Etiqueta: pobreza

  • Papa Francisco: una despedida desde la vereda crítica y el respeto.

    Una reflexión desde el disenso sobre la figura del Papa Francisco, su pontificado y el peso simbólico de su partida.

    No compartimos muchas de sus ideas. Fuimos críticos de su visión sobre la economía, del lugar que asignó al Estado en la vida de los pueblos y de ciertos gestos y silencios que, a nuestro juicio, tuvieron consecuencias políticas e históricas. Discrepamos con respeto, pero sin ambigüedades.

    Y sin embargo, hoy —ante su partida— elegimos el silencio antes que la insistencia, la reflexión antes que la polémica.

    Porque más allá de las diferencias, el Papa Francisco fue un hombre que cargó sobre sus hombros el peso de una de las instituciones más antiguas del mundo en un tiempo especialmente difícil. Su pontificado, iniciado en 2013, no fue uno más: fue el primero en venir “del fin del mundo”, el primer jesuita, el primer latinoamericano y el primer papa en más de 600 años en suceder a uno que había renunciado. La sola elección de Jorge Mario Bergoglio ya era, en sí misma, un gesto de ruptura histórica.

    Su papado fue profundamente político, aunque él insistiera en lo contrario. Fue la voz de los márgenes, de los descartados, de una Iglesia que buscaba volver a las periferias, como él mismo decía. Reformó el discurso papal, denunció las desigualdades, abrazó causas sociales y climáticas, y no temió señalar a los poderosos. Para algunos, un gesto profético. Para otros, una confusión peligrosa entre lo pastoral y lo ideológico.

    Pero más allá del acuerdo o el desacuerdo, nadie puede negar la centralidad de su figura. En un mundo cada vez más polarizado, Francisco eligió el puente antes que el muro, el diálogo antes que la condena, la ternura antes que el castigo. Con sus gestos —visitar cárceles, lavarle los pies a migrantes, arrodillarse ante la Virgen de Luján en silencio— comunicó mucho más que con sus encíclicas.

    Para millones de creyentes, fue un faro de consuelo y una presencia paternal en tiempos de incertidumbre. Para otros, una figura incómoda y a veces difícil de comprender. Y quizás ahí radique parte de su valor: en haber sido un papa que incomodó, que no buscó agradar, sino provocar una reacción, una reflexión, un examen de conciencia.

    Hoy, más allá de nuestras discrepancias, nos inclinamos ante la dimensión humana de su partida. Porque el dolor de una comunidad —en este caso, la católica— merece respeto, incluso por parte de quienes la miramos desde afuera o desde otra vereda.

    El cristianismo pierde a un Pastor. Y el mundo pierde una voz que, con todo lo discutible que pueda ser, no fue indiferente ni tibia.

    Que descanse en paz, Jorge Mario Bergoglio.

  • ¿Qué dice la filosofía sobre dar limosna?

    A veces, alguien nos pide una limosna. Y en ese instante, la duda aparece: ¿es realmente una ayuda o solo una manera de perpetuar el problema?

    En ocasiones nos encontramos con personas que nos piden una ayuda. En la calle o en algún lugar público solicitan educadamente, o incluso exigen, una contribución. Es posible que en estos casos nos surja la duda, con independencia del tono con el que se hace la petición o de quién procede, de si estamos haciendo lo correcto.

    ¿Empleará esta persona el dinero que le voy a dar para comer o para financiar el abuso de alcohol y otras sustancias? ¿Sería eso algo necesariamente malo? ¿Es posible que esta persona lleve en el bolsillo un teléfono de última generación que yo no me puedo permitir? ¿Me parece todo esto bien? ¿No sería mejor canalizar esta ayuda a través de una ONG especializada?

    Estos interrogantes remiten a una cuestión abordada por el pensamiento filosófico a lo largo de la historia. La filosofía no resuelve la cuestión (no es su función hacerlo), pero nos da pistas y razones para reflexionar críticamente sobre nuestro posicionamiento de cara a luchar contra las injusticias y las desigualdades sociales.

    La limosna en la Antigüedad

    En la República de Platón, título que denomina el estado ideal que propone el filósofo, no hay espacio para la mendicidad. Es un estado organizado y orientado a la eficacia donde quien pide limosna lo hace de una forma ilegítima:

    “Que no haya mendigos en nuestro Estado. Si alguno le ocurriese el mendigar y el procurarse con qué vivir a fuerza de limosnas, que los agoránomos le arrojen de la plaza pública, los astínomos de la ciudad, y los agrónomos de todo el territorio, a fin de que el país se vea completamente libre de esta especie de animales”.

    Tanto Platón como su discípulo Aristóteles pretenden organizar el estado mediante leyes que “den a cada cual lo que le corresponde”. Pero no debemos entender esto como una forma de redistribución de la riqueza, ni como una reivindicación de los derechos humanos tal y como hoy los entendemos. Es más bien una expresión de la idea conforme a la cual cada rol en la sociedad está marcado (normalmente desde el nacimiento hasta la muerte) de una forma rígida y, según el lugar que se ocupa en la sociedad, se tienen unos u otros privilegios.

    En el pensamiento estoico, hoy en día tan de moda, se abandona esa mirada hacia el exterior, hacia la ciudad, y se vuelve hacia el interior de la persona. No se pone el énfasis tanto en la organización de la polis como en la virtud individual, la razón autónoma y, por supuesto, el estoicismo (el mantenerse imperturbable frente a las adversidades). Esto articula el pensamiento de Marco Aurelio o Séneca, por otro lado dos de las personas más ricas y poderosas del Imperio romano.

    Pero incluso Epícteto, que había sufrido la condición de esclavo, plantea la pobreza y las adversidades en términos de búsqueda de la dignidad y la serenidad de forma autónoma. Quizá por esto hoy en día el estoicismo esté siendo planteado como una filosofía acorde a nuestros tiempos y defendida por posicionamientos filosóficos y políticas económicas cercanas al individualismo más radical. Ambos piden que las personas acepten su condición sin tomar demasiado en consideración los factores sociales que condicionan la situación de pobreza.

    La mendicidad según el cristianismo

    Con la aparición del cristianismo se dignifica la pobreza, al menos desde el punto de vista formal. Jesús nace pobre y reivindica esa condición para él y sus seguidores. La caridad se convierte en uno de los pilares de la sociedad, y las personas que mendigan se transforman en objetos de caridad sobre los que se puede practicar la virtud de la limosna.

    La caridad en la Edad Media estaba institucionalizada y asociada a prácticas cristianas. Las personas que no podían trabajar debido a discapacidades, enfermedades o vejez tenían derecho a mendigar, y esta práctica era vista como un mecanismo legítimo. Hasta tal punto es así que en el siglo XIII aparecen las órdenes mendicantes que pretenden renovar a la Iglesia a través de la limosna.

    Un anciano sostiene a una niña y ambos piden ante una mujer que les da limosna.
    Belisario pidiendo limosna, de Jacques-Louis David, en el que retrata al antiguo héroe del Imperio bizantino mendigando.
    Wikimedia Commons

    Francisco de Asís o Domingo de Guzmán fundarán órdenes basadas en el servicio a los pobres, que se mantienen con su trabajo y practicando la mendicidad. El enfrentamiento entre los teólogos que defendían la pobreza de Cristo (principalmente el franciscano Guillermo de Ockam) frente a los del papa Juan XXII, que sostenían que tanto Jesús como los apóstoles habían tenido posesiones legítimamente, creará un conflicto que Umberto Eco reflejará magistralmente en la novela El nombre de la rosa.

    En la Edad Media también aparecen cofradías que organizaban la mendicidad, especialmente para personas ciegas o con otras discapacidades. Estas corporaciones gestionaban las limosnas de forma colectiva para asegurar una distribución justa entre sus miembros.

    Por su parte, el islam establece como uno de sus cinco pilares el zakat, que se considera un deber religioso obligatorio para quienes poseen bienes suficientes. Tiene como objetivo purificar la riqueza del creyente y garantizar que una parte de ella beneficie a los necesitados, promoviendo así lo que llamaríamos hoy la equidad social. No hay que confundir esta obligación con la “limosna” voluntaria, la sadaqa, que puede darse de forma independiente.

    Más allá del Medievo

    En el siglo XVI, Juan Luis Vives es el primer pensador en escribir un tratado sobre la pobreza (De subventione pauperum). Propone sistemas de socorro y “seguridad” social ligados fundamentalmente a la atención a las personas que han tenido la desgracia (que equipara a una enfermedad) de caer en la pobreza. En definitiva, considera que la solución consiste en facilitar trabajo, actividad y también recursos económicos a las personas necesitadas.

    Y en el siglo XIX, dos pensadores abordarán el tema desde diferentes perspectivas pero alcanzando la misma conclusión.

    De acuerdo con Max Weber, la ética protestante es uno de los principales motores del surgimiento del capitalismo. Según esa doctrina, la riqueza se convertirá en un signo de que se es una persona llamada a la salvación. Así, la pobreza y la mendicidad se estigmatizan y pasan a ser planteadas como un problema social a resolver por la modernidad. Las leyes regulaban que solo podían pedir limosna quienes demostraran ser incapaces de trabajar.

    La propia Contrarreforma católica del siglo XVII había reducido el prestigio de la pobreza como ideal y prohibido la mendicidad a quienes no fueran “inválidos, viejos o enfermos”.

    Por otro lado, Karl Marx opina que los mendigos pertenecen al “lumpen” (lumpenproletariat), no tienen conciencia de clase obrera y muchas veces actúan como aliados involuntarios del estado burgués. En el planteamiento de estado marxista no hay espacio para una clase subproletaria. El estado es responsable de la organización del trabajo y de la redistribución de la riqueza, por lo que la mendicidad no debería existir.

    Una mujer le da dinero a un niño pequeño que pide.
    La limosna, de Joaquín Sorolla.
    Red Digital de Colecciones de museos de España (Museo Sorolla)

    Su contemporáneo, Stuart Mill, una cara amable de la filosofía utilitarista, considera positivo en su obra Principios de economía política diseñar políticas sociales que generen oportunidades para todo el mundo. Cree que la pobreza engendra pobreza y que las ayudas son útiles para fomentar la prosperidad de la sociedad en general.

    En definitiva, la filosofía aborda la cuestión planteada desde muy diversos puntos de vista. No está en condiciones de ofrecer una solución definitiva, pero propone enfoques y argumentos con los que construir una visión crítica y argumentada, abierta al diálogo racional. Esto último es muy necesario cuando se abordan cuestiones políticas difíciles y controvertidas, que muchas veces requieren de soluciones complejas para problemas multidimensionales.The Conversation

    Manuel García Ortiz, Licenciado en Filosofía. Doctorando en Derecho. Especializado en Bioética y Derecho de la Discapacidad, Universidad de Castilla-La Mancha

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Ejército norcoreano en crisis: soldados buscan colillas de cigarrillos

    El Ejército norcoreano (Popular de Corea del Norte) enfrenta una crisis interna que revela el deterioro de sus condiciones de vida. Un reciente informe de Radio Free Asia (RFA) expuso que los soldados del ejército norcoreano han comenzado a buscar colillas de cigarrillos en las calles para poder fumar, ya que sus raciones de tabaco han sido reducidas y en muchos casos son acaparadas por los oficiales de alto rango. Esta práctica ha sido considerada una «falta de disciplina» por las autoridades militares, quienes han anunciado sanciones severas para quienes sean sorprendidos en esta actividad.

    Según la investigación de RFA, esta problemática fue abordada el pasado 14 de marzo en una videoconferencia de la Oficina General de Política del Ejército. En esta reunión, se discutió sobre «la laxitud en la disciplina de los comandantes y soldados», abordando temas como el aumento de deserciones, robos y, ahora, la recolección de colillas de cigarrillos. Como resultado, se estableció que cualquier soldado sorprendido recogiendo colillas en la calle será castigado con «trabajo revolucionario» durante al menos tres meses, lo que implica la asignación a las tareas más duras dentro del ejército.

    Raciones de Cigarrillos: De la Promesa al Despojo

    El ejército norcoreano tiene estipulado proveer a cada soldado con 15 paquetes de cigarrillos al mes. Sin embargo, según fuentes militares citadas por RFA, los comandantes se apropian de una parte significativa de estas raciones, dejando a los soldados con pocas o ninguna unidad para su consumo. Esta situación ha forzado a los soldados a recurrir a la recolección de colillas en las calles, una imagen que pone en jaque la propaganda estatal sobre la fortaleza y la autosuficiencia del ejército norcoreano.

    El problema no solo afecta a la infantería general, sino también a unidades de élite como la guardia fronteriza, que históricamente ha estado mejor abastecida. En el pasado, estos soldados recibían 15 paquetes de cigarrillos de la marca Baekseung al mes. No obstante, desde el otoño pasado, la cantidad fue reducida a 10 paquetes, y tras la apropiación de los comandantes, los soldados solo reciben 7 paquetes en promedio.

    El Impacto en Soldados Hombres y Mujeres

    El informe de RFA también destaca una particularidad: no solo los soldados varones buscan colillas de cigarrillos, sino que también se ha visto a mujeres soldados recogiendo los filtros de los cigarrillos. Mientras que los hombres buscan restos de tabaco para fumar, las mujeres utilizan los filtros para obtener algodón, un recurso que luego es utilizado en la confección de ropa o mantas ceremoniales para bodas, una tradición en Corea del Norte. Muchas de estas mujeres intercambian el tabaco recolectado con sus compañeros por los filtros, y luego venden el algodón obtenido para comprar alimentos, evidenciando una crisis de abastecimiento mucho más profunda.

    Una Crisis que Supera las Amenazas

    El hecho de que los soldados recurran a la recolección de colillas y que incluso vendan estos restos para comprar comida deja en evidencia un problema mayor: el deterioro de la logística de abastecimiento militar y las precarias condiciones en las que viven los soldados del régimen de Kim Jong-un. Más allá de las amenazas de trabajo forzado como castigo, la realidad sugiere que las necesidades básicas de los soldados no están siendo cubiertas. La situación refleja un ejército donde la jerarquía no solo controla la disciplina, sino también los bienes esenciales para la supervivencia.

    El gobierno de Corea del Norte se ha esforzado en proyectar una imagen de poder militar inquebrantable, pero hechos como estos revelan fisuras en la estructura que sostiene a uno de los ejércitos más grandes del mundo en número de efectivos. Con soldados que dependen de colillas de cigarrillos para sobrevivir, la retórica de fortaleza del régimen queda más expuesta que nunca.

    Fuente: Radio Free Asia (Moon Sung Whui, 2025)

  • Menos Mal que Tenemos Economía Informal

    En Panamá, tanto los gobiernos del estado como los medios de información y los grupos que idealizan el confisca parte y reparte para quedarse con la mejor parte, ignoran o peor, burlan la libertad capitalista con el propósito de favorecer el intervencionismo central politiquero que es el fétido manantial de su corrupción. Es común ver los artículos mediáticos que culpan a lo que ellos llaman “la economía informal” de los problemas de pobreza, tal como la falta de seguridad social, transporte, alimento y más. Y ¡por supuesto! que ese cuento es fácil de tragar ya que se cuela por las sendas del peor de los pecados que es la envidia y el deseo desordenado de resolver las carencias personales aunque sea pisoteando las de otros.

    Según Iniciativa en Panamá Sin Pobreza, la economía informal casi alcanza el 50%, aunque hay quienes, como yo, aseveran que es mucho mayor; entre otras, dado que dentro de la supuesta formalidad hay un buen grado de informalidad, de tantas empresas, particularmente pequeñas, que buscan desesperadamente como sobrevivir los embates de la burrocracia gubernamental. Y lo tristísimo de ello es que casi nadie apunta o destaca que tanto la formalidad como la informalidad son calificaciones subjetivas y hasta hipócritas; tal como cuando se dice que la informalidad es mala y la formalidad buena.

    ¿Qué hay de malo en ganarte la vida por la vía que llaman economía informal, cuando ir por lo formal es imposible? En todo caso, ¡menos mal! que existe la vía informal. Y es que como bien apunta el joven boliviano Sergio López -ecónomo graduado en la Universidad de Arkansas, quien estudia la historia de Bolivia y más, “las estadísticas denotan la naturaleza arraigada en las políticas estatales y su impacto socioeconómico perjudicial.”

    Sergio López también señala algo más tétrico que yo veo también tenemos en Panamá: “Bolivia tiene una sicosis estatista destructiva que parece imposible de ser revertida y que les lanza de manera eterna en un abismal ciclo de una crisis tras otra.” En Panamá yo la he venido ventilando en mis apuntes como columnista de diversos medios como el fenómeno del “no a la privatización”; ya que si no quieres empresa privada… ¿¡Qué rayos quieres!? Obvio, pues la única alternativa es la del estatismo o marxismo. O peor, al “maleanterismo político”.

    Recién escuché al presidente Mulino quejarse de que resulta casi imposible para un informal inscribirse en el programa de IVM individual; lo cual es absurdo y confirma lo que vengo señalando. En Panamá es común decir que “los empresarios también andan con la corrupción”. ¡Por supuesto!, ya que todos estamos inmersos en la burrocracia y quien no paga la coima lo llevan a la quiebra.

    Lo otro que me saca de quicio es escuchar: “Ojalá Mulino resuelva todo…” ¡No!, mis estimados hermanos; Por más bien que apunte Mulino, él no es mago. Si los panameños rechazamos las verdaderas soluciones, no hay salida. Y, por otro lado, pocos saben o se atreven a proponer verdaderas soluciones a los problemas; ya sean de la CSS, de la educación, etc. ya que todas resultan impopulares. Es como ocurre con la Mina de Cobre que la quieren cerrar en vez de arreglar; con lo cual vamos a causar mayor daño económico y ambiental que lo que produjeron los corruptos políticos que nos metieron en el jaleo.

    Salir de los enredos en que nos hemos metido no será nada fácil y habrá que tomar medidas muy duras de tragar. Las soluciones existen pero no será posible si preferimos seguir con el “bien cuidao” politiquero. Algo de esto habló Rubén Castillo con un mensaje dirigido a “quienes amenazan con salir a las calles… a imponer criterios”, pero no soluciones.

  • Menos gobierno mejores gobiernos

    ¿Cuántos panameños creen que nuestros gobiernos han contribuido a disminuir la pobreza en el país? Algunos pensarán que fueron “beneficiados”, pero si les preguntas: ¿beneficiados, cómo así? La respuesta típica sería algo como: “Bueno, es que me dieron un trabajo en la fábrica de botellas? Pero el asunto va mucho más allá y si hemos puesto algo de atención verán que lo que hacen los gobiernos es más de lo mismo: más engaño, actividad improductiva, más creación de pobreza y dependencia.

    Quien esté verdaderamente interesado en conocer la realidad del mejor camino de salida de la pobreza debe comenzar por entender algo muy básico; que la pobreza es el estado natural del ser humano. Que para llegar a la riqueza hay que usar la inteligencia y trabajar muy duro, sin esperar que Tío Gobierno te tire la toalla; pues, simplemente, eso no es gobernar sino controlar y crear sumisión.

    Hoy día la inmensa mayoría de los que llamamos pobres viven mucho mejor que los reyes de antaño. La extrema pobreza era el estado típico de la inmensa mayoría; y que los ricos de antaño lo eran relativo a la masa. El progreso económico y de vida surgió a partir del mercado, de los intercambios voluntarios entre la gente, bajo sistemas de libertad y respeto a los derechos humanos, con poca intervención normativa.

    En particular, el gran cambio hacia la riqueza comenzó con la Revolución Industrial y la publicación de Adam Smith, Wealth of Nations (la riqueza de las naciones); en dónde expuso la importancia de una especialización, de manera que ello contribuyó al intercambio de bienes y servicios.

    Otro elemento que contribuyó al incremento general de la riqueza, y que pocos conocen, fue el nacimiento de los EE.UU. Que, en especial, exaltó la importancia fundamental de la libertad; del respeto a la vida, la expresión, el tránsito y a la propiedad; lo cual se traduce en simplicidad. Por algo, la primera constitución gringa sólo tuvo 7 artículos y no como la nuestra con más de 300.

    En términos más simples: a menos políticos y menos funcionarios mayor riqueza. Quien se tome el trabajo de examinar las leyes y reglamentos que tenemos, verá que sus propósitos no apuntan a lo sencillo, ya que si es muy fácil no da lugar a la coima.

    Otro aspecto que obviamente no vemos o peor, vemos y nos importa un bledo, es el proteccionismo que no solo no protege sino que crea dependencia y pobreza. Tanto en los EE.UU. como en Panamá, los emigrantes han sido motor del desarrollo y leyes que limitan el trabajo de buenos extranjeros son dañinas, dado que dichas leyes existen no para crear riqueza sino para dar votos a los zorros políticos del gallinero.

    Otra realidad poco conocida es que cuando los gobiernos subsidian, si es que es tal cosa, con ello logran más pobreza. O lo peor, es que muchos politicastros lucran con la pobreza, ya que el desvalido es quien les da más votos. ¿Sabes cuánto de cada dólar cobrado en impuestos llegan al pobre?

    Los impuestos sólo son buenos cuando no son exagerados, ya que cuando son excesivos alimentan la corrupción. Otro gallo cantaría si los panameños pudiésemos ver la realidad de grandes obras, tales como la del Metro, cuyos costos de construcción y luego de operación han sido abominables.

    Ningún político puede sacarlo a uno de la pobreza. Si no puedes salir por esfuerzo propio es mentira que algún funcionario contribuirá; a menos que sea disminuyendo las trabas típicas de la burrocracia.

  • ¿Qué subsidian los carnavales?

    Les ruego se refieran a un estudio realizado en el 2006 por nuestra empresa[download id=»19850″ template=»title»] , hoy en estado de hibernación por, en su momento, haberse negado a pagar las coimas del caso en concursos internacionales ganados en licitaciones públicas. El estudio deja reclara la corrupción que representan los subsidios y que terminan empobreciendo a la población de en dimensiones y maneras que pocos imaginamos. Y, aunque en el título de este escrito hablo de carnavales el lector quedaría atónito al ver, como dije, la dimensión del perjuicio socioeconómico.

    No más para iniciar el tema, veamos lo que publicó la Estrella de Panamá en relación a los carnavales del 2024 https://www.laestrella.com.pa/economia/derrama-economica-de-carnaval-2024-podria-superar-los-300-millones-XN6078011 cuando advierten que el derroche de subsidio podría superar los 300 millones. El problemita, si leyeron el estudio que hicimos en Goethals en el 2006, es el de la mentira cuando llaman “subsidio” a lo que no subsidia; o cuando califican la noducación del MEDUCA como “gratuita”; que es como decir que un cáncer metastásico es gratis y beneficioso.

    El artículo de la Estrella dice que “economistas y la JD del Carnaval capitalino estiman esta cifra como parte del consumo que circula en la economía…” Como bien señala Murray Rothbard en su magistral obra El Hombre, Economía y el Estado, “todo el dinero nunca se “mueve” en una misteriosa “circulación”; es decir, que si no la mueves en un carnaval la moverás por otro lado y lo más probable de manera más provechosa. En otras palabras, en todo momento existe una suma dada de dineros productos en dispersión y es peligroso y engañoso andar con la tontería de hablar del dinero en circulación como si esto fuese algo productivo. Y también el otro engaño de una “velocidad de circulación”. En fin, ojo con los llamados “economistas”, particularmente los del gobierno cuyo trabajo es complacer al político…

    Y peor cuando el artículo de la Estrella habla de “derrama económica”, como si las fiestas del Rey Momo, dios de la sátira las burlas y la mofa. ¿Realmente creen que estas cosas son productivas? Bueno… tal vez sí, para los políticos bribones.

    También señala el artículo que las fiestas del Momo son económicamente importantes para hoteles, transporte, gasolineras; lo cual lleva a preguntar: ¿Si no se hace el carnaval habría una merma económica? Bueno, tal vez lo que se propone es ayudar las economías de sitios carnavaleros del interior. Pero… ¿no habrá mejores formas de ayudar?, tal como reducir la corrupción gubernamental, mejorar la educación, etc.?

    Y si en Panamá no llueve, en Brasil no escampa, cuando allá se celebran los carnavales con verdadero fervor y aporte politiquero. Y… curioso que sus carnavales originaron como festivales católicos conocidos como paradas “blocos”. Por supuesto que cuando se da una gran presión social para el jolgorio los politicastros estarán allí con los billetes de los impuestos ansiosos por satisfacer su clientela. El asunto es si realmente ello es productivo.

    En el fondo está la falacia económica de mercados que quedan distorsionados por la mano politiquera de maneras que no advertimos; como bien advierte la ley económica formulada por Bastiat, sobre “lo que se ve y lo que no se ve». Se distorsionan las señales del mercado que, a su vez, distorsionan las asignaciones y eficiencia del gasto. El error está en creer que los gobiernos y sus manipuladores políticos son duchos en las asignaciones económicas… ¡ja!

    En síntesis, estamos frente a la falacia de la gobernanza emprendedora o empresarial, craso error sembrado en nuestra corrupta constitución y diseminada en el «no a la privatización».

  • El Regalierno Produce Pobreza

    El “regalierno”, como le llamo yo al gobierno regalón, empobrece a todos debido a que destruye el mercado o intercambio de bienes y servicios entre los ciudadanos; intercambio que es la base de la creación de riqueza humana.

    Buenos indicadores advierten que gran parte del mundo ya ha entrado en recesión o está entrando; lo cual nos lleva a definir de forma somera la recesión como una mala asignación de los recursos económicos por dislocados intereses politiqueros o peor, por intereses de pillaje, tan comunes en nuestro patio y más allá.

    Son muchos los factores que alteran el libre mercado llevándonos a ciclos recesivos; tal como cuando políticos amantes del clientelismo prometen aumentos de salario mínimo, control de precios, descuentos, subsidios y más subsidios. Como bien se ha dicho a cansancio “nada es gratis” en el regalierno y digo yo que toda carnada lleva anzuelo.

    En fin, nadie puede controlar los intercambios que se dan a diario entre millones de personas en el mercado. Lo que sí pueden hacer es cambiar las reglas del juego para servir intereses bastardos que piensan les pueden favorecer para llegar puestos de poder que les permiten robar a sus anchas.

    Dicho todo lo anterior, sí es cierto que la inflación ya está golpeando los bolsillos de todos; afectando más a unos que a otros ¡por supuesto! Y una vez más… “inflación” no es aumento de precios sino la pérdida del valor o poder adquisitivo de la moneda. En épocas cuando el dinero eran cosas como la sal, cacao y tal, si alguien traía cacao en cantidad de otras partes y lo tiraba al mercado, cuando intentabas pagar con él, te pedían más cantidad del mismo porque se había vuelto fácil de conseguirlo. Tan simple y tan difícil de entender.

    La verdadera asistencia económica social jamás debe ser parasitaria que llega para quedarse, ya que al final todos terminamos pagándola. Lastimosamente los mercaderes de la mentira han dado por llamar “derechos” a los subsidios; lo cual es ¡absurdo! Tal como tener derecho a subsidios pero no al libre tránsito que nos quitan grupos sindicales. Todos estos son factores que inciden en la recesión y crean pobreza: el regalierno.

    Luego, con cada nuevo regalón político, el gobierno sale a cacarear que debemos aumentar impuestos; con lo cual el gobierno de turno y los anteriores van tomando una tajada más grande de los panameños que realmente producen cosas y servicios de valor para destinar dichos recursos a malas inversiones y al pillaje. Lo que pocos ven es que el verdadero gasto que vale es la capacidad de gasto de la gente que es el motor de una economía sana.

    Bien dijo Rothbard que todo impuesto y el gasto resultante disminuye los ahorros y el consumo por parte de auténticos productores, y pasa al supuesto beneficio parasítico de los consumidores que nada producen.” Visto así, el gasto gubernamental no es una suma cero sino una suma negativa.

    Lastimosamente en Panamá demasiados creen que el gobierno es el motor de la economía cuando, en realidad, es el desastre de la misma. Panamá puede y debía ser el país más rico de América pero con la carga de maleantes que disque gobiernan… Y ¡por supuesto! que todo ello desincentiva a buen productor y convierte a muchos empresarios en coimeros ya que si no pagan los quiebran.

    Sin ahorro y la inversión privada no vamos a ningún lado. El secreto de nuestro progreso está en disminuir el gasto gubernamental. ¿Cuántos candidatos a las próximas elecciones prometen disminuir el inútil gasto central?

  • El Dilema de la Prosperidad: Retretes vs. Cohetes – Reflexiones sobre el G-20

    La medición de la prosperidad de una nación y la evaluación de su política económica y su impacto en la felicidad de la población no son tareas sencillas. A menudo, los economistas recurren al método simplista de medir la producción nacional y dividirla por la población, obteniendo así el producto per cápita. Sin embargo, este enfoque no considera la complejidad del bienestar y la calidad de vida de una sociedad. Guy Sorman, en su artículo «G-20: la parábola de los cohetes espaciales», publicado en el periódico ABC nos sumerge en una reflexión profunda sobre cómo evaluar el desarrollo y la prosperidad de una nación.

    Sorman destaca que la mera medición económica es insuficiente, ya que no tiene en cuenta el poder adquisitivo de las diferentes monedas ni la distribución de la riqueza dentro de un país. Para abordar esta limitación, los economistas introdujeron el coeficiente de Gini, que compara los ingresos del 10% más rico con los del 10% más pobre para evaluar la justicia social. Este coeficiente revela disparidades significativas en países como Brasil e India, en contraste con la relativa igualdad de ingresos en Escandinavia.

    Amartya Sen, un economista indio de renombre, llevó esta evaluación un paso más allá al proponer un índice de bienestar humano que también incorpora el acceso a la educación y la atención médica. Este enfoque multidimensional reconoce que el desarrollo no se limita a las cifras económicas, sino que abarca la calidad de vida de una sociedad en su conjunto.

    En sus palabras, Sorman plantea una pregunta esencial: «¿Qué contribuye más al bienestar de los indios, los retretes o las naves espaciales? ¿Coincide el progreso humano con el desarrollo?». Esta pregunta nos lleva a la India, donde recientemente se produjeron dos eventos aparentemente contradictorios que arrojan luz sobre esta cuestión.

    Por un lado, el Gobierno indio logró éxitos notables en la exploración espacial en un período de dos semanas. Instaló un laboratorio de observación en el polo sur de la Luna y envió una sonda solar al espacio. Estos logros resaltan el avance científico y tecnológico de la India, así como su creciente influencia en la comunidad internacional. Sin embargo, Sorman se cuestiona la utilidad de estos esfuerzos y plantea si realmente contribuyen al bienestar de la población.

    Por otro lado, en India, pasó desapercibida la muerte de Bindeshwar Pathak, un discípulo de Mahatma Gandhi. Gandhi creía que el progreso de la nación debería medirse en función del bienestar de la mujer india más pobre. Pathak abordó una desigualdad apremiante al diseñar un inodoro de arcilla simple que no requería infraestructura costosa y promovió su instalación en comunidades marginadas. Esta iniciativa buscaba mejorar las condiciones de vida de las mujeres más desfavorecidas y abordar problemas como la defecación al aire libre, que conlleva humillación y enfermedades.

    Este contraste plantea una cuestión fundamental: ¿qué es más importante para el bienestar de un país, la tecnología espacial o los servicios básicos como los retretes? ¿El progreso humano es un componente esencial del desarrollo económico? Estas preguntas son cruciales en un mundo donde algunos países parecen priorizar el poder sobre el progreso humano. China y Rusia, por ejemplo, han optado por el poder, arriesgándose a sacrificar el progreso humano en el proceso.

    Sorman concluye destacando que estas cuestiones fundamentales a menudo se pasan por alto en las cumbres de jefes de Estado, a pesar de su importancia. El poder y la prosperidad no siempre van de la mano, y la elección entre retretes y cohetes puede tener un impacto significativo en la vida de las personas.

    En resumen, Guy Sorman nos ofrece una visión provocadora sobre la medición de la prosperidad y el desarrollo, utilizando ejemplos de la India para ilustrar su punto.

    Su artículo nos insta a reflexionar sobre qué realmente importa en la búsqueda del progreso humano y económico y subraya la complejidad de evaluar el verdadero bienestar de una sociedad.

  • Sobre un autor preferido de Borges

    Emanuel Swedenborg nació en Suecia en 1688. Su obra más conocida, “El cielo y sus maravillas, y el infierno”, versa sobre al acercamiento mayor o menor a la Perfección según nuestras conductas.

    Una conferencia de Borges pronunciada el 9 de junio de 1978 despertó mi curiosidad sobre un personaje al que el disertante dijo que “quizá el hombre más extraordinario -si es que admitimos esos superlativos- fue Emanuel Swedenborg” por quien se interesó a raíz de un escrito de Ralph Waldo Emerson y del hecho que el libro más difundido de Swedenborg se encontraba en la biblioteca de su padre, en Ginebra, en 1915 (luego en Buenos Aires volvería a leer esa obra junto a Xul Solar). Personalmente no asistí a esa presentación borgeana pero la leí en una publicación de 1979 titulada Borges oral de Emecé Editores/Editorial Belgrano.

    El personaje de marras nació en Suecia en 1688 y sus estudios y obras publicadas de su primera época se refieren a las matemáticas, a la biología, la anatomía y la física. A partir de 1745 se dedicó por entero a la teología (solamente en esta materia sus escritos ocupan ocho volúmenes) sobre la cual su libro más conocido es El cielo y sus maravillas, y el infierno publicado originalmente en latín en 1758 y traducido al inglés en 1933 y al castellano en 1991. James Joyce sostiene que este escrito “es la obra maestra de Swedenborg”.

    A diferencia de mentes calenturientas de no pocos predicadores religiosos que describen lo que ocurre después de la muerte con lujo de detalles inauditos y aludiendo al cielo y al infierno a través de lecturas bíblicas literales y no referencias metafóricas o alegóricas, a diferencia de estas interpretaciones decimos, el eje central de Swedenborg apunta al acercamiento mayor o menor a la Perfección según hayan sido nuestras conductas. En este sentido, escribe que “al mencionar las acciones y las obras se alude a su contenido y no a su aspecto exterior, ya que como todo el mundo sabe, toda acción y toda obra emanan de la voluntad y el pensamiento del hombre; de no ser así, serían meros movimientos, como los que ejecuta un autómata”. Y antes de esta encendida defensa del libre albedrío y la consiguiente responsabilidad individual por nuestros actos, manifiesta que “a la paz interna se accede solamente a través de la sabiduría y, por ende, solamente a través de la conjunción del bien y la verdad, dado que la sabiduría emana de esa conjunción”. De este modo el autor apunta a la psique, el alma o la mente como lo característico y sobresaliente en el ser humano, cuya alimentación es inexorable para el autoperfeccionamiento y la actualización de las respectivas potencialidades, únicas e irrepetibles en cada uno.

    En la misma línea argumental, subraya que “en el mundo espiritual, la distancia [con la Perfección o Dios] está determinada exclusivamente por los estados de interioridad […] los que son más perfectos, es decir, los que sobresalen por su bondad, su amor, sabiduría e inteligencia, están en el centro: los menos destacados se ubican alrededor, a una distancia que varía según el grado decreciente de su perfección. Su orden de ubicación es semejante al de una luz que va disminuyendo del centro a la periferia” y, más adelante, reafirma que “el mal en el hombre es el infierno dentro suyo, puesto que el decir mal o el infierno viene a ser la misma cosa. Y como el hombre es la causa de su propia maldad, es el mismo quien se conduce al infierno”.

    Estas reflexiones se condicen con la lógica y presentan correlatos bastante estrechos con lo consignado por el doctor en medicina y doctor en filosofía Raymond Moody en su obra en dos tomos titulada Vida después de la vida que reproduce relatos de personas que han sido declaradas clínicamente muertas pero pudieron ser reanimadas, lo cual reitera la también facultativa Elisabeth Kubler-Ross quien prologa este libro y quien por su parte publicó en la misma línea argumental La muerte: un amanecer. También es sumamente revelador en la misma dirección el testimonio de Ebon Alexander (profesor de neurofisiología y también neurocirujano en la Medical School de Harvard) quien estuvo en coma siete días como consecuencia de una meningitis bacteriana que mantuvo su corteza cortical inactivada (Proof of Heaven). Este es el sentido por el cual con anterioridad cuando le preguntaron a Carl Jung si creía en Dios respondió “No creo en Dios, sé que Dios existe.”

    En realidad hay solo dos pilares que son posibles de abordarse de modo racional: la existencia de una Primera Causa y la inmortalidad de los estados de conciencia o del alma. Lo primero debido a que no resulta posible una regresión ad infinitum en nuestra existencia, de lo contrario, si nunca comenzaron las causas que nos dieron origen no existiríamos, lo cual no es incompatible con el Big Bang como fenómeno necesariamente subordinado a la Primera Causa o Dios ya que se trata de lo contingente, no de lo necesario. En segundo lugar, la mente, la psique, el alma o los estados de conciencia (lo inmaterial, lo que no se deteriora, aquello que nos distingue de ser solo kilos de protoplasma) son inexorables para que tengan sentido las proposiciones verdaderas o falsas, la argumentación, las ideas autogeneradas, la revisión de nuestro propios juicios, la responsabilidad individual y la moralidad de los actos. Entre otros muchos autores, Richard Swinburne -profesor emérito de la Universidad de Oxford- explica en Free Will and Modern Science la relación cuerpo/mente con gran elocuencia y fundamentación. Si fuéramos loros, ni siquiera podríamos debatir sobre lo que ahora estamos tratando ya que entre autómatas no hay razonamientos propiamente dichos (escribí un largo ensayo sobre este tema titulado “Positivismo metodológico y determinismo físico” originalmente para el Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas de Buenos Aires y que ahora está en Internet).

    Pero como siempre ocurre con todo escrito de cierta extensión, hay en esta obra de Swedenborg puntos en los que estoy en desacuerdo. Uno de ellos es sobre su absurda condena al amor propio, el cual constituye la razón por la cual pensamos y actuamos: todo está en nuestro interés personal ya sea lo bueno como lo malo (si no está en interés del sujeto actuante no hay acción). Este tema fue motivo de discusión con el editor del referido trabajo de Swedenborg en castellano, Christian Wildner, quien tuvo la amabilidad de visitarme en mi oficina en Buenos Aires al poco de publicarse el libro, oportunidad en la que nos embarcamos en un debate sobre el tema en cuestión.

    En este sentido, viene muy a cuento una cita de una nota periodística de Gary Hull sobre el interés personal en el amor, la cual es totalmente independiente de la noción que este autor tenga sobre la idea de religión. Hull abre su nota periodística del siguiente modo: “Cada año en el día de San Valentín, se comete un crimen filosófico. De hecho, se comete durante todo el año, pero su destructividad se ve aumentada en esta fecha. Este crimen es la propagación de una falsedad ampliamente aceptada: la idea de que el amor es desinteresado. El amor, se nos repite constantemente, consiste de auto-sacrificio. El amor basado en interés personal, se nos advierte, es barato y sórdido. El amor verdadero, nos dicen, es altruista. ¿Lo es? Imaginen una tarjeta de San Valentín que se tome esta idea en serio. Imaginen el recibir una tarjeta con el siguiente mensaje: No obtengo ninguna satisfacción de tu existencia. No recibo ningún disfrute personal de la forma en que te ves, te vistes, te mueves, actúas o piensas. Nuestra relación no me beneficia. No satisfaces ninguna necesidad sexual, emocional o intelectual mía. Eres sujeto de caridad para mí y estoy contigo sólo por lástima. Besos, XX.”

    El libro de Swedenborg, además de un breve reportaje a Borges realizado por el mencionado Wildner, lleva como introducción un escrito de Hellen Keller que se titula “Mi religión” donde consigna que a través del sistema Braille leyó el prefacio que anota una mujer ciega “cuya oscuridad había sido iluminada por las bellas verdades de las escritura de Swedenborg” y confiesa que “mientras iba dándome cuenta del significado de lo que leía [en el libro], mi alma parecía expandirse […] por primera vez la inmortalidad se hizo inteligible para mí […] Swedenborg hace que la vida futura no sólo sea concebible sino deseable”.

    Agrego a lo dicho una consideración de Swedenborg sobre la pobreza y la riqueza generalmente muy mal tratadas en las comunidades religiosas tradicionales. Así se pronuncia nuestro autor sobre el tema: “los ricos entran al cielo con la misma facilidad que los pobres y que ningún hombre queda excluido del cielo a causa de su riqueza, ni se lo admite en el cielo a causa de su pobreza […] En primer lugar es conveniente aclarar que el hombre puede adquirir bienes y acumular riquezas si se le presenta la oportunidad, siempre y cuando no recurra a artificios o fraudes para lograr su cometido, que puede disfrutar de la exquisitez de la comida y la bebida siempre y cuando no viva nada más que para ello, disponer de una residencia palaciega […] tampoco es menester que ceda sus bienes a los pobres, salvo en el caso en que su afecto se lo dicte […] Los pobres no van al cielo en virtud de su pobreza, sino en virtud de la vida que llevaron. No hay una misericordia que sea privativa de unos o de otros; el que llevó una buena vida es admitido, el que se entregó a la mala vida es rechazado”.

    Como es bien sabido, el soporte de la existencia de Dios está muy extendido en estudiosos y científicos de muy diversas ramas del conocimiento, pero estimo que la tesis sustentada por George Steiner en Real Presences presenta un magnífico resumen en el contexto del mundo de los escritores y artistas: “donde la presencia de Dios no es una suposición defendible y donde Su ausencia no es sentida con un peso sobrecogedor, ciertas dimensiones del pensamiento y la creatividad no resultan asequibles”. Es que la arrogancia y el abuso de la razón no permiten aceptar que el origen del universo se debe a causas que están más allá de nuestras fuerzas y por ende hay un empecinamiento en atribuirlas a situaciones meramente contingentes. El premio Nobel en física Max Plank consigna que “Donde quiera que miremos, tan lejos como miremos, no encontraremos en ningún sitio la menor contradicción entre religión y ciencia natural, antes al contrario encontramos perfecto acuerdo en los puntos decisivos. Religión y ciencia natural no se excluyen […] La prueba inmediata de la compatibilidad de la religión y la ciencia de la naturaleza, también de la construida sobre una observación crítica, la ofrece el hecho histórico de que precisamente los máximos investigadores de la naturaleza de todos los tiempos, Kepler, Newton, Leibniz, eran hombres penetrados de profunda religiosidad” (Naturwissenschaft, 1938, Leipzig).

    Al abrir esta nota hice referencia a Borges, ahora vuelvo a hacerlo en el sentido de subrayar que a pesar que se declaraba agnóstico en el viaje a ESEADE cuando lo llevé a hablar ante alumnos nos dijo con mi mujer que la mejor definición de Dios que había encontrado era esta: “El sol es la sombra de Dios”. A esta declaración cabe agregar que Maria Kodama cuando en 1999 junto al querido escritor español José María Álvarez me invitó a disertar en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges (que titulé “Herbert Spencer y el poder: una preocupación borgeana”), aludió a las idas y venidas de su marido respecto a idea de religiosidad sobre lo cual escribió más adelante en cuanto su pedido de un sacerdote antes de morir en Ginebra.

    De más está decir que todo lo dicho en nada se opone a críticas que puedan hacerse, por ejemplo, a la Iglesia católica lo cual, entre otros, ha sido puesto en evidencia por Juan Pablo II que durante su pontificado de 21 años reiteró sus pedidos de perdón en 94 oportunidades por los atropellos de mucho de lo que las cabezas de la Iglesia han llevado a cabo a través del tiempo, resumen que se encuentra en los perdones realizados en la Basílica de San Pedro con motivo del Jubileo del Año Santo de 2000 donde siete cardenales leyeron las siete imputaciones clave que el Papa quiso reconocer ante el mundo (englobadas en la Inquisición, las Cruzadas, guerras religiosas, el antisemitismo, contra las mujeres, etnias, indígenas e injusticias económicas). Hoy las críticas a la cabeza de la Iglesia se centran en los ataques a la propiedad privada y a lo que en consecuencia irrumpe acentuando exponencialmente la pobreza: aquello que en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes”.

  • Pésima aplicación de la suma cero

    En última instancia los mayores errores en economía obedecen a una aplicación muy desacertada de lo que en teoría de los juegos se denomina “la suma cero”, esto va desde la parla habitual en muchos medios a representantes de la Iglesia, hasta el keynesianismo y el estatismo en general.

    El argumento central que alimenta el resentimiento y la envidia es la noción de lo que se conoce con lo que Ludwig von Mises bautizó con el nombre de “el dogma Montaigne”, es decir, que la pobreza de los pobres se debe a la riqueza de los ricos. En el siglo XVI, Michel Montaigne -a pesar de buenas contribuciones en otras materias- concluyó en su ensayo número veintidós que “no se saca provecho para uno sin perjuicio para otro” en el contexto de todas las transacciones.

    Éste es el punto de partida de una equivocación garrafal que ha teñido buna parte del discurso que pretende explicar aspectos clave de la economía. Al contrario, en toda transacción libre y voluntaria en el mercado, ambas partes ganan siempre. Para recurrir a la terminología de la teoría de los juegos, en esta situación hay suma positiva. En cambio, cuando tiene lugar la violencia, sea gubernamental directa o indirecta a través de que acepta la intimidación sindical o al otorgarle mercados cautivos a empresarios prebendarios, hay suma cero, es decir, en estos casos inexorablemente lo que gana uno lo pierde otro del mismo modo que ocurre cuando se asalta un banco. Curiosamente los patrocinadores de la suma cero en transacciones libres y voluntarias imponen esa modalidad en lo que defienden, es decir, el estatismo en sus diversas variantes.

    Es muy frecuente que se piense que la pobreza relativa de unos se debe a la riqueza de otros, que si unos tienen “demasiado” no queda para otros. Esto es un completo disparate. La riqueza no es algo estático. Los recursos naturales de hace siglos eran iguales o mayores aun que los actuales y, sin embargo, en la actualidad la gente en general vive mejor respecto de la época de Montaigne en la que la condición natural era las hambrunas, las pestes y la miseria (incluso los reyes morían por una infección de muelas). Esta mejora se debe a marcos institucionales que respetan derechos de propiedad, lo que al destapar la olla de la energía creadora hace que se multiplique y extienda la riqueza y que el obrero de un país civilizado pueda vivir mejor con posibilidades tales como calefacción, automóvil, agua potable y medios de comunicación y, por cierto, más tiempo que un príncipe de la antigüedad.

    En física se ha visto desde la formulación precaria de Lucrecio pasando por Newton, Lavoisier y Einstein que nada se pierde y todo se transforma. La cuantía de la masa de materia, incluyendo la energía es la misma en el universo pero lo relevante para el aumento de la riqueza no es el incremento de lo material sino su valor. Puede ser que artefactos tales como un teléfono antiguo contengan más materia que un celular pero el servicio de este último y su precio son sustancialmente distintos.

    La creación de riqueza es creación de valor en el contexto de un proceso dinámico. En la medida en que el empresario ofrece en el mercado bienes y servicios que la gente acepta, incrementará su patrimonio y en la medida en que no acierte lo disminuirá. Dejando de lado la lotería, solo hay dos maneras de enriquecerse: sirviendo a los demás o robando a los demás. El primer método es el de la sociedad abierta y los mercados libres, el segundo es el de los regímenes socialistas e intervencionistas en los que el favor oficial establece los patrimonios de los allegados y amigos y condena a la miseria al resto.

    No es reclamando que se lesione el derecho de quienes crearon riqueza lícitamente la forma de prosperar, sino contribuyendo a crear el propio patrimonio sirviendo a otros. Hoy, salvo raras excepciones, resulta en verdad tristes los espectáculos que ofrecen candidatos a ocupar la escena política en todas partes del llamado mundo libre: compiten en una carrera desenfrenada de promesas para ver quién saquearía más los bolsillos de los que tienen recursos para entregárselos graciosamente a los que tienen menos patrimonios.

    Resulta triste a la luz de los postulados de los Padres Fundadores quienes consideraban fundamental el derecho de propiedad, de responsabilidad individual y de desconfianza al poder gubernamental. James Madison, el padre de la Constitución estadounidense, escribió en 1792 que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Éste es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”. También en nuestro medio el padre de nuestra Constitución fundadora, Juan Bautista Alberdi, se preguntaba y respondía: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía a Alejandro: que no le haga sombra.”

    ¡Qué lejos estamos de los principios de libertad cuando observamos que de un tiempo a esta parte gobernantes y futuros gobernantes incluso en Estados Unidos, el otrora baluarte del mundo libre, se han dejado seducir por el bochornoso síndrome de la suma cero! Pensemos lo que queda para países con tradiciones menos civilizadas. Es imperioso retornar a las bases sólidas de la sociedad libre a través de una educación más esmerada y cuidadosa respecto de valores fundamentales.

    Por su parte una de las pocas sentencias acertadas de John Maynard Keynes con razón estampó que “Las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando están en lo cierto como cuando no lo están, son más poderosas de lo que se supone corrientemente. Verdaderamente, el mundo se gobierna con poco más. Los hombres prácticos, que se creen completamente libres de toda influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto”.

    El párrafo no puede ser más ajustado a la realidad. Sin embargo Keynes ha tenido y sigue manteniendo la influencia más nefasta de cuantos intelectuales han existido hasta el momento. Mucho más que Marx, quien debido a sus inclinaciones violentas y a su radicalismo frontal ha ahuyentado a más de uno. Keynes, en cambio, patrocinaba la liquidación de la sociedad abierta con recetas que, las más de las veces, resultaban de una mayor sutileza y difíciles de detectar para el incauto debido a su lenguaje alambicado y tortuoso.

    Es del caso repasar los pensamientos de Keynes en este contexto de la suma cero que navega en sus escritos. Los ejes centrales de su obra más difundida (Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero) consisten en la alabanza del gasto estatal, el déficit fiscal y el recurrir a políticas monetarias inflacionistas para “reactivar la economía” y asegurar el “pleno empleo” ya que nos dice en ese libro que “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar”.

    Tal vez los trabajos de mayor lucidez sobre Keynes estén consignados en el noveno volumen de las obras completas del premio Nobel en Economía F.A. Hayek (The University of Chicago Press, 1995) y en el meduloso estudio de H.Hazlitt traducido al castellano como Los errores de la nueva ciencia económica (Madrid, Aguilar, 1961). Numerosas universidades incluyen en sus programas las propuestas keynesianas y no como conocimiento histórico de otras corrientes de pensamiento, sino como recomendaciones de la cátedra. Personalmente, en mis dos carreras universitarias y en mis dos doctorados tuve que estudiar una y otra vez las reflexiones keynesianas en el mencionado contexto. Todos los estatistas de nuestro tiempo han adoptado aquellas políticas, unas veces de modo explícito y otras sin conocer su origen. Incluso en Estados Unidos irrumpió el keynesianismo más crudo durante las presidencias de Roosevelt: eso era su “New Deal” que provocó un severo agravamiento de la crisis del treinta, generada por las anticipadas fórmulas de Keynes aplicadas ya en los Acuerdos de Génova y Bruselas donde se abandonó la disciplina monetaria.

    Las terminologías y los neologismos más atrabiliarios son de su factura. No quiero cansar al lector con las incoherencias y los galimatías de Keynes, pero veamos sólo un caso, el que bautizó como “el multiplicador”. Sostiene que si el ingreso fuera de 100, el consumo de 80 y el ahorro 20, habrá un efecto multiplicador que aparece como resultado de dividir 100 por 20, lo cual da 5. Y préstese atención porque aquí viene la magia de la acción estatal: afirma que si el Estado gasta 4 eso se convertirá en 20, puesto que 5 por 4 es 20 (sic). Ni el keynesiano más entusiasta ha explicado jamás como multiplica ese “multiplicador”.

    En definitiva, y aquí es una de las instancias en que se filtra de contrabando la suma cero, Keynes apunta a “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de escasez del capital”. Resulta sumamente claro y específico lo que escribió como prólogo a la edición alemana de la obra mencionada, en 1936, en plena época nazi: “La teoría de la producción global, que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y un grado considerable de laissez-faire”.

    En resumen, la incoherencia de la suma cero en la cooperación social en libertad está presente en todas las exposiciones estatistas que empobrecen moral y materialmente por más que como queda dicho estén en boca de no pocos sacerdotes muy escasos de conocimientos elementales en ciencias sociales de muy diversa jerarquía eclesiástica y de expositores cacofónicos dignos de una torpeza de dimensiones colosales que alardean de proteger a los más vulnerables con lo que los extienden por doquier.