Etiqueta: corrupción

  • Culpar a los ricos e ignorar los Incentivos

    Culpar a los ricos e ignorar los Incentivos

    Pareceré loro repitiendo los mismos argumentos, pero… muchísimo cacarean los supuestos “socialistas” y tal, y muy poco salen a relucir verdades que quedan opacadas entre los goles del mundial. En este caso, me refiero al cacareo contra los ricos, cuando casi nadie sabe lo que es un rico; pues los hay que tienen mucho dinero, pero muy poca riqueza, mientras hay muchos pobres que son mucho más ricos que los adinerados.

    La verdadera riqueza está mucho más allá que el dinero; pero, si lo que estamos enfocando es la riqueza económica de un pueblo, entonces pongamos atención a realidades que típicamente se les escapan a la gran mayoría. La única forma de lograr riqueza en dinero y lograr millones de una manera sana es, produciendo y ofreciendo productos o servicios que alguien quiere comprar.

    Cada dólar que gastan los compradores es un voto a favor de un producto o un servicio. Si no te gusta, no lo compras o despides a quien te da el servicio. Pero eso no es lo que ocurre en los sistemas que dicen ser “gobierno” en los cuales estos organismos torcidos meten no las pezuñas sino todo el cuerpo. Y más aún, el mercado es como las carreras de caballo, autos y tal en cuanto a que no ganan los mismos, como cuando el gobierno mete la mano, sino que ganan los que mejor ofrecen resultados.

    A todo ello, estamos viendo un proceso que es voluntario, de libre mercado; lo cual no se da cuando el gobierno dicta precios, descuentos, supuestos subsidios y muchos otros engaños coercitivos; tales como los impuestos cuando estos son exagerados y utilizados para hacer porquerías. La triste realidad es que nuestros supuestos gobiernos han trastocado su misión de ser protector contra los bandoleros y se han convertido en los mayores bandoleros. Y el crimen no está sólo en lo que roban sino en el daño colateral de no desempeñar bien su función básica de atajar a… ¿a quién? ¿Acaso se van a atajar a ellos mismos?

    Creer que los subsidios nacen por el amor al prójimo, al pobre, al pueblo es lo máximo en despiste; pues quienes dan favores esperan colores en donaciones, votos y aplausos cuando pasa la caravana de soberbios ungidos. En todo ello se ignoran los peligros de usar el poder gubernamental para lo que no es. Los gobiernos consiguen sus ingresos no mediante producción y venta de buenos productos. El asunto es ver cuáles son y cuáles no los buenos productos; tal como el Metro y MiBus.

    A todo ello, debo celebrar a personas como George F. Novey, fundador de las empresas Novey en Panamá, quien solía decirnos: “Quien con niño se acuesta, embarrado amanece”. Y tanto George como mi padre Irving, y Richard Novey que luego administraron las empresas de la familia, no se arrimaron a los gobiernos de turno. Pero, les cuento que sí tuve que ir asentarme con un ministro para informarle de su vice que nos quería coimear. El ministro me dijo: “Esto está muy mal” y cambiaron al vice a otro ministerio.

    En fin, cuando un gobierno se entromete directamente en el mercado, tal como lo establece el Título X de nuestra Constitución, el mismo se constituye en un elemento no sólo irruptor sino peor. Y sí, los panameños necesitamos gobierno, pero… ¿es eso lo que tenemos? Triste pero la realidad es que lo que hemos venido sufriendo son asaltantes legales protegidos por la misma ley para llevar a cabo sus actividades delictivas. No proveen seguridad sino todo lo contrario.

  • El socialismo no es la respuesta al capitalismo de compinches

    El socialismo no es la respuesta al capitalismo de compinches

    Supongo que quien se arrima a la ideología socialista, prima hermana del comunismo, está desencantado con aquello que llaman «capitalismo», que no es sino «capitalismo de compinches»; llamémosle «capinchismo». Pero ¿por qué, en vez de mudarse del capinchismo a «el socialismo», no optan por mudarse hacia el verdadero capitalismo, único sistema que ha demostrado capacidad de producir riqueza social, y ello solo con arrimarse a los ideales del verdadero capitalismo, ese que, mal que bien, consagra nuestra Constitución panameña en su Preámbulo? Lo que no tiene buen sentido es irse del capinchismo al socialismo, ideología que diluye la libertad como el agua diluye la sopa.

    En estos días escuchaba una discusión en Fox News en la cual una socialista (demócrata) decía que Trump quería desmantelar la red del asistencialismo estadounidense con su política de «drenar la ciénaga». La contraparte republicana le ripostó algo como: qué fácil es voltear la realidad patas arriba, creer que delegar al gran gobierno la solución de las iniquidades hace sentido, que los programas de redistribución a través de diputados —y el gobierno como garante de última instancia en el financiamiento inmobiliario, la justicia, la salud, la educación y mucho más— fuesen sanos.

    El meollo del asunto es que muchos simplemente ignoran las realidades del socialismo; o peor, su resentimiento es tan irracional que no les importa. ¿Cuál es la esencia del comunismo? Creer que desmantelando los derechos de propiedad se puede acceder a la justicia, a una sana cultura, a la ciencia, a la creatividad, a la repartición de riquezas y acabar con la tiranía. Curioso camino para lograr esas cosas, particularmente cuando para ello se requiere ese instrumento llamado «Estado/gobierno/rey», que viene casado con politicastros y toda la gama de alimañas gubernamentales. Y ojo, que no hablo del auténtico político, tan raro como el hombre de las nieves, dado que el medio está prostituido y resulta difícil ser impoluto dentro del sistema. Las dos veces que llegué a dirigir una entidad gubernamental solo duré un año, y creo que fue porque detuve aquello que no se debe detener.

    Leer la historia de los experimentos comunistas es como leer la antología del mismo Infierno, y ni siquiera me tomo la molestia de citar obras. Es rarísimo escuchar loas a Stalin, Mao, Kim Jong-un, Ho Chi Minh, Pol Pot, Castro, Chávez, Maduro, Ortega y demás, cuyas historias yacen en los cementerios de millones de inocentes asesinados bajo sus tiránicos regímenes. Ya nadie se acuerda de los muertos ni de los sufrimientos que tuvieron que soportar antes de ser arrojados como animales en infernales trincheras.

    Y hoy vemos un organismo que llaman Naciones Unidas, que agrupa mucha más desunión que unión: un organismo que a diario condena a Israel, cuando rarísima vez señala a países de líderes como los ya mencionados. Dejemos que los muertos sepulten a los vivos: ¡extraordinaria incongruencia! Los muertos yacen a nuestros pies y aún somos incapaces de escuchar sus lamentos. ¿Cómo podemos decir que somos morales y hacernos ciegos ante semejantes atrocidades?

    A tal grado hemos torcido la realidad que ya condenamos la libertad y exaltamos su defunción en manos de un socialismo que es la antesala de vuelta al comunismo. A personajes como Bernie Sanders, quien se acercó a la presidencia de los EE. UU., se le ha escuchado decir cosas como: «No creo que sea importante que discutamos acerca de la ideología socialista.» Habría que preguntarles a los aproximadamente cien millones de víctimas que claman desde sus lúgubres entierros si piensan lo mismo.

    ¿Cómo explicar la magia de gobernantes venezolanos que convierten al país más rico de América Latina en el más pobre y, no contentos con ello, lo celebran? Venezuela sufría para el momento en que escribí originalmente este artículo, una inflación de 9.000% (cifra que, para el cierre de 2018, terminaría superando el 130.000% según el Banco Central, y el millón por ciento según el FMI)., pero los pobres que lo padecían no lo entendían. Dudo que lo entendiera Maduro.

    Pongamos atención a personas como Lawrence I. McQuillan, quien nos advierte: «Un gobierno lo suficientemente poderoso para darte todo lo que quieres es lo suficientemente poderoso para quitarte todo lo que tienes.»

    PS: este artículo fue originalmente escrito en 2018. Como apreciará el lector, poco ha cambiado desde entonces.

  • En la Política Resucita el Primitivismo Selvático

    En la Política Resucita el Primitivismo Selvático

    En su origen, la palabra “política” tuvo el sentido de perseguir nobles objetivos a través de los cuales los ciudadanos podían organizar sus vidas en comunidad de manera segura y productiva. Pero, como suele suceder en asuntos del poder, lo que en principio tuvo nobleza se corrompió, tomando el sentido de engaños y beneficios políticos. Hoy día el vocablo “política” o “político” ha tomado un sentido peyorativo y ello no es casual sino causal. En sentido maquiavélico, la política se convirtió en la estratagema para acceder y mantener el poder. En Panamá vivimos el desboque burrocrático en la manipulación de los medios noticiosos en dónde muchos se caracterizan por una retórica de calabaza vacía.

    La política de arrabal que hoy vivimos se nutre de la pobreza e ignorancia que sembraron las élites del Intramuros del Casco Viejo.

    En tal ambiento la lógica sucumbe, igual que el debate técnico, el científico y social; tanto en lo económico como en lo ético y todo queda subordinado a las chuecas agendas partidistas. Así, la comparsa que logró entrar al Palacio de las Garzas prioriza su permanencia y en ello las necesidades de la población van perdiendo prioridad. Peor es que un presidente honesto es igual que una manzana sana en un cesto de podridas.

    En ese muladar se extravían la justicia y la ética, como también el cálculo económico; ese que sólo existe en libre mercado, dado que los gobernantes carecen los incentivos del ahorro ya que el dinero que usan o mal usan lo arrebatan en impuestos desbocados. Peor aún es que todo ello corrompe el emprendimiento y a los emprendedores; ya que quienes no se aparean con los demonios se van al fracaso.

    Más tenebroso es que en semejante patología lo torcido se vuelve “normal”, realidad pintada en el decir: “robó, pero le dio al pueblo”.

    Más horrible aún es ver a los asaltantes del poder valerse del inmenso pecado de la envidia, del cual se aprovechan para abanicar y vilipendiar al capitalista, al empresario, a la propiedad; al rico y tal; lo cual lo deja a uno pensando que lo único que tiene valor es ser pobre, sin capital, sin empresas, sin propiedades y sin dinero, tal como ha ocurrido por todo nuestro hemisferio.

    Hoy, se confunden las palabras “gobierno” y “Estado” escribiendo “Estado” con “E” mayúscula; engaño para hacer ver que el gobierno es el estado; es decir, el pueblo. Sí, como no… hay que ser más que ingenuo para creer que nuestros gobiernos representan los verdaderos y buenos intereses del pueblo. Y más tenebroso aún es que el adoctrinamiento y el engaño han sido tan buenos que el pueblo ni siquiera conoce lo que les conviene.

    Vivimos en la letrina del engaño; cinismo que nos lleva a la fragmentación del verdadero estado, que somos todos; mientras que los gobiernos son los organismos a quien el pueblo delega su seguridad y su economía. En ese engaño deberíamos ver la bestia agazapada en los matorrales esperando para su ataque.

    Así, la población queda fracturada y, como reza el dicho, “divide y vencerás”; o, tal vez lo que dice es “divide y robarás”. El verdadero y auténtico gobierno está llamado a enfocarse en la seguridad y la libertad de sus representados; la población. Imagínense que hasta nuestra horrible Constitución comunista comienza señalando eso en su Preámbulo.

    El buen gobierno, la productiva gobernanza se basa en sana economía; y, la palabra “economía” lo dice todo… “economizar” y no dilapidar y robar.

  • Bitcoin como coartada: cuando el Estado ensucia la moneda de los libres

    Bitcoin como coartada: cuando el Estado ensucia la moneda de los libres


    Hay momentos que duelen de una manera particular. Es el dolor de ver algo que amaste, algo que construiste con convicción filosófica y esfuerzo técnico, convertido en el argumento de quien representa exactamente lo que quisiste combatir. Esto es lo que ocurrió esta semana en Argentina, con Bitcoin, cuando el estado ensucia gratuitamente.

    El jefe de Gabinete Manuel Adorni formalizó su declaración jurada patrimonial de 2025 junto a un conjunto de rectificaciones que alteran de forma notable los números de sus finanzas familiares informados desde 2020, en el marco de expedientes que tramitan en Comodoro Py por presunto enriquecimiento ilícito y negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública. El núcleo de su defensa, el escudo elegido, fue Bitcoin.

    El componente más relevante del patrimonio rectificado son los 513.000 dólares vinculados a inversiones en Bitcoin. Según la reconstrucción oficial, Adorni y su esposa operaron entre 2013 y 2018 mediante ocho billeteras virtuales, con una inversión inicial de alrededor de 200.000 dólares.

    La frase que lo resume todo, pronunciada con una tranquilidad desconcertante ante las cámaras: «Ahorramos en negro, como todos los argentinos.»

    Deténganse un momento en esa oración. Un funcionario público, jefe de Gabinete de una nación, investigado judicialmente, justifica activos no declarados invocando la conducta de evasión generalizada de sus conciudadanos como argumento moral. Y para blindar esa justificación, invoca Bitcoin.


    Lo que Bitcoin fue, y lo que este hombre pretende que sea

    Quienes estuvimos cerca del movimiento cypherpunk en sus años formativos sabemos con precisión quirúrgica para qué fue diseñado Bitcoin. No fue diseñado para que un ministro con mansión en country esquive una causa penal. Fue diseñado para que los individuos, personas comunes, activistas, disidentes, trabajadores sin acceso al sistema bancario, pudieran conservar y transferir valor fuera del alcance del Estado y de sus estructuras de coerción.

    El manifiesto cypherpunk de Eric Hughes de 1993 era explícito: la privacidad es necesaria para una sociedad abierta. Pero la privacidad no es secrecía. La privacidad es el poder del individuo de revelar selectivamente lo que es de él. Lo que Adorni llama «privacidad» es otra cosa: es la ocultación de un funcionario público, servidor del Estado, pagado con fondos expropiados de sus conciudadanos, respecto de los bienes que acumuló en el ejercicio de ese poder.

    Satoshi Nakamoto no construyó una blockchain para que los burócratas guardaran su botín. Construyó una cadena de bloques precisamente para hacer visible, inmutable y auditable cada transacción. El libro contable abierto de Bitcoin, esa transparencia radical, es la antítesis de lo que Adorni pretende representar con su relato. Él no usó Bitcoin como herramienta de soberanía individual. Lo usó como pantalla.


    El daño concreto al movimiento voluntarista

    Existe una narrativa que los enemigos de Bitcoin han intentado instalar durante quince años: que la criptomoneda es el instrumento predilecto de criminales, evasores y corruptos. Durante años, la comunidad cripto, con datos, con argumentos, con paciencia, rebatió esa calumnia. Los estudios de Chainalysis, los análisis de Elliptic, la evidencia empírica: las actividades ilícitas en Bitcoin representan una fracción marginal frente al volumen del sistema financiero tradicional. El dólar en efectivo ha financiado más corrupción que todos los satoshis juntos.

    Pero los argumentos técnicos necesitan contexto cultural para aterrizar. Y el contexto que Adorni está instalando es devastador: en la Argentina de 2026, Bitcoin aparece en los titulares nacionales no como herramienta de emancipación financiera, sino como la coartada de un funcionario investigado por enriquecimiento ilícito.

    Según la denuncia que impulsó la causa, el patrimonio de Adorni habría experimentado un incremento del 500% en un único período fiscal, con omisión de activos financieros y depósitos en el exterior por sumas superiores a 16 millones de pesos. Un contratista declaró ante la Justicia que el costo de la remodelación de la vivienda del funcionario alcanzó los 245.000 dólares, con pagos realizados en efectivo. La fiscalía detectó movimientos de fondos a través de más de veinte exchanges, entre ellos Binance, Ripio, Lemon y Satoshi Tango, con operaciones de entrada y salida en BTC, ETH y USDT.

    Este es el contexto real. No el de un early adopter visionario que compró en 2013 y guardó sus llaves con disciplina austríaca. El contexto es el de un hombre sobre el que recaen sospechas serias, quien según se comenta en el propio gobierno no puede cuadrar fácilmente sus gastos e ingresos, y que elige Bitcoin como explicación retroactiva en el momento de máxima presión judicial.

    Eso contamina. Eso mancha. No a Bitcoin como protocolo, el protocolo es indiferente a la moral de sus usuarios, sino a la narrativa del ecosistema cripto ante millones de personas que aún están formando su opinión sobre estas tecnologías.


    La perversión ideológica más profunda

    Hay algo todavía más grave que el daño reputacional. Es la perversión ideológica.

    El movimiento libertario, en su rama genuina, no en su versión de marketing electoral, descansa sobre un principio que no admite excepciones: la ética de la no-agresión. El individuo libre no impone su voluntad sobre otros por la fuerza. El Estado, en cambio, es por definición un aparato de coerción: extrae recursos por amenaza, redistribuye por decreto, castiga la disidencia con violencia institucionalizada.

    Bitcoin fue concebido como una respuesta técnica a ese problema. Una moneda que no requiere permiso. Que no puede ser confiscada por decreto. Que devuelve al individuo la soberanía sobre su propio valor.

    Adorni no es un individuo libre operando fuera del Estado. Es el Estado mismo. Es el jefe de Gabinete de un gobierno que administra el monopolio de la violencia legítima sobre cuarenta y cinco millones de personas. Cuando él custodia Bitcoin, no está ejerciendo soberanía individual: está usando los instrumentos del movimiento voluntarista para proteger los frutos del poder coercitivo que él mismo encarna y administra.

    Es la inversión perfecta del propósito original. Es usar la llave de la celda para construir otra celda.


    La trampa de la política y el bitcoin-washing

    Los que llegamos a Bitcoin desde la filosofía y no desde la especulación lo sabemos: la tecnología es neutra, pero la adopción no lo es. Cuando los Estados, los bancos centrales y ahora los funcionarios corruptos abrazan el discurso cripto, no se están convirtiendo. Están capturando el relato.

    En los últimos años hemos visto a gobiernos de todo el espectro ideológico intentar apropiarse de la estética libertaria de Bitcoin para sus propios fines. El bitcoin-washing, usar la moneda como señal de rebeldía mientras se ejerce el poder de siempre, es una forma sofisticada de cooptación.

    Adorni practica una versión especialmente burda de ese juego: usar Bitcoin no como señal ideológica, sino como escudo judicial. No dice «Bitcoin porque soy libre». Dice «Bitcoin porque no pueden probar que no lo tenía.»

    Y lo más hiriente es que tiene parcialmente razón en el plano técnico. La defensa introdujo como argumento central que las operaciones pueden ser verificadas mediante las claves privadas de las billeteras, que permitirían a peritos judiciales reconstruir el histórico on-chain de cada dirección. La trazabilidad de Bitcoin, esa característica diseñada para garantizar transparencia, se convierte en su coartada.


    Lo que la comunidad cripto debería hacer

    No silencio. No complicidad entusiasta porque «es bueno para el precio.» No el tibio «no nos metemos en política.»

    La comunidad cripto argentina o latinoamericana, incluso la global, tiene una obligación intelectual y ética: separar con bisturí la adopción genuina de Bitcoin como herramienta de libertad individual, de su uso instrumental por parte de quienes administran el mismo poder coercitivo del que Bitcoin pretende emanciparnos.

    Adorni no es un cypherpunk tardío. No es un early adopter que entendió antes que los demás. Es un funcionario estatal investigado por enriquecimiento ilícito que encontró en la jerga cripto un lenguaje conveniente para una situación judicial incómoda.

    Bitcoin merece mejor compañía.

    Los que creyeron en esto cuando era una rareza técnica sin precio de mercado, cuando la elegancia matemática de la prueba de trabajo era suficiente recompensa intelectual, cuando el protocolo era una respuesta filosófica antes que una clase de activo, esos no construyeron esto para que sirva de cobertura a ningún aparato de poder.

    Lo construyeron exactamente para lo contrario.

  • La Legalidad Como Escudo Contra la Verdad

    La Legalidad Como Escudo Contra la Verdad

    Antes de entrar de lleno al tema implícito en el título, pensé que podría resultar interesante que el mismo es producto de mi larga trayectoria como funcionario público que en dos ocasiones estuve al frente de una institución del gobierno; o quizás de incontables artículos en dónde, a través del tiempo, he intentado descubrir la putrefacción de los gobiernos utilizando la legalidad, y la gobernanza en nuestro querido país… algo así como, “por que te quiero te aporreo”. La diferencia, de lo que hoy les derramo en estas letras, es el producto de un dame que te doy con Chat GPT. Muchos opinan que hay que ponerle bozal a la IA o AI, pero… de ser así, también lo debimos hacer con los autos, aviones y quizá hasta con el fuego, ya que todos estos son mortales. ¡Nop!, la mortalidad no está en el machete sino en el machetero.

    No más para ilustrar y dar derrotero a este tema, les cuento que se enfoca, como ya dije, en la putrefacción gubernamental que nos viene infectando a través de la historia; digamos… desde Pedrarias Dávila cuando no éramos sino la finca privada del rey de España. Pero, la pregunta que formulo es, ¿acaso hemos dejado de ser finca de… de…? ¡ajá!; allí es dónde la puerca tuerce el rabo. Antes era el rey de España… ¿hoy de quien o quienes? Para auscultar el asunto examinemos lo que supone ser el Estado y sus gobiernos y, más aún, la sociedad; ¡por supuesto!, en cortito, pues esto se podría volar en libro gordo.

    Aunque los gobiernos, a través de la historia, tuvieron sus orígenes en la conquista violenta y sanguinaria, en épocas más recientes han intentado evolucionar para convertirse en la viva voz de poblaciones que buscan la manera de vivir en pacífica y productiva sociedad y, ante todo, libertad; al menos en las verdaderas democracias, ya que en el comunismo ello no es posible, como tampoco lo es en las torcidas democracias.

    En Panamá, a través de su historia, los gobiernos más han procurado servirse que servir a quienes los eligieron o… tal vez no fueron electos sino selectos. Pero lo cierto es que la legalidad o la ley ha sido usada como escudo contra la verdad. En una sociedad saludable, la ley supone estar estructurada para favorecer una sana comunidad; sin embargo, esta no es la realidad en nuestro país, en dónde los gobiernos han sido usados como herramienta para esconder la corrupta realidad que imponen los grupos que logran apoderarse del timón de la nación; lo cual queda claro para quienes leen y logran entender nuestra Constitución.

    Entre las entidades gubernamentales no existe coordinación ni propósito unificado, más que aquel que sea la rapiña; en dónde las empresas del gobierno central o de sus satélites supuestamente autónomos son feudos, que igual que las mafias se reparten el botín. Así, nuestra Constitución no pasa de ser un contrato anti social y anti sociedad. Una clase política dedicada a proteger su impunidad a través de falsos mecenazgos.

    El caso de los retenes de tránsito delictivos que comúnmente realizan muchos agentes de la ATTT ilustra no sólo lo señalado sino el grado de corrupción, en donde agentes del orden cometen detenciones delictivas para pescar bajo el manto de la legalidad, la comisión de faltas de tránsito, tal como placas o licencias vencidas, que dan lugar a las coimas. Y esta misma realidad está presente a través de toda la actividad de falsa gobernanza. Y, ¡por supuesto!, que todo ello produce toda clase de comportamientos aberrantes por parte de tantos a quienes les resulta más fácil robar que trabajar y producir.

  • El Alma del Predador Gobernante

    El Alma del Predador Gobernante

    El vocablo “predador” describe a quienes saquean o actúan con rapiña; ya sea para sustento o para ascender en la escalera social y económica de manera ladina. Murray Rothbard en su obra Hombre, Economía, y Estado (1962) desarrolló una teoría económica de libertad, tal como lo hace nuestra Constitución, que luego contradictoriamente, en el mismo párrafo se contradice, abriendo camino para la discrecionalidad de las autoridades, lo cual contraría la misma Constitución. Y para quienes lo dudan, vean el artículo del abogado Carlos Barsallo intitulado “El Nuevo Excepcionalísimo Panameño «.

    Barsallo pregunta: “¿cómo puede un país alcanzar niveles de ingreso alto mientras mantiene percepciones persistentes de corrupción?”. Pero, yo añadiría que son más que percepciones; lo cual toma cuerpo cuando Barsallo cita a James Loxton en el Journal of Democray un artículo intitulado “The Puzzle of Panamanian Excepcionalism” (el rompecabezas del excepcionalísimo panameño). Es decir, que Panamá es berraca ya que a pesar de su corrupción gubernamental endémica, que ha afectado el desarrollo socioeconómico de gran parte de la población, flota por encima de las consecuencias de corruptela; tanto en el ámbito social como en el gubernamental.

    El excepcionalísimo de Panamá, como yo lo veo y coincido con Barsallo, nos llega debido a que nos hemos convertido en un refugio financiero de dólares, pero no porque tengamos una población productiva. Pero el asunto va bastante más allá y tiene raíces históricas y socioeconómicas, entre otras. En cortito, la triste realidad de los panameños es que no somos muy dados al emprendimiento; lo cual tiene raíces coloniales que persisten desde Cristobal Colón, Pedrarias y tal.

    Uno de los comentarios de Barsallo que más me llamó la atención, cuando dice:

    “…somos muy grandes porque engordamos, no porque crecimos… pesamos más por grasa y no por músculo”.

    Pero profundizando más en el asunto debemos ver y entender que difícilmente existe mejor herramienta para oprimir y controlar a una sociedad que un gobierno prostituido; que, por un lado, mantiene a los rabiprietos aplastados, y se alía con algunos empresaurios para cometer sus fechorías.

    Que en Panamá tenemos menos impuestos. ¡Que lindo!; ¿y acaso el Canal y todas las empresas gubernamentales metidas en actividades propias del mercado no son una forma de impuesto? Impuesto que no sólo sirve para el pillaje, sino que destruye la cultura de emprendimiento, lo cual aflora, como suelo señalar, en el “no a la privatización” que debemos traducir a “sí al pillaje gubernamental”. Y más aún, que las empresas estatales, a diferencia de las privadas, si dan mal servicio, no pagan las consecuencias. Es un intervencionismo coercitivo que si lo ven, lo pasan de alto. El caso del MEDUCA o NODUCA como le llamo yo, es buen ejemplo; pues no educa y tampoco deja educar.

    Curioso que ya en los EE.UU. el gobierno de Trump cerró el ministerio o como le llamen, de educación federal; y mutó en un programa que impulsa el derecho de la familia a escoger dónde educan a sus hijos. Y, en ello, están surgiendo las escuelas chárteres, que son estatales pero administradas privadamente. Pero también está aumentando rápidamente los programas que dan a la familia los fondos para que estas elijan dónde educar a sus vástagos. Ahora cada estado maneja por cuenta propia el tema educación.

    Y, otro aspecto que pocos ven es que cuando los gobiernos del estado se meten a ser empresaurios, destruyen algo vitalísimo… ‘el cálculo económico’; sin lo cual una empresa privada no puede subsistir. La privada que no entrega cantidad y calidad no subsiste; pero las empresas gubernamentales, tal como NODUCA, siguen campantes y rampantes fabricando pobreza; violando el precepto constitucional vertido en el artículo 49 que garantiza resarcimiento por daños ocasionados. ¡Inmensa burla!

  • El poder corrompe, necesitamos descentralizar

    El poder corrompe, necesitamos descentralizar

    En un artículo del Instituto von Mises, Ryan McMaken, editor jefe del Instituto, inicia señalando que en asunto de gobierno “¿Quién vigila al vigilador?” ¡Buena pregunta esa! Y es que siempre escuché decir que para gobernar, el gobierno requiere tener el monopolio del poder coercitivo, ya que este poder es necesario para proteger a la población en contra de los facinerosos. El problemita es que el poder corrompe y si es absoluto entonces corrompe de manera absoluta; y he aquí el mal que nos corroe en nuestra hermosa Panamá. Nuestra corrupción está tan arraigada, desde la misma Constitución, que es iluso pensar que con un presidente honesto vamos a salir del lodazal de la corrupción.

    La otra realidad es que para jugar el partido de buen Estado se requiere una ‘buena constitución’ que esté basada en una sana declaración de principios o derechos humanos y… nuevamente, los panameños no tenemos ni una ni la otra, sino todo lo contrario, como decía Tres Patines. Nuestra Constitución, a modo de declaración de principios, tiene un “preámbulo”, que según el diccionario es el “exordio, prefacio, aquello que se dice antes; es aprobar, mandar, pedir y tal. Pero… ¡viera el lector las discusiones que he tenido con abogados y juristas que dicen que el Preámbulo de nuestra Constitución no forma parte de la misma, sino que es mera pollera; es decir, el guirindajo que cuelga al margen de la falda.

    Entonces, a partir de lo dicho en el párrafo anterior, los panameños estamos “jodidos”; ya que, sin reglas buenas y claras los maleantes de turno hacen lo que les viene en ganas y, a menudo han sido ganas putrefactas. Luego, encima de todo ello, la naturaleza humana es tal que quienes tienen un poder exagerado y desbocado lo como un Chávez, un Maduro un Castro y tal.

    Desde lo señalado y si no estoy MFT, allí sólo comienzan nuestros problemas; ya que nuestros males de gobierno y gobernanza los traemos desde Cristobal o antes. Por ejemplo, en épocas de criminal Pedrarias, la “constitución” era una carta manuscrita del Rey, que le indicaba a su lacayo como debía administrar su finca privada; lo cual me lleva a preguntar… ¿algo ha cambiado desde entonces? Y, si dices que sí… ¿Cuánto?

    Lo que les aseguro es que lo que asegura la actual dizque Constitución panameña es el desorden. ¿O es que no lo ven todos los días en las calles?; que es dónde debía estar a la vista hasta del más lerdo. Pero lo grueso de chicheme de la corrupción, desgraciadamente no la ve Tío Pueblo ni los que supuestamente están más alto en las ramas del guarumo estatal. Por ejemplo, lo que se birlaron en la construcción del Metro, de MiBus y de casi todas las obras que han hecho los desgobiernos que nos han infectado. Y lo digo con conocimiento de causa, pues a mi empresa la quebraron; pues nos cancelaron los contratos ganados en licitaciones internacionales porque no pagábamos las coimas.

    Quienes creen que en Panamá hay democracia andan como meracho en Sarigua. Y si creen que la democracia, tal como la conocemos hoy día es la mejor forma de gobierno, también. Y, sólo a manera de ilustración del problema les cuento que en EE.UU. los costos de cumplimientos normativos en la construcción de una casa nueva andan por los $94,000. Y ya Trump ha dado órdenes de ver cómo reducen esos costos absurdos.

    Lo triste es que en Panamá no vemos ni entendemos que los gobernantes corruptos se han dedicado a mantener a la población sumida en la ignorancia porque así los zorros del gallinero se dan banquetes de gallinas y posturas.

  • Por qué Persisten los tranques en Panamá?

    Los tranques viales en Panamá persisten por diseño y corrupción. En su momento tuve la oportunidad de presidir el Comité Intergremial de Tránsito y Transporte de la APEDE y luego la de publicar internacionalmente un ensayo intitulado “Qué Funciona para Cambiar el Comportamiento Vial?; ensayo que a más de 15 años me siguen llegando referencias internacionales sobre el mismo y que explica en buena parte la pregunta inicial.

    Los factores o elementos que entran en juego son muchos y variados, pero no tenemos que irnos tan profundo para tener una idea sobre las razones del problema; el cual, no estaría muy equivocado al decir que ha sido por diseño o desgreño. Veamos al menos cuatro elementos claves del problema:

    1. El diseño de la ciudad y sus vías;
    2. La administración y comportamiento de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) que, supuestamente, debe administrar las normas que rigen el comportamiento;
    3. la cultura de desorden que hemos sembrado, que va ligada a la corrupción de la ATTT.

    DISEÑO: En una de las reuniones de la comisión de la APEDE una participante se tomó el trabajo de hacer un estudio, sufragado por cuenta propia, en el cual se mostraban todas las incongruencias de los perfiles viales que eran de fácil adecuación pero que por razones que sólo podemos catalogar como desidia o tal, jamás se hicieron. De muestra estaba lo fácil y poco costoso de efectuar más uniones entre la Vía Porras y la Brasil.

    Años más tarde me tocó hacerle sugerencias a la exdirectora de la ATT,  de vías que podían ser de gran ayuda para descongestionar el norte de la Capital; consistente en una vía desde las casetas de Peaje del Corredor Norte sin pasar por la estación metro de San Isidro; y como estas ¿cuántas no habrá?.

    Más aún, a mucho menor costo de lo que fue el Metro, un verdadero metrobus, que incorporara rediseños viales rápidos. Pero, todo indica que en la construcción del Metro las prioridades estaban trastocadas; como se observa con el engaño de llamar “metrobus” a MiBus; el cual no es un metro bus o BRT (bus rapid transit – tránsito rápido por bus).

    Cultura de Desorden: La ATTT: Esta institución es totalmente corrupta e incapaz de cumplir con la misión encargada. Todos en Panamá saben y comentan que los agentes de policía se dedican a estafar a los conductores (coima), lo cual tiene fácil solución; y el hecho de que no se haga lo dice todo. Como también lo dice la cultura de manejo desordenado que existe y, el que los patrullas no circulen por falta de presupuesto para combustible. Y es que la única manera de administrar el comportamiento vial es patrullando y por eso se les conoce como “autos patrulla”. Sólo hay que ver el orden vial que había en la antigua Zona del Canal, que incluía a los diablos rojos.

    Hoy, al redactar este escrito de opinión, al abrir mis archivos del Comité Intergremial de Tránsito y Transporte de la APEDE, me encontré con un mar de estudios que constatan lo que he descrito: Evaluación a priori del TransMovil; Apertura del Sistema de Transporte Público en Panamá; la Guía de Planificación para el BRT y mucho más, en dónde queda muy claro que el desorden vial de hoy es por diseño y corrupción; a lo cual concluyo con el caso personal.

    Hace unos años me citaron por colisión y fuga, y cuando vi la citación la placa de vehículo que colisionó fue la de mi yate con remolque de 30 pies. Mi abogado me dijo: “te atiendo el caso pero te advierto te van a condenar porque los jueces de la ATTT los coimean». Así fue. Un día me llamó la directora de la ATTT para pedirme le preparara un plan de educación vial y aproveché para contarle. Me dijo que despediría a los jueces corruptos… la despidieron a ella. En apelación volvieron a condenarme. Consulté a mi vecino que presidía la CSJ y me contestó: “My Name is Panama”. Finalmente, me llamó una chica de la empresa de seguro para cobrarme los daños y le dije que siendo yo columnista de La Prensa y de la Estrella los iba a denunciar y esta me respondió: “Hay señor, soy nueva aquí y desconocía su caso…” ¡Jamás me volvieron a llamar!

  • Adiós a Mario Vargas Llosa

    La literatura hispanoamericana despide a una de sus figuras más ilustres. Mario Vargas Llosa, fallecido el 13 de abril de 2025 en Lima a los 89 años, deja un legado que trasciende las letras y se adentra en los dominios de la libertad, la política y la historia de América Latina. Premio Nobel de Literatura en 2010, y parte esencial del «boom» latinoamericano junto a García Márquez, Cortázar y Fuentes, Vargas Llosa dedicó su vida a explorar las tensiones entre el poder y la libertad, la moral y la corrupción, la historia y la ficción.

    Entre su prolífica obra, La fiesta del Chivo (2000) ocupa un lugar central. No solo por su calidad literaria y su profundidad psicológica, sino por la contundencia con la que retrata los mecanismos del totalitarismo. Ambientada en la República Dominicana bajo la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, la novela alterna tres líneas narrativas: el regreso de Urania Cabral, hija de un político trujillista que regresa del exilio; los últimos días de Trujillo antes de su asesinato; y la historia de los conspiradores que acabaron con su vida.

    Lo que Vargas Llosa logra en esta obra es más que una novela histórica. Es un testimonio feroz sobre cómo el poder absoluto degrada no solo a quienes lo ejercen, sino a toda una sociedad. El miedo, la obediencia ciega, la corrupción institucional y la degradación moral son los pilares de un régimen que, aunque caribeño y situado en los años 50 y 60, encuentra ecos inquietantes en nuestros días.

    La fiesta del Chivo no es solo una denuncia del autoritarismo, sino también una meditación sobre la memoria, el trauma y la complicidad. Urania, la protagonista, representa a toda una generación marcada por el silencio, la represión y el dolor heredado. Su regreso a Santo Domingo no es solo geográfico, sino emocional: es la confrontación con un pasado que todavía duele, y cuya huella persiste.

    En una época en la que resurgen liderazgos mesiánicos, discursos autoritarios y el desprecio por los límites institucionales, La fiesta del Chivo se vuelve urgente. Nos recuerda que los regímenes de fuerza no nacen de la nada: crecen con la indiferencia, se alimentan de la cobardía y prosperan en el terreno fértil del miedo.

    Vargas Llosa escribió esta novela cuando ya era un intelectual consolidado, defensor de la democracia liberal y crítico implacable de los populismos, de izquierda y de derecha. Su postura ideológica —controvertida para muchos— nunca contaminó la honestidad de su literatura, que no evita mostrar la miseria humana incluso en los personajes más idealizados.

    Hoy, al despedirlo, no solo lloramos al novelista que nos ofreció obras monumentales como Conversación en La Catedral o La ciudad y los perros. También nos despedimos del pensador que defendió, en cada línea, la libertad individual como principio innegociable.

    La obra de Mario Vargas Llosa seguirá viva mientras se lean sus libros, pero La fiesta del Chivo, en particular, debería permanecer como lectura obligatoria para todos aquellos que, en tiempos de crisis, buscan entender cómo nace y cómo se sostiene una tiranía. Porque la historia —como la literatura— está ahí no solo para ser recordada, sino para no ser repetida.

  • Znamkamarada: Cómo la Iniciativa Ciudadana en Chequia Derrotó la Corrupción

    La corrupción es un mal que afecta a numerosas sociedades, minando la confianza pública y desviando recursos que podrían destinarse al bienestar común. Sin embargo, existen ejemplos inspiradores de cómo la ciudadanía puede enfrentar y superar estas prácticas corruptas. Uno de estos casos es el evento checo conocido como Znamkamarada, que ofrece valiosas lecciones desde una perspectiva liberal sobre la importancia de la iniciativa privada y la participación ciudadana en la lucha contra la corrupción.

    Contexto y Surgimiento de Znamkamarada

    En 2020, el gobierno checo adjudicó un contrato para desarrollar un sistema de venta de viñetas electrónicas para autopistas, con un costo estimado en cientos de millones de coronas checas. Este monto fue ampliamente criticado por ser excesivo y por la falta de transparencia en el proceso de licitación. Ante esta situación, Tomáš Vondráček, CEO de la empresa WMC Grey, decidió tomar cartas en el asunto. A través de una iniciativa cívica, organizó un hackathon con el objetivo de desarrollar una alternativa al costoso proyecto gubernamental.

    El hackathon, denominado #znamkamarada, reunió a 200 profesionales de TI durante un fin de semana. En tan solo 48 horas, estos voluntarios lograron programar un e-shop funcional para el sistema de peaje de autopistas, demostrando que era posible crear una solución eficiente y económica sin incurrir en gastos exorbitantes.

    Lecciones desde una Perspectiva Liberal

    El caso de Znamkamarada ofrece varias lecciones valiosas desde una óptica liberal:

    1. Iniciativa Privada y Eficiencia: La capacidad de la sociedad civil y del sector privado para ofrecer soluciones más eficientes y menos costosas que las propuestas gubernamentales quedó demostrada. Este evento subraya la importancia de fomentar un entorno donde la iniciativa privada pueda prosperar y contribuir al bien común.
    2. Transparencia y Rendición de Cuentas: La falta de transparencia en el contrato original fue un catalizador para la acción ciudadana. La respuesta de la comunidad tecnológica evidenció la necesidad de procesos gubernamentales abiertos y responsables, donde las decisiones estén sujetas al escrutinio público.
    3. Participación Ciudadana Activa: Znamkamarada es un ejemplo de cómo los ciudadanos, cuando se organizan y participan activamente, pueden generar cambios significativos en la administración pública. Este tipo de participación es esencial para una sociedad libre y democrática.
    4. Limitación del Poder Gubernamental: El evento pone de relieve los peligros de otorgar demasiado poder y recursos al gobierno sin mecanismos adecuados de control. La intervención ciudadana sirvió como un contrapeso necesario, evitando el despilfarro de fondos públicos.

    Impacto y Consecuencias

    La repercusión de Znamkamarada fue significativa. La iniciativa no solo llevó a la cancelación del contrato original y a la dimisión del Ministro de Transporte, sino que también impulsó cambios en la legislación relacionada con las contrataciones de TI en el sector público checo. Además, revitalizó la creencia de que los ciudadanos tienen el poder de influir en las decisiones gubernamentales y promover una gestión pública más transparente y eficiente.

    Un ejemplo a seguir

    Znamkamarada es un testimonio del poder de la iniciativa privada y la participación ciudadana en la lucha contra la corrupción. Desde una perspectiva liberal, este evento destaca la importancia de limitar el poder gubernamental, promover la transparencia y fomentar un entorno donde los individuos y las organizaciones puedan contribuir activamente al bienestar de la sociedad. Es una lección inspiradora de cómo la acción colectiva puede superar la ineficiencia y la corrupción, construyendo una sociedad más justa y próspera. Sigamos esos buenos ejemplos y actuemos en nuestro entorno para demostrar que la iniciativa privada siempre será mejor y más eficiente que cualquier diseño gubernamental que por defecto, llama a la corrupción.