Javier Milei se ha autoproclamado líder mundial, faro de la libertad y el libertario más influyente de la historia. Palabras grandilocuentes, cargadas de épica, que sin embargo contrastan de manera brutal con su silencio actual ante uno de los problemas más graves del escenario económico global: el regreso del proteccionismo y la reactivación de una guerra comercial liderada por Donald Trump.
Estados Unidos arrastra una deuda pública que ya supera los 34 billones de dólares. El desbalance fiscal es estructural y creciente, y la política económica se ve cada vez más condicionada por el peso de los intereses de esa deuda. En este contexto, el discurso nacionalista y proteccionista vuelve a ganar espacio. Trump ha retomado la agenda arancelaria, proponiendo medidas que restringen el comercio internacional, con el argumento de proteger empleos americanos y reforzar la soberanía económica.
Lejos de ser una política inocua, esta estrategia tiene efectos profundamente negativos para el resto del mundo: encarece los bienes, distorsiona los flujos comerciales, reduce el crecimiento global y pone en riesgo décadas de apertura económica que, con sus imperfecciones, han sacado a millones de personas de la pobreza.
Aquí es donde Milei, el autodeclarado cruzado del capitalismo y defensor del libre mercado, debería levantar la voz. Este sería el momento ideal para ejercer ese liderazgo del que tanto habla, para plantarse en defensa de los principios que dice representar. ¿Quién mejor que él, con llegada mediática internacional, para señalar los peligros de los aranceles, para advertir sobre los costos de aislar economías y cerrar fronteras comerciales?
Y sin embargo, el silencio es absoluto. No hay declaraciones, no hay discursos, no hay posicionamiento. Lo único que se ve es a Milei encerrado en Twitter, replicando memes, atacando a periodistas y celebrando su propio ego. ¿Dónde está la voz libertaria que debía resonar cuando el mundo la necesitaba?
Este contraste no es menor. Deja en evidencia una realidad incómoda: Milei no está comprometido con los ideales liberales, sino con una estética del liberalismo puesta al servicio de su construcción personal. Lo suyo no es un proyecto de ideas, sino un ejercicio performático. Y cuando las circunstancias exigen coherencia, Milei opta por callar.
El verdadero liderazgo no se mide por los títulos que uno se adjudica, ni por premios de dudosa raigambre, sino por la capacidad de sostener principios incluso cuando resultan incómodos. Hoy, frente a un ataque directo al libre comercio y a las bases del sistema económico global, Milei, el libertario, ha elegido no incomodar a sus aliados, no abrir ningún frente, no arriesgar su capital político. Ha elegido ser funcional al proteccionismo.
Y así, el supuesto faro de la libertad revela su verdadera condición: un reflector de utilería, que solo se enciende cuando el guion le conviene.
Trump escala posiciones en sus declaraciones de guerra comercial y recién ha empezado su segundo mandato. Ante la protesta del gobierno colombiano por las condiciones de deportación de sus ciudadanos, el 47º presidente estadounidense respondió con un furibundo anuncio de 25 % de aranceles (lo que obligó a Petro a echar atrás sus exigencias). Contra Canadá y México, sus vecinos y socios comerciales, acaba de firmar una subida arancelaria también del 25 %. ¿Las razones? Según Trump, el coladero que son sus fronteras para el paso de drogas e inmigrantes ilegales. A China le ha impuesto, por ahora, un 10 % arancelario. Pero la promesa electoral fue de un 60 %. Las guerras comerciales son, en el siglo XXI, uno de los instrumentos estratégicos más controvertidos en el ámbito de las relaciones internacionales.
Estas políticas han transformado las dinámicas económicas globales, reconfigurando cadenas de suministro y mercados, e impactando profundamente en las estructuras geopolíticas, sociales y financieras.
Esta estrategia, sin embargo, no se limita a un enfrentamiento bilateral. Estados Unidos también ha impuesto barreras comerciales a socios tradicionales como la Unión Europea y Canadá. Así, las alianzas tradicionales se han convertido en secundarias frente al objetivo unilateral de maximizar beneficios.
Los impactos de estas políticas repercuten tanto en las relaciones entre gobiernos como, de manera directa, en los consumidores y productores.
Aranceles y economía doméstica
La implementación de aranceles sobre productos provenientes de China, como bienes tecnológicos y equipos manufacturados, ha hecho aumentar sus precios en mercados como el estadounidense.
Como ocurre siempre que los bienes se encarecen, esto ha perjudicado especialmente a los sectores más vulnerables de la población, al exacerbar las desigualdades económicas y afectar a su poder adquisitivo.
Muchas empresas, para mantener su competitividad, han optado por relocalizar sus operaciones en países como Vietnam, Malasia o México, lo que conlleva costes de transición y adaptación.
Desde 2019 Estados Unidos mantiene el bloqueo a la elección de nuevos miembros del Órgano de Apelación de la OMC. Esto ha debilitado su capacidad de resolver disputas y ha incrementado la incertidumbre y la posibilidad de que las tensiones comerciales se intensifiquen.
Si bien la regionalización obliga a revisar la sostenibilidad del sistema multilateral de comercio, en este contexto de inestabilidad e incertidumbre los países buscan alternativas que les garanticen estabilidad económica. Aunque estas soluciones refuercen la fragmentación del comercio global.
Guerra comercial y geopolítica
El impacto de las guerras comerciales también se manifiesta en la esfera geopolítica. La rivalidad entre Estados Unidos y China, impulsada en parte por los aranceles y las restricciones tecnológicas, redefine las alianzas internacionales.
Por un lado, países como Japón y Corea del Sur han estrechado lazos con Estados Unidos para contrarrestar la influencia china.
Por otro, economías emergentes en América Latina, como México y Brasil, hacen frente a presiones para alinearse con uno de estos bloques, lo que limita su capacidad de maniobra y autonomía en el escenario global.
En Europa, las tensiones con Estados Unidos han llevado a la Unión Europea a preparar nuevos aranceles y a fortalecer las regulaciones para proteger sus industrias estratégicas, como la automotriz y la tecnológica.
Incertidumbre y volatilidad
Si bien la fijación de aranceles puede ofrecer a los países que los aplican beneficios inmediatos en términos de ingresos fiscales o influencia política, sus costos sociales y económicos pueden ser enormes.
Las tensiones comerciales aumentan la volatilidad de los mercados bursátiles, afectan las decisiones de inversión y debilitan las perspectivas de crecimiento económico global.
La solución va más allá de eliminar aranceles o revertir políticas proteccionistas: se necesita un enfoque más estratégico y resiliente. Esto implica fomentar la cooperación internacional para abordar las tensiones comerciales, reformar los mecanismos de resolución de disputas de la OMC y promover la relocalización de cadenas de suministro hacia regiones más estables.
Los países que aplican aranceles también deben considerar el impacto de esta medida en las familias. El aumento de los precios debe obligar a tomar medidas que mitiguen el aumento de las desigualdades sociales y protejan a los sectores más vulnerables.
Las guerras comerciales del siglo XXI reflejan un equilibrio complejo entre la protección de los intereses nacionales y la preservación de la estabilidad global. La clave para avanzar radica en adoptar un enfoque basado en la cooperación y la sostenibilidad que, además de los beneficios económicos inmediatos, también tome en cuenta el bienestar colectivo y la cohesión internacional a medio y largo plazo.
China anunció nuevos incentivos fiscales y exenciones de impuestos a la importación a principios de este mes, a la vez que amplió formalmente la Zona de Libre Comercio de Shanghai en medio de las crecientes tensiones en la guerra comercial con Estados Unidos. El Consejo de Estado, dio a conocer el plan para duplicar el tamaño de la zona, al agregar Lingang, un área de mar recientemente recuperada.
Se esperaba que Lingang fuera agregada a la zona luego de que el presidente chino, Xi Jinping, anunciara en noviembre que la zona franca se expandiría para profundizar las reformas económicas y abrir aún más el mercado chino. «Es un área extensa que puede albergar mega proyectos de fabricación, complejos comerciales e instalaciones de entretenimiento», dijo Cao Hua, socio de la firma de capital privado Unity Asset Management.
Lingang se encuentra en el extremo sureste de Shanghai y está conectada al puerto de aguas profundas Yangshan de la ciudad por el puente Donghai de 32 km (20 millas) y es aproximadamente del tamaño de la región administrativa especial de Hong Kong. El área alberga el Gigafactory 3, la primera fábrica de la compañía de automóviles Tesla fuera de los Estados Unidos, que se espera empiece a operar a fines de año y que inicialmente fabricará alrededor de 3,000 autos Modelo 3 a la semana.
La expansión se produce después de una década de creciente competencia entre los puertos continentales y Hong Kong. Shanghai también está considerando planes para transformar Lingang en un mini mercado libre de Hong Kong en las próximas dos décadas.
«[La expansión de la ZLC de Shanghai] también es un paso importante para demostrar la clara posición de China para la apertura general en la nueva era y su papel activo en guiar el desarrollo saludable de la globalización económica», dijo Wang Shouwen, viceministro chino de comercio, y afirmó que Beijing no dudaría en abrir más sus mercados, independientemente de la evolución de los lazos comerciales con otros países.
Como parte de ese compromiso, los aranceles serían diferidos o incluso no cobrados en ciertos productos enviados a través de la nueva sección de Lingang, dijo el vicealcalde de Shanghai, Chen Yin. «Las mercancías del extranjero que ingresen a las áreas aduaneras cercadas de la nueva área estarán sujetas a exención de impuestos o fianzas», dijo Chen.
Según el plan general, la nueva sección de Lingang incluirá un área cercada donde se aplicarán políticas fiscales especiales para los bienes que ingresan desde el extranjero, así como las transacciones de bienes y servicios entre empresas dentro del área.
Shanghai también reduciría las tasas de impuesto a las ganancias corporativas en Lingang para empresas en industrias preferentes, incluidos circuitos integrados, inteligencia artificial, biomedicina y aviación civil. «La nueva área de la ZF pondrá al desarrollo industrial en una posición más prominente», dijo Wang. También se ha creado un fondo de desarrollo especial, con más de 100 mil millones de yuanes (US $ 14 millones) para atraer el mejor talento e infraestructura a Lingang en los próximos cinco años.
Los cultivadores de soja de EEUU, que están comenzando a cosechar su producto para el año que viene, saben que posiblemente tendrán que almacenar parte de su cosecha de la semilla oleaginosa para que enfrentar la gran guerra comercial con China.
China impuso aranceles sobre los frijoles estadounidenses en represalia a las medidas de la administración Trump, y los compradores de la nación asiática están recurriendo a otras fuentes de suministro. Sin una solución rápida, los flujos comerciales globales de soja pueden cambiar irreversiblemente, excluyendo parte de los productos estadounidenses.
Los últimos datos federales, muestran que las ventas de soja estadounidense a China han disminuido en un 94% con respecto a la cosecha del año pasado. La esperanza es que los precios suban antes de que el producto se eche a perder.
El presidente Trump ha visto en los aranceles la herramienta para llevar a cabo los cambios en las relaciones económicas con China y otros socios comerciales con la idea de impulsar la industria estadounidense del acero o la fabricación de automóviles, que ha ido perdiendo terreno frente a sus rivales extranjeros. Pero eso tiene un alto costo para algunas industrias, como la agricultura, que ha prosperado en la era de la globalización gracias a la exportación de productos a mercados extranjeros.
En 2017, la soja fue la mayor exportación agrícola de Estados Unidos a China, que representa alrededor del 60% del comercio mundial de productos básicos. El país consumió 110 millones de toneladas de soja en ese año, y el 87% de esos frijoles fueron importados, esto en gran parte para sostener su industria ganadera, ya que los granos se trituran para su uso en la alimentación animal.
Después de China, los países de la UE son el segundo mayor comprador de soja procedente de EEUU, por lo que ante la posible pérdida del mercado chino, el desafío para los EEUU es encontrar suficiente demanda en Europa y en otras partes del mundo para absorber su producción de soja. La UE ha comprado tradicionalmente más a Brasil que a EEUU, aunque la brecha ha comenzado a cerrarse en los últimos años.
En cuanto a China, ha dejado claro que ya está buscando satisfacer sus necesidades de soja en otras partes del mundo, y su proveedor clave a nivel mundial es Brasil, que se ha convertido en un importante productor en los últimos años, superando incluso a los EEUU. Pero también hay factores estacionales a considerar porque la temporada pico de Brasil tiende a ser más temprano en el año, mientras que la temporada en los EEUU es de otoño a invierno, por lo que es poco probable que Brasil por sí solo pueda satisfacer la demanda china. Algunas naciones que cultivan soja, como Canadá, están enviando sus propios frijoles a China a precios altos y luego compran frijoles estadounidenses a precios más bajos para satisfacer la demanda interna.
Algunos analistas predicen que China se verá obligada a comprar más frijoles estadounidenses después de que agote estas fuentes, otros tienen la esperanza de que China y Estados Unidos alcancen un acuerdo para eliminar los aranceles, pero esperar conlleva riesgos, la soja puede echarse a perder. «Desafortunadamente, la esperanza es un plan de marketing terrible», dijo Nancy Johnson, directora ejecutiva de la Asociación de Productores de Soja en Dakota.
El gobierno de Trump dijo en agosto de este año que distribuiría $3.6 mil millones a los agricultores de soja para compensar la caída en los precios del mercado. Sin embargo, la tasa de subsidio de 82.5 centavos por bushel cubre menos de la mitad de las pérdidas que enfrentan los agricultores en el país a los precios actuales del mercado.
Los agricultores por su parte están planteandose diverisificar sus cosechas y plantar la mitad de los acres de soja y en su lugar, dedicar más tierra al maíz, y también al trigo por primera vez en dos décadas, y quizás a cultivos especiales como guisantes y frijoles negros, que requieren más trabajo y equipo especializado, pero que también tienen precios más altos en el mercado.
En fin, la idea es encontrar un balance y no tener tantas pérdidas en medio de una guerra en el que el sector agricola está saliendo muy perjudicado.
Un economista predice que el acuerdo comercial entre EE.UU. y China se firmará en 2019
Los resultados de las elecciones de mitad de período de 2018 en Estados Unidos no ayudaron a los objetivos geopolíticos del régimen comunista chino, el cual desplegó su brazo propagandístico en el extranjero para influir en los votantes de regiones clave de Estados Unidos.
Beijing podría verse obligado a hacer concesiones cuando el mandatario chino Xi Jinping se reúna con el presidente estadounidense Donald Trump en una cumbre programada para finales de este mes, debido a la creciente tensión como resultado de la presión económica interna y la guerra comercial entre China y Estados Unidos.
Al 8 de noviembre, los republicanos controlaban 51 bancas en el Senado frente a los 44 del Partido Demócrata, mientras que los demócratas obtuvieron la mayoría en la Cámara de Representantes, con 225 escaños frente a los 197 del Partido Republicano.
En la mañana del 7 de noviembre, el día después de las elecciones, Trump escribió en un tuit: “Recibí tantas Felicitaciones de parte de muchos por nuestra Gran Victoria de anoche, incluyendo de naciones extranjeras (amigas) que me estaban esperando, y anhelando acuerdos comerciales. Ahora todos podemos volver al trabajo, ¡y hacer las cosas!”.
Muchos republicanos que mantuvieron o ganaron sus posiciones son partidarios de la política de Trump de endurecer las relaciones con China. El objetivo de la administración Trump de obtener concesiones chinas en las relaciones comerciales está ganando poco a poco el apoyo bipartidista de varios líderes demócratas que se pronuncian a favor del aumento de los aranceles de Washington sobre el acero y el aluminio chino, a pesar de su oposición al presidente en otros asuntos.
El vicepresidente Mike Pence pronuncia un discurso en el Instituto Hudson sobre la política de la administración Trump hacia China, en Washington el 4 de octubre de 2018. (JIM WATSON/AFP/Getty Images)
Sherrod Brown, senador demócrata de Ohio que le ganó al republicano Jim Renacci, informó que “apoyé los aranceles al acero desde el principio, porque el engaño de China le costó el empleo a demasiados trabajadores siderúrgicos de Ohio”.
Ohio es un estado industrial, y la manufactura contribuye a una parte significativa de la economía local.
En Iowa donde el medio China Daily, controlado por el Partido Comunista Chino, publicó un inserto en el Des Moines Register criticando las políticas comerciales de Trump porque eran perjudiciales para los agricultores de la región, el gobernador republicano Kim Reynolds prevaleció contra el aspirante demócrata Fred Hubbell. Los republicanos consolidaron sus mayorías tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado para ese Estado.
La demócrata Abby Finkenauer, que derrotó al republicano Rod Blum por un escaño en la Cámara de Representantes, afirmó durante la campaña que su hermana y su cuñado eran agricultores de maíz y soja. Según ella, fueron impactados por la guerra comercial entre Estados Unidos y China después de que China impusiera aranceles del 25 por ciento a los productos agrícolas de Estados Unidos.
Finkenauer se pronunció en contra de la política comercial de Trump, diciendo que “los aranceles deben ser justos”.
En julio, el medio CGTN (China Global Television Network), dirigido por el régimen chino, publicó una animación en inglés, “Monólogo de una soja”, en la que afirmaba que Trump era el responsable de que China trasladara sus compras de soja a Brasil y Argentina. La animación alentaba a los espectadores estadounidenses a elegir a “la persona adecuada” en las elecciones de mitad período.
El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, citando a funcionarios de inteligencia, declaró en un discurso pronunciado en octubre que “China apunta a los gobiernos y funcionarios estatales y locales de Estados Unidos para explotar cualquier división entre los niveles federal y local en materia política. Está utilizando temas polémicos, como los aranceles comerciales para promover la influencia política de Beijing”.
Sin embargo, los resultados generales de las elecciones de medio período no sugieren que el PCCh haya tenido éxito.
La líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi (D-CA), da una conferencia de prensa después de las elecciones de mitad de período de 2018 en el Capitolio, en Washington, el 7 de noviembre. (Zach Gibson/Getty Images)
En el artículo, Rapoza dijo que tanto los republicanos como los demócratas apoyan los aranceles justos sobre los productos chinos.
Mencionó a la líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, quien probablemente se convertirá en presidente de la Cámara después de llevar a los demócratas a la mayoría. En un comunicado de prensa, Pelosi sostuvo:
“El informe de la investigación del Representante Comercial de los Estados Unidos sobre el robo de propiedad intelectual de China es un buen primer paso, pero se necesita mucho más para hacer frente a todo el espectro del mal comportamiento de China. Las barreras regulatorias de Beijing, los requisitos de localización, los abusos laborales, la política anticompetitiva ‘Made in China 2025’ y muchas otras prácticas comerciales desleales requieren una respuesta completa e integral. Los aranceles anunciados hoy deben ser utilizados como un punto de apoyo para negociar un comercio más justo y abierto para los productos estadounidenses en China”.
Larry Kudlow, el asesor económico de la Casa Blanca, dijo en julio que: “Xi parece pensar que si espera las elecciones de noviembre, Trump se debilitará y, por lo tanto, aflojará la mordida. Es una apuesta muy mala”.
Con republicanos y demócratas prominentes más o menos alineados con la política de China, Trump estará llegando a su reunión con Xi en la cumbre del G20 con una confianza bipartidista.
Allan von Mehren, analista jefe del Danske Bank y economista especializado en China, alegó que cree que hay un 60 por ciento de posibilidades de ver una reunión positiva de Trump-Xi en la que ambos líderes alcanzarían “un marco claro para la negociación con una lista de demandas y un plan para trabajar en ellas una por una”.
Von Mehren predice que Beijing y Washington firmarán un acuerdo comercial en 2019.
En la disputa comercial con China, Estados Unidos ha desafiado repetidamente al régimen chino por su desarrollo de tecnologías avanzadas patrocinadas por el Estado, acusando a Beijing de socavar la competencia leal al mismo tiempo que justifica el robo de tecnología extranjera para servir a los intereses nacionales de convertirse en una fuerza matriz en la manufactura de alta tecnología.
El plan industrial “Hecho en China 2025“, que propone orientar a China hacia la autosuficiencia en diez sectores de tecnología para el año 2025, fue citado repetidamente como evidencia de la agresiva ambición de Beijing.
A fines de junio, China decidió atenuar la retórica nacionalista a medida que se acercaban los aranceles punitivos del presidente Donald Trump sobre los productos chinos.
Una directiva interna de las autoridades centrales de China, filtrada a los medios de comunicación taiwaneses, instruyó a la prensa china a no mencionar Made in China 2025, “de lo contrario, se impondrá el castigo”. Varios periodistas de medios de comunicación estatales también confirmaron la existencia de tales instrucciones a Reuters.
Después de la difusión de Made in China 2025, Beijing ahora está cambiando a una nueva estrategia ambiciosa, China Standards 2035.
La estrategia
En enero de este año, la agencia de noticias estatal Xinhua mencionó por primera vez esta estrategia en un breve artículo, que pasó inadvertido en gran parte, de una conferencia nacional sobre los estándares de la industria de Tecnología de la Información (TI).
Para dominar tecnologías de vanguardia como la Inteligencia Artificial (IA), computación en la nube, Internet de las Cosas (IoT) y big data, China está apuntando a acelerar los esfuerzos para desarrollar estándares técnicos y, finalmente, exportarlos al mercado internacional, señala el informe.
Si bien aún no se han establecido los estándares técnicos mundiales para estas tecnologías, “esta es la oportunidad de oro para que las industrias y los estándares de nuestro país alcancen el objetivo de ‘adelantar cambiando de carril’”, citó el artículo a un funcionario del comité técnico nacional de China, la Administración de la Normalización.
Esa metáfora se usa comúnmente en los medios de comunicación estatales Chinos para describir cómo encontrar atajos para superar a otros países y convertirse en líder.
Muchas de estas industrias tecnológicas, como la Internet de las Cosas (IoT) –dispositivos inteligentes que pueden conectarse a Internet– tienen una serie de organismos de estándares internacionales que supervisan la propiedad intelectual, los estándares de producción y seguridad, y más.
Para ejercer una mayor representación –y por lo tanto, influencia– sobre los organismos internacionales de normalización, China ya aumentó estratégicamente su participación de mercado en estos campos tecnológicos.
Al hacer que las normas técnicas Chinas se conviertan en portadoras de normas internacionales, el país ya no tendrá que depender de tecnología extranjera.
Un visitante prueba un dispositivo IoT en el Congreso Mundial de Soluciones de Internet de las Cosas 2015 en Barcelona el 16 de septiembre de 2015. (JOSEP LAGO / AFP / Getty Images)
Además, permitiría a las empresas chinas obtener ventajas económicas, ya que una vez que las empresas en otros países se vean presionadas en otros países para cumplir con el estándar global desarrollado por los chinos, pueden “vender sus productos de forma más amplia o ganar regalías de la licencia de sus patentes de conformidad con las normas a fabricantes que desarrollan dispositivos bajo ese estándar y otras compañías relacionadas”, según un informe del Congreso de Estados Unidos, publicado recientemente, que trata sobre el predominio de China en la industria de IoT. El informe advierte sobre los riesgos de que las vulnerabilidades de seguridad fueran explotadas por entidades chinas.
La autosuficiencia y la necesidad de desarrollar tecnologías nacionales ha sido especialmente un tema de conversación para el mandatario chino Xi Jinping en los últimos tiempos, dados los problemas recientes relacionados con la disputa comercial con Estados Unidos. Cuando la administración de EE. UU. prohibió al gigante chino de telecomunicaciones ZTE comprar piezas y software a proveedores estadounidenses a principios de este año, esta prohibición paralizó el negocio de ZTE. La firma importaba principalmente chips semiconductores de Estados Unidos.
China Standards 2035 es el esfuerzo de Beijing para coordinar y acelerar los planes de autosuficiencia. Otro informe de los medios de comunicación estatales sobre la conferencia de enero, señaló que la Administración de Normalización seleccionará 10.000 firmas en 100 ciudades para “elevar los estándares Chinos y permitirles alcanzar la coherencia con los estándares internacionales avanzados”.
El papel de Taiwán y 5G
Para lograr sus objetivos de China Standards 2035, China estuvo atrayendo a muchos fabricantes taiwaneses por contrato para asociarse con empresas chinas en Inteligencia Artificial (IA), Inteligencia de las Cosas (IoT) y otras industrias tecnológicas, de acuerdo con un informe del 23 de octubre de la revista CommonWealth, una publicación taiwanesa.
Un funcionario del centro de investigación y desarrollo de Advantech, un fabricante con sede en Taiwán, dijo a CommonWealth que muchas de las propuestas y solicitudes para IoT y fabricaciones inteligentes “provienen de China, ya que EE. UU. no tienen este tipo de demanda”.
La revista también nombró a TSMC, Largan Precision y Compeq Manufacturing entre la lista de socios del gigante chino de telecomunicaciones Huawei, que anunció en octubre que había desarrollado dos nuevos chips para aplicaciones de inteligencia artificial, como los primeros ejemplos del mundo. En la cumbre donde se dieron a conocer los chips, Huawei dejó en claro sus intenciones de dominar la próxima generación de estándares técnicos para los chips de IA.
No es una coincidencia que Huawei haya desarrollado la tecnología 5G, la próxima generación de redes inalámbricas, de manera intensiva, y se establezca como un líder mundial en el campo.
Después de todo, la Inteligencia Artificial, los dispositivos inteligentes, la computación en la nube y otros campos dependen de la infraestructura 5G para ofrecer una conectividad más rápida y confiable.
China ha adoptado un “enfoque de todo el país que ha creado un ecosistema completo para tecnologías 5G fabricadas en el país y ha promovido su inclusión en estándares técnicos internacionales. Con diez veces el número de sitios 5G por persona que en los Estados Unidos, China parece liderar el despliegue temprano de 5G”, dijo el informe del Congreso de los Estados Unidos.
Como sabemos, toda crisis puede convertirse en una oportunidad y esto es lo que está aprovechando el comercio electrónico transfronterizo.
A pesar de que nunca anuncian su propia marca, y permanecen ocultos para el consumidor final, plataformas de comercio electrónico como Youkeshu, están emergiendo en un contexto global proteccionista, confiando no solo en sobrevivir en esta guerra comercial, sino aprovechar la oportunidad como una ventaja para expandirse en el mercado.
Esta compañía, se alzó como uno de los principales actores entre las plataformas de comercio electrónico en China, teniendo actualmente 3.500 empleados y generando unos 600 millones de dólares en 2017, vendiendo aproximadamente 100,000 paquetes al día, cada uno valorado de $5 a $10.
Youkeshu toma los productos «hecho en China» y los oferta para más de 100 países, vendiendo en el extranjero a través de sitios web como Amazon o eBay, o muchas de las cosas que podríamos encontrar en Alibaba o Tmall, excepto comida.
La última ronda de aranceles de la administración Trump sobre productos chinos comenzó la semana pasada, imponiendo un 25% aranceles sobre otros $16 mil millones de productos y que afectan a 279 productos chinos más, en total unos $50 mil millones de más de 1000 productos chinos afectados. Sin embargo, estos aranceles se aplican solo a los paquetes individuales de un importe mayor a $800. En Youkeshu ningún paquete supera este límite, generando grandes ingresos con la entrega de paquetes pequeños y satisfaciendo mejor las necesidades personalizadas.
Si esta guerra comercial continua en los próximos tres a cinco años, el comercio electrónico transfronterizo será el canal para enviar productos chinos de ultramar. De hecho, el comercio electrónico transfronterizo ya se ha convertido en una parte importante del panorama de las exportaciones chinas. El año pasado, las exportaciones transfronterizas de comercio electrónico crecieron un 14,5%, lo que representa el 42% de los 15 billones de exportaciones totales, aunque la mayoría de las exportaciones todavía son generadas por empresas B2B (business to business), siendo las empresas B2C (business to consumer) como Youkeshu una minoría.
Por otra parte, Youkeshu necesita al menos un margen bruto del 50% para alcanzar un margen neto de alrededor de 6-7%, por lo que tienen que vender sus productos al más del doble debido a la gran cantidad de costos que tienen que afrontar tanto de las plataformas de comercio como Amazon, como el almacenamiento y la logística, proveedores de pago, o tarifas de conversión de divisas. Por ejemplo, saber qué moneda mantener y qué convertir puede tener un gran impacto en el beneficio de la compañía. Con solo cambiar entre renminbi en tierra (CNY) y renminbi en el mar (CNH), Youkeshu salvó 2 a 3 millones el año pasado, eligiendo mantener siempre la moneda más fuerte. La última estrategia fue ahorrar tantos dólares estadounidenses en Hong Kong como sea posible en la reciente devaluación de esta moneda.
Además, desde generar un pedido hasta que Youkeshu finalmente recibe el pago, normalmente demora 45 días. El equipo también debe pronosticar los futuros pedidos y entradas para cuantificar los pedidos futuros a los fabricantes chinos y organizar mejor los préstamos si es necesario. Un solo pedido de $1 millón podría ser un riesgo y podría no contener demasiada información en él. Pero $1 millones de ventas de Youkeshu son generadas por miles y miles de pedidos, y estos datos sí son significativos para entender el mercado y predecir las entradas futuras.
También han tenido el obstáculo a nivel bancario ya que no tienen un registro de los bienes que pasan por aduana, por lo que los bancos no pueden verificar la autenticidad y por lo tanto, no se atrevían a resolver el cambio de divisas para ellos. Sin embargo, Youkeshu tuvo la suerte de recibir una llamada de un gerente de clientes de Citibank después de su visita a la sucursal, y después de ver sus más de 300 empleados trabajando toda la noche para atender pedidos, finalmente accedieron, ayudándoles posteriormente a abrir más de 10 cuentas en diferentes países, así como otras empresas de comercio electrónico transfronterizas. Un éxito que no se ha perdido Citibank, y que desde entonces promovió para convertirse en el director de comercio electrónico transfronterizo.
Como vemos, el e-commerce transfronterizo ha sido capaz de desarrollarse en una coyuntura económica desfavorable y con numerosos obstáculos, convirtiéndose en una opción real de comercio mundial que debemos potenciar.
Liberar el comercio interno para competir en el comercio internacional
A partir de 2018 se acabaron los miramientos: Estados Unidos comenzó a castigar a China por sus injustas prácticas comerciales y les advirtió a sus aliados, como Europa o Canadá, de sus políticas de comercio dispares. Desde entonces, el comercio ha estado en todos los titulares, con amenazas y contra amenazas de ambos lados.
Pero este ir y venir distrajo al mundo del hecho de que estamos en un paradigma anticuado, y que una solución mayor podría resultar ser bastante simple.
Para el paradigma actual de comercio, cuando se lo ve desde dentro del complejo y rígido sistema de comercio burocrático internacional que es la Organización Mundial de Comercio (OMC) y las diferentes instituciones nacionales con la tarea de administrar el comercio, esta escalada en la guerra comercial de la administración de Trump es entendible y justificada.
Según las (muy defectuosas) reglas de juego, China se está aprovechando de las políticas de libre comercio de Europa y EE. UU. para avanzar oficialmente con su política de completa dominación de todas las industrias. Europa y el resto de Asia están tratando de ganarle un poco de ventaja a Estados Unidos, aunque en principio están más interesados que China en un comercio justo.
Para Estados Unidos, la tolerancia de tales prácticas de comercio acabaron en un déficit comercial persistente con el resto del mundo, valuado en cientos de miles de millones de dólares, la pérdida de millones de puestos en fabricación y billones en obligaciones de deuda internacionales. En lo positivo, aumentó el rendimiento de ganancias de corporaciones multinacionales americanas que producen en el extranjero y venden en Estados Unidos. También ha bajado el precio de algunos dispositivos (algunos productivos, muchos otros inútiles) para los consumidores.
Por eso, el plan de la administración de Trump es igualar el terreno, nivelando más o menos los aranceles en bienes entrantes, que son en promedio 10% en China, 4,8% en la Unión Europea y 3,5% en Estados Unidos. Esos aranceles pueden llegar a ser un termómetro simplificado de las complejas barreras de comercio que maneja cada país, pero proveen una buena estimación de qué tan realmente interesado está determinado país en el libre comercio.
Quedará por ver si el aumento en los aranceles funciona en última instancia. China tiene más que perder pero también puede suprimir mucho más el descontento que EE. UU., donde algunos estados e industrias se movilizarán políticamente para defender el status quo una vez que sufran las represalias.
Liberar el comercio interno
Una mirada rápida al manual de la OMC para aplicar tarifas y contra tarifas, como también las muchas consecuencias inesperadas de controlar el comercio, incluso si son pro EE. UU., muestran que este problema necesita ser resuelto a un nivel más alto, fuera del paradigma del comercio controlado por el gobierno.
La solución es liberalizar radicalmente el comercio, pero no solo a nivel internacional, la liberalización del comercio interno es más importante.
¿Comercio interno? La economía clásica y la prensa nos han adoctrinado para que creamos que solo las naciones comercian. Sin embargo, al igual que las estadísticas económicas, no tiene sentido. Son las compañías e individuos los que comercian y en realidad no importa si es nacional o internacional.
Si compro un par de barras de chocolate suizo Cailler Frigor en Amazon, yo comercio con la compañía que me los transporta desde Europa por Amazon. Les envío dinero y ellos me envían el producto.
Pasa lo mismo si compro por Amazon chocolate Hershey producido en el país (mucho más barato pero no tan bueno) y lo hago desde aquí, Estados Unidos.
Los bienes y servicios son intercambiados por dinero, ya sea dentro del país o internacionalmente. Cada impuesto, arancel o regulación que se impone en el camino es un obstáculo al comercio.
Para el comercio interno en Estados Unidos, las barreras más importantes al comercio entre individuos y compañías son los impuestos al comprar y vender bienes y servicios (impuesto a las ventas) y más importante, impuestos al vender servicios de trabajo (impuesto a las ganancias, o impuesto a la renta).
Los impuestos a las ganancias de capital y los impuestos sobre los dividendos obstaculizan el camino del libre flujo del capital. El corrupto sistema de dinero fiduciario de reserva fraccional bajo la administración de la Reserva Federal impide que el capital encuentre lugares adecuados para invertir, produciendo exceso de capacidad en sectores como el de bienes raíces y una completa falta de infraestructura de inversión, por citar solo un problema.
Falta solo agregar otras regulaciones que limitan o prohiben las transacciones comerciales, especialmente en el mercado laboral, para ver que el comercio interno está gravemente lisiado y opera muy por debajo de su capacidad.
Es irónico que la mayoría de la gente que pide más fervientemente la liberalización del comercio internacional (en realidad solo quieren regulaciones que los favorezcan) son los que están más en contra de la liberalización del comercio interno.
Si se liberara completamente el potencial del comercio interno, Estados Unidos no tendría que preocuparse sobre el 10% de tarifas promedio en China o de las exportaciones a China en general, porque los bienes nacionales producidos podrían competir fácilmente con productos que vienen de una economía en desarrollo, semi-planeada por el Estado. Sin los costos regulatorios y de los impuestos, incluso los paneles solares producidos en Estados Unidos serían más baratos y mejores que los subsidiados de China.
El planeamiento estatal es menos eficiente y efectivo que la operación de los mercados libres; por lo tanto, China no puede ganar el juego a largo plazo, como tampoco pudo la Unión Soviética, ni Japón, cuyos mercados estuvieron fuertemente regulados por el Estado durante sus años de crecimiento. Por supuesto, esto no significa que China no pueda apuntarse algunas victorias aisladas bajando el precio de algunos productos para el mercado estadounidense, virtualmente gratis, y socavar alguna industria. Nada es perfecto. Pero los costos para China serían incluso más altos de los que son hoy en día y agotaría los recursos del país a largo plazo.
Como resultado de liberar el comercio interno, la gente y compañías en Estados Unidos producirían en el país, debido a que las regulaciones y el costo impositivo serían mucho menores o incluso nulas; o comerciaría con países interesados en el comercio libre real. El escenario ideal sería que casi todo producto que entra ahora de China sea producido en el país por el mismo precio o menor, para que no sean necesarios los aranceles comerciales internacionales.
El presidente de EE UU. Donald Trump con una proclama en una ceremonia en la Casa Blanca, que establece aranceles a la importación de acero y aluminio. Washington DC, 8 de marzo de 2018. (Leah Millis/Reuters)
Es interesante que la administración de Trump está encauzada en esta dirección, y la desregulación y baja de impuestos va en la dirección correcta considerando el punto de partida no liberal del comercio interno. No obstante, si Estados Unidos quiere competir con jugadores extranjeros hostiles como China, los impuestos y regulaciones tienen que desaparecer.
Atrapado en el medio
Por el momento, Estados Unidos ocupa una incómoda posición media. Sus políticas de comercio internacional son relativamente libres comparadas con sus competidores, y también lo son sus regulaciones y políticas de comercio internas; por esta razón es que Estados Unidos es aún la economía grande más competitiva del mundo según el Índice de competitividad global del Foro Económico Mundial (FEM).
Sin embargo, como muestra la pérdida de empleo y el aumento de la deuda, el comercio interno de EE. UU. no es lo suficientemente libre para competir con actores hostiles como China en el corto plazo. Este el riesgo principal de la estrategia de libre comercio interno.
Cuando se quitan las regulaciones, impuestos y aranceles innecesarios, es lógico que haya algo de volatilidad mientras la economía se ajusta al ambiente más libre. Un actor hostil como China podría usar este periodo de ajuste para mudarse y comprar compañías y propiedad intelectual.
Quizás sea por esto que la estrategia de la administración de Trump de liberalización nacional e intervencionismo internacional pueda ser la correcta por el momento, aunque ambas barreras nacionales e internacionales deben ser removidas en algún momento.
Muchos países en los 10 primeros puestos del índice competitivo del FEM también ocupan altos lugares en el índice de facilitación del comercio, los más notables son Singpur (N0. 1) y Hong Kong (No. 3). Ellos tuvieron sus periodos de ajuste hace unas décadas y ahora prosperan en el comercio interno y en el internacional. Son centros de comercio internacional y tienen impuestos y regímenes regulatorios relativamente benignos.
Ambos países también tienen un comercio relativamente balanceado. Singapur tiene en promedio un pequeño excedente desde 1950 y Hong Kong un pequeño déficit.
Al final del ciclo económico y a largo plazo, el comercio debería estar siempre balanceado. Al liberar el comercio interno y desatar toda la capacidad productiva de la economía, Estados Unidos podría alcanzar su objetivo y evitar guerras comerciales.