Etiqueta: intervención de la economía

  • El uso de la idea de la emergencia nacional según Aynd Rand

    Para los colectivistas e interventores del Estado, el uso de la idea de emergencia nacional, se convierte en la narrativa oficial que abraza las pasiones humanas, refuerza la idea de un enemigo en común a batir, pero también y muy especialmente un modelo de Estado que atenta contra los derechos individuales, haciendo de la libertad, una palabra vacía, hueca de contenido. Como lo vemos crudamente expuesto ahora, no ya en gobiernos dictatoriales o comunistas declarados, sino en cualquier gobierno presumidamente democrático durante la oficialmente declarada pandemia del Covid 19.

    En la “La Rebelión de Atlas” de Ayn Rand, libro escrito en 1957, la autora adelantaba lo antes señalado, poniendo en boca de uno de sus personajes, Wesley Mouch, caracterizado por ser un mediocre, lo siguiente: «He aquí la situación —dijo Wesley Mouch—. Las condiciones económicas del país eran mejores hace dos años que el pasado, y este último mejores que el presente. Es evidente que no podremos sobrevivir otro año siguiendo un descenso así. En consecuencia, nuestro último objetivo ha de basarse en resistir. Resistir con el fin de volver a nuestro ritmo anterior. Alcanzar la estabilidad total. La libertad ha tenido su momento, pero ha fracasado; en consecuencia, será preciso imponer controles más enérgicos. Teniendo en cuenta que la gente es incapaz, o no quiere solucionar sus problemas voluntariamente, hemos de obligarla a ello. «…Wesley Mouch arrojó una mirada a su hoja de papel y dijo en tono petulante:

    —Si quiere que continúe, tendrá que declarar un estado de emergencia….
    —La principal dificultad estriba en que no estoy seguro de si la ley nos garantiza realmente el poder para poner en vigor ciertas disposiciones de la directriz número 10- 289. Me temo mucho que queden sujetas a posible debate.
    —¡Al diablo! Hemos aprobado tantas leyes de urgencia que, si escarba entre las mismas, encontrará seguramente alguna que le sirva. «…

    La Directriz 10-289, que debe ser hoy mismo objeto de reflexión para comprender los peligros del pensamiento colectivista, era un claro atentado contra el individuo, al despersonalizarlo cuando lo despoja del producto de su esfuerzo y lo priva de sus virtudes, bajo la excusa estatal del estado de emergencia nacional.

    «—En nombre de la riqueza general —leyó Wesley Mouch —y a fin de proteger la seguridad pública y conseguir una total igualdad y absoluta estabilidad, se decreta lo que sigue, para el período de duración del estado de urgencia nacional:

    «Punto primero: Todos los trabajadores, asalariados y empleados de cualquier clase quedarán, a partir de ahora, sujetos a su tarea y no podrán abandonarla, ni ser despedidos, ni cambiar de empleo, bajo pena de prisión. Dicha pena quedará determinada por la Oficina de Unificación. Dicha oficina será nombrada por la Oficina de Planeo Económico y Recursos Nacionales. Toda persona que haya cumplido veintiún años deberá presentarse a la Oficina de Unificación, quien le asignará el lugar donde a su entender sus servicios sirvan mejor los intereses nacionales.

    »Punto segundo: Todos los establecimientos industriales o comerciales, o los negocios de cualquier naturaleza, deberán, a partir de ahora, seguir funcionando y sus propietarios no se retirarán, ni abandonarán, ni cerrarán, venderán o transferirán sus negocios, bajo pena
    de la nacionalización de sus industrias y de sus propiedades…»

    Punto tercero: Todas las patentes y copyrights pertenecientes a aparatos, invenciones, fórmulas, procesos de trabajo y tareas de cualquier otra naturaleza, serán transferidos a la nación como entrega patriótica de urgencia, por medio de certificados de entrega que serán firmados voluntariamente por los propietarios de dichas patentes y copyrights. La Oficina de Unificación expenderá licencias para el uso de tales patentes y copyrights a quienes las soliciten, de manera igual y sin discriminación, con el fin de eliminar prácticas monopolísticas, desechar productos anticuados y poner los mejores al alcance de la nación. No se usarán marcas, sellos ni títulos protegidos por algún copyright. Todos los productos anteriormente patentados serán conocidos por un nuevo nombre y vendidos por todos los fabricantes bajo la misma denominación, designada por la Oficina de Unificación. Todas las marcas de fábrica particulares, sellos y emblemas quedarán abolidos.

    »Punto cuarto: Ningún nuevo aparato, invento, producto o género de cualquier naturaleza que no se halle actualmente en el mercado, será producido, inventado, fabricado o vendido a partir de la fecha de esta directriz. Queda abolida la Oficina de Patentes y Copyrights.

    »Punto quinto: Todo establecimiento, organización, corporación o persona dedicados a la producción de cualquier producto, deberá, a partir de ahora, producir anualmente la misma cantidad de géneros que durante el Año Básico; ni superior ni inferior. El año conocido como Básico o Patrón será el que finalice la fecha de esta directriz. El exceso o el defecto de producción serán objeto de multas que quedarán determinadas por la Oficina de Unificación.

    »Punto sexto: Toda persona, cualquiera que sea su edad, sexo, clase o volumen de ingresos, deberá, a partir de ahora, gastar anualmente en la compra de géneros la misma cantidad de dinero que en el Año Básico; ni superior ni inferior. Un volumen de compras que no se atenga a ello será sancionado de acuerdo con lo que determine la Oficina de Unificación.

    »Punto séptimo: Todos los salarios, precios, dividendos, beneficios, intereses y formas de ingreso de cualquier naturaleza quedarán congelados en sus cifras actuales, es decir, en las de la fecha de esta directriz.

    »Punto octavo: Todos los casos y situaciones no específicamente mencionados en esta directriz, serán solucionados y determinados por la Oficina de Unificación, cuyas decisiones deberán considerarse concluyentes.»

    «Incluso entre los cuatro hombres que habían escuchado todo aquello, seguía existiendo un resto de dignidad humana que les hizo permanecer inmóviles y sentirse enfermos durante unos minutos.». Así iba concluyendo el párrafo de la novela, que pone en evidencia que son las pasiones de los hombres las que moldean a las instituciones, especialmente en tiempos de crisis, reales o imaginarias, apelando a la emregencia nacional que da pie a la mano interventora del Estado, que no sólo despoja al individuo de la libertad de pensar, limitando y normando su imaginación y producción intelectual, sino que bajo una política inquisidora centraliza bajo su poder cualquier acto creador, sin importar sus consecuencias, así estas involucren el pisoteo de los derechos individuales.

    Bien lo dijo Wesley Mouch, cuando Fred Kinnan preguntó ¿Con qué comerán mientras tanto? al hacer referencia a los profesores e ingenieros que se quedarían sin empleo, al cerrar todos los centros de investigación: “Tiene que haber una víctima, en tiempos de emergencia nacional, no podemos evitarlo” fue su respuesta.

    Pero también existe una reserva moral dentro de cada individuo que le dictamina lo que es correcto, independientemente de lo que le diga una ley expelida bajo la excusa de la emergencia nacional. Si los párrafos de la novela de Ayn Rand, se le asemejan mucho a la realidad actual, lo invitamos a que juntos, no seamos parte de ella, no la normalicemos,  distingamos y señalemos a la ley injusta. Jamás una emergencia podrá justificar el atropello de nuestros derechos, nadie tiene el poder de un ente superior para poner a ningún semejante en el altar del sacrificio, eso es lo que marca la diferencia entre la civilización y la barbarie, entre la oscuridad y la luz.

  • Planificando lo que no se puede planificar

    Los más dados a planificar la vida ajena son los comunistas, que no toleran la naturaleza del albedrío humano; pero, también está la pervertida política con sus pervertidos politicastros, quienes no están para procurar la independencia de los ciudadanos, ya que son como garrapatas que viven de la sangre des sus víctimas. Y por otro lado está la pasividad de la gran masa que acoge la mentalidad semoviente y clama por sus derechos a heno.

    Lo que une a todos los grupos que favorecen el control social (planificar), es el rechazo a lo que ellos llaman “caos”. Es decir, un pueblo en el cual cada quien resuelve por su  propia cuenta, sin subsidios, es impensable. Hablo de “libre mercado”, el terror del politicastro, ya que en semejante ambiente ellos no podrían “prosperar”.

    En palabras de Eric Molino en conferencia de la APEDE, especialista en riesgo: El intervencionismo no propone ninguna solución, sino más bien “crea ineficiencias de mercado y perjudica a quien pretende ayudar. Y, es que los malos gobernantes poco o nunca se centran en las causas profundas del mal, sino en los síntomas. Y añado yo: Es como tomar laxante para purgar el intestino; pero sin parar el comer desordenado.

    Un ejemplo que da Llewellyn H. Rockwell Jr. es el de tantas innovaciones tecnológicas que nacen gracias a subsidios, sin los cuales las mismas no podrían subsistir; y todo ello bajo la argucia de que se trata una “distribución de riqueza”, que premia al no productivo y castiga al productivo. El «ejemplo ejemplar» sobre planificar lo «implanificable» es el NODUCA, el cual ha distorsionado por completo el mercado educativo. Hoy, en Panamá, como en tantos otros sitios, los vástagos de tío pueblo languidecen en los centros de adoctrinamiento central, en dónde les adiestran en las rutinas del rebaño.

    Ya la creencia imperante es que la economía es cosa del gobierno y no del ciudadano; lo cual es basura de la peor clase que anida en la misma Constitución: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará, según las necesidades sociales y dentro de las normas del presente Título, con el fin de acrecentar la riqueza nacional y de asegurar sus beneficios para el mayor número posible de los habitantes del país.

    El Estado planificará el desarrollo económico y social, mediante organismos o departamentos especializados cuya organización y funcionamiento determinará la Ley. ¡Honor a Cantinflas!

    Si algo han hecho los gobiernos a través del tiempo es destruir el libre mercado y la economía; esa que debe fluir de abajo hacia arriba y no al contrario. Y siempre regreso al mismo ejemplo; de ver que la gran mayoría de los negocios en el país están en manos de extranjeros emprendedores, ya que los nacionales no creen o no les gusta lo privado o empresarial. No estiman a la propiedad.

    Creer que, si el gobierno tira más dinero ajeno a la calle, ello va a producir aumento económico real, es infantilismo o peor: es pillaje dirigido. Alegan que el sector privado no ayuda a los pobres y necesitamos la intervención de los zorros del gallinero. Y todo ello presupone que esos zorros saben más de negocios que los empresarios, con todo y que la mayoría jamás manejó un negocio.

    Un ejemplo clásico es la nueva encerrona covidosa del mes de junio en curso, la que obliga a cerrar los negocios, restaurantes y tal a las 9:00 p.m. ¡Absurdo!, si el contagio no se está dando en esos establecimientos. Lo que están propiciando es el colapso de más y más empresas.

  • Cuando la convicción moral manda

    A menudo leo cosas que no encuentro mejor forma de expresarlas y en esta ocasión cito una de ellas: “Para ser un economista con integridad significa el tener que decir cosas que la gente no quiere escuchar y especialmente el decir cosas que el gobierno no quiere que se digan.” Llewellyn H. Rockwell Jr.

    Llewellyn H. Rockewell Jr., es el fundador del Instituto Mises, dedicado a la defensa y promoción del sagrado derecho de albedrío engendrado en la misma Creación. En especial, el Instituto celebra la vida y obra de Ludwig Heinrich Edler von Mises (1881-1973) En esencia, el legado que nos dejó Mises fue el sostener que la única política económica viable para la humanidad era la de dejar hacer; mientras que los gobiernos se limitasen al cuido de la vida y la propiedad, dentro de sus territorios.

    Y digo o escribo sobre estas cosas ya que si algo he aprendido con los años es que se aprende ejercitando tanto el cuerpo como la mente. Y la mejor forma de ejercitar es con la repetición; esa que permite ir descubriendo nuevas maneras y formas de ver la realidad y la verdad. Es por ello que comparto con mis amistades en la «Cara del Libro», de manera insistente, una revisión de los principios de libertad sin los cuales la humanidad sería retrógrada; como en buena medida lo está siendo en manos de quienes desdeñan la libertad de sus prójimos.

    En estos días un amigo economista me comenta sobre el malandar económico, que en realidad es social, en el que deambulamos como ciegos en pantano, con lo cual algunos nos preguntamos: “¿Cómo diablos fue que nos metimos en semejante situación?” Y Rockwell nos lo aclara recordando las advertencias de Frédéric Bastiat, que hasta Omar Torrijos las reiteró a su manera, y que el partido de turno parece despreciar. Hablo de andar no sólo con luces cortas sino también con las largas. Los economistas de gobierno que no pueden ver aquello que subyace al intervencionismo estatal, ese que estamos viviendo en Panamá, harían bien en ganarse la vida limpiando parabrisas de autos en las calles y no haciendo ver que gobiernan.

    La economía no es asunto de numeritos sino de acción humana. Es decir, que se trata sobre lo que hace la gente, por qué lo hacen y cómo lo hacen; cosa que hasta la maligna constitución que sufrimos lo dicen en su Artículo 282, antes de contradecirse arrastradamente a la dictadura que sufrimos: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará…” Oda a Mario Moreno, alias Cantinflas. O sea, la economía es asunto de los particulares, pero «yo estado», hago lo que me viene en ganas con ella. Y… ¿aún no entendemos por que andamos a ciegas en el pantano de la corruptela institucional?

    Un ejemplo alegórico es el de los tsunamis, que cuando la marea se retrae súbitamente, muchos se van a la playa a retozar y recoger caracoles que se quedaron varados. ¿Cómo es que no ven lo raro de una marea que se vacía súbitamente? Es la marejada destructiva que la recoge antes de embestir.

    ¿Y qué mejor ejemplo de la acción estatal descarriada que aquella que leía en Facebook ocurrió en El Valle de Antón? Que, luego de casi un año de retraída la actividad económica el fin de semana se desata una oleada de turismo interno que reboza los restaurantes y tiendas. ¿Y cómo reacciona es sistema centralizado de luces cortas o putrefactas? Manda una oleada de burrócratas auditores: sanidad, trabajo, seguridad social, y tal, con el propósito de que no los ignoren; pues no hay peor que ser ignorado. Es cierto, para quienes andan con luces cortas. Pero como nos dijo el 2 veces primer ministro de Estonia Mart Laar cuando nos visitó en Panamá: “El mejor gobierno es como el sistema de aguas negras: Sabes que está allí, pero no lo tenemos que ver ni oler.”

  • Entre el empresario y el consumidor

    Son tantos quienes creen y dicen que las empresas y, en particular, las más grandes, sacan ventaja a su presidiaria clientela!. Semejante desacierto debería producir inmensa pena. Indudable que existen pecadores de más si, a fin de cuentas, apenas somos frágiles humanos; pero… ese no es el tema de fondo. No es el pecado el que debe marcar nuestra comprensión sino el entendimiento y el rechazo de malos caminos.

    Entonces, y teniendo lo señalado en mente: es muy cierto que en esta vida hay quienes ven mejor, entienden mejor y, ante todo, están dotados de una caldera interna que les impulsa a la acción productiva. Esta realidad, por un lado, es una bendición puesto que constituye el motor del progreso; pero… por otro lado, también es el manantial de la envidia y de odios, pues son muchos los que sienten que fueron abandonados por la misma Creación. Ello fue plasmado en el Segundo Capítulo del Génesis hace más de 3,000 años, en la narrativa en la cual la envidia de Caín al ver que el Señor favoreció más la oferta de Abel fue tal que asesinó a su propio hermano; lo cual condujo a su destierro de la presencia del Señor.

    La historia de Caín y Abel puede ser enfocada de diversas maneras, pero hoy quiero enfocarla desde la perspectiva del empresario productivo y aquellos competidores y consumidores que, al sentirse disminuidos en comparación, entran en cólera; cólera que, en vez de moverles a ser más competitivos, les mueve a hacerle daño al productivo. Y, a tal efecto, me enfoco, no en el empresario malsano, sino en esa mayoría sana que siente orgullo de su creativa labor, y busca la satisfacción de su cliente, a sabiendas que ello le conviene tanto a él como productor, como al cliente como consumidor.

    Son tantos los que vilipendian al empresario exitoso porque este se vuelve rico, a pesar de que el mismo sirve a muchos y en muchos sentidos. Y, a fin de cuentas, ¿qué importa que el empresario productivo se vuelva millardario si el consumidor y la misma sociedad se torna billonaria. Quien vende la computadora se gana, digamos, $500, pero… ¿cuánto ganan quienes la compran? ¿Acaso eso no cuenta? Al final del día, el progreso humano depende del más creativo y productivo; y eso debemos celebrarlo y cuidarlo como se cuida a la gallinita de los huevos de oro. El asesinato de Abel no sólo afectó a Caín sino a toda su familia y más allá.

    Lo señalado nos debería conducir a ver que los problemas sociales no los debemos achacar al empresario en general, sino a las malas políticas públicas; esas, que por un lado promueven y premian a malos empresarios y disminuyen a los buenos. Es más que triste ver como la envida nos ciega, al punto de que atacamos lo que es bueno, y votamos y apoyamos al politicastro que tanto daño causa.

    Llevando todo lo anterior a la práctica, el empresariado, el chinito del barrio, el salón de belleza, lavandería, súper y toda la cadena productiva y distributiva es la que debemos enfocar; y no cegarnos de odio contra quienes han sabido, honestamente, lograr una riqueza económica. Como tampoco debemos perder de vista de que la riqueza económica no es sinónimo de la riqueza espiritual y de la felicidad; pues sobran los millonarios infelices.

    Las sociedades más felices y prósperas son aquellas que navegan por encima de las envidias y los odios. Y, cuando vemos que estas perversidades campean entre nosotros, debemos caer en cuenta de que nos estamos causando graves daños. Celebremos al buen empresario, lo mismo que al buen consumidor.

  • El cascanuez no sólo es ballet navideño. También es una brillante historia empresarial para aprender

    Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, fue un jurista y escritor romántico que escribió la historia “Cascanueces y el rey de los ratones” en 1815, que luego inspiraría la obra musical de Piotr Ílich Chaikovski en 1890 y su coreografía en 1891, a cargo de Lev Ivanov. La ópera se presenta hasta el día de hoy en cada Navidad en los teatros y las salas de conciertos del mundo entero. Se lo conoce como el ballet navideño.

    Sin embargo, y más allá de Chaikovski existe otra historia real: es la que cuenta la tradición para uno de los hobbies preferidos de los alemanes durante la Navidad: abrir nueces con hombrecitos de madera: los famosos «Cascanueces».

    Provenientes de la región de la Erzgebirge, en la frontera entre Alemania y la República Checa, los cascanueces son de aquellos objetos navideños que nunca faltan y de aquellos sobrevivientes a los artículos mucho más efectivos que la modernidad impone: son aquellos objetos de expresiones simples, colores llamativos, estilo y funciones concretas: cascar – nueces, que viven en una frontera indefinida entre forma humana y artilugio, entre objeto decorativo y herramienta.

    Y si bien ya nada inventado ha sobrevivido a las copias y masificación provenientes de las manufacturas chinas, una familia de Hohenhameln, en Baja Sajonia, diseña y produce los más locos cascanueces del siglo XXI, sobreviviendo a la modernidad, la tecnología y las nuevas costumbres. La empresa Steinbach Holzgalanteriewarenfabrik lleva diseñados más de 600 cascanueces en sus más de 180 años de historia.

    Somos el principal productor en Alemania”, solía decir con orgullo Karla Steinbach, quien junto a su hija Karolin, representaban a la sexta y la séptima generación de fabricantes de estos instrumentos.

    Pero como toda historia exitosa empresarial, esta familia no producía cascanueces inicialmente. Eran mineros.

    La zona vivía principalmente de la minería, rubro que comenzó a decaer a fines del siglo XVIII; el desplome de esta industria obligó a la población a buscar otras fuentes de ingresos. Así que sus ciudadanos tallaban en las largas y frías noches de invierno diversas decoraciones de madera: pirámides navideñas y hombrecillos fumadores;  el contexto económico y social de la Erzgebirge se encontraba en pleno cambio cuando la primera generación de cascanueces comenzaba a producirse y al que el nombre de la zona respondía: “Cordillera de los metales”. De allí que los primeros cascanueces fueran representaciones de mineros o guardabosques.

    La historia de los cascanueces es una historia de mercadeo: después de la Segunda Guerra Mundial, los soldados americanos estacionados en Alemania, llevaban los cascanueces a EE. UU. como los típicos regalos alemanes.

    La historia de los cascanueces es además una de migraciones y desencuentros: después de la 2a Guerra Mundial , la ciudad occidental de Hohenhameln se convertiría en el hogar de la empresa y también asiento de los mejores y más arriesgados negocios.

    El padre de Karla sería el pionero de los viajes trasatlánticos de los cascanueces: intentando tender puentes entre ambas regiones, los nuevos cascanueces de la década de 1950 personificarían a personajes de la política estadounidense, así como militares.

    El “gancho” perfecto para una sociedad que buscaba la estabilidad post-guerra y las nuevas generaciones de migrantes europeos en Estados Unidos comenzaban a construir sus identidades en movimiento. Mucha gente comenzó a coleccionar los Cascanueces Steinbach donde esperaban con impaciencia cada año y los nuevos modelos. Entonces Herr Steinbach tuvo otra gran idea. Pensó en las necesidades y deseos de los coleccionistas y decidió que algunos de los cascanueces de Steinbach deberían ser ediciones limitadas.

    Eso hizo que los cascanueces de Steinbach fueran únicos y aumentó la capacidad de colección y, más tarde, aumentó considerablemente el valor de muchos artículos. Por esto los entusiastas de los cascanueces Steinbach tenían un motivo más para coleccionar sus productos. El primer cascanueces Steinbach de edición limitada fue King Ludwig II con 3000 piezas. Fue un gran éxito y el club de fans de los cascanueces de Steinbach aumentó enormemente.

    En la actualidad, Steinbach es el mayor fabricante de cascanueces de Alemania, aún cuando llegó a tener más de 300 empleados, hoy unas 60 personas trabajan en la instalación de Hohenhameln y en la antigua, junto a la frontera con la República Checa, en Marienberg, reabierta tras la reunificación.

    El cascanueces original se construye en 130 etapas. Cada figura está formada por 60 piezas de madera de abeto y haya. La barba y el pelo son de pelo de conejo. Se pintan a mano. Los originales, procedentes de los Montes Metálicos, cuestan como mínimo 70 euros. Cada año, se crean nuevos modelos para coleccionistas, como Darth Vader, del cual hay 350 versiones diferentes.

    Pero como toda historia empresarial de éxito, no está completa si en algún momento de la misma no interviene el gobierno. Y aquí el comienzo del casi final de la exitosa compañía: “Apenas podemos creer que así termine ahora. Hasta hace poco no habíamos perdido la esperanza de encontrar una solución ”, decía en 2016 Karla Steinbach, sobre la quiebra y venta de la tradicional empresa familiar .

    Credit. webpage Steinbach

    La introducción del salario mínimo siempre se cita como la razón de las dificultades financieras. «Eso es básicamente cierto, pero es una explicación demasiado breve. Habríamos logrado pagar el salario mínimo a todos los empleados. A partir de esto, sin embargo, resultó que la relación que se establecía con los salarios de aquellos que tenían salarios más altos , estaban insatisfechos con él ”, describe Steinbach. Eso provocó grandes tensiones internas. Ella también habría estado dispuesta a aumentar el salario de estos empleados, «pero eso no fue posible de una vez. Teníamos una especie de plan de tres años, pero no todos lo aceptaron», dijo Karla Steinbach.

    “Me gustaría agradecer a todos los empleados que han trabajado para nosotros durante tanto tiempo y se han mantenido fieles a nosotros. Realmente me hubiera gustado seguir ofreciéndoles una perspectiva ”, decía una decepcionada Karla el año de la bancarota. Durante ese momento difícil, el joven empresario Rico Paul de Dresde se interesó por Steinbach. Se enteró de la quiebra y el cierre de la fábrica por un periódico estadounidense. De inmediato supo que la marca Steinbach, la empresa y esos hermosos cascanueces, debían ser rescatados.

    Junto con algunos empleados, algunos antiguos clientes y proveedores, creó un concepto para mantener la tradición, pero también para hacerla más moderna.

    La marca tiene una nueva firma con un fuerte conocimiento de los valores tradicionales. El logotipo se modernizó, los envases, folletos y catálogos adquirieron un nuevo diseño elegante. Nuevos colores, formas y fuentes embellecen el desempeño de la empresa. La reinvención de la empresa descansa sobre el concepto “Queremos llevar la magia de las Montañas Metálicas a los hogares de las personas en todo el mundo”.

    Mientras tanto, Steinbach Volkskunst GmbH volvió a convertirse en una empresa familiar. Un milagro navideño, desde que pocas empresas logran sobrevivir ante un brusco cambio en las reglas de juego como lo es la intervención estatal en los negocios.

    Nuestro deseo navideño y para el próximo año es por más empresarios entusiastas y creativos y menos gobiernos en nuestras vidas. Así emerge una sociedad próspera y cooperativa. Teniendo ello, tenemos paz y amor en nuestras familias. Salud y felicidad para todos de parte de todo el equipo de Goethals Consulting y GCCViews.

  • De COVID, economía y vulnerables

    Vale la pena destacar y comentar el mensaje de la presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas -APEDE 20 de agosto- sobre la urgente necesidad de liberar la paralización económica, Elisa Suárez de Gómez; quien pide y destaca que “luego de mucha insistencia, que se haya iniciado el proceso de reapertura de la economía y la flexibilidad de la movilidad de los ciudadanos». Sin embargo, a la presidente de la APEDE le parece que al proceso de reapertura le falta celeridad; considerando que van cinco meses de estancamiento, a lo cual yo agrego, “y acumulación del peligroso daño socioeconómico”.

    Elisa Suárez inclusive habla de “garantizar la estabilidad social”; llamado que debe llevarnos a la reflexión. Como dijo un comentarista estadounidense en estos días: “Tendemos a olvidar lo frágil que es la paz social.” ¿Acaso la historia no lo advierte con regularidad?

    Más allá, Suárez habla de “la necesidad de reducir los niveles de burocracia…” esa que yo suelo llamar “burrocracia”. Si tan sólo los panameños supiésemos el daño que causa a todos esa complicación y lentitud excesiva en la realización de las gestiones gubernamentales, particularmente en las que depende la administración de un estado. Peor aún, es que gran parte de la ciudadanía celebra la burrocracia y desdeña el emprendimiento y la ejecución.

    Suárez también se refiere a la “digitalización” que está caracterizando ese “nuevo normal” en que estamos entrando. Pero va más allá y señala con gran tino al decir: “Lo que no podemos es digitalizar lo que no sirve.” Detrás de esta advertencia hay mucho que no se dice y que deberíamos entender. Y es que el malandar del estado profundo y su cuarto poder ha caminado tanto por oscuros pasillos que ya no puede encontrar la salida. Son tantos los que creen que un nuevo presidente puede sacarnos adelante y cambiar la corrupción. ¡Es ingenuo! Si la ciudadanía no toma conciencia y exige la reducción del estado exagerado, no queda otra salida más que las muy tristes del colapso.

    Sin embargo, y la vida está llena de “sin embargos”, debo discrepar con un comentario que hizo Suárez al sentenciar que “…todo el apoyo a los más vulnerables empieza por la generación de ingresos fiscales…”; lo cual debo rechazar enérgicamente, dado que, precisamente, la vulnerabilidad de los vulnerables ha sido creada por el gobierno exagerado, desviado y corruptor. A diferencia de la actividad productiva liderada por inversionistas y ejecutivos por todo el país, lo único que puede hacer el estado para coadyuvar y abrir escapes a la vulnerabilidad, es circunscribir su actividad a lo que es propio de la gobernanza; y lo que vemos en Panamá está años luz de ello. Es el estado que ha creado la vulnerabilidad y dar más fondos fiscales sería contribuir a semejante crimen.

    Felicito a la presidente de la APEDE por sus enfoques iniciales y también cuando termina haciendo llamado a la libertad de empresa. El problema es que esa libertad de empresa resulta ser igual y opuesta al tamaño e intervencionismo estatal.

  • El intervencionismo central conlleva serias consecuencias

    Al grueso de la población poco les mueve las realidades económicas; sin embargo, ¡vaya ello si no le afectan! Es tan cómodo dejar que el rey se encargue de esos fastidios: “¡Economía!, ¿qué es eso? Para eso tenemos gobierno, y yo sigo con lo mío.” Luego, cuando lo económico se hace presente en nuestras vidas, las cosas cambian, aunque sigamos ignorando su razón y origen. Toda esa irresponsable delegación que venimos haciendo al gobierno, en cosas que realmente no son propias de una sana gobernanza, son fatales.

    Podemos decir que hay “intervención o intervencionismo económico central” cuando los gobiernos se inmiscuyen en la economía de los ciudadanos más allá de su constitucional función de velar por la vida, libertad y propiedad. Simplemente, el gobierno no debe inmiscuirse en la economía; lo cual nos lleva a reiterar la definición de economía. Son muchas las definiciones, pero las auténticas guardan la esencia del asunto, algo así como: “Es el arte de poner la paila con lo que nos entra.” En términos menos vulgares: “Es la administración frugal o ahorrativa del gasto o consumo del dinero y otros capitales.” Es la planificación prudente de la casa o familia. Entonces ¿dónde entran los politicastros en todo ello?

    La misma naturaleza humana responde a la necesidad de satisfacer deseos que son infinitos con recursos que son finitos. Pero ¡ojo!, que sólo son finitos en la medida de nuestra falta de visión de un mundo y universo infinito. Dicho eso, no hay caso que estamos limitados por nuestras propias limitaciones humanas, ya que el pastel es infinito y sólo hace falta ir descubriéndolo y ampliándolo; siempre y cuando los politicastros no se inmiscuyan.

    Los humanos tenemos dos vías de acceso a las cosas que deseamos: 1) Es fabricándolas nosotros mismos, o… 2) Mediante el intercambio o mercado; al cual debo añadir, mercado no intervenido, y menos por bribones de palacio. No obstante, la ruta de entrada de los interventores centrales va por la ruta de “te estamos cuidando” contra el robo, fraude y tal. Sí, eso es potable, hasta que quien roba y comete fraude es quien te cuida. ¡Uy!, ‘ ¿ y cómo nos protegemos contra eso? Pues, limitando el tamaño y función de los cuidadores. ¿Recuerdan también aquello de la “división de poderes”?

    Tristemente, una vez que hemos permitido o ayudado con la entrada de los bribones centrales en nuestras economías, el asunto se torna harto difícil de arreglar. Las tretas parecen ser infinitas: tal como aquello de una “economía mixta”. No sé por qué, pero me suena a “ménage a trois”. ¿Seremos tan ingenuos de pensar y creer que los gobiernos se meten en nuestras alcobas para colaborar con la coyunda reproductiva? Tristemente, sí somos ingenuos. Y ni hablar cundo nos dicen que están para “estimular” el asunto.

    Debemos ser más que ingenuos o descuidados para creer que la intervención de los politicastros van a ayudarnos económicamente, y ni hablar en la alcoba. ¡Ya, basta! No es más que el zorro justificando su presencia en el gallinero. Y entonces entra el estado completamente obeso y metiche… y se me acaban las palabras y el buen humor.

    Lo cierto, mis estimados lectores, consecuencias hay, y cada día están más próximas. Y aprovecho para reiterar lo que nos advirtió esa gringa nacida en Rusia, Ayn Rand, lo cual me lo recordó un amigo economista: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada: cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.”

  • El intervencionismo estatal castrante

    F.A. Hayek refiriéndose a la planificación central, sostuvo:  “A más planificación estatal, más difícil se le hace al ciudadano su planificación personal.” El tema de fondo es uno de principios, comenzando por nuestro inalienable derecho de ser libre para actuar en el marco de la moralidad y en busca de un bienandar que conduzca a un bienestar. Y lo que poco nos detenemos a meditar y comprender es la esencialidad de ser libres en la conducción de nuestras vidas, dado que de ello depende nuestro bienestar. Y la necesidad de esta libertad que nos fue legada en la misma Creación, surge a partir de las variantes que intervienen en nuestras vidas y debemos navegar de forma particular en la búsqueda de nuestros deseos y felicidad. Variantes que una planificación centralizada jamás podría suplantar. A modo de ejemplo: Un burócrata estatal podría decirnos que si nos lanzan una piedra, la esquivemos, pero jamás podrían predecir en el momento hacia dónde. En otras palabras, ser libre implica dejar al libre arbitrio sobre cómo reaccionar ante aquello que no podemos prever en tiempo real.

    En el contexto del complejo pandémico en que nos encontramos, no sólo nuestra sobrevivencia sino la misma civilización descansa en la posibilidad de las tragedias. Cada día que salimos a llevar a los hijos a la escuela los ponemos en riesgo de lesión o muerte, pero ello es esencial. Sin embargo, vemos a un SINAPROC que llega hasta prohibir bañarse en la playa cuando hay marejadas, que es, precisamente, el momento ideal para el surfista.

    Más allá debemos advertir que accidentes, tal como el pandémico que sufrimos, bien pueden tener un componente fortuito provechoso, tal como provechosas son las grandes olas para el surfista. Es decir, que se trata de una realidad que será enfrentada por una inmensa variedad de personas con diversidad de conocimientos y actitudes que les calificarán para enfrentar la particular situación; y el estado no debe jamás coartar aquello. Esas son las realidades de la ocasión y de las probabilidades. Y aunque por norma los accidentes no son provechosos, debemos prepararnos para encontrar en ellos el provecho. Esa es la realidad de nuestra existencia; y es lo que separa a los sobrevivientes de los que perecen. Frente a semejantes adversidades, lo único que podemos hacer es cargar a nuestro favor las probabilidades.

    Todo ello guarda un paralelo con aquello de quienes buscan detener el cambio climático; lo cual no sólo es absurdo sino imposible, dado que la constante universal es la del cambio. La probabilidad de un impacto de asteroide que cambie por completo nuestra existencia es real; y el reto está en prepararnos para ello.

    A todo esto, el uso y acuso de «la ignorancia del pueblo», como razón de una planificación central que llegue a reemplazar y controlar nuestro albedrío, es bochornoso. Y es bochorno que se presta para la peor de las catástrofes; es decir, la extinción de aquel don que nos provee de la gracia de la adaptación y la supervivencia. Aún más, y como bien lo señala Hayek: “Encontraremos que las instituciones de la libertad son adaptaciones al hecho fundamental de nuestra ignorancia, adaptada para lidiar con lo fortuito y sus posibilidades, no sus certidumbres.” El CORONA virus es lo que es; pero lo que no es certidumbre es cómo actuamos frente a ello.

    Y sigue Hayek advirtiéndonos: “El hombre aprende mediante la desilusión de nuestras expectativas. Y no debemos aumentar lo impredecible de los eventos mediante la tontería de nuestras instituciones. Y, por encima de todo, nuestro objetivo debe apuntar al aumento de las oportunidades de aquellos humanos desconocidos que puedan aprender acerca de las cosas que ignoramos, y que puedan ponerlas a uso y provecho de sus acciones.”

    Es, precisamente, por intermedio los esfuerzos ajustados de muchos, que podemos aprovechar el conocimiento de todos y no el de pocos. Es, precisamente, mediante el uso disperso del conocimiento es que surgen los grandes logros. La libertad es renunciar del control directo del burócrata gubernamental; ese cuya auténtica labor no es de liderar, como bien dice Irene Gimenez, sino de facilitar el que todos seamos líderes de nuestros destinos.

  • Los trabajos se crean en las empresas no en el gobierno

    En La Prensa del 14 de enero de 2020 sale a relucir una vez más esa tendencia de ver a la sociedad como un hato de ganado que debe ser harreado por los iluminados burócratas estatales. El titular que me movió a escribir al respecto lee: “Nuevas plazas de empleo para jóvenes, un desafío en la estrategia del Gobierno.” Según parece, son muchos a quienes les cuesta entender que la función propia del gobierno no está en hacer sino en ver que se haga sin trampas. Es así ya que cuando el gobierno se toma la tarea de hacer, deja de ser juez para convertirse en parte; pero una parte chambona, y peor, que no rinde cuentas ante nadie.

    La influencia gubernamental para ayudar en la creación de plazas de trabajo o de desempleo va de la mano con el fiel cumplimiento del buen mandato constitucional que le sea delegado por la comunidad. Y digo “que le sea delegado”, ya que mucho hemos prostituido la ley a partir de la misma constitución. Y el buen mandato, según dice nuestra constitución tiene el “…fin supremo de fortalecer la Nación y garantizar la libertad…” Lástima que luego se va diluyendo y extraviando en incoherencias. Y mucho peor, que en la práctica eluden constantemente ese mandato fundamental.

    No se puede “fortalecer la nación” confiscando fondos al sector productivo para crecer el sector centralizado bajo la baladí presunción de que el gobierno podrá hacer aquello que no logran hacer los ciudadanos; que en el caso que nos ocupa es la creación de plazas de trabajo.

    Lastimosamente, desde los dictados keynesianos se alega que con más intervención estatal se pueden mejorar economías flacas. Es menester separar la función gubernamental de seguridad, de velador por la libertad y la justicia y la función de constructor de infraestructuras civiles . Hacer más carreteras y contratar a más policías no aumenta el empleo productivo; ese que sólo viene a través de las empresas ciudadanas, que pueden beneficiarse de esa infraestructura, pero el asunto como todo, es definir cuál es beneficiosa y cuál se hace para otros beneficios no tan santos.

    Si a estas alturas todavía no vemos el error de creer que vamos a prosperar lanzando toneladas de dinero del sector contribuyente en obras gubernamentales, ello significa que no lo haremos. Particularmente hoy que sufrimos la resaca o goma de la parranda, endeudamiento, coimas y corrupción. Y es que en la medida en que le restas dinero al ciudadano contribuyente, mengua la inversión productiva, con lo cual terminamos desacelerando la actividad comercial. Los impuestos tienen su lugar y función, pero comedidamente. ¿O será que usted es uno de los que creen que el gobierno puede dar mejor uso al dinero suyo?

    La resta económica al sector corporativo, sector que apenas representa una pequeña parte de los ingresos estatales, producirá una disminución en la actividad económica y en las plazas de trabajo. Lo mismo que volcarse a pedir prestado para financiar obras que a menudo se desvían en corrupción.

    Por otro lado, cuando el gobierno gasta dinero cacareando sus obras y alegando que estas producen trabajos, los ciudadanos se van con el cuento y pierden vista de la verdadera naturaleza de una economía de mercado. Estudios en los EE.UU. han demostrado que el producto de supuestos estímulos y subsidios terminan deteriorando la economía. ¿Y qué mayor prueba del poder del dinero en manos ciudadanos que el aumento de la economía estadounidense con la baja de los impuestos del gobierno actual?

    Obvio que una nación necesita gobierno y funcionarios públicos; el asunto está en buen culantro, pero no tanto. La proposición keynesiana de que los gobiernos pueden cebar la bomba de la economía a punta de dinero de los contribuyentes no tiene sentido. Preguntemos a Laffit Pincay acerca del secreto de ganar las carreras de caballo… ¡afloja las riendas al caballo!