Etiqueta: corrupción

  • ¿Qué subsidian los carnavales?

    Les ruego se refieran a un estudio realizado en el 2006 por nuestra empresa[download id=»19850″ template=»title»] , hoy en estado de hibernación por, en su momento, haberse negado a pagar las coimas del caso en concursos internacionales ganados en licitaciones públicas. El estudio deja reclara la corrupción que representan los subsidios y que terminan empobreciendo a la población de en dimensiones y maneras que pocos imaginamos. Y, aunque en el título de este escrito hablo de carnavales el lector quedaría atónito al ver, como dije, la dimensión del perjuicio socioeconómico.

    No más para iniciar el tema, veamos lo que publicó la Estrella de Panamá en relación a los carnavales del 2024 https://www.laestrella.com.pa/economia/derrama-economica-de-carnaval-2024-podria-superar-los-300-millones-XN6078011 cuando advierten que el derroche de subsidio podría superar los 300 millones. El problemita, si leyeron el estudio que hicimos en Goethals en el 2006, es el de la mentira cuando llaman “subsidio” a lo que no subsidia; o cuando califican la noducación del MEDUCA como “gratuita”; que es como decir que un cáncer metastásico es gratis y beneficioso.

    El artículo de la Estrella dice que “economistas y la JD del Carnaval capitalino estiman esta cifra como parte del consumo que circula en la economía…” Como bien señala Murray Rothbard en su magistral obra El Hombre, Economía y el Estado, “todo el dinero nunca se “mueve” en una misteriosa “circulación”; es decir, que si no la mueves en un carnaval la moverás por otro lado y lo más probable de manera más provechosa. En otras palabras, en todo momento existe una suma dada de dineros productos en dispersión y es peligroso y engañoso andar con la tontería de hablar del dinero en circulación como si esto fuese algo productivo. Y también el otro engaño de una “velocidad de circulación”. En fin, ojo con los llamados “economistas”, particularmente los del gobierno cuyo trabajo es complacer al político…

    Y peor cuando el artículo de la Estrella habla de “derrama económica”, como si las fiestas del Rey Momo, dios de la sátira las burlas y la mofa. ¿Realmente creen que estas cosas son productivas? Bueno… tal vez sí, para los políticos bribones.

    También señala el artículo que las fiestas del Momo son económicamente importantes para hoteles, transporte, gasolineras; lo cual lleva a preguntar: ¿Si no se hace el carnaval habría una merma económica? Bueno, tal vez lo que se propone es ayudar las economías de sitios carnavaleros del interior. Pero… ¿no habrá mejores formas de ayudar?, tal como reducir la corrupción gubernamental, mejorar la educación, etc.?

    Y si en Panamá no llueve, en Brasil no escampa, cuando allá se celebran los carnavales con verdadero fervor y aporte politiquero. Y… curioso que sus carnavales originaron como festivales católicos conocidos como paradas “blocos”. Por supuesto que cuando se da una gran presión social para el jolgorio los politicastros estarán allí con los billetes de los impuestos ansiosos por satisfacer su clientela. El asunto es si realmente ello es productivo.

    En el fondo está la falacia económica de mercados que quedan distorsionados por la mano politiquera de maneras que no advertimos; como bien advierte la ley económica formulada por Bastiat, sobre “lo que se ve y lo que no se ve». Se distorsionan las señales del mercado que, a su vez, distorsionan las asignaciones y eficiencia del gasto. El error está en creer que los gobiernos y sus manipuladores políticos son duchos en las asignaciones económicas… ¡ja!

    En síntesis, estamos frente a la falacia de la gobernanza emprendedora o empresarial, craso error sembrado en nuestra corrupta constitución y diseminada en el «no a la privatización».

  • Repensando la Estrategia: La Inutilidad de la Guerra contra las Drogas

    Hace más de cincuenta años, el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, declaró una guerra internacional contra las drogas. Sin embargo, tras décadas de políticas prohibicionistas, surge la inevitable pregunta: ¿ha sido esta guerra efectiva en su propósito declarado de reducir el consumo y el tráfico de drogas? Basándose en el análisis crítico de expertos como Juan Carlos Hidalgo, se hace evidente que la respuesta es un rotundo no.

    La historia nos ofrece una lección valiosa en forma de la Prohibición del alcohol en Estados Unidos en la década de 1920. Esta política resultó en un fracaso espectacular, generando un mercado negro lucrativo y violento, junto con un aumento significativo en la corrupción y la violencia. La Guerra contra las Drogas ha seguido un patrón similar, convirtiendo el tráfico de drogas en un negocio extremadamente lucrativo y alimentando la violencia en todo el mundo.

    El enfoque prohibicionista ha demostrado ser contraproducente en varios aspectos. Primero, ha contribuido al aumento del precio de las drogas ilegales, lo que ha generado márgenes de ganancia enormes para los cárteles del narcotráfico. Segundo, ha llevado a un aumento significativo en la violencia relacionada con las drogas, con miles de vidas perdidas cada año en países como México debido a la lucha entre cárteles y fuerzas de seguridad.

    Además, la guerra contra las drogas ha tenido efectos devastadores en la calidad y seguridad de las drogas disponibles en el mercado negro. La falta de regulación y control ha llevado a un aumento en las muertes relacionadas con el consumo de drogas adulteradas o mal dosificadas. A su vez, la militarización de la lucha contra las drogas ha dado lugar a una violación de los derechos civiles y a un aumento alarmante de los arrestos y encarcelamientos, especialmente en comunidades minoritarias.

    Los costos económicos y sociales de la guerra contra las drogas son enormes, y recaen desproporcionadamente en países en desarrollo como los de América Latina. La corrupción, la violencia y la inestabilidad institucional asociadas con el narcotráfico han creado serios desafíos para la gobernabilidad y el desarrollo en la región.

    Ante este panorama sombrío, es hora de considerar alternativas al enfoque prohibicionista. La despenalización y la legalización de las drogas se presentan como opciones viables que podrían reducir el poder de los cárteles del narcotráfico y desviar los recursos hacia la prevención y el tratamiento de la adicción.

    Países como Portugal han experimentado resultados prometedores con la despenalización, que ha llevado a una disminución en las tasas de consumo y muertes por sobredosis. Un estudio de Glenn Greenwald publicado por el Cato Institute encontró que la despenalización «no había tenido efectos adversos en las tasas de consumo de drogas», las cuales «en muchas ocasiones se encuentran ahora entre las más bajas de la Unión Europea». Asimismo, constató que había caído el número de encarcelamientos por cuestiones relacionadas con el narcotráfico había disminuido. En cuanto al número de muertes por sobredosis, ha experimentado una caída «espectacular».

    Es evidente que la guerra contra las drogas ha sido un fracaso costoso y contraproducente. Es hora de repensar nuestra estrategia y explorar enfoques más efectivos y humanos para abordar el complejo problema de las drogas en nuestra sociedad.

     

  • Desafíos Persistentes: Análisis del Índice de Percepción de la Corrupción 2023 en las Américas

    Enfrentando serios desafíos en la lucha contra la corrupción, las Américas han revelado resultados preocupantes en el Índice de Percepción de la Corrupción 2023 (IPC). Dos tercios de los países de la región obtuvieron una puntuación inferior a 50 sobre 100, subrayando la necesidad urgente de abordar la persistente corrupción que afecta al continente.

    Estado de la Región: Dos Pasos Adelante, Uno Atrás

    En la última década, solo Guyana y República Dominicana han mejorado sus puntuaciones en el IPC, destacando la falta general de progreso en la región. Canadá y Uruguay lideran la tabla regional, mientras que Venezuela, Haití y Nicaragua registran los puntajes más bajos, caracterizados por impunidad y falta de independencia judicial.

    Falta de Independencia Judicial: Un Obstáculo Fundamental

    La carencia de independencia en el Poder Judicial emerge como uno de los principales desafíos en la región. Este fenómeno socava el estado de derecho, promoviendo la impunidad de los poderosos y criminales en detrimento de las personas y el bien común.

    Retos Regionales: América Latina y el Caribe en la Encrucijada

    En América Latina y el Caribe, la falta de transparencia y autonomía en el Poder Judicial facilita la corrupción y la indebida influencia de élites políticas y económicas. En países como Brasil, México y Honduras, la destitución y nombramiento opacos de jueces y fiscales debilita aún más la independencia judicial, perpetuando la injusticia y favoreciendo la impunidad.

    Países en Mejora: República Dominicana al Frente

    Aunque pocos, hay casos de mejoras significativas. República Dominicana ha fortalecido la independencia de su Poder Judicial y Procuraduría General, logrando avances notables en la investigación de casos de gran corrupción. Estados Unidos, a pesar de desafíos éticos, mantiene un sistema judicial funcional.

    Pesos y Contrapesos Débiles: Brasil en Retroceso

    Brasil muestra retrocesos notables, con la participación de figuras clave de la Operación Lava Jato en el gobierno, generando dudas sobre la independencia judicial. La cooptación extrema en países como Nicaragua, Guatemala y El Salvador pone en peligro la democracia y utiliza el Poder Judicial como herramienta política.

    Desafíos a Superar: Guatemala y Chile en el Radar

    Guatemala, tras una caída de 10 puntos desde 2012, enfrenta el desafío de desarticular redes de corrupción que han cooptado al Estado. Chile, a pesar de sus instituciones fuertes, debe abordar la disminución de su puntaje y reforzar medidas contra la corrupción, especialmente en casos de alto impacto.

    Y Panamá? 

    Sigue la caída, ha descendido un punto más desde el 2022.

    corrupción

    Hacia un Futuro Más Justo: Fortalecimiento del Poder Judicial

    Para enfrentar la corrupción, la región necesita urgentemente un Poder Judicial más sólido e independiente. Transparencia en los nombramientos, mayor cooperación internacional y garantías para jueces y fiscales honestos son fundamentales. El fortalecimiento del Poder Judicial será clave para sociedades justas, orientadas hacia una sociedad abierta y libres de corrupción e impunidad en las Américas.

  • Caminos deprimentes

    Disculpen el escrito desalentador pero mejor que pongamos atención a los caminos que tomamos, a ver si evitamos la devastación. Me refiero a la actuación política demagógica y delictiva que ha permeado a la actividad bancaria y bursátil, predisponiendo a la misma población planetaria a una depresión económica sin igual. Todo el drama de crisis económica actual fue sembrado hace más de un siglo con la ideología de un supuesto progresismo que en realidad era y es regresismo; veamos.

    Desde el 2020 la reserva federal de los EE.UU. que había bajado los requerimientos de las reservas bancarias a cero por ciento; lo cual quería decir que los bancos dejaron de tener límite en cuanto a las reservas para hacer frente para apagar conatos de incendio económico y no dar lugar a conflagraciones mayores. El lado oscuro de semejante medida, cuya justificación la apodaron de incentivo a la inversión, es que con ello se da un gran aumento en la emisión de papel moneda; a tal grado que entre el 2020 y el 2021 dicho suministro aumentó en un 35%.

    Según parece, ya ni a los gobiernos ni a buena parte de la comunidad parece importarle el endeudamiento; pero… ¡vaya! si chillan con el aumento de los precios o, mejor dicho, la disminución del valor del dinero que mal llaman “inflación”. Los efectos de semejante estupidez colectiva son inimaginables y escapan a la gran mayoría; para muestra un diminuto botón: En casa ya no compramos posturas de gallina sino cosechamos las que nos dan las cuatro gallinitas que tenemos en el patio. Y ya no queremos las posturas del súper dado que no se comparan en sabor con las de casa. Moraleja: ¿qué creen que pasará con la industria avícola si esta tendencia sique en aumento?

    ¡Ah sí!, y como ñapa ya en nuestro patio no hay alacranes, culebras, cucarachas y otras sabandijas pues las hemos engullido. Es decir, nuestras gallinitas las convirtieron en deliciosas posturas.

    La crasa estupidez de la Fed fue la adopción de la política de ‘relajamiento cuantitativo’, o como me gusta apodarle, “relajo cuantitativo”, que consiste en, entre otras, crear dinero de la nada para, disque, incentivar y rescatar a los negocios malos o como les apodaban: “too big to fail”, que traduce a “muy grandes para dejar que quiebren”. ¡Qué lindo!, salvan a los grandotes y al rayo con los medianos y chiquitos. Las nubes tormentosas que ya acechan son el resultado directo de toda esta política demencial y corrupta.

    Quizá la mejor forma de entender lo que ocurre hoy es estudiando a la Gran Depresión estadounidense ocurrida entre 1929 y 1939, la cual tuvo efectos por todo el mundo. Si así fue entonces, imaginen como sería hoy día. Y es que las depresiones económicas siempre salen luego de un boom económico insostenible; en el caso presente, insostenible dado que fue artificial o artificioso. Existe una íntima relación entre las tasas de intereses y los ahorros, esos que son vitales. En períodos de sana actividad económica la gente ahorra y consume: restaurantes, ropa, viajes, etc.

    El chiste con el putrefacto intervencionismo central se da cuando el gobierno hace andar las imprentas del dólar y luego dan a ciertos bancos facilitando que estos presten a bajos intereses. Así, la gente siente que la economía y el país va viento en popa ya toda vela, cuando, en realidad lo que ocurre es que se están sembrando tempestades; tal como las sembró en Panamá Martinelli.

    En síntesis, los desastres económicos los siembra el intervencionismo central politiquero. Simplemente no entendemos que los gobiernos no están para que les demos las riendas del dinero.

  • Putin y los oligarcas: poder económico y poder político en el Kremlin

    Qué papel jugarán los oligarcas rusos si se produce el colapso económico en Rusia por las sanciones occidentales aplicadas ante la guerra a Ucrania.

    El 24 de febrero pasado Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa, se reunió con representantes de los círculos empresariales rusos. Precisamente el mismo día en que Moscú inició su agresión militar a Ucrania.

    La reunión estaba prevista de antemano, y, como no podía ser de otra manera, Putin hizo alusión en ella a las inevitables consecuencias económicas de la guerra que acababa de iniciar.

    En este encuentro el marco jerárquico aparecía tan claro como en la espantosa sesión del Consejo de Seguridad Nacional ruso donde, días antes, Putin había humillado al jefe del servicio de inteligencia exterior (SVR por sus siglas en ruso).

    Esta vez la ceremonia no brindó anécdotas tan memorables, pero mostró quiénes son los oligarcas, actores clave para entender tanto la estructura económica de la Rusia actual como su historia más inmediata. En ese sentido, cabe destacar dos cosas:

    1. Que la relación entre poder político y poder económico rusos no siempre tuvo la jerarquía que se mostraba en la ceremonia.
    2. Que en ese encuentro no estaban todos los que suelen caer dentro de esa inquietante denominación.

    Por tanto, se imponen dos preguntas: ¿quiénes fueron y quiénes son los llamados oligarcas?

    Oligarca, el concepto

    Antes de nada, cabe aclarar qué se entiende por oligarca y por qué no hablamos simplemente de empresarios. La palabra oligarquía nos remite a los regímenes políticos de la antigua Grecia, donde solo una fracción de los ciudadanos tenía derechos políticos. En el contexto de nuestro orden político liberal democrático, hablar de oligarquía irremediablemente remite a la idea de la captura ilegítima del orden político por parte de una élite no electa. Y de hecho, eso es lo que hicieron los oligarcas rusos en el contexto del brutal colapso económico de la URSS y del convulso nacimiento de la Federación Rusa.

    El término oligarca tiene una doble dimensión. Por una parte, podemos hablar de la captura de determinados sectores económicos por parte de una serie de empresarios, gracias a sus conexiones políticas. Por la otra, también puede tratarse de un abuso de su poder económico para ejercer influencia política. Lo cierto es que, juntas, ambas dimensiones llevan a una simbiosis perversa: el saqueo de recursos conlleva influencia política. Y a su vez, tal influencia propicia un saqueo aún mayor.

    Mijaíl Jodorkovski, antiguo dueño de la petrolera Yukos, tras los barrotes durante el juicio por fraude y evasión de impuestos el 28 de marzo de 2005. Shutterstock / kojoku

    Los oligarcas de la caída del Soviet

    El trampolín político de muchos de los futuros oligarcas, como el ahora disidente Mijaíl Jodorkovski, fueron las propias estructuras de la ya moribunda URSS. Para la empobrecida ciudadanía rusa esto conllevaba una dolorosa ironía: ¡quienes disfrutaron de posiciones de poder o privilegio durante el régimen comunista eran quienes iban a medrar en el nuevo capitalismo! Boris Berezovski, eminencia gris de la inmensamente corrupta administración de Boris Yeltsin (presidente de la Federación Rusa en la década de los 90), ejemplifica el poder que muchos de ellos llegaron a adquirir.

    El episodio más escandaloso de esta perversa simbiosis llegó con las elecciones presidenciales de 1996. Frente a un pujante candidato del Partido Comunista, Guenady Ziuganov, aupado por el hartazgo de gran parte del electorado, Yeltsin tenía que asegurarse la reelección. Así, se ideó un lucrativo esquema: una serie de magnates ofrecieron préstamos al Estado. Tales préstamos se garantizaron con bienes estatales, hipotecados por si el Estado no podía devolver el dinero. Obviamente, el dinero no se pudo devolver. Así, ingentes sectores económicos acabaron en manos de ricos oligarcas a precio de saldo. Los oligarcas que se iban a beneficiar cumplieron su parte del trato. Los medios de comunicación controlados por ellos dieron la debida cobertura mediática a Yeltsin, quien salió reelegido.

    Esta fue, a grandes trazos, la génesis del brutal capitalismo de la nueva Rusia. Pero entonces, llegó un tal Vladimir Putin a la presidencia en el año 2000. Y trajo dos cambios de calado.

    Las fuerzas del orden y el poder del dinero

    En primer lugar, Putin, forjado en la convulsa política local del San Petersburgo de los años 90 y recomendado por Berezovski como un sucesor maleable, demostró más personalidad de la esperada. Fue aupado a la presidencia como defensor contra la amenaza terrorista y, una vez en el poder, marcó el territorio. Los oligarcas recibieron el siguiente mensaje: “Quédense ustedes con lo robado y disfrútenlo. Eso sí, dejen de robar y paguen sus impuestos. Pero sobre todo, por su propio bien, no se metan en política” (parafraseo libre por parte del autor).

    Un policía junto a un joven con un cartel que reza ¡Berezovski, estamos contigo! durante una manifestación el 3 de marzo de 2007 en San Petersburgo. Wikimedia Commons / Fontanka.ru, CC BY

    Berezovski y Vladimir Gusinsky no terminaron de entender el mensaje. Perdieron sus medios de comunicación y acabaron en el exilio. Otros magnates, como Mijaíl Jodorkovsky, lo entendieron aún peor. Jodorkovski pasó 10 años en la cárcel mientras los fieles a Putin se repartían su emporio.

    Y es aquí donde entra el segundo cambio: el nacimiento de una nueva clase de oligarcas, a los que Daniel Treisman ha definido como silovarcas.

    En Rusia se identifica como silovikis a todos aquellos con un pasado en el ejército, en los servicios secretos o en la policía. Por expresarlo de una forma algo más pedestre, podríamos definirlos como “agentes del orden”. Este perfil políticoburócrata empezó a cobrar relevancia de la mano de Vladimir Putin. Se trata de estrechos colaboradores del régimen que provienen del círculo más íntimo de Putin y, en su mayoría, provienen de los sectores del orden público. Un ejemplo es Igor Sechin, quien, a través de la empresa Rosneft, absorbió a la petrolera Yukos, que en su momento perteneció a Jodorkovsky.

    oligarcas
    Oleg Deripaska, presidente de la compañía rusa de aluminio RUSAL.Shutterstock / Alexey Smyshlyaev

    A principios del siglo XXI estaba naciendo, pues, una nueva generación de oligarcas rusos que ha amasado enormes fortunas y representa uno de los grandes puntales de la élite en la que se apoya Putin. Y que, en paralelo, conviven con los oligarcas de los años 90, como Oleg Deripaska, nacidos de la caída de la URSS y que han sabido entender el nuevo consenso que Putin propuso al llegar al poder.

    Oligarquía y sanciones económicas

    Llegados a este punto se impone la pregunta sobre qué papel jugará la oligarquía rusa si se produce el colapso económico por las sanciones occidentales en respuesta a la guerra contra Ucrania. Porque Putin les ofrecía poder económico a cambio de su primacía política. ¿Qué ocurrirá si, además de ceder políticamente, los oligarcas se arruinan? Pues, no lo perdamos de vista, las sanciones persiguen un impacto generalizado a la economía rusa. Afectan, sobre todo, a la ciudadanía rusa. Pero también, aunque tengan más margen, a prácticamente todo el empresariado ruso.

    Habrá que ver qué capacidad de resistencia política tiene el régimen de Vladimir Putin. Por lo pronto, dos son los factores que habrá que tener en cuenta para el futuro inmediato.

    • La reacción de la ciudadaníaTras la anexión de Crimea, en 2014, los rusos se mostraron orgullosos pero ahora no parecen mostrar tanto entusiasmo. Las protestas por la guerra no han sido masivas y, si había potencial para que fuesen a más, la mordaza gubernamental ha logrado, por el momento al menos, amedrentar a otros ciudadanos.Putin se labró su aureola de poder poniendo orden tras el caos cleptocrático de los 90. Sin embargo, gracias a las filtraciones de Alexei Navalni, muchos ciudadanos pueden abrigar sospechas sobre el tren de vida del círculo cercano a Putin, si no de él mismo. Queda saber si la caída en la calidad de vida se combinará con un resentimiento latente entre los ciudadanos rusos.
    • La reacción de la propia oligarquíaEn los primeros días tras el comienzo de la invasión se hicieron escuchar algunas voces de oligarcas en contra del ataque a Ucrania. Pero hay que pensar fríamente en las consecuencias de sanciones prolongadas.Muchos querrían creer que, tarde o temprano, una población indignada saldrá a la calle y agrietará a una élite igualmente insatisfecha. Sin embargo, una situación económica crítica puede llevar a muchos oligarcas a depender aún más del patronazgo del Kremlin, y a afianzar así su control político. Aunque Putin haya roto su parte del contrato al supeditar el éxito económico a un trágico aventurerismo geopolítico.

    Los oligarcas que se enriquecieron en los 90 aspiraron a controlar la política rusa pero se vieron obligados a subordinarse a Putin. Los que lo hicieron, junto con los recién llegados, demostraron estar para quedarse. Sin embargo, no sabemos si esta guerra les llevará a una mayor irrelevancia política o si serán un puntal clave en un cambio de rumbo. Los próximos meses, o incluso años, responderán a un par de preguntas que omitimos al principio: ¿quiénes serán los nuevos oligarcas y de dónde sacarán sus nuevas fortunas?The Conversation

    Eric Pardo, Profesor de Relaciones Internacionales, Universidad de Deusto

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Nuestro corrupto gobernar

    Alguno dijo por allí: “El problema no está en los gobernantes sino en quienes los eligen para gobernar”. Sí, y el problema tiene profundas y larguísimas raíces, ancladas en un pasado en el cual la hoy Panamá y entonces Castilla de Oro, no era más que la finca del rey de España, quien no mandó a Cristóbal Colón a asentar nuevas tierras de libertad sino a buscar tesoros para saciar las ingentes necesidades de Su Majestad.

    De hecho, en las carabelas de Colón sólo viajaron hombres; es decir, no venían a quedarse. Muy diferente fue con los colonos ingleses que llegaron a los hoy EE.UU. con sus familias, escapando la tiranía de su rey. Allá se desarrolló una sociedad que dio luz a una constitución única en la historia humana; una constitución que consagró el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. Y cuando hablo de “propiedad” no me refiero sólo a bienes materiales, sino a la propiedad de nuestro cuerpo y de sus facultades de pensamiento, palabra, tránsito y apropiación no violenta.

    A diferencia de los EE.UU., en la finca del rey, conocida como Castilla de Oro, los súbditos no tenían libertad para comerciar sino con anuencia y licencia del rey; dado que no era lícito comerciar dentro de la finca del soberano a menos que éste, a través de sus Pedrarias, diesen las licencias que hoy llamamos “cupo” y tal. El comercio entre quienes no tenían licencia, era una actividad “informal”, tolerada por las “autoridades” a cargo de gobernar. Poco ha cambiado desde entonces; con ya cerca del 60% de la actividad económica en Panamá informal y el resto más o menos en la formal. Pero, adonde voy es al análisis del grado de desorden que vemos en nuestro medio.

    Hoy, sentado cerca de la puerta cochera de consultorios médicos esperando que mi hija me pasara a recoger, le comenté al seguridad el escándalo de cláxones en la calle; y como para hacer énfasis, llegó un sujeto y se estacionó en la puerta cochera y comenzó a sonar su claxon, fututo, pito, bocina. ¿Qué clase de ser humano se comporta así? Y no era el primero que hacía lo mismo. El conserje salió a indicarle que la puerta cochera era para recoger y no estacionarse y que por favor no pitara ya que, entre otras, estaba en área hospitalaria. Ello dio lugar a insultos, gritos y tal; mientras afuera las bocinas sobaban el desespero de desconsiderados conductores.

    De regreso a casa, mi hija conduciendo, le fui mostrando y comentando las razones del desorden. En síntesis, un desorden orquestado por la corruptela e incompetencia de las “autoridades del tránsito” encargadas de gobernar. Duele llamarles “autoridad”. Y, por casualidad, en esos momentos le respondía un chat a quien en un tiempo estuvo a cargo en la Dirección el Tránsito, y fue despedida porque intentó mejorar las cosas.

    Comentaba la exdirectora de los desórdenes viales en Panamá Norte y el caso de la estación del Metro en San Isidro, la cual ya lleva unos 3 años terminada su modificación y no la ponen a funcionar: «Nadie sabe la razón ni las autoridades las dan». Mi contestación fue simple: “El propósito de esas mejoras era resolver el tránsito $ y no el vial.

    En fin, cualquier persona algo versada en el manejo del tránsito vial puede conocer y mejorar notablemente el asunto; pero, no interesa, ya que la política y los políticos no están para eso, sino recoger el oro y regresar a España.

  • Creadores y depredadores

    Todos somos propietarios de nuestras vidas y de la vasija que la contiene, es decir, nuestro cuerpo; con lo cual surge la gran pregunta de si nuestro cuerpo es cosa contenida dentro de la vasija conocida como “cuerpo humano”. Pero dejemos eso allí ya que a dónde los quiero llevar hoy es a la definición o entendimiento de la diferencia del humano creador del bien y el depredador de miseria. Comencemos preguntándonos ¿cómo se mide la sana creatividad humana? Podría ser a través de una obra de arte, una sinfonía o, tal vez, su capacidad de producir riqueza y bienestar no sólo personal sino social. Las vacas, por ejemplo, se pasan la vida pastando y abonando la tierra con heno digerido; lo cual, de cierta manera es creativo, ya que enriquece el suelo y da vida a las plantas y árboles, cosa que hace inconscientemente.

    Por su parte, los humanos, para mantener el cuerpo que sustenta la vida también se apropian de las cosas del mundo, tal como la vaca se apropia de los pastos. Pero allí termina la analogía, ya que los humanos vamos mucho más allá y no sólo nos apropiamos de vegetales, animales, insectos y otras fuentes nutrientes, sino que sembramos, cosechamos y también fabricamos herramientas y una inmensa o infinita gama de elementos que no sólo enriquecen la vida personal sino también la comunal. Y por “enriquecimiento” me refiero no sólo a la creación de cosas materiales sino inmateriales, tal como la música y, quizá hasta la risa y el amor.

    Y, al hablar de enriquecimiento, muchos, inmediatamente habrán pensado en el dinero. Pero, el dinero sólo es una de tantas representaciones de aquello que es “rico” o “sabroso”; tal como es rica la comida, la música, el arte cosas del mundo que hacemos nuestras. El dinero sólo es una forma que inventamos los humanos para ahorrar riquezas, ya sean físicas o abstractas. Como no podemos ahorrar lo pescado, vendemos lo que producimos de más, creando ahorro.

    Pero, el humano, como ser social que es, a través de la división del trabajo logra no sólo satisfacer sus propias necesidades, sino que va creando condiciones propicias para intercambios enriquecedores; llamémosle “mercado”. A todo ello, no perdamos de vista el que algunos se dedican a vilipendiar los términos: riqueza, mercado, enriquecimiento y otros en un afán ideológico contrario a la libertad comercial y en favor de un sistema centralizado que, supuestamente, subsana las deficiencias del mercado; argumentando que el mercado favorece a unos y perjudica a otros menos creativos.

    Y aunque sea cierto que unos son más capaces o productivos que otros. El problema es que el sistema centralizado que proponen es muchísimo más imperfecto que el mercado y destructivo de la libertad creativa. En tal sentido, acusan a unos de acaparar inmensas fortunas. Pero ¿acaso es mala la capacidad de ser más creativo y productivo? Quienes así piensan no entienden que los llamados “ricos” apenas usan una minúscula porción de su caudal para satisfacer sus necesidades personales; mientras que mucho más del 90% favorece a la sociedad en maneras que poco llegamos a ver o hasta comprender.

    No existe ni gobierno ni gobernante que pueda superar la capacidad productiva de todas esas personas o ciudadanos que son capaces de producir mucho más que cualquier gobierno. Más aún, los gobiernos no son medio de producción, sino que están para proteger los medios productivos. En este sentido es vital identificar y separar al creativo productivo del creativo depredador. El mundo está repleto de depredadores y la función de gobierno no es la de ser uno más de ellos.

    Son tantas las formas en que se da la depredación y una de las principales es a través de la prostitución del dinero papel; ese que ansían controlar los malos gobernantes para poder reproducirlo a su antojo en imprentas gubernamentales. Esto lo señaló el jesuita Juan de Mariana (1536 – 1624) en su obra, “De monetae mutatione”; o degradación de la moneda, perversidad que persiste hasta este día. Mariana fue denunciado por hacer alusiones a los ministros que modificaron el peso del oro moneda para financiar los gastos estatales que a menudo eran ímprobos.

    Semejante vileza no sólo produce una dislocación de los recursos productivos, tanto humanos como materiales, sino que conduce a males inflacionarios y malas inversiones. Y más aún, resulta en un promotor del sistema fiscal confiscatorio en oposición a la auténtica economía de dejar hacer. Cuando quien infla se hace llamar “autoridad”, se pone en movimiento una decadencia moral generalizada y clientelista.

    Luego de todo ello, se evapora la creación productiva y floree la depredación, dando lugar a ideologías de falso socialismo que presumen correcciones de arriba hacia abajo, negando hasta la misma propiedad de nuestros cuerpos que en adelante pasan a ser propiedad del estado.

  • El peligro inmenso de los empresarios prebendarios

    En una sociedad abierta, el empresario es un benefactor de la comunidad: lleva a cabo sus operaciones con el fin de mejorar su propio patrimonio, pero para lograr ese propósito está obligado a servir a su prójimo.

    Adam Smith en su obra cumbre de 1776 se refiere a las propuestas de comerciantes contrarios a la competencia y aliados al poder de turno de este modo: “Es preciso siempre escuchar con los mayores recelos cualquier proyecto de ley o de ordenanza nuevas que proponga esta clase de personas […] cuyo interés no coincide jamás con el del público, de una clase de personas que tiene generalmente interés en engañar e incluso en oprimir al público y que por ello han engañado y oprimido, efectivamente, en muchas ocasiones”.

    Los problemas apuntados se redoblan para la comunidad cuando cámaras empresarias adhieren a las prebendas.,…

    …Es que el empresario se caracteriza por desarrollar un sentido de oportunidad para detectar cuando los costos están subvaluados en términos de los precios finales y, por ende, sacar partida del arbitraje correspondiente. En un mercado libre cuando el comerciante da en la tecla con los gustos y preferencias de su prójimo obtiene ganancias y cuando yerra incurre en quebrantos. Pero el empresario como tal no está preparado en temas de filosofía política ni en los fundamentos de la economía por lo que si el monopolio de la fuerza que denominamos gobierno le ofrece prebendas, en general las aceptará pues aparentemente resulta más cómodo y menos oneroso que esforzarse por competir en el mercado, aunque como veremos más abajo sus empresas quedan colonizadas por el poder político. Claro que además estos procedimientos tienen su contrapartida en el derroche de capital que implican cuando la gente se ve obligada a comprar más caro, de peor calidad o las dos cosas al mismo tiempo. Y, a su turno, el consecuente despilfarro inexorablemente conduce a la reducción de salarios e ingresos en términos reales puesto que estos dependen exclusivamente de las tasas de capitalización. Esto desde luego que no va para todos los empresarios, los hay que no solo comprenden los efectos negativos para la comunidad de las políticas de la prebenda sino que mantienen un sentido de la dignidad y de independencia.

    Pero existe el riesgo de la tentación autoritaria y estatista, por lo que la actividad empresaria en una sociedad libre debe limitarse a operar en el mercado lejos de las redes políticas. Es común que los susodichos empresarios prebendarios argumenten que, por ejemplo, no debe abrirse la competencia internacional eliminando aranceles puesto que necesitan tiempo para ajustar sus actividades a la experiencia del exterior, sin percatarse de que no hay derecho a endosar sus costos sobre las espaldas de los consumidores. Si necesitan ese tiempo deben absorber los costos que demandan los primeros períodos con la idea de más que compensarse en las etapas subsiguientes y si mantienen que no tienen los recursos para afrontar semejante situación deben vender la idea a otros para lograr el objetivo. Y si nadie les compra la idea es porque el proyecto está mal evaluado, o estando bien presentado el negocio en cuestión si otros empresarios no aceptan el ofrecimiento, es debido a que hay otros reglones que son aun más atractivos y como todo no puede llevarse a cabo al unísono puesto que los recursos son limitados, el proyecto de marras debe esperar a una mejor ocasión.

    A veces el discurso se pone grandilocuente al referirse al comercio internacional, pero el concepto es exactamente el mismo si un vecino descubre un procedimiento más eficiente de producir un bien o prestar un servicio. Nadie en su sano juicio a esta altura del partido propondrá aduanas interiores para “protegerse” de la eficiencia. Los ríos, las montañas y los mares no modifican los nexos causales de las leyes económicas. Como hemos destacado antes, desde la perspectiva liberal la única razón por la que el globo terráqueo está dividido en naciones es para defenderse del riesgo fenomenal de la concentración de poder en un gobierno universal, pero tomarse en serio las fronteras constituye una sandez mayúscula. Las culturas alambradas son una muestra de regresión a la edad de piedra.

    El empresario en una sociedad abierta es un benefactor de la comunidad, no porque haga las cosas por filantropía. Lleva a cabo sus operaciones con el fin de mejorar su propio patrimonio; pero para lograr ese propósito en un mercado libre está obligado a servir a su prójimo. En este sentido, hay autores que han sostenido que debieran sustituirse en las plazas públicas los monumentos de militares y políticos y colocar monumentos a empresarios puesto que los primeros muchas veces ponen palos en la rueda, mientras que los segundos son los que resuelven los problemas de los transportes, comunicaciones, alimentación, vestimenta, fármacos y todo cuanto se nos ocurra. Pero reiteramos que esto ocurre cuando el empresario opera en el terreno que le es propio sin politizarse y mucho menos combinarse en aquella cópula hedionda con el gobierno del momento, para explotar miserablemente a la gente en cuyo contexto actúan como aplaudidores oficiales, es decir, agentes rastreros y serviles del aparato estatal.

    El premio Nobel en economía George Stigler señala en Placeres y dolores del capitalismo que “han sido ellos, los empresarios, quienes han convencido a los gobiernos que iniciaran controles sobre las instituciones financieras, los sistemas de transportes, las comunicaciones, las industrias extractivas, etc.” y a continuación subraya que es ingenuo pensar que solo ellos serán los beneficiarios y no otros sectores pero “el Estado no es una concubina, sino una ramera”. Robert Nozick coincide en esta conclusión en su obra más divulgada: “Gran parte de la regulación gubernamental de la industria está originada y está dirigida a la protección contra la competencia que promueven las empresas establecidas”. Y Richard McKenzie en su libro que lleva el sugestivo título de Usando el poder gubernamental: los empresarios contra la libre empresa afirma que “cuando no hay límites en la acción gubernamental, los empresarios compiten por el uso del poder gubernamental». También el prominente empresario estadounidense Charles Koch declara: “¿Qué está pasando aquí? ¿Los dirigentes empresarios se han vuelto locos? ¿Por qué están autoaniquilándose debido a la voluntaria y sistemática entrega de ellos mismos y sus empresas a reglamentaciones gubernamentales? La contestación desde el luego es simple. No, los empresarios ejecutivos no comparten el deseo del suicidio colectivo. Ellos piensan que obtienen ventajas especiales para sus empresas, pero se están engañando. En realidad están vendiendo su futuro”.

    Exactamente esta es la explicación: los empresarios prebendarios están rematando sus empresas, su familia y su futuro al entregar el sistema a las fauces del Leviatán. Como ha escrito el antes mencionado profesor McKenzie, “los empresarios necesitan la libre empresa porque es un sistema que los protege contra ellos mismos”, además de beneficiar a toda la comunidad, muy especialmente a los que menos tienen.

    Dejando de lado las donaciones, solo hay dos formas de enriquecerse: sirviendo al prójimo o expoliándolo. En la sociedad libre, los arreglos contractuales voluntarios hacen posible obtener ventajas recíprocas, mientras que el robo al fruto del trabajo ajeno es característica medular del estatismo donde los gobiernos abandonan su misión de proteger las autonomías individuales y los consecuentes derechos de las personas que son anteriores y superiores a la existencia de los aparatos estatales. En la antigüedad, los reyes y emperadores otorgaban permisos y licencias para todas las actividades de sus súbitos, mientras que los mercados libres abolieron esos privilegios y barreras, una situación que los empresarios prebendarios apuntan a revertir al efecto de volver a las edades de las cavernas.

    Resulta en verdad paradójico que muchos de los burócratas modernos la emprenden contra los genuinos empresarios mientras cobijan a los prebendarios, esto es, atacan a los benefactores de la humanidad y defienden a los explotadores. Esto es así en gran medida porque buena parte de los políticos nunca han tenido nada que ver con el trabajo honesto en una empresa y no tienen la más pálida idea de que significa. Esta es una razón adicional para adoptar sugerencias en cuanto a que, por ejemplo, los miembros del Poder Legislativo trabajen en ese campo tiempo parcial y de manera muy limitada para no solo poner coto al absurdo y contraproducente ímpetu legislativo sino para que los legisladores se ganen el sustento en el mercado y no vivan solamente a costa de los que trabajan en faenas legítimas y todavía se burlan de sus ocupaciones que consideran subalternas a sus designios imperiales.

  • ¡Ojo!, con pedir protección al zorro del gallinero

    La semana pasada publiqué un escrito acerca de como el intervencionismo central conlleva serias consecuencias económicas y sociales; y, como me ocurre muy a menudo, un amigo de Facebook comentó su preocupación en cuanto a que en la ausencia intervencionista gubernamental, tío pueblo quedaría a “la merced del mal empresario”. Como suele ser, el amigo no está falto de un pedazo de la razón; es decir, que existen problemas con los precios que se elevan. Pero lo que pocos ven, son las verdaderas causas de la elevación de precios, que son muchas y sólo les dejo con algunas.

    Comencemos por señalar que a través de la historia los precios de los productos, incluyendo los alimentos, han ido en disminución. Hace unos 100 años la gente vivía en un estado de desnutrición, particularmente en los países poco desarrollados. Pero hoy, cualquiera que transita por las calles de nuestro Panamá verá cantidad de gente que de flaca no tiene nada. Es más, la obesidad se torna en problema social de salud. En síntesis, hoy los alimentos resultan unas 8 veces más económicos que hace 100 años. Y las razones deberían ser obvias, pues los métodos de hoy permiten una producción mucho mayor a menor esfuerzo y costo. En todo caso, sí existen problemas, pero debemos conocerlos.

    La pregunta a responder es: ¿Tío pueblo está a merced de los malos empresarios o…?; y en el “o” es está el tuétano. El asunto es enredado, pero si damos un paseo por la cadena de producción y suministros, encontraremos cosas muy curiosas a la que pocos ponen atención. De salida, al uso del nombrecito “empresario”. Empresario somos todos los que emprendemos la aventura de ganarnos el pan. El agricultor que siembra, sus jornaleros, el transportista y quienes le ayudan a cargar, y toda la gran lista de intermediación, hasta llegar a los sitios de venta. Estas cosas no las ve tío pueblo, al que sólo le importa el precio y culpar al empresario, sin discriminar en su enojo.

    Pero, pregunto: ¿Acaso todo el costo de mantener al brontosaurio gubernamental no entra en los precios de la comida? ¿O es que no te lo habías imaginado? ¿Sabes cuántas botellas pululan los pasillos de la burrocracia central? Más allá de los costos burrocráticos, que entran en escena, están los costos que deben capear los empresarios para cumplir con la lluvia de normas gubernamentales, muchas de las cuales no tienen ni pie ni cabeza. Y ni hablar de la corruptela institucionalizada.

    Ahora, vayamos al final de este cuento, al momento en que pides ayuda al Chapulín gobierno. ¿Crees que nuestra clase política está allí para resguardarte contra los malos empresarios? ¿O, no te has dado cuenta que están más bien para hacer mancuerna con ellos? Me queda clarísimo el recuerdo de mi abuelo George F. Novey, quien rehusaba hacer negocios con el estado porque  «quien con chuecos se asocia, chueco es y chueco queda».

    Años más tarde sus ejemplos saldrían a flote cuando me tocó ir a un ministerio a poner una queda contra un sub director que nos extorsionaba en la Novey. ¡Uy!, qué mal, me dijo el ministro, y al torcido lo cambiaron de puesto. ¡Por favor!, vayamos dejando la inocencia, la envidia y el odio irracional a un lado y, aprendamos para qué está el gobierno, qué servicios le son indelegables prestarnos y a elegir a gente honesta en consecuencia; porque, por lo que he visto a mis 77 años, son demasiados los que se identifican con los deshonestos que abusan del abultado sistema.

  • Democracia o República

    El Preámbulo de nuestra Constitución establece en su razón de ser, entre otras: “…con el fin supremo de… asegurar la democracia…”; lo cual gime la pregunta: ¿Y qué con ‘la república’? Si nos llamamos “república”, ¿cómo no dejamos sentado en constitución la defensa de esa institución que es superior a la democracia? John Adams (1735-1826), segundo presidente de los EE.UU., lo explicó de la siguiente manera: “Las personas tienen derechos que anteceden a todos los gobiernos terrenales; derechos que no pueden ser revocados o restringidos por la ley humana; derechos que devienen del Gran Legislador del Universo.” Si lo entendemos bien, veremos que nada en una constitución puede crear derechos; es decir, los derechos los podemos descubrir, pero no crear.

    Lo extraordinario de la constitución estadounidense es que nació con apenas siete artículos, a los cuales luego se agregaron 27 enmiendas. Pero lo más trascendental aún es que quienes enmarcaron la constitución estadounidense dejaron claro que el mayor peligro para las libertades vendría a través del gobierno. Por ello fue que las enmiendas fueron redactadas en frases negativas, tales como: no será recortada, infringida, negada, degradada, violada o negada. En otras palabras, hablaron de un ‘estado de derecho’ en dónde todos son iguales ante la ley. Que el poder del gobierno es limitado y descentralizado, mediante un sistema de pesos y contrapesos. Y, que, si el gobierno interviene en los asuntos de la sociedad civil, es con único fin de proteger al ciudadano en contra del fraude y la fuerza, pero no para para intervenir en los casos de intercambios voluntarios y pacíficos. En otras palabras y como ejemplo, no para encargarse de cosas como la educación sino para ver que en ello no se den fraudes. Lástima que ni en los EE.UU. ni en Panamá fueron fieles a ello. Ahora, cuando quien comete fraude es el mismo gobierno, no hay forma de poner cascabel a ese gato.

    En escueto contraste, el término “democracia” comúnmente se refiere a un mandato mayoritario; lo cual deja el camino abierto para pensar que la ley es lo que sea que fuese decidido por el gobierno; dado que quien gobierna es el pueblo. ¡Por supuesto!, que el grave peligro en ello es que terminemos con leyes viscerales ausentes de la razón. Más trágico aún es que con demasiada frecuencia vemos que las democracias engendran “derechos” que son vistos como privilegios. Ejemplo patético de ello lo vemos en el Artículo 91 de nuestra constitución que da a los padres de familia el “derecho a participar” en la educación de sus hijos; cuando debía ser todo lo contrario.

    Una lectura estudiada de la historia y constitución de los EE.UU. dejará en clara evidencia el desdén que sentían los padres de esa patria por la democracia. O, como señaló Winston Churchill: “…la democracia es la peor forma de gobierno, con excepción de todas esas otras que se han intentado de tiempos en tiempo…”

    En nuestra querida Panamá vemos que la democracia es vista como la pugna entre partidos para ver quien se hace con el poder de rapiña para el próximo período. Ello queda en marcado contraste con una república en dónde las minorías no quedan a la merced de las mayorías. Y vuelvo con John Adams cuando advirtió: “Recuerden, las democracias no perduran, pronto se desgastan cometiendo suicidio.” John Marshal lo propuso así: “…la diferencia (entre democracia y república) es análoga a la diferencia entre el caos y el orden.” En síntesis, los fundadores de la república estadounidense entendían muy bien que la democracia les conduciría a la misma tiranía monárquica de la cual habían escapado bajo el rey Gorge III.

    Expuesto de otra manera: el sistema democrático, carente de la república, se presta para burlar los mecanismos democráticos o de gobierno por el pueblo; tal como, de hecho, ocurre en nuestro patio. La cruda realidad es lo fácil que una república puede degenerar en una democracia o tiranía de mayorías, que fácilmente se reviste de legitimidad.

    En escueto resumen, los términos “democracia” y “república” no son sinónimos, sino, más bien antónimos.