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  • Ballena Azul: la libertad contra el totalitarismo digital

    Ballena Azul: la libertad contra el totalitarismo digital

    Hay historias sobre Corea del Norte que parecen escritas para una novela de espionaje. Esta, sin embargo, ocurrió en GitHub, Zoom, ChatGPT, billeteras cripto y escritorios virtuales. Resulta que dos investigadores de ciberseguridad, Mauro Eldritch y Heiner García, crearon una empresa que no existía. La llamaron Ballena Azul LTD. Construyeron una página web, una identidad corporativa, documentación, un supuesto protocolo DeFi y hasta una historia empresarial suficientemente convincente como para parecer una startup más del ecosistema cripto.

    Después hicieron algo todavía más extraño: contrataron a tres desarrolladores que sospechaban formaban parte de una red norcoreana dedicada a infiltrarse como trabajadores remotos en empresas occidentales. Los supuestos infiltrados creían haber entrado en una empresa y en realidad habían entrado en un laboratorio.

    Durante semanas, sus ordenadores virtuales fueron observados dentro de entornos controlados de ANY.RUN. Los investigadores pudieron registrar archivos abiertos, conexiones, herramientas utilizadas, cuentas, wallets, VPN y parte de la infraestructura desde la que operaban.

    La operación tiene algo de comedia, pero detrás de ella hay una de las expresiones más inquietantes del totalitarismo contemporáneo. Y también una extraordinaria lección sobre la libertad.

    El trabajador que no era quien decía ser

    Ballena Azul se presentó como una startup DeFi que trabajaría con grandes tenedores de criptomonedas.

    Era un cebo casi perfecto.

    Los investigadores contactaron con un reclutador vinculado, según su investigación, a Famous Chollima, denominación utilizada en inteligencia de amenazas para una estructura relacionada con operaciones norcoreanas de trabajadores informáticos. El objetivo habitual de estas redes no consiste necesariamente en entrar rompiendo una contraseña.

    Es mucho más sencillo.

    Consiste en conseguir que la empresa les abra la puerta por caminos normales: Currículum, entrevista, contrato,usuario, contraseña, GitHub, repositorios y sistemas internos. El atacante deja de parecer atacante porque figura en Recursos Humanos.

    Según la investigación, tres personas fueron incorporadas a Ballena Azul utilizando identidades que presentaban inconsistencias importantes. Uno afirmaba residir en Texas mientras entregaba una licencia de California y una cuenta bancaria de Nueva York. Otro presentó documentación cuya metadata indicaba manipulación mediante Google Gemini. Un tercero proporcionó una licencia aparentemente auténtica perteneciente a otra persona.

    Después recibieron escritorios virtuales para trabajar. Ahí empezó la parte interesante.

    Instalaron herramientas de acceso remoto, comprobaron direcciones IP, utilizaron VPN, accedieron a cuentas personales y recurrieron repetidamente a herramientas de inteligencia artificial. ChatGPT apareció como asistente de programación y redacción; Gemini, según los investigadores, había sido utilizado incluso para alterar documentación.

    Pero cometieron un error magnífico; uno de ellos sincronizó su cuenta de Google con la máquina que le había proporcionado la empresa, solo que aquella máquina pertenecía a los investigadores.

    De pronto, quienes pretendían observar desde dentro comenzaron a ser observados.

    Esto no era una leyenda urbana

    Conviene separar la parte divertida de la historia del problema real.

    El Departamento de Justicia estadounidense lleva años documentando operaciones en las que ciudadanos norcoreanos obtienen trabajos remotos utilizando identidades falsas o robadas. En junio de 2025 informó de esquemas que habían conseguido empleo en más de cien empresas estadounidenses, apoyados incluso por redes de intermediarios y las llamadas laptop farms: ordenadores físicamente situados en Estados Unidos pero manejados remotamente desde el extranjero.

    En otro proceso, cuatro ciudadanos norcoreanos fueron acusados de obtener empleos tecnológicos mediante identidades falsas y posteriormente robar más de 900.000 dólares en activos digitales de dos empresas. Uno de los acusados habría modificado el código fuente de contratos inteligentes para apropiarse de unos 740.000 dólares.

    El Tesoro estadounidense elevó todavía más la dimensión del asunto en marzo de 2026: estimó que estas redes de trabajadores tecnológicos generaron casi 800 millones de dólares durante 2024, recursos vinculados posteriormente al financiamiento de los programas armamentísticos del régimen norcoreano.

    Por eso Ballena Azul es interesante, porque no descubre que Corea del Norte utiliza trabajadores tecnológicos para conseguir divisas. Eso ya estaba documentado. Lo extraordinario es poder observar uno de esos mecanismos desde dentro.

    Pero hay una pregunta anterior a la ciberseguridad

    ¿De quién es el trabajo de una persona?

    Para un liberal, la respuesta debería ser obvia.

    De esa persona.

    Su inteligencia le pertenece.

    Su tiempo le pertenece.

    El fruto de su trabajo le pertenece.

    Y precisamente por eso el aspecto más aberrante de esta historia no comienza cuando alguien utiliza una identidad falsa para infiltrarse en una empresa occidental. Comienza mucho antes, cuando un Estado considera que sus ciudadanos son recursos productivos a su disposición.

    El gobierno norcoreano no inventó solamente una sofisticada industria de fraude internacional. Construyó primero una sociedad donde la autonomía individual prácticamente desapareció.

    Naciones Unidas ha documentado durante años restricciones extremas a la libertad de expresión, asociación, movimiento, privacidad y acceso a la información, además del empleo institucionalizado del trabajo forzado. En 2024, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas describió precisamente el trabajo forzado en Corea del Norte como un fenómeno institucionalizado por el Estado.

    Por eso conviene resistir una tentación.

    Es fácil mirar las imágenes de estos jóvenes delante de una webcam y pensar simplemente: ahí están los malos.

    Quizá algunos lo sean.

    Quizá algunos participen conscientemente de operaciones criminales.

    Pero sabemos demasiado poco sobre el grado de libertad real con el que actúan como para convertir automáticamente a cada uno de ellos en encarnación del régimen que los utiliza. Y ahí aparece una distinción esencial para cualquier filosofía verdaderamente liberal: el Estado norcoreano y los norcoreanos no son la misma cosa.

    Confundirlos sería aceptar precisamente la ficción colectivista que sostiene al régimen. El individuo no es su gobierno.

    El totalitarismo convierte personas en infraestructura

    Hay una expresión especialmente reveladora utilizada en los informes estadounidenses: el gobierno norcoreano se apropia de una parte muy considerable de los salarios generados por estos trabajadores en el exterior. Es decir, un programador consigue un empleo, produce código y una empresa paga por ese trabajo. Sin embargo, el fruto de su trabajo termina siendo absorbido por la maquinaria estatal.

    Visto desde la teoría liberal, estamos ante una versión tecnológicamente sofisticada de algo antiquísimo. La expropiación del individuo por el poder.

    El trabajador deja de ser una persona que intercambia voluntariamente su conocimiento por dinero y se convierte en un activo económico de una organización política.

    Es difícil encontrar una representación más clara de la diferencia entre trabajo libre y trabajo administrado. En una sociedad libre, una persona programa porque alguien desea contratarla y ambos aceptan las condiciones. En una sociedad totalitaria, el conocimiento de esa persona puede convertirse en una exportación del Estado, donde uno produce y el otro decide el destino del producto.

    Y entonces aparece Bitcoin

    Aquí la historia se vuelve incómoda también para quienes amamos las criptomonedas.

    Corea del Norte utiliza activos digitales. Eso es cierto.

    Los utiliza para mover fondos, evadir controles financieros y lavar dinero procedente tanto de operaciones informáticas como de robos. El Tesoro estadounidense ha identificado direcciones de Bitcoin, Ethereum y Tron relacionadas con algunas de estas redes. Pero de allí se desprende con frecuencia una conclusión equivocada:“Entonces las criptomonedas son el problema”.

    No.

    Sería equivalente a concluir que internet es culpable porque los espías utilizan internet. O que el dólar es totalitario porque una dictadura cobra en dólares.

    Bitcoin no pregunta por la moralidad de quien transmite una transacción. Precisamente ésa es una de sus propiedades fundamentales.

    Una red monetaria neutral no distingue entre el disidente que intenta sacar sus ahorros de una dictadura y el agente de esa dictadura que intenta mover fondos.

    La neutralidad tiene un precio. Pero su alternativa también.

    Porque para construir un sistema capaz de impedir anticipadamente cualquier utilización indebida habría que construir una autoridad capaz de decidir quién puede transmitir valor y quién no.

    Y entonces habríamos solucionado el problema del autoritarismo creando otro.

    Libertad no significa ingenuidad

    Nada de esto implica que una empresa tenga la obligación de contratar a alguien que falsifica su identidad. La libertad contractual funciona en ambas direcciones. Quien contrata tiene exactamente el mismo derecho a conocer con quién está contratando que el trabajador a decidir para quién trabaja. Utilizar una identidad robada no constituye un ejercicio de libertad: es fraude.

    Robar criptomonedas o acceder engañosamente a propiedad ajena tampoco es ejercer la libertad, porque el principio liberal no consiste en tolerar cualquier conducta, sino en distinguir con enorme precisión entre libertad y agresión.

    Una persona puede usar una VPN, puede proteger su privacidad o cobrar en Bitcoin. También puede trabajar remotamente desde cualquier lugar del planeta y utilizar un seudónimo si la contraparte lo acepta. Nada de eso, por sí mismo, viola los derechos de nadie.

    El problema aparece cuando existe engaño destinado a obtener acceso a propiedad ajena, suplantación de identidad, robo o incumplimiento deliberado de las condiciones bajo las cuales otra persona aceptó contratar. Ahí termina el intercambio voluntario.

    El peligro de aprender la lección equivocada

    Los propios investigadores recomiendan reforzar controles de identidad, realizar verificaciones periódicas, formar a reclutadores y vigilar determinados patrones tecnológicos.

    Tiene sentido.

    Una empresa privada debe protegerse. Pero aquí también conviene colocar un límite liberal.

    La respuesta a Corea del Norte no puede ser convertir cada contratación remota en un interrogatorio estatal y cada usuario de una VPN en un sospechoso.

    No deberíamos destruir las herramientas que protegen a millones de personas porque también las utilicen delincuentes.

    La criptografía protege al disidente.

    La VPN protege al periodista.

    El cifrado protege al ciudadano.

    Bitcoin permite transferir riqueza sin pedir autorización.

    La inteligencia artificial permite trabajar a quien antes no habría podido hacerlo.

    El trabajo remoto permite que un programador nacido en un país pobre venda su capacidad intelectual a una empresa situada a diez mil kilómetros.

    Todas esas tecnologías reducen una característica que históricamente ha favorecido al poder: la necesidad de pedir permiso.

    Naturalmente también pueden ser utilizadas por quien pretende dañarnos; la libertad siempre contiene ese riesgo.

    Una sociedad absolutamente segura frente al mal uso de la libertad tendría que eliminar buena parte de la libertad misma.

    Ballena Azul ganó porque podía experimentar

    Y aquí quizá esté la ironía más hermosa de toda la historia.

    ¿Cómo fueron descubiertos los presuntos agentes de uno de los Estados más centralizados del planeta?

    No mediante un Ministerio Mundial de Verificación Digital ni una identidad obligatoria universal o la abolición del anonimato. Los descubrieron unos investigadores independientes que tuvieron una idea disparatada: crear una empresa falsa y dejar que los infiltrados entraran.

    Construyeron una web, se inventaron personajes, programaron infraestructura y los escritorios virtuales. Improvisaron reuniones e introdujeron fallos deliberados. Observaron comportamientos, compartieron información con otros investigadores. Es decir: experimentaron descentralizadamente y sin un plan maestro.

    Algo profundamente hayekiano ocurrió allí.

    Frente a una organización jerárquica y centralizada apareció conocimiento distribuido. Personas diferentes poseían pequeñas piezas de información: una dirección IP, una wallet, una metadata, un historial de navegador, una herramienta de acceso remoto, una identidad inconsistente. Ninguna pieza explicaba todo, pero juntas comenzaron a hacerlo. El conocimiento que permitió descubrir la operación no estaba concentrado en una autoridad omnisciente, estaba disperso.

    Exactamente como ocurre en una sociedad libre.

    La batalla real

    Por eso Ballena Azul no es solamente una historia sobre hackers. Es una pequeña parábola política.

    En un extremo tenemos un Estado que reclama la vida económica de sus ciudadanos, controla su movimiento, restringe brutalmente la información que reciben y dirige recursos humanos hacia sus propios objetivos.

    En el otro tenemos una sociedad abierta llena de defectos, desorden, anonimato, criptomonedas, empresas privadas, investigadores independientes y tecnologías que cualquiera puede utilizar, incluso sus enemigos.

    La primera parece ordenada, la segunda parece caótica.

    Pero sólo una permite que alguien tenga una idea que nadie autorizó. Y ese detalle importa muchísimo. El liberalismo nunca prometió un mundo sin delincuentes, sin estafadores, espías o dictadores. Prometió algo mucho más modesto y muchísimo más importante: que ningún hombre debería disponer arbitrariamente de la vida de otro. Que el conocimiento debe poder circular y la propiedad tiene dueño. Que el intercambio debe ser voluntario y el poder necesita límites.

    Y que el individuo existe antes que el Estado.

    Quizá ésa sea la enseñanza más incómoda de Ballena Azul. No debemos defender la libertad porque sólo vaya a ser utilizada por buenas personas; si ésa fuera la condición, la libertad sería imposible.

    La defendemos precisamente porque nadie debería tener el poder de decidir previamente quién merece utilizarla. Después castigamos el fraude, perseguimos el robo, protegemos la propiedad y responsabilizamos al agresor.

    Pero no entregamos nuestras libertades como precio por sentirnos seguros.

    Porque si para combatir a una dictadura necesitamos copiar su principio fundamental, que alguien desde arriba decida quién puede trabajar, comunicarse, ocultar su identidad, mover su dinero o utilizar determinada tecnología, quizá hayamos ganado la operación de ciberseguridad y perdido algo bastante más importante, que la libertad no es una herramienta del sistema.

    Es el límite que le imponemos al sistema.

  • Empleos remotos e infiltración digital, la novedad Norcoreana

    Empleos remotos e infiltración digital, la novedad Norcoreana

    Durante años, el imaginario occidental asoció a Corea del Norte con misiles, desfiles militares y amenazas nucleares. Sin embargo, el régimen de Kim Jong-un ha perfeccionado otra arma mucho más silenciosa y sofisticada: la infiltración digital global mediante trabajadores tecnológicos falsos que operan desde el anonimato.

    Lo que parecía una teoría conspirativa hoy se ha convertido en una preocupación concreta para gobiernos, empresas y agencias de inteligencia occidentales. Investigaciones recientes revelan que miles de supuestos desarrolladores, ingenieros de software y especialistas IT que trabajan remotamente para compañías occidentales serían, en realidad, operativos vinculados al aparato estatal norcoreano.

    El mecanismo de la infiltración digital es tan simple como perturbador.

    Utilizando identidades robadas o completamente fabricadas, estos trabajadores aplican a empleos remotos en empresas de Estados Unidos y Europa. Se presentan como ciudadanos estadounidenses, europeos o asiáticos radicados en terceros países. Sus perfiles en LinkedIn suelen parecer impecables: experiencia creíble, certificaciones técnicas y hasta entrevistas virtuales realizadas mediante herramientas de inteligencia artificial y deepfakes.

    Una vez contratados, reciben equipos corporativos enviados a direcciones controladas por colaboradores en territorio occidental. Allí entran en juego las llamadas “laptop farms”: viviendas o depósitos con decenas de computadoras conectadas remotamente para que el verdadero operador, ubicado fuera del país objetivo —muchas veces en China o Rusia— pueda trabajar simulando estar físicamente en Estados Unidos.

    El resultado es alarmante.

    Según estimaciones citadas por autoridades estadounidenses y firmas de ciberseguridad, el esquema habría infiltrado a cientos de empresas, incluyendo compañías tecnológicas de primer nivel y contratistas vinculados a sectores sensibles. Algunas investigaciones incluso sostienen que prácticamente todas las grandes corporaciones estadounidenses habrían recibido postulaciones asociadas a estas redes.

    Pero el objetivo no es únicamente económico.

    Aunque el régimen obtiene millones de dólares en salarios desviados hacia Pyongyang —dinero que ayudaría a financiar programas militares y nucleares—, el verdadero riesgo radica en el acceso privilegiado a sistemas corporativos, datos sensibles y propiedad intelectual.

    La sofisticación del esquema ha crecido exponencialmente gracias a la expansión del trabajo remoto posterior a la pandemia y al avance de la inteligencia artificial. Microsoft advirtió recientemente que agentes norcoreanos utilizan software de modificación de voz, intercambio facial y generación automatizada de perfiles profesionales para superar entrevistas y verificaciones de identidad.

    Incluso gigantes tecnológicos como Amazon reconocieron haber bloqueado miles de postulaciones sospechosas desde 2024.

    El fenómeno también expone una fragilidad estructural del capitalismo digital contemporáneo: empresas obsesionadas con reducir costos mediante contratación remota global terminaron creando, involuntariamente, una superficie ideal para operaciones estatales encubiertas.

    La paradoja es brutal.

    Mientras Occidente celebraba la eliminación de fronteras laborales gracias al teletrabajo, regímenes autoritarios entendieron rápidamente que esa misma apertura podía transformarse en un vector de espionaje, financiamiento clandestino y penetración estratégica.

    La amenaza ya no llega necesariamente en forma de malware o ataques visibles. A veces aparece como un programador eficiente, puntual y técnicamente brillante que participa de reuniones por Zoom desde una identidad cuidadosamente construida.

    En otras palabras: el espía del siglo XXI ya no necesita infiltrarse físicamente en una empresa. Basta con enviar un currículum.

  • Ejército norcoreano en crisis: soldados buscan colillas de cigarrillos

    El Ejército norcoreano (Popular de Corea del Norte) enfrenta una crisis interna que revela el deterioro de sus condiciones de vida. Un reciente informe de Radio Free Asia (RFA) expuso que los soldados del ejército norcoreano han comenzado a buscar colillas de cigarrillos en las calles para poder fumar, ya que sus raciones de tabaco han sido reducidas y en muchos casos son acaparadas por los oficiales de alto rango. Esta práctica ha sido considerada una «falta de disciplina» por las autoridades militares, quienes han anunciado sanciones severas para quienes sean sorprendidos en esta actividad.

    Según la investigación de RFA, esta problemática fue abordada el pasado 14 de marzo en una videoconferencia de la Oficina General de Política del Ejército. En esta reunión, se discutió sobre «la laxitud en la disciplina de los comandantes y soldados», abordando temas como el aumento de deserciones, robos y, ahora, la recolección de colillas de cigarrillos. Como resultado, se estableció que cualquier soldado sorprendido recogiendo colillas en la calle será castigado con «trabajo revolucionario» durante al menos tres meses, lo que implica la asignación a las tareas más duras dentro del ejército.

    Raciones de Cigarrillos: De la Promesa al Despojo

    El ejército norcoreano tiene estipulado proveer a cada soldado con 15 paquetes de cigarrillos al mes. Sin embargo, según fuentes militares citadas por RFA, los comandantes se apropian de una parte significativa de estas raciones, dejando a los soldados con pocas o ninguna unidad para su consumo. Esta situación ha forzado a los soldados a recurrir a la recolección de colillas en las calles, una imagen que pone en jaque la propaganda estatal sobre la fortaleza y la autosuficiencia del ejército norcoreano.

    El problema no solo afecta a la infantería general, sino también a unidades de élite como la guardia fronteriza, que históricamente ha estado mejor abastecida. En el pasado, estos soldados recibían 15 paquetes de cigarrillos de la marca Baekseung al mes. No obstante, desde el otoño pasado, la cantidad fue reducida a 10 paquetes, y tras la apropiación de los comandantes, los soldados solo reciben 7 paquetes en promedio.

    El Impacto en Soldados Hombres y Mujeres

    El informe de RFA también destaca una particularidad: no solo los soldados varones buscan colillas de cigarrillos, sino que también se ha visto a mujeres soldados recogiendo los filtros de los cigarrillos. Mientras que los hombres buscan restos de tabaco para fumar, las mujeres utilizan los filtros para obtener algodón, un recurso que luego es utilizado en la confección de ropa o mantas ceremoniales para bodas, una tradición en Corea del Norte. Muchas de estas mujeres intercambian el tabaco recolectado con sus compañeros por los filtros, y luego venden el algodón obtenido para comprar alimentos, evidenciando una crisis de abastecimiento mucho más profunda.

    Una Crisis que Supera las Amenazas

    El hecho de que los soldados recurran a la recolección de colillas y que incluso vendan estos restos para comprar comida deja en evidencia un problema mayor: el deterioro de la logística de abastecimiento militar y las precarias condiciones en las que viven los soldados del régimen de Kim Jong-un. Más allá de las amenazas de trabajo forzado como castigo, la realidad sugiere que las necesidades básicas de los soldados no están siendo cubiertas. La situación refleja un ejército donde la jerarquía no solo controla la disciplina, sino también los bienes esenciales para la supervivencia.

    El gobierno de Corea del Norte se ha esforzado en proyectar una imagen de poder militar inquebrantable, pero hechos como estos revelan fisuras en la estructura que sostiene a uno de los ejércitos más grandes del mundo en número de efectivos. Con soldados que dependen de colillas de cigarrillos para sobrevivir, la retórica de fortaleza del régimen queda más expuesta que nunca.

    Fuente: Radio Free Asia (Moon Sung Whui, 2025)

  • La torre turística china que domina Corea del Norte podría ser demolida

    Una gigantesca torre de acero en China, parte de una atracción turística con vistas a la ciudad norcoreana de Hyesan, que se inclina casi sobre el río Yalu entre las dos naciones, podría ser demolida después de varias interacciones tensas entre turistas chinos y norcoreanos residentes en ambos países,  dijeron a Radio Free Asia.

    La torre de 50 metros de alto y 70 metros de largo (164 pies de alto y 230 pies de largo) es parte de la Ciudad del Acantilado del Milenio de Changbai construida en 2021 en la ciudad de Malugou en el condado autónomo coreano de Changbai en China. provincia nororiental de Jilin.

    El puente con piso de vidrio de la torre que mira hacia el río y hacia Hyesan es la principal atracción del complejo turístico. Usando binoculares, los visitantes pueden observar Corea del Norte para vislumbrar la vida en uno de los países más aislados del mundo.

    El complejo también cuenta con una noria y un columpio catapultado que lanza a los visitantes hacia la frontera.

    El turismo chino a Corea del Norte ha estado cerrado desde el inicio de la pandemia de COVID-19 en 2020, y la torre era una atracción popular que ofrecía vistas de Corea del Norte por solo 7 yuanes (1 dólar estadounidense).

    Estructura ilegal

    Pero la torre dejó de funcionar el 15 de marzo, dijo a RFA Korean un residente de Chiangbai, que solicitó el anonimato por motivos de seguridad personal. Dijo que las autoridades lo cerraron por razones de seguridad y que no sabe cuándo volverá a funcionar.

    «Las autoridades norcoreanas consideraron la torre de acero una estructura ilegal que viola el acuerdo de gestión fronteriza y han insistido en su demolición», afirmó el residente.

     

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    Un puente con fondo de vidrio de 164′ de alto y 230′ de largo, a la izquierda, es parte de la Ciudad del Acantilado del Milenio de Changbai, Condado Autónomo Coreano de Changbai, China. (Google Earth)

     

    La torre es popular entre los turistas que vienen a China a visitar el monte Paektu, dijo. El pico, que se extiende a ambos lados de la frontera entre China y Corea del Norte, es la montaña más alta de la península de Corea y se considera el escenario de mitos sobre el origen del pueblo coreano. La torre fue construida por un rico hombre de negocios de la ciudad de Yanji en la Prefectura Autónoma Coreana de Yanbian con su propio dinero.

    «Si subes a la torre de acero, que está diseñada para subirse a pie, podrás observar las condiciones de vida en la ciudad de Hyesan, provincia de Ryanggang, Corea del Norte, tan vívidamente como si lo estuvieras viendo ante tus ojos».

    Tirar piedras y botellas

    Un factor que contribuyó a su cierre parece ser una serie de intercambios hostiles entre la gente de la torre y los de abajo, dijo otro residente de Changbai. «En septiembre del año pasado, tres guardias fronterizos norcoreanos apuntaron con sus rifles automáticos a los turistas en la torre de acero», dijo.

    En otro incidente, un estudiante universitario norcoreano arrojó piedras en dirección a la torre mientras los turistas le tomaban fotografías, quienes luego respondieron arrojándole botellas de agua y cáscaras de plátano al estudiante, comentó un funcionario de una agencia judicial en la provincia de Ryanggang de Corea del Norte.

    La parte norcoreana “advirtió a las agencias de seguridad pública chinas que si esto ocurre repetidamente, podría desarrollarse un conflicto entre los dos países más adelante”. Se instaló un letrero en la torre que pedía a los visitantes que no gritaran ni arrojaran objetos a ningún norcoreano que pudieran ver abajo. Y en un momento dado, funcionarios de ambas partes se reunieron y se culparon mutuamente, por lo que no llegaron a ninguna conclusión, dijo un residente de Changbai.

    Debido a la torre, la gente abajo , en el suelo, se sienten casi como animales de zoológico, dijo el funcionario norcoreano.  «Dado que nuestras condiciones de vida son tan malas en Corea del Norte, están tomando fotografías desde la torre de acero como si estuvieran observando un grupo de animales incivilizados», dijo.

    La parte norcoreana argumenta que la torre viola un acuerdo firmado en 2009 que dice que ni Corea del Norte ni China pueden instalar materiales de propaganda que difamen mutuamente o amenacen al régimen en la frontera, ni pueden colocar instalaciones que insulten u odien al otro lado de la frontera. Están pidiendo a la parte china que derriben la torre por completo.

    Traducido por Claire S. Lee. Editado por Eugene Whong.

  • Corea del Norte sorprendida porque Cuba establece vínculos con Corea del Sur

    Los norcoreanos reaccionaron conmocionados cuando se enteraron de que sus “hermanos socialistas” en Cuba establecieron relaciones oficiales con la capitalista Corea del Sur, dijeron residentes en el Norte a Radio Free Asia.

    Seúl y La Habana anunciaron la medida el 14 de febrero, cuando sus respectivos representantes ante las Naciones Unidas en Nueva York se enviaron notas diplomáticas reconociendo que los dos países restablecerían relaciones formales, que fueron interrumpidas cuando Fidel Castro y los comunistas tomaron el control de la isla. Nación insular del Caribe en 1959.

    Desde 1960, Cuba y Corea del Norte se han jactado de sus “estrechos vínculos fraternales”.

    Pero el gobierno norcoreano aún no ha anunciado a sus ciudadanos la medida de La Habana. La noticia llegó a Corea del Norte desde China y ahora se está difundiendo de boca en boca, sorprendiendo a todos los que la escuchan, dijo a RFA Korean un residente de la provincia central norteña de Ryanggang, bajo condición de anonimato por razones de seguridad.

    Dijo que había escuchado la noticia hace varias semanas de alguien que había venido de China, y dio a entender que se lo guardó para sí mismo. ( Es común en Corea del Norte que incluso las parejas casadas no discutan abiertamente temas potencialmente delicados porque podrían usarse en su contra si alguna vez terminan siendo interrogados por las autoridades). “Hace unos días, mi esposa se enteró de la noticia”, dijo. «Estaba realmente molesta y preocupada por cómo será nuestro país en el futuro».

    El hombre dijo que a su esposa le preocupaba que Corea del Norte se estuviera quedando aislada a medida que más países que considera sus aliados más cercanos establecían nuevas embajadas en Seúl.

    La propaganda norcoreana hasta ese momento elogiaba la historia de Cuba, que según el residente había sido descrita como firme en su lucha contra el imperialismo a pesar de estar “firme y directamente bajo las narices” de Estados Unidos, en referencia al embargo estadounidense al país. «¿A quién no le sorprendería que un país así haya establecido relaciones diplomáticas con Corea del Sur?» dijo.

    Algunas personas mayores tienen buenos recuerdos de la visita de Castro a Pyongyang en 1986 para recibir un regalo de 100.000 rifles automáticos junto con decenas de millones de municiones, y lo genuinamente agradecido que parecía cuando habló del intercambio en un discurso público en un estadio con capacidad para 20.000 personas, donde estuvo junto al entonces líder Kim Il Sung, dijo el residente.

    A partir de entonces, delegaciones de alto nivel, así como estudiantes de intercambio, viajaron entre los dos países, dijo. “Incluso hay una escuela que lleva el nombre de Kim Il Sung en Cuba. También se trajo a Corea del Norte una gran cantidad de azúcar de Cuba”.

    Otra fuente, un residente de la provincia nororiental de Hamgyong del Norte, dijo que no podía creer que Cuba y Corea del Sur establecieran relaciones, especialmente porque las autoridades norcoreanas habían criticado duramente a Hungría cuando se convirtió en el primer país del bloque soviético en forjar vínculos con Seúl en 1989, anunciando la decisión en los Juegos Olímpicos de 1988 en Seúl.

    El acto fue fuertemente denunciado en los medios de comunicación norcoreanos como una “traición al socialismo”, y ese año Pyongyang redujo las relaciones diplomáticas con Budapest al nivel de embajador. «Ocurrió lo mismo [en 1992] cuando China y Vietnam establecieron relaciones diplomáticas con Corea del Sur», dijo el residente de Hamgyong del Norte. «Las autoridades criticaron abiertamente a China por renunciar a los principios socialistas a cambio de dinero».

    Corea del Norte estaba especialmente enojada con Vietnam, dijo, ya que Pyongyang había enviado soldados a luchar del lado del Vietnam del Norte comunista y muchos norcoreanos habían muerto en la guerra. «Las tumbas de los soldados norcoreanos en Vietnam fueron trasladadas a Corea del Norte», dijo.

    La falta de críticas oficiales a Cuba es desconcertante, dijo. “Creo que las autoridades tienen miedo de que los residentes se enteren de que Cuba, el último bastión socialista de América Latina, ha establecido relaciones diplomáticas con Corea del Sur”.

    Traducido por Claire S. Lee. Editado por Eugene Whong. RFA

  • ¿Por qué Corea del Norte no tiene otra opción que suspender sus pruebas nucleares?

    El líder norcoreano Kim Jong Un anunció el 20 de abril que el país suspenderá las pruebas nucleares y los lanzamientos de misiles. ¿Por qué de repente el dictador decidió someterse a las demandas internacionales de desnuclearización tras el aumento de las pruebas nucleares a lo largo del año pasado?

    Un veterano blogger chino que comenta con frecuencia las noticias económicas nacionales, con el seudónimo Manzu Yongshi, escribió un artículo el 23 de abril, explicando que el cambio de rumbo del régimen norcoreano podría estar asociado con la rápida disminución de su comercio con China como resultado de la presión internacional, amenazando su supervivencia.

    China es el mayor socio comercial de Corea del Norte. Según datos del Banco de Corea, el comercio de Corea del Norte con China representó el 63 por ciento de su comercio total en 2007. Para 2013, ese porcentaje creció hasta el 89.1 por ciento. A pesar de las sanciones de la comunidad internacional, China incrementó su comercio con el régimen, señaló el bloguero. Muchas necesidades, como el petróleo y los medicamentos, se importan desde China, mientras que el régimen norcoreano exporta principalmente su carbón al gigante asiático.

    Después de 2013, debido a los continuos ensayos nucleares de Corea del Norte, Estados Unidos y otros países reforzaron sus sanciones contra Corea del Norte. Así, el comercio entre China y Corea del Norte disminuyó ligeramente, pero se mantuvo en la escala de 5.060 millones de dólares hasta finales de 2017, según los datos aduaneros oficiales de China.

    Debido al continuo apoyo financiero de China, Corea del Norte no se vio desalentada por las sanciones internacionales, e incluso las violó descaradamente, señaló Manzu Yongshi.

    Un reciente informe confidencial de la ONU reveló que en 2017, Corea del Norte había violado las sanciones para ganar casi 200 millones de dólares en exportaciones de productos básicos prohibidos.

    SITIO DE PRUEBAS NUCLEARES DE PUNGGYE-RI, COREA DEL NORTE – Un tren de carros mineros y una nueva estructura están presentes en la pila de escombros del West Portal, 20 de abril de 2018. (DigitalGlobe/38 North via Getty Images)

    En noviembre de 2017, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comenzó a presionar al régimen chino para que cumpliera con las sanciones de la ONU para penalizar a Corea del Norte. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones a varias empresas chinas que realizaban negocios con Corea del Norte en violación de sanciones anteriores. El Bank of Dandong de China fue separado del sistema financiero de Estados Unidos por su participación en el lavado de dinero de Corea del Norte.

    China también comenzó a cerrar empresas norcoreanas dentro de sus fronteras y ordenó a los bancos que dejaran de hacer negocios con clientes norcoreanos.

    La frontera ocupada entre China y Corea del Norte quedó desierta.

    Con la relación entre Estados Unidos y China deteriorándose bajo las recientes tensiones comerciales, China ya no quiere ofender a Estados Unidos en el asunto de Corea del Norte, describió el bloguero.

    Y así, el comercio entre China y Corea del Norte ha caído precipitadamente.

    En el primer trimestre de este año, según los datos oficiales de aduanas de China, el comercio total entre China y Corea del Norte disminuyó a 483 millones de dólares, en comparación con 1.200 millones de dólares en el mismo trimestre del año pasado. Eso representa una caída del 60,2 por ciento. Las exportaciones de China a Corea del Norte también cayeron un 86 por ciento.

    Siguiendo esta tendencia, el comercio entre China y Corea del Norte se reduciría a unos 1.500 millones de dólares para todo el año 2018. Debido a esta situación Corea del Norte probablemente perderá muchos de los productos que confió a China para su suministro. Esto es probablemente lo que obligó a Kim Jong Un a ceder, concluyó Manzu Yongshi.

    Sin embargo, algunos legisladores estadounidenses se muestran escépticos de que Kim cumpla con sus promesas, ya que Kim describió las armas nucleares como una “espada atesorada” en su anuncio de desnuclearización planeada, según un informe de Fox News.

    Por Sunny Chao – La Gran Época