Etiqueta: comercio internacional

  • Revés judicial a los aranceles de Trump: ¿qué significa para la logística, la tecnología y el comercio global?

    La última semana de agosto trajo un golpe inesperado a la política comercial de EE. UU.: la Corte de Apelaciones del Circuito Federal declaró que la mayoría de los aranceles impuestos por la administración Trump bajo la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) son ilegales. En términos simples, este revés judicial para Trump significa que el tribunal consideró que un presidente no puede usar poderes de emergencia para cobrar impuestos a las importaciones, pues esa facultad es del Congreso.

    Eso sí: la decisión no se aplica de inmediato. Los jueces suspendieron sus efectos hasta el 14 de octubre para dar tiempo a que el gobierno de  Trump eleven el caso al Tribunal Supremo; mientras tanto, los aranceles siguen cobrándose.

    Este limbo jurídico genera un terreno lleno de preguntas para importadores, operadores logísticos y equipos de sistemas. ¿Cómo planificar cuando el mismo tributo puede desaparecer en semanas?

    Efectos globales: precios, rutas y tensiones comerciales

    1. Costos impredecibles. Los importadores pagan hoy aranceles que podrían declararse inválidos mañana. Eso obliga a provisionar flujo de caja adicional y a diseñar estrategias de reembolso por si los tribunales confirman la ilegalidad.
    2. Redirección de flujos. Algunas multinacionales están moviendo parte de su producción para evitar “golpes de clasificación”. Esto incluye buscar orígenes alternativos, ajustar el contenido regional de sus productos o incluso desviar cargas hacia países con acuerdos más estables.
    3. Relaciones internacionales. Si el Supremo confirma el fallo, Washington perderá una herramienta de presión comercial, lo cual puede reducir tensiones con socios como la UE o México. Pero si lo revierte, se consolidará un precedente de unilateralismo que otros países podrían imitar.

    La capa tecnológica: cuando los sistemas deben bailar al ritmo de la política

    El comercio exterior no se sostiene solo con barcos y contenedores. Detrás, hay capas de software que deben adaptarse a cada vaivén regulatorio. Hoy más que nunca, los responsables de IT y compliance están afinando sus plataformas para no perder el compás:

    • ERP (SAP, Oracle, Dynamics). Deben parametrizar aranceles con fechas de vigencia y vincularlos a su base legal (IEEPA vs Sección 232/301). Esto les permite recalcular automáticamente los costos de importación y simular escenarios con o sin devolución de derechos. Ahora imaginen el altísimo costo que representa para los productores mundiales cambiar estos parámetros a cada impulso político que se generan con frecuencias temporales cada vez menores.
    • TMS/WMS. Los sistemas de transporte y almacén ya están ajustando reglas de ruteo: por ejemplo, se priorizan puertos con menos congestión o deciden si conviene acelerar la entrada de una carga para entrar en una “ventana de exención” aduanera. Estas decisiones no son gratuitas, más allá del trastorno logístico que implican.
    • Sistemas aduaneros (ACE/ABI en EE. UU.). Los brokers y equipos internos deben mantener actualizadas las tablas con los códigos de recargo (subcapítulos 9903) y documentar el fundamento legal de cada entrada. Esto es clave para futuras devoluciones, pero es un costo que también impactará en los precios que paguen los consumidores americanos.
    • Integraciones EDI. Los mensajes electrónicos entre navieras, terminales y aduanas (ANSI X12) ahora necesitan transportar campos adicionales como la fecha exacta de carga a bordo, dato decisivo para saber si una mercancía califica a exención.
    • Analítica financiera. Muchas compañías ya tienen dashboards de “duty at risk”, donde se calcula cuánto capital está comprometido en aranceles que podrían desaparecer. Esto facilita proyecciones de flujo de caja y evita sorpresas en el trimestre.

    En el agua: qué hacen hoy los barcos

    El impacto no es solo de escritorio. En los puertos estadounidenses se observa un patrón curioso:

    • Algunos importadores están acelerando arribos para que su mercancía entre antes de la fecha de corte y quede protegida por exenciones de tránsito.
    • Otros, al contrario, están demorando el despacho aduanero mediante zonas francas o depósitos, esperando claridad judicial antes de “consumir” la entrada.

    Las navieras reportan que no hay una paralización general, pero sí mayor volatilidad en los tiempos estimados de llegada (ETA) y movimientos en puerto. Todo esto repercute en las tarifas spot, que se ajustan con rapidez ante cualquier expectativa de reducción de volúmenes.

    Mientras tanto, qué hacen importadores y operadores

    1. Congelan reglas actuales en los sistemas, pero preparan un plan de reversión automática si el fallo se confirma.
    2. Revisan contratos logísticos e incluyen cláusulas de reparto de costos en caso de cambios arancelarios.
    3. Auditan orígenes y clasificaciones para detectar oportunidades de exención bajo otros regímenes.
    4. Capacitan a sus equipos en las guías recientes de CBP y en la sentencia del Circuito Federal.

    Una pesadilla global para el flujo normal del comercio

    Este último episodio demuestra que el comercio global no depende solo de acuerdos internacionales o de la capacidad de los puertos, sino también de la resiliencia de los sistemas de información de las empresas. En un escenario donde un arancel puede nacer y morir por una orden política o judicial, las empresas que mejor se adaptan son aquellas capaces de versionar reglas en su ERP, recalcular rutas en su TMS y traducir fechas de carga en decisiones financieras. La pregunta es quiénes son tan grandes como para poder hacerlo sin fricciones. Más que nunca, la cadena de suministro global necesita no solo barcos veloces y empresas adaptativas, sino reglas de juego claras y estables. El libre comercio no debería ser rehén del capricho político. Las compañías invierten en tecnología, logística y talento para sostener el movimiento del mundo; los políticos, en cambio, parecen invertir en incertidumbre. Y en un mercado global, la incertidumbre cuesta más caro que cualquier arancel.

  • La UE tiende la mano a Trump: comercio sin aranceles y una advertencia de Bastiat

    La reciente propuesta de la Unión Europea (UE) para eliminar mutuamente los aranceles sobre productos industriales con Estados Unidos representa mucho más que una medida técnica: es una declaración política y económica en un momento en que el proteccionismo vuelve a ganar terreno.

    La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue clara: “Europa siempre está lista para un buen acuerdo”. El mensaje, dirigido a la administración Trump tras la imposición unilateral de nuevos aranceles del 10% (y hasta el 20% en algunos sectores), busca evitar una guerra comercial que podría dañar seriamente las relaciones transatlánticas y, de paso, generar un impacto negativo en la economía global.

    Aranceles como arma política

    La propuesta europea se centra exclusivamente en bienes industriales, dejando fuera los productos agrícolas, un punto históricamente sensible dentro del bloque. La exclusión revela tanto la prudencia estratégica de Bruselas como la dificultad real de alcanzar un acuerdo integral. Aun así, el gesto no es menor: es una apuesta por el diálogo en un momento en que el unilateralismo vuelve a marcar la agenda internacional.

    Desde la Casa Blanca, sin embargo, los gestos han sido ambiguos. Mientras Trump celebra públicamente la “defensa de la industria nacional”, muchos analistas advierten que esta política de aranceles selectivos responde más a necesidades políticas internas que a una estrategia económica de largo plazo.

    Bastiat y la tentación del proteccionismo

    En este escenario, conviene recordar a Frédéric Bastiat, uno de los grandes defensores del libre comercio y crítico feroz de las intervenciones estatales. En su obra La Ley, escrita en 1850, dejó una advertencia que hoy cobra plena vigencia:

    “Les señalo, sin embargo, que el proteccionismo, el socialismo y el comunismo son básicamente la misma planta en tres etapas diferentes de crecimiento.”

    Con esta frase, Bastiat apuntaba a la lógica común detrás de distintas formas de intervencionismo económico: todas restringen la libertad individual y distorsionan el mercado bajo la promesa de un beneficio colectivo que rara vez se materializa.

    Los aranceles que hoy impone Estados Unidos —y que Europa busca desactivar— no solo son una herramienta de presión comercial, sino el síntoma de una corriente más profunda: la tentación de cerrar fronteras en lugar de construir puentes.

    Una oportunidad en juego

    La oferta europea es, ante todo, una oportunidad: de evitar una escalada innecesaria, de reafirmar los principios del comercio libre y de recordar que la cooperación económica no es ingenuidad, sino inteligencia estratégica. Las ideas de Bastiat siguen resonando porque señalan un peligro tan real hoy como en su tiempo: que el miedo y la política cortoplacista terminen sofocando los beneficios de un orden abierto, donde el intercambio y la libertad sean el motor del progreso.

    El futuro del comercio global no se decidirá solo en cifras, sino en principios. Y ahora mismo, esos principios están puestos a prueba.

  • Trump y China: ambigüedad estratégica en tiempos de incertidumbre

    La política exterior del presidente Donald Trump en su segundo mandato parece definida por una paradoja desconcertante: un tono sorprendentemente cordial hacia China, contrastado con acciones cada vez más hostiles por parte de su Administración. En su análisis publicado en El Mundo, el historiador Niall Ferguson desentraña esta ambigüedad, advirtiendo que podría tener consecuencias geoestratégicas de gran calado.

    Durante la campaña electoral, Trump prometió imponer aranceles del 60% a los productos chinos. Sin embargo, ya instalado nuevamente en la Casa Blanca, su retórica se ha suavizado, e incluso se refiere a Xi Jinping como un “buen amigo”. Lejos de anunciar una distensión real, este giro retórico convive con un endurecimiento tangible de la política comercial y tecnológica hacia Pekín: mayores aranceles, más restricciones a empresas chinas y una escalada en la competencia por la supremacía digital.

    Ferguson interpreta esta contradicción como una forma de realismo estratégico. Estados Unidos, enfrentado a retos simultáneos en Europa del Este, Oriente Medio y Asia-Pacífico, busca evitar un conflicto directo con China a corto plazo. La hipótesis es clara: si Washington logra un acuerdo con Pekín para estabilizar el Pacífico, podría concentrarse en otros frentes, como contener a Rusia o desactivar tensiones con Irán.

    No obstante, Ferguson alerta de los riesgos de esta lógica. Al igual que Nixon en los años 70, Trump parece confiar en que es posible separar a China de Rusia. Pero las circunstancias actuales no permiten tal jugada con la misma facilidad. Los vínculos entre Xi y Putin son hoy más sólidos y estratégicos que nunca. Apostar por un deshielo con Pekín mientras se rehabilita a Moscú podría dejar a EE.UU. sin apoyos fiables ni disuasión efectiva ante una eventual crisis en Asia.

    Taiwán es, precisamente, el punto neurálgico de esa potencial crisis. La Administración Trump ha intentado rebajar el tono, pero China continúa fortaleciendo su arsenal y capacidad de intimidación. Ferguson sugiere que Pekín podría optar por un “bloqueo blando” de la isla, una provocación que pondría a prueba los límites de la respuesta occidental. A ello se suma la preocupante escasez de recursos militares estadounidenses: falta de misiles, de reservas industriales y de logística suficiente para sostener un conflicto prolongado.

    La ambigüedad estratégica, que durante décadas funcionó como doctrina respecto a Taiwán, se extiende ahora a toda la relación con China. El peligro radica en que esa ambigüedad —un intento de disuasión mediante la incertidumbre— ya no parece ser efectiva. Xi Jinping podría interpretar las señales mixtas como una oportunidad, no como una amenaza.

    Ferguson concluye que Estados Unidos debe aclarar su postura o arriesgarse a una confrontación mal calculada. En un mundo donde la percepción de debilidad puede ser tan decisiva como la fuerza real, la coherencia estratégica ya no es un lujo: es una necesidad

  • El impacto de los aranceles de Trump

    En un reciente discurso, Donald Trump anunció su intención de imponer aranceles del 25% a las importaciones de México y Canadá, y del 10% a las de China. Esta política, que revive su enfoque proteccionista, busca abordar el déficit comercial estadounidense y presionar a México para detener la migración ilegal. Aunque resuena con su base electoral, esta propuesta tiene profundas implicancias económicas y políticas.

    Efectos económicos inmediatos

    Imponer aranceles generalizados impactará negativamente a las cadenas de suministro integradas de Norteamérica. México y Canadá, socios del T-MEC, comparten sectores clave como el automotriz y el agroindustrial, que dependen de la fluidez comercial. Si bien los aranceles suelen ser presentados como herramientas para equilibrar las relaciones comerciales, en la práctica tienden a generar costos significativos para los consumidores. Los aranceles del 25% encarecerían los productos importados, impactando directamente en los precios al consumidor en Estados Unidos. Además, muchos economistas han advertido que estas medidas podrían elevar la inflación y reducir la competitividad global de las empresas estadounidenses, al alterar cadenas de suministro establecidas desde hace décadas.

    Para México, las consecuencias podrían ser igualmente serias. Estados Unidos es el principal socio comercial de México, y medidas de este tipo amenazan con desestabilizar sectores clave como el automotriz y el agroindustrial. Además, podrían aumentar la volatilidad económica, afectando la inversión extranjera y el empleo.

    En el caso de China, los aranceles agravarían una relación comercial ya tensa, repercutiendo en el acceso a bienes tecnológicos y en insumos críticos para la producción estadounidense.

    Impacto en las relaciones diplomáticas

    La propuesta desafía principios fundamentales del T-MEC, que busca promover el libre comercio en la región. Medidas unilaterales como estas erosionan la confianza entre socios comerciales, debilitan la cooperación regional y podrían motivar disputas legales. Además, utilizar el comercio como herramienta para abordar la migración genera tensiones políticas innecesarias, en lugar de incentivar el diálogo para soluciones multilaterales.

    La retórica política detrás de los aranceles

    Trump asocia esta medida a la defensa de los empleos y la seguridad estadounidense. Sin embargo, los expertos coinciden en que los aranceles no garantizan el retorno de la industria a EE.UU., ya que las empresas buscan costos laborales competitivos y estabilidad regulatoria. Su discurso responde más a una estrategia política para movilizar votantes, que a un plan económico sostenible.

    Alternativas a los aranceles

    Un enfoque más equilibrado incluiría fortalecer el T-MEC mediante mejoras en infraestructura fronteriza, incentivos para inversiones conjuntas y políticas migratorias más coordinadas. Estas medidas fomentarían la competitividad sin sacrificar relaciones comerciales ni perjudicar a consumidores.

    La propuesta de los aranceles de Trump revive un proteccionismo que ignora la interdependencia económica y el costo para los consumidores. Si bien refuerza su narrativa política, plantea riesgos significativos para la economía y diplomacia global. En un mundo interconectado, soluciones cooperativas y estratégicas son esenciales para enfrentar desafíos como el comercio y la migración.

    Para ver más sobre las declaraciones de Trump, puedes consultar el video aquí.

  • El Canal de Panamá: Un Símbolo de Progreso y Paz

    El 15 de agosto de 1914, la humanidad celebró un hito monumental en la historia del comercio global con la inauguración del Canal de Panamá. Este prodigioso logro no solo transformó las rutas marítimas, sino que también se convirtió en un símbolo poderoso de progreso, cooperación y paz. En una era marcada por conflictos y tensiones, el Canal de Panamá nos enseñó que el comercio puede ser la mejor respuesta a la discordia.

    Desde su apertura, el Canal de Panamá ha sido una arteria vital para el comercio internacional, conectando el Océano Atlántico con el Pacífico a través de una ruta que antes era inimaginable. Esta conexión no solo ha acelerado el comercio global, sino que ha reducido significativamente los costos asociados con el transporte de mercancías. Antes de su existencia, los barcos tenían que emprender un largo y peligroso viaje alrededor del Cabo de Hornos, en el extremo sur de Sudamérica. El Canal ha eliminado miles de kilómetros de viaje, ha reducido el tiempo de navegación y, por ende, ha hecho que el comercio sea más eficiente y menos costoso.

    La existencia del Canal de Panamá también ha sido una fuerza estabilizadora en las relaciones internacionales. En lugar de enfrentarse a las dificultades y riesgos asociados con rutas marítimas largas y peligrosas, las naciones han encontrado un terreno común en la cooperación económica. El Canal ha demostrado que el comercio puede ser un puente para la paz, una herramienta para el entendimiento y la colaboración entre países. En lugar de recursos destinados a conflictos y disputas, se han canalizado hacia la creación de riqueza y el desarrollo compartido. Como bien lo expresó el economista francés Frédéric Bastiat, «Cuando el comercio es libre, el hombre tiende a resolver sus conflictos de manera pacífica. Si se impide el comercio, entonces, lamentablemente, las armas se convierten en el medio para resolverlos». Esta cita ilustra claramente cómo la apertura al comercio reduce la propensión a los conflictos y fomenta un entorno de cooperación pacífica.

    Panamá, el país que alberga esta joya de la ingeniería, ha cosechado beneficios incalculables desde la inauguración del Canal. La economía panameña ha florecido gracias a las tarifas de tránsito, y el país se ha consolidado como un centro estratégico y logístico para el comercio mundial. La presencia del Canal ha impulsado la infraestructura, el desarrollo urbano y el crecimiento económico, convirtiendo a Panamá en un actor clave en el escenario global. Además, el Canal ha fomentado el desarrollo de una cultura empresarial vibrante y una economía diversificada, beneficiando a las generaciones de panameños con mayores oportunidades y estándares de vida elevados.

    En un mundo que a menudo parece estar dividido por conflictos y confrontaciones, el Canal de Panamá nos recuerda que la verdadera fuerza de una nación y del mundo reside en su capacidad para construir puentes y fomentar el entendimiento mutuo. La historia del Canal es una prueba de que el comercio es una fuerza unificadora, que promueve la prosperidad y disminuye las tensiones. En lugar de centrarnos en las barreras y los conflictos, debemos abrazar el poder del comercio para superar divisiones y construir un futuro más pacífico y próspero.

    Hoy, al conmemorar el 110º aniversario de la inauguración del Canal de Panamá, celebramos no solo un logro de ingeniería, sino también un triunfo de la cooperación y la visión compartida. El Canal sigue siendo un testimonio del impacto positivo que puede tener la apertura de nuevas rutas y la colaboración entre naciones. En una época en la que las tensiones globales persisten, el Canal de Panamá sigue siendo un faro de esperanza, recordándonos que el camino hacia un futuro mejor está pavimentado con el entendimiento mutuo y la apertura al comercio.

    Así, el 15 de agosto de 1914, no solo marcó la apertura de una vía de agua, sino el inicio de una nueva era de posibilidades, donde el comercio se erige como la alternativa a la guerra, y la cooperación supera a la confrontación. En honor a este hito histórico, es nuestro deber que sigamos promoviendo el comercio y la paz, construyendo un mundo donde el progreso y la armonía sean la norma, no la excepción.

  • La Globalización: Un Fenómeno Histórico y Contemporáneo

    La globalización, un término que a menudo evoca imágenes de protestas y debates políticos, tiene en realidad una historia rica y multifacética que se extiende mucho más allá de los últimos siglos. A menudo, se discute si el término correcto debería ser «mundialización», dado que esta palabra refleja más adecuadamente el proceso histórico de interconexión global. Sin embargo, el término «globalización» ha ganado prevalencia y es ahora ampliamente aceptado para describir este fenómeno.

    La globalización se refiere a la creciente interconexión y dependencia entre los países y sus economías, culturas y poblaciones a escala global. Este proceso no es nuevo. De hecho, sus raíces pueden rastrearse a través de la historia antigua y medieval. Los viajes de Marco Polo a Oriente y los intercambios culturales y comerciales entre las civilizaciones de Asia oriental, Mesopotamia, Egipto, Grecia, Cartago, Roma y el islam son ejemplos tempranos de mundialización. Estas civilizaciones no solo expandieron sus propias culturas y tecnologías, sino que también contribuyeron a la difusión de conocimientos y prácticas a través de vastas regiones.

    Un ejemplo clásico de mundialización temprana es el intercambio de plantas y bienes. Plantas como los cerezos, los nísperos y la caña de azúcar, así como bienes de lujo como las sedas, jaspes y perlas, ya circulaban entre continentes en la época romana o poco después. Estos intercambios no solo enriquecieron las culturas locales, sino que también sentaron las bases para el comercio global que conocemos hoy.

    El descubrimiento de América y la ruta del Cabo por exploradores como Cristóbal Colón y los navegantes portugueses amplificaron enormemente este proceso. La mundialización se transformó en globalización cuando Sebastián Elcano completó la primera circunnavegación del globo bajo la bandera del emperador Carlos V. Este hito marcó el comienzo de una era de intercambio transoceánico de bienes, ideas y personas.

    El comercio ultramarino floreció con la introducción de cultivos y productos entre el Nuevo y el Viejo Mundo. Trigo, maíz, oro, mercurio, caballos, patatas, tabaco y cerdos fueron solo algunos de los bienes que cruzaron océanos, impulsando el comercio y la economía de mercado. Carlos V, además, introdujo el clavel en España, un ejemplo simbólico de cómo las culturas se enriquecieron mutuamente a través de estos intercambios.

    La moderna globalización realmente despegó en el siglo XIX, con el auge de las fuerzas económicas que promovieron el comercio, las migraciones y los flujos de capital. Gran Bretaña, líder en el libre comercio, jugó un papel crucial. La reducción de aranceles en 1846 permitió una dispersión más equitativa de los ingresos y benefició a muchas economías europeas. Las migraciones masivas también tuvieron un impacto significativo, aumentando la fuerza laboral en países como Estados Unidos, Canadá, Australia y Argentina, y contribuyendo al crecimiento económico global.

    Este periodo, conocido como la «era dorada» de la globalización, se vio interrumpido por la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión, que llevaron a un resurgimiento de los nacionalismos y una reacción contra la globalización. En los tiempos actuales, uno de los problemas emergentes es la irrupción de movimientos de ultraderecha que utilizan discursos de xenofobia, proteccionismo y nacionalismo para ganar apoyo. Estos movimientos, al culpar a la globalización de problemas económicos y sociales, proponen cerrar fronteras y limitar el comercio internacional, lo que genera efectos contraproducentes.

    El comercio internacional y la apertura económica, lejos de ser los causantes de estos problemas, han demostrado ser fuentes de paz y prosperidad. La historia nos muestra que los períodos de mayor intercambio comercial son también períodos de relativa paz y desarrollo económico. Por ejemplo, la integración económica europea después de la Segunda Guerra Mundial ayudó a consolidar la paz en un continente devastado por conflictos.

    Cerrar las puertas a la globalización nos lleva a un retroceso económico y social. La reducción del comercio y las barreras proteccionistas tienden a aumentar los precios, reducir la variedad de productos disponibles y limitar las oportunidades de crecimiento económico. En lugar de culpar a la globalización, la solución debería centrarse en hacerla más inclusiva y equitativa, asegurando que sus beneficios se distribuyan de manera más justa; la desburocratización y liberalización del funcionamiento del estado y el comercio son los mejores caminos para lograr esta redistribución, que no sean impuestos los que se lleven los beneficios del intercambio global.

    Hoy en día, el debate sobre la globalización se centra en cómo mejorarla. En lugar de contrarrestarla, es esencial trabajar hacia una verdadera economía de mercado que promueva el desarrollo equitativo y sostenible. La globalización, en su esencia, es la interacción y cooperación global que tiene el potencial de llevarnos de situaciones menos favorables a algo mejor. Por lo tanto, el desafío y la oportunidad radican en gestionar y mejorar este proceso para el beneficio de todos.

    Así, parece claro que, lejos de ser una amenaza, la globalización es una oportunidad que, bien gestionada, puede llevarnos hacia un futuro más próspero y pacífico. El reto es cómo hacerla funcionar para todos, minimizando sus riesgos y maximizando sus beneficios.

  • Que el dólar deje de ser moneda de reserva mundial tendrá implicaciones geopolíticas

    El dólar estadounidense es la moneda dominante en el comercio y las finanzas globales y representa casi el 60 % de los bancos centrales del mundo (en 1999 era el 71 %). Además, la economía estadounidense es la más grande del mundo, por lo que sus éxitos y fracasos tienen un impacto significativo en la economía global.

    Cuando, en 1944, se firmaron los Acuerdos de Bretton Woods, se estableció el dólar estadounidense como moneda de reserva mundial.

    Esa vinculación de monedas nacionales al dólar estadounidense es lo que se conoce como dolarización.

    Desvincularse del dólar

    En la cumbre de los BRICS (foro de países emergentes integrado hasta 2024 por Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) celebrada el pasado verano en Johannesburgo se planteó la desdolarización de sus países miembros. La desvinculación de las monedas nacionales de la moneda estadounidense ha venido ganando interés por el progresivo aumento de poder de los países asiáticos y la paulatina pérdida de hegemonía de EE UU.

    Los BRICS buscan ahora desafiar el liderazgo global estadounidense. Una de las razones de la creación de un nuevo mundo multipolar es económica: debilitar económicamente a Estados Unidos e intentar destronar al dólar estadounidense.

    China y Rusia son dos de los países que más han estado presionando, mediante el control del precio del petróleo y el gas, para lograr la desdolarización, pues son importantes rivales geopolíticos y económicos de Estados Unidos.

    Con la incorporación –el 1 de enero de 2024– de Irán, Arabia Saudí, Egipto, Etiopía y Emiratos Árabes Unidos, la alianza, que ha pasado a llamarse BRICS+, gana en poder geopolítico. Y en caso de desdolarización ganaría independencia económica.

    Hay numerosos factores que explican porqué los BRICS+ pueden querer dejar de alinear sus monedas con el dólar. Buscan incrementar su influencia en la geopolítica y la economía global, ser más independientes de la moneda estadounidense, minimizar su vulnerabilidad ante las políticas monetarias de EE. UU., aumentar su soberanía económica, diversificar el riesgo-moneda, promover la integración económica en sus regiones y, finalmente, también desafiar la hegemonía norteamericana en el sistema financiero mundial.

    Desafiar el liderazgo mundial

    Algunos expertos apuntan a que las sucesivas crisis de los últimos años y los avances tecnológicos en el área financiera han impulsado el interés en reducir la dependencia del dólar estadounidense ya motivado por las preocupaciones relativas a la influencia política y la estabilidad económica.

    El dólar estadounidense, en su papel de moneda de reserva mundial, no sólo ha proporcionado a EE UU fuerza y poder económico sino que, además, le ha otorgado un lugar importante en la geopolítica global.

    Tras la gran recesión de 2008, los problemas provocados por el confinamiento, los cortes en la cadena de suministros y la subida de la inflación pusieron de relieve las debilidades del sistema financiero estadounidense que, por la dolarización, han afectado a las economías de otros países que dependen de las tasas de interés, la deuda y la producción económica de EE UU.

    Si estos factores económicos internos afectan negativamente a los países que tienen al dólar como moneda de reserva, la inestabilidad que esto conlleva contribuye al impulso hacia la desdolarización.

    A cambio, la puesta en riesgo de la estabilidad del sistema económico global sería la mayor amenaza económica en caso de una desdolarización globalizada.

    Diversificación y equilibrio

    Si bien el dólar estadounidense perdería gran parte de su valor, la desdolarización conduciría a un sistema monetario global más diversificado y equilibrado, fortalecería las monedas locales, mejoraría la estabilidad económica de los países en desarrollo y reduciría su vulnerabilidad ante las crisis externas.

    Pero, por otra parte, estos países también quedarían expuestos a una mayor volatilidad del tipo de cambio y a mayores costos de endeudamiento si los tipos de interés de su sistema financiero dejan de depender de una institución tan estable como la Reserva Federal estadounidense. Además, sus instituciones financieras emitirían deuda en otra moneda fuerte que podría ser más cara que el dólar.The Conversation

    José Antonio Clemente Almendros, Profesor Titular de Universidad, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja ; Florin Teodor Boldeanu, Lecturer in Economics, SKEMA Business School y Samer Ajour El Zein, Profesor de Finanzas , EAE Business School

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Canal de Panamá en crisis por la sequía, amenaza la economía mundial

    El Canal de Panamá, una de las infraestructuras más importantes del siglo pasado, se enfrenta a una crisis sin precedentes. Conectando dos océanos y siendo la ruta más corta entre ellos, ha sido vital para el transporte de mercancías por barco durante décadas. Sin embargo, la sequía prolongada está agotando sus recursos hídricos y afectando el comercio. En este artículo, exploraremos la situación actual del Canal de Panamá, las restricciones impuestas y las posibles consecuencias para la economía global.

    El Canal de Panamá y su relevancia económica

    El Canal de Panamá ha tenido un impacto significativo en la economía mundial. Con casi el 6% del comercio global pasando por sus aguas, más de 12,000 barcos cruzan el canal anualmente, transportando carga a más de 160 países. Esta vía ha sido fundamental para agilizar el transporte marítimo y reducir costos logísticos, permitiendo el flujo eficiente de mercancías en todo el mundo.

    La peor sequía en la historia del canal

    Lamentablemente, el Canal de Panamá se enfrenta actualmente a una sequía extrema que amenaza su funcionamiento. Desde 2019, la región ha experimentado una disminución del 20% en las precipitaciones, convirtiéndose en uno de los períodos más secos desde la década de 1950. A pesar de los esfuerzos de las autoridades para ahorrar agua reduciendo el tráfico de barcos y restringiendo el calado máximo, la situación no ha mejorado. Las precipitaciones durante los primeros meses de este año fueron menos del 50% de lo normal, según Everstream Analytics.

    Impacto en el transporte y restricciones impuestas

    La disminución de los niveles de agua ha llevado a la implementación de restricciones en el canal. Los buques más grandes ahora deben reducir su calado, lo que significa transportar menos carga o reducir el peso de los cargamentos. Según un artículo de Bloomberg, a partir del 24 de mayo, se permiten calados de hasta 13,56 metros para los buques Neo-Panamax, como los portacontenedores y transportadores de gas licuado de petróleo. Esto podría resultar en una disminución del 40% en la carga de algunos barcos, lo que representa un desafío significativo para la industria del transporte marítimo.

    Tarifas adicionales y posibles alternativas

    Las restricciones en el canal no solo generan demoras, sino también costos adicionales. Se requerirán más barcos para transportar la misma cantidad de mercancía, y en algunos casos, será necesario dividir la carga más pesada en contenedores separados. Según estimaciones de analistas, estas medidas podrían aumentar los costos en alrededor de $1,500 por contenedor para importadores y minoristas que utilizan esta ruta.

    Ante estas circunstancias, los armadores podrían optar por buscar alternativas, como el canal de Suez, que se ha vuelto más competitivo en términos de costos. Otros también están observando el deshielo del Ártico debido al calentamiento global, que podría abrir una ruta competitiva por el norte. Además, algunos podrían considerar el uso de puertos en el sur de California, lo que implicaría cargar los contenedores en camiones o trenes con destino a los centros de población del medio oeste y la costa este. Incluso el proyecto de canal en Nicaragua ha surgido como una opción viable en el futuro.

    Causas de la escasez de agua y posibles consecuencias

    La falta de lluvias ha puesto en peligro el sistema de esclusas del Canal de Panamá. El lago Gatún, que proporciona el agua necesaria para su funcionamiento, está experimentando niveles históricamente bajos. Además, el paso de los barcos consume una enorme cantidad de agua dulce, aproximadamente 190 millones de litros por cada tránsito. Con más de 12,000 barcos cruzando el canal cada año, esta situación es alarmante.

    La temperatura en la región ha aumentado en los últimos años, lo que ha provocado un aumento del 10% en los niveles de evaporación tanto del lago Gatún como del lago Alhajuela, según los expertos. Si la sequía persiste, el futuro del canal está en riesgo, ya que podría dejar de ser un paso seguro para las embarcaciones o incluso ¿cerrar permanentemente?.

    Conclusiones

    El Canal de Panamá, una maravilla de la ingeniería moderna, se enfrenta a una crisis sin precedentes debido a la prolongada sequía. Las restricciones impuestas a los buques y las tarifas adicionales están afectando al transporte marítimo y generando costos más altos para importadores y minoristas. Además, existe la preocupación de que los armadores busquen rutas alternativas o utilicen otros canales como el de Suez.

    Es fundamental que se tomen medidas para abordar esta crisis hídrica y preservar la vitalidad del Canal de Panamá. La gestión sostenible del agua y la exploración de soluciones a largo plazo son cruciales. Asimismo, se deben considerar opciones como la inversión en infraestructuras de almacenamiento y sistemas de captación de agua para garantizar la viabilidad y la importancia económica de esta vía de navegación crucial en el futuro.

    Fuente:
    Everstream Analytics. «Canal de Panamá se seca a medida que la falta de lluvias golpea la economía mundial». [En línea]. Consultado el 4 de junio de 2023]. https://www.inboundlogistics.com/articles/panama-canal-drought-shipping-and-the-supply-chain/

    https://www.xataka.com/empresas-y-economia/canal-panama-se-esta-quedando-agua-sequia-esta-encareciendo-comercio-maritimo

     

     

  • Deficiencias del Protocolo relativo al Tratado concerniente a la Neutralidad Permanente

    A partir del 1 de octubre de 1979, quedó abierto a la adhesión de todos los países del mundo el Protocolo relativo al Tratado concerniente a la Neutralidad Permanente y al Funcionamiento del Canal de Panamá. La Secretaría General de la Organización de la Organización de Estados Americanos (OEA) es la depositaria del mismo y 40 Estados lo han suscrito. El Protocolo comprende un preámbulo y tres artículos.

    El preámbulo declara que el mantenimiento del régimen de neutralidad es importante para: a) El comercio y la seguridad de la República de Panamá y de los Estados Unidos. A este respecto, el Dr. en derecho de la Universidad de Ginebra, Richard Perruchoud y autor de “Le régime de neutralité du canal de Panama”, publicado por el Instituto de Estudios Internacionales y de Desarrollo en Ginebra, afirma que tal objetivo por sí solo no justifica la necesidad de un protocolo ya que la comunidad internacional no tiene ningún interés en garantizar el mantenimiento de un régimen concluido con el fin de preservar el comercio y la seguridad de dos Estados.

    1. b) La paz y seguridad del hemisferio occidental. Esta restricción geográfica tiene como consecuencia de colocar el Protocolo y el Tratado de Neutralidad en la órbita del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tratado de Río).
    2. c) Los intereses del comercio internacional. No se hace ninguna alusión al interés por preservar la paz general y seguridad internacionales, objetivos éstos, que deberían preceder a la instauración de un régimen de neutralidad reconocido por todos los Estados. Es legítimo entonces preguntarse, según Perruchoud, si los intereses del comercio internacional en tiempos de paz constituyen una incitación suficiente para acceder a un protocolo que está supuesto a surtir todos sus efectos principalmente en período de conflicto armado.

    El preámbulo declara, igualmente, que el régimen de neutralidad asegura permanentemente el acceso al canal de las naves de todas las naciones sobre una base de entera igualdad. El texto del Tratado de Neutralidad no deja dudas acerca la existencia del derecho de tránsito prioritario acordado a Estados Unidos, lo cual es contradictorio e incompatible con el régimen de neutralidad y desvirtúa el principio de igualdad. Con o sin tratado, y tal como ha ocurrido en el pasado, Estados Unidos tienen los medios de bloquear las entradas al canal. Como lo indicó un General, “en caso de crisis nosotros seremos los primeros en pasar y después invocaremos la fuerza mayor” (Hearing before the Com.on For. Rel., part 3, p.67).

    En el artículo 1 del Protocolo, las Partes Contratantes reconocen el régimen de neutralidad permanente del canal establecido por el Tratado relativo a la Neutralidad Permanente y al funcionamiento del Canal de Panamá y adhieren a sus objetivos. El reconocimiento del régimen de neutralidad implica que los signatarios tienen conocimiento de todas las particularidades sustantivas del Tratado de Neutralidad con sus enmiendas, condiciones y modificaciones. Esto significa que el estado que se adhiere al Protocolo da su aval al tránsito prioritario de los buques de guerra de Estados Unidos y al derecho unilateral de intervención por la fuerza.

    Los estados signatarios no obtienen derechos en contrapartida. Solo se limitan a reconocer la existencia de un régimen jurídico determinado. El hecho de adherirse a sus objetivos es una declaración de intención que entraña una obligación de abstenerse de no llevar a cabo acciones que pudieran violar los conceptos aceptados por las Partes Contratantes en el Tratado de Neutralidad.

    En el artículo 2, las Partes Contratantes acuerdan observar y respetar el régimen de neutralidad permanente del Canal tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra. El Protocolo no es parte integrante del Tratado de Neutralidad, razón por la cual los signatarios no pasan a ser partes contratantes del Tratado de Neutralidad. La posición constante de los senadores norteamericanos fue la de no conferir a través del Protocolo ningún derecho en particular a terceros estados y no transformar el Tratado de Neutralidad en un tratado multilateral (Hearings before the Com. on For. Rel., part.1, p. 236). El derecho de los estados al uso del canal es fruto del Tratado de Neutralidad y no del Protocolo. ¿En esas condiciones, cabe hacerse la pregunta cuál es la ventaja para un estado de adherirse al Protocolo frente a aquéllos que no se adhieran? Perruchoud responde que es verdad que, en caso de darse un conflicto armado entre alguno de estos estados contra Panamá o Estados Unidos, éstos pueden negarles a aquéllos el derecho al tránsito por el Canal, pero estos estados no tendrán obligación alguna de respectar la neutralidad del canal y podría considerarlo como un objetivo militar para atacarlo.

    El Protocolo no constituye una base jurídica del régimen de neutralidad. En realidad, el Protocolo de adhesión al Tratado de Neutralidad conlleva un significado político. De acuerdo a los negociadores y militares norteamericanos, los países que acceden al Protocolo manifiestan tácitamente que cuentan con los Estados Unidos para mantener el canal abierto en tiempo de paz y de guerra, al tiempo que reconocen la legitimidad de este país de emprender cualquier acción tendiente a preservar la defensa de sus intereses nacionales. Nuevamente, ¿Es oportuno hacerse la pregunta acerca el interés de un Estado de adherir a un Protocolo que le otorga un cheque en blanco a Estados Unidos sobre diversos asuntos? Tal como señala el investigador suizo experto en neutralidad, Pascal Lottaz ,»La neutralidad siempre tiene éxito cuando sirve a los intereses de todas las partes implicadas o, al menos, cuando a ninguna de ellas le parece una amenaza existencial».

    El rol pasivo atribuido a los estados partes en el Protocolo imposibilita que se conviertan en garantes del régimen de neutralidad. Un verdadero tratado de garantía es aquél suscrito por las grandes potencias en el cual se comprometen a respetar y hacer respetar el régimen, acordándose el derecho o imponiéndose el deber de defender el régimen en caso de peligro. Otra debilidad del Protocolo es que el signatario puede retirarse en cualquier momento sin previo aviso.

    Tras la invasión de Rusia en Ucrania, el régimen de neutralidad está adquiriendo formas y características diversas. Es por ello, que es en el interés de Panamá definir acciones y directrices; y además identificar los escenarios y desafíos a la seguridad y defensa de la vía interoceánica y territorio panameño. Muchos de los riesgos a la seguridad de hoy son globales, como la proliferación de armas nucleares, ciber ataques, terrorismo transnacional, y no se pueden afrontar, de manera completa y eficaz desde la soberanía nacional. Pascal Lottaz, está claro que «mientras haya conflictos internacionales, la neutralidad seguirá teniendo futuro. La gran pregunta es cómo podemos utilizarla de forma provechosa para la paz”.

  • Empresas chinas en dilema sobre Rusia

    Las empresas chinas están atrapadas entre el alto riesgo de reputación de permanecer en Rusia durante su guerra contra Ucrania y el sentimiento pro-Moscú que domina los medios controlados por el estado de China. Hasta ahora, la mayoría ha optado por permanecer en silencio.

    Según la Escuela de Administración de Yale, más de 400 empresas han anunciado su retiro de la economía rusa desde que Putin inició la guerra el 24 de febrero. La mayoría tiene su sede en Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Corea del Sur.

    Salvatore Babones, profesor asociado de la Universidad de Sydney con experiencia en la economía política de la región del Indo-Pacífico, dijo que para las empresas fuera de China, el deseo de mantener una imagen pública positiva las llevó a retirarse de Rusia.

    “El riesgo de permanecer en Rusia es de reputación”, dijo a la VOA Mandarin en una entrevista telefónica. «Rusia es un mercado relativamente pequeño y hay una gran reacción pública contra Rusia en este momento. Ellos (las empresas) están respondiendo a la presión de los consumidores».

    Las importaciones de Rusia desde China totalizaron alrededor de 54,900 millones de dólares en 2020. China es la fuente más grande, seguida de Alemania, con 23,400 millones de dólares, y Estados Unidos, con poco más de 13,2000 millones de dólares, según el sitio web Trading Economics, que utiliza cifras de la base de datos COMTRADE, de Naciones Unidas. En comparación, el sitio informa que las exportaciones de China a EE. UU. en 2020 totalizaron 452,6000 millones.

    Dan Harris, un abogado comercial que se especializa en hacer negocios en mercados emergentes y es coautor del China Law Blog, dijo que el cálculo comercial ha cambiado debido a las sanciones impuestas a Rusia.

    «Las empresas que no están sancionadas… están diciendo ‘estoy fuera’ por razones de reputación o porque no vale la pena averiguarlo y correr el riesgo de meterse en problemas para vender productos por valor de 100.000 dólares a Rusia. Es simplemente más fácil y más seguro salir», dijo a la VOA Mandarin por teléfono.

    Un enfoque diferente

    Pero mientras las empresas que no chinas se apresuran a salir de Rusia, la mayoría de las empresas chinas, especialmente las del sector tecnológico, han optado hasta ahora por quedarse.

    Estados Unidos y otras naciones han impuesto sanciones sin precedentes a Rusia, incluidas prohibiciones de importación en el área de energía, prohibiciones de exportación de tecnología avanzada y medidas para excluir a Moscú del sistema SWIFT que los bancos y otras instituciones financieras utilizan para transacciones financieras globales.

    En una llamada telefónica el viernes, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, advirtió al presidente chino, Xi Jinping, que Beijing enfrentaría graves consecuencias si decidiera brindar ayuda al esfuerzo bélico del presidente ruso, Vladimir Putin.

    El 14 de marzo, el índice Hang Seng de Hong Kong alcanzó un mínimo de seis años por los temores de que las empresas chinas pudieran ser condenadas al ostracismo si Beijing se pusiera del lado de Rusia, según Bloomberg.

    Pero en las redes sociales chinas, donde el sentimiento contra la guerra está fuertemente censurado, los internautas apoyan abrumadoramente a Rusia. Un análisis de CNN mostró que durante la primera semana de la invasión rusa, la mitad del contenido más compartido en la plataforma Weibo de China, similar a Twitter, contenía información atribuida a un funcionario ruso o comentarios recogidos directamente de los medios estatales rusos.

    En consecuencia, algunas empresas chinas han duplicado su apoyo a Moscú, mientras que otras han cambiado de rumbo después de ser criticadas en línea por anunciar planes para detener las operaciones en Rusia.

    El gobierno chino se ha negado a llamar invasión a la acción de Rusia en Ucrania. En una sesión informativa diaria el 15 de marzo, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Zhao Lijian, dijo que China estaba «profundamente apenada de ver que la situación en Ucrania ha llegado a su estado actual», e insistió en que el país estaba trabajando para las conversaciones de paz.

    Didi, una aplicación de transporte compartido, se enfrentó a la reacción del público después de anunciar que se retiraría del mercado ruso el 4 de marzo. Los cibernautas chinos criticaron a la empresa y la acusaron de ceder ante la presión de Estados Unidos. Más tarde, la compañía hizo un giro y dijo que continuaría operando en Rusia.

    Lenovo Group, con sede en Hong Kong, que anunció la suspensión de sus envíos a Rusia a fines de febrero, enfrentó críticas similares en las redes sociales chinas. Sima Nan, un experto de la televisión china conocido por su sentimiento nacionalista y antiestadounidense, escribió en su cuenta de Weibo que «la decisión de Lenovo de seguir los pasos de Estados Unidos es repugnante».

    Este apoyo público a Rusia ha dejado poco margen de maniobra a las empresas, según Babones.

    “El gobierno chino reprime cualquier tipo de discusión (que condene a Rusia)”, dijo. «No puedo imaginar que en China veamos una condena masiva de Rusia que lleve a presionar a las empresas chinas para que abandonen el mercado».

    La posición oficial de China sobre la invasión de Moscú se ha extendido a ambos lados. Beijing ha pedido una resolución pacífica del conflicto al tiempo que sostiene que las sanciones impuestas por Occidente a Rusia son contraproducentes.

    La publicación de negocios japonesa Nikkei Asia citó a un funcionario de una importante empresa de telecomunicaciones china el 9 de marzo diciendo que la mayoría de las empresas chinas «no expresarán opiniones que entren en conflicto con la postura del gobierno». Al mismo tiempo, dijo el funcionario, las empresas evitarán «cualquier declaración que sea amistosa con Rusia para evitar el boicot de las empresas occidentales».

    Un exejecutivo de la empresa china de telecomunicaciones Xiaomi le dijo al Financial Times, y fue citado en otra parte diciendo, que «es políticamente delicado anunciar abiertamente una suspensión de ventas en el mercado ruso como Apple y Samsung, pero desde una perspectiva comercial, hace (sentido) para esperar y observar lo que sucede a continuación».

    Costo para las empresas chinas

    Ese enfoque de esperar y ver podría ser costoso para las empresas chinas, según los expertos. Y las empresas que apoyan más abiertamente a Rusia corren el riesgo de perder cuota de mercado internacional, lo que las obliga a recalcular los riesgos de permanecer en Moscú.

    Por ejemplo, en el gigante de las telecomunicaciones Huawei, solo el rumor de que estaba ayudando a los rusos a defenderse de los ciberataques tuvo costos reputacionales.

    Estos se derivaron de un informe del 6 de marzo del Daily Mail, un periódico británico, que citó «informes en China» que decían que Huawei había estado ayudando a Rusia a estabilizar su red de Internet después de los ataques cibernéticos desde el comienzo de la crisis de Ucrania.

    El Daily Mail también citó un informe en un sitio de noticias chino que afirmaba que Huawei usaría sus centros de investigación para capacitar a 50,000 expertos técnicos en Rusia. El informe chino ha sido eliminado.

    El 9 de marzo, los dos miembros británicos restantes de la junta directiva de Huawei U.K. renunciaron por el reclamo. Mientras tanto, Robert Lewandowski, un futbolista profesional polaco designado Mejor Jugador Masculino de la FIFA de 2020 y 2021, anunció la terminación anticipada de su acuerdo de patrocinio con Huawei.

    El exembajador regional de Huawei en su país de origen y otras partes de Europa, Lewandowski, usó un brazalete con los colores ucranianos amarillo y azul durante un partido y dijo: «El mundo no puede aceptar lo que está sucediendo allí (en Ucrania). Espero que todo el mundo apoye a Ucrania».

    Harris, el abogado comercial, dijo que Huawei ya está en la lista de «no comerciar» de EE. UU. y algunos de sus aliados, y que las empresas en otras partes del mundo, particularmente las de Europa central y oriental, podrían decidir cortar los lazos con la firma china para evitar violar las sanciones impuestas por Washington y otros gobiernos.

    “Si estás tratando con China en este momento, deberías mirar lo que el mundo le ha hecho a Rusia y pensar que eso podría pasarle a China en los próximos meses”, dijo Harris.

    «Puede que no suceda si China se aleja de Rusia, pero si China no se aleja de Rusia, habrá muchas sanciones y las cosas se pondrán realmente mal», señaló.