Etiqueta: intervención de la economía

  • El Efecto de Goteo Económico

    El Efecto de Goteo Económico

    «El “derrame” o “goteo” (trickle-down) suele ser muy malinterpretado en el debate político superficial.«.

    Un podcaster pregunta: “¿Si la economía crece, los pobres salen de la pobreza o los ricos se vuelven más ricos?”. Luego asevera que una economía puede crecer sin que se reduzca la pobreza… sí; pero también depende de lo que se entiende por “economía”.

    ¿Cómo hacer que el crecimiento llegue a la mayoría de los hogares? El del podcast responde que “se necesita política social y redistributiva” para rescatar a los pobres. ¿Será cierto que la solución está en el confisca, parte y reparte, para que los maleantes gubernamentales se queden con la mejor parte? El podcaster y muchísimos más no se han asomado al abismo o etiología del mal.

    Hay otro tema de fondo que conviene considerar: la definición misma de riqueza. ¿Acaso riqueza es simplemente tener más dinero? ¿O se logra verdadera riqueza subiendo salarios por decreto y redistribuyendo? ¡Nooo! La verdadera riqueza está en la persona que crece en cultura, conocimientos, hábitos y capacidad. Requiere aumentar la productividad y su valor en el intercambio social que es el mercado; no sólo de bienes y servicios, sino de acercamiento humano. Y, por favor, no busquemos eso por la vía política y menos la politiquera y redistributiva; pues allí no van a encontrar otra cosa que pobreza socioeconómica.

    El camino más sólido pasa por generar las condiciones para que más personas logren producir productos o servicios que otros quieran comprarles. Para ello se requieren verdadera educación, seguridad jurídica, estabilidad, incentivos al trabajo e inversión; es decir, un entorno donde el esfuerzo y la productividad sean recompensados. Sin ello no hay motivación, y sin motivación regresamos a las cuevas.

    Cuando niño conocí en nuestra empresa de familia, Novey, al Sr. González, gerente del patio, cuyo salario era de unos $600. Cuando se jubiló y sin más que hacer, se fue a Puerto Coquira en el Bayano y veía llegar a los nativos en sus piraguas que venían de compras a la Capital; y le vino la idea de hacerles el encargo de compras. Pasaron los años y el Sr. González le regaló una casa a cada una de sus tres hijas… eso no es goteo sino una cabeza de agua que aprendió en real vivencia en una empresa que no se embarraba con la corruptela gubernamental.

    El “derrame” o “goteo” (trickle-down) suele ser muy malinterpretado en el debate político superficial. La frase nació como burla a la idea de que la actividad de arriba ayuda a los de abajo. Se usa como estratagema para negar el efecto real y virtuoso: el derrame de capacidades, conocimiento, estructura y ejemplo que los empleados de una buena empresa hacen suyo. Lo que el Sr. González demostró es precisamente eso. Y este es apenas un ejemplo.

    Pero hay algo más profundo. Ni el goteo ni el diluvio alcanzan cuando la gobernanza está podrida. La pobreza crónica suele tener su manantial en instituciones extractivas, deuda pública insostenible, clientelismo y corrupción. En ese terreno, las políticas redistributivas se convierten en botín y los recortes fiscales solos no bastan. Sin reglas claras, seguridad jurídica e incentivos reales al trabajo productivo, el crecimiento se concentra o se evapora. El verdadero derrame no es un regalo que cae desde arriba: es el resultado de personas que aumentan su valor en el mercado porque el entorno se lo permite y recompensa.

  • De Panamá Viejo a Panamá Nuevo

    De Panamá Viejo a Panamá Nuevo

    Las pobrezas que hoy nos perturban debemos verlas en nuestra evolución social, la cual comenzó con la finca que el rey de España configuró con un modelo rentista. El intento originario no estaba en poblar, cultivar y lograr una riqueza social humana, sino en cosechar las riquezas de Castilla del Oro, en donde se creía que las arenas de las playas eran doradas. Luego, con el tiempo, al descubrir que las playas eran de arena común, el intento fue lograr ingresos a través de peajes: tanto por el paso a través del istmo, como por quienes se quedaron varados aquí y tuvieron que pagar por cupos, coimas, licencias y demás para poder hacer mercado en la finca del rey.

    Con el pasar del tiempo, el oro de la finca se agotó y la vida en la se fue circunscribiendo a Panamá la Vieja y luego a la Nueva; que no era más que un burgo medieval dentro del cual había una casta burguesa, calles de tierra y un sistema séptico que transportaba la caca en carretas, y fuera de sus muros, el Arrabal. Entonces ¿qué fue de la gobernanza, acaso cambió? La respuesta la podemos ver en el comentario de un diputado en la asamblea colombiana en 1840, quien dijo: “Quien quiera conocer a Panamá, que vaya rápido, ¡pues se acaba!”

    En 1849 se produce un fenómeno único con el descubrimiento de oro en California, que torna a Panamá en el atajo hacia la riqueza del oeste gringo. ¿Y qué encontraron los argonautas en Panamá? Pues lo que había advertido el diputado colombiano. Ese choque entre transeúntes a través de parajes de escasez social y económica produjo muchos incidentes de «tajadas de sandía»; y no solamente como cuenta la errada historia.

    Más adelante, luego del ferrocarril, continúan nuestros problemas que culminan en la Guerra de los Mil Días y luego en la construcción del Canal de Panamá, en la cual el choque entre culturas vuelve a estar presente y termina con el enclave de la Zona del Canal; en donde se esconden los “zonians” de los panameños porque no se llevan. Bueno, sí, acaso para ir los días libres a las cantinas y prostíbulos a formar peleas; o panameñas que iban los fines de semana a las bases militares a buscar futuro.

    En 1903 nos independizaron los gringos y, desde entonces, ¿qué cambios reales se dieron en el modelo? Bueno, la Constitución de 1972 es fiel testimonio del ideal de gobernanza centralista, populista e intervencionista que adoptamos. Y lo más curioso es que aún hoy, en el 2026, la mayoría casi no lo advierte y quieren reformar lo irreformable; algo así como reconstruir a Frankenstein.

    Pero aún pocos ven la realidad en la cual los gobiernos están enquistados de manera destructiva en el mercado, dando testimonio de que la finca ya no es del rey de España, sino de los corruptos y corruptores «reyes» del Nuevo Panamá, que han llevado el clientelismo de los cupos, licencias y coimas al grado de arte. Y de educación real y efectiva… ¡ni pensarlo!, pues ello destruiría el cercado de semovientes ciudadanos liberándolos y destruyendo la finca burguesa.

    En resumen, y para entender nuestra terrible realidad, hay que reconocer nuestro pecado original: Panamá no nació como una nación, sino como la finca del rey de España. Desde la colonia hasta el sol de hoy, los administradores solo han cambiado de nombre, pero mantienen la misma tara mental: gestionar una economía de peaje y prebendas, creando una escasez institucionalizada para mantener a la población dependiente del «parte y reparte». Es bajo esta lógica de capataces que nace el NODUCA.

  • Descuento a jubilados: el falso subsidio que paga el sector privado

    Descuento a jubilados: el falso subsidio que paga el sector privado

    Hoy, en noticias de TVN finalmente veo a un presidente, en este caso Mulino, decir que no encuentra una fórmula para hacer económicamente viable aumentar el descuento a jubilados, con lo cual saca a relucir una verdad que sus antecesores soslayaban pero que, tal como he venido advirtiendo, la realidad nos está alcanzando. Nos alcanza por diversos motivos y diversos enredos socioeconómicos que son casi imposible explicárselos a Tío Pueblo, pero a ver si doy un pantallazo.

    El problema de fondo comienza con un mandato del Órgano Legislativo que es puro clientelismo destructivo. Entiendo que la mayoría de los jubilados enfrentan los aumentados costos vida inflacionarios. Es muy triste la realidad que enfrentan pero no debería ser una sorpresa para quienes ponen atención a un clientelismo que tarde o temprano pasa factura.

    Lástima que no sean tantos los que ven que la mayoría de las empresas no son de ricachones y sus márgenes de ganancia simplemente no aguantan esos descuentos. Y cuando los malos legisladores se bañan en gloria, los pequeños negocios que se van a la quiebra y eso no lo ven o no les importa; hasta que llegue el día en que sí les importe.

    ¿Cuántos jubilados o no jubilados entienden la macro economía? En un mercado en el cual ya la mayoría de las empresas la tienen difícil, intentan mitigar el ingreso perdido aumentando precios a los no jubilados, lo cual tiene límites y consecuencias; y eso sólo es parte del asunto. Los efectos nocivos de legisladores que regalan lo ajenos son muchos:

    • Las empresas del sector informal logran ventajas, mientras sólo las formales cumplen y pierden.
    • Los politicastros se llevan la gloria de ayudar a los viejitos, mientras que las consecuencias inevitables de su irresponsable legislar demorarán en llegar; pero cuando llegue ya casi nadie sabe por qué.
    • Con el tiempo estos supuestos subsidios han llegado a ser vistos como “derechos”. ¿Derechos a qué, al asalto politiquero?

    A todo ello, la pérfida excusa de rapaces legisladores se va por el camino fácil y descuida soluciones mucho más reales; tales como:

    • Transferencias dirigidas en vales gubernamentales pagables con una disminución de gobiernos obesos y corruptos.
    • Dejar los asaltos a la CSS y crear una verdadera seguridad social y no el esquema Ponzi que ha sido la CSS desde su natalicio.
    • Descuentos impositivos que no conviertan a las empresas, en especial las medianas y pequeñas empresas en agentes de asistencialismo social.

    Es muy triste que cuando finalmente logramos tener un presidente que habla la verdad económica y advierte que es al Ejecutivo a quien corresponde planificar el gasto, todos le caigan a pelonera. Me sorprendió la votación de 47 a 1, lo cual muestra la terrible realidad del poder legislativo en Panamá. Ahora, el Ejecutivo debe inventar una fórmula de avenimiento.

    Hoy, que me siento en mi solitario cuarto de viejito escribiendo estas cosas, no puedo dejar la realidad de la quiebra del restaurante de nuestra familia, en buena medida debido a las irresponsables normativas populistas. Como tampoco puedo olvidar que mi empresa también se fue al fracaso cuando los gobiernos nos cancelaron unos 10 contratos ganados en licitaciones, debido a que rehusamos pagar coimas. Y, por qué no recordar que luego de 14 años de trabajar en el gobierno, las dos veces que llegué a dirigir una institución del Estado, al año me despidieron por no ser ladrón.

    Los terribles efectos colaterales del desgobierno son inmensos, pero nadie los advierte, debido a que el gobernar populista se acostumbró a regalar migajas y cosechar ventajas.

  • Gobernar y Producir no son Compatibles

    Gobernar y Producir no son Compatibles

    Gobernar no es producir. El Estado panameño es dueño de importantes recursos naturales. Eso no lo convierte en un organismo productivo eficiente, ni lo obliga a actuar como tal. La tentación de expandir el rol productivo del gobierno —desde el Canal, la educación y los servicios públicos hasta las tiendas de comestibles— se presenta como pragmatismo o justicia social. En realidad es una confusión de roles. Cuando el gobierno se mete a producir, no multiplica la riqueza: reasigna recursos según criterios políticos y debilita los mecanismos que sí la crean.

    La pregunta no es si el Estado “debe” ser dueño de ciertas cosas, sino si conviene a la población que se meta a ser empresario. Ahí la evidencia histórica y la lógica de los incentivos son claras: los gobiernos no son organismos productivos. Pretender que lo sean tiene un costo que, tarde o temprano, paga la sociedad.

    El socialismo lo que produce con eficacia es el totalitarismo, tiranía, pillaje y pobreza. Pero no produce moralidad ni el empuje de superación personal que surge cuando uno trabaja en lo que es suyo, y no de un “Estado” que nadie sabe exactamente qué es ni dónde se encuentra.

    En Panamá hemos visto cómo el socialismo sembrado en la Constitución, y que ha estado de metiche durante toda nuestra historia, genera una falsa solidaridad que osamos llamar subsidios.

    Hace no tanto tiempo, luego del derrumbe del Muro de Berlín, muy pocos se atrevían a defender el socialismo o el comunismo. Pero han pasado los años y las cosas se olvidan. Hoy son demasiados los que ven el capitalismo o al empresario como un explotador y al “Estado” como salvador. Es absurdo, particularmente cuando nadie sabe con claridad quién es el Estado.

    Hay una realidad en lo que alegan los socialistas sobre la propiedad privada de los medios de producción: suponen que bajo ese régimen los ricos prosperan mientras el pueblo languidece. La evidencia histórica muestra lo contrario. El capitalismo ha sacado de la pobreza a más personas que cualquier otro sistema. Basta mirar las empresas e inversiones de Elon Musk: en ellas trabajan cerca de 160.000 personas de forma directa. Y eso sin considerar el amplio mercado y la cadena de valor que toda esa gente genera, mueve y sostiene.

    Son demasiados los que llaman “capitalismo” a lo que tenemos en Panamá, cuando en realidad no pasa de ser una mala caricatura de él. El caso panameño es ilustrativo: nuestra Constitución establece un guacho entre el verdadero capitalismo y el enredado socialismo.

    Más allá de la simple visión sobre la propiedad de los medios de producción, hay otras realidades que debemos tener presentes: las realidades morales de la naturaleza humana y de los derechos del individuo. La propiedad de los recursos y el lucro de la producción tienen que lograrse por la vía pacífica. Cosa que no ocurre en Panamá cuando los gobiernos crean más impuestos para financiar la vagabundería que típicamente hacen y llaman gobernar. El verdadero capitalismo requiere moralidad. Requiere que los intercambios sean voluntarios.

    En este mundo hay personas dotadas, como Elon Musk, que son fábricas de producción. A la NASA le cuesta unos 370 millones de dólares ir y regresar a la Estación Espacial Internacional; los vehículos de SpaceX lo hacen por alrededor de 70 millones. Comparemos eso —no en cantidad, sino en calidad y costo— con lo que hace el Metro o MiBus en Panamá.

    El emprendedor actúa con el propósito de satisfacer al cliente. ¿Acaso eso hace el NODUCA?

  • La Teología en la Desigualdad Económica

    La Teología en la Desigualdad Económica

    La doctora Wanjiru Njoya vuelve a llevarnos por senderos del entendimiento muy poco trillados; esta vez al examinar el tema de la desigualdad económica o DE; desde una perspectiva ‘teológica’; es decir, vista en sentido de la Creación. Mucho se cacarea acerca de la DE pero deambulamos por laberintos matorrales en sus causas y, particularmente, las razones por las cuales existe tanta falta de productividad humana; ya que, hay que ser sanamente productivo para no ser económicamente dependiente.

    En el patio panameño he pasado toda una vida escuchando a “economistas” que cacarean sobre la macro economía pero poco o nada sobre la micro economía; aquella que no existe en las esferas de un MEF sino de la familia o en su ausencia. Y en ello nos lanzamos en estériles discusiones acerca de cómo distribuir aquello que producen unos para repartirlo a los que no saben, no quieren o pueden producir cosas que otros desean consumir. En otras palabras, vivimos en un mundo ideológico carente de lógica.

    El desafío está en entender cuando cacarean de una distribución de la riqueza; sea económica o aquella mucho más astronómica que trasciende el dinero. En fin, vivimos como náufragos que buscan sustento en pecios flotantes. Y en ello Njoya cita al afro descendiente Thomas Sowell, uno de los intelectuales más influyentes y controversiales de siglo pasado, cuando dice:

    “Ni la lógica ni la evidencia empírica ofrecen una razón convincente para esperar resultados iguales o aleatorios entre individuos, grupos, instituciones o naciones.”

    Y es que al habar de una distribución de lo que llaman “riqueza”, palabra muy mal usada y entendida, entramos al confuso mundo de los términos torcidos; entre otras, porque hablar de riqueza en sentido de dinero es un disparate, ya que hay cosas que no se pueden “distribuir”. El problema no va por el sendero de la distribución sino de cual es la mejor manera de promover que la gente sea más productiva.

    Y sí, también podemos hablar de “distribución” en sentido estadístico; pero la estadística no puede medir la verdadera riqueza, y mucho menos como se logra. Lo que sí podemos es ver y entender cómo ciertas políticas económicas de palacio que, más que nada nacen del interés por votos o peor, interés por pillaje, producen pobreza económica y espiritual.

    El mundo es un sitio caótico, imposible de resolver desde palacios manipuladores; ya que la verdadera función de palacio no es dictar cosas como salarios mínimos y disque educar, sino de velar por que estas actividades en la población se lleven a cabo sin trampas.

    Pero… ¿Qué es lo que han hecho nuestros gobiernos a través del tiempo? Pues, para disque resolver desigualdades, se han dedicado a patear los balones en vez de servir como jueces de los partidos de la vida. Y, en tal realidad, ¿qué ocurre cuando quien comete las faltas y delitos son los jueces; NODUCA, IDAAN, Policía, ¿etc.? ¿Acaso ellos mismos se arrestarán y juzgarán y pondrán en prisión?

    Y es que resulta imposible ver y entender el comportamiento humano; y sólo podemos imaginarlo. Y es así que los “economistas de palacio” pretenden ver e imponer criterios y normas que llaman “económicas”. Pero cuando el río desborda su cauce, estos expertos se agachan para que las piedras les pasen por encima.

    En fin, es irreal la pretensión de medir las causas de la “riqueza” en números y tal. Es común ver a ricos que se vuelven pobres y pobres que se vuelven ricos. Y, al final, lo importante es ver y entender cuales son las condiciones que mejor ayudan a las personas a ayudarse ellos mismo; ya que la salvación jamás nos llegará desde el palacio; sea de garza o de gallinazos.

  • El Intervencionismo Central Castrante

    El Intervencionismo Central Castrante

    El intervencionismo central conlleva serias consecuencias – Escrito original hace 6 años sobre una realidad que no muere sino crece y bien vale abundar en ello.

    Al grueso de la población poco les mueve las realidades económicas; sin embargo, ¡vaya si éstas no le afectan! Es tan cómodo dejar que el rey se encargue de esos fastidios: “¡Economía!, ¿qué es eso? Para eso tenemos gobierno, y yo sigo con lo mío.” Luego, cuando lo económico se hace presente en nuestras vidas, las cosas cambian, aunque sigamos ignorando su razón y origen. Toda esa irresponsable delegación que venimos haciendo al gobierno, en cosas que realmente no son propias de una sana gobernanza, son fatales.

    Podemos decir que hay “intervención o intervencionismo económico central” cuando los gobiernos se inmiscuyen en la economía de los ciudadanos más allá de su constitucional función de velar por la vida, libertad y propiedad. Simplemente, el gobierno no debe inmiscuirse en la economía; lo cual nos lleva a reiterar la definición de economía. Son muchas las definiciones, pero las auténticas guardan la esencia del asunto; algo así como: “Es el arte de poner la paila con lo que nos entra.” En términos menos vulgares: “Es la administración frugal o ahorrativa del gasto o consumo del dinero y otros capitales.” Es la planificación prudente de la casa o familia. Entonces ¿dónde entran los politicastros en todo ello?

    La misma naturaleza humana responde a la necesidad de satisfacer deseos que son infinitos con recursos que son finitos. Pero ¡ojo!, que sólo son finitos en la medida de nuestra falta de visión de un mundo y universo infinito. Dicho eso, no hay caso que estamos limitados por nuestras propias limitaciones humanas; ya que el pastel es infinito y sólo hace falta ir descubriéndolo y ampliándolo; siempre y cuando los politicastros no se inmiscuyan.

    Los humanos tenemos dos vías de acceso a las cosas que deseamos: 1) Es fabricándolas nosotros mismos, o… 2) Mediante el intercambio o mercado; al cual debo añadir, mercado no intervenido, y menos por bribones de palacio. No obstante, la ruta de entrada de los interventores centrales va por la ruta de “te estamos cuidando” contra el robo, fraude y tal. Sí, eso es potable, hasta que quien roba y comete fraude es quien te cuida. ¡Uy!, ‘¿y como nos protegemos contra eso? Pues, limitando el tamaño y función de los cuidadores. ¿Recuerdan también aquello de la “división de poderes”?

    Tristemente, una vez que hemos permitido o ayudado con la entrada de los bribones centrales en nuestras economías, el asunto se torna harto difícil de arreglar. Las tretas parecen ser infinitas: Tal como aquello de una “economía mixta”. No sé por qué, pero me suena a “ménage à trois”. ¿Seremos tan ingenuos de pensar y creer que los gobiernos se meten en nuestras alcobas para colaborar con la coyunda reproductiva? Tristemente, sí somos ingenuos. Y ni hablar cuando nos dicen que están para “estimular” el asunto.

    Debemos ser más que ingenuos o descuidados para creer que la intervención de los politicastros van a ayudarnos económicamente, y ni hablar en la alcoba. ¡Ya, basta! No es más que el zorro justificando su presencia en el gallinero. Y entonces entra el estado completamente obeso y metiche… y se me acaban las palabras y el buen humor.

    Lo cierto, mis estimados lectores, consecuencias hay, y cada día están más próximas. Y aprovecho para reiterar lo que nos advirtió esa gringa nacida en Rusia, Ayn Rand, lo cual me lo recordó un amigo economista: «Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada: cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores: cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti: cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada».

  • Ver el Mundo Desde lo Alto

    Ver el Mundo Desde lo Alto

    Una de mis aventuras en lo alto ocurrió volviendo solo en un Cessna 172 de un vuelo al interior. Pasando sobre Chame decidí ver cuan alto podía volar el 172 y comencé a ascender. Ya sobre Taboga llegué a casi 17,000 pies de altura (5,000 Mts.) y viendo que el color de mis uñas se tornaba rosado, me dije: “ya está bueno y apagué el motor. Ya con la hélice detenida al frente me dirigí a la Ciudad volando a lo planeador; hasta que aterricé en M. A. Gelabert, como planeador. Allá arriba y en esas aventuras los problemas de abajo desaparecen y uno gana claridad; el mundo no lo ves igual. Eso es exactamente lo que necesitamos en la mayordomía de los recursos: aprender a subir por encima de los tranques vehiculares, el ruido, y los problemas que nos rodean y no logramos entender y así, seguimos volando a baja altura en vez de subir a ver un panorama mucho más amplio.

    Tomemos la pobreza, por ejemplo. El síntoma es obvio: gente sin suficiente ingreso, sin acceso digno a educación o salud. La respuesta habitual sería: más “asignación”; más subsidios, más programas gubernamentales, más reparto. Pero eso es tratar la fiebre sin curar la infección. El origen o ‘etiología’ suele estar en sistemas que destruyen la creatividad, castigan el esfuerzo o impiden que las personas desarrollen y les dejen usar sus propios recursos y talentos.

    Lo mismo pasa en la economía y la política, donde abunda la tontería humana. Vemos gobiernos que gastan enormes cantidades de dinero en subsidios a industrias obsoletas, mientras ahogan con regulaciones a las nuevas empresas que podrían crear verdadera riqueza. Es como tratar de mantener un avión viejo en el aire echándole más combustible, en vez de diseñar uno más eficiente. O como subsidiar el azúcar y después gastar más dinero en campañas contra la diabetes. ¡Es comedia pura, si no fuera tragedia!

    Otro ejemplo clásico se da con la creación de entidades gubernamentales, como el Ministerio de Cultura, cuando la gran mayoría no entiende de cultura; creen que se trata del tamborito, la pollera y tal. Pero, a final del día, terminamos alimentado corrupción o dependencia en lugar de cultivar un buen desarrollo cultural. Es como darle pescado a alguien todos los días en vez de enseñarle a pescar… y luego, quejarnos cuando siguen teniendo hambre. La mayordomía verdadera pregunta: ¿qué condiciones estamos creando (o destruyendo) para que las personas puedan generar y cuidar sus propios recursos?

    La raíz del problema suele ser mental y moral. Cuando creemos que los recursos son un pastel fijo, nos enfocamos en pelear por nuestra rebanada (o en quitársela al vecino). Cuando entendemos la mayordomía, empezamos a preguntar: ¿cómo cultivamos mejor el talento humano? ¿Cómo liberamos la creatividad? ¿Cómo trabajamos con la naturaleza en vez de solo extraerla?

    El secreto de volar en el fluido atmosférico, igual que vencer las limitaciones humanas, está en vencer la resistencia al avance que ocurre cuando la aeronave choca con el aire que se resiste a darle paso. Yo como instructor le apagaba el motor a mis estudiantes para mostrarles que el avión vuela porque tiene alas y no sólo por el ruidoso motor. Al principio les daba un miedo que debían conocer y lidiar pues uno no sabe cuando ello le ocurrirá.

    En los próximos ensayos seguiremos ganando altitud: exploraremos la mayordomía de los recursos humanos, de la naturaleza y de nuestra vida colectiva. Veremos que, aunque existen límites reales, también existe un enorme espacio por encima de ellos para volar más alto y más lejos.

    La resistencia al avance siempre estará allí y debemos aprender a vencerla.


    Nota: como todos los viernes, se publica el Ensayo No. 2/4 sobre La Mayordomía de los Recursos.

  • Culpar a los ricos e ignorar los Incentivos

    Culpar a los ricos e ignorar los Incentivos

    Pareceré loro repitiendo los mismos argumentos, pero… muchísimo cacarean los supuestos “socialistas” y tal, y muy poco salen a relucir verdades que quedan opacadas entre los goles del mundial. En este caso, me refiero al cacareo contra los ricos, cuando casi nadie sabe lo que es un rico; pues los hay que tienen mucho dinero, pero muy poca riqueza, mientras hay muchos pobres que son mucho más ricos que los adinerados.

    La verdadera riqueza está mucho más allá que el dinero; pero, si lo que estamos enfocando es la riqueza económica de un pueblo, entonces pongamos atención a realidades que típicamente se les escapan a la gran mayoría. La única forma de lograr riqueza en dinero y lograr millones de una manera sana es, produciendo y ofreciendo productos o servicios que alguien quiere comprar.

    Cada dólar que gastan los compradores es un voto a favor de un producto o un servicio. Si no te gusta, no lo compras o despides a quien te da el servicio. Pero eso no es lo que ocurre en los sistemas que dicen ser “gobierno” en los cuales estos organismos torcidos meten no las pezuñas sino todo el cuerpo. Y más aún, el mercado es como las carreras de caballo, autos y tal en cuanto a que no ganan los mismos, como cuando el gobierno mete la mano, sino que ganan los que mejor ofrecen resultados.

    A todo ello, estamos viendo un proceso que es voluntario, de libre mercado; lo cual no se da cuando el gobierno dicta precios, descuentos, supuestos subsidios y muchos otros engaños coercitivos; tales como los impuestos cuando estos son exagerados y utilizados para hacer porquerías. La triste realidad es que nuestros supuestos gobiernos han trastocado su misión de ser protector contra los bandoleros y se han convertido en los mayores bandoleros. Y el crimen no está sólo en lo que roban sino en el daño colateral de no desempeñar bien su función básica de atajar a… ¿a quién? ¿Acaso se van a atajar a ellos mismos?

    Creer que los subsidios nacen por el amor al prójimo, al pobre, al pueblo es lo máximo en despiste; pues quienes dan favores esperan colores en donaciones, votos y aplausos cuando pasa la caravana de soberbios ungidos. En todo ello se ignoran los peligros de usar el poder gubernamental para lo que no es. Los gobiernos consiguen sus ingresos no mediante producción y venta de buenos productos. El asunto es ver cuáles son y cuáles no los buenos productos; tal como el Metro y MiBus.

    A todo ello, debo celebrar a personas como George F. Novey, fundador de las empresas Novey en Panamá, quien solía decirnos: “Quien con niño se acuesta, embarrado amanece”. Y tanto George como mi padre Irving, y Richard Novey que luego administraron las empresas de la familia, no se arrimaron a los gobiernos de turno. Pero, les cuento que sí tuve que ir asentarme con un ministro para informarle de su vice que nos quería coimear. El ministro me dijo: “Esto está muy mal” y cambiaron al vice a otro ministerio.

    En fin, cuando un gobierno se entromete directamente en el mercado, tal como lo establece el Título X de nuestra Constitución, el mismo se constituye en un elemento no sólo irruptor sino peor. Y sí, los panameños necesitamos gobierno, pero… ¿es eso lo que tenemos? Triste pero la realidad es que lo que hemos venido sufriendo son asaltantes legales protegidos por la misma ley para llevar a cabo sus actividades delictivas. No proveen seguridad sino todo lo contrario.

  • Orígenes de la Economía

    Orígenes de la Economía

    La economía, ante todo, es ‘acción humana’; es decir, aquello que hacemos los humanos con lo poco que tenemos para poner la paila; dicho esto en la expresión común criolla del panameño. Enfocado así, la economía no es una ciencia abstracta que separa o que su definición se aleje de su realidad básica y natural; y, en ello y como bien nos lo señala Marcos Giantanse en su artículo en el Mises, la economía no fue descubierta en una corte o junta de gobiernos, sino que sus orígenes, conocimiento y entendimiento se fue haciendo evidente entre quienes economizaban, lo cual significa reducir los gastos, evitar desperdicios y ahorrar para el futuro imprevisto. Visto así, la economía no es algo que se controla desde palacio, sino que la función de palacio es la de facilitar la actividad del mercado dentro de la cual funciona lo económico en frugalidad y ahorro.

    Y, hablando de “frugal o frugalidad”, vale la pena ver y entender que esta palabra deriva del latín fuges o de los “frutos del campo o la cosecha”; lo cual está íntimamente ligado a la economía o a economizar; dado que para tantos la cosecha no siempre es abundante y obliga a ser frugales, al ahorro y al aprovechamiento. Y vale la pena darse cuenta que fueron ciertos humanos que a través de la meditación en noches estrelladas quienes fueron descubriendo estas realidades que hoy pareciera estamos olvidando o despreciando; tal vez, más que nada, por quienes pretenden gobernar a su antojo y no en función de los mejores intereses de los gobernados.

    El comercio o mercado, no es mero intercambio; ya que para que el intercambio beneficia a parte y parte debe haber cálculos, previsiones, confianza, y buenas costumbres, dada la tendencia perniciosa de gobiernos y gobernantes como los que hemos tenido en Panamá, de querer dictar precios y tal, no en función del mercado sino de los votos que los mantiene en el poder.

    Por otro lado, las variantes que afectan los intercambios son tantas y complejas que la pretensión de controlarlas desde palacio es arrogante y dañina. El precio al que puede alguien vender una pipa cuando la vende al borde del camino en Bejuco no es el mismo que quien intenta venderla en el Sarigua, Visto así, el control de precios es una imbecilidad y corrupción. Y no sólo entra en juego el costo de producir y poner en venta, sino la capacidad variable de quienes comercian. Hay quienes trepan palmas como monos y otros que deben pagar a otros para que las trepen. En tales casos, ¿acaso el que no sabe o puede trepar palmas de coco no debe vender pipas y cocos?

    En fin, y como bien lo decía Santo Tomás de Aquino: Lo que puede gobernarse a sí mismo no parece necesitar de otro que lo gobierne. La criatura racional puede gobernarse a sí misma, pues tiene dominio sobre sus actos, y obra por sí misma, y no sólo es movida por otro, que parece ser lo propio de las cosas gobernadas. Por lo tanto, no todas las cosas están sometidas al gobierno divino.

    A lo anterior añado que no sólo al “gobierno divino” sino al gobierno humano que tenemos en Panamá y que todos bien deberíamos saber que gran parte de su actuar no está orientado a servir sino a servirse.

    En fin, los controles de precios, tales como los que tenemos en Panamá no están para facilitar el mercado sino en función del interés bastardo de bribones que, tristemente, solemos elegir para que nos desgobiernen.

  • En la Política Resucita el Primitivismo Selvático

    En la Política Resucita el Primitivismo Selvático

    En su origen, la palabra “política” tuvo el sentido de perseguir nobles objetivos a través de los cuales los ciudadanos podían organizar sus vidas en comunidad de manera segura y productiva. Pero, como suele suceder en asuntos del poder, lo que en principio tuvo nobleza se corrompió, tomando el sentido de engaños y beneficios políticos. Hoy día el vocablo “política” o “político” ha tomado un sentido peyorativo y ello no es casual sino causal. En sentido maquiavélico, la política se convirtió en la estratagema para acceder y mantener el poder. En Panamá vivimos el desboque burrocrático en la manipulación de los medios noticiosos en dónde muchos se caracterizan por una retórica de calabaza vacía.

    La política de arrabal que hoy vivimos se nutre de la pobreza e ignorancia que sembraron las élites del Intramuros del Casco Viejo.

    En tal ambiento la lógica sucumbe, igual que el debate técnico, el científico y social; tanto en lo económico como en lo ético y todo queda subordinado a las chuecas agendas partidistas. Así, la comparsa que logró entrar al Palacio de las Garzas prioriza su permanencia y en ello las necesidades de la población van perdiendo prioridad. Peor es que un presidente honesto es igual que una manzana sana en un cesto de podridas.

    En ese muladar se extravían la justicia y la ética, como también el cálculo económico; ese que sólo existe en libre mercado, dado que los gobernantes carecen los incentivos del ahorro ya que el dinero que usan o mal usan lo arrebatan en impuestos desbocados. Peor aún es que todo ello corrompe el emprendimiento y a los emprendedores; ya que quienes no se aparean con los demonios se van al fracaso.

    Más tenebroso es que en semejante patología lo torcido se vuelve “normal”, realidad pintada en el decir: “robó, pero le dio al pueblo”.

    Más horrible aún es ver a los asaltantes del poder valerse del inmenso pecado de la envidia, del cual se aprovechan para abanicar y vilipendiar al capitalista, al empresario, a la propiedad; al rico y tal; lo cual lo deja a uno pensando que lo único que tiene valor es ser pobre, sin capital, sin empresas, sin propiedades y sin dinero, tal como ha ocurrido por todo nuestro hemisferio.

    Hoy, se confunden las palabras “gobierno” y “Estado” escribiendo “Estado” con “E” mayúscula; engaño para hacer ver que el gobierno es el estado; es decir, el pueblo. Sí, como no… hay que ser más que ingenuo para creer que nuestros gobiernos representan los verdaderos y buenos intereses del pueblo. Y más tenebroso aún es que el adoctrinamiento y el engaño han sido tan buenos que el pueblo ni siquiera conoce lo que les conviene.

    Vivimos en la letrina del engaño; cinismo que nos lleva a la fragmentación del verdadero estado, que somos todos; mientras que los gobiernos son los organismos a quien el pueblo delega su seguridad y su economía. En ese engaño deberíamos ver la bestia agazapada en los matorrales esperando para su ataque.

    Así, la población queda fracturada y, como reza el dicho, “divide y vencerás”; o, tal vez lo que dice es “divide y robarás”. El verdadero y auténtico gobierno está llamado a enfocarse en la seguridad y la libertad de sus representados; la población. Imagínense que hasta nuestra horrible Constitución comunista comienza señalando eso en su Preámbulo.

    El buen gobierno, la productiva gobernanza se basa en sana economía; y, la palabra “economía” lo dice todo… “economizar” y no dilapidar y robar.