Etiqueta: populismo

  • El Populismo y la Libertad

    En ese mundo Babel en el cual comunicarse con el prójimo y más allá se complica debido a que cada quien le da diferente sentido a las palabras que usa, tal como en el caso de este escrito de opinión cuando hablo de “populismo”, y mejor ni abordo el vocablo “libertad” más allá de decir que se refiere a “somos libre para hacer el bien”. Lo cierto es que al comenzar a redactar sobre el populismo y la libertad inicialmente me dirigí al diccionario Merriam Webster e inmediatamente me tropecé con un argumento circular exasperante de “la doctrina económica y política argumentada por populistas”, pero si busco populista me dice que es “relativo al populismo”. Una definición que en vez da aclarar oscurece.

    Entonces me fui al Diccionario. De en el cual hallé algo de luz: “El término populismo tiene sentido peyorativo, ya que hace referencia a las medidas políticas que no buscan el bienestar o el progreso de un país, sino que tratan de conseguir la aceptación de los votantes sin importar las consecuencias.”

    Pero, con ánimo de buscar lo bueno en las penumbras, Definición.de también nos dice: “Cuando la noción de populismo se utiliza de manera positiva, en cambio, se califica a estos movimientos como propuestas que buscan construir el poder a partir de la participación popular y de la inclusión social.”

    Y aún no abordo si el populismo es antibiótico, purgante o veneno; y en ello entra al auxilio la Wikipedia, quien nos informa que populismo” se refiere a un rango de tendencias políticas afines “al pueblo”, concepto yuxtapuesto a la “elite. Nada raro cuando vemos que el término tiene su origen en los movimientos rusos durante la segunda mitad del siglo XIX en el movimiento llamado “narodnismo” o populismo en ruso; lema del pueblo en movimientos que dicen ser “democráticos” pero, de la estirpe rusa. ¡Meto!

    Defino yo populismo o tendencia popular de las clases menos aventajadas, tanto en sentido económico como cultural e influencia política, que es la forma natural de los que se sienten oprimidos de reaccionar, sea para bien o mal. Desgraciadamente grupos inmorales se han aprovechado de la corriente popular para conducirles por los caminos de la servidumbre; y no sólo grupos de las élites sino de nada élites, salvo en vagabunderías.

    En Panamá, en dónde los gobiernos y sus programas de gobernanza, a través del tiempo, han seguido modalidades de engaño y sacar ventaja a la población en general en pos del pillaje, el llamado “pueblo” o “Tío Pueblo” no deja de tener razón en sentimientos. De si la reacción popular frente tales sentimientos sea buena y/o productiva es harina de otro costal y las respuestas por lo general es alguito de pan para hoy mucha hambre para mañana.

    Justo ahora, frente a las elecciones del 2024 nos vemos inundados por asquerosas promesas populistas de parte de todos los candidatos; que prometen cielos que seguramente resultarán en infiernos. Y ¡por supuesto!, si algún despistado como yo sale a decir verdades, todos le entran a pelonera.

    El inmenso problema en Panamá es que la pervertida politiquería, a través del tiempo, logró tornar el pensamiento y diálogo populista en práctica política y gubernamental: en jamones, botellas, salarios mínimos y toda clase de intervención castrante. Y todo ella a tal grado que logró infectar a buena parte del empresariado formal e informal.

    Quizá no hay mejor caso que la mina. Sacan a relucir la basura del contrato a sabiendas del descontento general, particularmente entre la juventud, y la reacción no se hace esperar. Hoy, la pregunta queda colgando: ¿Es buena la solución de un cierre desordenado? Algo así como: se infectó el dedo gordo, amputa la pierna.

  • Por qué la gente desea líderes autoritarios?

    La historia nos ha mostrado momentos en los que líderes autoritarios han surgido en contextos de crisis, prometiendo soluciones rápidas y efectivas. Sin embargo, la idea de que la salida autoritaria sea la única alternativa viable no es necesariamente cierta ni sostenible a largo plazo.

    Las soluciones autoritarias a menudo sacrifican libertades individuales y derechos democráticos en aras de la estabilidad o el progreso a corto plazo. Aunque estos líderes puedan implementar reformas aparentemente efectivas, frecuentemente lo hacen a expensas de la participación ciudadana, la diversidad de opiniones y la rendición de cuentas. Esto puede generar problemas más graves a largo plazo, como la falta de representación, la corrupción sistémica y la erosión de las libertades fundamentales.

    La solicitud de autoritarismo en lugar de democracia puede surgir de la desesperación y la falta de confianza en las instituciones existentes para abordar los problemas de manera efectiva. A veces, las democracias enfrentan obstáculos para brindar soluciones rápidas debido a la burocracia, la corrupción o la falta de consenso político.

    La atracción hacia líderes mesiánicos, en ocasiones con rasgos autoritarios, se nutre de dos motivos fundamentales.

    Primero, la desesperación ante la crisis económica, moral y social puede llevar a la búsqueda de líderes que prometan estabilidad y soluciones inmediatas. Estos líderes, presentándose como salvadores, pueden captar la atención de quienes ven en ellos la posibilidad de restaurar el orden y la prosperidad perdidos.

    Segundo, la desconfianza en las instituciones democráticas existentes puede generar un vacío de poder, donde líderes carismáticos se presentan como alternativas viables en medio del desencanto con la clase política tradicional. Su discurso enérgico y su capacidad para conectar emocionalmente con la población los convierten en figuras atractivas para aquellos que sienten que el sistema actual no les representa.

    A menudo, la gente puede votar por modelos autoritarios por frustración con el status quo, preocupaciones económicas, miedo a la inseguridad o una sensación de falta de representación por parte de la clase política tradicional. En algunos casos, la retórica populista o el carisma de ciertos líderes pueden influir en las decisiones de voto.

    Es importante tener en cuenta que las elecciones son un reflejo de una variedad de opiniones, perspectivas y circunstancias individuales y colectivas. No todas las personas que votan por modelos autoritarios lo hacen necesariamente porque apoyan todas las facetas del autoritarismo, sino que pueden ver en ciertos líderes una solución a problemas específicos que consideran urgentes.

    Estos líderes, cuando alcanzan el poder, muchas veces casi de casualidad, enfrentan el desafío de gobernar sin una mayoría clara en el parlamento o congreso. La ausencia de respaldo legislativo puede conducir a intentos de consolidar su poder mediante decretos ejecutivos o modificaciones institucionales, planteando un riesgo para la estabilidad democrática.

    Es esencial comprender que la concentración de poder en manos de líderes que asumen el poder sin mayorías puede representar un peligro latente para la democracia. Gobernar sin el respaldo parlamentario adecuado puede desencadenar decisiones unilaterales y socavar los controles necesarios para evitar el abuso de poder.

    Esta concentración de poder en manos de un ejecutivo sin el contrapeso adecuado puede ser preocupante y llevar a un aumento del autoritarismo si no se maneja con cautela.

    La falta de equilibrio de poder entre los diferentes poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) es una preocupación legítima en términos de mantener la democracia funcional. La separación de poderes es esencial para evitar el abuso de poder y garantizar la rendición de cuentas. Cuando un líder carece de mayoría en el parlamento, es crucial buscar consensos, negociar y trabajar en alianzas para avanzar en políticas que beneficien a la sociedad en su conjunto.

    La construcción de mayorías a través del diálogo político, la negociación y el compromiso son fundamentales para garantizar una gobernanza efectiva en democracia. Los líderes que llegan al poder en circunstancias de fragmentación electoral deben enfocarse en la cooperación y la construcción de consensos en lugar de buscar concentrar un poder excesivo en el ejecutivo.

    La clave para abordar esta situación radica en fortalecer la participación ciudadana, promover una educación cívica robusta y trabajar en la construcción de consensos políticos. Es necesario fomentar una democracia participativa, donde el diálogo, la negociación y el respeto por la separación de poderes sean pilares fundamentales.

    En tiempos de incertidumbre, la sociedad necesita líderes comprometidos con la colaboración, la transparencia y el fortalecimiento de las instituciones democráticas. Solo así se podrá mitigar el riesgo de caer en el ciclo peligroso del autoritarismo que, aunque prometa soluciones rápidas, compromete los pilares mismos de la libertad y la justicia en una sociedad.

  • Inmigración y Liberalismo: Una Perspectiva Reflexiva

    En un artículo reciente para ABC, Guy Sorman aborda el tema candente de la inmigración y el auge del populismo en Europa.

    En un mundo azotado por la desinformación y las interpretaciones sesgadas, la reciente cobertura de las elecciones parlamentarias en Países Bajos ha ilustrado cómo los titulares pueden distorsionar la realidad. La victoria aparente del partido de Wilders se ha presentado como un triunfo rotundo de la extrema derecha. No obstante, una mirada más detallada revela una situación matizada: 35 escaños de 150 no equivalen a un dominio absoluto ni a una señal de asunción del poder.

    ¿Por qué temer al partido de Wilders? La etiqueta de «extrema derecha» parece más una representación simplista. Sería más preciso definirlo como populista, una ideología que, ya sea de derecha o izquierda, niega la diversidad y busca la uniformidad cultural y nacionalista. Este populismo, arraigado en la hostilidad hacia la inmigración, ha ganado terreno en varios países europeos, planteando cuestionamientos sobre su compatibilidad con la democracia.

    Es crucial discernir que si bien los populistas pueden rechazar la diversidad, cuando acceden al poder, su actuación tiende a ser más moderada de lo que sus discursos proclaman. Esta moderación ha sido evidente en países como Italia, Suecia y Eslovaquia, aunque Hungría presenta un panorama más preocupante para la democracia.

    Resulta injusto demonizar a los populistas opuestos a la inmigración. Representan una parte significativa de la población y encarnan preocupaciones legítimas. Si bien es válido no compartir esas inquietudes, no se puede tachar de fascistas a todos los votantes que respaldan estos partidos. Es fundamental aceptar los resultados y analizarlos desde una perspectiva liberal.

    El paradigma liberal exige reconocer la dignidad de todos los ciudadanos, independientemente de sus creencias, siempre y cuando respeten la Constitución. El aumento del voto populista en Europa es sintomático de una inquietud real. Podemos cuestionar a aquellos hombres blancos que temen la supuesta islamización de la sociedad, pero ¿podrían tener razón en sus temores? Desde una óptica liberal, comprender la naturaleza de esta migración es primordial.

    La migración no está exclusivamente compuesta por los más desfavorecidos, sino también por individuos emprendedores. Su arduo viaje hacia Europa merece compasión. A nivel demográfico, estos inmigrantes contrarrestan el envejecimiento de la población europea. Aportan mano de obra en sectores desatendidos por locales, aunque también se benefician de servicios públicos financiados por impuestos europeos.

    El debate migratorio carece de reflexión. Los populistas se oponen, pero ofrecen pocas soluciones realistas. Los demás partidos, a menudo, evitan abordar la problemática. ¿Existe una solución? Los principios liberales podrían proporcionar un camino viable.

    Los liberales abogan por dos enfoques en materia migratoria. Uno de ellos, planteado por economistas como Gary Becker, sugiere que los inmigrantes paguen una tasa de entrada, dado que acceden a un capital acumulado del que no han contribuido. Esta teoría, aunque no implementada, ilustra las implicaciones económicas de la migración.

    Otra alternativa, la «solución helvética», adoptada por Suiza hasta 2016, establecía cuotas anuales de inmigración basadas en las necesidades laborales. Esta propuesta, promovida por Daniel Cohn-Bendit, propone que la Eurocámara adopte cuotas periódicas de inmigración legal, legitimando así la inmigración bajo parámetros controlados.

    En lugar de temer una toma de poder de la extrema derecha o abrazar la inmigración sin restricciones, aboguemos por una solución realista, humana y aceptable para todas las partes involucradas. Los liberales tienen la responsabilidad de elevar su voz en este debate y ofrecer soluciones fundamentadas en los valores de dignidad, libertad y respeto.

    El texto original de Guy Sorman plantea una perspectiva desafiante y reflexiva sobre la inmigración, destacando la necesidad de soluciones pragmáticas en consonancia con los principios liberales. La inmigración, vista desde este prisma, se convierte en un tema complejo que requiere un análisis profundo y soluciones innovadoras para abordar sus múltiples facetas con humanidad y sensatez.

  • Populismo: cómo reconocerlo.

    El populismo es un fenómeno político complejo que ha sido objeto de estudio y debate por académicos, politólogos y escritores a lo largo de la historia. Su naturaleza multifacética lo convierte en un tema intrigante y polémico, ya que su definición y manifestaciones pueden variar significativamente según el contexto cultural, socioeconómico y político.

    En esencia, el populismo se caracteriza por la movilización de las masas en contra de una élite percibida como corrupta, privilegiada o distante de las necesidades del pueblo. Este término ha sido explorado por numerosos autores, entre ellos, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, quienes, en su libro «Hegemonía y Estrategia Socialista: Hacia una Radicalización de la Democracia», analizan cómo el populismo puede ser una herramienta para la reconfiguración del orden político.

    Laclau y Mouffe argumentan que el populismo construye identidades políticas al dividir el espacio social entre «el pueblo» y «la élite», creando un discurso antagonista que busca unificar demandas y deseos diversos bajo un liderazgo carismático. Ejemplos recientes incluyen líderes como Hugo Chávez en Venezuela o Evo Morales en Bolivia, quienes se presentaron como representantes del pueblo contra supuestas élites corruptas.

    Otro enfoque notable sobre el populismo proviene del politólogo italiano Giovanni Sartori, quien en su libro «La política: lógica y método en las ciencias sociales» señala cómo el populismo puede desestabilizar la democracia al polarizar la sociedad y debilitar las instituciones. La polarización se evidencia en la retórica populista que tiende a simplificar problemas complejos, prometiendo soluciones sencillas y a menudo utópicas.

    El populismo puede tomar formas variadas en diferentes partes del mundo. Por ejemplo, en Europa, partidos como el Movimiento 5 Estrellas en Italia o el UKIP en el Reino Unido han utilizado discursos populistas antiestablishment, capitalizando el descontento público hacia las élites políticas y económicas. En América Latina, figuras como Andrés Manuel López Obrador en México han adoptado estrategias populistas apelando a las bases sociales más desfavorecidas.

    Sin embargo, el populismo no se limita a una región en particular. Donald Trump en Estados Unidos también empleó un discurso populista que apelaba a los «olvidados» y prometía restaurar la grandeza de América, utilizando un lenguaje que enfrentaba a «la gente común» contra «el establishment».

    Es fundamental reconocer que el populismo no es exclusivamente negativo ni positivo. Puede ser una herramienta para dar voz a sectores marginados y desatendidos, pero su tendencia a simplificar problemas complejos y a menudo su manipulación emocional pueden socavar la estabilidad democrática.

    En resumen, si bien el populismo puede manifestarse de diversas maneras,  hay algunas características principales que suelen identificarse:

    1. Líder carismático: El populismo a menudo gira en torno a un líder carismático que encarna las aspiraciones y demandas del «pueblo». Este líder suele presentarse como la única solución a los problemas del país, generando una fuerte identificación emocional con sus seguidores.
    2. Discurso antiélite: Una de las bases del populismo es la crítica a una élite percibida como distante, corrupta o privilegiada, a menudo culpándola de los males del país. Este discurso busca crear una dicotomía entre «el pueblo» y «la élite», promoviendo la idea de que solo el líder populista puede representar y proteger los intereses del primero.
    3. Simplificación de problemas complejos: Los líderes populistas tienden a simplificar problemas complejos, presentando soluciones aparentemente directas y simples a desafíos que tienen raíces profundas y multifacéticas. Este enfoque puede generar expectativas poco realistas entre sus seguidores.
    4. Apelación a las emociones: El populismo se apoya en las emociones de la gente, recurriendo a discursos apasionados y emotivos que buscan conectar con las preocupaciones y esperanzas del público. Este enfoque emocional puede generar una fuerte lealtad entre los seguidores del líder populista.
    5. Maniqueísmo político: El discurso populista tiende a dividir el espacio político en términos simples de bien contra mal, pueblo contra élite, lo cual puede polarizar la sociedad y dificultar el diálogo constructivo entre diferentes sectores.

    Desde la obra de Laclau y Mouffe hasta las reflexiones de Sartori, se evidencia la necesidad de comprender sus matices y consecuencias en la política contemporánea. Su impacto sigue siendo objeto de análisis y debate, ya que el populismo continúa moldeando el panorama político global.

  • El Ocio Vacío: Pan, Circo y la Crisis de la Conciencia Ciudadana

    Desde tiempos antiguos, a los gobernantes les ha interesado mantener a las masas ocupadas con un ocio colectivo. Esta estrategia, lejos de enriquecer a los ciudadanos, ha servido como una vía de escape o distracción, desviando la atención de asuntos cruciales que, de recibir la debida atención, podrían impulsar a la ciudadanía a involucrarse en la solución de sus problemas reales. El dicho «Panem et circenses» de los romanos, o «Pan y toros» según los ilustrados españoles, refleja esta idea, que en la actualidad podría representarse como «pan y circo, /jamones/cualquier cosa «gratis» «.

    Este enfoque, al ofrecer entretenimiento vacío mientras no se cubren las necesidades básicas, parece haber encontrado lugar entre ciertos líderes políticos a lo largo de la historia. Sin embargo, en tiempos actuales, ¿es realmente prudente priorizar el ocio sobre asuntos cruciales?

    La reciente crisis sociopolítica ha traído consigo una serie de desafíos fundamentales. Podría pensarse que lo más urgente sería realizar las acciones politicas dolorosas que encausen la senda del crecimiento y progreso. Sin embargo, resulta sorprendente que, en lugar de atender a estas necesidades, se prioricen ya las entregas de pavos y jamones y comiencen ya los festejos de diciembre, otorgándole un espacio inverosímil en las noticias y medios de comunicación en un momento tan crítico.

    La famosa frase «Panem et circenses» tiene su origen en el poeta satírico Juvenal, quien lamentaba la pérdida de interés del pueblo romano por la política en su época. Se quejaba de la pasividad ciudadana, que solo buscaba «pan y circo». Este concepto se arraigó en una era marcada por el desarrollo del Imperio, donde el poder estatal prevaleció sobre las libertades individuales, y se impulsaron entretenimientos como las carreras de carros y los juegos gladiatorios para controlar y contentar a la plebe.

    El entretenimiento de masas en la antigua Roma, aunque heredero de la tradición griega, distaba mucho del refinamiento y la excelencia individual del atletismo griego. Mientras que en Grecia se promovía el ocio como un momento para el cultivo intelectual y el cuidado de la mente, en Roma, este ocio se convirtió en un espectáculo para las masas, buscando anular espiritualmente a los espectadores.

    Los paralelismos entre el circo romano y los estadios actuales no son difíciles de trazar. En la época de Juvenal, el entretenimiento baldío y la desviación de la verdadera reflexión cívica sirvieron para mantener al pueblo ocupado, distraído de asuntos más trascendentales. Esta estrategia, lejos de promover un ocio edificante, se convirtió en una herramienta de dominación y control social.

    En tiempos modernos, este fenómeno se ha replicado de diversas formas. El subsidiar a manos llenas y otras formas de entretenimiento vacío del cual son cómplices muchos del ambiente televisivo y periodístico, han ocupado el espacio que antiguamente se utilizaba para cultivar la mente y participar en la cosa pública. La vorágine de estímulos sin pensamiento crítico ha llevado a una pérdida de profundidad en la reflexión y la participación ciudadana.

    En resumen, la historia del «Panem et circenses» nos recuerda que el entretenimiento vacío, utilizado como herramienta de control y distracción, puede convertirse en un obstáculo para el desarrollo de una sociedad reflexiva y comprometida con resolver sus problemas reales. La priorización del ocio sobre las necesidades cruciales puede ser un indicio alarmante de los tiempos modernos, donde el entretenimiento trivial se ha convertido en el opio del pueblo, impidiendo una mayor conciencia y participación ciudadana en la solución de los problemas del mundo actual.

  • El Horror de Hamas y el Precio del Populismo: Un Análisis por Yuval Noah Harari

    El reconocido autor y profesor de Historia, Yuval Noah Harari, ofrece un análisis profundo en un artículo aparecido originalmente en el periódico ABC  sobre la actual crisis en Israel, enfocándose en un factor clave: el populismo. Mientras Israel enfrenta una situación sin precedentes, Harari explora cómo las decisiones políticas y la figura de líderes populistas han contribuido a esta calamidad y plantea preguntas importantes sobre su impacto y las lecciones para otras democracias del mundo.

    Un Desastre sin Precedentes

    Harari comienza señalando que el presente conflicto no puede compararse con la guerra de Yom Kippur de 1973. A diferencia de entonces, en esta ocasión se enfrenta a un enemigo que ha perpetrado atrocidades similares a algunas de las horas más oscuras del pueblo judío. Se ha recordado la masacre de aldeanos judíos a manos de los Einsatzgruppen nazis durante el Holocausto y los pogromos en el Imperio ruso. La escala de violencia y brutalidad es estremecedora.

    Impacto Personal

    Harari comparte su experiencia personal, ya que tiene familiares y amigos en las comunidades de Be’eri y Kfar Aza, dos zonas fuertemente afectadas. Hamás mantuvo un control cruel sobre estas áreas, y sus terroristas llevaron a cabo una masacre sistemática. Este relato personal agrega una dimensión humana a la tragedia.

    Un Estado Impotente

    El artículo se pregunta cómo Israel, fundado para evitar que los judíos se convirtieran en víctimas indefensas, terminó en medio de una crisis tan devastadora. Además, se cuestiona por qué Israel no pudo detener la masacre en tiempo y forma. A pesar de la historia del Holocausto, la nación judía se encontró en una situación de impotencia durante este conflicto.

    El Precio del Populismo

    La explicación principal para la disfunción de Israel, según Harari, es el populismo. Atribuye la responsabilidad a años de gobierno bajo un liderazgo populista, en particular, el mandato de Benjamín Netanyahu. Aunque reconocido como un experto en relaciones públicas, Harari lo califica como un primer ministro incompetente. Señala que Netanyahu priorizó sus intereses personales por encima del bienestar nacional y contribuyó a dividir a la nación.

    La coalición gubernamental formada por Netanyahu se describe como una alianza de fanáticos mesiánicos y oportunistas que han pasado por alto los problemas de Israel y se han centrado en acumular poder. Harari critica cómo han adoptado políticas divisivas y teorías conspirativas, al tiempo que demonizan a las élites. Señala que a pesar de las advertencias sobre el peligro que esto representaba para Israel, Netanyahu se negó a recibir a quienes lo alertaron, lo que llevó a una calamidad.

    Una Llamada a la Reflexión

    Harari concluye su artículo instando a Israel y al mundo a prestar atención a las lecciones que se pueden aprender de esta tragedia. Recuerda que, aunque el pasado no se puede cambiar, Israel aún puede revertir la situación. Alienta a los israelíes a responsabilizar a su Gobierno y a abandonar las tendencias populistas y mesiánicas. Sugiere que es hora de trabajar en la construcción de una democracia sólida y la paz.

    En resumen, el artículo de Yuval Noah Harari arroja luz sobre el horror del conflicto actual y destaca cómo el populismo ha contribuido a la situación en Israel. Su llamado a la reflexión no se limita a su país, sino que resuena como una advertencia global sobre los peligros de la polarización y el liderazgo irresponsable en las democracias modernas.

  • Milei y el desafío de superar el personalismo en Argentina

    En el panorama político argentino, un fenómeno ha capturado la atención y ha generado un intenso debate: el ascenso del candidato presidencial conocido popularmente sólo como «Milei». Este economista liberal y orador carismático ha ganado notoriedad en los últimos años, atractivo para una base de seguidores que comparten su visión de una Argentina diferente. Sin embargo, este fenómeno no es único en América Latina y se inscribe en un contexto más amplio de populismo y personalismo político en la región.

    El populismo en América Latina es un concepto amplio y heterogéneo que abarca diversas formas de acceso al poder. Desde el cesarismo de dictadores militares hasta el socialismo de líderes revolucionarios y el caudillismo de demagogos electorales, la región ha experimentado múltiples variantes de populismo a lo largo de su historia. El populismo se caracteriza por algunos o todos los siguientes puntos: la concentración de poder en manos de un líder carismático, la identificación de un enemigo «del pueblo» (la «casta» o el «nosotros y ellos»), el uso de sobornos institucionalizados y la promoción del culto a la personalidad del líder.

    En este contexto, surge el término «democracia plebiscitaria» (una figura citada y esgrimida por los candidatos y seguidores de Milei ante su escasa representatividad en el Congreso para poder llevar adelante sus propuestas), que encuentra su origen en la Segunda República Francesa en 1848, cuando Luis Bonaparte se convirtió en emperador vitalicio mediante referendos sucesivos. Este modelo de dominación plebiscitaria se ha observado en líderes como Putin, Chávez, Fujimori o Bukele directamente presionando militarmente al Congreso, quienes se conectan directamente con «el pueblo» para ganar su confianza y movilizarlo sin intermediarios institucionales. Esta dinámica genera polarización y ejercicios de iconoclastia antisistema.

    En este sistema, las elecciones se convierten en plebiscitos personales, y la política se decide basándose en la retórica mediática y la confianza personal en el líder. Este populismo surge de la crisis de la representación política. Cuando el sistema de partidos falla, la personalización de la política llena el vacío de legitimidad.

    Sin embargo, es importante destacar que Argentina es una democracia representativa, republicana y federal. La democracia plebiscitaria, caracterizada por la personalización del poder en un líder carismático, plantea desafíos a la representación política tradicional y puede llevar a una debilitación institucional, polarización y erosión de la democracia misma.

    El lema de LLA, el partido político o movimiento de apoyo a Milei, «Una Argentina distinta es imposible con los mismos de siempre», plantea una contradicción con los principios de la libertad, tal como Karl Popper lo señala en su obra «La sociedad abierta y sus enemigos». Popper argumenta en contra de atribuir la transformación de la sociedad a individuos excepcionales o partidos únicos, en lugar de basarla en la promoción de ideas e instituciones que fomenten una sociedad abierta y pluralista. En este contexto, el enfoque debería estar en las ideas y en el respeto a los derechos fundamentales, en vez de simplemente cambiar de personas en el poder.

    La evolución hacia una sociedad más libre y abierta implica tiempo, errores, correcciones y un proceso de aprendizaje. Es un avance que se manifiesta en cambios pequeños, en la preferencia por la libertad en la vida cotidiana y en la valoración de los derechos individuales. El progreso no surge desde una imposición de ideas por parte de figuras de poder y en el poder, sino a través de la adopción gradual y voluntaria de principios libertarios.

    El desarrollo de instituciones también sigue una evolución, en lugar de una revolución. Por lo tanto, una Argentina verdaderamente diferente emergerá cuando las ideas de la libertad superen a las ideas arraigadas en una trayectoria pacífica y constante. Este cambio no puede ser atribuido únicamente a un grupo o partido, sino que debe ser un proceso compartido por la sociedad en su conjunto.

    Los slogans son de gran importancia, ya que pueden reflejar los valores y enfoques de un movimiento político. En este caso, es crucial considerar cómo el slogan se alinea con los principios de la libertad y el respeto a los derechos individuales, en lugar de promover un cambio basado en la sustitución de personas en el poder.

    En conclusión, el fenómeno argentino Milei y su enfoque en la personalización del poder plantean desafíos a la democracia representativa del país. Si bien es legítimo que los ciudadanos busquen un cambio en la política, es importante recordar que la transformación duradera y significativa se logra a través de la promoción de ideas y principios en lugar de depender exclusivamente de líderes carismáticos. La construcción de una Argentina verdaderamente diferente debe ser un esfuerzo colectivo basado en la adopción gradual de valores de libertad y respeto a los derechos individuales.

  • El desafío de la democracia liberal y el endeudamiento público en Panamá

    La democracia liberal en Panamá se enfrenta a desafíos significativos, especialmente en lo que respecta al endeudamiento público. Desde la transición democrática posterior a la invasión, el país ha experimentado un crecimiento económico notable, pero también ha acumulado una deuda considerable. En este artículo, analizaremos la interrelación entre la democracia liberal, el peligro populista y el endeudamiento público en Panamá, examinando datos desde la democracia post invasión hasta la situación actual en el contexto de la post-pandemia.

    El auge del populismo y su impacto en el endeudamiento público en Panamá

    En los últimos años, se ha observado un aumento del populismo en Panamá, con líderes políticos que han prometido soluciones rápidas y sencillas a los desafíos del país. Estas políticas populistas, aunque atractivas para muchos,  han llevado a un aumento en el endeudamiento público. Enfrentar estas políticas irresponsables y garantizar una gestión financiera responsable se vuelve fundamental para la estabilidad económica y el futuro del país.

    El endeudamiento público en Panamá: de la democracia post invasión al estado actual post pandemia

    Desde la transición democrática en 1990, Panamá ha experimentado un crecimiento económico constante, pero también un incremento en el endeudamiento público. Antes de la pandemia, el país ya enfrentaba una deuda significativa, con un porcentaje de deuda sobre el PIB que se encontraba en niveles preocupantes. Sin embargo, la crisis sanitaria y sus consecuencias económicas han generado un aumento adicional en el endeudamiento, exacerbando los desafíos financieros a los que se enfrenta el país.

    El desafío de la sostenibilidad de la deuda

    El endeudamiento público descontrolado puede tener consecuencias negativas para la economía panameña. Un alto nivel de deuda dificulta la inversión en infraestructura y programas esenciales a cargo del gobierno como seguridad, justicia, educación o salud, limitando el desarrollo económico y la calidad de vida de los ciudadanos. Además, la dependencia excesiva de los mercados financieros internacionales puede aumentar la vulnerabilidad del país a las crisis económicas externas. Es crucial abordar el endeudamiento de manera responsable y buscar soluciones sostenibles para garantizar la estabilidad y el crecimiento a largo plazo.

    Preservando la democracia liberal y abordando el endeudamiento público en Panamá

    Para preservar la democracia liberal y abordar el endeudamiento público, es esencial fortalecer las instituciones democráticas, fomentar la transparencia y la rendición de cuentas, y promover una gestión fiscal responsable. Panamá debe buscar políticas que impulsen el crecimiento económico sostenible y diversificado, reduzcan la dependencia de la deuda y fomenten la inversión en sectores clave decididos por la propia ciudadanía. La participación ciudadana informada y el compromiso político son fundamentales para abordar estos desafíos y construir un futuro próspero para el país. Pero de ello no se desprende que para financiar el despilfarro se persiga a los ciudadanos con herramientas oficiales de recaudación impositiva y lograr el «equilibrio fiscal». Si la ciudadanía no logra abordar el pago de los impuestos es porque no puede porque sus ingresos han mermado o son demasiado altos para su rentabilidad empresarial. La clave está en que sus candidatos políticos no continúen irresponsablemente gastando a cuenta de futuros pagadores de la fiesta. Y en la ciudadanía en saber elegir.

    Conclusión:

    Panamá enfrenta el desafío de sostener la democracia liberal, evitar el populismo y disminuir el endeudamiento público. La gestión responsable de la deuda y la promoción de políticas económicas austeras y responsables son cruciales para garantizar un desarrollo económico equitativo y duradero. Al fortalecer las instituciones democráticas y fomentar una cultura de responsabilidad fiscal, Panamá puede superar estos desafíos y sentar las bases para un futuro próspero y estable. La participación ciudadana activa y el liderazgo político comprometido son clave para lograrlo. Y decirle al político en busca de votos, que la ciudadanía sabe que no hay tal cosa como un almuerzo gratis.

  • Intervencionismo castrante

    Castrante, más allá de su sentido genital, lo definen en diccionarios como aquello que “limita la originalidad y libertad de ideas. Es la actuación de personajes y entidades políticas que, a través de meterse en lo que no deben, intervencionismo,  debilitan el poder llevar a cabo el curso normal y productivo de la sociedad. Es el padre o la madre autoritaria cuya actuación limita el desarrollo de sus vástagos. En fin, es una actuación contraria a la misma naturaleza del Creador que nos hizo libres para actuar, aprender, errar o tener éxito, como único camino de evolución.

    Desdichadamente, proponer a la politiquería burlesca y corrupta que deje de intervenir en lo que no le compete ni conviene a la sociedad, es caer en el desfiladero; caer en desgracia y correr riesgos de ser anulado por los personajes de mezquinos y procaces intereses. Lo que necesitamos es menos intervención central para ver si aún estamos a tiempo para evitar fatales colapsos, como lo de la CSS. O, tal vez me equivoco y resulta que el colapso es la única vía de solución que nos queda.

    Cuando dejamos que sean los actores del mercado los que, al compás de sanas limitaciones constitucionales, simples y claras, sean las que nos conduzcan por los mejores senderos del desarrollo, es que vamos por mejores caminos. Debemos evitar el proteccionismo estéril, los subsidios castrantes y los mercados sobre regulados que terminan logrando todo lo contrario al interés común o “social”, tal como sediciosamente fue plasmado en la actual constitución panameña.

    Imaginemos una familia en la cual el padre y/o la madre no permitan que sus hijos se desarrollen en experiencias, en criterio y en la sana búsqueda de un nuevo y mejor mundo. Una familia que produzca hijos castrados, incapaces de valerse por sí mismos.

    Alrededor del mundo, igual que en Panamá, el intervencionismo central, a través de malévolas leyes, de una castrante intervención educativa, del malgasto, sistemas de transporte viciados y tanto más. Y, ni hablar de un poder legislativo que se usa y se aprovecha de la autoridad para ser autores del mal.

    Casos como las vedas de pesca marina en épocas de desove, que sólo las cumplen las empresas pesqueras serias y fáciles de controlar; mientras que a los desordenados se les da rienda suelta para violar a sus anchas. O todos esos desordenados que en las vías conducen por los hombros, mientras se castiga a los respetuosos de las normas de tránsito que se resignan a los tranques. Una y otra vez la intervención es castrante y no edificante.

    Entre los grandes secretos y retos que aún asoma entre nuestros disparates constitucionales vemos, en el Preámbulo constitucional, lo siguiente: “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad, asegurar la democracia… exaltar la dignidad humana…” Pero… ¿cómo vamos a lograr estos nobles fines cuando más adelante leemos cosas como: “El Estado intervendrá en toda clase de empresas… para hacer efectiva la justicia social…”.

    En su momento, altos personeros de la dictadura militar que se tomó, por la vía no democrática la facultad del intervencionismo castrante, declararon que ellos ya tenían el control de las armas, pero que les faltaba el controlo económico. Tristemente y desde entonces, poco saben y entienden qué hicieron con esos pérfidos poderes.

  • Petro llega a gobernar una Colombia polarizada: analistas

    Petro, el nuevo presidente de Colombia llega a gobernar un país polarizado y hastiado por los partidos tradicionales que han gobernado durante las últimas décadas, además de ser el primer presidente de izquierda en un país relativamente conservador, señalan analistas.

    Tras una campaña marcada por la polarización en las redes sociales y la ausencia de debates entre candidatos, Gustavo Petro se convirtió en el primer presidente de izquierda de Colombia.

    Con antecedentes que incluyen su pasado como guerrillero, y su paso en la política como senador y alcalde de Bogotá, Petro llega a gobernar un país relativamente conservador pero hastiado de los partidos tradicionales que han gobernado durante las últimas décadas, señalaron analistas consultados por la Voz de América.

    “El camino estará lleno de retos para el nuevo mandatario, que deberá buscar una coalición mayoritaria en el congreso para tener gobernabilidad y poder sacar adelante sus propuestas sociales, ambientales y económicas y demostrar que Colombia no se transformará en otra Venezuela”, dijo el economista Alejandro Useche, de la Universidad del Rosario.

    El nuevo presidente no ha expresado opiniones, ideas o planes de gobierno que indiquen un modelo comunista, sin embargo existe «temor en muchos sectores de una presidencia de izquierda, que tienda a aplicar un modelo económico totalitarista y autoritario que se oriente hacia el comunismo, como el caso de Venezuela», dijo Useche.

    El politólogo de la Universidad del Rosario Mauricio Jaramillo dijo que lo que vendrá para Colombia es enfrentar una polarización creciente, ahora entre la izquierda y la oposición, que tendrá como bandera sacar a los corruptos del gobierno.

    «Creo que en Colombia, a pesar de que ha sido un país muy estable en los últimos tiempos es posible que venga una etapa de convulsión social, manifestaciones, divisiones y polarización, por eso la gobernabilidad dependerá de la capacidad que pueda tener Petro para construir consensos amplios”, manifestó a la VOA.

    “Con la llegada de Gustavo Petro al poder habría un gran pacto, una suerte como de frente amplio en Uruguay o Morena en México, es decir, un gobierno en cabeza de un movimiento progresista, pero muy cercano al centro por todos los compromisos que ha adoptado para lograr el triunfo con ese centro”, añadió Jaramillo.

    En este gobierno habría mucha moderación, habría un bloque parlamentario más o menos sólido que serían las fuerzas del Pacto Histórico, con algunas fuerzas del centro y del partido Liberal, lo que le permitiría implementar un modelo económico más progresivo, agregó.

    “Este modelo económico será modificado moderadamente, con un Estado más intervencionista en la economía, en términos de subsidios y con impuestos más progresivos, es decir, que paguen más los que tengan más rentas”, manifestó.

    “Además, tendrá una política exterior mucho más cerca al discurso Latinoamericano actual, pero sin señales de simpatía por Venezuela, y obviamente de manera ineluctable, Colombia entrará en una fase de polarización que seguramente va a tener a la mitad del país prácticamente aborreciéndole”, agregó.

    Según el politólogo de la Universidad del Rosario, Yann Basett, los primeros desafíos del nuevo presidente serán armar su equipo de gobierno y definir qué tipo de relaciones tendrá con el Congreso.

    “El presidente Gustavo Petro deberá tratar de armar una coalición, y buscar apoyos más allá de su partido, para poder tener una mayoría funcional en el congreso, y esto significará hacer modificaciones a su programa, porque tiene una serie de cambios sociales y económicos muy fuertes, pero no tendría una mayoría para implementarlos, entonces va tener que negociar”, explicó.

    Para Gerardo Berthin, vicepresidente de Programas Internacionales del centro de pensamiento estadounidense Freedom House, el triunfo de Gustavo Petro genera expectactiva por lo que será su postura y acciones con Estados Unidos y con Maduro en Venezuela.

    “Es muy posible que en la región se alíe inmediatamente con las fuerzas de extrema izquierda y populistas de Argentina, México, Perú, Bolivia, Nicaragua y Cuba”, señaló el analista.

    Berthin aseguró que pese a que en las últimas semanas de campaña Petro moderó sus posiciones, siguen siendo de izquierda para una sociedad relativamente más conservadora y que nunca ha tenido un presidente de izquierda.

    Petro tiene también historia como senador y como guerrillero, y sus gestiones como alcalde no fueron estelares y terminó con un tercio de aprobación a su gestión, agregó.

    “Para calmar la ansiedad e incertidumbre, tendrá que articular una ruta clara y factible para cumplir sus promesas de campaña, que, si bien no son necesariamente extremas, quiebran con el modelo anterior, son de largo alcance y profundas, y se inclinan hacia la izquierda”, argumentó.

    Un ejemplo es el impuesto a las más grandes fortunas, la desmilitarización, la transición energética de la matriz dependiente del petróleo y el carbón a las energías renovables y un cambio radical en el modelo económico que impulse la producción agropecuaria, añadió el analista.

    Petro tendrá que demostrar a corto plazo que no es ideológico y que está dispuesto a “negociar un pacto por Colombia” para el cambio con otros actores que no votaron por él.

    Los expertos consideran que es importante que el nuevo presidente defina rápidamente su equipo económico, lo que le daría tranquilidad al mercado y a los inversionistas extranjeros que tienen proyectos de inversiones en el país.