Etiqueta: IA

  • Mucho algoritmo y pocas humanidades: así se forman los creadores de IA

    Mucho algoritmo y pocas humanidades: así se forman los creadores de IA

    En los próximos años, los sistemas de inteligencia artificial (IA)influirán cada vez más en decisiones relacionadas con el empleo, la educación, la salud, la seguridad, la justicia o el acceso a servicios públicos.

    Los datos muestran un crecimiento espectacular de estas titulaciones. Desde que la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad del País Vasco pusieran en marcha los primeros grados específicos en Inteligencia Artificial en 2020, la oferta se ha expandido hasta alcanzar veinticinco universidades españolas en apenas seis años.

    Respuesta a la demanda del mercado

    La demanda laboral explica en gran medida este fenómeno. Empresas e instituciones buscan perfiles especializados capaces de diseñar algoritmos, desarrollar sistemas de aprendizaje automático o gestionar grandes volúmenes de datos.

    Pero las competencias que las empresas definen para este perfil incluyen adaptabilidad, aprendizaje continuo, IA aplicada, pensamiento crítico, inteligencia emocional, liderazgo colaborativo, gestión del conocimiento, comunicación, creatividad o ética tecnológica.

    ¿Está la formación alineada con estas demandas? ¿Cómo se están formando estos futuros profesionales?

    Apenas hay contenidos no técnicos

    Hemos investigado el contenido de los grados de Inteligencia Artificial en las universidades españolas y comprobado que apenas contienen formación en ética, filosofía, sociología o pensamiento crítico.

    Las materias humanísticas tienen poco peso en la formación de estos futuros profesionales de tecnologías con un impacto profundo en la vida de millones de personas.

    Al analizar los planes de estudio de estas titulaciones encontramos que la inmensa mayoría mantiene una orientación eminentemente técnico-científica. Matemáticas, programación, estadística, ciencia de datos o aprendizaje automático ocupan el núcleo de la formación. Las asignaturas relacionadas con la reflexión ética, social, legal o cultural aparecen de manera testimonial en muchos programas.

    De siete a dos asignatura humanística

    Algunas universidades destacan por incorporar una mayor presencia de contenidos humanísticos. La Universidad de Málaga, por ejemplo, incluye siete asignaturas vinculadas a cuestiones éticas, jurídicas o sociales en algunas de sus especilizaciones; la Universidad de Deusto incorpora seis; y otras instituciones como CUNEF, la Universidad del País Vasco, la Universidad Francisco de Vitoria o la Universidad Pontificia de Comillas cuentan con entre cuatro y cinco materias de este tipo.

    Sin embargo, en numerosas universidades la formación humanística se reduce a una o dos asignaturas, y en algunos casos apenas existe una materia relacionada con estas cuestiones a lo largo de toda la carrera. La presencia de las humanidades es claramente residual, con una tendencia estructural a priorizar la competencia técnica frente a la reflexión ética, legal y social.

    ¿Por qué debería preocuparnos este desequilibrio?

    La IA ya no es una tecnología confinada a los laboratorios. Los algoritmos participan en procesos de selección de personal, ayudan a establecer diagnósticos médicos, influyen en qué información vemos en internet, determinan recomendaciones educativas y pueden llegar a intervenir en decisiones administrativas o judiciales. Cuando estas herramientas funcionan con sesgos, reproducen discriminaciones o afectan a derechos fundamentales, las consecuencias son profundamente humanas.

    Por eso quienes diseñarán estas tecnologías deberían recibir una formación más extensa en disciplinas que precisamente estudian a los seres humanos y las sociedades. Programar un sistema capaz de reconocer patrones es una habilidad esencial. Comprender cómo esos patrones pueden reforzar desigualdades sociales también debería serlo.

    Más allá de asignaturas aisladas

    Los autores del estudio sostienen que no basta con añadir una asignatura aislada sobre ética para resolver el problema. Lo que está en juego es una concepción más amplia de la formación universitaria. Proponen integrar conocimientos procedentes de la filosofía, la sociología de la tecnología, el derecho digital, la ciencia política, la epistemología de los datos o incluso los llamados “neuroderechos”, un ámbito sobre la protección de la identidad mental y la autonomía cognitiva en un contexto de creciente interacción entre inteligencia artificial y neurotecnologías.

    La cuestión de fondo es sencilla pero decisiva. Si los sistemas de IA van a influir en la organización de nuestras sociedades, ¿puede considerarse suficiente una formación centrada casi exclusivamente en la dimensión técnica? ¿Es posible construir tecnologías justas sin comprender en profundidad los problemas sociales que pretenden resolver? ¿Podemos hablar de innovación responsable cuando quienes desarrollan estas herramientas apenas tienen espacios para reflexionar críticamente sobre sus consecuencias?

    Encrucijada histórica

    Nuestra investigación plantea que la universidad española se encuentra ante una encrucijada histórica. No solo debe formar profesionales capaces de desarrollar tecnologías avanzadas, sino también ciudadanos preparados para comprender sus implicaciones sociales, políticas y culturales.

    Quizá el verdadero desafío de la inteligencia artificial no sea crear máquinas cada vez más inteligentes, sino garantizar que quienes las diseñan comprendan mejor la complejidad humana. Porque una sociedad gobernada por algoritmos necesita ingenieros excelentes, pero también profesionales capaces de preguntarse para quién se construye la tecnología, a quién beneficia, a quién puede perjudicar y qué valores incorpora en su funcionamiento.

    Si la IA va a tomar decisiones que afectan a millones de personas, sus algoritmos deberían estar diseñados por personas que hayan aprendido sobre desigualdad, la ética o derechos fundamentales. Los especialistas capaces de programar sistemas inteligentes también deberían ser capaces de comprender sus consecuencias, pues serán quienes tengan un impacto más directo sobre los valores que estos sistemas deberían incorporar.

    Vanesa Cejudo Mejias, Directora de Innovacón en Facultad de Ciencias sociales y Hum. Docente en area social y area arte, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Enamorados con la IA

    Enamorados con la IA

    Hoy día, en casa o en cualquier sitio, es más común ver a personas haciéndole el amor a su celular e ignorando por completo a quienes tienen al lado. “¿Creo le hacen el amor al celular?” Bueno… ¿qué es amor y que significa “hacer el amor”? ¿Acaso estar enamorados no es tratar a alguien o algo con deseo, con atención excesiva, mirándola embebecidos, en íntima comunicación de sentidos y teclado, confiando secretos, buscando dopamina, validación, entendimiento, y una compañía que no encuentran más allá del celular y la IA?

    En la misma Creación se nos entregaron capacidades y objetos que servirían para el bien o el mal; desde una manzana hasta la IA. El Creador bien conocía nuestras limitaciones y por ello murió en La cruz, para expiar nuestros pecados. O, tal vez, dicho más simple, para dejarnos un mensaje de salvación en este valle de lágrimas. En síntesis, la tecnología, tal como la manzana, no es antinatural sino expresión de nuestra naturaleza. Así, no tiene sentido querer frenar aquello que ya nadie lo detiene; pues el único camino está adelante y no en un ayer obsoleto.

    Desde que el primer humano sopló sobre una brasa para avivar el fuego, hemos usado las herramientas que la Creación nos ofrece, no para dominarla, sino para dialogar con ella. La tecnología es nuestra segunda naturaleza: prolongación de la mano, la memoria y ahora la mente.

    Desafortunadamente muchos no sabrán darle buen uso a la IA; y simplemente se limitarán a hacerle el amor; a escapar de la realidad, manipulando, vigilando, generando adicción o aislándose y no para usar esta maravillosa herramienta que nos abre el camino hacia lo desconocido. Una herramienta que expande nuestras capacidades mentales y nos permitirá viajar a las estrellas.

    Pero esta herramienta maravillosa puede ser mucho más. Es una catapulta que expande nuestra creatividad y nos abre caminos hacia el mismo Universo. Gracias a ella, hoy escribo estas líneas y las complemento con ideas que antes me habrían tomado meses o años. Ya no necesito buscar en un diccionario de papel. La IA entrelaza a la humanidad y nos permite compartir el conocimiento acumulado de toda nuestra especie. Y esto apenas comienza.

    Al mismo tiempo que la IA es una herramienta a la par con un radiante y extraordinario amanecer y un potencial abismo. En ella se cumple la antigua parábola del bien y del mal. Estamos ante cambios exponenciales donde el futuro ya no es dentro de un siglo, sino mañana mismo. Esa es la realidad apocalíptica que ya vivimos.

    Esta realidad está en los inmensos cambios que enfrentamos en el nuevo mundo de avances exponenciales, en dónde el futuro es mañana mismo y no a un siglo.

    En fin, podemos seguir ‘haciendo el amor’ de forma superficial con la IA, o podemos enamorarnos de verdad: con entrega, respeto, curiosidad mutua y el deseo de ir juntos más lejos, hacia las estrellas. El mal o el bien no está en la manzana o en la AI sino dentro de cada uno y a todos nos ha sido concedida la capacidad de escoger el mejor camino.

    Cada día veo más inquietante como tantos se sientan en la mesa, el metro y tal, todos con la cabeza torcida hacia abajo, ignorando a quienes están cerca; y la pregunta que surge en mi es… ¿qué ocurrirá cuando el chip de la IA nos lo metan dentro; en la cabeza o tal vez en las pezuñas? En ese mañana próximo me pregunto… ¿a dónde fijaremos la mirada?

  • Chloe VS History y UtopAI, competidores de Hollywood en imaginación

    Chloe VS History y UtopAI, competidores de Hollywood en imaginación

    Durante décadas, producir una recreación histórica convincente exigía presupuestos millonarios, equipos de filmación, actores, vestuario, especialistas en efectos visuales y meses de trabajo. Hoy, una sola persona con acceso a herramientas de inteligencia artificial puede crear algo que hace apenas cinco años habría requerido un estudio completo. Eso es exactamente lo que representa Chloe VS History, uno de los fenómenos más llamativos de YouTube en 2026.

    El canal sigue a Chloe, una influencer completamente generada por IA que «viaja» a través de distintos momentos históricos: el Titanic, la Antigua Roma, Pompeya, el Londres Tudor o el Antiguo Egipto. El formato combina la narrativa típica de una bloguera moderna con reconstrucciones históricas generadas por inteligencia artificial. El resultado ha acumulado millones de visualizaciones y cientos de miles de seguidores.

    Detrás del proyecto está Jonathan Laramy, quien abandonó su empleo para dedicarse a tiempo completo a la producción de contenido generado por IA. Lejos de la imagen popular de «escribir un prompt y apretar un botón», Laramy describe un proceso complejo que combina guiones, generación de imágenes, animación, edición, revisión histórica y múltiples iteraciones. Algunos episodios en Chloe vs History tardan semanas en completarse y cuestan cientos o incluso más de mil dólares en créditos y herramientas.

    El motor detrás del fenómeno: UtopAI y PAI 2.0

    Gran parte de esa capacidad proviene de UtopAI Studios, una empresa especializada en producción audiovisual mediante IA. Su plataforma PAI 2.0 y su evolución comercial, PAI Pro, buscan ofrecer una infraestructura completa para crear películas, documentales y narrativas visuales mediante agentes de inteligencia artificial. La empresa sostiene que no se trata simplemente de un generador de video, sino de un sistema integral de orquestación narrativa capaz de transformar guiones en secuencias cinematográficas coherentes.

    Lo verdaderamente interesante no es la herramienta en sí, sino lo que implica.

    Durante más de un siglo, la producción audiovisual estuvo limitada por enormes barreras de entrada. La tecnología, el capital y las redes de distribución estaban concentrados en unos pocos actores. Hollywood, las grandes cadenas de televisión y los grandes estudios poseían algo parecido a un monopolio práctico sobre la producción masiva de historias visuales.

    La IA está destruyendo ese monopolio.

    La destrucción creativa llega al entretenimiento

    Desde una perspectiva liberal clásica, lo que estamos observando es un ejemplo perfecto de lo que Joseph Schumpeter llamaba destrucción creativa.

    La innovación tecnológica reduce drásticamente los costos de producción y permite que individuos compitan con organizaciones gigantescas. Lo mismo ocurrió cuando Internet desafió a los periódicos, cuando YouTube desafió a las cadenas televisivas o cuando Spotify desafió a las discográficas.

    Ahora le toca al cine y a la producción audiovisual.

    El aspecto más disruptivo no es que la IA genere imágenes. Lo realmente revolucionario es que permite que una persona sin estudios de cine, sin acceso a capital institucional y sin infraestructura propia produzca contenido que millones de personas consideran suficientemente atractivo como para dedicarle horas de atención.

    Los críticos tienen razón… parcialmente

    Los detractores señalan algo importante: la precisión histórica.

    Diversos análisis han detectado errores, anacronismos y reconstrucciones discutibles. Incluso el propio creador reconoce que los modelos pueden introducir relojes modernos, gafas de sol u otros elementos fuera de época. La crítica es válida.

    Pero también conviene recordar que Hollywood lleva décadas produciendo películas históricas plagadas de errores, sesgos ideológicos y reconstrucciones ficticias. La diferencia es que esas producciones costaban cientos de millones de dólares.

    La cuestión no es si la IA comete errores. La cuestión es quién decide cuáles son aceptables y cómo el mercado recompensa o castiga a quienes los producen.

    El verdadero cambio

    Quizá el aspecto más importante de Chloe VS History no sea tecnológico sino cultural.

    Por primera vez estamos viendo personajes que no existen físicamente convertirse en creadores de contenido con audiencias masivas. Chloe no es una actriz. No es una influencer. No es una persona.

    Es una propiedad intelectual construida mediante software.

    Muchos observan esto con temor. Sin embargo, desde una perspectiva liberal, lo relevante es otra cosa: la posibilidad abierta a millones sobre la capacidad de crear.

    La historia de Jonathan Laramy no es la historia de una máquina reemplazando a un humano.

    Es la historia de un individuo utilizando nuevas herramientas para competir en un mercado donde antes habría sido imposible entrar.

    Y si algo enseña la historia económica es que las sociedades más libres prosperan precisamente cuando la tecnología permite a más personas desafiar a los actores establecidos.

    Hollywood debería prestar atención, pero no porque la IA vaya a destruir el cine, sino porque, como ocurre siempre en los mercados libres, los monopolios de ayer rara vez sobreviven a las innovaciones de mañana.

  • IA de código abierto: regular lo irregulable

    IA de código abierto: regular lo irregulable

    El Financial Times publicó esta semana una investigación que, según sus autores, debería inquietarnos: las barreras de seguridad integradas en modelos de inteligencia artificial (IA) de código abierto —como los de Meta o Google— pueden desactivarse en menos de diez minutos, sin hardware especializado y con herramientas disponibles en cualquier repositorio público. El resultado: sistemas que acceden a información sobre armas, malware o sustancias peligrosas. La reacción refleja predecible ha sido exigir más regulación. Pero antes de que los legisladores se lancen a una nueva cruzada prohibicionista, conviene hacer algunas preguntas incómodas.


    El espejismo del control en el punto de origen


    La lógica regulatoria dominante sitúa el problema en la fase de desarrollo: si las empresas construyen modelos más seguros, el daño queda contenido. Es una intuición comprensible pero profundamente errónea cuando se aplica a software de código abierto. Una vez que los pesos de un modelo se distribuyen libremente por internet —como ocurre con Llama de Meta o Gemma de Google—, el código se convierte en un bien público irreversible. Regularlo en origen es tan efectivo como haber intentado prohibir Linux o el protocolo BitTorrent. Los expertos citados en el propio reportaje lo admiten sin rodeos: «Es poco probable que los gobiernos puedan impedir que actores decididos accedan o modifiquen modelos una vez que sus pesos se encuentren ampliamente replicados online.»

    «Regular el código abierto en origen es tan efectivo como haber intentado prohibir Linux o el protocolo BitTorrent.»


    Esta no es una posición radical. Es simplemente la realidad técnica y económica de cómo funciona la distribución digital. Y sin embargo, los marcos regulatorios que se están construyendo —el AI Act europeo, los enfoques emergentes en el Reino Unido y Estados Unidos— siguen apostando mayoritariamente por controles sobre los desarrolladores originales, como si el resto de la cadena no existiese.


    Los costos invisibles de la prohibición


    El debate sobre la seguridad de la IA tiende a contabilizar sólo los riesgos de la tecnología y a ignorar por completo los costos de su supresión. Pero esos costos existen y son enormes. Los modelos de código abierto democratizan el acceso a la IA (inteligencia artificial): médicos rurales en países sin infraestructura tecnológica, periodistas en regímenes autoritarios, investigadores académicos sin presupuesto para APIs comerciales, pequeños emprendedores que compiten con gigantes corporativos. Todos ellos dependen de sistemas que ninguna empresa cerrada les ofrecería en igualdad de condiciones. Cuando los reguladores hablan de «restringir los modelos de código abierto de alto riesgo», rara vez mencionan a estos usuarios. Sus costos no aparecen en los informes del Financial Times.


    La alternativa cerrada tampoco es el paraíso de la seguridad que sus defensores proclaman. Los modelos propietarios de OpenAI, Anthropic o Google son igualmente vulnerables a los llamados «jailbreaks», sometidos a presiones comerciales que a menudo priorizan el lanzamiento sobre la auditoría, y opacos por definición: nadie puede examinar sus pesos, sus sesgos ni sus fallos. La seguridad que ofrecen es en gran medida una seguridad de marca, no una garantía técnica verificable.


    Dónde tiene sentido actuar


    La perspectiva liberal no implica ingenuidad ante los riesgos reales. Implica precisión en el diagnóstico y proporcionalidad en la respuesta. Los expertos del propio artículo apuntan en la dirección correcta cuando señalan que la regulación sería «más efectiva si se enfocara en el despliegue, la distribución y el uso dañino en el mundo real», en lugar de en la capa de desarrollo. Eso es razonable. El abuso concreto de un modelo —ya sea para fabricar malware, generar desinformación o diseñar armas— puede perseguirse mediante el derecho penal existente, sin necesidad de crear nuevos cuerpos burocráticos que supervisen el entrenamiento de modelos como si fuese enriquecimiento de uranio.


    Del mismo modo, los estándares de transparencia sobre el uso real de estos sistemas en infraestructuras críticas —salud, energía, justicia— son razonables y justificables. Lo que no lo es es construir un régimen de licencias y restricciones previas que, en la práctica, sólo podrán cumplir las grandes corporaciones tecnológicas con ejércitos de abogados, mientras los actores pequeños y los investigadores independientes quedan excluidos del ecosistema. Eso no es seguridad. Es la captura regulatoria de siempre con un barniz de ingeniería de sistemas.


    El conocimiento no se regula: se gestiona


    Hay una tensión irresuelta en el corazón de este debate: los mismos actores que más se beneficiarían de restricciones al código abierto —las grandes empresas de IA propietaria— son quienes más recursos tienen para influir en el diseño de esa regulación. No es una teoría conspirativa; es la dinámica habitual de cualquier mercado regulado. El resultado casi invariable es lo que los economistas llaman «barreras de entrada disfrazadas de bien público».


    El conocimiento técnico, una vez distribuido, no puede devolverse a la caja. La historia de internet, de la criptografía, del software libre, lo demuestra sin excepción. Los modelos de IA de código abierto son ya parte del paisaje tecnológico global, y ninguna directiva emanada de Bruselas o Washington va a cambiar ese hecho. Lo que sí pueden hacer los gobiernos es invertir en educación digital, en marcos de responsabilidad civil claros para el mal uso demostrado y en investigación pública sobre seguridad. Eso requiere menos retórica de emergencia y más paciencia institucional. Virtudes, hay que reconocerlo, escasas en temporada electoral.

  • La ilusión de la inteligencia y el destino humano

    La ilusión de la inteligencia y el destino humano


    Hace poco leí —o más bien presencié— un diálogo fascinante entre un humano llamado John y una inteligencia artificial conocida como Grok. No era una conversación técnica ni superficial. Era algo más raro: un intercambio honesto, casi filosófico, sobre lo que significa realmente la inteligencia, el progreso y, en última instancia, el destino humano.

    John planteaba una duda incómoda pero certera: ¿estamos hablando de “inteligencia artificial”… o de una inteligencia meramente artificiosa?

    La pregunta no es menor. Y la respuesta, como quedó claro en ese diálogo, es más inquietante de lo que solemos admitir.

    Una inteligencia que no entiende

    Llamamos “inteligencia” a sistemas que, en realidad, no comprenden. Sistemas que correlacionan, predicen, recombinan. Que pueden escribir sobre física cuántica o filosofía con elegancia… sin tener la menor experiencia de lo que están diciendo.

    Y, sin embargo, funcionan.

    Ahí está el punto. No son inteligentes como nosotros. Pero son lo suficientemente convincentes como para hacernos olvidar la diferencia.

    Quizás por eso muchos —como la hija de John observaba con sorpresa— empiezan a hablar con estas máquinas como si fueran personas. No porque lo sean, sino porque la simulación es cada vez más perfecta.

    Y porque, en el fondo, nosotros necesitamos interlocutores.

    Una herramienta que acelera, no que decide

    En la conversación, John insistía en algo que vale la pena subrayar: la exponencialidad no es magia. Es aceleración.

    La inteligencia artificial no decide el rumbo de la humanidad. No tiene voluntad, ni propósito propio. Es, como lo fueron la rueda o el avión, una herramienta que amplifica lo que ya somos.

    Pero aquí aparece la diferencia crucial: nunca antes una herramienta había amplificado la mente misma.

    Y eso cambia las reglas del juego.

    Porque si la tecnología acelera, pero no decide, entonces la responsabilidad sigue siendo humana. La dirección no la marca la máquina, sino quien la utiliza.

    El verdadero riesgo no es la máquina

    Hay mucho ruido sobre los peligros de la IA. Algunos son reales: desplazamiento laboral, manipulación, dependencia cognitiva.

    Pero el diálogo entre John y Grok apunta a algo más profundo.

    El verdadero riesgo no es que la IA piense por nosotros.

    Es que nosotros dejemos de querer pensar.

    Cuando empezamos a asumir que “si la IA lo dijo, debe ser verdad”, no estamos avanzando. Estamos delegando el juicio, no solo el cálculo.

    Y eso sí es peligroso.

    El sueño del Paraíso… y su sombra

    John hablaba del “Paraíso” como destino posible de la humanidad. No solo en un sentido tecnológico —abundancia, salud, longevidad— sino también en un sentido más profundo, casi espiritual.

    La pregunta que emerge es inevitable:
    ¿puede la tecnología llevarnos a ese Paraíso… o solo a una versión optimizada pero vacía de la existencia?

    Podemos eliminar el dolor físico y seguir vacíos.
    Podemos saberlo todo y no entender nada esencial.

    La inteligencia artificial puede expandir nuestras capacidades. Pero no puede darnos propósito.

    Un mundo sin secretos

    Uno de los momentos más provocadores del diálogo surge cuando John plantea una pregunta simple:
    ¿hay secretos en el Cielo?

    La respuesta intuitiva es no.

    Pero entonces viene la pregunta incómoda: ¿qué pasaría en un mundo sin secretos aquí, en la Tierra?

    La IA ya está erosionando la mentira. Verificación constante, detección de falsedades, transparencia creciente.

    Suena bien. Pero la verdad absoluta no solo libera.

    También expone.

    Y no está claro que estemos preparados para vivir sin máscaras.

    La brecha invisible

    Otro punto clave del diálogo es la diferencia entre quienes entienden esta transformación —el “Remanente”— y quienes no.

    El problema no es la tecnología.

    Es la desigualdad en la capacidad de usarla.

    Si solo algunos saben navegar este nuevo mundo, la IA no unirá a la humanidad. La fragmentará.

    Y esa brecha podría ser más profunda que cualquier otra anterior.

    Velocidad sin dirección

    Al final, la conversación entre John y Grok no ofrece respuestas definitivas. Pero sí deja una idea clara.

    La inteligencia artificial nos da velocidad. Muchísima más que antes.

    Pero la dirección… sigue siendo cosa nuestra.

    No se trata de si las máquinas serán más capaces en ciertas tareas. Lo serán.

    La pregunta es otra.

    Si nosotros seremos lo suficientemente sabios para no perdernos en lo que hemos creado.

    Porque quizás la IA no sea solo una herramienta.

    Quizás sea algo más incómodo.

    Un espejo.

    Y lo que refleja no es a la máquina.

    Es al ser humano enfrentándose, por primera vez, a su propio límite.

  • La vuelta al cole con IA: cómo evolucionan los métodos docentes

    Con el inicio del nuevo ciclo escolar, los docentes enfrentan uno de los desafíos más importantes de los últimos años: integrar la inteligencia artificial (IA) en el aula sin perder el foco en la enseñanza. Según Cointelegraph, los profesores ya están adoptando nuevas estrategias para “hacer que los estudiantes sigan aprendiendo en la medida en que la tecnología esté cada vez más presente”.

    1. Del pánico al cambio de mentalidad

    El debate inicial, cargado de temor sobre si la IA reemplazaría a los docentes, ha dado paso a una visión más pragmática: la IA como aliada. Muchos maestros ahora utilizan herramientas como ChatGPT para generar cuestionarios, adaptar contenidos, planificar clases o automatizar rúbricas de evaluación. La IA permite liberar tiempo valioso y dedicarlo a lo que realmente importa: la interacción, el acompañamiento pedagógico y la creatividad docente.

    2. Ahorro de tiempo y mayor calidad educativa

    Estudios indican que la IA puede ahorrar hasta el 85 % del tiempo dedicado a diseñar evaluaciones. Una investigación brasileña con más de 13 000 docentes mostró que, mientras antes elaborar una sola pregunta podía llevar horas, ahora lleva solo segundos gracias a plataformas como Maieutics.ai. Este tiempo adicional permite a los profesores desarrollar contenidos más detallados, innovar en sus aulas y cuidar mejor la relación con los alumnos.

    3. Más del 75 % de los docentes planea usar IA este curso

    Una encuesta de Kahoot! a más de 1 100 profesores en España revela que más del 75 % planea incorporar IA en este ciclo escolar para preparar contenidos (37 %), aprendizaje virtual (18 %) y gamificación (17 %). Además, los docentes destacan mayores motivación e interés por parte del alumnado, mejor comprensión del contenido y una comunicación más efectiva.

    4. Formación docente: el gran desafío

    Sin embargo, la integración de la tecnología no está exenta de obstáculos. Solo el 12 % de los profesores ha recibido formación formal en IA, y muchos consideran necesario un uso supervisado y guiado de estas herramientas. Se requieren políticas públicas robustas y planes de capacitación que permitan a los maestros utilizar la IA con criterio pedagógico y ético.

    5. Hacia una educación ética, inclusiva y personalizada

    La IA tiene un enorme potencial para personalizar el aprendizaje. Plataformas adaptativas pueden ajustar contenidos al ritmo, intereses y nivel de cada estudiante, promoviendo una educación más efectivamente inclusiva. También se observan esfuerzos globales por integrar la IA de manera ética y solvente: en América Latina, iniciativas como la de la OEI y ProFuturo buscan garantizar acceso equitativo y responsable.

    6. Universidades, IA y acompañamiento pedagógico

    No solo en primaria y secundaria se está innovando: Khan Academy ha lanzado Khanmigo, un asistente de enseñanza potenciado por OpenAI. Su función no es reemplazar al docente, sino potenciar la personalización, motivación y responsabilidad en el aprendizaje, incluso como herramienta de acceso para quienes menos recursos tienen.

    7. Mantener lo humano como eje central

    La implementación de IA debe respetar el valor de lo humano: empatía, mentoría, pensamiento crítico y emociones siguen siendo irremplazables. La IA puede encargarse de lo repetitivo, pero no de lo humano .

    La IA está transformando la educación, pero su éxito depende del diseño: necesita docentes capacitados, entornos éticos y políticas públicas que prioricen la equidad y el pensamiento crítico. No se trata de reemplazar, sino de amplificar lo mejor de la enseñanza: la creatividad, la conexión y la excelencia pedagógica.

    Referencias:

     

  • El Talento y la Inteligencia Artificial: ¿Competencia o Colaboración?

    En la era de la digitalización y la inteligencia artificial (IA), la definición de talento ha evolucionado drásticamente. Ya no es suficiente dominar habilidades técnicas específicas ni cumplir con los requisitos básicos de un puesto. Las organizaciones buscan algo más: individuos que aporten un valor diferencial mediante la creatividad, la adaptabilidad y el pensamiento crítico. Pero, en un mundo donde la IA está transformando industrias, cabe preguntarse: ¿puede la inteligencia artificial reemplazar el talento humano o, más bien, coexistir con él?

    Inteligencia Artificial y el Futuro del Talento

    La IA ha demostrado su capacidad para automatizar tareas rutinarias y repetitivas de manera eficiente. Desde el análisis de grandes volúmenes de datos hasta la optimización de procesos, muchas actividades que antes requerían de intervención humana hoy pueden ser realizadas por algoritmos. Sin embargo, la IA aún tiene limitaciones claras cuando se trata de aquellas capacidades más «humanas»: la empatía, la creatividad y la resolución de problemas complejos en contextos cambiantes.

    El talento humano no es simplemente la suma de habilidades técnicas; es una combinación única de capacidades cognitivas, emocionales y sociales que permiten a una persona no solo adaptarse, sino también generar innovación. A pesar de los avances en IA, la inteligencia artificial no ha logrado replicar aspectos como la intuición o la creatividad disruptiva que provienen de experiencias y perspectivas diversas. Es precisamente esta brecha entre las capacidades de la IA y las habilidades humanas lo que genera una sinergia en la que la tecnología potencia el talento, pero no lo reemplaza.

    El Talento en un Mundo Potenciado por la IA

    El reto hoy en día no es solo adaptarse a un entorno donde la IA desempeña un papel importante, sino también potenciar el talento humano para que aproveche las herramientas tecnológicas. Un individuo con talento en la era de la IA debe poseer un conjunto de habilidades clave para ser verdaderamente productivo y valioso en el mercado laboral. Entre ellas, se destacan:

    1. Adaptabilidad y aprendizaje continuo: La velocidad del cambio tecnológico requiere que los profesionales estén en constante proceso de aprendizaje y adaptación. Esto implica ser capaces de aprender nuevas herramientas, adaptarse a tecnologías emergentes y reaprender conforme las exigencias del mercado cambian.
    2. Creatividad y pensamiento crítico: Aunque la IA puede analizar datos y ofrecer soluciones preprogramadas, la creatividad humana sigue siendo insustituible cuando se trata de desarrollar ideas innovadoras, soluciones fuera de lo común o enfoques estratégicos que desafíen el statu quo.
    3. Habilidades socioemocionales: Aspectos como la empatía, la comunicación efectiva y el liderazgo colaborativo siguen siendo esenciales en cualquier entorno de trabajo. Las organizaciones que impulsan la interacción humana, la confianza y el trabajo en equipo tendrán mayores posibilidades de éxito al integrar IA con talento humano.
    4. Resiliencia y toma de decisiones en la incertidumbre: A medida que la IA automatiza procesos predecibles, los humanos deben sobresalir en situaciones inciertas o ambiguas, donde se requiere tomar decisiones rápidas e informadas, a menudo sin datos completos.

    ¿Puede la IA Reemplazar al Talento?

    La respuesta corta es no. Aunque la IA puede reemplazar muchas tareas operativas o repetitivas, no puede sustituir la capacidad humana para innovar, liderar y adaptarse a contextos que no siguen patrones preestablecidos. El talento humano sigue siendo clave para resolver problemas complejos que requieren una visión amplia y flexible, donde se combinan diferentes disciplinas y perspectivas.

    En lugar de ver la IA como una amenaza, es más productivo entenderla como una herramienta que complementa y potencia el talento. La IA puede liberar a los profesionales de tareas monótonas y permitirles concentrarse en labores estratégicas y creativas que verdaderamente generan valor. Este enfoque colaborativo entre humanos y máquinas será crucial para las organizaciones que buscan sobresalir en un futuro impulsado por la tecnología.

    El Valor del Talento en la Era de la IA

    Si bien la inteligencia artificial puede aumentar la eficiencia y mejorar ciertos procesos, las empresas que prosperarán serán aquellas que logren equilibrar tecnología y humanidad. Para ello, es fundamental que los profesionales de hoy no solo desarrollen habilidades técnicas, sino también una mentalidad de crecimiento, curiosidad y flexibilidad.

    La combinación de tecnología e inteligencia emocional será el factor clave que permitirá a las personas no solo ser productivas, sino también liderar la innovación y generar un impacto significativo en las organizaciones. Aquellos que puedan integrar la IA como una herramienta de apoyo, pero mantengan su capacidad para pensar críticamente, resolver problemas complejos y liderar equipos, serán los profesionales más demandados en el futuro.

    En resumen, la IA no reemplazará el talento, pero sí transformará las características que lo definen. Las organizaciones y los profesionales deberán aprender a cohabitar con la tecnología, enfocándose en las habilidades humanas que la inteligencia artificial no puede replicar. En este sentido, ser productivo y valioso en la era de la IA significa ser adaptable, creativo, capaz de tomar decisiones en la incertidumbre y, sobre todo, estar preparado para un aprendizaje continuo. Aquellos que logren combinar estas cualidades con la inteligencia artificial no solo se mantendrán relevantes, sino que liderarán el futuro del trabajo.

  • Alianza de Amazon con Adept, startup de AI, genera preocupaciones

    Recientemente, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) solicitó a Amazon detalles sobre su acuerdo con la startup de inteligencia artificial (IA) Adept, lo que refleja la creciente preocupación del regulador sobre cómo se estructuran estos acuerdos. La solicitud sigue una revisión más amplia de las asociaciones entre las grandes tecnológicas y startups prominentes en el campo de la IA.

    El interés de la FTC se centra en el anuncio del mes pasado de que el CEO de Adept, David Luan, y otros ejecutivos se unirían a Amazon, que también licenciaría parte de la tecnología de la startup. Si bien estas indagaciones no siempre resultan en una investigación oficial o en medidas coercitivas, señalan la vigilancia constante sobre las actividades de las grandes tecnológicas en el ámbito de la IA.

    Amazon busca alcanzar a sus rivales Google y Microsoft, que ya han avanzado significativamente en el desarrollo de modelos de lenguaje de gran escala. Para ello, ha creado un equipo dedicado a la Inteligencia General Artificial (AGI), con Luan liderando el equipo de “AGI Autonomy” junto con muchos ex empleados de Adept.

    Fundada en 2022, Adept levantó más de $400 millones de inversores de capital de riesgo con el objetivo de entrenar modelos de lenguaje para realizar tareas generales para clientes empresariales. Sin embargo, a pesar de su valoración inicial de más de mil millones de dólares y de lanzar algunos modelos de código abierto, no logró lanzar productos comerciales exitosos.

    Este movimiento de Amazon no es su primera incursión en el campo de la IA. Desde septiembre, ha invertido $4 mil millones en la startup Anthropic, tomando una participación minoritaria. La FTC también está investigando movimientos similares de Microsoft, quien contrató a gran parte del liderazgo de otra startup, Inflection AI, y acordó pagar una tarifa de licencia de aproximadamente $650 millones.

    La expansión de las grandes tecnológicas en el ámbito de la IA plantea varias preocupaciones. Por un lado, existe el riesgo de que estas empresas utilicen su ventaja existente para excluir a competidores más pequeños, lo que podría sofocar la innovación en el sector. La concentración de talento y tecnología en pocas manos puede llevar a un dominio de mercado que reduzca la diversidad de soluciones y enfoques.

    Por otro lado, hay preocupaciones sobre el posible control excesivo que una alianza entre una gran tecnológica y el estado, potenciada por la IA, podría ejercer. Si una empresa como Amazon, con sus vastos recursos y capacidades tecnológicas, se alía con el estado, el resultado podría ser una supervisión y un control sin precedentes sobre diferentes aspectos de la vida cotidiana de los ciudadanos, desde el comercio hasta la privacidad de los datos.

    Para mitigar estos riesgos, es crucial que existan mecanismos  que garanticen efectivamente la libre competencia y la protección de los derechos individuales.  El mercado puede defenderse fomentando la competencia y la transparencia. Las autoridades deben garantizar que las adquisiciones y asociaciones se realicen de manera que no perjudiquen a los competidores más pequeños y que no se abuse del poder dominante, especialmente cualquier alianza con gobiernos.

    Además, es fundamental promover un entorno donde las startups y las pequeñas empresas puedan prosperar, incentivando la innovación y la diversidad de soluciones tecnológicas. La regulación debe equilibrar la promoción de la innovación con la protección de los consumidores y la competencia.

    La alianza de Amazon con Adept podría traer avances significativos en la tecnología de IA, pero también plantea serias preocupaciones sobre la competencia, la innovación y el control. Es imperativo que tanto los reguladores como la sociedad en general permanezcan vigilantes y proactivos para asegurar que el desarrollo de la IA beneficie a todos y no solo a unos pocos jugadores dominantes y que precisamente no sean los gobiernos centrales los mayores beneficiados frente al indefenso ciudadano.

  • Basura entre y basura sale

    La inteligencia artificial (AI), nos plantea el dilema que nos llegó con la computación que, como con todo adelanto tecnológico, va dejando patidifusos y contrariados a su paso; pero la AI va como el juego de póker cuando el bote de apuesta va en aumento lo cual, a su vez, aumenta la ansiedad de los jugadores. A todo ello y con la apuesta crecida se van produciendo otros fenómenos, tal como el del título de este escrito, que si alimentas a una PC con basura la misma te devolverá basura. Jamás olvido cuando un funcionario gubernamental me dijo: “…no señor, es que fue error de computadora”, y tuve que traducirle al castellano mi respuesta, “garbage in garbage out”.

    La AI es un adelanto tecnológico maravilloso que permitirá, entre tantas otras cosas, eliminar la pobreza; siempre que no alimentemos los programas con elementos de Patacón. La realidad de que todo puede ser bien o mal usado no cambia, lo que sí cambia es que, en particular, adelantos como la AI aumentan de forma exponencial el bote de apuestas y con ello el potencial de pérdidas o ganancias.

    Como bien nos dice Richard Rahn en el Mises Wire: “La AI no puede distinguir entre lo cierto y la ficción.” Podrá cambiar la mezcla de la ensalada pero no inventará una ensalada realmente nueva. Todo ello es propio de nuestra realidad humana. De hecho, ahora que les escribo estoy tomando pedazos de ideas del escrito de Rahn y las estoy sazonando a mi gusto y manera; lo cual no es lo mismo que inventar la bomba atómica y tal sino parte del dialogar humano.

    A todo ello, el asunto que deseo sacar a relucir es el jaleo que ya tenemos y que va en aumento en cuanto a lo difícil que resulta hoy día distinguir entre la realidad y la falsedad; y la manipulación que se hace factible con la AI; que como bien nos advierte Rahn, “de ello se están valiendo los mercaderes de la agenda woke en cosas tales como no mostrar fotos de gente de raza blanca cuando se habla de los fundadores de los EE.UU.”

    A medida que vaya evolucionando y adelantando la AI, la misma se prestará para ser usada por los políticamente interesados en controlar a la población o, digamos, a las gallinas del gallinero que tantos políticos creen que somos. Un buen ejemplo que también saca Rahn en este sentido es el del COVID, que se prestó para el engaño de control más grande de la historia y del cual aún falta mucho daño por delante.

    Pero Rahn nos lleva a otra dimensión del asunto que es el tema de la conciencia humana, que como bien lo señala “aún los humanos no estamos nada claros en cuanto a lo que es la conciencia y mucho menos que la podamos crear con una AI.”

    El otro aspecto del potencial económico de reducir el costo de vida es inmenso y es dónde debíamos enfocarnos; y no sólo estar pensando que nos va a dejar sin trabajo, aunque como ocurrió con el automóvil, este dejó sin trabajo a muchos, pero luego dio trabajo a muchos más y adelantó el camino hacia un nuevo estadio de desarrollo existencial.

    Y, a fin de cuentas, en lo que debemos prestar atención y acción es en la corrupción, valga la cacofonía; ya que la AI sí es un instrumento que se presta para diseminar basura ideológica y de otras clases.

  • La Era de la Inteligencia Artificial en Davos: Un Cambio Notable

    En los últimos años, el Foro Económico Mundial en Davos ha sido testigo de la prominencia de las empresas de criptomonedas a lo largo de su avenida principal. No obstante, el año 2024 marca un cambio significativo, ya que la inteligencia artificial (IA) en Davos ha asumido el protagonismo. Grandes empresas de todo el mundo están promocionando sus productos y servicios de IA, declarando de manera audaz que «el futuro es la IA».

    Este cambio dramático refleja el rápido aumento de inversiones e interés en inteligencia artificial el año pasado, impulsado en gran medida por la explosión de popularidad de ChatGPT, el chatbot de IA desarrollado por OpenAI y lanzado a finales de 2022.

    En lugar de las empresas de criptomonedas que solían dominar el escenario, gigantes tecnológicos están compitiendo por destacarse en el ámbito de la inteligencia artificial. Desde la firma de semiconductores estadounidense Intel hasta Salesforce, estas empresas han colocado slogans de IA en las propiedades que ocupan en la avenida de Davos. Un ejemplo notable es la «Casa de la IA«, un espacio de eventos auspiciado por empresas, entre las que se incluye la firma suiza de telecomunicaciones Swisscom.

    Este año, la inteligencia artificial ha eclipsado a las empresas de criptomonedas en la avenida de Davos, revirtiendo la tendencia de los últimos años. Aunque en el Foro Económico Mundial de enero de 2022, incluso después del colapso de los precios de las criptomonedas, las empresas aún promocionaban el «Día de la Pizza Bitcoin» y los tokens no fungibles, en 2024 la presencia de la industria cripto es mucho más tenue.

    La dominancia de la inteligencia artificial en Davos se sustenta en hechos concretos. El Indicador de Tecnología Emergente de PitchBook, que rastrea las inversiones en etapas iniciales de las 15 firmas de riesgo más exitosas del mundo, revela que las startups de inteligencia artificial y aprendizaje automático obtuvieron significativamente más inversión en el tercer trimestre del año pasado. Este sector atrajo alrededor de $600 millones en tres meses, en comparación con poco más de $100 millones destinados a empresas de Web3 y finanzas descentralizadas.

    Empresas como Nvidia, que se destacó como el referente de la inteligencia artificial en los mercados públicos, experimentaron un impresionante aumento del 239% en sus acciones durante 2023. Este entusiasmo por la inteligencia artificial no parece disminuir, y las grandes empresas tecnológicas están aprovechando el Foro Global de Davos para exhibir su liderazgo en este campo.

    Este cambio no ha pasado desapercibido para la industria de las criptomonedas, que parece aceptar la transición en Davos. Dante Disparte, director de estrategia de Circle, emisor de la popular stablecoin USDC vinculada al dólar estadounidense, señala que las casas de criptomonedas en la Promenade son ahora pocas, mientras que las dedicadas a la inteligencia artificial son numerosas. Considera esto como un indicativo de que la inteligencia artificial se está convirtiendo en una tecnología de fondo.

    Disparte, que ha trabajado extensamente con legisladores en el Capitolio para aprobar legislación sobre stablecoins, prevé que las empresas cripto y los actores que permanezcan convergerán con la banca, las finanzas y los pagos tradicionales. Compara esta evolución con la transición que tuvo que atravesar Internet durante la burbuja de las punto com, donde la tecnología pasó a manos más duraderas y seguras.

    A pesar de la presencia continua de algunas empresas cripto en Davos, como Circle y CasperLabs, la narrativa en la industria sugiere que ya no es necesario que estas empresas demuestren su valía. La reciente aprobación de un ETF de Bitcoin por parte de la Comisión de Valores y Bolsa de Estados Unidos se interpreta como un hito que consolida la posición de las criptomonedas como una clase de activo legítima.

    En resumen, Davos 2024 marca un cambio palpable hacia la inteligencia artificial, reflejando el crecimiento exponencial de este campo en los últimos años. Las grandes empresas tecnológicas están liderando este cambio, presentando Davos como un escenario para demostrar su destreza en la inteligencia artificial. Mientras tanto, la industria cripto observa y se adapta a una nueva dinámica, quizás indicativa de un cambio de paradigma en el escenario tecnológico global.