Etiqueta: educación estatal

  • Sin sana cultura tendremos malsana economía

    Sana es la cordura mental o la mente racional capaz de juzgar y anticipar los efectos de nuestras acciones; y si aplicamos este concepto a la cultura estaríamos refiriéndonos a un sano tejido social que permite a dicho tejido, en lo personal y por tanto en el conjunto, discernir buenos valores. Y vale abundar en el sentido etimológico del término “cultura”, es decir, aquello que se cultiva; en lo particular nuestro comportamiento, pensamientos, lenguaje y acciones enfocadas en el aprendizaje y en la trasmisión social a las subsecuentes generaciones, con miras al desarrollo de pensamiento abstracto o abstruso.

    En Panamá muchos hablan de “preservar” culturas precolombinas; sin embargo, poco meditamos el sentido en ello. Y es que para algunos el preservar una cultura se ha vuelto cosa sagrada, a punto que no se detienen a meditar en ello y lo que implica; como podría ser el preservar lo disfuncional. Por ejemplo, uno cultiva productos de la tierra con miras a obtener buenas y productivas cosechas. ¿Acaso ello no aplica igualmente al cultivo de lo cultural? Y, en particular y especial, referido a quienes viven en un entorno desfasado, incapaz de adaptarse a la realidad de los cambios exponenciales de la nueva era; eran en la cual la evolución social se torna esencial. En síntesis, nada bueno es ver la cultura como si se tratase sólo de huacas precolombinas y desconsiderando la realidad práctica.

    El tema cultural en Panamá, en muchos casos y sentidos, ha tomado desvíos malsanos, tal como el vilipendio al emprendimiento o lo que la población llama “privatización” pero sin entender lo que es. De tal comportamiento cultural vemos que los inmigrantes que sí creen y practican el emprendimiento privado prosperan, mientras que los del patio languidecen en las mazmorras arcaicas de una deseducación “NODUCA”.

    En el sentido expuesto vale fijarse en el caso de Japón, que entró al siglo XIX con una cultura vetusta; y, sin embargo, fueron capaces de cambiar y adaptarse al modernismo industrial y empresarial del Oeste, lo cual lograron, curiosamente, sin perder muchas de sus costumbres culturales. Mientras todo ello ocurría en el Japón, en Panamá nuestras universidades, particularmente la gubernamental daba cursos enfocados en lo feo de las relaciones EE.UU./Panamá; desdeñando por años lo positivo. De hecho, mucho se criticaron las semi privatizaciones de Pérez Balladares sin las cuales aún estaríamos sumidos en el centralismo castrante del Panamá colonial.

    Hoy, luego de que el Canal revirtió a Panamá, y con ello fuimos adoptando algunos cambios económicos progresistas, las malas costumbres culturales de la población y sus pervertidos gobiernos siguen atrapados en los pantanos de un centralismo interventor y castrante.

    El mayor y verdadero capital de una nación se encuentra o no, en la cultura de su gente; referido esto a una sana cultura en la cual se aprendió a valorar el emprendimiento y los saludables valores morales. Una cultura que no rechaza y vilipendia virtudes; tales como el hacer yo y no que lo haga el gobierno y sus politicastros.

    Panamá tiene características únicas que nos potencian para llegar a ser el país más próspero del continente americano y más allá; sin embargo, algo nos detiene anclados a un pasado distópico. Si no somos capaces de una sana y productiva evolución cultural, gracias a las ventajas de nuestra posición y a su Canal, algo evolucionaremos. Sin embargo, tal vez no lo suficiente en un mundo en el cual el progreso se torna raudo y aún más; se torna exponencial, a punto que no conjuga con los letargos del ayer.

  • ¿Podemos delegar al Estado la educación de nuestros hijos?

    La pregunta fundamental que nos debemos plantear en la materia política siempre será: ¿para qué queremos al Estado?; es decir, ¿cuáles son sus funciones? Otra forma de ver el tema sería: ¿Para que sirve o son buenos los gobiernos del estado y para que no.

    Casi todos podemos hallar suelo común en que al Estado corresponde la función de seguridad y en particular la de defender la nación en caso de invasión. Pero, aquí ya debemos hacer un alto y diferenciar en el tema de la “seguridad” ciudadana, pues jamás podríamos delegar toda nuestra seguridad personal, lo cual ni siquiera debía requerir explicación; ya que el estado carece de la facultad de la omnipresencia y; más aún, ni debíamos querer delegar semejante función a los gobiernos, aunque, tristemente, muchos así parecen desearlo. La seguridad comienza en lo personal, en la casa, en el barrio y así hasta llegar al estado. Visto desde otro enfoque, todos somos policías y delegamos esa función en la medida de lo posible y conveniente.

    Dicho lo anterior, podemos extender los conceptos vertidos a la educación y entender que al Estado corresponden algunas funciones sociales pero no todas y no del todo, y se hace vital trazar la frontera entre el Estado, la persona y familia. Con ánimo didáctico mordaz, igualmente señalo que el Estado no puede comer o beber agua por nosotros, y vale la pena señalar esto porque como van las cosas pareciera que algunos hasta la ida al retrete desean delegar. Todo esto nos lleva a la pregunta fundamental formulada en el título de este ensayo; es decir, ¿hasta dónde podemos delegar al estado la educación de nuestros hijos? El problema comienza en artículo 56 de nuestra Constitución cuando dice: “…el Estado… garantiza a los padres de familia el derecho de participar en el proceso educativo de sus hijos.” Magnánima la Constitución que permite a los padres “participar”; y he aquí que asoma el problema.

    Lo malo es que no queremos ver lo que está frente a nuestras narices, tal como vemos con el desorden vial en Panamá, y emana o responde a un grupo de legisladores en la Comisión de Transporte de la Asamblea que ven y usan a la ATTT como su feudo personal. En tal situación, muy lejos quedan los propósitos de seguridad y efectividad del transporte. ¿Acaso no vemos la ilegalidad tantos retenes de tránsito? Tal vez la mayoría no lo ve, y he allí la fuente de anarquía. ¿Acaso no vemos que muchos de los agentes de tránsito no salen a ordenar sino a asaltar a mano armada? ¿No vemos que retienen ilegalmente con la finalidad de mejorar sus ingresos personales y hasta partir y repartir hacia arriba?

    Algo análogo ocurre con el sistema que llamamos “educativo” el cual no educa, porque responde a los bastardos intereses de grupos enquistados en al Apparatchik estatal; cuyas prioridades no compaginan con sus funciones y responsabilidades, y luego, para lograr permanencia, derraman ventajas en gremios sindicales y tal; al tiempo que cacarean de igualdad y equidad.

  • Los arquitectos del futuro de los niños

    Como más que bien lo señala Nicole Doyle, presidente del Dekalb Christian Home Educators (hogar de los educadores cristianos – DCHE), les zumba a los padres de familia que ellos pueden contratar los servicios NODUCA y privados que quieran pero el desarrollo mental, espiritual y académico de sus hijos recae en sus padres; quienes, si no se involucran, hacen inmenso daño a los niños.

    Es tentador y fácil delegar más de lo aconsejable la educación de los niños; pero no es sano. No sólo es vital mantenerse al tanto de lo que enseñan a tus hijos sino cómo se les enseña. Y, aún más vital es descubrir las pasiones de nuestros vástagos y ayudarlos a desarrollarlas y no como es tan común de padres que le dicen a sus hijos que quieren que estos sean médicos y tal. Como bien señaló Khalil Gibran en su obra El Profeta:

    “Tus hijos no son tus hijos. Ello son los hijos e hijas del deseo de la vida por sí misma. Vienen a través de ti pero no de ti, y aunque estén contigo no te pertenecen. Les podrás dar tu amor pero no tus pensamientos; pues ellos tienen sus propios pensamientos. Podrás dar albergue a sus cuerpos pero no a sus almas, pues sus almas habitan en la casa del mañana, que tú no podrás visitar ni siquiera en tus sueños. Podrás desear ser como ellos, pero no intentes que ellos sean como tú, pues la vida avanza y no se detiene en el ayer…”

    Si es error delegar en demasía la educación de los niños a las escuelas privadas, el error se vuelve garrafal cuando la delegamos al monopolio estatal del NODUCA. No olvido y repito la anécdota de la visita de la ministra del NODUCA a la APEDE. La misma se dedicó a regañar a los empresarios de no “colaborar” con las escuelas “publicas”. Nos dijo que no las visitábamos y no ofrecíamos nuestra ayuda en charlas y tal. Sin embargo, llevo años ofreciendo a escuelas NODUCA visitas y ¡nada! Más aún, una vez que me invitaron a presentar mi libro sobre la educación en una universidad la directora me informó, con gran preocupación, que le habían llamado de la UP para amenazar que si me permitían hablar cerrarían dicha universidad.

    Lo bueno es que la desquiciada y malévola encerrona covidosa en EE.UU. le está reventando en la cara al monopolio estatal supuestamente educativo; a tal punto que más de 1.2 millones de estudiantes han abandonado las escuelas gubernamentales como resultado. En Panamá el asunto va por otro chorrillo como resultado de los encierros covidosos que llevaron a la quiebra a miles de pequeñas y medianas empresas, dejando a dueños, empleados y a toda la cadena de mercado varada. ¡Por supuesto!, ahora el NODUCA no tiene la capacidad de atender a todos los refugiados de la insensatez.

    Lo que poco o nada entienden los del NODUCA y el resto de los zorros del gallinero gubernamental, o simplemente no les importa, es que el futuro que explota ante nosotros requiere alternativas de educación que jamás saldrán de la miasma central. En sitios tales como en Corea del Sur, la respuesta se fue por la ruta de los tutores académicos que ayudan a las familias con el diseño y ruta de la educación de sus hijos.

    El inmenso “secreto” que no logran entender los socialistas y demás centralistas, es lo imprescindible de dar con la veta aurífera de la diversidad, esa que se encuentra diseminada a través de toda la población y no enclaustrada en las mazmorras del NODUCA.

  • Progreso o regresión es el acertijo

    Nos cuenta Richard Rahn que todo el que haya tenido hijos o dado clases a jóvenes sabe que aprenden a su medida y velocidad. Unos pueden ser raudos en matemáticas y lentos en gramática y al contrario; sin embargo, la educación tradicional monopólica gubernamental insiste en tratar a todos los estudiantes sin diferenciación. En fin, los monopolios estatales son más que lerdos aplicando nuevas tecnologías que permiten un aprendizaje más individualizado y dichos monopolios no son más que regresión, resabios de la historia del intervencionismo.

    El derecho a elegir que cada día va en aumento alrededor del mundo a pesar de que pocos lo advierten, rompe el monopolio politiquero estatal y comenzará a permitir que el pleno potencial de la inteligencia artificial (AI) junto a otras tecnologías puedan ser adaptadas como herramientas educativas ajustadas a cada estudiante en cada materia. Las máquinas de AI no se fijan en el color del estudiante, raza, su religión y antecedentes étnicos; sólo en los resultados del aprendizaje. Todo ello se aplica tanto a los niños de primer grado como a quien estudia para un doctorado. Y lo mejor, ¡adiós a los inútiles oficiales woke, botellas y garrafones estatales!

    A través del tiempo los estudiantes gravitarán del costo MEDUCA o, mejor dicho NODUCA, a alternativas mucho más efectivas y económicas. Y, en particular, alternativas que dan la riqueza de la diversidad y no la pobreza del monocultivo estatal de adoctrinamiento. El NODUCA que sufrimos en Panamá junto con los sindicatos magisteriales y otros que le siguen el juego a los tarados, se oponen y opondrán a todo cambio real y efectivo; usando fondos que obtienen por medio de leyes torcidas y del mismo erario público para comprar a políticos corruptos. Y sí, con el tiempo, de una forma u otra, la tecnología naciente dominará, pero todo ello en detrimento de muchos jóvenes a quienes les han y están arruinando sus vidas. Como suelo señalar: “Los jóvenes que abandonan las escuelas NODUCA son los más inteligentes que saben los están estafando.”

    Aunque en el ámbito tecnológico hay mucho realmente novedoso y más que útil, en el ámbito humano permanecemos, en muchos sentidos, estancados en el letargo de un ayer caduco. Imagínense que todo lo que ocurre hoy día los vio u advirtió en su seminal obra, The Wealth of Nations (La riqueza de las naciones), Adam Smith en 1776. Pero no sólo Smith sino muchos otros que han sabido pensar; y… ¿qué de la Apocalipsis en la Biblia?

    Adam Smith también nos advirtió acerca de la importancia del libre mercado, tanto interno como externo; y, aunque mucho del mercado internacional no sea realmente “libre”, aun así no debemos pensar que la libertad, en general no sea buena; que no funciona, ya que el mal anda por otro trillo. Por los vientos que soplan no hay otra que sufrir el mal del woke y tal para lograr que el sistema inmune reaccione y logremos inmunidad.

    No es bueno ver las cosas en el corto plazo, ya que la vida no es de hoy sino del ayer y el mañana; el hoy es sólo un instante que pasa en un pestañar de ojos. La evolución tecnológica no se irá. Probablemente se dará cierta regresión pero sin ella no vamos a aprender ya que los humanos avanzamos a punta de patadas.

    Uno de los mayores engaños que plagaron a todo el mundo fue el de la teoría “monetaria moderna” que no pasa de ser un ardid trapichero de los politicastros del mundo para mantener a las gallinas en los gallineros del engaño. ¿Qué más prueba necesitamos que la inflación, producto de la falsificación de aquello que no es del gobierno y sus politicastros sino el producto del ingenio y trabajo de toda la comunidad?.

    Por el momento no hay más que hacer como los marinos cuando se acerca la tormenta en altamar; acortar el velamen y cerrar las escotillas.

  • Revueltas varias: la clave es la educación

    Hemos observado episodios bochornosos de presidentes que avanzan al Parlamento con fuerzas militares para clausurarlo o amedrentarlo cuando no les gustan sus legislaciones. En ningún caso el asunto es agarrárselas con los legisladores ni con el Poder Judicial que las más de las veces quien encarna el Ejecutivo tiene inclinaciones peores que las que critica de los otros poderes. Incluso quienes con razón señalan las barrabasadas del Legislativo por promulgar normas incompatibles con el derecho, siempre el asunto estriba en comprender cabalmente que aquellos surgen directamente del sufragio popular y la Justicia indirectamente puesto que son propuestos por el Ejecutivo con aprobación parlamentaria. Si esto es así debemos centrar la atención en las causas del problema y no en sus consecuencias, por lo que la cuestión de fondo reside en lo que les ocurre en la cabeza a los ciudadanos, por tanto el tema de fondo reside en la educación.

    Este tema de la educación se pone de manifiesto en las urnas, luego no tiene sentido quejarse. Para tomar el toro por las astas es imperioso revisar toda la noción que habitualmente se tiene del proceso educativo, de lo contrario seguiremos apuntando a lados equivocados. Cuando se publican libros tipo El ocaso de la democracia de Anne Appelbaum y equivalentes en realidad no es el ocaso de la democracia sino su palmario incumplimiento para internarse el los caminos de la cleptocracia, es decir, en lugar de priorizar el aspecto medular de la democracia tal como apuntan los Giovanni Sartori de nuestra época en cuanto al respeto y la garantía de los derechos individuales se opta por borrar este valor esencial para reemplazarlo por el aspecto secundario, mecánico y accesorio de la democracia cual es el recuento de votos. Esta idea degradada conduciría a pensar que, por ejemplo, el asesino serial de Hitler era demócrata porque ganó con la primera minoría de los votos y así sucesivamente con otros dictadores que se mantienen en el poder asfixiando a los gobernados en sus derechos.

    El tema medular entonces es de educación. Días pasados expuse en el evento organizado por Atlas Network y el Centro de Estudios para el Desarrollo donde resumí el tema educativo en diez puntos. Primero, la educación está inserta en un proceso de prueba y error en un contexto evolutivo puesto que el conocimiento se traduce en corroboraciones provisorias sujetas a refutación. El conocimiento no es un puerto sino una navegación permanente ilustrada magníficamente por el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, esto es, no hay palabras finales.

    Segundo, esto exige sistemas abiertos y competitivos en un clima contestatario y de espíritu crítico. Tercero, por lo dicho resulta una bofetada a la inteligencia el establecimiento de ministerios de Educación y Cultura que pretenden imponer estructuras curriculares. Cuarto, debemos dejar de lado la hipocresía de hablar de “educación pública” puesto que la privada es también para el público, ergo se trata de educación estatal, una palabreja que se intenta ocultar ya que es tan chocante como literatura estatal o periodismo estatal. Quinto, no se trata de sostener que todos los profesores de instituciones estatales se desempeñan mal, más aún los hay de gran dedicación y esmero (personalmente estaría escupiendo al cielo si dijera lo contrario puesto que fui profesor titular en cinco carreras de la Universidad de Buenos Aires: Ciencias Económicas, Derecho, Ingeniería, Sociología y en Filosofía y Letras y fui Director del Doctorado en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata). El tema es de incentivos como nos han enseñado autores como Douglass North, Ronald Coase y Harold Demsetz. En otros términos la forma en que tomamos café y encendemos las luces no es la misma cuando pagamos las cuentas respecto a cuando obligamos a otros a hacerlo con el fruto de sus trabajos. La manera de administrar activos fijos y gastos corrientes es sustancialmente distinta en uno y otro caso.

    Sexto, por lo dicho es necesario vender todas las instituciones estatales de educación preferentemente al mismo claustro que las administran o incluso en un rapto de urgencias regalárselas, pero al momento siguiente todos los incentivos operarán en sentido distinto para la administración, la limpieza de los edificios, la sindicalización, el adoctrinamiento y demás asuntos.

    Séptimo, a los candidatos que tienen las condiciones para aplicar a las ofertas educativas existentes pero no cuentan con los ingresos suficientes como una medida de transición se les entregará vouchers para que apliquen de todas las privadas la que le resulte mejor. Esto quiere decir que se financia la demanda pero no la oferta con los problemas señalados. No se diga entonces que los de menores ingresos serán excluidos puesto que no es para nada el caso. Si se insistiera en mantener la educación en el área de las botas y la consiguiente politización es debido a otros intereses non sanctos. Es de interés prestar atención a los estudios que revelan el costo por año por graduado en instituciones estatales y las pruebas de rendimientos si estuvieran bien evaluadas y dieran bien es equivalente a zanahorias estatales de gran calidad evaluadas por verduleros experimentados, el asunto es percatarse que haría la gente libremente con el fruto de su trabajo, si es lo mismo no tiene sentido recurrir a la fuerza estatal para imponerlo.

    Octavo, debe resultar claro que la llamada igualdad de oportunidades es del todo incompatible con la igualdad ante la ley. Si juego al tenis con un profesional, para que me den igualdad de oportunidades habrá que encadenarle una pierna al contrincante con lo que se habrá afectado la igualdad ante la ley. La igualdad es ante la ley no mediante ella. En una sociedad libre todos tienen más oportunidades pero no iguales.

    Noveno, la educación no es un bien público puesto que no calza en los principios de no rivalidad y no exclusión. Además debe subrayarse que en los mal llamados sistemas “gratuitos” son los más pobres los que financian vía la contracción en sus salarios en términos reales debido a las disminuciones en las inversiones por parte de los contribuyentes de jure. Y décimo, las instituciones estatales de educación incurren en los mismos problemas de las mal llamadas “empresas estatales” ya que una empresa arriesga recursos propios y no a la fuerza con los de otros y dicho sea de paso en la actualidad las expresiones geográficas de “derecha” e “izquierda” son tan confusas y anodinas como aludir a lo que está arriba, abajo, atrás o adelante, sugiero se utilicen los términos más claros y precisos de estatista o liberal en distintos grados para definir ideas clave.

    En resumen nada se gana con despotricar contra los efectos si no se encaran las causas. Como he dicho antes por más que un gobierno pueda abrir las puertas para convertir a todos los habitantes en multimillonarios si continúa la politización de algo tan delicado como la educación, harán quienes salgan furiosos en manifestaciones eventualmente con el librito de Mao en la mano.

    No es que no hayan problemas en la educación privada, la perfección no está al alcance de los mortales, de lo que se trata es de abrir de par en par puertas y ventanas para que entre el mayor oxígeno posible y evitar que la capacitación de docentes se lleve a cabo en áreas estatales, todo a los efectos de lograr el mayor nivel de excelencia posible en competencia. Recién entonces dejaremos de endosar los problemas al Parlamento, al Judicial o al Ejecutivo puesto que se habrá sacado la educación del área de la violencia, con lo que los representantes gubernamentales estarán forzados a encaminarse en la dirección al respeto recíproco.

    Por último, el cambio es imperioso entonces es indispensable sacarse de encima las telarañas del espíritu conservador en cuanto a estar anclado en el statu quo y las falacias del ad populum en cuanto a que si todos lo hacen está bien y si nadie lo hace está mal con lo que no hubiéramos salido del taparrabos y el garrote pues todo lo demás era nuevo y hasta el momento no ensayado. El asunto es argumentar y no quedarse estancado en lo que fue en el pasado. Como ha señalado Aldus Huxley no en vano la posición opuesta conculca toda posibilidad de establecer climas que dan principal cabida al desarrollo individual, de allí es que el nacionalsocialismo alemán y el fascismo italiano lo primero que abolieron fue el método individualista de Montessori. El liberalismo es un peligro para los tiranos, como también apunta Huxley “Si la meta es la libertad entonces hay que enseñar el arte de ser libre para que cada cual se gobierne a sí mismo”.

  • Definamos “educación”

    Educación, en cuanto se aplica al ser humano, es aquel proceso que nos desarrolla los procesos cognitivos desde cero en el vientre materno hasta dónde sea que podemos llegar según una inmensa amplitud de variables. Y, el buen desarrollo de la cognición implica o involucra el proceso de analizar la naturaleza de la Creación en la cuan nos encontramos inmersos. Nacemos y evolucionamos inmersos en las increíbles realidades de un complejo universo que nos llama y reta a su exploración. Y, mientras mejor lo logramos entender, mejor nos puede ir.

    Visto así, la educación se inicia en el hogar en asociación con nuestros padres, hermanos y más allá; es decir, es un proceso de socialización, dado que el ser humano es un ser social, incluyendo lo emocional, cuyo desarrollo cognitivo está íntimamente relacionado con los demás miembros de nuestra especie.

    En cuanto a lo “emocional”, es esencial y elemental entender que el motor de la educación está en las emociones; esas que abundan en el jugar que nos invita a sentir y disfrutar la vida y la aventura de exploración en risas junto a otros. Por ello, los claustros gubernamentales que osamos llamar “educativos” no pasan de ser una aberración; sitios en dónde se extingue el juego y la risa, y con ello el deseo de explorar el universo que nos rodea.

    A todo ello, y desde muy temprano en el proceso educativo en la familia, vamos aprendiendo y adaptando en un sentido moral, vocablo que nos viene del término “moris” o “costumbres”; que abarcan nuestras valoraciones del mundo, de dónde formamos normas de subsistencia, adaptación y desarrollo que nos permiten vivir en armonía con los demás.

    El problema con lo social se complica y agudiza cuando pasamos de la interacción de la familia, el barrio y, eventualmente llegamos al estado y a sus gobiernos; esos que, idealmente, procuran mejorar la seguridad del rebaño. Tristemente, los gobiernos o la gobernanza, que típicamente se traduce en ‘poder’ son sumamente corrompibles, pues como ya debíamos saber, el poder corrompe, y si es absoluto corrompe de manera absoluta. De hecho, a través de la historia, los gobiernos han surgido a través o de las invasiones y las conquistas; ¿acaso no es eso lo que estamos viendo hoy entre Rusia y Ucrania?

    Y, cuando enfocamos lo moral, nos adentramos en el ámbito de lo religioso, con lo cual todo se complica aún más; o, tal vez, se simplifica, dependiendo del enfoque moral o sobrenatural. A través de la historia la educación privada fue diversa y flexible, mientras que la gubernamental tendía a ser inflexible y controladora.

    Es más, desde que llamamos a las escuelas gubernamentales “públicas”, entramos en el mundo del engaño, ya que las privadas también están disponibles al público. Más aún, las escuelas gubernamentales son un afronte a la libertad humana, al derecho de escoger; particularmente cuando consideramos que las gubernamentales se financian con dinero de la gente, que si no tienen la capacidad económica para ir a las privadas quedan condenadas a las gubernamentales que suponen ser seculares.

    Resulta contradictoria la educación centralizada cuando consideramos el mandato preambular constitucional que anuncia en su mismo inicio el “garantizar la libertad”. Y más aún, de “exaltar la dignidad humana”. ¿Acaso es “digno” que te quiten el dinero a punta de pistola para luego meterte forzadamente en mazmorras gubernamentales que poco o nada educan? Un sistema politiquero que lo que sí logra es empoderar a los sindicatos magisteriales cuyo enfoque primario está no está en la creación de emprendedores sino el mejoramiento de salarios y tal.

    En fin, si valoramos la libertad, debíamos valorar el derecho a escoger la educación de nuestros hijos.

  • El pensamiento lateral es imprescindible

    Hay infinidad de autores que han tratado este tema desde tiempo inmemorial, pero hay dos que se destacan nítidamente en nuestra época: Edward de Bono -egresado en medicina y psicología de Oxford y Cambridge- con su propuesta tan fértil de lo que bautizó como “pensamiento lateral” y Rollo May con sus consideraciones sobre “el coraje de crear”.

    Una de las premisas fundamentales en el proceso educativo consiste en enseñar a pensar lo cual requiere transmitir la necesidad del espíritu crítico, en no dar nada por sentado y cuestionarlo todo, masticarlo, digerirlo y luego arribar a las propias conclusiones a sabiendas que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones.

    Esto nada tiene que ver con el relativismo puesto que una proposición verdadera es aquella en la que hay una correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. Las cosas son independientemente de las opiniones, ese es el sentido de los departamentos de investigaciones en las casas de estudio, si todo fuera relativo nada habría que investigar ya que todo sería cuestión de gustos y por otra parte el relativismo hace relativa la afirmación de su propia tesis. El conocimiento demanda un difícil y constante peregrinaje con distintos matices de luces y sombras al efecto de reducir nuestra ignorancia.

    El enemigo de esta línea argumental es la memorización y el repetir como loro lo que dice el supuesto profesor. En clase resulta vital el intercambio con alumnos en el contexto de reiteradas invitaciones a mirar el asunto abordado desde diversos ángulos y perspectivas. El primer día de mis clases repito un latiguillo que me da mucho resultado en el transcurso del semestre: si lo que digo no resulta claro, interrúmpanme, si no están de acuerdo, discutan, pero si les parece que soy claro y están en principio de acuerdo hagan de abogado del diablo pues esto ayuda mucho a clarificar temas que cuando se presentan pueden aparecer razonables pero cuando comienza el debate resulta que se pone de manifiesto que había que pulir distintos aspectos del asunto.

    Por otra parte, es de especial relevancia destacar que cada persona es única e irrepetible en la historia de la humanidad de modo que resulta esencial estimular las potencialidades de cada cual y nunca pretender el pensamiento único ni buscar promedios intelectuales para lo cual se necesitan climas de libertad, es decir, de respeto recíproco. Todas las concepciones totalitarias naturalmente conspiran contra el conocimiento, además de hacerlo contra la decencia.

    Hay infinidad de autores que han tratado este tema desde tiempo inmemorial, pero hay dos que se destacan nítidamente en nuestra época: Edward de Bono -egresado en medicina y psicología de Oxford y Cambridge- con su propuesta tan fértil de lo que bautizó como “pensamiento lateral” y Rollo May con sus consideraciones sobre “el coraje de crear”.

    Seguramente hay amplia aceptación de estos postulados formulados de la manera en la que lo hacemos pero cuando se concretan propuestas que en lugar de comprender como dice el citado Edward de Bono que no resulta fértil seguir escarbado en el mismo pozo en lugar de emprender la faena en otro lugar donde se encuentra la solución, resulta que las telarañas mentales empujan a la rutina de mantenerse en el mismo pozo debido al espíritu conservador. Un espíritu que no se refiere al respeto por la vida, la libertad y la propiedad sino que se encadena al statu quo incapacitado de explorar otras propuestas porque se asientan en la falacia ad populum, es decir si todos lo hacen está bien y si nadie lo hace está mal. Con este criterio cavernario nuestros ancestros no hubieran pasado del taparrabos y el garrote porque el primero que pretendió usar el arco y la flecha era nuevo y por ende inaceptable.

    Probemos este razonamiento con el tema educativo. Otra vez aquí prácticamente todos acordarán que la educación es un tema crucial pero cuando vamos a lo concreto resulta que se anquilosan en lo de siempre con lo cual se torna muy difícil avanzar. Pero antes de entrar en este tema consignamos una nota al pie de carácter general muy deseducativo y es la mala práctica de pseudo empresarios que viven del privilegio en alianza con el poder de turno que todo lo contaminan y desfiguran completamente la idea del empresario como servidor del prójimo en un mercado libre puesto que si dan en la tecla ganan y si yerran incurren en quebrantos, al contrario de los fantoches que viven de la cópula con los gobiernos y, por tanto, sus patrimonios proceden del atraco a sus semejantes.

    Veamos ahora a esta vaca sagrada de nuestra época denominada “educación pública”. De entrada señalamos un error semántico: la educación privada es también para el público de modo que aquella denominación no define nada, se trata en verdad de educación estatal, pero se pretende ocultar esta etiqueta pues se revela en tan desafortunada como arte estatal, periodismo estatal o la literatura estatal por lo que se apunta a disfrazarla con lo de educación pública.

    Pero lo primero es entender que el proceso educativo requiere de puertas y ventanas abiertas para recibir la mayor dosis de oxígeno posible en un contexto competitivo donde las auditorías cruzadas operen con el mayor rigor al efecto de lograr la excelencia académica. En este contexto resulta un insulto a la inteligencia la pretensión de imponer estructuras curriculares desde el vértice del poder vía ministerios de educación o cultura.

    Lo segundo que deriva de lo anterior es aceptar que el proceso educativo -siempre en un contexto evolutivo de prueba y error donde nadie tiene la precisa para abrir cauce a las corroboraciones siempre provisorias abiertas a refutaciones- debe ser ajeno a la fuerza, es decir a las botas, en otros términos ajeno a la politización y consiguientes riesgos de adoctrinamiento.

    Entonces, independientemente de lo que haya ocurrido en otros momentos de la historia rodeada de otras situaciones y recorridos, es del caso prestar debida atención al tema de incentivos. No es necesariamente un problema de malos profesores en el ámbito estatal, es problema estriba en incentivos de los administradores del fruto del trabajo ajeno: no es lo mismo como se toma café o se encienden las luces cuando uno paga las cuentas respecto a cómo se procede cuando se obliga a otros a pagarlas. Personalmente estaría escupiendo al cielo si dijera que se trata de malos profesores puesto que sin perjuicio que mis dos doctorados proceden de universidades privadas, fui titular en la UBA en Ciencias Económicas, Derecho, Ingeniería, Sociología y en Filosofía y Letras, además de haber sido director del Departamento de Doctorado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de la Plata.

    Como han explicado, entre otros, autores como Ronald Coase, Douglass North y Harlod Demsetz, el asunto es de incentivos para manejar lo propio alejado de lo que en ciencias políticas se conoce como “la tragedia de los comunes”, a saber, lo que es de todos no es de nadie con el consiguiente despilfarro de los siempre escasos recursos lo cual perjudica a toda la comunidad pero muy especialmente a los más vulnerables. Estos últimos en definitiva se hacen cargo vía sus salarios por aplicar concepciones de voracidad fiscal que apuntan a un segmento pero debido a la retracción de las inversiones terminan por flagelar a los más necesitados. Incluso a pesar de los estudios alarmantes del costo por año por graduado en instituciones estatales frecuentemente se observa que se limitan a gastos corrientes eludiendo el aspecto central de la inmovilización de capital (sin mencionar las frecuentes paralizaciones por movimientos sindicales ni la mugre y pegatinas de aulas y pasillos). En este plano medir “rendimientos” resulta irrelevante puesto que no toma en cuenta las alternativas de lo que hubiera hecho la gente si hubiera podido disponer libremente del fruto de sus trabajos.

    Entonces una medida de fondo en el campo educativo consiste en desprenderse de todas las instituciones estatales ya sea entregando sin cargo al mismo claustro que al momento las administran o vendiéndoselas a precios sumamente accesibles con lo que las inmovilizaciones de activos fijos y la administración de gastos corrientes serán de características sustancialmente distintas por las razones que dejamos registradas, las que erróneamente pretenden refutarse con el argumento de “los bienes públicos” sin percatarse que el terreno que analizamos no calzan los principios medulares de no rivalidad y de no exclusión.

    Es de trascendental importancia que en esta transición todos los que teniendo las condiciones para aplicar a las ofertas educativas existentes, en adición a las becas existentes en el ámbito privado se les otorguen vouchers, es decir, créditos educativos para que puedan aplicar a la entidad privada de su agrado y elección. En otras palabras, en lugar de financiar la oferta con todos los problemas de incentivos se financie la demanda, pero no se diga que esta propuesta desconoce a los que no pueden hacerse cargo de las matrículas y las cuotas respectivas, en verdad la sola argumentación para no cambiar el sistema sería el deseo de politizar y adoctrinar.

    Desde luego que en este cuadro se situación las carreras y estudios que necesiten acreditación será realizada también por auditorías en competencia tal como ocurría originalmente en buena parte del continente europeo y especialmente durante el período colonial en tierras estadounidenses tal como lo relata detalladamente Andrew J. Coluson en su formidable historia de la educación privada en ausencia del aparato estatal en muy distintos lugares y época en su tratado titulado Market Education. The Unknown History.

    He aquí una prueba del indispensable pensamiento lateral que somete a un examen riguroso a las mentes que dicen ser abiertas y libres de prejucios que debe ser complementado por la nutrida bibliografía hoy disponible que apunta a deshacerse de enquilosamientos tradicionales como son los casos, por ejemplo de Thomas Sowell refierido al otrora baluarde del mundo libre Inside American Education o , en la misma línea argumental, de Alan Charles Kors y Harvey Silvergate una investigación detallada titulada The Sahadow University. The Betrayal of Liberty on American´s Campuses y finalmente para limitarnos a mencionar lo más relevante, el notable trabajo de James Tooley Education Without the State. Son muchos los que alardean de tener una mente abierta pero resulta que cuando se pone a prueba nos encontramos que de las cejas para arriba está clausurado con un pesado candado reiterando lo de siempre, en este caso sin argumentos y sin aceptar una apertura competitiva dando lugar a posibilidades de nuevos paradigmas en el contexto del indispensable juicio crítico, en cambio aferrados a la administración y enseñanza de aparatos estatales.

    Cuanto más abierto y competitivo el sistema mayores son las posibilidades de zafar del adoctrinamiento puesto que detectar esa cerrazón ahuyenta clientes, por eso el hecho de estar impregnados de lo estatal sea de modo directo o indirecto vía la capacitación de profesores necesariamente conduce a la aparición de fulanos y fulanas que irrumpen en marchas agresivas blandiendo en las manos el librito de Mao y similares, por más que la situación brinde la posibilidad de que literalmente todos sean multimillonarios. El tema no es del bolsillo sino de las neuronas. Y nuevamente no se trata de la sandez de contar con “un buen ministro de educación” ya que no hay tal cosa: cualquier política que se imponga desde el poder en materia educativa estará mal ya que el aire distintivo, fresco y renovado es lo que se necesita para escapar de la trampa del igualitarismo de la guillotina horizontal.

  • Del adoctrinamiento a la educación

    Escribí y publiqué un libro intitulado “Educación ¿estatal o particular?” y con el pasar del tiempo cada día veo que los caminos chuecos son difíciles de enderezar; y, cada vez me recuerdan el poema que nos legó nuestro padre, Irving H. Bennett, del autor Sam Walter Foss, intitulado El Sendero de la Vaca, el cual traduje al castellano y publiqué con algunos comentarios y que voy a volver a publicarlo a la par de este escrito de hoy sobre el sendero del adoctrinamiento educativo que destruye a nuestra sociedad.

    El periodista y académico israelí Eliezer Ben-Yehuda, quien arribó a Jerusalén en 1881 y dedicó su vida a crear 17 volúmenes de un diccionario hebrero, nos legó un vital mensaje acerca de la importancia del idioma en la educación y la cultura. Hoy, que veo con inmensa tristeza un Panamá en el cual los graduados de secundaria no saben leer ni escribir, recaigo sobre las razones de algo tan absurdamente brutal que es la educación centralizada en gobiernos corruptos hasta sus médulas.

    En el artículo de Paula Jacobs que me motivó a una vez más abordar el tema de la educación, mayormente enfocado a través del idioma, Jacobs destaca el que la juventud israelí de hoy, apenas un 13% entiende las palabras del alfabeto hebreo. ¿Qué porcentaje en Panamá entiende las palabras del castellano?: cuando en nuestro país llamamos “invierno” al verano e “verano al invierno”; y, peor aún, nos enseñan que sólo tenemos 2 estaciones, con lo cual nos roban las primaveras y los otoños.

    Pero, mucho más allá de las aulas del NODUCA panameño, vemos la triste situación de los diccionarios de nuestro idioma. La RAE, por ejemplo, dedica 78 palabras para dar significado al vocablo “etimología”, mientras que el Merriam-Webster le dedica 329 palabras y 3 artículos que abordan el término. Y… hoy que toda Latinoamérica se está mudando a los EE.UU. ¿qué será de nuestro idioma? Y mucho peor, de nuestra capacidad de comunicarnos y entendernos.

    Luego, en un artículo de Paula Jacobs, nos cuenta el caso de Elana Simon casada don esposo judío y con un padre afrodescendiente, que viviendo en Brooklyn no logra encontrar una escuela que llene los cometidos de la familia. Buscaban un ambiente inclusivo, que no sólo abordara la oración sino la comunicación. Entender lo que leen o las palabras que escuchan en canciones. Finalmente encontraron una escuela en la cual las maestras lograban enseñar de manera entretenida, que es el secreto de la educación; es decir, la emoción.

    También cuenta Jacobs que en las escuelas públicas en los EE.UU. está prohibido preguntar a los alumnos acerca de su religión. Nooo, eso es tabú. Y, por otro lado, está la gran importancia de dominar dos o más idiomas dado lo que ello abona en un sentido cognitivo junto con beneficios sociales; lo cual me consta, dado que fui bilingüe desde mi infancia. ¡Ha sí!, y antes que se me pase, por muchos años me dediqué a la docencia, habiendo fundado dos escuelas, una privada y otra gubernamental conjuntamente con el PNUD y la OACI.

    Y reiterando el tema del lenguaje, de entender las palabras desde su origen; ninguna sociedad puede avanzar sanamente si no logran la capacidad de comunicación y entendimiento que ello lleva implícito.

    En fin, nuestro inmenso error fue haber delegado la educación de nuestros hijos al centralismo; a esa desorganización gubernamental corroída totalmente e incapaz de cumplir con semejante encargo. La solución es simple… descentralizar, por no usar el odiado vocablo de “privatizar”. Dicho simple: en el NODUCA no existe la riqueza de la desigualdad; y, si no entiendes eso, olvida lo que acabas de leer.

  • El Sendero de la Vaca

    Seguramente habremos escuchado decir que quien no conoce la historia, está condenado a repetirla; lo cual no sería malo si es que repitiésemos lo bueno. Pero, tristemente, pareciera más común repetir lo malo. En el caso que hoy me ocupa, les quiero recontar algo de la historia y sabiduría del bibliotecario y poeta Sam Walter Foss que nos acompañó en este mundo entre los años 1858 y 1911. Una de sus obras fue la del Sendero de la Vaca, la cual, por alguna razón, me trae a mente lo que vivimos hoy día con la pseudo educación gubernamental en nuestro país; que bien podría referirse a otras cosas gubernamentales más.

    El poema de Foss me vino a través de mi padre. Todavía guardo el recuerdo de mi juventud, en un mundo lejano y disperso por las ventiscas del tiempo, de haberle escuchado el cuento del Sendero de la Vaca. Habrá sido en su oficina o quizá en algún cuarto de la vieja casa empedrada, en la cual crecí; ya no recuerdo. Ahora hace muchos años que mi padre también es una memoria que tiene muchas formas de hacerse presente. Así fue, cuando años más tarde, trabajando en el Ministerio de Gobierno, pude apreciar el alcance de aquel cuento. ¡Con qué facilidad lo burocrático se arraiga como camino santificado!, aunque sus fieles seguidores no tengan la menor idea del origen y razón de semejante proceder. Prácticamente podía escuchar la risa pícara de mi padre, cuando me entregaba alguna prenda recogida en el camino de su vida. Bien conocía el Sr. Foss la naturaleza humana: que para tomar una medicina hace falta mezclarla en un vaso, con algo que la haga más potable; y aquí se las brindo: una moraleja mezclada en un cuento de vaca:

    “Un día a través del bosque primaveral, una vaca regresó a casa, como deben hacerlo las buenas vacas; pero en ello dejó un tortuoso sendero, como es natural de toda vaca. Desde entonces, han pasado trescientos años e, infiero que la vaca ha muerto, pero aún persiste su sendero y de allí reza la moraleja de este cuento.

    El sendero lo tomó el día siguiente un perro solitario que por allí pasaba, y luego una oveja guía retomó el trillo, sobre monte y a través de valles, y trajo consigo a su rebaño, tal como lo hacen las buenas ovejas guías.

    Y desde ese día, por las lomas y los valles, a través de esos viejos bosques, se hizo una vereda y muchos hombres deambularon por el torcida camino, subiendo y bajando, profiriendo palabras de divina indignación, al tener que seguir tan torcida excursión; pero aun así la siguieron – no se rían – las primeras migraciones de esa vaca, que a través de la sinuosa vereda boscosa anduvo, pues, se bamboleaba al caminar.

    Al paso del tiempo, la vereda se convirtió en camino real, que retorcía, viraba y volvía a virar; y este sinuoso camino real se convirtió en carretera, donde muchos fueron los jamelgos que con sus cargas laboraron bajo el ardiente sol, viajando tres millas en una. Y así, durante un siglo y medio, trillaron el camino de la vaca.

    Los años pasaron veloces, y la carretera se convirtió en calle de pueblo; y esto, antes que el hombre percatar pudiese, populosa vía pública de ciudad. Y pronto fue la calle central de renombrada metrópolis; por la cual hombres, por dos siglos y medio, siguieron el sendero de la vaca.

    Cada día cien mil hombres volvían a seguir el sendero de la vaca, todo el tráfico de un continente, siguiendo los pasos de un rumiante.

    Cien mil hombres fueron guiados por una vaca hace trescientos años muerta.

    Todavía seguían ciegamente el sinuoso andar, perdiendo cien años al día; pues tal reverencia es dada, a un establecido precedente.

    Esto encierra una moraleja, si fuese yo ordenado y llamado a predicar; pues los hombres son dados a marchar a ciegas por los caminos vacunos de la mente, y laboran de sol a sol, haciendo lo que otros hombres han hecho.

    Siguen el trillado camino, de aquí allá, ida y vuelta, apegados al errante proceder, cumpliendo la faena que otros le legaron. Mantienen el camino como sendero iluminado, todas sus vidas a él apegados.

    Pero como ríen los viejos dioses del bosque, habiendo conocido a la fenecida vaca.

    Cuantas cosas podría esta anécdota enseñar, pero no he sido ordenado a predicar.”

    Jamás olvido mi primer trabajo gubernamental, cuando le pregunté a la secretaria en jefe, que tenía toda una vida allí, la razón de un procedimiento: Me puso una mirada fiera y con tono sardónico me espetó: “Es que así siempre se ha hecho.” Eso fue en 1968 y dudo que mucho haya cambiado en dicho ámbito “público”.

  • La emoción como motor de la educación

    Hoy, en el desayuno con mi hijo Jorge Alberto y nuestra cocinera Carlita, Jorge Alberto, que es profesor de música en una en una escuela de secundaria de orientación artística, al mencionar la vital importancia de la emoción como instrumento sine qua non en el aprendizaje, me trajo a mente un simple momento de esa misma mañana en la cual, al salir al portal trasero de nuestra casa, me impactó, emocionalmente, la vista, a punto que saqué el celular y tomé la foto que les comparto. Y… ¿qué tiene que ver esta foto con el tema de la enseñanza en una escuela secundaria? La respuesta simple es… ¡TODO!, dado que sin emoción el aprendizaje se atrofia.

    Pero… ¿de qué clase de emoción estamos hablando? ¿Acaso de dar brincos y expresiones de asombro, júbilo o terror? Pues no, hablo de esa emoción que te llama la atención, que te detiene por un momento, que te induce a tomar una foto, a dar un abrazo o un beso, a decirle a tu hijo o hija, ¡qué bien amor!, o a tu esposa que su guiso fue un deleite al paladar; y… ni hablar su hermosa presencia y compañía. En fin, estamos hablando de una infinidad de formas que toman las emociones, a punto que las mismas tengan mayor oportunidad de quedar grabadas en nuestras mentes y nos induzcan a seguir los caminos del bienandar.

    El problemita es que las emociones de las cuales hablo no son fenómenos que pueden ser fácilmente suscitados o reproducidos mediante la educación centralizada. Se trata de momentos íntimos y fugaces en nuestras vidas. Se trata de la forma en que cada quien ve al mundo y las cosas que nos motivan y mueven los sentimientos. Y, ¡definitivamente!, no es algo que se puede reproducir en los MEDUCA o NODUCA de rancios centralismos, con los cuales hemos intentado vanamente de masificar la educación.

    La verdadera educación es como las aves del jardín, de la selva o del mar; esas que revolotean en caprichoso andar, en busca de quien sabe qué. Igual es el aprendizaje que se oculta en los sitios más inesperados y que nos invita a encontrarla en los parajes inimaginables de nuestras mentes. Para uno será el canto de un ave, y para otros será una fórmula matemática o el primer llanto de un bebé en su alumbramiento.

    Definitivamente que la educación no es cosa que se empaqueta al vacío en un frasco hermético gubernamental. La educación o, mejor dicho, el aprender, es algo que, como ya dije, anda suelto y esquivo en el mundo; y no hay mejor forma de perseguirlo que en la casa, en familia, en el barrio y en dónde sea que prosperen las flores de conocimiento. Pero, les aseguro que no en los MEDUCA del mundo.

    De hecho, ya la educación se afana por romper los claustros encierros estancos en que la hemos apresado. Esas mazmorras que ya se revientan ante la naturaleza de un mundo o universo en dónde la constante es el cambio y la diversidad y no la falsa igualdad y los pérfidos vericuetos de rancias ideologías políticas.