Etiqueta: pobreza

  • De Panamá Viejo a Panamá Nuevo

    De Panamá Viejo a Panamá Nuevo

    Las pobrezas que hoy nos perturban debemos verlas en nuestra evolución social, la cual comenzó con la finca que el rey de España configuró con un modelo rentista. El intento originario no estaba en poblar, cultivar y lograr una riqueza social humana, sino en cosechar las riquezas de Castilla del Oro, en donde se creía que las arenas de las playas eran doradas. Luego, con el tiempo, al descubrir que las playas eran de arena común, el intento fue lograr ingresos a través de peajes: tanto por el paso a través del istmo, como por quienes se quedaron varados aquí y tuvieron que pagar por cupos, coimas, licencias y demás para poder hacer mercado en la finca del rey.

    Con el pasar del tiempo, el oro de la finca se agotó y la vida en la se fue circunscribiendo a Panamá la Vieja y luego a la Nueva; que no era más que un burgo medieval dentro del cual había una casta burguesa, calles de tierra y un sistema séptico que transportaba la caca en carretas, y fuera de sus muros, el Arrabal. Entonces ¿qué fue de la gobernanza, acaso cambió? La respuesta la podemos ver en el comentario de un diputado en la asamblea colombiana en 1840, quien dijo: “Quien quiera conocer a Panamá, que vaya rápido, ¡pues se acaba!”

    En 1849 se produce un fenómeno único con el descubrimiento de oro en California, que torna a Panamá en el atajo hacia la riqueza del oeste gringo. ¿Y qué encontraron los argonautas en Panamá? Pues lo que había advertido el diputado colombiano. Ese choque entre transeúntes a través de parajes de escasez social y económica produjo muchos incidentes de «tajadas de sandía»; y no solamente como cuenta la errada historia.

    Más adelante, luego del ferrocarril, continúan nuestros problemas que culminan en la Guerra de los Mil Días y luego en la construcción del Canal de Panamá, en la cual el choque entre culturas vuelve a estar presente y termina con el enclave de la Zona del Canal; en donde se esconden los “zonians” de los panameños porque no se llevan. Bueno, sí, acaso para ir los días libres a las cantinas y prostíbulos a formar peleas; o panameñas que iban los fines de semana a las bases militares a buscar futuro.

    En 1903 nos independizaron los gringos y, desde entonces, ¿qué cambios reales se dieron en el modelo? Bueno, la Constitución de 1972 es fiel testimonio del ideal de gobernanza centralista, populista e intervencionista que adoptamos. Y lo más curioso es que aún hoy, en el 2026, la mayoría casi no lo advierte y quieren reformar lo irreformable; algo así como reconstruir a Frankenstein.

    Pero aún pocos ven la realidad en la cual los gobiernos están enquistados de manera destructiva en el mercado, dando testimonio de que la finca ya no es del rey de España, sino de los corruptos y corruptores «reyes» del Nuevo Panamá, que han llevado el clientelismo de los cupos, licencias y coimas al grado de arte. Y de educación real y efectiva… ¡ni pensarlo!, pues ello destruiría el cercado de semovientes ciudadanos liberándolos y destruyendo la finca burguesa.

    En resumen, y para entender nuestra terrible realidad, hay que reconocer nuestro pecado original: Panamá no nació como una nación, sino como la finca del rey de España. Desde la colonia hasta el sol de hoy, los administradores solo han cambiado de nombre, pero mantienen la misma tara mental: gestionar una economía de peaje y prebendas, creando una escasez institucionalizada para mantener a la población dependiente del «parte y reparte». Es bajo esta lógica de capataces que nace el NODUCA.

  • La ilusión de benevolencia

    La ilusión de benevolencia

    Por debajo de tantas medidas legislativas ataviadas en ropaje de benevolencia se esconde una cruda realidad: una realidad que pocos ven, pero que tantos sufren. El anzuelo con la carnada apetitosa puede ser el descuento a los jubilados o la tanda de supuestos subsidios al gas, al agua, a la energía, al transporte e incluso al deporte. Pero, igual que los peces del mar, la gente no ve el anzuelo incrustado en la carnada. Y no es fácil verlo, porque son pocos los que tienen la capacidad de estudiar los efectos económicos a más largo plazo.

    La realidad de los subsidios gubernamentales es que son presidios en los cuales los políticos corruptos encierran a la población para llevarla al matadero. Una vez que la gente engulle la carnada, comienza a luchar contra algo que no ve, pero que la jala hacia la barcaza de la pobreza y de su perdición.

    Lamentablemente, el tema de fondo gira en torno a conceptos que ni nuestros supuestos juristas entienden… o, peor aún, los entienden y les importa un bledo. Los seres humanos poseemos derechos que están mucho más allá de las leyes creadas en asambleas legislativas, esas que suelen estar preñadas de pérfidos intereses rentistas. ¿Acaso necesitamos que la Constitución y sus leyes nos digan que matar sin justificada razón es ilegal, prohibido y criminal? La ley de “no matarás” existía mucho antes de que los diputados legislaran. Lo mismo ocurre con la libertad de transitar, de religión y —algo que pocos reconocen— de educar a los hijos como y donde se desee.

    Hay muchas cosas que los gobiernos no pueden ni deben hacer, como violar derechos negativos: el derecho a no ser interferido en las actividades con las que uno se gana el sustento, siempre que no se violen derechos ajenos. Por ejemplo, si una familia logra que a su hijo, con poca inteligencia u otros impedimentos, le den un trabajo en una empresa pagándole menos que el salario mínimo… ¿por qué no? El joven tendría utilidad y la familia algo más para poner en la paila. Dictar salarios mínimos es ir contra los derechos de libertad y, peor aún, produce efectos colaterales que pocos advierten.

    Nuestra Constitución panameña, en su Preámbulo, comienza bien cuando establece la “garantía de la libertad”, que lastimosamente luego contraviene. Habla también de la dignidad humana y de la justicia… salvo que a “justicia” le añaden la palabra “social”, y con ello tiran por la borda todo el sentido, porque nadie sabe realmente qué es la “justicia social”. O, mejor dicho, cada quien la interpreta a su antojo.

    Los derechos y las leyes no se inventan: se descubren. Cuando los ciudadanos votan por diputados ignorantes —o peores—, allí nacen los problemas de pobreza social, económica y de todo tipo. Y lo más increíble es que votemos por quienes terminarán produciendo más pobres en el país. Aun con una legislación podrida, hay muchas personas que logran sacar ventajas. Sí, algunos con trampa, pero la mayoría sin ella. Tanto mi abuelo Novey como mi padre Bennett llegaron a Panamá lejos de ser ricos, y ambos lograron millones sin hacer trampas. Más aún, mi abuelo George Novey nos decía acerca de los gobiernos: “Quien con niños se acuesta, cagado amanece”. Y nunca contrató con el gobierno.

    Yo no aprendí del todo esa lección y perdí casi toda la herencia que me dejó mi padre Bennett. Pero la herencia que más atesoro es la de evitar ser tramposo y ladrón, y la de ser rico… no rico en dinero, sino en amor por la vida, por mi familia y por la creencia de que nos tocará un futuro mucho mejor.

  • El intervencionismo daña

    El intervencionismo daña

    Lo que realmente se da en nuestro patio es un intervencionismo económico y populista.

    El “estatismo” suele definirse como una gran intervención estatal, politiquera o ideológica, que con facilidad deriva en corrupción. Sin embargo, al abrir la bolsa de grillos de lo que realmente entendemos por corrupción, descubrimos que el vocablo “estatismo” se queda corto. No describe con precisión la actuación gubernamental típica de Panamá ni de muchos otros países.

    Lo que realmente se da en nuestro patio es un intervencionismo económico y populista. Los gobiernos invaden de manera permanente la esfera propia del mercado y de la microeconomía familiar: alteran la determinación de precios, los contratos, la contratación laboral, los descuentos y mucho más. Todo ello lo ejecuta el poder de turno —las castas dominantes— con un objetivo claro: lograr ventajas económicas y políticas para los poderosos, mientras destruyen tejido productivo y social.

    En este esquema entra de lleno el clientelismo. Las políticas de control de precios, los descuentos obligatorios por ley, los subsidios que no subsidian y los favores a gremios sindicales o a “amiguitos” convierten al gobierno en una simple maquinaria de padrinazgo. Más allá todavía, hablamos de una gobernanza predatoria y demagógica: decisiones reactivas, tomadas bajo la presión popular que alimenta el “regalierno” y su simbiosis mediática, sin considerar jamás los efectos colaterales ni las consecuencias a mediano y largo plazo. El resultado es el desgobierno. Gobiernos que hacen metástasis desde su función debida para con el Estado hacia realidades bastardas y destructivas. Gobernanza depredadora, y punto.

    Para entenderlo con claridad, veamos el caso de los controles de precios. Estos sofocan la información esencial que los productores necesitan para decidir qué producir, cuánto y a qué costo. La historia soviética lo ilustra con crudeza: cuando el gobierno no lograba fijar precios realistas, terminaba consultando catálogos de Sears. Absurdo, por supuesto, porque aquellos precios no reflejaban la realidad de la producción y comercialización local. Más allá de sofocar la información de costos, se destruyen los incentivos a producir y a conservar. El desenlace es previsible: escasez, mercados negros, mala calidad y la sustitución de la asignación de mercado por una asignación puramente politiquera.

    Los descuentos obligatorios para jubilados generan distorsiones similares. Bajo la coartada de “amar al prójimo”, gobiernos torcidos imponen a los privados la carga de “subsidiar” a un grupo electoralmente atractivo. El caso de un restaurante que se llena de comensales y aun así quiebra no es anécdota: es el resultado lógico. Los clientes pagan un precio fijado políticamente que ya no cubre los costos. La responsabilidad social se convierte en pillaje electoral. Y a todo ello, los causantes de la quiebra escondidos debajo de una falsa asistencia social.

    En resumen: el estatismo es la ideología que sostiene que el Estado debe dirigir intensamente la economía. Lo que en la práctica obtenemos suele ser peor. Gobiernos que utilizan el poder estatal de forma oportunista y cortoplacista —mediante controles de precios, descuentos forzosos o favores especiales— destruyen las señales de precios y los márgenes privados sin ningún plan coherente. No estamos ante una gran teoría del Estado, sino ante el ejercicio negligente y electoralista del poder.

    Estas realidades están a la vista de quien quiera o sea capaz de advertirlas. El problema es que gran parte del populacho ya se ha hecho adicto a esta gobernanza malsana.

  • El Intervencionismo Central Castrante

    El Intervencionismo Central Castrante

    El intervencionismo central conlleva serias consecuencias – Escrito original hace 6 años sobre una realidad que no muere sino crece y bien vale abundar en ello.

    Al grueso de la población poco les mueve las realidades económicas; sin embargo, ¡vaya si éstas no le afectan! Es tan cómodo dejar que el rey se encargue de esos fastidios: “¡Economía!, ¿qué es eso? Para eso tenemos gobierno, y yo sigo con lo mío.” Luego, cuando lo económico se hace presente en nuestras vidas, las cosas cambian, aunque sigamos ignorando su razón y origen. Toda esa irresponsable delegación que venimos haciendo al gobierno, en cosas que realmente no son propias de una sana gobernanza, son fatales.

    Podemos decir que hay “intervención o intervencionismo económico central” cuando los gobiernos se inmiscuyen en la economía de los ciudadanos más allá de su constitucional función de velar por la vida, libertad y propiedad. Simplemente, el gobierno no debe inmiscuirse en la economía; lo cual nos lleva a reiterar la definición de economía. Son muchas las definiciones, pero las auténticas guardan la esencia del asunto; algo así como: “Es el arte de poner la paila con lo que nos entra.” En términos menos vulgares: “Es la administración frugal o ahorrativa del gasto o consumo del dinero y otros capitales.” Es la planificación prudente de la casa o familia. Entonces ¿dónde entran los politicastros en todo ello?

    La misma naturaleza humana responde a la necesidad de satisfacer deseos que son infinitos con recursos que son finitos. Pero ¡ojo!, que sólo son finitos en la medida de nuestra falta de visión de un mundo y universo infinito. Dicho eso, no hay caso que estamos limitados por nuestras propias limitaciones humanas; ya que el pastel es infinito y sólo hace falta ir descubriéndolo y ampliándolo; siempre y cuando los politicastros no se inmiscuyan.

    Los humanos tenemos dos vías de acceso a las cosas que deseamos: 1) Es fabricándolas nosotros mismos, o… 2) Mediante el intercambio o mercado; al cual debo añadir, mercado no intervenido, y menos por bribones de palacio. No obstante, la ruta de entrada de los interventores centrales va por la ruta de “te estamos cuidando” contra el robo, fraude y tal. Sí, eso es potable, hasta que quien roba y comete fraude es quien te cuida. ¡Uy!, ‘¿y como nos protegemos contra eso? Pues, limitando el tamaño y función de los cuidadores. ¿Recuerdan también aquello de la “división de poderes”?

    Tristemente, una vez que hemos permitido o ayudado con la entrada de los bribones centrales en nuestras economías, el asunto se torna harto difícil de arreglar. Las tretas parecen ser infinitas: Tal como aquello de una “economía mixta”. No sé por qué, pero me suena a “ménage à trois”. ¿Seremos tan ingenuos de pensar y creer que los gobiernos se meten en nuestras alcobas para colaborar con la coyunda reproductiva? Tristemente, sí somos ingenuos. Y ni hablar cuando nos dicen que están para “estimular” el asunto.

    Debemos ser más que ingenuos o descuidados para creer que la intervención de los politicastros van a ayudarnos económicamente, y ni hablar en la alcoba. ¡Ya, basta! No es más que el zorro justificando su presencia en el gallinero. Y entonces entra el estado completamente obeso y metiche… y se me acaban las palabras y el buen humor.

    Lo cierto, mis estimados lectores, consecuencias hay, y cada día están más próximas. Y aprovecho para reiterar lo que nos advirtió esa gringa nacida en Rusia, Ayn Rand, lo cual me lo recordó un amigo economista: «Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada: cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores: cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti: cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada».

  • El Intervencionismo Gubernamental Genera la Familia Menguante

    El Intervencionismo Gubernamental Genera la Familia Menguante

    Alrededor del mundo las tasas de natalidad se desploman y, lo grave es que, por debajo de 2.1 nacimientos por mujer, la sociedad misma se desploma de maneras que muy pocos vislumbran. Lastimosamente, pocos advierten el nexo entre la castrante intervención gubernativa y el fenómeno de la familia menguante. Los factores que inciden en el problema son múltiples: los disparados costos de vida, los valores cambiantes y, en general, la creciente dificultad de criar, educar y conducir a los hijos para integrarlos a la sociedad de forma productiva.

    Para entender el efecto castrante del intervencionismo debemos referirnos a la «praxeología»; es decir, al estudio de la praxis, la práctica o acción humana. En otras palabras, a lo que ocurre cuando uno actúa de una u otra forma y a los móviles detrás de esa conducta.

    Si estudiamos la práctica del apareamiento humano, en su fase inicial está impulsada y guiada por instintos carnales a los que solemos llamar «amor». Pero esto me lleva a preguntar: ¿es realmente amor la simple cúpula macho/hembra? La atracción inicial no está motivada por un deseo explícito de reproducción, sino por un impulso biológico primario. ¿Es esa atracción física «amor» o es simplemente el mecanismo con el que la naturaleza asegura la cópula? El amor auténtico, en cambio, emerge como un constructo posterior que sostiene la alianza humana a largo plazo.

    Históricamente, los hijos solían ser el resultado natural del impulso copulativo. Sin embargo, al vivir en familia las cosas cambian: los hijos resultan ser una excelente inversión a largo plazo dentro de un medioambiente institucional estable que premia el sacrificio. Pero en nuestra era han entrado en juego elementos distorsionadores que alteran estos patrones históricos, comenzando por la inflación monetaria: una grosería gubernamental que destruye sistemáticamente el ahorro.

    A esto se le suman las pensiones de la CIS (Caja de Inseguridad Social), un putrefacto esquema Ponzi con fecha de caducidad en el que se pierde por completo lo ahorrado. En semejante realidad, lo que termina mandando no es el factor humano de la descendencia, sino la asquerosa intervención centralizada.

    Luego está el tema de la salud y sus severas distorsiones en una economía politizada. Vaya usted a buscar atención a la CIS, donde la supervivencia se resume en una lista de espera burocrática. Y no podemos olvidar al NODUCA, una deseducación obligada y diseñada para mantener al rebaño cercado.

    En cuanto a la vivienda, nuestros gobiernos la han vendido bajo la consigna del subsidio. El caso de los apartamentos que reemplazaron a las fincas y viviendas quemadas durante la Invasión debía ser aleccionador; pero no lo es, ya que muy pocos lo entienden.

    Pero donde la puerca tuerce el rabo es en la creación de instituciones gubernamentales que trastocan la función propia de la gobernanza, amoldándola a intereses bastardos y corruptos. En Panamá, el Estado está metido en todo lo que no le compete, transformando la gestión pública en un asalto empobrecedor. Para muestra de cómo el asistencialismo estatal destruye la estructura familiar, basta ver cómo en EE. UU. la proporción de hogares monoparentales en la comunidad negra se disparó del 22% al 67% entre 1960 y 1985 tras la expansión del Estado de bienestar.

    La familia ha dejado de ser soberana, reemplazada por instituciones gubernamentales políticamente corruptas y destructivas de la moral. Todo esto no es más que lo advertido por pensadores como Hayek en El camino de servidumbre: la tragedia de entregar la libertad a cambio de migajas. Y, a fin de cuentas, todo ello explica el fenómeno de la familia menguante. Si no rechazamos decididamente el estatismo, no hay salvación posible.

  • Del Casco Viejo al Nuevo

    Del Casco Viejo al Nuevo

    En su origen germánico, la palabra burgo designaba una torre, castillo o fortificación amurallada construida con el propósito de resguardar a una población en la Edad Media. Alrededor de estas fortalezas —e incluso de los monasterios—, mercaderes y artesanos se fueron asentando fuera de los muros, en el «extramuros». Dichos asentamientos periurbanos fueron conocidos como arrabales; o «El Arrabal», en el caso específico de nuestro Casco Viejo en Panamá.

    Sí, nuestro Casco Viejo fue un verdadero burgo. Cuando los piratas acechaban, los habitantes del arrabal cruzaban hacia el intramuros no solo buscando refugio, sino para sumarse activamente a la defensa.

    A dónde voy con estas líneas es a describir un fenómeno que pocos han advertido sobre Panamá: el hecho de que fue y, de cierta manera, sigue siendo un burgo rodeado de arrabales. Es cierto que el burgo moderno ya no ostenta murallas de cal y canto, pero en el mundo contemporáneo existen muchas otras clases de murallas.

    Al igual que en la época medieval, la ciudad fue evolucionando. Cuando cesaron los ataques piratas, fuimos derribando los muros de piedra del ayer para reemplazarlos con fronteras invisibles. Lo cierto es que en el corazón de nuestra capital habitan, principalmente, los burgueses (los del burgo), mientras que en la periferia se extienden los arrabales, intercalados a veces con nuevos enclaves acomodados. Valdría la pena preguntarnos cuánto hemos evolucionado realmente en cuanto a nuestras murallas socioeconómicas. Estas han mutado en rascacielos que funcionan como burgos financieros, manteniendo al margen a los del arrabal mediante sofisticados muros traslúcidos.

    Hoy en día, la dinámica de colaboración se ha pervertido. Los habitantes de los arrabales —tanto citadinos como migrantes del campo— ya no entran al burgo para acarrear piedras, verter agua hirviendo, reparar brechas, apagar incendios u operar ballestas. Hoy, las élites han aprendido a utilizarlos para fines más oscuros: los usan para legitimar con su voto a gobernantes corruptos o para articular protestas callejeras por encargo. A cambio, se les compensa con esquemas de «subsidios» que lo único que realmente subsidian y perpetúan es la pobreza.

    Los arrabales de hoy, igual que los de antaño, quedan atrapados tras nuevos anillos defensivos: infraestructuras deficientes, transporte precario y servicios colapsados de agua y electricidad. No se trata de pretender que el Burgo deba regalarles todo; se trata de señalar que mantener al arrabal en la ignorancia —mediante un sistema educativo deficiente (el «NODUCA») e instituciones clientelistas— es la forma más eficaz de condenarlo a vivir en el ayer.

  • Los países más ricos: no es ideología sino acciones

    Los países más ricos: no es ideología sino acciones

                         Como he señalado más de una vez, la econometría no tiene valor científico. Para empezar, cada cual realiza estas estadísticas y cálculos matemáticos, como el PIB, según sus criterios. De modo que, en el mejor de los casos pueden dibujar una tendencia con fines periodísticos. Hecha la aclaración, lo que muestra la realidad global es que la ideología, los discursos políticos son solo propaganda electoral, lo que cuenta son los hechos. La academia, la actividad intelectual, cuando es ciencia verdadera, puede influenciar a cualquier político o sociedad sea cual fuere su arenga electoral.

                          Gabriel Cohen publicó un interesante artículo titulado “Las mayores economías del mundo en 2026: nominal frente a PPA”. Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) significa comparar cuanto se puede adquirir con la misma cantidad de dinero. O sea, dos personas en países distintos pueden ganar nominalmente la misma cantidad, pero una consigue más bienes dado que allí los precios son más bajos, y entonces sería más rico.

                          El siguiente gráfico compara los países contando, por un lado, el PIB nominal, que mide la producción a las tasas de cambio actuales, y por el otro considerando la PPA, según los precios y el costo de vida locales. Los datos son proyectados para 2026.

    ideología

                      China ocupa el primer puesto como la mayor economía del mundo por PPA, dado que allí los precios son más bajos, mientras que EE.UU. sigue siendo el primero por PIB nominal que es la medida estándar utilizada para comparar economías globales ya que reflejaría la producción a las tasas de cambio actuales.

                               Con Deng Xiaoping, China inició a partir de 1978 el Gaige Kaifang, o Reforma y Apertura, proceso que emprendió para recusar al maoísmo y abrirse al mundo y al sector privado, y creció espectacularmente siendo hoy la segunda economía más grande del mundo por PIB nominal, superando a Alemania en 2007 y a Japón en 2010.

                              «No importa si el gato es blanco o negro, sino que cace ratones», fue la famosa frase de Deng marcando que lo que impacta es la realidad, las acciones que realmente ejecutan los gobiernos, no las ideologías que dicen representar.

                               La explicación filosófica es simple. El Estado, con su monopolio de la violencia -que siempre destruye- impone “leyes”, ergo, cuanto menos intervenga en la sociedad, menos destrucción ocurrirá. Así de simple, así de directo sin que importe el discurso político, el “color del gato”.

                                China superó a EE.UU. en PIB ajustado por PPA en 2014 situándose ya en USD 44,3 billones (proyectado para2026). Esto refleja las diferencias en los precios locales. Un dólar de producción en EE.UU. compra menos que uno en un país como China o India, esta última con el tercer PIB más grande del mundo ajustado por PPA.

                             Las clasificaciones por PPA destacan dónde se pueden producir o comprar bienes y servicios a menor precio, mientras que el PIB nominal sigue siendo la medida preferida para evaluar el tamaño de las estructuras financieras, el comercio internacional y la influencia global.

                           Por otro lado, Dorothy Neufeld escribe otra interesante columna titulada “Los países más ricos del mundo por PIB per cápita”. Es decir, el PIB nominal de cada país dividido por el número de habitantes, o sea, cuál sería la producción por cada ciudadano.

                           El siguiente gráfico compara el PIB per cápita de los países más ricos en el año 2000 contra el 2026 (estimado). Las cifras se muestran en dólares estadounidenses actuales y no se ajustan por inflación.

                               Destaca Irlanda donde los mismos políticos populistas que empobrecieron al país, rectificaron, “pusieron un gato que cace ratones”, bajaron el peso del Estado empezando por recortar impuestos y lograron que el país subiera del puesto 14 al 2º desde el año 2000, con un PIB per cápita que ya supera los USD 140.000, multiplicándose por cinco. La presión fiscal general en allí ronda el 22% del PIB, bien debajo del promedio europeo. EE.UU. esta en el puesto 7 con USD 94.430 y lejos China con USD 14.874.

                                 La siguiente tabla compara los países más ricos del mundo en 2000 y 2026 en términos de PIB nominal per cápita.

                              El auge refleja décadas de inversión extranjera de empresas multinacionales tecnológicas, farmacéuticas y financieras que utilizan Irlanda como base europea. Singapur también registró una de las mayores ganancias, pasando del puesto 20 al quinto. Ambos países ilustran cómo las economías más pequeñas pueden escalar rápidamente en el ranking global de riqueza atrayendo inversiones e industrias de alto valor. Lo que deja en claro además un detalle no menor.

                            Cuando en economía se dice que “los recursos son escasos” en realidad lo que es escaso es el stock actual de bienes y servicios, pero el principal recurso natural es el cerebro humano, su creatividad, que no tiene límite superior, sobreabunda en tanto el Estado no lo impida coactivamente, por ejemplo, con leyes de estatales de copyright que limitan los cerebros que pueden trabajar, sobre algunas ideas, a aquellos que ostentan el monopolio de esa idea garantizado por estas leyes. Por ello, los países más ricos son aquellos en los que el Estado coarta menos la creatividad humana, aun cuando tienen escasos bienes naturales distintos a la creatividad personal, como petróleo o tierras agrícolas.

  • ¿El Rico Explota al Pobre?

    ¿El Rico Explota al Pobre?

    La dificultad en corregir la ausencia de lógica y entendimiento del socialismo yace en las palabras, esas que usamos, pero sin entenderlas, tal como “envidia, rico, capital” y tantas más.

    Wanjiru Njoya saca a relucir la frase popularizada por Mark Twain: “Hay tres clases de mentiras: la mentira, las mentiras de “#$%&%, y las estadísticas”.

    La narrativa de Njoya me conduce por caminos poco trillados por la inmensa mayoría, dentro de la cual pulula la torcida narrativa del supuesto socialismo que muchos colegios enseñan como “historia”; que como bien señala Njoya, son narrativas que causan perjuicios inimaginables pues son falaces. La lógica para desmentir la falsedad del socialismo no es complicada; lo triste es que no es asunto de lógica sino de intestinos… en las Escrituras le llaman “envidia”, la cual: “no es pecado menor”, sino uno destructivo que abre la puerta a otros males…” O como dijo Santiago en 3:16: “Donde hay envidia y rivalidad, allí hay confusión y toda obra mala”.

    La dificultad en corregir la ausencia de lógica y entendimiento del socialismo yace en las palabras; esas que usamos, pero sin entenderlas, tal como “envidia, rico, capital” y tantas más. Pregunta a tus prójimos que te definan “riqueza” o “capitalismo” y encontrarás que la equivocación nace no sólo en no entender las palabras sino en la suspicacia y en el sentido peyorativo al usar vocablos como capitalismo”.

    Confundimos al capitalismo con: la codicia; la ganancia desmedida; la explotación; los millonarios; las grandes empresas y la desigualdad.

    O como decía Marx: “ se trata de un sistema en el cual el que más tiene explota al que menos”.

    Y cuando dijo “el que más tiene”, no sólo hablaba de dinero sino de riqueza… ¡Uy!, desafortunadamente pocos saben que riqueza no es dinero sino aquello que es “rico”, bueno y que conduce buen destino.

    Se llama “capitalismo” al uso de los capitales humanos para lograr progreso, bienestar y adelanto. Los “capitales” se refieren a cosas como: ‘el capital humano’, que es el mayor de los capitales; los atributos personales que aumentan la capacidad productiva y el valor de la persona; es el conocimiento; la aptitud; salud; educación; comunicación, capacidad de liderazgo; disciplina; resiliencia; experiencia; capacidad de aprendizaje y así val el asunto.

    Y con la envidia viene el rechazo: a lo “privado” y al letrero que lee: “propiedad privada, no entre”, y ello produce rechazo a la exclusión del pobre. Pero, tristemente, no ven el verdadero significado del vocablo “propio”; tal como cuando decimos “propio es del ave volar” o del barco flotar y del matrimonio el amor.

    Entonces, ¿será cierta la generalización de que “el rico explota al pobre”. En alguna medida sí pero… las generalizaciones son odiosas; ya que con semejante manta arropas a tantos que no solo no explotan, sino que son los que más riqueza producen y sacan a los pobres de la pobreza.

    ¿Tienes idea del porcentaje del capital que usan los millonarios para vivir? El millonario típico vive con menos del 1% y ni hablar Elon Musk, que sólo usa el 0.01% de su capital para vivir. Es el error típico está en la suma cero de la economía; de tantos que creen que la riqueza es una cantidad fija que hay que repartirla. La riqueza no tiene más límite que el que le ponemos en ignorancia.

    Veamos el Panamá de 1848, en dónde la pobreza extrema era lo común; hasta que llegó una empresa privada y construyó el ferrocarril de Panamá y las cosas comenzaron a cambiar. Y sí, luego tuvimos la Guerra de los Mil Días; triste realidad sembrada en nuestro lúgubre pasado.

    Hoy, la pobreza ha ido en mengua y las oportunidades en aumento; aunque ese pasado de ignorancia y explotación politiquera todavía lo padecemos.

  • A más gobierno más pobreza

    Dudo que podría excederme en mi constante criticar no sólo el desbocado poder gubernamental sino el desbocado tamaño de megalodón gubernamental. Y ¡ojo!, que no uso el término “estatal”, ya que estado, supuestamente somos todos y gobierno son los supuestos «servidores públicos», esos que poco sirven. El asunto está en ¿por qué no sirven? Y, la respuesta ya la di: porque se han o nos hemos excedido no sólo en el tamaño del aparato de gobierno sino en los encargos que le hemos o se han dado.

    Lo cierto es que, desde el momento en que una población permite el desbocamiento de su gobierno, dicha población está en problemas; ya que el aparato gubernamental es como un león glotón, que mientras más le das más quiere. Pero, no sólo eso, sino que dicho organismo estatal se va transformando y mutando en un monstruo que ya no sirve el interés de su gente, sino que sólo se enfoca en satisfacer su insaciable apetito.

    El elemento clave en todo esto es lograr que sean los ciudadanos, en su persona, en su familia, en el barrio y así, quienes atiendan y resuelvan sus vidas. ¡A cosas que jamás se delegan! La constitución la hace la gente, y le delega el cumplimiento de ello al gobierno. Pero, si, de salida, la constitución está mal constituida, allí comienza el problema. O peor, cuando una constitución, tal como la panameña, es tan torcida que instituye una absurda discrecionalidad a una abusadora clase política.

    Cuando hablamos del “mercado” estamos hablando de la relación entre ciudadanos, en dónde el poder estatal juega el papel mediador y no de ejecutor. Pero, cuando el gobierno pasa árbitro a jugador, se pone en marcha un proceso fatal; el proceso de juez y parte, permitiendo que el juez se quede con la mejor parte.

    Hay variedad de casos que ilustran el problema; tal como aquello del COVID o el Cambio Climático, que son como tantos males que, o no son tal como los pintan, o se curan con reposo y sopita de caldo de pollo; pero, ¡jamás con lobotomía!

    Cuando, como ocurre en Panamá, quien paga coima es quien se lleva la chuleta, entonces todo el mercado se prostituye. Me consta, ya que nuestra empresa perdió contratos ganados en licitación porque no “pagó”.

    Y ¡por supuesto! que los que menos tienen son los que más ilusión tienen de “¿qué hay para mí?” Es como el caso de los comederos para pájaros y tal, en dónde ya nadie trabaja en producir sino en ver qué “autoridad” es la que más promete dar lo que no le pertenece. Por algo en los años desde el COVID en nuestro patio son pocas las nuevas empresas que han sido creadas; sólo la informalidad y las botellas y garrafones.

    Desde 1751 ya personajes como el marqués d’Argenson habló del “laissez-faire”, que traduce “dejar hacer”. Tristísimo que luego de 271 años aún no veamos que dar al gobierno lo que es del gobierno y al pueblo lo que es del pueblo. En fin, los subsidios sirven, más que nada, para beneficiar a los politicastros y no a la población que, a la larga, sale perdiendo; ya que la verdadera riqueza es aquella que emana de la producción y no de la repartidera.

    Por otro lado, los precios deben obedecer o reflejar la realidad del mercado y no la codicia de los politiqueros. ¿Qué es más urgente, el aumento de salarios impuesto por agremiados o el logro de mayor empelo? Y, los bonos gubernamentales son un mecanismo destructor de la productividad y la riqueza. No es fácil de entender, pero es la realidad. En fin, sin una reducción del malgasto gubernamental, no hay salida.

  • El Manantial de la Riqueza

    Son muchos los economistas que sostienen que no se puede confiar en un libre mercado y por tanto los diputados y tal deben entrar a controlar lo que allí ocurre. Lo otro que también sostienen economistas de la vertiente del control centralizado, desde Keynes al día de hoy, es que el secreto del desarrollo depende del consumo y cuando el mercado flaquea el llamado “estado” debe actuar de bombero sacando las mangueras para rociar el país con dinero; aunque el mismo sea de Monopolio. El dinero fácil es el manantial de perversas inversiones o negocios poco productivos o simplemente improductivos. Y si a ello agregamos una actuación burrocrática por parte del personal de entidades gubernamentales no habrá incentivos para la inversión; que es parte del problema que tenemos en Panamá.

    Pero… antes de que puede haber producción tiene que darse un mercado lucrativo que permita ahorros pues, sin ahorros ¿de dónde saldrán los fondos para invertir? Nuestra familia Novey tuvo una industria que soportó pérdidas por 14 años antes de lograr ganancias; y luego escucha uno cometarios como: “¡qué suerte han tenido!” O ocurrió que nuestra industria de alimento avícola fueses forzada por el gobierno dictatorial a subsidiar a los avicultores mediante control de precios.

    La verdadera riqueza no está en los papelitos verdes sino en el ahorro y en el uso del capital, tanto físico como intelectual, junto con el trabajo que permite ser productivo. Pero en ello llega la politiquería corrupta que para ganar votos y enquistarse en los sillones del poder crea subsidios pérfidos que terminan produciendo terribles daños económicos y sociales.

    O están esas fabulosas pirámides a la grandeza de regentes mayúsculos en su ego y minúsculos en su actuar. Tal es el caso de la creación del Metro y de Mi Bus que aunque pocos lo ven, son mayúsculas barbaridades deficitarias que no solucionaron, sino que crearon más problemas al tránsito y al transporte. Llamar “subsidio” a semejantes esperpentos, por diversas razones, es patético; pues había mejores soluciones a una fracción de costo de inversión, operación y productividad. Pero hoy, que no alcanza el dinero para mantenimiento y que el desorden vial está peor que nunca, seguimos alabando las pirámides de la ignominia.

    Nuestro infortunio está en una población que no entiende de productividad y que vota por subsidiar los caminos a la servidumbre y la pobreza. En estos días bien lo señaló René Quevedo al decir que cada puesto de trabajo que se ha perdido en el sector formal ha sido reemplazado por 3 en el sector gubernamental; ese que algunos dicen es “formal” y que yo discrepo en ello, pues el verdadero formal paga impuestos surgidos de la producción y no de la imposición fiscal y la malversación.

    En un mercado libre de interferencias centrales politiqueras, empresarios somos todos. Es inmenso el sin sentido de vilipendiar el emprendimiento, al tiempo que se piense que el mero trabajar sea el motor de la productividad. Es empobrecedor el rechazo al emprendimiento productivo en nuestra sociedad; y más sufren quienes carecen de recursos. Quien quiera constatarlo nada más tiene que darse un paseo por Cuba.

    El primer ministro de Estonia cuando estuvo en Panamá en una conferencia de la APEDE preguntó: ¿Conocen ustedes el nombre del presidente de Suiza? Nadie entre los 300 presentes contestó. Y Mart Laar dijo: “No se preocupen, que los suizos tampoco lo conocen.».

    En fin, el buen gobierno es como las tuberías de aguas servidas, que están allí pero no tenemos que verlas ni olerlas.