Categoría: Tecnología

  • La vuelta al cole con IA: cómo evolucionan los métodos docentes

    Con el inicio del nuevo ciclo escolar, los docentes enfrentan uno de los desafíos más importantes de los últimos años: integrar la inteligencia artificial (IA) en el aula sin perder el foco en la enseñanza. Según Cointelegraph, los profesores ya están adoptando nuevas estrategias para “hacer que los estudiantes sigan aprendiendo en la medida en que la tecnología esté cada vez más presente”.

    1. Del pánico al cambio de mentalidad

    El debate inicial, cargado de temor sobre si la IA reemplazaría a los docentes, ha dado paso a una visión más pragmática: la IA como aliada. Muchos maestros ahora utilizan herramientas como ChatGPT para generar cuestionarios, adaptar contenidos, planificar clases o automatizar rúbricas de evaluación. La IA permite liberar tiempo valioso y dedicarlo a lo que realmente importa: la interacción, el acompañamiento pedagógico y la creatividad docente.

    2. Ahorro de tiempo y mayor calidad educativa

    Estudios indican que la IA puede ahorrar hasta el 85 % del tiempo dedicado a diseñar evaluaciones. Una investigación brasileña con más de 13 000 docentes mostró que, mientras antes elaborar una sola pregunta podía llevar horas, ahora lleva solo segundos gracias a plataformas como Maieutics.ai. Este tiempo adicional permite a los profesores desarrollar contenidos más detallados, innovar en sus aulas y cuidar mejor la relación con los alumnos.

    3. Más del 75 % de los docentes planea usar IA este curso

    Una encuesta de Kahoot! a más de 1 100 profesores en España revela que más del 75 % planea incorporar IA en este ciclo escolar para preparar contenidos (37 %), aprendizaje virtual (18 %) y gamificación (17 %). Además, los docentes destacan mayores motivación e interés por parte del alumnado, mejor comprensión del contenido y una comunicación más efectiva.

    4. Formación docente: el gran desafío

    Sin embargo, la integración de la tecnología no está exenta de obstáculos. Solo el 12 % de los profesores ha recibido formación formal en IA, y muchos consideran necesario un uso supervisado y guiado de estas herramientas. Se requieren políticas públicas robustas y planes de capacitación que permitan a los maestros utilizar la IA con criterio pedagógico y ético.

    5. Hacia una educación ética, inclusiva y personalizada

    La IA tiene un enorme potencial para personalizar el aprendizaje. Plataformas adaptativas pueden ajustar contenidos al ritmo, intereses y nivel de cada estudiante, promoviendo una educación más efectivamente inclusiva. También se observan esfuerzos globales por integrar la IA de manera ética y solvente: en América Latina, iniciativas como la de la OEI y ProFuturo buscan garantizar acceso equitativo y responsable.

    6. Universidades, IA y acompañamiento pedagógico

    No solo en primaria y secundaria se está innovando: Khan Academy ha lanzado Khanmigo, un asistente de enseñanza potenciado por OpenAI. Su función no es reemplazar al docente, sino potenciar la personalización, motivación y responsabilidad en el aprendizaje, incluso como herramienta de acceso para quienes menos recursos tienen.

    7. Mantener lo humano como eje central

    La implementación de IA debe respetar el valor de lo humano: empatía, mentoría, pensamiento crítico y emociones siguen siendo irremplazables. La IA puede encargarse de lo repetitivo, pero no de lo humano .

    La IA está transformando la educación, pero su éxito depende del diseño: necesita docentes capacitados, entornos éticos y políticas públicas que prioricen la equidad y el pensamiento crítico. No se trata de reemplazar, sino de amplificar lo mejor de la enseñanza: la creatividad, la conexión y la excelencia pedagógica.

    Referencias:

     

  • Ripple, XRP y el desafío a SWIFT: de la disputa con la SEC a la reinvención de los pagos globales

    Cuando Ripple Labs lanzó el protocolo XRP en 2012, la ambición era clara: crear una red capaz de mover valor con la misma fluidez que circula la información en internet. El diseño del XRP Ledger (XRPL) introdujo innovaciones notables para la época: un sistema de consenso distinto al proof of work de Bitcoin, liquidaciones en segundos y comisiones fraccionales. El objetivo inicial no era ser una “criptomoneda especulativa”, sino un rail de pagos eficiente, interoperable y adoptable por instituciones financieras.

    Sin embargo, la trayectoria de Ripple no fue lineal. En 2020 la SEC de Estados Unidos demandó a la compañía, alegando que XRP era un valor no registrado. Durante tres años, la incertidumbre regulatoria empañó el proyecto. Finalmente, en 2023, los tribunales fallaron que XRP, en su comercialización secundaria, no constituía un valor y el caso se cerró definitivamente en Agosto del 2025. Con ese lastre levantado, Ripple recupera su agenda original: competir con SWIFT en el terreno de los pagos transfronterizos.

    SWIFT: el estándar… con grietas crecientes

    Fundada en 1973 y con sede en Bélgica, SWIFT conecta a más de 11.000 instituciones financieras en 200 países. Su papel es crucial, pero limitado: es un sistema de mensajería, no de liquidación. Para que el dinero se mueva realmente, los bancos deben recurrir a corresponsales y a cuentas prefinanciadas (nostro/vostro), lo que implica costos, demoras y una cascada de comisiones.

    Además, SWIFT es vulnerable a la interferencia gubernamental: en 2012 fue utilizada para excluir a Irán, y en 2022 a bancos rusos tras la invasión a Ucrania. Este carácter de “palanca geopolítica” convierte a SWIFT en un punto único de estrangulamiento, donde decisiones regulatorias pueden aislar a países o instituciones enteras.

    La sobre-regulación post-2008 añadió otra capa de complejidad: las exigencias AML/CFT encarecieron la banca corresponsal, reduciendo relaciones en mercados emergentes (de-risking) y dejando a millones de personas con menos acceso a pagos globales.

    Ripple/XRP: menos pasos, menos fricción

    Aquí Ripple ofrece una alternativa estructural. Su producto On-Demand Liquidity (ODL) convierte divisas en XRP y de vuelta en cuestión de segundos a través de exchanges regulados, eliminando la necesidad de cuentas prefinanciadas en múltiples países. Esto reduce la dependencia de corresponsales, libera capital inmovilizado y acorta la cadena de cumplimiento.

    Las ventajas adicionales son claras:

    • Velocidad: liquidaciones en segundos, contra horas o incluso días en SWIFT (aunque gpi mejoró mucho la trazabilidad, no siempre significa liquidación inmediata).
    • Costo: comisiones de fracción de centavo por transacción en XRPL, frente a las tarifas acumuladas en cada banco corresponsal.
    • Disponibilidad: XRPL opera 24/7/365, sin cortes ni dependencias de horarios bancarios.
    • Liquidez dinámica: el DEX nativo del XRPL y el auto-bridging permiten encontrar rutas de conversión eficientes entre pares.
    • Transparencia: cada liquidación queda registrada en la cadena, facilitando conciliación y auditoría en tiempo real.

    En términos de gobernanza, la descentralización relativa del XRPL evita que una sola entidad pueda “apagar” la red, aunque los on/off-ramps sigan sujetos a normativas locales. Aun así, es un substrato más resiliente que un consorcio legal centralizado y regulado como SWIFT.

    Limitaciones y realismo

    No todo es ventaja para Ripple. El efecto red de SWIFT es formidable: décadas de integración con core banking y un estándar de datos (hoy ISO 20022) que se ha vuelto lenguaje común. Muchos bancos prefieren mejorar lo existente antes que migrar a un rail alternativo. Además, la entrada y salida en fiat sigue requiriendo cumplimiento estricto en cada jurisdicción.

    Sin embargo, el diferencial de Ripple está en aliviar los dolores estructurales: reducir pasos innecesarios, democratizar acceso a liquidez y limitar la dependencia de nodos políticos. En un contexto donde las sanciones financieras son cada vez más frecuentes, esa resiliencia puede volverse atractiva incluso para actores que hoy son firmes usuarios de SWIFT.

    El futuro de los pagos globales

    La historia de Ripple y XRP es la de un proyecto que pasó de ser un experimento cripto a un contendiente real contra un sistema con medio siglo de hegemonía. La disputa con la SEC fue apenas un obstáculo en un trayecto más ambicioso: reinventar la infraestructura de pagos globales.

    SWIFT representa solidez, escala y tradición, pero también fricción, sobre-regulación y vulnerabilidad política. Ripple, en cambio, aporta velocidad, eficiencia y resistencia a la manipulación centralizada.

    La pregunta ya no es si Ripple puede reemplazar a SWIFT, sino cuántos bancos estarán dispuestos a probar un rail que no les exige cambiarlo todo, pero sí les promete liquidaciones más rápidas, más baratas y más libres de ataduras políticas.

  • Empresas acumulan Bitcoin cuatro veces más rápido de lo que se mina: ¿qué implica?

    Un reciente estudio de la firma River revela un dato que sorprende, aunque no debería: las empresas acumulan Bitcoin a un ritmo cuatro veces superior al que se genera mediante minería. Según su análisis del año 2025, estas entidades —entre tesorerías corporativas y firmas convencionales— captan en promedio 1 755 BTC por día, mientras que los mineros solo producen unos 450 BTC diarios tras el halving de abril de 2024.

    Pero no se quedan ahí: los fondos y los ETFs agregan otros 1 430 BTC diarios, y los gobiernos alcanzan los 39 BTC por día. Este desequilibrio entre oferta y demanda podría provocar un estrangulamiento del suministro de Bitcoin, ya que las reservas en los exchanges se reducen ante el impulso institucional.

    ¿Qué hay detrás de esta dinámica?

    • Reducción de reservas en exchanges: Con tanto Bitcoin saliendo hacia carteras institucionales, la liquidez disponible para el público (retail) disminuye. Este fenómeno podría generar tensiones al hacer más difícil comprar BTC al contado.
    • Empresas como “tesorerías Bitcoin”: Firmas como MicroStrategy (renombrada Strategy) y otras similares se han transformado en grandes acumuladoras de criptomoneda. Solo Strategy posee más de 600 000 BTC. En tanto, compañías como Metaplanet (Japón) anunciaron planes para adquirir decenas de miles de BTC, aspirando incluso a superar a MicroStrategy a futuro. Por su parte, GameStop realizó una primera gran compra de unos 4 700 BTC (valorados en más de 500 millones de dólares) como parte de su estrategia financiera alternativa.
    • ¿Subirá el precio o no? Aunque instituciones están comprando mucho, el impacto en el precio no es inmediato. Según Keyrock, las tesorerías corporativas representan apenas un 0,6 % del movimiento diario del precio de Bitcoin, y suelen mantener sus BTC a largo plazo, sin venderlos rápido.
    • Oportunidades desde la valoración en bolsa: Algunas empresas con gran exposición a Bitcoin cotizan por debajo del valor de sus criptoactivos. Esto crea oportunidades para inversores que pueden comprar exposición a BTC “barata” mediante acciones. A su vez, muchas emisoras cotizan con sobreprecio (premium) respecto al valor de su tesorería BTC, como MicroStrategy, con hasta un 90 % de markup.

    ¿Qué significa esto para el ecosistema cripto?

    1. Menor disponibilidad inmediata de BTC: Al reducirse las reservas disponibles en exchanges, la oferta para el mercado retail se comprime, lo que podría aumentar la volatilidad.
    2. Bitcoin como activo corporativo estratégico: Empresas lo adoptan como un resguardo de valor alternativo, especialmente en entornos de inflación o bajas tasas de interés.
    3. Mercado institucional más robusto: La creciente demanda por parte de grandes jugadores es un signo de consolidación del ecosistema cripto.
    4. Oportunidades de arbitrio y valoración: Inversionistas atentos pueden encontrar valor comprando empresas subvaloradas con reservas BTC como activo subyacente.

    En síntesis, estamos ante un momento clave: las empresas acumulan Bitcoin y lo están haciendo a un ritmo superior frente al suministro nuevo, lo que tensiona la oferta. Aunque esto no impulsa el precio de inmediato, sí fortalece el rol de Bitcoin como activo corporativo estratégico, y abre la puerta a oportunidades financieras en paralelo.

  • Revés judicial a los aranceles de Trump: ¿qué significa para la logística, la tecnología y el comercio global?

    La última semana de agosto trajo un golpe inesperado a la política comercial de EE. UU.: la Corte de Apelaciones del Circuito Federal declaró que la mayoría de los aranceles impuestos por la administración Trump bajo la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) son ilegales. En términos simples, este revés judicial para Trump significa que el tribunal consideró que un presidente no puede usar poderes de emergencia para cobrar impuestos a las importaciones, pues esa facultad es del Congreso.

    Eso sí: la decisión no se aplica de inmediato. Los jueces suspendieron sus efectos hasta el 14 de octubre para dar tiempo a que el gobierno de  Trump eleven el caso al Tribunal Supremo; mientras tanto, los aranceles siguen cobrándose.

    Este limbo jurídico genera un terreno lleno de preguntas para importadores, operadores logísticos y equipos de sistemas. ¿Cómo planificar cuando el mismo tributo puede desaparecer en semanas?

    Efectos globales: precios, rutas y tensiones comerciales

    1. Costos impredecibles. Los importadores pagan hoy aranceles que podrían declararse inválidos mañana. Eso obliga a provisionar flujo de caja adicional y a diseñar estrategias de reembolso por si los tribunales confirman la ilegalidad.
    2. Redirección de flujos. Algunas multinacionales están moviendo parte de su producción para evitar “golpes de clasificación”. Esto incluye buscar orígenes alternativos, ajustar el contenido regional de sus productos o incluso desviar cargas hacia países con acuerdos más estables.
    3. Relaciones internacionales. Si el Supremo confirma el fallo, Washington perderá una herramienta de presión comercial, lo cual puede reducir tensiones con socios como la UE o México. Pero si lo revierte, se consolidará un precedente de unilateralismo que otros países podrían imitar.

    La capa tecnológica: cuando los sistemas deben bailar al ritmo de la política

    El comercio exterior no se sostiene solo con barcos y contenedores. Detrás, hay capas de software que deben adaptarse a cada vaivén regulatorio. Hoy más que nunca, los responsables de IT y compliance están afinando sus plataformas para no perder el compás:

    • ERP (SAP, Oracle, Dynamics). Deben parametrizar aranceles con fechas de vigencia y vincularlos a su base legal (IEEPA vs Sección 232/301). Esto les permite recalcular automáticamente los costos de importación y simular escenarios con o sin devolución de derechos. Ahora imaginen el altísimo costo que representa para los productores mundiales cambiar estos parámetros a cada impulso político que se generan con frecuencias temporales cada vez menores.
    • TMS/WMS. Los sistemas de transporte y almacén ya están ajustando reglas de ruteo: por ejemplo, se priorizan puertos con menos congestión o deciden si conviene acelerar la entrada de una carga para entrar en una “ventana de exención” aduanera. Estas decisiones no son gratuitas, más allá del trastorno logístico que implican.
    • Sistemas aduaneros (ACE/ABI en EE. UU.). Los brokers y equipos internos deben mantener actualizadas las tablas con los códigos de recargo (subcapítulos 9903) y documentar el fundamento legal de cada entrada. Esto es clave para futuras devoluciones, pero es un costo que también impactará en los precios que paguen los consumidores americanos.
    • Integraciones EDI. Los mensajes electrónicos entre navieras, terminales y aduanas (ANSI X12) ahora necesitan transportar campos adicionales como la fecha exacta de carga a bordo, dato decisivo para saber si una mercancía califica a exención.
    • Analítica financiera. Muchas compañías ya tienen dashboards de “duty at risk”, donde se calcula cuánto capital está comprometido en aranceles que podrían desaparecer. Esto facilita proyecciones de flujo de caja y evita sorpresas en el trimestre.

    En el agua: qué hacen hoy los barcos

    El impacto no es solo de escritorio. En los puertos estadounidenses se observa un patrón curioso:

    • Algunos importadores están acelerando arribos para que su mercancía entre antes de la fecha de corte y quede protegida por exenciones de tránsito.
    • Otros, al contrario, están demorando el despacho aduanero mediante zonas francas o depósitos, esperando claridad judicial antes de “consumir” la entrada.

    Las navieras reportan que no hay una paralización general, pero sí mayor volatilidad en los tiempos estimados de llegada (ETA) y movimientos en puerto. Todo esto repercute en las tarifas spot, que se ajustan con rapidez ante cualquier expectativa de reducción de volúmenes.

    Mientras tanto, qué hacen importadores y operadores

    1. Congelan reglas actuales en los sistemas, pero preparan un plan de reversión automática si el fallo se confirma.
    2. Revisan contratos logísticos e incluyen cláusulas de reparto de costos en caso de cambios arancelarios.
    3. Auditan orígenes y clasificaciones para detectar oportunidades de exención bajo otros regímenes.
    4. Capacitan a sus equipos en las guías recientes de CBP y en la sentencia del Circuito Federal.

    Una pesadilla global para el flujo normal del comercio

    Este último episodio demuestra que el comercio global no depende solo de acuerdos internacionales o de la capacidad de los puertos, sino también de la resiliencia de los sistemas de información de las empresas. En un escenario donde un arancel puede nacer y morir por una orden política o judicial, las empresas que mejor se adaptan son aquellas capaces de versionar reglas en su ERP, recalcular rutas en su TMS y traducir fechas de carga en decisiones financieras. La pregunta es quiénes son tan grandes como para poder hacerlo sin fricciones. Más que nunca, la cadena de suministro global necesita no solo barcos veloces y empresas adaptativas, sino reglas de juego claras y estables. El libre comercio no debería ser rehén del capricho político. Las compañías invierten en tecnología, logística y talento para sostener el movimiento del mundo; los políticos, en cambio, parecen invertir en incertidumbre. Y en un mercado global, la incertidumbre cuesta más caro que cualquier arancel.

  • Acuerdos libres y voluntarios, el caso SpareFare

    Desde tiempos inmemoriales, el ingenio humano ha superado los límites del statu quo: frente a rígidas regulaciones o situaciones imprevistas, las personas inventan soluciones, pactos y mecanismos que responden a nuevas demandas, aportando valor y flexibilidad a la sociedad. Esta “acción humana”, en palabras de Mises, es el motor del progreso: es a través de miles de acuerdos libres y voluntarios que se construyen mercados, instituciones y redes de cooperación.

    La plataforma SpareFare es un claro ejemplo contemporáneo de esta dinámica. Su objetivo es simple pero potente: conectar a personas que tienen reservas de vuelos, hoteles o paquetes vacacionales —no reembolsables y que ya no pueden usar— con otras que desean comprarlas a precios significativamente inferiores a los del mercado convencional.

    Fundada en 2016 y con sede en Londres, SpareFare se presenta como el mercado secundario más grande, seguro y confiable para la compraventa de reservas de viaje. Vendedores y compradores se conectan directamente, pero con la plataforma funcionando como intermediario tecnológico y garante: los primeros listan sus reservas, los segundos hacen ofertas o pujas, y si ambas partes aceptan, hay un intercambio dentro de un plazo de 48 horas, que culmina con la transferencia del dinero o del billete según el rol.

    Aquí emergen con fuerza los elementos distintivos de los acuerdos libres y voluntarios: autonomía, cooperación espontánea y beneficio mutuo. El vendedor recupera una parte del gasto que de otro modo perdería; el comprador accede a una oferta inesperada, a menudo con descuentos de hasta 50‑60 %. Todo ello sin necesidad de regulación coercitiva ni intervención estatal.

    Además, la plataforma ofrece mecanismos de seguridad —como protección contra fraude— que permiten minimizar el riesgo, facilitando la confianza entre personas que de otro modo no se conocerían. El mercado se autorregula mediante reputación, reseñas y sistemas de valoración.

    No obstante, los mercados voluntarios no están exentos de crítica o desafíos. Algunas opiniones de usuarios señalan problemas relacionados con la experiencia de usuario, estructura de comisiones, lentitud en ventas o atención al cliente. Esto demuestra que, aunque el mercado es creativo y espontáneo, también es perfectible: requiere retroalimentación, ajustes y mejora constante impulsada por quienes participan.

    SpareFare en la economía colaborativa: comparativa con otros modelos

    La economía colaborativa ha transformado sectores enteros al facilitar el encuentro directo entre oferta y demanda. SpareFare se inscribe en esa lógica, pero con características singulares. Veamos:

    Airbnb (alojamiento)

    • Similitud: conecta personas con recursos subutilizados (una casa o habitación vacía, en Airbnb; una reserva no reembolsable en SpareFare) con quienes desean aprovecharlos.
    • Diferencia: Airbnb crea experiencias repetibles, donde el anfitrión puede “profesionalizar” su servicio; SpareFare, en cambio, suele operar en transacciones únicas (un vuelo, un hotel, un paquete puntual).
    • Reflexión: SpareFare se acerca más a rescatar “valor perdido” que a generar un flujo constante de ingresos.

    BlaBlaCar (transporte compartido por carretera)

    • Similitud: ambos aprovechan un recurso ya adquirido. En BlaBlaCar, es un asiento en un coche que ya iba a viajar; en SpareFare, un billete o reserva ya comprada.
    • Diferencia: BlaBlaCar es preventivo (se organiza antes del viaje), mientras SpareFare es correctivo (aparece cuando la persona ya no puede usar lo comprado).
    • Reflexión: ambos reducen desperdicio y permiten ahorro, mostrando cómo la cooperación voluntaria mejora la eficiencia.

    Wallapop / Vinted (compra-venta de segunda mano)

    • Similitud: ponen en valor lo que alguien ya no usa, evitando que se pierda y generando beneficio para comprador y vendedor.
    • Diferencia: los objetos físicos en Wallapop pueden revenderse infinitas veces; en SpareFare, la reserva es perecedera y única (fecha fija, vuelo único).
    • Reflexión: SpareFare es un mercado “urgente”, donde el tiempo es determinante y donde la plataforma debe garantizar agilidad.

    StubHub / TicketSwap (entradas de conciertos y eventos)

    • Similitud: permiten revender un bien perecedero (entrada con fecha y lugar definidos).
    • Diferencia: las entradas tienen más estandarización; en viajes, cada reserva implica datos personales y cambios de nombre con reglas específicas según aerolínea u hotel.
    • Reflexión: aquí se ve la verdadera innovación de SpareFare: no basta con transferir un “código”, sino con crear un entorno seguro para trámites más complejos.

    En síntesis, SpareFare se distingue en la economía colaborativa porque no parte de un recurso disponible por diseño, sino de un una contingencia personal: una reserva no reembolsable que, en el esquema tradicional, solo genera pérdida. La plataforma lo convierte en oportunidad, conectando inteligentemente oferta y demanda ejemplificando lo señalado por Kirzner sobre el emprendedurismo.

    SpareFare no es solo una plataforma comercial: es un microcosmos de mercado libre en acción. Demuestra que, cuando se permite a los individuos interactuar voluntariamente y responder creativamente a desafíos, surgen soluciones valiosas sin necesidad de regulaciones rígidas. La cooperación voluntaria —basada en la acción humana, el ingenio y la autonomía— genera estructuras eficientes, equitativas y evolutivas.

    En tiempos donde se debate tanto sobre regulación, paternalismo o subsidios, ejemplos como SpareFare reafirman que gran parte del progreso no proviene de arriba, sino de acuerdos espontáneos libres y voluntarios entre personas que buscan mejorar su bienestar y el de los demás. Y ese, en definitiva, es el mejor tributo a la libertad práctica.

  • El individuo por encima del Estado: la amenaza a la libertad en tiempos del veredicto Storm

    Desde una perspectiva libertaria, la máxima de Jorge Luis Borges, “Creo que con el tiempo mereceremos que no haya gobiernos”, refleja una esperanza fundamentada más en la maduración moral humana que en el rechazo simplista del Estado. No es un capricho literario, sino una aspiración profunda: llegar a un futuro donde las personas sean lo suficientemente civilizadas para convivir sin estructuras coercitivas.

    Esta idea cobra fuerza en un contexto donde el Estado, por su propia naturaleza expansiva, parece más una amenaza que una garantía. Como sostiene el fallo reciente contra Storm, el Estado no siempre está al servicio del individuo. Al contrario, cuando ampara o amplía su aparato coercitivo, pone en riesgo las libertades fundamentales.

    Los valores libertarios descansan en la convicción de que el individuo posee derechos inalienables: vida, libertad, propiedad y que éstos deben estar protegidos frente a cualquier invasión del poder estatal. El Estado, en cambio, por definición, tiende a priorizar los propios intereses de una mayoría circunstancial ejerciendo el gobierno, expandir su control y reglamentar las acciones de los ciudadanos aunque sea bajo el velo del “bien común”.

    El veredicto contra Storm, que destruye, sin matices, el ejercicio genuino de esas libertades, confirma esta peligrosa dinámica. La justicia, en este caso, se convierte en herramienta de represión. El Estado actúa como acusador, juez y verdugo, sin distinción entre roles ni contrapesos efectivos. El individuo, así, queda subordinado a una máquina estatal rígida y deshumanizada.

    Por eso, afirmar que “el gobierno no es tu amigo” no es una frase retórica vacía: es reconocer que la protección real de la libertad está en los límites que los ciudadanos imponen desde su autonomía. La verdadera defensa de los derechos surge cuando el Estado reconoce su rol limitado y cede el protagonismo al individuo responsable.

    Pero esto no implica caer en el nihilismo. El objetivo no es abolir el Estado hoy, sino replantear su naturaleza. Requiere reglas mínimas, claras y concretas, donde el poder estatal sea transparente, accountable y subsidiario. Un Estado que cumpla funciones imprescindibles: seguridad, justicia, defensa, sin invadir los espacios del individuo.

    La cita borgiana, entonces, ilumina una senda esperanzadora: mereceremos un futuro sin gobiernos, no porque los despreciemos, sino porque habremos alcanzado un grado de civilización tal que ya no los necesitaremos para convivir con respeto, ética y responsabilidad individual.

    Mientras tanto, el fallo contra Storm pone en evidencia cuánto queda por recorrer. La libertad no es una concesión estatal: es un activo que es anterior al estado, son derechos self-evident por el mero hecho de ser seres humanos, derechos fundamentales que debemos defender y resguardar con firmeza. El individuo debe velar por sus derechos siempre ante cualquier forma de autoridad que los desmerezca. Y nunca pedir permiso por ejercerlos siempre que respetemos a los mismos derechos en nuestros semejantes.

    Este fallo contra Storm refuerza una enseñanza clara: el individuo no debe delegar su soberanía en un Estado con intereses propios de quienes gobiernan. Debe vigilar, cuestionar y, sobre todo, actuar libremente. Los libertarios compartimos la convicción de que el Estado no es nuestro amigo; reconocerlo no es derrotismo, sino una advertencia necesaria para defender lo que realmente importa.

  • Monero bajo ataque: lo que debes saber sobre las últimas 48 horas

    En los últimos dos días, la comunidad de Monero (XMR) ha sido testigo de un episodio que pone a prueba tanto la fortaleza técnica como la confianza en una de las criptomonedas más centradas en la privacidad. Un pool de minería llamado Qubic alcanzó y mantuvo más del 50 % del poder de minado de la red, generando el temor de un ataque del 51 %.

    Para entender la magnitud del asunto, vale la pena repasar qué significa y por qué es especialmente sensible para una criptomoneda como Monero.

     ¿Qué es un ataque del 51 %?

    En redes de blockchain basadas en proof-of-work, si una entidad controla más del 50 % de la potencia de minado (hashrate), puede reorganizar bloques, censurar transacciones o incluso realizar ataques de doble gasto. Esto no implica necesariamente que todos esos abusos ocurran, pero el simple hecho de que el control exista ya es una amenaza seria para la descentralización.

     Lo que pasó con Monero

    • Concentración de hashrate: El pool Qubic superó el 50 % del hashrate global de Monero, activando alertas en toda la comunidad.
    • Reorganizaciones de bloques: Se detectaron reorganizaciones —por ejemplo, seis bloques consecutivos—, una señal inequívoca de manipulación activa de la cadena.
    • Impacto en el precio: En apenas 24 horas, XMR cayó entre un 8 % y 17 %, tocando mínimos de tres meses alrededor de $247–$248 USD.
    • Reacción de Qubic: El pool afirmó que se trataba de una especie de “stress test” para revelar vulnerabilidades y fortalecer la red, no para destruirla.
    • Costo estimado: Analistas como Charles Guillemet (CTO de Ledger) calculan que mantener tal nivel de control costaría unos $75 millones diarios, lo que limita la viabilidad de un ataque prolongado, pero no lo hace imposible.

    Reacción del mercado y análisis técnico

    La respuesta del mercado fue inmediata: ventas masivas y sentimiento bajista. Técnicamente, los indicadores muestran:

    • RSI en zona de sobreventa: podría indicar posibilidad de rebote técnico a corto plazo.
    • Tendencia bajista consolidada según el ADX.
    • Soportes: $240 USD como nivel inmediato, $220 USD como soporte fuerte.
    • Resistencias: $260–$265 USD inmediatos, $290–$300 USD como zona clave de recuperación.

    Posibles contramedidas

    Para protegerse contra este tipo de amenazas, la comunidad de Monero podría considerar:

    1. Descentralizar el hashrate incentivando la migración a pools más pequeños.
    2. Modificar el algoritmo RandomX para dificultar ataques prolongados.
    3. Hard fork de emergencia si la amenaza persiste.
    4. Restricciones temporales en exchanges para mitigar posibles dobles gastos.

    Escenarios a mediano plazo

    Escenario optimista
    Qubic reduce su control, la red adopta medidas y el precio se recupera hacia los $280–$300 USD. La narrativa de resiliencia refuerza la imagen de Monero como bastión de la privacidad.

    Escenario neutral
    El control alto del hashrate se mantiene pero sin más incidentes, y el precio oscila entre $240–$265 USD, con volatilidad moderada.

    Escenario pesimista
    Se repiten reorganizaciones o problemas técnicos, provocando una nueva ola de ventas que empuja a XMR hacia $210–$230 USD.

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    Implicaciones para la criptolibertad

    Monero no es solo un activo digital; es una herramienta crucial para quienes valoran la privacidad financiera. Episodios como este ponen de relieve que la descentralización no es un estado fijo, sino un equilibrio que debe vigilarse y protegerse constantemente.
    La criptolibertad implica no solo usar herramientas seguras, sino participar activamente en su defensa, detectando riesgos y reaccionando antes de que la centralización erosione su esencia.

    En este sentido, la respuesta de la comunidad de Monero en las próximas semanas no solo definirá el futuro de su precio, sino que enviará un mensaje claro sobre la capacidad de las criptomonedas verdaderamente descentralizadas para resistir amenazas reales.

     

  • Crypto influencers reemplazan a los inversores de riesgo(VCs)

    El mundo de la inversión en criptomonedas está experimentando una transformación fundamental. Hasta hace poco, el acceso al financiamiento de proyectos innovadores estaba dominado por inversionistas casi inaccesibles en Silicon Valley —inversores de riesgo (VCs) que operaban en círculos exclusivos y observaban con cautela a los emprendedores que podían acceder a su capital. Sin embargo, un nuevo actor disruptivo está tomando protagonismo: los crypto influencers o influyentes cripto.

    Apertura y competencia por el acceso al capital

    Tradicionalmente, invertir en etapas tempranas de startups estaba reservado a un pequeño porcentaje de personas con elevados patrimonios o ingresos —en EE. UU., solo menos del 2 % de la población cumple con los criterios de “inversor acreditado”, como tener más de un millón de dólares en patrimonio neto o ingresos anuales superiores a 200 000 dólares. Los VCs además imponen mínimos de compromisos grandes y operan en redes cerradas, dejando a la mayoría de los inversionistas fuera del juego.

    En contraste, los influencers cripto aprovechan plataformas como X, YouTube, Discord o Telegram para llevar oportunidades de inversión directamente a la comunidad. No hay barreras institucionales ni acuerdos de no divulgación. Cualquiera puede acceder, investigar e incluso replicar sus inversiones, gracias a la transparencia de las cadenas de bloques.

    Transparencia y responsabilidad

    Una de las grandes ventajas de este nuevo modelo es la transparencia: los influencers suelen compartir sus propias carteras (on-chain), lo que permite que cualquiera pueda auditar sus movimientos en tiempo real. Esto genera un sistema de responsabilidad inmediato. Al contrario de los VCs, ocultos tras acuerdos privados, los influencers que cometen errores o recomiendan proyectos de baja calidad ven su credibilidad socavada públicamente.

    Además, la comunidad participa activamente en el entendimiento de los proyectos: los análisis se vuelven colaborativos, público-crowdsourcing. Tokenomías, mecanismos técnicos y contratos inteligentes pueden ser desmenuzados por audiencias curiosas, lo que expone con mayor eficacia posibles riesgos o debilidades, incluso ante ojos más expertos que los de un VC tradicional.

    Un nuevo paradigma: capital e innovación alineados

    Este giro también redefine la relación entre capital y creación. En lugar de priorizar salidas rápidas o retornos inmediatos, como suelen hacer algunos VCs, los influencers alinean sus intereses con los de sus seguidores. Al invertir públicamente y exponer resultados compartidos, crean incentivos para promover proyectos sólidos y sostenibles.

    El resultado es un modelo más inclusivo: la innovación sigue fluyendo no solo hacia quienes tienen conexiones, sino hacia quienes muestran ideas prometedoras y pueden conectarlas con comunidades interesadas.

    Riesgos y consideraciones

    No obstante, este enfoque no es una panacea. La ausencia de estructuras reguladas puede aumentar la exposición a proyectos especulativos o poco fundamentados. Los influencers, por más transparentes que se esfuercen en ser, también corren el riesgo de promover inversiones sin el suficiente análisis o caer en dinámicas de “hype” temporales. El nuevo modelo no elimina la necesidad de diligencia: tanto influencers como seguidores deben seguir investigando y responsabilizándose de sus decisiones únicas e individuales.

    La irrupción de los crypto influencers en el terreno del financiamiento temprano no solo ofrece una alternativa a los VCs exclusivos, sino que impulsa una cultura de transparencia, participación colectiva y responsabilidad individual. Este nuevo ecosistema abre una era potencialmente más justa y eficiente, donde las oportunidades fluyen hacia quienes construyen ideas sólidas, no hacia quienes tienen las mejores conexiones. Aunque hay riesgos, el modelo aporta una bocanada de aire fresco en un sistema que necesitaba evolucionar. Al final del día, es la comunidad quien gana: más acceso, más transparencia y más innovación real.

  • Veredicto parcial a Roman Storm: un signo preocupante para la privacidad y la libertad del código

    Ayer, un jurado federal en Manhattan emitió un veredicto parcial en el caso del co‑fundador de Tornado Cash, Roman Storm, encontrándose impedido de llegar a consenso sobre los cargos más graves de lavado de dinero y evasión de sanciones. Sin embargo, fue hallado culpable únicamente de haber operado un servicio de transmisión de dinero no autorizado, lo que puede acarrear hasta cinco años de prisión.

    ¿Qué ocurrió?

    El juicio giraba en torno a acusaciones de que Tornado Cash facilitó el lavado de más de mil millones de dólares, incluyendo fondos vinculados al grupo Lazarus de Corea del Norte. Los fiscales alegan que Storm sabía del uso ilícito del protocolo y se lucró de ello. En respuesta, la defensa sostuvo que él solo escribió un software descentralizado; que no controla cómo se usa y que no intentó apoyar actividades criminales.

    La “victoria parcial” sobre la privacidad

    Previo a la deliberación, la jueza Katherine Polk Failla permitió que la defensa incluyera argumentos sobre motivaciones de privacidad, aunque prohibió apelaciones al término legal “derecho a la privacidad”. Esto ha sido interpretado como un reconocimiento limitado de que el software puede desarrollarse por convicción, no por ánimo criminal, pero sin otorgar un amparo constitucional completo.

    Implicaciones para el movimiento cypherpunk y el software libre

    Desde comunidades cypherpunk y defensoras del software libre, este fallo genera gran preocupación: ¿puede un desarrollador ser penalizado por el uso que hagan otros de su código? Si la respuesta es sí, muchas herramientas legítimas podrían volverse criminalizables.

    La comisionada de la SEC, Hester Peirce, ha advertido que los desarrolladores de código abierto no deben responder legalmente por cómo lo usan los usuarios. Apelando a precedentes de la criptografía (como el caso de PGP en los años 90), subraya que si se persigue a creadores neutrales, la innovación tecnológica se vería seriamente amenazada.

    El sentir de la comunidad

    Activistas y defensores ven este juicio como un precedente peligroso. Aunque el jurado no condenó por los cargos más graves, la culpabilidad por operar un servicio sin licencia ya representa una señal inquietante para quienes desarrollan herramientas de privacidad descentralizadas. Los desarrolladores de Tornado Cash recaudaron millones en apoyo legal dentro del gremio criptográfico, lo que simboliza un fuerte respaldo comunitario.

    Además, el juicio interroga directamente si programar anonimicidad o privacidad puede ser criminalizado dependiendo del uso que le den terceros.

    ¿Una noticia alentadora?

    No lo es. Aunque Roman Storm evitó condenas por los cargos más devastadores, la sentencia parcial y la presión legal ejercida por las autoridadeds constituyen un aviso para desarrolladores y defensores de tecnologías descentralizadas.

    El mensaje se percibe claro: cualquier herramienta que dificulte el rastreo financiero puede convertirse en objeto de persecución, incluso si su creador no promovió usos ilegales. Esto genera un clima de inseguridad jurídica para software libre, DeFi y proyectos orientados a proteger la privacidad.

    La sentencia parcial de Roman Storm pone el foco sobre un tema central para la cultura cypherpunk: la responsabilidad penal por escribir código. Aunque esta vez los cargos más severos quedaron sin cerrar, el hecho de que una persona sea declarada culpable por mantener en funcionamiento un protocolo descentralizado ya marca un duro precedente. A ojos de activistas por la libertad como nosotros, la privacidad y los desarrolladores de software libre, no son noticias alentadoras.

  • Carissa Véliz, filósofa: “Muchos adolescentes ni siquiera alcanzan a imaginar cómo es vivir con privacidad”

    Asegura Carissa Véliz (Reino Unido) que aprende lo indecible en las conversaciones con sus estudiantes de la Universidad de Oxford, con los que habla del valor de lo analógico, de las relaciones personales, de qué hace que una vida sea buena. Está convencida de que solo protegiendo la privacidad podemos mantener a salvo la democracia. Y le preocupa que muchos jóvenes, acostumbrados a crecer sin ella, no se den cuenta de las implicaciones que su ausencia puede tener para su futuro.

    En alguna ocasión ha comentado que la privacidad es un instinto animal que compartimos con todas las especies y, sin embargo, últimamente vivimos como si pudiéramos prescindir de ella. ¿Son conscientes las generaciones más jóvenes de su importancia?

    Es difícil responder porque “los jóvenes” no son un grupo homogéneo: hay diferencias importantes en función de dónde nacen, dónde viven, incluso depende de si son hombres o son mujeres. Últimamente me ha sorprendido bastante que mis estudiantes son más conscientes de la importancia de la privacidad y están menos enganchados a la tecnología que muchos adultos. Aunque quizás mis estudiantes no sean lo suficientemente representativos de la población.

    En general, me preocupa el hecho de que haya muchos chavales que no han crecido con privacidad, que ni siquiera alcanzan a imaginar lo que es vivir con privacidad y, sobre todo, que no se dan cuenta de las implicaciones que su ausencia tiene para su futuro.

    La privacidad no es solo una cuestión de si permitimos o no que nos vean o sepan de nosotros. Cuando empresas y gobiernos tienen acceso a información acerca de quiénes somos, qué hacemos, si gozamos de buena o de mala salud, cuáles son nuestras tendencias políticas o religiosas o de quién nos enamoramos, eso tiene implicaciones.

    Así es. Sobre todo porque cuando has vivido siempre en una democracia es difícil imaginar que es frágil, que es vulnerable, que puede tener un fin si no la cuidamos.

    La pérdida de la privacidad puede coartar tu libertad, la libertad de poder decir lo que piensas, la libertad de juntarte con quien elijas, la libertad de poder protestar de manera pacífica. Cuando todo eso desaparece, uno empieza a tener miedo de lo que ha dicho, o de lo que puede decir, y acaba autocensurándose.

    Ocurre ya que en Inglaterra y Estados Unidos se invade la privacidad de quienes tratan de alquilar un piso: los propietarios contratan compañías de datos para obtener información sobre el posible inquilino. Y si le rechazan, si le niegan el acceso a una vivienda, no tienen que justificar por qué, no necesitan dar un motivo.

    Se vulneran, entonces, varios de los derechos que recoge el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que proclama garantizar la protección de la vida privada, la familia, el domicilio, la reputación…

    Claro. Y lo más preocupante es que los problemas no surgen en el momento en el que se recolectan los datos, sino que suelen aparecer mucho más tarde. Es más, ni siquiera cuando surgen es fácil hacer una conexión directa entre el momento en el que un dato deja de pertenecerte y el momento en que sufrimos discriminación o exclusión por ese dato perdido.

    Los derechos son derechos justamente porque son un bien a proteger, imprescindible. Y, si la sociedad vive con una perspectiva demasiado individualista, nos arriesgamos a perder derechos y libertades.

    A veces son los propios padres quienes empiezan a compartir los datos de los chavales antes de que ellos puedan decidir, sin darse cuenta de que, en el futuro, puede tener consecuencias negativas para sus hijos.

    Sin duda. Y eso me hace pensar que todos tenemos que estar mejor informados, algo nada fácil porque muchas compañías y muchos gobiernos no tienen interés en que se conozca cómo tratan los datos.

    Pero no debemos caer en el error de poner toda la responsabilidad sobre los hombros de los individuos, que estamos sobrepasados con el actual nivel de burocracia y de trabajo, y con la cantidad de exigencias que supone nuestro día a día. Lo ideal sería que pudiéramos disponer de mejores productos, poder tener todos acceso a correos electrónicos privados y móviles que respeten la privacidad.

    La necesidad de probar cosas nuevas y la atracción por el riesgo es inherente a la adolescencia. Pero ¿qué pasa con los riesgos digitales? ¿Se asumen con la misma consciencia que, por ejemplo, un salto en paracaídas?

    Indudablemente, no. Uno de los problemas con la vida digital es que es muy nueva. No tenemos experiencia suficiente para tener reacciones viscerales de miedo al riesgo al que nos exponemos. En parte por la novedad, en parte porque es muy abstracto, y en parte porque está diseñado para ser opaco.

    Cuando escribo un mensaje que parece privado en una plataforma como X, pero en realidad está a la vista de todos, hay una incongruencia entre lo que realmente estoy haciendo y la sensación que experimento.

    Por otra parte, somos seres biológicos y, si nos lanzamos desde un avión, la sensación física de riesgo es muy tangible. Pero, si alguien te empuja a la dark web o vende tus datos a un data broker particularmente irresponsable, no hay ninguna sensación física que te alerte.

    ¿Explicar a los más jóvenes esos riesgos invisibles puede ayudarles a poner límites?

    Considero que sí. He conocido a muchos estudiantes que evitan compartir ciertas cosas porque se preocupan por el día de mañana, por si en el futuro, cuando vayan a pedir trabajo, tienen problemas porque alguien ve aquella foto en la que habían bebido más de la cuenta, o lee aquel comentario desafortunado.

    Yo, sobre todo, animaría a los jóvenes a que participen en la construcción de su propio mundo. Es su mundo, el mundo que van a habitar, y tienen derecho a construirlo. Me gustaría ver jóvenes que programen, dedicados a crear aplicaciones mejores de las que hay, que no quieran trabajar para Google sino crear su propia compañía, con otra ética diferente y sin sesgos racistas o sexistas.

    ¿Digitalizar implica vigilar?

    No necesariamente. Según hemos diseñado lo digital, ahora mismo ambas cosas están indisolublemente unidas. Por eso hay que reinventar lo digital.

    Tal y como lo plantea, el debate no es tecnología sí o tecnología no, sino tecnología cómo y, sobre todo, con qué ética.

    En efecto, la clave es quién tiene el poder sobre la tecnología, quién la controla y hasta qué punto nos da autonomía. Un adolescente que tiene 18 años vive en un mundo en el que siempre ha existido Google, pero lo cierto es que, si lo vemos en perspectiva, Google ha existido un microsegundo en la historia de la humanidad. Las nuevas generaciones deben darse cuenta de que todo es temporal, y de que tienen la oportunidad de cambiar lo que no les gusta.

    Muchas redes sociales y apps nos ofrecen constantemente contenidos a medida, y eso nos encierra en una especie de pecera, una burbuja donde solo se muestran contenidos que coinciden con nuestra forma de pensar, mientras el resto de la realidad se diluye. Así, parece más fácil que triunfen los discursos de odio y la desinformación.

    Sí, así es. Pero la tecnología no tiene por qué colocarnos necesariamente en estos guetos de información, de ahí mi insistencia en que los propios jóvenes inventen algo diferente, algo menos personalizado. Porque todo lo personalizado nos aísla de los otros.

    Insisto en que estamos en un momento en que es necesario involucrarse en la sociedad que tenemos, hacernos responsables de ella, forjarla, cultivarla, cuidarla.

    Y eso, entiendo, va más allá de crear nueva tecnología.

    Sí. Y, aunque podemos caer en el error de pensar que en este momento, con el auge de la inteligencia artificial, lo más importante para construir el futuro son las ciencias experimentales, la realidad es que es el momento de las humanidades. Porque sin humanidades, sin un entendimiento de cómo gobernar la tecnología, podemos terminar peor que si no desarrollamos esa tecnología.

    Hace un rato leí en un artículo del Financial Times que las empresas se quejan de que sus empleados no son capaces de pensar por sí mismos. Y las disciplinas que nos enseñan a pensar son, precisamente, las humanidades.

    No sé si conoce el debate que ha habido en España hace poco, con la última reforma de la Ley de Educación, sobre si mantener o no como obligatoria la asignatura de Filosofía, si es lo bastante útil.

    Que podamos tan siquiera insinuar que la Filosofía no es útil deja en evidencia que estamos manejando un concepto de utilidad increíblemente superficial, cortoplacista, centrado solo en producir y obtener resultados que podamos cuantificar, traducir a números. Cuando lo cierto es que todos nosotros tenemos una idea bastante intuitiva de que las cosas que más importan en la vida no se pueden medir.

    ¿Qué mensaje le mandaría a los jóvenes?

    Mandaría dos. El primero, que es el momento perfecto para leer. Leer todo lo que puedas leer. Leer historia, leer filosofía, leer política, leer antropología, aprender de las generaciones pasadas, de cómo superaron los momentos más difíciles de sus vidas. Y leer en papel, porque el acto de leer es un acto de desafío a todo lo que está pasando. Es decir: no, no voy a estar en tu ordenador, ni voy a estar en tus redes sociales, voy a leer a los grandes pensadores de la historia.

    El segundo: que la vida no es digital, sino analógica… La vida es la vida de las cosas, de la cafetería de la esquina, la vida de tus amigos, de las conversaciones en persona, de la naturaleza, de salir a correr. Y mientras menos dependamos de lo digital, más robusta y satisfactoria será esa vida. Lo digital es un fantasma de lo analógico, es un second best, lo que usamos cuando no tenemos la opción de hacer algo analógico. Hablamos por Zoom cuando no podemos vernos en persona.


    Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a la Generación Alfabeta.The Conversation

    Elena Sanz, Directora, The Conversation

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.