Categoría: Consulting

  • Venezuela, Cuba y Nicaragua ante su mayor crisis: ¿se derrumbarán los autoritarismos del Caribe?

    Los regímenes de Venezuela, Nicaragua y Cuba han sobrevivido a todo tipo de sanciones, crisis económicas y presiones sociales a lo largo de la historia. Aunque cada uno tiene su propia dinámica, están interconectados por alianzas políticas, económicas y de seguridad que refuerzan su resistencia. La incógnita es si este modelo se derrumba o encuentra nuevas formas de supervivencia.

    Estos países, dominados por el desorden institucional, han sido evaluados como territorios sin democracia ni libertades civiles. En el Democracy Index 2024, de la Economist Intelligence Unit (EIU), aparecen clasificados como regímenes autoritarios, en los niveles más bajos del ranking global.

    El Rule of Law Index señala que Cuba permanece asfixiada por un partido único, sin pluralismo político, y que Nicaragua se caracteriza por una justicia partisana, persecución a la oposición y concentración de poder en el Ejecutivo.

    En conjunto, estos regímenes encarnan violaciones sistemáticas de derechos humanos, ausencia de garantías democráticas y un Estado de derecho reducido a escombros. Al entrelazarse, proyectan una advertencia para la región sobre el declive del ideal democrático.

    El ocaso de la liga autoritaria

    Durante años, Venezuela sostuvo a Cuba y Nicaragua con petróleo subsidiado y acuerdos de cooperación que amortiguaron el colapso de sistemas inviables. Cuba ha sido soporte estratégico del poder venezolano, controlando seguridad e inteligencia, esfuerzo ahora concentrado a mantener la servidumbre sobre su propio pueblo, a un paso de la rebelión.

    Nicaragua sirvió de aliado y palanca internacional mientras el sandinismo simulaba su naturaleza de régimen forajido. Esta interdependencia ha tejido un bloque que reproduce el mismo patrón: represión de la disidencia, manipulación electoral, proscripción de prensa y medios de comunicación libres.

    Por otra parte, los indicadores del Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe 2024 de la CEPAL revelan una vulnerabilidad económica inédita. El cierre de 2025 marca la mayor debilidad común en dos décadas: Cuba proyecta una caída del PIB de -1,5 % en 2025 y un crecimiento ínfimo de 0,1 % en 2026, acompañado de crisis energética y colapso del turismo.

    En Venezuela se vive una inflación desbordada y la zozobra de un pueblo privado de servicios básicos, que sobrevive con pensiones y salarios inferiores a un dólar mensual.

    Entre apoyos dudosos y confrontación directa

    Rusia y China han sido pilares externos del autoritarismo latinoamericano, aunque con enfoques distintos. Moscú ofrece respaldo militar y diplomático, limitado hoy por las sanciones y el desgaste económico de la guerra en Ucrania. Pekín privilegia un apoyo pragmático mediante inversiones estratégicas que permite la captura de recursos y mercados.

    Estados Unidos, por su parte, manifiesta su confrontación con un masivo despliegue militar y operaciones de seguridad en el Caribe, bajo la bandera de la lucha contra el narcotráfico. Ante Nicaragua, impone sanciones contra sus funcionarios y acrecienta denuncias de violaciones de derechos humanos.

    La depauperación extrema del pueblo cubano hace insostenible la narrativa que justifica el fracaso comunista como consecuencia del embargo impuesto desde 1962.

    El detonante regional

    En Venezuela, la crisis humanitaria, el colapso económico y la migración masiva hacen insostenible la situación. El conflicto trasciende las fronteras nacionales y se proyecta en el plano global.

    En este contexto, resulta claro que Estados Unidos no depende del petróleo venezolano para sostener su economía ni su seguridad energética: con una producción cercana a 13,6 millones de barriles diarios en 2025, se mantiene como uno de los mayores productores mundiales. En contraste, Venezuela apenas alcanza entre 956 000 y 1 132 000 barriles diarios, una caída dramática frente a los más de 3 millones que producía en los años noventa.

    La infraestructura petrolera venezolana está devastada: refinerías deterioradas y una capacidad de extracción reducida convierten a la industria en un símbolo de decadencia, más que en un activo estratégico. Entonces, las acciones de Estados Unidos no se explican como disputa por el control del petróleo venezolano.

    Escenarios bajo otra lógica

    Se detecta el interés del presidente estadounidense, Donald Trump, por activar una crisis internacional monitorizada, una narrativa de seguridad nacional que se proyecta en lo interno y sirve de justificación para medidas de dudosa constitucionalidad.

    Las elecciones al Congreso se celebrarán el 3 de noviembre de 2026, con la renovación de los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 del Senado y 36 cargos de gobernador, una posibilidad de desequilibrio político que Trump quiere bloquear. Partiendo de una deriva autoritaria de esa administración y un cambio de política exterior que no tiene retroceso, se plantean varias posibilidades:

    • Ruptura inminente: el desconocimiento de los resultados electorales cerró la vía negociada. La juramentación de Nicolás Maduro el pasado 10 de enero abrió un proceso de quiebre que pudo haberse contenido con una transición política. La presión norteamericana, mediante ataques selectivos contra infraestructuras vinculadas al narcotráfico, podría precipitar un derrumbe del régimen, con una primera fase marcada por la anarquía y la violencia. Luego, se instalaría un gobierno amparado por la legitimidad de las elecciones presidenciales que tuvieron lugar el 28 de julio de 2024.
    • Transición militar-constituyente: la falta de credibilidad de los negociadores dificulta un acuerdo. Nicaragua y Cuba enfrentarían presiones internas similares. Bajo un momento constituyente, factores militares podrían asumir el control y, con apoyo externo, canalizar una fuerza constituyente hacia una restauración democrática.
    • Continuidad autoritaria: la ausencia de consenso de los factores políticos y la eventual neutralización de Estados Unidos permitiría la supervivencia de los autoritarismos. Se consolidarían alianzas regionales y se intensificaría la represión interna para mantener el poder –panorama improbable considerando el interés de la administración Trump por justificar su dinámica con la crisis caribeña–.

    Transición incierta, coste seguro

    La definición depende de una combinación de factores. La interconexión entre Venezuela, Nicaragua y Cuba convierte cualquier ruptura en un fenómeno regional. El papel de Estados Unidos, Rusia y China es decisivo: sin un acuerdo entre ellos, la transición será altamente conflictiva.

    Lo cierto es que la crisis actual no se vincula con la seguridad energética, sino que está determinada con la política interna estadounidense y la estrategia de Trump. Lo que considero inexorable es que el precio de esta guerra de autoritarismos lo seguirá pagando, en última instancia, el pueblo venezolano.The Conversation

    Tulio Alberto Álvarez-Ramos, Profesor/Investigador Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Católica Andrés Bello. Jefe de Cátedra de Derecho Constitucional de la Universidad Central de Venezuela, Universidad Católica Andrés Bello

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • ¿Cómo deciden los pequeños inversores? La sabiduría colectiva en el ‘crowdfunding’

    En la última década, las plataformas de crowdfunding (micromecenazgo) –como Kickstarter, Indiegogo, Verkami o Ulule– se han convertido en uno de los motores más visibles de la financiación colectiva, ayudando a pequeños emprendedores con proyectos innovadores a conseguir financiación por casi 10 000 millones de dólares.

    Desde relojes inteligentes hasta cafeteras portátiles o videojuegos, millones de personas han apoyado ideas creativas aportando pequeñas sumas de dinero a cambio de una recompensa futura (compra del producto con descuento, versiones exclusivas o tempranas, merchandising, eventos, talleres, etc.). Pero detrás de este fenómeno aparentemente espontáneo se esconde una pregunta fascinante: ¿cómo decide la multitud (los inversores y financiadores) qué proyectos apoyar?

    En un estudio académico publicado en verano de 2025 ofrecemos una respuesta basada en la evidencia. Analizando los datos diarios de casi 4 000 proyectos de Kickstarter encontramos un patrón de comportamiento colectivo que combina dos fuerzas:

    1. La señalización: la información que transmite el creador.
    2. El comportamiento de manada (herding): la imitación a los primeros financiadores por parte de los posteriores.

    Lejos de ser irracional, esta combinación genera lo que en economía se denomina una cascada informativa: un proceso en el que las decisiones individuales, observadas y acumuladas, transmiten información útil al resto del mercado. En otras palabras, la sabiduría surge dentro de la multitud… si las condiciones son las adecuadas.

    La curva de comportamiento: del análisis a la imitación

    Kickstarter es un laboratorio perfecto para estudiar cómo la gente toma decisiones en entornos de incertidumbre. A diferencia del crowdfunding de capital, donde los inversores compran participaciones de una empresa y los expertos financieros juegan un papel clave, el crowdfunding basado en recompensas carece de expertos identificables.

    Los financiadores (backers) son, en su mayoría, consumidores normales que aportan pequeñas cantidades a cambio de recibir el producto cuando se fabrique. Esto plantea un problema: ¿cómo distinguir los buenos proyectos de los malos si en estos mercados apenas hay analistas o inversores profesionales que filtren la información?

    El resultado más revelador del estudio es la existencia de dos fases claramente diferenciadas en la evolución de las campañas de Kickstarter: la fase de señalización y la fase de comportamiento de manada.

    La fase de señalización

    Durante los primeros días, un grupo reducido de patrocinadores (entre el 5 y el 10 % del total) se comporta de manera racional e informada. Estos financiadores tempranos no actúan por impulso, sino basándose en señales observables de calidad, como la claridad y extensión de la descripción del proyecto, la experiencia previa del emprendedor, la existencia de actualizaciones tempranas o enlaces externos (páginas web, redes sociales), y el uso de un tono positivo y transparente en la descripción de los riesgos del proyecto.

    En términos prácticos, estos primeros patrocinadores “leen la letra pequeña”, analizan la información y deciden si vale la pena confiar en el creador del proyecto: el emprendedor.

    Nuestro estudio muestra que los proyectos mejor presentados logran alcanzar rápidamente el 10 % de su objetivo de financiación, lo que constituye una señal pública de credibilidad.

    La fase de comportamiento de manada

    A medida que avanza la campaña, la lógica cambia. Los patrocinadores tardíos –la gran mayoría– dejan de basar sus decisiones en la información directa del proyecto y comienzan a imitar el comportamiento de los primeros.

    Si una campaña avanza rápido en sus primeros días, esa velocidad genera confianza y atrae nuevas aportaciones. Si, por el contrario, tarda demasiado en despegar, el efecto es el opuesto.

    El estudio demuestra que existe una relación directa entre el tiempo en que el proyecto tarda en alcanzar el 10 % inicial y la velocidad de financiación en las fases posteriores: cuanto más rápido se recauda al principio, más rápido se financia todo el proyecto.

    Este patrón genera una curva característica: un inicio muy dinámico (la señalización), seguido de una aceleración sostenida impulsada por el comportamiento de manada. En los proyectos exitosos, la curva de financiación tiene forma convexa –una subida creciente–. En los fracasados, la curva es plana o decreciente desde el inicio.

    ¿Sabiduría o contagio?

    Podría pensarse que este comportamiento colectivo es simplemente una forma de contagio emocional. Sin embargo, el comportamiento de manada que observamos en Kickstarter no es irracional, sino el resultado de un aprendizaje social eficiente, conocido como “la sabiduría de la multitud”, que hace que los patrocinadores se autoseleccionen:

    • Los que tienen más conocimientos sobre el producto (por ejemplo, diseñadores que apoyan un nuevo dispositivo) tienden a ser patrocinadores tempranos, capaces de analizar la calidad del proyecto y del emprendedor.
    • Los menos informados prefieren esperar y observar qué hacen los primeros antes de decidir.

    Esa autoselección produce una cascada informativa positiva, donde las primeras decisiones contienen información útil que se transmite al resto. Conforme la campaña avanza, la información transmitida por el comportamiento de los patrocinadores tempranos se vuelve más fuerte. Es decir, la manada sustituye a la señalización de la calidad, pero no la destruye sino que la complementa.

    ¿Por qué la cascada informativa es una buena noticia?

    La multitud aprende colectivamente. Los patrocinadores más informados enseñan con sus decisiones a los menos informados y el resultado es que la asignación de fondos termina siendo, en promedio, más eficiente de lo que cabría esperar en un mercado sin supervisión profesional.

    Este mecanismo permite compensar la falta de expertos y reducir los problemas de información asimétrica que suelen limitar la financiación de proyectos creativos.

    En conclusión, la multitud, bien guiada, puede ser sabia.

    Implicaciones directas para los emprendedores

    Las dos fuerzas que intervienen en esta toma de decisiones, señalización y comportamiento de manada hacen del crowdfunding una herramienta muy atractiva para los emprendedores con ideas creativas, ya que aquellos proyectos buenos consiguen el 100 % de la financiación en apenas días.

    La clave está en la calidad de las señales iniciales y en la capacidad de las plataformas para hacer visible la información sobre el comportamiento temprano de los financiadores. Las campañas con mejor diseño y comunicación inicial en crowdfunding atraen a los patrocinadores informados, que actúan como catalizadores del éxito.

    Es crucial que el emprendedor publique información transparente y señales de compromiso (por ejemplo, actualizaciones tempranas, prototipos o vídeos claros).

    La atención debe centrarse en los primeros días, porque la financiación temprana genera un efecto “bola de nieve” que determina el resultado final.

    Implicaciones para los reguladores

    Al contrario de lo que algunos temen, la evidencia sugiere que los mercados de crowdfunding no están dominados por el fraude o la irracionalidad, sino que tienden a autorregularse mediante el aprendizaje social.

    Por lo tanto, el riesgo de fraude es bajo mientras que una regulación excesiva podría sofocar la innovación de los creadores y la participación de los financiadores.The Conversation

    Gabriel Rodríguez-Garnica, Profesor de Finanzas, FinTech, Blockchain y Criptoactivos, Universidad Pontificia Comillas

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Reduflación: Qué es, por qué ocurre y cómo afecta al consumidor

    En los últimos años, el término reduflación ha ganado protagonismo en los debates económicos y en las conversaciones cotidianas. Aunque para muchos puede sonar novedoso, describe un fenómeno que se ha vuelto cada vez más común: pagar lo mismo —o incluso más— por un producto que trae menos cantidad. Esta práctica, que suele pasar desapercibida, tiene implicaciones profundas en la economía doméstica y en la percepción de los precios por parte de los consumidores.

    ¿Qué es la reduflación?

    La reduflación es una estrategia utilizada por algunas empresas en contextos de inflación o aumento de costos. Consiste en reducir el tamaño, peso o cantidad de un producto sin modificar su precio, o bien aumentando el precio de forma menos evidente. En esencia, el consumidor paga lo mismo, pero recibe menos. Esta táctica permite a las compañías enfrentar el incremento en los costos de producción sin provocar un impacto tan visible como lo sería un aumento directo en el precio.

    Orígenes del concepto

    El término tiene sus raíces en la palabra inglesa shrinkflation (de shrink, encoger, y inflation, inflación). Surgió para describir un fenómeno observado especialmente a partir de la década de 1970, cuando varias economías enfrentaban presiones inflacionarias significativas. A medida que los costos subían, las empresas buscaban formas creativas de mantener sus márgenes sin alienar a los consumidores. Recortar cantidad —pero no precio— se convirtió en una solución discreta y eficaz.

    Con el tiempo, este fenómeno se ha globalizado, adoptando nombres distintos en diversos países hispanohablantes: reduflación, infladecimiento o inflación encubierta.

    Ejemplos comunes de reduflación

    La reduflación se presenta principalmente en productos de consumo masivo, especialmente aquellos en los que el consumidor no suele revisar con detalle el peso neto. Algunos ejemplos típicos incluyen:

    • Snacks y galletas: Una bolsa que antes contenía 200 gramos ahora trae 170 gramos, pero mantiene el mismo precio.
    • Productos de higiene personal: Champús o geles que reducen su contenido de 400 ml a 350 ml.
    • Chocolate y dulces: Barras que disminuyen unos gramos o cambian su forma para ocultar la reducción.
    • Cereales y alimentos en caja: Envases del mismo tamaño exterior pero con menor contenido interior gracias a un mayor “espacio de aire”.
    • Papel higiénico: Rollos con menos hojas o más delgadas.

    En muchos casos, el envase conserva dimensiones similares, por lo que la reducción es difícil de detectar a simple vista.

    Por qué ocurre la reduflación

    Las causas principales incluyen:

    1. Aumento en los índices de la inflación.
    2. Incremento en los costos logísticos, especialmente en transporte y energía.
    3. Presión competitiva: las empresas temen que subir precios cause pérdida de clientes.
    4. Estrategias de marketing que buscan mantener productos dentro de rangos psicológicos de precio.

    Impacto en el consumidor y el mercado

    Aunque legal, la reduflación puede generar una sensación de engaño. Contribuye a una inflación percibida mayor, ya que el consumidor nota que sus compras rinden menos pese a pagar lo mismo. Además, dificulta la comparación de precios entre productos y marcas.

    Cómo detectar la reduflación

    • Revisar el peso neto y compararlo con versiones anteriores.
    • Observar variaciones en el diseño del envase.
    • Comparar el precio por unidad de medida (por gramo o mililitro), información que muchos comercios ya exhiben.

    La inflación disfrazada, un deber detectarla

    La reduflación es una respuesta empresarial a la inflación y al aumento de costos, pero también representa un desafío para la transparencia y la confianza del consumidor. Con una mayor conciencia y hábitos de compra críticos, es posible reducir su impacto en la economía doméstica.

  • Los memes y el patrimonio popular en internet

    En nuestro imaginario existe una idea más o menos clara de lo que es un meme. Lo asociamos al tipo de imágenes estáticas que, acompañadas por texto, circulan por foros y redes sociales con una intención humorística. Fue en esa forma cuando se popularizó el término, coincidiendo con el clímax de la vida online 2.0: pasamos de una interacción unidireccional con los entornos digitales a una expansión de las posibilidades comunicativas en internet. Esta es su era de asentamiento, que fundamenta las bases narrativas y comunicativas de las que vendrán.

    Memes: objetos y procesos culturales

    En su sentido originario, el meme es una unidad o conjunto de elementos culturales que da lugar a los comportamientos, gestos y costumbres. Es decir, puede ser un objeto independiente, pero también una suma que construya, de forma orgánica, interacciones socioculturales. Por ejemplo, un sticker o clip divertido de mascotas sería un meme-objeto, pero que exista todo un afán colectivo por reproducir y compartir diariamente este tipo de contenidos sería un meme-procesual.

    El meme de Julio Iglesias señalando a cámara, acompañado del texto “Y lo sabes”, es un meme-objeto, mientras que el envío masivo por WhatsApp de imágenes alteradas de Julio Iglesias describiendo que llega el mes de julio sería un meme-procesual. El emoticono con pulgar hacia arriba, indicando “ok”, “me gusta” o “de acuerdo”, es un meme-objeto que forma parte de una interacción, pero su significado es un meme-procesual, pues ese sentido es aceptado por las generaciones boomers y millennials, pero las generaciones Z y alpha emplean otros iconos para expresar lo mismo.

    En su devenir digital, el meme ha ido adaptándose a todos los espacios disponibles, aumentando su sentido del humor hasta el absurdo y sus nociones básicas hacia artefactos más complejos, donde la ironía queda en un segundo plano y predomina lo autorreferencial y local. Desplazando, así, su intención original de socializar experiencias universales para, ahora, interpelar a comunidades más pequeñas que articulan sus propias jergas desde lo memético viral.

    Por ello, entendido como unidad o como engranaje de sentidos, el meme digital funciona como dispositivo clave de la comunicación digital, y es fundamental también para comprender el mundo actual que habitamos: un mundo-imagen, hipervisual e hiperconectado. Se cuela y configura las relaciones sociales, tecnológicas, culturales, icónicas y subjetivas que se activan en los espacios online de conexión continua.

    Memes y folclore digital

    En este punto, se pueden destacar algunas características principales de los memes contemporáneos. Los memes de internet son dispositivos culturales creativos y comunicativos, dinámicos y maleables, que interpretan la realidad y, al mismo tiempo, se versionan entre ellos. Su esencia, pues, se localiza en un movimiento constante, impregnando con su dinamismo cada proceso online. Si se detiene o se rechaza por parte de la comunidad, ese meme dejará de funcionar.

    Son, además, artefactos intangibles, inmediatos y efímeros, pues solo “suceden” mientras se están reproduciendo. Se propagan por un mecanismo similar al boca a boca, y cuando ya están instalados en las prácticas comunicativas, se convierten en un recurso fluido y natural para la cotidianidad. Con ello, son capaces de determinar los modelos para la conversación, no solo digital, sino también de las interacciones offline. De esta manera, van combinando actos digitales, físicos, analógicos, tecnológicos, culturales y políticos en las rutinas de las comunidades.

    Por ello, estos memes son parte de un patrimonio digital que ha ido creciendo según han avanzado las posibilidades tecnológicas, técnicas y artísticas entre personas y dispositivos. Existe, de este modo, un folclore digital que representa el conjunto de nuevas tradiciones, actitudes y códigos culturales que se desarrollan a través de las vidas conectadas en red.

    Junto con lo anterior, el meme digital se caracteriza por su plasticidad y flexibilidad a la hora de cambiar: para adaptarse, un meme debe permitir ser recontextualizado, expandido, reinterpretado. Todo esto multiplica sus opciones para ser reconvertido en otros formatos por los usuarios, de manera orgánica y colaborativa, conscientemente o no.

    Sobre todo cuando es un acto intencionado, se ponen en juego diferentes capacidades creativas que tienen que ver con las narrativas digitales, los procesos mediáticos y las interacciones lúdicas. Expresiones visuales como el collage, el pastiche o el fotomontaje (y ahora, las imágenes generadas con IA) son fórmulas que se basan en la creatividad distribuida y el remix. La creatividad distribuida se refiere a la creación colectiva o colaborativa, la cocreación, pero también a la creación desde la acumulación o fragmentación por la intervención de distintos usuarios. Es decir, modificar elementos de un meme al añadir, quitar o desplazar alguno de sus componentes para incorporar capas de significado o nuevas lecturas. Estas reconfiguraciones fomentan habilidades para la transformación y la reconstrucción de sentidos: implica experimentar con el remix de las imágenes y otras formas de expresión de los nuevos medios.

    Estas prácticas de remix y versionado en red se articulan desde diferentes opciones de autoría, que se alejan de la tradicional concepción y uso de la propiedad intelectual y el reconocimiento. Lo genuino y único no existe en internet tal como lo entendíamos en épocas anteriores: ahora, el bagaje previo de un material no es solo intelectual, sino que sigue existiendo visualmente o, por lo menos, en su huella digital. La mayoría de materiales son, pues, de autoría compartida o fluida, en la que acciones como el reciclaje de elementos (copiando, pegando, ensamblando, replicando) son ya habilidades asimiladas por la sociedad actual.

    El acceso y disponibilidad de herramientas creativas prometía un escenario de mayor democratización en el internet global, aunque es cierto que se ha demostrado una cultura condicionada en nuestros días. Sin embargo, sí existe cierta fusión entre alta y baja cultura cuando pueden convivir en situaciones de igualdad.

    Así, las instituciones y circuitos oficiales de la cultura comparten espacios mediáticos con prácticas de arte electrónico (netart), fenómenos como los NFTs, expresiones de activismo digital, cultura visual trash (imágenes pobres, deterioradas o molestas según los cánones comunes) y aplicaciones de creación audiovisual (apps de plantillas o filtros de imagen preconfigurados, de IA o de diseño gráfico, por ejemplo).

    Conflictos de hoy, propuestas de futuro

    En primer lugar, cabe señalar la consolidación del meme digital hoy desde el audiovisual. De esta manera, va abandonando sus formas clásicas estáticas para manifestarse en distintos formatos de vídeo, gracias al auge y predominio de plataformas como YouTube, TikTok y sitios de streaming. Y, por ser materiales más complejos, el meme contemporáneo tiende a ser un meme-procesual, siempre a favor de la máxima viralización, abandonando también poco a poco la conexión emocional con los memes-objeto. Hay por ello una brecha entre generaciones al visualizar, interpretar y socializar estos materiales (puede verse en vídeos de creadores más jóvenes cuando revisan y señalan que los “memes antiguos” dan cringe, vergüenza ajena).

    En épocas previas, el sentido de una red hiperconectada como internet se entendía desde la democratización y colaboración social. Sin embargo, algunas de las tendencias y contenidos del presente nos alertan que esto ha cambiado: la posibilidad (y el deseo) de monetizar cualquier contenido online prioriza escenarios individualistas y de jerarquización, también en las redes sociales de comunicación. Pretender convertir todo en un producto rentable o publicitario deviene en que los memes estén al servicio del algoritmo.

    De esta manera, fórmulas que antes se entendían como populares han sido manipuladas por las corporaciones y la tecno-élite: lo vemos en hilos de comentarios llenos de bots, en la repetición de anuncios en bucle, en el embarramiento de la experiencia del usuario en redes o en el uso de bulos e imágenes IA con fines de espectacularización ideológica. Por ello, los componentes del patrimonio digital se van convirtiendo en objetos y procesos más homogéneos y previsibles.

    En contraposición, tanto los memes como otros recursos para la comunicación digital nos pueden servir en la ideación y construcción de nuevas tendencias comunitarias online. Como tareas para ello, debemos experimentar modos de acompañamiento y cuestionamiento de las imágenes autogeneradas, de nuestra dependencia de ciertos espacios corporativos y de los usos de nuestros datos. Un ejemplo de este tipo sería el Fediverso, que se propone como un conjunto de redes sociales descentralizadas e interconectadas, externas a la dirección de las grandes empresas tecnológicas actuales. Este tipo de iniciativas se presentan como espacios de reconquista para volver a conectar con valores populares en un internet para todas las personas.


    La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.The Conversation


    Nuria Rey Somoza, Docente investigadora en la Facultad de Artes y Humanidades URJC, Universidad Rey Juan Carlos

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Aguinaldos públicos: la fiesta inmoral del privilegio

    La reciente revelación de que diversas entidades del Estado panameño destinarán más de 70 millones de dólares en 2025 y 67 millones en 2026 a gratificaciones y aguinaldos debería encender una alarma no solo económica, sino fundamentalmente moral. Desde una perspectiva republicana responsable, lo preocupante no es solo la cifra , ya de por sí escandalosa en un contexto de crisis fiscal y carencias sociales, sino la filosofía que subyace a este tipo de prácticas: la idea de que el dinero de los demás puede usarse como si fuese propio, para premiar lealtades, alimentar clientelas y perpetuar privilegios.

    Incluso si existiera algo parecido a una verdadera meritocracia en la administración pública (lo que en la práctica está muy lejos de ocurrir, pues las vacantes suelen llenarse por simpatías políticas más que por concurso de oposición y antecedentes), el otorgamiento de bonos y aguinaldos extraordinarios con recursos públicos es profundamente inmoral. El dinero estatal no es un fondo privado de gratificaciones, ni una caja de celebración para premiar al funcionario más sumiso al jerarca de turno. Es, en rigor, el fruto del esfuerzo de millones de ciudadanos que trabajan y producen, y a quienes el Estado extrae coercitivamente parte de su ingreso mediante impuestos.

    La administración del dinero de otros sólo puede justificarse en nombre de economías de escala y coordinación, para proveer bienes que, de otra forma, serían más costosos o ineficientes de gestionar individualmente. Es decir: seguridad, justicia, salud y educación básica. Servicios esenciales cuya provisión colectiva tiene una justificación pragmática y, también humanitaria. Más allá de ese marco, todo uso de los fondos públicos es un acto de expoliación.

    Por eso, cuando se destinan decenas de millones a aguinaldos y bonos para funcionarios, muchos de los cuales ya disfrutan de estabilidad laboral, privilegios sindicales y escalas salariales difíciles de encontrar en el sector privado, lo que se consuma es un acto de despilfarro inmoral. Se premia no al mérito, sino a la cercanía política; no al esfuerzo, sino al servilismo. Y peor aún: se financia ese derroche con los recursos que podrían aliviar problemas urgentes y reales, como el acceso al agua potable, la infraestructura de salud colapsada o la crisis educativa.

    No se puede juzgar estas cifras con criterios de legalidad formal, porque la ley puede ser tan solo el instrumento de un sistema de privilegios. Lo que está en juego es un principio ético: nadie tiene derecho a disponer del fruto del trabajo ajeno salvo para lo estrictamente necesario en términos de convivencia y protección mutua. Cuando se usan millones de dólares para “coronar” al mejor burócrata complaciente, lo que ocurre es un doble atropello: se roba al ciudadano y se degrada la noción misma de servicio público, transformándola en botín partidista.

    No hay que perder de vista lo más importante: lo que para un funcionario es un “bono de gratificación”, para un ciudadano es el sacrificio de horas de trabajo, de emprendimientos postergados, de inversión no realizada. Cuando el Estado se convierte en una fiesta de aguinaldos, deja de cumplir su función más básica y se convierte en un festival de saqueo institucionalizado.

    La ética liberal nos recuerda que administrar el dinero de los demás es siempre un acto de extrema responsabilidad. No se trata de hacer fiestas con recursos públicos, sino de garantizar que lo que se toma al ciudadano retorne en forma de bienes esenciales que aseguren la vida en sociedad. Todo lo demás es abuso, y el abuso no se justifica ni con leyes ni con lindos discursos.

  • Tsunamis: qué altura pueden alcanzar las olas como las generadas por el terremoto en Rusia

    Las olas han fascinado a la humanidad desde tiempos inmemoriales, tanto por su belleza como por su fuerza destructiva. Hoy, esa dualidad se manifiesta con crudeza tras el terremoto de magnitud 8,8 en Rusia, que ha desatado alertas de tsunami en todo el Pacífico y ha obligado a evacuar a millones de personas. Este tipo de fenómenos nos recuerda que, más allá de su estética, las olas pueden convertirse en fuerzas implacables de la naturaleza.

    La ola de un terremoto

    El terremoto más potente jamás registrado (terremoto de Valdivia, Chile, 1960) liberó la energía equivalente a 20 000 bombas atómicas de Hiroshima. Tal energía podría provocar un tsunami de solo 4,55 metros de altura en alta mar, pero que podría ascender hasta 1,7 kilómetros en costa. El aumento se debe al llamado efecto shoaling o asomeramiento: las olas aumentan de tamaño al acercarse a la costa.

    Sin embargo, el tamaño real fue muchísimo menor (unos 10 metros) ya que el terremoto se produjo en tierra firme y no toda la energía fue a parar a una sola ola. Eso no quiere decir que no fuera destructor: el tsunami atravesó el océano Pacífico, causando la muerte de más de 2 000 personas en Chile, Perú, Hawái y Japón.

    Animación de The Pacific Tsunami Warning Center (PTWC) muestra cómo se propagó por el océano Pacífico el tsunami que generó el terremoto de Chile y llegó a Japón.

    Donde el viento y la física chocan

    En condiciones normales, la mayoría de las olas están generadas por viento. Tienen un ciclo de formación, crecimiento y rompimiento que depende de la velocidad, alcance y duración del viento y la profundidad del agua. Sin embargo, incluso en condiciones óptimas, las olas no pueden crecer indefinidamente.

    La física establece una proporción límite entre la altura de una ola y su longitud de onda: cuando esa relación supera 1/7, la ola se vuelve inestable y rompe. Es decir, la cresta se desploma hacia adelante porque ya no puede sostenerse.

    Además, hay otro factor clave: la profundidad del agua. A medida que una ola se acerca a la costa, el fondo marino frena su base mientras la cresta sigue avanzando, lo que hace que la onda se incline y eventualmente rompa. En aguas poco profundas, una ola no puede tener una altura mayor a aproximadamente 0,88 veces la profundidad local. Así, en una playa donde el agua tiene 3 metros de profundidad, la ola máxima teórica que podría romper sería de unos 2,64 metros. Este límite es observable y verificable, y se utiliza frecuentemente en ingeniería costera y en predicción de oleajes.

    Ambos fenómenos establecen algunos de los límites fundamentales a la altura de las olas en el mar.

    Gigantes inesperados: la ola Draupner

    Ahora bien, hay ocasiones en que el océano parece desafiar estas reglas. Las llamadas olas extremas o rogue waves (olas monstruo) son eventos poco frecuentes pero muy reales, en los que una ola de tamaño descomunal aparece sin aviso, duplicando o triplicando la altura típica del oleaje circundante.

    Una de las más conocidas fue registrada en 1995 por una plataforma petrolera en el mar del Norte: la ola Draupner, que alcanzó los 25,6 metros de altura. Este evento confirmó lo que hasta entonces muchos consideraban un mito marinero. Desde entonces, varios estudios han demostrado que estas olas extremas pueden formarse por la combinación constructiva de múltiples olas, la interacción con corrientes oceánicas, o fenómenos aún en estudio. Sin embargo, en la práctica, su altura no suele superar los 30 metros en mar abierto.

    Recreación de la ola Draupner para un documental de la BBC.

    Cuando la Tierra crea olas: 520 metros de altura

    Más allá de lo que el viento puede generar, existen olas de origen geológico conocidas como megatsunamis. Estas olas se producen por deslizamientos de tierra, colapsos de glaciares o impactos de meteoritos, que desplazan una enorme cantidad de agua de forma repentina.

    Un caso dramático ocurrió en la Bahía de Lituya, en Alaska, en 1958. Un sismo de 7,8 grados en la Escala de Richter provocó el desprendimiento de una montaña. Más de 30 millones de metros cúbicos de tierra y piedras cayeron en bloque al agua, desde una altura de 900 metros. El colapso provocó una ola que alcanzó una altura estimada de 524 metros.

    fiordo con montañas y lago que muestran donde se desprendión una montaña
    Esquema que muestra dónde se produjo el desprendimiento de la montaña que provocó el megatsunami en la bahía de Lituya (Alaska).
    Wikimedia commons, CC BY

    Este fenómeno, aunque real, fue muy distinto de las olas comunes puesto que no se produjo en el océano. Sólo afectó al fiordo.

    La energía necesaria para formar algo similar en mar abierto es tan colosal que solo podría producirse por eventos extraordinarios, como el impacto de un gran asteroide en el océano.

    El tamaño de un megatsunami

    ¿Existe entonces un límite físico al tamaño de un megatsunami? Es difícil responder con exactitud. Pero podemos hacer una estimación sencilla si nos centramos sólo en la energía asociada.

    Imaginemos una única “ola” que se desplaza (también llamada solitón u ola solitaria) generada por un terremoto o el impacto de un meteorito. Por simplicidad, obviaremos la fricción, el flujo turbulento y otros factores complejos. La altura que puede alcanzar dependerá de su energía cinética y potencial. Si además conocemos algunos parámetros, como su anchura o velocidad, podremos estimar un valor.

    Por tanto, vamos a introducir los datos correspondientes a algunos de los mayores fenómenos creadores de tsunamis conocidos. Así, veremos qué alturas máximas son físicamente posibles. No obstante, es importante tener en mente que sobreestiman los límites reales y muy probablemente nunca sean alcanzados.

    La caída de un meteorito

    Por otro lado, el meteorito más energético del que tenemos conocimiento, (Chicxulub), conocido popularmente por poner fin a los dinosaurios, liberó la energía equivalente a 67 000 millones de bombas de Hiroshima. Tanta energía podría haber generado una ola de no más de 16 kilómetros en costa, si bien en la literatura se estima que “sólo” habría alcanzado en torno a entre 1 y 3 kilómetros de altura.

    No hay olas infinitas

    Las olas no pueden crecer indefinidamente. Su altura está limitada por factores como la longitud de onda, la profundidad del agua y la energía disponible.

    En mar abierto, las olas generadas por viento difícilmente superan los 30 metros. Más allá de eso, entramos en el terreno de los tsunamis y megatsunamis, que pueden generar olas de cientos de metros, pero dependen de procesos geológicos violentos y muy raros.

    En cualquier caso, en la práctica, existe un límite razonable a la altura de las olas que el mar puede ofrecernos.

    Podemos ir a la playa sin miedo, siempre, claro, que no vivamos, en estos momentos, en la costa afectada por el efecto del terremoto en Rusia.The Conversation

    José Luis González Fernández, Profesor Ayudante Doctor Didáctica de las Matemáticas, Universidad de Castilla-La Mancha y Carlos Martínez-Conde Hernández, Doctorando en la UCLM, Universidad Complutense de Madrid

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Wrench attacks: cuándo la seguridad digital ya no basta

    En 2025 ha crecido de forma alarmante lo que se conoce como “wrench attacks”, o ataques con llave inglesa: agresiones físicas que buscan obligar a una persona a revelar sus claves privadas para robar sus activos digitales. Casos recientes incluyen el secuestro del fundador de Ledger y el intento de rapto de la hija de un ejecutivo en París.

    Estos incidentes muestran que la seguridad cripto no es solo digital: tener tus activos offline en un cold wallet no te protege si alguien te apunta con un arma o te secuestra. Como bien dijo un experto, “crypto convierte a cualquier holder en una caja fuerte ambulante. Y ser tu propio banco significa aceptar que puedes ser asaltado como tal”.

    Autonomía y responsabilidad: el dilema de “not your keys, not your coins”

    Bitcoin se basa en la soberanía individual: tú controlas tus claves, tú controlas tus monedas. Ese principio ha sido central en la cultura cripto. Sin embargo, los ataques físicos o “wrench attacks”, muestran que ejercer una autoridad total sobre tus activos implica también una responsabilidad personal sobre tu seguridad.

    Como David Carvalho señala, mantener la boca cerrada sobre tu patrimonio y evitar exhibiciones públicas es la primera línea defensiva. La discreción ya no es opcional, es parte del protocolo básico de seguridad.

    ¿Qué puede hacer un individuo responsable para protegerse?

    1. Silencio como escudo
      No divulgar montos, ubicaciones o inversiones en redes sociales. Muchos ataques surgen tras rastrear información personal pública o filtraciones de datos (incluyendo del hack de Ledger o Coinbase).
    2. Distribución de riesgo vía M‑signatures o MPC
      Sistemas de custodia que reparten control: por ejemplo, necesitar 2 de 3 firmas para mover fondos. Esto convierte al ataque individual en algo mucho menos rentable, ya que no basta con intimidarte a ti solo.
    3. Planes de duress y presupuestos de emergencia
      Algunos protocolos están comenzando a integrar códigos de pánico o wallets de solo-show (con fondos mínimos), útiles si alguien amenaza con violencia física.
    4. Seguridad física y táctica personal
      En casos extremos, no es descabellado considerar profesionales de seguridad, cámaras, vigilancia o incluso entrenamiento personal, como han adoptado figuras prominentes.

    Bitcoin exige valentía, no exhibición

    La ironía es fuerte: la misma tecnología diseñada para liberarte del sistema financiero puede vulnerarte en el mundo real si no controlas la narrativa sobre tus holdings. Como advertía un investigador: “la gente se convierte en objetivo simplemente por ostentar: carros lujosos, eventos cripto o viajes caros”.

    Reflexión desde los principios iniciales de Bitcoin

    Bitcoin nació con la aspiración de devolver la autonomía al individuo sin intermediarios. Eso implica asumir riesgos y responsabilidades. No se trata solo de confianza técnica, sino también de inteligencia situacional y éstrategia preventiva.

    • La privacidad es tan importante como la seguridad criptográfica.
    • Compartir tu dirección en una charla o tweet puede tener consecuencias reales.
    • La clave privada es sagrada, sí, pero lo es también tu integridad física y mental.

    Seguridad integral, más allá del código

    No hay algoritmo que te defienda si alguien te apunta con un arma. Los “wrench attacks” son un ejemplo brutal: la soberanía individual no solo demanda autogestión técnica, sino prudencia y planificación personal.

    La responsabilidad individual es más urgente e importante que nunca. Bitcoin otorga libertad financiera, pero también exige madurez en cómo la ejerces. Ser tu propio banco implica proteger tu vida y tu privacidad con la misma seriedad que proteges tu seed phrase.

  • Morir con Bitcoin: ¿Cómo dejar tu herencia cripto?

    La revolución del dinero descentralizado trajo consigo un nuevo paradigma de soberanía financiera, pero también una pregunta inquietante: ¿qué pasa con mis Bitcoins si muero? Morir con Bitcoin sin planificación deja a los herederos sin esa herencia.

    A diferencia de las cuentas bancarias tradicionales, donde los herederos pueden acudir con documentos y certificados de defunción, en el mundo cripto sin las claves privadas, no hay acceso posible. Punto.

    ¿Por qué morir con Bitcoin puede ser un problema?

    Bitcoin empodera al individuo como nunca antes: nadie puede congelar tu cuenta, ni el banco ni el gobierno. Pero esa misma independencia se vuelve peligrosa si no se contempla una estrategia de sucesión.

    Si el titular muere sin dejar instrucciones claras y seguras, sus fondos quedan bloqueados para siempre en la cadena de bloques, inaccesibles incluso para sus seres más cercanos.

    Esto ya ha ocurrido. El caso de QuadrigaCX, cuyo fundador murió súbitamente llevándose las claves a la tumba, dejó más de 200 millones de dólares congelados. Y sucede también en hogares donde un padre o una pareja mueren sin haber compartido cómo acceder a sus activos digitales.

    ¿Cómo evitar que tus Bitcoins mueran contigo?

    Aquí una guía práctica para titulares de Bitcoin que deseen que sus fondos no desaparezcan con ellos:

    1. Haz un inventario digital

    Registra cuántos BTC posees, en qué wallets están y qué tipo de almacenamiento usas (hot wallet, cold wallet, hardware wallet). Este registro debe mantenerse actualizado.

    2. Designa un heredero cripto consciente

    No basta con nombrar un heredero en tu testamento. Debe entender cómo funcionan las criptomonedas. Instrucciones ambiguas como “hay una clave en una caja” no sirven si la persona no sabe qué hacer con ella.

    3. Protege y documenta tus claves privadas

    Las claves privadas o las frases semilla deben resguardarse de forma segura pero accesible tras el fallecimiento. Algunas estrategias:

    • Almacenarlas en una caja fuerte con acceso condicionado.
    • Dividir la semilla (Shamir’s Secret Sharing) y darlas a personas distintas.
    • Usar servicios como Casa o Nunchuk Inheritance.

    4. Deja un plan en tu testamento

    Redacta un documento legal que incluya:

    • Qué activos cripto existen.
    • Quiénes son los beneficiarios.
    • Dónde y cómo están almacenadas las claves.
    • Instrucciones claras para acceder o transferir los fondos.

    5. Revisa tu plan cada uno o dos años

    Relaciones, montos y tecnologías cambian. Un plan de herencia digital debe mantenerse actualizado.

    ¿Y si alguien muere y crees que tenía Bitcoin?

    Si eres heredero y crees que alguien fallecido tenía activos digitales:

    • Revisa sus dispositivos: móviles, laptops, wallets físicos o papeles.
    • Busca correos, notas, indicios de exchanges o wallets.
    • No uses las claves hasta tener asesoría legal/técnica.
    • Consulta con un abogado familiarizado con activos digitales.

    Bitcoin no olvida, pero tampoco perdona

    Bitcoin no distingue entre vivos y muertos. Solo responde a claves válidas. Si no las has compartido de forma inteligente, tus ahorros podrían desaparecer como si nunca hubieran existido.

    La autonomía exige previsión. Dejar Bitcoin a tus seres queridos no es tan sencillo como escribir un nombre en un testamento. Es una responsabilidad técnica, emocional y ética.

    Si creíste que con Bitcoin eras tu propio banco, recuerda: también eres tu propio albacea.

    ¿Ya pensaste cómo proteger tu legado cripto? Comparte este artículo con quien debería leerlo antes de que sea tarde.

  • ¿Cómo se evalúa la parte oral de un examen oficial de inglés? Claves para entender la competencia pragmática

    Imaginemos la siguiente situación: dos amigas se han preparado juntas el examen C1 de inglés y, tras realizar todas las pruebas, lo comentan entre ellas. Sara dice que el “listening” le ha salido fenomenal y Carmen que la prueba escrita le resultó más fácil de lo que esperaba. Con respecto a la parte oral del examen, ninguna de las dos está muy segura de cómo les ha ido: “He hablado un rato largo sobre las imágenes y he contestado bien a las preguntas del examinador… pero ¿quién sabe?”.¿Qué busca esta prueba oral de los exámenes oficiales? Su objetivo es evaluar la producción oral (y en algunos casos, la interacción) de los candidatos, incluyendo la capacidad de usar la lengua de manera efectiva para la comunicación. Esto es lo que se conoce como competencia “pragmática”. La pragmática es la parte de la lengua que analiza cómo el contexto afecta al significado e interpreta lo que decimos.

    Chiste sobre las competencias pragmáticas.
    Elaboración propia.

    ¿Cómo podemos demostrar en una prueba oral nuestra capacidad de comunicarnos de manera efectiva, teniendo en cuenta el contexto, los interlocutores y las reglas específicas de la lengua? Se trata de adaptar el lenguaje a diferentes contextos y registros, desarrollar ideas de forma coherente y cohesionada (por ejemplo, con conectores o siguiendo una estructura lógica en el discurso), intervenir en una conversación y expresar opiniones con fluidez y espontaneidad.

    ¿Qué se busca en el examen?

    La competencia pragmática es una de las competencias comunicativas que contempla el Marco Común Europeo de Referencia, estándar internacional para el aprendizaje, la enseñanza y la evaluación de lenguas. Por tanto, debe formar parte de los exámenes de acreditación lingüística que certifican niveles de inglés del A1 al C2, ¿pero pueden evaluarse de manera objetiva?

    En un reciente estudio, hemos analizado cómo perciben la competencia pragmática 60 examinadores de dos exámenes de acreditación muy populares en la actualidad: Cambridge Advanced English y Aptis ESOL Advanced. El objetivo era conocer qué destrezas pragmáticas y en qué medida se tienen en cuenta en las pruebas orales de nivel C1.

    Los resultados indican que lo más valorado en el nivel C1 es la capacidad de producir y desarrollar ideas claras, siguiendo una estructura lógica. Los examinadores están de acuerdo en que un buen manejo del discurso, teniendo en cuenta la claridad y relevancia de las ideas, es esencial a este nivel.

    Por ejemplo, un examinador comentó que a veces los candidatos responden brevemente dando vueltas sobre la misma idea. En otras ocasiones, se van por las ramas porque no han entendido el tema. Otras veces, se centran en la tarea y se explayan de forma razonable, con control y estructura. Éstos últimos son los que demuestran una buena competencia pragmática.

    Estructuras gramaticales y entonación

    Es muy importante emplear distintas estructuras gramaticales de manera flexible. Por ejemplo: imaginemos que nos preguntan sobre lo que hemos hecho la noche anterior. Una posible respuesta sería: “By the time I arrived home, my husband had cooked dinner. If I had known, I would not have already eaten a sandwich at work”. En esta respuesta, el uso flexible de los tiempos pasados y del tercer condicional contribuye a la organización lógica de las ideas.

    El uso de verbos modales, como “You might be right”, o expresiones similares a “I see your point, but…” o “I guess that…” podrían ser de gran ayuda para expresar opiniones de manera educada. Es importante recordar que la entonación es clave para que se interprete de manera correcta nuestra intención. Por tanto, debemos acompañar estas expresiones de una entonación ligeramente ascendente al final para que se perciba como una sugerencia respetuosa y no una oposición tajante.

    Autocorregirse sobre la marcha: buena idea

    Si cometemos algún error durante el examen, don’t panic! Si nos autocorregimos o parafraseamos rápidamente y con naturalidad, especialmente si añadimos una frase como “What I really mean is…” o “Let me explain…”, suele valorarse positivamente.

    Conectores sin sentido: mala idea

    Sin embargo, el uso de conectores como “moreover”, “furthermore” o “nevertheless”, que muchos usan en el examen oral para causar una buena impresión, rara vez tiene el efecto deseado. Esto se debe a que a menudo se nota que son memorizados y se suelen meter con calzador en un contexto en el que no tienen mucho sentido.

    Para demostrar la capacidad de relacionar ideas, podemos dar ejemplos y razones para apoyar argumentos. El uso de sinónimos y expresiones que ayuden a seguir el argumento, comprender la relación entre las ideas y anticipar lo que vendrá a continuación, como “As you mentioned earlier…”, también son buenos recursos.

    ‘Good question’: demasiado obvio

    Ocurre algo parecido con frases, como “that’s a good question, let me think…”, que los candidatos suelen usar para tomar el turno de palabra o ganar tiempo para pensar. Aunque pueden ser útiles, no sirven como reflejo fiel de la competencia interactiva por ser demasiado mecánicas.

    Para demostrar esta capacidad de interactuar con otra persona en un examen por parejas, podemos hacer preguntas al compañero (“What do you mean by…?” o “Would you agree that…?”), interrumpiendo solo cuando sea necesario y demostrando escucha activa mediante lenguaje no verbal y contacto visual.

    Factores paralingüísticos

    No obstante, los examinadores reconocieron que evaluar aspectos pragmáticos era todo un reto. Frecuentemente, prestaban atención a “un habla natural”, lo que podría hace referencia al modelo de hablante nativo. Un estándar que resulta obsoleto en el mundo actual donde el inglés funciona, en la mayoría de los casos, como lengua franca o vehicular entre hablantes no nativos.

    Además, varios examinadores reconocieron que a menudo pueden verse influenciados por aspectos personales de los candidatos, como la inteligencia, madurez, confianza y cultura. Estos resultados alertan sobre cierta subjetividad que puede estar presente en la evaluación.

    Más allá de “saber inglés”

    En resumen, tener un nivel C1 no es solo acumular conocimientos de gramática y vocabulario, sino saber usar la lengua con intención. La competencia pragmática es compleja de determinar porque depende del contexto, pero es crucial para comunicarnos de forma efectiva. Por ello, debemos seguir investigando qué papel juega en los exámenes de acreditación lingüística para poder enseñarla y evaluarla de manera justa, objetiva y eficaz.The Conversation

    Cristina Heras Ramírez, Doctora en Lingüística , Universidad de Cádiz

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Liderar sin fronteras: cuando la distancia se convierte en estrategia

    “Acepté el puesto porque podía trabajar desde casa”, confesaba Mike Regnier, CEO del Banco Santander en Reino Unido, en una entrevista publicada en mayo de 2024. Su oficina no está en la sede central del banco, ni siquiera en el mismo país. Y no es una excepción: cada vez más multinacionales españolas apuestan por equipos directivos cuyos miembros están repartidos por distintos continentes.

    ¿Puede una empresa tomar decisiones acertadas cuando su equipo de liderazgo está separado por miles de kilómetros? Esta es la pregunta que guía la investigación que estamos desarrollando en la Universitat de València. Y la respuesta, lejos de ser un simple “sí”, revela una transformación profunda en la forma de dirigir empresas globales.

    Del despacho a la red: una nueva arquitectura del poder

    Durante décadas, el liderazgo corporativo ha estado ligado a la toma de decisiones centralizada, largas jornadas en oficinas ejecutivas y una presencia constante en la sede de la empresa. Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente. Las organizaciones hoy en día operan en un entorno de creciente complejidad, marcado por una nueva era geopolítica, por la globalización, la transformación digital y nuevas expectativas por parte de los empleados.

    Cuando hablamos de dispersión geográfica del equipo directivo no nos referimos simplemente al teletrabajo ocasional ni a reuniones por Zoom o por Teams. Hablamos de estructuras permanentes en las que los miembros de la alta dirección, quienes definen la estrategia y toman las decisiones clave, están físicamente ubicados en distintas ciudades, regiones o países. No es que viajen mucho: es que sus despachos están lejos unos de otros.

    Esta configuración organizativa es cada vez más frecuente en empresas que tienen múltiples filiales y realizan operaciones en diversos mercados. Tener líderes repartidos geográficamente les permite ganar sensibilidad cultural, tener información de primera mano sobre los mercados y poseer una mayor agilidad para tomar decisiones enmarcadas en el contexto adecuado. En lugar de centralizar el poder en una única sede, lo distribuyen estratégicamente a través de una red global interconectada. Aunque puede parecer una desventaja, la dispersión geográfica puede convertirse en una ventaja estratégica.

    Más innovación, más diversidad: lo que revela la investigación

    Para entender mejor esta tendencia, hemos llevado a cabo un estudio empírico que analiza la ubicación de los miembros del equipo de la alta dirección de las multinacionales españolas más grandes. La investigación reveló que más del 50 % de estas empresas ya cuentan con equipos directivos geográficamente dispersos, lo que indica que no se trata de algo excepcional, sino de una práctica cada vez más extendida entre las organizaciones más internacionalizadas.

    Pero lo más interesante no es cuántas lo hacen, sino qué tienen en común estas empresas:

    • Destacan por su fuerte orientación a la innovación, registran un mayor número de patentes y apuestan por la investigación y el desarrollo.
    • Tienen una mayor presencia internacional, operan en más países y gestionan más filiales.
    • Cuentan con equipos de alta dirección más diversos en términos de nacionalidades, y están compuestos por un mayor número de miembros.

    Todo esto sugiere que la dispersión es más que la consecuencia de operar en muchos mercados: es una estrategia deliberada para gestionar la complejidad y generar valor desde múltiples puntos del mapa mundial.

    Desde esta perspectiva, la distancia física puede favorecer que se tomen decisiones más contextualizadas, con mayor capacidad de adaptación y con una visión global que no se consigue solo desde la casa matriz.

    La paradoja de la distancia: más lejos, más cerca

    Dispersar el equipo directivo no solo implica superar las barreras logísticas de coordinar zonas horarias distintas. Supone un cambio más profundo: replantearse cómo se toman las decisiones, cómo se construye la confianza y qué significa liderar cuando las decisiones clave ya no se toman exclusivamente desde la sede central. Es lógico pensar que las organizaciones con equipos de alta dirección dispersos tienden a operar con estructuras más horizontales, fomentando una comunicación más constante y promoviendo una cultura más abierta a la colaboración.

    Este modelo transforma la idea tradicional de control. La autoridad ya no se concentra en un único lugar, sino que se reparte geográficamente, multiplicando así los puntos de observación. Más allá de perder cohesión, muchas multinacionales encuentran en esta arquitectura distribuida una ventaja para adaptarse con rapidez y sensibilidad a contextos diversos.

    ¿Qué va primero: la expansión o la dispersión?

    Queda una cuestión clave por resolver: ¿las empresas dispersan su liderazgo porque ya tienen una huella internacional consolidada, o lo hacen precisamente para construirla?

    Es el clásico dilema del huevo o la gallina. Es decir, ¿estamos ante una consecuencia natural de la expansión global o ante una estrategia para impulsarla?
    La realidad apunta a una relación circular. Cuanto más se dispersa el equipo directivo, más capacidad tiene la empresa para adaptarse a mercados diversos y expandirse con agilidad. Y, a medida que crece, más sentido cobra continuar dispersando el liderazgo. Entender bien ese vínculo y saber cuándo dar el primer paso puede marcar la diferencia entre liderar la transformación o quedarse anclado en modelos del pasado.

    La dispersión geográfica del equipo directivo no es una moda ni una consecuencia inevitable de la globalización. Es una decisión estratégica que redefine el centro de gravedad de las organizaciones. Y, como muestra mi investigación, puede ser una poderosa palanca para innovar, crecer y liderar sin fronteras.


    Artículo ganador del I Premio de Comunicación Científica de la Universitat de València en la modalidad de Ciencias Sociales. The Conversation


    Isabel Gausi Carot, Adjunct professor, Universitat de València

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.