; 0.01 es dos centésimas o dos centavos y, 0.0035 es tres mil quinientos cincuenta diezmilésimas de centavo. ¿A qué va todo ello? Pues que si el 99.99% de nuestros compatriotas no saben decir el nombre o monto en dólares que cobra el IDAAN por un galón de agua, entonces bien podemos ir despertando a la inmensa realidad del jaleo socioeconómico en que nos encontramos; y prosigo con mi excursión de una lúgubre realidad.

    A lo que voy es al enorme grado de las distorsiones de realidades que nos colocan en una situación socioeconómica precaria en Panamá; y uso el tema del agua disque subsidiada del IDAAN como ejemplo. Y digo “disque subsidiada. ¿Qué sentido tiene pagar por agua potable para depositar en ella nuestra caca, lavar autos, el patio, bañarnos, fregar platos y tanto más? ¡No tiene sentido! ¿O sí? En realidad, sí lo tiene, pero es una colección de sentidos de desgobierno y corrupción.

    ¿Cuánto cuesta un galón de agua potable en el comercio en Panamá?: el Xtra vende a $2.66 el galón de “Agua Purísima”; el 99 agua Bambito Manantial a $3.65, y por allí deambulan esos arrieros. Pero… curioso que tantos paguen esos precios cuando el IDAAN vende agua potable a $0.0035 el galón o $6.29 el metro cúbico. ¿Será que muchos no confían de la calidad de agua del IDAAN? Que yo sepa, la gente no se anda enfermando por beber agua IDAAN. Hay más enredo en todo ello.

    En Costa Rica el consumo por hogar es la mitad que en Panamá… ¿por qué? Porque la gente paga más por ello y, por tanto, la despilfarran menos. Dice la AI que en Las Cumbres el 47% del agua se pierde en roturas de tuberías. Curioso que hoy los vecinos mandan vídeo de dos nuevos ríos IDAAN en media calle.

    ¿No sería mucho más conveniente, lógico, económico y cuerdo que el IDAAN dispensara agua no potable? Y no digo agua sucia sino “no potable”. ¿Tienes idea de cuanto del agua que le compras al IDAAN es para bebértela? Sólo el uno %. Pero… ¿cuanto nos cuesta repartir agua a $0.0 035 para usarla en retretes y tal? El IDAAN la vende a B/0.0035 el galón pero… ¿Cuánto gasta para producir el galón? Apuesto qué ni los del IDAAN saben. Si operas una empresa así, quiebra; pero ¿el gobierno no? Coman ese cuento.

    Somos botaratas y, hoy que ni calles ni escuelas podemos reparar, seguimos con gastos vergonzosos. Cada ser humano consume unos 3 litros de agua por día. El litro de agua más caro anda por los $0.77; pero si se da un gran aumento de la demanda en la compra de agua embotellada el precio bajaría en grande; en EE.UU. en 2023 estaba en $1.44 el galón. Pero pueden existir otras alternativas.

    Saldría más económico filtrar el agua no potable del IDAAN; pero creo lo mejor sería que el gobierno deje de ser empresario que vende de todo, ya que para eso no es ni sirve y se viola el principio de subsidiaridad; que nos advierte que una organización de orden superior no debe hacer por una de orden inferior lo que la inferior puede y debe hacer por cuenta propia; so pena de se anulada y convertida en sociedad de servidumbre.

  • Milei, el libertario más influyente… que no dijo nada

    Javier Milei se ha autoproclamado líder mundial, faro de la libertad y el libertario más influyente de la historia. Palabras grandilocuentes, cargadas de épica, que sin embargo contrastan de manera brutal con su silencio actual ante uno de los problemas más graves del escenario económico global: el regreso del proteccionismo y la reactivación de una guerra comercial liderada por Donald Trump.

    Estados Unidos arrastra una deuda pública que ya supera los 34 billones de dólares. El desbalance fiscal es estructural y creciente, y la política económica se ve cada vez más condicionada por el peso de los intereses de esa deuda. En este contexto, el discurso nacionalista y proteccionista vuelve a ganar espacio. Trump ha retomado la agenda arancelaria, proponiendo medidas que restringen el comercio internacional, con el argumento de proteger empleos americanos y reforzar la soberanía económica.

    Lejos de ser una política inocua, esta estrategia tiene efectos profundamente negativos para el resto del mundo: encarece los bienes, distorsiona los flujos comerciales, reduce el crecimiento global y pone en riesgo décadas de apertura económica que, con sus imperfecciones, han sacado a millones de personas de la pobreza.

    Aquí es donde Milei, el autodeclarado cruzado del capitalismo y defensor del libre mercado, debería levantar la voz. Este sería el momento ideal para ejercer ese liderazgo del que tanto habla, para plantarse en defensa de los principios que dice representar. ¿Quién mejor que él, con llegada mediática internacional, para señalar los peligros de los aranceles, para advertir sobre los costos de aislar economías y cerrar fronteras comerciales?

    Y sin embargo, el silencio es absoluto. No hay declaraciones, no hay discursos, no hay posicionamiento. Lo único que se ve es a Milei encerrado en Twitter, replicando memes, atacando a periodistas y celebrando su propio ego. ¿Dónde está la voz libertaria que debía resonar cuando el mundo la necesitaba?

    Este contraste no es menor. Deja en evidencia una realidad incómoda: Milei no está comprometido con los ideales liberales, sino con una estética del liberalismo puesta al servicio de su construcción personal. Lo suyo no es un proyecto de ideas, sino un ejercicio performático. Y cuando las circunstancias exigen coherencia, Milei opta por callar.

    El verdadero liderazgo no se mide por los títulos que uno se adjudica, ni por premios de dudosa raigambre, sino por la capacidad de sostener principios incluso cuando resultan incómodos. Hoy, frente a un ataque directo al libre comercio y a las bases del sistema económico global, Milei, el libertario, ha elegido no incomodar a sus aliados, no abrir ningún frente, no arriesgar su capital político. Ha elegido ser funcional al proteccionismo.

    Y así, el supuesto faro de la libertad revela su verdadera condición: un reflector de utilería, que solo se enciende cuando el guion le conviene.

  • La UE tiende la mano a Trump: comercio sin aranceles y una advertencia de Bastiat

    La reciente propuesta de la Unión Europea (UE) para eliminar mutuamente los aranceles sobre productos industriales con Estados Unidos representa mucho más que una medida técnica: es una declaración política y económica en un momento en que el proteccionismo vuelve a ganar terreno.

    La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue clara: “Europa siempre está lista para un buen acuerdo”. El mensaje, dirigido a la administración Trump tras la imposición unilateral de nuevos aranceles del 10% (y hasta el 20% en algunos sectores), busca evitar una guerra comercial que podría dañar seriamente las relaciones transatlánticas y, de paso, generar un impacto negativo en la economía global.

    Aranceles como arma política

    La propuesta europea se centra exclusivamente en bienes industriales, dejando fuera los productos agrícolas, un punto históricamente sensible dentro del bloque. La exclusión revela tanto la prudencia estratégica de Bruselas como la dificultad real de alcanzar un acuerdo integral. Aun así, el gesto no es menor: es una apuesta por el diálogo en un momento en que el unilateralismo vuelve a marcar la agenda internacional.

    Desde la Casa Blanca, sin embargo, los gestos han sido ambiguos. Mientras Trump celebra públicamente la “defensa de la industria nacional”, muchos analistas advierten que esta política de aranceles selectivos responde más a necesidades políticas internas que a una estrategia económica de largo plazo.

    Bastiat y la tentación del proteccionismo

    En este escenario, conviene recordar a Frédéric Bastiat, uno de los grandes defensores del libre comercio y crítico feroz de las intervenciones estatales. En su obra La Ley, escrita en 1850, dejó una advertencia que hoy cobra plena vigencia:

    “Les señalo, sin embargo, que el proteccionismo, el socialismo y el comunismo son básicamente la misma planta en tres etapas diferentes de crecimiento.”

    Con esta frase, Bastiat apuntaba a la lógica común detrás de distintas formas de intervencionismo económico: todas restringen la libertad individual y distorsionan el mercado bajo la promesa de un beneficio colectivo que rara vez se materializa.

    Los aranceles que hoy impone Estados Unidos —y que Europa busca desactivar— no solo son una herramienta de presión comercial, sino el síntoma de una corriente más profunda: la tentación de cerrar fronteras en lugar de construir puentes.

    Una oportunidad en juego

    La oferta europea es, ante todo, una oportunidad: de evitar una escalada innecesaria, de reafirmar los principios del comercio libre y de recordar que la cooperación económica no es ingenuidad, sino inteligencia estratégica. Las ideas de Bastiat siguen resonando porque señalan un peligro tan real hoy como en su tiempo: que el miedo y la política cortoplacista terminen sofocando los beneficios de un orden abierto, donde el intercambio y la libertad sean el motor del progreso.

    El futuro del comercio global no se decidirá solo en cifras, sino en principios. Y ahora mismo, esos principios están puestos a prueba.

  • Trump y China: ambigüedad estratégica en tiempos de incertidumbre

    La política exterior del presidente Donald Trump en su segundo mandato parece definida por una paradoja desconcertante: un tono sorprendentemente cordial hacia China, contrastado con acciones cada vez más hostiles por parte de su Administración. En su análisis publicado en El Mundo, el historiador Niall Ferguson desentraña esta ambigüedad, advirtiendo que podría tener consecuencias geoestratégicas de gran calado.

    Durante la campaña electoral, Trump prometió imponer aranceles del 60% a los productos chinos. Sin embargo, ya instalado nuevamente en la Casa Blanca, su retórica se ha suavizado, e incluso se refiere a Xi Jinping como un “buen amigo”. Lejos de anunciar una distensión real, este giro retórico convive con un endurecimiento tangible de la política comercial y tecnológica hacia Pekín: mayores aranceles, más restricciones a empresas chinas y una escalada en la competencia por la supremacía digital.

    Ferguson interpreta esta contradicción como una forma de realismo estratégico. Estados Unidos, enfrentado a retos simultáneos en Europa del Este, Oriente Medio y Asia-Pacífico, busca evitar un conflicto directo con China a corto plazo. La hipótesis es clara: si Washington logra un acuerdo con Pekín para estabilizar el Pacífico, podría concentrarse en otros frentes, como contener a Rusia o desactivar tensiones con Irán.

    No obstante, Ferguson alerta de los riesgos de esta lógica. Al igual que Nixon en los años 70, Trump parece confiar en que es posible separar a China de Rusia. Pero las circunstancias actuales no permiten tal jugada con la misma facilidad. Los vínculos entre Xi y Putin son hoy más sólidos y estratégicos que nunca. Apostar por un deshielo con Pekín mientras se rehabilita a Moscú podría dejar a EE.UU. sin apoyos fiables ni disuasión efectiva ante una eventual crisis en Asia.

    Taiwán es, precisamente, el punto neurálgico de esa potencial crisis. La Administración Trump ha intentado rebajar el tono, pero China continúa fortaleciendo su arsenal y capacidad de intimidación. Ferguson sugiere que Pekín podría optar por un “bloqueo blando” de la isla, una provocación que pondría a prueba los límites de la respuesta occidental. A ello se suma la preocupante escasez de recursos militares estadounidenses: falta de misiles, de reservas industriales y de logística suficiente para sostener un conflicto prolongado.

    La ambigüedad estratégica, que durante décadas funcionó como doctrina respecto a Taiwán, se extiende ahora a toda la relación con China. El peligro radica en que esa ambigüedad —un intento de disuasión mediante la incertidumbre— ya no parece ser efectiva. Xi Jinping podría interpretar las señales mixtas como una oportunidad, no como una amenaza.

    Ferguson concluye que Estados Unidos debe aclarar su postura o arriesgarse a una confrontación mal calculada. En un mundo donde la percepción de debilidad puede ser tan decisiva como la fuerza real, la coherencia estratégica ya no es un lujo: es una necesidad

  • Inteligencia Artificial

    La palabra “inteligencia” tiene que ver con la facultad del entendimiento, el saber y la comprensión, razón por la cual el nombrecito de “inteligencia artificial” o AI es irreal o sacado de los pelos; y, bien vale la pena ahondar en el asunto ya que casi todos, sino todos, los problemas de la humanidad surgen a partir del mal uso de las palabras. El asunto lo pintaron desde la Biblia en la parábola de la Babel, como también en el decir “Dios es Palabra”. Pero el tema se torna mucho más embrollado debido a que la llamada AI es uno de los factores más impactantes de la singularidad que deviene la humanidad hoy día. Que, si la manzana la podemos usar para bien o mal, ni se diga la AI, la cual nos puede llevar al Paraíso o al mismo Infierno. En fin, el vocablo “artificial” también es primo del vocablo “artificio”, vocablo que indica falta naturalidad.

    El asunto gira es que la AI no puede hacer conexiones mentales creativas y si usamos esa herramienta como y para lo que no es, los resultados pueden ser terribles. En resumen, los humanos no nos salvamos de ser los gestores de nuestro destino; sea brillante o lúgubre. Jamás olvido el dicho que lo dice todo respecto a las computadoras: “si les metes basura, te responden con basura”. Pero el peligro va mucho más allá porque en el juego de póker que es la vida, el pote o “pot” hoy día es más grande que jamás en la historia humana.

    La AI funciona con analogías o semejanzas y los científicos han visto que la AI no se gana al ser humano resolviendo problemas de matrices, que son formaciones numéricas u de otros objetos matemáticos, conocidos como entradas de la matriz, que requieren un sentido que no tiene la AI. El problema comienza cuando pretendemos usar la AI para lo que no es y, de salida, cuando le ponemos un nombre que tampoco es. Tal es el caso del llamado “metrobus” de Panamá, que no es tal cosa; de manera que si lo tratas de usar para resolver los problemas de tránsito y transporte, te ira muy mal… ¿o es que no lo hemos notado?

    Otro aspecto que debemos considerar cuando intentamos, erróneamente, comparar al ser humano con la AI, es que nuestras prácticas educativas en siglos recientes, ha sido terribles y la humanidad, en muchos sentidos, ha perdido capacidad intelectual. Hoy día ya contamos con el entendimiento y capacidad de tornar a todo niño en genio; pero, insistimos en delegar y centralizar la educación; más que nada, con fines de adoctrinamiento y fines politiqueros.

    Y para mayor ilustración del tema, tomemos el caso de el “aprendizaje de disparo cero o ‘Zero-shot learning’, que es una técnica de aprendizaje automático que permite a un modelo reconocer y clasificar objetos o conceptos sin haberlos visto previamente durante el entrenamiento, utilizando información semántica y transferencias de conocimiento. ¿Me explico o me entiende el lector? ¿No? No se preocupen, que a mí tampoco me queda muy claro el asunto.

    Y, para resumir y enredarles más, termino comentando algo sobre el razonamiento analógico. Una cosa es intentar comprensión a base de razonamiento abstracto en contraposición del atajo de resolver incógnitas basándose en conocimientos que no fueron dados durante las clases o los estudios; conocimientos que ya tenías en tu alacena mental. ¿Puede la AI resolver cuándo no le has provisto toda la información? Por ejemplo; Einstein resolvió o imaginó la Teoría de la Relatividad cuando mentalmente montó un rayo de luz en el espacio.