Orígenes de la Economía

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La economía, ante todo, es ‘acción humana’; es decir, aquello que hacemos los humanos con lo poco que tenemos para poner la paila; dicho esto en la expresión común criolla del panameño. Enfocado así, la economía no es una ciencia abstracta que separa o que su definición se aleje de su realidad básica y natural; y, en ello y como bien nos lo señala Marcos Giantanse en su artículo en el Mises, la economía no fue descubierta en una corte o junta de gobiernos, sino que sus orígenes, conocimiento y entendimiento se fue haciendo evidente entre quienes economizaban, lo cual significa reducir los gastos, evitar desperdicios y ahorrar para el futuro imprevisto. Visto así, la economía no es algo que se controla desde palacio, sino que la función de palacio es la de facilitar la actividad del mercado dentro de la cual funciona lo económico en frugalidad y ahorro.

Y, hablando de “frugal o frugalidad”, vale la pena ver y entender que esta palabra deriva del latín fuges o de los “frutos del campo o la cosecha”; lo cual está íntimamente ligado a la economía o a economizar; dado que para tantos la cosecha no siempre es abundante y obliga a ser frugales, al ahorro y al aprovechamiento. Y vale la pena darse cuenta que fueron ciertos humanos que a través de la meditación en noches estrelladas quienes fueron descubriendo estas realidades que hoy pareciera estamos olvidando o despreciando; tal vez, más que nada, por quienes pretenden gobernar a su antojo y no en función de los mejores intereses de los gobernados.

El comercio o mercado, no es mero intercambio; ya que para que el intercambio beneficia a parte y parte debe haber cálculos, previsiones, confianza, y buenas costumbres, dada la tendencia perniciosa de gobiernos y gobernantes como los que hemos tenido en Panamá, de querer dictar precios y tal, no en función del mercado sino de los votos que los mantiene en el poder.

Por otro lado, las variantes que afectan los intercambios son tantas y complejas que la pretensión de controlarlas desde palacio es arrogante y dañina. El precio al que puede alguien vender una pipa cuando la vende al borde del camino en Bejuco no es el mismo que quien intenta venderla en el Sarigua, Visto así, el control de precios es una imbecilidad y corrupción. Y no sólo entra en juego el costo de producir y poner en venta, sino la capacidad variable de quienes comercian. Hay quienes trepan palmas como monos y otros que deben pagar a otros para que las trepen. En tales casos, ¿acaso el que no sabe o puede trepar palmas de coco no debe vender pipas y cocos?

En fin, y como bien lo decía Santo Tomás de Aquino: Lo que puede gobernarse a sí mismo no parece necesitar de otro que lo gobierne. La criatura racional puede gobernarse a sí misma, pues tiene dominio sobre sus actos, y obra por sí misma, y no sólo es movida por otro, que parece ser lo propio de las cosas gobernadas. Por lo tanto, no todas las cosas están sometidas al gobierno divino.

A lo anterior añado que no sólo al “gobierno divino” sino al gobierno humano que tenemos en Panamá y que todos bien deberíamos saber que gran parte de su actuar no está orientado a servir sino a servirse.

En fin, los controles de precios, tales como los que tenemos en Panamá no están para facilitar el mercado sino en función del interés bastardo de bribones que, tristemente, solemos elegir para que nos desgobiernen.

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