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  • Estrecho de Ormuz: la prueba geopolítica de Trump

    Estrecho de Ormuz: la prueba geopolítica de Trump

    A 16 de marzo de 2026, la novedad central no es solo que el Estrecho de Ormuz siga severamente perturbado, sino que la guerra entre Israel, con apoyo militar de EE. UU. bajo Trump, e Irán ha abierto una crisis de hegemonía: Washington puede golpear, pero no logra ordenar una coalición amplia para estabilizar el teatro ni restaurar plenamente la libertad de navegación. Reuters, AP y otros medios coinciden en tres hechos: Irán ha reducido de forma drástica el tráfico por Ormuz; Trump ha pedido ayuda a aliados y socios para reabrirlo; y la respuesta internacional ha sido fría, cautelosa o directamente negativa.

    Lo más importante para entender la crisis del Estrecho de Ormuz hoy es que no está “herméticamente” cerrado en términos absolutos, pero sí funciona como un chokepoint bajo coerción iraní. Hay paso selectivo y altamente riesgoso: un petrolero pakistaní logró cruzar, e India e Irán negocian tránsito seguro para algunos buques, mientras Washington admite que por ahora tolera el paso de ciertos barcos iraníes, indios y chinos para evitar un shock energético aún mayor. Eso sugiere que Teherán no ha impuesto un bloqueo clásico total, sino una interdicción política y militar selectiva, suficiente para hundir el tráfico, disparar primas de riesgo y demostrar capacidad de veto.

    En el plano estratégico, Trump pidió apoyo internacional y no lo consiguió en la escala que buscaba. España descartó participar en operaciones militares en Ormuz; Grecia dijo que no irá más allá de la misión Aspides en el Mar Rojo; Alemania, Italia y otros aliados europeos han rechazado enviar fuerzas navales para una operación ofensiva o de imposición liderada por EE. UU.; Japón dijo que no planea por ahora una misión de escolta; y Australia tampoco prevé mandar buques de guerra. El Reino Unido es el caso intermedio: rechaza verse arrastrado a una guerra más amplia, pero estudia fórmulas limitadas de apoyo a la reapertura del paso, sin comprometerse a una participación ofensiva clásica.

    El problema de Trump no es solo militar, sino de legitimidad estratégica. La campaña ha probado que EE. UU. e Israel pueden degradar activos iraníes, pero no que puedan traducir esa superioridad cinética en un nuevo orden regional estable. Israel ya habla de al menos tres semanas más de guerra; Irán sigue golpeando por vías asimétricas; el tráfico energético global continúa dañado; y los aliados no quieren firmar un cheque en blanco para una guerra cuyo objetivo oscila entre castigo, disuasión, contención nuclear y eventual cambio de régimen.

    El mercado ya está votando con miedo. Brent rondó los 101-102 dólares tras haber superado el umbral psicológico de 100, mientras la IEA activó una liberación extraordinaria de 400 millones de barriles y mantiene más de 1.400 millones en reservas de emergencia. Aun así, la propia Reuters subraya que las herramientas para absorber el shock se están agotando rápido. La interrupción en Ormuz afecta alrededor del 20% del petróleo y del gas licuado transportados por mar, y ha obligado a recortes severos de producción en Emiratos y otras plazas regionales.

    La crisis del Estrecho de Ormuz ha expuesto que Trump no puede destruir el multilateralismo un día y reclamarlo al siguiente sin pagar un precio. Pero la formulación más sólida no es que ya haya “derrota” estadounidense en sentido total, sino que existe una brecha cada vez mayor entre la capacidad de infligir daño y la capacidad de construir coalición, legitimidad y orden. Y en geopolítica, esa brecha acaba siendo decisiva: una potencia puede ganar ataques y perder posición. Hoy, en Ormuz, ese es exactamente el riesgo de Washington.

  • No, no fue por un dólar

    No, no fue por un dólar


    Donald Trump tiene una habilidad poco común: tomar un hecho histórico complejo, reducirlo a una imagen simple y repetirla hasta que se convierta en verdad popular. Su versión del Canal de Panamá es un ejemplo perfecto de esa técnica. «Jimmy Carter lo regaló por un dólar», ha dicho en incontables ocasiones, en entrevistas con Tucker Carlson, en Truth Social, en discursos de campaña. La frase es memorable, evocadora y, en su literalidad, falsa. Pero como toda buena simplificación populista, contiene suficientes capas de verdad parcial como para que desmontar la resulte incómodo para todos los bandos.

    ¿De dónde viene el «un dólar»?

    Antes de cualquier análisis histórico, vale la pena responder la pregunta más básica: ¿existió ese dólar? ¿O es pura invención retórica?

    La respuesta es matizada. Los Tratados Torrijos-Carter de 1977 no establecen ningún pago de un dólar de Panamá a Estados Unidos. No hay transacción de compraventa en ninguno de los dos documentos. El canal no se vendió, se transfirió soberanía sobre él mediante un acuerdo diplomático. Lo que sí existió fue una práctica protocolar habitual en el derecho internacional: cuando se transfieren activos entre Estados mediante tratado, a veces se incluye un pago simbólico de un dólar para darle forma jurídica de transacción al acuerdo. Es una figura legal, no una valoración económica.

    Lo irónico es que la realidad fue, si se quiere, más onerosa para Estados Unidos que el dólar simbólico. Como documentan los registros del Departamento de Estado, el acuerdo incluyó compromisos de préstamos, créditos garantizados y asistencia militar a Panamá por aproximadamente 345 millones de dólares para facilitar la transición. Es decir: no solo Estados Unidos no cobró, contribuyó financieramente a que Panama pudiera asumir la operación. Trump, en todo caso, debería estar más enojado por eso que por el dólar que nunca existió formalmente.

    El origen del problema: 1903

    Para entender por qué en 1977 se llegó a negociar la devolución del canal, hay que retroceder al 18 de noviembre de 1903 y al Tratado Hay-Bunau-Varilla. Ese documento fundacional tiene un detalle que lo resume todo: fue firmado por un ciudadano francés, Philippe-Jean Bunau-Varilla, ingeniero y accionista de la compañía que había fracasado en construir el canal, en representación de Panamá. La delegación panameña viajaba hacia Washington cuando se cerró el acuerdo. Llegó dos horas tarde. El tratado ya estaba firmado.

    Los términos que negoció ese francés sin mandato real, una franja de diez millas de ancho bajo control estadounidense «como si fuera soberano», a cambio de 10 millones de dólares y una renta anual, generaron décadas de resentimiento que ningún análisis honesto puede ignorar. La Zona del Canal funcionó durante 75 años como un enclave colonial que literalmente dividía el territorio de un país soberano, con sistema de segregación racial incluido, administrado desde Washington.

    El punto de no retorno fue el 9 de enero de 1964, cuando estudiantes panameños intentaron izar la bandera panameña junto a la estadounidense en la Zona del Canal. Los disturbios dejaron más de 20 panameños muertos y cerca de 500 heridos. Ese día, hoy feriado nacional en Panamá, el Día de los Mártires, cambió la ecuación política para siempre.

    Carter, Torrijos y la negociación

    Los Tratados Torrijos-Carter no fueron un capricho idealista de un presidente demócrata, fueron la respuesta pragmática a una situación geopolíticamente insostenible. El propio Henry Kissinger, difícilmente sospechoso de sentimentalismo tercermundista, advirtió al presidente Ford en 1975 que mantener el control del canal «parece puro colonialismo» y que el fracaso en negociar alimentaría los movimientos antiestadounidenses en toda América Latina en plena Guerra Fría.

    Los tratados, firmados el 7 de septiembre de 1977, eran en realidad dos documentos distintos y complementarios. El primero establecía la transferencia gradual del control operativo del canal a Panamá, completada el 31 de diciembre de 1999. El segundo, el Tratado de Neutralidad Permanente, es el que Trump sistemáticamente omite mencionar: garantizaba que el canal permanecería abierto a todos los países en igualdad de condiciones, y otorgaba a Estados Unidos el derecho permanente de defenderlo militarmente ante cualquier amenaza a su neutralidad.

    No fue una rendición; en realidad fue una retirada estratégica con garantías. La ratificación en el Senado fue una batalla política épica que Carter ganó por un solo voto sobre el mínimo requerido: 68 contra 32. Uno de los mayores defensores republicanos de los tratados fue John Wayne, amigo personal de Torrijos.

    El canal hoy: lo que Trump no cuenta

    Aquí es donde la narrativa de Trump no solo es históricamente imprecisa, sino que es económicamente contradictoria con la realidad observable.

    Desde la transferencia completa en 1999, la Autoridad del Canal de Panamá ha operado el canal con una eficiencia que ningún análisis serio cuestiona. En 2016, Panamá completó una expansión de 5.25 billones de dólares que duplicó la capacidad del canal, permitiendo el paso de los llamados buques Neopanamax, los portacontenedores más grandes del mundo, que antes debían rodear el continente. Esa inversión fue íntegramente panameña, sin participación de capital estadounidense.

    Los resultados financieros son contundentes. En el año fiscal 2023, el canal generó ingresos por casi 5.000 millones de dólares, un incremento del 14,9% respecto al año anterior, incluso con niveles de tránsito reducidos por una sequía severa. En 2024, a pesar de que los tránsitos de buques de gran calado cayeron un 21% por la continuidad de las restricciones hídricas, los ingresos totales se mantuvieron en 4.990 millones de dólares, por encima del presupuesto proyectado, con costos operativos reducidos en un 5%. El ingreso neto creció 300 millones respecto al ejercicio anterior. Esos números representan aproximadamente el 4% del PIB de Panamá.

    En cuanto al argumento de que «China controla el canal»: es falso en términos operativos. La empresa hongkonesa CK Hutchison Holdings opera puertos en los accesos al canal mediante concesiones comerciales negociadas. La operación diaria del canal la ejerce exclusivamente la Autoridad del Canal de Panamá. El presidente panameño José Raúl Mulino lo dijo con una claridad que no admite ambigüedades: el canal es panameño y no hay nada que negociar.

    El dólar como herramienta populista

    Volvamos al dólar. ¿Por qué Trump insiste con esa imagen específica hoy, más de 25 años después de la transferencia?

    La respuesta raramente está en la historia, está en la política doméstica. Trump necesita narrativas de agravio externo: Panamá, Groenlandia, el Golfo de México rebautizado. Son distracciones funcionales que mantienen a su base movilizada con un enemigo concreto y permiten presentar cualquier conflicto internacional como la corrección de una injusticia histórica. El «un dólar» es perfecto para ese propósito: es simple, es ultrajante, es memorizable y es suficientemente antiguo como para que nadie recuerde bien los detalles.

    El problema es que los detalles importan. Estados Unidos no «regaló» el canal, administró durante 75 años una franja colonial en territorio ajeno, luego negoció una salida ordenada con garantías permanentes de acceso y defensa, y hoy se beneficia de un canal operado con niveles de eficiencia e inversión que difícilmente hubiera sostenido por cuenta propia.

    La pregunta relevante hoy es si la retórica revisionista de Trump sobre el canal responde a un interés estratégico genuino de Estados Unidos o simplemente a la misma lógica que siempre ha movido al populismo: necesitar un enemigo exterior cuando los problemas interiores se acumulan.

    La historia del Canal de Panamá no es la historia de una traición americana ni la historia de una victoria anticolonial pura. Es una historia larga, complicada y cargada de errores, intereses y pragmatismo de todos los actores involucrados.

    Lo que sí es claro es esto: el canal funciona. Genera casi 5.000 millones de dólares anuales. Mueve el 5% del comercio marítimo mundial. Fue ampliado y modernizado con capital panameño. Y opera bajo un tratado que garantiza a Estados Unidos acceso y derecho de defensa permanente.

    No fue por un dólar. Tampoco fue una traición. Fue el final inevitable de un arreglo colonial que había durado demasiado; negociado, imperfectamente pero funcionalmente, por adultos que entendían que el mundo había cambiado desde 1903.

    La nostalgia imperial es comprensible. La política exterior basada en ella es otra cosa..

  • El Canal de Panamá y el retorno de la diplomacia de fuerza bajo Trump

    El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos viene acompañado de un giro drástico en el discurso inaugural. Sorprendiendo a quienes esperaban que reiterara prioridades de campaña como Ucrania, o incluso que mencionara a Canadá o Groenlandia, o a ningun país,  Trump se centró exclusivamente en una declaración de gran peso histórico y geopolítico: “retomar el control del Canal de Panamá”. Esta afirmación, con fuertes implicaciones, nos invita a analizar no solo su viabilidad real sino también lo que significa en un mundo cada vez más multipolar.

    El Canal de Panamá: legado, soberanía y pragmatismo geopolítico

    El Canal de Panamá fue administrado por Estados Unidos hasta 1999, cuando, tras una negociación que comenzó con los Tratados Torrijos-Carter (1977), fue transferido a Panamá. Este cambio marcó un hito de soberanía para el país centroamericano y reforzó el mensaje de que el control de las rutas comerciales clave ya no es monopolio exclusivo de las grandes potencias. Hoy, el Canal es operado de manera eficiente por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), un organismo panameño que asegura su funcionamiento en beneficio del comercio mundial.

    Sin embargo, la retórica de Trump revive un viejo temor: la percepción de que Estados Unidos todavía ve el Canal de Panamá como una extensión de sus intereses estratégicos. Al acusar a Panamá de violar el «espíritu» del acuerdo y culpar a China de una influencia indebida en la región, Trump parece apostar por un retorno a la diplomacia coercitiva, similar al estilo de la Doctrina Monroe en el siglo XIX, pero adaptada al siglo XXI.

    ¿Qué opciones tiene Trump para «retomar» el Canal?

    Desde un punto de vista práctico, las opciones para forzar una renegociación o imponer control directo sobre el Canal de Panamá son limitadas y enfrentan varios desafíos:

    1. Presión económica y sanciones: Trump podría buscar sancionar a empresas relacionadas con el Canal o amenazar con medidas económicas contra Panamá, como aranceles o restricciones comerciales. Sin embargo, esto podría ser contraproducente, afectando la estabilidad financiera de un país aliado y fragmentando aún más las relaciones diplomáticas en América Latina.
    2. Intervención militar: Si bien Trump podría insinuar una acción militar, la realidad es que esta opción sería impopular tanto a nivel interno como internacional. Además, en un contexto donde China y Rusia han expandido su influencia, una intervención estadounidense podría desencadenar reacciones diplomáticas y militares imprevistas.
    3. Negociaciones bilaterales: Una estrategia más viable podría ser presionar para renegociar los términos comerciales de uso del Canal, buscando tarifas más favorables para los buques estadounidenses. Esto, sin embargo, requeriría colaboración diplomática y concesiones mutuas, algo que no encaja del todo en el enfoque de confrontación que caracteriza a Trump.
    4. Apoyo a sectores opositores dentro de Panamá: En un escenario más indirecto, Estados Unidos podría intentar influir en la política interna de Panamá, apoyando a facciones que favorezcan una mayor apertura hacia los intereses estadounidenses. Este tipo de estrategia, aunque sutil, no está exenta de riesgos y puede alimentar el sentimiento antiestadounidense en la región.

    La postura de Panamá: un baluarte de soberanía

    Panamá tiene varios recursos para defenderse ante cualquier intento de presión:

    • Legitimidad internacional: La comunidad internacional reconoce la soberanía panameña sobre el Canal. Cualquier movimiento agresivo por parte de Estados Unidos podría ser condenado en foros como las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA).
    • Eficiencia operativa: La ACP ha demostrado que el Canal es administrado con altos estándares, lo que refuerza la narrativa de que Panamá es un gestor competente de esta infraestructura crítica.
    • Apoyo de China y otros actores: Aunque Trump acusa a China de operar el Canal, lo cierto es que la influencia china se limita a la operación de puertos cercanos. Sin embargo, Beijing podría usar su poder económico y político para contrarrestar cualquier intento de intervención estadounidense, fortaleciendo a Panamá.

    Un análisis libertario: la soberanía frente al intervencionismo

    Desde una perspectiva libertaria, la retórica de Trump es problemática porque refuerza la idea de que un Estado, por poderoso que sea, tiene el derecho inherente de imponer su voluntad sobre otro. Este tipo de intervencionismo contradice los principios de soberanía y libre comercio, fundamentales para un orden mundial equilibrado.

    Además, el argumento de que el Canal «debería» pertenecer a Estados Unidos no solo ignora el marco legal de los tratados Torrijos-Carter, sino que también desconoce el espíritu de autogobierno que define a los Estados soberanos. ¿Por qué un país, solo por ser una superpotencia, debería tener derechos sobre un activo clave de otro?

    En un mundo globalizado, los principios de cooperación y respeto mutuo son esenciales para el progreso. Si bien Trump podría usar su retórica para movilizar su base política, sus acciones deben ser cuidadosamente calculadas para evitar socavar las relaciones con América Latina y desencadenar conflictos innecesarios.

    Un desafío para la diplomacia contemporánea

    La declaración de Trump sobre el Canal de Panamá tiene más que ver con proyectar fuerza ante sus seguidores que con una estrategia geopolítica clara. Sin embargo, las implicaciones de este discurso son serias. Panamá deberá prepararse para enfrentar presiones crecientes, mientras que el resto del mundo observará de cerca si Estados Unidos opta por una diplomacia de fuerza o por el diálogo.

    En última instancia, cualquier intento de «retomar» el Canal sería un retroceso para el principio de soberanía y una señal de que los grandes poderes aún consideran que las reglas internacionales pueden ser moldeadas a su antojo. Como dijo el libertario Murray Rothbard: «La verdadera paz solo puede lograrse a través del respeto mutuo y la ausencia de coerción». En este caso, ese respeto comienza por reconocer que el Canal de Panamá pertenece, ante todo, a Panamá.

  • Guy Sorman y su Análisis del Cambio Geopolítico: Un Nuevo Mapa Mundial en Gestación

    Guy Sorman, reconocido por sus agudas reflexiones geopolíticas, presenta un panorama en constante transformación, esculpido por la dinámica de las guerras, las coaliciones entre naciones y la diplomacia. En su análisis para ABC, Sorman destaca el surgimiento de un nuevo escenario geopolítico, una revelación que desafía la suposición de un fin de la historia tras el colapso de la Unión Soviética.

    El eje tradicional de confrontación entre Oriente y Occidente ha evolucionado hacia una nueva polaridad entre el Norte Global y el Sur Global, un cambio menos geográfico y más ideológico. Esta transición se consolidó durante el conflicto en Ucrania, donde potencias como Brasil, India y China mostraron reservas al condenar enérgicamente la expansión rusa, generando perplejidad en las democracias occidentales.

    Desde la perspectiva de Sorman, el Sur Global se perfila como una amalgama heterogénea, que abarca desde China hasta Brasil, donde se cuestiona el orden internacional forjado tras la Segunda Guerra Mundial. Esta visión lo considera como un legado colonial que perpetúa la hegemonía blanca y menosprecia las culturas locales.

    En este escenario, el Norte Global, históricamente alineado con Occidente y representado por Estados Unidos y la Unión Europea, defiende fervientemente los valores democráticos y la economía de mercado. Sorman enfatiza la importancia estratégica de la colaboración entre estas regiones para mantener la estabilidad económica, la diplomacia efectiva y la preservación de la paz mundial.

    A pesar de reconocer la necesidad de introspección en el Norte, comprendiendo las críticas del Sur Global respecto al legado colonial, Sorman defiende la efectividad y el progreso que los valores democráticos y la economía de mercado han brindado a las naciones que los han adoptado, comparándolos con aquellos que han optado por otras vías.

    La resistencia al orden internacional establecido, sostenida por las naciones del Sur Global, destaca un cambio significativo en el sistema geopolítico mundial. Esta confrontación ideológica redefine las alianzas y las narrativas históricas, desafiando la idea de una convergencia global hacia un modelo más democrático y liberal.

    En este contexto, Sorman insta a un análisis crítico en el Norte Global, una reflexión sobre las políticas y las percepciones que podrían haber perpetuado el legado colonial, pero también defiende la importancia de no abandonar los valores fundamentales que han demostrado su eficacia en la promoción del progreso y la estabilidad.

    Fuente: ABC | Autor: Guy Sorman

  • Xi Jinping de China obtiene tercer mandato, llena el comité gobernante con ‘secuaces’ leales

    El nuevo liderazgo hace que una invasión militar del democrático Taiwán parezca más probable, dicen los analistas. El líder del Partido Comunista de China, Xi Jinping, comenzó un tercer mandato de cinco años en el cargo el domingo, llenando el todopoderoso Comité Permanente del Politburó con sus aliados políticos cercanos, en una consolidación del poder personal que no se había visto en Beijing desde el culto a la personalidad que rodeaba a Mao Zedong. 

    La primera sesión plenaria del XX Comité Central del partido reeligió a Xi para el cargo de secretario general, rompiendo con décadas de precedentes políticos al otorgarle un tercer mandato después de que sus predecesores se limitaran a dos.

    El ex jefe del partido de Shanghái, Li Qiang, sucedió al reformador económico saliente Li Keqiang como el segundo al mando de Xi y, por lo tanto, el candidato más probable a primer ministro, mientras que los incondicionales de Xi, Zhao Leji y Wang Huning, permanecen en el Comité Permanente del Politburó de siete miembros.

    A ellos se unieron el recién ascendido exjefe del partido de Beijing, Cai Qi, el exdirector de la oficina general del partido, Ding Xuexiang, y el exjefe del partido de Guangdong, Li Xi, todos los cuales fueron ex miembros del Politburó.

    Xi también reveló un politburó exclusivamente masculino por primera vez desde 1997, luego del retiro del ex viceprimer ministro Sun Chunlan. Ninguna mujer se ha sentado nunca en el Comité Permanente del Politburó.

    Todos, excepto Li Xi, han trabajado anteriormente con Xi mientras ascendía en las filas del partido, ya sea en Zhejiang o Shanghái, y fueron ascendidos después de ese punto, lo que indica que fue su favor lo que impulsó sus carreras.

    El congreso del partido también enmendó la constitución del Partido Comunista para consagrar a Xi y su marca personal de ideología política como un líder «central», dando a Xi rienda suelta para llevar a China en cualquier dirección que elija, dijeron analistas a Radio Free Asia (RFA).

    Sin sucesor obvio

    El ex líder de la protesta estudiantil de 1989, Wang Dan, dijo que no hay nadie con suficiente capital político propio para servir como un sucesor obvio de Xi.

    «Es obvio, mirando la alineación, que Xi también querrá un cuarto mandato», dijo Wang a Radio Free Asia. «Él no ha hecho arreglo alguno para un sucesor».

    «Ni siquiera habrá un cuarto mandato: va a hacer esto hasta que muera», dijo.

    El propio Xi fue claramente identificado como sucesor del presidente Hu Jintao, bajo el cual se desempeñó como vicepresidente durante cinco años antes de tomar las riendas del partido en el 18º congreso en 2012. El tercer mandato de Xi Jinping como presidente probablemente se confirmará en la Asamblea Popular Nacional, Sesión anual del Congreso en marzo de 2023.

    El comentarista político chino Chen Daoyin dijo que Li Qiang forma la piedra angular del poder de Xi en la nueva alineación de liderazgo.

    «Se podría decir que Xi Jinping tiene absoluta confianza en él y que Li Qiang es absolutamente leal a Xi Jinping», dijo Chen a RFA. “Esta lealtad absoluta se manifiesta en su implementación absoluta de la línea política de Xi”.

    «Li Qiang ha sido ampliamente criticado internacionalmente por el daño que causó con el cierre de Shanghái, pero su implementación inquebrantable de la política de cero COVID de Xi refleja su lealtad», dijo.

    Protestas en el país y en el extranjero

    La transición sin problemas de Xi a un tercer mandato sin precedentes se ha caracterizado por una rara protesta pública, incluso contra su política de cero COVID, tanto en el país como en el extranjero.

    En la víspera del congreso, un manifestante solitario apodado el “Hombre del puente” desplegó una pancarta con consignas contra Xi en un paso elevado de una autopista antes de que la policía se lo llevara rápidamente. Las autoridades chinas cerraron rápidamente las cuentas de las redes sociales que circulaban imágenes de la pancarta, pero las fotos y los videos del incidente llamaron la atención de los chinos que viven en el extranjero.

    En Londres, más de 1.000 manifestantes desafiaron las lluvias torrenciales para marchar el domingo hacia la embajada china, con el lema «¡No es mi presidente!». y mostrando pancartas con Xi coronado como emperador, para protestar por la golpiza de su compañero activista Bob Chan por parte del personal consular chino en Manchester el 16 de octubre.

    Un manifestante llevaba un cartel en la espalda y la cabeza que decía «Al PCCh: no me tire del pelo», en protesta por la participación en el tumulto del cónsul general chino Zheng Xiyuan, quien dijo que pensaba que era su deber tirar del pelo de Chan. ya que había «insultado a mi líder» con un cartel de dibujos animados de Xi Jinping.

    Un manifestante que solo dio el apellido Auyeung, que llevaba una máscara satírica de demonio con el rostro de Xi Jinping, dijo que estaba allí enojado por el ataque del 16 de octubre. Dijo que las protestas, así como la remoción sumaria de un reacio Hu Jintao de la tribuna en el 20° congreso del partido del PCCh en Beijing el sábado, habían mostrado al mundo que Xi aún enfrenta una “enorme oposición”.

    Protestas similares tuvieron lugar en varias otras ciudades británicas el domingo.

    «Totalitarismo digital»

    Pero los analistas dijeron que la nueva alineación significa que es muy probable que Xi continúe con el estilo de gobierno altamente autoritario que ya desarrolló durante sus últimos 10 años al frente.

    «Esto es totalitarismo digital con características chinas», dijo Chen Daoyin. «Tendrá poderes de ejecución mucho mayores que durante la era de Mao… [y puede] lograr un estado de control y seguridad total y absoluto».

    «Es poco probable que cambie la política exterior [más agresiva de China] del ‘guerrero lobo’», dijo. Feng Chongyi, profesor asociado de la Universidad de Tecnología de Sídney, estuvo de acuerdo.

    «Cai Qi, Li Qiang, Ding Xuexiang y Wang Huning son básicamente sus taquígrafos», dijo Feng. «No tienen capacidad ni experiencia cuando se trata de dirigir el país.

    “Su principal punto de venta es que ejecutan las órdenes de Xi a toda costa”, dijo Feng, citando los desalojos masivos de las comunidades de trabajadores migrantes en Beijing por parte de Cai Qi, y el “estropeo de la ciudad económicamente más desarrollada de China” por parte de Li Qiang.

    Feng dijo que el actual comité permanente del Politburó carece de alguien con el conocimiento técnico para administrar la economía. «Esto demuestra que [Xi] ya no se preocupa por esas cosas», dijo.

    Feng dijo que se espera que Xi rompa con las últimas cuatro décadas de reforma económica y apertura iniciadas por el difunto líder supremo Deng Xiaoping en 1979.

    «Fueron [los ex primeros ministros] Zhu Rongji y Wen Jiabao quienes realmente entendieron la economía, quienes dirigieron el crecimiento económico y permitieron que Xi Jinping hiciera realidad su sueño de poder», dijo. «Pero ahora quiere volver a la ‘prosperidad común’ de la era de Mao, robando a los ricos para ayudar a los pobres: no creando riqueza sino destruyéndola». «Ahora existe un riesgo mucho mayor de colapso económico», dijo Feng.

    Hu Jintao escoltado fuera

    Feng dijo que la destitución perentoria del expresidente Hu Jintao del estrado en el 20º congreso del partido el sábado probablemente estuvo relacionada con su descubrimiento de que su único aliado, Hu Chunhua, no estaría en el comité permanente del Politburó.

    Hu Jintao, que parecía confundido, fue levantado físicamente de su asiento por un guardia de seguridad y escoltado con firmeza fuera del estrado, mientras intentaba entablar una conversación con Xi.

    «Hu Jintao insistió en asistir a la sesión de clausura del 20º Congreso Nacional del Partido, a pesar de que se ha estado tomando un tiempo para recuperarse recientemente», dijo la agencia estatal de noticias Xinhua en un tuit sobre el incidente.

    «Como no se encontraba bien durante la sesión, su personal, por su salud, lo acompañó a una habitación al lado del lugar de reunión para que descansara. Ahora está mucho mejor», dijo.

    Wang Dan dijo que la «retirada total de los tecnócratas económicos» del nuevo equipo de liderazgo fue sorprendente.

    «Esto significa que se acerca la Revolución Cultural», dijo Wang en referencia a más de una década de agitación política bajo Mao Zedong desde fines de la década de 1960 hasta la caída de la Banda de los Cuatro en 1976.

    «El desarrollo económico ya no será el foco principal”, dijo. «No hay un solo miembro del comité permanente del Politburó que haya tenido una cartera económica a largo plazo». «En cambio, el enfoque será la lucha, porque todos estos son constructores de partidos», dijo Wang. «El nombramiento de Li Qiang envía un mensaje muy fuerte… que [a Xi] no le importa el historial de alguien, solo su lealtad».

    “Incluso Mao Zedong [solo] tenía una parte de sus funcionarios que le eran verdaderamente leales; los de Xi son sus secuaces”, dijo.

    El erudito independiente Wen Zhigang dijo que la «lucha política» ahora reemplazará a la prosperidad económica como la línea principal del partido, ya que el concepto ha sido escrito en los estatutos del PCCh recientemente enmendados.

    «[El PCCh] ha reemplazado la filosofía de la construcción económica de las últimas cuatro décadas con la filosofía de la lucha [política]», dijo Wen a RFA. «Esta será la nueva línea del partido y el nuevo programa, razón por la cual Li Keqiang y todos los demás herederos de la línea de desarrollo económico de Deng Xiaoping han sido purgados».

    Wen dijo que las purgas políticas probablemente se intensificarán dentro de las filas del partido, junto con crecientes ataques al sector privado. La política exterior de China será menos fácil de predecir e implicará un enfrentamiento con el poder y la influencia de Estados Unidos en el Estrecho de Taiwán y la región del Pacífico Occidental.

    “Taiwán no puede evitar la guerra”

    El nuevo mandato de Xi comienza en medio de la creciente preocupación de que cumplirá su amenaza de anexar la isla democrática de Taiwán por la fuerza militar, y más temprano que tarde.

    «Desde la perspectiva del nuevo equipo de Xi, resolver el problema de Taiwán será la tarea central y la tarea más importante de los próximos 5 a 10 años», dijo Wang.

    «Taiwán no puede evitar la guerra… lo más importante es prepararse para ella».

    Taiwán nunca ha estado gobernada por el Partido Comunista, ni ha formado parte de la República Popular China, y sus 23 millones de habitantes no desean renunciar a su soberanía ni a su estilo de vida democrático, según encuestas de opinión recientes.

    El escritor británico Hao Wang dijo que es poco probable que Xi quiera hablar con el gobierno taiwanés, ya que Beijing ha descartado negociar con Taipei en igualdad de condiciones.

    “Xi Jinping no quiere hablar con Taiwán; solo quiere secuaces que hagan cumplir su voluntad y su quinta columna [de infiltrados del Partido] allí para cumplir con sus directivas”. Wang le dijo a RFA. «Se trata de la ejecución unidireccional de la voluntad del emperador».

    Wang dijo que Taiwán no parece lo suficientemente preocupado a pesar de las percepciones globales de que el país está en peligro. «Es hora de dejar de imaginar y pasar a la acción inmediata», dijo.

    El Partido Comunista también renovó el puesto de Xi como presidente de la Comisión Militar Central y nombró a sus nuevos vicepresidentes como Zhang Youxia y He Weidong, un veterano del 31º Ejército del Ejército Popular de Liberación en la provincia suroriental de Fujian, al otro lado del Estrecho de Taiwán desde Taiwán.

    «He Weidong y Zhang Youxia… ambos son del ejército, por lo que no se ha logrado un equilibrio entre las diferentes ramas del ejército», dijo Wang. «Estos son [nombramientos] puramente políticos».

    «He Weidong es un comandante militar que ha estado a cargo del frente de Fujian durante mucho tiempo y ha llevado a cabo operaciones contra Taiwán», dijo. «Zhang Youxia… alguien con experiencia en combate en Vietnam, ha sido traído junto a él,

    Por Chen Zifei y Gu Ting para RFA Mandarín y cantonés. Traducido y editado por Luisetta Mudie.

  • Escasez mundial de semiconductores mejora posición negociadora de Taiwán

    Al negociar cualquier asunto comercial, Taiwán tiene una posición de ventaja sobre Washington. Taiwán es uno de los mayores fabricantes de semiconductores y microchips, los cuales son escasos. Estados Unidos los necesita para la industria automotriz y de equipos sanitarios, entre otras.

    Por Ralph Jennings

    El decreto del presidente estadounidense Joe Biden para asegurar las cadenas de suministro de semiconductores para la producción de hardware de alta tecnología ofrece un impulso comercial a Taiwán, uno de los mayores proveedores de chips del mundo, y le da a Taipei un nuevo peso en cualquier negociación de libre comercio, dicen los analistas.

    Biden firmó una orden ejecutiva el 24 de febrero para que Estados Unidos comience a superar la escasez de chips que ha obstaculizado la fabricación de vehículos, productos electrónicos de consumo y suministros médicos. Activará un proceso de revisión que conducirá a recomendaciones de políticas sobre cómo reforzar las cadenas de suministro.

    Taiwán entra en juego como la sede de Taiwan Semiconductor Manufacturing Co., que produce más chips que cualquier otro fabricante en el mundo y tiene algunos de los procesos de producción más avanzados. Esos avances generan semiconductores que funcionan con relativamente poca energía sin sacrificar la velocidad de un dispositivo.

    El estudio remoto y el teletrabajo, dos tendencias que florecieron durante el brote de coronavirus de 2020, aumentaron la demanda el año pasado de chips que funcionan con computadoras portátiles, entre otros tipos de hardware de consumo. La demanda mundial de chips debería aumentar de 450.000 millones de dólares el año pasado a alrededor de 600.000 millones en 2024, dice la firma de investigación de mercado Gartner.

    «Esto es bueno, y creo que en este momento Taiwán finalmente puede ofrecer algo en concreto y ayudar a Estados Unidos de alguna manera», comentó a la Voz de América Liu Yih-jiun, profesor de asuntos públicos de la Universidad Fo Guang en Taiwán.

    Taiwán ha intentado varias veces desde 1994 concertar un acuerdo comercial con Estados Unidos, que es su segundo socio comercial más importante después de China. El comercio entre Estados Unidos y Taiwán totalizó 90.900 millones de dólares en 2020. Los estadounidenses compran chips, computadoras y maquinaria, entre otros productos taiwaneses, lo que resultó en un superávit comercial de 29.300 millones de dólares para el centro de fabricación asiático el año pasado.

    A partir de enero, Taiwán comenzó a permitir envíos de carne de cerdo estadounidense de cerdos criados con el aditivo alimentario ractopamina, y los funcionarios estadounidenses elogiaron ese paso como un progreso en las relaciones comerciales.

    La Administración Biden ha pedido a los funcionarios taiwaneses que presionen a sus fabricantes de chips para que aumenten la producción de semiconductores en medio de una escasez de chips para uso automotriz, informó Bloomberg el mes pasado.

    La demanda estadounidense de semiconductores ayudará a elevar la posición de Taiwán cuando los negociadores se reúnan para las conversaciones comerciales, dijo John Brebeck, asesor principal de la consultora de inversiones Quantum International Corp. en Taipei.

    “Debido a la guerra comercial [entre China y Estados Unidos], y debido a los semiconductores, y porque a Taiwán le fue tan bien enel manejo del COVID, y es una democracia que quieren apoyar, creo que avanza”, comentó Brebeck a la VOA.

    Las conversaciones comerciales se llevarán a cabo «de una manera mucho más equilibrada» debido al peso de Taiwán en los semiconductores globales, dijo Liu.

    Con acuerdo comercial o no, los fabricantes de chips de Taiwán tendrán un aumento en el negocio debido a la escasez, aunque pueden tener dificultades para priorizar a los clientes, dijo Brady Wang, analista en Taipei de la firma de inteligencia de mercado Counterpoint Research.

    “En realidad, no hay riesgo para las empresas, pero se puede decir que existe la cuestión de cuánto pueden distribuir la producción y a quién van a sacrificar”, dijo Wang.

    Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. inició la construcción en 2018 en un complejo de fábrica de 15.000 millones de dólares en Taiwán y se espera que el volumen de producción alcance su capacidad máxima este año. El complejo producirá más de 1 millón de tarjetas para la fabricación de chips  al año y empleará a unas 4.000 personas. En diciembre del año pasado, la empresa de 34 años obtuvo la autorización del gobierno de Taiwán para construir una fábrica de 12.000 millones de dólares en el estado estadounidense de Arizona. Esa planta producirá hasta 20.000 tarjetas para chips por mes.

    El proyecto en Arizona y el nuevo en Taiwán están «bien encaminados», dijo un portavoz de la sede de la empresa.

    Powerchip Semiconductor Manufacturing Corp. y United Microelectronics Corp. también fabrican chips en Taiwán. Un portavoz de United Microelectronics dijo el mes pasado que su compañía estaba haciendo todo lo posible para satisfacer la demanda de chips automotrices.

  • Un balance resumido del Foro de San Pablo

    Luego del derrumbe del Muro de la Vergüenza y el consiguiente fracaso estrepitoso del socialismo, los movimientos de izquierda quedaron muy descolocados pues no solo desde el punto de vista humanitario las muertes por masacres y hambrunas poblaron todos los países que ensayaron el totalitarismo sino que quedó patente la imposibilidad de operar cuando se elimina la propiedad y consecuentemente los precios pues no hay modo de saber cuándo se consume capital en la evaluación de proyectos. Esto también quedó probado allí donde los aparatos estatales se entrometen con la propiedad privada aun sin abolirla como es el caso sobresaliente del fascismo que a diferencia de sus parientes comunistas permiten que se inscriba la propiedad a nombre de particulares pero usa y dispone el gobierno.

    Frente a este páramo intelectual las izquierdas han resuelto pasar de la defensiva a la ofensiva, agruparse y volver a la carga. Esta decisión parte de dos usinas: por un lado los capitostes con ansia ilimitada de poder y dinero apuntan a conquistar espacios y, por otro, los ingenuos que estiman que puede fabricarse el dislate del “hombre nuevo” con el uso de la fuerza al efecto de endiosar lo colectivo en contraposición a lo individual que deriva en lo que en ciencias políticas se denomina “la tragedia de los comunes” que hace estragos, especialmente en perjuicio de los más vulnerables que siempre son los que más sufren cuando hay derroche de capital ya que de ello dependen los salarios e ingresos en términos reales.

    En todo caso, puntualizamos que el Foro de San Pablo se creó en 1990 para insistir y volver a plantear las ideas socialistas. El primer órgano ejecutivo estuvo a cargo del Partido Comunista Cubano y luego se incorporaron muy diversos dirigentes, especialmente de América latina y el Caribe aunque con el tiempo también se incorporaron activistas de esa misma tendencia de Europa y Asia. Entre los dirigentes más destacados figuraron Evo Morales (Movimiento al Socialismo de Bolivia), Rafael Correa (Alianza PAIS de Ecuador), Daniel Ortega (Frente Sandinista de Liberación de Nicaragua), Fernando Lugo (Alianza Patriótica de Paraguay), José Mujica (Frente Amplio de Uruguay), Mauricio Funes (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador), Dilma Russeff (Partido Nacional de los Trabajadores de Brasil), Ollanta Humala (Partido Nacionalista Peruano), Nicolás Maduro (Partido Socialista Unido de Venezuela) y Andrés López Obrador (MORENA de México) a lo que se agrega una lista de simpatizantes encabezados por el Frente de Todos de Argentina y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

    Hasta el momento ha habido veintiséis reuniones y los temas son los mismos del socialismo tradicional con algún aditamento pero en lugar de analizar toda la agenda es más productivo estudiar un buen texto de economía y derecho para percatarse de los errores de aquellas presentaciones reiterativas. En estas líneas mencionamos solo algunos de los puntos más relevantes con un comentario telegráfico que sigue a cada uno en forma de decálogo dado el espacio disponible en una nota periodística.

    Primero, los documentos se pronuncian contra el “neoliberalismo”. Conviene en este sentido precisar que no existe tal cosa, ningún intelectual serio se identifica con semejante etiqueta. No parece que hubiera el suficiente coraje como para enfrentar al liberalismo que significa el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros.

    Segundo, resulta inaudito que recomienden unificar los tres poderes, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial al efecto de concentrar capacidad de decisión al tiempo que se sugieren reformas constitucionales para administrar discrecionalmente las partidas presupuestarias y permitir reelecciones indefinidas de gobernantes, todo lo cual va a contramano de los principios republicanos más elementales para preservar las autonomías de las personas sujetos de derechos, anteriores y superiores a gobernantes circunstanciales.

    Tercero, se pone en evidencia la incomprensión del significado del derecho puesto que, por una parte, se patrocina el avasallamiento del fruto del trabajo ajeno y, por otra, se abandonan los mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva en base a la Justicia que según su acepción clásica significa “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite al derecho de propiedad desconocido por esta agrupación.

    Cuarto, en la misma línea argumental se patrocinan las expropiaciones sin percatarse de la necesidad de respetar arreglos pacíficos y voluntarios en el proceso de mercado donde la gente vota en el plebiscito diario al poner de manifiesto sus preferencias, y los comerciantes que aciertan en la satisfacción de las demandas obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos, a diferencias del estado-empresario que inexorablemente opera sin asumir riesgo con recursos propios sino apropiándose de lo ajeno en base al pretexto de empresas hegemónicas que en verdad se establecen como fachada para los negocios de los megalómanos del momento.

    Quinto, proponen aumentar gravámenes especialmente los de carácter progresivo que en verdad son regresivos ya que al disminuir las inversiones los contribuyentes de jure hacen que los salarios e ingresos en términos reales de los marginales se contraigan. También la progresividad vulnera la necesaria movilidad social ya que el ascenso y descenso en la pirámide patrimonial se ve bloqueada por estas barreras fiscales y, asimismo, las posiciones patrimoniales relativas se modifican de cuajo respecto a las que marcó el consumidor con sus compras y abstenciones de comparar.

    Sexto, se pronuncian por el control de la prensa precisamente uno de los derechos más relevantes y fundamentales de la sociedad libre sin el cual no hay posibilidad de contrastar conocimiento alguno ni ejercer el contralor del aparato estatal que debe estar al servicio de la gente y no tratarla como súbdito de un poder ilimitado en el contexto de la supresión de la irremplazable libertad de expresión a la que tanto le temen los espíritus autoritarios.

    Séptimo, el establecimiento de controles de cambios y restricciones al comercio internacional en sintonía con el veneno nacionalista que establece culturas alambradas y cortapisas para las transacciones de lo que pertenece a cada uno y el movimiento de personas a través de fronteras cuyo único propósito en una sociedad libre es evitar el peligro de concentración de poder en un gobierno universal.

    Octavo, la regimentación de las relaciones laborales al efecto de contar con sindicatos convertidos en ejércitos de ocupación que no permiten a los trabajadores elegir el destino de sus ingresos y a través de legislaciones totalitarias que provocan daños irreparables a los más necesitados instaurando un sistema de dádivas para contar con apoyos condicionados.

    Noveno, la concentración de la facultad de prostituir la moneda al efecto de financiar las operaciones de los burócratas en el poder con el resultado de la estafa al poder adquisitivo de la unidad dineraria.

    Y décimo, ahora con la novedad respecto al socialismo tradicional al que se le adiciona la “ideología de género” que significa la obligación de terceros a contradecir la biología y la genética financiando caprichos de quienes se perciben de un modo distinto a lo que la naturaleza establece con agregados también de propuestas socialistas y la introducción del homicidio en el seno materno mal llamado aborto. Todo bajo el paraguas de un supuesto rechazo a la discriminación sin comprender que lo que no es aceptable es el trato desigual ante la ley por parte del gobierno pero cada uno en su ámbito privado naturalmente discrimina en cuanto a sus amistades, a sus lecturas, pasatiempos, compras, alimentaciones, vestimentas, músicas y todo lo que hace a la vida cotidiana. De más está decir que lo consignado en esta apartado no significa la pretensión de modificar lo que cada uno percibe de sí mismo, lo que se objeta es la obligación de otros de seguir pautas y definiciones no compartidas y mucho menos la obligación de financiar las inclinaciones de otros.

    Me extiendo un poco en este último punto pues estimo necesario precisar aún más lo que trasmito en esta materia. Por ejemplo, una cosa es que pretenda obligar a quien escribe un trabajo académico la sandez de sostener que el sexo depende de la percepción de cada cual y no de la estructura genética (independientemente que alguien se castre y se implante pechos) y otra bien distinta son los modales y el trato que requiere consideración sin necesidad de articular expresiones que no le resultan al receptor. Una vez en una presentación reciente me referí a una situación un tanto pedestre y grotesca para ilustrar el tema: si en un almuerzo se está con uno de los invitados que tiene mal aliento no es necesario declararlo a viva voz, es mejor respirar en otra dirección. Recordemos que, como queda dicho, el liberalismo demanda el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros, lo cual para nada quiere decir compartir o adherir al proyecto del vecino, se trata de que cada uno pueda hacer lo que le plazca siempre y cuando no lesione derechos de terceros. En este contexto destaco uno de los casos más repugnantes en la historia del espanto de la intolerancia y el más brutal avasallamiento de espacios privados: Oscar Wilde fue encarcelado durante dos años por ser homosexual lo cual arruinó completamente su vida y en la práctica dejó de existir a partir de su liberación, una injusticia que no puede ser reparada a los ojos del más elemental sentido de la humanidad.

    En otras palabras, en el Foro de San Pablo se reiteran lugares comunes fracasados y se improvisa malamente. Antes de pronunciarse es bueno consultar bibliotecas serias. Esteban Echeverría precisó la idea en su célebre primera lectura en el Salón Literario, en 1837, en pleno corazón del barrio de San Telmo, en Buenos Aires: “No nos basta el entusiasmo y la buena fe; necesitamos mucho estudio y reflexión, mucho trabajo y constancia”.

    En resumen, las ideas patrocinadas por el Foro de San Pablo pretenden empujar a los seres humanos por los caminos de la esclavitud por lo cual vuelvo a citar una advertencia de Aldous Huxley en la esperanza de revertir su diagnóstico tremebundo: “En mayor o menor medida, entonces, todas las sociedades civilizadas del mundo moderno están constituidas por un número reducido de gobernantes corruptos por exceso de poder y por una extendida clase de personas corruptas por exceso de obediencia pasiva e irresponsable».

  • Las rivalidades que vienen y la inocencia de los políticos.

    China quiere vender sus recursos, y adquirir materias primas. Para eso lanzó las Iniciativas de la Seda y el Camino y el Collar de Perlas. El gobierno del partido comunista chino se basa en un contrato social tácito. El gobierno garantiza al pueblo un aumento de sus niveles de vida, pero el pueblo no va a desafiar el monopolio del partido comunista chino. Por ahora, después de Tianamen, ese contrato social funciona bastante bien. Pero este acuerdo depende de que los chinos cada vez puedan conseguir las materias primas que necesita, y vender sus productos. Para esto dependen de la buena voluntad de los Estados Unidos, algo que no les gusta. Así que eventualmente van a necesitar bases en el extranjero para garantizar sus rutas marítimas, o sea un Collar de Perlas militar. Pero al hacerlo, de paso puede controlar las rutas marítimas de otros. Lo cual lleva a rivalidades de carácter militar.

    Por ejemplo, en 1900, los alemanes, cansados de depender de la buena voluntad de los británicos, decidieron tener colonias y una flota marítima lo cual hizo que los británicos, históricamente amigos de Gran Bretaña, se convirtieran en enemigos durante dos guerras mundiales. Lo mismo pasó cuando Japón, potencia emergente, decidió que no podía depender de la buena voluntad de los occidentales en garantizar sus fuentes de materias primas de Asia, así que crearon una flota, que chocó militarmente primero con los rusos, y que luego, cuando los norteamericanos no garantizaron sus rutas de materias primas, embargadas como represalia por la invasión a China, con los norteamericanos. Todos sabemos cómo terminó eso. El afán de China de poder garantizarse a sí misma las rutas de materias primas y sus recursos puede llevarla a choques militares con la India primero y luego con los Estados Unidos.

    El tema actual es que poco a poco, de la bipolaridad ideológica de la guerra fría, USA o URSS, o de la unipolaridad de los 90s donde los USA quedaron solos como árbitros del mundo, vemos surgir un mundo multipolar, similar a la Europa del siglo XIX, marcada por áreas de influencia definidas por intereses económicos más que ideológicos. Donde la Unión Europea (realmente el eje franco alemán), una Rusia que sigue en retroceso desde el fin de la Unión Soviética, una ascendente China, una emergente India, y posiblemente un Brasil que busca todavía su rol en el mundo, se pelean áreas de influencia, y buscan aliados no por ideología, sino por temas económicos específicos.

    Salvo los Estados Unidos y la EU que comparten la civilización occidental, cada potencia representa una civilización, Rusia, la cristiana ortodoxa, China, la civilización china, India, la India. Y todas apuntan a áreas de influencia local. Se alían pero también se enemistan por esas áreas. Rusia choca con los occidentales por la Ucrania, fuente de recursos mineros y agrícolas que rusos y alemanes han querido por siglos, y el Báltico o sea la salida a rutas comerciales marítimas, como fue en la era de los zares.

    Además quiere evitar que los árabes saudíes construyan un oleoducto a Europa a través de Siria. África es el gran premio en disputa la Unión Europea, representada por Francia, la China y la India. El control de Indico, ruta necesaria para mover materias primas a la India y China, va crear una guerra entre China y la India tarde o temprano. Los USA ven a Latinoamérica, sobre todo al Caribe, como su área de seguridad natural, pero el Brasil de Bolsonaro va a aspirar a ser el policía de Sudamérica posiblemente con el visto bueno norteamericano. Rusia, y China van a chocar en Asia central tarde o temprano por el Asia Central. Pero por ahora son aliados porque la ruta de la seda los beneficia, mientras no tengan bases militares. El mundo islámico por ahora también está en disputa, los europeos y los gringos van en retroceso, pero los rusos y chinos no van a llenar el vacío por ahora

    Los chinos quieren un Collar de Perlas civil y militar para garantizar la salida marítima de sus mercancías y la llegada de sus materias primas. Y esto puede traer problemas, sobre todo por la parte militar, garantizar las rutas marítimas, ya hemos dicho, puede afectar que otro garantice sus propias rutas marítimas. Y empieza una rivalidad naval que puede terminar mal.

    ¿Cómo afecta eso a Panamá? Panamá es parte del Collar de Perlas Chino… China quiere extraer recursos de Colombia y Venezuela, y quiere garantizar una ruta por Panamá.

    Si lo hiciera pacíficamente no habría problemas, pero ya vemos cómo busca mantener en poder al económicamente incompetente Nicolás Maduro, o ya ofreció a Panamá la trampa de la deuda china en forma de un ferrocarril. La cuenca del Caribe es área de seguridad nacional de los Estados Unidos, y éste no duda en mantener su hegemonía en ese sector. Que Panamá se vea involucrado en una rivalidad entre los Estados Unidos y China no es bueno. Sobre todo cuando el Brasil de Bolsonaro aspira ahora a ser el centro de Sudamérica, mientas que Lula practicaba con el Foro Social de Río, una política ideologizada de enfrentamiento al “capitalismo”, Bolsonaro parece saber que el capitalismo es la base del crecimiento económico, y busca convertir a Brasil en una potencia regional, con el visto bueno de los Estados Unidos.

    Esto pareciera que la Cancillería, enfocada en un mundo de biempensantes y “buenos ciudadanos globales”, parece ignorar que los países, en un mundo sin ideologías se siguen moviendo por los intereses nacionales, o en el peor de los casos por los intereses económicos personales de los dirigentes nacionales. Esto último puede ser que lo entienda bien el Presidente actual… aunque no sabemos si sus intereses personales coinciden con los del país.

  • Provocando a los gringos, el Canal y el peligro amarillo.

    Vemos que los Estados Unidos llamaron a consultas a sus embajadores o representantes diplomáticos en varios países que recientemente rompieron con Taiwán para establecer relaciones diplomáticas con China. Esto revela cierta molestia y preocupación en la Administración Trump por el avance del poderío diplomático de China. Para acabar de meter el dedo en la llaga y hurgarlo bien, la administración de Varela ha tomado medidas que parecen una provocación deliberada a los norteamericanos. Como concederle a China una embajada con vista al Canal, algo estratégico en caso de guerra, o concederle terrenos en Amador para que hagan un centro cultural, algo que también ha sido visto como otra provocación. Es como decir, “se fueron los gringos del canal, ahora sus rivales económicos y militares llegaron”. Varela se olvida que tomar partido en la rivalidad entre los dos mejores clientes del Canal no es buena idea. Sobre todo cuando todavía falta una generación para que China pueda ser rival de los norteamericanos en el poderío naval. El conflicto se viene gestando hace rato.

    China despierta.

    Los gringos están preocupados. China ya está cerca de ser la segunda economía del mundo si no lo es ya, superando a Europa, y pronto, en menos de una década sobrepasará a los Estados Unidos.

    La época del Made in América ya se acabó. Hace 40 años usábamos carros Ford o Chevrolet, tomábamos fotos con cámaras Kodak. Usábamos electrodomésticos Whirlpool o Westinghouse. Los televisores y tocadiscos eran RCA o General Electric.

    Hoy nada de eso está hecho en los Estados Unidos. Los carros que usamos son coreanos o japoneses, los electrodomésticos y cámaras también. Y casi todo está hecho con componentes hechos en China. China es el taller del mundo. Casi todos los productos manufacturados desde la ropa que vestimos a los celulares que usamos para chatear, a los componentes de esta computadora con la cual escribo estas líneas, son hechos en China.

    ¿Qué fabrican ahora los Estados Unidos? Aviones, armas de guerra. Los productos donde los Estados Unidos dominaron el mundo, ahora son hechos en China, Corea y Japón. La economía norteamericana vive de la agricultura, pero ésta no emplea a mucha gente y de los servicios. Y allí es donde está el problema. Los servicios financieros dependen mucho del dólar y la FED, lo cual puede ser una burbuja. Y los servicios de entretenimiento como las industrias del cine, la música y en menor lugar los deportes (los gringos no han logrado meter sus deportes con fuerza en el mundo salvo el basquetbol).

    El sector secundario norteamericano es lo que ha decaído, y en parte ésa es una de las razones por las cuales Trump fue electo presidente. Para restaurar la capacidad manufacturera de los Estados Unidos y darle trabajo a los obreros blue collar.

    Los chinos saben todo esto. Y los chinos tienen un hueso que roer. China se llama a sí misma el Renio del Medio. Por más de dos mil años China fue el país más poderoso del mundo. Y el país con mejores estándares de vida desde la Antigua Grecia. Pero vino la revolución industrial y China se quedó atrás para ser humillada por pequeños reinos Europeos. Los portugueses, los alemanes, los franceses y principalmente por los británicos. La guerra del Opio en mediados de los 1840s donde los británicos lograron a manu militaris el derecho de venderle drogas al pueblo chino, es vista como el inicio de la humillación de los cien años por parte de los occidentales. Tiempo que terminó con la victoria comunista en 1948.

    China estaba desde la invasión Manchú en 1700s en estado de perpetua guerra civil. Los chinos sacaron dos conclusiones. Para evitar ser humillada de nuevo China debía industrializarse, y rearmarse. También debería permanecer unida, porque la China humillada por manchúes, británicos y japoneses lo había sido por estar gobernada por señores de la guerra locales en lugar de tener un gobierno fuerte como el del Partido Comunista. Hasta cierto punto China abrazó el comunismo como una manera tener un gobierno monolítico que rearmara e industrializada al país. Económicamente el gobierno fue un fracaso pero políticamente logró su objetivo. Den Xiao Ping cambió la política económica a un capitalismo de Estado pero mantuvo la hegemonía del partido Comunista.

    Los chinos tienen ahora un plan de rearme, que busca crear anillos defensivos en todo el Pacífico, el primero es de Vietnam a Taiwán a Corea. Esto alarma a Japón. El segundo, mucho más polémico,  abarca a las islas del Pacífico en control de los Estados Unidos como Guam, las islas Marshall y las Aleutianas, esto ha despertado alarmas tanto en los Estados Unidos como en Australia. Cuando avance el siglo XXI veremos una rivalidad militar entre China y Estados Unidos con sus aliados por el control del Pacífico. A Panamá le conviene ser neutral en esa rivalidad. Y es allí donde está el problema con Panamá.

    Panamá en la estrategia naval norteamericana.

    El control de los mares ha sido visto como una de las maneras de lograr que una nación se convierta en gran potencia. Los romanos controlaron el Mediterráneo, el llamado Mare Nostrum. Los Españoles y Portugueses, los Franceses y Holandeses y los Británicos lucharon entre los siglos XVI y XVII lucharon por el control de los mares, y el Reino Unido gano esa rivalidad. Rule Britania, Britania Rule the Waves se convirtió en el segundo himno británico después de God Save the King.

    Los norteamericanos, siendo una ex colonia británica sabían esto, y se lanzaron a potenciar su marina, mucho más que su ejército que siempre fue chico hasta 1942. Se esforzaron en convertir al Caribe en su patio trasero, para evitar que las potencias Europeas lo controlaran. Y crearon el triángulo estratégico Cuba, Puerto Rico y Panamá en el Caribe. Cuba y Panamá se convirtieron en cuasi protectorados y Puerto Rico en una colonia. Tras la guerra hispano norteamericana, los norteamericanos se dieron cuenta que pasar buques del Atlántico al Pacífico, para un país con dos costas extensas como los Estados Unidos era vital, y se esforzaron en tener un Canal por Nicaragua o Panamá a toda costa. En esa época los norteamericanos eran segundones de Gran Bretaña, que era su rival más temido aunque hoy resulta difícil creerlo debido a la alianza entre estos dos países. En la Segunda Guerra Mundial esta estrategia les resultó. Pudiendo reforzar su flota del Pacífico rápido tras Pearl Harbor.

    Pero en la guerra fría ya no era tan importante. Los norteamericanos tenían ahora el control de los mares y tenían flotas enormes para cada océano. Además las armas nucleares hacían el canal un cuello de botella demasiado vulnerable para una flota. Después del 9 de enero de 1964, el Canal de Panamá y su zona aledaña se habían convertido en una vergüenza incómoda para los norteamericanos, y se iniciaron una serie de larga negociaciones con Panamá que culminaron con los Tratados Torrijos Carter y la devolución del Canal a Panamá en 1999.

    China desea tener un pie en Panamá

    Los Estados Unidos vieron al Canal de Panamá exclusivamente como un proyecto militar, no vieron su potencial comercial. Tampoco lo vieron los gobiernos de la Dictadura Militar. Las áreas revertidas se convirtieron en botín de los allegados a los militares y su única política era reemplazar una base militar norteamericana por una panameña. Tras la invasión de 1989 y la disolución de las fuerzas de defensa, los civiles panameños tomaron el control, y vieron correctamente al Canal como una empresa comercial. La Autoridad de las Áreas Revertidas se convirtió en la buena administradora de uno de los negocios de bienes raíces más grandes del mundo. Y la Autoridad Portuaria Panameña, una fuente de corrupción y contrabando durante el gobierno militar, fue eliminada al privatizar los puertos en las orillas del Canal de Panamá.

    Es allí donde los norteamericanos saltan. Cuando Hutchinson Wampoa, una compañía privada con capital Chino adquiere la concesión de los puertos de Balboa sobre una compañía Norteamericana. “Los chinos ahora tienen una base en las orillas del Canal” era el grito de los conservadores norteamericanos. Una de las razones por las cuales a Ernesto Pérez Balladares se le negó la visa después de ser presidente no tiene que ver tanto con el tráfico de chinos, después de todo fue peor con Endara, sino por ser presidente durante este período.

    Pese a que Hutchinson Wampoa se maneja puramente como una empresa comercial, ya era claro que los norteamericanos no tomaban a la ligera que los chinos estuvieran presentes en la boca del Canal de Panamá.

    ¿Cuál es el juego de la administración Varela?

    Varela decide romper relaciones diplomáticas con Taiwán y establecerlas con China. Esto en sí no es malo, China es el segundo mayor socio comercial de Panamá, y su gobierno representa a la quinta parte de la población de nuestro planeta. Es una potestad soberana de Panamá establecer relaciones con China Continental sobre Taiwán. Es más, se debió hacer hace mucho tiempo.

    Ese no es el problema. El problema es que pareciera que impulsado por unas expectativas totalmente ilusas de lo que los chinos pueden lograr al corto plazo, el gobierno está provocando a los norteamericanos. Porque las grandes inversiones chinas no se van a materializar hasta el siguiente gobierno, éstas no van a salvar la imagen del actual. Y como el gobierno actual ha elegido firmar todo lo que la OCDE le ponga enfrente, no puede usar a China como una ayuda en evitar las presiones de la OCDE o para compensar los negocios que pierde Panamá tras ceder con la OCDE, como lo está haciendo Hong Kong por ejemplo. En otras palabras, pareciera que el juego del gobierno Varela es provocar reacciones de los norteamericanos por puro deporte.

    Entre tanto el gobierno miopemente, y olvidado la reacción de los gringos en el caso Hutchinson Wampoa, otorga a los chinos terrenos para que hagan su embajada con vista al Canal de Panamá. Y para terminar de hurgar la herida, le otorgan terrenos en Amador, una antigua base militar norteamericana, también con vista al Canal para que hagan un enorme centro cultural. Para los gringos esto es peor que lo que pasó en los noventas del siglo pasado. Ya no se trata de una empresa comercial china que tiene presencia en las orillas del Canal. Ahora es directamente el gobierno Chino quien tiene presencia en las orillas del Canal. Esto le da una ventaja de inteligencia a los Chinos enorme y pone en peligro la neutralidad el Canal. Cuando los Gringos hicieron su embajada nueva la hicieron en Clayton, pero no en las propias orillas del Canal de Panamá.

    No sé si nuestro gobierno tiene una política de provocar directamente a Trump, recordemos cuando Varela hablaba de que los latinoamericanos tenían que unirse para hacerle frente a Trump una vez electo éste, o simplemente es puro autismo político. Autismo que se revela por ejemplo en cómo han ignorado por 4 años los temas económicos. El tema es que en estas cosas no pierde solo el gobierno actual, sino todo Panamá.

    Pero viendo nuestra política exterior en los últimos 4 años, que pierda Panamá no es algo que parece preocuparle a la presente Administración.

  • Estados Unidos es el más poderoso en Asia, pero enfrenta desafíos de China en el futuro

    En un nuevo informe que mide la dinámica de poder de los principales actores de la región asiática, Estados Unidos ocupa el primer lugar, pero se enfrenta a desafíos reales de una China cada vez más influyente.

    El Instituto Lowy, con sede en Australia, lanzó su primera edición del Índice de Poder Asiático, en el que midió 25 países y territorios con ocho indicadores de poder: recursos económicos; capacidad militar; resiliencia -la capacidad de disuadir amenazas reales o potenciales a la estabilidad del Estado-; proyecciones de tendencias futuras para los recursos económicos, militares y demográficos futuros en 2030; influencia diplomática; relaciones económicas; redes de defensa -la capacidad de aliarse con otros países para aumentar la capacidad militar-; e influencia cultural.

    Estados Unidos ocupó el primer lugar en la mayoría de las categorías, pero quedó por detrás de China en influencia diplomática, relaciones económicas y tendencias futuras.

    Influencia Económica

    Hervé Lemahieu, investigador del Instituto Lowy y director del Asia Power Index Project, explicó que el uso de la “diplomacia económica” por parte de China para comprar influencia tuvo éxito en la región. En particular, la iniciativa china One Belt, One Road (Un cinturón, Una Ruta) -en virtud del cual el régimen chino se asoció e invirtió activamente en proyectos de infraestructura en otros países- aprovechó la posición de China como prestamista y fuente clave de asistencia extranjera en Asia.

    Sin embargo, la iniciativa china One Belt, One Road tiene sus riesgos: un informe reciente concluyó que muchos países socios podrían quebrar como resultado del incumplimiento de los préstamos de China.

    Para esos países, a medida que se vuelvan cada vez más dependientes de China, los costos de aplicar políticas económicas independientes de Beijing -un factor clave en el indicador de “resiliencia”- serían cada vez mayores. Esto puede disuadirlos de mantener tales vínculos comerciales con el régimen chino en el futuro. “El riesgo es mutuo”, señaló Lemahieu.

    “Beijing está jugando un gran partido en la región. Si los países no cumplen con las iniciativas de One Belt, One Road, eso también es un peligro para la estabilidad económica de China”.

    Mientras tanto, Estados Unidos “fue excluido de la ecuación, en parte por sus propias acciones”, opinó Lemahieu, citando como ejemplo la retirada de Estados Unidos del pacto comercial de la Asociación Transpacífica (TPP por sus siglas en inglés). El presidente Donald Trump expresó en una reunión reciente con legisladores que reconsideraría unirse al TPP.

    En última instancia, refirió Lemahieu, Estados Unidos “necesita un proyecto o una señal de liderazgo tan comprometido con la región como One Belt, One Road”, como dirigir más inversión extranjera en Asia y buscar acuerdos de libre comercio y otras iniciativas de “orden basado en reglas” que tuvieron éxito en el pasado.

    También instó a Estados Unidos a diversificar las relaciones comerciales en Asia, ya que el comercio con China representa el 46 por ciento del comercio de Estados Unidos en la región. El siguiente socio comercial más importante de Estados Unidos en Asia, Japón, representa apenas 14 por ciento, según el índice.

    Relaciones Diplomáticas

    A muchos países les preocupa que Estados Unidos se retire de la región; Japón, por ejemplo, depende en gran medida de su alianza militar con Estados Unidos para la disuasión nuclear, pero le preocupa la posibilidad de que tras las conversaciones de desnuclearización entre Estados Unidos y Corea del Norte, el país retire sus tropas de la península coreana, destacó Lemahieu.

    La semana pasada, Trump aseguró que no ofrecería retirar o reducir las tropas estadounidenses durante las conversaciones con el líder norcoreano Kim Jong Un.

    Preparándose para la posibilidad de que Estados Unidos no sea la primera potencia en Asia en el futuro, Australia, un importante aliado de Estados Unidos, comenzó a fortalecer las relaciones con sus vecinos de Asia y el Pacífico, como Singapur, Japón e Indonesia.

    Mientras tanto, la política “Act East” de la India defendida por el primer ministro Narendra Modi -que busca trabajar con los principales actores de Asia para crear un contrapeso estratégico a China- no brindó muchos resultados, comentó Lemahieu. La lucrativa atracción económica de China sigue siendo una prioridad para los países de la región.

    Sin embargo, Lemahieu agregó que, en última instancia, las alianzas de defensa de Estados Unidos en Asia hacen que el país sea muy superior en capacidades militares, un problema importante para China.

    China solo tiene un aliado de defensa, Corea del Norte, a menudo poco fiable, mientras que muy pocos países asiáticos  optaron por alinearse con las políticas de seguridad de China, debido en gran medida a las posiciones agresivas del gigante asiático en disputas geográficas. “China todavía está bastante rodeada de relaciones tensas con sus vecinos”, remarcó Lemahieu.

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    En términos de influencia cultural, Estados Unidos también va muy por delante. Es el destino preferido de los estudiantes universitarios en Asia, atrayendo alrededor de medio millón de estudiantes cada año.

    Y mientras que China invirtió fuertemente en la presencia de sus medios de comunicación estatales en el extranjero, los medios de comunicación estadounidenses siguen siendo mucho más influyentes. “Es importante para formar la opinión pública”, recalcó Lemahieu.

    Para que Estados Unidos continúe liderando la economía mundial, Lemahieu explicó que el país debe seguir invirtiendo en investigación y desarrollo tecnológico (I+D), para poder mantener su ventaja tecnológica. “Eso es lo que Estados Unidos necesita para competir”.

    El régimen chino fue ambicioso en sus intentos de alcanzar a Estados Unidos, empleando a 1,6 millones de investigadores en I+D tecnológica, según el índice.

    Por Annie Wu