Etiqueta: populismo

  • Estados Unidos se viene latinoamericanizando

    La degradación conceptual que ha penetrado en algunos de los máximos referentes políticos de los Estados Unidos le da la espalda a una larga tradición que produjo la revolución más constructiva a favor de los derechos individuales de la historia de la humanidad.

    En otra oportunidad he recurrido a lo que ahora apunto en el título de esta nota para describir lo que viene sucediendo en el otrora baluarte del mundo libre. Esta vez, como una muestra más del declive estadounidense que viene operando desde hace un tiempo, una de las manifestaciones recientes y más contundentes tuvo lugar en la sala de prensa en la Casa Blanca a raíz de una expresión de Jen Psaki, la vocera presidencial de Joe Biden. Respondiendo a una pregunta periodística afirmó que “los precios suben debido a la codicia de empresarios”. Una conclusión alarmante por su insensatez, digna de republiquetas africanas o las peor ubicadas de la región latinoamericana.

    ¿Cómo es posible que en Estados Unidos puede deslizarse una tropelía de esa magnitud nada menos que en el centro del poder gubernamental y con el natural aval de las autoridades del caso? Este desbarranque mayúsculo sólo puede tener lugar debido a una degradación conceptual de características exponenciales que han penetrado en mentes de un modo sumamente peligroso para la supervivencia de la sociedad libre a contracorriente de los sólidos valores y principios de los Padres Fundadores de esa nación.

    En su momento destacamos con enorme preocupación el persistente incremento del gasto público, el déficit y el endeudamiento generado por el anterior presidente Donald Trump. También subrayamos su desgraciado e inaceptable rol en el rechazo de los resultados electorales según normas por él aceptadas en la contienda y certificadas por los cincuenta estados, sesenta y un jueces federales y locales (ocho de los cuales designados por el propio Trump) y por su vicepresidente Mike Pence. Luego el sucesor Joe Biden se decide por acentuar los antes mencionados guarismos de gasto, déficit y deuda junto con expansiones adicionales en la base monetaria lo cual se traduce en la inflación mayor de los últimos treinta y nueve años.

    En mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos detallo la referida declinación en materia de relaciones exteriores, de varios aspectos en la Justicia, de la educación, de la economía, el federalismo, los problemas con las drogas alucinógenas para usos no medicinales, las trabas migratorias, las fuerzas paramilitares y los servicios de inteligencia, el terrorismo, la estructura fiscal y en general los límites al poder. Cierro aquella obra con un pensamiento de Ronald Reagan con la advertencia que “Usted y yo tenemos un rendez-vous con el destino. Preservar esto para nuestros hijos, la última esperanza del hombre en la tierra, o sentenciarlos al primer paso hacia mil años de oscuridad. Si fracasamos, por lo menos que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan decir que hemos justificado nuestro paso por aquí. Que hicimos todo lo que podía hacerse”.

    En algunos ámbitos ha penetrado en suelo estadounidense la idea atrabiliaria que los precios dependen de la voluntad empresaria en lugar de percatarse que si fuera así no habría techo alguno en los precios puesto que todo comerciante intenta embolsarse con lo máximo que pueda del mismo modo que todos los que trabajan desean ser retribuidos con los mayores salarios. Si fuera así el vendedor de caramelos colocaría su producto a un millón de dólares la unidad pero las cosas no son ni remotamente de ese modo, hay algo que se conoce como la ley de la oferta y la demanda por una parte, y por otra cuando la llamada autoridad monetaria expande la cantidad de dinero el poder adquisitivo se derrite puesto que hay más billetes persiguiendo la cantidad de bienes y servicios disponibles.

    No es una treta que de resultado en mentes medianamente despiertas el endosar la responsabilidad de los procesos inflacionarios a los comerciantes con la idea de desviar la atención de los manotazos gubernamentales que imponen esa carga tributaria no legislada que conocemos con el nombre de inflación para no recurrir a la verdadera expresión que es una estafa legal en el contexto del abuso de poder.

    Como lo han señalado una y otra vez economistas de renombre, la inflación es consecuencia de la expansión en la cantidad de dinero que imponen las bancas centrales y las llamadas “expectativas” nada tiene que ver puesto que si un comerciante eleva los precios más allá de lo que absorbe la demanda simplemente verá contraerse sus ventas. Para que tenga lugar el aumento de precios más allá de las condiciones de mercado, es indispensable que sean convalidados por expansión de moneda.

    El efecto central del daño inflacionario es que distorsiona los precios relativos, esto es desdibuja las únicas señales con que cuenta el mercado para guiar a los operadores económicos respecto al uso de los siempre escasos factores de producción e inducir al despilfarro que al consumir capital hace que los salarios e ingresos en términos reales se contraigan.

    En el caso de la conferencia de prensa a la que aludimos en este artículo también se dijo que la inflación “significa el aumento general de precios” lo cual no es correcto ya que si fuera de ese modo no habría problema con la inflación en cuanto a que no se produciría el desequilibrio entre precios e ingresos puesto que todos los precios galoparían al mismo ritmo y tengamos en cuenta que los salarios también son precios. En ese caso una inflación del treinta por ciento anual, mensual o semanal no provocaría el antes mencionado desequilibro. Habría eso si eventualmente que transportar el dinero en carretillas, habría que corregir las columnas en los libros de contabilidad y modificar los dígitos en las calculadoras, pero como queda dicho la distorsión precios-salarios no tendría lugar. El problema central entonces con la inflación monetaria es la desfiguración de los precios relativos.

    El rol del empresario en una sociedad libre se circunscribe a que para mejorar su situación patrimonial no tiene más remedio que ofrecer bienes y servicios que demandan sus congéneres: si acierta en las preferencias de su prójimo obtiene ganancias y si yerra incurre en quebrantos. El cuadro de resultados hace de guía para la utilización de los fondos disponibles al efecto de otorgarle el mejor uso posible dadas las circunstancias imperantes.

    Por otro lado, los prebendarios que operan en alianza con el poder de turno en base a privilegios y mercados cautivos son la máxima expresión de la explotación a sus semejantes y lo contrario de lo que significa un empresario en una sociedad abierta.

    En resumen, la codicia que hay que combatir con toda la fuerza de la ley es la que llevan a cabo funcionarios con el fruto del trabajo ajeno. Como ha señalado Thomas Sowell “no entiendo cómo se condena el uso y la disposición de lo propio como un acto de codicia y se exculpa el echar mano coactivamente a los recursos de otros en nombre de la denominada justicia social”. Por último, en este sentido Freidrich Hayek explica que “el adjetivo social unido a cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo: derechos sociales, constitucionalismo social, economía social y justicia social” puesto que esto último solo puede tener dos acepciones: o es una redundancia ya que la justicia no puede ser vegetal o mineral o significa sacarles a unos lo que les pertenece para entregarlo a otros lo cual contradice la definición clásica de justicia en cuanto a “dar a cada uno lo suyo”.

    Hoy aparece un peligro adicional en Estados Unidos además de lo antes señalado sobre el marcado deterioro de guarismos clave que incluyen una inflación creciente y es el denunciado en CNN por el ex comandante general Paul Eaton que se concreta en la constante presión a integrantes de las Fuerzas Armadas por parte de ciertos líderes políticos que acompañan la antes mencionada idea atrabiliaria del fraude electoral en al última contienda, lo cual -concluye el mencionado general también en nombre de otros camaradas de armas- pone en grave riesgo la continuidad institucional de la república. Afortunadamente hay destacados miembros del Partido Republicano como el anterior candidato a la presidencia y actual Senador Mitt Romney y distinguidos colegas que condenan enfáticamente la posición alimentada por Trump y el intento por desconocer el último resultado electoral sin atender las antedichas certificaciones.

    Para bien del mundo libre, hacemos votos para que merced a los múltiples y muy meritorios esfuerzos que se llevan a cabo en muy diversas fundaciones privadas y equivalentes para rectificar el rumbo en Estados Unidos puedan producirse resultados acorde, de lo contrario la libertad corre riesgos grandes. Muchos son los que advierten acerca de este declive pronunciado pero se destacan David Stockman y Ron Paul con sus libros y reiteradas apariciones en televisión con reflexiones muy atinadas y documentaciones sumamente detalladas, junto a valiosos consejos para apartarse de la degradación en su país en varios frentes por darle la espalda a lo mejor de la tradición estadounidense que produjo la revolución más constructiva a favor de los derechos individuales en lo que va de la historia de la humanidad.

  • La politiquería sembrando tempestades

    La politiquería chabacana y corrupta panameña ha sembrado y sigue sembrando la destrucción del país, lo cual queda en clara evidencia cuando vemos datos contundentes tal como el que en el 2013 los asalariados del sector privado representaban el 53% de todos los empleos en el país. Pero al 2020 el empleo del sector formal bajó a 33%, lo cual representa un 36% de reducción del empleo formal.

    Durante el 2021 la tendencia continúa con 2 de cada 3 empleos generados por el sector informal o gubernamental. Y no que el aumento del informal sea malo, todo lo contrario, sino que la economía necesita el aporte de todos sus sectores.  Y, a estas alturas, si el impacto no ha sido más grave y notorio se debe mayormente al aumento del empleo gubernamental que ha enmascarado la pérdida del formal. El problema con ello es que, pese a que los empleados públicos pagan impuesto, esos aportes salen de un bolsillo gubernamental para ingresar en el otro bolsillo gubernamental. Y, ni hablar que la mayor parte de trabajo gubernamental son improductivos y dañinos.

    A todo ello, a través del tiempo los politicastros y su politiquería lograron convencer “al pueblo” de que los ricos tenían la capacidad para que el gobierno los ordeñara, para luego partir y repartir lo ordeñado. El “problemita” es que pocos saben sacar cuentas. Simplemente, el dinero de los ricos, que nos son tantos, no alcanza y más bien termina empeorando todo con la destrucción del empleo y la economía.

    Más allá de todo lo señalado, está lo que se llama un ‘déficit estructural’; que es cuando sale más de lo que entra. Si en Panamá sumamos todos los llamados “subsidios” sería obvio que son la razón de que la deuda pública aumenta, sin hablar del pillaje. Y ello va imponiendo costos adicionales que eventualmente llevan a consecuencias nefastas, dado que ello es insostenible.

    Cuando un gobierno usa el producto de los impuestos para el parte y reparte, no está cumpliendo con su misión básica y esencial, que es velar por la seguridad y la libertad de su gente; libertad sin la cual un pueblo se vuelve parasitario y no resuelve por cuenta propia y termina sentándose a esperar los llamados “subsidios” que no son tal; ya que un verdadero subsidio no crea dependencia.

    Y más aún, el vicio de desgobierno consiste en aumentar la actividad gubernamental, no porque eso es lo que corresponde a la salud de una sociedad; sino porque con un gasto aumentado hay más de dónde meter la mano. Tristemente tío pueblo no entiende o no responde ante esta realidad y se vuelve cómplice de la politiquería, con lo cual se va potenciando el colapso de la sociedad.

  • Ganadores y perdedores

    Estamos en el pico de la crisis. Aún no es momento de balances. Sin embargo, a juzgar por las acciones que se están tomando, ya podemos tener una previsualización de cómo será el cuadro. Porque el Coronavirus va a traer ganadores y perdedores.

    Ganan

    • Los Keynesianos, a corto plazo, porque ahora los bancos centrales, de países que ya estaban endeudados y con la carga fiscal al tope, van a emitir moneda. A largo plazo, esto va a traer inflación. Pero ahora hay que subsidiar, rescatar, pagar, comprar y mantener a toda costa la situación, así que el gasto público se disparará.
    • Los Reguladores, que ahora van a pasar por encima de las normas y van a expandir su poder.
    • Los Proteccionistas, que ahora van a cuestionar qué fármacos y equipos médicos vitales sean fabricados en China, que es curiosamente el país donde se originan las epidemias serias, poniendo en riesgo la cadena de suministros en un momento clave.
    • Los Xenofóbicos. Ahora cerrar fronteras y restringir el movimiento de personas parece buena idea.
    • La economía digital. ¿Seguro que Estonia estará lockdown? Perfecto, es normal para ellos! Ahora los pagos digitales, las compras a domicilio, el teletrabajo, las teleconferencias, las aulas virtuales, están demostrado su valor. Panamá por 10 años arrastró los pies en el tema y ahora vemos su importancia.

    Perdedores

    • China, por más heroico que haya sido su combate a la epidemia, la gente no se va a olvidar fácilmente sus laxas regulaciones ambientales y su falta de transparencia que hicieron las crisis peores.
    • El populismo como técnica de gobierno. Tanto a la derecha como a la izquierda, Trump, Bolsonaro, Nicolás Maduro, Lopez Obrador, Daniel Ortega, Nicolás Maduro, Pedro Sanchez con Pablo Iglesias, el movimiento de las 5 estrellas de Italia, Nicolas Maduro, todos los populistas menos Bukele de El Salvador, se han caracterizado por haber desechado las advertencias de que la crisis venía dura, y que era mejor prepararse para lo que venía. Algunos de hecho hicieron lo contrario organizado actos multitudinarios y masivos. Ahora los tecnócratas aburridos son los que están quedando mejor.
    • El liberalismo en general. Los estados han tenido que restringir libertades, intervenir economías, cerrar fronteras, expandir el gasto. Es 1930 de nuevo.
    • Los derechos de los animales. No solo mascotas abandonadas a su suerte, sino, peor, ahora la pregunta es, ¿“pruebas de laboratorio en animales”?, pues todas las que quieran!
    •  Las aerolíneas, el turismo y los hoteles. El virus viaja, y para que no viaje estas actividades han sido suprimidas mundialmente.
    • La economía mundial, es depresión lo que estamos viviendo. Peor que una guerra.
  • Bolsonaro: “La Bolsa Sona”

    “Barcelona es bona si la bolsa sona, si la bolsa no sona, Barcelona no es bona”

    La aparición de Bolsonaro ha traído de nuevo a la palestra una discusión ética y política respecto a la izquierda y la derecha. Al respecto voy a insistir en que es un tema trascendente y a mi juicio Bolsonaro lo pone de manifiesto. En primer término dícese que Bolsonaro es de extrema derecha, y una vez más me pregunto que significa es calificación o descalificación.

    Todo parecería indicar que Bolsonaro pretende reinstaurar en Brazil el sistema político económico que cambió la historia del mundo, y trajo por primera vez en la historia la libertad y la creación de riqueza. Por tanto pareciera a partir de sus declaraciones que pretende liberar al Brazil del sistema de izquierda imperante que destruyó la economía y que también planteo la problemática de la libertad. Y no olvidemos eliminar la corrupción.

    En razón de esa actitud que considero una virtud, también se ha opuesto a la dictadura de Maduro en Venezuela y tampoco ha ignorado la prevaleciente en Cuba por casi sesenta años. Este último hecho parece ser ignorado en el resto del llamado mundo Occidental. Fue así que Obama firmó un acuerdo con Raúl Castro y los europeos continúan invirtiendo en las playas de Cuba.

    Es un hecho notorio que aparezca en América Latina una personalidad que como Bolsonaro pretende reconocer públicamente el fracaso económico del socialismo y su lamentable éxito político. Insisto pues en que la demagogia está presente en el mundo occidental vía el socialismo y la evidente confusión prevaleciente entre los derechos individuales y los derechos humanos. Hecho al que me he referido en anteriores oportunidades. Pero otra vez voy a insistir en la presente falacia de la igualdad como principio en que se basa la reducción de la pobreza, cuando la historia ha demostrado lo contrario.

    Cuando los derechos son del pueblo, nadie tiene derecho, y es la razón de ser de la instauración del poder absoluto. Y permítanme citar de nuevo a Alexander Hamilton que escribió: “Una peligrosa ambición subyace bajo la especiosa máscara del celo por los derechos del pueblo”. Pero Marx está presente en Occidente vía Eduard Bernstein que en discusión con Lenin dijo: “Al socialismo se puede llegar democráticamente y sin revolución”. Creo que lamentablemente tuvo razón, y a los hechos me remito.

    Al respecto escribió Fareed Zakaria en su artículo en Foreign Affairs: “Populism on the March”. Allí en primer lugar reconoció que Occidente está en problema y seguidamente escribió definiendo al populismo: “¿Qué es populismo? El significa cosas diferentes para diferentes grupos, pero todas las versiones comparten un recelo de una hostilidad hacia las élites, corrientes políticas e instituciones establecidas. Históricamente el populismo ha tenido variantes de izquierda y de derecha y las dos están hoy floreciendo”.

    Al respecto vale recordar hoy las palabras de León XIII en su encíclica Rerum Novarum en 1891: “En la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos; afánanse en verdad por ello los socialistas; pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual su ingenio, ni la salud ni las fuerzas. Y a la necesaria desigualdad de estas cosas sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna. La cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad”. Creo que había aceptado la mano invisible de Adam Smith. No puedo menos que reconocer la sabiduría de estas palabras y que hoy lamentablemente son ignoradas por el Papa Francisco.

    Volviendo a Bolsonaro ahora surge en The Economist otra confusión al respecto, por llamarlo un peligroso populista con algunas buenas ideas. No me cabe la menor duda que esa observación entraña otra confusión en el ámbito de las calificaciones en la filosofía política. El populismo lo describió Aristóteles como la democracia destructora de la república en función de la demagogia. Y advirtió: “Tengan cuidado que los pobres siempre van a ser más que los ricos”.

    Por otra parte como dije en el artículo citado de Foreign Affairs se reconoció la existencia del populismo de izquierda, socialismo y de derecha nacionalismo. La imperancia del primero trasmitida en el aumento del gasto público determinó la caída en la tasa de crecimiento de la Unión Europea. A partir de la crisis del 2008 el único país europeo que creció fue Alemania un 7% en el período. Hoy parece que tampoco crece. Por otra parte el populismo de derecha representado por Maurice Le Pen en Francia constituye una amenaza a la permanencia de la Unión Europea.

    Aparentemente Bolsonaro en defensa aparente de los principios que cambiaron al mundo parece popular. El es favorable a la reducción del gasto público y el déficit fiscal, a eliminar la corrupción, a la liberación del comercio y adoptar acuerdos bilaterales además del Mercosur, y por supuesto el respeto por la propiedad privada. A esa política propuesta se le ha denominado extrema derecha y The Economist populismo.

    Creo que lo importante es destacar las propuestas políticas y económicas que pretenden recuperar la economía breasileña, que se encuentra defenestrada por los gobiernos de izquierda prevalecientes en los últimos 20 años, con Lula da Silva a la cabeza, hoy preso por corrupción política.

    Bien venido Bolsonaro quien ya según la reciente información ha logrado que “sone la Bolsa de Brazil”. Nada mejor puede esperarse políticamente que la política correcta sea popular y haga posible rescatar los principios reconocidos en el Rule of Law, bajo las ideas de Locke, Hume y Adam Smith desarrollados por lo Founding Fathers en Estados Unidos. Esa es la inversa de la popularidad en que se basan los gobiernos de izquierda fundados en la demagogia del populismo de izquierda y de derecha.

    Perdón de nuevo por la multiplicidad de citas. Me parece importante hacerlo pues las ideas de la libertad que yo defiendo afortunadamente no son mías. Si hubiesen sido mías estaríamos viviendo en la Edad Media. Y esta aclaración no la hago por modestia. Yo no tengo ese defecto.