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  • Culpar a los ricos e ignorar los Incentivos

    Culpar a los ricos e ignorar los Incentivos

    Pareceré loro repitiendo los mismos argumentos, pero… muchísimo cacarean los supuestos “socialistas” y tal, y muy poco salen a relucir verdades que quedan opacadas entre los goles del mundial. En este caso, me refiero al cacareo contra los ricos, cuando casi nadie sabe lo que es un rico; pues los hay que tienen mucho dinero, pero muy poca riqueza, mientras hay muchos pobres que son mucho más ricos que los adinerados.

    La verdadera riqueza está mucho más allá que el dinero; pero, si lo que estamos enfocando es la riqueza económica de un pueblo, entonces pongamos atención a realidades que típicamente se les escapan a la gran mayoría. La única forma de lograr riqueza en dinero y lograr millones de una manera sana es, produciendo y ofreciendo productos o servicios que alguien quiere comprar.

    Cada dólar que gastan los compradores es un voto a favor de un producto o un servicio. Si no te gusta, no lo compras o despides a quien te da el servicio. Pero eso no es lo que ocurre en los sistemas que dicen ser “gobierno” en los cuales estos organismos torcidos meten no las pezuñas sino todo el cuerpo. Y más aún, el mercado es como las carreras de caballo, autos y tal en cuanto a que no ganan los mismos, como cuando el gobierno mete la mano, sino que ganan los que mejor ofrecen resultados.

    A todo ello, estamos viendo un proceso que es voluntario, de libre mercado; lo cual no se da cuando el gobierno dicta precios, descuentos, supuestos subsidios y muchos otros engaños coercitivos; tales como los impuestos cuando estos son exagerados y utilizados para hacer porquerías. La triste realidad es que nuestros supuestos gobiernos han trastocado su misión de ser protector contra los bandoleros y se han convertido en los mayores bandoleros. Y el crimen no está sólo en lo que roban sino en el daño colateral de no desempeñar bien su función básica de atajar a… ¿a quién? ¿Acaso se van a atajar a ellos mismos?

    Creer que los subsidios nacen por el amor al prójimo, al pobre, al pueblo es lo máximo en despiste; pues quienes dan favores esperan colores en donaciones, votos y aplausos cuando pasa la caravana de soberbios ungidos. En todo ello se ignoran los peligros de usar el poder gubernamental para lo que no es. Los gobiernos consiguen sus ingresos no mediante producción y venta de buenos productos. El asunto es ver cuáles son y cuáles no los buenos productos; tal como el Metro y MiBus.

    A todo ello, debo celebrar a personas como George F. Novey, fundador de las empresas Novey en Panamá, quien solía decirnos: “Quien con niño se acuesta, embarrado amanece”. Y tanto George como mi padre Irving, y Richard Novey que luego administraron las empresas de la familia, no se arrimaron a los gobiernos de turno. Pero, les cuento que sí tuve que ir asentarme con un ministro para informarle de su vice que nos quería coimear. El ministro me dijo: “Esto está muy mal” y cambiaron al vice a otro ministerio.

    En fin, cuando un gobierno se entromete directamente en el mercado, tal como lo establece el Título X de nuestra Constitución, el mismo se constituye en un elemento no sólo irruptor sino peor. Y sí, los panameños necesitamos gobierno, pero… ¿es eso lo que tenemos? Triste pero la realidad es que lo que hemos venido sufriendo son asaltantes legales protegidos por la misma ley para llevar a cabo sus actividades delictivas. No proveen seguridad sino todo lo contrario.

  • Bitcoin no necesita que septiembre sea alcista

    Bitcoin no necesita que septiembre sea alcista

    En los últimos días circularon dos noticias que, a primera vista, parecen hablar de cosas completamente distintas. Por un lado, algunos analistas sostienen que el verdadero impulso alcista de Bitcoin podría comenzar en septiembre, apoyándose en patrones históricos, liquidez global y señales macroeconómicas.

    Por otro, una antigua ballena despertó después de siete años de inactividad para mover alrededor de 1.600 BTC, valuados en unos 188 millones de dólares. Inmediatamente aparecieron las especulaciones habituales: ¿va a vender?, ¿se viene una caída?, ¿es el comienzo de una distribución?

    Como siempre, el mercado reaccionó exactamente como suele hacerlo: mirando el precio.

    Pero quizá la pregunta correcta sea otra.

    El error de mirar Bitcoin como si fuera una acción

    La inmensa mayoría de los participantes entra a Bitcoin preguntándose cuánto puede subir.

    Los cypherpunks hicieron exactamente la pregunta inversa:

    ¿Por qué necesitamos una forma de dinero que ningún gobierno pueda controlar?

    Ese fue el origen de Bitcoin.

    No nació para ganarle al S&P 500, ni para convertirse en el activo de moda de Wall Street. Nació para resolver un problema político y monetario: permitir que dos personas intercambien valor sin pedir permiso a ningún tercero. El precio llegó después.

    Las ballenas van y vienen. El protocolo permanece.

    Cada cierto tiempo aparece una billetera inactiva que mueve cientos o miles de bitcoins y los medios lo presentan como un evento extraordinario.

    En realidad, demuestra justamente lo contrario.

    Esos bitcoins permanecieron inmóviles durante siete años. Nadie pudo confiscarlos. Nadie pudo congelarlos. Nadie necesitó autorización para moverlos cuando su propietario decidió hacerlo. Y eso no es una noticia sobre el precio, sino una demostración práctica de soberanía patrimonial.

    En cualquier sistema financiero tradicional, mantener un patrimonio inmóvil durante siete años depende de bancos, custodios, reguladores y jurisdicciones. En Bitcoin depende únicamente de quien posee las claves privadas.

    El mercado seguirá intentando adivinar el próximo movimiento

    Siempre existirán modelos que anuncien un mercado alcista para septiembre, diciembre o el próximo halving. Algunos acertarán y otros tantos no, porque el precio de corto plazo depende de miles de variables imposibles de conocer completamente: liquidez, tasas de interés, derivados, ETFs, geopolítica, regulación y, sobre todo, psicología colectiva.

    Convertir Bitcoin en un ejercicio permanente de predicción termina ocultando lo verdaderamente revolucionario que es.

    Si alguien compra únicamente porque espera un 30% de rentabilidad, probablemente venda cuando aparezca un -20%. Pero quien compra porque entiende el problema que Bitcoin resuelve, suele reaccionar exactamente al revés.

    El verdadero «bull market»

    Desde una mirada cypherpunk, el mercado alcista no comienza cuando el precio rompe un máximo histórico, sino que comienza cada vez que una persona comprende que puede ahorrar en un activo cuya emisión nadie puede alterar; cuando alguien aprende a autocustodiar sus monedas; cuando descubre que no necesita permiso para enviar valor a cualquier parte del mundo. O cuando entiende que las reglas del sistema no cambian porque un ministro firme un decreto o porque un banco central necesite financiar un déficit.

    Ese es el verdadero crecimiento de Bitcoin.

    El precio simplemente termina reflejándolo… tarde o temprano.

    Comprar por convicción, no por calendario

    Si septiembre resulta ser el inicio de un nuevo ciclo alcista, excelente. Si la ballena decide vender todos sus bitcoins, también será parte normal del mercado. Nada de eso modifica la razón por la que Bitcoin existe.

    Los especuladores seguirán preguntándose cuándo comprar.

    Un liberal que quiere proteger el fruto de sus decisiones económicas responde otra pregunta: ¿En qué otro sistema monetario puedo confiar más que en uno cuyas reglas no dependen de ningún gobernante?

    Mientras esa pregunta siga teniendo la misma respuesta, el precio será apenas una consecuencia. No la razón para estar aquí.

  • El socialismo no es la respuesta al capitalismo de compinches

    El socialismo no es la respuesta al capitalismo de compinches

    Supongo que quien se arrima a la ideología socialista, prima hermana del comunismo, está desencantado con aquello que llaman «capitalismo», que no es sino «capitalismo de compinches»; llamémosle «capinchismo». Pero ¿por qué, en vez de mudarse del capinchismo a «el socialismo», no optan por mudarse hacia el verdadero capitalismo, único sistema que ha demostrado capacidad de producir riqueza social, y ello solo con arrimarse a los ideales del verdadero capitalismo, ese que, mal que bien, consagra nuestra Constitución panameña en su Preámbulo? Lo que no tiene buen sentido es irse del capinchismo al socialismo, ideología que diluye la libertad como el agua diluye la sopa.

    En estos días escuchaba una discusión en Fox News en la cual una socialista (demócrata) decía que Trump quería desmantelar la red del asistencialismo estadounidense con su política de «drenar la ciénaga». La contraparte republicana le ripostó algo como: qué fácil es voltear la realidad patas arriba, creer que delegar al gran gobierno la solución de las iniquidades hace sentido, que los programas de redistribución a través de diputados —y el gobierno como garante de última instancia en el financiamiento inmobiliario, la justicia, la salud, la educación y mucho más— fuesen sanos.

    El meollo del asunto es que muchos simplemente ignoran las realidades del socialismo; o peor, su resentimiento es tan irracional que no les importa. ¿Cuál es la esencia del comunismo? Creer que desmantelando los derechos de propiedad se puede acceder a la justicia, a una sana cultura, a la ciencia, a la creatividad, a la repartición de riquezas y acabar con la tiranía. Curioso camino para lograr esas cosas, particularmente cuando para ello se requiere ese instrumento llamado «Estado/gobierno/rey», que viene casado con politicastros y toda la gama de alimañas gubernamentales. Y ojo, que no hablo del auténtico político, tan raro como el hombre de las nieves, dado que el medio está prostituido y resulta difícil ser impoluto dentro del sistema. Las dos veces que llegué a dirigir una entidad gubernamental solo duré un año, y creo que fue porque detuve aquello que no se debe detener.

    Leer la historia de los experimentos comunistas es como leer la antología del mismo Infierno, y ni siquiera me tomo la molestia de citar obras. Es rarísimo escuchar loas a Stalin, Mao, Kim Jong-un, Ho Chi Minh, Pol Pot, Castro, Chávez, Maduro, Ortega y demás, cuyas historias yacen en los cementerios de millones de inocentes asesinados bajo sus tiránicos regímenes. Ya nadie se acuerda de los muertos ni de los sufrimientos que tuvieron que soportar antes de ser arrojados como animales en infernales trincheras.

    Y hoy vemos un organismo que llaman Naciones Unidas, que agrupa mucha más desunión que unión: un organismo que a diario condena a Israel, cuando rarísima vez señala a países de líderes como los ya mencionados. Dejemos que los muertos sepulten a los vivos: ¡extraordinaria incongruencia! Los muertos yacen a nuestros pies y aún somos incapaces de escuchar sus lamentos. ¿Cómo podemos decir que somos morales y hacernos ciegos ante semejantes atrocidades?

    A tal grado hemos torcido la realidad que ya condenamos la libertad y exaltamos su defunción en manos de un socialismo que es la antesala de vuelta al comunismo. A personajes como Bernie Sanders, quien se acercó a la presidencia de los EE. UU., se le ha escuchado decir cosas como: «No creo que sea importante que discutamos acerca de la ideología socialista.» Habría que preguntarles a los aproximadamente cien millones de víctimas que claman desde sus lúgubres entierros si piensan lo mismo.

    ¿Cómo explicar la magia de gobernantes venezolanos que convierten al país más rico de América Latina en el más pobre y, no contentos con ello, lo celebran? Venezuela sufría para el momento en que escribí originalmente este artículo, una inflación de 9.000% (cifra que, para el cierre de 2018, terminaría superando el 130.000% según el Banco Central, y el millón por ciento según el FMI)., pero los pobres que lo padecían no lo entendían. Dudo que lo entendiera Maduro.

    Pongamos atención a personas como Lawrence I. McQuillan, quien nos advierte: «Un gobierno lo suficientemente poderoso para darte todo lo que quieres es lo suficientemente poderoso para quitarte todo lo que tienes.»

    PS: este artículo fue originalmente escrito en 2018. Como apreciará el lector, poco ha cambiado desde entonces.

  • Cospaia: la república que nació de un error y vivió en libertad

    Cospaia: la república que nació de un error y vivió en libertad

    En 1441, dos delegaciones —una de Florencia, otra de los Estados Pontificios— se sentaron a trazar una frontera. El acuerdo era simple: el límite pasaría por un arroyo llamado «Río». El problema es que había dos arroyos con ese nombre, separados por unos 500 metros, y cada delegación firmó pensando en uno distinto. Entre ambos quedó una franja de tierra de apenas 3,2 kilómetros cuadrados que no pertenecía a nadie. Sus vecinos, lejos de avisar del error, se declararon independientes. Nació así la República de Cospaia, y durante casi cuatro siglos ningún poder se molestó en corregir el descuido.

    Lo interesante de Cospaia no es solo que existiera por accidente, sino cómo se sostuvo. No tuvo gobierno formal, ni ejército, ni policía, ni cárceles, ni un cuerpo legislativo que dictara normas. La única autoridad reconocida era un Consejo de Ancianos y jefes de familia que se reunía para resolver disputas y coordinar decisiones colectivas —sin capacidad de coacción sistemática, más parecido a un arbitraje comunitario que a un Estado. La única ley escrita que se conserva es una frase grabada en el dintel de la iglesia local: Perpetua et Firma Libertas. Firme y eterna libertad. No hubo constitución, ni código penal, ni aparato burocrático. Y sin embargo, la comunidad prosperó durante 385 años, más que la inmensa mayoría de los estados que la rodeaban.

    El motor de esa prosperidad fue el tabaco. Cuando el papado prohibió su cultivo y consumo bajo pena de excomunión, Cospaia —al no estar bajo la jurisdicción de nadie— se convirtió en el único lugar de Italia donde la planta podía cultivarse y comerciarse libremente. Lo que los estados vecinos llamaban contrabando no era más que comercio voluntario entre partes que preferían transar antes que someterse a un monopolio estatal impuesto por decreto religioso. La prohibición, como tantas veces en la historia, no eliminó la demanda: simplemente desplazó la oferta hacia el territorio sin Estado más cercano. Cospaia también fue, por la misma lógica, un refugio para comerciantes judíos que en los territorios vecinos enfrentaban restricciones para poseer propiedad o comerciar con cristianos. Donde no había un poder central definiendo quién podía participar del mercado, la exclusión perdía su instrumento.

    Conviene ser honestos sobre los límites del caso. Cospaia no vivió en autarquía: pagaba por el uso del molino de San Giustino y por la atención del médico de Borgo Sansepolcro, y en lo espiritual dependía de un obispado extranjero. Pero esto no la aleja del caso voluntarista, lo confirma: eran relaciones contractuales entre partes, no tributos a una autoridad externa. Cospaia nunca reclamó autosuficiencia total, solo la ausencia de coacción en sus propios asuntos. Más discutible es llamarla «anarcocapitalista» en sentido estricto —el término es anacrónico y su orden interno se apoyaba en un consejo de ancianos con cierta autoridad moral—, por lo que «voluntarista» o «sin Estado» describen mejor el caso. Su «no agresión» probablemente debió tanto a la ausencia de institución coactiva como al tamaño reducido de la comunidad y al peso social de la presión familiar, un mecanismo de orden que no siempre escala.

    Y su final no fue una conquista violenta: en 1826, exhausta la tolerancia de sus vecinos y erosionada su economía por la propia legalización parcial del tabaco en los Estados Pontificios, sus catorce últimas familias firmaron la disolución a cambio de una moneda de plata y el permiso —ya regulado— de seguir cultivando.

    Aun con esos matices, Cospaia sigue siendo un dato incómodo para quienes sostienen que el orden social exige necesariamente un Estado que lo imponga. No fue una utopía teórica ni un experimento de laboratorio: fue un pueblo real, con nombres y apellidos, que durante casi cuatro siglos resolvió sus disputas sin tribunales estatales, protegió la propiedad sin policía y generó riqueza sin recaudar un solo impuesto. Su existencia no prueba que el anarquismo funcione siempre y en todo lugar. Prueba, más modestamente, que la ausencia de Estado no conduce automáticamente al caos hobbesiano que se nos enseña a temer. A veces, de un simple error cartográfico, pueden salir casi cuatro siglos de libertad.

  • Los países más ricos: no es ideología sino acciones

    Los países más ricos: no es ideología sino acciones

                         Como he señalado más de una vez, la econometría no tiene valor científico. Para empezar, cada cual realiza estas estadísticas y cálculos matemáticos, como el PIB, según sus criterios. De modo que, en el mejor de los casos pueden dibujar una tendencia con fines periodísticos. Hecha la aclaración, lo que muestra la realidad global es que la ideología, los discursos políticos son solo propaganda electoral, lo que cuenta son los hechos. La academia, la actividad intelectual, cuando es ciencia verdadera, puede influenciar a cualquier político o sociedad sea cual fuere su arenga electoral.

                          Gabriel Cohen publicó un interesante artículo titulado “Las mayores economías del mundo en 2026: nominal frente a PPA”. Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) significa comparar cuanto se puede adquirir con la misma cantidad de dinero. O sea, dos personas en países distintos pueden ganar nominalmente la misma cantidad, pero una consigue más bienes dado que allí los precios son más bajos, y entonces sería más rico.

                          El siguiente gráfico compara los países contando, por un lado, el PIB nominal, que mide la producción a las tasas de cambio actuales, y por el otro considerando la PPA, según los precios y el costo de vida locales. Los datos son proyectados para 2026.

    ideología

                      China ocupa el primer puesto como la mayor economía del mundo por PPA, dado que allí los precios son más bajos, mientras que EE.UU. sigue siendo el primero por PIB nominal que es la medida estándar utilizada para comparar economías globales ya que reflejaría la producción a las tasas de cambio actuales.

                               Con Deng Xiaoping, China inició a partir de 1978 el Gaige Kaifang, o Reforma y Apertura, proceso que emprendió para recusar al maoísmo y abrirse al mundo y al sector privado, y creció espectacularmente siendo hoy la segunda economía más grande del mundo por PIB nominal, superando a Alemania en 2007 y a Japón en 2010.

                              «No importa si el gato es blanco o negro, sino que cace ratones», fue la famosa frase de Deng marcando que lo que impacta es la realidad, las acciones que realmente ejecutan los gobiernos, no las ideologías que dicen representar.

                               La explicación filosófica es simple. El Estado, con su monopolio de la violencia -que siempre destruye- impone “leyes”, ergo, cuanto menos intervenga en la sociedad, menos destrucción ocurrirá. Así de simple, así de directo sin que importe el discurso político, el “color del gato”.

                                China superó a EE.UU. en PIB ajustado por PPA en 2014 situándose ya en USD 44,3 billones (proyectado para2026). Esto refleja las diferencias en los precios locales. Un dólar de producción en EE.UU. compra menos que uno en un país como China o India, esta última con el tercer PIB más grande del mundo ajustado por PPA.

                             Las clasificaciones por PPA destacan dónde se pueden producir o comprar bienes y servicios a menor precio, mientras que el PIB nominal sigue siendo la medida preferida para evaluar el tamaño de las estructuras financieras, el comercio internacional y la influencia global.

                           Por otro lado, Dorothy Neufeld escribe otra interesante columna titulada “Los países más ricos del mundo por PIB per cápita”. Es decir, el PIB nominal de cada país dividido por el número de habitantes, o sea, cuál sería la producción por cada ciudadano.

                           El siguiente gráfico compara el PIB per cápita de los países más ricos en el año 2000 contra el 2026 (estimado). Las cifras se muestran en dólares estadounidenses actuales y no se ajustan por inflación.

                               Destaca Irlanda donde los mismos políticos populistas que empobrecieron al país, rectificaron, “pusieron un gato que cace ratones”, bajaron el peso del Estado empezando por recortar impuestos y lograron que el país subiera del puesto 14 al 2º desde el año 2000, con un PIB per cápita que ya supera los USD 140.000, multiplicándose por cinco. La presión fiscal general en allí ronda el 22% del PIB, bien debajo del promedio europeo. EE.UU. esta en el puesto 7 con USD 94.430 y lejos China con USD 14.874.

                                 La siguiente tabla compara los países más ricos del mundo en 2000 y 2026 en términos de PIB nominal per cápita.

                              El auge refleja décadas de inversión extranjera de empresas multinacionales tecnológicas, farmacéuticas y financieras que utilizan Irlanda como base europea. Singapur también registró una de las mayores ganancias, pasando del puesto 20 al quinto. Ambos países ilustran cómo las economías más pequeñas pueden escalar rápidamente en el ranking global de riqueza atrayendo inversiones e industrias de alto valor. Lo que deja en claro además un detalle no menor.

                            Cuando en economía se dice que “los recursos son escasos” en realidad lo que es escaso es el stock actual de bienes y servicios, pero el principal recurso natural es el cerebro humano, su creatividad, que no tiene límite superior, sobreabunda en tanto el Estado no lo impida coactivamente, por ejemplo, con leyes de estatales de copyright que limitan los cerebros que pueden trabajar, sobre algunas ideas, a aquellos que ostentan el monopolio de esa idea garantizado por estas leyes. Por ello, los países más ricos son aquellos en los que el Estado coarta menos la creatividad humana, aun cuando tienen escasos bienes naturales distintos a la creatividad personal, como petróleo o tierras agrícolas.

  • Estado, Estatismo y Cultura

    Estado, Estatismo y Cultura

    “La educación formal, las políticas culturales y el extenso financiamiento de las artes fueron todos dirigidos hacia la construcción de una «cultura oficial «.

    Una contradicción fundamental reside en el corazón de la Constitución de Panamá. Mientras prohíbe formalmente el ejercicio arbitrario y discrecional del poder, su propio lenguaje crea las condiciones que hacen tal comportamiento no solo posible, sino inevitable.

    Los artículos 282 y 284 abren el compás para que los gobiernos del Estado queden facultados en “orientar, dirigir, reglamentar, reemplazar o crear” actividades económicas y de intervenir en cualquier empresa en busca de objetivos vagos como la “justicia social”, la “utilidad pública” y la “función social” de la propiedad. Estas cláusulas elásticas entregan a los sucesivos gobiernos un cheque en blanco de enorme amplitud ideales para cosas nada sanas.

    Así, lo que la Constitución pretende prohibir como abuso de autoridad, lo habilita estructuralmente mediante la misma amplitud y ambigüedad de sus disposiciones. El resultado es una invitación permanente a la aplicación selectiva de las normas, al favoritismo político, al exceso regulatorio y a la corrupción: exactamente las prácticas discrecionales que el texto legal dice querer restringir.

    Nos advierte Rahimi Zonouz que lo típico alrededor del mundo ha sido que “la educación formal, las políticas culturales y el extenso financiamiento de las artes fueron todos dirigidos hacia la construcción de una «cultura oficial«. Esta afirmación captura con precisión uno de los mayores riesgos del estatismo, que es:

    la tendencia del Estado a no limitarse a crear condiciones para el florecimiento cultural, sino a intervenir directamente en su producción, distribución y orientación”. John A. Bennett N.

    En Panamá, esta inclinación se manifiesta a través de la educación pública centralizada (MEDUCA), las políticas culturales estatales y el financiamiento selectivo de expresiones artísticas. Lejos de respetar la espontaneidad y diversidad cultural, el Estado busca moldear una cultura que sirva a sus objetivos de control, perpetuación un poder torcido y protección serviles intereses particulares que han marcado históricamente la gobernanza en el país.

    El tema de fondo o meollo es que existe una relación básica entre lo que es o debe ser el “Estado”; es decir, el pueblo soberano que en su dispersión sociocultural busca vivir en sano albedrío sin ataduras de desviados intereses políticos. A ello se lo conoce como el “Estado-nación”.

    Curiosamente no todos los países son Estados-nación; tal como Russia, India y otros más. Muchos de estos son multiculturales con clara identidad regional, tal como nuestros pueblos originarios. La tendencia general es ver a Panamá como un Estado-nación; sin embargo, me parece que como ocurre con tantas cosas, el asunto no es blanco y negro, sino mestizo.

    Pero, lo que debería llamarnos a la meditación es que a pesar de que Panamá tiene considerables libertades civiles y apertura económica, al menos y según el ranking de libertad, está infectada de un considerable grado de corrupción y clientelismo partitocrático que; al agregar las particulares realidades indígenas, que tienen sus propios entendimientos de los derechos de propiedad, son difíciles de acoplar con los preceptos constitucionales vigentes.

    Nuestra realidad estatal precede y dio forma a gran parte de la conciencia moderna nacional; más relacionado con el Canal que con una homogeneidad étnica; lo cual debería llamarnos al estudio de cómo la libertad personal, económica y cultural, interactúa con el poder de los gobiernos del Estado y el mismo Estado. El Artículo 127 de la Constitución nos da un buen pantallazo de una realidad que escapa a muchos panameños.

    En resumen, el enfoque de este escrito está dirigido a crear conciencia del enorme reto que tenemos los panameños no sólo relativo a la diversidad cultural que dificulta la creación o existencia de una cohesión social; sino también estatismo malsano que padecemos y que está evidente en nuestra supuesta Constitución; esa que lo que más constituye o facilita es el desgobierno.

  • Mucho algoritmo y pocas humanidades: así se forman los creadores de IA

    Mucho algoritmo y pocas humanidades: así se forman los creadores de IA

    En los próximos años, los sistemas de inteligencia artificial (IA)influirán cada vez más en decisiones relacionadas con el empleo, la educación, la salud, la seguridad, la justicia o el acceso a servicios públicos.

    Los datos muestran un crecimiento espectacular de estas titulaciones. Desde que la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad del País Vasco pusieran en marcha los primeros grados específicos en Inteligencia Artificial en 2020, la oferta se ha expandido hasta alcanzar veinticinco universidades españolas en apenas seis años.

    Respuesta a la demanda del mercado

    La demanda laboral explica en gran medida este fenómeno. Empresas e instituciones buscan perfiles especializados capaces de diseñar algoritmos, desarrollar sistemas de aprendizaje automático o gestionar grandes volúmenes de datos.

    Pero las competencias que las empresas definen para este perfil incluyen adaptabilidad, aprendizaje continuo, IA aplicada, pensamiento crítico, inteligencia emocional, liderazgo colaborativo, gestión del conocimiento, comunicación, creatividad o ética tecnológica.

    ¿Está la formación alineada con estas demandas? ¿Cómo se están formando estos futuros profesionales?

    Apenas hay contenidos no técnicos

    Hemos investigado el contenido de los grados de Inteligencia Artificial en las universidades españolas y comprobado que apenas contienen formación en ética, filosofía, sociología o pensamiento crítico.

    Las materias humanísticas tienen poco peso en la formación de estos futuros profesionales de tecnologías con un impacto profundo en la vida de millones de personas.

    Al analizar los planes de estudio de estas titulaciones encontramos que la inmensa mayoría mantiene una orientación eminentemente técnico-científica. Matemáticas, programación, estadística, ciencia de datos o aprendizaje automático ocupan el núcleo de la formación. Las asignaturas relacionadas con la reflexión ética, social, legal o cultural aparecen de manera testimonial en muchos programas.

    De siete a dos asignatura humanística

    Algunas universidades destacan por incorporar una mayor presencia de contenidos humanísticos. La Universidad de Málaga, por ejemplo, incluye siete asignaturas vinculadas a cuestiones éticas, jurídicas o sociales en algunas de sus especilizaciones; la Universidad de Deusto incorpora seis; y otras instituciones como CUNEF, la Universidad del País Vasco, la Universidad Francisco de Vitoria o la Universidad Pontificia de Comillas cuentan con entre cuatro y cinco materias de este tipo.

    Sin embargo, en numerosas universidades la formación humanística se reduce a una o dos asignaturas, y en algunos casos apenas existe una materia relacionada con estas cuestiones a lo largo de toda la carrera. La presencia de las humanidades es claramente residual, con una tendencia estructural a priorizar la competencia técnica frente a la reflexión ética, legal y social.

    ¿Por qué debería preocuparnos este desequilibrio?

    La IA ya no es una tecnología confinada a los laboratorios. Los algoritmos participan en procesos de selección de personal, ayudan a establecer diagnósticos médicos, influyen en qué información vemos en internet, determinan recomendaciones educativas y pueden llegar a intervenir en decisiones administrativas o judiciales. Cuando estas herramientas funcionan con sesgos, reproducen discriminaciones o afectan a derechos fundamentales, las consecuencias son profundamente humanas.

    Por eso quienes diseñarán estas tecnologías deberían recibir una formación más extensa en disciplinas que precisamente estudian a los seres humanos y las sociedades. Programar un sistema capaz de reconocer patrones es una habilidad esencial. Comprender cómo esos patrones pueden reforzar desigualdades sociales también debería serlo.

    Más allá de asignaturas aisladas

    Los autores del estudio sostienen que no basta con añadir una asignatura aislada sobre ética para resolver el problema. Lo que está en juego es una concepción más amplia de la formación universitaria. Proponen integrar conocimientos procedentes de la filosofía, la sociología de la tecnología, el derecho digital, la ciencia política, la epistemología de los datos o incluso los llamados “neuroderechos”, un ámbito sobre la protección de la identidad mental y la autonomía cognitiva en un contexto de creciente interacción entre inteligencia artificial y neurotecnologías.

    La cuestión de fondo es sencilla pero decisiva. Si los sistemas de IA van a influir en la organización de nuestras sociedades, ¿puede considerarse suficiente una formación centrada casi exclusivamente en la dimensión técnica? ¿Es posible construir tecnologías justas sin comprender en profundidad los problemas sociales que pretenden resolver? ¿Podemos hablar de innovación responsable cuando quienes desarrollan estas herramientas apenas tienen espacios para reflexionar críticamente sobre sus consecuencias?

    Encrucijada histórica

    Nuestra investigación plantea que la universidad española se encuentra ante una encrucijada histórica. No solo debe formar profesionales capaces de desarrollar tecnologías avanzadas, sino también ciudadanos preparados para comprender sus implicaciones sociales, políticas y culturales.

    Quizá el verdadero desafío de la inteligencia artificial no sea crear máquinas cada vez más inteligentes, sino garantizar que quienes las diseñan comprendan mejor la complejidad humana. Porque una sociedad gobernada por algoritmos necesita ingenieros excelentes, pero también profesionales capaces de preguntarse para quién se construye la tecnología, a quién beneficia, a quién puede perjudicar y qué valores incorpora en su funcionamiento.

    Si la IA va a tomar decisiones que afectan a millones de personas, sus algoritmos deberían estar diseñados por personas que hayan aprendido sobre desigualdad, la ética o derechos fundamentales. Los especialistas capaces de programar sistemas inteligentes también deberían ser capaces de comprender sus consecuencias, pues serán quienes tengan un impacto más directo sobre los valores que estos sistemas deberían incorporar.

    Vanesa Cejudo Mejias, Directora de Innovacón en Facultad de Ciencias sociales y Hum. Docente en area social y area arte, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Orígenes de la Economía

    Orígenes de la Economía

    La economía, ante todo, es ‘acción humana’; es decir, aquello que hacemos los humanos con lo poco que tenemos para poner la paila; dicho esto en la expresión común criolla del panameño. Enfocado así, la economía no es una ciencia abstracta que separa o que su definición se aleje de su realidad básica y natural; y, en ello y como bien nos lo señala Marcos Giantanse en su artículo en el Mises, la economía no fue descubierta en una corte o junta de gobiernos, sino que sus orígenes, conocimiento y entendimiento se fue haciendo evidente entre quienes economizaban, lo cual significa reducir los gastos, evitar desperdicios y ahorrar para el futuro imprevisto. Visto así, la economía no es algo que se controla desde palacio, sino que la función de palacio es la de facilitar la actividad del mercado dentro de la cual funciona lo económico en frugalidad y ahorro.

    Y, hablando de “frugal o frugalidad”, vale la pena ver y entender que esta palabra deriva del latín fuges o de los “frutos del campo o la cosecha”; lo cual está íntimamente ligado a la economía o a economizar; dado que para tantos la cosecha no siempre es abundante y obliga a ser frugales, al ahorro y al aprovechamiento. Y vale la pena darse cuenta que fueron ciertos humanos que a través de la meditación en noches estrelladas quienes fueron descubriendo estas realidades que hoy pareciera estamos olvidando o despreciando; tal vez, más que nada, por quienes pretenden gobernar a su antojo y no en función de los mejores intereses de los gobernados.

    El comercio o mercado, no es mero intercambio; ya que para que el intercambio beneficia a parte y parte debe haber cálculos, previsiones, confianza, y buenas costumbres, dada la tendencia perniciosa de gobiernos y gobernantes como los que hemos tenido en Panamá, de querer dictar precios y tal, no en función del mercado sino de los votos que los mantiene en el poder.

    Por otro lado, las variantes que afectan los intercambios son tantas y complejas que la pretensión de controlarlas desde palacio es arrogante y dañina. El precio al que puede alguien vender una pipa cuando la vende al borde del camino en Bejuco no es el mismo que quien intenta venderla en el Sarigua, Visto así, el control de precios es una imbecilidad y corrupción. Y no sólo entra en juego el costo de producir y poner en venta, sino la capacidad variable de quienes comercian. Hay quienes trepan palmas como monos y otros que deben pagar a otros para que las trepen. En tales casos, ¿acaso el que no sabe o puede trepar palmas de coco no debe vender pipas y cocos?

    En fin, y como bien lo decía Santo Tomás de Aquino: Lo que puede gobernarse a sí mismo no parece necesitar de otro que lo gobierne. La criatura racional puede gobernarse a sí misma, pues tiene dominio sobre sus actos, y obra por sí misma, y no sólo es movida por otro, que parece ser lo propio de las cosas gobernadas. Por lo tanto, no todas las cosas están sometidas al gobierno divino.

    A lo anterior añado que no sólo al “gobierno divino” sino al gobierno humano que tenemos en Panamá y que todos bien deberíamos saber que gran parte de su actuar no está orientado a servir sino a servirse.

    En fin, los controles de precios, tales como los que tenemos en Panamá no están para facilitar el mercado sino en función del interés bastardo de bribones que, tristemente, solemos elegir para que nos desgobiernen.

  • En la Política Resucita el Primitivismo Selvático

    En la Política Resucita el Primitivismo Selvático

    En su origen, la palabra “política” tuvo el sentido de perseguir nobles objetivos a través de los cuales los ciudadanos podían organizar sus vidas en comunidad de manera segura y productiva. Pero, como suele suceder en asuntos del poder, lo que en principio tuvo nobleza se corrompió, tomando el sentido de engaños y beneficios políticos. Hoy día el vocablo “política” o “político” ha tomado un sentido peyorativo y ello no es casual sino causal. En sentido maquiavélico, la política se convirtió en la estratagema para acceder y mantener el poder. En Panamá vivimos el desboque burrocrático en la manipulación de los medios noticiosos en dónde muchos se caracterizan por una retórica de calabaza vacía.

    La política de arrabal que hoy vivimos se nutre de la pobreza e ignorancia que sembraron las élites del Intramuros del Casco Viejo.

    En tal ambiento la lógica sucumbe, igual que el debate técnico, el científico y social; tanto en lo económico como en lo ético y todo queda subordinado a las chuecas agendas partidistas. Así, la comparsa que logró entrar al Palacio de las Garzas prioriza su permanencia y en ello las necesidades de la población van perdiendo prioridad. Peor es que un presidente honesto es igual que una manzana sana en un cesto de podridas.

    En ese muladar se extravían la justicia y la ética, como también el cálculo económico; ese que sólo existe en libre mercado, dado que los gobernantes carecen los incentivos del ahorro ya que el dinero que usan o mal usan lo arrebatan en impuestos desbocados. Peor aún es que todo ello corrompe el emprendimiento y a los emprendedores; ya que quienes no se aparean con los demonios se van al fracaso.

    Más tenebroso es que en semejante patología lo torcido se vuelve “normal”, realidad pintada en el decir: “robó, pero le dio al pueblo”.

    Más horrible aún es ver a los asaltantes del poder valerse del inmenso pecado de la envidia, del cual se aprovechan para abanicar y vilipendiar al capitalista, al empresario, a la propiedad; al rico y tal; lo cual lo deja a uno pensando que lo único que tiene valor es ser pobre, sin capital, sin empresas, sin propiedades y sin dinero, tal como ha ocurrido por todo nuestro hemisferio.

    Hoy, se confunden las palabras “gobierno” y “Estado” escribiendo “Estado” con “E” mayúscula; engaño para hacer ver que el gobierno es el estado; es decir, el pueblo. Sí, como no… hay que ser más que ingenuo para creer que nuestros gobiernos representan los verdaderos y buenos intereses del pueblo. Y más tenebroso aún es que el adoctrinamiento y el engaño han sido tan buenos que el pueblo ni siquiera conoce lo que les conviene.

    Vivimos en la letrina del engaño; cinismo que nos lleva a la fragmentación del verdadero estado, que somos todos; mientras que los gobiernos son los organismos a quien el pueblo delega su seguridad y su economía. En ese engaño deberíamos ver la bestia agazapada en los matorrales esperando para su ataque.

    Así, la población queda fracturada y, como reza el dicho, “divide y vencerás”; o, tal vez lo que dice es “divide y robarás”. El verdadero y auténtico gobierno está llamado a enfocarse en la seguridad y la libertad de sus representados; la población. Imagínense que hasta nuestra horrible Constitución comunista comienza señalando eso en su Preámbulo.

    El buen gobierno, la productiva gobernanza se basa en sana economía; y, la palabra “economía” lo dice todo… “economizar” y no dilapidar y robar.

  • MiCA entra en pleno vigor

    MiCA entra en pleno vigor

    Hoy, 1 de julio de 2026, expira formalmente el régimen transitorio del Reglamento MiCA. Dieciocho meses de prórroga que casi todos los Estados miembros, apuraron hasta el último minuto. A partir de esta medianoche, cualquier proveedor de servicios de criptoactivos que opere en la Unión Europea sin autorización de la CNMV —o de su homóloga en otro país del bloque, vía pasaporte comunitario— está, sencillamente, fuera de la ley. No es una nueva norma. Es el cierre de una puerta que llevaba dos años entornada.

    Conviene no caer en el catastrofismo de barra de bar cripto. MiCA no toca ni una línea del protocolo de Bitcoin. No hay bloque que deje de minarse, ni transacción P2P que deje de firmarse. Lo que MiCA regula son los intermediarios: los exchanges, los custodios, los emisores de stablecoins. Es decir, regula precisamente aquello que el diseño original de Satoshi nació para volver innecesario. Ahí está la ironía que merece ser nombrada sin épica ni desprecio: la ley europea no ataca a Bitcoin, lo confirma como frontera. Regula todo lo que rodea al protocolo y deja intacto, por definición, lo que no puede regular.

    Lo que cambia para quien usa un exchange

    Para el usuario medio de Binance, Coinbase o Kraken en Europa, hoy no hay drama inmediato. Los grandes ya tienen o están tramitando su licencia MiCA, muchos vía pasaporte desde otro Estado miembro. Pero el paisaje se ha vaciado con violencia: de los más de tres mil proveedores que operaban bajo los registros nacionales heredados, apenas una fracción sobrevive con autorización plena en España por ejemplo, y solo un puñado cuenta con la licencia de Clase 3 que permite custodiar fondos de clientes en el modelo de exchange tradicional. El costo de entrada —entre cincuenta mil y cien mil euros solo para iniciar el trámite, y hasta dos millones anuales de cumplimiento recurrente— ha operado como un filtro de clase: sobreviven los que ya eran grandes, mueren los que aspiraban a serlo.

    Y hay una factura silenciosa que nadie imprime en el folleto de bienvenida: desde enero de este año, DAC8 obliga a los exchanges a reportar automáticamente a Hacienda cada transacción, cada saldo, cada movimiento, sin umbral mínimo. Da igual si son cincuenta euros o cincuenta mil. La promesa original de privacidad financiera, en un exchange regulado europeo, ha muerto de muerte natural y nadie ha firmado la esquela. MiCA protege al usuario del exchange que quiebra o que le miente en el libro blanco. No lo protege —no puede, no quiere— del Estado que quiere saberlo todo sobre él.

    Lo que no cambia para quien no usa un exchange

    Aquí está el matiz que la cobertura alarmista suele saltarse: quien opera en autocustodia, quien interactúa directamente con un contrato inteligente en Uniswap o Aave desde su propia wallet, quien mueve Bitcoin peer to peer sin pasar por un intermediario centralizado, no está dentro del perímetro de MiCA. No es una laguna legal que algún burócrata cerrará en la próxima revisión. Es la consecuencia estructural de cómo funciona la tecnología: MiCA regula sujetos —empresas, personas jurídicas, prestadores de servicios—, y cuando eliminas al sujeto intermediario no queda nadie a quien notificar, auditar o sancionar. El protocolo no tiene domicilio fiscal ni consejo de administración al que la CNMV pueda enviarle un requerimiento.

    Esto no convierte la autocustodia en gratuita ni en cómoda. Gestionar tus propias llaves exige aprender, y aprender exige tiempo que la mayoría no está dispuesta a invertir mientras el botón de «comprar» del exchange siga a un clic. La soberanía técnica siempre ha tenido ese costo de entrada, y sería una falta de honestidad intelectual venderla como un gesto sin fricción. Pero la opción sigue ahí, intacta, el mismo 1 de julio en que Europa cierra el cerco sobre todo lo demás.

    El viejo espíritu de Satoshi, puesto a prueba

    El diseño de Bitcoin nunca prometió que los intermediarios desaparecerían solos. Prometió que dejarían de ser necesarios para quien decidiera prescindir de ellos. Quince años después, la mayoría de los usuarios de cripto en Europa —por comodidad, por desconocimiento o por pura racionalidad económica— siguen prefiriendo el intermediario regulado a la responsabilidad total sobre sus propias claves. MiCA no traiciona el cypherpunk original: simplemente confirma que la inmensa mayoría del mercado nunca quiso vivir en él. Quería el activo, no la filosofía. Quería la exposición a Bitcoin sin renunciar a la comodidad de un tercero que responda cuando algo sale mal.

    Eso no es una derrota del proyecto original. Es su bifurcación natural. Hoy conviven, con más nitidez que nunca, dos capas: la de los exchanges regulados —vigilados, reportados, fiscalizados hasta el último euro— y la del protocolo desnudo, tan libre y tan hostil con el descuido como lo fue siempre. MiCA no ha cerrado la segunda capa. La ha hecho, si acaso, más visible por contraste. Y ese contraste, más que cualquier discurso libertario de manual, es la mejor demostración práctica de por qué Satoshi diseñó lo que diseñó: no para que el Estado no pudiera regular el dinero, sino para que existiera, siempre, una salida para quien no quisiera pedirle permiso.

    La libertad que queda hoy en Europa no es la que promete ningún reglamento. Es la que sigue dependiendo, como siempre, de quién guarda las llaves.