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  • Detección de mentiras y neurotecnologías: ¿más cerca de la “verdad”?

    En los últimos años, han proliferado estudios empíricos basados en la medición de la actividad cerebral para leer la mente. A través de las neurotecnologías –sistemas de inteligencia artificial alimentados con datos cerebrales–, se anuncia la posibilidad de acceder a los pensamientos, las intenciones o, incluso, las memorias de las personas. Una promesa que, aunque todavía se mueve entre la ciencia y la ficción, plantea desafíos profundos para el ámbito jurídico.

    Usando el polígrafo en un caso judicial de 1937.
    Biblioteca Nacional de Francia.

    Esta posibilidad no ha pasado desapercibida en el mundo del derecho. Desde hace siglos, la justicia ha buscado herramientas que permitan saber si alguien miente en un juicio. Las antiguas ordalías –prueba ritual medieval en que se invocaba el juicio de Dios–, el polígrafo o el análisis del lenguaje no verbal son solo algunos ejemplos de esa ambición persistente por descubrir la verdad a través de medios externos. Ninguna de estas técnicas, sin embargo, ha contado con un respaldo empírico sólido que garantice su validez o fiabilidad.

    Una forma de leer la mente

    Sin embargo, las técnicas neurocientíficas parecen abrir una vía prometedora, al estar en condiciones de superar los límites y falibilidades de otros sistemas que han ido apareciendo a lo largo de la historia. La clave radica en que la fuente de medición se sitúa lo más próxima posible a la información que se desea obtener. Dicho de otra forma: ya no se trata de medir si alguien suda, se sonroja o se muestra nervioso, sino de observar la actividad neuronal que podría reflejar lo que sabe o recuerda. Algo que, de confirmarse, sería extraordinario.

    Con un método así, los declarantes en un proceso judicial no podrían ocultar, distorsionar o falsear lo que cuentan. La aplicación de esta tecnología permitiría reconstruir con más precisión los hechos y, así, conocer lo que realmente ocurrió. Este es uno de los principales objetivos del proceso judicial y, en particular, de la actividad probatoria.

    El antecedente de la prueba P300

    Aunque pueda parecer futurista, la aplicación de técnicas basadas en la actividad cerebral no es completamente nueva en el ámbito judicial español. Desde 2014, algunos jueces admitieron la práctica de la denominada prueba P300, que registra las señales eléctricas del cerebro mediante electroencefalografía. Se basa en el hecho de que el cerebro modifica dichas señales eléctricas cuando se enfrenta a un estímulo visual que le evoca un recuerdo.

    El método consiste en mostrar a los investigados imágenes o palabras relacionadas con un hecho delictivo. Si el cerebro reacciona con una señal eléctrica concreta –la llamada “onda P300”–, se interpreta que el sujeto reconoce la información presentada.

    En varios casos, esta técnica se empleó para intentar localizar los cuerpos de víctimas desaparecidas, como Marta del Castillo. Sin embargo, los resultados alcanzados en los procesos judiciales no fueron concluyentes. Al contrario, pesan sobre esa prueba muchas dudas sobre su validez y fiabilidad.

    ¿Se puede detectar la mentira desde la memoria?

    Precisamente, para evitar que técnicas sin un respaldo empírico sólido influyan en decisiones judiciales –y puedan conducir a condenas erróneas–, resulta fundamental analizar con detenimiento qué pueden medir realmente estas tecnologías.

    Una de las cuestiones relevantes, si se pretende utilizar este instrumento en los tribunales de justicia, es si puede conocerse la verdad de unos hechos mediante el análisis de las memorias de sus testigos. Actualmente, sabemos que la memoria humana no funciona como una cámara de vídeo, no es una copia fiel de la realidad. Y es que los recuerdos son maleables: pueden alterarse (contaminarse) con el paso del tiempo, por la influencia de los medios, por preguntas sugestivas o, simplemente, por volver a contar (o rememorar internamente) lo sucedido varias veces.

    Esta permeabilidad característica de la memoria puede dar lugar a falsos recuerdos, que combinan experiencias auténticas con información adquirida después, que puede no corresponderse con la realidad.

    Lo más preocupante es que los falsos recuerdos pueden ser indistinguibles de los verdaderos, tanto para quien los tiene como para quien los evalúa. Hasta ahora, la neurociencia no ha identificado un marcador cerebral capaz de diferenciarlos de manera concluyente.

    Entonces ¿qué detectan estas pruebas?

    Si no se puede distinguir entre recuerdos reales y falsos, ¿qué mide exactamente la neurotecnología?

    Los experimentos se basan en una idea sencilla: mentir exige un mayor esfuerzo cognitivo que decir la verdad. Implica suprimir una respuesta espontánea, inventar otra en su lugar y controlar la reacción con el interlocutor a fin de que no se dé cuenta de la mentira (engaño motivado). En teoría, ese esfuerzo extra se refleja en el cerebro.

    Así, las técnicas empleadas con tal propósito no se basan el análisis del contenido de la memoria, sino en los patrones cerebrales asociados al esfuerzo de mentir. El problema es que este modelo tiene limitaciones: por ejemplo, si una persona está muy acostumbrada a mentir, dicho esfuerzo se reduce y la técnica deja de ser fiable.

    Más que leer la mente, estas herramientas trabajan con una representación muy limitada de lo que significa mentir –engañar–. Su interpretación, por tanto, requiere una gran prudencia. La aparente objetividad de los datos neurocientíficos puede inducir a una “ilusión de certeza” peligrosa en el contexto judicial, donde las consecuencias de un error pueden ser irreversibles.

    Aunque los titulares sobre la posibilidad de “detectar mentiras en el cerebro” resulten cautivadores, la realidad científica es mucho más compleja. Los expertos coinciden en que aún estamos lejos de poder acceder a los pensamientos de una persona o determinar con precisión si dice la verdad o no.

    Así que, por ahora, la justicia sigue sin disponer de un método fiable para leer la mente o para descubrir la falsedad en los tribunales. Después de todo, seguimos donde estábamos: frente a la eterna dificultad de conocer con certeza qué es verdad y qué no dentro de la mente humana.The Conversation

    Miquel Julià-Pijoan, Profesor de Derecho Procesal, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Privacidad Mental e Inteligencia Artificial: La Encrucijada Ética de Meta

    En un mundo donde la frontera entre la ciencia ficción y la realidad se desdibuja cada vez más, Meta, la empresa matriz de Facebook e Instagram, ha dado un paso audaz al presentar su última creación: una aplicación basada en inteligencia artificial (IA) que convierte las imágenes mentales en representaciones visuales reales. Este emocionante avance plantea preguntas profundas sobre el potencial de la IA para leer y decodificar la mente humana, así como desafíos éticos significativos relacionados con la «privacidad mental».

    La aplicación, conocida como Image Decoder, utiliza una combinación de técnicas innovadoras. En primer lugar, se aprovecha de la magnetoencefalografía (MEG), un método de escaneo cerebral no invasivo que mide la actividad eléctrica en el cerebro con una precisión extraordinaria. La MEG es capaz de capturar miles de mediciones por segundo, lo que proporciona una visión detallada de cómo las imágenes son percibidas y procesadas en la mente de un individuo. Luego, la IA entra en juego para traducir estas mediciones en representaciones visuales.

    Un aspecto destacable de este avance es su capacidad para funcionar en tiempo real, lo que significa que los investigadores pueden observar lo que una persona está viendo o imaginando en el momento en que ocurre, sin necesidad de estar físicamente presentes en la misma ubicación. Este potencial se demostró en una demostración en X (anteriormente Twitter), donde los investigadores pudieron decodificar la actividad cerebral generada por MEG y mostrar lo que una persona estaba mirando en ese mismo instante.

    El éxito de Image Decoder se basa en gran medida en el uso de DINOv2, un modelo de aprendizaje autosupervisado que fue entrenado con más de 60,000 resultados de MEG anteriores de pacientes. Aunque el sistema aún no es perfecto y enfrenta limitaciones técnicas, ha alcanzado niveles de precisión del 70% en los casos de mayor rendimiento, lo que representa un avance significativo en la recuperación y recreación precisa de imágenes basadas en datos MEG.

    El potencial de esta tecnología es inmenso. Meta sugiere que Image Decoder podría proporcionar una «voz» a personas que han perdido la capacidad de hablar debido a lesiones cerebrales. Además, abre la puerta a la posibilidad de que la IA pueda realizar funciones basadas en pensamientos, lo que podría revolucionar la forma en que interactuamos con la tecnología en el futuro.

    Sin embargo, existen desafíos significativos en el horizonte. La precisión de la decodificación disminuye cuando las personas son instruidas a imaginar representaciones en lugar de simplemente observar objetos físicos. Esto sugiere que el sistema todavía tiene limitaciones técnicas que deben abordarse antes de que pueda alcanzar su máximo potencial.

    Además, la tecnología plantea cuestiones éticas fundamentales, en particular la «privacidad mental». La capacidad de acceder y decodificar las imágenes y pensamientos de una persona plantea preocupaciones sobre la invasión de la privacidad y la propiedad de datos. En un momento en que la recopilación de datos y la privacidad en línea son temas candentes, este avance podría generar una discusión aún más intensa sobre quién tiene acceso a nuestros pensamientos y cómo se utilizan.

    Las preocupaciones éticas no son infundadas. Ya hemos sido testigos de casos en los que las gigantes tecnológicas como Amazon y Meta han utilizado datos de usuarios sin su consentimiento para mejorar sus modelos de IA. La idea de que ahora puedan acceder a nuestros pensamientos abre un nuevo territorio en términos de privacidad mental y seguridad de datos.

    Este no es el único avance en el campo de la IA y la neurotecnología que plantea cuestiones importantes. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley demostró recientemente que la IA puede recrear música escaneando la actividad cerebral de las personas. Aunque estos desarrollos tienen el potencial de cambiar la vida de personas con discapacidades físicas y ofrecer soluciones innovadoras, también plantean cuestiones profundas sobre los límites éticos de la tecnología.

    En última instancia, la capacidad de la IA para leer la mente y convertir pensamientos en imágenes representa una revolución potencial en la relación entre la humanidad y la tecnología. Si bien ofrece un mundo de posibilidades, también plantea una serie de preguntas inquietantes que requerirán una atención cuidadosa y una regulación ética rigurosa para garantizar que se utilice de manera responsable y en beneficio de la sociedad en su conjunto.

  • ‘Neuroderechos’: ¿Qué sucede cuando la tecnología aprende a leer nuestra mente?

    La promesa de la neurotecnología de mejorar la vida está creciendo. Esto causa preocupación de que estos adelantos tecnológicos pueda usarse para registrar los datos mentales de las personas, así como para modificarlos, por lo que, ¿necesitamos un nuevo conjunto de derechos para proteger la integridad de nuestras mentes?

    El concepto relativamente incipiente de «neuroderechos», que pretende salvaguardar los «neurodatos» de las personas y establecer límites sobre cómo se pueden analizar y modificar los contenidos del cerebro, sigue una serie de innovaciones médicas recientes, en particular la tecnología de interfaz cerebro-computadora (BCI), que tiene el potencial de revolucionar el campo de la neurociencia.

    La terapia basada en BCI puede ser útil para la rehabilitación motora posterior al accidente cerebrovascular y puede ser un método potencial para la detección y el tratamiento precisos de enfermedades neurológicas como el Alzheimer. Los defensores afirman que, por lo tanto, existe un imperativo moral para usar la tecnología, dados los beneficios que podría traer.

    En esta línea, la empresa Synchron, se convirtió en la primera empresa del mundo, por delante de competidores como Neuralink de Elon Musk, en obtener la aprobación de la Administración de Drogas y Alimentos de los EE. UU. (FDA) para realizar ensayos clínicos de interfaces cerebro-computadora (BCI) en humanos, introduciendo con éxito electrodos en el cerebro de pacientes paralizados a través de sus vasos sanguíneos. Los electrodos registran la actividad cerebral y transmiten los datos de forma inalámbrica a una computadora, donde se interpretan y utilizan como un conjunto de comandos, lo que permite a los pacientes enviar correos electrónicos y mensajes de texto.

    Pero, ¿qué sucedería si tales capacidades pasaran de la medicina a un mundo comercial no regulado? Es un escenario distópico que podría conducir a un deterioro progresivo e implacable de nuestra capacidad para controlar nuestros propios cerebros, pudiendo conducir a excesos corporativos y estatales, incluida la vigilancia policial discriminatoria y las violaciones de la privacidad, dejando nuestras mentes tan vulnerables a la vigilancia como nuestras comunicaciones.

    Incluso la neurociencia ha abierto la posibilidad de diseñar humanos híbridos con habilidades cognitivas mejoradas artificialmente, con el riesgo de alterar los pensamientos de las personas, empleando algoritmos a través de Internet para reprogramar su cableado, para dictar sus intereses, preferencias o patrones de consumo.

    Y si bien es una progresión que sigue siendo hipotética, no es impensable. En algunos países, los gobiernos ya se están moviendo para proteger a los humanos de esta posibilidad.

    Sin ir más lejos, en el conteniente latinoamericano, los legisladores chilenos aprobaron en octubre del año pasado, una ley que establece los derechos a la identidad personal, el derecho a la privacidad mental, el libre albedrío de pensamiento, el acceso equitativo a las tecnologías que aumentan las capacidades humanas y la protección contra la discriminación. Convirtiéndose en el primer país del mundo en legislar sobre neurotecnología que puede manipular la mente.

    Este proyecto de ley, podría ser la base de futuras legislaciones en materia de derechos humanos en otros países ante los avances tecnológicos aplicados a la mente y el cerebro.

    Durante los debates previos a la votación, el senador Guido Girardi, uno de los más acérrimos promotores de la ley, dijo que su objetivo es proteger «la última frontera» del ser humano: la psique humana. «Estamos felices de que este sea el comienzo de una evaluación global sobre cómo se debe usar la tecnología para el bien de la humanidad», dijo Girardi en Twitter.

    La Cámara de Diputados dijo en un comunicado que “la ley de Chile establece que el desarrollo científico y tecnológico debe estar al servicio de las personas y que se realizará con respeto a la vida y a la integridad física y psíquica”.

  • Synchron anuncia el primer tweet de pensamiento directo utilizando una interfaz de computadora cerebral

    ¿Alguna vez has considerado qué pasaría si tus pensamientos pudieran traducirse a texto sin tener que mover un solo dedo? Pues hoy en día ya es una realidad. Un hombre paralítico en Australia se ha convertido en la primera persona en tuitear un mensaje a través del pensamiento directo gracias a un pequeño implante en forma de interfaz de computadora cerebral del tamaño de un clip.

    Philip O’Keefe, de 62 años, quien sufre de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que le ha dejado incapaz de mover sus extremidades superiores, tuiteó: ‘No hay necesidad de presionar el teclado ni de escuchar. Creé este tweet con solo pensarlo ‘. #helloworldbci

    En 2015, O’ Keefe fue diagnosticado con ELA, una forma de enfermedad de la neurona motora, y el 23 de diciembre convirtió con éxito su pensamiento directo en texto utilizando la interfaz de computadora cerebral (BCI) de Stentrode. La interfaz, creada por Synchron, una empresa de medicina bioelectrónica neurovascular con sede en California, permite a los pacientes realizar tareas en una computadora con solo usar su mente. En julio de este año, la FDA otorgó la aprobación regulatoria a la startup de neurotecnología para comenzar a probar el dispositivo en voluntarios.

    El dispositivo se implantó por primera vez en O’Keefe en abril de 2020 después de que su estado empeorara y no pudiera realizar ninguna actividad independiente. Se insertó a través de su vena yugular para evitar un procedimiento cerebral invasivo y solo tomó cuatro horas para que se usara después de ser insertado. Desde su implantación, le ha permitido comunicarse con sus compañeros y seres queridos a través del correo electrónico. También puede jugar juegos de computadora simples, como el solitario.

    Después del exitoso tweet, O’Keefe declaró: «Cuando escuché por primera vez sobre esta tecnología, supe cuánta independencia podía devolverme. El sistema es asombroso, es como aprender a andar en bicicleta: se necesita práctica, pero una vez que estás rodando, se vuelve natural. «Ahora, solo pienso en qué parte de la computadora quiero hacer clic, y puedo enviar correos electrónicos, realizar operaciones bancarias, comprar y ahora enviar mensajes al mundo a través de Twitter».

    El objetivo del Sr. O’Keefe era compartir su experiencia de recuperar la independencia con el mundo y ofrecer inspiración para el futuro. «Mi esperanza es estar allanando el camino para que la gente tuitee a través de sus pensamientos», fue su declaración final. Desde entonces, ha estado utilizando la tecnología para volver a conectarse con su familia y colegas de negocios, continuando los intercambios de correo electrónico y manteniéndose activamente involucrado en su consultoría y otros proyectos comerciales.

    Thomas Oxley, CEO de Synchron, afirmó: “Estos divertidos tweets navideños son en realidad un momento importante para el campo de las interfaces implantables cerebro-computadora. Destacan la conexión, la esperanza y la libertad que las BCI brindan a personas como Phil a quienes se les ha quitado gran parte de su independencia funcional debido a una parálisis debilitante. Esperamos avanzar en nuestra interfaz cerebro-computadora, Stentrode, en el primer estudio en humanos de EE. UU. el próximo año». Neuralink de Elon Musk también planea comenzar los ensayos en humanos en 2022.

  • Neuralink, de Elon Musk, quiere implantar chips en el cerebro humano en un año

    La controvertida startup de neurotecnología avanza aceleradamente. Cuáles serían sus implicaciones

    Hace unos años, la psicóloga cognitiva y filósofa Susan Schneider afirmó que el futuro distópico soñado por Elon Musk en el que los cerebros humanos y las computadoras se fusionaban en uno, daría como resultado un «suicidio para la mente humana».
    A pesar de toda la controversia que suscita el tema, desde entonces, los científicos e ingenieros que trabajan para el empresario multimillonario han avanzado mucho en esta línea.

    La startup de neurotecnología propiedad de E. Musk, Neuralink, demostró ya el año pasado que su interfaz cerebro-máquina funcionaba en cerdos. Durante una demostración en vivo, se mostró señales neuronales en tiempo real de este animal al que se le implantó un chip en la cabeza.

    Pues bien, la semana pasada, la compañía fue un paso más allá y mostró un experimento más sofisticado en el que un mono macaco llamado Pager con dos dispositivos Neuralink implantados en su cerebro hace 6 semanas, jugaba el videojuego ‘Pong’ con su mente. En el video, le dieron un joystick que estaba conectado a un videojuego en el que mueve un cursor a un cuadrado de color.

    Mientras Pager usa el joystick, el chip Neuralink registra su actividad cerebral y la envía a una computadora para analizar lo que hace su cerebro cuando mueve la mano. Luego, el joystick se desconecta de la máquina, pero el mono continúa controlando el juego, y los chips Neuralink transmiten las señales cerebrales. «Al grabar información de varias neuronas e incluir su actividad en un algoritmo de decodificación, tenemos la posibilidad de predecir la intención del movimiento de Pager en tiempo real” afirmó la compañía.

    Mientras que los fanáticos de Musk aplaudieron el último desarrollo de Neuralink, la prueba generó dudas y críticas de científicos y especialistas en ética de la tecnología.

    En teoría, la misma tecnología podría usarse para dar a las personas el control de las extremidades sintéticas a través de un implante cerebral Neuralink, por lo que la compañía podría pasar de operar con monos a ensayos en humanos dentro de un año.

    «Neuralink está trabajando muy duro para garantizar la seguridad de los implantes y está en estrecha comunicación con la FDA. Si las cosas van bien, podríamos hacer pruebas iniciales en humanos a finales de este año», dijo Elon Musk.

    Al igual que algunos investigadores de principios de la década de 2000, Musk prevé que los chips cerebrales implantables podrían algún día ayudar a las personas con trastornos neurológicos como Alzheimer o Parkinson a tomar el control de sus vidas y, finalmente, fusionar la inteligencia humana y la inteligencia de las máquinas para crear una especie de ‘super ser’. Y no solo eso, sino que esta tecnología podría remediar otras patologías como la depresión, la adicción, la ceguera o la sordera. Esto se haría usando el implante para estimular áreas del cerebro asociadas con estas condiciones.

    Las interfaces cerebro-máquina también podrían tener aplicaciones más allá de lo terapéutico. Para empezar, podrían ofrecer una forma mucho más rápida de interactuar con las computadoras, en comparación con los métodos que implican el uso de las manos o la voz. Un usuario puede escribir un mensaje a la velocidad del pensamiento y no estar limitado por la destreza del pulgar. Solo tendrían que pensar que el mensaje y el implante podrían convertirlo en texto. Luego, el texto se puede reproducir a través de un software que lo convierte en voz.

    Quizás lo más emocionante es la capacidad de una interfaz cerebro-máquina para conectar cerebros a la nube y todos sus recursos. En teoría, la propia inteligencia «nativa» de una persona podría aumentarse a pedido accediendo a la inteligencia artificial (IA) basada en la nube. La inteligencia humana podría multiplicarse enormemente por esto. Consideremos por un momento si dos o más personas conectaron sus implantes de forma inalámbrica; esto facilitaría un intercambio de imágenes e ideas de gran ancho de banda entre uno y otro. Al hacerlo, potencialmente podrían intercambiar más información en unos pocos segundos de lo que tomaría minutos u horas para transmitir verbalmente.

    Pero algunos expertos siguen siendo escépticos sobre qué tan bien funcionará la tecnología, una vez que se aplique a los humanos para tareas más complejas que un juego de Pong. Incluso si la compañía de Musk tiene éxito en el frente tecnológico, las implicaciones sociales más amplias de un dispositivo cerebral para leer la mente serían complicadas.

    Al mismo tiempo, sin una seguridad a prueba de balas, es posible que los piratas informáticos puedan acceder a chips implantados y provocar un mal funcionamiento o una mala dirección de sus acciones, con consecuencias fatales para la víctima.