Etiqueta: Control de Precios

  • Entre Quesos y Gobiernos

    Jamás imaginé que existiera una relación significativa entre los quesos y los gobiernos, hasta que leí un ensayo de Ludovico Lumicisi, ingeniero en computación radicado en Dinamarca, quien aborda esta conexión de manera tan curiosa como reveladora. En su texto, Lumicisi relata cómo el queso, junto con otros alimentos duraderos como las carnes secas o la leche fermentada, tuvo un papel fundamental en la historia militar: fue sustento indispensable para las legiones romanas, los ejércitos mongoles y otras fuerzas preindustriales. Sin embargo, su análisis no se limita al ámbito gastronómico o histórico, sino que avanza hacia un terreno más profundo: la economía política.

    Lumicisi utiliza el queso como metáfora para explicar la noción de “dinero sano”, es decir, de una moneda respaldada por valor real y no distorsionada por políticas monetarias arbitrarias. Según el autor, pocos comprenden verdaderamente qué es el dinero, cuál es su origen y cómo los poderes políticos han manipulado su función a lo largo del tiempo. Así, el queso se convierte en símbolo de un bien tangible, de algo que posee valor intrínseco y cuya escasez o abundancia responden a dinámicas naturales, no a decretos gubernamentales.

    Históricamente, diversos bienes han servido como medios de intercambio: la sal, el cacao, el trigo, el arroz, el ganado o incluso el tabaco. Todos ellos representaban valor en la medida en que eran útiles, deseables y difíciles de producir. De manera similar, el queso, al igual que otros productos alimenticios, fue utilizado en ciertos contextos como moneda de trueque, reflejando una economía basada en la producción real y no en la emisión monetaria. Este paralelismo sirve de punto de partida para una crítica más amplia: la del intervencionismo estatal en los mercados y sus consecuencias sobre la estabilidad económica y la cultura social.

    Uno de los ejemplos más ilustrativos que cita Lumicisi es el caso de los Estados Unidos durante las décadas de 1970 y 1980, cuando el gobierno federal acumuló aproximadamente 1.4 mil millones de libras de queso en almacenes nacionales. La medida se justificó como un subsidio para proteger a los productores lácteos ante la sobreproducción y la caída de precios. Sin embargo, la política resultó contraproducente: al intervenir artificialmente en la oferta y la demanda, el Estado generó distorsiones que, a largo plazo, afectaron tanto a productores como a consumidores. El resultado fue un “montaña de queso” almacenada a costa del contribuyente, un ejemplo paradigmático de cómo la buena intención de “ayudar al mercado” puede terminar perjudicándolo.

    En términos económicos, este tipo de políticas se asocian con la teoría del intervencionismo, la cual sostiene que el Estado, al alterar los precios y subvencionar sectores específicos, termina debilitando la eficiencia del mercado y creando dependencias estructurales. Autores como Friedrich Hayek y Ludwig von Mises advirtieron que tales intervenciones conducen inevitablemente a una expansión del poder político y a una pérdida de libertad económica. En otras palabras, el intervencionismo no solo afecta los precios, sino también la cultura política de las naciones: promueve la idea de que el bienestar depende de la acción del gobierno y no de la responsabilidad individual o la competencia productiva.

    Ejemplos de estas distorsiones abundan en América Latina. En Panamá, por ejemplo, la intervención gubernamental en la producción y comercialización del arroz ha generado ciclos de sobreproducción y escasez, acompañados de conflictos entre productores, distribuidores y el propio Estado. Las políticas de control de precios, aunque presentadas como medidas para proteger al consumidor, terminan desincentivando la inversión agrícola y fomentando la informalidad. Algo similar ocurre con otros productos básicos o energéticos, como el etanol mezclado con gasolina, que responde más a intereses políticos que a criterios de eficiencia económica.

    El verdadero problema, por tanto, no es el queso en sí, sino la mentalidad que subyace a la idea de que el Estado puede y debe regular todos los aspectos de la economía. Cuando los gobiernos se arrogan funciones empresariales o paternalistas, se produce una confusión entre lo público y lo privado, entre lo político y lo productivo. En última instancia, quienes se benefician no son los ciudadanos comunes, sino los grupos de poder que manipulan las políticas públicas para su propio beneficio.

    Si los gobiernos se limitaran a cumplir su función esencial, esto es, garantizar el orden, la justicia y la protección de derechos fundamentales, sin interferir en los mecanismos naturales del mercado, la sociedad experimentaría una auténtica prosperidad. El intervencionismo, aunque a menudo se presenta como una solución compasiva, termina siendo una trampa económica y cultural. Tal vez por eso la analogía del queso resulte tan oportuna: como producto, puede fermentar y madurar; pero, si se le encierra en exceso, acaba por pudrirse.

  • El control de precios: una advertencia histórica y actual

    En 1971, C. Jackson Grayson lideró la Comisión de Precios durante el congelamiento decretado por Nixon y relató sus experiencias y fracasos sobre el control de precios, en Confessions of a Price Controller. Allí advirtió que:

    • Tratar de regular millones de precios con una burocracia humana es una misión imposible.
    • Las normas fueron arbitrarias y contradictorias, generando caos administrativo.
    • El control distorsiona los mercados, suprime inversión e innovación, y dirige la economía hacia la burocracia, no hacia el bienestar ciudadano.

    Hoy su advertencia resuena con fuerza ante el control de precios que como oleada,  resurgen en países desarrollados: desde Estados Unidos hasta Europa y Centroamérica.

    Tendencias globales en 2025

    1. Estados Unidos: medicamentos bajo control

    Durante la administración Biden y confirmada bajo Trump en 2025, se adoptaron medidas para fijar precios de medicamentos esenciales (insulina, monoclonales). Aunque buscan bajar costos, críticos advierten que:

    • Podrían disminuir la innovación farmacéutica,
    • Recaerían en fuertes disputas legales,
    • Funcionan como un control encubierto de precios con riesgos de efectos adversos

    Grayson habría advertido lo obvio: menos ingresos, menos I+D, menos avances médicos.

    2. Europa: energía y alimentos bajo corte regulatorio

    El debate sobre inflación ha llevado a Europa a considerar nuevamente controles de precios:

    • Hungría limitó márgenes en alimentos básicos al 10%, medida replicada por Croacia, Bulgaria, Grecia y Eslovaquia, como reacción a protestas sociales por alza de precios .
    • La UE estudia volver a imponer tope al gas, bajo la presión de industrias afectadas por aumentos desde la guerra en Ucrania.
    • En el Reino Unido y Polonia, persisten congelamientos en electricidad y gas, traducidos en costos para las arcas públicas y mercados distorsionados.

    Aunque justificadas como medidas sociales, estas intervenciones causan:

    • Escasez y reducen oferta,
    • Desincentivan inversión en energía,
    • Y crean una carga fiscal que recae en los contribuyentes.

    3. EE.UU. municipales: control de alquileres y más

    En Nueva York, la propuesta progresista conocida como “Zohranomics” plantea congelar alquileres en un millón de viviendas, abrir supermercados estatales e incluso transporte público gratuito.

    • Economistas alertan sobre riesgos de desinversión, fuga de capitales y escasez de viviendas.

    Grayson lo anticipó: los controles pueden asistir algunos sectores, pero tienden a generar efectos negativos en el mediano plazo.

     Lecciones de Grayson aplicadas hoy

    1. Complejidad implacable: los mercados se mueven demasiado rápido para controlar cada precio.
    2. Confusión normativa: reglas arbitrarias llevan a burocracias ineficaces.
    3. Carga administrativa: formularios fallidos, protocolos mal diseñados, burocracia inflada.
    4. Efectos perversos: menos oferta, menor innovación y mercado manipulado.
    5. Deslizamiento ético: el control se convierte en excusa para el dominio estatal.

    Grayson ya vio estas dinámicas en 1971; ahora volvemos a repetirlas.

     Conclusión de orden liberal y práctica

    El control de precios resurge como medida temporal ante inflación o crisis. Pero si algo enseñó Grayson es que tales controles:

    • No solucionan el problema básico —como la falta de ingresos reales o distorsiones estructurales—,
    • Pueden convertirse en trampas institucionales difíciles de desmontar,
    • Y socavan la autonomía del individuo y del mercado.

    La alternativa correcta no es legislar más precios, sino:

    • Fomentar competencia,
    • Facilitar transparencia,
    • Estimular producción real e inversión,
    • Reforzar esquemas de protección social desvinculados de controles.

    El pasado nos advierte: sin corrección de fondo, sin diversidad económica y sin límite ético, las intervenciones vuelven maneras prolijas del abuso. La verdadera recuperación requiere menos controles y más libertad.

  • Control de Precios y Salarios: efectos económicos

    Extractos y traducción del libro “Forty Centuries of Wage and Price Controls . How not to figth inflation” Cuarente Centurias de Control de Precios y Salarios. -Cómo no controlar la inflación- V., así como apreciaciones propias. Esta obra pude ser adquirida en Amazon.com, ya sea en su versión impresa como electrónica de Kindle.

    A través de la historia se ha visto que el intervencionismo a través de los controles de precios y salarios –CP y S- pocas veces han podido ser mantenidos a través del tiempo debido a que existen amplias evidencias que estos controles causan graves y permanentes trastornos a la economía, así como penurias a los ciudadanos.

    Testimonio de ello lo presenta Jackson Grayson, Jr., que fue Presidente de la Comisión de Control de Precios bajo la Segunda Fase de las Políticas de Estabilización Económica del gobierno de Nixon. Sus apuntes los intituló: Confesiones de un Controlador de Precios –New York –Jones, Irwin, 1974-.

    Las intervenciones jamás han podido subsanar cualquier imperfección del mercado sino agravarlas

    1. Los controles causan una distorsión del sistema del mercado ya que los precios, bajo una economía no intervenida buscan su propio equilibrio y las intervenciones jamás han podido subsanar cualquier imperfección del mercado sino agravarlas. Las razones de ello no dejan de ser técnicas y aunque no son difíciles de entender, sí requieren tomarse el tiempo de estudiar el tema, cosa que pocos quieren hacer, pues escogen enfocarlo más desde una perspectiva visceral que intelectual económica. He aquí una pequeña discusión del asunto:
      1. En el mercado lo típico es la escasez de los productos y servicios y los mecanismos de equilibrio entre la oferta y la demanda son vastos, al punto que ningún gobierno y sus funcionarios podrían preverlos y controlarlos; razón por la cual siempre terminan causando distorsiones y agravando los problemas inherentes del sistema. Me refiero a los problemas de escasez y de las iniquidades propias de una porción de la población humana. Bajo condiciones normales, una escases producirá un aumento de los precios, y estos aumentos, a su vez, provocará que más inversionistas vean una oportunidad de oferta e inviertan, lo cual volverá a disminuir los precios hasta lograr una equilibrio. Desdichadamente, cuando los gobiernos interfieren, dictando precios inferiores al mercado, no se producirán las inversiones necesarias y la oferta ira en mengua, hasta que el sistema llegue a ser insostenible.

        El problema con la manipulación de los precios es que no llegan a producirse las señales de escasez

      2. El problema con la manipulación de los precios es que no llegan a producirse las señales de escasez, porque no son aparentes. Es el caso de los taxi en Panamá que pocos saben que el “no voy” es el resultado del control de precios y salarios. Los taxistas simplemente eligen no llevar a sus clientes a un destino que les resulte en pérdidas económicas. Igual es la situación de los llamados “transportistas piratas,” que no son más que un mercado negro producido por los propios controles estatales que disminuyen la oferta de servicios a los usuarios consumidores. El transporte es algo vital y cuando este falta, por cualquier razón, las personas no sólo buscarán el medio de movilizarse, sino que es un derecho inalienable.
      3. Los controles penalizan a quienes, por motivos variados, desean acceder a precios inferiores a los inflacionarios, ya no son tantos que entienden que no todos los precios son inflacionarios; lo cual es el caso si los aumentos en los salarios no terminan por producir un aumento en el endeudamiento gubernamental o en la oferta monetaria –en el caso de los países con bancas centralizadas-.
      4. Las grandes empresas que tienen buenos mecanismos de economía de escala, cuando no están intervenidas con controles artificiales y politiqueros, pueden elegir pagar mejor a sus trabajadores como estrategia de mantener una posición de liderazgo en el mercado. Estos aumentos no sería inflacionarios ya que salen de las ganancias de las empresas. Igual también pueden repercutir positivamente en los negocios de las empresas. Pero en el caso de sistemas intervenidos con control de precios y salarios, todo esto queda en un limbo, ya que las señales del mercado quedan afectadas y no se puede distinguir entre salarios inflacionarios y los no inflacionarios.
    1. Los controles de precio pueden ser utilizados con fines políticos muy alejados de lo económico Tenemos el caso de los precios de los alimentos, en dónde algunos demagogos proponen argumentos que resultan atractivos porque apelan a los sentimientos y que a primera vista parecen completamente “justos;” pero desafortunadamente lo justo no siempre es aparente a primera vista. Si, por ejemplo, decimos que los precios de los alimentos deben ser controlados porque el alimento es un derecho humano. Si esto fuese cierto, ¿entonces por qué no poner controles sobre las empresas que causan contaminación, o no emplean suficientes minorías y tal? ¿Dónde ponemos límites? Todo esto no es más que la manipulación de la economía y del mercado por el Estado; o más bien, por sus políticos con las astucia de apelar a nuestros sentidos de justicia. Pero lo justo no es asunto de sentimiento sino de entendimiento.

    2. Los controles engendran actitudes cómodas. Grayson nos llama la atención a que los CP y S, se convierten en cobijas de seguridad o chupetes apaciguadores en contra de las tribulaciones competitivas del mercado, que tantos aborrecen y prefieren que sus políticos les brinden amparo. En el mercado se tienen que tomar decisiones, y se corre el riesgo de bancarrota, los precios varían, y las empresas deben ser flexibles y ajustarse a las realidades de un mercado que cada día es más fluido y dinámico en el sentido tecnológico y mucho más. Frente a todo ello, muchos, y en particular los gremios sindicales, les ofrecen as su membresía aceite de culebras, como ilusión de una estabilidad que no existe en el mundo real. Todo ello va debilitando al mercado que de esta manera se pretende “proteger;” cuando en realidad lo que se termina haciendo es todo lo contrario y se pierde competitividad. Y las empresas tampoco se escapan de estos efectos ya que bajo un sistema de CP y S estas no tienen que abordar muchas decisiones salariales y tal, lo cual no es sano.

      Bajo sistemas controlados desde el Estado, los líderes empresariales y sindicales comienzan a preocuparse más por los mecanismos regulatorios que en la dinámica del mercado

    3. El cuerpo regulatorio se torna más importante que el mercado. Bajo sistemas controlados desde el Estado, los líderes empresariales y sindicales comienzan a preocuparse más por los mecanismos regulatorios que en la dinámica del mercado. En Inglaterra, por ejemplo, tras muchos años de CP y S, los líderes sindicales han pasado a ser otra rama más de los gobiernos de turno y son consultados por los funcionarios antes de que cualquier política pueda ser aplicada.
    4. Los controles distraen de las verdaderas causas de la inflación y de las barreras al desarrollo económico, particularmente del sector formal. En países con bancas centralizadas, los CP y S distraen la atención de los factores inflacionarios fundamentales y de las políticas fiscales y monetarias. En Panamá, sin banca central, ello distrae de los efectos impositivos sobre la economía, las políticas de importación y exportación, la productividad, restricciones competitivas y mucho más. La mayoría está convencida de que los CP y S y salarios constituyen una cura para la situación económica de los asalariados, por efectos de la inflación, y no meramente lo que en realidad es; vale decir, sus síntomas.

    OTROS EFECTOS ECONÓMICOS

    Existen otros aspectos o efectos económicos de los CP y S que igual debemos considerar:

    Primero, y tal como señala Roger Blough, quien escribe en el Monthly Labor Review –Revista Mensual Laboral-, Los controles pueden y de hecho producen flaco favor, ya que enmascaran las necesidades de reformas estructurales de la economía. Y no es tan solo que los controles distraen de los problemas de fondo de la inflación y otros, sino que los gobiernos los utilizan como excusa de inacción; ya que los controles parecen atenuar los efectos inflacionarios, impositivos y estructurales en general sin tener que entrar a considerar frenos a la demanda agregada o a los aumentos en las tasas de desempleo, tal como lo advierte Phillip Cagan. ¡Con razón que son tan populares con los politicastros!

    Los controles económicos por parte del Estado van trasladando las decisiones económicas de sus actores primordiales, tal como señala el Artículo 282 de nuestra Constitución, los particulares, para desviar hacia los politiqueros

    Segundo, es que los controles económicos por parte del Estado van trasladando las decisiones económicas de sus actores primordiales, tal como señala el Artículo 282 de nuestra Constitución, los particulares, para desviar hacia los politiqueros, incluyendo los sindicatos y muchas cúpulas empresariales que se tornan adictas a contubernios con los poderes de turno. Como ya señalé, no sólo que desvía la atención desde los actores esenciales a los demenciales, sino lo hace a costillas de los verdaderos motores de la economía. As su vez, esto aumenta desproporcionalmente el poder de negociación de los sindicatos, por más que no representen sino una minoría de todos los trabajadores; y los tornan arrogantes y más dispuestos a usar medidas de fuerza. Todo esto hace ver a los sindicatos como los héroes de la película y creadores de estabilidad, cuando es todo lo contrario, pues son enemigos de la economía del país. Los principales estudios económicos, tales como los de la Fundación Heritage y otros organismos internacionales sin fines de lucro, muestran con claridad que los países con mayor libertad económica son más prósperos; sin embargo, las políticas centralistas de control de precios y salarios disminuyen la libertad económica.

    Existen muchos efectos de los controles de precios que son poco conocidos y aparentes y a manera de ejemplo, uno de ellos, aunque no sea de mayor importancia, es el de los precios de lista de muchas empresas. Estas empresas tienden a curarse en espanto al colocar precios de lista altos para darse márgenes de ajuste cuando los gobiernos y sus aliados sindicales, e inclusive empresariales, deciden aumentar el SM. Esto es aparente cuando uno se fija en los precios que postean los fabricantes por Internet; y, sin embargo, buscando se encuentra uno que puede adquirir esos mismos productos a mitad de precio. ¿Será esto algo bueno?

    Existen otros efectos que ejercen los controles de precios, los cuales afectan la producción. Debemos notar que los controles siempre surgen durante períodos inflacionarios –sobreoferta monetaria- que disminuye el poder adquisitivo de los ciudadanos. A raíz de esos aumentos del costo de vida, los empresarios, comerciantes e industriales, intentarán pasarle sus costos aumentados a los consumidores, lo cual no siempre es posible debido a limitaciones en la elasticidad de los precios. A menudo lo que resultará es una reducción en los márgenes de utilidad de las empresas y comerciantes en general. De pronto veremos que muchas empresas que antes eran viables van perdiendo su atractivo como inversión y eventualmente ello produce una disminución artificial en la oferta, lo cual, a su vez, aumentará los precios. En fin, estas malas prácticas de intervención económica terminan colocando a toda la gente con los pelos de punta y creando intranquilidad.

    Al final del día nos daremos cuenta que existen muchas otras afectaciones que no podemos cubrir en un ensayo como este, so pena de hacerlo excesivamente largo y complejo.

    CONTROLES Y EMPLEO

    Los controles de precios y salarios sí tienen buena capacidad de aumentar el empleo, pero no en el sector descentralizado sino del Estado, y el listado de nuevas entidades estatales que fueron creadas en los países europeos y en los EE.UU. luego de implantadas las leyes de control de precios y salarios dan testimonio de ello. ¡Lástima que estos empleos no sea productivos!, sino todo lo contrario, ya que requieren el aumento de los impuestos y con ello se desvían recursos capitales del sector productivo a despilfarrador.

    Los efectos de los CP y S en el sector privado son completamente opuestos ya que aumentan el desempleo, particularmente entre la población de los más jóvenes y de personas con impedimentos, incluyendo culturales.

    Los efectos del control de precios y salarios en el sector privado son completamente opuestos ya que aumentan el desempleo, particularmente entre la población de los más jóvenes y de personas con impedimentos, incluyendo culturales. Lo malo es que esta clase de estudios son complejos y pocos los entienden y ello crea más confusión que aclaración. Pero economistas renombrados, tales como el británico Sam Britann, advierte que “los topes de los precios que aprietan las utilidades empresariales en contraste con los salarios, desde la perspectiva del empleador constituyen un aumento de sus costos de producción y ello limitará su capacidad de emplear más personal.” Es o debería ser obvio que con la mengua en utilidades, los primeros que serán despedidos son los que están en la parte inferior de la cadena de empleo; precisamente los que se pretenden beneficiar. Estas cosas llegaron a ser entendidas en países como Inglaterra y en su momento fueron la razón de cambios importantes en los las políticas de relajamiento impositivo en 1974 para salvar a las empresas que estaban a punto de quebrar.

    Por otro lado y una vez que se hacen aparentes los efectos deletéreos del control de precios y salarios, y se procede a suspender esas prácticas, todo ello producirá cambios que a su vez producirán otra serie de medidas de incertidumbre y ajustes que afectarán la economía, ya que las empresas siempre tenderán a equivocarse a su favor y en su contra; hasta que eventualmente se vuela al punto de equilibrio propio de un mercado desembarazado. Pero aun así quedará latente por mucho tiempo la desconfianza de los empresarios que pensarán que en cualquier momento y a causa de una nueva situación inflacionaria, volverá el intervencionismo castrante.

    RESUMEN Y CONCLUSIONES

    L a experiencia humana en el tema del control de precios y salarios viene desde los albores de nuestra civilización, y ello lo podemos ver en obras literarias tales como “Forty Centuries of Wage and Price Controls de los autores, Robert L. Schuettinger y Eamonn F. Butler,” que nos retrotrae a través de cuarenta centurias de controles de precios y salarios. En el fondo de todo esto está el tema de lo que algunos llaman y claman ser el precio justo; y que lastimosamente nadie ha podido definir. Bueno, algunos sí lo definimos como el precio acordado de manera voluntaria entre las partes contratantes sin intromisión de agentes externos. Pero lo cierto es que estos controles siempre han terminado sin lograr sus objetivos, mientras típicamente han producido grandísimos daños a la economía y a la humanidad. Por ejemplo, en Egipto los controles de precios de los granos desembocaron en la apropiación de la propiedad de las tierras agrícolas por el Estado. Prácticamente no se escapa ningún país de haber impuesto medidas de control de precios en diferentes períodos de su historia y siempre terminaron siendo un inmenso fracaso. Pero uno de los casos más dramáticos se dio durante el mandato del Emperador Diocleciano de Roma. Miles de ciudadanos fueron asesinados por el gobierno antes de que estas brutales leyes fueran revertidas.

    Precio justo: el acordado de manera voluntaria entre las partes contratantes sin intromisión de agentes externos

    Los casos en la historia moderna no son menos, como tampoco menos dramáticos en muchos sentidos. Está el ejemplo ocurrido durante la guerra de independencia de los EE.UU. en Valley Forge, cuando George Washington incensado porque los comerciantes le aumentaban los precios de los alimentos de su ejército, estableció controles de precios y a raíz de ello sus tropas casi perecen de inanición. Y es que a los empresarios les salía muy riesgoso llevar los alimentos hasta un frente de batalla que se alejaba y hacía cada vez más peligroso. Y para concluir, quizás el caso más interesante por antiguo fue el de Babilonia hace cuatro mil años con el Código de Hammurabi que puede ser buscado por el lector en el Internet; en particular los artículos 257 al 277, que establecían estrictos controles de precios y condiciones para favorecer a los empleados y que igual que todos los casos en la historia, terminó en un gran desastre. 

  • El verdadero salario mínimo es cero

    Ninguna ley puede evitar que el trabajador quede con un salario ‘cero’, y cuando ello es el resultado de leyes de salario mínimo, «salmin», que es control de precio, la culpa debe recaer sobre las erradas políticas clientelistas. En resumen, ni la democracia ni los gobiernos son para dictar términos contractuales entre los ciudadanos; que, cuando inevitablemente fracasan son culpa de las partes contratantes y no de los legisladores.

    Es barbárico soslayar los efectos colaterales de los controles de precio, tanto en alimentos como en salarios y tal; los cuales, en miles de años de historia siempre han creado miseria. Además de la creación de desempleo e, inclusive, la disminución de otros beneficios no salariales, el «salmin» puede conducir a un aumento en los precios de los alimentos y del cuidado de los niños; lo cual puede más que negar cualquier beneficio de aumento salarial.

    ¿Y qué del efecto sobre las empresas que se ven obligadas a pagar más, mientras reduce márgenes y la viabilidad del negocio? A todo ello, los politicastros son los que tiran la piedra y esconden la mano. Hacen ver que están ayudando cuando muchas veces es completamente falso y no pasa de ser un ardid politiquero para ganar votos, sin importar que en vez de resolver termine empeorando economías.

    ¿Alguna vez han visto a los legisladores haciendo una evaluación de los efectos de elevar forzosamente el «salmin»? Es algo así como un médico que opera al paciente y luego no le da seguimiento al operado.

    La esencia fundamental de un mercado libre se basa sobre contrataciones consensuales y no aquellas forzadas que, cuando salen mal, los politicastros que las dictaron no dan la cara. La mayoría de los negocios en el país sólo logran mantenerse o peor, están en pérdidas o en vías de quiebra; y el salmin lo único que hace es llevar unos a pérdida y otros a quiebra.

    Hay formas mucho mejores para ayudar a los que tienen falta de ingresos, pero como los resultados de semejantes políticas no son instantáneas ni mágicas, los pervertidos politicastros se van por la ruta del mal. La auténtica función de las autoridades electas y de sus funcionarios no es la coerción sino la de protegerlos en contra de la coerción; ¿cuán difícil es entender esto?

    Por otro lado, debemos siempre regresar a señalar que el «salmin» es un instrumento que prohíbe trabajar a los menos capacitados; esos que podrían trabajar por menos para llevar algo a casa. En otras palabras, el salmin es la fórmula perfecta para crear más informalidad. Y, en particular, afecta más a los que buscan por primera vez entrar al mercado laboral.

    Otro aspecto que poco o nunca se considera, es que los buenos trabajadores solitos se ganan sus aumentos; pero cuando dichos aumentos les llegan vía la coerción politiquera, sólo se esfuerzan en ser miembros de los sindicatos.

    El verdadero propósito del salmin no es ayudar a los que menos tienen sino ayudar a los sindicalizados a no ser desplazados por otros que están dispuestos a trabajar por menos. El salmin es un instrumento que desincentiva el mejor rendimiento. Y, a todo ello, el salmin es magnífica estrategia para fomentar las políticas del parasitismo; es decir, dañan el mismo tejido de una sociedad.

    En síntesis, las leyes del salmin no son bien intencionadas sino todo lo contrario; ya que va creando adicción por el centralismo y son camino de servidumbre a la clase política. Y… en dónde hay leyes salmin no existe el capitalismo sino el socialismo o peor

  • Salario mínimo en el 2023

    El salario mínimo o salmin es una política de control de precios (CP) con la cual desde la época del Código de Hammurabi en el antiguo Egipto hace 4000 años intentaban resolver problemas de inflación, carencias y tal. Sería difícil hallar una práctica política/económica más experimentada en la historia. Y ¿cuáles han sido los resultados? ¿Cuándo han logrado las políticas de CP controlar la inflación y resolver las carencias del mercado? Para quienes se tomen la molestia de estudiar la historia, verán que es una historia de fracasos económicos y vanas ganancias politiqueras.

    El CP, sea el salario mínimo u otro es, en esencia, herramienta de los corruptos e ignorantes politiqueros que engañan a su clientela ciudadana que no entiende de economía pues se enfoca en el hambre de hoy. Pero el mal va mucho más allá, creando otros problemas serios, tales como mercados negros, carencias y, en general, una mala asignación de los recursos.

    Y es así, ya que al dar a los productores y consumidores las señales equivocadas, porque los precios «bajos» para los productores limitan la oferta y los precios «bajos» para los consumidores estimulan la demanda, los controles de precios amplían la brecha entre la oferta y la demanda. Vaya usted a explicar esto a Tío Pueblo. Y… ni hablar que a la vez que promulgan viciosas políticas de CP, igualmente promulgan otras que producen inflación y toda clase de efectos degenerados.

    Quizá el peor efecto es el de reducir la libertad, esa que según el Preámbulo constitucional establece que: “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad…” ¿Acaso obligar a unos a vender al precio político fortalece la libertad? Al fin, ni la libertad ni la salud económica de la nación salen bien.

    ¿Por qué, a pesar de 4000 años de experiencia contraria al CP los gobiernos siguen el mal camino y la mayoría de los ciudadanos apoyándolo? Se trata de clientelismo por el lado gubernamental y por el otro, de una población que busca la comida hoy. Es cierto que en algunos casos el CP sí ha logrado capear los efectos inflacionarios, pero sólo a corto plazo. Luego, cuando llega la podrida los politicastros que las instituyeron ya tomaron las de Villa Diego y Tío Pueblo no logra atar cabos.

    A todo ello, menos mal que Panamá no imprime moneda de algodón y lino pero, por otro lado, sí seguimos prácticas económicas barbáricas. En esencia somos fascistas; es decir, nuestra política sigue vetas totalitarias, tales como el CP. El fascismo se opone a la democracia liberal clásica y se va por la vía del gobierno todopoderoso que supone encarnar el espíritu del pueblo. Si fuese por Tío Pueblo no habría siquiera la medio privatización de Balladares y sólo habría un partido, vaya usted a ver cuál: a la Mussolini, Franco o Hitler.

    En síntesis, el fascismo es el gobierno todopoderoso, mal llamado estado, disque por y para el pueblo; razón por la cual no hace falta buscar nada fuera del poderoso gobierno que mantiene a la población embobada por intermedio del ministerio MEDUCA que más bien es NODUCA.

    Ojalá despertemos a la realidad de que los CP pueden causar daños permanentes a la economía y al pueblo; más que nada impulsando el centralimo y destruyendo el mercado. ¿Cuántos nos fijamos en las distorsiones que produce el CP en el mercado? Es terrible que a unos les da ventaja mientras a otros los entierra.

    ¿Quiénes se fijan en los daños que el CP produce a los inversionistas, sin los cuales el país naufraga? ¿Cómo calcular racionalmente los costos de inversión cuando no hay seguridad frente a controles caprichosos? Entonces, todo ello da pie a que los politicastros y zurdos digan que el mercado no funciona y con ello justifican el intervencionismo castrante. Y todo esto es apenas un atisbo al tema.

  • El papel de los bancos centrales y los tipos de interés explicado de manera sencilla

    La estabilidad en los precios es comúnmente aceptada como un elemento primordial para el funcionamiento adecuado de la economía. Por ello, el principal objetivo de la política monetaria es alcanzar dicha estabilidad. De eso se encargan los bancos centrales a través de la acción o inacción deliberada de determinadas operaciones que les permiten modificar la cantidad, la disponibilidad o el coste del dinero en la economía, que no es otro que el tipo de interés.

    Instrumentación y transmisión de la política monetaria

    Los bancos centrales instrumentan su política monetaria influyendo en el tipo de interés (generalmente a corto plazo) y la liquidez del sistema. Para ello disponen de diferentes instrumentos, entre los que destaca la oferta de créditos y depósitos al sector bancario.

    Por un lado, conceden a los bancos créditos (o financiación) a muy corto plazo, cobrándoles un determinado tipo de interés. A su vez, les ofrecen también depósitos en los que invertir sus excedentes, remunerando estos a una tasa determinada.

    Cuando la intención del banco central sea inyectar liquidez en el sistema financiero, buscará incrementar el volumen de créditos concedidos a la banca, para lo que reducirá el tipo de interés cobrado (es decir, abaratará el coste del crédito o del dinero).

    Por el contrario, cuando su intención sea drenar liquidez del sistema financiero, buscará aumentar el volumen de depósitos de los bancos en el banco central, elevando la tasa de interés con la que los remunera, para así reducir el excedente de liquidez del sistema bancario y evitar que este se traslade a la sociedad.

    El objetivo de los bancos centrales no es obtener beneficios en sus operaciones sino conseguir la estabilidad de los precios y, en última instancia, de la economía y del sistema financiero. Al igual que los bancos comerciales, los bancos centrales ofrecen a los depósitos que remuneran un tipo de interés diferente (más bajo) al que cobran por los créditos que dan.

    Por ejemplo, el 22 de marzo de 2023, los tipos oficiales del Banco Central Europeo (BCE) se fijaron como sigue:

    • Para financiación (crédito) a una semana en el 3,50 % (este es el tipo que mayormente se conoce como tipo oficial del dinero).
    • Para financiación a un día, en el 3,75 %.
    • Para depósitos a un día en el 3,00 %.

    Estos tipos de interés contrastan enormemente con los que el BCE fijó hace tan solo diez meses (el 27 de julio de 2022) en el 0,50 % y 0,75 % para financiación a una semana y un día respectivamente, y en el 0 % para el depósito diario. Y si nos vamos más atrás en el tiempo (septiembre de 2019), el tipo oficial de los depósitos diarios en el BCE llegó a estar incluso en negativo: -0,50 %.

    Estos tipos de interés, fijados por el BCE en sus operaciones de crédito y depósito y denominados tipos de interés oficiales, son muy relevantes en la economía porque, a partir de ellos, se forman los restantes tipos de interés.

    El euríbor, que es el interés al que se prestan dinero a corto plazo los bancos entre ellos mismos, suele situarse muy cerca de los tipos de interés oficiales.

    A su vez, los tipos de interés que cobran los bancos a sus clientes por los créditos están con frecuencia referenciados al euríbor.

    En función del riesgo que el banco perciba que tiene el cliente, sea este un hogar o una empresa, establecerá un diferencial mayor o menor sobre el euríbor (es lo que se llama prima de riesgo, que es uno de los componentes del tipo de interés).

    También a mayor plazo de vencimiento del crédito, mayor diferencial impondrá el banco, ya que, debido a la incertidumbre sobre el futuro, mayor riesgo de impago hay.

    Por el lado contrario, si el crédito tiene asociado un activo colateral que lo garantice (sería el caso de las hipotecas), menor será el diferencial por riesgo, pues en caso de impago el banco podrá cubrir este a través de la venta del activo colateral.

    La financiación de las empresas

    Las empresas, especialmente a partir de cierto tamaño, tienen una alternativa para financiarse –más allá de la solicitud de un crédito bancario– que los hogares no tienen y es la posibilidad de emitir deuda en los mercados (pagarés, bonos, etc.).

    Pero, como los bancos, el tipo de interés que necesitan ofrecer (en función de su nivel de riesgo) para conseguir inversores que adquieran los títulos de deuda que emitan, debe tener relación con los restantes tipos de interés vigentes en ese momento en la economía. Por ello se habla de primas de riesgo con relación a la deuda soberana de referencia.

    Por ejemplo, si una empresa tiene un riesgo elevado, debido al sector en el que opera o el nivel que ya tiene de deuda, y quiere emitir un bono a 10 años, deberá ofrecer un interés superior al que ofrecen los bonos del Estado de referencia a dicho plazo, ya que, de no ser así, los inversores preferirán adquirir estos últimos.

    ¿Cómo se establecen los tipos de interés de los bonos del Estado?

    Como en cualquier mercado, su precio es, en gran parte, el resultado de la oferta y la demanda. Si un Estado necesita emitir deuda pero tiene un déficit elevado que financiar o un riesgo político alto, habrá poco interés en adquirirla, debido al riesgo percibido. Por tanto, dicho Estado deberá emitir su deuda a un tipo de interés más alto para atraer a los inversores.

    Por el contrario, si el riesgo de un país se considera bajo porque su déficit está controlado y disfruta de una gran seguridad jurídica, podrá ofrecer una tasa de interés inferior al emitir su deuda. Este razonamiento, basado en el riesgo percibido, explica las diferentes tasas de interés que observamos en la deuda soberana emitida por distintos países, así como en la deuda corporativa.

    Los bancos centrales también pueden ejercer influencia en los tipos de interés de la deuda publica a través de uno de los instrumentos de política monetaria de los que disponen: la compraventa de deuda pública en los mercados. Cuando quieren reducir las tasas de interés de la deuda emitida por los países, compran deuda de estos. Al contribuir a incrementar la demanda, no es necesaria una remuneración tan alta y el tipo de interés cae.

    En cambio, cuando quieren elevar las tasas de interés de la deuda, la venden. La oferta de un mayor volumen de deuda en el mercado hace que deba hacerse a un tipo de interés más elevado para acaparar el interés de un mayor numero de inversores.

    Como puede observarse, el impacto de las variaciones de la demanda y la oferta de deuda sobre el tipo de interés es inverso. Si la demanda de deuda aumenta, su tipo de interés se reduce al haber más interés por adquirirla; si la oferta de deuda se incrementa, su tipo de interés bajará para atraer más compradores.

    Así pues, a través de los dos mecanismos comentados, operaciones de crédito o depósito a corto plazo y compraventa de deuda pública, se produce la transmisión de la política monetaria orquestada por los bancos centrales al conjunto de los mercados, influyendo en el nivel de las tasas de interés.

    ¿Cómo influye el tipo de interés en la inflación?

    La inflación, o nivel general de precios, es consecuencia del equilibrio entre la oferta y la demanda de bienes y servicios. Si la demanda crece y la oferta permanece invariable, los precios suben. Si la oferta se ve reducida por cualquier razón y la demanda permanece constante, los precios suben también.

    Cuando los tipos de interés están bajos se potencia el crédito y, por tanto, la demanda de consumo, a la vez que el ahorro resulta menos interesante porque no se remunera. Por el contrario, cuando los tipos de interés están en niveles elevados, el crédito sale más caro, lo que desincentiva la demanda e incentiva el ahorro, al estar mejor remunerado. Este es el mecanismo a través del que los tipos de interés impactan en los precios, influyendo en la demanda de bienes y servicios.

    Es cierto que la inflación que se está experimentando en Europa desde finales de 2021 es, en gran parte, una inflación ocasionada por restricciones en la oferta provocadas por la política china de covid 0, que ha paralizado su producción, y la invasión rusa a Ucrania, que está generando una guerra geoestratégica con repercusiones en la oferta y en los precios de las materias primas y energéticas.

    Pero también es cierto que entre 2009 y 2021 los tipos de interés se situaron en torno al 1 %, llegando a ser incluso negativos en el periodo 2016-2021, como consecuencia de una política monetaria expansiva que buscaba fomentar el consumo para paliar los efectos de la crisis financiera primero y de la pandemia –de efectos económicos descomunales– después.

    Las altas tasas de inflación registradas en la eurozona en 2021 y 2022 (5 % y 9,2 % respectivamente, medidas por el IPCA o IPC armonizado), y que continúan en 2023, hicieron saltar las alarmas. Inició entonces un cambio radical en la política monetaria del BCE, que trata ahora de al menos no alimentar los procesos inflacionistas por el lado de la demanda.

    Los efectos de la subida de tipos

    La subida de la tasa de interés oficial del dinero (que a través de los mecanismos ya discutidos se traslada al mercado) frenará la inversión de las empresas en activos productivos debido al encarecimiento de los créditos. Esto, a su vez, generará una disminución en la demanda de materias primas y energéticas, ayudando a la contención de sus precios.

    Ciertamente, esta menor inversión tendrá repercusiones en la generación de puestos de trabajo, lo que reducirá el consumo de las familias, que también se verá desincentivado por el incremento del coste de los créditos. Todo ello, en conjunto, contribuirá a frenar la escalada de precios, a costa de ralentizar el crecimiento económico y la creación de empleo.

    Y los tipos de interés, ¿volverán a bajar o seguirán subiendo?

    Parece razonable esperar variaciones en los tipos de interés oficiales dependiendo del contexto económico. No obstante, también resulta coherente que estos se muevan en torno a cierto rango y que solo ante coyunturas muy adversas, y de forma temporal, se salgan de él. Esto es así porque, en última instancia, los tipos de interés oficiales, establecidos por las autoridades monetarias, suponen una intervención en el funcionamiento del libre mercado regulado por la oferta y la demanda. Por supuesto, dicha intervención está justificada para corregir los fallos del mercado y conseguir un equilibrio más eficiente que maximice el bienestar social.

    Para delimitar ese rango adecuado, debemos pensar que el tipo de interés es el precio de equilibrio entre la demanda y la oferta de dinero. Un préstamo de dinero debe tener un precio (el interés que el prestamista recibe) que debe compensarle por tres conceptos:

    1. El coste de oportunidad por prestar ese dinero, ya que mientras lo presta no puede usarlo.
    2. El coste de la inflación, ya que esperará que la capacidad adquisitiva de ese dinero, cuando se lo devuelvan, sea al menos la misma que cuando lo presta.
    3. El coste por el riesgo asumido, pues el hecho de prestarlo hace que pueda que no se lo devuelvan. Por ello, a mayor riesgo percibido en el prestatario, mayor prima de riesgo en el tipo de interés.

    En un mercado donde se intercambia un bien con un valor, el precio de dicho bien rara vez será cero. Y esto es lo que ha pasado en el mercado del dinero en la última década: el precio del dinero ha sido cero, o incluso negativo, debido (en parte) al contexto de baja inflación del que ha disfrutado Europa, pero también a la política monetaria expansiva, que hizo que el precio del dinero estuviera por debajo de su equilibrio natural. Esto puede justificarse en un periodo corto y bajo unas circunstancias extremadamente adversas, pero no durante un periodo tan largo.

    Por tanto, no parece probable que el tipo de interés vuelva a los niveles de la última década sino más bien que siga elevándose progresivamente o que, en el mejor de los casos (si se produce una reducción drástica de la inflación, algo que parece poco probable) se estabilice en torno a su nivel actual. Debemos por tanto incorporar a nuestras expectativas, unas tasas de interés normalizadas más elevadas.The Conversation

    Laura Núñez, Directora del Observatorio del Ahorro Familiar de Fundación IE y Fundación Mutualidad Abogacía y Profesora de Finanzas, IE University

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Control de precios hace caer al gobierno sueco.

    Control de precios hace caer al gobierno sueco.

    El control de precios, sobre cualquier tipo de bienes y servicios ofertados en el mercado, nunca ha funcionado en la historia de la humanidad. Más tarde o más temprano, sus efectos negativos y dañinos sobre la sociedad se hacen sentir y con fuerza. Entre ellas, escasez y el surgimiento de mercados negros que sólo contribuyen a que los precios que se quieren controlar se disparen más arriba aún, con el consiguiente empobrecimiento de los que supuestamente estaban destinados a ser beneficiados con el control de precios.

    En estos momentos, y muy lamentablemente, en Suecia, el gobierno socialdemócrata y verde, liderado por el primer ministro Stefan Löfven, acaba de caer, dado que ha propuesto desregularizar las rentas en los edificios de nueva construcción, lo que acabaría con un modelo de negociación colectiva de más de medio siglo.

    El país aplica un estricto control de precios desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pero casi ochenta años después, acceder a un piso regulado en el centro de Estocolmo obliga a un tiempo de espera de ¡unos diez años o mucho más!. Según un informe oficial, en 2019, el tiempo de espera medio para un contrato de alquiler de primera mano en Estocolmo era superior a 3.800 días, es decir, diez años. En Gotemburgo era casi de seis años, y en Malmö, de tres. La lista de espera supera las 580.000 personas.

    Precisamente, la escasez es generada debido a que al reducir la rentabilidad futura de los propietarios, se desincentivan inversiones futuras, tanto en los pisos ya existentes como en los aún por construir. ¿Quién querría construir si su renta la define el gobierno? Así que sólo crece la demanda, pero la oferta continúa sin crecer.

    En Estocolmo, la capital, alrededor del 40% de los inquilinos reside en viviendas acogidas al programa de control estatal. Las negociaciones se realizan entre los sindicatos de inquilinos (unos 350.000) y las agencias de representación de las empresas propietarias (unas 5.000). El estado ofrece un catálogo de viviendas públicas destinadas exclusivamente al alquiler (hyresrätt). Los habitantes de estas viviendas, alquileres de «primera mano», están representados por diversos sindicatos de inquilinos, siendo el más numeroso y relevante Hyresgästföreningen, quienes negocian sus términos de uso de las viviendas con los propietarios de forma conjunta.

    Para los pocos propietarios privados, las condiciones de alquiler son muy duras: están supervisadas por el gobierno y los contratos de alquiler no pueden tener más de un año de duración. Y para poder alquilarlo, se deben dar razones y justificaciones permitidas, no se admiten causales como obtención de la renta per sé con ánimo de lucro.

    Hoy 255 de un total de 290 municipios suecos tienen oficialmente un déficit de viviendas. Para aquellas personas en busca de un alquiler, la situación de listas de esperas es dramática. Entonces, otra alternativa ha cobrado fuerza: los bostadsrätt, que son cooperativas de pequeños propietarios de viviendas, de tres o cuatro plantas, donde los pisos se reparten entre los asociados. Pero no es una compra con derechos de propiedad absolutos, sino una especie de participación social cooperativa a cambio de una vivienda para el resto de la vida, bien situada y a buen precio. Se puede ceder y transferir, pero no vender. Esta limitación, al estilo de vivienda en Singapur, lo que hace es que al final, se desincentiva el ánimo de lucro, que es por el cual podría satisfacerse la demanda de forma natural. Ya lo decía Adam Smith, «No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés».

    Y para coronar esta serie de regulaciones, construir en Suecia es muy costoso. Hasta un 72% más que en el resto de la Unión Europea. Las regulaciones medioambientales del país de Greta o urbanísticas son extremadamente duras. Entonces, para que sea rentable construir, los precios deben justificar la inversión. La consecuencia es que los precios de las viviendas particulares se disparen tanto que sólo muy pocos puedan acceder a su propia vivienda. Sólo millonarios podría decirse.  Paul Krugman, estimaba que el precio medio de un piso en Suecia ha crecido un 200% durante las últimas décadas.

    Pero como siempre sucede, el mercado, los acuerdos libres y voluntarios, mal llamados “mercado negro”, aparecen para dar solución:  el subarrendamiento de pisos, o el mercado negro del alquiler. Si bien la ley sueca es muy estricta (incluso penalmente) respecto al alquiler en «segunda mano», es decir, para que el inquilino de un hyresrätt subalquile su vivienda a otra persona, la escasez combinada con la desesperación por un techo, hacen que hayan aparecido cientos de intermediarios y caseros (en muchos casos, fraudulentos) que ofrecen habitaciones a precios altísimos, superiores a los 1.000€ , que claramente triplican a los 400€ o 600€ al mes de los bajo control de precios.

    Esta situación de control de precios, genera un sistema que protege a los que llegaron primero, a los que actualmente poseen un alquiler, representados por Hyresgästföreningen y los otros grupos que defienden sus intereses y que presionan por el mantenimiento de los precios regulados.

    Las consecuencias las pagan aquellos suecos que aún no han accedido al alquiler regulado, que están en lista de espera y que no tienen el dinero suficiente para comprar una vivienda nueva. Es decir, los jóvenes, las personas que no alcanzan salarios altos debido a sus calificaciones, y los inmigrantes.

    Lastimosamente, cuando el gobierno toma cartas en el asunto, es cuando las alarmas ya dejan de serlo, para convertirse en una triste realidad, como las listas de espera para un alquiler ya comentadas o como la expuesta por la carta pública de Spotify advirtiendo sobre su hipotética salida de Estocolmo si la situación seguía sin resolverse, ya que les costaba encontrar alojamiento para sus talentos internacionales.

    Los gobernantes y legisladores deberían evitarse toda esta problemática con sólo hojear el libro “4000 años de controles de precios y salarios”, por Butler Eamonn y Robert Schuettinger, donde se demuestra que no existe un solo caso en la historia en el que el control de precios haya detenido la inflación o haya evitado la escasez de bienes y servicios. La imposición del control de precios sobre una comunidad, es una intervención violenta del estado sobre acuerdos libres y voluntarios, lo cuales constituyen la base ética de una sociedad libre. Suecia está pagando un precio muy caro por tal razón. Aprendamos del ejemplo ajeno.

  • El salario mínimo legal golpea a los que menos tienen

    Como vengo neciamente repitiendo, el salario mínimo (SM) no sólo es fiel representación del intervencionismo gubernamental castrante sino un instrumento del estado profundo en su permanente afán de imponer la servidumbre a la población. Servidumbre que golpea más a los que menos capacidad de aguante tienen; entre los cuales están los desempleados, los del sector informal, y los pequeños y medianos empresarios y las poblaciones nativas ancestrales a las cuales se les dificulta la evolución cultural.

    En 1931 en los EE.UU. se sancionó la ley Davis-Bacon con el propósito de evitar que trabajadores negros del sur, no sindicalizados, le quitaran puestos de trabajo a los sindicalizados del norte. Los defensores del SM entendían muy bien algo que hoy día se nos escapa a la gran mayoría; y es que, a quienes se les aumentan los salarios por la vía de la ley y no del mercado, no necesariamente saldrán beneficiados a más largo plazo, ya que serán reemplazados por trabajadores más calificados que rindan al salario más alto. Por algo hoy día están siendo reemplazados por robots.

    Tampoco entienden que montar pequeñas empresas es inmenso reto; cosa que se les resbala a burrócratas gubernamentales que jamás han sido emprendedores. Y no perdamos de vista que esos pequeños emprendedores son el motor de una economía; es decir, que la economía depende de esas pequeñas y medianas empresas.

    En los EE.UU., los genios del nuevo desgobierno de supuestos “demócratas”, o liberales  que no creen en la libertad, o progresistas que son retrógradas, quieren imponer un salario mínimo de $15 la hora, cuando el mínimo federal anda por los $7.25; incremento casi del 100%. Ni se les pasa por mente que todo empleado que no rinde $15 la hora será sujeto de despido, particularmente en empresas pequeñas y medianas que están luchando por sobrevivir. Tampoco ven que los aumentos en los salarios se traducen en aumentos en los costos operativos que, a su vez, se traducen en aumentos de los precios o la quiebra de las empresas. O… puede que sí entiendan estas cosas y que por razones diabólicas quieren destruir el país para reconstruirlo a la Venezuela.

    En Panamá, siempre me ha dejado perplejo cómo las asociaciones del sector empresarial se sientan en una mesa llamada “tripartita” derrochando verborreas estériles que siempre terminan en desacuerdos de manera que la determinación final del SM queda en manos de gobernantes que deciden sobre bases de clientelismo político y no sobre bases de un auténtico interés social. Y hasta se me paran los pelos de punta al usar la frase “interés social”, dado que la misma es comúnmente mal usada como comodín diabólico.

    Debería ser más que obvio que con un aumento de precios se dará una disminución en la demanda; la cual, a su vez, repercutirá en una disminución en la producción. Esto se lo explicó a Obama el profesor George Reisman en el 2014, pero la razón económica no puede contra la corrupta razón politiquera. La única manera de lograr sanos aumentos en los salarios es logrando un aumento en la salud del mercado; lo cual no se logra con dementes mandatos centrales. En fin, ¿de qué sirve llegar a casa con más dinero si todos los precios suben? ¡Ha!, es que entonces el gobierno debe instaurar un “control de precios”; tal como lo establece y faculta el Artículo 284 de nuestra perversa constitución panameña.

    Resumiendo: Mientras más intervención socialistoide sufre una comunidad, más se dificulta el emprendimiento, a punto que ya no es posible determinar las causas del éxito o del fracaso y toda la actividad económica queda sumida en tinieblas politiqueras.

  • ¿Qué es la propiedad privada?

    Hay pocas expresiones comúnmente usadas que sean tan mal entendidas como la frase “propiedad privada” (PP); y, a riesgo de simple y cansón lloveré sobre mojado. Y es que la importancia de entender lo que es y lo que implica la PP es primordial; es decir, aquello que viene delante de todo, lo principal, originario, primitivo y esencial, sin lo cual la misma Creación pierde rumbo y sentido. “Privado” es aquello personal de cada individuo, tal como su mismo cuerpo, pensamiento y derecho de transitar, sin el cual no podría mantener la vida. Dicho de otra manera: Es privado porque no puedes privar a la persona de ello… de su misma vida.

    El término “mercado” se refiere a la acción humana que no debe ser dirigida por el estado. La gente está dispuesta a ofrecer, comprar y vender bienes y servicios de su pertenencia; cada quien según sus particulares condiciones y a riesgo de no ser aceptado por un comprador. Si no entendemos y respetamos los derechos de propiedad, el mercado deja de ser un encuentro libre y voluntario entre las partes, que en adelante se verán obligados a interactuar en función del criterio de burócratas gubernamentales.

    También hay propiedad en los atributos de las personas, tal como la inteligencia, talento, voz, belleza y tal, los cuales no quedan sujetas al dominio público estatal. Los problemas comienzan cuando comenzamos a hablar de una “propiedad colectiva” a la vez que vamos negando los derechos a la propiedad del individuo. Semejante distorsión de la naturaleza humana nos coloca en un ambiente irreal o sintético en el cual las personas ya no piensan y calculan por cuenta propia sino en atención a mandatos coercitivos centrales.

    Los socialistas y comunistas sostienen que los medios de producción son propios de la comunidad y no de cada quien, como también puede ser de un grupo de personas. Algunos dicen que Marx y otros comunistas no niegan derechos de propiedad de cosas como la casa, la ropa, el auto y tal; sino a los medios de producción. Y no de toda producción sino de aquella que esclaviza al trabajador. El problema con semejante enfoque está en la dificultad para definir los medios de producción, tales como la inteligencia, la capacidad creativa, dedicación, don de mando o de organizar el trabajo de otros y tal.

    Pero la misma naturaleza va mucho más allá en estos temas, tal como bien lo señalara en su momento San Pablo Magno explicando que se trata de una realidad antropológica fundamental. Que la producción provechosa no es la del simple trabajo sino la de un trabajo dirigido con finalidad y astucia provechosa para todos. Y el problema es que son pocos los que tienen la capacidad creativa y organizativa.

    Recuerdo estar sentado con trabajadores que sostenían que nuestra empresa no pertenecía sino a todos nuestros empleados. Algo así como: Al darte empleo te estoy concediendo parte de la empresa que yo financié. Pero… ¿que ocurriría si los propietarios abandonan la empresa y la dejan en manos de quienes alegan ser sus dueños? ¿O será que mantendrán a los dueños como esclavos?

    Todo lo anterior nos lleva al estudio de la catalactica o cataxia que es la ciencia de los intercambios comerciales. De cómo el libre mercado logra las relaciones de intercambio y los precios. Es el análisis de los precios tal como son y no como algunos politicastros demagogos quieren que sean, porque ello se traduce en votos.

    Hoy día que va en aumento la tendencia de abolir la institución de la propiedad privada a través de limitaciones impuestas en ley, tal como las de control de precios y salarios mínimos, sorprenden los resultados de pobres economías. No debía ser difícil de entender los fenómenos que se producen al restar control a los propietarios de las empresas y dárselo a demagogos.

    En síntesis, en una economía o sociedad de libre mercado, los propietarios del capital, grandes y chicos, pueden disfrutar del producto de su ingenio y esfuerzo riesgoso en la medida en que ello se traduce en la satisfacción del consumidor. En fin, la propiedad sólo se convierte en valioso activo cuando es empleada en beneficio del consumidor y no en beneficio de burócratas o sindicalistas interesados.

  • Control de Precios y Gradualismo

    Cuando Juan Carlos Varela anunció con sus promesas de campaña que iba a implantar el control de precios para poner 58 dólares en los bolsillos de los panameños, mandó varios mensajes negativos a los inversionistas.

    • “No sé de economía ni quiero saberlo. Que hay 4000 años de data que dicen que el control de precios no funciona, no importa”.
    • “Soy un demagogo, me interesan sus votos, voy a prometer lo que sea para ganar votos”.
    • “Estoy dispuesto a intervenir el mercado, sin que importe la seguridad jurídica, el cálculo económico a largo plazo, y la inversión a futuro en los mercados intervenidos, como el agrario”.
    • “Les voy a mentir, el control de precios es de emergencia pero lo voy a mantener cinco años”.

    Esos mensajes se mandaron al mundo por cinco años, a los cuales si se suman los Panamá Papers, los subsidios, la parálisis burocrática en trámites clave en todos los sectores, el gasto público fuera de control, el “no vamos a defender a Panamá de los ataques”, han hecho que la economía se paralice. El nuevo presidente Laurentino Cortizo tiene que moverse rápido para cambiar su imagen y atraer inversiones, porque subir impuestos en medio de una desaceleración económica sería desastroso y endeudar para gastar, bueno, Panamá está al límite de su crédito.

    Laurentino Cortizo tiene que mandar señales claras. Señales de que él no es Juan Carlos Varela. Señales de que el sí sabe de economía, de que no se dice a la gente lo que quieren oír sino lo que se debe hacer, aunque no guste, y dejar que los mercados agrarios y de alimento funcionen, derribando barreras en lugar de maquillarlas con controles de precios. El peligro para el nuevo presidente es caer en la tentación del gradualismo. O sea de tratar de hacer gradualmente y por consenso cambios económicos urgentes con el riesgo de que cuando se logre el consenso necesario, la situación se encuentre mucho más grave. Esto es lo que hizo Mauricio Macri en Argentina. Heredó una serie de situaciones económicamente destructivas de Cristina Fernández de Kirchner. Y pensó que por ser Mauricio Macri, la gente automáticamente iba a recuperar la confianza de los inversionistas, por no llamarse Cristina Fernández de Kirchner. Y que eso le iba a dar tiempo de lograr consensos para lograr los cambios económicos que necesitaba hacer. Pero el tiempo se le acabó y la economía Argentina es una bomba a punto de explotar.

    Don Laurentino Cortizo ha elegido eliminar gradualmente el control de precios, o eso creemos. En otras palabras, su medida de prolongar el control de precios aunque sacando varios artículos en lugar de eliminarlo de un solo golpe, lejos de mandar señales claras de que tenemos un gobierno pro mercado y no solo pro empresarios, manda señales confusas, en un momento donde debemos salir de la confusión creada por el gobierno anterior, rápido y de manera definitiva. Y si este patrón se mantiene en otros asuntos, como por ejemplo manteniendo las monedas de un balboa, o permitiendo que se esparzan rumores de que se van a acuñar modelo de 10 balboas o de que Panamá va a tratar de entrar a la OCDE. El buen gobierno debe dejar señales claras. Y hacerlo los 100 primeros días.

    El control de precios es dañino porque el sistema de precios es el mecanismo que permite a los productores saber qué se demanda, decidir qué producir, cuánto producir, cuándo producirlo y cuánto cuesta producirlo. El sistema de precios, es la cadena de información fundamental de una economía. Si se interviene el sistema de precios, se rompen las cadenas de información para los productores en los productos controlados. Y los productores de los mismos trabajan con información errónea. Para un gobierno que desea reactivar el agro, es bueno no tocar esta cadena de información.

    Así que es el momento de superar la tentación de gradualismo; ya las elecciones pasaron, y en los primeros 100 días es necesario mandar mensajes distintos, sobre el Control de Precios, sobre el gasto público, sobre la seguridad social, sobre la OCDE. Y las decisiones que se tomarán serán duras y es mejor tomarlas al inicio del gobierno. El gradualismo a lo Macri ha de derrochar el capital político de estos primeros 100 días, y pueda que no esté después, cuando sea necesario tomar medidas fuertes para desactivar la bomba.