Etiqueta: intervención de la economía

  • Menos gobierno mejores gobiernos

    ¿Cuántos panameños creen que nuestros gobiernos han contribuido a disminuir la pobreza en el país? Algunos pensarán que fueron “beneficiados”, pero si les preguntas: ¿beneficiados, cómo así? La respuesta típica sería algo como: “Bueno, es que me dieron un trabajo en la fábrica de botellas? Pero el asunto va mucho más allá y si hemos puesto algo de atención verán que lo que hacen los gobiernos es más de lo mismo: más engaño, actividad improductiva, más creación de pobreza y dependencia.

    Quien esté verdaderamente interesado en conocer la realidad del mejor camino de salida de la pobreza debe comenzar por entender algo muy básico; que la pobreza es el estado natural del ser humano. Que para llegar a la riqueza hay que usar la inteligencia y trabajar muy duro, sin esperar que Tío Gobierno te tire la toalla; pues, simplemente, eso no es gobernar sino controlar y crear sumisión.

    Hoy día la inmensa mayoría de los que llamamos pobres viven mucho mejor que los reyes de antaño. La extrema pobreza era el estado típico de la inmensa mayoría; y que los ricos de antaño lo eran relativo a la masa. El progreso económico y de vida surgió a partir del mercado, de los intercambios voluntarios entre la gente, bajo sistemas de libertad y respeto a los derechos humanos, con poca intervención normativa.

    En particular, el gran cambio hacia la riqueza comenzó con la Revolución Industrial y la publicación de Adam Smith, Wealth of Nations (la riqueza de las naciones); en dónde expuso la importancia de una especialización, de manera que ello contribuyó al intercambio de bienes y servicios.

    Otro elemento que contribuyó al incremento general de la riqueza, y que pocos conocen, fue el nacimiento de los EE.UU. Que, en especial, exaltó la importancia fundamental de la libertad; del respeto a la vida, la expresión, el tránsito y a la propiedad; lo cual se traduce en simplicidad. Por algo, la primera constitución gringa sólo tuvo 7 artículos y no como la nuestra con más de 300.

    En términos más simples: a menos políticos y menos funcionarios mayor riqueza. Quien se tome el trabajo de examinar las leyes y reglamentos que tenemos, verá que sus propósitos no apuntan a lo sencillo, ya que si es muy fácil no da lugar a la coima.

    Otro aspecto que obviamente no vemos o peor, vemos y nos importa un bledo, es el proteccionismo que no solo no protege sino que crea dependencia y pobreza. Tanto en los EE.UU. como en Panamá, los emigrantes han sido motor del desarrollo y leyes que limitan el trabajo de buenos extranjeros son dañinas, dado que dichas leyes existen no para crear riqueza sino para dar votos a los zorros políticos del gallinero.

    Otra realidad poco conocida es que cuando los gobiernos subsidian, si es que es tal cosa, con ello logran más pobreza. O lo peor, es que muchos politicastros lucran con la pobreza, ya que el desvalido es quien les da más votos. ¿Sabes cuánto de cada dólar cobrado en impuestos llegan al pobre?

    Los impuestos sólo son buenos cuando no son exagerados, ya que cuando son excesivos alimentan la corrupción. Otro gallo cantaría si los panameños pudiésemos ver la realidad de grandes obras, tales como la del Metro, cuyos costos de construcción y luego de operación han sido abominables.

    Ningún político puede sacarlo a uno de la pobreza. Si no puedes salir por esfuerzo propio es mentira que algún funcionario contribuirá; a menos que sea disminuyendo las trabas típicas de la burrocracia.

  • Evergrande: Repercusiones Profundas en el Sector Inmobiliario Chino

    En el tejido de la narrativa económica china, la historia de ascenso y caída de Evergrande resuena como un recordatorio crudo de la fragilidad de los imperios corporativos basados en cimientos de deuda. El reciente fallo del tribunal de Hong Kong para liquidar China Evergrande Group no solo marca el fin de una entidad comercial, sino que anticipa un cambio sísmico en el mercado inmobiliario, una vez la joya de la corona del milagro económico chino y ahora una fuente de posibles temblores financieros.

    La narrativa de Evergrande refleja una historia más amplia: la del mercado inmobiliario chino y su papel monumental en la economía nacional. En su auge, el sector representó cerca del 30% del PIB chino, una cifra que destaca su importancia y, al mismo tiempo, su vulnerabilidad.

    Con pasivos que superan los 300.000 millones de dólares, Evergrande ostenta el título del desarrollador más endeudado del mundo. Su potencial colapso plantea un riesgo sistémico significativo. La respuesta del Partido Comunista Chino (PCC) a su incumplimiento en 2021 marcó un hito, donde las consideraciones de riesgo moral primaron sobre el impulso de un rescate estatal.

    El proceso de liquidación se enfrenta a complejidades interjurisdiccionales y financieras. Con activos mayormente en China y acreedores extraterritoriales, el conflicto de intereses es evidente. La resolución sentará un precedente para futuras insolvencias corporativas en China.

    Para el mercado inmobiliario chino, la liquidación de Evergrande es como la caída de un gigante en una sala llena. El impacto reverberará más allá del colapso. Con el sector ya tambaleándose por crisis de confianza, caída de precios y exceso de inventario, la liquidación podría empujarlo a un punto de inflexión, exacerbando su declive.

    La posibilidad de una venta desordenada plantea un riesgo sustancial. Podría erosionar la confianza y tensar la financiación para otros desarrolladores. La restricción de la liquidez podría resultar calamitosa si los bancos reducen préstamos y los compradores postergan sus adquisiciones.

    Beijing enfrenta el desafío de estabilizar el mercado sin alimentar la inversión especulativa. Las políticas deben evitar los excesos pasados y apoyar al sector. El contagio global es una amenaza, pero la exposición exterior limitada reduce la probabilidad de una crisis a gran escala. La opacidad en la liquidación afecta la confianza global en la gobernanza financiera china.

    Para el PCC, la desaparición de Evergrande refleja la paradoja de gobernanza. El control del partido choca con la dinámica impredecible de las economías de mercado. Esto se evidencia en las medidas regulatorias y cambios de política abruptos.

    La liquidación de Evergrande trasciende la crisis inmediata. Habla del agotamiento del modelo de crecimiento basado en deuda de China. Mientras Beijing busca una estructura económica más sostenible, los problemas inmobiliarios presentan obstáculos y oportunidades para la reforma.

    La saga Evergrande prueba la resiliencia económica china. La reorganización del sector inmobiliario es dolorosa pero necesaria. Las decisiones políticas tendrán implicaciones duraderas, no solo para el mercado inmobiliario, sino para la economía china en su conjunto.

    El PCC debe equilibrar la estabilización económica con la reforma estructural. La tarea es formidable, pero puede ser un punto de inflexión hacia una economía más equilibrada. La historia de Evergrande, advertencia sobre el exceso y la vulnerabilidad, también puede marcar un nuevo capítulo de prudencia y sostenibilidad en la evolución económica china.

  • Informalidad, la otra cara de la moneda

    El periodista de La Prensa Rekha Chandiramani saca un interesante artículo intitulado “Informalidad ¿cómo vencerla?, y, como toda moneda tiene dos caras, a ver qué les parece el dorso de la que bien nos trae Chandiramani😊, quien basa su escrito en un análisis del Centro Nacional de Competitividad (CNC).

    La primera pregunta que se me vino a mente cuando leí el interesante artículo de Chandiramani fue: ¿Es mala la informalidad?
    No es malo querer proteger al trabajador; lo malo está en el pugilato entre los adulterados intereses de la politiquería y los auténticos intereses y necesidades de los trabajadores y… los emprendedores; pues no debemos ignorar que no todos los “informales” son “trabajadores”, en el sentido callejero del término. En fin ¿cómo hemos de llamar al trabajador que labora por cuenta propia?

    ¿De verás que nuestras autoridades gubernamentales laborales no entienden que el intervencionismo central tiene consecuencias no previstas y muy indeseables?, tales como: 1) Aumentar el salario mínimo vía la ley crea desempleo entre los trabajadores marginales; 2) que las políticas de protección feminista inducen a las empresas a contratar menos mujeres; 3) que las leyes de protección laboral son el motor de la AI y la robotización; etc.?

    Otro elemento que es vital en todo emprendimiento en todos los sectores, sean empresariales o los llamados “laborales”, es la capacidad de ajuste o flexibilidad para enfrentar los cambios que pocos prevén y no son fáciles de ajustarse a ellos. La experiencia que hoy tantos desconocen y los viejos olvidan fue que durante la Gran Depresión las normas de protección laboral fueron las culpables de aumentar y prolongarla.

    En los EE.UU. y ahora en Latinoamérica hemos ido creando la Bable de llamar “liberalismo” al antiliberalismo, neoliberalismo o socialismo. Tales fueron las llamadas privatizaciones que al tomar monopolios gubernamentales y transformarlos en monopolios medio privados; fórmula perfecta para crear billonarios. El caso de Venezuela ilustra en grande, cuando vemos un gobierno “democrático” en dónde no hay libertad.

    Típico son normas laborales y demás programas gubernamentales antipobreza que no pasan de ser el curandero estatal dando tratamiento a los desordenes que él mismo conjuró. La vida trae sus propios desórdenes y desafíos y, tristísimo es ver que nuestras “autoridades” en vez de tirar salvavidas lo que hacen es aventar anclas normativas.

    ¿Qué sería una persona con título de “autoridad gubernamental” sin un programa tipo conjuro que aduce eliminar o mitigar la pobreza? Luego de la Invasión, vimos al gobierno de Endara gastando millones para reconstruir los guetos destruidos pues ¿qué sería de los pobres políticos sin pobres clamando asistencia gubernamental? Guetos de los cuales es casi imposible fugarse.

    Fuimos dotados en Creación con la capacidad de resolver nuestros problemas dado que sentarse a esperar que tío político los resuelva es… mejor ni lo digo. Lo que sí digo es que tantos problemas, cada uno muy particular, no pueden ser resueltos desde el Palacio de las Garzas o, mejor dicho, el Palacio de los Gallotes Políticos.

    Las normativas típicamente están diseñadas para crear pobreza y dependencia; lo cual me consta luego de 14 años como funcionario y dos veces director de una institución gubernamental; ambas veces despedido por no permitir la robadera.

    ¿Cuándo aprenderemos que la economía nace, crece y vive entre la población y no entre los gallotes carroñeros políticos? ¿De dónde crees que nacen los mercados negros si no es de las normativas negras?; tal como la de salarios mínimos y control de precios.

    ¿Cómo es que hoy día sale más económico viajar en Uber que en los taxis amarillos? Pues, porque los Uber y tal no están tan regulados o controlados por la mafia del transitar. El “cupo” cuesta muy poco, pero la coima miles. ¿Qué son los conductores de taxi, trabajadores o empresarios? “Ni uno ni el otro sino todo lo contrario”.

    ¿Qué es la informalidad? Es no vivir en jaulas de zorros. ¿Somos tan ciegos que no vemos que mientras más pobre es la gente más necesitan la informalidad? Que para sobrevivir en la “formalidad” se requiere ser: Houdini, coimero o genio.

  • Intervencionismo empobrecedor

    Hay un genial dicho que reza: “si no está roto no lo repares.” Desgraciadamente pocos parecen entenderlo o peor, pocos lo quieren entender; tal como los pervertidos políticos que si no hacen ver que reparan las cosas, se mueren de hambre; tal como los zorros que no logran entrar al gallinero. El mal del intervencionismo en los asuntos propios del ciudadano es que toda acción económica conlleva efectos colaterales o consecuencias imprevistas e indeseables que afectan las estructuras productivas y el buen o mal aprovechamiento de los recursos; sean estos naturales o humanos.

    Y es que, desde el instante en que los zorros entran al gallinero, las gallinas se ponen nerviosas y dejan de poner huevos. Es impresionante ver la cantidad de inversiones que se han esfumado en Panamá debido a la actividad zorrera. Quienes jamás han montado empresas, particularmente las más aventuradas, poco o nada entienden de lo difícil y riesgosas que son; y mucho peor si además debes navegar entre enjambres de zorros coimeros y rateros.

    El otro malandar que es endémico en nuestro patio consiste en desestimar la importancia de la ‘creación de valor’, cualidad que se pierde cuando dejamos entrar en el gallinero a los zorros políticos; esos que alegan lo hacen para beneficiar al pueblo. Peor aún es la nefasta coyunda que se ha formado a través del tiempo entre los zorros y algunas pervertidas gallinas empresariales.

    Hoy día, en la ecuación interventora han aparecido otras argumentaciones estrambóticas que se valen de verdades a medias para justificar la intervención en la vida ajena. Hablo del: cambio climático, la contaminación, sea minera o de otra índole; que si la pesca mal llevada y así va el engaño. Engaño que se basa en no distinguir entre el buen y mal manejo los recursos, tal como ocurre con lo del cambio climático. ¡Por supuesto que hay cambio climático!, si el cambio es una constante universal; el asunto es cuanto de dicho cambio es de origen androgénico y qué podemos y conviene hacer al respecto.

    El otro valor que poco vemos es el de la riqueza humana que existe dispersa entre toda la comunidad y que sólo se expresa en un sistema de libre emprendimiento. Para ilustrar, tomemos el ejemplo del Título X de nuestra corrupta constitución, título que consagra la intervención de los zorros en el gallinero nacional: Artículo 284: “El Estado intervendrá en toda clase de empresas… para los siguientes fines: 3. Coordinar los servicios y la producción…”

    O la intervención de los salarios mínimos que supuestamente subsidian a los que menos tienen; tanto en recursos económicos como de otra índole. ¡Falso!, por completo; sólo se trata del aullido engañoso de los zorros. Las normas de salario mínimo, que son control de precios, sólo benefician a los zorros del gallinero, al tiempo que causan grandes perjuicios a quienes suponen asistir. Que no seamos capaces de verlo es harina de otro costal.

    Las leyes deben beneficiar al sector productivo empresarial del cual depende el bienestar y mejoramiento de los trabajadores. Desgraciadamente, los malhechores gubernamentales han sido sumamente exitosos en el engaño; tal como en el “no a la privatización”. Si no quieren a las empresas privadas ¿qué quieren? ¿A los zorros?

    Los beneficios que pierde la comunidad por causa de la intervención no se ven dado que esos negocios y desarrollos tecnológicos jamás llegaron a realizarse. Conozco íntimamente una inversión que inicialmente hubiese sido de unos 30 millones, que no se hizo realidad gracias a la desconfianza de los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros.

  • Plan económico Panamá, ninguno

    En el título de este escrito digo que Panamá no tiene plan económico, basado en que debía ser más que obvio. Obvio porque desde el mismo instante en que un gobierno hace metástasis hacia el gigantismo, está demostrando con toda claridad que su plan es politiquero; que no tiene nada que ver con economía y… podía dejar allí este artículo, pero vayamos un poco más allá.

    Entrémosle al tema por el lado de lo que es economía, término, tristemente, poco conocido. Los griegos le llamaban “oikos” a la casa, y “nemo” a quien la administraba; de dónde salió el vocablo “okomos” o administrador de la casa. Visto así, debía ser obvio que la economía concierne a los asuntos del hogar y no de la ciudad; dado que la característica distintiva y esencial del ser humano es el concepto de la acción o acción humana; vale decir, lo que hacemos para sobrevivir en un mundo de escasez, o como me gusta decirlo: “cómo poner la paila con lo poco que nos entra”.

    De lo señalado salta o debe saltar a la mente que toda acción humana económica debe estar preñada de propósito. Así, cuando vamos al súper o al chinito, nuestro actuar o comprar está, como dije, preñado de propósito o, propósito económico; vale decir, de economizar. Y en el vocablo “economizar” o “economía” va el otro elemento vital de todo esto; que estamos hablando de ser ahorrativos, selectivos, eficientes en el uso del recurso pecuniario del que disponemos. Visto así… ¿es eso lo que hacen nuestros desgobiernos?

    Todo lo anterior nos debía conducir por un nuevo derrotero o idea de lo que es o debe ser un gobierno o un gobernar; veamos. La función básica y primordial de un gobierno no es económica; dado que la economía se refiere a los asuntos de la casa y de la persona y no de todo el país. La gobernanza debe estar enfocada en promover la libertad de pensamiento, palabra, tránsito y propiedad. ¡Pongan atención!, que en lo señalado no hay nada sobre economizar; a no ser que sea en el actuar del gobierno en las funciones señaladas. Y vuelvo a la carga: ¿Es eso lo que hacen nuestros desgobiernos?

    Como bien lo señaló Murray N. Rothbard en su obra “Man, Economy, and Sate” (El hombre, la economía y el estado): Lo que debemos descubrir acerca de la acción humana es que la misma sólo le es propia a la persona o individuo. Quien puede ahorrar son los ciudadanos. Los grupos, es decir, el estado o sus gobiernos, no pueden economizar por los ciudadanos. Otra cosa es el despilfarro gubernamental; y… ni hablar del pillaje.

    En resumen, la acción humana económica está referida a la persona y los propósitos de cada quien; ya que la acción implica una imagen de un fin que se persigue y ¡vaya usted a ver si los diputados y tal tienen el fin de cada ciudadano en su mente! Pedirles a los políticos y, particularmente a los torcidos, que se encarguen de lo económico es de tontos.

    Si los gobiernos y sus “autoridades” y funcionarios no puede siquiera cumplir con los encargos básicos de vida, libertades, tal como las de tránsito, cosa que hemos visto en estos días, y propiedad, ¿para qué les vamos a dejar que se encarguen de nuestra economía; es decir, que se birlen los dineros de sector productivo para hacer fiesta con lo ajeno. ¡Por favor!

  • Subsidios gubernamentales: Un Análisis Crítico sobre su Efecto en la Economía y la Sociedad

    Los subsidios gubernamentales son un tema de discusión recurrente en el ámbito económico y político. A través de los años, se han justificado como herramientas para estimular la economía, apoyar a sectores vulnerables y promover el bienestar social. Sin embargo, un artículo escrito en 2006 por John Bennett cuestiona la efectividad y las consecuencias de estos subsidios, destacando las siguientes ideas clave.

    Subsidios: ¿Ayuda o Distorsión?

    Bennett comienza abordando la esencia de los subsidios. Estos son concesiones económicas otorgadas por el gobierno a ciertos grupos o individuos con el propósito de reducir los precios de los bienes de consumo final. La pregunta fundamental que plantea es si los subsidios realmente cumplen su objetivo. Según el autor, en muchos casos la respuesta es negativa.

    Los subsidios pueden generar distorsiones en la economía al distanciar a la sociedad de la comprensión de los verdaderos costos de producción y la competitividad. Además, fomentan la dependencia en lugar de la solidaridad, lo que va en contra del principio de subsidiaridad. La subsidiaridad defiende que una entidad superior no debe interferir en las actividades de una entidad inferior, a menos que sea absolutamente necesario para el bien común. Los subsidios, al contrario, a menudo provocan una falta de responsabilidad en la sociedad.

    Consecuencias Económicas y Sociales

    Bennett destaca varios problemas económicos y sociales asociados con los subsidios. En primer lugar, los subsidios pueden prolongar la existencia de empresas ineficientes a costa de las eficientes, lo que afecta la capacidad del mercado para adaptarse a las cambiantes realidades económicas. Esto conduce a un perjuicio para los consumidores, ya que se restringe su capacidad de elección y se generan distorsiones en los precios.

    Además, el autor argumenta que los subsidios crean castas y fomentan la politiquería en lugar de la eficiencia. Al otorgar subsidios, se premian hábitos ineficientes y se castigan los buenos. Además, los subsidios a los pobres pueden tener un efecto negativo al quitarles el incentivo para buscar soluciones por sí mismos, lo que genera más pobreza y crea un círculo vicioso.

    El Rol de la Libertad y la Subsidiariedad

    Bennett aboga por un enfoque basado en la libertad y la subsidiaridad como alternativa a los subsidios gubernamentales. La subsidiaridad sostiene que la sociedad florece mejor cuando diferentes organizaciones sociales tienen distintas funciones y no interfieren en exceso en las actividades de las entidades inferiores. La libertad, según el autor, es inherente a las instituciones humanas, incluyendo la política, la economía y la cultura moral.

    Un enfoque basado en la subsidiariedad y la libertad permite que las personas busquen soluciones por sí mismas y promueve la solidaridad. Bennett argumenta que la intervención del gobierno a menudo socava el imperio de la ley, un principio fundamental para una sociedad democrática.

    Conclusión

    El artículo de John Bennett ofrece una perspectiva crítica sobre los subsidios gubernamentales y destaca sus efectos negativos en la economía y la sociedad. Plantea la importancia de la subsidiaridad y la libertad como enfoques alternativos que promueven la responsabilidad individual y la solidaridad. Aunque escrito en 2006, las ideas presentadas siguen siendo relevantes en los debates actuales sobre políticas públicas y subsidios.

  • Elecciones y abejas

    En la «Fábula de las Abejas», Mandeville destaca cómo la colmena de abejas prospera cuando actúan de acuerdo con su interés propio en lugar de obedecer normas altruistas aparentes. Aunque inicialmente puede parecer que estas abejas actúan de manera egoísta, “viciosa” para obtener beneficios personales, es lo que finalmente conduce a un orden espontáneo en el que el bienestar general emerge de sus acciones individuales egoístas.

    Esta paradoja se relaciona con la discrepancia entre la oferta electoral y la demanda social de varias maneras. Primero, muestra cómo las agendas políticas que no se alinean con las verdaderas demandas y deseos de la sociedad pueden llevar a una especie de «virtuosidad aparente» similar a la de las abejas en la fábula. Los candidatos y partidos pueden prometer acciones altruistas o políticas moralmente elevadas, pero si estas promesas no están respaldadas por una comprensión genuina de las demandas reales de la población, pueden resultar ineficaces o incluso contraproducentes.

    En segundo lugar, la «Fábula de las Abejas» sugiere que cuando se imponen agendas moralistas desde arriba, se corre el riesgo de desencadenar consecuencias no deseadas. Del mismo modo, cuando las políticas se diseñan sin tener en cuenta la información distribuida en la sociedad y las verdaderas preferencias de los ciudadanos, pueden surgir efectos adversos. Las políticas pueden carecer de la adaptabilidad y la eficiencia que emergen de la autoregulación en un orden espontáneo.

    En el análisis de las diferencias entre los conceptos de orden creado y orden espontáneo, en las ideas de F.A. Hayek, en lo que el denominó taxis y nomos, se revela mejor aún la fascinante comprensión de cómo las sociedades y las normas emergen en la interacción humana. Este enfoque destaca la distinción entre dos tipos de órdenes: aquellos creados y planificados por alguien o grupo orgánico, y aquellos que surgen de manera natural no creado ni producto de designio alguno.

    El orden creado se manifiesta a través de estructuras que se originan a partir de mandatos específicos emitidos por entidades reconocibles, como empresas, gobiernos y familias. Estas estructuras tienen propósitos concretos y se alinean con objetivos específicos, como el logro de beneficios económicos o el mantenimiento del orden legal y social. En contraste, el orden espontáneo es una concepción que subraya su carencia de origen preciso y finalidad predefinida. Este tipo de orden, abstracto y difícil de percibir sensorialmente, se desarrolla a partir de interacciones humanas complejas. La sociedad misma, los mercados, el lenguaje y otras redes de comportamiento humano son ejemplos de órdenes espontáneos en los que la estructura y las normas no son impuestas desde arriba, sino que emergen hacia arriba de manera inorgánica.

    En resumen, la «Fábula de las Abejas» de Mandeville, las ideas de Hayek y la discrepancia entre la oferta electoral y la demanda social se conectan a través de la idea del orden espontáneo. Ambos casos resaltan la importancia de entender cómo las interacciones individuales y las preferencias personales pueden conducir a resultados beneficiosos y cómo las agendas o cambios impuestos desde arriba pueden tener consecuencias inesperadas, a pesar de sus muy buenas intenciones. Y para que las interacciones, este orden espontáneo pueda darse, sólo se necesita libertad. La respuesta está allí: más individuos y menos estado. Pensemos en todo esto en vista de las próximas elecciones.

  • Menor libertad de elección en el cryptomundo americano: se retira Revolut

    En un giro sorprendente para los usuarios de criptomonedas en Estados Unidos, Revolut, el banco digital pionero en la adopción de monedas digitales, ha anunciado el cierre gradual de sus servicios criptográficos en el país norteamericano. A partir del 2 de septiembre, los clientes ya no podrán comprar nuevas criptomonedas, y para el 3 de octubre, toda operación con criptomonedas será desactivada por completo en la plataforma. La medida, que solo afecta al 1% de los usuarios globales de Revolut, según la compañía, ha sido justificada por la incertidumbre regulatoria que rodea al criptomercado en los Estados Unidos.

    En un contexto donde la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) intensifica su escrutinio sobre las criptomonedas, Revolut, la plataforma fintech, ya venía  tomando medidas para cumplir con las regulaciones. Recientemente, suspendieron las compras de Polygon (MATIC), Solana (SOL) y Cardano (ADA) en EE. UU. debido a su clasificación como valores no registrados. La SEC también ha demandado a importantes intercambios de activos digitales como Coinbase y Binance por ofrecer valores no registrados.

    Como respuesta a estas demandas regulatorias, Revolut ha retirado el comercio de SOL, ADA y MATIC, y sus usuarios tienen hasta el 18 de septiembre para mantener y vender estas criptomonedas. Esta acción sigue el ejemplo de otras plataformas como eToro y Robinhood, que también suspendieron estos tokens en el mercado local.

    A pesar de estas restricciones en EE. UU., Revolut, el neobanco con sede en el Reino Unido, continuará operando con normalidad en otros mercados globales. Esto significa que los usuarios fuera de los Estados Unidos podrán seguir accediendo a los servicios de compra, venta y custodia de criptomonedas en la plataforma.

    Esta decisión plantea un interrogante fundamental en el mundo de las finanzas descentralizadas y la tecnología blockchain: ¿hasta qué punto es adecuada la regulación en este emergente espacio financiero? Si bien es innegable que la regulación puede tener un papel esencial en la protección de los inversores y en la prevención de actividades ilícitas desde el punto de vista del regulador, también es crucial considerar cómo esta puede afectar la libertad de elección de los usuarios.

    El entorno regulatorio en torno a las criptomonedas ha sido un tema candente en los últimos años. La Comisión de Bolsa y Valores (SEC) ha estado aumentando su escrutinio sobre el mercado criptográfico, argumentando que muchas criptomonedas podrían considerarse valores y, por lo tanto, estar sujetas a las normas de protección de los inversores. Esta posición ha llevado a intercambios y plataformas a tomar medidas cautelares, como la suspensión de operaciones con ciertas criptomonedas, como en el caso de Revolut.

    Sin embargo, la sobreregulación puede tener consecuencias no deseadas. En un mercado caracterizado por la innovación y la experimentación, imponer restricciones excesivas podría limitar las opciones disponibles para los usuarios y frenar el desarrollo de tecnologías prometedoras. La decisión de Revolut de abandonar por completo el mercado criptográfico en Estados Unidos plantea un claro ejemplo de cómo la incertidumbre regulatoria puede empujar a las empresas a tomar medidas drásticas para cumplir con las normativas, a expensas de los usuarios que desean acceder a estas opciones financieras.

    La cuestión fundamental es cómo lograr un equilibrio adecuado entre la protección del inversor y la libertad de elección. En lugar de una persecución total, ¿no sería más sensato trabajar en conjunto para establecer un marco regulatorio que permita la innovación y el crecimiento del mercado criptográfico? La tecnología blockchain y las criptomonedas tienen el potencial de revolucionar la industria financiera al brindar a las personas un mayor control sobre sus activos y transacciones. La sobreregulación podría socavar este potencial y limitar las oportunidades para los usuarios.

    La situación también resalta la necesidad de una educación sólida en torno a las criptomonedas y las finanzas descentralizadas. A medida que más personas ingresan al espacio criptográfico, es esencial que comprendan los riesgos y las oportunidades involucrados. En lugar de prohibir opciones, las autoridades reguladoras podrían enfocarse en promover la información a los usuarios y fomentar prácticas financieras seguras.

    En última instancia, la historia de Revolut en Estados Unidos sirve como una advertencia sobre los peligros de la sobreregulación en el mundo de las criptomonedas. Si bien la protección del inversor es primordial, también debemos salvaguardar la libertad de elección y la innovación en este emocionante y cambiante espacio financiero. En lugar de cerrar puertas, es hora de construir puentes entre la regulación y la libertad, para que los usuarios puedan disfrutar de las opciones financieras que deseen, sin comprometer la seguridad ni el potencial de crecimiento del mercado criptográfico.

  • Salario mínimo en el 2023

    El salario mínimo o salmin es una política de control de precios (CP) con la cual desde la época del Código de Hammurabi en el antiguo Egipto hace 4000 años intentaban resolver problemas de inflación, carencias y tal. Sería difícil hallar una práctica política/económica más experimentada en la historia. Y ¿cuáles han sido los resultados? ¿Cuándo han logrado las políticas de CP controlar la inflación y resolver las carencias del mercado? Para quienes se tomen la molestia de estudiar la historia, verán que es una historia de fracasos económicos y vanas ganancias politiqueras.

    El CP, sea el salario mínimo u otro es, en esencia, herramienta de los corruptos e ignorantes politiqueros que engañan a su clientela ciudadana que no entiende de economía pues se enfoca en el hambre de hoy. Pero el mal va mucho más allá, creando otros problemas serios, tales como mercados negros, carencias y, en general, una mala asignación de los recursos.

    Y es así, ya que al dar a los productores y consumidores las señales equivocadas, porque los precios «bajos» para los productores limitan la oferta y los precios «bajos» para los consumidores estimulan la demanda, los controles de precios amplían la brecha entre la oferta y la demanda. Vaya usted a explicar esto a Tío Pueblo. Y… ni hablar que a la vez que promulgan viciosas políticas de CP, igualmente promulgan otras que producen inflación y toda clase de efectos degenerados.

    Quizá el peor efecto es el de reducir la libertad, esa que según el Preámbulo constitucional establece que: “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad…” ¿Acaso obligar a unos a vender al precio político fortalece la libertad? Al fin, ni la libertad ni la salud económica de la nación salen bien.

    ¿Por qué, a pesar de 4000 años de experiencia contraria al CP los gobiernos siguen el mal camino y la mayoría de los ciudadanos apoyándolo? Se trata de clientelismo por el lado gubernamental y por el otro, de una población que busca la comida hoy. Es cierto que en algunos casos el CP sí ha logrado capear los efectos inflacionarios, pero sólo a corto plazo. Luego, cuando llega la podrida los politicastros que las instituyeron ya tomaron las de Villa Diego y Tío Pueblo no logra atar cabos.

    A todo ello, menos mal que Panamá no imprime moneda de algodón y lino pero, por otro lado, sí seguimos prácticas económicas barbáricas. En esencia somos fascistas; es decir, nuestra política sigue vetas totalitarias, tales como el CP. El fascismo se opone a la democracia liberal clásica y se va por la vía del gobierno todopoderoso que supone encarnar el espíritu del pueblo. Si fuese por Tío Pueblo no habría siquiera la medio privatización de Balladares y sólo habría un partido, vaya usted a ver cuál: a la Mussolini, Franco o Hitler.

    En síntesis, el fascismo es el gobierno todopoderoso, mal llamado estado, disque por y para el pueblo; razón por la cual no hace falta buscar nada fuera del poderoso gobierno que mantiene a la población embobada por intermedio del ministerio MEDUCA que más bien es NODUCA.

    Ojalá despertemos a la realidad de que los CP pueden causar daños permanentes a la economía y al pueblo; más que nada impulsando el centralimo y destruyendo el mercado. ¿Cuántos nos fijamos en las distorsiones que produce el CP en el mercado? Es terrible que a unos les da ventaja mientras a otros los entierra.

    ¿Quiénes se fijan en los daños que el CP produce a los inversionistas, sin los cuales el país naufraga? ¿Cómo calcular racionalmente los costos de inversión cuando no hay seguridad frente a controles caprichosos? Entonces, todo ello da pie a que los politicastros y zurdos digan que el mercado no funciona y con ello justifican el intervencionismo castrante. Y todo esto es apenas un atisbo al tema.

  • Constitución Nacional y la economía. Parte 1

    El Título X de la Constitución política de Panamá, que aborda el tema de la Economía Nacional merece cuidadosa atención, por diversos motivos. Porque el tema económico es central al bienestar ciudadano y debemos atender los principios que deben servir de guía para el mejor desempeño económico de quienes son los actores esenciales en todo ello. Igual debemos alejar dicha actividad de los vaivenes e intereses de desnaturalizadas políticas que reprimen la auto determinación de las personas, elemento sin el cual no prospera lo económico ni lo social. Esto cobra mayor importancia no sólo por el desatino de la constitución de 1972, nacida durante la época del totalitarismo militar; que, obviamente, fue alterada para proveer más controles a los intereses dictatoriales. Luego, en la “propuesta constitucional 2012” persisten execrables vicios. Me refiero a la pretensión de salvaguardar “funciones económicas sociales” que no sólo no quedan definidas, sino que son indefinibles en el contexto de la acción humana que es central al desenvolvimiento económico de las personas y de la unión familiar. En particular, el Título X abre la puerta de par en par a la discrecionalidad de las autoridades, lo cual la misma Constitución prohíbe en el Artículo 18, que le precede. Veamos y analicemos este artículo y otras normas:

    ARTICULO 282. El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, remplazará o creará, según las necesidades sociales y dentro de las normas del presente Título, con el fin de acrecentar la riqueza nacional y de asegurar sus beneficios para el mayor número posible de los habitantes del país.

    El Estado planificará el desarrollo económico y social, mediante organismos o departamentos especializados cuya organización y funcionamiento determinará la Ley.

    Artículo 282 del Título X, “el ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente[1] a los particulares…” acciones económicas que debemos suponer interactúan en un mercado de intercambios voluntarios, libre de toda coacción. Con esta introducción al tema económico, antes del punto y coma, los constitucionalistas dan un paso firme y seguro al reconocer lo obvio y natural, porque nadie puede economizar por otra persona, igual que tampoco pueden respirar por ella. Pero, luego de un punto y coma, los amanuenses del poder militar dan rienda suelta a sus verdaderas intenciones de control, al decir: “pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, remplazará o creará, según las necesidades sociales…”, dando en una misma oración la prioridad económica a la persona para luego negarla. En materia legislativa es imperativo ser sumamente cauto al momento de poner peros y establecer excepciones que tienden a negar el principio primordial que ya se ha establecido, en virtud de circunstancias que difícilmente pueden ser determinadas por lo cual da lugar a dudas y la creación de suspicacias o peor, de contradicciones que promueven la discrecionalidad de las autoridades y de sus agentes.

    Es obvio que los constitucionalistas del 72 no creían en la libertad de la persona, término que originalmente nace para referirse a Jesucristo como la tercera Divinidad. Y si entendemos que fuimos creados en la imagen y semejanza de nuestro Creador, debemos entender que lo que lo caracteriza y heredamos es el albedrío o juicio propio. Entonces, cuando los constitucionalistas dictaminan que “el estado podrá ‘crear…”, no podemos más que preguntarnos: “¿Crear qué cosa? Ello no deja más lugar que lo pretendido es el ejercicio de las actividades económicas, que ya con anterioridad declaran corresponder primordialmente a los particulares; y, por tanto, no a esa entidad elusiva que llamamos “estado”. No sólo se trata de una imposibilidad sino que algo absurdo. ¿Cómo va el Estado a crear, orientar, dirigir, reglamentar o remplazar lo que hace cada persona? Y más allá de lo imposible, saca a relucir la tendencia totalitaria del constitucionalista. De aquí en adelante es inevitable cuestionar la validez de todo el resto del Capítulo X, lo cual quedará claro cuando revisamos los artículos posteriores; que se supone complementan y amplían el precepto inicial y primordial.

    Pero antes de seguir examinando los artículos posteriores, detengámonos a explorar con mayor esmero el principio del albedrío.[2] ¿Qué es el hombre sin albedrío? Si el ser humano fue creado con albedrío a la imagen y semejanza de su creador, siendo aquello que determina su misma humanidad, cualquier ley que no lo reconozca y pretenda negar esta facultad, automáticamente pierde sentido y queda invalidada. Invalidada porque es incumplible; análogo a legislar la prohibición de respirar o alimentarse. Y cuando decimos que el albedrío es elemento connatural e inviolable de la persona humana, no faltarán los que piensen y argumenten que ello abre el camino al “libertinaje;” lo cual no es cierto, porque la libertad para actuar, en la misma Constitución, está constreñida a la actuación lícita.

    Más allá de estar constreñida a lo licito, el albedrío sólo tiene sentido cuando está circunscrito a un bienandar, que en última instancia coincide y depende del bien del otro. Ese actuar está establecido en las costumbres de los pueblos y depende de la ley natural que es previa a los códigos legales. La ley no se inventa, se descubre. Por ello, debemos ser cautos en cuanto a lo que es y no es “lícito,” debido a que la misma ley es vulnerable a ser falaz y convertida en instrumento contrario a la naturaleza del ser humano. Entonces, ¿qué ocurre cuando la ley es viciada, al punto que se torna difícil o imposible de acatar?

    Así, en el contexto de lo que se discute, ¿cómo podría el ciudadano ejerce con albedrío su economía[3] personal y familiar, si antes debe esperar que el estado le “oriente, dirija, reglamente, remplace, o cree según necesidades sociales” que no quedan definidas? Y no sólo el hecho de que no queda claro, sino que arrebata libertad y con ello criterio, para ser remplazado por el criterio de otras entidades, que sabemos son eminentemente políticas; más que nada en el sentido peyorativo del vocablo. Abundan las fuentes autorizadas que hacen énfasis en la necesidad de no alienar al ser humano de su albedrío; tal como la ya citada en cuanto a que el ser humano por naturaleza es libre, moldeado a imagen y semejanza de su creador, que si algo lo caracteriza es la libertad. Esto está reconocido en la Carta universal de los derechos humanos y en incontables constituciones y en otras fuentes. Paso a enunciar algunas.

    Encíclica papal “Año Centésimo,” en dónde el Papa Juan Pablo II delineó los principios de la solidaridad y de subsidiaridad[4] y demostrando un entendimiento de las reacciones que puede darse en la esfera social cuando los límites del estado no quedan bien definidos y mantenidos. Aunque esta encíclica fue escrita hace más de dos décadas, bien puede ser aplicada al mundo del momento: Mediante la intervención directa estatal en el mercado se despoja a la sociedad de su responsabilidad, y el estado de asistencialismo central deviene en la pérdida de las energías humanas y en un desmedido aumento de las agencias públicas, que son dominadas más por maneras burocráticas de pensar que por una auténtica solidaridad y deseo de servir al cliente ciudadano; todo lo cual es acompañado por un enorme aumento del gasto. De hecho, las necesidades de los más desposeídos son mejor servidas por quienes están más cercanos a ellos y que por eso los entienden mejor; sin mediar intereses electoreros y peores. Hablamos de los vecinos y de la comunidad inmediata y más cercana. A menudo las necesidades humanas van mucho más allá de lo material y requieren de una respuesta más profunda y humana que no puede venir por intermedio del aparato político.

    [1] PRIMORDIAL: “muy importante o necesario, fundamental” – rae –; también, “primitivo, primero o esencial,” y más aún: eje, elemental. Primordial

    También deriva en “primar,” que es aquello que “sobresale, prevalece o domina.” Una vez que el legislador establece el carácter primordial de la actividad en la persona no tiene sentido más adelante anular el principio con vaguedades. Algunos interpretan que “primordial” significa que existe una segunda instancia que abre el camino a la intervención centralizada. Sin embargo, primordial se refiere solamente a la persona.

    [2] ALBEDRÍO: Albedrío deviene del latín arbitrium, generando así una dualidad expresiva en albedrío y arbitrio. Arbitrium en latín significa la capacidad de juicio, discernimiento y opinión. Es la libertad de opinar o actuar según nuestro juicio. Desafortunadamente el uso ha ido desfigurando el significado y sentido del término; al cual se le ha añadido la innecesaria redundancia de “libre” albedrío. Y más trágico aún es que la RAE destaque en primera acepción que se trata la “voluntad no gobernada por la razón, sino por el apetito, antojo o capricho.” Decepciona esta definición de la RAE. ¿Qué sería el hombre sin arbitrio o albedrío? ¿Acaso el actuar a juicio propio es desorden? El ser humano es libre para actuar, sí; pero constreñido a la actuación lícita o de bien. La misma Constitución dice que somos libres para todo lo que no está prohibido.

    [3] Economía: o economizar es ver como logramos satisfacer necesidades ilimitadas con recursos limitados. Como lograr que la quincena alcance.

    [4] solidaridad: sólo se puede ser solidario a título personal y con aquello que es propio; por ello los gobiernos no pueden ser solidarios. Subsidiaridad: principio que advierte que una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo de orden inferior, privándola de sus competencias, sino que más bien debe sostenerla en caso de necesidad.