Etiqueta: justicia social

  • Cuál Justicia Social?

    Lo que llamamos constitución en Panamá, desde su preámbulo, habla de “exaltar la dignidad humana, promover la justicia social…” y tal, pero, le pregunto al lector ¿sabes lo que es la justicia social? La llamada constitución no lo aclara; y digo “llamada constitución” ya que no estoy solo al opinar que dicho mamotreto no constituye sino el desorden económico y social; tal como está en el Artículo 78 que intenta establecer que:

    La Ley regulará las relaciones entre el capital y el trabajo, colocándolas sobre una base de justicia social y fijando una especial protección estatal en beneficio de los trabajadores.”

    ¿Tienes la mínima idea de la complejidad y magnitud de lo que son las “relaciones entre el capital…” ¿Quién rayos es don Capital y quien es el señor trabajo? ¡Nadie! Son los que se les ocurra y convenga a los nefastos “gobernantes” de turno. Son palabras y frases comodín que abren el camino a una discrecionalidad sin límites. Y es embuste total decir que “beneficia a los trabajadores”; no, a quien beneficia es a los ladrones del estado profundo.

    Más adelante la incoherente constitución en su Artículo 91 vuelve a la carga en el al decir que:

    La educación es democrática y fundada en principios de solidaridad humana y justicia social”.

    Y menos mal que aclararon que se trataba de “solidaridad humana”; imagínense si fuese solidaridad entre caimanes o mapaches. ¿Y qué quisieron decir que la educación sería democrática? La democracia supone ser el gobierno por el pueblo a través de los gobiernos electos; lo cual no tiene nada que ver con la educación. ¿Será la excusa para que el gobierno centralice la educación para mejorar su capacidad de adoctrinamiento y centralización? ¿Educar no es gobernar? Lo que compete a los gobiernos del estado es ver que no se hagan trampas en el mercado educativo y no ser ellos los tramposos.

    Y, finalmente, la tortuosa farándula de hemorragia verbal termina en el Artículo 284 que es una oda que enaltece el carácter comunista de la misma:

    El Estado intervendrá en toda clase de empresas, dentro de la reglamentación que establezca la Ley, para hacer efectiva la justicia social a que se refiere la presente Constitución y, en especial, para los siguientes fines:

    1. Regular por medio de organismos especiales las tarifas, los servicios y los precios de los artículos de cualquier naturaleza, y especialmente los de primera necesidad.

    2. Exigir la debida eficacia en los servicios y la adecuada calidad de los artículos mencionados en el aparte anterior.

    3. Coordinar los servicios y la producción de artículos. La Ley definirá los artículos de primera necesidad.

    Hay que ser osado, ingenuo o no sé qué para montar una empresa en un país en el cual la mafia gubernamental puede dictarte tarifas, los servicios y precios, exigir lo que el burrócrata cree es la eficacia de los servicios y la calidad; y, que pretenda coordinar los servicios y la producción… ¿Se da cuenta el lector el grado de desquicio al cual llegó el constituyente y quienes firmaron semejante mamotreto? Y ni hablar que aún hoy, en el 2025, habiendo reconocido lo terrible que es la constitución que padecemos, muchos estamos temerosos de que terminar con una peor de la actual, que lo único que constituye es el desorden; tanto así que ni han intentado cumplir a cabalidad con semejantes mandatos constitucionales.

    La actual constitución panameña no instituye el libre mercado sino la intervención del mercado por parte de la Cosa Nostra; lanzando a quienes se aventuran en la actividad productiva formal a las fauces de la jauría burrocrática del estado profundo.

  • La Falsa Equidad o Igualitarismo

    El vocablo equidad hace referencia a una igualdad del ánimo, que hoy día, en la fracción progre del mundo, hace un llamado a lo que algunos creen, en sentido social, ser “justo”; esto de un diccionario de origen ibérico. Lo curioso y engorroso en este mundo Babel, es que si buscamos el término “equity” en inglés brinca el saltamontes del matorral de la incongruencia idiomática y, por tanto, del entendimiento, ya que Merriam-Webster nos dice que equidad es “una conformidad libre y razonable para aceptar estándares de la ley natural y la justicia, sin prejuicios, favoritismos, o fraude y sin rigores que impliquen privaciones; o, simplemente, imparcialidad.” Y mejor no busquemos en otros diccionarios más que el matorral se hace más espeso.

    Y, si nos acercamos al tema desde la perspectiva “woke”, veremos que se refiere a estar alerta a prejuicios raciales y la discriminación; aunque el término ha mutado y hecho metástasis a un sentido más amplio que se refiere a estar consciente ante las inigualdades sociales, tales como la injusticia racial, el sexismo, y contra los “derechos” LGBT; lo cual hace un mafá del entendimiento.

    En realidad el concepto básico de la equidad que nos brinda Merriam-Webster no está mal. El mal comienza con llevar las cosas a otra galaxia arremolinada a un centro de hoyo negro que todo se devora sin eructarlo. De hecho, un primo de woke es el novedoso acrónimo DEI, que significa “diversidad, equidad e inclusión en la mente distorsionada de los que creen son progresistas.

    El primer inconveniente social de meter lo woke y tal en el diálogo politiquero es que dificulta y entorpece el debate en torno a injusticias reales y apremiantes. En ello nos topamos con la tendencia de creer que corresponde a los gobiernos y gobernantes atender injusticias sociales, cuando en primera instancia a quien corresponde es a la gente en su entorno inmediato. Da pena ver a tantos que no hacen alegando que “eso corresponde al gobierno”. Si la gente no es capaz, menos lo serán los políticos paridos por la gente.

    Un tema de supuesta equidad que flota como nata en tanque séptico es el de una redistribución de ingresos o peor, de riqueza; cuando pocos entienden lo que es la riqueza. Como dice uno por allí: “Ni siquiera entre el progre existe acuerdo respecto a cómo debe ser el confisca, parte y reparte. Y los asombros y gritos no faltan cuando alguien, yo en este caso, decimos que la desigualdad es buena cosa. Si lo dudan, dense una vuelta por Cuba en dónde todos son igualmente paupérrimos.

    Si le pregunto al lector que me diga cuáles son las diferencias entre las diferencias y las desigualdades ¿qué me diría? O, tal vez debo decir, “disparidades e desigualdades”. Pero, lo que poco hacemos es regresar en el tiempo para ver cómo se fue enredando todo lo que dio lugar a las verdaderas injusticias que parieron desigualdades; morales, culturales y económicas.

    Hoy, que vemos en USA normas que pretenden castigar a quien ofende a otro en palabra, tal como llamarle señor a quien se considera señorita, uno se pregunta ¿cómo llegamos a semejante aberración?; particularmente en el país donde nació en constitución la verdadera libertad de expresión.

    La opaca realidad es que la civilización humana depende de las desigualdades, sin las cuales nos extinguiríamos como los dinosaurios. Lo triste que vemos hoy en el debate político frente a las elecciones es lo superficial en debates en los cuales casi nadie se atreve a poner el dedo en las verdaderas llagas de la desigualdad ante la ley, la justicia y la libertad.

  • Los mercaderes de escándalo

    Mateo 18:7 – ¡Ay a la persona por intermedio o acción de la cual deviene el escándalo! Si por la vía de la mano, o del pie escandaliza, mejor es cortarlo y desecharlo. Dicho en idioma más común hoy día: Quien, en puestos gubernamentales de jurisdicción y mando que por sus actos u omisiones, produce escándalo justo sería que fuesen defenestrados.

    Para entender la sentencia bíblica señalada primero debemos conocer el vocablo “escándalo”, el cual hoy día ha perdido su sentido original y brutal. El origen o etimología viene del latín scandälum, que originalmente era el escollo o piedra marítima de poca profundidad con la cual encallaban las embarcaciones y naufragaban. El término luego fue tomado para referirse metafóricamente como toda cosa, acto o conducta que hace caer en el mal a otros; es el dar mal o pervertido ejemplo.

    A dónde voy con este escrito es a denunciar el escándalo horroroso y latente que está omnipresente en nuestra gobernanza parasitaria que yo he apodado el “regalierno”. Pero el asunto no se limita al saqueo de la cosa pública sino al desgobierno; ese que tuerce la realidad convirtiéndose en el escándalo o escollo que conduce a la población al zozobro moral y socioeconómico.

    Hablo de una variedad de actuaciones inmorales que involucran el dar ventajas especiales a personas, empresas y otras organizaciones, tal como las sindicales que trastocan por completo la función de los gobiernos del estado. Ello no es cosa nueva, pero lo que sí es nuevo está en la conjunción del momento histórico de la singularidad que se produce en un mundo que ha llegado a su punto de inflexión; es decir, de cambios tan acelerados y dramáticos que cambiarán por completo el mundo tal y como lo hemos conocido.

    La acción escandalosa, esa que corrompe al pueblo, es muy variada en sus razones que en algunos casos son meramente un comportamiento de ineptitud; pero, en otros casos se trata de malevolencia que llega a lo diabólico. Tal sería el haber afectado el pensamiento de la población a tal grado y en tal desviación que una mayoría entrega a los gobernantes funciones que no son propias a las del gobierno sino de la comunidad; tal sería los servicios de transporte, agua, electricidad, salud, educación y tantos otros.

    En tal grado de tergiversación de la realidad los mercaderes del escándalo, vale decir, los prostituidos gobernantes y sus huestes de funcionarios parásitos, se vuelven diccionarios de la Babel, torciendo las palabras, frases e ideas hacia el mal y lo absurdo. Así, vemos desde la misma Constitución el uso de frases como: el “interés social, justicia social, deberes sociales, leyes sociales, defensa social, seguridad social, previsión social, mejoramiento social, etc. El término “social” aparece en más de 60 frases de la Constitución; pero en ningún momento lo llegan a definir, dejando dicha definición al arbitrio de los escandalosos de turno.

    Consabido es o debe ser que la mayor función constitucional del Estado es limitar el poder gubernamental; el cual, por su misma naturaleza tiende a corromperse en proporción al tamaño del gobierno. Típicamente, a medida que los gobiernos crecen más allá de sus legítimas funciones, el escándalo se vuelve la norma; tornándose en el instrumento que todos quieren aprovechar para sus fines personales.

    Hoy son tantas las piedras de escándalo, tal como la palabra “público”, usada para justificar prácticamente lo que sea; tal como lo absurdo de llamar “educación pública” al monopolio de adoctrinamiento estatal que poco o nada educa.

    La única función propia del estado es la defensa de los derechos de la persona.

  • Lo injusto de la justicia social

    El genial Richard W. Rahn, quien preside el “Institute for Global Economic Growth, y quien nos ha visitado en Panamá en ocasión de foro auspiciado por Goethals Consulting, se manda un excelente artículo que cobra particular relevancia en estos momentos en que el nuevo presidente de los EE.UU. parece seguirle los pasos a los Chávez, Maduros y Castros de nuestro continente. A continuación, les presento las ideas de Rahn con comentarios míos.

    En variadas ocasiones he escrito acerca de la frase comodín “justicia social”. Si el lector se para frente a una audiencia ¿podría explicar con claridad lo que es la “justicia social”? Inténtalo ahorita, que no tienes audiencia, a ver cómo te va. La palabra “justicia” ha guardado un significado específico por cientos de años, pero, cuando le cuelgas el “social” lo que terminas haciendo es quitarle sentido al término “justicia”,  dado que la frase “justicia social” es un concepto subjetivo al cual cada quien le asigna su propia definición, cargada en sentimientos, pero no necesariamente en realidad. Precisamente esa frase la embutieron los amanuenses de la Dictadura Militar panameña en la constitución para darle mayor poder discrecional a los amos del país.

    El tema de fondo que abordo es el de la libertad, la cual hoy está bajo asedio, tanto en Panamá como por todos lados; y, particularmente en los EE.UU., que suponía ser la cuna de la libertad. Y, lo importante es tratar de entender el fenómeno. Tal como lo plantea Rahn, “los períodos en que más floreció el conocimiento humano y los adelantos materiales, estuvieron asociados con la libertad de expresión y pensamiento. Rahn cita el período de la República romana antes del Imperio y la Iluminación escocesa. Y, precisamente, los EE.UU. nacen y florecen a partir de esa iluminación. Como bien dicen las Escrituras: “La verdad os hará libres”.

    Pero, de manera muy crítica y preocupante, Rahn nos advierte: “Desafortunadamente, este fundamento de la Sociedad Americana está cada vez más en asedio por quienes no saben nada/o aquellos cuyas inseguridades o lujuria de poder los lleva a burlar los derechos del prójimo.” ¿Me parece que bien podemos afirmar esto mismo en nuestro patio?

    Si algo hemos visto en Panamá es la violación de la educación y la academia superior por bastardos intereses politiqueros. Mal puede ser la academia un instrumento dedicado a la búsqueda de la verdad cuando tiene agenda politiquera. Y como también señala Rahn, ello explica como es que quienes no se apegan a la corriente de lo ‘políticamente correcto’ o de moda, son atacados en lo personal, soslayando argumentos sustantivos. Sitios que me han invitado a dar charlas han sido amenazados si me permitían hablar. Pero, seguramente si invitan a un Maduro, ello sería razón de júbilo.

    El caso muy particular de la cancelación en los EE.UU. del oleoducto Keystone que llevaría aceite crudo canadiense a las refinerías estadounidenses, es digno de resaltar. Los pseudo ambientalistas respaldan la cancelación del proyecto en base a la “justicia social”. Pero, curioso, los canadienses seguirán produciendo crudo y enviándolo por tren o en camiones; o se lo venderán a otros países, tal como China, en dónde poco les importa la contaminación. Y, a todo ello, causando un desastre económico en los EE.UU., lo cual sí afectará posibilidades de atender asuntos medio ambientales.

    Como vengo señalando en mis escritos sobre la Babel, acerca del uso prostituido del idioma, por caso, la justicia social, también comenta Rahn: “…el lenguaje chapucero y descuidado conduce al pensamiento chapucero y descuidado; ello, a su vez, nos lleva a hacer cosas censurables carentes de sentido.”