Autor: Armando Ribas

  • Para cuando muera Fidel Castro (o Cuba sea libre de tiranos)

    «Para cuando muera Fidel Castro (o Cuba sea libre de tiranos)» es una re-elaboración sobre un paper redactado por el gran cubano fallecido poco más de un año, el Dr. Armando Ribas. Su título original era «Para cuando muera Fidel Castro», dado que lo había elaborado (en base a una entrevista previa) en el año 2013 aproximadamente y nos los había enviado como colaboración, como era habitual desde el inicio de este blog. Armando Ribas habría cumplido años el 12 de Julio, el día que Cuba se levantó por primera vez en tantos años luego de la toma del poder por Fidel Castro en 1959. Seguramente ese día sonrió desde el cielo.

    Entrevista a Armando Ribas

    No tenemos la certeza sobre el año y el día de la muerte del longevo dictador cubano. Pero -intuimos- está próxima. ¿Cuáles serán las consecuencias políticas de su desaparición?

     Nos ha parecido oportuno convocar a Armando Ribas,  escritor, periodista y polemista nacido en Cuba, a emitir su opinión sobre lo que puede ocurrir llegado el momento, justo cuando una ola  de izquierda parece inundar –por decepción, o por  contagio- a casi todos los países de nuestra Latino América.

    Perspectivas Microeconómicas: ¿Qué medidas considera imprescindibles a tomar en Cuba –cuando desparezca Fidel Castro-, para generar un sistema de convivencia sustentable?      

    Armando Ribas: Para encarar el futuro de Cuba con alguna posibilidad de mejorar nuestra dramática, por no decir triste y trágica tradición política, es más que necesario, imprescindible, conocer con plena convicción las causas que produjeron esa situación.

    En primer lugar, es necesario un profundo acto de contrición por parte de aquellos que vivimos el momento agónico de la llegada de la Revolución. En ese sentido, debemos olvidar cualquier posibilidad de dividir a nuestra sociedad entre réprobos y elegidos. La responsabilidad por la dramática inserción del marxismo-leninismo, se pergeñó a través de nuestra historia republicana.

    Yo sé que el advenimiento de la “aurora” revolucionaria, fue recibido con beneplácito, euforia y emoción por la población, desde la más humilde a la más encumbrada, con la salvedad de los personeros del régimen de Batista. Esa emoción profunda y compartida se expresaba en los “slogans” que minaban toda posibilidad de análisis racional del curso revolucionario: “Cuba sí, Yankees no”; “Paredón, paredón”. Todo el que intentaba una observación era un contrarrevolucionario o un imperialista; su destino el “paredón”. Pues bien, después de cuarenta y ocho años ahí tenemos a “Cuba sí”.

    Empecemos por los que considero los iniciadores de este camino hacia el infierno. Hay quien cree que todo el problema empezó con la sombra de Castro. Mi criterio es muy diferente. Esa sombra se proyectaba ya desde el 4 de Septiembre de 1933, cuando el sargento Batista -con el apoyo del Directorio Revolucionario- destruía a la plana mayor del ejército cubano, atrincherada en el Hotel Nacional. Así, en el ’33 los revolucionarios entregaban el poder a los sargentos, y en 1959, ya generales satisfechos quizás, se lo devolvieron.

    De más está decir que nuestra cultura política en el período republicano dejaba bastante de desear. Yo era abogado y salí de la Universidad, no obstante ser dirigida por los agustinos americanos, sin conocer la Constitución de Estados Unidos ni su Bill of Rights (declaración de derechos) y, por supuesto, ignorando toda la filosofía política en que se sustentara la creación de la civilización más importante que haya conocido la historia de la humanidad.

    Locke, Hume, Ferguson, Adam Smith y aún El Federalista eran ignorados a 180 kilómetros  de La Florida, y nos reíamos de los americanos, mientras vivíamos del bienestar que producía la relación económica privilegiada que nos habían concedido. Pero esta actitud no era la de los diarieros, limpiabotas o simplemente obreros. Era la cultura de nuestra clase dirigente, entendiendo por tal la salida de los colegios de La Habana y de sus universidades, la que estaba enamorada de las palabras del romanticismo de José Martí: “Yo conozco al monstruo, pues he vivido en sus entrañas”; “nuestro vino es agrio, pero es nuestro vino”; o “con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”. Pues bien, parece que el vino se hizo demasiado agrio para algunos y se fueron a las entrañas del monstruo; y otros, que lo siguieron tomando, decidieron -o no les quedó más remedio- echar su suerte con los pobres de la tierra.

    El comunismo, a su vez, tenía en Cuba otro carácter singular, su mayor representación era la de un negro -o si se quiere de un afrocubano para no ser políticamente incorrecto-, el Sr. Blas Roca. Dicho sea de paso, si bien no lo conocía estoy seguro que este señor tenía una cultura superior a la del promedio de nuestra clase dirigente. Su hijo hoy aprendió de los resultados de la intelectualidad de su padre, y lo admiro por su valentía de enfrentar al “liberador de América”. Pero mi objeto era destacar que, no nos engañemos, el racismo en Cuba, que trascendía nuestra peculiar y pertinaz chabacanería, se sustentaba en la falacia de que en Cuba no había problemas raciales, pues los negros ocupaban su lugar. Parece que lo siguen ocupando, pues en toda la plana mayor del gobierno del liberador del Caribe no aparece una cara oscura, al menos que yo haya visto.

    Yo sé que lo que yo he dicho no es agradable para los cubanos en Cuba, que supongo que aún enfrentados con Fidel, les debe ser muy difícil superar esa desnaturalización de la razón. Véanse las dificultades de Alemania Occidental para integrar a los exponentes de la igualdad au trance, después de la caída del muro. Fue así que The Economist escribió hace algún tiempo que la verdadera división de Alemania, comenzó con la caída del Muro. No se crea una sociedad democrática en la que se respetan los derechos individuales, tan sólo porque se derrumba una tiranía. La Revolución Francesa fue un primer ejemplo de esta verdad manifiesta, y que tan bien explicara Alexis de Tocqueville en su libro El Antiguo Régimen.

    Tampoco va a ser recibida bien por aquellos que -escapados del “terror”- se confunden, tal como dijera Tocqueville en la obra citada: “Los pueblos odian al tirano, pero aman la tiranía”. Y aman la tiranía todos los que creen en la igualdad económica y que en la prosecución de ese fin que ignora la naturaleza humana, generan la desigualdad política, que es la opresión y la falta de libertad al desconocer los derechos individuales. En ese sentido, mi experiencia en Miami es que el odio a Fidel Castro a veces obnubila el entendimiento de la naturaleza misma de los factores y creencias que conducen a la tiranía.

    La comprensión de este fenómeno es imprescindible para que la experiencia cubana en Miami se convierta en un nuevo hito en la historia de América Latina. Con admiración observo los logros alcanzados por los cubanos en La Florida y la incógnita es, por qué no se hizo eso en Cuba antes de Fidel Castro. Ello hubiera impedido que la revolución triunfara. A partir de esta exitosa inmigración, los Estados Unidos han incorporado una nueva capital: New York, la capital del mundo; Washington, la capital de Estados Unidos; y Miami, la capital de América Latina. Es decir, la bisagra a través de la cual se funden dos culturas que iniciaron su curso histórico con un mismo fin: la libertad; pero al Sur se cerró el camino, pues se confundió independencia con libertad. Veamos un ejemplo, Puerto Rico no es independiente, pero los portorriqueños son libres; Cuba es independiente, pero los cubanos son esclavos, y algunos, o muchos, sin saberlo.

    Al igual que lo había mostrado Argentina en el siglo pasado, las sociedades que aceptan los principios liberales fundados en el derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la búsqueda de la propia felicidad, triunfan. En tanto que aquellos que insisten en la contradicción entre los intereses particulares y los intereses generales (bien común), fracasan bajo el peso de los intereses particulares de las burocracias que crean, y del interés particular del tirano de turno.

    La comprensión de la naturaleza misma de esta experiencia es un compromiso fundamental de los cubanos con la historia. Así, evitaríamos que el amor o el odio hacia Fidel Castro, provoque el error político de mantener un embargo absurdo, cuya inutilidad ha sido mostrada por más de 42 años en el indudable éxito político de Castro al mantenerse en el poder, conviviendo ya con diez presidentes de Estados Unidos. Ese embargo es el desideratum para la dictadura castrista, ya que le significa la gran excusa por el desastre causado por un sistema contra natura, y que no necesariamente se corregirá por la muerte del “Máximo Líder”. La preparación para la desaparición de la escena de Castro pasa inexorablemente por un acercamiento paulatino hacia los cubanos que sufren, y que no están en Miami.

    Ese acercamiento, que vaya cerrando las heridas entre los que sufren y los que odian, sólo se puede lograr dejando de odiar y ayudando a los que sufren, con el restablecimiento de las relaciones económicas. La mayor amenaza a la estabilidad del régimen es el mejoramiento de las condiciones económicas y/o la exposición clara sobre el origen de los males que padecen. El resto de América Latina dejará de ver en Fidel a ese portento de David frente a un Goliat que se empeña en presentarse como tal. Lamentablemente, el embargo se ha convertido en el medio de ganar las elecciones en La Florida, en tanto que el acuerdo inmigratorio legitima la inmoralidad de otorgarle la libertad a 20.000 ciudadanos cubanos por año, y dejar en manos de la policía castrista el mantenimiento de las cadenas para el resto.

    Odio aparte -aclaro que yo dejé Cuba en 1959, y no porque fuera partidario de Batista-, es menester reconocer los logros de la revolución en materia de educación. La parte más difícil, es despojar a una población -en muchos casos científica y técnicamente preparada y en casos sobresalientes- de la tergiversación política que es la que le impide alcanzar el estadio de bienestar que su educación le permitiría. Veamos el caso de Rusia: es muy posible que tanto científica como intelectualmente, los rusos no le vayan a la zaga a los americanos -y en algunos casos, hasta los aventajan-, pero el que implosionó fue el sistema soviético. La razón: la confluencia entre la excelencia científica y la ignorancia filosófico-política.

    Entonces es necesario el futuo entendimiento y el acercamiento, para rescatar lo positivo de la enseñanza cubana en el orden de la ciencia y eliminar la tergiversación ideológica que determina que los médicos e ingenieros prefieran trabajar de taxistas en los hoteles para los turistas. Este proceso es difícil y si no, veamos lo que ocurre en todos los países ex-comunistas, donde finalmente los comunistas ganan las elecciones. No creamos que de pronto, los capitales cubanos se van a colocar a una Cuba post Fidel. El capital no es cubano ni tiene sentimientos, y Florida no tiene el poder de Alemania Occidental. Tampoco la mayoría de los cubanos va a volver -salvo excepciones- y mucho más difícil es que puedan participar con éxito del poder político en una isla liberada de Fidel y encadenada psicológicamente a esa enfermedad neuronal que responde al marxismo.

    P. M. ¿Cuál es su opinión sobre el mejor instrumento para iniciar un camino hacia la democracia en Cuba: derrocar a Fidel o esperar su desaparición?

    A. Ribas: Entre Kant y Hegel desarrollaron el principio de la razón en la historia, y el segundo llevó ese principio a sus últimas consecuencias, que era la deificación de la guerra como la forma en que los estados hacen su irrupción en la historia. Al aceptar este principio, Hegel, discutiendo a Cicerón, había señalado que César había cometido el delito imposible de matar a la República, que estaba muerta. Pues bien, se me antoja en términos hegelianos comparar a Fidel con Julio César. Cuarenta y cinco años de enfrentamiento con la nación más poderosa que haya conocido la historia, y su supervivencia no la pudieron mostrar ni Hitler, ni Mussolini ni Stalin. Diez presidentes de Estados Unidos, dan cuenta de una figura que tiene, mal que nos pese, un lugar en la historia aún cuando podamos considerarlo como el caballo de Atila, que por donde pasaba no crecía la hierba.

    Recientemente, Fidel Castro acusó nuevamente a Estados Unidos de pretender invadir a Cuba, pero que él moriría peleando, a lo que alguien de la Administración le respondió socarronamente que moriría hablando. Y es cierto, porque Fidel sabe que su pelea más eficiente está en su retórica, que mal que nos pese se encarna en nuestras percepciones éticas. Comentando a Sócrates y los sofistas: “Esta mascarada sólo puede ser llevada a cabo poniendo el vocabulario moral convencional al servicio de sus propósitos privados. Debe de decir en las Cortes y en las Asambleas lo que la gente quiere oír, de manera que pongan el poder en sus manos… Él debe tomarlos primero por los oídos antes de agarrarlos por la garganta”.

    Es evidente que la diferencia entre Cuba y el resto de América Latina es que ya gracias a su razón en la historia, Fidel tiene a Cuba agarrada de la garganta, mientras insiste en tomar a los latinoamericanos por los oídos. Es decir, que Cuba no es un problema para 13 millones de cubanos, encerrados en 114.000 km2, sino que se extiende a todo el continente, donde la ética convencional -basada en la mala distribución de la riqueza-, justifica al antiamericanismo, por más estúpida que esta actitud sea.

    Al mismo tiempo, la incomprensión de esta realidad racional, ha hecho que se desarrollara la teoría de que Fidel Castro pretende una invasión americana para pasar como héroe en la historia. Si hay algo que Fidel ha mostrado hasta la saciedad es que no tiene la más mínima aspiración de héroe (desde el cuartel Moncada en adelante). Su gran heroísmo es la palabra; la supuesta amenaza de una invasión es lo que le permite aumentar la presión, y no la posibilidad del dinero del Banco Mundial. Confundir el interés de Fidel Castro con los préstamos de los organismos internacionales, es ignorar los principios más elementales de El Príncipe y aplicar, por el contrario, la ortodoxia moral convencional, olvidando que el miedo es el gran factor de las tiranías. Para mí, la única alternativa viable son los tanques Sherman, que le darían a Estados Unidos en el continente por los menos el respeto, ya que no el amor, por más que lo pretendan. Fidel ya está en la historia, lo que queda por determinar es hasta cuándo esté en este mundo, y los Estados Unidos tienen la fuerza, pues en la batalla de las palabras ha ganado y sigue ganando, lamentablemente.

    P. M.: ¿Cuáles cree usted que han sido las causas profundas del éxito de Fidel Castro para mantenerse en poder durante casi medio siglo?

    A. Ribas: Mi criterio es que el golpe que determinó el curso posterior de los acontecimientos en Cuba fue el 4 de septiembre de 1933. En aquella oportunidad, que no podemos olvidar, el Sargento Batista derrocó a la plana mayor del ejército e hizo la transubstanciación de los sargentos en generales.

    Este hecho fue a mi juicio trascendente, pues Cuba, que era una privilegiada en las relaciones con Estados Unidos y no era un país ideologizado sino tal vez diría provinciano, ignorante de la civilización que nos amparaba, era quizás el último que podía pensarse caería en manos de los comunistas. Por eso he dicho que Cuba no es un caso único en América Latina sino un caso extremo. Ahora bien ¿cuál es la causa que determinara que fuera la única república latinoamericana que cayó en manos del totalitarismo comunista? La respuesta es la ausencia del ejército. Los “sargengenerales” le entregaron el poder a Fidel Castro, en tanto que en América Latina, con sus errores y excesos, fue el único baluarte que enfrentó la subversión comunista en el continente.

    Lamentablemente, Estados Unidos ha aceptado como modelo institucional la existencia de elecciones e ignora la ausencia de seguridad jurídica (vigencia de los derechos individuales) como consecuencia de la denominada justicia social. La Historia nos muestra que mientras más justicia social, (más derechos sociales), menos respeto por la propiedad y en consecuencia más necesidades y mayor omnipotencia del Estado, broquelado detrás de las “instituciones” que ignoran su función primordial, cual es la limitación del poder político que es la contra cara de la libertad.

    Las reflexiones anteriores no pretenden un enjuiciamiento de nuestro comportamiento a más de 40 años, sino una advertencia respecto a lo que ocurre hoy –digo hoy– en América Latina, donde el marxismo al descubierto o solapado pervive. Los votos no convierten una estupidez en una virtud, y por alguna razón Tocqueville se refirió al excepcionalismo americano y así lo recoge la revista The Economist. O aprendemos el significado ético-político del rule of law, la defensa de los derechos individuales, o las democracias fracasadas -como la de Weimar- desembocarán en un nuevo totalitarismo fundado en la virtud sublime de la superación de las necesidades.

    P:M.: ¿Cómo resultó posible que estando gobernando el ejército cubano, los revolucionarios comunistas triunfaran tan rotundamente?

    A. Ribas: Según la “sabiduría ortodoxa”, Cuba era el burdel de Estados Unidos. En su libro El Cuarto Piso, el embajador en La Habana, Earl T. Smith escribió: “Si pudiera conseguir un jurado de doce personas imparciales, estaría dispuesto a apostar cien mil dólares a que puedo convencer a todos los miembros del jurado antes de 24 horas de que el movimiento de Castro está infiltrado y dominado por los comunistas.” Decididamente, los políticos americanos habían pasado a desconocer a los dictadores de izquierda y Castro fue la primera oportunidad de esa política. Yo no voy a dejar de reconocer que la historia política de Cuba, a partir de la independencia de 1902, cuando Estados Unidos terminó la primera intervención, deja mucho que desear. También sería falaz intentar desconocer que había burdeles en La Habana, pero en cuanto al juego, podría decir que en el casino de Mar del Plata hay ciertamente más ruletas que las que hubo en todos los casinos de La Habana.

    Tampoco voy a decir que en Cuba todo el mundo era rico y que no había ricos y pobres, o que los negros ocupaban en la sociedad el mismo lugar que los blancos. Pero sí voy a decir que nada de eso puede explicar ni la aparición de Fidel Castro, ni su larga permanencia de más de 47 años. Y desconocer esta fea realidad es una nueva amenaza que se cierne sobre el continente, independientemente del eventual deceso de Castro, que seguramente habrá de ocurrir.

    Cuando más adelante, los mismos sargentos-generales se dieron cuenta de que Estados Unidos le había quitado el apoyo a Batista, decidieron “acomodarse” con el régimen que viniese. Tanto más cuando los revolucionarios habían logrado traumatizar la vida cotidiana y la gente ya pensaba que cualquier cosa era mejor que Batista. Algunos datos hhistóricos dan cuenta de la corrupción política que entonces imperaba en la isla de los sargentos. En primer lugar, se votaban los presupuestos para la lucha en la Sierra Maestra y los políticos los dividían con los militares. En consecuencia, mandaban al frente algunos hombres casi desarmados, que finalmente engrosaban las filas de las guerrillas.

    En Santiago de Cuba, se encontraba la base militar más importante después de la de Columbia, que estaba en La Habana. Fidel Castro fue a dialogar con el jefe de dicha base, y éste le rindió sus 5.000 hombres frente a menos de 300 guerrilleros, a cambio de su nominación como jefe del próximo “ejército revolucionario”. Por supuesto, los sargentos les vendían las armas a los revolucionarios, total daba lo mismo, viniese quien viniese la Isla “era de corcho y siempre flotaría”. El dicho popular daría cuenta de esta actitud: “aquí lo que hay que hacer es no morirse, porque el muerto va al hoyo y el vivo al pollo.”

    Poco antes de la caída, el ”Che” Guevara atravesó con una columna de 200 hombres la provincia de Camaguey para dirigirse a la Sierra del Escambray. Camaguey es decididamente la pampa cubana, pero nadie lo vio pasar. En consecuencia, los sargentos le devolvieron el poder a los revolucionarios y Batista, conciente de esta realidad, escapaba con su séquito el 31 de diciembre de 1958, dejando a Cuba en la anarquía total.

    La explicación anterior es de la mayor importancia, pues la entrega de los militares sargentos es la variable explicativa del advenimiento de la noche. Todos los otros elementos no son más que causales adicionales secundarias, ya que Cuba, a pesar de la corrupción política, disfrutaba de un nivel de vida muy superior al resto de América Latina, con Argentina incluida. Corrupción e ignorancia asolaban a la tierra de Martí, pero en ello no era demasiado diferente del resto de América Latina, cuyos fracasos políticos sucesivos se sufren todavía, después de 45 años. Y el relativo éxito económico de Cuba se debía fundamentalmente a que la corrupción política no había llegado al plano de lo ideológico y a que el sistema capitalista -con las deficiencias del caso- definía la relación económica con Estados Unidos, que era sustantiva.

    P.M.: ¿Cree que el inicialmente solapado marxismo-leninismo de Fidel Castro, engañó al Departamento de Estado?

    A. Ribas: Llegado Fidel a La Habana, 7 de enero de 1959, se convirtió rápidamente en el poder detrás del trono y el país se gobernaba por televisión a través de los invariablemente interminables discursos del “Comandante”. Las prevenciones de Smith fueron corroboradas en el primer discurso de Castro a su llegada a La Habana, después de haber hecho (a lo Mao Tse Tung) una gran marcha desde Oriente. Allí, por si había alguna duda, dijo y yo lo recuerdo, pues tuve la oportunidad de oírlo personalmente: “Nosotros estamos aquí no por el Pentágono, sino en contra del Pentágono” y, dicho y hecho, expulsó a la misión militar americana en la isla. No obstante, Estados Unidos todavía durante el gobierno de Eisenhower, decidió contemporizar con el régimen y mandó un nuevo embajador, el Sr. Bonsal. Castro, ni lento ni perezoso, lo hizo esperar seis horas, de plantón, antes de recibirlo finalmente en el palacio de gobierno.

    Todavía hoy se piensa que Castro apeló a la Unión Soviética porque los Estados Unidos no lo apoyaba. Lo último que quería Fidel Castro era un acuerdo con Estados Unidos, aun cuando durante algún tiempo escondiera sus verdaderos designios, y decía que su revolución no era roja, sino verde oliva. La sabiduría popular bautizó a su revolución de “melón”: verde por fuera y roja por dentro. Castro había llegado bajo el eslogan de restaurar la Constitución de 1940. Mis reservas respecto de dicha Constitución me las guardo por el momento, pero la misma disponía el llamado a elecciones, a lo que Castro respondió “para qué”. La realidad es que de haber habido elecciones en aquel momento, Castro podría haber obtenido más del 90% de los votos.

    Pero la institucionalidad no era su objetivo y efectivamente el presidente Urrutia pasó a la historia con el apelativo de “cuchara” (ni pincha, ni corta). Al fin, al poco tiempo, Castro por televisión cambió la Constitución o el sistema presidencialista por uno supuestamente parlamentario, en el cual él mismo sustituía a Miró Cardona como Primer Ministro, pero con facultades extraordinarias. Las decisiones en dirección al autoritarismo, se sucedieron a pesar de que por algún tiempo la clase dirigente política, empresaria  y periodista seguía “esperanzada”, contemplando la llegada de la revolución como una alborada.

    Ya en 1961, los hechos eran evidentes y el rumbo estaba decidido cuando el propio Fidel Castro reconociera públicamente –en el Luna Park de Buenos Aires- que toda su vida había sido marxista-leninista. La política americana intentó un cambio y finalmente se planeó la fracasada invasión de la Bahía de Cochinos. Pero el Diablo metió la cola, y en las elecciones de 1960 ganó John Fitzgerald Kennedy, cuya visión del mundo se oponía ya a la tradicional de las instituciones americanas. Así, en su discurso famoso sobre América Latina dijo que -según tengo entendido proviene de las palabras de Mussolini-: “no preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país.” Con esas palabras revertía la doctrina de los Founding Fathers, según la cual la razón de ser del gobierno es la fefensa de los derechos individuales (rule of law) y no lo es la razón de Estado. Este período fue gráficamente calificado por Paul Jonhson, con el sugestivo título de El intento de suicidio americano.

    Al olvidar aquel principio, la política americana hacia nuestro continente parte de un supuesto falso, que es que el sufragio universal per se y, consecuentemente, la ausencia de militares en los gobiernos- demostraría la vigencia de los valores de la libertad. Ignora, así, que en la mayor parte de nuestros países se desconoce la esencia misma del rule of law y peor aun, que en ellos el antiyanquismo determina la victoria en las urnas.

    Al mismo tiempo, la política seguida con Cuba ignora el principio de Maquiavelo respecto a que “el que no va a usar la daga, no debe mostrar la empuñadura”. Ese principio fue seguido por Teddy Roosevelt cuando dijera: “speak soft and carry a big stick” (habla bajo y lleva un gran palo). Pues bien, el embargo convierte a Fidel Castro en el David que ha vencido al Goliat del imperialismo, por 48 años. Esta realidad empaña la imagen real de Estados Unidos en el continente, y yo diría que en el mundo. Se olvida, entonces, que la libertad que se disfruta en Occidente se ha debido, indudablemente, a la presencia de Estados Unidos en el mundo.

    La revolución cubana hoy no es el mayor peligro en el continente, pero su persistencia es un símbolo del antiimperialismo prevaleciente, tras el cual se esconde la presencia del marxismo en América, aun después de la caída del Muro de Berlín. Es indudable que el peligro cruzó el Caribe y se trasladó a la República Bolivariana. Así, vemos los pasos sucesivos de Chávez, que siguen sin prisa pero sin pausa la evolución de la revolución cubana.

    P.M.: ¿Considera usted el caso de la Dra. Hilda Molina, como una incongruencia del gobierno argentino en materia de derechos humanos?

    A. Ribas: La Dra. Hilda Molina fue fundadora y directora del Centro Internacional de Restitución Neurológica (CIREN), y renunció a su cargo en protesta por el transplante de tejido cerebral de fetos para la supuesta cura del mal de Parkinson. Así, lo manifestó en declaraciones formuladas al Miami Herald, donde expresó lo siguiente: “que renunció al CIREN en La Habana porque se oponía a estos transplantes”, y agregó: “Durante los siete años que dirigió el centro, hizo 50 transplantes con fetos de 3 y 12 semanas, tomados de abortos terapéuticos.” La razón evidente por la cual Castro no permite la salida de la Dra. Molina es porque teme que divulgue la realidad de lo que se hace en el CIREN. Es decir, que tal como lo declara la Dra. Molina, se estarían haciendo abortos no terapéuticos o sea de madres a las cuales, aun sin su conocimiento, se le provocan los abortos.

    Su reacción fue despedir al embajador argentino en La Habana, y además, forzar la salida del Ministerio de Relaciones Exteriores del asesor principal del desairado canciller Bielsa. Pero peor aun, la realidad de lo que ocurre en el CIREN, es lo que el gobierno argentino pretende ignorar. Después de todo, lo mismo hace Unión Europea bajo la influencia de Rodríguez Zapatero. Es evidente que la lucha ideológica permanece en el continente, legitimada ahora en algunos países por el sufragio universal.

    Finalmente, quisiera cerrar esta entrevista recordando lo que nos dijera Tocqueville: “La experiencia nos enseña que el momento más peligroso para un mal gobierno, es aquel en que empieza a reformarse…..El mal que se sufría pacientemente como inevitable, resulta insoportable en cuanto surge la idea de sustraerse a él. Los abusos que entonces se eliminan parecen dejar más al descubierto los que quedan, y la desazón que causan se hace mas punzante; el mal se ha reducido, es cierto, pero la sensibilidad se ha avivado.

    Publicada en «Perspectivas Microeconómicas»

  • Cuba en el continente después del Vizconde de Bragelonne

    A 60 años de la jornada “gloriosa” del 1º de enero de 1959, cuando a Cuba le llegó la noche, creo que sigue existiendo una confusión peligrosa respecto a las razones que determinaron por qué  hizo irrupción Isis, cuando esperábamos a Horus. No creo que nadie pueda ofenderse si me refiero a lo que podría considerar la visión casi universal de lo que era Cuba en 1958. Según la “sabiduría ortodoxa”, que tiene mucho de “doxa” y poco de “ortho”, Cuba era el burdel de Estados Unidos. Allí pululaban los gángsters y la mafia americana que, con George Raft a la cabeza, controlaba gran parte de lo que se suponía era un garito universal. Según la propaganda de izquierda, con esa máquina de la mentira en nombre de la virtud, el presidente Fulgencio Batista y Zaldívar había matado a unos 20.000 idealistas, seguidores del Quijote del Plata, el “Che” Guevara.

    No menos importante era la imagen de que Cuba era el paradigma de la mala distribución de la riqueza en América, donde se confirmaba el dictum de Marx de que los ricos eran cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Y por supuesto imperaba el racismo más absoluto, donde los “negros” no tenían cabida en una sociedad a la que habían contribuido con su música y su ritmo. Por supuesto, en medio de la confusión resonaba igualmente la corrupción del gobierno de Batista, que podría decir tristemente que no la había inventado él. Esto, que he llamado la “sabiduría ortodoxa”, reinaba igualmente en el Departamento de Estado de Estados Unidos en manos de Roy Rubbotton y Sol Linowitz. Al respecto, el embajador en La Habana, Earl T. Smith, intentaba infructuosamente transmitir la realidad imperante en el denominado “Movimiento 26 de Julio”, pero como dice el refrán “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Así, en tiempos de la administración conservadora de IKE (I don’t like), Estados Unidos le quitó el apoyo a Batista y Ikesenhower le pidió a Batista que se fuera y dejara entrar a Fiel en La Habana.

    En su libro El Cuarto Piso, Earl T. Smith escribió: “Si pudiera conseguir un jurado de doce personas imparciales, estaría dispuesto a apostar cien mil dólares a que puedo convencer a todos los miembros del jurado antes de 24 horas de que el movimiento de Castro está infiltrado y dominado por los comunistas.” Decididamente, los políticos americanos habían pasado a desconocer a los dictadores de izquierda y Castro fue la primera oportunidad de esa política. Yo no voy a dejar de reconocer que la historia política de Cuba, a partir de la independencia de 1902, cuando Estados Unidos terminó la primera intervención, deja mucho que desear. También sería falaz intentar desconocer que había burdeles en La Habana, pero en cuanto al juego, podría decir que en el casino de Mar del Plata hay ciertamente más ruletas que las que hubo en todos los casinos de La Habana.

    Tampoco voy a decir que en Cuba todo el mundo era rico y que no había ricos y pobres o que los negros ocupaban en la sociedad el mismo lugar que los blancos. Pero sí voy a decir que nada de eso puede explicar ni la aparición de Fidel Castro, ni su larga permanencia. Y desconocer esta fea realidad es una nueva amenaza que se cierne sobre el continente, independientemente del eventual deceso de Castro, que fue seguido por Raúl hasta la fecha. Todo el mundo parece ignorar que el 4 de septiembre en 1933, en medio de la crisis económica mundial, algunos suboficiales al mando del sargento taquígrafo Fulgencio Batista dieron un golpe de estado a la plana mayor del ejército. Este golpe institucional, que rápidamente convirtió a los sargentos en generales y llevó a Batista al poder desde el campamento de Columbia hasta su elección como presidente constitucional (fraudulento) en 1940, fue en su momento aprobado y apoyado por la clase política cubana. Entre ellos, estaba precisamente el denominado Directorio Revolucionario: Carlos Prío Socarrás, Grau San Martín, Carlos Saladrigas, como el periodista Sergio Carbo, etc. Como escribiera alguna vez, los revolucionarios le habían concedido el poder a los sargentos.

    Batista llegó al poder con ciertas tendencias comunistas, influenciado por Mella. Pero en aquel entonces, aun cuando la Enmienda Platt, que autorizaba la intervención americana para imponer el orden y defender la propiedad privada no había sido derogada, Roosevelt se negaba a intervenir. No obstante tan pronto se produjo el golpe militar, Roosevelt envió a La Habana al acorazado Mississippi, el crucero Richmond y dos destructores. Batista parece que percibió el mensaje anticomunista enviado desde Washington y optó por los dólares, pues parece descreía de los rublos. En esa misma línea se encontraban los sargentos, ya generales, cuando se dio la segunda oportunidad y los Estados Unidos habían tomado en serio la derogación de la Enmienda Platt.

    Cuando más adelante los mismos sargentos-generales se dieron cuenta de que Estados Unidos le había quitado el apoyo a Batista, decidieron “acomodarse” con el régimen que viniese. Tanto más cuando los revolucionarios habían logrado traumatizar la vida cotidiana y la gente ya pensaba que cualquier cosa era mejor que Batista. Algunos datos históricos dan cuenta de la corrupción política que entonces imperaba en la isla de los sargentos. En primer lugar, se votaban los presupuestos para la lucha en la Sierra Maestra y los políticos los dividían con los militares. En consecuencia, mandaban al frente algunos hombres casi desarmados, que finalmente engrosaban las filas de las guerrillas.

    En Santiago de Cuba, se encontraba la base militar más importante después de la de Columbia, en La Habana. Fidel Castro fue a dialogar con el jefe de dicha base, y éste le rindió sus 5.000 hombres frente a menos de 300 guerrilleros, a cambio de su nominación como jefe del próximo “ejército revolucionario”. Por supuesto, los sargentos les vendían las armas a los revolucionarios, total daba lo mismo, viniese quien viniese la Isla “era de corcho y siempre flotaría”. El dicho popular daría cuenta de esta actitud: “aquí lo que hay es que no morirse, el muerto al hoyo y el vivo al pollo.”

    Poco antes de la caída, el “Che” Guevara atravesó con una columna de 200 hombres la provincia de Camaguey para dirigirse a la Sierra del Escambray, en las Villas. Camaguey es decididamente la pampa cubana, pero nadie lo vio pasar. Consecuencia, los sargentos le devolvieron el poder a los revolucionarios y Batista, conciente de esta realidad, escapaba con su séquito el 31 de diciembre de 1958, dejando a Cuba en la anarquía total.

    La explicación anterior es de la mayor importancia, los militares sargentos es la variable explicatoria del advenimiento de la noche. Todos los otros elementos no son más que causales adicionales secundarias, ya que Cuba, a pesar de la corrupción política, disfrutaba de un nivel de vida muy superior al resto de América Latina, con Argentina incluida. Corrupción e ignorancia asolaban a la tierra de Martí, pero en ello no era demasiado diferente del resto de América Latina, cuyos fracasos políticos sucesivos se sufren todavía. Y el relativo éxito económico de Cuba se debía fundamentalmente a que la corrupción política no había llegado al plano de lo ideológico y el sistema capitalista -con las deficiencias del caso- definía la relación económica con Estados Unidos, que era sustantiva.

    Llegado Fidel a La Habana, el 7 de enero de 1959, se convirtió rápidamente en el poder detrás del trono y el país se gobernaba por televisión a través de los invariablemente interminables discursos del “Comandante”. Las prevenciones de Smith fueron corroboradas en el primer discurso de Castro a su llegada a La Habana, después de haber hecho (a lo Mao Tse Tung) una gran marcha desde Oriente. Allí, por si había alguna duda, dijo y yo lo recuerdo, pues tuve la oportunidad de oírlo personalmente: “Nosotros estamos aquí no por el Pentágono, sino en contra del Pentágono” y dicho y hecho expulsó a la misión militar americana en la isla. No obstante, Estados Unidos todavía durante el gobierno de Eisenhower, decidió contemporizar con el régimen y mandó un nuevo embajador, el Sr. Bonsal. Castro, ni lento ni perezoso, lo hizo esperar seis horas, de plantón, antes de recibirlo finalmente en el palacio de gobierno.

    Todavía se piensa que Castro apeló a la Unión Soviética porque los Estados Unidos no lo apoyaban. Lo último que quería Fidel Castro era un acuerdo con Estados Unidos, aun cuando durante algún tiempo escondiera sus verdaderos designios, y decía que su revolución no era roja sino verde oliva. La sabiduría popular bautizó a su revolución de “melón”: verde por fuera y roja por dentro. Castro había llegado bajo el eslogan de restaurar la Constitución de 1940. Mis reservas respecto de dicha Constitución me las guardo por el momento, pero la misma disponía el llamado a elecciones, a lo que Castro respondió “para qué”. La realidad es que de haber habido elecciones en aquel momento, Castro podría haber obtenido más del 90% de los votos, con el mío en contra, desde luego.

    Pero la institucionalidad no era su objetivo y efectivamente el presidente Urrutia pasó a la historia con el apelativo de “cuchara” (ni pincha, ni corta). Al fin, al poco tiempo, Castro por televisión cambió la Constitución o el sistema presidencialista por uno supuestamente parlamentario, en el cual él sustituía a Miro Cardona como Primer Ministro, pero con facultades extraordinarias. Las decisiones en dirección al autoritarismo se sucedieron a pesar de que por algún tiempo la clase dirigente política, empresaria  y periodista seguía “esperanzada” contemplando la llegada de la revolución como una alborada. En este sentido, debo citar algunas palabras del “mea culpa” de Miguel Ángel Quevedo (el director de Bohemia), antes de suicidarse: “Para que los que puedan aprendan la lección… para que la prensa no sea más eco de la calle, sino un faro de orientación para esa calle. Para que los millonarios no den más sus dineros a quienes después los despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradoras de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación o de un destierro. Y para que el pueblo recapacite y repudie esos voceros de odio, cuyos frutos hemos visto que no podían ser más amargos.”

    Ya en 1961, los hechos eran evidentes y el rumbo estaba decidido cuando el propio Fidel Castro reconociera públicamente que toda su vida había sido marxista-leninista. La política americana intentó un cambio y finalmente se planeó la fracasada invasión de la Bahía de Cochinos. Pero el Diablo metió la cola, y en las elecciones de 1960 ganó John Fitzgerald Kennedy, cuya visión del mundo se oponía ya a la tradicional de las instituciones americanas. Así, en su discurso famoso en América Latina, que según tengo entendido proviene de las palabras de Mussolini, dijo: “no preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país.” Con esas palabras revertía la doctrina de los Founding Fathers, según la cual la razón de ser del gobierno es la defensa de los derechos individuales (rule of law) y no la razón de Estado. Este período fue gráficamente calificado por Paul Jhonson con el sugestivo título de El intento de suicidio americano.

    El resultado de la incursión de “Camelot” en la Casa Blanca fue la traición de Bahía de Cochinos y, dos años más tarde, lo que he denominado el intercambio de misiles por caimanes. Así, se decidió el destino deplorable y siniestro de Cuba y la Nueva Frontera había extendido la frontera soviética al continente. La guerrilla entrenada y financiada en La Habana asolaba al continente, pero allí, a diferencia de Cuba, los “ideales” del resentimiento guevarista fueron derrotados. Los actos de terrorismo se multiplicaron, particularmente a partir del año 1973, pero hoy sólo se recuerda el “terrorismo de Estado”, que mal que nos pese nos salvó al menos por algún tiempo del destino manifiesto comunista. Por supuesto que en esta observación me llamarán torturador, pues la izquierda se ha adueñado de la ética política.

    Lamentablemente Estados Unidos sigue ignorando lo que ha sido el principio de los Founding Fathers respecto a la viabilidad de la democracia. Ese principio es el temor a la opresión de las mayorías en ausencia del rule of law, es decir, los límites al poder político y el respeto a los derechos individuales. Así, el sufragio universal ha dado rienda suelta a la demagogia en nombre de la democracia, Babeuf está de vuelta en “Occidente” y la conspiración de los iguales encuentra su legitimidad en la desigual distribución de la riqueza.

    Al olvidar aquel principio, la política americana hacia nuestro continente parte de un supuesto falso que es que el sufragio universal per se y consecuentemente  la ausencia de militares en los gobiernos demostraría la vigencia de los valores de la libertad. Ignora, así, que en la mayor parte de nuestros países se desconoce la esencia misma del rule of law y peor aun, que en ellos el antiyanquismo determina la victoria en las urnas.

    Al mismo tiempo, la política seguida con Cuba ignora el principio de Maquiavelo respecto a que el que no va a usar la daga no debe mostrar la empuñadura. Ese principio fue seguido por Teddy Roosevelt cuando dijera “speak soft and carry a big stick”. Pues bien, el embargo y así como las expresiones respecto a la falta de libertad en Cuba constituyen la antítesis de los anteriores principios y de hecho convirtieron a Fidel Castro en el David que ha vencido al Goliat del imperialismo. Esta realidad empaña la imagen real de Estados Unidos en el continente y yo diría que en el mundo. Se olvida, entonces, que la libertad que se disfruta en Occidente se ha debido, indudablemente, a la presencia de Estados Unidos en el mundo.

    La revolución cubana hoy no es el mayor peligro en el continente, pero su persistencia es un símbolo del antiimperialismo prevaleciente, tras el cual se esconde la presencia del marxismo en América, aun después de la caída del Muro de Berlín. Es indudable que el peligro cruzó el Caribe y se trasladó a la República Bolivariana. Así, vemos los pasos sucesivos de Chávez, seguidos por Maduro que continúa  sin prisa pero sin pausa la evolución de la revolución cubana. El enfrentamiento con Colombia trasciende lo nacional y es, en el fondo, expresión de la lucha ideológica de la cual Maduro es hoy la mano derecha de Raúl y en acuerdo con Obama.

    En tanto que los militares argentinos que con sus errores y excesos ganaron la guerra subversiva, son presa del fanatismo por los derechos humanos y se ignora paladinamente la violación pertinaz de los mismos en Cuba.  Existe hoy una preocupación en el mundo por la situación de Venezuela, pero se sigue ignorando la dictadura cubana. No obstante con respecto a Venezuela se persiste en la necesidad del diálogo con Maduro y se teme la invasión americana y así igualmente se olvida que la libertad en Santo Domingo se debió a que Johnson envió los marines y en Panamá a la preocupación americana por el canal

    Es evidente que la lucha ideológica permanece en el mundo legitimada ahora en algunos países por el sufragio universal. Por favor no ignoremos los crímenes de Fidel Castro a su llegada la Habana con la colaboración del Che Guevara como jefe de la prisión política de la Cabaña trasladada después al Castillo del Príncipe. Y recordemos las palabras de Martí: “Ver cometer un crimen en calma es cometerlo”. Y el hambre en Cuba no se debió al embargo americano sino a la decisión de Fidel Castro de nacionalizar toda la propiedad privada a su llegada a La Habana. No olvidemos que a 90 millas de la Florida pervive el régimen más criminal que América Latina padeciera y que ahora se intenta imponer en Venezuela.

  • La Iglesia y los abusos sexuales

    La reciente noticia respecto a las revelaciones de un obispo argentino concerniente a sus abusos sexuales, a mi juicio constituyen una prueba más de mi pensamiento que creo la historia lo comprueba. Ese problema de hoy está igualmente demostrado por el monto de miles de millones de dólares que la Iglesia ha tenido que pagar en Estados Unidos por los abusos sexuales de los curas. Situación que se ha repetido en Chile y…

    Hace tiempo comprendí lo que creo que es un hecho indiscutible. La homosexualidad es un hecho biológico. De otra forma no podría comprender que un hombre prefiere violar a un chico que tener una relación sexual con una mujer. Desde mi sentimiento vital yo considero que la relación sexual con una mujer es el mayor placer que un hombre tiene en la vida. Ignorarla no creo sea consecuencia de un sacrificio religioso sino un sentimiento vital. Consciente de esa realidad soy a la vez partidario de reconocer el derecho a legalizar al matrimonio homosexual. Como bien reconociera David Hume, es imposible racionalmente dejar de sentir lo que se siente. Mi preocupación al respecto se refiere a los efectos que ello puede tener sobre la cultura y los sentimientos de los hijos que de alguna manera generen.

    Debo aclarar que me estoy refiriendo a la homosexualidad masculina y no a la de las mujeres, pues ese tema me es desconocido. Hace tiempo escribí: “A las mujeres hay que amarlas, no entenderlas. Entenderlas es un proyecto imposible”. Desde mi punto de vista una mujer con relaciones homosexuales no deja de ser mujer. Por el contrario, un hombre, decididamente ha dejado de serlo.

    No obstante que comprendo lo que considero la razón de ser de la homosexualidad masculina, ello no quiere decir que ignore que la pedofilia no constituya un delito. Por el contrario ello implica la violación del derecho de los menores. Por tanto considero que los que realicen este acto no solo deben compensar económicamente, sino que deben ser detenidos y apresados.

    Por todo lo dicho anteriormente a su vez considero que la Iglesia católica desde el Concilio de Letrán de 1215 confirmado por el Concilio de Trento de 1545 fue la primera asociación de homosexuales del mundo. En esos Concilios se decidió el celibato de los curas. La religión a mi juicio no es la razón de ser de la supuesta abstención sexual. En virtud de esa realidad las religiones protestantes mantienen lo que considero la coherencia de amar a Dios en el cielo y a las mujeres en la tierra.

    Otro factor a tener en cuenta es el mandamiento “No Fornicar”. ¿Cuál es el significado moral de ese mandato? Puedo adelantar que si no fuese por el placer de las relaciones sexuales la humanidad no existiría. La única razón de acostarse con una mujer no surge solo del propósito de tener un hijo. El hijo puede ser la consecuencia no la causa. Pero recuerdo que hace algunos años aprendí empíricamente que la relación sexual con su esposa que no fuese con el propósito de tener un hijo era pecado, y me atrevería a considerar que era considerado fornicar.

    Siguiendo con la ética de los mandamientos tenemos: “No desear la mujer de tu prójimo”. Otro mandato imposible de cumplir, pues el deseó es imposible de evitar como antes dije en nombre de Hume. El pecado podría resumirse al hecho de tener relación sexual con la mujer de tu prójimo. O sea estaríamos incumpliendo el no fornicar.
    En esa misma situación considero que está: “No desear los bienes ajenos”: Ojala fuese posible de que se cumpla pues en ese deseo se manifiesta la demagogia vigente vía el socialismo en nombre de la falacia de la búsqueda de la igualdad económica y su resultado la desigualdad política.

    Igualmente la situación presente en términos políticos y la Iglesia es la aparente posición del Papa que fue a visitar a Fidel Castro ignorando los crímenes del régimen cubano y la falta de libertad pendiente.

    Pero en fin el problema pendiente del momento sigue siendo la persistencia de la pedofilia de los curas. No santifiquemos la violación sexual en nombre de Dios. Si Dios existe tiene claro la razón de ser de la existencia de Adán y Eva como el reducto de la creación humana. Y recordemos que Eva surgió de la costilla de Adán, pero ello no cambia el hecho indiscutible de la naturaleza humana.

  • Bolsonaro: “La Bolsa Sona”

    “Barcelona es bona si la bolsa sona, si la bolsa no sona, Barcelona no es bona”

    La aparición de Bolsonaro ha traído de nuevo a la palestra una discusión ética y política respecto a la izquierda y la derecha. Al respecto voy a insistir en que es un tema trascendente y a mi juicio Bolsonaro lo pone de manifiesto. En primer término dícese que Bolsonaro es de extrema derecha, y una vez más me pregunto que significa es calificación o descalificación.

    Todo parecería indicar que Bolsonaro pretende reinstaurar en Brazil el sistema político económico que cambió la historia del mundo, y trajo por primera vez en la historia la libertad y la creación de riqueza. Por tanto pareciera a partir de sus declaraciones que pretende liberar al Brazil del sistema de izquierda imperante que destruyó la economía y que también planteo la problemática de la libertad. Y no olvidemos eliminar la corrupción.

    En razón de esa actitud que considero una virtud, también se ha opuesto a la dictadura de Maduro en Venezuela y tampoco ha ignorado la prevaleciente en Cuba por casi sesenta años. Este último hecho parece ser ignorado en el resto del llamado mundo Occidental. Fue así que Obama firmó un acuerdo con Raúl Castro y los europeos continúan invirtiendo en las playas de Cuba.

    Es un hecho notorio que aparezca en América Latina una personalidad que como Bolsonaro pretende reconocer públicamente el fracaso económico del socialismo y su lamentable éxito político. Insisto pues en que la demagogia está presente en el mundo occidental vía el socialismo y la evidente confusión prevaleciente entre los derechos individuales y los derechos humanos. Hecho al que me he referido en anteriores oportunidades. Pero otra vez voy a insistir en la presente falacia de la igualdad como principio en que se basa la reducción de la pobreza, cuando la historia ha demostrado lo contrario.

    Cuando los derechos son del pueblo, nadie tiene derecho, y es la razón de ser de la instauración del poder absoluto. Y permítanme citar de nuevo a Alexander Hamilton que escribió: “Una peligrosa ambición subyace bajo la especiosa máscara del celo por los derechos del pueblo”. Pero Marx está presente en Occidente vía Eduard Bernstein que en discusión con Lenin dijo: “Al socialismo se puede llegar democráticamente y sin revolución”. Creo que lamentablemente tuvo razón, y a los hechos me remito.

    Al respecto escribió Fareed Zakaria en su artículo en Foreign Affairs: “Populism on the March”. Allí en primer lugar reconoció que Occidente está en problema y seguidamente escribió definiendo al populismo: “¿Qué es populismo? El significa cosas diferentes para diferentes grupos, pero todas las versiones comparten un recelo de una hostilidad hacia las élites, corrientes políticas e instituciones establecidas. Históricamente el populismo ha tenido variantes de izquierda y de derecha y las dos están hoy floreciendo”.

    Al respecto vale recordar hoy las palabras de León XIII en su encíclica Rerum Novarum en 1891: “En la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos; afánanse en verdad por ello los socialistas; pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual su ingenio, ni la salud ni las fuerzas. Y a la necesaria desigualdad de estas cosas sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna. La cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad”. Creo que había aceptado la mano invisible de Adam Smith. No puedo menos que reconocer la sabiduría de estas palabras y que hoy lamentablemente son ignoradas por el Papa Francisco.

    Volviendo a Bolsonaro ahora surge en The Economist otra confusión al respecto, por llamarlo un peligroso populista con algunas buenas ideas. No me cabe la menor duda que esa observación entraña otra confusión en el ámbito de las calificaciones en la filosofía política. El populismo lo describió Aristóteles como la democracia destructora de la república en función de la demagogia. Y advirtió: “Tengan cuidado que los pobres siempre van a ser más que los ricos”.

    Por otra parte como dije en el artículo citado de Foreign Affairs se reconoció la existencia del populismo de izquierda, socialismo y de derecha nacionalismo. La imperancia del primero trasmitida en el aumento del gasto público determinó la caída en la tasa de crecimiento de la Unión Europea. A partir de la crisis del 2008 el único país europeo que creció fue Alemania un 7% en el período. Hoy parece que tampoco crece. Por otra parte el populismo de derecha representado por Maurice Le Pen en Francia constituye una amenaza a la permanencia de la Unión Europea.

    Aparentemente Bolsonaro en defensa aparente de los principios que cambiaron al mundo parece popular. El es favorable a la reducción del gasto público y el déficit fiscal, a eliminar la corrupción, a la liberación del comercio y adoptar acuerdos bilaterales además del Mercosur, y por supuesto el respeto por la propiedad privada. A esa política propuesta se le ha denominado extrema derecha y The Economist populismo.

    Creo que lo importante es destacar las propuestas políticas y económicas que pretenden recuperar la economía breasileña, que se encuentra defenestrada por los gobiernos de izquierda prevalecientes en los últimos 20 años, con Lula da Silva a la cabeza, hoy preso por corrupción política.

    Bien venido Bolsonaro quien ya según la reciente información ha logrado que “sone la Bolsa de Brazil”. Nada mejor puede esperarse políticamente que la política correcta sea popular y haga posible rescatar los principios reconocidos en el Rule of Law, bajo las ideas de Locke, Hume y Adam Smith desarrollados por lo Founding Fathers en Estados Unidos. Esa es la inversa de la popularidad en que se basan los gobiernos de izquierda fundados en la demagogia del populismo de izquierda y de derecha.

    Perdón de nuevo por la multiplicidad de citas. Me parece importante hacerlo pues las ideas de la libertad que yo defiendo afortunadamente no son mías. Si hubiesen sido mías estaríamos viviendo en la Edad Media. Y esta aclaración no la hago por modestia. Yo no tengo ese defecto.

  • Ideología y Libertad

    Se dice que la discusión no es ni debe ser ideológica. Ese principio es una contradicción respecto a la realidad que enfrentamos. La historia muestra claramente que son las ideas las que determinan los comportamientos, y voy a insistir en que el mundo cambió a partir de la aceptación de ciertas ideas que determinaron el sistema ético y político que produjo el progreso y la libertad. Es un hecho manifiesto que por el contrario fueron otras ideas las que determinaron el totalitarismo como una racionalización del despotismo.

    No puedo menos que insistir en que tal como explica William Bernstein en su The Birth of Plenty el mundo hasta hace unos doscientos años vivía como vivía Jesucristo. ¿Qué fue lo que cambió al mundo? Tomemos en cuenta el pensamiento de David Hume que escribió: “Es imposible cambiar o corregir algo material en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestra circunstancia y situación”.

    Evidentemente ese cambio se produjo a partir de las ideas que crearon el sistema ético, político y jurídico que determinaron el cambio de situación y circunstancia. No me cabe la menor duda de que el respeto del derecho de propiedad privada y el derecho a la búsqueda de la felicidad, que Locke considerara el principio fundamental de la libertad, han sido las ideas que cambiaron al mundo.

    Las ideas contrarias a éstas fueron determinantes de los regímenes totalitarios que surgieron en Europa. Basta analizar el pensamiento de Rousseau que influyó en la Revolución Francesa las raíces del totalitarismo, Diosa Razón mediante. Al respecto escribió Rousseau: “Así como la naturaleza le da a cada hombre poder absoluto sobre su cuerpo, el pacto social le da al cuerpo político poder absoluto sobre sus miembros”. Y sigue: “Cualquiera que se atreve a emprender la tarea de instituir una nación debe sentirse capaz de cambiar la naturaleza humana”.

    El socialismo es una ideología que proviene de estas ideas y seguidamente llegó Karl Marx, que hoy está presente vía Eduard Bernstein que escribió que el socialismo se podía alcanzar democráticamente y sin revolución. Tampoco podemos ignorar el pensamiento de Kant al respecto.

    Creo que estamos viendo la obviedad del pensamiento de Balynt Basony: “La filosofía política angloamericana y la franco germánica son tan diferentes como el día y la noche”. Y no podemos menos que reconocer al respecto que de la angloamericana surgió la libertad, y de la  francogermánica el totalitarismo. Y al respecto Jean François Revel en su obra “La Obsesión Antiamericana” escribió: “Son los europeos, que yo sepa, quienes hicieron el siglo XX el más negro de la historia, en las esferas política y moral, se entiende. Ellos provocaron los dos cataclismos de una amplitud sin precedentes, que fueron las dos guerras mundiales; ellos fueron los que inventaron y realizaron los dos regímenes más criminales jamás infligidos a la especie humana”.

    Ahora también se está discutiendo que la problemática del mundo que se viene surge de la inteligencia artificial. Por el momento discrepo con esa teoría. A mi juicio el problema pendiente es la falta de inteligencia natural aprovechada por los que la tienen para lograr el poder político. Ese es el caso del socialismo que se fundamenta en la falacia de la búsqueda de la igualdad. Y al respecto recordemos a Karl Popper: “Luché por la igualdad hasta que me percate que en la lucha por la igualdad se perdía la libertad y después no había igualdad entre los no libres”.

    Otro aspecto a tener en cuenta es el resultado aparentemente favorable de la reunión del G20 en la cual parece haberse aceptado el criterio de que el acuerdo es más importante que el desacuerdo. Como bien dijera David Hume: “La riqueza de tu vecino no te perjudica sino que te beneficia”. Y esa conclusión había sido ya aceptada por Estados Unidos y por ello aplicó el Plan Marshall después de la segunda guerra mundial. Esa decisión no fue un acto de beneficencia sino de inteligencia en virtud de la conciencia de que le convenía que Europa restaurara su economía y la libertad. Diría que fue la primera vez en la historia que los países que perdieron la guerra ganaron la libertad.

    Hoy el mundo Occidental  parece confundido por la democracia socialista, pero no hay dudas de que las ideas que lo cambiaron siguen siendo válidas, y por ello Richard Epstein escribió: “Los principios incorporados en la Constitución Liberal Clásica no son aquellos que operan en esta o aquella era. Son principios para todas las eras”. En otras palabras, la tecnología no altera las ideas que la provocaron.

    Al respecto considero importante la evaluación de esa realidad de Peter Drucker: “Tan difundida y tan falaz como la creencia de que la Ilustración engendró la libertad en el siglo XX es la creencia de que la Revolución Norteamericana se basó en los mismos principios que la Revolución Francesa y que fue efectivamente su precursora”.

    En función de esa realidad he reconocido la falacia de la Civilización Occidental, que implica la ignorancia de que Europa llegó al totalitarismo, Revolución Francesa mediante, que es la racionalización del despotismo. Y aquí estamos ante la confusión del Iluminismo a la que ya me he referido, y la democracia mayoritaria sigue siendo el camino de la demagogia al socialismo. O sea del populismo que reina en Europa, en tanto que en China desde el poder que se justifica en el comunismo ha aceptado las ideas que cambiaron al mundo a las que me he referido y por ello crece y ha pasado a ser la segunda economía mundial. Por el contrario Europa está enclaustrada en el populismo democrático y no crece.

    Y volviendo a la inteligencia artificial debemos reconocer el avance tecnológico que ella implica y que determina una evolución en la vida cotidiana y no un cambio en la naturaleza humana. Si la inteligencia artificial es usada políticamente para insistir en los derechos del pueblo y la falacia de la igualdad, ello determina el aumento del gasto público y su consecuencia la caída en la tasa de crecimiento económico que prevalece hoy en el mundo occidental. Como se decía en la China, muy al Oriente está Occidente, y todo parece indicar que Occidente está desorientado abandonando las ideas que cambiaron al mundo. Y permítanme recordar de nuevo a Alberdi: “Hasta aquí el peor enemigo de la riqueza del país es la riqueza del fisco”.

     

  • Igualdad, Pobreza y Libertad

    El último discurso del presidente argentino, Mauricio Macri,  valoró fundamentalmente el haber logrado una reducción en el nivel de pobreza en el año 2017, que según los datos pertinentes se habría reducido del 28% al 25%. Y asimismo repitió que su propuesta de política nacional es el de reducir la pobreza a cero, lo que manifestó como el proyecto pincipal de su política. Lo que no explicó es cuál es la política a seguir para lograr ese objetivo.

    Al respecto voy a comenzar refiriéndome a algunas consideraciones de Ayn Rand que estimo trascendentes ante el mundo en que vivimos, en el cual la izquierda ha monopolizado la ética en nombre de la supuesta igualdad y los derechos del pueblo. Olvidando que cuando los derechos son del pueblo ni Ud. ni yo tenemos derechos. Ya debemos de saber que los derechos del pueblo son la retórica izquierdista para lograr el poder absoluto violando los derechos individuales.

    Y así dice Ayn Rand: “El principio básico del altruismo es que el hombre no tiene derecho a vivir por su propio motivo, y que su servicio a los demás es la única justificación de su existencia”. Esperemos, entonces, que el proyecto de Macri no esté basado en el altruismo. Ya con el pensamiento de Kant al respecto de que la búsqueda de la felicidad es deshonesta pues se hace por interés y no por deber, determinó el principio básico del Iluminismo que creara el totalitarismo europeo, como la racionalización del despotismo. Por supuesto que doy por sentado que Macri no pretende un proyecto de esa naturaleza, pero es imprescindible determinar cuáles son los principios en que basa el logro de la eliminación de la pobreza.

    Entonces voy a insistir en el pensamiento de Ayn Rand al respecto del capitalismo: “Comparado con los siglos de hambre pre capitalista, las condiciones de vida de los pobres en los primeros años del capitalismo fue la primera oportunidad que los pobres tuvieron de sobrevivir”.

    En virtud de esa realidad surge la descalificación de Marx del capitalismo como la explotación del hombre por el hombre, que constituye el desconocimiento del sistema que cambió la historia del mundo y que fuera el Rule of Law, cuyo principio fundamental es el respeto por los derechos individuales “a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la búsqueda de la propia felicidad”. Y asimismo el reconocimiento de la naturaleza humana para decidir la necesidad de limitar el poder político, pues como reconoció John Locke: “Los monarcas también son hombres”.

    El Rule of Law es un sistema ético político y al respecto me voy a volver a referir al Locke que dijo: “Lo que importa no es la Ley, sino que ley” Y al respecto Hayek se refirió claramente cuando escribió: No es lo mismo una ley que regula el tránsito, que una que ordena donde tenemos que ir”.

    El respeto al derecho a la búsqueda de la propia felicidad es como reconociera Locke el principio fundamental de la libertad. Así fue reconocido por Adam Smith en su visión de la llamada mano invisible conforme a la cual el individuo beneficia más a la sociedad en la persecución de su propio interés que aquellos que pretenden actuar por el bien público. Y al respecto Vaclav Ravel dijo: “La riqueza de las naciones depende  de la libertad de sus habitantes, no de la fertilidad de sus tierras”.

    Por todo lo dicho anteriormente es indudable que la eliminación de la pobreza requiere la implementación del sistema que crea riqueza, y que no se basa en la generosidad del gobierno. Ya debiéramos saber que hay una correlación inversa entre e nivel del gasto público y la tasa de crecimiento económico. Por tanto la conditio sine qua non del propósito de Macri de la eliminación de la pobreza requiere la reducción del gasto público.

    El otro factor que afecta la posibilidad del crecimiento económico es la tendencia socialista a la búsqueda de la igualdad. Como bien dijera Karl Popper: “Me percaté que en la búsqueda de la igualdad se perdía la libertad, y después no había igualdad entre los no libres”. Pero al respecto vale recordar las sabias palabras del Papa León XIII que en 1891 escribió la encíclica Rerum Novarum donde dijo: “En la sociedad civil no pueden ser todos iguales los altos y los bajos. Afánanse en verdad, por ella los socialistas; pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud, ni las fuerzas; y la necesaria desigualdad de estas cosas sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna. La cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad”. Como vemos León XIII había aceptado la mano invisible de Adam Smith y hoy lamentablemente el Papa Francisco parece no haber leído la Rumrum Novaran.

    Hoy a mi juicio seguimos en una confusión prístina a la que se ha añadido la situación de China. La China bajo un gobierno supuestamente comunista crece a tasas inconmensurables y ha pasado a ser la segunda economía mundial. Y en ese proceso ha logrado sacar a 300 millones chinos de la pobreza. Esa situación aparentemente nos deja perplejos ante el hecho de que la Unión Europea democráticamente prácticamente no crece hace más de diez años.
    Yo me permito concluir al respecto que la China es hoy más capitalista que la Unión Europea, que se encuentra en manos del socialismo democrático. O sea Marx, Eduard Bernstein mediante. Según la última información al respecto el gasto público en China alcanza al 31% del PBI en tanto que el promedio en la Unión Europea alcanza al 47,5% del PBI Y en Francia al 56% del PBI. Otro dato importante al respecto es que el 40% de la inversión extranjera va a la China. Por ello no puedo menos que concluir que desde el autoritarismo de Xi Jimping se respetan los derechos de propiedad y de la búsqueda de la felicidad.

    Entonces volviendo a la situación de Macri insisto que lo que crea la pobreza no es la desigualdad tal como lo reconoció Margaret Thatcher en Inglaterra, sino la falta de creación de riqueza. Y esta depende del derecho de propiedad que está siendo violado fácticamente por el incremento inusitado del nivel del gasto público. Y recordemos Churchill cuando escribió: “El socialismo es una filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y el evangelio de la envidia. Su virtud inteligente es el reparto igualitario de la miseria”.

    Decididamente Macri no está en esa era, y por ello uno de sus aportes fundamentales al cambio ha sido la restauración de la seguridad jurídica y el restablecimiento de la confianza en Argentina en el orden externo. Por ello la oposición tradicional argentina lo ataca por estar de parte de los ricos. Y la realidad es que son los ricos ante la seguridad jurídica los que generan riqueza. Cuando por el contrario. en nombre de los pobres se violan los derechos de propiedad, se genera más pobreza y la única riqueza es la que queda en las manos de los que la reparten.

  • Justicia, Moral y Aborto

    La discusión moral y legal sobre el aborto parece tener al mundo en desasosiego. Al analizar la situación pendiente al respecto voy a rescatar el pensamiento de David Hume sobre pasiones, moral y justicia. “Aun cuando las reglas de la justicia son artificiales ellas no son arbitrarias”. La artificialidad significa que son hechas por el arte del hombre. Y siguiendo al respecto dijo: “Las acciones son laudables o culpables, por tanto no son lo mismo que razonable o irrazonable. Las distinciones morales, por tanto no son el producto de la razón”.

    Me van a perdonar que siga insistiendo en el pensamiento de Hume a fin de llegar a alguna conclusión plausible frente a la presente discusión moral y legal respecto al aborto. Un planteo de Hume y que considero fundamental a los efectos del análisis que estamos haciendo es el que se refiere a la relación entre la razón y la moral. Así dijo: “Yo me propongo probar primero, que la razón sola nunca puede ser el motivo de una acción de la voluntad”. “La razón es, y tiene solo que ser la esclava de las pasiones”. En otras palabras la pasión es objetival y la razón instrumental y falible.

    Otro aspecto fundamental para comprender la sociedad en que vivimos es su concepción sobre la naturaleza humana, y al respecto dijo: “Es imposible corregir o cambiar algo en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestra circunstancias y situación, y rendir a la observación de las reglas de la justicia nuestro interés más cercano, y su violación el más remoto”. Recordemos que “El justo peca siete veces”. O sea el cristianismo ya había tomado conciencia de la naturaleza humana.

    “El interés propio es el motivo original por el establecimiento de la justicia”. Por tanto en el caso del aborto podemos encontrar la alternativa de los deseos de una mujer cuando tiene relaciones sexuales. Lo hace por el placer que implica o tiene el objetivo de tener un hijo. Si mal no recuerdo la Iglesia Católica consideraba que toda relación sexual que no tuviera el objetivo de tener un hijo era pecado capital aunque se hiciese entre marido y mujer. Por ello entre los diez mandamientos está: “No fornicarás”.

    Me atrevo a pensar entonces que la problemática del aborto se encuentra en el ámbito de la justicia y no de la moral. Como bien reconociera Hume: “La justicia no es obra de la moral y en muchos casos la moral destruye la justicia”. La moral es un sentimiento. Uno no quiere a los hijos por justicia sino por la moral.

    Entonces en la disputa sobre la ilegalidad del aborto también estaría presente la aparente razón de ser del embarazo que sería el fornicato. Es decir que toda mujer que tiene una relación sexual con alguien que no es su marido, está tomando el riesgo del embarazo y consecuentemente su posible decisión respecto al aborto. No creo que sea conforme a la moral y la justicia el prohibir el fornicar. Si así fuera todo parece indicar que la mujer en esa situación su decisión no está inducida por ser madre sino tan solo por su derecho al placer.

    No creo en la justicia de forzar a una mujer a tener un hijo sin padre, ni tampoco a que se determine la existencia de alguien que sabrá que existe porque su madre tuvo una relación sexual con un desconocido. Al menos por el desconocido. Y en referencia a esa situación viene Hume de nuevo: “Si la benevolencia pública es la visión del interés de la humanidad, no puede ser el motivo original de la justicia, mucho menos puede ser la benevolencia privada”.

    O sea, la decisión de la legalidad del aborto no es producto de la benevolencia pública, tampoco lo es de la supervivencia del ser engendrado. Al respecto es igualmente importante reconocer que un pecado no es per se un delito. Al respecto recordemos que en los diez mandamientos se encuentra el “No fornicar”. En ese sentido el origen de la moral no se encuentra en el aborto sino en lo que fuera su determinante original.

    Posición referente a los que pretenden la ilegalidad del aborto se sostiene en el supuesto derecho a la vida. Por tanto ante ese juicio el aborto significa por una parte el pecado y el supuesto delito de violar el derecho a la vida. Mi criterio al respecto es que la vida no comienza en el género sino a partir del momento en que uno toma conciencia de ella, y todo parece indicar que el feto no es consciente de su existencia.

    La discusión persiste tanto en la Argentina como en Estados Unidos. Y en la Argentina la discusión hoy en la Cámara de Diputados se ha presentado un proyecto de legalización del aborto. Al respecto nada sabemos de las razones que lo impulsan. Por otra parte se ha presentado otro proyecto de ilegalidad que se denomina: “Ley de protección a la mujer embarazada y al niño por nacer”. Creo que en esa denominación se incurre en un error conceptual pues es el derecho de la mujer embarazada el decidir si aborta o no. Y por último voy a recordar de nuevo a David Hume cuando dijo: “La Justicia es un aprendizaje”. Todo parece indicar que en esta vigente discusión aparentemente universal, que no hemos aprendido.

  • Las Relaciones Internacionales de América

    En una reciente entrevista el Secretario de Estados de Estados Unidos Rex Tillerson advirtió que Rusia y China están asumiendo una relación traumática en América Latina y urgió a los poderes regionales a trabajar con Estados Unidos. En los momentos que estamos viviendo esa advertencia es absolutamente errónea, y más aun con la política a seguir de M. Trump respecto al comercio internacional.

    Creo que es importante reconocer que la Rusia de Stalin ha sido superada con el advenimiento de Putin, y la China de Mao Tse Tung fue superada notablemente con el advenimiento de Deng Xiaoping, y en esa dirección con algunas variaciones continúa Xi Jimping. Voy a insistir entonces en un tema trascendente que parece ser ignorado por Mr Tillerson. Por ello insiste en considerar que Rusia y China como poderes imperiales que hacen beneficios solo a su propio pueblo. Recuerde Mr. Tillerson, “América First”.

    Esa observación igualmente ignora que las relaciones económicas son la antítesis de la guerra, pues son determinadas por un interés común. Fue en reconocimiento de esa realidad que Estados Unidos al final de la segunda Guerra Mundial envió a Europa el Plan Marshall, con el objeto de recatar las economías europeas especialmente Alemania. Y lo mismo hizo para rescatar la economía japonesa.

    Igualmente la inversión extranjera beneficia al que invierte y al país donde se invierte. Respecto a la negativa de Mr. Tillerson de reconocer esa realidad, nos encontramos que pareciera que concuerda con Lenin que en su Imperialismo, Etapa Superior del Capitalismo escribió: “En tanto el capitalismo reconozca lo que es, el excedente del capital será utilizado no con el propósito de elevar el nivel de vida de las masas en un país dado, porque esto significaría una declinación de las ganancias de los capitalistas, sino con el propósito de aumentar las ganancias exportando capital a los países retrasados”.

    Insistiendo con la guerra voy a repetir el pensamiento de Alberdi cuando escribió: “Las guerras serán más raras en la medida que sus efectos se hagan sentir entre los que las declaran y las incitan”. Como ya he reconocido en anteriores oportunidades, eso fue lo que ocurrió con la invención de las armas nucleares, que como bien reconociera Juan Pablo II: «No son bélicas son disuasorias”. Y recientemente Putin dijo: «Una guerra con Estados Unidos es lo último que quiero hacer”.

    SOCHI, RUSSIA – AUGUST 30: Russian President, Vladimir Putin (R) and Rex Tillerson (L), Chairman and CEO of Exxon Mobil during a signing ceremony for an arctic oil exploration deal between Exxon Mobil and Rosneft on August, 30, 2011 in Sochi, Russia. (Photo by Sasha Mordovets/Getty Images)

    Pero sigue Tillerson diciendo que «el sistema de desarrollo de la China es un recuerdo del pasado”. Ese juicio es igualmente empíricamente equívoco. Fue solo hace unos doscientos años que se desarrolló el sistema que cambió la historia del mundo. Y créase o no es el sistema que China ha estado implementando, si se quiere desde el poder absoluto. Recordemos que en Estados Unidos los Founding Fathers criticaron ética y políticamente la democracia y hasta 1918 no votaban las mujeres, ni los negros ni nadie que no tuviera un determinado nivel de ingreso.

    Si la China no hubiese aceptado los principios económicos de ese sistema no estaría recibiendo un 40% de la inversión extranjera. Y por consiguiente no habría estado creciendo a las tasas que ha crecido y convertido en la segunda economía mundial. En tanto que la Unión Europea en función del socialismo democrático no crece. Proceso que había sido previsto por Eduard Bernstein en discusión con Lenin y reconoció que el socialismo se podía sin revolución y democráticamente.

    Siguiendo con el pensamiento de Mr. Tillerson, dijo: “La práctica del comercio injusto determina el costo de trabajos locales”. Esa es otra observación falaz y que aparentemente forma parte del pensamiento de Mr. Trump. Él ha ignorado que el problema pendiente han sido las políticas latinas de sobrevaluación monetaria. Y en Argentina lo hemos vivido repetidas veces y lamentablemente lo estamos viviendo. El problema de Rusia lo plantea en otros términos y vuelve sobre la problemática de la guerra y así sostiene que Rusia le vende armas a gobiernos que no respetan principios democráticos. Ese no es un problema pendiente hoy en América Latina sino que se presenta en el sudeste asiático y el mundo musulmán. Particularmente el caso de Siria. Por supuesto entre países que no tienen armas nucleares.

    Otro pensamiento con el que si concuerdo es el referido al gobierno de Maduro en Venezuela, que considera un régimen corrupto y hostil. Mi única diferencia al respecto es que al tiempo que se critica a Venezuela, se ignoran los crímenes de los Castro y la pendiente falta de libertad en Cuba. O sea, se pacta con Raúl Castro, que es la expresión dada de un régimen totalitario. Y esa ignorancia no se limita a Tillerson sino que se extiende por Europa y América Latina.

    Asimismo coincido con  el criterio de Tillerson respecto al embargo de Estados Unidos a Cuba. Esa decisión no ha tenido otro efecto que justificar al régimen castrista frente al supuesto imperialismo americano. Por tanto se ignora que el hambre en Cuba no se debió al embargo, que la izquierda denomina erróneamente bloqueo. El hambre se debió al sistema comunista instaurado que comenzó por eliminar la propiedad privada en Cuba.

    Las presiones económicas no cambian la historia de los regímenes totalitarios. Tan solo pesan sobre los pueblos que las padecen. El embargo y el acuerdo de Kennedy con Krouchew de entregar a Cuba a la órbita soviética lo considero el pecado capital de la política internacional americana. Política que continuara con el acuerdo de Obama con Raúl Castro.

    Voy a insistir entonces en otro aspecto en el que comparto el criterio del presidente argentino Macri. Las relaciones con Estados Unidos no son una alternativa a Rusia y China sino que son complementarias. Por esa razón en su reciente visita a la Argentina en su reunión con Macri se llegó a un acuerdo con Estados Unidos. Pero valorando al respecto las inversiones chinas en Argentina no pueden menos que ser beneficiosas. No puede olvidarse que la China tiene el mayor superávit comercial con la Argentina.

    Para terminar me voy a referir al problema de la droga, y me voy a permitir un planteo inusitado. Ya debiéramos saber que el 80% de toda la droga que se consume en el mundo, se consume en Estados Unidos. Y Estados Unidos tiene una experiencia que debiera constituir una enseñanza. La venta de alcohol estaba prohibida constitucionalmente en Estados Unidos hasta que se percataron de la inconsecuencia de esa decisión y la derogaron constitucionalmente. Desde mi punto de vista el consumo de droga es un error personal, pero evidentemente su prohibición no lo impide y por el contrario se crea el negocio más rentable y más criminal de la historia.

  • Cultura, Civilización y Riqueza

    «Culturas hay muchas, civilización hay una sola. Donde se respetan los derechos individuales.»
    François Revel
    «Hasta tal punto son más fuertes los vicios del sistema, que la virtud de los hombres que lo practican.»
    Alexis de Tocqueville

    Voy a volver sobre un tema que me preocupa y que parece permanente. Me refiero a la confusión presente que existe respecto la determinación de los factores que determinan la pobreza, la riqueza y la libertad. Esa confusión a mi juicio reside en la pretensión de que la libertad y la riqueza dependen de la cultura y de la moral. Nada más falaz en la historia de esas premisas, a partir de las cuales se deriva la práctica imposibilidad de alcanzar la riqueza y la libertad en los países subdesarrollados.

    De acuerdo al Diccionario de la Lengua Española la definición de cultura es la siguiente: Cultura: “1) Cultivo; 2) Culto, homenaje reverente que se tributa a Dios y 3) Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afirmarse por medio del ejercicio las facltades intelectuales del hombre”. Y The American Heritage Dictionary of the English Language: Cultura: “El cultivo del suelo…Crianza de animales, o crecimiento de plantas; Formación social e intelectual; Creencia en las instituciones; Actividad intelectual y artística; La totalidad de patrones de comportamiento trsmitidos socialmente”.

    Creo que ante estas definiciones nos encontramos en un mundo incierto en el que se ignoran los factores que determinaron la libertad y la riqueza en el mundo por primera vez en la historia hace tan poco como unos doscientos años. Y al respecto vale tomar en cuenta el reciente libro de William Bernstein: «The Birth of Plenty», en el cual señala que hasta el 1800 el mundo vivía como vivía Jesucristo.

    El primer país que comenzó el proceso de libertad y de creación de riqueza fue Inglaterra. País en el cual en la época de los Tudor y años después era uno de los países más pobres de Europa. Y como dice David Hume en su Historia de Inglaterra: “Los ingleses en aquella época estaban tan totalmente sometidos, que como los esclavos del Este, ellos estaban inclinados a admirar aquellos actos de violencia y tiranía que eran ejercidos sobre ellos mismos y a sus propias expensas” Y sigue al respecto: “Tal estado de la nación estaba muy poco avanzado más alla del estado de naturaleza. La violencia prevalecía. La pretendida libertad del tiempo era solo la incapacidad para someterse al gobierno”.

    Ante esa realidad prevaleciente era difícil prever un primer encuentro con la civilización, y tal fue lo que comenzó en Inglaterra con la Glorious Revolution de 1688, bajo la dirección fundamental de las ideas de John Locke, quien hasta ese entonces no podía vivir en Inglaterra pues se había declarado a favor de la libertad, la necesidad de limitación del poder político, y el respeto por los derechos de propiedad. Fue en Inglaterra donde se produjo inicialmente la llamada revolución industrial a la cual Weber consideró el resultado del protestantismo. Y entonces queda la pregunta: ¿Por qué no fue en Alemania, la tierra de Lutero donde se produjo el desenlace de la libertad?

    Desde otro punto de vista debemos recordar que el Anglicanismo es catolicismo con el Papa, el monarca de Inglaterra. Por ello en Inglaterra no había libertad religiosa que ha sido un principio fundamental de la libertad en el mundo y que está predicho en el cristianismo: Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. Existía The Court of The High Commission, que cumplía las funciones de la Inquisición. Y así lo reconoció Locke cuando dijo en su Carta Sobre La Tolerancia: “¿Quien puede ir al cielo con una religión en la que no cree? Y Adam Smith escribió: Habra libertad religiosa donde haya multiplicidad de sectas”.

    Fue precisamente en razón de que no había libertad en Inglaterra que los pilgrims emigraron a Estados Unidos. Y eran multiplicidad de sectas. Pero igualmente cuando llegaron pusieron la propiedad en común y consiguientemente se morían de hambre. Fue entonces en Estados Unidos donde se llevó a cabo el desarrollo de la libertad y consiguientemente de la creación de riqueza, a través del sistema creado por los Founding Fathers, The Rule of law. Pero igualmente al respecto debemos tener en cuenta la dificultad que tuvieron para lograrlo, tal como lo describe Catherine Drinker Bowen en su The Miracle of Philadelphia. Por ello John Adams Dijo: “Le tengo más miedo a las posibilidades de gobernarnos a nosotros mismos, que a todas las flotas extranjeras del Mundo”.

    Y ese sistema se basó fundamentalmente en el reconocimiento de la naturaleza humana, tal como lo había previsto David Hume cuando escribió: “Es imposible corregir algo material en nuestra naturaleza. Lo más que podemos hacer es cambiar nuestras circunstancias y situación”. Y siguiendo esa sabiduría James Madison escribió en El Federalista: “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno. Si los ángeles fueran a gobernar a los hombres, no serian necesarios ni internos ni externos controles sobre los gobienos. Al formar un gobierno que va a ser administrado por hombres sobre hombres la gran dificultad yace en esto: Se debe primero capacitar al gobierno para controlar a los gobernados; y en segundo lugar obligarlo a controlarse a si mismo”. Estos principios fueron aplicados en la Constitución de 1787 y se desarrolló el sistema que le permitió a Estados Unidos en cien años ser la primera economía mundial.

    Estos principios pues no partieron de la cultura anglosajona y por tanto son aplicables al mundo entero. Fue así que a partir de la Constiución de 1853-60 que la Argentina se convirtió en el segundo país del mundo en aplicar el sistema que permitió la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia. Por ello dio un salto cuántico y pasó a ser de uno de los países más pobres del continente a la sexta economía mundial a principiosos del siglo XX.

    Lo expuesto anteriormente es la prueba contundente que no ha sido la cultura la determinante de la libertad sino la aceptación de los principios que la determinan.  Al respecto recordemos dos principios de Alberdi hoy presente: “Hasta aquí el peor enemigo de la riqueza del país es la riqueza del fisco. La propiedad, la vida, el honor son bienes nominales cuando la justicia es mala”.  Es decir , no la cultura sino la civilización.

  • Occidente en el Siglo XXI

    Voy a insistir en un tema que me parece de la mayor trascendencia ante la realidad que vive hoy el llamado mundo occidental y cristiano, y como antes he considerado es el origen de la confusión reinante. Cada día me convenzo más de que en el mundo hoy se sigue ignorando que hasta hace unos doscientos años se vivía como vivía Jesucristo, tal como muy bien lo expone William Bernstein en su “The Birth of Plenty” (El Nacimiento de la Abundancia).

    Entonces la pregunta pendiente es ¿cuáles fueron los factores que determinaron la libertad y la abundancia en el mundo en que vivimos? Y al respecto me refiero a la sabiduría de Alexis de Tocqueville cuando dijo: “Las tierras producen menos en razón de su fertilidad, que de la libertad de sus habitantes”. Y volviendo al mundo occidental y cristiano no puedo menos que recordar la cita de Montesquieu en sus Cartas Persas: “Los musulmanes decían que los cristianos eran los que más se mataban entre ellos”. Francia e Inglaterra tuvieron una guerra de los Cien Años -1337/1453- y después llego la Guerra de los Treinta Años -1618/1648-, en la que murió la mitad de la población de Europa.

    Así llegamos al siglo XX con las dos guerras mundiales entre cristianos con Japón incluido. En la segunda guerra mundial murieron unos 50 millones de cristianos occidentales. Por ello Jean François Revel en su “La Obsesión Antiamericana” escribió: “Son los europeos, que yo sepa, quienes hicieron del siglo XX el más negro de la historia en las esferas política y moral se entiende. Ellos provocaron los dos cataclismos de una amplitud sin precedentes que fueron las dos guerras mundiales; ellos fueron los que inventaron y realizaron los dos regímenes más criminales jamás infligidos a la especie humana”. Y si no hubiese sido por los norteamericanos el mundo cristiano occidental habría sido nazi y comunista.

    En ese sentido es necesario rescatar el hecho indubitable de la diferencia entre las filosofías políticas de Europa Continental y la Angloamericana, que como bien dice Ayn Rand son tan diferentes como el día y la noche. No cabe la menor duda de que de la filosofía política angloamericana surgió la libertad en el mundo y de la europea continental el totalitarismo, que como ya he dicho es la racionalización del despotismo.

    Puedo decir que la libertad comenzó en Inglaterra con la denominada Glorious Revolution de 1688, la cual que yo sepa no se le ha enseñado a nadie, en tanto que por el contrario se ha extendido la falacia de que fue la Revolución Francesa el origen de la libertad, cuando en la realidad fue el origen del totalitarismo, Diosa Razón y Robespierre mediante. Al respecto Peter Drucker escribió: “Tan difundida y tan falaz como la creencia de que fue la Ilustración el origen de la libertad del siglo XIX, es la creencia de que la Revolución Norteamericana se basó en los mismos principios que la Revolución Francesa, y que fue su precursora”.

    Estoy haciendo estas referencias históricas, pues como dijera David Hume la historia es un aprendizaje. Y cuando digo que en Inglaterra comenzó la libertad, hay que reconocer que con anterioridad a la Glorious Revolution no había libertad durante todo el período de los Tudor y de Cromwell. Por ello David Hume también reconoció: “Los ingleses en aquella era estaban tan completamente sometidos que, como los esclavos del Este, estaban inclinados a admirar aquellos actos de violencia y tiranía que se ejercían sobre ellos y a sus propias expensas”. Es debido a esa realidad que existen hoy los Estados Unidos, pues si hubiera habido libertad en Inglaterra los pilgrims no habrían cruzado el Atlántico.

    Es importante reconocer el origen y las ideas que generaron la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia. Fueron las ideas de John Locke las predecesoras de la libertad en el mundo, que partiendo del reconocimiento de la naturaleza humana advirtió la necesidad de limitar las prerrogativas del rey porque los monarcas también eran hombres. Igualmente propuso la necesidad y conveniencia del reconocimiento de los derechos de propiedad.

    John Locke. Dominio público

    Y me voy a referir a un derecho que consideró el principio fundamental de la libertad, que es el derecho a la búsqueda de la propia felicidad. Ese derecho implica el reconocimiento de que los intereses privados no son contrarios al interés general, en la medida que no violen la ley y no perjudiquen directamente a otros ciudadanos. Y al respecto también reconoció que “lo que importa no es la ley sino qué ley”. Y Schumpeter lo reconoció cuando dijo: “No es lo mismo una ley que regula el tránsito, que una que dice a donde tenemos que ir”.

    La evolución señera de esos principios fueron llevadas a cabo en los Estados Unidos con la aprobación de la Constitución de 1787 y el Bill of Rights de 1791. Al respecto debo insistir que ese proceso no fue el resultado de la cultura. Tal como explica Cathering Drinker Bowen en su “The Miracle of Philadelphia”, lograr la aprobación de la Constitución fue un proceso de gran dificultad, debido al enfrentamiento entre los distintos estados. Al respecto Alexander Hamilton escribió en The Federalist Papers: “Nosotros podemos decir con propiedad que hemos alcanzado casi la última etapa de la humillación nacional. Hay escasamente algo que pueda herir el orgullo, o pueda degradar el carácter de una nación independiente que nosotros no experimentemos”.

    Insisto una vez más en la teoría de que el sistema ético político no depende de la cultura, sino que por el contrario, la cultura como expresión del pensamiento y comportamiento de los ciudadanos depende del sistema. Si admitimos que es la cultura la determinante del sistema estamos aceptando a priori la imposibilidad de instaurar el sistema ético, político y jurídico que cambió la historia del mundo. Y la República Argentina de 1853 ha sido un mentís rotundo a esa hipótesis, pues fue hecha por gallegos y católicos. No por anglosajones ni protestantes.

    Como bien dice Ira Glasser: “Los primeros americanos de hecho inventaron una nueva forma de gobierno. Pero hicieron algo más que eso. Ellos declararon un nuevo propósito del gobierno. Ese propósito nuevo fue la protección de los derechos individuales. Ningún gobierno antes había sido creado con ese propósito”. Esa realidad implica la necesidad de reconocer que el sistema del Rule of Law no es la democracia. Esa es otra de las confusiones presentes en el siglo XXI en el que la izquierda se ha apropiado de la ética en función de la falacia de la igualdad, donde mediante el socialismo alcanza el poder político democráticamente, tal como lo había previsto Edward Bernstein en su “Las Precondiciones del Socialismo”.

    President James Madison. image from Yahoo News
    President James Madison. image from Yahoo News

    El principio fundamental del Rule of Law está reconocido por James Madison, quien advertido por Jefferson de que “un despotismo electivo no es el gobierno por el que luchamos”, escribió en la Carta 51 de The Federalist Papers: “Pero qué es el gobierno en sí mismo sino la mayor reflexión sobre la naturaleza humana. Si los hombres fuesen ángeles no sería necesario el gobierno. Si los ángeles fuesen a gobernar a los hombres, ningún control externo o interno sería necesario. Al organizar un gobierno que va a ser administrado por hombres sobre hombres la gran dificultad yace en lo siguiente: primero Ud. debe capacitar al gobierno para gobernar a los gobernados; y en segundo lugar a controlarse a sí mismo. La dependencia en el pueblo es sin duda el primer control al gobierno, pero la experiencia le ha enseñado a la humanidad la necesidad de precauciones auxiliares”.

    Perdón por la longitud de la cita, pero considero que en ella se encuentra la enseñanza de la necesidad de la limitación del poder, la comprensión de la naturaleza humana y el principio de la mano invisible de Adam Smith. Y precisamente tomando en cuenta la necesidad del control al gobierno a sí mismo se estableció mediante el Juez John Marshall en la decisión del caso Marbury vs Madison en 1793 el sistema reconocido como la revisión judicial. Y al Respecto dijo Marshall: “Todo gobierno que ha formado una constitución la considera la ley fundamental. Por tanto toda ley contraria a la constitución es nula. Es el deber y la función del poder Judicial el decir qué es la ley”.

    Hoy, en nombre de la falacia de la igualdad, la izquierda se ha apoderado de la Unión Europea social-democracia mediante y así como de parte de América Latina. El proceso entraña el aumento del gasto público que implica la violación del derecho de propiedad y por consecuencia del derecho a la búsqueda de la propia felicidad. A los hechos me remito: en la década del 2007 al 2016 el gasto público se elevó en la Unión Europea. Francia pasó al 54% del PBI, Italia 50%, Inglaterra 46%, Alemania 45% y España 43,3%. La consecuencia ha sido que esos países o no crecen o como es el caso de Grecia e Italia sus economías han caído profundamente.

    El caso de Estados Unidos parece hoy impredecible con el gobierno de Trump, pero pareciera que en un aspecto importante de la política ha dado marcha atrás y ha llegado a un acuerdo con Xi Jimping. Y para finalizar al respecto permítanme recordar a Alberdi: “Hasta aquí el mayor enemigo de la riqueza del país es la riqueza del fisco”.