Etiqueta: Economía

  • El régimen chino emite más deuda para solucionar su problema con las deudas

    Solo días después de que los medios de comunicación reportaran que un número sin precedentes de corporaciones anunciaron que no podrán pagar los bonos que deben, el régimen chino anunció que los gobiernos locales pueden emitir bonos para pagar las deudas que madurarán en 2018 –lo que resalta la enormidad del problema de deuda de China.

    La política fue anunciada el 15 de mayo por el Ministerio de Finanzas y esencialmente permitirá a las autoridades locales seguir cubriendo su deuda con más deudas.

    El régimen chino permitió esta práctica también en 2014. En 2015, las autoridades centrales emitieron bonos de gobiernos locales para reemplazar la cuantía de la deuda que debían las autoridades locales, como una forma de reducir la carga de los intereses.

    Según datos del Consejo de Estado de China, entre 2015 y 2017, el reemplazo de deuda bajó la carga de intereses en 1,2 billones de yuan (alrededor de U$S 188 mil millones)

    Mientras tanto muchas de las grandes empresas de China –algunas de las cuales están públicamente cotizadas– ya han declarado que no podrán pagar los bonos este año, incluido el Grupo de la Industria del Carbón de Sichuan y el Grupo de Herramientas Mecánicas de Dalian, ambos de propiedad estatal; el Grupo del Puerto de Dandong, que maneja el puerto ubicado en la frontera con Corea del Norte; el Grupo de Construcción de Ciudades de China, una empresa de ingeniería de construcción; y la Compañía de Seguridad y Fuego de China, una empresa especializada en sistemas de seguridad, según informó un reportaje del periódico estatal China Securities Journal.

    Desde comienzos de este año hasta el 7 de mayo, 19 empresas declararon que no podrán pagar sus bonos corporativos, según información de la base de datos financiera china Wind. El valor total de los bonos era de 14,35 mil millones de yuanes (alrededor de U$S 2,25 mil millones), un aumento del 20 por ciento en relación al mismo período el año pasado. El número de empresas declarándose en default también aumentó en un 19 por ciento en relación al mismo período el año pasado.

    Según el China Securities Journal, un total de 5 billones de yuanes (alrededor de U$S 784 mil millones) en bonos corporativos crediticios madurarán este año –el número más alto hasta ahora.

    Pero debido a la reducción del endeudamiento y al reciente ajuste que hizo el régimen chino al mercado de bienes raíces y otros sectores, el pago de la deuda podría conllevar riesgos. El Journal advirtió que el riesgo podría crecer más allá de una empresa individual declarándose en default y causar una crisis financiera de gran escala en todo el sistema.

    El comentador chino Wen Xiaogang dijo a La Gran Época que dado que gran parte de los ingresos públicos de los gobiernos locales proviene de bienes raíces (toda la tierra en China es propiedad de las autoridades, que luego reparten el arrendamiento de la tierra a desarrolladores y propietarios de hogares); sus ingresos públicos podrían reducirse entre regulaciones, obligándoles a pedir más dinero prestado.
    La edición de Shanghai del Journal, Shanghai Securities News, reportó el 10 de mayo que los préstamos a corto plazo también estaban en problemas. Según datos de Wind, 116 bonos a corto plazo –pagables dentro de un año– fueron cancelados o pospuestos desde principio de año. El valor ascendió a 63,94 mil millones de yuanes (alrededor de U$S 10 mil millones). Sorprendentemente, la mayoría de esos deudores poseía evaluaciones AA o AA+.

    A fines del año pasado, la evaluación de la estabilidad financiera de China hecha por el Fondo Monetario Internacional (FMI) descubrió que la deuda total del país –incluyendo el gobierno central y local, las corporaciones y los hogares– ascendía a 2,55 veces su PIB (Producto Interno Bruto).

    El reporte del FMI advirtió contra del continuo apoyo financiero del régimen chino a favor de empresas inviables en bancarrota, como las empresas estatales mencionadas más arriba, que declararon anteriormente que no podrán pagar sus bonos.

    Según estimaciones del economista chino radicado en EE. UU., el Dr. Cheng Xiaonong, de las 31 provincias y municipalidades gobernadas directamente de China, 25 están en deuda y sobreviven dependiendo de fondos de las autoridades centrales.

    Liu Yi contribuyó a este reportaje.

  • ¿Qué sigue pasando con el Canal?

    En junio del 2017 al observar el Estado de Resultados (EERR) 2016 publicados en El Faro N°.208 y su comparativo con el año anterior (2015) me surgió la pregunta ¿Qué está pasando con el Canal?. Con tan solo tres meses de operaciones de las nuevas esclusas, al realizar en aquel momento un análisis horizontal y vertical de los EERR se vislumbraban algunas señales de alertas, tales como: una caída de 114 millones de Balboas en el total de ingresos (-4.4%) y un aumento de 68 millones de Balboas en el total de gastos (+5.48), para cerrar con un diferencial decreciente (-5.54) en la relación entre Utilidad Neta versus Ingresos o margen de “ganancias”.

    Ahora, al analizar el Estado de Resultados 2017 publicado en la revista informativa del Canal de Panama de marzo de 2018 (El Faro N°.117) y al hacer el mismo ejercicio para un periodo que contempla la operación a pleno del Canal Ampliado me pregunto: ¿Qué sigue pasando con el Canal?

    Los ingresos por peajes y otros servicios de transito representan el 94.88% de los ingresos totales, quedando con una variación porcentual en alza del 14.5% con respecto al año 2016. A su vez, los ingresos por venta de energía eléctrica, agua y misceláneos, cuyo peso en el ingreso total es del restante 5.12%, presentaron un alza de 22.38%. De esta manera ambos ítems mantuvieron prácticamente su proporcionalidad. Por ende, desde la perspectiva de los ingresos tenemos la grata noticia que aumentó un 14.88%, alcanzando los 369 millones de Balboas más que el periodo anterior, el cual había cerrado con 114 millones de Balboas menos (-4.4%) que el año 2015. Haber revertido aquel resultado negativo es todo un logro, pero: ¿realmente este resultado es satisfactorio?

    Veamos qué pasó con los gastos. Si bien los gastos de transporte y viáticos, junto a los de provisión para insumos marítimos y obsolescencia de inventario disminuyeron, el resto de los ítems sufrieron un aumento que varía entre el 12.63% al 40.22%, por lo que el gasto total cerró con un alza del 20.95% representado un incremento de 276 millones de Balboas, casi 4 veces más de lo que aumentó en el periodo anterior (68 millones de balboas) con relación al año 2015 (5.48%). Si nos alegrábamos por el aumento de los ingresos, ahora hay que preocuparse, ya que el aumento en los gastos es altamente significativo, sobrepasando en una vez y media al porcentual de aumento de los ingresos, pero: ¿Qué tan preocupante es este resultado?

    Por su parte, los Costos Financieros pasaron de 2 millones de Balboas en el periodo 2016 a más de 60 millones, lo que representa un aumento altamente significativo que impacta en detrimento de los ingresos.

    En definitiva, la Utilidad Neta alcanzó los 1,198 millones de Balboas representando un aumento de 3.02% (35 millones de Balboas) con respecto al año 2016, el cual había cerrado con una disminución de 14.51% (-197 millones de Balboas) con relación al año 2015.

    En vista de todo lo anterior y a manera de conclusiones, encuentro algunas respuestas a las preguntas planteadas.

    • El nivel de aumento de los ingresos no es satisfactorio, ya que se ve desdibujado por el importante aumento del Gasto y los Costos Financieros.
    • El nivel de aumento de los Gastos y los Costos Financieros son altamente preocupantes, quedando en evidencia esta aseveración en el comportamiento de la Utilidad Neta, que mostró un “crecimiento” de 3.02%, muy por debajo del tan aplaudido “crecimiento” del PIB.

    Pero no solo estas respuestas ingratas mantienen mi estado de incertidumbre, sino que aumenta al ver la relación entre Utilidad Neta versus Ingresos o dicho de otra manera “el margen de ganancia” que se perfila con una tendencia a la baja continua en los últimos cuatro periodos, cerrando en el 2017 con un margen menor (-8.4%) al logrado en el 2014, cuando el Canal operaba solamente con sus exclusas originales.

    Este panorama me conduce a más preguntas sobre la institución insigne de Panamá, que solo los hechos y resultados futuros podrán dar respuesta cierta: ¿Sigue siendo eficiente como lo era antaño? ¿Realmente se espera “triplicar progresivamente en 10 años los aportes que entrega al Tesoro Nacional” tal como se prometió hace un año? ¿Se habrán sobreestimado las expectativas? ¿La visión de crecimiento se definió sobre las bases correctas? ¿Se estará empeñando el futuro de Panamá? ¿Habrá que ajustar  expectativas y proyecciones?

    Por el momento todo indica que hay que mantenerse monitoreando la situación. ¿Qué seguirá pasando con el Canal?

     

  • Cállense Mentecatos

    El ministro está furioso, porque Panamá en el 2018 está previsto que sea el país con más alto per cápita de América Latina, pero no le han hecho caso ni le han echado las flores que él piensa que se merece el gobierno actual. ¿Será en realidad porque no lo merece?

    Vamos a dejar en claro una cosa. Es poco lo que puede hacer un gobierno, por más de que los políticos vendan lo contrario, para levantar la economía de un país. Un gobierno no puede por sí solo hacer que la economía de un país florezca. Son los habitantes de un país los que levantan la economía del mismo. Un gobierno puede fijar los marcos correctos para que la actividad económica florezca, garantizar la seguridad de las personas y las actividades económicas, hacer cosas que hagan la economía más productiva como obras de infraestructura, garantizar el acceso a la educación y la salubridad. No puede garantizar el éxito de las actividades económicas en una economía compleja.

    Pero lo que si puede hacer el gobierno de manera muy fácil es destruir la economía; se está demostrando en Venezuela: basta con establecer controles de precios y de salarios irreales, basta con imprimir moneda sin respaldo y aumentar la masa monetaria, basta con debilitar los derechos de propiedad. Tratar de levantar una economía a punta de gasto público como hizo el gobierno de Ricardo Martinelli o está haciendo el gobierno actual tampoco es bueno. Se puede crear una burbuja, pero ese gasto público al final no es sostenible, porque sale o de los impuestos o sale de la deuda, que finalmente termina en forma de impuestos en el futuro. El precio de esa burbuja siempre va salir de sacar dinero de las actividades productivas de los particulares. Endeudar a un país no es mejorar su economía, es crear una burbuja. Y las burbujas tarde o temprano revientan. Recordemos a las economías latinoamericanas en los 80s con la crisis de la deuda o a Grecia recientemente. El crecimiento real es el que surge del ahorro y la inversión privada.

    Por eso el ministro no debe sorprenderse cuando la gente rehúsa darle crédito por los triunfos económicos de Panamá. Ya que por ejemplo, la vuelta a la estabilidad democrática fue un triunfo del quinquenio de Guillermo Endara, la reforma de la estatista economía heredara de los militares, fue un triunfo del quinquenio de Ernesto Pérez Balladares. Y fue ralentizada durante el quinquenio perdido de Mireya Moscoso. Pese a eso, desde los últimos años de ese quinquenio, a partir del 2003 para ser exactos, que la economía panameña empieza a crecer, llegando a tasas de crecimiento superiores al 6 o 7% durante el gobierno de Martín Torrijos. Todo eso sin que la deuda pública aumentara.

    Durante el gobierno de Ricardo Martinelli, esta tendencia se disparó, ya que al crecimiento de la empresa privada y a la inversión extrajera directa, el gobierno Martinellista sumó grandes dosis de gasto público sufragado por deuda. Lo que hizo que Panamá tuviera niveles de crecimiento económicos chinos, superiores al 10% anual. Aunque ya para el 2013 estos niveles empezaban a decrecer.

    La gran diferencia entre el quinquenio Martinelli y el quinquenio Torrijos es que mientras que con Torrijos el crecimiento se debía a la inversión privada, local y extranjera, en el quinquenio Martinelli ésta tenía un importante elemento de gasto público y deuda pública. La relación deuda /PIB seguía siendo buena, pero recordemos que el PIB tiene la trampa de incluir en él gasto público, el cual crecía alimentado por esa misma deuda contra la cual lo comparamos. Así que ese crecimiento exagerado durante el quinquenio Martinelli tenía elementos de burbuja artificial. Y no era sostenible. Lo peor es que el gasto público quitaba recursos a la empresa privada, creaba inflación y permitía aumentos artificiales de salarios. Para el 2013, al bajar el gasto público, este crecimiento empezaba también a bajar como ya hemos dicho. No era algo indefinidamente sostenible.

    Lo que nos lleva al quinquenio actual que no ha terminado. Difícilmente puede reclamar el gobierno de Juan Carlos Varela crédito por el actual nivel per cápita de Panamá cuando esto ya había sido predicho por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional hace años. Y es el producto de decisiones tomadas mucho tiempo antes. Como el eliminar el Banco Central en 1904, las leyes de abanderamiento de naves y de sociedades en las primeras décadas de la República, la creación del centro bancario en los 1970s. Y por supuesto todas las medidas políticas y económicas tomadas en los 1990s. Panamá creció de manera continua desde 1990 hasta el 2001, y del 2003 hasta nuestros días, la recesión del 2008 solo ralentizó el crecimiento un año. Pero a diferencia de otros países nunca entramos en recesión. Hemos crecido desde el 2003 hasta nuestros días.

    Cuando un auto va a velocidad, y se le daña el motor, todavía puede seguirse moviendo un tiempo por inercia a menos que alguien aplique los frenos. Lo mismo pasa con la economía de Panamá. Cuando tiene impulso desde hace más de 15 años, aunque se pongan los frenos, no se va a frenar de golpe, se puede tratar de frenarla, y sin embargo, se mueve.

    Porque vamos, el gobierno actual ha seguido con una política de aplicar frenos al crecimiento, siguiendo las políticas del gobierno anterior pese a una distinta situación económica. Se ha seguido endeudando al país, ya no tanto para financiar obras, sino para sufragar gastos corrientes y subsidios, algo insostenible en el tiempo. Se han rendido a las presiones de la OCDE a cambio de nada, y sin buscar alternativas a los negocios que se pierden en el país, cuando otros países han reemplazado sus ofertas de servicios por otras. Han seguido la política de aumentos irreales del salario mínimo, lo cual es un estímulo a que las empresas se automaticen, llevando a una situación en la cual el desempleo aumenta pese a que el crecimiento económico sigue estable, y convenientemente se le echa la culpa a los inmigrantes extranjeros. Se ha aumentado el peso y costo de la burocracia a la hora de formalizar trámites, pagar impuestos o inscribirse en el Seguro Social. Y los problemas estructurales más profundos como la falta de un Órgano Judicial independiente, confiable, y rápido, o un buen sistema educativo siguen sin atenderse, o el hecho que existan grandes disparidades de ingresos entre amplios sectores de la población. En otras palabras, es poco lo que el gobierno actual ha hecho para garantizar el crecimiento económico, el cual más bien se ha dado pese a las políticas del gobierno actual. Simplemente vivimos de la inercia positiva de gobiernos pasados. O de nuestra misma base institucional.

    Así que no nos llamen mentecatos cuando rehusamos en dar crédito a un gobierno por los resultados de nuestro diseño institucional y pese a, más que debido a, las políticas menos intervencionistas de gobiernos anteriores.

     

     

  • Banca y riesgo sistémico

    Por Jaime Raul Molina, Colaboración para GCC Views

    El Gobierno Nacional está a punto de proponer la creación de un fondo de liquidez para el sistema bancario, según esta nota de La Prensa.

    En Panamá no tenemos ni banco central, prestamista de última instancia ni seguro de depósitos bancarios. Los expertos del Fondo Monetario Internacional llevan años viniendo a Panamá a decirnos las mil y una razones por las que no tener ninguna de estas cosas nos hace menos competitivos y nos expone a riesgos de colapsos bancarios como esos que los demás países, esos que tienen esas tres cosas supuestamente maravillosas para evitarlos, han tenido a montones en repetidas ocasiones.

    Ante la crisis financiera económica global que vivió el mundo desde la quiebra de Bear Sterns en 2007 y luego la quiebra de Lehman Brothers en 2008 que llevó al gobierno federal de los Estados Unidos de América a ordenar un recate billonario de la banca para evitar el colapso total del sistema y las corridas bancarias, el sistema financiero mundial sufrió de manera importante. En Europa se dieron quiebras de importantes bancos y otros actores financieros, y también tuvo el Banco Central Europeo (BCE) que actuar para evitar el colapso de la banca en Europa. Frente a todo esto, en Panamá no hubo ni una sola quiebra de bancos. El sistema bancario y financiero de Panamá evitó los colapsos bancarios, financieros y de gigantes del sector industrial o comercial, que tanto afectaron otros países.

    En toda nuestra historia como república soberana, hemos estado libres de corridas masivas y de sistémicas bancarias y financieras. Esta relativa solidez de nuestro sistema bancario se debe entre otras cosas a la ausencia en Panamá de banco central, de un prestamista de última instancia, y de un seguro de depósitos.

    Riesgo sistémico y riesgo moral

    El Gobierno Nacional está a punto de proponer la creación de un fondo de liquidez para el sistema bancario, según esta nota de La Prensa.

    En Panamá no tenemos ni banco central, prestamista de última instancia ni seguro de depósitos bancarios. Los expertos del Fondo Monetario Internacional llevan años viniendo a Panamá a decirnos las mil y una razones por las que no tener ninguna de estas cosas nos hace menos competitivos y nos expone a riesgos de colapsos bancarios como esos que los demás países, esos que tienen esas tres cosas supuestamente maravillosas para evitarlos, han tenido a montones en repetidas ocasiones.

    Ante la crisis financiera económica global que vivió el mundo desde la quiebra de Bear Sterns en 2007 y luego la quiebra de Lehman Brothers en 2008 que llevó al gobierno federal de los Estados Unidos de América a ordenar un recate billonario de la banca para evitar el colapso total del sistema y las corridas bancarias, el sistema financiero mundial sufrió de manera importante. En Europa se dieron quiebras de importantes bancos y otros actores financieros, y también tuvo el Banco Central Europeo (BCE) que actuar para evitar el colapso de la banca en Europa. Frente a todo esto, en Panamá no hubo ni una sola quiebra de bancos. El sistema bancario y financiero de Panamá evitó los colapsos bancarios, financieros y de gigantes del sector industrial o comercial, que tanto afectaron otros países.

    En toda nuestra historia como república soberana, hemos estado libres de corridas masivas y de sistémicas bancarias y financieras. Esta relativa solidez de nuestro sistema bancario se debe entre otras cosas a la ausencia en Panamá de banco central, de un prestamista de última instancia, y de un seguro de depósitos.

    Prestamista de Última Instancia

    Bien, aterricemos: ¿qué tiene esto que ver con las crisis bancarias? Existen esquemas de regulación bancaria diseñados con el fin de reducir riesgo moral, pero que en realidad resultan en un aumento de éste. Una de ellas lo es el establecimiento de lo que se conoce como el Prestamista de Última Instancia(‘Lender of Last Resort’), que consiste en una institución cuya función es supuestamente la de ofrecer liquidez a bancos en situación de iliquidez considerada como temporal.

    El razonamiento detrás del establecimiento de un ente que cumpla dicho rol de Prestamista de Última Instancia, es que una situación de iliquidez de algunos bancos podría causar una huída o corrida sobre dichos bancos que, a su vez, podría provocar un pánico generalizado entre los depositantes, que los conduciría a retirar masivamente sus depósitos bancarios. En teoría esto, en un sistema de banca de reserva fraccional (recuerde que el banquero no ‘guarda’ vuestro dinero, sino que lo presta a plazos para obtener un retorno), puede hacer que la situación de falta de liquidez de un banco se convierta en una insolvencia generalizada de los bancos, con un consecuente colapso de todo el sistema de crédito, crucial para una economía moderna. El papel de Prestamista de Última Instancia está concebido para evitar este escenario.

    Sin embargo, en la vida real la existencia de un Prestamista de Última Instancia, contrario a su perseguido fin de reducir el riesgo sistémico, en realidad resulta en un aumento de este. Para entender por qué, es menester visualizar cómo opera un sistema bancario en el que no hay banco central ni por tanto Prestamista de Última Instancia.

    Banca Libre

    Un sistema de banca libre o ‘free banking’ es uno en que no hay banca central, los bancos compiten entre sí y hasta pueden emitir sus propios billetes de banco que circulan en calidad de papel moneda, y no hay prestamista de última instancia. En dicho sistema, los bancos no tienen una red de seguridad. Si prestan demasiado y no mantienen adecuadas reservas de liquidez para hacer frente a las demandas efectivo de sus depositantes, pueden caer en el temido estado de iliquidez que los obligue a financiarse a tasas más altas para poder cumplir sus obligaciones. Esto, en el mejor de los casos, reduce notablemente las utilidades del banco, y en el peor, puede llevarlo a la insolvencia y a la quiebra.

    El banquero privado en dicho sistema, entonces, tiene un fuerte incentivo a actuar con suma prudencia tanto en sus reservas líquidas, como en cuanto a los riesgos crediticios que asume en los préstamos que otorga. Si yerra y comienzar a tener que financiarse con otros bancos para poder cumplir sus obligaciones frente a sus depositantes, la mera noticia en el mercado puede crear desconfianza en los depositantes y éstos irán a retirar sus dineros depositados en dicho banco, creando una posible huída bancaria que lo llevaría a la insolvencia y consecuente quiebra.

    En este sistema, como opera en Panamá, si un banco tiene una situación temporal de falta de liquidez, puede acudir al mercado interbancario a obtener préstamos a corto plazo para solventar esa falta de liquidez. Existen muchas maneras en las que un banco puede hacer esto de manera efectiva y eficiente. Lo importante será la calidad de sus activos, que será lo que mirarán los demás bancos para decidir si le otorgan la facilidad crediticia. Recordemos que falta de liquidez no es lo mismo que falta de solvencia. Un banco puede tener una excelente cartera de activos en razón de su solvencia, y aún así pasar por una situación temporal de falta de liquidez. Si este es el caso, el banco no debe tener problema en obtener financiamiento rápido en el mercado interbancario. Al contrario, los demás bancos estarán muy gustosos en otorgar dicho financiamiento. A fin de cuentas, esa es la esencia del crédito bancario, otorgar liquidez hoy a cambio de un retorno en forma de interés.

    Cosa distinta sería si lo que enfrenta el banco no es ya meramente un problema de falta de liquidez sino de insolvencia. La insolvencia se refiere a la incapacidad de un banco para cubrir sus obligaciones debido a que el valor de sus activos es superado por su pasivo. Dado que el crédito es asunto de confianza, puede bastar que haya dudas razonables sobre la solvencia de un banco para que los demás bancos lo consideren insolvente para todos los efectos prácticos. Pero para efectos prácticos lo que importa es que los bancos no prestan a un banco que consideran insolvente, pero sí están siempre más que dispuestos a prestarle a un banco al que consideran solvente aunque falto de liquidez. La diferencia, por tanto, entre insolvencia e iliquidez, es crucial.

    La ilusión de seguridad conduce a la asunción de cada vez mayores riesgos

    Como vimos, en un sistema de banca libre, una situación de falta temporal de liquidez de un banco es algo que se resuelve de manera rápida y efectiva en el mercado. No requiere intervención alguna del estado. La esencia del negocio bancario es precisamente otorgar liquidez a los que la necesitan, por lo que prestar a un banco que la requiere en un momento dado no es esencialmente distinto a prestarle a cualquier otro negocio. En todo caso, es más fácil para los banqueros evaluar ese riesgo porque es exactamente su misma línea de negocio. Y como los banqueros están arriesgando los activos de sus bancos sabiendo que no cuentan con una red de seguridad, actúan con prudencia al evaluar los riesgos que asumen al prestar a otros bancos.

    Pero cuando se instaura un Prestamista de Última Instancia, se traslada el riesgo a un ente público (el Banco Central). Se crea la falsa sensación de que los depósitos bancarios están más seguros porque el Gobierno no dejará jamás quebrar al Banco Central (quien asume así, en última instancia, los riesgos crediticios de todo el sistema). El banquero ahora no tiene tan fuerte incentivo a ser conservador en el otorgamiento de créditos, pues confía en que de llegar a surgir un problema de iliquidez, el Banco Central saldrá en su ayuda inmediata, para proteger al sistema bancario. El depositante, por razones similares (aunado a la existencia de un seguro de depósitos, también respaldado por el Estado, que le garantiza que en caso de quiebra del banco en que mantiene sus depósitos, éstos le serán reembolsados hasta un monto máximo predeterminado), ya no tiene tanto incentivo a monitorear la solidez del banco en que mantiene sus depósitos.

    Tanto el banquero como el depositante han así trasladado el riesgo de iliquidez, insolvencia y quiebra por riesgos crediticios, a un tercero que es el Banco Central, es decir, al Estado. Pero el Estado en realidad no tiene bolsillos propios, no genera riqueza, sólo la que recauda de sus ciudadanos. Así, al trasladar el riesgo crediticio de todos los bancos en el sistema al Estado, estamos creando la ilusión de reducción de riesgo, cuando en realidad lo hemos aumentado por razón del ahora aumentado riesgo moral, antes aludido. Como dijo Herbert Spencer, el resultado de blindar a las personas de los efectos de sus propias tonterías, es que el mundo se llena de tontos.
    La instauración de un Prestamista de Última Instancia altera esencialmente la situación de riesgo. Para emplear la expresión de Nassim Nicholas Taleb (autor de The Black Swan y otros), la creación de este fondo de liquidez que está por proponer el Gobierno Nacional hace que los banqueros dejen de tener piel en el juego (skin in the game). Como de forma brillante explica en sus distintas obras el Sr. Taleb, cuando los sistemas financieros (y otros sistemas donde se asumen riesgos de otras clases) permiten que se separe la asunción de riesgos de la exposición a dichos riesgos, es decir, cuando quienes van al casino quedan blindados de los resultados de sus apuestas, el desastre es solo cosa de tiempo. Pues eso es lo que es el Prestamista de Última Instancia para bancos.

    Debemos advertir los peligros de la iatrogénesis. Iatrogénesis es vocablo originado del griego y significa “provocado por el médico o sanador”. Se refiere la iatrogénesis y la iatrogenia en general al fenómeno del daño que causa en el paciente la intervención del supuesto a sanar. Es lo que en lenguaje coloquial se expresa diciendo que la cura puede ser peor que la enfermedad. En el caso del estudiado fenómeno del aumento de riesgo sistémico causado por las intervenciones llamadas a reducir dicho riesgo como la creación de banco central, prestamista de última instancia y seguro de depósitos, estamos ante un caso de iatrogénesis o cura peor que la enfermedad. El sistema panameño ha funcionado sin banca central ni prestamista de última instancia por más de cien años, y nuestro centro bancario ha salido airoso de crisis financieras mundiales recientes, sostengo, precisamente porque aquí los banqueros tienen su piel expuesta al juego. Lo que propone el gobierno es protegerles esa piel, blindarlos de cualquier quemadura por meter las manos en aguas muy calientes. El resultado, me temo, será que eventualmente nos quemaremos los depositantes, los contribuyentes o ambos, como ha sucedido con los rescates bancarios en EUA y países de Europa en años recientes.

    Conclusión: Panamá debe mantener su modelo

    Panamá, afortunadamente, no tiene un Banco Central. Panamá ha estado exento en toda su historia republicana, de los episodios de colapsos financieros, hiperinflación y huídas bancarias a las que han estado expuestos prácticamente todos los demás países de América Latina, y muchos países de otras latitudes. Entre las principales razones (aunque se trata de algo multifactorial), está que no tenemos un Prestamista de Última Instancia, ni seguro de depósitos, ni Banco Central. La pretensión de crear el llamado fondo de liquidez es sumamente preocupante por varias razones. En primer lugar, por lo antes expresado en sentido de que muy contrario a lo que se pretende, los prestamistas de última instancia aumentan el riesgo sistémico precisamente porque blindan a los que asumen riesgos, de los efectos de esos riesgos (sin piel en el juego -no skin in the game– como diría Taleb). En segundo lugar, constituirá la semilla de la instauración de un futuro banco central, ya que a la primera crisis bancaria -y no dude que los riesgos generados por la ausencia de piel en el juego que traerá este prestamista de última instancia– los banqueros clamarán por la instauración de un banco central. Me dirán que eso no es posible porque la Constitución no lo permite. Los que así piensan no han aprendido una fundamental lección de la Historia, que consiste en que en situaciones de graves crisis sociales/económicas/políticas, lo que hasta ese momento es impensable tiende a convertirse no solo en posible sino en cosa aclamada por las masas. Estamos advertidos.

  • Del fondo de liquidez al fondo del riesgo moral

    Desde el 2010 el Fondo Monetario Internacional, un castillo de economistas neoclásicos y neo keynesianos que no logran dar un mensaje coherente, ha estado presionando amablemente a Panamá para que se cree un fondo de liquidez. La excusa dada por el señor Fernando Delgado, representante del FMI para Panamá, es que los países sin moneda propia deben disponer de un fondo de liquidez, ya que en caso de una crisis de liquidez, no existe un Banco Central que sirva de prestamista de último recurso, y el gobierno de Panamá no puede respaldar a los bancos con sus propios fondos, porque éstos están limitados por el presupuesto[i].

    Frank de Lima, entonces viceministro aplaudió esta propuesta, pero otras personas veían con razón que un fondo estatal de liquidez permite que los bancos flexibilicen los préstamos, porque ahora saben que tienen una red de seguridad que antes no existía en caso de que los préstamos se compliquen. Ahora los bancos podrán cargarle sus malos negocios y sus activos tóxicos al estado, lo cual hace que las ganancias sigan siendo privadas, pero las pérdidas y malos negocios de los bancos sean ahora públicas. ¿Qué puede salir mal? Bueno, pregúntenle a los Europeos y Norteamericanos, que salvo Islandia, eligieron hacer un rescate financiero de los malos negocios de miles de bancos, con el resultado de que la gran recesión lleva en muchos países casi una década, y se gastaron miles de millones de recursos de los contribuyentes en rescates de bancos que hicieron malos negocios; es más, negocios fraudulentos, mientras que los ciudadanos de a pie, que le deben dinero a los bancos son lanzados de sus viviendas por no pago, los banqueros que hicieron sus préstamos irresponsables o fraudulentos, sabiendo que no los iban a pagar, siguen en sus puestos y no han visto el interior de un juzgado. La pregunta que nadie hizo al FMI es por qué el gobierno tiene el deber de rescatar a los bancos en problemas en lugar de dejarlos quebrar y punto.

    El gobierno aceptó la propuesta del FMI y se lanzó con los banqueros a crear un fondo de liquidez. En el 2013 se lanzan los primeros anuncios del fondo de liquidez[ii] .Aunque se anunció que el fondo no cubriría casos de insolvencia o malos manejos. Sin embargo, terminó el gobierno de Ricardo Martinelli y el Fondo de Liquidez no se hizo efectivo.

    En el 2016 el FMI vuelve a la carga. Valerie Cerra, su representante regional, vuelve a insistir en el Fondo de Liquidez[iii]. El Superintendente de Bancos de Panamá, Ricardo Fernández y el presidente del Capital Bank, Moisés Cohen, anunciaron estar de acuerdo, pero mientras para Fernández el fondo debería hacerse con aporte de las partes, que incluyen los bancos y el FMI, Cohen más bien parece querer que el mecanismo se implemente de la manera más rápida posible, dice al ser preguntado por la Estrella y esto parece inferir un fondo con dineros públicos.[iv]

    El trabajo siguió, aunque la idea de Cohen de tener en fondo de liquidez listo ya en el 2016 no se materializó, el gobierno, en junio del 2017 acaba de anunciar que tiene listo el mecanismo de un Fondo de Liquidez [v]. El Superintendente Fernández, anunció que las intervenciones del Balboa Bank y del Banco Universal hacían clara la necesidad de un fondo de liquidez, porque éste daría al regulador más opciones durante una reorganización o liquidación de un banco.

    Según Fernández, se trata de una solución para hacerle frente a una situación de pérdida de una corresponsalía bancaria o en un contexto de crisis económica o situación coyuntural negativa, en el que un banco necesita liquidez temporalmente para tratar de buscar una solución simple con un fondeo básico. La idea sería darle acceso a un fondo de liquidez mínimo que le permita por un tiempo corto encontrar una solución y seguir en marcha.

    Sin embargo y he aquí el peligro, este sería un fondo , en principio, de liquidez, no de solvencia, pero Fernández aclaró que también se estaría trabajando hacia un fondo mayor, de riesgo sistémico, pero para más adelante . Esto que muchos ven como una promesa, en realidad es una amenaza.

    A mediados de agosto del 2017, la Superintendencia de Bancos anuncia que el diseño ya está listo. Parece que la postura de que el Fondo funcione con dineros públicos, socializando las pérdidas de los Bancos ganó, ya que el Banco Nacional sería el que aportaría el fondo de liquidez, aunque se deja la puerta abierta para la participación de otros bancos, algo que dudamos que ocurra. Una vez esté el estado aportando al fondo de liquidez no va a haber incentivos para que los bancos privados arriesguen fondos propios para crear un fondo de liquidez privados. ¿Por qué tendrían que hacerlo, cuando pueden socializar sus riesgos con fondos públicos?

    El Banco Nacional está claro en que se socializa en el riesgo. Los bancos privados usan activos para acceder a la facilidad del crédito, y si el banco repaga, se regresa el activo. Por supuesto, si el banco no paga, el activo pasa al Banco Nacional. Esto crea incentivos para que los bancos privados puedan descargar sus activos tóxicos en el Estado Panameño. ¿Qué banco privado querría participar en un fondo de liquidez como prestamista después de esto? Mejor que los activos tóxicos terminen en manos del Estado, verdad? Y conociendo la probada incorruptibilidad de los funcionarios de los bancos estatales, tantas veces demostrada durante el gobierno militar o durante la administración de Ricardo Martinelli, estamos seguros que estos funcionarios van a hacer lo posible para impedir que los bancos privados terminen descargando activos tóxicos en el Banco Nacional, ¿o nos equivocamos?

    Lo peor de todo es que se pretende ir más allá en el futuro, hacia un fondo de insolvencia, lo cual sería el fin de la banca responsable en Panamá. Si un fondo de liquidez, sobre todo si fuera privado, sería aceptable, un fondo de insolvencia sería un estímulo a que los bancos sean mucho más arriesgados prestando dinero. Lejos de evitar el riesgo sistémico, lo fomenta. Cuando un equilibrista sabe que tiene una red de seguridad debajo de él, tiende a ser más arriesgado que cuando no la tiene. Haría ciertos trucos que no se atrevería a hacer de no tenerla.

    Cuando un grupo de bancos tienen un fondo de insolvencia debajo de ellos, tienden a hacer negocios que no harían si este fondo no existiera. En el sistema actual, si un banco es irresponsable y anda en la cuerda floja, al caer, cae el solo. Pero en el sistema planeado, ya no es un solo banco, sino un montón que confiando en la red de seguridad, andan en la cuerda floja, y al caer tantos a la vez, la red de seguridad no va a soportarlos, y va a ceder. ¿Por qué? Porque el prestamista de último recurso elimina el riesgo moral de hacer negocios irresponsables.

    Panamá no tiene moneda propia ni Banco Central para tratar de inventarse una red nueva de la nada. Iríamos por el camino de la Gran Recesión del 2008.

    El sistema panameño ha funcionado muy bien, a pesar, o más bien debido a que no tenemos prestamistas de último recurso que eliminen el riesgo moral y socialicen las pérdidas. Cuando un banco cae, cae él solito, por sus malos manejos o por su oportunismo, pero no caen varios a la vez. El sistema ha resistido la dictadura militar, la invasión de 1989, las crisis del 2002 y del 2008, la quiebra de varios bancos, los Panama Papers, la Lista Clinton. El sistema bancario panameño ha demostrado ser bastante resiliente. Un fondo de liquidez privado no sería mala idea si fuera privado y voluntario; ¿pero estatal?, vamos, lo peor de Panamá como país es su estado. Un estado congelado en los 1970s. Todo lo que pueda salir mal, va a salir mal.

    [i] FMI le propone a Panamá crear fondo de liquidez.
    [ii] Panamá hace cambios en el proyecto de liquidez de la banca.
    [iii] FMI insta a Panamá a crear fondo para el rescate de bancos.
    [iv] Superintendencia sugiera la creación de fondo para riesgo sistémico.
    [v] Regulador Bancario prepara modificación a la ley y fondo de liquidez.

  • China a los 20 años de dominar Hong Kong

    Durante más de cien años, los británicos lograron en Singapur y Hong Kong una combinación hecha en el cielo, instituciones británicas sobre una población de etnia china. Las características de la etnia china sobre todo en su laboriosidad, inteligencia y costumbres ahorrativas se juntaron con el genio comercial británico, su estado de derecho y su respeto por los contratos. El resultado, dos de las sociedades más prósperas de la tierra.

    China había tenido los estándares de vida más altos del mundo antes de la revolución industrial, pero se había venido quedando atrás después de la revolución industrial con respecto a Europa y Norteamérica. China sufrió las humillaciones de la guerra del Opio, donde los británicos obtuvieron el mandato sobre Hong Kong y la mortal invasión japonesa a Manchuria. Esas dos humillaciones nacionales y el colapso de la monarquía manchú, lograron la república, pero ésta terminó en una guerra civil entre comunistas y nacionalistas. Tras la victoria comunista, los nacionalistas se refugiaron en Taiwán.

    Mientras Taiwán bajo una dictadura nacionalista, Singapur bajo un mandato familiar, y Hong Kong bajo administración británica demostraban lo que los chinos pueden lograr con un buen gobierno, Mao se lanzaba a hacer todo tipo de experimentos socialistas, produciendo la muerte de millones de personas. Quizás su único gran mérito sea haber revitalizado la burocracia china con sangre nueva del Partido Comunista, tras el ocaso y decadencia de los mandarines. Deng Xiao Ping, consciente de que China se había quedado atrás económicamente inició un movimiento hacia una economía mixta. Los resultados son claros. China se convirtió en la segunda economía del mundo sacando a millones de personas de la pobreza. China copió en parte el modelo británico creando zonas económicas especiales al estilo de Hong Kong.

    En 1997 Hong Kong regresa a mandato chino, pero estos deciden no matar la gallina de los huevos de oro y respetar su autonomía. Por casi 20 años, contrario a lo que esperaban sus detractores, los chinos manejaron Hong Kong de la misma manera de los británicos. Sin embargo existen indicios de que con el nuevo secretario general del partido comunista, esto va a cambiar.

    En los últimos diez años los Chinos han sido más proactivos en limitar la autonomía política de Hong Kong. Las protestas prodemocracia del 2014 con el movimiento Occupy Central y el encarcelamiento de tres líderes estudiantiles, el hecho de que las autoridades chinas pasaran por encima obligando a los fiscales a perseguir a los estudiantes contra sus deseos expresos, o la detención por medio del secuestro en territorio de Hong Kong de cinco editores que publicaron libros criticando al Partido Comunista Chino, aparentemente secuestrados, ha puesto en duda la autonomía cívica y legal que Hong Kong mantuvo desde 1997 y que se suponía que iba a durar cincuenta años.

    Ahora se está terminando un viaducto de China Continental a Hong Kong, el proyecto incluye la presencia de policías chinos continentales en la terminal de Hong Kong. Muchos hongkoneses prefieren que el tren no se complete a tener que soportar policías chinos continentales en Hong Kong.

    Las economías Chinas y de Hong Kong se están ralentizando, lo que hace a Hong Kong más dependiente que nunca de China. Hong Kong depende ahora en un 40% de la economía China y esto aumenta la capacidad de poner presión de los Chinos continentales sobre la región autónoma. Además Shanghái, Shenzhen y Ningbo les han puesto mayor competencia y ya los superan como puerto en movimiento de mercaderías. Los bancos están sufriendo la presión de la enorme deuda china. Pero a estas amenazas provenientes de la economía China, se suman amenazas políticas. Una ventaja comparativa de Hong Kong es su sistema legal estilo británico, con su estado de Derecho, muy superior al caprichoso sistema legal comunista chino. El juicio a los estudiantes y su persecución legal pasando por encima del sistema legal de Hong Kong, o el secuestro de los editores, que desaparecieron de Hong Kong para aparecer en China detenidos, ha sembrado el temor entre los ciudadanos de Hong Kong de que el Imperio de la Ley británico en Hong Kong ha terminado.

    «La gente de Hong Kong tiene plenos derechos y libertades, pero nadie puede usar la excusa de la llamada democracia y libertad para llevar a cabo actividades violentas ilegales», dijo la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, en una conferencia de prensa.

    ‘Quiero reiterar que Hong Kong es una administración especial de China … China se opone firmemente a cualquier fuerza externa que interfiera en los asuntos de Hong Kong’, dijo.

    El último gobernador británico de Hong Kong, Chris Patten, mientras tanto, cuando le preguntaron por los estudiantes, dijo que estos serán recordados, y sus nombres serán recordados, mucho después de que nadie recuerde quien era él y probablemente quién era Xi Jin Pin.