Etiqueta: totalitarismo

  • Keonne Rodríguez y otro caso de crimen sin víctima

    Keonne Rodríguez y otro caso de crimen sin víctima

    A fin de Enero, conocemos otra entrega, la «Carta #4: Notas desde adentro», que el desarrollador Keonne Rodríguez escribe desde su celda americana, donde cumple una sentencia de 5 años. «A menudo siento que estoy atrapado en una pesadilla de la que no puedo despertar», escribe Keonne, desarrollador de Samourai Wallet, sobre su primer mes en FPC Morgantown.

    Estamos presenciando un horror que no debería ser normalizado. Un desarrollador, una mente brillante, una persona que ha creado valor para la sociedad, que no ha cometido ningún crimen, es destruido por el aparato estatal.

    Su único “delito” ha sido desafiar a gobiernos que no toleran límites a su control y que, para preservarlo, diseñan crímenes donde no existen víctimas.

    La imagen que nos entrega la carta es brutal: alguien que dedicó su vida a pensar más allá de lo convencional, hoy limpiando baños en un penal. No es un accidente del sistema; es su herramienta más eficaz. Sirve para domesticar almas libres, para quebrar emocionalmente, y sobre todo para enviar un mensaje ejemplificador al resto: este es el garrote legal del que puede valerse un gobierno cuando quiere frenar el avance de la libertad.

    La carta escrita desde la cárcel es casi insoportable de leer. No por falta de palabras, sino por exceso de verdad. Necesitamos reunir valor y fortaleza para llegar hasta el final. No es justo para Keonne. Pero tampoco lo es para la sociedad. Ni para los desarrolladores que todos los días escriben código en un mundo donde los acuerdos libres y voluntarios deberían ser la base de la cooperación pacífica.

    No se puede acusar al cuchillo por el uso que otros hagan de él. Sirve tanto para cortar carne como para matar a una persona. Criminalizar herramientas, ideas o código es una forma burda y una práctica muy peligrosa cuyo verdadero fin es mantener al rebaño miedoso y obediente.

    No queremos volver a ser testigos, durante años, de muertes sin sentido como la de Irwin Schiff. Ni de los encarcelamientos de Bernard von NotHaus, el encierro casi perpetuo de Ross Ulbricht, los juicios y el muy probable encarcelamiento de Roman Storm, entre otros. Tampoco del fishing expedition permanente, del estado de sospecha que pesa sobre tantos otros cuyos nombres no alcanzamos a enumerar: desarrolladores, innovadores, disruptores que nos ayudan, aunque sea un poco, a quitarnos la bota de la cabeza.

    Porque hoy vivimos una distopía orwelliana. “Si quieres imaginar el futuro, imagínalo con una bota aplastando un rostro humano para siempre”. No podemos ni siquiera imaginar lo que debe taladrar la mente de personas éticas, comprometidas con las ideas de la libertad, cuando son humilladas y despojadas de su dignidad. No lo merecen ellas. No lo merecemos nosotros como sociedad que se dice civilizada.

    Seguiremos difundiendo estas ideas. No importa cuántas veces nos denigren o nos acosen por no acomodarnos a narrativas políticas. Los derechos fundamentales vienen con nosotros mucho antes de que un puñado de mediocres llegue al poder. No hay crimen sin víctimas. Y no hay civilización si dejamos de repetirlo.

  • No castiguen a Irán ni a Groenlandia, sólo a estos Ayatolás

    El pueblo iraní ha demostrado un coraje y determinación superior, y siguen protestando a pesar de miles de muertos, asesinados por los terroristas del Estado liderados por ayatolás dementes. 

    Como dijo Friedrich Merz, “Cuando un régimen sólo puede mantenerse en el poder a través de la violencia, entonces está efectivamente acabado”. Los sistemas autoritarios se basan en la coerción, y en el miedo que es un mecanismo adaptativo que nos alerta del peligro, pero se vuelve muy contraproducente si no se desactiva con razón y coraje, y da origen a una reacción primitiva: la violencia.

    Como al pueblo iraní lo asiste la razón y la verdad, está venciendo ese miedo, por el contrario, el régimen terrorista apela a la violencia. Y, para esconder esta violencia, produjeron un apagón informativo -incluido el corte de internet- de modo que los sectores más duros de los servicios de “seguridad” puedan lanzar una represión sangrienta.

    Obviamente, el uso de Starlink en Irán está prohibido, de ahí que contar con el equipamiento necesario y su uso sea ilegal. A pesar de ello, en plena revuelta, su despliegue era más amplio que en episodios previos de manifestaciones y apagones en el país. Y este tipo de cosas debe facilitar Occidente a los iraníes.

    Entretanto, Trump estudia maniobras como ciberataques contra instalaciones militares y civiles y opciones como bombardear el país o una operación más específica contra sus líderes, lo que decapitaría al régimen y ofrecería a los EE.UU. la oportunidad de negociar con los remanentes de la República Islámica.

    Respecto de esta última opción, y lamento decirlo, los recientes episodios en Caracas muestran que capturar o matar a unos pocos líderes no cambia el régimen completamente. El heredero del Sha, Reza Pahlavi, viene demostrando una posición moderada y realista, pero, insisto en una intervención al estilo Venezuela el heredero terminaría como Corina Machado, viendo, al margen, la continuación – “moderada” para la propaganda- del régimen chavista.

    Una intervención militar más amplia podría provocar el deceso de muchos civiles y exacerbar la región -de hecho, otros países árabes ya lo han advertido- y provocar una respuesta militar iraní que pueda ser excusa para una mayor masacre de sus ciudadanos.

    Como preludio, Trump decidió aumentar los aranceles contra los países que continúan comerciando con Irán, hasta en 25%. Pero estas sanciones, al igual que las que ya estaban vigentes por parte de otros países, van a empeorar la situación económica del país, afectando aún más a los ciudadanos comunes, que ya sufren el impacto de las sanciones y su implementación por parte del corrupto régimen islámico.

    Por el contrario, Trump debería dejar de distraer al mundo con su capricho sobre Groenlandia -y respetar la propiedad privada y libertad de sus ciudadanos, que ellos decidan su futuro- y los países occidentales deberían esforzarse por facilitar -liberar- al máximo posible las relaciones de los ciudadanos comunes de Irán con el resto del planeta, porque esto les permitiría reforzarse, contactarse y difundir más información.

    Útiles son las acciones como las que adelantó el secretario del Tesoro de los EE.UU., que afirmó que están monitoreando la fuerte salida de fondos pertenecientes a la dirigencia islámica, y aseguró que los bloquearán. Y el mundo entero debería cerrar las embajadas y toda oficina del Estado iraní, no tiene sentido dialogar con dementes. Finalmente, Occidente debe dejar de apoyar a la tiranía saudí, sin dudas el mayor promotor global del fanatismo islámico.

    Y, por cierto, la humanidad tiene que repensar el concepto de Estado y democracia, no es posible que dementes como Hitler, Stalin y estos ayatolás, ganen elecciones o no, obtengan el mando de fuerzas armadas y policiales -estatales- con las que luego reprimen salvajemente a sus ciudadanos y, para colmo de las ironías, lo hacen de manera “legal”, si hasta realizan farsas judiciales.

  • László Krasznahorkai, Premio Nobel de Literatura 2025

    El reciente Premio Nobel de Literatura 2025 otorgado a László Krasznahorkai marca un reconocimiento singular: no solo a una obra literaria exigente y visionaria, sino también a una mirada profundamente filosófica y política sobre la condición contemporánea. Su escritura, torrencial y lúcida, parece nacer de la certeza de que el mundo ha entrado en un proceso irreversible de degradación moral y espiritual. Sin embargo, en medio del caos, Krasznahorkai insiste en la posibilidad —quizá mínima, quizá trágica— de la lucidez.

    Nacido en Gyula, Hungría, en 1954, Krasznahorkai pertenece a una generación que creció bajo la sombra del totalitarismo y que asistió luego al desencanto de la transición democrática. Ese trasfondo histórico impregna su obra con una desconfianza radical hacia la política institucional, entendida no como espacio de emancipación, sino como un teatro de mediocridades. Para él, la política moderna se ha convertido en una maquinaria de distracción que evita confrontar lo esencial: la pérdida de sentido. De ahí que, en entrevistas, haya afirmado que su tarea no es intervenir políticamente, sino explorar las ruinas interiores que la política deja tras de sí.

    Krasznahorkai no se adscribe a ninguna corriente ideológica reconocible. Su pensamiento se mueve más bien entre el existencialismo y una suerte de misticismo apocalíptico. En sus novelas —como Satantango (Satan’s Tango), Guerra y guerra o Melancolía de la resistencia— el mundo aparece al borde del colapso, pero el verdadero desastre no es social sino espiritual: la imposibilidad de creer, de comunicarse, de orientarse. En ese paisaje, la esperanza no desaparece del todo, pero se vuelve una forma de resistencia silenciosa, casi monástica.

    El escritor ha expresado abiertamente su preocupación por la deriva autoritaria de Hungría y por el cinismo global que normaliza la desigualdad y la violencia. No milita en ninguna causa, pero su obra es, en sí misma, una forma de militancia: una crítica radical al conformismo, a la rapidez y la distracción que definen la era digital. Krasznahorkai ve en el arte una de las últimas reservas de profundidad frente a la superficialidad del consumo y la inmediatez mediática. En este sentido, su literatura es política no por lo que predica, sino por el tipo de atención que exige.

    También hay en él una influencia oriental, producto de sus viajes por China y Japón, donde encontró una visión del tiempo más contemplativa. Esa mirada contrasta con la ansiedad occidental por el progreso y la productividad, dos ídolos que Krasznahorkai considera vacíos. Su obra propone, así, una ética de la lentitud, de la observación, de la resistencia interior.

    El Premio Nobel otorgado a László Krasznahorkai puede leerse, entonces, como un gesto de reconocimiento hacia una voz que desafía la lógica del presente. En un mundo saturado de ruido, su prosa densa y meditativa nos recuerda que pensar sigue siendo un acto subversivo. Y que, incluso en el colapso, la literatura puede seguir siendo una forma de verdad y rebeldía.

  • Hong Kong: de faro de libertad a altavoz único de Beijing

    La reciente disolución de la League of Social Democrats —el último partido pro‑democracia que aún celebraba protestas callejeras— marca un hito sombrío en la historia de Hong Kong. Bajo la coacción del régimen, este partido decidió disolverse ante la imposibilidad de operar bajo una vigilancia omnipresente y un peligro legal constante.

    Este desmantelamiento no ocurre en el vacío: es la culminación de un proceso sistemático de absorción política y cultural por parte de China. Desde que entró en vigor la Ley de Seguridad Nacional en 2020, Beijing ha actuado para eliminar cualquier forma de oposición institucional .

    Una gradual clausura de derechos políticos

    Según Freedom House, Hong Kong pasó de un estatus de “parcialmente libre” (scoring ~40/100) a una realidad de silencio y miedo (freedomhouse.org). Antes un laboratorio de libertades —con pluralismo político, prensa vibrante, y espacio para la crítica— ahora es una ciudad con una sola voz: la del partido único. Lo que otrora era autonomía garantizada por el principio “un país, dos sistemas”, se ha reducido a una mascarada jurídica detrás de uniformidad autoritaria.

    Las reformas electorales de 2021 y la promulgación del artículo 23 han reforzado este proceso, imponiendo filtros de lealtad que excluyen toda disidencia . Así, el sistema que antes permitía cierto disenso hoy está deliberadamente construido para excluirlo.

    La disolución de organizaciones y la persecución sistemática

    La más reciente disolución de la League of Social Democrats se suma a un largo registro: el Civic Party desapareció en 2023, la Democratic Party inició su proceso de disolución en abril de 2025 , y decenas de ONG, medios y sindicatos fueron clausurados o intimidados .

    Combinado con arrestos masivos —más de 300 bajo la NSL, 85% de ellos por expresiones legítimas según Amnesty International— surge un ambiente de autocensura y miedo, donde cualquier voz crítica es considerada «subversiva».

     ¿Qué se pierde cuando desaparece la disidencia?

    1. Pluralidad de ideas: sin oposición formal, la deliberación pública se empobrece gravemente.
    2. Controles democráticos: sin partidos adversarios, no hay rendición de cuentas real.
    3. Espacio civil: con medios, sindicatos y sociedades civiles destruidos, el sistema se queda sin contrapesos.
    4. Seguridad jurídica fracturada: la discrecionalidad reemplaza la previsibilidad.

    Hong Kong se convierte así en un modelo de cómo una entidad que alguna vez fue libre puede ser absorbida casi sin disparar un tiro, solo a través del silencio, la ley y la presión institucional.

     Comparativas globales

    La dinámica que hoy vive Hong Kong ya se observa en otros lugares. En Hungría, la izquierda recurrió a controles en medios; en Rusia, a leyes restrictivas; en Turquía, a detenciones por opinión. Lo común es el mismo mecanismo: legalidad formal para justificar autoritarismo real.

    Pero lo que hace a Hong Kong único es su transformación en apenas cinco años —de un polo de libertad a una región “cerrada” — según el CIVICUS Monitor.

    Reflexiones clave para democracias en riesgo

    • La legalidad no es legitimidad: lo que está permitido por ley puede seguir siendo profundamente injusto y opresivo.
    • Un solo partido, cero libertad: cuando solo una voz es escuchada, la democracia muere.
    • Silencio visible: la autocensura suele ser el peor síntoma de un régimen represivo.
    • El control sofisticado es más eficiente: el poder actual opera sin tanques, con corrupción legal y presión silenciosa.

    Rumbo irreversible

    Lo que antes fue Hong Kong, modelo de competencia política y prensa abierta, hoy es una ciudad muerta políticamente, absorbida por Beijing poco a poco, sin bombas, sin invasiones, pero con leyes, presión económica y jurídica.

    La disolución de la League of Social Democrats solo es la confirmación de un rumbo irreversible.

    Para quienes valoramos la libertad, queda una pregunta urgente: ¿Estamos atentos al silenciamiento de nuestra propia sociedad, sutil o legal a través de códigos, filtros o leyes? Porque lo que comienza en otro lado puede replicarse acá, si no actuamos con convicción.

  • Tiananmen: Entre la Esperanza y el Silencio

    Entre el 2 y el 4 de junio de 1989, el corazón de Pekín fue testigo de uno de los episodios más oscuros de la historia contemporánea de China. Lo que comenzó como una manifestación pacífica de estudiantes y ciudadanos en la Plaza de Tiananmen, clamando por reformas democráticas y el fin de la corrupción, culminó en una brutal represión por parte del gobierno chino.

    El 2 de junio, las tensiones aumentaron cuando el Ejército Popular de Liberación comenzó a movilizar tropas y tanques hacia el centro de la ciudad. Los manifestantes, decididos a mantener su posición, erigieron la «Diosa de la Democracia», una estatua que simbolizaba sus aspiraciones de libertad y cambio político.

    La noche del 3 de junio marcó el inicio de la violencia. Las fuerzas armadas avanzaron hacia la plaza, disparando contra civiles desarmados y aplastando a quienes intentaban bloquear su paso. El 4 de junio, al amanecer, la plaza fue despejada, dejando un número indeterminado de muertos y heridos. Las estimaciones varían, pero se cree que cientos, posiblemente miles, perdieron la vida en esos días.

    Más allá de las cifras, el legado de Tiananmen perdura en las cicatrices de quienes sobrevivieron y en la memoria de los familiares de las víctimas. Grupos como las «Madres de Tiananmen«, lideradas por Ding Zilin, han luchado incansablemente por el reconocimiento de los hechos y la justicia para sus seres queridos. Su activismo ha sido constantemente reprimido, enfrentando vigilancia, arrestos domiciliarios y censura.

    El gobierno chino ha mantenido una política de silencio y negación respecto a los acontecimientos de Tiananmen. La censura en medios y plataformas digitales ha borrado casi todo rastro de las protestas, y cualquier intento de conmemoración es rápidamente suprimido. Sin embargo, fuera de China continental, en lugares como Hong Kong y Taiwán, se han mantenido vivas las vigilias y actos de recuerdo, aunque en los últimos años también han enfrentado restricciones.

    La imagen del «Hombre del Tanque», un individuo solitario que se interpuso frente a una columna de tanques el 5 de junio, se ha convertido en un símbolo mundial de resistencia pacífica. Su identidad y destino siguen siendo desconocidos, pero su acto de valentía encapsula el espíritu de quienes se atrevieron a desafiar al poder en busca de libertad.

    A 36 años de los hechos, Tiananmen sigue siendo un recordatorio de los peligros del autoritarismo y la importancia de la memoria histórica. La lucha por la libertad y la justicia continúa, y es responsabilidad de la comunidad internacional mantener viva la memoria de aquellos que sacrificaron sus vidas por un futuro más justo.

    Recordar Tiananmen no es solo un acto de homenaje, sino una declaración de compromiso con los valores universales de derechos humanos y democracia. Es un llamado a no olvidar y a seguir luchando contra la opresión, dondequiera que se manifieste.

  • Adiós a Mario Vargas Llosa

    La literatura hispanoamericana despide a una de sus figuras más ilustres. Mario Vargas Llosa, fallecido el 13 de abril de 2025 en Lima a los 89 años, deja un legado que trasciende las letras y se adentra en los dominios de la libertad, la política y la historia de América Latina. Premio Nobel de Literatura en 2010, y parte esencial del «boom» latinoamericano junto a García Márquez, Cortázar y Fuentes, Vargas Llosa dedicó su vida a explorar las tensiones entre el poder y la libertad, la moral y la corrupción, la historia y la ficción.

    Entre su prolífica obra, La fiesta del Chivo (2000) ocupa un lugar central. No solo por su calidad literaria y su profundidad psicológica, sino por la contundencia con la que retrata los mecanismos del totalitarismo. Ambientada en la República Dominicana bajo la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, la novela alterna tres líneas narrativas: el regreso de Urania Cabral, hija de un político trujillista que regresa del exilio; los últimos días de Trujillo antes de su asesinato; y la historia de los conspiradores que acabaron con su vida.

    Lo que Vargas Llosa logra en esta obra es más que una novela histórica. Es un testimonio feroz sobre cómo el poder absoluto degrada no solo a quienes lo ejercen, sino a toda una sociedad. El miedo, la obediencia ciega, la corrupción institucional y la degradación moral son los pilares de un régimen que, aunque caribeño y situado en los años 50 y 60, encuentra ecos inquietantes en nuestros días.

    La fiesta del Chivo no es solo una denuncia del autoritarismo, sino también una meditación sobre la memoria, el trauma y la complicidad. Urania, la protagonista, representa a toda una generación marcada por el silencio, la represión y el dolor heredado. Su regreso a Santo Domingo no es solo geográfico, sino emocional: es la confrontación con un pasado que todavía duele, y cuya huella persiste.

    En una época en la que resurgen liderazgos mesiánicos, discursos autoritarios y el desprecio por los límites institucionales, La fiesta del Chivo se vuelve urgente. Nos recuerda que los regímenes de fuerza no nacen de la nada: crecen con la indiferencia, se alimentan de la cobardía y prosperan en el terreno fértil del miedo.

    Vargas Llosa escribió esta novela cuando ya era un intelectual consolidado, defensor de la democracia liberal y crítico implacable de los populismos, de izquierda y de derecha. Su postura ideológica —controvertida para muchos— nunca contaminó la honestidad de su literatura, que no evita mostrar la miseria humana incluso en los personajes más idealizados.

    Hoy, al despedirlo, no solo lloramos al novelista que nos ofreció obras monumentales como Conversación en La Catedral o La ciudad y los perros. También nos despedimos del pensador que defendió, en cada línea, la libertad individual como principio innegociable.

    La obra de Mario Vargas Llosa seguirá viva mientras se lean sus libros, pero La fiesta del Chivo, en particular, debería permanecer como lectura obligatoria para todos aquellos que, en tiempos de crisis, buscan entender cómo nace y cómo se sostiene una tiranía. Porque la historia —como la literatura— está ahí no solo para ser recordada, sino para no ser repetida.

  • Por qué es poco probable que la caída de El Asad lleve la paz a Siria

    La reciente toma de la mayor ciudad del país, Alepo, por parte de la oposición siria cogió por sorpresa a gran parte de la comunidad internacional. Tras la implicación de Rusia, Irán y Hezbolá en la prolongada guerra civil siria, muchos observadores asumieron que las fuerzas de Bachar El Asad habían ganado el conflicto.

    Sin embargo, en la guerra nada es estático.

    Después de Alepo, las fuerzas de la oposición continuaron su avance contra el gobierno sirio, culminando en la toma de la capital de Damasco, que ha obligado a El Asad a huir del país hacia Rusia.

    Los sirios celebran la caída de un dictador que les hizo pasar por una prolongada guerra civil y el fin del férreo control de su familia sobre el país durante medio siglo.

    Pero las fuerzas de la oposición que lo derrocaron en 2024 no son las que apoyaron Estados Unidos y sus aliados en 2013. Los grupos fundamentalistas, frente a las organizaciones moderadas preferidas por los estadounidenses, dominan ahora la oposición.

    Es más, es poco probable que la caída de El Asad devuelva la paz al país a corto plazo.

    La guerra civil siria

    La guerra civil siria ha sido uno de los conflictos en curso más prolongados del mundo. En 2011, como parte de la Primavera Árabe, las fuerzas de la oposición intentaron derrocar a El Asad. Al principio, los países occidentales apoyaron a las fuerzas de la oposición. Las tácticas brutales del régimen de El Asad, que provocaron el desplazamiento de más de la mitad de la población del país, concitaron una gran simpatía internacional.

    Sin embargo, este efecto movilizador duró poco. La escasa atención mundial y la aparición del ISIS hicieron que los gobiernos occidentales dieran prioridad a esta amenaza terrorista sobre la guerra. Esto permitió a El Asad recabar el apoyo de otras entidades para apuntalar su régimen.

    Inicialmente triunfante

    Muchos analistas sostenían que El Asad había ganado la guerra civil siria en 2018, y Estados Unidos bajo Donald Trump retiró sustancialmente su apoyo a los rebeldes sirios.

    El gobierno de El Asad, mientras tanto, conservó un apoyo considerable de Rusia, Irán y del grupo armado libanés Hezbolá.

    Pero aunque las fuerzas de El Asad mantuvieron el control de gran parte del país y de sus infraestructuras clave, se mostraron incapaces de derrotar permanentemente a las fuerzas rebeldes sirias. Además, el apoyo al régimen empezó a disminuir entre sus aliados por diversas razones.

    Rusia se vio inmersa en un prolongado conflicto en Ucrania. Israel puso de manifiesto las vulnerabilidades iraníes en una serie de represalias a lo largo del año pasado. Y lo que es aún más significativo, Israel mató a varios dirigentes de Hezbolá en los últimos meses, comprometiendo gravemente su poder militar.

    El régimen de El Asad no poseía una base de apoyo lo suficientemente amplia entre su propio pueblo como para sustituir a sus aliados externos.

    Simultáneamente, sin embargo, las fuerzas rebeldes sirias también experimentaron una transformación.

    La naturaleza cambiante de los rebeldes

    Las fuerzas de la oposición siria han experimentado una marcada evolución tras años de lucha.

    Es importante señalar que estas fuerzas dispares nunca estuvieron totalmente unidas. Al contrario, la oposición siria abarcaba desde elementos liberales y moderados hasta fuerzas fundamentalistas islámicas. Lo único que realmente las unía era la oposición a la tiranía de El Asad.

    La retirada del apoyo por parte de Estados Unidos y muchos de sus aliados socavó la posición de los elementos más moderados de la oposición. Además, las Fuerzas de Autodefensa de Siria sufrieron pérdidas significativas contra Turquía en 2018 y aún no han recuperado su fuerza anterior.

    La pérdida de aliados occidentales y el carácter duradero de la propia guerra civil siria dieron lugar a voces cada vez más radicalizadas. La más destacada de ellas es Hayat Tahrir al-Sham. Se formó en 2017 a partir de la fusión de varios elementos fundamentalistas entre las fuerzas rebeldes sirias.

    Una plétora de países ha designado a Hayat Tahrir al-Sham organización terrorista vinculada a otras organizaciones radicales de la región. Es el grupo armado más poderoso entre las fuerzas rebeldes sirias.

    Aunque Hayat Tahrir al-Sham ha afirmado que ha progresado desde sus orígenes extremistas, eso sigue sin estar claro.

    Panorama de la posguerra

    La cuestión inmediata tras la caída de El Asad es en qué derivará la Siria de la posguerra. El país ha ocupado una importante posición estratégica en los asuntos mundiales desde la Guerra Fría.

    Esa importancia, de hecho, ha aumentado desde el comienzo de la guerra civil a medida que el mundo se ha vuelto cada vez más multipolar en lugar de estar dominado por Estados Unidos y sus aliados.

    Donald Trump ya ha anunciado que Estados Unidos no intervendrá en Siria bajo su mandato. Esto concuerda con su política anterior de retirar las fuerzas estadounidenses de Siria y su postura aislacionista más amplia en términos de política exterior.

    Con Estados Unidos poco dispuesto a actuar y los aliados tradicionales de El Asad incapaces de intervenir, se ha creado un vacío que tiene dos resultados probables.

    La implicación turca

    El primero, y más obvio, es que la oposición siria tome el poder. Hayat Tahrir al-Sham desempeñará un papel importante. Dicho esto, con la destitución de El Asad y la desaparición del único factor unificador entre todos los grupos de la oposición, es probable que se produzcan conflictos internos.

    La segunda posibilidad es que Turquía se implique más en Siria, posiblemente junto con Hayat Tahrir al-Sham.

    Turquía, como varios otros países, ha declarado Hayat Tahrir al-Sham una organización terrorista. Esta designación, sin embargo, no ha impedido a Turquía trabajar con el grupo en el pasado.

    Sin embargo, Turquía considera a las fuerzas kurdas sirias una amenaza mayor que los grupos islamistas. Esto se debe a la importante población kurda que vive en el norte de Siria. Turquía se opone vehementemente al nacionalismo kurdo en todas sus formas debido a la también considerable población kurda que habita su propio territorio.

    No es probable que ninguno de estos acontecimientos devuelva la estabilidad a Siria. Por el contrario, es probable que provoquen el desplazamiento y el sufrimiento continuos del pueblo sirio.The Conversation

    James Horncastle, Assistant Professor and Edward and Emily McWhinney Professor in International Relations, Simon Fraser University

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Remember, Remember: La Lucha por la Libertad Individual en «V for Vendetta»

    Con el 5 de noviembre en el horizonte, la icónica frase «Remember, remember the Fifth of November» cobra relevancia, invitándonos a reflexionar sobre temas de libertad individual y resistencia frente a un Estado opresivo. «V for Vendetta», tanto la novela gráfica de Alan Moore como su adaptación cinematográfica, presenta un relato poderoso que examina la resistencia contra un gobierno autoritario que controla y monitorea cada aspecto de la vida ciudadana. Desde una perspectiva liberal, el mensaje que transmite «V for Vendetta» es profundamente resonante y atemporal.

    Un Estado Totalitario que Todo lo Vigila

    En «V for Vendetta», vemos una sociedad distópica donde el Estado utiliza el miedo y la vigilancia extrema para mantener el control. La «Ley de Norsefire», como se llama el partido en el poder, prioriza la seguridad y el orden sobre la libertad individual, sacrificando los derechos humanos para «proteger» a sus ciudadanos. La figura de «V» surge en respuesta, defendiendo la autonomía personal y recordando al público que el verdadero enemigo es un Estado que se cree con derecho a controlar el pensamiento y la acción de las personas.

    La Libertad como Base para la Responsabilidad Personal

    Desde una perspectiva liberal, «V for Vendetta» destaca que sin libertad no puede haber responsabilidad personal, y mucho menos autodeterminación. V no solo lucha contra las instituciones opresivas, sino que desafía a las personas a tomar el control de sus propias vidas, a cuestionar la propaganda y a exigir la verdad. En un gobierno que somete, manipula y censura, V simboliza la importancia de la desobediencia civil para preservar las libertades más básicas.

    El Individuo Contra el Colectivismo Estatal

    La historia también explora las implicaciones del colectivismo extremo. Bajo el régimen totalitario, la ideología de «seguridad para todos» se convierte en una herramienta para justificar la represión y el control. Este sistema colectivo borra al individuo, reemplazándolo por un «bien común» impuesto desde el poder. Desde un punto de vista liberal, esta es la principal amenaza: la pérdida de derechos individuales en nombre de un control centralizado que todo lo justifica en aras de un supuesto bienestar mayor.

    «People Should Not Be Afraid of Their Governments, Governments Should Be Afraid of Their People»

    Este famoso lema de «V for Vendetta» captura el espíritu liberal de la resistencia ante la tiranía. La frase subraya la creencia de que el poder del gobierno debe estar al servicio de los ciudadanos, no por encima de ellos. Esta visión es especialmente relevante en un mundo donde el poder del Estado sigue creciendo en todos los ámbitos de la vida pública y privada.

    Reflexión Final: El 5 de Noviembre como Símbolo de Vigilancia y Resistencia

    En este 5 de noviembre, recordar la historia de «V for Vendetta» nos sirve como advertencia y como inspiración. Desde una perspectiva liberal, el relato nos invita a no olvidar la importancia de proteger las libertades individuales contra los abusos de poder y a tener siempre presente que la vigilancia y el escepticismo hacia el poder son herramientas necesarias para salvaguardar nuestra autonomía.

    En un contexto contemporáneo donde el control estatal sigue en aumento, «V for Vendetta» nos recuerda que la libertad requiere valentía, y que el poder verdadero yace en el individuo libre y consciente.

  • ‘Nexus’: el nuevo libro de Harari advierte del control por los tiranos de la inteligencia artificial

    El historiador israelí Yuval Noah Harari se convirtió con su obra Sapiens en un gurú reconocido mundialmente. Diez años después ha publicado Nexus. Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA. Esta vez su relato aborda la hiperconexión de nuestra era y el poder de los algoritmos, y profetiza el desarrollo de una inteligencia artificial todopoderosa que podría otorgar a los tiranos un control absoluto de la humanidad.

    Harari lo simplifica mediante un discurso apto para todos los públicos sobre el futuro de la IA, basado en hipótesis concretas e interesantes, que va ilustrando con los datos históricos que domina.

    El meollo de la trama, como en los artículos académicos, consiste en dichas hipótesis.

    China a la cabeza

    Harari se apoya en contextos históricos que innegablemente se pueden trasladar a la situación actual, umbral de una nueva revolución tecnológica. Compara así el despliegue de las primeras líneas de ferrocarril al comienzo de la Revolución Industrial con el milenio actual y la revolución tecnológica que supuso Internet. En ambas épocas, la iniciativa privada asumió el riesgo tecnológico, guiada por consideraciones de mercado, como en nuestro tiempo han hecho Google, Facebook, Amazon, etc.

    Llegado el momento, los estados tomaron el control de los ferrocarriles, al comprender su potencial estratégico. Hoy, en el desarrollo de algoritmos e IA estatales, China lleva la delantera.

    Las ventajas para un estado dictatorial

    Resulta extremadamente interesante el punto de vista de la obra, según el cual, en la fase de iniciativa estatal, una dictadura con una gran población –y, por tanto, gran capacidad de generación de datos– y escasas restricciones legislativas posee enorme ventaja frente a sociedades libres fuertemente reguladas, consideraciones morales aparte. Este sería el caso de China frente a la Unión Europea, pionera en una legislación que trata de poner límite al uso de la inteligencia artificial.

    Aparentemente, aún estamos lejos de esta segunda fase, pues los gigantes tecnológicos todavía llevan la iniciativa. Así, escribe Harari:

    “Cuando los gigantes tecnológicos […] se proponen diseñar mejores algoritmos, normalmente pueden hacerlo”.

    Sin embargo, hace dos décadas creíamos que China nunca igualaría a Silicon Valley –de hecho ni siquiera nos lo planteábamos– y hoy los drones chinos no solo dominan el mercado, sino que surcan los cielos de Ucrania como la vanguardia de la guerra del futuro.

    Imperios y libros sagrados

    La comparación de Harari de los imperios coloniales occidentales con el desarrollo actual de herramientas de control de la población mediante IA es certera y estremecedora.

    Es brillante el paralelismo que establece entre verdades indiscutibles (IA supuestamente infalible frente a libros sagrados); autoridades de interpretación (gobiernos actuales frente a iglesias y clérigos) y mecanismos de autocorrección (ciencia actual frente a su práctica ausencia en el pasado).

    Iglesias y clérigos fueron las autoridades de interpretación de los textos sagrados indiscutibles. Hoy, son las sociedades y los gobiernos quienes han de interpretar las decisiones de la IA. Y ante la amenaza de una IA todopoderosa, Harari advierte que solo se salvará la humanidad con mecanismos de corrección que limiten y corrijan sus efectos.

    La IA como herramienta de orden

    ¿Cuáles serán los mecanismos de autocorrección de un mundo aumentado por la inteligencia artificial? ¿Actuará la IA como un potenciador del deseo intrínseco de orden en las sociedades con recursos limitados, comprometiendo los ideales de progreso en libertad que actualmente damos por sentados?

    Lo que está claro es que la IA será un actor parcialmente autónomo y, como tal, los mecanismos de corrección deberán ser externos.

    Harari nos lleva a ponderar que el peligro no es la IA “descontrolada” del imaginario colectivo, sino su uso por parte de sociedades que la empleen como herramienta de orden y control, así como el efecto de su mera existencia en la propia evolución de las sociedades.

    En algún momento podría llegar lo que Harari llama “nuevos señores supremos de la IA” con poderes absolutos. Un señor supremo de la IA podría decidir diseñar un nuevo virus pandémico, o inundar las redes con noticias falsas o incitaciones a la revuelta.

    El control de los tiranos

    El equilibrio entre sociedades enfrentadas aumentadas por IA –escribe Harari en Nexus– será mucho más inestable que el que existía entre las potencias nucleares separadas por las fronteras de la Guerra Fría. La razón es que ahora es mucho mayor la incertidumbre, propia de sistemas con más grados de libertad, sin certezas sobre las acciones y sus consecuencias.

    Profetiza Harari que una IA centralizada pasará a ser un recurso cuyo control llevará a conflictos y enfrentamientos.

    El autor rehuye la banalidad de la IA como una entidad totalmente autónoma al margen de los dirigentes humanos (aunque ilustra esa posibilidad con interesantes ejemplos del Imperio romano), pero identifica acertadamente el riesgo de que se centralice y pase a ser un recurso cuyo control se disputen los tiranos.

    El telón de silicio

    Harari menciona telones de silicio virtuales, pero ciertamente estamos presenciando el despliegue de telones de silicio físicos. La computación todavía depende de recursos muy costosos claramente localizados: centros de datos potentes, enlaces troncales que soportan conexiones masivas entre distintas áreas geográficas, etc.

    Sin embargo, la deslocalización de la IA es factible. Es decir, aunque a día de hoy la computación todavía se puede compartimentar al dictado de los gobiernos siguiendo fronteras físicas, es posible que esta limitación desaparezca pronto y que la IA pase a convertirse en un poder ubicuo que solo exista en la ciberesfera, algo que hasta ahora solo hemos visto en la ciencia ficción. En ese momento nada será como hoy creemos, para bien o para mal.

    Harari, si nos sirve de consuelo, es optimista.The Conversation

    Francisco Javier González Castaño, Catedrático de universidad del Área de Ingeniería Telemática, Universidade de Vigo

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El Muro de Berlín: Símbolo de Coacción y Fracaso del Comunismo

    El 13 de agosto de 1961, el régimen comunista de la Alemania Oriental erigió uno de los símbolos más infames del siglo XX: el Muro de Berlín. Con una longitud de 155 kilómetros, este muro no solo dividió físicamente a Berlín, sino que también simbolizó la profunda división ideológica entre el Este y el Oeste, entre el comunismo y el capitalismo. Sin embargo, más allá de su construcción física, el Muro de Berlín representó la desesperación de un sistema político y económico incapaz de sostenerse sin recurrir a la coacción y a la represión.

    Hechos Históricos y Cruces Fatales

    El Muro de Berlín fue construido por la República Democrática Alemana (RDA) con el objetivo de detener el éxodo masivo de sus ciudadanos hacia la República Federal Alemana (RFA). Entre 1949 y 1961, aproximadamente 3 millones de personas habían huido hacia el Oeste en busca de mejores oportunidades y libertades que el comunismo no podía ofrecerles. El régimen comunista, viendo su estabilidad amenazada, decidió cerrar la frontera y levantar una barrera física que impidiera a sus ciudadanos escapar.

    A lo largo de sus 28 años de existencia, el Muro de Berlín fue testigo de innumerables intentos de escape. Se estima que más de 140 personas murieron intentando cruzar el muro, mientras que muchas otras lograron escapar utilizando túneles, globos aerostáticos e ingeniosas estratagemas. Cada intento exitoso de cruzar el muro fue una victoria para la libertad, un recordatorio de que el deseo humano de vivir sin cadenas es indomable.

    El Muro: Una Vergüenza Internacional

    El Muro no solo fue una tragedia para los alemanes divididos, sino que también se convirtió en un símbolo de vergüenza para el comunismo a nivel global. Mientras que el capitalismo occidental se caracterizaba por la prosperidad, el intercambio libre y la innovación, el comunismo se mantenía por la fuerza y el miedo. El muro fue la prueba irrefutable de que el comunismo no podía competir con el capitalismo en términos de bienestar y libertad; solo podía sobrevivir aislando a su gente.

    Desde la perspectiva de la Escuela Austriaca de Economía, el Muro de Berlín es un ejemplo claro del fracaso inherente de los sistemas planificados. Friedrich Hayek y Ludwig von Mises argumentaron que la intervención estatal y la planificación centralizada inevitablemente conducen a la represión, ya que no pueden gestionar eficientemente las complejas interacciones del mercado. El muro es la encarnación física de la “ruta hacia la servidumbre” que Hayek describió: cuando el gobierno controla la economía, debe controlar también a las personas para mantener su poder.

    El Mensaje a Futuro: Más Allá de los Muros Físicos

    La caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 fue un triunfo de la libertad sobre la opresión, un testimonio de la fuerza de la voluntad humana para superar la coacción. Pero los muros no son solo físicos; existen también muros mentales e ideológicos que dividen a las sociedades y restringen el pensamiento libre. Estos muros son construidos por el dogma, el miedo y la intolerancia, y son tan peligrosos como cualquier barrera de concreto.

    El colapso del Muro debe recordarnos la importancia de defender la libertad individual y de evitar los sistemas que buscan controlar la vida de las personas desde un poder centralizado. En un mundo donde nuevas formas de intervención y regulación surgen constantemente, es crucial mantenernos vigilantes y resistir la tentación de erigir nuevos muros, tanto visibles como invisibles.

    El mensaje que deja el Muro de Berlín es claro: la libertad y el libre mercado no solo generan prosperidad, sino que también son las condiciones naturales del ser humano. Cualquier sistema que intente suprimirlos está condenado al fracaso. La historia del Muro de Berlín es una advertencia para el futuro, un recordatorio de que la coacción y la represión no pueden nunca ser la base de un orden social justo y próspero.