Etiqueta: Política

  • Viernes de poemas: De política y políticos

    A partir del viernes 26 de Mayo, comenzamos a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, publicamos «De política y políticos», que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.

    De política y políticos

    Sí, he sido rudo con los políticos en general, aunque es malo generalizar. Pero la verdad es que la política no suele atraer a los mejores, porque la misma es la miel del poder y el poder corrompe. Siendo así, es raro el político que no se haya desviado, ya sea antes, durante o luego. Hoy en el 2012*, el mundo entero enfrenta un desorden social que nos está arrastrando a posibles enfrentamientos muy lamentables y es a quienes se han tomado el trabajo de estar al frente de las sociedades a los que les cae más directamente el reflejo de las sociedades que los han prohijado. Me tocó trabajar para el gobierno y dos veces dirigir una entidad gubernamental y, si algo aprendí en todo ello, es que nuestros gobiernos, en general, no sirven sin no se sirven; cada institución enfocada en los “suyo” sin una verdadera coordinación superior que responda a las verdaderas necesidades de la comunidad.

    El Politicastro

    Es de suponer

    Que quien político quiere ser

    A la patria debe servir

    Y a su pueblo engrandecer.

     

    Pero en algún recóndito lugar

    Del ancestro general

    Piratas debió haber

    Polucionando el manantial.

     

    En épocas desvanecidas en el tiempo

    Les solían denominar

    Corsarios de alta mar

    No hay escoria más mordaz.

     

    Mas el necio bucanero

    Tuvo que trocar

    El parche y pata e palo

    Por un curul y no un velero.

     

    Ahora acusa de filibustero

    Al gringo imperialista

    Despojando a todo el pueblo

    El innoble embustero.

     

    Quizás el ingenio de genética

    Podría resolver

    El entuerto proceder

    De gente tan patética.

     

    Mientras tanto no hay más

    Que en prosa descubrir

    Al astuto embaucador

    Ese pillo tan nefas.

     

    Ansioso quiero ver

    Un día porvenir

    En que el pueblo sepa usar

    Su derecho de votar.

    *Actualizado al 2023.

  • Desconexión con la realidad y discurso sibilino

    Vivimos una época en la que en gran medida hay políticos que mantienen un doble discurso a prueba de balas. Prometen y no cumplen o declaman sobre lo que al instante le dan la espalda con un portazo. Así, por ejemplo, los hay que se las pasan parloteando sobre los “derechos humanos” y al mismo tiempo se asocian con cuanto régimen totalitario aparece en el planeta con encarcelamientos y asesinatos a granel. Los hay mentirosos seriales que creen distraer para cubrir corrupciones y emplean la parla en direcciones opuestas según el destinatario como si los receptores fueran idiotas. Y para peor muchas veces lo hacen gritando y retando al auditorio como si todos fueran infantiles menos el orador.

    Antes he escrito sobre la novela y la consiguiente producción cinematográfica que comentaré a continuación y, sobre todo, de su notable creador. Se trata de la fascinación que produce el lenguaje sibilino. Lo vemos en filosofía a través de textos extenuantes de factura incomprensible plagados de neologismos, frases tortuosas y razonamientos circulares. Lo comprobamos en ensayos de economía que parecen fabricados para mofarse del lector inundados de lenguaje críptico, contradicciones permanentes y modelos econométricos inconducentes.

    Karl Popper ha escrito en su colección titulada Conocimiento objetivo que “la búsqueda de la verdad solo es posible si hablamos sencilla y claramente, evitando complicaciones y tecnicismos innecesarios. Para mí, buscar la sencillez y lucidez es un deber moral de todos los intelectuales: la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen”. Por su parte, Wilhelm Röpke consigna que “cuando uno trata de leer un journal de economía en estos días, frecuentemente uno se pregunta si uno no ha tomado inadvertidamente un journal de química o hidráulica” y, más recientemente, el sonado escándalo que produjeron Alan Sokal y Jean Bricmont quienes luego de pasar por los referatos del caso y publicar en la revista académica Social Text, declararon que se estaban burlando debido a los disparates conceptuales e imposturas que contenía el trabajo.

    En esta ocasión nos detenemos en Jerzy Kosinski como ejemplo de lo dicho, quien fue permanentemente agredido por ramificaciones estalinistas en la universidad de su Polonia natal donde después de infinitos calvarios se doctoró en sociología mientras trabajaba como instructor de ski hasta que logró escaparse a EE.UU. donde trabajó como conductor de camiones de día y en horario parcialmente nocturno de cuidador de un predio de estacionamiento. Al mismo tiempo, estudiaba inglés hasta que pudo aplicar a una beca de la Ford Foundation que obtuvo para estudiar en la Universidad de Columbia donde también se doctoró en psicología social y escribió dos libros de gran éxito editorial: No Third Path donde muestra la inconsistencia de pretender una tercera vía entre la libertad y el totalitarismo y The Future is Ours, Comrade en el que invita al levantamiento de sus coterráneos contra las botas comunistas. Fue profesor de prosa inglesa y crítica literaria en las universidades de Yale y Princeton, recibió el premio de literatura de la American Academy y del National Institute of Arts and Letters y presidió el capítulo estadounidense del PEN Club. Sus múltiples novelas fueron best-sellers, una de ellas -Being There- se llevó al cine (Desde el jardín con la actuación de Peter Sellers) que obtuvo el Best Screen of the Year Award.

    Es a esta novela a la que hacemos breve referencia en estas líneas y la respectiva versión cinematográfica. Alude a un jardinero analfabeto consciente de su ignorancia en los temas que le preguntan y repreguntan audiencias fascinadas por lo que consideran un léxico repleto de sabiduría que estiman hace referencias metafóricas al cuidado de jardines. Muchos fueron los reputados personajes que se hipnotizaban con lo que no entendían y afanosamente buscaban soluciones políticas a los enredos que ellos mismos habían generado. El cuadro de este escrito de ficción resulta que puede fácilmente trasladarse a la no ficción, esto es, como queda dicho a lo que se vive hoy en muchos ambientes políticos en los que los figurones del caso presumen conocimientos que no tienen ni pueden tener puesto que éstos se encuentran dispersos y fraccionados entre millones de personas. Las pretendidas directivas de gobernantes megalómanos, concentran ignorancia al cerrarle las puertas a los procesos abiertos y competitivos compatibles con la sociedad abierta.

    No tiene desperdicio la entrevista del jardinero con el presidente estadounidense quien concluye después de la reunión: “Tengo que admitir que lo que acabo de escuchar es lo más refrescante y optimista que me han dicho en mucho tiempo”, a raíz de la descripción de las estaciones de verano, otoño, invierno y primavera que había realizado con la mayor inocencia aquella persona que no tenía contacto alguno con el mundo exterior como no sea a través de la televisión.

    Todo el clima de los burócratas instalados en Washington, DC se traduce un una sátira a la política cuyo establishment en verdad ha perdido contacto con la realidad. Las reflexiones de quien se ocupa de cultivar un jardín están formuladas de modo literal pero, como decimos, los receptores del mensaje, acostumbrados a complicar las cosas, lo entienden como consideraciones alegóricas.

    Kosinski intenta con éxito subrayar la simpleza de las cosas y el afán de los burócratas por estrangular los hechos hasta convertirlos en fenómenos irreconocibles e imposibles de abordar. No son capaces de entender que, igual que en un jardín, de lo que se trata es de cuidar, preservar y no desnaturalizar ni pervertir en el contexto de una superlativa presunción del conocimiento que ubica a los gobernantes en una posición de pretendida omnisciencia (y omnipotencia).

    Este encuadre que efectúa el autor comentado, puede extenderse a otras áreas como el arte moderno donde también los impostores encajan construcciones que igual que la música confunden el ruido con melodía al exhibir adefesios que en nada reflejan standards de excelencia, con la complicidad de algunos snobs y timoratos que declaran que son obras “demasiado complejas” como para que las entienda una mente normal.

    Estos comportamientos tortuosos aplicados al campo político hacen mucho daño desde el momento que apuntan a colocar a algunos iluminados en pedestales y el resto de los mortales como súbditos obedientes que deben admirar y aplaudir los tejes y manejes sobre las vidas y las haciendas ajenas, en lugar de abrir las puertas y ventanas de par en par al efecto de que las relaciones libres y pacíficas administren lo que les concierne.

    En su libro La visión cuántica del universo Jacques Rueff dice que no alcanza a comprender cómo muchas veces se necesitan microscopios para diferenciar variables continuas de las discretas en pequeñas partículas y, simultáneamente, se trata lo que es a todas luces evidente: el ser humano separado de lo colectivo pero, sin embargo, se lo trata como parte de una masa indiferenciada y se lo administra como manada. Esto es así para obtener poder y funcionarios y reparticiones que lo secunden. Si las cosas fueran simples, sería simple el aparato estatal y no se justificaría tanta pompa ni tanto presupuesto. A su vez, como escribe Erich Fromm en El miedo a la libertad, los gobernantes requieren toda la parafernalia que rodea a los poderosos al efecto de encubrir el vacío existencial y la debilidad de quienes están incrustados en el trono y que deben encadenarse a la multitud dominada sin la cual se desploman.

    El escritor polaco al que nos referimos ha dejado en muchos de sus trabajos un testimonio de gran valor que seguirá influyendo en las generaciones futuras como un grito de libertad y respeto recíproco. En la novela de marras, la ternura y la bondad del jardinero contrasta abiertamente con sus anfitriones que solo buscan aumentar su poder en detrimento de sus congéneres. Como tantos otros casos, también mostró en lo personal la acogedora atmósfera que brinda la sociedad abierta que permite y estimula a quienes se esfuerzan para alcanzar éxitos resonantes.

    En realidad, el trasfondo de la ironía y la comicidad en la novela de Jerzy Kosinski respecto a la política y los políticos se sustenta en la maleabilidad de las muchedumbres y en su fanatismo. Gustav Le Bon lo subraya en su Psicología de las multitudes cuando apunta la incapacidad de juicio crítico y razonamiento en la aglomeraciones humanas donde “lo que se acumula no es el talento sino la estupidez” porque “en el alma de las muchedumbres lo que siempre domina no es la necesidad de libertad sino la de servidumbre”…tal vez se necesiten más voces fuertes como las de los Émile Zola para acusar a los impostores, de frente y sin tapujos ni doble discurso.

    En otro términos, estimo que resulta de mucha actualidad el repasar la novela y el cine del notabilísimo Jerzy Kosinski como un aspecto medular en esta nota periodística al efecto de apreciar en todo su peso la pequeñez mental de los megalómanos de nuestra época, siempre deseosos de atropellar los derechos de los vecinos que con lenguajes ridículos y bajo el grotesco disfraz dicen “ayudar a resolver los problemas de la gente”.

  • Abierto de Australia: una victoria con asterisco para Nadal

    No podemos decir “como nunca antes”, pero convengamos que, por muchos años, un evento deportivo con un asombroso triunfo en una final para el infarto, no generaba tanta controversia. El Abierto de Australia con el victorioso Nadal está generando discusiones que van más allá de lo deportivo. Es una discusión que no debería haber existido. Claro, si no fuera por el elemento político que arruina una vez más, la sana competencia deportiva.

    Lastimosamente, no aprendemos de la historia y ésta vuelve y repite, como diría Marx, «La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa».

    Uno de los eventos más trágicos de la historia, donde el deporte fue intervenido, contaminado y finalmente utilizado como propaganda política fueron los Juegos Olímpicos de Berlín, en la Alemania nazi de 1936.  Los nazis querían utilizar el deporte para lavar sus cada vez más oscuras intenciones. Fue Goebbels quien le hizo ver a Hitler la inigualable ocasión propagandística que un acontecimiento de esa trascendencia podía suponer para el Tercer Reich.

    Para ese momento, Daniel Prenn tenista judío alemán estaba en la cima de su juego, ocupando el puesto número uno en Alemania durante cuatro años consecutivos, desde 1928 hasta 1932, cuando se le prohibió competir en 1933 cuando los nazis llegaron al poder. A pesar de su gran éxito en la cancha, la Federación Alemana de Tenis aprobó estas resoluciones (en parte) en abril de 1933: “1. Ningún judío puede ser seleccionado para un equipo nacional o la Copa Davis. 2. Ningún club o asociación judía o marxista puede estar afiliado a la Federación Alemana de Tenis. 3. Ningún judío podrá ocupar un cargo oficial en la Federación.” Y, agregaron, con nombre propio: “El jugador Dr. Prenn (judío) no será seleccionado para el equipo de la Copa Davis en 1933”.

    En abril de 1933, se instituyó una política de “Sólo arios” en todas las organizaciones deportivas alemanas. Los atletas “no arios” eran sistemáticamente excluidos de las instalaciones y asociaciones deportivas alemanas. Se prohibía el acceso a las instalaciones a perros y judíos citaban los carteles.

    Como uno podría concluir que sucede ahora, ante estas medidas discriminatorias, que nada tenían que ver con el deporte, existían partidarios de participar de los juegos y otros que no. Del lado de los partidarios del boicot, uno de los más activos era Jeremiah Mahoney, presidente de la Federación Estadounidense de Atletismo. Mahoney sostenía que Alemania había quebrado el espíritu Olímpico al imponer discriminaciones raciales y religiosas; participar, según él, implicaba apoyar a Hitler. Las llamadas al boicot de Mahoney fueron particularmente escuchadas por la comunidad católica de Estados Unidos. Ernst Lee Jahncke, otro de los activistas favorables al boicot fue expulsado de Comité Olímpico Internacional por manifestarse en contra de la participación de Estados Unidos en los juegos.

    Las propuestas de boicot fueron enérgicamente discutidas en otros países, especialmente en el Reino Unido, Francia, España, Suecia, Checoslovaquia y en Holanda. Los alemanes exiliados por motivos políticos también se manifestaron a favor del boicot. Sin embargo, con la excepción de España, todos estos países terminarían por participar, pese a que atletas, tanto judíos como no judíos, de varias delegaciones se negaran a asistir, o fueran excluídos, como Marty Glickman y Sam Stoller.

    Aunque Alemania argumentaba que el desempeño atlético era el único argumento a la hora de realizar la selección del equipo deportivo olímpico, el Comité Olímpico Internacional (COI) mantenía la preocupación, posiblemente más estética que ética, sobre la total ausencia de atletas judíos en el equipo alemán. Finalmente, el gobierno de Hitler tuvo que ceder y pactó con el COI la inclusión de una cuota judía simbólica en el equipo. La elegida fue Helene Mayer, una esgrimista alemana judía en el exilio que aceptó regresar al país que la había despreciado por judía, para defender la bandera nazi. El hecho es que Mayer llegó a Berlín, compitió y ganó la medalla de plata.  Después vino la ceremonia del podio, el brazo en alto haciendo el saludo nazi y una imagen que aún hoy resulta perturbadora.

    El régimen hitleriano explotó las Olimpíadas para impresionar a miles de espectadores y periodistas extranjeros presentando la imagen lavada de una Alemania pacífica y tolerante. Y les funcionó.

    La mayoría de las fuentes de información se hicieron eco de un artículo publicado por el New York Times que señalaba que las Olimpíadas habían devuelto a Alemania a «la comunidad mundial» y le habían restituido su «humanidad». Sólo unos pocos periodistas, entre ellos William Shirer, pensaban que el brillo alemán era una fachada que ocultaba un régimen racista y opresivamente violento.  Los esfuerzos y la máquina propagandística se extendieron mucho más allá de las Olimpíadas con el lanzamiento mundial, en 1938, de “Olympia”, el controvertido documental sobre las Olimpíadas dirigido por la cineasta alemana y seguidora nazi Leni Riefenstahl. El régimen nazi la escogió para realizar esta película sobre las Olimpíadas de Verano de 1936.

    Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939. A tan sólo tres años de las Olimpíadas, el «hospitalario» y «pacífico» anfitrión de los Juegos Olímpicos desató la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que causó una de las mayores pérdidas de vidas humanas de la historia y una destrucción edilicia y sobre todo ética y moral incalculable.

    No puede soslayarse ni negarse. El triunfo de Nadal es impresionante. La remontada del juego ante Medvedev es épica. Este encuentro entrará en la historia al ser la primera remontada en una final del Abierto de Australia en la era Open, en la que el ganador del título remonta en la final dos sets a cero. Quienes disfrutan del deporte, quienes son aficionados al tenis, no pueden evitar la emoción de semejante partido.

    Sin embargo, lo que empaña este triunfo en el Abierto de Australia , es que no se sabrá nunca cómo se hubiera desarrollado el torneo con un jugador como Djokovic disputando la competencia. Es una victoria amarga, siempre quedará la duda sobre el curso del torneo; y por lo mismo debería leerse con una marca, un asterisco que a pie de página explique que por motivos puramente políticos y no por condiciones deportivas se privó a un competidor jugar y disputar un título.

    Quizá la final hubiera sido otra. Quizás el ganador hubiera sido otro. O quizá no…por eso, esa duda que invade la gesta deportiva del Abierto de Australia lo afea. Esa duda de que el deporte sirve y es usado, una vez más, como vehículo para propagar una narrativa política que lastimosamente no podemos decir “como nunca antes había ocurrido”.

  • La ciencia y los abusos que se cometen en su nombre

    Sería imposible recontar todos los abusos que se han cometido y siguen cometiendo en nombre de la ciencia. Hoy día, que los descubrimientos tecnológicos y científicos se disparan, el abuso y mal uso de lo “científico” igualmente se dispara, particularmente de parte de quienes no teniendo la razón y desesperadamente se valen del engaño para imponer sus proyectos y tal. Me refiero en particular a las tendencias totalitarias típicas del socio-comunismo. Y si algo lo saca a relucir esta realidad, son eslogans como “ya es ciencia establecida” y “debemos creer en la ciencia”; y el problemita con ello es que hay variedad de ciencias, entre ellas las ocultas.

    Decir que algo es contrario a la ciencia es contrario a la ciencia; dado que el método científico está basado en la constante revisión de sus procesos y hallazgos, los cuales nunca son finales. Por otro lado, la ciencia es eminentemente empírica; lo cual quiere decir que se basa sobre las observaciones o experiencias y no la teoría o imaginación; pero, jamás en la política.  El proceso científico es eminentemente histórico, es decir, que no se basa en lo que aún no se ha visto o no ha ocurrido. Decir entonces que un  nuevo tratamiento médico contra el cáncer o tal, que no ha superado los rigores de un auténtico proceso científico es “ciencia establecida” no es ciencia sino politiquería de la peor clase; lo cual, en mi caso toma un significado muy especial, ya que la quimio que se le dio a mi esposa para evitar la reincidencia de su cáncer mamario le afectó el corazón y ya no está con nosotros.

    El futuro es desconocido y siempre existirá la posibilidad de que lo que antes creímos ser cierto, en un futuro resultará falso o no tan cierto. En su momento, los fabricantes de cigarrillos dijeron que los mismos eran saludables. En fin, usar la ciencia para vender productos económicos o políticos es deleznable. La ciencia no es moralidad; y, dictar encierros y otras medidas contrarias a nuestro albedrío es lo inmoral. Luego, si los encierros producen pobreza y los tratamientos médicos muertes, seguro que los politicastros y sus Fauci no saldrán a asumir culpas.

    Los hallazgos científicos se valen de interpretaciones subjetivas. Yo, que he sido investigador de accidentes de aviación, sé por entrenamiento y experiencia que gran parte de lo que hacía se basaba en hipótesis, experiencia y mis interpretaciones. Por algo, la mayoría de los informes de accidentes hablan de “causa o causas probables”. Por otro lado, si casas la ciencia con la política, tienes una receta para desastres; particularmente tratándose.

    Peor, aún, es que los estatistas se hayan entronado en puestos de control y mando y no tienen escrúpulos en usar los instrumentos de la mentira para adelantar sus agendas políticas. Muchos de estos lo que pretenden es reemplazar a Dios con el estado y así controlar al rebaño para llevarlo al matadero. Todo ello se vuelve más que aparente cuando vemos personas manejando un auto sin pasajeros con los vidrios cerrados, mientras van enmascarados y con vísceras. Y, si estás cerca cuando abren la puerta, el auto huele a borracho. Ya los del tránsito no saben distinguir entre embebidos y alcoholizados. El terrorismo estatal ha sido muy exitoso.

    En fin, no hay peor gobierno que aquel que en nombre de la ciencia practica intervencionismo; o peor, terrorismo. Cuando un pueblo pierde su capacidad de criterio propio, está condenada. Y, si la ciencia propone que sus conclusiones no pueden ser cuestionadas, entonces deja de ser ciencia y se convierte en una profana religión.

  • ¿Igualdad a la fuerza?

    Nada de malo tiene que luchemos por una igualdad entre humanos, salvo… dependiendo qué entendemos por “igualdad”. En sentido sarcástico: ¿Acaso igualdad de estatura, hermosura, inteligencia, coraje, iniciativa, y así? ¿Cree el lector que planteo lo absurdo? Pues sepan que algunos aspirantes a la presidencia de los EE. UU., tal como Kamala Harris, está prometiendo obligar a empresas con más de 100 empleados a divulgar sus planillas y salarios a la Comisión de Igualdad de Oportunidad de Empleo, y quien no pague lo que crea la oficina que sea un salario adecuado será sancionado con multas. Otras autoridades quieren resarcir económicamente a los descendientes de los esclavos, a las víctimas de racismo, sexismo, homofobia y quien sabe qué otra reparación se les ocurra. ¡Por supuesto que no buscan igualdad!, sino votos y algo más… Buscan paliar la envidia que queda expuesta ante las desigualdades del mundo, reales o imaginadas.

    Día a día aumenta la cantidad de personas que piensan que la función de gobierno es la de lograr una igualdad ciudadana; el problema surge cuando no definen bien la clase de igualdad que buscan. Una cosa es igualdad ante la ley; que poco se cumpla es otra cosa. Pero no sólo es igualdad ante cualquier ley, sino una ley buena y justa, dado que a través de la historia mucho se ha prostituido la ley para beneficiar a unos en detrimento de otros.

    Sin embargo, es poco común ver a quienes aspiran a puestos de autoridad prometer que van a defender libertades, tales como las de tránsito, expresión y propiedad; derechos que van en mengua, dado que cada día se pretende usar al estado para imponer falsas igualdades a través de la intervención centralizada. ¿Será que no saben a qué condujo eso en países que adoptaron el totalitarismo? Desafortunadamente,  muy a menudo por encima del saber están la envidia y los odios.

    Y, hasta la malísima constitución panameña da sus primeros pasos estableciendo el derecho a la propiedad. Desgraciadamente luego se contradice y vulnera dichos derechos; tal como ocurre en su Título X cuando dice que el gobierno puede intervenir en toda clase de empresa para que se cumpla en ésta, la “justicia social”. Lástima que por ningún lado se define el concepto, lo cual crea la discrecionalidad autoritaria. No más tenemos que elegir a un socialista exuberante y veremos lo que creen es la “justicia social”. Ilústrense con el Artículo 284.

    ¿Cómo es que tantos catedráticos universitarios resienten el sistema capitalista basado en los derechos de propiedad? La respuesta puede ser tan simple como el resentimiento de ver que otros sin cátedras y con sólo un “Despacito” logren más ingresos y prestigio.

    Otros resienten las responsabilidades que vienen apareadas con la libertad y la necesidad de producir o sufrir. El problema está en ver a nuestro alrededor a personas económicamente exitosas que despiertan envidias. Pero poco ven que el estado no es la manera de migrar hacia la riqueza; sea ésta económica, espiritual o de otra índole. Más aún, delegar estas cosas al estado lo agrava todo.

    Otros denuncian al “capitalismo” como fuente de desigualdad. Pero… ¿acaso lo que tenemos en Panamá es “capitalismo”? Lo que practicamos es un guacho de clientelismo, socialismo, una pizca de capitalismo, corrupción, y otros ismos.

    La realidad es que en el mundo evolutivo de hoy la intermediación estatal a cargo de politicastros termina con más desigualdad; mientras que la criptoanarquía nos deja como único camino la responsabilidad de ser libres.

  • Deja Vú de 1994..

    Decía Karl Marx en su 18 Brumario que la historia se repite en espiral, primero como una tragedia y segundo como una comedia. Esta elección recuerda bastante a la elección de 1994 donde ganó Ernesto Pérez Balladares. El Toro, como popularmente se le conoce, fue el Napoleón Bonaparte del PRD. El hombre que con un 33%, el bloque duro del PRD históricamente, logra ganar una oposición en una campaña electoral muy fragmentada por Mireya Moscoso, Rubén Blades, Chinchorro Carles, Eddie Vallarino.

    Tras un período difícil post invasión, el Toro libró al PRD del estigma de ser el partido de los militares y lo convirtió en un partido viable que demostró que podía usar la considerable experiencia de muchos de sus miembros para gobernar eficientemente en democracia. Ahora la historia se repite, tras 10 años fuera del gobierno, con un partido muy dividido, que en la última elección marcó por debajo de su 33% histórico y su resultado más bajo, el 27% de Juan Carlos Navarro en el 2014 en un PRD agobiado por las divisiones internas y las puñaladas traperas. Un PRD unido gana pero sin lograr sumar el voto independiente como sí lo hizo Martín Torrijos que llegó al 45% de los votos. El partido Cambio Democrático obtuvo prácticamente un resultado similar al de las elecciones pasadas, con un 31% versus un 32%. Lo cual demuestra que los escándalos de corrupción de su partido por ahora no han hecho mella en su base electoral, pero no han sabido capitalizar, al igual que sus rivales del PRD, el voto independiente.

    En un ambiente electoral muy dividido, el PRD y el CD fueron rivales casi empatados con sus respectivas bases electorales. Pero ninguno logró convencer a los votantes de otros partidos o a las personas sin partido, de que era sensato votar por sus candidatos. De no corregir esto, llevarían las de perder en un ambiente electoral menos diluido. Al ganador Laurentino Cortizo, le toca buscar la manera de recuperar ese apoyo, a esos independientes que en un momento tuvo según las encuestas y que fue perdiendo poco a poco. Ernesto Pérez Balladares lo hizo, buscando talentos entre los independientes, en el MOLIRENA o en el Partido Popular. ¿Lo hará Nito Cortizo? El PRD después de 10 años fuera del poder gana solo con su 33% lo cual lo pone demasiado cerca del CD para que sea algo cómodo en futuras elecciones donde el desgaste del poder o divisiones internas podrán quitarle algunos puntos de nuevo. ¿Podrá Rómulo Roux hacer lo mismo en la oposición? Si quiere ser presidente de Panamá, tiene que sumar más allá de ese 32%.

    La sorpresa del día fue Ricardo Lombana, el candidato independiente que logró 19% del voto en dos meses de campaña, pese tener un discurso un poco ambiguo y no tener estructura partidista. Para tener una idea, Rubén Blades, una gloria nacional, con un partido organizado como Papá Egoró, y 6 meses de campaña, sacó un porcentaje similar de votos en el 94. En gastos de campaña, cada voto de Lombana costo 43 centavos, mientras que sus rivales del PRD y el CD gastaron más o menos 19 dólares por cada voto.

    Lombana no ganó, pero si tuvo una pequeña victoria. Su reto ahora es evitar el error de Rubén Blades y logar mantenerse vigente para el 2024. Lo cual no será fácil porque Cambio Democrático, con un discurso abiertamente populista, ha demostrado fuerza y tener una base electoral del 32 por ciento bastante estable. Y el PRD probablemente esté desgastado por el ejercicio del Poder. El Panameñismo, antes un partido fuerte, obtiene los peores resultados de su historia, en un partido que nunca logró pasar el nacionalismo y un populismo vago, y abrazar la tecnocracia. El CD se está llevando su clientela populista y los independientes como Lombana, a la clase media educada. Su futuro es el de un partido satélite para alianzas. Es el nuevo Molirena o Partido Popular.

    Por ahora Panamá se debate entre la maquinaria tecnocrática liberal y el populismo ligero del PRD versus el populismo de derechas duro del Cambio Democrático, cada uno dominando un tercio del electorado, mientras que los independientes y los restos del panameñismo, se quedan con el tercio restante. Entre las buenas noticias está aquella que en Panamá, los discursos extremistas no calan todavía.

    El discurso de izquierda marxista dura del FAD sólo logró sumarle 2 mil votos más que la elección pasada, solo 12 mil votos. Marco Ameglio, que tenía un buen discurso económico dejó que su discurso odioso contra las minorías sexuales lo tapara, y quedó de último. Ana Matilde Gómez empezó bien pero quiso jugar a la lucha de clases y al pobrismo y se estancó.

    Dentro de todo son buenas noticias. El PRD tiene el material humano para hacer un buen gobierno como dice su eslogan de campaña y mantener a Panamá compitiendo con Chile como el país con la mejor economía de la región, un país que llegue a considerarse desarrollado, pero también tiene material humano para convertir a Panamá en México o Venezuela. Esperemos que Nito elija a los primeros y aparte a los segundos o los mande a Bocas del Toro. Todo Panamá se lo agradecerá.

  • El Bingo electoral

    Ayer fue el debate/panel de los vicepresidentes y salvo la ausencia del candidato Casis, no hay nada nuevo sobre el sol. O sobre las luces LED.  Los candidatos dijeron y repitieron lugares comunes, evadieron e hicieron campaña.

    Para el próximo debate propongo hacer un Bingo y juego de borrachos. Por cada lugar común que diga un candidato se tomará un trago y se pondrá una ficha en el Bingo. El primero que llena el Bingo se gana una Botella de agua. Para que los evangélicos puedan participar.

    En el Bingo propongo una serie de palabras y expresiones. Estos serán los campos:

    • Yo apoyo a la familia tradicional
    • Auto sostenible
    • Fomentar las exportaciones.
    • Consumir el producto nacional
    • Apostar por la juventud
    • Apostar por la educación
    • Parar las importaciones
    • En mi gobierno X será gratis (o subsidiado por el Estado)
    • Hay una mala distribución de la riqueza
    • Hay que eliminar AUPSA
    • Tecnificar el agro
    • Tienen al productor abandonado
    • En mi gobierno la cosa será diferente
    • No voy a privatizar X cosa
    • El matrimonio es entre un hombre y una mujer
    • Yo voy a parar la corrupción
    • El presupuesto alcanzaría de no ser por la corrupción
    • Para salvar la Caja del Seguro Social voy a hacer que todos paguen sus cuotas a tiempo

    Por cada vez que un candidato diga algo así, se pone una ficha en el bingo y se toma un trago.

    Creo que es la única manera de hacer unas elecciones, que pueden ser cruciales para el futuro de país, entretenidas. Porque por ahora, salvo predeciblemente los candidatos del FAD, los demás candidatos parecen decir lo mismo. Solo a Nito Cortizo y a Carrizo se lo justifico porque son los que van a la delantera y tienen que cuidar su ventaja, así que tienen que cuidarse de no cometer errores. Lo que no se entiende es cómo los demás candidatos, los cuales deben ver como ganan votos, son tan conservadores y aburridos que solo compiten por decir los mismos lugares comunes. Todo como si el país pudiera darse el lujo de esperar.

    Por lo menos con el bingo que propongo nos podemos librar del aburrimiento en estas elecciones.

  • No a la Reelección, del hastío a lo constructivo.

    En año pasado en las redes sociales grupos como Claramente iniciaron una campaña de no a la reelección. Esta campaña recogía el hastío que muchas personas tienen con nuestra clase política, hastío que parece estar llegando a niveles peligrosos, donde una salida populista estilo Hugo Chávez o una salida manu militaris tipo 1968 pueden estar a la vista en unos cuantos años.

    La democracia Panameña, ha muerto y renacido antes. En el periodo 1903 a 1946 estuvo sujeta a la intervención norteamericana, el caciquismo de los partidos oligárquicos, el golpe de Acción Comunal, la Constitución de 1941, la deposición de Arnulfo Arias. La constitución de 1946, que todavía es vista por nuestros constitucionalistas como la mejor que hemos tenido, por lo menos en el papel, falló totalmente en la práctica en contener el caciquismo de los liberales y el populismo de los panameñistas, y lo que es peor no pudo evitar que la Guardia Nacional, con Remón y luego con Lilo Vallarino se convirtiera en un estado dentro del Estado, con negocios propios, y convertido en el árbitro de la política criolla. Cuando se les trató de meter en cintura, de la manera torpe que caracterizó al Doctor Arnulfo Arias, éstos le dieron un golpe de Estado.

    Tras 21 años de dictadura militar, se volvió traumáticamente a la democracia en 1990. El problema es que esa vuelta fue gracias a una intervención militar norteamericana. Por lo tanto no se dejó tiempo a que una nueva generación de políticos cristalizara la nueva democracia. La política quedó en mano de los caciques sobrevivientes de 1968, y de los aliados de los militares. La constitución de 1972, reformada, siguió vigente, pese a su problema de legitimidad. En los años noventa tanto la coalición panameñista populista, liberal y socialcristiana que adversó a los militares como la populista, liberal socialdemócrata que los apoyó, se lanzaron a recuperar el tiempo perdido, liberalizando la política y la economía durante los gobiernos de Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares. Pero luego todo paró en 1999.

    Básicamente se han hecho pocos cambios para seguir liberalizando la economía y democratizando la política desde el gobierno de Mireya Moscoso. Y el efecto se siente.

    El gobierno de Martín Torrijos liberalizó un poco la economía, pero mucho más tímidamente. El siguiente gobierno de Ricardo Martinelli marca el inicio de una reversión autoritaria en lo político con una economía propulsada por el gasto estatal apalancado por deuda. El gobierno de Juan Carlos Varela es abiertamente regresivo, reivindicando políticas sacadas de un manual de mitad del siglo XX, como el control de precios, el proteccionismo agrario y desmantelando por presiones internacionales la estructura de servicios de Panamá sin ofrecer nada a cambio. Y desde el gobierno de Martín Torrijos los organismos de seguridad poco a poco parecen reivindicar el papel de estado dentro del Estado que tenían antes de 1968 con el visto bueno de las últimas administraciones.

    La falta de un rumbo claro tanto en lo económico como en lo democrático ha creado la imagen de que nuestra clase política está formada por un grupo de personas que básicamente lo que buscan es disputarse la administración del Estado, no para ejecutar su visión de lo que debe ser Panamá, sino para beneficiarse de negociados a costa del Estado, para ponerle protecciones arancelarias a sus negocios, para crearse monopolios por ley, mientras el panameño ve impotente la falta de interés de la clase política en temas económicos, de seguridad, en la educación, en la salud. Pareciera que los políticos actuales buscan en política las cosas menos polémicas para poder hacer negociados con calma, y le dejan los problemas graves al siguiente gobierno.

    Esto ha creado una sensación de hastío en el público panameño, un aumento de la intolerancia y una decreciente fe en la democracia que puede llevarnos a salidas populistas o militaristas autoritarias en el futuro.

    El movimiento por la constituyente, el endiosamiento de la figura del independiente y el movimiento de no a la reelección son los resultados de este hastío. Son movimientos hasta cierto punto positivos porque tratan de evitar una salida autoritaria a la crisis de nuestra clase política, pero que tienen limitantes. Estas limitantes surgen porque al final solo proponen mecanismos para buscar una salida y un cambio, pero no dicen cuál es el cambio que quieren.

    Los partidarios de la constituyente están tan concentrados en vender la constituyente como salida al problema que nunca dicen qué cosas en la constitución quieren cambiar y cómo sería la constitución que propondrían para Panamá.

    Los partidarios de las candidaturas independientes no dicen que éstas surgen no para romper el oligopolio de los partidos políticos sino que son más bien producto de este oligopolio. Si la legislación electoral no fuera tan cerrada y restrictiva, no habría necesidad de candidaturas independientes pues tendríamos un sistema de partidos mucho más competitivo y receptivo de las necesidades de los votantes. Además, no dicen cómo un independiente podría gobernar o formar cuadros políticos sin tener un partido que lo apoye.

    Los partidarios de la no reelección tienen toda la razón de estar hartos de diputados que parecen llegar al puesto para usar el clientelismo más descarado, para extorsionar legislativamente a los sectores productivos y al ejecutivo emplanillando a sus familiares. Muchos de estos diputados se reeligen continuamente desde los años ochenta, si son PRD o noventas si son de otros partidos. Se ha creado una casta parásita alrededor del Estado. El no a la reelección hace mucho sentido, sin embargo es insuficiente. Una cosa es destruir el status quo, evitando que los actuales diputados se reelijan indefinidamente, otra es asegurarse que los que los reemplacen no sean más de lo mismo, pero con más hambre de robar porque no han probado la papa.

    Por lo tanto ante el hastío que presenta la clase política actual es necesaria no solo una destrucción sino una creación.

    No basta con pedir constituyente, se tiene que decir qué tipo de constitución se quiere.
    No basta con apoyar candidatos independientes, se tiene que desafiar el oligopolio legal de los partidos políticos con sus elevadas barreras de entrada a los partidos nuevos que hacen las candidaturas independientes algo necesario pero poco eficiente.
    No basta con decir no a la reelección, se tiene que empezar a decir qué y quiénes deben reemplazar a los diputados actuales que tanto nos disgustan.

    Cuando se pide la demolición de un edificio viejo, es bueno pensar con qué se lo va a reemplazar, sino puede ser que se termine con un lote baldío lleno de ruinas.

  • Queda un año

    Después de la Semana Santa queda un período corto para las elecciones de Mayo. O sea que el próximo año vamos a estar en plena carrera electoral. Y lo preocupante es que todavía no se sabe quiénes van a ser los candidatos de los partidos importantes o los candidatos a puestos de elección de los principales partidos o los independientes. En un momento donde el país se encuentra sumergido en la complacencia de un crecimiento económico continuo, que aunque se ha ralentizado y nos trae un aumento de la deuda pública constante, todavía existen problemas de seguridad que el ceder cada día más autonomía a la fuerza pública y ceder el control civil sobre las fuerzas de seguridad no han solucionado. El sistema de servicios de Panamá, del cual depende el 80% por ciento de la economía local está bajo presiones externas fuertes. Panamá ha cedido sin crear negocios alternativos. Desde el 2009 no se han emprendido tareas de modernización del Estado.

    El problema es que la falta de ideología de los partidos políticos significa que no sabemos a qué atenernos, y estamos ligeramente a merced de cualquier locura que agarre “tracción” que proponga un diputado busca notoriedad en la Asamblea.  En la calle “grupos cívicos” tratan de ganar votos por medio de la xenofobia y de la homofobia. La educación y la justicia siguen siendo los grandes temas pendientes.

    El Panameñismo que resultó más falto de ideas en este gobierno que en el de Mireya Moscoso, parece que tiene como idea que gobernar simplemente es recaudar impuestos para gastar, y ha demostrado debilidad frente a los grupos de presión de intereses particulares locales, y a las presiones de organizaciones internacionales como la OCDE en el extranjero. La falta de ideología clara significa que el gobierno tiende a ceder, prefiriendo la calma a corto plazo a los grandes problemas futuros que las regulaciones, subsidios y aumentos decretados, van a traerle. La estructura del partido panameñista como una especie de culto a la personalidad de quien tiene el poder y su organización en forma de círculos concéntricos en torno al gobernante hacen imposible cambiar de rumbo o generar debates internos.

    La oposición no está mejor. El PRD, el partido que ha liderado los cambios económicos más profundos que ha sufrido Panamá, parece tener vergüenza de esto, en su lugar sus precandidatos parecen querer hacer guiños al nacionalismo xenofóbico, al conservadurismo religioso y al proteccionismo económico, en lugar de tratar de promover sus mayores ases en la manga, su capacidad de gestión administrativa, su experiencia modernizando al estado y su buena gestión económica. Buscan causas divisionistas y de intereses puntuales en lugar de presentar un discurso unificador en torno al deseo de los panameños a estar mejor. El PRD sigue teniendo la mejor maquinaria política y lo más cercano que hay a una meritocracia, pero parece no querer usar ninguna de sus ventajas. Prefiere jugar a coquetear con grupos de presión.

    Cambio Democrático no está mejor, y eso es una ventaja. Al final fue un partido que realmente funcionaba como una sociedad anónima más de las empresas de Ricardo Martinelli Berrocal. Su objetivo era llevar a Ricardo Martinelli. Y lo logró. Pero sin su fundador, presidente y mecenas, parece haberse convertido poco a poco en un cascarón vació. Y carece de la capacidad moral para criticar en Varela las cosas que este hace de manera similar a las que hizo su jefe. Aunque mucha gente añora a Ricardo Martinelli, su partido no ha podido capitalizar su popularidad y por ahora no parecen tener un rumbo propio, además, siendo un partido de amores comprados, que recogió a personas deseosas de llegar al poder pero que no cabían en ningún otro partido, es muy vulnerable a que un nuevo mecenas, desde el gobierno compre sus lealtades.

    Ni el MOLIRENA ni el Partido Popular ni el FAD tienen oportunidades creíbles para llegar al poder. Su objetivo es más bien sobrevivir como partidos políticos y de ser posible lograr cuotas de poder y representación política.

    ¿Y los candidatos independientes? Bueno, los que existen parecen concentrarse en el “yo soy el novato en el sistema político, voten por mí porque voy a luchar contra la corrupción”. Como si la corrupción fuera un tema de personalidades y no de estructuras de poder.

    A un año y un mes de las elecciones, no vemos que la clase política parece tomar la política en serio, proponiendo políticas públicas sensatas. Y esto es un poco deprimente. Porque está claro que la complacencia de un crecimiento económico financiado en gran parte por deuda pública nos hace conformarnos con políticas a corto plazo y superficiales en lugar de asegurar el futuro de Panamá a largo plazo.

     

  • Como ordeñar a los ciudadanos y lograr el nacimiento del estado profundo panameño.

    En 1937, Franklin Delano Roosevelt (FDR), el autor del New Deal, el que importó la socialdemocracia a los Estados Unidos, el ídolo de los social liberales y sindicalistas de los Estados Unidos, santo del Partido Demócrata de los USA, en un discurso público dijo:

    “Una meticulosa atención se debe dar a la relación especial de los servidores públicos con los ciudadanos y el gobierno. Todos los empleados del gobierno deben darse cuenta que el proceso de negociación colectiva, como está entendido comúnmente, no puede ser transplantado al sector público. Este tiene limitaciones distintivas e irremontables.”

    Para Roosevelt, “La propia naturaleza del gobierno hace imposible que los funcionarios puedan controlar a su empleador, porque ese empleador es el pueblo mismo que habla por medio de la leyes aprobadas por sus representantes electos.”

    Roosevelt se opone a las tácticas militantes tipo sindicato en el sector público.

    “Particularmente, quiero enfatizar mi convicción de que las tácticas militantes no tienen lugar en las funciones de cualquier organización de servidores públicos. Sobre los funcionarios del servicio federal descansa la obligación de servir a todo el pueblo. Esta obligación es fundamental. Una huelga de empleados públicos manifiesta un intento de impedir u obstruir las funciones del gobierno. Estas acciones, para paralizar la función pública del gobierno son impensables e intolerables.”

    En pocas palabras, para Roosevelt, los servidores públicos, tienen un empleador, y ese no es el gobierno sino los ciudadanos. Por lo tanto un sindicato de servidores públicos sería un sindicato contra los propios ciudadanos. Esto tiene consecuencias económicas serias y por eso los sindicalistas de la época no lo apoyaban ya que comprendían las consecuencias. En la empresa privada, los sindicatos como un instrumento de negociación colectiva de los trabajadores con la patronal, les permite a los trabajadores vender su fuerza de trabajo más cara y en mejores condiciones, permitiéndoles a éstos gozar de una proporción más elevada de las ganancias de la empresa. Como el trabajador ayuda a la empresa a generar ganancias, tiene el derecho a negociar una proporción de estas ganancias. No es lo mismo en los empleos públicos.

    Los empleos públicos no generan ganancias, puede que sean empleos necesarios para la sociedad pero no generan ingresos, son gastos. Estos gastos salen de los fondos que recauda el estado de los sectores productivos. Ya sea de manera directa mediante impuestos o de manera indirecta mediante deuda pública o inflación monetaria. Los funcionarios reciben sus pagos gracias a la recaudación que hace el Estado de los dineros de los impuestos de todos. Cuando los empleados públicos negocian por más dinero, negocian por más dinero de los impuestos de todos. Cuando los empleados hacen huelgas, hacen huelga contra los ciudadanos que pagan sus salarios. Esto significa para los ciudadanos productivos mayores impuestos o mayor inflación. Y un deterioro de la función pública además, ya que el estado va a tener que hacer menos inversiones y gastos sociales y gastar más en salarios y pensiones para los funcionarios.

    Pero aún más, para Roosevelt la sindicalización pública significaba un deterioro de la democracia.
    FDR decía que la sindicalización de los empleados estatales haría imposible tener cualquier tipo de políticas públicas democráticas. Los votantes ya no tendrían la última palabra en las políticas públicas, sino que los políticos elegidos democráticamente tendrían que negociar con los sindicatos de funcionarios la ejecución de una política pública y la asignación de recursos presupuestarios con los sindicatos de empleados estatales. Esto era contrario a la democracia y los sindicatos de su época apoyaban a Roosevelt en su posición.

    Uno de los riesgos de tener burocracias estables, independientes de la política partidista y militantemente organizada, es la posibilidad de tener un “estado profundo”, una burocracia que vele militantemente por sus propios intereses a expensas de los políticos electos y de los intereses de los ciudadanos. Las instituciones diplomáticas, militares, de seguridad son notorias por formar organizaciones tipo estado profundo. En Panamá los gremios de maestros y médicos estatales son notorios por sus políticas de estado profundo a expensas del interés público. También el sistema judicial. Y parece que la cosa va empeorar con este gobierno.

    Para empezar, el fallo del 27 de noviembre del 2014 reconoce el derecho a sindicalización y convenciones colectivas de los trabajadores estatales. Panama además ha cometido falta de visión al firmar los convenios 87 y 98 de la OIT que parecen reconocer el derecho a la sindicalización de los empleados estatales y éstos forman parte del Bloque de la constitucionalidad. En otras palabras, el derecho de empleados no productivos a asociarse contra los ciudadanos a los que deben servir tiene rango constitucional en nuestro país. El gobierno actual, empeñado consciente o inconscientemente a dejarle a los panameños del futuro la mayor cantidad de bombas de tiempo posibles, no tiene otra alternativa que aceptar y regular la política presentando un proyecto de ley para regular el derecho de huelga, la asociación sindical, el derecho a negociación colectiva de los empleados parasitarios del sector público, uno de los sectores públicos más grande per cápita de la región y que ya consume en salarios mucho más de lo que gasta en inversiones, tanto así que el aumento de la deuda pública en los últimos años, ya no se va en deuda para inversiones sino en gastos operativos corrientes.

    Si la profecía de Roosevelt sobre los sindicatos de empleados públicos se cumple, el presupuesto del país se va a hacer inmanejable. Los ejemplos de los varios estados de los Estados Unidos, del Sur de Europa y de Suramérica demuestran que un sector de funcionarios bien organizados puede literalmente hacer sangrar hasta la muerte a las sociedades a las cuales gobierna; y llevarlas a la quiebra, al tomarse de rehén el estado y literalmente comerse el presupuesto presente y futuro en salarios y pensiones.

    Y además, los funcionarios se escapan del control de los propios ciudadanos a los que por naturaleza deben servir. Ya hemos visto cómo los gremios de maestros han impedido cualquier modernización del sistema educativo panameño. Ya hemos visto cómo los gremios de médicos han logrado impedir aumentar la oferta de servicios médicos amenazando con irse a la huelga cuando el gobierno ha querido contratar médicos extranjeros para servir en áreas donde nadie quiere trabajar. Ahora cualquier esfuerzo para reformar la ineficiente, cara e hipertrofiada burocracia panameña va a ser mucho más difícil.

    No es posible que los gobernantes actuales quieran esto para Panamá.