Etiqueta: intervención de la economía

  • Salario Mínimo: ¿de verdad no causa desempleo?

    El premio Nobel de Economía  fue este año para los economistas David Card (Canadá, 65 años), Joshua Angrist (EE UU, 61 años) y Guido Imbens (Países Bajos, 58 años) . Pero a contrario de lo que los medios se hicieron eco apresuradamente , lo cierto es que la premiación ha sido por «concluir por análisis de ciertos  datos parciales históricos», que aumentar el salario mínimo “no necesariamente” genera desempleo. Es absolutamente fundamental ese “no necesariamente” , porque cambia en absoluto el postulado que se intenta inducir, principalmente desde los partidarios «del estado presente», que la introducción del mismo es indiferente. Y no, no lo es.

    Lo que sucede es aquello que ya dijo Hazlitt en 1940: tanto los precios máximos como los precios mínimos, pueden ser operativos o indiferentes. Un precio mínimo por debajo del precio de equilibrio del mercado, es indiferente, no genera efecto ninguno. Por ejemplo, fijar hoy un salario mínimo mensual en Panamá, de trescientos dólares mensuales, no necesariamente va a generar desempleo. Va ser un precio mínimo no operativo. Ningun efecto más produce. Es indiferente. Pero si ese salario mínimo se pauta artificialmente por encima del precio de mercado, por ejemplo en mil dólares mensuales, claro que va a generar desempleo. Es casi hasta frustrante tener que explicar esta cuestión, dado que cualquier economista entiende la ley de oferta y demanda y dado que el salario es finalmente un precio que refleja esa interacción voluntaria, si el mismo se fija artificialmente por encima, no va a haber tal interacción. Ergo, habrá puestos, pero no cubiertos.

    Esto es así porque el propósito de una persona es el mantenimiento de su vida y su bienestar, es poco probable que un empresario le pague a un trabajador más que el valor del producto que genera. Si un trabajador genera por hora un valor de $ 10 para el negocio, entonces el empresario no pagará más que esta cantidad.

    Si el salario mínimo se establece en $ 20 por hora mientras que el trabajador solo puede generar un valor de $ 10 por hora, entonces sería ilegal que la empresa le pagara al trabajador menos del salario mínimo de $ 20 por hora. En tal escenario, la empresa se vería obligada a reducir al trabajador, ya que emplear al trabajador por $ 20 la hora va a afectar la rentabilidad de la empresa. 

    Para el caso, el trabajo merecedor del Nobel se basa en el estudio comparando el cambio en el empleo en restaurantes de comida rápida en Nueva Jersey, que aumentó su salario mínimo estatal, con el de la vecina Pensilvania, que no lo hizo, y no encontraron diferencias sustanciales, concluyendo que los salarios mínimos no excluyen del mercado laboral a los trabajadores de baja productividad. Pero fue solo una observación específica para ese caso y no una conclusión que pueda generalizarse globalmente, en todas las circunstancias y en todas las situaciones, especialmente regulatorias. La acción humana no es un conjunto de datos históricos y predecibles modelados en laboratorio. Y por si hace falta aclarar, un salario mínimo en donde no existe un Código Laboral, es fácil de sostener, dado que contratar y despedir es libre y no atado a positivismo alguno.

    El estudio sobre salarios minimos es muy famoso y tiene su historia. Tambien sus problemas. Pero el premio no fue por el «salario minimo» en sí, sino por los nuevos metodos y creatividad de metodos econométricos que hoy son asunto corriente. Y aquí el problema: el desarrollo y predominio de esos métodos «es el resultado de dejar de lado la teoría o, más bien, de una epistemología positivista a la que adhieren la mayoría de los economistas» señala el ilustre economista Nicolás Cachanosky.

    La causalidad en las ciencias sociales es una construcción teórica, no algo que pueda extraerse de los datos sin una comprensión a priori del comportamiento humano y cómo afecta (y se ve afectado por) los fenómenos económicos y sociales. Los métodos experimentales y cuasiexperimentales pueden proporcionar un conocimiento histórico-empírico limitado, pero tienden a carecer de «validez externa», es decir, nunca se sabe si los resultados se mantendrán en otros entornos.

    El tema no es menor, ni para la ciencia, ni para nuestros países y sus inmaduras democracias, dado que el positivismo, desde el ámbito del conocimiento, es su principal enemigo; es muy preocupante escuchar a economistas que dicen: “yo sólo me guío por los datos”, y este solo contexto que le transmiten a los políticos. Todas las instituciones que atentan contra la evolución económica natural son hijas del positivismo, que se adueñó de los claustros universitarios, la mass media y le da sustento a la política más peligrosa.

  • Evergrande, el imperio inmobiliario chino, al borde del colapso dispara el miedo a un ‘efecto contagio’

    Evergrande es el segundo desarrollador inmobiliario más grande de China y en un momento fue parte de la ilustre lista de compañías Fortune 500 publicada por la revista Fortune. La compañía dejó su huella durante el crecimiento impulsado por las infraestructuras de la economía china en la década de 2000 y después de la crisis financiera mundial, expandiéndose a más de 280 ciudades chinas.

    Pero esta semana sonaron las alarmas, con la noticia de que Evergrande, está luchando para pagar los préstamos de sus más de 300.000 millones de dólares en pasivos, una suma aproximadamente equivalente a la deuda pública de Portugal. El martes pasado, la firma, con sede en la ciudad sureña de Shenzhen, dijo que estaba bajo una «tremenda presión» y advirtió que no había garantías de que pudiera «cumplir con sus obligaciones financieras».

    Las acciones de Evergrande cayeron ayer lunes hasta un 19% a su nivel más bajo en más de 11 años, extendiendo las pérdidas a medida que los inversores ven con malos ojos sus perspectivas comerciales con una fecha límite que se acerca rápidamente para las obligaciones de pago esta semana. A mediodía, la acción había tocado 2,06 dólares de Hong Kong (0,26 dólares), el nivel más débil desde mayo de 2010. La unidad de administración de propiedades de la compañía cayó más del 12%, mientras que su unidad de autos eléctricos disminuyó un 8%. La empresa de transmisión de películas Hengten Net, propiedad mayoritaria de Evergrande, se desplomó un 14%.

    Los incumplimientos de la deuda corporativa de China provocan preocupaciones de una crisis más amplia. Evergrande ha estado luchando por recaudar fondos para pagar a sus numerosos prestamistas, proveedores e inversores, y los reguladores advirtieron que sus millones de dólares en pasivos podrían generar riesgos más amplios para el sistema financiero del país si no se estabilizan.

    Uno de los principales prestamistas de Evergrande ha hecho provisiones para pérdidas en una parte de sus préstamos al desarrollador en conflicto, mientras que algunos acreedores planean darle más tiempo para pagar, dijeron cuatro ejecutivos bancarios.

    Ahora, como el incumplimiento parece casi inevitable, abundan los temores de un contagio dentro del mercado inmobiliario chino, y mucho más allá. En una aparente respuesta a los rumores que irritaban a los inversionistas, la compañía prometió el sábado un «castigo severo» para seis gerentes que hubieran canjeado sus productos de inversión antes de las fechas de vencimiento.

    Los analistas están preocupados. «El colapso de Evergrande sería la prueba más grande que ha enfrentado el sistema financiero de China en años», escribió Mark Williams, economista jefe para Asia de Capital Economics. «La raíz de los problemas de Evergrande, y los de otros desarrolladores altamente apalancados, es que la demanda de propiedades residenciales en China está entrando en una era de declive sostenido», escribió. «El colapso en curso de Evergrande ha centrado la atención en el impacto que tendría una ola de incumplimientos de los promotores inmobiliarios en el crecimiento de China».

    Un colapso no solo sería catastrófico para la confianza de los inversores, sino que también se reflejaría en el gobernante del Partido Comunista Chino (PCCh). Bajo el presidente Xi Jinping, el PCCh ha tratado de controlar la riqueza excesiva, reducir los riesgos del mercado y la desigualdad de ingresos a través de una nueva campaña por la «prosperidad común». Pero Evergrande, una de las corporaciones más grandes de China, es un problema que ha empeorado bajo la supervisión de Xi.

    La cuestión candente es si permitirá que Evergrande fracase, lo que podría desencadenar una oleada de turbulencias financieras y más protestas. Como mínimo, «es probable que los problemas financieros en el grupo causen un efecto de contagio en el sector bancario», afirmó Angus Lam, economista senior de IHS Markit. Además, podría provocar una congelación de los préstamos en todo el sistema crediticio de la misma manera que lo hizo el colapso de Lehman Brothers en los EE. UU. o la quiebra de IL&FS en los mercados monetarios indios.

  • Ley rider: intervencionismo en el mercado del servicio de delivery en España

    El Real Decreto Ley 9/2021, o ‘Ley Rider’, del 11 de mayo, por el que se modifica el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores, entra en vigor este 12 de agosto en España. Con esta normativa, el sector público impone a las empresas de reparto (principalmente, de comida a domicilio) una relación laboral contractual con sus repartidores, conocidos como riders, al repartir la mayoría en bicicleta.

    “Esta ley protege a los más vulnerables porque afecta a los jóvenes de nuestro país y por eso es tan importante lo que estamos haciendo”, dijo Yolanda Díaz Pérez, ministra de Trabajo. Según sus palabras, 16.794 personas han regularizado su situación laboral gracias al esfuerzo de los inspectores. Esto ha tenido un impacto económico de 29 millones de euros, afirmó.

    La nueva ley entró en vigor una vez publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE). A partir de ese momento, las empresas tienen tres meses, hasta el 12 de agosto, para realizar los cambios necesarios en sus relaciones laborales con los repartidores de alimentos. Sin embargo, la nueva ley no afecta a los trabajadores de otras plataformas digitales, como las aplicaciones de transporte.

    Muchas empresas en España aprovechan lo que se conoce en los EE.UU. y UK como la “gig economy”, un término que hace referencia a los trabajadores autónomos que trabajan en trabajos temporales y flexibles, como repartir alimentos desde una variedad de empresas y establecimientos, a clientes. Pero en los últimos años, los trabajadores de este sector vienen exigiendo el reconocimiento como personal asalariado y solicitando los derechos correspondientes, como la baja por enfermedad y las vacaciones pagadas.

    Aun cuando es temprano para ver los resultados positivos que pretende la ley rider, la primer consecuencia negativa para los empleados ya se conoce: Empresas como la británica Deliveroo, a raíz de la inminente entrada en rigor de esta ley, ha decidido cerrar su actividad en España y pretende acometer un proceso de despido colectivo que afectará a un total de 3.871 personas, entre personal de oficina y repartidores.

    La empresa anunció este viernes su intención de salir del país en octubre, luego de abrir un “período de consultas” con sus trabajadores, a quienes horas después informó de la apertura del referido proceso directamente a principios de septiembre.

    En un comunicado, los responsables de Deliveroo en España han vinculado su retirada del mercado español con la competencia en el sector de la comida a domicilio, ya que “mantener una posición de mercado de primer nivel requeriría un nivel de inversión muy elevado con un retorno potencial altamente incierto».

    La ley rider también obliga a todas las empresas a informar a los pasajeros de reparto de alimentos sobre cómo los algoritmos y la inteligencia artificial afectan sus condiciones de trabajo, decisiones de contratación y despidos. “Ahora los algoritmos se van a poner al servicio de la mayoría de la sociedad”, dijo la ministra Díaz. «Todas las empresas comerciales de hoy utilizan la inteligencia artificial de una forma u otra y es clave para nosotros ser valientes y gobernar sin miedo la transición tecnológica».

    La ministra también anunció la creación de un comité de expertos que evaluará al gobierno y estudiará “el buen uso de la inteligencia artificial y los algoritmos en las relaciones laborales”. Díaz explicó: “Necesitaremos conocimientos colectivos para que cuando alcancemos una posición más avanzada tengamos la aptitud con respecto a cómo abordamos el uso de la inteligencia artificial en las relaciones laborales”.

    La aprobación de la nueva ley provocó diversas respuestas de los sindicatos y asociaciones empresariales. Aunque la legislación está destinada a brindar más seguridad a los pasajeros que realizan entregas de alimentos, ha sido rechazada por el movimiento Delivery Workers United con el argumento de que provocará la pérdida de puestos de trabajo. Los manifestantes llevaron una pancarta con el mensaje: «Stop Rider law, soy un trabajador autónomo» frente al Congreso el pasado martes.

    Pepe Álvarez, secretario general del sindicato Unión General de Trabajadores (UGT), que participó en las negociaciones, celebró la medida este martes. “Esta es una ley que va a poner las cosas en orden”, dijo durante una entrevista televisiva al noticiero La hora de la 1, de la cadena estatal TVE.

    Carlos Gutiérrez, del sindicato Comisiones Obreras (CCOO), que también participó en las negociaciones, aplaudió la ley, pero afirmó que debería haber ido más allá. “Esta es una ley que va en la dirección correcta porque fortalece la relación de trabajo entre los pasajeros y obliga a las empresas a ofrecer transparencia sobre las nuevas formas de administrar la fuerza laboral, como el uso de algoritmos”, dijo. Pero agregó: “El texto no es tan ambicioso como nos hubiera gustado. Creemos que podríamos haber ido más allá y regularizado las diferentes realidades laborales que se dan en estas plataformas digitales ”.

    La asociación líder de plataformas de entrega de alimentos APS, por su parte, que representa a Deliveroo, Stuart, Glovo y UberEats, declaró su oposición a la ley rider. En un comunicado de prensa emitido el martes, advirtió que el decreto “compromete el desarrollo de un sector que aporta más de 700 millones de euros al PIB de España”. La asociación también criticó el hecho de que la ley se aprobó como un decreto real, lo que significa que no fue objeto de debate parlamentario, y sin consultar a «restaurantes, plataformas y, lo que es más sorprendente, a los propios trabajadores de la entrega«.

    La asociación también criticó la ley rider por obligar a las plataformas a hacer que sus algoritmos sean más transparentes . “Si bien España afirma ser una nación de nueva creación, esta es la primera ley en Europa que incluye la obligación de que las empresas tecnológicas revelen sus algoritmos”, agrega el comunicado de prensa.

    Como siempre sucede, las leyes se juzgan por sus intenciones, pero no por sus resultados. Deberá pasar un tiempo para evaluarlos, pero desde ya, Deliveroo cierra en España y nadie puede anticipar qué sucederá con la vida de esos riders que ahora se quedan sin trabajo.

  • El estado destructor de la pequeña empresa

    Desde el inicio de la Pandemia covidosa escribí artículos advirtiendo que la dictadura de encerronas y tapabocas iba a terminar causando daños más graves que el virus. Triste que aún seguimos dormidos. Enfoquemos en tema, el estado destructor de la pequeña empresa.

    Un buen amigo me comentó que favorecía las políticas que castigan a quienes no se vacunan, dado que vacunarse es “asunto de salud pública”. Igual sería con cualesquiera otras plagas virales, como las del pasado, que han llenado hospitales, causado muertes y sufrimiento. Lo medular del tema está en el alcance de la autoridad que hemos y debemos delegar a los gobiernos del estado. El propósito fundamental de una constitución es el de limitar el poder estatal. ¿Cuántas veces hay que repetirlo para entenderlo? O ¿será que no basta con repetir algo que debía ser más que obvio? ¿Acaso no es obvio que el abuso del poder por parte de la mayoría de nuestros politicastros?

    Perversa es la autoridad excedida y putrefacta: un diputado, ministro, juez, presidente, cura, papa, o más arriba. O, más abajo, tal como un padre de familia. El padre y madre son la piedra angular de la sociedad. No sólo es asunto de engendrar un nuevo ser humano, sino una función que es más que reproductiva. La función clave de desarrollo, protección, educación, y ser agente vital en su desarrollo. Pero, ¿qué tiene todo esto que ver con la pequeña empresa? ¡Todo! Pues igual que el mal padre destruye al hijo, el mal gobierno lo destruye todo; el estado destructor se cobra a sus ciudadanos. El problema en Panamá nace de la histórica perversidad de sus gobiernos; y estos, a su vez, son el reflejo de la falta de paternalismo responsable y de verdadero amor.

    Ahora, retomo el hilo del título en eso de “el estado destructor de la pequeña empresa.” Si damos o permitimos que las autoridades tengan y usen el poder de obligar a encerrar, vacunar, usar máscaras y tal, ¿dónde ponemos límites? Y si lo que tenemos no son políticos sino politicastros, ¿a dónde creen que nos llevará todo ello?

    Quien lea algo de la constitución panameña y tenga la capacidad de comprender lo que lee, verá que la misma no es un instrumento que limita el poder estatal sino todo lo contrario. Tomemos un solo artículo, el cual he citado a cansancio: Artículo 282: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará, según las necesidades sociales y dentro de las normas del presente Título…” “El Estado planificará el desarrollo económico y social…” ¿Necesito ampliarles el poder que esto confiere a nuestros politicastros? En todo caso, léanse los siguientes artículos del Título X de la Constitución.

    A través del tiempo nuestros politicastros se dedicaron a infectar mentes humildes con un “no a la privatización”. Y es que, si dices “no a la privatización”, automáticamente está diciendo sí a otra cosa. ¿Qué otra cosa? Si no la empresa privada, chica o grande ¿qué? Tal vez las botellas, el gobierno regalón y obeso. O, a favor de la politiquería corrupta o del capitalismo de compinches que sufrimos.

    La libertad es naturaleza y derecho humano. Nacemos y somos libres para hacer el bien. Pero, mi amigo me decía algo como: Si favoreces la libertad entonces no pagues impuestos, no hagas caso a los altos, a los semáforos, construye fuera de tu propiedad, no saques placa y tal… Le dije que eso no era libertad sino libertinaje, que no es lo mismo ni se escribe igual.

    Ser emprendedor es tener el coraje para asumir el riesgo de tomar tus ahorros y montar un negocio; sea una escuela, un hospital, un restaurante, etc. Ello requiere coraje porque de cada 10 empresas que nacen a los diez años 9 se van a pique y los inversionistas pierdan todo. Lo sé por experiencia propia y por la de familiares, amigos y tantos otros. Pero, tío pueblo, que no gusta de los ricos, quiere ser rico, pero sin privatización. ¡Plop!

    En fin, nuestro desgobierno está destruyendo miles de empresas y empobreciendo a todos. Ahora, esos mismos “geniales” politicastros, se están quedando sin $$$ para seguir con el relajo regalón. ¿Qué crees que pasará cuando se les acabe el $$$?

  • La intervención estatal y los malos incentivos que genera

    La intervención, quirúrgica o gubernamental, es cosa muy delicada. Pero, en particular las gubernamentales debemos verlas con inmenso recelo, dada su propensidad politiquera y corrupta. En el caso de la intervención quirúrgica, el cirujano tiene buenos incentivos para salvar y mejorar la salud del paciente; pero, en la arena política, los incentivos se inclinan a lo negativo. Sólo a manera de ejemplo, el cirujano sigue siendo cirujano luego de las elecciones; pero, el político, si es honesto y no promete el cielo y la tierra, lo más probable es que quede fuera de la jugada. Este es un problema cultural y tema de otro escrito.

    El ciclo económico típico tiene razones propias del mercado, tales como malas inversiones, que el mercado capta en sus señales de precios, llevando a las correcciones del caso. Las depresiones profundas típicamente se deben a la intervención gubernamental, de forma tal que anula los mecanismos correctores del libre mercado, lo cual prolonga y profundiza la crisis. En tal situación es probable que se llegue al grado de “estanflación”, como en 1970. La mala intervención se manifiesta con controles de precios, incluyendo los salarios, intervención en las tasas de intereses; y, ni hablar de lo que vivimos durante los encierros vacunos del COVID.

    Luego viene el gasto gubernamental deficitario, planillas abultadas y hasta groseras, supuestamente para dar asistencia; pero… el asunto es ¿asistencia a quiénes? Obvio que a los amiguitos o buenos clientes. Luego vienen los rescates a empresas que según los “expertos” que no se puede permitir que colapsen. Y si estas cosas no alcanzan, entonces vemos, tal como en los EE.UU. de Biden, astronómicas intervenciones económicas en supuestos proyectos de infraestructura. Y parte del engaño consiste en llamar “infraestructura” al parte y reparte, que permite quedarse con la mejor parte. Entonces, cuando todos esos esfuerzos interventores no funcionan y la economía se desploma, se van en busca de chivos expiatorios.

    La virulenta noción de que un gasto, o mal llamado “incentivo gubernamental”, pueda ser buena medicina es, no sólo absurda sino ridícula. Y ni hablar cuando la politiquería gubernamental decide redirigir gastos de supuestas inversiones hacia proyectos o programas populares; lo cual no está basado en criterios de emprendimiento sino del clientelismo político.

    Y más allá aún, están los supuestos subsidios que no subsidian, sino que crean dependencia y servidumbre. Los fondos de subsidio tienen que salir de algún lado. Salen del bolsillo de empresas y personas que han sabido producir. Pero si les quitas a éstos, bajo la suposición de que tío gobierno le va a dar mejor uso, entramos en el ámbito del engaño patrañero. Y los que terminan pagando el mayor precio son, precisamente, los más necesitados.

    Todo lo señalado nos retrotrae a esas actividades politiqueras que desvían la atención e inversión hacia áreas o actividades que procuran valerse de los supuestos regalos de incentivo; que distrae de la actividad económica productiva. Los agentes gubernamentales, que saben de los negocios oscuros, pero poco de los claros, desvían los dineros de actividades productivas.

    Semejantes artimañas politiqueras caen en el área de lo azaroso moral. A su vez, lo azaroso moral, que infecta la actividad gubernamental, afecta la actividad empresarial; que prostituye creando coyundas público/privadas perjudiciales.

    Tal vez el mejor ejemplo de intervencionismo castrante lo estamos viviendo hoy con la absurda intervención estatal en lo del COVID. Es la intervención miope que sólo ve y busca la ilusa “solución” del momento, sin ver que a más largo plazo el problema ya no será el COVID sino el virus interventor de la economía; el cual es aún más mortal que aquel de Wuhan.

  • Control de precios hace caer al gobierno sueco.

    Control de precios hace caer al gobierno sueco.

    El control de precios, sobre cualquier tipo de bienes y servicios ofertados en el mercado, nunca ha funcionado en la historia de la humanidad. Más tarde o más temprano, sus efectos negativos y dañinos sobre la sociedad se hacen sentir y con fuerza. Entre ellas, escasez y el surgimiento de mercados negros que sólo contribuyen a que los precios que se quieren controlar se disparen más arriba aún, con el consiguiente empobrecimiento de los que supuestamente estaban destinados a ser beneficiados con el control de precios.

    En estos momentos, y muy lamentablemente, en Suecia, el gobierno socialdemócrata y verde, liderado por el primer ministro Stefan Löfven, acaba de caer, dado que ha propuesto desregularizar las rentas en los edificios de nueva construcción, lo que acabaría con un modelo de negociación colectiva de más de medio siglo.

    El país aplica un estricto control de precios desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pero casi ochenta años después, acceder a un piso regulado en el centro de Estocolmo obliga a un tiempo de espera de ¡unos diez años o mucho más!. Según un informe oficial, en 2019, el tiempo de espera medio para un contrato de alquiler de primera mano en Estocolmo era superior a 3.800 días, es decir, diez años. En Gotemburgo era casi de seis años, y en Malmö, de tres. La lista de espera supera las 580.000 personas.

    Precisamente, la escasez es generada debido a que al reducir la rentabilidad futura de los propietarios, se desincentivan inversiones futuras, tanto en los pisos ya existentes como en los aún por construir. ¿Quién querría construir si su renta la define el gobierno? Así que sólo crece la demanda, pero la oferta continúa sin crecer.

    En Estocolmo, la capital, alrededor del 40% de los inquilinos reside en viviendas acogidas al programa de control estatal. Las negociaciones se realizan entre los sindicatos de inquilinos (unos 350.000) y las agencias de representación de las empresas propietarias (unas 5.000). El estado ofrece un catálogo de viviendas públicas destinadas exclusivamente al alquiler (hyresrätt). Los habitantes de estas viviendas, alquileres de «primera mano», están representados por diversos sindicatos de inquilinos, siendo el más numeroso y relevante Hyresgästföreningen, quienes negocian sus términos de uso de las viviendas con los propietarios de forma conjunta.

    Para los pocos propietarios privados, las condiciones de alquiler son muy duras: están supervisadas por el gobierno y los contratos de alquiler no pueden tener más de un año de duración. Y para poder alquilarlo, se deben dar razones y justificaciones permitidas, no se admiten causales como obtención de la renta per sé con ánimo de lucro.

    Hoy 255 de un total de 290 municipios suecos tienen oficialmente un déficit de viviendas. Para aquellas personas en busca de un alquiler, la situación de listas de esperas es dramática. Entonces, otra alternativa ha cobrado fuerza: los bostadsrätt, que son cooperativas de pequeños propietarios de viviendas, de tres o cuatro plantas, donde los pisos se reparten entre los asociados. Pero no es una compra con derechos de propiedad absolutos, sino una especie de participación social cooperativa a cambio de una vivienda para el resto de la vida, bien situada y a buen precio. Se puede ceder y transferir, pero no vender. Esta limitación, al estilo de vivienda en Singapur, lo que hace es que al final, se desincentiva el ánimo de lucro, que es por el cual podría satisfacerse la demanda de forma natural. Ya lo decía Adam Smith, «No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés».

    Y para coronar esta serie de regulaciones, construir en Suecia es muy costoso. Hasta un 72% más que en el resto de la Unión Europea. Las regulaciones medioambientales del país de Greta o urbanísticas son extremadamente duras. Entonces, para que sea rentable construir, los precios deben justificar la inversión. La consecuencia es que los precios de las viviendas particulares se disparen tanto que sólo muy pocos puedan acceder a su propia vivienda. Sólo millonarios podría decirse.  Paul Krugman, estimaba que el precio medio de un piso en Suecia ha crecido un 200% durante las últimas décadas.

    Pero como siempre sucede, el mercado, los acuerdos libres y voluntarios, mal llamados “mercado negro”, aparecen para dar solución:  el subarrendamiento de pisos, o el mercado negro del alquiler. Si bien la ley sueca es muy estricta (incluso penalmente) respecto al alquiler en «segunda mano», es decir, para que el inquilino de un hyresrätt subalquile su vivienda a otra persona, la escasez combinada con la desesperación por un techo, hacen que hayan aparecido cientos de intermediarios y caseros (en muchos casos, fraudulentos) que ofrecen habitaciones a precios altísimos, superiores a los 1.000€ , que claramente triplican a los 400€ o 600€ al mes de los bajo control de precios.

    Esta situación de control de precios, genera un sistema que protege a los que llegaron primero, a los que actualmente poseen un alquiler, representados por Hyresgästföreningen y los otros grupos que defienden sus intereses y que presionan por el mantenimiento de los precios regulados.

    Las consecuencias las pagan aquellos suecos que aún no han accedido al alquiler regulado, que están en lista de espera y que no tienen el dinero suficiente para comprar una vivienda nueva. Es decir, los jóvenes, las personas que no alcanzan salarios altos debido a sus calificaciones, y los inmigrantes.

    Lastimosamente, cuando el gobierno toma cartas en el asunto, es cuando las alarmas ya dejan de serlo, para convertirse en una triste realidad, como las listas de espera para un alquiler ya comentadas o como la expuesta por la carta pública de Spotify advirtiendo sobre su hipotética salida de Estocolmo si la situación seguía sin resolverse, ya que les costaba encontrar alojamiento para sus talentos internacionales.

    Los gobernantes y legisladores deberían evitarse toda esta problemática con sólo hojear el libro “4000 años de controles de precios y salarios”, por Butler Eamonn y Robert Schuettinger, donde se demuestra que no existe un solo caso en la historia en el que el control de precios haya detenido la inflación o haya evitado la escasez de bienes y servicios. La imposición del control de precios sobre una comunidad, es una intervención violenta del estado sobre acuerdos libres y voluntarios, lo cuales constituyen la base ética de una sociedad libre. Suecia está pagando un precio muy caro por tal razón. Aprendamos del ejemplo ajeno.

  • ¿Qué subsidian los subsidios?

    Los subsidios derrochan dineros ciudadanos que en gran medida se obtienen a través de costosos préstamos. Y, como ocurre tantas veces, ya nadie se acuerda de cómo fue el parto del niño “Subsidio”. Fue una movida politiquera para ganar votos y respaldo. Y es que, cuando no se puede lograr respaldo prometiendo lo correcto, eso que conviene a todos, hay que usar carnada con un buen anzuelo dentro.

    Cuenta Robert Blumen, ingeniero de software y editor de podcasts, que el relajo comenzó en Inglaterra, por allá en 1937, cuando el genio de la pérfida economía, Lord Keynes, durante una crisis económica vendió el concepto de los “estímulos”, alegando que estimulaban la economía. Y la población se tragó la carnada y el anzuelo. Y, a todo ello, los políticos fascinados con el genio economista, lo elevaron a rango de San Keynes.

    Hoy día, la evidencia contraria a los estímulos es más que evidente en los EE.UU., que, en medio de la crisis económica provocada por demenciales y virulentos encierros, se reparten estímulos que estimulan quedarse en casa; ya que así ganan mucho más que si salen a trabajar. Y ¡por supuesto!, que los sindicatos, amiguitos del relajo politiquero, se unen con estos para seguir el festín de engaño.

    Lo triste de todo lo señalado es que el sistema centralizado educativo, ese que NODUCA, no enseña economía; ya que un pueblo educado en economía se daría cuenta de que los politicastros los están usando y abusando. Peor aún es que, hasta la Iglesia Católica, años atrás, abandonó el tema económico aduciendo que era asunto del Rey y no de Dios. ¡Grave error! La economía es acción humana y la acción humana ¡vaya si es asunto de Dios! Eso lo señalaron los eruditos escolásticos en su corriente teológica y filosófica medieval para enseñar la revelación religiosa del cristianismo. Hablamos de personajes desde Santo Tomás de Aquino y tantos otros jesuitas y franciscanos: Francisco Vitoria, filósofo, teólogo y jurista español, fundador de la tradicional filosofía conocida como La Escuela de Salamanca.

    Luego, en 1803 nos encontramos con Jean-Baptiste Say, economista clásico que nos advierte que la creación de un producto crea la demanda de otros productos, en virtud de una creación de valor que da lugar a intercambios con otros productos; llamémosle “comercio”. Y la pregunta que se desprende como papaya madura es: ¿Acaso los subsidios estimulan la producción y el comercio? ¡No! Lo que sí hacen es estimular la dependencia y el servilismo. De hecho, no son auténticos “subsidios”, ya que un subsidio no crea dependencia, sino que ayuda a ser productivo.

    Y entre las perversiones de supuestos estímulos, vemos los controles de precio, entre los cuales está el salario mínimo; que son vagabunderías de sindicatos aliados a los zorros del gallinero.

    Un buen ejemplo de como la libertad de comercio mejora calidad y disminuye precios se da en el caso de la ivermectina, medicamento tan viejo que perdió su patente. Hoy, este efectivo medicamento lo fabrican muchas casas farmacéuticas y su precio es bajo. Indudablemente por ello fue rechazado por gobiernos títeres de casas farmacéuticas que ofrecen costosos medicamentos protegidos bajo patente.

    Un buen comentario que me encontré al preparar este escrito fue: “Los estímulos no estimulan dado que el verdadero factor que impulsa la producción es mucho más que financiero; ya que involucra el deseo de trabajar y una disposición de enfrentar incertidumbres». ¿Será eso algo que enseñan en las escuelas del NODUCA?.

  • El uso de la idea de la emergencia nacional según Aynd Rand

    Para los colectivistas e interventores del Estado, el uso de la idea de emergencia nacional, se convierte en la narrativa oficial que abraza las pasiones humanas, refuerza la idea de un enemigo en común a batir, pero también y muy especialmente un modelo de Estado que atenta contra los derechos individuales, haciendo de la libertad, una palabra vacía, hueca de contenido. Como lo vemos crudamente expuesto ahora, no ya en gobiernos dictatoriales o comunistas declarados, sino en cualquier gobierno presumidamente democrático durante la oficialmente declarada pandemia del Covid 19.

    En la “La Rebelión de Atlas” de Ayn Rand, libro escrito en 1957, la autora adelantaba lo antes señalado, poniendo en boca de uno de sus personajes, Wesley Mouch, caracterizado por ser un mediocre, lo siguiente: «He aquí la situación —dijo Wesley Mouch—. Las condiciones económicas del país eran mejores hace dos años que el pasado, y este último mejores que el presente. Es evidente que no podremos sobrevivir otro año siguiendo un descenso así. En consecuencia, nuestro último objetivo ha de basarse en resistir. Resistir con el fin de volver a nuestro ritmo anterior. Alcanzar la estabilidad total. La libertad ha tenido su momento, pero ha fracasado; en consecuencia, será preciso imponer controles más enérgicos. Teniendo en cuenta que la gente es incapaz, o no quiere solucionar sus problemas voluntariamente, hemos de obligarla a ello. «…Wesley Mouch arrojó una mirada a su hoja de papel y dijo en tono petulante:

    —Si quiere que continúe, tendrá que declarar un estado de emergencia….
    —La principal dificultad estriba en que no estoy seguro de si la ley nos garantiza realmente el poder para poner en vigor ciertas disposiciones de la directriz número 10- 289. Me temo mucho que queden sujetas a posible debate.
    —¡Al diablo! Hemos aprobado tantas leyes de urgencia que, si escarba entre las mismas, encontrará seguramente alguna que le sirva. «…

    La Directriz 10-289, que debe ser hoy mismo objeto de reflexión para comprender los peligros del pensamiento colectivista, era un claro atentado contra el individuo, al despersonalizarlo cuando lo despoja del producto de su esfuerzo y lo priva de sus virtudes, bajo la excusa estatal del estado de emergencia nacional.

    «—En nombre de la riqueza general —leyó Wesley Mouch —y a fin de proteger la seguridad pública y conseguir una total igualdad y absoluta estabilidad, se decreta lo que sigue, para el período de duración del estado de urgencia nacional:

    «Punto primero: Todos los trabajadores, asalariados y empleados de cualquier clase quedarán, a partir de ahora, sujetos a su tarea y no podrán abandonarla, ni ser despedidos, ni cambiar de empleo, bajo pena de prisión. Dicha pena quedará determinada por la Oficina de Unificación. Dicha oficina será nombrada por la Oficina de Planeo Económico y Recursos Nacionales. Toda persona que haya cumplido veintiún años deberá presentarse a la Oficina de Unificación, quien le asignará el lugar donde a su entender sus servicios sirvan mejor los intereses nacionales.

    »Punto segundo: Todos los establecimientos industriales o comerciales, o los negocios de cualquier naturaleza, deberán, a partir de ahora, seguir funcionando y sus propietarios no se retirarán, ni abandonarán, ni cerrarán, venderán o transferirán sus negocios, bajo pena
    de la nacionalización de sus industrias y de sus propiedades…»

    Punto tercero: Todas las patentes y copyrights pertenecientes a aparatos, invenciones, fórmulas, procesos de trabajo y tareas de cualquier otra naturaleza, serán transferidos a la nación como entrega patriótica de urgencia, por medio de certificados de entrega que serán firmados voluntariamente por los propietarios de dichas patentes y copyrights. La Oficina de Unificación expenderá licencias para el uso de tales patentes y copyrights a quienes las soliciten, de manera igual y sin discriminación, con el fin de eliminar prácticas monopolísticas, desechar productos anticuados y poner los mejores al alcance de la nación. No se usarán marcas, sellos ni títulos protegidos por algún copyright. Todos los productos anteriormente patentados serán conocidos por un nuevo nombre y vendidos por todos los fabricantes bajo la misma denominación, designada por la Oficina de Unificación. Todas las marcas de fábrica particulares, sellos y emblemas quedarán abolidos.

    »Punto cuarto: Ningún nuevo aparato, invento, producto o género de cualquier naturaleza que no se halle actualmente en el mercado, será producido, inventado, fabricado o vendido a partir de la fecha de esta directriz. Queda abolida la Oficina de Patentes y Copyrights.

    »Punto quinto: Todo establecimiento, organización, corporación o persona dedicados a la producción de cualquier producto, deberá, a partir de ahora, producir anualmente la misma cantidad de géneros que durante el Año Básico; ni superior ni inferior. El año conocido como Básico o Patrón será el que finalice la fecha de esta directriz. El exceso o el defecto de producción serán objeto de multas que quedarán determinadas por la Oficina de Unificación.

    »Punto sexto: Toda persona, cualquiera que sea su edad, sexo, clase o volumen de ingresos, deberá, a partir de ahora, gastar anualmente en la compra de géneros la misma cantidad de dinero que en el Año Básico; ni superior ni inferior. Un volumen de compras que no se atenga a ello será sancionado de acuerdo con lo que determine la Oficina de Unificación.

    »Punto séptimo: Todos los salarios, precios, dividendos, beneficios, intereses y formas de ingreso de cualquier naturaleza quedarán congelados en sus cifras actuales, es decir, en las de la fecha de esta directriz.

    »Punto octavo: Todos los casos y situaciones no específicamente mencionados en esta directriz, serán solucionados y determinados por la Oficina de Unificación, cuyas decisiones deberán considerarse concluyentes.»

    «Incluso entre los cuatro hombres que habían escuchado todo aquello, seguía existiendo un resto de dignidad humana que les hizo permanecer inmóviles y sentirse enfermos durante unos minutos.». Así iba concluyendo el párrafo de la novela, que pone en evidencia que son las pasiones de los hombres las que moldean a las instituciones, especialmente en tiempos de crisis, reales o imaginarias, apelando a la emregencia nacional que da pie a la mano interventora del Estado, que no sólo despoja al individuo de la libertad de pensar, limitando y normando su imaginación y producción intelectual, sino que bajo una política inquisidora centraliza bajo su poder cualquier acto creador, sin importar sus consecuencias, así estas involucren el pisoteo de los derechos individuales.

    Bien lo dijo Wesley Mouch, cuando Fred Kinnan preguntó ¿Con qué comerán mientras tanto? al hacer referencia a los profesores e ingenieros que se quedarían sin empleo, al cerrar todos los centros de investigación: “Tiene que haber una víctima, en tiempos de emergencia nacional, no podemos evitarlo” fue su respuesta.

    Pero también existe una reserva moral dentro de cada individuo que le dictamina lo que es correcto, independientemente de lo que le diga una ley expelida bajo la excusa de la emergencia nacional. Si los párrafos de la novela de Ayn Rand, se le asemejan mucho a la realidad actual, lo invitamos a que juntos, no seamos parte de ella, no la normalicemos,  distingamos y señalemos a la ley injusta. Jamás una emergencia podrá justificar el atropello de nuestros derechos, nadie tiene el poder de un ente superior para poner a ningún semejante en el altar del sacrificio, eso es lo que marca la diferencia entre la civilización y la barbarie, entre la oscuridad y la luz.

  • Planificando lo que no se puede planificar

    Los más dados a planificar la vida ajena son los comunistas, que no toleran la naturaleza del albedrío humano; pero, también está la pervertida política con sus pervertidos politicastros, quienes no están para procurar la independencia de los ciudadanos, ya que son como garrapatas que viven de la sangre des sus víctimas. Y por otro lado está la pasividad de la gran masa que acoge la mentalidad semoviente y clama por sus derechos a heno.

    Lo que une a todos los grupos que favorecen el control social (planificar), es el rechazo a lo que ellos llaman “caos”. Es decir, un pueblo en el cual cada quien resuelve por su  propia cuenta, sin subsidios, es impensable. Hablo de “libre mercado”, el terror del politicastro, ya que en semejante ambiente ellos no podrían “prosperar”.

    En palabras de Eric Molino en conferencia de la APEDE, especialista en riesgo: El intervencionismo no propone ninguna solución, sino más bien “crea ineficiencias de mercado y perjudica a quien pretende ayudar. Y, es que los malos gobernantes poco o nunca se centran en las causas profundas del mal, sino en los síntomas. Y añado yo: Es como tomar laxante para purgar el intestino; pero sin parar el comer desordenado.

    Un ejemplo que da Llewellyn H. Rockwell Jr. es el de tantas innovaciones tecnológicas que nacen gracias a subsidios, sin los cuales las mismas no podrían subsistir; y todo ello bajo la argucia de que se trata una “distribución de riqueza”, que premia al no productivo y castiga al productivo. El «ejemplo ejemplar» sobre planificar lo «implanificable» es el NODUCA, el cual ha distorsionado por completo el mercado educativo. Hoy, en Panamá, como en tantos otros sitios, los vástagos de tío pueblo languidecen en los centros de adoctrinamiento central, en dónde les adiestran en las rutinas del rebaño.

    Ya la creencia imperante es que la economía es cosa del gobierno y no del ciudadano; lo cual es basura de la peor clase que anida en la misma Constitución: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará, según las necesidades sociales y dentro de las normas del presente Título, con el fin de acrecentar la riqueza nacional y de asegurar sus beneficios para el mayor número posible de los habitantes del país.

    El Estado planificará el desarrollo económico y social, mediante organismos o departamentos especializados cuya organización y funcionamiento determinará la Ley. ¡Honor a Cantinflas!

    Si algo han hecho los gobiernos a través del tiempo es destruir el libre mercado y la economía; esa que debe fluir de abajo hacia arriba y no al contrario. Y siempre regreso al mismo ejemplo; de ver que la gran mayoría de los negocios en el país están en manos de extranjeros emprendedores, ya que los nacionales no creen o no les gusta lo privado o empresarial. No estiman a la propiedad.

    Creer que, si el gobierno tira más dinero ajeno a la calle, ello va a producir aumento económico real, es infantilismo o peor: es pillaje dirigido. Alegan que el sector privado no ayuda a los pobres y necesitamos la intervención de los zorros del gallinero. Y todo ello presupone que esos zorros saben más de negocios que los empresarios, con todo y que la mayoría jamás manejó un negocio.

    Un ejemplo clásico es la nueva encerrona covidosa del mes de junio en curso, la que obliga a cerrar los negocios, restaurantes y tal a las 9:00 p.m. ¡Absurdo!, si el contagio no se está dando en esos establecimientos. Lo que están propiciando es el colapso de más y más empresas.

  • Cuando la convicción moral manda

    A menudo leo cosas que no encuentro mejor forma de expresarlas y en esta ocasión cito una de ellas: “Para ser un economista con integridad significa el tener que decir cosas que la gente no quiere escuchar y especialmente el decir cosas que el gobierno no quiere que se digan.” Llewellyn H. Rockwell Jr.

    Llewellyn H. Rockewell Jr., es el fundador del Instituto Mises, dedicado a la defensa y promoción del sagrado derecho de albedrío engendrado en la misma Creación. En especial, el Instituto celebra la vida y obra de Ludwig Heinrich Edler von Mises (1881-1973) En esencia, el legado que nos dejó Mises fue el sostener que la única política económica viable para la humanidad era la de dejar hacer; mientras que los gobiernos se limitasen al cuido de la vida y la propiedad, dentro de sus territorios.

    Y digo o escribo sobre estas cosas ya que si algo he aprendido con los años es que se aprende ejercitando tanto el cuerpo como la mente. Y la mejor forma de ejercitar es con la repetición; esa que permite ir descubriendo nuevas maneras y formas de ver la realidad y la verdad. Es por ello que comparto con mis amistades en la «Cara del Libro», de manera insistente, una revisión de los principios de libertad sin los cuales la humanidad sería retrógrada; como en buena medida lo está siendo en manos de quienes desdeñan la libertad de sus prójimos.

    En estos días un amigo economista me comenta sobre el malandar económico, que en realidad es social, en el que deambulamos como ciegos en pantano, con lo cual algunos nos preguntamos: “¿Cómo diablos fue que nos metimos en semejante situación?” Y Rockwell nos lo aclara recordando las advertencias de Frédéric Bastiat, que hasta Omar Torrijos las reiteró a su manera, y que el partido de turno parece despreciar. Hablo de andar no sólo con luces cortas sino también con las largas. Los economistas de gobierno que no pueden ver aquello que subyace al intervencionismo estatal, ese que estamos viviendo en Panamá, harían bien en ganarse la vida limpiando parabrisas de autos en las calles y no haciendo ver que gobiernan.

    La economía no es asunto de numeritos sino de acción humana. Es decir, que se trata sobre lo que hace la gente, por qué lo hacen y cómo lo hacen; cosa que hasta la maligna constitución que sufrimos lo dicen en su Artículo 282, antes de contradecirse arrastradamente a la dictadura que sufrimos: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará…” Oda a Mario Moreno, alias Cantinflas. O sea, la economía es asunto de los particulares, pero «yo estado», hago lo que me viene en ganas con ella. Y… ¿aún no entendemos por que andamos a ciegas en el pantano de la corruptela institucional?

    Un ejemplo alegórico es el de los tsunamis, que cuando la marea se retrae súbitamente, muchos se van a la playa a retozar y recoger caracoles que se quedaron varados. ¿Cómo es que no ven lo raro de una marea que se vacía súbitamente? Es la marejada destructiva que la recoge antes de embestir.

    ¿Y qué mejor ejemplo de la acción estatal descarriada que aquella que leía en Facebook ocurrió en El Valle de Antón? Que, luego de casi un año de retraída la actividad económica el fin de semana se desata una oleada de turismo interno que reboza los restaurantes y tiendas. ¿Y cómo reacciona es sistema centralizado de luces cortas o putrefactas? Manda una oleada de burrócratas auditores: sanidad, trabajo, seguridad social, y tal, con el propósito de que no los ignoren; pues no hay peor que ser ignorado. Es cierto, para quienes andan con luces cortas. Pero como nos dijo el 2 veces primer ministro de Estonia Mart Laar cuando nos visitó en Panamá: “El mejor gobierno es como el sistema de aguas negras: Sabes que está allí, pero no lo tenemos que ver ni oler.”