Etiqueta: colectivismo

  • Los Terribles Efectos de la Intervención Gubernamental en el Mercado

    En Panamá hemos creado una cultura de ciudadanos que apelan por más y más intervención gubernamental y menos y menos empresarialismo; realidad presente en el “no a la privatización”, frase que llama a la estatización. Y… ¿qué es eso de “privatización” y “estatización”?

    Quienes piden no privatizar piden más gobierno a cargo de la Cosa Nostra politiquera y menos empresas privadas. “Estatización” es más empresas gubernamentales, tales como el Metro, MiBus, IDAAN, MEDUCA, PATACÓN, IMA, ENSA y tal. El fenómeno que describo es el del “colectivismo”, que se refiere a darle más prioridad al rebaño que a la vaca y al toro; o, más importancia a quienes cierran las calles que a quienes van en sus autos al trabajo, urgencia y tal.

    El inmenso peligro del colectivismo o pandillerismo se da cuando es adoptado por una repugnante clase política completamente corrupta; la cual entiende muy bien que controlando la mentalidad controlan al rebaño. Desde la misma Biblia y en los Mandamientos podemos ver el poder de control que hay en el pecado de la envidia. Es difícil no “desear la mujer del prójimo” o su dinero, auto, casa, vestido o su belleza física y mucho más. Y falso que la envidia es del pobre al rico, ya que entre los vecinos de los barrios del pueblo sobra la envidia hacia el vecino. Maldito el político que se vale del pecado de la envidia para controlar al populacho; y lo más triste es que he visto a la mayoría de presidentes que hacen eso.

    En fin, los mecanismos para dominar al pueblo son muchos, tal como el Metro, ese que todos lo ven y admiran. Lástima que no tengan la capacidad de ver que no sólo no resolvió las necesidades de transporte urbano sino que no hay fondos para operarlo de manera eficiente y económica. Y, tal vez llegue el día en que no haya fondos para operarlo. O, lo operarán a costillas de que no pueden tapar los cráteres en las calles y tal.

    El estatismo es tan viejo como vieja es la humanidad y de ello hablaba Platón. Y ni hablar de la filosofía comunista que pone a la persona humana por debajo de la turba humana. En el comunismo estatista no hay propiedad; todo pertenece al Estado; incluyendo a tus hijos, que son propiedad del Estado. Es el desastre del MEDUCA, que como es de todos, no tiene dueño y se convierte en objeto de las pirañas políticas, sindicales y del estado profundo.

    Y… ¿qué si les digo que el gobierno de Panamá lo podríamos operar a una fracción del costo que hoy tiran a Cerro Patacón? Me consta porque nuestra empresa hizo un estudio con expertos internacionales y quedó patente. Pero los políticos que pagaron por dicho estudio, no se atrevieron a ponerlo en efecto porque se quedarían sin fondos para robar. ¡Ha!, sí, y no sólo el gobierno funcionaría mil veces mejor sino la economía se dispararía y se reduciría la cantidad de pobres. Lástima que ello sería terrible para la mafia política.

    Pero ¿qué hacer con una población noducada por el MEDUCA? Una población incapaz de ver más allá de los jamones repartidos en navidad y del resto de los disque subsidios que lo único que subsidian es la pobreza y la servidumbre. Una población que se maravilla al ver pasar los trenes del Metro pero que es incapaz de ver la realidad de la deuda pública y del desgobierno que nos conduce al desastre de Venezuela o Cuba.

  • El futuro de las democracias con Trump, según Guy Sorman

    En su artículo para  el periódico español ABC, «Trump, ¿el futuro de las democracias?», Guy Sorman analiza la reelección de Donald Trump, presentándola no solo como un triunfo electoral, sino como un fenómeno ideológico que revela una tendencia global hacia la política identitaria y el populismo. Sorman argumenta que el «trumpismo» encarna una idea de «identidad» nacionalista que desplaza las divisiones clásicas entre derecha e izquierda, convirtiéndose en una corriente ideológica que redefine la democracia occidental. Esta transformación, asegura, es emblemática del papel histórico de Estados Unidos como precursor de cambios culturales y políticos en Occidente.

    1. El Fin de la Divisón Izquierda-Derecha y el Ascenso de la Identidad
    Sorman observa que el trumpismo desafía el eje político tradicional de derecha e izquierda. En su lugar, señala, surge una polarización basada en la «identidad», centrada en ideales de una América «eterna» y «blanca», que apela a una noción de pasado y valores patriarcales. Para Sorman, este fenómeno se debe en parte a la «crisis de la izquierda», que carece de un mensaje unificador. Al reducirse a una serie de demandas de intereses particulares, la izquierda, tanto en EE.UU. como en Europa, ha perdido la capacidad de ofrecer una visión cohesionada. Esto, dice, deja un espacio fértil para movimientos populistas como el de Trump, que exalta una identidad homogénea.

    Desde una óptica libertaria, la idea de una identidad nacional impuesta es problemática. Aunque la fragmentación de la izquierda en demandas particulares puede ser vista como la manifestación de la diversidad y autonomía individual, un enfoque basado en la identidad como la define el trumpismo corre el riesgo de centralizar el poder en torno a un ideal común y excluir a quienes no se ajusten a él.

     2. La Era de los Medios y el «Político Espectáculo»
    Sorman atribuye gran parte del éxito de Trump a su habilidad para convertirse en un ícono mediático, potenciado por su fama en la televisión. Esta «política de la apariencia» ha permitido que Trump gane seguidores que no necesariamente se preocupan por sus propuestas concretas, sino que lo ven como un símbolo de los valores y tradiciones que perciben como amenazados. En este sentido, Sorman sugiere que en el futuro la política podría depender aún más de figuras populares de los medios, en lugar de líderes tradicionales.

    La «política del espectáculo» choca con los valores libertarios, ya que fomenta un liderazgo centrado en la popularidad y la personalidad en lugar de los principios. Esto promueve figuras autoritarias que manipulan la opinión pública y consolidan el poder mediante tácticas de «seducción» mediática, en detrimento de las instituciones y de una verdadera participación democrática.

    3. La Identidad como Motor del Populismo y su Potencial de Violencia
    Para Sorman, el trumpismo se nutre de la división social y la exclusión de minorías étnicas y sexuales, lo que genera una atmósfera que podría derivar en un aumento de la violencia política. Trump, dice, ha mostrado actitudes que pueden interpretarse como incitaciones implícitas a la confrontación, apelando a un electorado que, según Sorman, defiende una identidad que considera propia y teme perder.

    Desde el punto de vista libertario, el riesgo de violencia inherente a estas políticas de identidad es una seria amenaza. La política debería basarse en el respeto a las libertades individuales, evitando cualquier forma de coacción estatal o social hacia quienes no comparten una visión particular de la identidad nacional. Además, el fomento de divisiones internas puede justificar un poder gubernamental más represivo, en contradicción con la visión libertaria de un Estado limitado y protector de los derechos individuales.

    4. El Desafío para Europa y el Futuro de la Democracia
    Sorman señala que este fenómeno de polarización identitaria podría expandirse en Europa, como ya se ha observado en casos como el Brexit o los movimientos independentistas en Cataluña. Aunque Sorman advierte que las democracias europeas pueden estar mejor equipadas institucionalmente para resistir estos impulsos, también considera que el trumpismo podría debilitar las normas democráticas y la estabilidad de las instituciones políticas en el largo plazo.

    En este sentido, el activismo liberal deberá ser mayor ante la necesidad de una vigilancia activa para que los sistemas europeos no caigan en la política de identidad, defendiendo una pluralidad de ideas y evitando una deriva hacia el autoritarismo. La resistencia a estos movimientos debe estar basada en una sólida defensa de los derechos y libertades individuales, garantizando que las instituciones democráticas continúen siendo parte de una sociedad cada vez más abierta y no tribal.

    5. El Papel de la Izquierda y el Liberalismo en el Mundo del Trumpismo
    Finalmente, Sorman reflexiona sobre la necesidad de que la izquierda y el liberalismo se reinventen. Mientras que la izquierda necesita trascender su fragmentación actual, los liberales enfrentan el desafío de adaptar su visión individualista y «racional» a una realidad donde la identidad nacional parece ocupar un lugar preponderante.

    Desde este punto de vista, la solución radica en reafirmar los principios de autonomía y derechos individuales sin ceder ante colectivismos nacionalistas o identitarios. El liberalismo y la democracia no deben sacrificarse en pos de una identidad homogénea, sino reforzarse en sus valores fundamentales de respeto y diversidad. Así, el trumpismo podría ser contrarrestado mediante una defensa activa de la libertad individual y la descentralización, oponiéndose a cualquier tendencia hacia el autoritarismo, ya sea en nombre de la identidad nacional o de cualquier otra forma de control político.

    Sorman presenta el «trumpismo» como una fuerza que redefine el panorama político contemporáneo, impulsando la identidad como un nuevo eje de polarización. Desde una perspectiva libertaria, esta tendencia plantea grandes desafíos y riesgos, especialmente en cuanto al mantenimiento de una sociedad libre, pluralista y democrática.

  • Remember, Remember: La Lucha por la Libertad Individual en «V for Vendetta»

    Con el 5 de noviembre en el horizonte, la icónica frase «Remember, remember the Fifth of November» cobra relevancia, invitándonos a reflexionar sobre temas de libertad individual y resistencia frente a un Estado opresivo. «V for Vendetta», tanto la novela gráfica de Alan Moore como su adaptación cinematográfica, presenta un relato poderoso que examina la resistencia contra un gobierno autoritario que controla y monitorea cada aspecto de la vida ciudadana. Desde una perspectiva liberal, el mensaje que transmite «V for Vendetta» es profundamente resonante y atemporal.

    Un Estado Totalitario que Todo lo Vigila

    En «V for Vendetta», vemos una sociedad distópica donde el Estado utiliza el miedo y la vigilancia extrema para mantener el control. La «Ley de Norsefire», como se llama el partido en el poder, prioriza la seguridad y el orden sobre la libertad individual, sacrificando los derechos humanos para «proteger» a sus ciudadanos. La figura de «V» surge en respuesta, defendiendo la autonomía personal y recordando al público que el verdadero enemigo es un Estado que se cree con derecho a controlar el pensamiento y la acción de las personas.

    La Libertad como Base para la Responsabilidad Personal

    Desde una perspectiva liberal, «V for Vendetta» destaca que sin libertad no puede haber responsabilidad personal, y mucho menos autodeterminación. V no solo lucha contra las instituciones opresivas, sino que desafía a las personas a tomar el control de sus propias vidas, a cuestionar la propaganda y a exigir la verdad. En un gobierno que somete, manipula y censura, V simboliza la importancia de la desobediencia civil para preservar las libertades más básicas.

    El Individuo Contra el Colectivismo Estatal

    La historia también explora las implicaciones del colectivismo extremo. Bajo el régimen totalitario, la ideología de «seguridad para todos» se convierte en una herramienta para justificar la represión y el control. Este sistema colectivo borra al individuo, reemplazándolo por un «bien común» impuesto desde el poder. Desde un punto de vista liberal, esta es la principal amenaza: la pérdida de derechos individuales en nombre de un control centralizado que todo lo justifica en aras de un supuesto bienestar mayor.

    «People Should Not Be Afraid of Their Governments, Governments Should Be Afraid of Their People»

    Este famoso lema de «V for Vendetta» captura el espíritu liberal de la resistencia ante la tiranía. La frase subraya la creencia de que el poder del gobierno debe estar al servicio de los ciudadanos, no por encima de ellos. Esta visión es especialmente relevante en un mundo donde el poder del Estado sigue creciendo en todos los ámbitos de la vida pública y privada.

    Reflexión Final: El 5 de Noviembre como Símbolo de Vigilancia y Resistencia

    En este 5 de noviembre, recordar la historia de «V for Vendetta» nos sirve como advertencia y como inspiración. Desde una perspectiva liberal, el relato nos invita a no olvidar la importancia de proteger las libertades individuales contra los abusos de poder y a tener siempre presente que la vigilancia y el escepticismo hacia el poder son herramientas necesarias para salvaguardar nuestra autonomía.

    En un contexto contemporáneo donde el control estatal sigue en aumento, «V for Vendetta» nos recuerda que la libertad requiere valentía, y que el poder verdadero yace en el individuo libre y consciente.

  • Nuestros hijos ya son comunistas

    Nos cuenta Mark Thornton del Instituto Mises que si nuestros hijos aún no son comunistas, por la ruta en que andamos pronto lo serán. Y la verdad es que vale la pena ponerle atención, veamos.

    De salida Thornton asevera que los mismos padres en los EE.UU. ya son, al menos, medio comunistas y al leer lo que dice Thornton caí en cuenta que esto también aplica, en buena medida, en Panamá. Ver que le hemos entregado la educación de nuestros hijos al MEDUCA o, mejor dicho, al NODUCA gubernamental es de pavor. Es decir, que le entregamos el futuro de nuestros hijos a los árbitros del partido, que se supone no están para patear balones sino para ver que no se haga trampa en el juego. Pero, ¿no han sido los árbitros gubernamentales los que más trampas vienen haciendo?

    ¿Qué hacer cuando no sólo los árbitros patean los balones sino hacen trampas? Y aún más allá, cuando muchos funcionarios del NODUCA, en vez de enseñar emprendimiento enseñan servilismo a la casta política. Y tengamos en cuenta que la ignorancia conduce al servilismo y la dependencia enfermiza que vemos con una población que quiere que el gobierno les resuelva todo.

    ¿Será tan difícil ver que todo el adelanto que vemos alrededor nuestro nace de la privatización y no de la estatización? Los gobiernos no son productivos; productivos son los ciudadanos libres. Y, sin embargo, el decir más popular entre nuestro pueblo es el “no a la privatización”. Es simple, si no es privado o empresas, sólo queda el centralismo que es comunismo o peor; pandillerismo, que es lo que hemos venido cultivando a través de nuestra historia.

    Y regreso al MEDUCA que NODUCA, ese que sale más caro que la mayoría de las escuelas privadas que educan mejor. Y más triste aún, que miles de panameños pagan doble; pagan impuestos que van a dar al NODUCA, y luego pagan para que sus hijos vayan a escuelas no gubernamentales; sean estas con fines lucrativos o comunitarias.

    La inmensa mayoría de las empresas privadas viven y sobreviven debido a que sirven bien a sus clientes, lo cual no es el caso de las empresas gubernamentales; particularmente cuando entran a competir con particulares. ¿De veras creemos que gobernar es recoger basura, vender agua, electricidad, alimentos y andar compitiendo en el mercado?

    Y ¡por supuesto! cuando uno se ha acostumbra a que todo se lo hagan los gobiernos o, mejor dicho, los ladinos políticos, a punto de que no aprendieron a resolver por cuenta propia, no es de extrañar que lleguen otros que han escapado a dictaduras, como la venezolana, y les quitan sus empleos; ya que allá, a la brava, aprendieron la lección; y no vienen creyendo que Tío Gobierno les resolverá.

    ¡Por supuesto!, que en tal realidad, gran parte de la población es fácil presa de las ideologías socialistas, esas que plagan nuestra constitución. En el mundo irreal del comunismo, en el cual no existe la propiedad privada, se pretende que todos amen al prójimo y no les interese lucrar sino regalar. Creen que el capitalismo es salvaje y el comunismo es bondadoso. Vayan de vaca a Venezuela a ver si es así.

    Y no es que los sindicatos no puedan beneficiar a sus miembros, sino que si se van por el sendero del comunismo y tal, terminan afectando al emprendimiento que es el único que pueden hacer realidad los beneficios laborales. Y más triste es que para lograr un salario mínimo se requiera una ley que prohíba trabajar ganando menos a personas con menor capacidad.

  • Juegos Olímpicos reimaginando su espíritu y más allá del nacionalismo

    Hoy, 26 de julio de 2024, París se vestirá de gala para inaugurar los Juegos Olímpicos, un evento de magnitud mundial que promete una ceremonia apoteósica. La ciudad de la luz, con su emblemático río Sena, será el protagonista principal del espectáculo inaugural, destacando la grandeza y la belleza de la capital francesa. Este evento, sin embargo, va más allá de un simple despliegue de luces y colores; es una manifestación de la enorme inversión y planificación detrás de los Juegos Olímpicos.

    El presupuesto destinado a la organización de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París 2024 asciende a 4.400 millones de euros, casi en su totalidad procedente del sector privado. Este financiamiento cubre todos los aspectos de la planificación, organización y realización del evento: desde el alquiler de locales y la preparación de las instalaciones, hasta la seguridad y el alojamiento de los atletas. La financiación privada proviene principalmente del Comité Olímpico Internacional (COI), empresas asociadas, la venta de entradas y la concesión de licencias, con una aportación del COI de 1.200 millones de euros, que incluye derechos de televisión y asociaciones comerciales.

    A pesar de la grandiosidad y el brillo del evento, es inevitable preguntarse si la estructura actual de los Juegos Olímpicos es la más adecuada. La reflexión sobre si los países deben competir en lugar de los atletas o equipos deportivos plantea una cuestión profunda sobre el significado y el impacto del nacionalismo en el deporte. En los tiempos modernos, las ideas de nacionalismo, supremacía y racismo se han exacerbado, y los Juegos Olímpicos, con sus himnos, banderas y uniformes nacionales, a menudo refuerzan estos sentimientos colectivos.

    El nacionalismo en el deporte puede tener efectos adversos. En las democracias más avanzadas, el impacto puede ser mínimo, pero en otras regiones, los atletas pueden convertirse en prisioneros de sus propias banderas. En algunos casos, se les impide competir o se les somete a presiones inmensas para ganar medallas «para el país». Esta instrumentalización de los deportistas recuerda, de alguna manera, a los antiguos Juegos Espartanos, donde los ciudadanos eran formados desde la infancia para servir al estado, priorizando el honor, la disciplina y la resistencia al dolor sobre el bienestar individual.

    La evolución de la sociedad debería llevarnos a cuestionar si realmente hemos avanzado o si seguimos atrapados en un estado de colectivismo que ofrece una falsa seguridad. La verdadera libertad y el reconocimiento del esfuerzo individual son principios que deberían ser más valorados. La propuesta de que los atletas compitan sin la representación de un país, sino por sus propios méritos y esfuerzos, es una idea impopular pero digna de reflexión.

    Los Juegos Olímpicos son un escenario global donde los valores del esfuerzo personal y la excelencia deberían brillar por encima de todo. La competencia sin el respaldo de un estado podría liberar a los atletas de presiones innecesarias y permitirles destacar por sus propios logros. Esta visión no pretende menospreciar el espíritu de unión y camaradería que los Juegos Olímpicos pueden fomentar, sino más bien, ofrecer una perspectiva diferente sobre cómo celebrar y valorar el esfuerzo humano en su forma más pura.

    Entonces, mientras París se prepara para deslumbrar al mundo con una ceremonia inaugural espectacular, es crucial que también reflexionemos sobre el verdadero significado de los Juegos Olímpicos. Más allá de las banderas y los himnos, debemos considerar cómo podemos honrar mejor el esfuerzo individual y la excelencia, y cómo podemos crear un entorno que celebre verdaderamente el espíritu del deporte sin las cargas del nacionalismo. Esta reflexión es una invitación a reimaginar un futuro donde los atletas puedan competir libremente, celebrando sus logros personales y el verdadero espíritu olímpico.

  • ¿Qué rayos es el capitalismo salvaje?

    Hoy un amigo me envió un video en el cual un periodista hace referencia a un editorial del Washington Post, asegurando que el “capitalismo salvaje” destruye a su paso los recursos naturales, la explotación del hombre y la manipulación de la mente para que nos convirtamos en rehenes de la sociedad de consumo. También vilipendia al “capital privado” dado que más del 80% de la riqueza está concentrada en el 1% de la población; junto con la privatización del agua, la salud, los recursos humanos que se han convertido en mercancías y que sólo están al alcance de una minoría rapaz voraz e insaciable. Y termina diciendo que o muere el capitalismo salvaje o muere la civilización humana. ¡Meto!, como diría el chiricano.

    ¿Por dónde agarramos a este puercoespín? Comencemos por la frase “capitalismo salvaje”, la cual forma parte de la Bable que intenta llegar al Cielo por una ruta que termina en el Infierno. Lo primero que me saltó en mente al escuchar semejante vitriolo señalamiento… ¡uy!, perdón con la palabrita y perdón si hago la circunvalación por los senderos de este término. Vitriolo, viene de vidrio, especialmente del sulfato cúprico, y se refiere a algo amargo, áspero o cáustico. El video es una retahíla vitriólica dado que en un mundo salvaje los medios de subsistencia no suelen ser primorosos. ¿Cuál otro sistema e ideologías política no es salvaje? A juzgar por los resultados, ¡ninguno! Y, a fin de tanta acusación al capitalismo que tilda de “salvaje”, no proponen alternativa. ¿Por qué? ¿Será que no la hay?

    Y repito a cansancio que la peor de las mentiras es aquella que es casi verdad; con lo cual quiero referirme a lo de la destrucción de los recursos naturales. Obvio que no se puede hacer limonada sin aplastar limones; pero otra cosa es alegar que las limonadas, en general, son destrucción. Lo malo está en pintar al mundo como un pastel que se reparte cada vez en cuñas más pequeñas. Es miopía crasa ver al mundo y al universo así.

    Bien usados, los recursos naturales constituyen la plataforma de lanzamiento a un futuro inimaginable en dónde encontraremos la riqueza del mismo universo. Y, sí, hay mucha destrucción de los recursos, pero no es sensato inventar el cuco del ‘capitalismo salvaje’ para aventarle culpas. En todo caso, la verdadera “derecha extrema” no es capitalista sino nacional socialista, es el nacismo que es extrema izquierda.

    “La explotación del hombre” … La más horrorosa explotación del hombre se da en el comunismo y sus hermanos de la izquierda; los cuales ni siquiera reconocen la familia y la propiedad de nuestros cuerpos, los cuales alegan ser menos que el colectivo. El capitalismo da riendas sueltas a todos para que del aporte de cada persona salgan las soluciones y caminos de virtud al destino de la humanidad. En el centralismo estéril no se abren los caminos de la diversidad sino del centralismo castrante.

    Y… quienes más que los socialistas, comunistas, y totalitarios en general son los que más se valen de la “manipulación de la mente”. ¿Acaso no vemos de dónde sale la locura del woke? Y ni hablar la manipulación de gobiernos regaliernos cuyo único objetivo es conducir las gallinas a los gallineros del policentrismo partidario.

    Que el “capital privado” es perverso. ¡A la gran flauta! ¿Será malo pensar y actuar con la cabeza propia? Es de necios creer y proponer que todo sea de todos, pues lo que es de todos no es de nadie y nadie lo cuida. Vean el agua del IDAAN.

  • La tiranía de lo colectivo

    Aldous Huxley resume sus preocupaciones en la alarmante moda de conceptos tales como la necesidad de adaptarse y ajustarse a los otros, al pensamiento grupal, a lo socialmente aceptado, en definitiva a la disolución de lo personal en aras de lo colectivo.

    Seguramente el desafío mayor de nuestra época estriba en comprender el valor descomunal de la persona. Entender que cada uno de los humanos es único e irrepetible, por ende, con potencialidades exclusivas en toda la historia de la humanidad. No hay entonces justificativo alguno para que el grupo se imponga y tuerza las inclinaciones y vocaciones de cada cual. Solo es aceptable el uso de la fuerza cuando hay lesiones de derechos, de lo contrario debe respetarse de modo irrestricto los proyectos de vida de los congéneres por más que no los suscribamos.

    El “ogro filantrópico” de Octavio Paz, es decir el aparato estatal, ha mutado su función de proteger y garantizar los derechos de la gente por su descarado atropello que anula la solidaridad y la caridad que como es sabido para que tenga sentido debe llevarse a cabo voluntariamente y con recursos propios. Lo contrario es un atraco. Un Leviatán desbocado que aniquila a la persona y como ha escrito Julián Marías, la persona no es solo lo que se ve en el espejo, es su interioridad única. Como apunta Roger Williams cada uno es extraordinario desde el punto de vista anatómico, bioquímico, y sobre todo psicológico.

    Friedrich Hayek ha mostrado las características del individualismo como protector de la dignidad de cada persona y los correspondientes incentivos para la cooperación social. Las diferencias de cada uno es lo que hace atractivo y necesario el intercambio y las relaciones interpersonales como también diría Ortega y Gasset. Si ocurriera la inmensa desgracia de ser todos los humanos iguales no habría interés ni provecho en los intercambios culturales y materiales pues todos se dedicarían a lo mismo. Como he dicho muchas veces, hasta la simple conversación resultaría en un tedio mayúsculo pues sería igual a conversar con uno mismo. En economía, la división del trabajo está basada en la desigualdad de talentos y fuerzas físicas. Por ello es que la guillotina horizontal impuesta por los gobiernos conduce a un doble estropicio: por una parte destroza los incentivos para progresar puesto que la nivelación bloquea la producción de cantidades mayores a la marca niveladora y los que esperan redistribuciones lo hacen de balde por el primer suceso. Por otra parte, aniquila la esencial igualdad ante la ley para hacerla mediante ella con lo que el marco institucional civilizado queda amputado.

    La obsesión malsana por el igualitarismo indefectiblemente conduce al empobrecimiento moral y crematístico. El delta entre los más ricos y los más pobres depende exclusivamente del comportamiento de cada uno en el supermercado y afines: al elegir con mayor o menor intensidad va estableciendo niveles de rentas y patrimonios. El comerciante que acierta con las preferencias de su prójimo obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. Solo son objetables los que la juegan de empresarios mientras se alían en una cópula hedionda con el poder político de turno para alzarse con privilegios y así explotar miserablemente a los demás.

    Habitualmente en los países más prósperos la diferencia entre el más rico y el más pobre es mayor lo cual no solo no es óbice para el progreso sino que es su condición para que los promedio ponderados de los salarios e ingresos en términos reales resulten más altos debido a la gran diversidad en un contexto donde todos cuentan con las mayores oportunidades posibles debido a dar rienda suelta a la energía creadora y a la consecuente productividad. El más eficiente como un efecto no buscado transmite su potencia a los marginales puesto que las tasas de capitalización fruto de anteriores ahorros constituyen la única causa de mayores salarios. No se trata de recursos naturales, de climas ni de etnias, se trata de mayores inversiones (como hemos ejemplificado antes, el continente africano abriga la mayor dosis de recursos naturales y la miseria está muy extendida, mientras que Japón es un cascote habitable solo en un veinte por ciento).

    Gustave Le Bon destaca las barrabasadas de los grupos a contramano del individuo y concluye que “en las multitudes lo que se acumula no es el talento sino la estupidez”. En materia educativa es muy necesario abrirla a la competencia a los efectos de contar con auditorías cruzadas de las muy diversas instituciones y estructuras curriculares para lograr los máximos niveles de excelencia en un contexto donde pueda extraerse lo mejor de cada estudiante, al contrario de sistemas burocráticos que dependen del los caprichos de lo que sucede en el vértice del poder estatal en procesos de la siempre nefasta igualación.

    Estas consideraciones de más está decir no solo no se oponen a las faenas en equipo sino que las promueven como parte medular de las metas y aspiraciones individuales que muchas veces se logran de mejor manera aliados en equipos voluntariamente establecidos. Son los espíritus colectivistas los que se oponen a estas iniciativas al imponer todo tipo de cortapisas dentro de un país y al injertar tarifas, aranceles y cupos a las migraciones de personas y a la entrada de mercancías.

    Ludwig von Mises nos enseña que “la distinción principal de la filosofía social de Occidente es el individualismo. Su meta se dirige a la creación de una esfera en que el individuo es libre de pensar y actuar sin ser restringido por la interferencia de aparatos sociales de coerción y opresión, el Estado. Todos los logros espirituales y materiales de la Civilización Occidental fueron el resultado de la operación de esta libertad.” Desde luego como ha escrito Jorge García Venturini, la referencia a Occidente no alude a un lugar geográfico sino al espíritu de libertad.

    En otra oportunidad he escrito sobre lo que sigue pero dado el empecinamiento con la idolatría del colectivismo, es pertinente reiterar parte de lo dicho. Aldous Huxley resume sus preocupaciones en la alarmante moda de conceptos tales como la necesidad de adaptarse y ajustarse a los otros, al pensamiento grupal, a lo socialmente aceptado, en definitiva a la disolución de lo personal en aras de lo colectivo.

    Es curioso que los que usan la pantalla de la unión de todos en realidad separan y generan aislamiento y conflictos permanentes entre los miembros de la sociedad. Interfieren permanentemente en los arreglos voluntarios de sus integrantes. En definitiva alimentan una secuencia sin solución de continuidad de guerras sin cuartel de todos contra todos. Para recurrir a la terminología de la teoría de los juegos, en lugar de abrir paso a la suma positiva donde ambas partes ganan en un acuerdo voluntario, provocan la suma cero. Los megalómanos de siempre intervienen en el mecanismo de precios con lo que indefectiblemente se generan faltantes y desajustes de todo tipo al tiempo que desdibujan los únicos indicadores con que se cuenta para saber dónde invertir y donde desinvertir al efecto de aprovechar del mejor modo los siempre escasos factores productivos.

    El individualismo machaca sobre la importancia de la descentralización del poder político y el federalismo. Rechaza de plano las cargas fiscales insoportables, deudas estatales astronómicas, inflaciones galopantes y gastos públicos desmesurados en el contexto de regulaciones que asfixian las libertades. Considera una estafa sideral los sistemas denominados de seguridad social pero que son de llamativa inseguridad antisocial debido a la succión de ingresos de todos pero con especial saña contra los más débiles.

    Las discusiones semánticas a veces no son constructivas pero como las palabras sirven para pensar y para comunicar pensamientos es a veces de interés detenerse en algunos vocablos clave. Estimamos que ese es el caso del individualismo tan vapuleado y poco comprendido en nuestra época.

    Huxley sostiene que la importante y por cierto muy verdadera visión de Eric Blair -que como es sabido firmaba con el pseudónimo de George Orwell- se refiere a la acción imperturbable y maliciosa del Gran Hermano sobre las libertades individuales, en cambio el primer autor apunta a algo peor aún, es decir, al pedido de la gente para ser esclavizada en base a lo antes descrito y especialmente debido a una educación perversa que como queda dicho donde más que educar se adoctrina con lo que las personas mutan a la condición de autómatas esclavizados. Abrigo grandes temores de lo anticipado por Huxley respecto a tecnologías de avanzada en manos de gobernantes para el control de la gente, por ejemplo, entre muchos otros casos, el peligro que encierra la digitalización coactiva de todas las transacciones monetarias para eliminar efectivos y así perturbar y dirigir de un modo más efectivo la vida y las haciendas de las personas, para no decir nada de la sugerencia de algunos energúmenos sobre la obligatoriedad de instalar un chip en el cuerpo de cada uno.

    A su vez en el terreno laboral, en el contexto del individualismo, los sindicatos se desempeñan como asociaciones libres y voluntarias y de ninguna manera como entidades que imponen representaciones y aportes forzosos ni huelgas que sean distintas al derecho a no trabajar para en vez imponer procedimientos violentos e intimidatorios para los que quieren seguir con sus tareas laborales.

    En este razonamiento debe destacarse que las llamadas “conquistas sociales” como la entronización de salarios mínimos y equivalentes indefectiblemente provocan desempleo. Y debe tenerse en cuenta que la incorporación de mayores productividades liberan recursos humanos y materiales para atender otras necesidades para lo cual los comerciantes son incentivados en la capacitación de personal al efecto de sacar partida de los nuevos arbitrajes que las circunstancia ofrecen.

    Allí donde hay acuerdos libres entre las partes no hay tal cosa como sobrante de aquel factor indispensable para abastecer las ilimitadas necesidades de la gente. Poner palos en la rueda conduce al empobrecimiento. Cuando se dice que los gobiernos deben inmiscuirse en esta materia para equilibrar las fuerzas dispares en la contratación laboral no se tiene presente que es del todo irrelevante el estado de la cuenta corriente de las dos partes, lo definitorio son las antedichas tasas de capitalización. Las partes podrán disponer de recursos suculentos o estar en la quiebra, esto es indistinto lo trascendental es que el ingreso se establece por las tasas de capitalización y no por la voluntad y la condición de las partes.

    Milton Friedman escribe la introducción a la colección de la revista The Individualist Review que se inauguró en abril de 1961 donde señala que siguió las huellas de una entidad anterior de 1953 fundada por Frank Chodorov bajo el nombre de Intercollegiate Society of Individualists. Friedman destaca lo consignado en el editorial del primer número de la referida revista académica que apuntaba a fortalecer los valores de “la empresa privada y libre y a la estricta imposición de límites al poder del gobierno” y anunciaba se abocaría al “compromiso con la libertad”, una publicación en la que Friedman formaba parte de su Consejo Editorial y también colaboraba con ensayos de su autoría junto con otros destacados colegas. También en esa introducción Friedman apunta que el establecimiento de la Mont Pelerin Society en 1947 -la academia internacional como la denominaba Hayek- ayudó mucho a refutar las falacias tejidas en torno al individualismo y a explicar sus enormes beneficios respecto a su consideración por las autonomías individuales y el consiguiente estímulo a las más extendidas aperturas a las relaciones contractuales entre las personas de todo el globo.

    Se ha exhibido hasta el cansancio las tretas en las que está complotado un grupo para afirmar falsedades frente a gráficos varios en las pantallas que se muestran a todos y que finalmente resultan en que un sujeto no informado que se lo invita al grupo termina por sostener las mentiras que dicen todos los demás. Esto para explicar la malsana tendencia a dejarse empujar por lo colectivo.

    En resumen, el individualismo resalta y resguarda la condición humana de cada cual en cuyo contexto la función de los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno deben cuidar y preservar el derecho de cada uno de los miembros en su jurisdicción y abstenerse de manejar el fruto del trabajo ajeno. La hipocresía colectivista pretende ocultar resultados altamente negativos con un discurso mentiroso dirigido a conquistar a incautos y desprevenidos frente a la avalancha de miserias que invariablemente generan las granjas colectivas y equivalentes que siempre hundieron a la gente en las hambrunas y las miserias más desgarradoras vía de lo que en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes”, es decir, lo que es de todos no es de nadie. El colectivismo aplasta al individuo y a sus derechos que son anteriores y superiores a todo gobierno.

  • En torno a una persona extraordinaria: Sophie Scholl

    Sophie Scholl fundó junto a su hermano  el movimiento estudiantil de resistencia al nazismo conocido como Rosa Blanca.

    Hay personajes en la historia de la humanidad que merecen recordarse todos los días. En buena parte de las ciudades se descubren múltiples estatuas con generales blandiendo espadas en actitudes nada conciliadoras. Como he dicho antes, a mi gusto, incluso en París, por ejemplo, hay demasiado Napoleón y muy poco Voltaire (para no decir nada de las figuras ecuestres que aparecen por doquier en las plazas latinoamericanas). Paul Johnson, en su obra titulada Napoleón, afirma que buena parte de las ideas estrafalarias de los megalómanos del siglo veinte provienen del bonapartismo y Tolstoi, en el magnífico segundo epílogo de La guerra y la paz, ridiculiza y condena al personaje de marras.

    En todo caso, no sería mal sustituir a muchos de los guerreros que inundan los lugares públicos de distintos lares por personas extraordinarias que son en verdad los genuinos héroes de la humanidad. Uno de los casos es el de la maravillosa y ejemplar Sophie Scholl sobre la que vuelvo a escribir y que se batió en soledad contra la comparsa criminal de los secuaces y sicarios del hediondo sistema nacional-socialista de Hitler.

    Fundó junto con su hermano Hans el movimiento estudiantil de resistencia denominado Rosa Blanca a través del cual debatían las diversas maneras de deshacerse del régimen nazi y publicaban artículos y panfletos para ser distribuidos con valentía y perseverancia en diversos medios estudiantiles y no estudiantiles.

    Una fantochada que hacía de tribunal de justicia presidida por el prototipo de lo antijurídico y el fanatismo mas brutal, de nombre Ronald Freisler, entre otros, condenó a los célebres hermanos a la guillotina, lo cual fue ejecutado el mismo día de la parodia de sentencia judicial, el 22 de febrero de 1943 al efecto de no dar lugar a defensas.

    Es cierto que la plaza frente a la Universidad de Munich lleva el nombre de Scholl (donde estudiaban esos corajudos hermanos), también hay una calle en Hamburgo (donde operaba una importante filial de la Rosa Blanca) y un colegio en Tübingen con ese glorioso recuerdo. Pero no resulta suficiente. En momentos que surgen indicios y primeros pasos totalitarios de Hitler en distintos países debe tenerse presente más que nunca las luchas y la integridad moral de personas como Sophie Scholl que ponen de manifiesto que no están dispuestas a claudicar ni a negociar los principios de libertad.

    Hay una producción cinematográfica dirigida por Marc Rothemund, que lleva por título el nombre de esta chica en la que aparecen jugosos diálogos que uno de los forajidos-captores mantiene con ella y, sobre todo, estremece al más curtido cuando Sophie le comenta a su compañera en la celda un sueño que tuvo. En ese sueño estaba con un niño de blanco que ella lograba salvar de diversas peripecias. Ella sucumbía en el sueño y caía al precipicio que se abría en la tierra pero el niño de blanco -los principios que defendía- prevalecían. Una metáfora encantadora que se hizo realidad después de la caída del sistema tan bien ilustrado y resumido por el canalla de Hermann Göring en el Parlamento alemán el 3 de marzo de 1933: “No quiero hacer justicia, quiero eliminar y aniquilar, nada más”.

    Por más estatuas que se fabriquen para conmemorar las proezas de Sophie Scholl, nunca será suficiente la gratitud que todos las personas de bien le profesan a esa adolescente con la fuerza de un titán. Vayan estas líneas como una muestra de emocionado reconocimiento y tributo a una persona que sacrificó su vida en aras de los principios nobles en los cuales creía y fue ejecutada miserablemente, también con la íntima satisfacción que, tal como anticipó su padre aún destruido por la injusticia, estaba orgulloso de la conducta recta e inclaudicable de sus dos hijos.

    Las hordas nazis fueron diezmadas en Stalingrado pero como suele ocurrir con los megalómanos esto los enfureció aun más y reprimieron con mayor bestialidad a los disidentes. Joseph Goebbels se prendió del micrófono para vociferar que “La guerra total es la exigencia de la hora. La patria debe permanecer pura e intacta en su totalidad. Nada puede perturbar la situación. Todos deben aprender a prestar atención a la moral de la guerra y atender las justas demandas del pueblo trabajador y combativo. No somos aguafiestas, pero tampoco toleraremos a aquellos que impidan nuestros esfuerzos.”

    En El idiota moral, La banalidad del mal en el siglo XX Norbert Bilbeny resume el idiotismo moral de los nazis especialmente referido a Hitler, a Himmler (el fundador de las SS y jefe de policía, el que subrayaba » yo no tengo conciencia, Hitler es mi conciencia”), Hess (el secretario de Hilter), Heydrich (quien planeaba los exterminios), el antes mencionado Goebbels (ministro de propaganda, autor del libro La lucha por el poder), Clauberg (ginecólogo obsesionado por los experimentos macabros), Kramer (“la bestia de Belsen”), Krebsbach (el que ordenaba inyectar gasolina en el corazón de deportados), Eichmann (el asesino de “la solución final”) y Mengele (“el ángel de la muerte”) en cuyo contexto Bilbeny destaca en toda su crudeza el patético “gusto por la tortura” y concluye que la responsabilidad es siempre individual por más que pretenda ocultarse en la multitud: “La apatía moral es siempre del individuo, aunque se multiplique por cien mil y adquiera la forma de decreto” y nos informa que “en las cocinas de Auschwitz había un letrero que decía hay un camino hacia la libertad, sus hitos se llaman obediencia, laboriosidad, limpieza y amor a la patria” y también nos dice que el lema de la SS era “mi honor es mi lealtad”…lealtad a la barbarie, no lealtad a valores morales anteriores y superiores a la existencia del gobierno.

    Por mi parte formulo la siguiente crítica al libro de Bilbeny, algo que resulta desafortunadamente común. Cuando se está frente a monstruos, a “la banalidad del mal” como diría Hanna Arendt, hay a veces la tendencia de calificar a estos sujetos como “enfermos mentales” pero como nos enseña Thomas Szasz en El mito de la enfermedad mental, desde el punto de vista de la patología una enfermedad se concreta en problemas en los tejidos, en las células y en cuerpos pero las ideas no están enfermas. Pueden desde luego estar equivocadas o contradecir la lógica pero no pueden enfermar en el sentido médico de la expresión. Pueden sufrir trastornos en la sinapsis y en los neurotransmisores, problemas químicos en el cerebro todo físico pero no mental, no enfermedad del pensamiento.

    En este sentido resulta también de provecho la lectura de una de las obras del doctor en medicina Stanton E. Samenow titulada Inside the criminal mind donde explica que su entrenamiento fue en la línea freudiana en cuyo contexto el que hace daño es un enfermo y no un delincuente. Escribe: “Cuando comencé mis trabajos creía que el comportamiento era un síntoma de conflictos enterrados resultado de traumas anteriores. Pensaba que las personas que cometían actos criminales eran víctimas de un desorden psicológico, de un ámbito social opresivo o ambas cosas. Concluía de mi trabajo que el crimen era normal, si no una reacción excusable de desesperación y pobreza que pervertían vidas”.

    Pero escribe Samenow que todo lo tuvo que rever y volver a estudiar cuando tuvo acceso a otros profesores y a una visión radicalmente distinta cuyo aspecto medular reside en la naturaleza del ser humano despojada de visiones que la opacan y degradan. Dice siempre en el libro mencionado que la esencia de esta nueva y valiosa perspectiva “consiste en que el criminal elige cometer crímenes. El crimen reside en la persona en cuestión y es causado por el modo en que piensa, no forzado por su medio ambiente. Los criminales piensan de un modo distinto a como lo hacen las personas responsables. Lo que debe ser cambiado es el modo en el que ofende se ve a sí mismo y al mundo que lo rodea. Enfocar en otros aspectos es equivocado. Encontré que el enfoque convencional psicológico y sociológico sobre el crimen y sus causas es erróneo y contraproductivo porque solo ofrece excusas. De considerar al criminal como víctima pasé a considerarlo victimario que libremente decide su modo de vida […] el tema central es uno de valores.” Sostiene que los criminales aprenden a engañar a sus detractores y a enfatizar en sus desgracias como disfraz para sus fechorías en vista de la percepción absurda y contraproducente que comentamos, a lo que se agrega en algunos medios el “abolicionismo” en materia penal pues se mantiene que el delincuente no es responsable de sus actos debido al determinismo presente en ese razonamiento, en lugar de apuntar al libre albedrío y a los valores de la sociedad libre.

    Como se ha apuntado, el determinismo considera que los humanos somos solo kilos de protoplasma y por ende encerrados en los nexos causales inherentes a la materia donde no hay libertad. El premio Nobel en medicina Roger Sperry ilustra el desatino del determinismo al consignar que la pretensión de descifrar el código cognitivo por la biología equivale a intentar la interpretación de un mensaje escrito analizando la composición química de la tinta.

    Por otra parte, en relación con lo anterior, es en verdad un insulto a nuestros ancestros el sostener que la pobreza extrema genera delincuentes pues todos provenimos de las cuevas y la miseria más espeluznante de lo cual no se desprende que descendemos de criminales. Por otra parte, no hay más que ver a barones de la droga o empresarios prebendarios con cuantiosas fortunas que son delincuentes que muchas veces incluso operan con apoyo y estímulo gubernamental.

    En otros términos, la responsabilidad de cada cual es ineludible por lo que destacamos actitudes de inmenso coraje moral como el de Sophie Scholl y condenamos enfáticamente a los criminales que operan bajo la protección del aparato estatal y en un plano más general a todos los que comenten crímenes, es decir los que atacan los principios medulares de una sociedad civilizada: la vida, la libertad y la propiedad, cualquiera sea su procedencia. Ese es el sentido de la definición de liberalismo que fabriqué hace tiempo y que me halaga sea repetida: “El liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros”, toda lesión al derecho se aparta del respeto irrestricto e invade las autonomías individuales.

  • Las pasiones que alimentan las grietas

    Hay entre nosotros ciertas ideas que asumimos como credos y alimentan la brecha que todos conocemos. ¿De dónde vienen y por qué se forman así? También las pasiones parecen alimentar las respuestas a esa pregunta.

    El 26 de diciembre pasado falleció Edward Osborne Wilson (1929-2021), tal vez un desconocido para casi todos. Fue un destacado biólogo y naturalista, profesor en Harvard y sujeto al mismo tipo de pasiones que alimentan nuestros debates, sólo que en otro campo. Y curiosamente, sus conclusiones son importantes aportes a las razones de estos mismos enfrentamientos.

    En una sesión de la American Association for the Advancement of Science en 1978, cuando fue presentado ante la audiencia, un participante subió y le vació la jarra de agua en la cabeza. Al rato, luego de secarse continuó con su conferencia. ¿Qué es lo que generó semejante rechazo? ¿Qué pudo ofender tanto? Y si bien fue uno el que lo hizo, el principal frente de rechazo a sus investigaciones eran profesores de la misma Harvard.

    Lo que hizo Wilson fue cuestionar una visión prevalente entre científicos y filósofos desde John Locke, conocida como la “página en blanco”. Según esta, no hay ideas innatas en la mente (así se titula uno de los primeros capítulos del libro de Locke Ensayo sobre el Entendimiento Humano), llegamos a este mundo con un cerebro que es una página en blanco que comenzamos a llenar con los datos e información que recibimos a través de los sentidos. Es decir, nuestra formación es esencialmente cultural, nos empapamos del mundo que nos rodea.

    Wilson partió del supuesto opuesto, que existe una base biológica para nuestras conductas, al menos algunas de ellas. El rechazo fue completo, especialmente desde la izquierda, que consideraba esto era una justificación de la discriminación en base al sexo o a la raza. Se asociaban estas ideas con la eugenesia, la idea de mejorar la herencia genética a través de ciertas intervenciones o la selección de ciertos individuos. La eugenesia terminó totalmente desacreditada cuando se la asoció con el intento nazi de generar una raza superior o políticas posteriores de esterilización forzada, y con toda razón. Todo eso se volvió mala palabra, pero no solamente se volvió tabú la eugenesia sino la biología social misma y no son la misma cosa. Wilson fue asociado con esas propuestas y discriminado cuando su campo era el de la ciencia, no el de la política.

    ¿Porqué la izquierda rechazaba de plano una influencia biológica en las conductas? Pues porque en el centro de su ideología se encuentra la necesidad de formar un “hombre nuevo”, en palabras del Che. Era necesario moldear las mentes humanas para que se adecuen al nuevo sistema, uno en el que las personas estarían motivadas por la revolución, el socialismo, no por los intereses personales. El Khmer Rouge llevó a la práctica estas ideas. Tal vez no es de extrañar que encontráramos posiciones similares en los dos extremos, unos por la positiva (formar nueva gente), otros por la negativa (eliminar “mala” gente).

    Pero lo de Wilson no tenía nada que ver con la eugenesia, sino con la ciencia. No obstante, sus aportes científicos también han preocupado a algunos liberales, tal vez porque si ciertas conductas son “predeterminadas” entonces se reduce el campo del libre albedrío y de la responsabilidad individual. No obstante, Wilson nunca fue “determinista” y en 1975 publicó un libro de gran impacto, Sociobiología, la nueva síntesis, donde analiza aquellas conductas humanas moldeadas por la evolución en beneficio de la reproducción de los genes, algo que ya había planteado Darwin en El Origen de las Especies.

    Este mundo abierto por Wilson explota en estos momentos con aportes de las ciencias naturales y sociales de todo tipo, y tienen auge en libros de divulgación de gran éxito como los de Jordan Peterson, Steven Pinker, Matt Ridley, Gerd Gigerenzer y muchos otros, que buscan explicar también las raíces de ciertas ideas que predominan en nuestra sociedad. Esto se extiende a las ideas económicas, por supuesto. ¿Por qué la gente piensa que las exportaciones son buenas y las importaciones son malas? ¿Por qué favorece el control de alquileres o de precios cuando sabemos que nunca funcionan? Hay un elemento cultural, por supuesto, pero asentado en las emociones. Los políticos conocen esto intuitivamente, pero muy bien, apelan a esas emociones, no a la razón. Apelan al sentimiento de tribu, no a una mente abierta y globalizada.

    Muchas de esas emociones “vienen de fábrica”, como planteara Wilson, y sobre ellas se montan los políticos populistas planteando siempre “ellos contra nosotros”: el problema es siempre el FMI, el capitalismo, los acreedores, etc. Los liberales tienen más problemas en promover su idea de un orden abierto y globalizado, una idea que tiene no más de 200 años; nada en términos de la evolución de la mente en grupos por siglos.

  • Cómo es qué tantos se dejan arrear? Parte II. El Ciclo de la distorsión de la masa

    Una vez que logramos entender los fenómenos y mecanismos de la formación de mentalidad de masa, debemos proceder a examinar y entender no sólo como se originan sino cómo evolucionan cíclicamente. Y es que una vez que ya nos encontramos sumido en un fenómeno de mentalidad de masa, se van presentando fenómenos destructivos; tal como vemos, si es que vemos, los efectos que las medidas gubernamentales están y van produciendo en la economía y en la vida ciudadana. A fin de cuentas, la mayoría sólo logra ver y entender parte del cuadro total; entre otras razones, porque les han destruido su capacidad de pensamiento verás crítico. En tal estado mental la única “verdad” que cuenta es la que tienen fijada en su mente; lo cual entienden muy bien los centralistas, tal como los líderes “democrats” en los EE.UU., a quienes no les importa salir a decir mentiras y otras barbaridades ya que saben más que bien que le hablan a una masa que se comerá cualquier cosa.

    Lo anterior nos lleva a destacar otra realidad asociada al tema que abordo; en cuanto a que, en una dictadura clásica, tal como la militar que sufrimos en Panamá, la gente obedece por temor, pero en la mentalidad de masa no es así; es en esta condición mental hipnótica que da lugar al peor de los estados totalitarios, capaces de los peores crímenes. En una dictadura clásica si la población acepta los dictámenes de su Torrijos o Noriega, y se apaciguan, igual los dictadores se volverán más al estilo de Torrijos, quien recibió el apodo de “Papachú”; es decir, Papá Dios. Torrijos se esmeró por crear una imagen benévola y positiva. En contraposición el error fatal de Noriega fue hacer lo contrario, tal como ocurrió con la decapitación de Spadafora.

    En contraposición, en una dictadura totalitaria, cuando la población se amansa, entonces es cuando el dictador y sus huestes se vuelven demonios feroces; que fue el caso de los rusos en 1930 y los alemanes en 1935. Entonces es que se van prendiendo los hornos para cocinar a sus opositores o, ni siquiera, sino a quienes sirven de buenos objetos para polarizar las ansiedades y odios de la población. Y, entonces es que el monstruo comienza a devorar a sus propios hijos. En el caso de Rusia, la mayoría de los más de 50 millones exterminados no eran los ricos, que ya habían sido eliminados y se habían fugado, sino la gente del pueblo que no tenía como escapar de las fauces del demonio enloquecido.

    Los tres grupos en grupos de transformación masiva

    1. En el grupo uno estará el 70% de la población que no es hipnotizada. Lo mismo que en un estado totalitario los embobados no pasan del 30% de la población.
    2. Luego vemos un segundo grupo, alrededor del 40% que no se unen, pero no se oponen, de manera que dan lugar al fenómeno, el cual ahora llega a un 70% de la población.
    3. El tercer grupo de un 25% o 30%, que no queda hipnotizado, son los que se manifiestan e intentan actuar en contra del desquicio colectivo. Y, curiosamente, este grupo no pertenece a ninguna clase en particular, sino que es heterogénea; es decir que está conformada por diferentes clases políticas, sociales y étnicas, de manera que no es fácil definirlo.

    El asunto es que cuando este grupo encuentra o es llevado a reconocer el fenómeno y el peligro que acecha y logran identificarse entre ellos, se dificulta o imposibilita el fenómeno de formación masiva. ¡Este es el reto!, y la razón por la cual me he tomado el tiempo de leer, estudiar y escribir sobre todo esto, dada la urgente importancia de evitar un colapso total de la sociedad, tanto en Panamá como más allá. Algunos dirán que poco puede hacer una sola persona, pero, como bien se ha dicho, “el aleteo de una mariposa en un continente puede producir huracanes en otro.”

    ¿Cómo algunos rechazan la formación de masas?

    La respuesta no es tan simple o fácil de comprender; pero, tal vez podemos acercarnos un poco a ello. Y es que algunos apenas han logrado una visión muy limitada o un enfoque de túnel, si se quiere del mundo y el universo. Muchos ni siquiera se hacen las preguntas y, simplemente, se dejan llevar por sus preferencias que han desarrollado a lo largo de su vida. Por ejemplo, si los del gobierno y otras entidades regionales e, inclusive, religiosas, declaran que una vacuna es segura, muchos simplemente lo aceptarán sin tomarse el tiempo y trabajo de investigar el tema más a fondo.

    El entrevistador pregunta al psicólogo Desmet ¿si la degradación en la fe y que están quedando con mayores niveles de ansiedad están más predispuestos a aceptar inducciones masivas, ya sea en un sentido transhumanista u otra? Inclusive y en muchos casos, pareciera que muchas personas más educadas parecen ser estar más predispuestas a aceptar estas ideologías. Desmet responde: Sobre ello ya habló Gustave Le Bon en el Siglo XIX en su libro, “La Psicología de la Muchedumbre”, escribió que mientras más educados, más predispuestos están a una formación de masa. Más aún, se da otro fenómeno dentro de la masa; y es que los más educados e inteligentes, una vez asimilados a la masa, tienden a conformarse con la misma, bajando el nivel de su inteligencia ‘o tal vez su manifestación’. Dicho de otra manera, todos se tornan igualmente inteligentes, lo cual dicho de otra manera sería: ‘Igualmente Estúpidos’ y van perdiendo su capacidad de raciocinio crítico y pensamiento racional.

    En cuanto a si el nivel de ansiedad juega un papel en la formación de masa… «no estoy seguro de ello, porque siento que mucha gente que rechazan entrar en la formación de masa también sufren un alto grado de ansiedad». En mi caso (Desmet) nunca he sentido ansiedad debido al virus. Tal vez algo al inicio; pero desde el principio sentí el surgimiento de dinámicas sociales que podrían ser muy riesgosas y potencialmente peligrosas. En la primera semana de la crisis escribí una opinión en un diario advirtiendo que esta situación mostraba las características de un estado totalitario. En ese sentido fue que sentí ansiedad, por las consecuencias sociales y no por el virus. Pero me inclino por pensar que se trata de una tendencia de conectar la ansiedad con cierto objeto

    El despertar

    El entrevistador a Desmet: «Ahora me gustaría explorar el fenómeno de lo que ocurre cuando ya muchos van advirtiendo que el poder estatal se ha tomado más control de la cuanta y se está o ha formado un estado totalitario». En mi caso, la víctima de mis preocupaciones y quejas era mi esposa (John Bennett: En mi caso mi hijo y empleados que sufren mis desvaríos de rechazo a lo que veo está ocurriendo aquí y por tantos otros sitios). ¿Qué y cómo podemos hacer para contribuir con el despertar de la comunidad? Y, tal vez puedas compartir partes de tu propio viaje en todo esto. Sé que te fijabas en las estadísticas, que no hacían mucho sentido, hasta que caíste en cuenta de lo que ocurría; es decir, ese proceso que nos lleva a tomar conciencia de lo que ocurre.

    Desmet: Opino que lo más importante es no callar y seguir usando los medios que cada quien pueda tener para comunicar nuestras inquietudes. Decir, simplemente, que no estás de acuerdo con la narrativa de la corriente principal o “mainstream”. Eso es lo más básico, dado que la formación de masa es un tipo de hipnosis y como tal es un fenómeno provocado por vibración de una voz. Y debemos tomar lo que digo de manera literal, cosa que bien entienden los líderes totalitarios, cuando vemos que inician cada día con 30 minutos de propaganda, en la cual la voz del líder constantemente penetra la conciencia de la población. Y, sin el aporte de los medios de comunicación masiva; y si el líder totalitario no puede cacarear su mensaje hipnótico a las masas, entonces no podrá hipnotizarlos, tal como ocurrió en Alemania y en la Unión Soviética. Pero lo opuesto también es cierto; es decir, que con el aporte de otras voces de sentido común se puede interrumpir el proceso hipnótico. En fin, debemos convencernos y convencer a los demás sobre la importancia de manifestarnos abiertamente.

    En cuanto a mis propias experiencias vividas durante todo esto; de algo que los llevó a despertar y darnos cuenta de que lo que nos han estado vendiendo los líderes gobernantes y otros no tiene sentido. Que si logramos comunicarles a otros acerca de estos puntos de inflexión, tal vez podemos ayudarles con el despertar. En mi caso, formula Desmet, desde el comienzo del virus escribí que: “El miedo al virus es más peligroso que el mismo virus”. Dese un principio tuve el sentir de que el proceso psicológico era más peligroso que el biológico. Es más, dos meses antes de la declaración de pandemia, en diciembre a fines del 2019, fui al banco a pagar el balance de mi hipoteca; y el gerente del banco me preguntó: “Por qué quieres pagar lo que queda de tú hipoteca… vas a perder las ventajas de impuestos y tal?” Le respondí: “Porque siento que esta sociedad se encuentra en un punto de zozobra. En la universidad las cosas andaban muy mal, no se cumplían las tareas, había varios indicadores negativos que aumentaban de forma exponencial, y en diciembre le dije al banco: “Quiero estar lo más libre sin compromisos”. El director del banco me habló por hora y media, intentando convencerme de que él sentía que no era necesario lo que yo hacía. Luego le dije a mi esposa: “Fíjate, ese es el punto de inflexión del cual te hablaba”. Es decir, los encierros, máscaras y tal.

    En Bélgica, todos habían leído el artículo de Desmet, que por ello se había vuelto famoso, a punto de que en ocasiones sentió temor, pensando que tal vez estaba equivocado, que sí estábamos frente a un virus asesino en grande. Sin embargo, a fines de mayo, los modelos del Imperial College demostraron de que no era el caso.

    «Fue entonces que te fuiste a consultar las estadísticas, a usar el raciocinio sobre lo que sentías. Y es que nosotros en la emisora intentamos influenciar con datos y lógica, pero parece que nos estrellamos contra un muro. ¿Habrá algunos principios o forma de influenciar que podrías compartirnos, una forma de aproximarnos a todo esto de una forma sicológica que facilite este proceso de toma de conciencia?» pregunta el entrevistador a Desmet, que concluye:

    «Creo que se trata de seguir aportando argumentación racional con el fin de contrarrestar el proceso hipnótico. Pero, si sólo hacemos eso, puede resultar frustrante. Y es que mientras la gente esté profundamente hipnotizada será muy difícil despertarlos con argumentos racionales. El proceso de formación de masa se inicia en un nivel emocional, es decir, la interconexión de nuestra ansiedad con un objeto en o al cual podemos asirnos, tal como se agarra el náufrago a los restos flotantes de un navío hecho pedazos contra los arrecifes; o, en el caso que nos ocupa, el virus. El problema es que, una vez que el náufrago se agarra del “pecio”, palabra que significa “fragmento de la nave que ha naufragado”, es muy difícil que lo suelte, aunque ese pecio no lo pueda salvar.

    Habrán visto algo de eso en la película Titanic. En semejante situación o fenómeno, hay que hacerle ver al náufrago de que la dependencia a los dictámenes desquiciados y controladores de malos gobernantes no es salvación. Ello les hará darse cuenta que no están a salvo y que tienen que buscar otra vía de salvación; que, nuevamente, en el caso que nos ocupa, consiste en retomar las riendas de la gobernanza, esa que, en su momento, dejamos que fuese secuestrada por corruptos politicastros.

    Nota del autor:  les ofrezco una transcripción del audio de una entrevista que le hacen a Mattias Desmet en el Pandemic Podcast. No me limité a una transcripción pura, sino que fui introduciendo mis experiencias y otros comentarios que se fueron presentando ante las explicaciones de Desmet. Quien quiera buen puede buscar el video de la entrevista y para verla sin mis intromisiones.

    Entrevista de Dan J. Gregory del PANDEIC PODCAST al Dr Mattias Desmet – Psicólogo Clínico