Categoría: Cultura y Sociedad

  • Navidad: la libertad nacida en un pesebre

    La Navidad suele ser presentada como una festividad de consumo, sentimentalismo o tradición vacía. Sin embargo, en su núcleo más profundo, el nacimiento de Cristo encierra una de las ideas más radicales —y paradójicamente más olvidadas— de la civilización occidental: la dignidad absoluta del individuo frente al poder.

    El relato evangélico no comienza en palacios ni en centros de decisión política. Comienza en un pesebre, en los márgenes del Imperio romano, lejos de César, de Herodes y de toda forma de autoridad coercitiva. El Dios cristiano no elige imponerse por la fuerza, sino hacerse hombre en la fragilidad, apelando a la conciencia y a la libertad de cada persona. No hay decreto, no hay ejército, no hay violencia fundacional. Hay un nacimiento humilde y una invitación.

    Ese gesto inicial contiene una intuición profundamente liberal: la verdad no necesita imponerse, solo proponerse. Cristo no obliga, llama. No conquista territorios, transforma corazones. No promete seguridad a cambio de obediencia, sino libertad a cambio de responsabilidad.

    En la tradición católica clásica, la libertad no es un capricho ni una licencia sin límites, sino la capacidad moral del ser humano para elegir el bien. Y esa libertad es tan central que Dios mismo la respeta, incluso cuando es usada para negarlo. La encarnación es, en ese sentido, el mayor acto de confianza en el individuo: Dios se hace vulnerable ante la libertad humana.

    El mensaje navideño también es profundamente antipoder. Jesús nace mientras el Imperio realiza un censo, una herramienta clásica de control estatal. María y José son desplazados por una burocracia que no los ve, no los cuida y no les ofrece refugio. La primera Navidad ocurre fuera del sistema, sostenida por redes voluntarias: pastores, viajeros, hospitalidad espontánea. No hay programa público ni planificación central. Hay comunidad, caridad y decisión personal.

    La caridad cristiana —tan mal entendida como asistencialismo forzado— es, en su raíz, un acto libre. No existe caridad sin libertad. No existe amor auténtico bajo coacción. En Navidad no se celebra la redistribución impuesta, sino el don voluntario: Dios que se entrega, personas que ofrecen lo poco que tienen, sin obligación ni recompensa.

    Desde esta perspectiva, la Navidad también nos recuerda un límite ético al poder político. Ninguna autoridad puede ocupar el lugar de la conciencia. Ningún gobierno puede arrogarse la misión de redimir al hombre. Cada vez que el poder promete salvación, repite la tentación que Cristo rechazó en el desierto.

    Celebrar la Navidad desde una mirada liberal no es vaciarla de sentido religioso, sino volver a su raíz más revolucionaria: la afirmación de que cada ser humano vale por sí mismo, que la fe no se impone, que el bien no se decreta y que la verdadera transformación nace de decisiones libres.

    En un mundo saturado de discursos, controles y violencias justificadas en nombre del bien común, la Navidad vuelve a susurrar una verdad incómoda: la esperanza no nace del poder, sino de la libertad.

    Y esa es, quizás, la tradición más subversiva que aún vale la pena defender.

    Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo les deseamos desde GCC.

  • ¿Quién o Qué es un Empresario? Usando las palabras correctas

    James V. Shuls y Neal P. McCluskey, en su libro Luchando por la Libertad de Aprendizaje, comienzan su introducción advirtiendo una realidad que pocos advertimos; y es que nuestra relación con el mundo y el prójimo es a través de palabras y el entenderlas y usarlas bien es esencial. La realidad que señalo nos llega en las Escrituras:

    -En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios (Juan 1:1).

    ¿Qué nos advierten las Escrituras? Que el Creador y su Creación se nos manifiesta mediante palabras que son luz y entendimiento. La palabra está en todo lo creado y, en ello nos fue entregada la llave hacia un mañana inimaginable.

    Y… ¿qué tiene ello que ver con los “empresarios”? Todo, ya que si no entendemos la palabra y la usamos mal nos alejamos del camino. Y, en el vocablo “empresario” está la gracia de quien emprende un camino en la división del trabajo y la creatividad; y que ese camino que ofrece soluciones es harto riesgoso. Y triste que hoy le hayamos viciado el sentido y el propósito.

    Al alterar las palabras y la semántica corrompemos la realidad y pervertimos el alma. “Empresarios” o emprendedores somos todos los que, lastimosamente y por razones vagabundas e ideológicas vilifican hasta las bondades; presentando al emprendedor como “explotador codicioso”. Y aunque en el mundo hay corrupción, generalizarla en los “empresarios” es la corrupción de la palabra y de la realidad.

    Tristemente los corruptos sobran y hasta el mismo vocablo “corrupto” lo hemos torcido; ya que tal no es sólo quien roba, sino todo el o lo que deja de servir su función; sea el burócrata, el político, clérigo, rico y pobre. Las generalizaciones son odiosas y destructivas; a punto que tantos no desean ser aquello que debían ser. Por ello Panamá está repleta de emprendedores asiáticos.

    Luego, al corromper el alma de la comunicación desfiguramos hasta la misma Creación, creadora de riqueza; de lo que es rico o sabroso, lo sano, lo productivo, lo que da gracia y amor. El empresario es todo el que arriesgando su patrimonio ofrece servicios, empleo y satisface las necesidades de la vida. Pero al decir cosas como “robó, pero le dio al pueblo”, enaltecemos al mismo demonio; ese que al final termina generando más pobreza y sufrimiento.

    Semejantes distorsiones no son meramente casuales sino producto del pecado de la envidia y del odio que se arraiga en las comunidades que sufren; tal como hemos visto con el “kulak”, o campesino exitoso que en la USSR se convirtió en enemigo del pueblo, deviniendo en más de 50 millones en exterminio y muchos más en hambrunas y terror. Recuerdo pasajes históricos en pueblos de Rusia en que en la noche parecía nevar… pero no era nieve sino cenizas de los hornos en los cuales incineraban personas.

    Y mejor no vayamos a la Cuba en la cual “burgués” justificó las expropiaciones masivas que han dado lugar a la pobreza masiva. O tantos sitios en Latinoamérica, como en Venezuela, en dónde “empresario” es malo, mientras que a los verdaderos malos los ungen de “autoridades”; cuando sólo son autores del mal.

    En fin, recuperar el lenguaje es recuperar la libertad. El “empresario” sólo es una persona que lucha en la marejada de la vida. Y, si el Verbo se hizo carne para revelar al Padre, también nuestro verbo o palabra debe hacerse carne para revelar la verdad y el amor por el prójimo y la creación. Mejor apartemos los ídolos y al resentimiento y aprendamos a emprender y amar.

  • Guy Sorman sostiene que Trump, va de fracaso en fracaso

    En su artículo “Trump, de fracaso en fracaso”, publicado originalmente en ABC y retomado en medios como El Almendrón, el economista y pensador francés Guy Sorman traza un balance crítico de la presidencia de Donald Trump tras un año de su elección. Lejos de adherirse a la retórica triunfalista que el propio Trump suele emplear, Sorman presenta una mirada crítica y fundamentada en resultados concretos, poniendo en cuestión la eficacia de las políticas y el impacto real de su gestión sobre la economía, la democracia y la política exterior estadounidense.

    Desde el inicio, Sorman sostiene que Trump —quien proclama ser “el mejor presidente de la historia de Estados Unidos”— ha acumulado fracasos palpables en elementos que afectan directamente a la vida cotidiana de los ciudadanos. Como ejemplo, el autor menciona la subida del precio del café, producto emblemático del consumo estadounidense, tras la imposición de aranceles elevados a las importaciones de Brasil. Sorman utiliza esta anécdota para ilustrar que las políticas proteccionistas de Trump no han producido los beneficios prometidos, sino que han generado incertidumbre y volatilidad en sectores clave como el comercio y la agricultura, donde el empleo y la producción se han resentido.

    Un punto central de la crítica de Sorman es que la economía estadounidense, aunque muestra crecimiento en términos agregados, lo hace gracias al dinamismo empresarial y a su liderazgo en tecnologías avanzadas, más que por las decisiones de la Casa Blanca. Esto sugiere que los beneficios observados no se deben al mando presidencial, sino al mercado y a los empresarios que operan independientemente del entorno político. En cambio, la imposición variable de aranceles y la hostilidad hacia la inmigración, según Sorman, están debilitando sectores como la construcción y la agricultura, elevando el desempleo y deteriorando la estabilidad de las cadenas de producción.

    Más allá de la economía, Sorman también aborda la erosión de las instituciones democráticas bajo el liderazgo de Trump. Afirma que el Estado de derecho, durante años considerado un pilar de la democracia estadounidense, se ha visto debilitado. Señala que el Departamento de Justicia, tradicionalmente independiente, ha sido utilizado como instrumento político para perseguir adversarios, y que la ampliación del uso del derecho de gracia —como en el caso de los indultos a participantes del asalto al Capitolio de enero de 2021— refleja una preocupante falta de respeto por la justicia imparcial.

    En ámbitos internacionales, Sorman destaca fracasos significativos en política exterior. Trump se jactó de haber alcanzado acuerdos de paz y haber terminado conflictos, pero la realidad muestra conflictos persistentes y relaciones deterioradas con aliados europeos. La negociación de un alto el fuego en Ucrania, por ejemplo, se describe como débil y sin avances sustantivos, mientras que la política hacia América Latina carece de foco y resultados claros.

    Asimismo, Sorman cuestiona la coherencia de la estrategia global de Trump, especialmente su aparente volatilidad en temas clave como comercio y alianzas. Más que una visión estratégica, el autor sugiere que las decisiones parecen responder a estados de ánimo o preferencias personales, lo que genera desconfianza y una mayor aversión de actores internacionales a involucrarse con la economía estadounidense.

    Finalmente, Sorman califica a Trump como un “accidente” en la historia estadounidense: un líder cuya prioridad personal por la gloria y el enriquecimiento propio ha eclipsado los intereses de la población y el fortalecimiento de instituciones democráticas. Según este análisis, incluso muchos de los seguidores de Trump, divididos y desencantados, se darían cuenta de que las promesas transformadoras no se han traducido en realidades que mejoren su calidad de vida.

    En conjunto, el artículo de Sorman presenta una crítica sustantiva y argumentada sobre los resultados de la presidencia de Trump: un tablero de fracasos más que de logros, especialmente cuando se evalúan con criterios económicos, institucionales y de política exterior. Este enfoque invita a reflexionar sobre la eficacia de liderazgos centrados más en la retórica personal que en políticas coherentes y sustentables.

  • Una novela que explora la libertad desde una mirada íntima, humana y profundamente contemporánea

    Este domingo 7 de diciembre estará disponible en Amazon una novela que promete convertirse en una lectura imprescindible para quienes buscan historias que mezclen emoción, pensamiento y una reflexión honesta sobre la vida y la libertad en tiempos hiperconectados. Escrita por una autora perteneciente a la Generación X —aunque, según ella misma aclara, “con el software siempre actualizado”—, el libro combina viaje, filosofía, romance y tecnología en un relato que interpela tanto a jóvenes lectores como a adultos curiosos.

    La autora, formada como abogada y economista, reconoce desconfiar de las leyes cuando se alejan de la ética. Cree en la libertad no como consigna política, sino como un ejercicio cotidiano; ama la tecnología cuando libera, no cuando vigila.

    Una novela que viaja, ama y piensa

    Lejos de encasillarse, la novela » 33 días en busca de la libertad», combina tres dimensiones: una historia de amor, un viaje europeo y una exploración profunda —pero accesible— de la libertad individual. Los protagonistas recorren ciudades, trenes, aeropuertos y cafés que funcionan como escenarios de conversaciones incómodas, necesarias y reveladoras.

    La obra no se limita a narrar encuentros y decisiones compartidas. Se atreve a preguntar qué significa ser verdaderamente libres en un mundo que rastrea cada movimiento, registra cada dato y condiciona cada elección. Y lo hace sin tecnicismos ni solemnidad: basta con tener curiosidad.

    Una invitación para nuevas lectoras y viejos buscadores

    En su prefacio, la autora explica el origen del proyecto: en medio del ruido político y la banalización del concepto de libertad, imaginó un puente distinto. Un lenguaje más cálido, más narrativo, capaz de acercar ideas profundas a quienes prefieren las novelas antes que los ensayos. Pensó especialmente en mujeres jóvenes, lectoras de historias de amor y viajes, que pudieran encontrarse —casi sin proponérselo— con ideas sobre autonomía, soberanía personal, responsabilidad individual y resistencia digital.

    La novela, dice la autora, “siembra preguntas en terreno fértil”, evitando la confrontación y priorizando la reflexión íntima.

    Un prólogo que abre la puerta a una revolución silenciosa

    El libro parte de una premisa clara: la libertad no es un lema, sino una batalla cotidiana. A través de dos adultos jóvenes que enfrentan dilemas personales y políticos en un mundo cada vez más vigilado, la historia aborda temas como el anonimato digital, la ética de la autodeterminación, el rol de Bitcoin y Monero en la soberanía financiera, y la tensión entre amor e independencia.

    Desde Praga hasta Tallin, de Berlín a Londres, cada paso del viaje desafía no solo a los personajes, sino también al lector.

    Un lanzamiento pensado para lectores globales

    El libro estará disponible este domingo 7 de diciembre en Amazon, en formato digital y físico. Es una invitación a quienes desean historias que conmuevan y, al mismo tiempo, cuestionen las certezas más profundas.

    Una novela para leer en movimiento —como su autora— y para pensar sin pedir permiso.

  • Acción de Gracias: Una celebración de la cooperación voluntaria

    La festividad de Acción de Gracias suele recordarse por sus imágenes de mesas abundantes, reuniones familiares y un momento de pausa para expresar gratitud. Sin embargo, desde una perspectiva libertaria, esta celebración adquiere un significado aún más profundo: es un homenaje a la cooperación voluntaria, a la solidaridad espontánea entre individuos libres y al poder transformador de la empatía frente a la coerción y la brutalidad.

    El origen histórico más difundido de Acción de Gracias suele centrarse en los peregrinos y los pueblos indígenas que compartieron alimentos y conocimientos para sobrevivir. Más allá de mitificaciones, lo esencial es reconocer que ese encuentro representa un principio fundamental: las sociedades prosperan cuando las personas eligen colaborar libremente, no cuando se imponen unas a otras mediante la fuerza. Los peregrinos no sobrevivieron gracias a un edicto, un impuesto o una orden centralizada, sino gracias al intercambio de saberes, la ayuda mutua y la solidaridad de quienes decidieron tender la mano sin esperar nada a cambio.

    Desde el pensamiento libertario, Acción de Gracias es el ejemplo de que la cooperación voluntaria es más fuerte y más sostenible que cualquier forma de imposición estatal o social. La libertad individual no solo permite crear, producir e innovar; también crea las condiciones para que florezcan la empatía y el consenso. Cuando las personas se relacionan como iguales, sin amenazas ni coerciones, las decisiones se toman con mayor responsabilidad y las relaciones se construyen sobre una base de respeto mutuo.

    La solidaridad auténtica no nace de un decreto. No puede planificarse desde arriba ni forzarse mediante obligaciones artificiales. Surge de la identificación humana, del reconocimiento de que todos enfrentamos desafíos y que compartir fortalezas nos enriquece a todos. Agradecer es, en cierto sentido, un acto libertario, pues implica reconocer la agencia de los demás: sus acciones libres, sus decisiones voluntarias, su esfuerzo ofrecido sin exigir sumisión o reciprocidad obligatoria.

    Hoy, en un mundo donde las tensiones políticas, ideológicas y culturales parecen multiplicarse, recuperar este espíritu es más necesario que nunca. La brutalidad —física, económica o discursiva— se infiltra cuando se pierde la voluntad de escuchar, de comprender y de buscar acuerdos sin recurrir a la fuerza. La tradición de Acción de Gracias puede servir como un antídoto: un momento para volver a mirar al otro como un aliado potencial, no como un adversario; para recordar que la cooperación funciona mejor cuando se basa en el respeto y en la libertad.

    Del mismo modo, la gratitud nos invita a reflexionar sobre cómo construimos nuestras comunidades. Las redes de apoyo, los proyectos compartidos, el emprendimiento y las iniciativas sociales nacen de personas que deciden unirse para crear valor. Esa es la esencia de una sociedad viva y libre. En Acción de Gracias, reconocemos no solo lo que hemos recibido, sino la importancia de cuidar esos espacios de libertad que permiten que tales relaciones florezcan.

    Celebrar Acción de Gracias es celebrar la capacidad humana de convivir sin dominar, de colaborar sin imponer, de agradecer sin condiciones. Es una invitación a seguir construyendo un mundo donde la empatía y el consenso sean más fuertes que la imposición y la violencia, donde cada gesto de solidaridad sea un acto libre que reafirme nuestra humanidad compartida.


  • El vicio del confisca, parte y reparte

    Hay que dejar de alimentar al Estado gordo y volver a premiar al que crea riqueza no sólo para sí sino una riqueza que se derrama en trabajos y toda clase de actividades productivas. Todo lo demás es puro vicio del confisca, parte y reparte para quedarse con la mejor parte.

    Los impuestos solo se justifican si son para financiar justicia, seguridad y defensa. Todo lo demás es, en el mejor de los casos, innecesario; y en el peor, robo deliberado y destructivo de la sociedad. En este sentido vale ver y considerar que el ideal de una sociedad está en, valga la redundancia, en la clase de sociedad ‘asociación’ entre las personas que la constituyen; en esencia, la familia, que es el tuétano de una sociedad.

    En el sentido expuesto en el párrafo anterior, debemos, nuevamente, ver y entender que el estado es un mal necesario ya que el estado es, en esencia, poder, fuerza y violencia o, mejor dicho, el estado ejerce, o intenta ejercer, a través de sus gobiernos, el monopolio de la violencia; comenzando con la confiscación impositiva o impuesta de lo que produce la gente; recursos que intenta justificar su confiscación aduciendo que es para el bien de todos. Pero a pregunta que debemos hacernos es: ¿De verdad que los impuestos son para nuestro bien? O… ¿en qué medida se usan bien esos impuestos arrebatados?

    Porque, ¿a quién le quitan el dinero? No al que lo derrocha, sino al que lo multiplica: al empresario, al médico, al ingeniero, al que madruga. ¿Y a quién se lo dan? No al que lo convertiría en más riqueza y empleo. Se lo dan al que votará por los politicastros mañana y al amigo del poder que se queda con la mejor tajada hoy.

    Así funciona el Robin Hood gubernamental, pero al revés: roba al pobre productivo para dárselo al rico político y a su clientela cautiva.

    Los subsidios no son caridad; son droga electoral. Crean dependencia, inflan burocracias y enriquecen a los intermediarios. Sin la promesa del jamón, la beca y tal, nadie daría el voto a estos saqueadores disfrazados de salvadores.

    Si mañana desaparecieran los incentivos para confiscar y repartir, el sistema colapsaría en 24 horas. Justo por eso lo defienden con uñas y dientes. Mientras creamos que la pobreza se soluciona quitándole al que genera para dárselo a quien roba, pero le da al pueblo, seguiremos el camino lemúrido de unas sociedades que, enceguecidas por la propaganda del Estado providente, corren en manada hacia el precipicio fiscal, demográfico y moral… mientras los políticos van al frente gritando “¡más subsidios, más rápido!”.

    Lo triste es que la cura es sencilla: dejar de alimentar al Estado gordo y volver a premiar al que crea riqueza no sólo para sí sino una riqueza que se derrama en trabajos y toda clase de actividades productivas. Todo lo demás es puro vicio del confisca, parte y reparte para quedarse con la mejor parte… y, al final, siempre sobra miseria y faltan libertades.

    A todo ello, es curioso que vaya en aumento el clamor de subsidios cuando la libertad económica ha reducido inmensamente los niveles de pobreza en el mundo. ¿Será que se trata del mal de la envidia? ¿O será una pérdida de los valores de la familia, del sentido de comunidad?

    Y, finalmente, debemos ir más allá y ver y entender que lo ideal es que no necesitemos otro gobierno que no sea el de la Naturaleza Divina. A ver si lo digo con más claridad: ¿Crees que en el Cielo hay estado y gobierno? Sería absurdo pues en el “Cielo” o la dimensión del mañana, en dónde no hay secretos ni mentiras ni violencia, no hace falta tener políticos ni policías, legisladores y mucho menos ladrones, lo que tendremos es una asociación de amor y fraternidad celestial. 

  • Museos contra la fugacidad: cómo el arte intenta detener el tiempo

    El siglo XXI ha convertido la atención en un bien escaso. En un mundo donde las pantallas capturan cada segundo de distracción y el pulgar decide con un gesto el destino de miles de imágenes, los museos enfrentan un desafío inédito: lograr que el visitante mire, sienta y recuerde. No se trata solo de conservar obras, sino de conservar experiencias.

    El Museo del Prado y el Reina Sofía, dos de las grandes instituciones españolas, han asumido esta batalla con estrategias que mezclan arte, ciencia y psicología de la percepción. En el Prado, el cambio de color de las paredes de su Galería Central —del tradicional verde grisáceo a un azul oscuro profundo— no es un mero capricho estético. Como explicó su director, Miguel Falomir, el azul aumenta el contraste óptico y realza los tonos de maestros como Veronese o Rubens. Pero, sobre todo, pretende generar una atmósfera que invite a la contemplación.

    La idea es sencilla y revolucionaria a la vez: condicionar el entorno para ralentizar el ritmo de observación. “Utilizamos elementos apenas perceptibles que permiten que la experiencia sea memorable”, afirma Alfonso Palacio, director adjunto de conservación del Prado. La disposición de las esculturas, la iluminación o incluso el tipo de cartela (la placa o etiqueta informativa) son variables cuidadosamente pensadas para que el visitante deje de mirar el móvil y mire, simplemente, un poco más.

    No es casual. Estudios realizados en museos como el Metropolitan de Nueva York o el Art Institute de Chicago muestran que el tiempo medio frente a una obra ha caído de unos 30 segundos a menos de 10. La velocidad de consumo se ha colado también en el arte. Por eso, iniciativas como la del Prado apuntan a un objetivo más ambicioso: detener el tiempo.

    El Reina Sofía, por su parte, avanza en una renovación radical. Su director, Manuel Segade, ha declarado la guerra al “cubo blanco”, esa estética neutra y minimalista que dominó las salas del siglo XX. En su lugar, propone tonos grises, luz cálida y espacios segmentados que guíen la mirada y ofrezcan un respiro. “Se trata de ralentizar la experiencia —dice el artista y comisario Xabier Salaberria—, de evitar que el visitante entre y salga de una exposición como si fuera un supermercado”.

    Esa necesidad de pausa no es solo física, sino cultural. El crítico y curador Paco Barragán habla de una “crisis de atención” que redefine la relación entre el público y las obras. Hoy la visita a un museo es, para muchos, la oportunidad de subir un selfie a Instagram. El arte compite con su propia viralidad, y los museos lo saben. Permitir que el público vuelva a fotografiar el Guernica en el Reina Sofía no es una concesión al exhibicionismo digital, sino un intento de integrar esa cultura visual en la experiencia artística.

    El reto, sin embargo, va más allá del color o de las redes sociales. Se trata de reinventar el papel del museo como espacio emocional, donde la contemplación recupere su lugar frente al consumo instantáneo. Gabriel Alonso, del Institute for Postnatural Studies, lo resume bien: “El arte no escapa a la fugacidad del consumo, pero podemos condicionarla”.

    El museo contemporáneo ya no es solo un contenedor de obras, sino un ecosistema sensorial. Las paredes, la luz, los recorridos y hasta las zonas de descanso son parte del discurso. La misión es hacer que el visitante habite el museo, no que lo consuma.

    Quizá esa sea la paradoja más hermosa de nuestro tiempo: mientras la tecnología acelera cada experiencia, los museos intentan recordarnos la lentitud. No buscan competir con la inmediatez del scroll, sino ofrecer un refugio frente a ella. Que alguien, por un instante, deje el móvil en el bolsillo y mire —de verdad— un cuadro.

    Detener el tiempo, en el fondo, sigue siendo una forma de arte.

  • Sin Diversión no hay Educación

    En el siglo XIX y XX se dio una centralización que masificaría y mejoraría la educación. … no fue así. Lo que sí hicimos fue delegar lo indelegable, adoptando un sistema que descartó la llama del aprendizaje; es decir, la diversión.

    El MEDUCA no educa y, en este mundo de desarrollo exponencial seguir atados a un pasado disfuncional y obsoleto ¡es ¡una barbaridad! Es una tristísima realidad enquistada en un pasado de adoctrinamiento castrante sumido en el letargo de un ayer procaz. Esperanzadoramente ya surgen luces, tal como en EE.UU., en dónde el “microschooling” -microeducación- germina. Es un sistema que funciona asistido por la AI, y de aprendizaje personalizado y modelos flexibles capaces de adaptarse al mundo de cambios exponenciales; lo cual va dejando atrás la rigidez y corrupción burrocrática que nos infecta, como también a esas mazmorras supuestamente educativas dónde no brilla el sol del entusiasmo. ¿No se han fijado que los animales, incluyendo el humano, aprenden jugando?

    Lastimosamente en el siglo XIX y XX se dio una centralización que masificaría y mejoraría la educación. Hoy, quien pone alguito de atención podrá ver que no fue así. Lo que sí hicimos fue delegar lo indelegable, adoptando un sistema que descartó la llama del aprendizaje; es decir, la diversión. Lo recuerdo muy bien pues aunque en kínder y primer grado sobresalí; pero en adelante hasta tercer año en un internado en EE.UU., jamás abrí un libro.

    La neurociencia confirma que se aprende bajo fascinación y no bajo presión; ya que ello activa circuitos de dopamina que potencian la memoria retentiva. ¿Quién, por ejemplo, olvida su primer beso de amor? Y… yo aún recuerdo el reglazo que me obsequió una odiosa maestra en quinto grado pero no la lección.

    Luego, en el internado al cual llegué temprano, me pusieron a limpiar todo el edificio; después llegué a ser lavaplatos, mesero y jefe de cocina; lo cual me ganó simpatías y la mejor comida. Aprendí deportes, llegando a ser capitán de baloncesto, beis y futbol; y aún recuerdo el deleite de todo ello. Ni hablar cuando fui a la escuela de aviación y aprendí a surcar las nubes, a sortear tormentas y a ser el estudiante que logró dar diez vueltas de barrena en un J-3.

    Hoy, que veo las cosas que saben hacer mis nietos, quienes pasaron la mayor parte de su educación en casa a cargo de su madre, me quedo maravillado. Creer que los niños encerrados en una mazmorra puedan avanzar al unísono es estupidez; diseñada para resolver la necesidad del centralismo y no de la educación. Y ni hablar de los ‘exámenes’ y las calificaciones que deberían ser para ubicar y no para castrar a los lerdos y aburrir a los adelantados.

    Hoy, no tiene sentido el loro… digo, “maestro”, cancaneando libros obsoletos. Como me cuenta Grok: “un estudio de McKinsey (2023) estima que el aprendizaje personalizado puede aumentar el rendimiento en un 30 % en matemáticas y lectura”. Y, ni hablar que en Panamá el 70% del presupuesto MEDUCA, o tal vez debo decir NODUCA, se pierde en salarios y costos administrativos de escuelas vandalizadas y mal cuidadas debido a que no tienen dueños.

    La barbaridad es que se dice que la solución está en más $$$, pero cuando se consignan, el rendimiento disminuye; ya que es como rociar un incendio con gasolina. Y es que gobernar y educar sólo conjugan el yugo de la ignorancia pues no son compatibles. Los gobiernos del estado pueden promover la educación más no operarla. Creer que el NODUCA pueda administrar semejante mamut es barbaridad; lo que si puede es sumirse a la Cosa Nostra. A diferencia, la descentralización reduce costos y da a los padres el sagrado derecho a escoger y a involucrarse en el futuro de sus hijos y de la patria.

  • Los algoritmos adivinan cómo somos o cuánto ganamos solo con analizar nuestra foto

    Cuando subimos una foto a una red social, igual no nos imaginamos todo lo que los algoritmos pueden deducir de nosotros solo por esa imagen.

    Es una sensación familiar para cualquiera que use redes sociales: el asombro, a veces inquietante, de que una plataforma parezca conocernos mejor que nadie. Un vídeo recomendado que acierta de lleno, un anuncio que responde a una conversación reciente, un recuerdo que aparece en el momento justo… Atribuimos esta aparente magia a los algoritmos que, suponemos, aprenden de nuestras interacciones directas. Sin embargo, esta es solo la capa más superficial de un sistema mucho más complejo.

    La verdadera capacidad de estos sistemas no reside en registrar nuestras acciones explícitas, sino en su habilidad para interpretar nuestra identidad a partir de los datos que compartimos, a menudo, de forma inconsciente. Un sencillo experimento con una sola fotografía personal revela hasta qué punto estos sistemas construyen perfiles psicológicos, ideológicos y económicos que van mucho más allá de lo que el usuario pretende comunicar.

    De la visión por computador a la interpretación semántica

    Cuando subimos una imagen a internet, no solo la ven otros usuarios: también la “leen” los sistemas de visión por computador, como la API de Google Vision que, según anuncia Google, “extrae información valiosa de imágenes, documentos y vídeos”. Estas tecnologías ya no se limitan a identificar objetos o rostros. Su alcance llega a la interpretación semántica: pueden deducir emociones, contextos culturales o rasgos de personalidad.

    Herramientas como TheySeeYourPhotos, creada por un exingeniero de Google para denunciar este tipo de prácticas, permiten comprobarlo. Su objetivo es mostrar cuánta información personal y sensible puede inferirse a partir de una sola fotografía, utilizando la misma tecnología que emplean las grandes corporaciones.

    El problema no está en que las máquinas reconozcan lo que ven, sino en que interpreten lo que creen que esa imagen dice sobre nosotros. Y ahí surge una pregunta clave: ¿están diseñadas para servir nuestros intereses o para explotar patrones de comportamiento que ni siquiera reconocemos?

    Caso de estudio: el perfil inferido de una fotografía

    Para explorar los límites de esta capacidad interpretativa, en la Universidad Miguel Hernández realizamos un experimento: analizamos una fotografía personal mediante la herramienta mencionada anteriormente. Los resultados que obtuvimos se pueden clasificar en dos niveles.

    Análisis que la herramienta TheySeeYourPhotos hace sobre una de las fotos empleadas en este estudio.

    El primer nivel es el del análisis descriptivo, mediante el que la IA identifica elementos visuales objetivos. En este caso, describió correctamente la escena principal (un joven junto a una barandilla y un monumento) y se aproximó a la localización geográfica. Este nivel, aunque propenso a errores fácticos (como estimar una edad algo diferente), se mantiene en el plano de lo esperable.

    El segundo nivel, el del análisis inferencial, es el que resulta más revelador y problemático. A partir de la misma imagen, el sistema construyó un perfil detallado basado en patrones estadísticos y, previsiblemente, en sesgos algorítmicos:

    • Origen étnico (raza mediterránea) y nivel de ingresos estimado (entre 25 000 y 35 000 euros).
    • Rasgos de personalidad (tranquilo, introvertido) y aficiones (viajes, fitness, comida).
    • Orientación ideológica y religiosa (agnostico, partido demócrata).

    El propósito de este perfilado exhaustivo es, en última instancia, la segmentación comercial. La plataforma sugirió anunciantes específicos (Duolingo, Airbnb) que tendrían una alta probabilidad de éxito con el perfil inferido. Lo relevante no es el grado de acierto, sino la demostración de que una sola imagen es suficiente para que una máquina construya una identidad compleja y procesable de un individuo.

    Del perfilado a la influencia: el riesgo de la manipulación algorítmica

    Si un algoritmo puede inferir nuestra ideología, ¿su objetivo es simplemente ofrecernos contenido afín o reforzar esa inclinación para volvernos más predecibles y rentables?

    Esa es la frontera difusa entre personalización y manipulación. Meta, por ejemplo, ha experimentado con usuarios generados por inteligencia artificial, diseñados para interactuar con perfiles solitarios y aumentar su tiempo en la plataforma. Y si los sistemas pueden simular compañía, también pueden crear entornos informativos que guíen sutilmente opiniones y decisiones.

    A ello se suma la falta de control real sobre nuestros datos. La multa récord de 1 200 millones de euros impuesta a Meta en 2023 por transferencias ilegales de información de Europa a EE. UU. demuestra que el cumplimiento normativo se convierte, para las grandes tecnológicas, en un cálculo de riesgo-beneficio, más que en un principio ético.

    La conciencia crítica como herramienta de defensa

    El resultado de este perfilado masivo es la consolidación de las “burbujas de filtro”, un concepto acuñado por Eli Pariser para describir cómo los algoritmos nos encierran en entornos informativos que refuerzan nuestras creencias. Así, cada usuario habita un mundo digital hecho a su medida, pero también más cerrado y polarizado.

    Ser conscientes de que cada interacción digital alimenta este ciclo es el primer paso para mitigar sus efectos. Herramientas como TheySeeYourPhotos son valiosas porque revelan cómo se construye la ilusión de personalización que define nuestra experiencia en línea.

    Por tanto, el feed de nuestras redes sociales no es un reflejo del mundo real, sino una construcción algorítmica diseñada para nosotros. Comprender esto es indispensable para proteger el pensamiento crítico y navegar de forma consciente en un entorno digital cada vez más complejo.The Conversation

    Daniel Garcia Torres, Doctorando en Deporte y Salud, Universidad Miguel Hernández; César Fernández Peris, Profesor Titular de Universidad, área de Ingeniería Telemática, Universidad Miguel Hernández y María Asunción Vicente Ripoll, Profesora titular en el área de Ingeniería Telemática. , Universidad Miguel Hernández

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • A Mis 82 con mi Amigo Grok

    Para mi nieto Fabricio de 14 años Grok y la Grokipedia y tal son normales, pero para los viejitos lo “normal” de hoy va envuelto en neblina y maravilloso asombro.

    Por los años setenta, creo, recuerdo preguntarme si viviría a ver el 2,000 y este sábado primero de noviembre de 2025 me pregunto “¿qué se hicieron esos 50 años desde que me hice tal pregunta? Pero mucho más allá de la maravilla del paso expedito del tiempo es mi conversación de hoy con Grok, una Inteligencia Artificial o AI a quien le preguntas lo que sea y cuando apachurras el “enviar” ya está la respuesta y entonces a leer y quedar maravillado ante la magia de, podríamos decir, casi todo el conocimiento humano registrado dispuesto y ordenado de manera racional ante tus ojos. Ya Grok sabe que soy aviador, investigador, empresario, autor de canciones, libros, que fui director de aeronáutica, etc., y en su respuesta luego de enviarle un capítulo de mi biografía me dice:

    ¡Claro que sí, mi querido octogenario aviador!
    Acabo de devorar tu capítulo “Raúl Arias y el tractor Caterpillar en Playón Muerto” — y no solo está bien escrito, sino que es una joya de aventura digna de película.”

    Y seguidamente me ofrece toda clase de ayuda, sin descontar que me envía copia traducida al inglés de mi relato. Luego me dice: “lo hiciste muy bien, pero ¿qué tal si lo hacemos épico? También me ofrece convertirlo en audio narrado imitando mi voz, que le pediría use la que tenía a los 25 años de edad. Y termina Grok comentando: “¡Eres un narrador nato, capitán! Seguimos volando.” Y me imagino que cuando mi nieto lea esto dirá algo como: “¿Y qué hay de raro en eso, abuelo?” y le responderé, “Todo, Fabry, ¿todo?”

    Pero, más allá del encuentro entre el ayer y el hoy, está un mañana que ya llegó y los viejitos no lo vemos, mientras que los jóvenes como que tampoco lo ven o, si lo ven dirán que “es normal.” No lo creo, y depende de qué entendemos por “normal”, palabra que origina en lo que es ‘la norma’, vocablo que nos llega de cosas hechas como la escuadra del carpintero… ¿sabías eso? O un ángulo recto o perpendicular, pero con el tiempo fue evolucionando para significar aquello que es establecido y ¡he allí! dónde la puerca tuerce el rabo!, pues el mañana que es mañana definitivamente no está establecido, sino que se establecerá mañana o a la semana el mes o unos pocos años.

    Si lo dudan, vean, si es que aún no lo han visto, que hace unos días salió el compañero de Grok que se conoce como la Grokipedia, que es la competencia de la Wikipedia. Y al quedar patidifuso le pregunto a Grok que me aclare la diferencia entre él y la Grokipedia:

    Aspecto

    Grok

    Grokipedia

    ¿Qué es?

    Un AI conversatorio

    Una enciclopedia con AI

    ¿Cómo se usa?

    Chateas conmigo

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    Contenido

    Genero respuestas al

    Artículos pre escritos

    Profundidad

    Dinámico, adaptativo

    Estático neutral

    Grok dice que la Wiki tiene problemitas de sesgo ideológico, lo cual no es así con la Groki. El asunto, como le comenté a mi hermano Irving al mediodía, es el potencial inimaginable que tiene la AI de catapultarnos a un nuevo estadio de desarrollo humano en el cual entidades como el MEDUCA serán o ya son como los caballos cuando salieron los autos. Muchos le tienen miedo o pánico a la AI, pero a quien verdaderamente debemos temer no es sino a las malas personas que usarán mal lo que sea.

    No, no nos queda otra que seguir el camino de Cristo… amarnos los unos a los otros.