Categoría: Consulting

  • Morir con Bitcoin: ¿Cómo dejar tu herencia cripto?

    La revolución del dinero descentralizado trajo consigo un nuevo paradigma de soberanía financiera, pero también una pregunta inquietante: ¿qué pasa con mis Bitcoins si muero? Morir con Bitcoin sin planificación deja a los herederos sin esa herencia.

    A diferencia de las cuentas bancarias tradicionales, donde los herederos pueden acudir con documentos y certificados de defunción, en el mundo cripto sin las claves privadas, no hay acceso posible. Punto.

    ¿Por qué morir con Bitcoin puede ser un problema?

    Bitcoin empodera al individuo como nunca antes: nadie puede congelar tu cuenta, ni el banco ni el gobierno. Pero esa misma independencia se vuelve peligrosa si no se contempla una estrategia de sucesión.

    Si el titular muere sin dejar instrucciones claras y seguras, sus fondos quedan bloqueados para siempre en la cadena de bloques, inaccesibles incluso para sus seres más cercanos.

    Esto ya ha ocurrido. El caso de QuadrigaCX, cuyo fundador murió súbitamente llevándose las claves a la tumba, dejó más de 200 millones de dólares congelados. Y sucede también en hogares donde un padre o una pareja mueren sin haber compartido cómo acceder a sus activos digitales.

    ¿Cómo evitar que tus Bitcoins mueran contigo?

    Aquí una guía práctica para titulares de Bitcoin que deseen que sus fondos no desaparezcan con ellos:

    1. Haz un inventario digital

    Registra cuántos BTC posees, en qué wallets están y qué tipo de almacenamiento usas (hot wallet, cold wallet, hardware wallet). Este registro debe mantenerse actualizado.

    2. Designa un heredero cripto consciente

    No basta con nombrar un heredero en tu testamento. Debe entender cómo funcionan las criptomonedas. Instrucciones ambiguas como “hay una clave en una caja” no sirven si la persona no sabe qué hacer con ella.

    3. Protege y documenta tus claves privadas

    Las claves privadas o las frases semilla deben resguardarse de forma segura pero accesible tras el fallecimiento. Algunas estrategias:

    • Almacenarlas en una caja fuerte con acceso condicionado.
    • Dividir la semilla (Shamir’s Secret Sharing) y darlas a personas distintas.
    • Usar servicios como Casa o Nunchuk Inheritance.

    4. Deja un plan en tu testamento

    Redacta un documento legal que incluya:

    • Qué activos cripto existen.
    • Quiénes son los beneficiarios.
    • Dónde y cómo están almacenadas las claves.
    • Instrucciones claras para acceder o transferir los fondos.

    5. Revisa tu plan cada uno o dos años

    Relaciones, montos y tecnologías cambian. Un plan de herencia digital debe mantenerse actualizado.

    ¿Y si alguien muere y crees que tenía Bitcoin?

    Si eres heredero y crees que alguien fallecido tenía activos digitales:

    • Revisa sus dispositivos: móviles, laptops, wallets físicos o papeles.
    • Busca correos, notas, indicios de exchanges o wallets.
    • No uses las claves hasta tener asesoría legal/técnica.
    • Consulta con un abogado familiarizado con activos digitales.

    Bitcoin no olvida, pero tampoco perdona

    Bitcoin no distingue entre vivos y muertos. Solo responde a claves válidas. Si no las has compartido de forma inteligente, tus ahorros podrían desaparecer como si nunca hubieran existido.

    La autonomía exige previsión. Dejar Bitcoin a tus seres queridos no es tan sencillo como escribir un nombre en un testamento. Es una responsabilidad técnica, emocional y ética.

    Si creíste que con Bitcoin eras tu propio banco, recuerda: también eres tu propio albacea.

    ¿Ya pensaste cómo proteger tu legado cripto? Comparte este artículo con quien debería leerlo antes de que sea tarde.

  • ¿Cómo se evalúa la parte oral de un examen oficial de inglés? Claves para entender la competencia pragmática

    Imaginemos la siguiente situación: dos amigas se han preparado juntas el examen C1 de inglés y, tras realizar todas las pruebas, lo comentan entre ellas. Sara dice que el “listening” le ha salido fenomenal y Carmen que la prueba escrita le resultó más fácil de lo que esperaba. Con respecto a la parte oral del examen, ninguna de las dos está muy segura de cómo les ha ido: “He hablado un rato largo sobre las imágenes y he contestado bien a las preguntas del examinador… pero ¿quién sabe?”.¿Qué busca esta prueba oral de los exámenes oficiales? Su objetivo es evaluar la producción oral (y en algunos casos, la interacción) de los candidatos, incluyendo la capacidad de usar la lengua de manera efectiva para la comunicación. Esto es lo que se conoce como competencia “pragmática”. La pragmática es la parte de la lengua que analiza cómo el contexto afecta al significado e interpreta lo que decimos.

    Chiste sobre las competencias pragmáticas.
    Elaboración propia.

    ¿Cómo podemos demostrar en una prueba oral nuestra capacidad de comunicarnos de manera efectiva, teniendo en cuenta el contexto, los interlocutores y las reglas específicas de la lengua? Se trata de adaptar el lenguaje a diferentes contextos y registros, desarrollar ideas de forma coherente y cohesionada (por ejemplo, con conectores o siguiendo una estructura lógica en el discurso), intervenir en una conversación y expresar opiniones con fluidez y espontaneidad.

    ¿Qué se busca en el examen?

    La competencia pragmática es una de las competencias comunicativas que contempla el Marco Común Europeo de Referencia, estándar internacional para el aprendizaje, la enseñanza y la evaluación de lenguas. Por tanto, debe formar parte de los exámenes de acreditación lingüística que certifican niveles de inglés del A1 al C2, ¿pero pueden evaluarse de manera objetiva?

    En un reciente estudio, hemos analizado cómo perciben la competencia pragmática 60 examinadores de dos exámenes de acreditación muy populares en la actualidad: Cambridge Advanced English y Aptis ESOL Advanced. El objetivo era conocer qué destrezas pragmáticas y en qué medida se tienen en cuenta en las pruebas orales de nivel C1.

    Los resultados indican que lo más valorado en el nivel C1 es la capacidad de producir y desarrollar ideas claras, siguiendo una estructura lógica. Los examinadores están de acuerdo en que un buen manejo del discurso, teniendo en cuenta la claridad y relevancia de las ideas, es esencial a este nivel.

    Por ejemplo, un examinador comentó que a veces los candidatos responden brevemente dando vueltas sobre la misma idea. En otras ocasiones, se van por las ramas porque no han entendido el tema. Otras veces, se centran en la tarea y se explayan de forma razonable, con control y estructura. Éstos últimos son los que demuestran una buena competencia pragmática.

    Estructuras gramaticales y entonación

    Es muy importante emplear distintas estructuras gramaticales de manera flexible. Por ejemplo: imaginemos que nos preguntan sobre lo que hemos hecho la noche anterior. Una posible respuesta sería: “By the time I arrived home, my husband had cooked dinner. If I had known, I would not have already eaten a sandwich at work”. En esta respuesta, el uso flexible de los tiempos pasados y del tercer condicional contribuye a la organización lógica de las ideas.

    El uso de verbos modales, como “You might be right”, o expresiones similares a “I see your point, but…” o “I guess that…” podrían ser de gran ayuda para expresar opiniones de manera educada. Es importante recordar que la entonación es clave para que se interprete de manera correcta nuestra intención. Por tanto, debemos acompañar estas expresiones de una entonación ligeramente ascendente al final para que se perciba como una sugerencia respetuosa y no una oposición tajante.

    Autocorregirse sobre la marcha: buena idea

    Si cometemos algún error durante el examen, don’t panic! Si nos autocorregimos o parafraseamos rápidamente y con naturalidad, especialmente si añadimos una frase como “What I really mean is…” o “Let me explain…”, suele valorarse positivamente.

    Conectores sin sentido: mala idea

    Sin embargo, el uso de conectores como “moreover”, “furthermore” o “nevertheless”, que muchos usan en el examen oral para causar una buena impresión, rara vez tiene el efecto deseado. Esto se debe a que a menudo se nota que son memorizados y se suelen meter con calzador en un contexto en el que no tienen mucho sentido.

    Para demostrar la capacidad de relacionar ideas, podemos dar ejemplos y razones para apoyar argumentos. El uso de sinónimos y expresiones que ayuden a seguir el argumento, comprender la relación entre las ideas y anticipar lo que vendrá a continuación, como “As you mentioned earlier…”, también son buenos recursos.

    ‘Good question’: demasiado obvio

    Ocurre algo parecido con frases, como “that’s a good question, let me think…”, que los candidatos suelen usar para tomar el turno de palabra o ganar tiempo para pensar. Aunque pueden ser útiles, no sirven como reflejo fiel de la competencia interactiva por ser demasiado mecánicas.

    Para demostrar esta capacidad de interactuar con otra persona en un examen por parejas, podemos hacer preguntas al compañero (“What do you mean by…?” o “Would you agree that…?”), interrumpiendo solo cuando sea necesario y demostrando escucha activa mediante lenguaje no verbal y contacto visual.

    Factores paralingüísticos

    No obstante, los examinadores reconocieron que evaluar aspectos pragmáticos era todo un reto. Frecuentemente, prestaban atención a “un habla natural”, lo que podría hace referencia al modelo de hablante nativo. Un estándar que resulta obsoleto en el mundo actual donde el inglés funciona, en la mayoría de los casos, como lengua franca o vehicular entre hablantes no nativos.

    Además, varios examinadores reconocieron que a menudo pueden verse influenciados por aspectos personales de los candidatos, como la inteligencia, madurez, confianza y cultura. Estos resultados alertan sobre cierta subjetividad que puede estar presente en la evaluación.

    Más allá de “saber inglés”

    En resumen, tener un nivel C1 no es solo acumular conocimientos de gramática y vocabulario, sino saber usar la lengua con intención. La competencia pragmática es compleja de determinar porque depende del contexto, pero es crucial para comunicarnos de forma efectiva. Por ello, debemos seguir investigando qué papel juega en los exámenes de acreditación lingüística para poder enseñarla y evaluarla de manera justa, objetiva y eficaz.The Conversation

    Cristina Heras Ramírez, Doctora en Lingüística , Universidad de Cádiz

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Liderar sin fronteras: cuando la distancia se convierte en estrategia

    “Acepté el puesto porque podía trabajar desde casa”, confesaba Mike Regnier, CEO del Banco Santander en Reino Unido, en una entrevista publicada en mayo de 2024. Su oficina no está en la sede central del banco, ni siquiera en el mismo país. Y no es una excepción: cada vez más multinacionales españolas apuestan por equipos directivos cuyos miembros están repartidos por distintos continentes.

    ¿Puede una empresa tomar decisiones acertadas cuando su equipo de liderazgo está separado por miles de kilómetros? Esta es la pregunta que guía la investigación que estamos desarrollando en la Universitat de València. Y la respuesta, lejos de ser un simple “sí”, revela una transformación profunda en la forma de dirigir empresas globales.

    Del despacho a la red: una nueva arquitectura del poder

    Durante décadas, el liderazgo corporativo ha estado ligado a la toma de decisiones centralizada, largas jornadas en oficinas ejecutivas y una presencia constante en la sede de la empresa. Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente. Las organizaciones hoy en día operan en un entorno de creciente complejidad, marcado por una nueva era geopolítica, por la globalización, la transformación digital y nuevas expectativas por parte de los empleados.

    Cuando hablamos de dispersión geográfica del equipo directivo no nos referimos simplemente al teletrabajo ocasional ni a reuniones por Zoom o por Teams. Hablamos de estructuras permanentes en las que los miembros de la alta dirección, quienes definen la estrategia y toman las decisiones clave, están físicamente ubicados en distintas ciudades, regiones o países. No es que viajen mucho: es que sus despachos están lejos unos de otros.

    Esta configuración organizativa es cada vez más frecuente en empresas que tienen múltiples filiales y realizan operaciones en diversos mercados. Tener líderes repartidos geográficamente les permite ganar sensibilidad cultural, tener información de primera mano sobre los mercados y poseer una mayor agilidad para tomar decisiones enmarcadas en el contexto adecuado. En lugar de centralizar el poder en una única sede, lo distribuyen estratégicamente a través de una red global interconectada. Aunque puede parecer una desventaja, la dispersión geográfica puede convertirse en una ventaja estratégica.

    Más innovación, más diversidad: lo que revela la investigación

    Para entender mejor esta tendencia, hemos llevado a cabo un estudio empírico que analiza la ubicación de los miembros del equipo de la alta dirección de las multinacionales españolas más grandes. La investigación reveló que más del 50 % de estas empresas ya cuentan con equipos directivos geográficamente dispersos, lo que indica que no se trata de algo excepcional, sino de una práctica cada vez más extendida entre las organizaciones más internacionalizadas.

    Pero lo más interesante no es cuántas lo hacen, sino qué tienen en común estas empresas:

    • Destacan por su fuerte orientación a la innovación, registran un mayor número de patentes y apuestan por la investigación y el desarrollo.
    • Tienen una mayor presencia internacional, operan en más países y gestionan más filiales.
    • Cuentan con equipos de alta dirección más diversos en términos de nacionalidades, y están compuestos por un mayor número de miembros.

    Todo esto sugiere que la dispersión es más que la consecuencia de operar en muchos mercados: es una estrategia deliberada para gestionar la complejidad y generar valor desde múltiples puntos del mapa mundial.

    Desde esta perspectiva, la distancia física puede favorecer que se tomen decisiones más contextualizadas, con mayor capacidad de adaptación y con una visión global que no se consigue solo desde la casa matriz.

    La paradoja de la distancia: más lejos, más cerca

    Dispersar el equipo directivo no solo implica superar las barreras logísticas de coordinar zonas horarias distintas. Supone un cambio más profundo: replantearse cómo se toman las decisiones, cómo se construye la confianza y qué significa liderar cuando las decisiones clave ya no se toman exclusivamente desde la sede central. Es lógico pensar que las organizaciones con equipos de alta dirección dispersos tienden a operar con estructuras más horizontales, fomentando una comunicación más constante y promoviendo una cultura más abierta a la colaboración.

    Este modelo transforma la idea tradicional de control. La autoridad ya no se concentra en un único lugar, sino que se reparte geográficamente, multiplicando así los puntos de observación. Más allá de perder cohesión, muchas multinacionales encuentran en esta arquitectura distribuida una ventaja para adaptarse con rapidez y sensibilidad a contextos diversos.

    ¿Qué va primero: la expansión o la dispersión?

    Queda una cuestión clave por resolver: ¿las empresas dispersan su liderazgo porque ya tienen una huella internacional consolidada, o lo hacen precisamente para construirla?

    Es el clásico dilema del huevo o la gallina. Es decir, ¿estamos ante una consecuencia natural de la expansión global o ante una estrategia para impulsarla?
    La realidad apunta a una relación circular. Cuanto más se dispersa el equipo directivo, más capacidad tiene la empresa para adaptarse a mercados diversos y expandirse con agilidad. Y, a medida que crece, más sentido cobra continuar dispersando el liderazgo. Entender bien ese vínculo y saber cuándo dar el primer paso puede marcar la diferencia entre liderar la transformación o quedarse anclado en modelos del pasado.

    La dispersión geográfica del equipo directivo no es una moda ni una consecuencia inevitable de la globalización. Es una decisión estratégica que redefine el centro de gravedad de las organizaciones. Y, como muestra mi investigación, puede ser una poderosa palanca para innovar, crecer y liderar sin fronteras.


    Artículo ganador del I Premio de Comunicación Científica de la Universitat de València en la modalidad de Ciencias Sociales. The Conversation


    Isabel Gausi Carot, Adjunct professor, Universitat de València

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • La Singularidad Suave: ¿y si el futuro no es una distopía?

    Durante décadas, la idea de una “singularidad tecnológica” ha despertado tanto fascinación como temor. El concepto, en pocas palabras, describe un momento en el que la inteligencia artificial (IA) supere la capacidad intelectual humana, provocando cambios tan profundos que la vida como la conocemos será irreconocible. ¿Será ese momento un salto al paraíso o un abismo sin retorno? Sam Altman, CEO de OpenAI, plantea una posibilidad más esperanzadora y matizada en su ensayo The Gentle Singularity (“La singularidad suave”). En lugar de un quiebre caótico y hostil, imagina un futuro en el que la IA acelera el progreso humano sin despojarnos de lo que nos hace humanos.

    El cambio ya está en marcha

    Altman no habla del futuro lejano: habla del presente. La transformación impulsada por la IA ya comenzó, y aunque aún estamos en etapas tempranas, las repercusiones son visibles. Desde herramientas de productividad hasta sistemas de recomendación, la IA se infiltra en todos los aspectos de nuestra vida. Pero lo más importante es que todavía tenemos la oportunidad de guiar este proceso.

    La singularidad suave no es una utopía sin conflictos, sino un cambio de paradigma que puede resultar beneficioso si lo conducimos con cuidado. Esto implica reconocer que la inteligencia artificial no es un ente independiente, sino una creación humana que refleja nuestras decisiones, valores y prioridades.

    La IA como multiplicador humano

    Uno de los argumentos centrales de Altman es que la IA puede actuar como un “multiplicador de inteligencia humana”. Así como el microscopio amplió nuestra visión del mundo microscópico o Internet expandió el acceso al conocimiento, la IA tiene el potencial de aumentar nuestra creatividad, productividad y capacidad de resolver problemas complejos.

    La clave, según Altman, está en asegurarse de que el beneficio sea compartido. Para evitar que la IA se convierta en una herramienta de concentración de poder —ya sea en manos de gobiernos o corporaciones—, se necesita una gobernanza justa y transparente, acompañada de instituciones nuevas o adaptadas al desafío.

    Riesgos reales, decisiones urgentes

    Altman no ignora los riesgos. Advierte sobre la posibilidad de que la IA sea mal utilizada para el control social, la desinformación, la vigilancia masiva o la manipulación económica. También reconoce el impacto que tendrá sobre el trabajo humano y la estructura social.

    Pero lo más peligroso, afirma, no es la tecnología en sí, sino nuestra inacción o dirección equivocada. Si no tomamos decisiones deliberadas hoy —sobre transparencia, distribución de beneficios, derechos digitales y regulación responsable— podríamos terminar con un sistema que reemplace a los humanos en lugar de empoderarlos.

    Una oportunidad histórica

    “La singularidad suave” es más que una expresión elegante: es un llamado a la responsabilidad. Altman nos invita a imaginar una sociedad en la que la abundancia generada por la IA no sea privilegio de unos pocos, sino una base para el florecimiento humano generalizado.

    El desafío no es técnico, sino ético y político. Implica decidir qué queremos preservar de nuestra humanidad y cómo queremos evolucionar como especie. En este escenario, la IA no es el protagonista, sino el instrumento. Los verdaderos agentes del cambio somos nosotros.

    La singularidad no tiene por qué ser una explosión descontrolada ni una pesadilla distópica. Puede ser suave, humana y colaborativa. Pero solo si decidimos activamente construirla así.

    ¿Estamos preparados para liderar ese camino?

  • Worldcoin y el escaneo de iris: ¿progreso o distopía digital?

    El proyecto Worldcoin, ideado por Sam Altman —sí, el mismo que está al frente de OpenAI—, vuelve a poner sobre la mesa un debate que en el mundo cripto nunca deja de ser urgente: la privacidad de los datos. La idea, al menos en su versión oficial, suena tentadora. Crear una identidad digital global, respaldada por una criptomoneda, que pueda verificar si una persona es humana sin necesidad de revelar su información personal. Pero la realidad es mucho más compleja, y más inquietante.

    Worldcoin basa su promesa en un dispositivo que escanea el iris de las personas —el famoso “Orb”— para generar una identificación única. Una especie de pasaporte digital que permitiría moverse en el futuro mundo de las inteligencias artificiales sin perder la condición humana. La justificación es clara: cuando los bots lo dominen todo, necesitaremos probar que no lo somos. Pero la solución plantea más preguntas que respuestas.

    Lo primero que salta a la vista —o mejor dicho, al iris— es el uso de datos biométricos. En la comunidad cripto, acostumbrada a pelear por cada bit de soberanía digital, entregar un escaneo ocular a una organización privada, sin un marco legal sólido que regule su almacenamiento, uso o eliminación, suena a herejía. El problema se vuelve aún más preocupante cuando se expande en países como Estados Unidos, donde no existe una legislación federal que proteja expresamente los datos biométricos. Cada estado decide por su cuenta. Un cóctel perfecto para abusos.

    Mientras tanto, Worldcoin sigue ampliando sus “centros de verificación” en ciudades como Los Ángeles, Miami o San Francisco. Prometen recompensas en tokens a quienes entreguen su iris, pero no queda claro bajo qué condiciones. ¿Qué ocurre si más adelante esa información se filtra, se vende, o simplemente se usa para otro fin? Recordemos que los datos biométricos, a diferencia de una contraseña, no se pueden cambiar. Si alguien accede a tu clave privada, la revocas. Pero si alguien accede a tu escaneo de iris, ¿qué haces?

    Muchos usuarios, especialmente en países con economías inestables, se sienten atraídos por la promesa de recibir criptomonedas a cambio de su participación. Pero el desequilibrio de poder es evidente: entregar datos íntimos a cambio de una recompensa es un modelo que recuerda más a prácticas coloniales digitales que a una verdadera descentralización. ¿Dónde queda la autonomía? ¿Dónde queda el consentimiento libre e informado?

    Amnistía Internacional y otras organizaciones ya han expresado su alarma. Y no es para menos. En lugares como Kenia o Argentina, donde Worldcoin ha operado, las autoridades han comenzado a investigar sus prácticas. Algunos países, como España y Hong Kong, han optado directamente por bloquear el proyecto por no cumplir con sus leyes de protección de datos.

    Los defensores de Worldcoin dirán que el sistema es seguro, que no almacena imágenes del iris y que todo se convierte en datos cifrados irreversibles. Pero los tecnólogos y defensores de la privacidad saben que esas promesas, sin auditorías abiertas y sin código libre, son solo eso: promesas.

    En el ecosistema cripto, donde el mantra es “not your keys, not your coins”, esta iniciativa despierta serias contradicciones. ¿Queremos una identidad descentralizada? Sí. ¿Estamos dispuestos a entregar nuestros datos biométricos a una corporación global para obtenerla? Difícil de aceptar. La privacidad no es solo un lujo; es un derecho y, en el mundo de las criptomonedas, una línea roja que no se debería cruzar.

  • Guy Sorman y la inteligencia artificial: entre la libertad y la manipulación

    En su artículo titulado “Una respuesta liberal a la IA”, publicado en el periódico ABC el 12 de mayo de 2025, el economista y ensayista Guy Sorman ofrece una mirada crítica y ponderada sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en la sociedad contemporánea. Desde una perspectiva liberal clásica, Sorman analiza tanto los riesgos como las promesas de esta tecnología, al tiempo que llama a evitar tanto el rechazo alarmista como la aceptación ingenua.

    Uno de los ejemplos más llamativos que presenta Sorman es el del libro Hipnocracia, presuntamente escrito por un autor chino ficticio, Jianwei Xun. El texto, completamente generado por IA, logró burlar la vigilancia editorial y fue recibido por el público y la crítica como una obra auténtica. El caso no es anecdótico: es una muestra del poder que las inteligencias artificiales ya poseen para influir en la opinión pública, confundiendo la percepción entre lo real y lo artificial. Para Sorman, esto plantea un desafío fundamental para la democracia, basada precisamente en el acceso libre y confiable a la información.

    El autor sitúa la revolución de la IA en una línea histórica comparable a la Revolución Industrial. Así como la mecanización cambió la economía del siglo XIX, la automatización del pensamiento —o su simulación— está llamada a transformar la economía del siglo XXI. Las tensiones generadas por este cambio no son nuevas: como recuerda Sorman, los luditas destruyeron telares por miedo a perder su trabajo. Hoy, el temor se dirige al reemplazo de tareas cognitivas por algoritmos.

    Pero la analogía no termina allí. Así como la Revolución Industrial, pese a sus costos iniciales, derivó en mayores niveles de bienestar, la IA podría —si se orienta correctamente— liberar a las personas de tareas repetitivas y permitirles enfocarse en trabajos más creativos y significativos. Sorman señala ejemplos en el ámbito de la medicina, el derecho y la educación, donde la IA puede asistir, pero no suplantar, a los profesionales humanos. El problema aparece cuando la herramienta se convierte en un atajo para evitar el pensamiento, como ocurre con estudiantes que presentan trabajos elaborados por sistemas automáticos.

    El propio Sorman experimentó con una IA que generó una columna imitando sus ideas y estilo. Aunque el resultado fue técnicamente correcto, notó de inmediato la ausencia de ironía, matices y estilo personal. Esta vivencia refuerza su tesis de que la IA puede simular contenidos, pero no reemplazar el pensamiento crítico ni la subjetividad humana. Es en esos márgenes —la ambigüedad, la ironía, la creatividad— donde reside, para él, lo más valioso del pensamiento humano.

    Lejos de rechazar la inteligencia artificial, Sorman propone asumirla como parte de nuestra evolución tecnológica. Pero advierte: su adopción no puede desligarse de una ética que preserve la autonomía del individuo. La libertad, en la tradición liberal que él reivindica, no consiste solo en no ser coaccionado, sino también en actuar con discernimiento. Por eso, frente al entusiasmo ciego o el temor paralizante, sugiere una tercera vía: la de la vigilancia activa, la regulación prudente y el compromiso intelectual.

    A medida que la inteligencia artificial se integra más profundamente en nuestras vidas, la actitud que adoptemos frente a ella dirá más sobre nosotros que sobre la tecnología misma.

  • ¿Qué dice la filosofía sobre dar limosna?

    A veces, alguien nos pide una limosna. Y en ese instante, la duda aparece: ¿es realmente una ayuda o solo una manera de perpetuar el problema?

    En ocasiones nos encontramos con personas que nos piden una ayuda. En la calle o en algún lugar público solicitan educadamente, o incluso exigen, una contribución. Es posible que en estos casos nos surja la duda, con independencia del tono con el que se hace la petición o de quién procede, de si estamos haciendo lo correcto.

    ¿Empleará esta persona el dinero que le voy a dar para comer o para financiar el abuso de alcohol y otras sustancias? ¿Sería eso algo necesariamente malo? ¿Es posible que esta persona lleve en el bolsillo un teléfono de última generación que yo no me puedo permitir? ¿Me parece todo esto bien? ¿No sería mejor canalizar esta ayuda a través de una ONG especializada?

    Estos interrogantes remiten a una cuestión abordada por el pensamiento filosófico a lo largo de la historia. La filosofía no resuelve la cuestión (no es su función hacerlo), pero nos da pistas y razones para reflexionar críticamente sobre nuestro posicionamiento de cara a luchar contra las injusticias y las desigualdades sociales.

    La limosna en la Antigüedad

    En la República de Platón, título que denomina el estado ideal que propone el filósofo, no hay espacio para la mendicidad. Es un estado organizado y orientado a la eficacia donde quien pide limosna lo hace de una forma ilegítima:

    “Que no haya mendigos en nuestro Estado. Si alguno le ocurriese el mendigar y el procurarse con qué vivir a fuerza de limosnas, que los agoránomos le arrojen de la plaza pública, los astínomos de la ciudad, y los agrónomos de todo el territorio, a fin de que el país se vea completamente libre de esta especie de animales”.

    Tanto Platón como su discípulo Aristóteles pretenden organizar el estado mediante leyes que “den a cada cual lo que le corresponde”. Pero no debemos entender esto como una forma de redistribución de la riqueza, ni como una reivindicación de los derechos humanos tal y como hoy los entendemos. Es más bien una expresión de la idea conforme a la cual cada rol en la sociedad está marcado (normalmente desde el nacimiento hasta la muerte) de una forma rígida y, según el lugar que se ocupa en la sociedad, se tienen unos u otros privilegios.

    En el pensamiento estoico, hoy en día tan de moda, se abandona esa mirada hacia el exterior, hacia la ciudad, y se vuelve hacia el interior de la persona. No se pone el énfasis tanto en la organización de la polis como en la virtud individual, la razón autónoma y, por supuesto, el estoicismo (el mantenerse imperturbable frente a las adversidades). Esto articula el pensamiento de Marco Aurelio o Séneca, por otro lado dos de las personas más ricas y poderosas del Imperio romano.

    Pero incluso Epícteto, que había sufrido la condición de esclavo, plantea la pobreza y las adversidades en términos de búsqueda de la dignidad y la serenidad de forma autónoma. Quizá por esto hoy en día el estoicismo esté siendo planteado como una filosofía acorde a nuestros tiempos y defendida por posicionamientos filosóficos y políticas económicas cercanas al individualismo más radical. Ambos piden que las personas acepten su condición sin tomar demasiado en consideración los factores sociales que condicionan la situación de pobreza.

    La mendicidad según el cristianismo

    Con la aparición del cristianismo se dignifica la pobreza, al menos desde el punto de vista formal. Jesús nace pobre y reivindica esa condición para él y sus seguidores. La caridad se convierte en uno de los pilares de la sociedad, y las personas que mendigan se transforman en objetos de caridad sobre los que se puede practicar la virtud de la limosna.

    La caridad en la Edad Media estaba institucionalizada y asociada a prácticas cristianas. Las personas que no podían trabajar debido a discapacidades, enfermedades o vejez tenían derecho a mendigar, y esta práctica era vista como un mecanismo legítimo. Hasta tal punto es así que en el siglo XIII aparecen las órdenes mendicantes que pretenden renovar a la Iglesia a través de la limosna.

    Un anciano sostiene a una niña y ambos piden ante una mujer que les da limosna.
    Belisario pidiendo limosna, de Jacques-Louis David, en el que retrata al antiguo héroe del Imperio bizantino mendigando.
    Wikimedia Commons

    Francisco de Asís o Domingo de Guzmán fundarán órdenes basadas en el servicio a los pobres, que se mantienen con su trabajo y practicando la mendicidad. El enfrentamiento entre los teólogos que defendían la pobreza de Cristo (principalmente el franciscano Guillermo de Ockam) frente a los del papa Juan XXII, que sostenían que tanto Jesús como los apóstoles habían tenido posesiones legítimamente, creará un conflicto que Umberto Eco reflejará magistralmente en la novela El nombre de la rosa.

    En la Edad Media también aparecen cofradías que organizaban la mendicidad, especialmente para personas ciegas o con otras discapacidades. Estas corporaciones gestionaban las limosnas de forma colectiva para asegurar una distribución justa entre sus miembros.

    Por su parte, el islam establece como uno de sus cinco pilares el zakat, que se considera un deber religioso obligatorio para quienes poseen bienes suficientes. Tiene como objetivo purificar la riqueza del creyente y garantizar que una parte de ella beneficie a los necesitados, promoviendo así lo que llamaríamos hoy la equidad social. No hay que confundir esta obligación con la “limosna” voluntaria, la sadaqa, que puede darse de forma independiente.

    Más allá del Medievo

    En el siglo XVI, Juan Luis Vives es el primer pensador en escribir un tratado sobre la pobreza (De subventione pauperum). Propone sistemas de socorro y “seguridad” social ligados fundamentalmente a la atención a las personas que han tenido la desgracia (que equipara a una enfermedad) de caer en la pobreza. En definitiva, considera que la solución consiste en facilitar trabajo, actividad y también recursos económicos a las personas necesitadas.

    Y en el siglo XIX, dos pensadores abordarán el tema desde diferentes perspectivas pero alcanzando la misma conclusión.

    De acuerdo con Max Weber, la ética protestante es uno de los principales motores del surgimiento del capitalismo. Según esa doctrina, la riqueza se convertirá en un signo de que se es una persona llamada a la salvación. Así, la pobreza y la mendicidad se estigmatizan y pasan a ser planteadas como un problema social a resolver por la modernidad. Las leyes regulaban que solo podían pedir limosna quienes demostraran ser incapaces de trabajar.

    La propia Contrarreforma católica del siglo XVII había reducido el prestigio de la pobreza como ideal y prohibido la mendicidad a quienes no fueran “inválidos, viejos o enfermos”.

    Por otro lado, Karl Marx opina que los mendigos pertenecen al “lumpen” (lumpenproletariat), no tienen conciencia de clase obrera y muchas veces actúan como aliados involuntarios del estado burgués. En el planteamiento de estado marxista no hay espacio para una clase subproletaria. El estado es responsable de la organización del trabajo y de la redistribución de la riqueza, por lo que la mendicidad no debería existir.

    Una mujer le da dinero a un niño pequeño que pide.
    La limosna, de Joaquín Sorolla.
    Red Digital de Colecciones de museos de España (Museo Sorolla)

    Su contemporáneo, Stuart Mill, una cara amable de la filosofía utilitarista, considera positivo en su obra Principios de economía política diseñar políticas sociales que generen oportunidades para todo el mundo. Cree que la pobreza engendra pobreza y que las ayudas son útiles para fomentar la prosperidad de la sociedad en general.

    En definitiva, la filosofía aborda la cuestión planteada desde muy diversos puntos de vista. No está en condiciones de ofrecer una solución definitiva, pero propone enfoques y argumentos con los que construir una visión crítica y argumentada, abierta al diálogo racional. Esto último es muy necesario cuando se abordan cuestiones políticas difíciles y controvertidas, que muchas veces requieren de soluciones complejas para problemas multidimensionales.The Conversation

    Manuel García Ortiz, Licenciado en Filosofía. Doctorando en Derecho. Especializado en Bioética y Derecho de la Discapacidad, Universidad de Castilla-La Mancha

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • ¿Por qué a menudo suenan igual todos los políticos?

    Si nos preguntan qué diferencia al ser humano del animal, creemos que casi todos responderíamos lo mismo: la racionalidad. Sin embargo, esa racionalidad no se emplea en muchas decisiones que tomamos, pues en multitud de ocasiones nos guiamos por emociones o sentimientos. Podríamos decir que el ser humano vive una pugna constante entre el yo que piensa y el yo que siente. Y esto lo trasladamos al caso de las decisiones políticas, donde a menudo intervienen muchos aspectos nada racionales a la hora de dar nuestro apoyo a un político o a otro. Los expertos en comunicación política saben que la imagen que proyectan los políticos resulta determinante para que los ciudadanos depositen su confianza en ellos. Y en esa imagen, el estilo de comunicación posee un peso fundamental.

    Comunicación verbal, no verbal y paraverbal

    La capacidad de comunicar del ser humano trasciende el uso de las palabras. Sin necesidad de hablar, estamos comunicando a través de la expresión facial, los gestos, los movimientos e incluso nuestra indumentaria y nuestro peinado revelan mucha información de nosotros mismos. Es más, comunicamos hasta cuando no queremos comunicar, porque el hecho de que una persona no conteste a un mensaje ya nos está transmitiendo información.

    La comunicación tiene tres componentes: los no verbales (gestos, postura, expresión, facial, vestimenta y hasta el espacio en que está), los paraverbales (todo lo que se transmite a través de la voz: volumen, entonación, velocidad, vocalización o pausas) y los verbales (las palabras que pronunciamos).

    Gestos, actitudes e imagen

    Los manuales de oratoria han prestado mucha atención a las palabras (lo que se conoce como comunicación verbal), si bien en las últimas décadas somos más conscientes de que las cualidades paraverbales y no verbales son determinantes en la transmisión de un mensaje oral.

    La comunicación paraverbal posee una importancia enorme en la imagen que proyecta el hablante, ya que influye poderosamente para que entendamos a la perfección las palabras emitidas y nos anima a seguir escuchando o a empatizar con el otro.

    Por ejemplo, un hablante que pronuncie con una vocalización muy deficiente o con un volumen muy bajo enseguida pierde la atención de su oyente, o incluso el uso constante de muletillas o retardatarios innecesarios influye de manera negativa en la imagen que emite.

    Con respecto a la comunicación no verbal, es la que tiene que ver con los gestos, los movimientos, la expresión de la cara, la mirada y la vestimenta. También en el proceso de comunicación adquiere gran protagonismo el espacio, con elementos como la decoración, la temperatura o el ruido.

    Cómo transmiten la información los políticos

    En la esfera política se escenifican las estrategias propias de la oratoria. Una utilizada muy frecuentemente es la creación de binomios (lo propio es bueno y lo perteneciente a la oposición malo) y se sirven de recursos intensificadores o atenuantes (también denominados enmascaradores o mitigadores). Entre los primeros, podemos destacar:

    1. Repeticiones léxicas. Ejemplo: “Siempre hemos obrado desde el respeto, porque mostramos respeto a la nación, igual que respetamos a los ciudadanos y, por supuesto, siempre hemos respetado a esta institución”.
    2. Series enumerativas, que consiste en estructuras sintácticas paralelas que embellecen el lenguaje. Ejemplo: “Confío profundamente en nuestra capacidad de resolución de problemas, confío profundamente en el equipo del que formo parte y confío profundamente en que al final todos los ciudadanos conocerán la verdad”.
    3. Interrogaciones retóricas, destinadas a hacer reflexionar al oyente sin que este responda a tal pregunta; en dicha intervención se deja muy claro el posicionamiento del hablante al formularla y no se incluye ningún elemento de duda. Ejemplo: “¿Por qué su partido propone un modelo nuevo de relaciones laborales?”
    4. Ironía, que consiste en una forma muy descortés de desprestigiar al adversario sin utilizar, en muchas ocasiones, ni un discurso comprometido ni palabras malsonantes. Determinados políticos la utilizan como una seña de identidad. Ejemplo: “¡Qué bien vivimos desde que ustedes están al frente del Gobierno!”
    5. Concesión como mecanismo de refuerzo argumentativo. Ejemplo: “Es normal que usted desconfíe ante esta propuesta, pero nosotros no vamos a utilizar una doble vara de medir como han hecho ustedes”.
    6. Contraste, que refuerza las diferencias. Ejemplo: “Cuando ustedes gobernaban todo eran problemas, con nosotros todo son soluciones; con ustedes había déficit económico, con nosotros hay superávit”.

    Y entre los mecanismos atenuantes o enmascaradores, que se usan para disimular determinadas cuestiones comprometidas, podemos distinguir tres tipos:

    1. Eufemismos. En la última etapa de Gobierno de Rodríguez Zapatero, su partido político no hablaba de “crisis” sino de “ajuste”, “escenario de crecimiento debilitado”, “desaceleración”, “coyuntura económica adversa” o “debilidad de crecimiento económico”.
    2. Lenguaje vago, como son las expresiones de cantidades no precisas (“demasiado”, “mucho” o “poco”), adjetivos con significado no preciso (“importante” o “interesante”), adverbios de duda (“probablemente”, “quizá(s)” o “tal vez”) o sustantivos genéricos (“cosa”, “asunto” o “tema”).
    3. Lenguaje redundante, donde hay muchas palabras y poco contenido. La redundancia se cifra a través de repeticiones léxicas, de incluir palabras de más que no aportan apenas significado y también puede poseer carácter semántico (“patria común” o “logros alcanzados”).

    Estas estrategias lingüísticas pueden resultar obvias para el lector avezado y, sin embargo, siguen teniendo un efecto en nuestra percepción de los discursos que las usan. Nuestro yo que piensa intenta aislarlas, pero nuestro yo que siente sigue siendo susceptible a ellas.The Conversation

    Susana Ridao Rodrigo, Profesora catedrática en el Área de Lengua Española (UAL), Universidad de Almería y José Torres Álvarez, Profesor en la Facultad de Educación, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El Fin de las Radios de la Libertad: ¿Un Adiós Necesario o un Regalo para los Tiranos?

    Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha utilizado diversos organismos de comunicación para contrarrestar la propaganda de regímenes totalitarios y promover valores democráticos en el mundo. Radio Free Europe/Radio Liberty (RFE/RL), Radio Free Asia (RFA) y Voice of America (VOA) fueron creados con ese objetivo, funcionando como herramientas clave en la lucha de la Guerra Fría contra la Unión Soviética y otros regímenes opresivos. Se las conoce como radios de la libertad. Sin embargo, una reciente orden ejecutiva de la administración Trump ha cortado el financiamiento estatal a estos medios, poniendo fin a su operación tal como la conocemos.

    La decisión genera preguntas fundamentales sobre el papel de estos medios en la actualidad: ¿Siguen siendo necesarios en un mundo donde las redes sociales permiten un flujo de información sin precedentes? O, por el contrario, ¿su desaparición beneficiará a los regímenes autoritarios que siguen intentando controlar la narrativa informativa en sus países?

    Un Breve Recorrido Histórico

    Radio Free Europe nació en 1950 con el respaldo de la CIA, como una herramienta de diseminación de información en países de Europa del Este bajo dominio soviético. Su objetivo era claro: proveer noticias veraces y combatir la censura impuesta por el Kremlin. A finales de los años 70, se fusionó con Radio Liberty, que transmitía información a la propia Unión Soviética.

    Por su parte, Voice of America (VOA) había sido creado en 1942 como una respuesta propagandística contra la Alemania nazi, pero se consolidó como una fuente de noticias internacional financiada por el gobierno de EE.UU. En los años 90, con la caída del bloque soviético, su rol evolucionó hacia una diplomacia pública con transmisiones en diversos idiomas.

    Radio Free Asia (RFA) surgió en 1996 con la misión de ofrecer información independiente a los ciudadanos de China, Vietnam, Corea del Norte y otros países con regímenes de censura.

    En conjunto, estas radios han sido consideradas una de las herramientas más efectivas en la lucha por la libertad de expresión y la diseminación de información en sociedades cerradas. De hecho, esta plataforma GCCViews es usuaria de estas tres redes, como han podido comprobar a lo largo de estos años.

    El Contexto Actual: ¿Siguen Siendo Necesarias?

    El principal argumento a favor del cierre es que vivimos en una era dominada por las redes sociales, donde plataformas como X (antes Twitter), Facebook o Telegram han permitido a ciudadanos de países autoritarios compartir información de manera descentralizada y fuera del control estatal. En ese sentido, los medios gubernamentales de EE.UU. parecen redundantes.

    Sin embargo, esta postura ignora dos cuestiones clave. En primer lugar, los regímenes autocráticos han aprendido a manipular y censurar las redes sociales de forma eficiente. China ha desarrollado el Gran Cortafuegos para bloquear plataformas extranjeras y promover su propia versión de la información. Rusia ha convertido Telegram en un campo de batalla de propaganda. En este escenario, los medios independientes financiados por Estados Unidos siguen siendo una fuente confiable para audiencias atrapadas en entornos de censura.

    En segundo lugar, hay una paradoja inquietante en el hecho de que la principal red social donde la disidencia y la libertad de expresión se han refugiado, X, esté bajo el control de Elon Musk, quien a su vez dirige el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), la entidad encargada de ejecutar los recortes a estos medios. Esto plantea una cuestión fundamental: ¿puede una sola persona, con intereses políticos y empresariales propios, garantizar la imparcialidad de una red que ha reemplazado a las radios de la libertad financiadas por el Estado?

    Las Consecuencias del Cierre

    Organizaciones defensoras de la libertad de prensa han condenado la medida, advirtiendo que el cierre de estos medios deja un vacío que será llenado por la propaganda de regímenes autoritarios. En países como Irán, China o Rusia, donde las opciones de información objetiva son limitadas, la desaparición de RFE/RL, RFA y VOA representa una pérdida significativa para los ciudadanos que buscan alternativas a los medios estatales.

    Por otro lado, quienes defienden el recorte argumentan que en una era de restricciones presupuestarias, el gobierno estadounidense no debería gastar miles de millones en medios que pueden ser reemplazados por iniciativas privadas y redes descentralizadas. Sin embargo, esta visión también minimiza el impacto de la influencia digital de China y Rusia, que han invertido millones en desinformación a través de plataformas como TikTok y RT.

    ¿Un Paso Adelante o un Retroceso?

    El cierre de estos medios plantea un dilema profundo. Por un lado, podría interpretarse como un ajuste necesario en una era donde la información fluye a través de nuevas plataformas digitales. Por otro, deja en evidencia una preocupante paradoja: mientras se argumenta que la información ya no necesita tutela estatal, la plataforma que ahora lidera la batalla informativa, X, está controlada por el mismo hombre que está desmantelando los medios públicos.

    En este juego de ajedrez global, la pregunta clave es: ¿será suficiente la información descentralizada para contrarrestar a los regímenes totalitarios, o estamos cediendo terreno en la lucha por la verdad? El tiempo dará la respuesta, pero lo cierto es que los autócratas de Pekín, Moscú y Teherán están celebrando. Y eso, por sí solo, debería encender alarmas.

  • Primer Alta con un Corazón Artificial: Revolución Médica

    En un avance médico sin precedentes, un paciente australiano se ha convertido en la primera persona en el mundo en ser dada de alta del hospital con un corazón artificial total implantado. Este logro representa un hito significativo en la lucha contra la insuficiencia cardíaca terminal y ofrece esperanza a miles de pacientes que esperan un trasplante de corazón.

    El procedimiento se llevó a cabo el 22 de noviembre de 2024 en el Hospital St Vincent’s de Sídney. El paciente, un hombre de unos 40 años que padecía insuficiencia cardíaca grave, recibió el dispositivo BiVACOR como puente mientras esperaba un corazón de donante. Tras pasar varias semanas en cuidados intensivos, fue dado de alta y posteriormente, en marzo de 2025, recibió un trasplante de corazón de donante.

    El dispositivo BiVACOR es un corazón artificial total de titanio con una sola pieza móvil que utiliza tecnología de levitación magnética para replicar el flujo sanguíneo natural. Diseñado para reemplazar ambos ventrículos de un corazón que falla, este dispositivo ofrece una solución innovadora para pacientes con insuficiencia cardíaca biventricular terminal.

    El inventor de esta tecnología, el Dr. Daniel Timms, expresó su orgullo por este logro y destacó la dedicación del equipo médico y la valentía del paciente y su familia. El Dr. Paul Jansz, cirujano líder en el procedimiento, subrayó la importancia de este avance en la medicina australiana y su potencial para revolucionar el tratamiento de la insuficiencia cardíaca a nivel mundial.

    Este éxito es parte de un programa liderado por la Universidad de Monash que involucra a múltiples universidades australianas y colaboradores clínicos. El proyecto cuenta con el apoyo de una subvención de 50 millones de dólares del Fondo para el Futuro de la Investigación Médica del gobierno australiano, con el objetivo de acelerar el desarrollo de soluciones avanzadas para la insuficiencia cardíaca en los próximos tres años.

    La insuficiencia cardíaca sigue siendo una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo. Según datos de la Fundación Británica del Corazón, en el Reino Unido hay aproximadamente 7,6 millones de personas con enfermedades cardíacas, y casi 160.000 muertes cada año se atribuyen a estas afecciones. Este tipo de innovaciones tecnológicas son cruciales para abordar la creciente carga de enfermedades cardiovasculares y ofrecer alternativas viables a los pacientes que no pueden esperar un trasplante de corazón.

    El corazón artificial total BiVACOR ha sido objeto de estudios clínicos en Estados Unidos. En julio de 2024, el Instituto del Corazón de Texas implantó con éxito este dispositivo en un paciente con insuficiencia cardíaca terminal, marcando el primer implante en seres humanos de esta tecnología. Este ensayo clínico tiene como objetivo evaluar la seguridad y el rendimiento del dispositivo como una solución de puente al trasplante para pacientes con insuficiencia cardíaca grave.

    El éxito de la implantación del corazón artificial BiVACOR en Australia y Estados Unidos representa un avance significativo en la medicina cardiovascular. Estos desarrollos ofrecen una nueva esperanza para los pacientes que sufren de insuficiencia cardíaca terminal y podrían transformar el enfoque del tratamiento de esta enfermedad en el futuro.

    La implantación exitosa del corazón artificial total BiVACOR en un paciente australiano y su posterior alta hospitalaria marcan un hito histórico en la medicina. Este avance no solo demuestra el potencial de las nuevas tecnologías en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, sino que también subraya la importancia de la colaboración internacional y la inversión en investigación médica para abordar los desafíos de la salud global.