Etiqueta: Democracia

  • La era de los superricos: ¿beneficio o amenaza a la democracia?

    La era de los superricos: ¿beneficio o amenaza a la democracia?

    En su artículo “La era de los superricos”, Guy Sorman reflexiona sobre la creciente influencia de los multimillonarios en la economía global y la política contemporánea, planteando una crítica tanto moral como estructural sobre el papel que estas élites juegan en nuestras sociedades modernas.

    Sorman parte de una observación estadística: según cálculos de la prensa económica anglosajona, el mundo cuenta con alrededor de 3 000 multimillonarios, una cifra sin precedentes en la historia. Para él, este número no solo refleja un auge sin igual de la acumulación extrema de riqueza, sino también una transformación en la distribución del poder económico y político a escala global.

    El economista francés distingue varias categorías entre estos superricos. Por un lado están los herederos, que representan aproximadamente la mitad de los multimillonarios y que, según Sorman, viven de rentas sin aportar contribuciones significativas al progreso económico o social. Por otro lado, distingue entre creadores —como Bill Gates, cuya innovación tecnológica expandió el acceso a la informática— y depredadores, aquellos cuya fortuna se sustenta principalmente en la especulación financiera.  Esta segunda categoría es particularmente polémica para Sorman, ya que sitúa a figuras como George Soros, Stephen Schwartzmann o Warren Buffett en un grupo que obtiene enormes beneficios sin necesariamente contribuir al bien común.

    Una de las preocupaciones centrales que Sorman plantea es la proximidad entre dinero y poder político. Argumenta que muchos multimillonarios han acumulado parte de su riqueza gracias a sus vínculos con gobiernos y élites políticas, una tendencia que se observa no solo en Estados Unidos, sino también en países como China, India, Rusia y Nigeria. Esta interconexión, advierte, plantea un riesgo para la democracia liberal porque los intereses de un puñado de individuos ricos pueden llegar a prevalecer sobre los de las mayorías ciudadanas.

    Además de su influencia política, Sorman subraya que los superricos tienen cada vez más control sobre los medios de comunicación y las plataformas digitales, lo que les permite moldear narrativas públicas a su favor. En Francia, por ejemplo, el oligarca del sector del lujo Bernard Arnault no solo mantiene relaciones estrechas con el poder político, sino que también ejerce control sobre medios escritos, ampliando así su capacidad de influencia cultural y social.

    Sorman no ignora las aportaciones filantrópicas de algunos multimillonarios, especialmente en el contexto de Estados Unidos, donde figuras como Rockefeller, Carnegie, Gates o Buffett han donado importantes sumas a causas humanitarias y educativas.  Sin embargo, el autor señala que esta filantropía representa una excepción y no la regla, y en muchos casos también se retuerce para fines fiscales o de prestigio personal.

    La crítica de Sorman va más allá de un juicio moral: sugiere que la concentración extrema de riqueza puede generar distorsiones estructurales en la economía global, disminuyendo la equidad, reforzando monopolios y distorsionando los mecanismos de competencia.  También advierte que esta concentración puede debilitar la base de la democracia representativa, ya que los superricos tienen recursos para influir en elecciones, políticas públicas e incluso en la legislación fiscal a su favor.

    “La era de los superricos” de Guy Sorman plantea una pregunta inquietante: ¿puede una democracia liberal prosperar cuando una minoría acumula niveles de riqueza y poder comparables a los de los Estados nacionales? Sorman sugiere que si no se toman medidas para limitar la influencia política y económica de estas élites —sea a través de políticas fiscales, regulación mediática o controles antimonopolio— la democracia y la equidad social podrían verse seriamente debilitadas. La discusión libertaria está servida.

  • László Krasznahorkai, Premio Nobel de Literatura 2025

    El reciente Premio Nobel de Literatura 2025 otorgado a László Krasznahorkai marca un reconocimiento singular: no solo a una obra literaria exigente y visionaria, sino también a una mirada profundamente filosófica y política sobre la condición contemporánea. Su escritura, torrencial y lúcida, parece nacer de la certeza de que el mundo ha entrado en un proceso irreversible de degradación moral y espiritual. Sin embargo, en medio del caos, Krasznahorkai insiste en la posibilidad —quizá mínima, quizá trágica— de la lucidez.

    Nacido en Gyula, Hungría, en 1954, Krasznahorkai pertenece a una generación que creció bajo la sombra del totalitarismo y que asistió luego al desencanto de la transición democrática. Ese trasfondo histórico impregna su obra con una desconfianza radical hacia la política institucional, entendida no como espacio de emancipación, sino como un teatro de mediocridades. Para él, la política moderna se ha convertido en una maquinaria de distracción que evita confrontar lo esencial: la pérdida de sentido. De ahí que, en entrevistas, haya afirmado que su tarea no es intervenir políticamente, sino explorar las ruinas interiores que la política deja tras de sí.

    Krasznahorkai no se adscribe a ninguna corriente ideológica reconocible. Su pensamiento se mueve más bien entre el existencialismo y una suerte de misticismo apocalíptico. En sus novelas —como Satantango (Satan’s Tango), Guerra y guerra o Melancolía de la resistencia— el mundo aparece al borde del colapso, pero el verdadero desastre no es social sino espiritual: la imposibilidad de creer, de comunicarse, de orientarse. En ese paisaje, la esperanza no desaparece del todo, pero se vuelve una forma de resistencia silenciosa, casi monástica.

    El escritor ha expresado abiertamente su preocupación por la deriva autoritaria de Hungría y por el cinismo global que normaliza la desigualdad y la violencia. No milita en ninguna causa, pero su obra es, en sí misma, una forma de militancia: una crítica radical al conformismo, a la rapidez y la distracción que definen la era digital. Krasznahorkai ve en el arte una de las últimas reservas de profundidad frente a la superficialidad del consumo y la inmediatez mediática. En este sentido, su literatura es política no por lo que predica, sino por el tipo de atención que exige.

    También hay en él una influencia oriental, producto de sus viajes por China y Japón, donde encontró una visión del tiempo más contemplativa. Esa mirada contrasta con la ansiedad occidental por el progreso y la productividad, dos ídolos que Krasznahorkai considera vacíos. Su obra propone, así, una ética de la lentitud, de la observación, de la resistencia interior.

    El Premio Nobel otorgado a László Krasznahorkai puede leerse, entonces, como un gesto de reconocimiento hacia una voz que desafía la lógica del presente. En un mundo saturado de ruido, su prosa densa y meditativa nos recuerda que pensar sigue siendo un acto subversivo. Y que, incluso en el colapso, la literatura puede seguir siendo una forma de verdad y rebeldía.

  • Tiananmen: Entre la Esperanza y el Silencio

    Entre el 2 y el 4 de junio de 1989, el corazón de Pekín fue testigo de uno de los episodios más oscuros de la historia contemporánea de China. Lo que comenzó como una manifestación pacífica de estudiantes y ciudadanos en la Plaza de Tiananmen, clamando por reformas democráticas y el fin de la corrupción, culminó en una brutal represión por parte del gobierno chino.

    El 2 de junio, las tensiones aumentaron cuando el Ejército Popular de Liberación comenzó a movilizar tropas y tanques hacia el centro de la ciudad. Los manifestantes, decididos a mantener su posición, erigieron la «Diosa de la Democracia», una estatua que simbolizaba sus aspiraciones de libertad y cambio político.

    La noche del 3 de junio marcó el inicio de la violencia. Las fuerzas armadas avanzaron hacia la plaza, disparando contra civiles desarmados y aplastando a quienes intentaban bloquear su paso. El 4 de junio, al amanecer, la plaza fue despejada, dejando un número indeterminado de muertos y heridos. Las estimaciones varían, pero se cree que cientos, posiblemente miles, perdieron la vida en esos días.

    Más allá de las cifras, el legado de Tiananmen perdura en las cicatrices de quienes sobrevivieron y en la memoria de los familiares de las víctimas. Grupos como las «Madres de Tiananmen«, lideradas por Ding Zilin, han luchado incansablemente por el reconocimiento de los hechos y la justicia para sus seres queridos. Su activismo ha sido constantemente reprimido, enfrentando vigilancia, arrestos domiciliarios y censura.

    El gobierno chino ha mantenido una política de silencio y negación respecto a los acontecimientos de Tiananmen. La censura en medios y plataformas digitales ha borrado casi todo rastro de las protestas, y cualquier intento de conmemoración es rápidamente suprimido. Sin embargo, fuera de China continental, en lugares como Hong Kong y Taiwán, se han mantenido vivas las vigilias y actos de recuerdo, aunque en los últimos años también han enfrentado restricciones.

    La imagen del «Hombre del Tanque», un individuo solitario que se interpuso frente a una columna de tanques el 5 de junio, se ha convertido en un símbolo mundial de resistencia pacífica. Su identidad y destino siguen siendo desconocidos, pero su acto de valentía encapsula el espíritu de quienes se atrevieron a desafiar al poder en busca de libertad.

    A 36 años de los hechos, Tiananmen sigue siendo un recordatorio de los peligros del autoritarismo y la importancia de la memoria histórica. La lucha por la libertad y la justicia continúa, y es responsabilidad de la comunidad internacional mantener viva la memoria de aquellos que sacrificaron sus vidas por un futuro más justo.

    Recordar Tiananmen no es solo un acto de homenaje, sino una declaración de compromiso con los valores universales de derechos humanos y democracia. Es un llamado a no olvidar y a seguir luchando contra la opresión, dondequiera que se manifieste.

  • ¿Qué no se puede tocar en una constitución? El rol de las cláusulas pétreas

    La democracia se basa en la idea de la soberanía popular. La constitución, como norma fundamental, impone límites y fronteras a la voluntad popular. Cuando esos límites pierden vigencia, el cambio constitucional se hace presente en el discurso político y la sociedad. En ocasiones, se plantea, incluso, como una vía de escape para graves crisis políticas. Pero la constitución, por naturaleza, se resiste a ser cambiada, y por ello crea mecanismos de autopreservación. Límites temporales, mayorías especiales o referéndums son algunos de ellos. El más absoluto es la cláusula pétrea. ¿Qué son esas cláusulas pétreas? ¿Cómo se ven? ¿Qué contemplan? ¿Por qué importan? Eso queremos responder.

    Una tensión resuelta por lo “indecidible”

    Entre el constitucionalismo y la democracia hay una tensión innegable. Mientras la democracia habla del poder popular para el autogobierno, el constitucionalismo va de “frenos y contrapesos”, controles al poder. La reconciliación de ambas ideas se produce al admitir el modelo de democracia constitucional, en la cual “la regla de la mayoría se mantiene, pero ciertos temas o decisiones no se someten a la consulta ciudadana porque se entiende que forman parte del ámbito de lo no decidible”, según algunos expertos.

    Ahora, lo indecidible no es una categoría binaria, sino gradual, y se manifiesta en distintas intensidades. Cuando se exige una mayoría especial para adoptar una ley, se impone un límite a la mayoría simple. Así, en cierto sentido, el contenido de esa ley entra en dicho ámbito.

    Las normas que impiden la restricción al núcleo esencial de los derechos también imponen la “cualidad de lo indecidible” a los mismos. Más rígidas que el ejemplo anterior, estas normas no se pueden superar ni con una mayoría especial. Pero un cambio de la constitución podría superar ambos supuestos.

    Las fronteras del cambio constitucional

    Las constituciones buscan estabilidad, por eso es difícil modificarlas. Los muros que se deben salvar para reformar una constitución también son una escala de lo indecidible. Requisitos de tiempo, supermayorías o referéndums son mecanismos que van elevando la dificultad del cambio constitucional.

    La frontera final está en las cláusulas pétreas. Como su nombre indica, son normas revestidas de una solidez especial, pretenden estar “talladas en piedra”. Ellas declaran que ciertos aspectos de la constitución no pueden cambiar por ser considerados esenciales. Son verdaderos límites materiales a la voluntad popular.

    Anatomía de las cláusulas pétreas

    Estas cláusulas, también llamadas “de intangibilidad”, son jurídicamente insuperables, por lo que solo se pueden abolir a través de una sustitución total del marco constitucional, es decir, por el poder constituyente revolucionario.

    Su alcance varía de país en país. Típicamente, se refieren a aspectos como los derechos fundamentales, la forma del Estado, el régimen político o el sistema de gobierno. Sin embargo, pueden incluirse otros temas. Por ejemplo, si en un país se estima que la pertenencia a una organización como la Unión Europea es inseparable de su identidad, esa membresía puede hacerse intangible.

    En suma, estas cláusulas buscan proteger los principios esenciales, es decir, el espíritu del ordenamiento constitucional. En América Latina, la forma republicana, la alternancia en el poder y la división de poderes suelen estar protegidas por cláusulas pétreas. Tanto Italia como Francia hacen lo propio con la forma republicana del Estado.

    Las cláusulas pétreas se ubican, casi sin excepción, en las secciones de la constitución referidas a su reforma, y aparecen expresando que uno o varios temas no podrán ser reformados (artículo 268 de la Constitución de República Dominicana) o que las reformas que pretendan afectarlos no podrán ser consideradas (artículo 60, sección 4 de la Constitución de Brasil). También pueden aparecer como declaraciones en los apartados sobre principios fundamentales (artículo 6 de la Constitución de Venezuela).

    La Constitución española no incluye ninguna cláusula que diga que ciertos aspectos no se pueden cambiar nunca (“cláusula de intangibilidad”). En cuanto a los límites para reformarla, la única restricción explícita que aparece es la del artículo 169. Aquí se dice que no se puede empezar un proceso de reforma constitucional si el país está en guerra o si se encuentra vigente alguno de los estados de excepción, alarma o sitio mencionados en el artículo 116.

    Claro está, visto que son el mayor obstáculo a la posibilidad de cambio constitucional, su uso debe ser racional. Una constitución excesivamente rígida, con amplísimas cláusulas pétreas, puede producir un congelamiento que la distancie de la sociedad. Por otro lado, si no se incluyen, se corre el riesgo de que por vía de reforma se alteren temas medulares del Estado, desvirtuando su naturaleza.

    La importancia de saber que existen

    El autoritarismo avanza de forma preocupante en el mundo. En varios países, los gobiernos anuncian y proponen reformas constitucionales dirigidas a avanzar en sus agendas políticas particulares. Hoy más que nunca, los ciudadanos debemos conocer cuáles son los “no negociables” de nuestras normas fundamentales y alzarnos en su defensa cuando sea necesario.

    Advertir que un cambio vulnera las cláusulas pétreas nos permite actuar para evitarlo. Acudir a la justicia para denunciarlo es crucial, y ella debe actuar en consecuencia protegiendo a la Constitución. Pero sobre todo, se debe procurar la organización social en rechazo de fraudes y en defensa del pacto social.

    También es necesario que, en procesos constituyentes, la sociedad conozca y participe de la discusión cuando se quieran incluir cláusulas pétreas. Como hemos señalado, ellas deben reflejar el espíritu o núcleo de la norma fundamental, y conocer ese núcleo solo es posible cuando hay un máximo de participación y apertura. Asimismo, solo el consenso puede dar origen a este tipo de normas, porque se acuerda que son consustanciales a la existencia misma del Estado.

    La protección de los derechos humanos, como misión de toda sociedad, debe entenderse como una “cláusula pétrea universal” cuya defensa es una obligación de los ciudadanos del mundo, en cualquier momento y lugar. Lo mismo puede decirse del sistema democrático, sin el cual no tiene sentido la democracia constitucional.

    En síntesis, las cláusulas pétreas son esa constitución que no cambia, el corazón mismo de las normas fundamentales en un país. Por ello, deben ser determinadas por el consenso, y conocer su contenido es un deber ciudadano, puesto que al promoverlas y defenderlas, en definitiva, garantizamos la paz social y la legitimidad del sistema jurídico.The Conversation

    Anselmo Coelho Hernández, Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Católica Andrés Bello

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Sin Libertad no hay Democracia

    «En esencia, la democracia no funciona con un pueblo carente de libertad.».

    Del dicho al hecho hay un gran trecho; igual, igual es de la ley a la práctica. Son pocos los que no llegan a entender que no se puede jugar un buen partido deportivo sin normas; y más aún, sin buenas normas, lo cual es el grave problema que tenemos en Panamá con una constitución tan pervertida que ningún gobierno se ha atrevido a llevarla a la práctica o praxis. Hablo del ‘estado de derecho’, que supone ser el principio por el cual nos regimos. Dicho simplemente, hay estado de derecho cuando andamos derecho o en bienandar; cuando la ley es sana y seguimos su trocha.

    El problema en Panamá es que desde la época colonial y antes, siempre hubo una casta oligárquica dominante que usaba su capacidad de dominio para imponer sus faltas de principios, de libertad y propiedad. Hoy día, cuando nuestro planeta ya adquiere un carácter globalista, esas castas oligárquicas han evolucionado, creando una agenda globalista y satánica, por describirlo de alguna manera. Una agenda que niega la misma naturaleza de la Creación y pretende introducir de forma solapada la diabólica dominante.

    La otra faceta de la tragedia está en un cacareo democrático que es como la gallina que cacarea pero sólo pone engaño. Me refiero al intervencionismo gubernamental; el cual es la misma esencia del comunismo, en dónde no rige un estado de derechos sino de intereses de la oligarquía de turno. Es lo que había durante nuestra dictadura militar y que ha seguido de manera solapada en los gobiernos posteriores. En resumen, no se respeta la propiedad privada; realidad que origina desde una supuesta educación centralizada en la cual jamás enseñan los derechos de propiedad. Si lo dudan, vayan a cualquier escuela MEDUCA y pasen examen, no a los estudiantes sino a los “educadores”; con el perdón de los buenos, que por algún lado andan agazapados.

    Todo lo que señalo se pone más peliagudo cuando les digo que el instrumento de todo el mal lo tenemos en la misma democracia, cuando no entendemos lo que es y como funciona; a tal punto que la torcemos y convertimos en la dictadura de las mayoría meducadas o maleducadas. Bien se ha dicho que “la democracia es el mejor medio para llevar a cabo el socialismo”, o el comunismo. Y es que para mí hablar de socialismo es igual que hablar de una mujer levemente preñada.

    En esencia, la democracia no funciona con un pueblo carente de libertad. Y hay muchas maneras de perder la libertad, entre ellas las botellas, los jamones, y el resto de los disque subsidios que nos tienen amarrados al servilismo de las mafias dominantes. La frase que encierra el principio es “el derecho a la autodeterminación”; esa que no la tienen las botellas y sus rémoras. En los EE.UU. esto queda patente en las grandes ciudades con sus políticas regalonas que hoy día típicamente tienden a votar por los demócratas izquierdistas.

    El mayor bien de una comunidad está en la división del trabajo a través del mercado; en dónde todos pueden participar y sacar ventaja; siempre que el mismo no esté intervenido por la mafia gubernamental, como ocurre en Panamá; en dónde hasta el agua potable que usamos nos la proveen los gobiernos del estado.

    Cuando el gobierno interviene en el mercado le da poder a la minoría dominante; esa que se alimenta como sanguijuela de la sangre del pueblo. La única manera de retomar el timón de la barca estatal es sacando a la Cosa Nostra de nuestras vidas. El problemita con ello es que luego todos tendríamos que ser empresarios, lo cual no sería fácil cuando nos adiestraron para ser serviles a las oligarquías de turno. 

  • Nostalgia del imperio y conflictos actuales

    En su artículo «Nostalgia del Imperio» (ABC, 2024), Guy Sorman explora cómo los conflictos contemporáneos están profundamente influenciados por la nostalgia de los imperios pasados. Sorman argumenta que las tensiones actuales, desde el conflicto entre Irán e Israel hasta las ambiciones de Vladímir Putin y China, están motivadas por un deseo de restaurar antiguos poderes imperiales, en lugar de ser meramente ideológicas o económicas. Este análisis ofrece una visión profunda y reveladora de la política internacional actual, que sigue marcada por ambiciones de dominación y resurgimiento de imperios.

    Sorman comienza con el caso de Irán, que históricamente es el heredero del antiguo Imperio Persa. Aunque el Irán moderno no tiene fronteras directas ni conflictos económicos con Israel, su involucramiento en el apoyo a movimientos terroristas como Hamás o Hizbolá no puede comprenderse sin considerar su historia imperial. Sorman plantea que el actual liderazgo iraní, liderado por los ayatolás, busca revivir la grandeza del antiguo imperio persa, utilizando el chiísmo como una herramienta teológica para diferenciarse del islam suní y enfrentarse a potencias como Arabia Saudí. La causa palestina, en este contexto, es un simple pretexto: lo que realmente está en juego es la hegemonía sobre el mundo musulmán, con La Meca como un símbolo clave.

    Este concepto de imperialismo disfrazado de religión y política también se aplica a Vladímir Putin. Sorman sugiere que el líder ruso nunca aceptó la disolución de la Unión Soviética y que sus intervenciones en Chechenia, Georgia y Ucrania son intentos de reconstruir el imperio ruso, más allá del componente ideológico marxista. Para Sorman, el marxismo o el chiísmo no son más que «tapaderas» que encubren ambiciones imperiales más profundas.

    Asimismo, China, con su retórica marxista, se enfrenta a un proceso similar. Sorman sostiene que el comunismo en China es simplemente una herramienta moderna para justificar un deseo de restauración imperial y dominación de Asia. Al igual que Irán y Rusia, China se proyecta hacia el futuro con una visión del pasado, tratando de revivir glorias imperiales bajo una nueva fachada ideológica.

    Sorman desafía la creencia generalizada de que el imperialismo terminó con la creación de las Naciones Unidas en 1945 o con la caída de la Unión Soviética en 1991. Según su análisis, el imperialismo no solo sigue vivo, sino que es más potente que nunca, con múltiples actores mundiales luchando por restablecer su influencia histórica. Irónicamente, de todos los imperios actuales, Estados Unidos es el único que recibe críticas abiertas por su «imperialismo», cuando en realidad, según Sorman, es uno más entre muchos.

    En contraste, Europa es el único continente que, según Sorman, ha renunciado por completo a cualquier ambición imperial. A diferencia de potencias como Rusia, Irán, China y Estados Unidos, Europa ha optado por centrarse en sus propios asuntos internos y en mantener una coexistencia pacífica, lo cual Sorman considera tanto una virtud como una posible debilidad.

    El artículo de Guy Sorman ofrece una interpretación provocadora de los conflictos contemporáneos, sugiriendo que las tensiones geopolíticas actuales no se entienden del todo sin reconocer las profundas raíces históricas y las ambiciones imperiales que todavía moldean el comportamiento de las naciones.

  • Transiciones de la Dictadura a la Democracia: Lecciones y Desafíos

    Las transiciones de dictadura a democracia han sido fenómenos complejos y variados a lo largo de la historia, con distintos factores influyendo en cada caso. Mientras algunos países lograron transiciones relativamente pacíficas a través de reformas y elecciones, otros enfrentaron resistencias significativas de los regímenes autoritarios y sus bases de apoyo. Este artículo examina varios ejemplos históricos y evalúa las razones por las cuales algunas dictaduras logran mantenerse en el poder, incluso bajo la apariencia de elecciones libres y transparentes.

    Ejemplos de Transiciones Exitosas

    Chile:
    En 1988, bajo la dictadura de Augusto Pinochet, se realizó un plebiscito para decidir si Pinochet continuaría en el poder. La campaña del «No», que abogaba por el fin del régimen, ganó con el 55% de los votos. Aunque Pinochet aceptó el resultado, miembros de su régimen participaron en las subsecuentes elecciones democráticas. Esta transición fue impulsada tanto por la presión interna como por la internacional, y culminó con la elección de Patricio Aylwin en 1990.

    España:
    Tras la muerte de Francisco Franco en 1975, el Rey Juan Carlos I y el político Adolfo Suárez lideraron la transición desde un régimen autoritario a una democracia. Las primeras elecciones democráticas en 1977 y la aprobación de la Constitución en 1978 marcaron el inicio de una nueva era democrática. La decisión de reformar desde dentro, promovida por los mismos líderes que habían sido parte del régimen, fue clave para una transición pacífica.

    Sudáfrica:
    El fin del apartheid en Sudáfrica se logró mediante un proceso de negociaciones entre el régimen de F.W. de Klerk y el Congreso Nacional Africano (ANC) liderado por Nelson Mandela. Las elecciones multirraciales de 1994, las primeras en la historia del país, resultaron en la elección de Mandela como presidente, marcando el fin del régimen segregacionista.

    Polonia:
    El movimiento Solidaridad, liderado por Lech Wałęsa, jugó un papel crucial en la transición de Polonia del comunismo a la democracia. Las elecciones de 1989, resultado de las negociaciones entre el régimen comunista y Solidaridad, llevaron a la formación de un gobierno democrático, con Wałęsa como presidente en 1990.

    Cuando las Dictaduras se Mantienen en el Poder

    A pesar de estos ejemplos de éxito, no todas las dictaduras que celebran elecciones pierden el poder.  El caso reciente es el de Venezuela, donde Nicolás Maduro ha «ganado» sucesivas elecciones a pesar de las críticas nacionales e internacionales sobre la legitimidad de dichos comicios.

    Factores de Sostenimiento:
    1. Control del Aparato Estatal:
    Las dictaduras suelen mantener un control férreo sobre las instituciones del Estado, incluyendo el sistema electoral, los medios de comunicación y las fuerzas de seguridad. Esto les permite manipular el proceso electoral para garantizar su permanencia en el poder.

    2. Base de Apoyo:
    Aunque una parte significativa de la población puede estar en contra del régimen, las dictaduras suelen contar con una base de apoyo leal que tiene mucho que perder con la llegada de un gobierno democrático. Estos sectores pueden incluir miembros de las fuerzas armadas, funcionarios públicos, empresarios beneficiados por el régimen y otros grupos que temen perder sus privilegios.

    3. Represión y Coerción:
    El uso de la represión y la coerción contra opositores y votantes puede disuadir la participación democrática y mantener el control del poder. La intimidación, el encarcelamiento de líderes opositores y la violencia estatal son herramientas comunes.

    4. Manipulación Económica:
    Regímenes como el de Maduro en Venezuela utilizan los recursos del Estado para comprar lealtades, ofreciendo beneficios económicos a ciertos sectores de la población a cambio de apoyo político.

    Las transiciones de dictadura a democracia son procesos complejos y multifacéticos. Mientras que algunos países han logrado estas transiciones de manera pacífica a través de elecciones y reformas internas, otros han visto cómo las dictaduras se perpetúan en el poder a pesar de celebrar comicios. El control del aparato estatal, una base de apoyo beneficiada por el régimen, la represión y la manipulación económica son factores clave que permiten a estas dictaduras mantenerse. Los recientes eventos en Venezuela subrayan la dificultad de superar estos obstáculos, incluso cuando existe un amplio deseo de cambio entre la población.

    Parecería que sólo por medios no pacíficos o por decisiones propias o enfrentamientos dentro del mismo grupo en el poder puede recuperarse la democracia liberal.  Sólo hay que repasar la historia y comprobar el triste hecho que señaló Thomas Jefferson en la original Declaración de Independencia: “El árbol de la libertad debe regarse de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos. Esta constituye su abono natural”.

  • Desafíos Persistentes: Análisis del Índice de Percepción de la Corrupción 2023 en las Américas

    Enfrentando serios desafíos en la lucha contra la corrupción, las Américas han revelado resultados preocupantes en el Índice de Percepción de la Corrupción 2023 (IPC). Dos tercios de los países de la región obtuvieron una puntuación inferior a 50 sobre 100, subrayando la necesidad urgente de abordar la persistente corrupción que afecta al continente.

    Estado de la Región: Dos Pasos Adelante, Uno Atrás

    En la última década, solo Guyana y República Dominicana han mejorado sus puntuaciones en el IPC, destacando la falta general de progreso en la región. Canadá y Uruguay lideran la tabla regional, mientras que Venezuela, Haití y Nicaragua registran los puntajes más bajos, caracterizados por impunidad y falta de independencia judicial.

    Falta de Independencia Judicial: Un Obstáculo Fundamental

    La carencia de independencia en el Poder Judicial emerge como uno de los principales desafíos en la región. Este fenómeno socava el estado de derecho, promoviendo la impunidad de los poderosos y criminales en detrimento de las personas y el bien común.

    Retos Regionales: América Latina y el Caribe en la Encrucijada

    En América Latina y el Caribe, la falta de transparencia y autonomía en el Poder Judicial facilita la corrupción y la indebida influencia de élites políticas y económicas. En países como Brasil, México y Honduras, la destitución y nombramiento opacos de jueces y fiscales debilita aún más la independencia judicial, perpetuando la injusticia y favoreciendo la impunidad.

    Países en Mejora: República Dominicana al Frente

    Aunque pocos, hay casos de mejoras significativas. República Dominicana ha fortalecido la independencia de su Poder Judicial y Procuraduría General, logrando avances notables en la investigación de casos de gran corrupción. Estados Unidos, a pesar de desafíos éticos, mantiene un sistema judicial funcional.

    Pesos y Contrapesos Débiles: Brasil en Retroceso

    Brasil muestra retrocesos notables, con la participación de figuras clave de la Operación Lava Jato en el gobierno, generando dudas sobre la independencia judicial. La cooptación extrema en países como Nicaragua, Guatemala y El Salvador pone en peligro la democracia y utiliza el Poder Judicial como herramienta política.

    Desafíos a Superar: Guatemala y Chile en el Radar

    Guatemala, tras una caída de 10 puntos desde 2012, enfrenta el desafío de desarticular redes de corrupción que han cooptado al Estado. Chile, a pesar de sus instituciones fuertes, debe abordar la disminución de su puntaje y reforzar medidas contra la corrupción, especialmente en casos de alto impacto.

    Y Panamá? 

    Sigue la caída, ha descendido un punto más desde el 2022.

    corrupción

    Hacia un Futuro Más Justo: Fortalecimiento del Poder Judicial

    Para enfrentar la corrupción, la región necesita urgentemente un Poder Judicial más sólido e independiente. Transparencia en los nombramientos, mayor cooperación internacional y garantías para jueces y fiscales honestos son fundamentales. El fortalecimiento del Poder Judicial será clave para sociedades justas, orientadas hacia una sociedad abierta y libres de corrupción e impunidad en las Américas.

  • Populismo: cómo reconocerlo.

    El populismo es un fenómeno político complejo que ha sido objeto de estudio y debate por académicos, politólogos y escritores a lo largo de la historia. Su naturaleza multifacética lo convierte en un tema intrigante y polémico, ya que su definición y manifestaciones pueden variar significativamente según el contexto cultural, socioeconómico y político.

    En esencia, el populismo se caracteriza por la movilización de las masas en contra de una élite percibida como corrupta, privilegiada o distante de las necesidades del pueblo. Este término ha sido explorado por numerosos autores, entre ellos, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, quienes, en su libro «Hegemonía y Estrategia Socialista: Hacia una Radicalización de la Democracia», analizan cómo el populismo puede ser una herramienta para la reconfiguración del orden político.

    Laclau y Mouffe argumentan que el populismo construye identidades políticas al dividir el espacio social entre «el pueblo» y «la élite», creando un discurso antagonista que busca unificar demandas y deseos diversos bajo un liderazgo carismático. Ejemplos recientes incluyen líderes como Hugo Chávez en Venezuela o Evo Morales en Bolivia, quienes se presentaron como representantes del pueblo contra supuestas élites corruptas.

    Otro enfoque notable sobre el populismo proviene del politólogo italiano Giovanni Sartori, quien en su libro «La política: lógica y método en las ciencias sociales» señala cómo el populismo puede desestabilizar la democracia al polarizar la sociedad y debilitar las instituciones. La polarización se evidencia en la retórica populista que tiende a simplificar problemas complejos, prometiendo soluciones sencillas y a menudo utópicas.

    El populismo puede tomar formas variadas en diferentes partes del mundo. Por ejemplo, en Europa, partidos como el Movimiento 5 Estrellas en Italia o el UKIP en el Reino Unido han utilizado discursos populistas antiestablishment, capitalizando el descontento público hacia las élites políticas y económicas. En América Latina, figuras como Andrés Manuel López Obrador en México han adoptado estrategias populistas apelando a las bases sociales más desfavorecidas.

    Sin embargo, el populismo no se limita a una región en particular. Donald Trump en Estados Unidos también empleó un discurso populista que apelaba a los «olvidados» y prometía restaurar la grandeza de América, utilizando un lenguaje que enfrentaba a «la gente común» contra «el establishment».

    Es fundamental reconocer que el populismo no es exclusivamente negativo ni positivo. Puede ser una herramienta para dar voz a sectores marginados y desatendidos, pero su tendencia a simplificar problemas complejos y a menudo su manipulación emocional pueden socavar la estabilidad democrática.

    En resumen, si bien el populismo puede manifestarse de diversas maneras,  hay algunas características principales que suelen identificarse:

    1. Líder carismático: El populismo a menudo gira en torno a un líder carismático que encarna las aspiraciones y demandas del «pueblo». Este líder suele presentarse como la única solución a los problemas del país, generando una fuerte identificación emocional con sus seguidores.
    2. Discurso antiélite: Una de las bases del populismo es la crítica a una élite percibida como distante, corrupta o privilegiada, a menudo culpándola de los males del país. Este discurso busca crear una dicotomía entre «el pueblo» y «la élite», promoviendo la idea de que solo el líder populista puede representar y proteger los intereses del primero.
    3. Simplificación de problemas complejos: Los líderes populistas tienden a simplificar problemas complejos, presentando soluciones aparentemente directas y simples a desafíos que tienen raíces profundas y multifacéticas. Este enfoque puede generar expectativas poco realistas entre sus seguidores.
    4. Apelación a las emociones: El populismo se apoya en las emociones de la gente, recurriendo a discursos apasionados y emotivos que buscan conectar con las preocupaciones y esperanzas del público. Este enfoque emocional puede generar una fuerte lealtad entre los seguidores del líder populista.
    5. Maniqueísmo político: El discurso populista tiende a dividir el espacio político en términos simples de bien contra mal, pueblo contra élite, lo cual puede polarizar la sociedad y dificultar el diálogo constructivo entre diferentes sectores.

    Desde la obra de Laclau y Mouffe hasta las reflexiones de Sartori, se evidencia la necesidad de comprender sus matices y consecuencias en la política contemporánea. Su impacto sigue siendo objeto de análisis y debate, ya que el populismo continúa moldeando el panorama político global.

  • Repasar a Tocqueville y sobre golpes de Estado

    En los momentos difíciles por los que atraviesa nuestro atribulado mundo, es saludable tomar distancia y releer pasajes de Alexis de Tocqueville a los efectos de tomar fuerzas para enfrentar los desafíos de la época.

    Siempre resulta aleccionador releer las obras de un personaje descollante por sus sustanciosos consejos pero en tiempos de elecciones resulta aún más provechoso abarcar los dos temas del título debido a que, salvo honrosas excepciones, en el mundo libre se viene desvirtuado el sentido de la democracia para enfatizar su aspecto secundario y accesorio del recuento de votos para opacar lo esencial que es el respeto a los derechos de todos tal como también lo han destacado los Giovanni Sartori de nuestra época. En nuestro caso, el espíritu alberdiano primó con resultados extraordinarios hasta que irrumpió el estatismo como consecuencia de otra de las advertencias del gran Alexis de Tocqueville en cuanto al abandono de la lucha por las ideas de la libertad, intercalados con ciertas amenazas veladas y no tan veladas a la prensa libre.

    En el libro más conocido de Tocqueville sobre las instituciones democráticas en los EEUU -como es sabido titulado La democracia en América, se lee: “Bien veo que de este modo se conserva la libertad individual en los negocios más importantes; pero se anula en los pequeños y en los particulares. Se olvida que en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra” (edición del Fondo de Cultura Económica, 1963, p. 635). Todo lo cual alude a las medidas que pasan de contrabando con distintos disfraces pero que van carcomiendo los cimientos de la libertad.

    En la misma obra se refiere a una noción tan degradada en nuestra época de la misma democracia. En este sentido Tocqueville escribe: “Durante mi permanencia en los Estados Unidos, observé que un estado social democrático [y advierto que…] el despotismo me parece particularmente temible en las edades democráticas. Me figuro que yo habría amado la libertad en todos los tiempos, pero en los que nos hallamos me inclino a adorarla […] En los tiempos democráticos en que nos hallamos, es en los que los verdaderos amigos de la libertad y de la grandeza humana deben estar dispuestos a impedir que el poder social sacrifique los derechos particulares de algunos individuos” (págs. 632, 636 y 639).

    He aquí el problema medular de nuestro tiempo: la degradación del ideal original de la democracia para en cierto sentido convertirla en cleptocracia, un riesgo que vieron los Padres Fundadores en Estados Unidos por lo que no mencionaron el vocablo democracia en su Carta Magna e insistieron en la noción de República (lo mismo ocurrió con la original argentina), al efecto de poner énfasis en los cinco preceptos de una República: la responsabilidad de los gobernantes por sus actos ante los gobernados, la transparencia de los actos gubernamentales, la alternancia en el poder, la división de poderes y la igualdad ante la ley. Este último atributo republicano está indisolublemente atado a la noción de Justicia como el “dar a cada uno lo suyo” y “lo suyo” remite a los derechos de propiedad fundamentalismos para la cooperación social, puesto que no se trata de ser iguales ante la ley para ir todos a prisión, se trata de proteger a las personas de la invasión a sus derechos inalienables.

    Tocqueville nos estaba alertando acerca del peligro manifiesto y presente de tomar la democracia como el simple recuento de votos en lugar de contemplar su aspecto central cual es el respeto y la garantía a los derechos individuales. En esta línea argumental vuelvo a citar al constitucionalista argentino Juan González Calderón al escribir que los demócratas de los números ni de números entienden puesto que parten de dos ecuaciones falsas: 50%+1%=100% y 50%-1%=0%. Esta degradación la han señalado muchos autores de la ciencia política como Bertrand de Jouvenel y Giovanni Sartori.

    Si fuera correcta la interpretación de la democracia circunscrita al recuento de votos, diríamos que el régimen del asesino serial de Hitler era democrático porque ganó con la primera minoría o los actuales de Corea del Norte, Cuba, Venezuela o Nicaragua.

    También en la misma obra aparece su preocupación por la libertad de prensa. Allí resume que “la prensa es, por excelencia, el instrumento democrático de la libertad”. El cuarto poder tiene un doble propósito, en primer lugar la crítica al aparato estatal al efecto de mantenerlo en brete y en segundo término como aprendizaje esencial vía debates abiertos de diferentes ideas puesto que como nos enseña Karl Popper el conocimiento tiene la característica de la corroboración provisoria sujeto a refutaciones.

    Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado” alegando “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa.

    Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, lo cual no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros pero es pertinente aclarar que no hay tal cosa como “delitos de prensa” como no hay delitos de pistola o delito de cuchillo, delito en una sociedad libre es lesionar el derecho de otro. Esta plena libertad incluye el debate de ideascon quienes implícita o explícitamente proponen modificar el sistema, de lo contrario se provocaría un peligroso efecto boomerang (la noción opuesta llevaría a la siguiente pregunta, por cierto inquietante ¿en qué momento se debiera prohibir la difusión de las ideas comunistas de Platón, en el aula, en la plaza pública o cuando se incluye parcial o totalmente en una plataforma partidaria?).Las únicas defensas de la sociedad abierta radican en la educación y las normas que surgen del consiguiente aprendizaje y discusión de valores y principios.

    Hasta aquí lo básico de este tema, pero es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al gobierno de turno en cuanto a la distribución de la pauta publicitaria o los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, y cuando los gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva noticia o lo hacen en conferencia de prensa. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado.

    Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo, que en este campo se de por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento y otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

    En su libro sobre El antiguo régimen y la Revolución Francesa, este autor conjetura que en los lugares en donde existe gran progreso moral y crematístico, la gente tiende a darlo por sentado lo cual indefectiblemente conduce al momento fatal, puesto que son otras las ideas que ocupan los espacios vacantes. Esto ocurrió en no pocos lares (incluyendo la Argentina de mediados del siglo pasado).

    Esta referencia constituye una pieza esencial para poder vivir en libertad. Cada uno de nosotros es responsables de la existencia o la extinción de la sociedad libre. Como muchas veces se ha consignado, no es posible que actuemos como si estuviéramos cómodamente instalados en la platea de un teatro mirando y responsabilizando por los sucesos a quienes están en el escenario sin percatarnos que ese modo de proceder invariablemente conducirá al desmoronamiento del teatro.

    Con mucha razón los Padres Fundadores en Estados Unidos machacaban que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”. El respeto no es algo que proceda del aire automáticamente, se trata del resultado del esfuerzo cotidiano de todos, de lo contrario vienen las sorpresas desagradables por parte de quienes desconocen el derecho a la vida, a la propiedad y a la libertad.

    Una cita clave y muy poco trabajada se consigna en el volumen cinco (pag. 89) de Ouvres Complétes del célebre observador francés y en este caso es tomada del libro de Paul Johnson titulada A History of the American People donde ilustra la trascendencia de la responsabilidad individual y el significado del gobierno (en la página 390 de la edición de Harper Collins, 1998). Escribió Tocqueville;

    “Una de las consecuencias mas felices de la ausencia de gobierno (cuando la gente tiene la suerte de poder operar sin ella, lo cual es raro) consiste en el desarrollo de la fuerza individual que inevitablemente se sigue de ello. Cada hombre aprende así a pensar, a actuar por si mismo, sin contar con el apoyo de algo externo que, por mas vigilante se supone que sea, nunca responderá por todas las necesidades sociales. El hombre acostumbrado a lograr su bienestar solo a través de sus propios esfuerzos, se eleva ante la opinión de los demás y de la suya propia, su alma es así mas grande y más fuerte al mismo tiempo”.

    Esta cita clave en el pensamiento de Tocqueville demuestra su espíritu innovador que se adelantó a paradigmas estudiados mucho más adelante, como el dilema del prisionero, la asimetría de la información, los errores presentes en el teorema Kaldor-Hicks y el equilibrio Nash y en general lo referido a los bienes públicos y las externalidades.

    En los momentos difíciles por los que atraviesa nuestro atribulado mundo, es saludable tomar distancia y releer pasajes de Alexis de Tocqueville a los efectos de tomar fuerzas para enfrentar los desafíos de la época. Y para finalizar otro tema clave: las revoluciones.

    Desde John Locke los espíritus libres subrayan el derecho a la resistencia contra gobiernos que oprimen la totalidad de las libertades de las personas. Tal vez la única revolución exitosa ha sido la Norteamericana que parió un ejemplo de respeto recíproco y consecuente progreso moral y material extraordinario hasta que contemporáneamente ha comenzado a declinar y renunciar a los valores de los Padres Fundadores. La nuestra por la que nos independizamos como colonia española pero tardamos casi medio siglo en dejar de ser colonias de los gobiernos propios como señaló Alberdi, para recién ser libres a partir de la Constitución liberal de 1853 hasta el golpe fascista del 30 y peor aún a partir del golpe militar del 43 que nos tiene a los tumbos hasta el presente.

    Luego el golpe contra el peronismo de las torturas y cárceles a los opositores (“al enemigo ni justicia”), mordaza a la prensa y catástrofe económica. Como declaró Churchill a los medios internacionales a poco de dejar su cargo de primer ministro, el jueves 6 de octubre de 1955: “Perón es el único soldado que ha quemado su bandera y el único católico que ha quemado sus iglesias.” He escrito varias veces antes en detalle sobre los dos alzamientos que siguen pero es pertinente resumir el tema. Luego el entusiasmo de liberales por deshacerse de aquella peste totalitaria vía la revolución del 55 pero que nos defraudó con repetidas decisiones oprobiosas. Incluso en otro plano algunas de sus figuras destacadas han reiterado que si hubieran accedido a los postulados del liberalismo no hubieran adoptado los imperdonables hechos en que incurrieron. Finalmente la del 76 otra vez contra el escándalo en todos los órdenes pero que se convirtió en un horror inaceptable para cualquier persona decente ya que copiaron la metodología de los criminales terroristas en la guerra antiterrorista. A esta altura cualquier golpe sería agravar mucho más los problemas tal como ocurrió con el golpe de Castro contra Batista que convirtió a Cuba en una cárcel.

    Estas son las enseñanzas clave de Tocqueville puestas en contexto de temas institucionales y la muy peligrosa aventura de revoluciones que a esta altura pretenden que las mentes de otros estén exentas del veneno estatista siempre avasallador como una absurda coartada que apunta a saltearse el tratamiento de fondo cual es el tema educativo en una sociedad libre.