Categoría: Politica y Actualidad

  • Guerra en nombre de la libertad

    Guerra en nombre de la libertad

    Para poder estar a favor o en contra de una guerra, deberíamos quitarle el sesgo político y eso es imposible, desde que la decisión de incursionar o no en una guerra depende del gobierno de turno que –en sociedades democráticas- ha surgido de la elección popular. Un mecanismo para legitimar decisiones centralizadas, con las múltiples fallas demostradas ampliamente por James Buchanan, Gordon Tullock y la Escuela de Public Choice. ¿Qué tan cierta es la revelación de preferencias de los votantes? Es decir, ¿qué tan cierto es que una sociedad que declara la guerra, ataques o incursiones militares de cualquier tipo sobre otras naciones realmente prefiere esa acción? En definitiva, la guerra se apoya en una eventual decisión de la mayoría, pero toda una nación debe soportar el accionar circunstancial de un grupo de personas en el poder.

    Esto nos refuerza la idea que sostenemos siempre: la única y verdadera “salvación” es siempre individual. Lo que bajo ningún concepto significa lo mismo que “aislada”. Los individuos sólo pueden progresar y desarrollarse en marcos sociales en los que la cooperación entre ellos supere a la confrontación. Por lo que la defensa de nuestros derechos fundamentales sólo puede darse en un marco en el que el individuo predomina por sobre el gobierno.

    Lamentablemente, la historia se nutre de colectivismos, especialmente después de la 2da guerra Mundial, cuando se establecieron mecanismos de derecho internacional para prevenir otra guerra, que a la postre, no han servido para nada y más bien han sido cooptados por los distintos gobiernos coyunturales. De hecho, el derecho internacional no puede aspirar a ser más que una declaración de principios y valores, en la medida en la que no es posible su ejecutoriedad o enforcement. Aún así, con el paso de los años el derecho internacional ha sido pisoteado, desatendido y cada vez más desprestigiado, normalizando las sucesivas violaciones a sus preceptos, tales como las invasiones a otros países o la interferencia en asuntos internos.

    Entonces, ¿cómo argumentar opiniones en un mundo en el que el ideario liberal no tiene cabida? Porque entendemos el sufrimiento y el horror que padecen las personas viviendo bajo dictaduras y teocracias, pero sostenemos que la salida de esos regímenes sólo puede darse como producto de la evolución y de las instituciones que –como producto del orden espontáneo- llevan a sus ciudadanos a preferir abandonar esquemas tribales, y abrazar la vida en sociedades abiertas y pacíficas

    Y por más doloroso que resulte , sólo esas sociedades pueden alcanzar la libertad, y organizar sistemas de gobierno que entorpezcan la acumulación y centralización del poder, y se guíen por reglas sostenidas en el tiempo, e independientes de las figuras humanas que tengan sobre sus hombros la tarea de liderar esas naciones. Lo que –indiscutiblemente- depende de la oferta política de sus líderes, y las preferencias de los electores.

    Desde una óptica colectivista, la situación atroz que viven las mujeres, los homosexuales y otras minorías bajo teocracias violentas se explican, precisamente, por ignorar por completo a cada uno de los individuos que conforman esos colectivos, decidiendo sobre su vida y su futuro en base a esa pertencencia. Algo diametralmente opuesto a lo que sostiene la filosofía liberal, que se sostiene en base al individualismo metodológico.

    Lamentablemente el colectivismo (en distintos grados) es lo que impera hoy en el mundo, por lo que una intervención militar o una declaración de guerra puede presentarse como honesta, ética y solidaria, y consigue el aplauso de algunos sectores voluntaristas que realmente creen que es el camino más idóneo para la liberación de esos oprimidos pueblos.

    Pero la historia también nos enseña que este tipo de intervenciones atroces no sólo jamás han logrado su objetivo liberalizante, ni siquiera mejorar lo que existía previamente, sino que han servido como medio para alcanzar fines espurios de poder o de riqueza a quienes tuvieron en sus manos la posibilidad de concretar esas decisiones. Experiencias como la de Estados Unidos en sus incursiones militares en Irak y Afghanistan incluso han empeorado las condiciones en muchos casos, sirviendo de incentivo y motivación para la gestación y el criminal accionar de nuevos grupos terroristas, cada vez más sanguinarios.

    Resulta evidente que los intereses de Israel sobre la situación en Irán van más allá de una merca cuestión política, en tanto su supervivencia como país depende de ello. Pero no esa interpretación en absoluto puede extenderse a los Estados Unidos, en tanto su supervivencia no está en juego, ni su seguridad nacional puede justificar la matanza de cientos –si no miles- de personas. Máxime cuando ese país se encontraba en negociaciones diplomáticas (es decir, acordes al derecho internacional y mecanismo con resultados probadamente más eficientes que la guerra) con Irán.

    Indiscutiblemente que una incursión bélica como la de Estados Unidos e Israel sobre Irán no puede compararse, siquiera, con la asistencia o ayuda que un país esté dispuesto a brindar a otro, por los motivos que sean; máxime si esa ayuda se hace a un país que ha sido ilegítimamente invadido por otro, como el caso de la invasión Rusa a Ucrania, en abierta violación al derecho internacional.

    En ese estado de cosas, España está liderada por un presidente nefasto para los intereses del país, quien ha arrinconado los derechos fundamentales de sus habitantes, comenzando por las afectaciones a los derechos a la propiedad privada, y causando un estado de cosas que de no existir la autonomía de cada comunidad, la concentración de poder y la centralización de las decisiones seguramente darían resultados mucho peores.

    Pedro Sánchez es un presidente que se sostiene en base a mentiras; que no rinde cuentas; que no se atiene a los límites impuestos –fácticmente- por un presupuesto, y que lleva en su conciencia (si es que la tiene) la muerte de casi 50 muertos producto de la pésima administración de las vías ferroviarias Españolas.

    Dicho esto, hasta un reloj dañado da correctamente la hora dos veces al día. Y es propio de liberales como nosotras alejarnos de cualquier dogmatismo que impida ver la realidad con la mayor amplitud de criterios posible. Indiscutiblemente que el gobierno de Pedro Sánchez es patético en términos éticos y de eficiencia, pero cuando sugiere que el ataque de Estados Unidos a Irán responde al inmoral interés particular de Donald Trump, acosado por problemas reales como su implicancia en el caso Epstein, por ejemplo, Sánchez tiene razón.

    La escalada armamentística iniciada por Estados Unidos e Israel es apenas un reflejo de la personalidad matona, soberbia y belicosa de un individuo como Donald Trump, en el que su falta de conciencia (individual y cívica) le permite llegar a extremos a los que ningún otro presidente de ese país ha llegado antes. La paz del mundo depende, en gran medida, de un puñado de individuos con el poder concentrado y suficiente para involucrar a siete mil millones de personas en un estado de cosas en un mundo prehistórico, en el que la ley del más fuerte sea la que se imponga.

    Frente a la posición de Sánchez, el resto de los países europeos se alejan de España no porque sean afines a los intereses de Donald Trump (nótese que, intencionalmente, no decimos Estados Unidos), sino porque Pedro Sánchez ha dado sobradas muestras de ser una persona sin escrúpulos, ocupando una posición de por sí cuestionable, y quien ejerce un liderazgo populista, absolutamente capáz de traicionar a sus socios europeos con tal de no perder su apoyo local y verse obligado a abandonar el poder.

    Es importante comprender que el alejamiento del resto de Europa no significa que esos países celebren o aplaudan las incursiones decididas por Donald Trump, ni que adelanten su absoluta concordancia con las decisiones que Trump tome en el futuro. Por el contrario, los países europeos (que no sean España) están dispuestos a defender los intereses europeos, y responder si sus bases en Medio Oriente o incluso en Chipre son atacadas, tal como ya ha sucedido. Esta postura está siendo liderada por Emannuel Macron, en tanto la posición de España es rechazada por los restantes miembros de la Unión Europea, por ninguna otra razón que el rechazo a los comportamientos desleales para con la región sostenidamente mantenidos por Pedro Sánchez; y no así por su declamada oposición a Trump y a los Estados Unidos. Pero es imperativo descartar la idea de una Europa boba, sometida y sojuzgada a las políticas bélicas de Donald Trump. Una Europa más parecida a la figura del bufón, o del servilismo a los Estados Unidos como la demostrada ininterrumpidamente por Javier Milei.

    Reiteramos, intentar opinar como liberales en un mundo que se rige por reglas colectivistas, es imposible sin apelar al clásico “no a la guerra”. La guerra es destrucción, comenzando por la vida, jamás estaremos a favor de ella, pero en los elementos actuales, defenderse como país ante la agresión, lo entendemos y apoyamos. Apoyar a otros países en el ataque a un tercero, aun bajo la cláusula de la disuasión o prevención, o incluso liberación, no nos encontrará de ese lado, a pesar del horror que nos cuesta plantearnos esta última situación, porque la liberación comienza por uno mismo y no esperando a un líder que lo haga por nosotros.

    Artículo editado y corregido por la Dra. Carolina González Rodríguez.

  • Putin perdió la guerra, sugiere Guy Sorman

    Putin perdió la guerra, sugiere Guy Sorman


    En su artículo Cómo Putin perdió la guerra, el ensayista Guy Sorman sostiene que la invasión rusa de Ucrania en 2022 no ha producido los resultados estratégicos que Moscú anticipaba y que, en muchos sentidos, ha terminado por significar una derrota política y simbólica para el presidente Vladímir Putin. Según Sorman, el conflicto se ha prolongado mucho más de lo previsto, la ofensiva rusa no logró un resultado decisivo y la moral de las tropas rusas ha sido inferior a la de los defensores ucranianos. Desde esta perspectiva, la guerra no solo ha puesto en entredicho las capacidades militares rusas, sino que también ha debilitado la posición internacional de Moscú.

    Fortalezas del argumento de Sorman

    Uno de los puntos fuertes de Sorman es su énfasis en la moral y legitimidad de las fuerzas combatientes. En guerras prolongadas, la voluntad de luchar y el propósito percibido suelen ser tan importantes como la superioridad material. En este conflicto, muchas fuerzas ucranianas han defendido su propio territorio con gran determinación, mientras que las fuerzas rusas se han visto inmersas en un esfuerzo bélico que ha generado numerosas bajas y ha requerido métodos cada vez más cuestionables de reclutamiento.

    Además, Sorman subraya que la guerra ha demostrado que la superioridad tecnológica o numérica no garantiza la victoria, sino que la innovación estratégica, la cohesión interna y la percepción pública juegan un papel crucial en los conflictos contemporáneos. En este sentido, él ve la capacidad ucraniana para resistir como una demostración de que el supuesto poderío militar ruso no se traduce automáticamente en éxito político o estratégico.

    Contrapuntos de otros expertos

    Sin embargo, no todos los análisis coinciden con la tesis de que Putin o Rusia ha “perdido” la guerra. Varios expertos plantean que el conflicto entra en una categoría diferente de enfrentamiento prolongado que, aunque no conduzca a una victoria decisiva para ninguna de las partes, tampoco puede considerarse una derrota estratégica para Moscú.

    Un análisis del Real Instituto Elcano señala que la guerra se ha convertido en un elemento central de la identidad rusa y del nuevo consenso interno, reforzando narrativas antioccidentales y cohesión social incluso bajo sanciones económicas. Según este enfoque, pese a las dificultades militares, la guerra ha proporcionado al Kremlin un relato que legitima la confrontación prolongada y sostiene la voluntad pública de seguir luchando.

    Esta lectura contrasta con la de Sorman: no se trata simplemente de territorios ganados o perdidos, sino de cómo un Estado utiliza el conflicto para remodelar su identidad nacional, cohesión interna y objetivos políticos. En este marco, Rusia no estaría perdiendo en términos existenciales, sino redefiniendo su rol geopolítico frente a Occidente.

    Otro enfoque, de carácter más teórico, sugiere que la guerra se inscribe en la lógica de las guerras modernas en las que los límites entre victoria y derrota se difuminan. La prolongación indefinida de un conflicto puede constituir, en sí misma, una forma de equilibrio estratégico donde ninguna parte obtiene una victoria decisiva, pero ambas mantienen capacidades suficientes para resistir. Esta visión, cercana a interpretaciones realistas, indicaría que la guerra podría convertirse en una larga confrontación sin una resolución clara, donde el desgaste mutuo no se traduce necesariamente en colapso para ninguna de las partes.

    Escenarios alternativos y perspectivas realistas

    De hecho, algunos paneles de expertos internacionales han sugerido que un posible desenlace de la guerra podría implicar una suerte de solución negociada o congelamiento del conflicto, con concesiones territoriales y compromisos diplomáticos, más que una victoria militar rotunda para Ucrania o una derrota total para Rusia. Según este escenario, el conflicto no terminaría con una expulsión completa de las tropas rusas sino con una reconfiguración política que permita el cese de hostilidades y una coexistencia tensa.

    Además, voces en el ámbito estratégico de la guerra señalan que Putin todavía mantiene herramientas de presión y que una victoria ucraniana sin concesiones territoriales es considerada improbable por gran parte de la comunidad internacional. Esto sugiere que la narrativa de “derrota” puede reflejar un deseo normativo de Occidente más que un análisis objetivo de la situación militar y geopolítica.

    ¿Derrota o estancamiento estratégico?

    El artículo de Sorman ofrece una lectura provocadora e influyente, especialmente al enfatizar la importancia de la moral, la legitimidad y la resistencia ucraniana frente a la maquinaria bélica rusa. Sin embargo, al incorporar perspectivas más amplias de expertos internacionales, se evidencia que el conflicto podría estar evolucionando hacia un estancamiento estratégico duradero más que hacia una derrota clara de uno u otro bando.

    La guerra en Ucrania ha expuesto las complejidades de los conflictos contemporáneos: la interacción entre fuerza militar, narrativa política, identidad nacional y presión internacional. Aunque la tesis de Sorman captura aspectos importantes de la resistencia ucraniana y las limitaciones del proyecto militar ruso, una comprensión más matizada exige reconocer múltiples factores y posibles escenarios que van más allá de una categorización simplista de “victoria” o “derrota”.

  • El barón feudal moderno

    El barón feudal moderno

    El Doctor en Economía, autor de al menos 11 libros, Alberto Benegas Lynch, en la onceava versión de su obra, Fundamentos de Análisis Económico, con el prólogo por el premio Nobel en Economía, Friedrich von Hayek, aborda el grave problema de la injerencia gubernamental en el mercado y mucho más. Benegas establece de salida que «el empresario es un benefactor de la humanidad puesto que sus pasos están dirigidos a servir los intereses del prójimo». Al fin y al cabo, el «empresario» no es más que el mismo prójimo actuando en su increíble diversidad de funciones, que, a pesar de estar motivadas por el interés propio, sólo lo logra si al mismo tiempo es capaz de satisfacer el interés de sus clientes, ya que nadie patrocina permanentemente a un embaucador, a menos que estemos hablando del corrupto barón feudal y hoy día de corruptos políticos, de esos que abundan ya que es más fácil ganar desde el gobierno que compitiendo de tú a tú en el mercado.

    Bien resalta Benegas que la realidad del efecto benefactor de la actividad económica ciudadana sólo tiene lugar en una sociedad libre, en el contexto de un mercado desembarazado. Que a medida en que se producen las injerencias del gobierno en las actividades comerciales de los ciudadanos empresarios se van convirtiendo en «mendicantes de favores oficiales, y comienzan a actuar en función de una corporación fascista; en suma, se convierten en barones feudales», o funcionarios gubernamentales de facto.

    En semejante escenario la calidad y el mercadeo cede ante el cabildero que se asemeja al pepenador de Cerro Patacón, buscando ventajas entre los despojos del banquete oficial. En semejante estercolero el único título que vale tener es el de suma cum laude en criptografía de putrefactas leyes e interminables reglamentos.

    Para este barón feudal lo importante es el contrato directo, los certificados de abonos tributarios, protecciones, créditos baratos exenciones fiscales y toda clase de subsidios. Si todavía hay quienes no entienden la naturaleza de la crisis económica y social que apenas ha asomado su cola, como témpano del cual sólo vemos una minúscula parte, entonces vayan poniendo sus barbas en remojo.

    Y no son solamente los «empresarios», en el sentido limitado del vocablo, sino todos aquellos pepenadores de favores oficiales, con sus mal llamadas «conquistas». La única conquista valedera y permanente es la que surge a partir de la inventiva y el esfuerzo propio y no las ganadas en la rebatiña politiquera. El problema es que en un mercado verdaderamente desembarazado no prospera el politiquero ni el barón feudal; esos que no durarían medio año en el tormentoso mar de la competencia de un libre mercado.

    En la vida sólo existen dos maneras de lograr ingresos económicos; a través del trabajo o a través del robo que se hace más fácil cuando te vistes de gobernante o barón del estado. Esta última inevitablemente lleva a una sociedad al colapso. Cada vez que escuchamos a un gobernante acusar a empresarios, se está acusando a sí mismo de interventor ya que el empresario no roba sin su socio gobernante; o disque gobernante.

    Los colapsos económicos que vemos en tantos países en dónde la insensatez llegó a su límite, tal como en Cuba y Venezuela, ahora sufren las consecuencias y eso deberían llamarnos en Panamá a la reflexión sobre nuestras propias realidades. Nosotros quizás todavía estamos a tiempo, pero sólo si despertamos y dejamos la tontería del “robó pero le dio al pueblo”.

  • En Irán, el movimiento ‘Mujer, Vida, Libertad’ no ha desaparecido pero está siendo silenciado

    En Irán, el movimiento ‘Mujer, Vida, Libertad’ no ha desaparecido pero está siendo silenciado

    Hoy en Irán parece que reina la calma (relativamente). Pero no es una calma orgánica, sino que ha sido impuesta por la fuerza. Las organizaciones de derechos humanos informan de que la represión del Gobierno en las últimas semanas ha causado miles de muertos y decenas de miles de detenidos, al tiempo que advierten de que el número real de víctimas probablemente sea mucho mayor, ocultas mediante desapariciones forzadas, entierros secretos y ejecuciones llevadas a cabo sin el debido proceso.

    Las protestas populares, que comenzaron por el colapso económico, se convirtieron rápidamente en un levantamiento político abierto, ya que los cánticos pasaron de ser reivindicaciones por la supervivencia a un rechazo absoluto del régimen. Un régimen que, para ocultar las consecuencias, decidió cortar las comunicaciones digitales y telefónicas internas y externas.

    Ahora lo que está en juego no es un simple retorno a una secuencia cíclica de protestas. Se trata de la continuación de la ruptura feminista iniciada en 2022 con el movimiento “Mujer, Vida, Libertad”, que hoy se enfrenta a dos fuerzas decididas a neutralizarla: la República Islámica y sus alternativas patriarcales y militaristas.

    Las mujeres, objetos políticos a disciplinar

    Décadas de represión han enseñado a las mujeres que sus cuerpos son el primer terreno del poder del Estado: velo obligatorio, vigilancia pública, patrullas de la moralidad, confesiones forzadas, violencia sexual durante la detención, amenazas de ejecución contra las jóvenes.

    Bajo la República Islámica, esos cuerpos se gobiernan como objetos políticos que hay que disciplinar. Las movilizaciones anteriores lo han demostrado claramente: al atacar los símbolos mismos de la dominación, las iraníes han afirmado su agencia política. Han logrado victorias en materia de visibilidad, pero el régimen jurídico basado en la sharia (ley islámica) ha permanecido intacto. Esta tensión es la que estructura la revuelta actual.

    Se ha desarrollado una postura promonárquica, facilitada por el acceso a los medios de comunicación y las plataformas políticas occidentales, que aboga por que Reza Pahlavi, hijo del difunto sha de Irán, sustituya al régimen. En sus intervenciones públicas, Pahlavi habla de las represiones como “crímenes contra la humanidad” y se posiciona como un futuro líder. Sin embargo, a principios de enero, eliminó el lema “Mujer, Vida, Libertad” de sus plataformas oficiales, una decisión criticada públicamente por activistas y por las familias de los fallecidos durante el levantamiento de 2022.

    ¿Qué augura esta alternativa? Nada que tranquilice a las iraníes. Pahlavi parece estar enviando un mensaje claro: puede haber una nueva revolución, pero sin las mujeres. De llegar, se invocaría la unidad para posponer la igualdad, tal y como ocurrió en los prolegómenos de la Revolución iraní de 1979.

    Ni República Islámica ni bombas extranjeras

    Este movimiento feminista también es plural. No representa una sola voz iraní, sino una constelación de grupos oprimidos que se reconocen mutuamente. Mujeres kurdas, baluchis, árabes, azeríes y persas han dado forma a esta revuelta.

    Varias de sus voces más radicales se encuentran hoy en prisión. Entre ellas, la kurda Verisheh Moradi, que recientemente ha enviado dos cartas desde su celda. En ellas rechaza la falsa elección impuesta a los iraníes. “No queremos la República Islámica”, escribe, “pero tampoco queremos bombas extranjeras”.

    No se trata de neutralidad. Es una postura feminista y anticolonial, basada en la conciencia de que la dictadura y la intervención militar destruyen en primer lugar a las mujeres.

    Este rechazo es esencial. Cuando los soldados israelíes escribieron “Mujer, Vida, Libertad” en los misiles durante la guerra de junio de 2025, la insurrección feminista fue vaciada de su significado para convertirse en un eslogan colonial de dominación. El lema nació del asesinato de la joven kurda Jina Mahsa Amini a manos de la policía moral. Nació de los cuerpos de las mujeres en rebelión, no de los ejércitos.

    Una máquina de dominación basada en la humillación de las mujeres

    Fuera de Irán, la realidad se malinterpreta constantemente. La revuelta se reduce con frecuencia a un enfrentamiento con el islam y se enmarca como un conflicto civilizatorio entre la religión y la modernidad.

    Tales interpretaciones convierten una lucha política en una lucha cultural. Han alimentado la vacilación y la solidaridad selectiva en partes de la izquierda occidental y las comunidades musulmanas, borrando décadas de resistencia dirigida no contra la fe, sino contra un régimen que ha utilizado la religión como instrumento de castigo, vigilancia y muerte.

    Pero lo que está en juego no es la fe, sino el poder.

    La revuelta actual se basa en esta experiencia acumulada. Al persistir en organizarse, testificar y resistir a pesar de las ejecuciones, la tortura y el bloqueo informativo, las mujeres no formulan simples reivindicaciones. Afirman un nuevo orden político en el que la vida, y no la obediencia, se convierte en el valor central.

    “Mujer, Vida, Libertad” no se ha contentado con oponerse al régimen. Ha cambiado profundamente el discurso de autoridad que ha estructurado la política iraní durante un siglo.

    Esto es precisamente lo que la República Islámica y sus supuestos sucesores intentan hoy anular.

    El apagón empobrece a las mujeres

    El régimen considera a su propia población como un enemigo. Los manifestantes son calificados de terroristas, agentes del Mossad o elementos similares al Daesh.

    En un sistema jurídico en el que la moharebeh محاربه, “la guerra contra Dios”, se castiga con la pena de muerte, este lenguaje permite las ejecuciones incluso antes de los juicios. El bloqueo digital total viene a reforzar esta violencia. Al eliminar la visibilidad, el régimen ha ocultado los asesinatos y transformado su significado político. La violencia se vuelve gobernable cuando no se puede ver, contar o llorar colectivamente.

    El bloqueo también destruye los medios de vida. Miles de mujeres iraníes, excluidas del empleo formal por leyes discriminatorias y prácticas de contratación basadas en el género, dependen de microeconomías en línea para ofrecer servicios de belleza a domicilio, clases particulares, traducciones, artesanía y comercio a pequeña escala.

    Al cortar la infraestructura digital, el Estado desmantela la frágil autonomía que las mujeres han logrado forjarse bajo la exclusión estructural, empujándolas de nuevo a la dependencia, la invisibilidad y el cuidado no remunerado.

    La violencia contra ellas

    A esto se suma la represión. Los profesionales médicos y las investigaciones sobre derechos humanos han documentado disparos dirigidos a la cara, los ojos y los genitales de las mujeres, así como violencia sexualizada durante la detención y el encarcelamiento.

    La violación y la tortura sexual no solo sirven para extorsionar confesiones, sino que destruyen los lazos sociales, los matrimonios y los proyectos de futuro. Las mujeres que salen de prisión sufren traumas duraderos. Sus cuerpos siguen llevando las secuelas de la guerra mucho después de que cesen los disparos.

    La guerra exige que algunas vidas sean tratadas como desechables, y las mujeres casi siempre se encuentran entre las primeras en ser sacrificadas. Las iraníes lo saben. Su rechazo tanto a la dictadura como a los salvadores extranjeros no es ingenuidad. Es inteligencia política.

    ¿Quién escribirá el después de la revolución?

    Las iraníes ya han logrado algo extraordinario. Han resquebrajado los cimientos de un orden político construido sobre su subordinación.

    Lo que está en juego hoy en Irán no es solo la cuestión del poder. Es la definición misma de la revolución. ¿Volverá a ser una vez más la historia de hombres que se apoderan del futuro a costa de las mujeres, o esta vez las mujeres que se han organizado, han resistido y han derramado su sangre podrán finalmente forjar el futuro?

    Si la historia se repite, las mujeres corren el riesgo de quedar relegadas una vez más después de haber liderado la lucha. Sin embargo, el futuro de Irán no puede construirse sin aquellas que han convertido sus propias vidas en un acto de resistencia. El día después de la caída de este régimen también les pertenece. Y mientras se siga cuestionando esta evidencia, “Mujer, Vida, Libertad” seguirá siendo una línea divisoria, y no un eslogan del pasado.

    Mina Fakhravar, PhD Candidate, Feminist and Gender Studies, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Victoria del Estado de Derecho con consecuencias globales

    Victoria del Estado de Derecho con consecuencias globales


    El 20 de febrero de 2026, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos (SCOTUS) emitió una de las decisiones más significativas de la era contemporánea en materia de separación de poderes y política comercial. Con una mayoría de 6 votos contra 3, los magistrados declararon que la agresiva política arancelaria impuesta por el presidente Trump bajo la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) de 1977 excedía las facultades que dicha ley confiere al ejecutivo. El fallo, redactado por el presidente del Tribunal, John Roberts, y respaldado por una coalición inusual que reunió a jueces conservadores y liberales, representa una reafirmación del orden constitucional americano, una victoria del Estado de Derecho frente al ensanchamiento unilateral del poder presidencial.

    La doctrina de las «grandes cuestiones» y el principio de legalidad

    Trump había utilizado el IEEPA para imponer dos tipos de aranceles: los llamados «aranceles de tráfico,» dirigidos a China, Canadá y México por el flujo de fentanilo, y los «aranceles recíprocos,» que gravaban las importaciones de casi todos los países alegando déficits comerciales como amenaza extraordinaria a la seguridad nacional. Sin embargo, ningún presidente anterior había recurrido jamás a esa ley para imponer aranceles, y el Tribunal lo señaló con contundencia.

    La postura legal del gobierno habría supuesto «una expansión transformadora de la autoridad del presidente sobre la política arancelaria,» concluyó la mayoría. Para justificar poderes «extraordinarios,» Trump debía señalar «una autorización clara del Congreso. No puede hacerlo.» Roberts anclaba así su razonamiento en la conocida doctrina de las major questions —la idea de que el Congreso debe autorizar explícitamente las políticas de gran impacto nacional—, aunque esta parte de su opinión no alcanzó la mayoría absoluta.

    Desde una perspectiva liberal, el valor de esta doctrina es inequívoco: impide que el ejecutivo colonice, mediante interpretaciones expansivas de leyes antiguas, competencias que la Constitución reserva a la rama legislativa. Como subrayó Roberts, «cuando el Congreso otorga la facultad de imponer aranceles, lo hace de forma clara y con restricciones cuidadosas. Aquí no hizo ninguna de las dos cosas.» La legalidad no es un formalismo burocrático: es el andamio que sostiene la certeza jurídica sobre la que operan los mercados, los ciudadanos y las naciones.

    Una coalición transideológica: señal de instituciones que aún resisten

    Que la mayoría incluyera a Roberts, Gorsuch y Barrett —magistrados conservadores nombrados por presidentes republicanos— junto a las tres juezas liberales es en sí mismo un mensaje institucional de primer orden. Trump calificó de «una vergüenza para la nación» a los jueces que votaron en su contra. Esa reacción, políticamente cargada, ilustra la presión a la que están sometidas las instituciones: cuando el poder ejecutivo ataca la legitimidad del judicial por no plegarse a sus designios, la independencia de los tribunales pasa de ser un principio abstracto a una necesidad democrática urgente.

    Los disidentes —Thomas, Alito y Kavanaugh— no negaron el valor de la separación de poderes, sino que interpretaron el texto legal de modo más deferente hacia el ejecutivo. Kavanaugh sostuvo en su disenso que «el Tribunal concluye que el presidente marcó la casilla legal equivocada al basarse en el IEEPA en lugar de otro estatuto.» Se trata de una discrepancia técnica genuina, pero que —en el contexto de un ejecutivo que buscaba poderes arancelarios «de cantidad, duración y alcance ilimitados»— resulta, desde una óptica liberal, insatisfactoria como respuesta a los riesgos de arbitrariedad.

    Consecuencias para el comercio internacional: alivio provisional, incertidumbre estructural

    El fallo ofrece alivio inmediato a los actores del comercio global. Según la Tax Foundation, los aranceles del IEEPA habrían recaudado 1,4 billones de dólares entre 2026 y 2035, y se estima que ya se han cobrado más de 160.000 millones de dólares de forma ilegal desde su imposición. Las bolsas reaccionaron al alza tan pronto como se conoció la decisión, señal de que los mercados valoraban la predictibilidad legal por encima de la protección arancelaria.

    Sin embargo, la victoria es parcial. Trump anunció de inmediato un nuevo arancel global del 10% amparado en la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, válido durante un máximo de 150 días sin aprobación del Congreso. La arquitectura arancelaria puede reconstruirse; lo que el fallo impide es que se levante de forma permanente sobre bases legales frágiles y sin rendición de cuentas legislativa.

    Para los socios comerciales de Estados Unidos, el veredicto confirma que el sistema de pesos y contrapesos americano sigue operativo, aunque maltrecho. La errática política arancelaria de los últimos años —aranceles que subían y bajaban según el estado de ánimo de un solo hombre— había erosionado la confianza en la estabilidad regulatoria norteamericana como pilar del orden comercial multilateral. Instituciones sólidas no son aquellas que nunca son desafiadas, sino las que resisten el desafío y se reafirman.

    El Estado de Derecho como bien público global

    El fallo del 20 de febrero de 2026 no es solo un tecnicismo sobre los límites del IEEPA. Es una declaración sobre lo que significa gobernar dentro de la ley. Una mirada liberal exige que el poder económico —como cualquier otro— esté sujeto a normas claras, debatidas democráticamente y aplicadas de modo no arbitrario. Cuando eso no ocurre, no solo sufren los importadores y los consumidores: sufre la arquitectura entera del comercio internacional, construida sobre la expectativa de que los Estados actúan dentro de marcos jurídicos predecibles.

    El Tribunal Supremo, esta vez, estuvo a la altura de esa exigencia. La pregunta que queda abierta es si el resto de las instituciones —y en especial el Congreso— aprovechará este momento para recuperar su rol constitucional en la política comercial, o si simplemente asistirá, pasivo, a la próxima vuelta de la espiral.

  • El Engaño Semántico

    El Engaño Semántico

    Tal como he señalado en múltiples artículos pasados, la batalla del convencimiento comienza con la “semántica”; es decir, el laca-laca y el torcimiento del significado de las palabras. La semántica estudia la psicología del lenguaje o el dar a entender; pero, lastimosamente, así como el buen uso de la semántica nos ayuda a entender, su mal uso sirve para enredar y engañar y… los politicastros se han vuelto expertos en el engaño semántico, a tal grado que hoy se habla de “terrorismo semántico”. Qué en este artículo lo conjugo con el tema económico y a desenmascarar uno de los mayores engaños de la política como medio del asalto a los bienes y el bienestar del pueblo.

    Otra curiosidad del tema que abordo es como cada comunidad tiene sus propias variantes del torcimiento del leguaje y la palabra; tal como en Panamá en dónde hemos llamado “metrobus” a lo que no es tal o subsidios a lo que no subsidia y; en ello surge la pregunta: ¿Eso se hizo por ignorancia o por diseño o engaño trapichero?

    Un familiar nos comentaba de lo difícil que se ha vuelto comprar una casa debido a la elevación de los precios. Pero… ¿Cuál es la realidad subyacente, acaso es que quienes venden quieren más ganancia o… será que existen otros factores que no vemos? La politiquería marxista, tal como nos dice Carlos Boix en un artículo en el Instituto Mises, le encanta torcer la realidad para adelantar su psicosis centralista; y nos cuenta que en los EE.UU. usan el engaño semántico de “crisis de Asequibilidad”, lo que se presta para toda la tergiversación política que apunta a resolver las elecciones, pero no la adquisición de tu casa. Y Boix también nos llama la atención al mal suso del vocablo “crisis”.

    A fin de cuenta el propósito de los pérfidos politiqueros está en el intervencionismo; ya que si no están en el sancocho no están en nada. Que, si los diablos rojos eran un desastre, ¿realmente crees que de Diablos Rojos a Tio Gobierno, alias políticos, era y es la solución? ¿Tienes idea de cuánto se han robado los últimos gobiernos y lo que ello implica económicamente para todos? Y, nuevamente en ello Boix hace la pregunta magistral que la paso yo en paráfrasis: el gobierno habla de resolver los problemas, que en muchos o todos los casos fueron creados por corrupta gobernanza, pero a la misma vez siguen pariendo políticas que en vez de resolver lo empeoran todo.

    Las “soluciones” del pasado en los EE.UU. para posibilitar la tenencia de tu casa fueron cosas como que el gobierno se convirtiese en ‘prestatario de última instancia’, lo cual se hizo a través de: la creación de Fanny Mae y Fredy Mac.; y bajando las tasas de intereses de forma ficticia, con lo que crearon el desastre económico del 2008, que persiste hasta hoy y va en aumento; ya que las tasas intereses ficticiamente bajos crean empresas endebles. Y, ni hablar de la ruma de subsidios que no son tal.

    A fin de cuentas, el verdadero problema no es económico sino uno de engaño político gubernamental; en que los EE.UU. comienza con una inflación creada por los gobiernos para robar al pueblo y en Panamá con otra cantidad de políticas ñames o tuberculosas que no son más que un asqueroso engaño para robar. Y, tristemente, los pocos gobernantes intentan corregir se los traga el sistema.

    Y me gusta como Boix termina su artículo aconsejando que despertemos al engaño semántico gubernamental y usemos bien las palabras pues así le paramos el relajo a las mafias políticas.

  • ICE, debido proceso y los límites del poder

    ICE, debido proceso y los límites del poder

    En estos días, Minnesota se ha vuelto un laboratorio constitucional en tiempo real. La muerte de Alex Pretti (37), un enfermero de cuidados intensivos, abatido por agentes federales (ICE), durante operativos vinculados a inmigración en Minneapolis, detonó protestas, litigios y un choque frontal entre la lógica de “seguridad operativa” y el núcleo de los derechos individuales.

    Según reconstrucciones periodísticas y material audiovisual citado en reportes, el hecho ocurrido el 24 de enero generó, casi de inmediato, un debate sobre la fuerza especial ICE, el uso de la fuerza, la preservación de evidencia y el respeto a procedimientos básicos cuando el Estado actúa “en la calle” con armas y autoridad.  En paralelo, el Estado de Minnesota impulsó acciones judiciales para asegurar preservación de pruebas y control institucional sobre la escena y la investigación, y un juez federal ordenó medidas para impedir que el Departamento de Seguridad Nacional destruyera o alterara evidencia relacionada con el caso.

    Desde una mirada libertaria—y, más aún, desde una mirada constitucional—la cuestión no es partidaria: es de límites. La Constitución estadounidense no concibe a la persona como “administrada”, sino como titular de derechos frente al poder. La Cuarta Enmienda no es un adorno: protege “a las personas… en sus personas, casas, papeles y efectos” contra “registros y aprehensiones irrazonables” y exige órdenes judiciales basadas en causa probable y con particularidad. En castellano llano: el Estado no puede salir “de pesca” (fishing expeditions), ni hacer redadas como método, ni reemplazar el estándar judicial por la intuición de un operativo.

    La Quinta Enmienda agrega el corazón del debido proceso: nadie debe ser privado de “vida, libertad o propiedad” sin due process of law.  Ese principio es precisamente lo que separa a una república de una maquinaria administrativa: el gobierno debe justificar su coerción ante reglas previas, revisables, y ante un juez independiente. Cuando la coerción se vuelve rutina, cuando se normaliza el “detener primero, explicar después”, como ocurre con el accionar de ICE, la ciudadanía deja de ser ciudadanía y pasa a ser tolerancia condicional.

    Los Padres Fundadores sabían que este conflicto era estructural. Madison lo escribió sin romanticismo: “If men were angels, no government would be necessary… y el gran problema es obligar al gobierno a controlarse a sí mismo.”  Eso es exactamente lo que está en juego cuando un operativo federal puede derivar en muerte, y luego en disputa por evidencia, narrativas oficiales y control del expediente.  No se trata solo de “un caso”: se trata de si los frenos institucionales funcionan cuando el Estado se mueve rápido, armado y bajo presión política.

    Una sociedad libre no mide su salud por lo bien que “se siente” la seguridad, sino por cuánto resiste el poder la tentación de atajos. Por eso, el debate abierto en Minnesota estos días es más grande que Minnesota: ¿prevalece la regla constitucional de orden judicial, causa probable y debido proceso, o la cultura de la redada y el hecho consumado? En esa respuesta—no en los comunicados—se ve si los derechos fundamentales son reales o meramente retóricos.

  • No castiguen a Irán ni a Groenlandia, sólo a estos Ayatolás

    El pueblo iraní ha demostrado un coraje y determinación superior, y siguen protestando a pesar de miles de muertos, asesinados por los terroristas del Estado liderados por ayatolás dementes. 

    Como dijo Friedrich Merz, “Cuando un régimen sólo puede mantenerse en el poder a través de la violencia, entonces está efectivamente acabado”. Los sistemas autoritarios se basan en la coerción, y en el miedo que es un mecanismo adaptativo que nos alerta del peligro, pero se vuelve muy contraproducente si no se desactiva con razón y coraje, y da origen a una reacción primitiva: la violencia.

    Como al pueblo iraní lo asiste la razón y la verdad, está venciendo ese miedo, por el contrario, el régimen terrorista apela a la violencia. Y, para esconder esta violencia, produjeron un apagón informativo -incluido el corte de internet- de modo que los sectores más duros de los servicios de “seguridad” puedan lanzar una represión sangrienta.

    Obviamente, el uso de Starlink en Irán está prohibido, de ahí que contar con el equipamiento necesario y su uso sea ilegal. A pesar de ello, en plena revuelta, su despliegue era más amplio que en episodios previos de manifestaciones y apagones en el país. Y este tipo de cosas debe facilitar Occidente a los iraníes.

    Entretanto, Trump estudia maniobras como ciberataques contra instalaciones militares y civiles y opciones como bombardear el país o una operación más específica contra sus líderes, lo que decapitaría al régimen y ofrecería a los EE.UU. la oportunidad de negociar con los remanentes de la República Islámica.

    Respecto de esta última opción, y lamento decirlo, los recientes episodios en Caracas muestran que capturar o matar a unos pocos líderes no cambia el régimen completamente. El heredero del Sha, Reza Pahlavi, viene demostrando una posición moderada y realista, pero, insisto en una intervención al estilo Venezuela el heredero terminaría como Corina Machado, viendo, al margen, la continuación – “moderada” para la propaganda- del régimen chavista.

    Una intervención militar más amplia podría provocar el deceso de muchos civiles y exacerbar la región -de hecho, otros países árabes ya lo han advertido- y provocar una respuesta militar iraní que pueda ser excusa para una mayor masacre de sus ciudadanos.

    Como preludio, Trump decidió aumentar los aranceles contra los países que continúan comerciando con Irán, hasta en 25%. Pero estas sanciones, al igual que las que ya estaban vigentes por parte de otros países, van a empeorar la situación económica del país, afectando aún más a los ciudadanos comunes, que ya sufren el impacto de las sanciones y su implementación por parte del corrupto régimen islámico.

    Por el contrario, Trump debería dejar de distraer al mundo con su capricho sobre Groenlandia -y respetar la propiedad privada y libertad de sus ciudadanos, que ellos decidan su futuro- y los países occidentales deberían esforzarse por facilitar -liberar- al máximo posible las relaciones de los ciudadanos comunes de Irán con el resto del planeta, porque esto les permitiría reforzarse, contactarse y difundir más información.

    Útiles son las acciones como las que adelantó el secretario del Tesoro de los EE.UU., que afirmó que están monitoreando la fuerte salida de fondos pertenecientes a la dirigencia islámica, y aseguró que los bloquearán. Y el mundo entero debería cerrar las embajadas y toda oficina del Estado iraní, no tiene sentido dialogar con dementes. Finalmente, Occidente debe dejar de apoyar a la tiranía saudí, sin dudas el mayor promotor global del fanatismo islámico.

    Y, por cierto, la humanidad tiene que repensar el concepto de Estado y democracia, no es posible que dementes como Hitler, Stalin y estos ayatolás, ganen elecciones o no, obtengan el mando de fuerzas armadas y policiales -estatales- con las que luego reprimen salvajemente a sus ciudadanos y, para colmo de las ironías, lo hacen de manera “legal”, si hasta realizan farsas judiciales.

  • Comercio internacional en crisis: acuerdo UE-Mercosur bloqueado

    El reciente voto del Parlamento Europeo para remitir el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha vuelto a poner de manifiesto una paradoja fundamental del comercio internacional contemporáneo: un tratado de libre comercio —forjado durante más de 25 años de negociacionesqueda paralizado por mecanismos jurídicos internos que lo convierten en un terreno minado de litigios y vetos políticos antes incluso de entrar en vigor.

    Este acuerdo, que fue firmado el 17 de enero de 2026 y que aspira a crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo —eliminando más del 90% de los aranceles entre la UE y los países de Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay)— debería representar un triunfo del comercio abierto.  Sin embargo, la decisión del Parlamento Europeo de someter el tratado a una revisión judicial y de demorar su aprobación durante posiblemente hasta dos años, pone en evidencia cómo las instituciones públicas, en lugar de facilitar intercambios beneficiosos, se convierten en obstáculos proteccionistas disfrazados de rigor legal.

    Desde una perspectiva liberal, este tipo de parálisis no solo es frustrante; es corrosivo para las propias bases del comercio internacional. El objetivo de un libre comercio genuino es permitir que individuos y empresas intercambien bienes y servicios voluntariamente, sin barreras artificiales que distorsionen precios, reduzcan eficiencia y limiten oportunidades económicas. Cuando el Estado —en este caso, a través de un órgano supranacional como el Parlamento Europeo— obliga a que un acuerdo comercial sea sometido a dilaciones jurídicas por cuestiones reglamentarias o de soberanía, está elevando las barreras estatales por encima de las decisiones de los actores económicos. El resultado inevitable es menor comercio, precios más altos y menor bienestar para consumidores y productores en ambas regiones.

    Este fenómeno no es exclusivo de la UE. En un contexto global donde Estados Unidos ha reforzado políticas proteccionistas en los últimos años —con aranceles u otras medidas defensivas siempre bajo justificaciones de seguridad nacional o política interna— se multiplica la percepción de que las grandes potencias prefieren controlar el comercio internacional a través del Estado antes que liberarlo en favor de individuos y empresas. En ambos casos, el proteccionismo se oculta bajo la bandera de “defender mercados domésticos”, pero termina perjudicando precisamente a quienes se pretende defender: los consumidores que pagan precios inflados y los productores que ven limitada su capacidad de competir en mercados más amplios.

    El debilitamiento o bloqueo de un acuerdo como el UE-Mercosur tiene consecuencias reales y tangibles: menor acceso a bienes más baratos, interrupciones en las cadenas de suministro, reducción de competitividad y una señal negativa para los países emergentes que buscan integrarse al mercado global. El bloqueo no solo retrasa beneficios económicos, sino que alimenta el ciclo de desconfianza entre bloques comerciales, empujando a gobiernos y legisladores a adoptar medidas aún más restrictivas para “proteger” sectores concretos. Así, por un laberinto judicial o un veto político, se sacrifican décadas de esfuerzos para conectar mercados.

    La crítica liberal al proteccionismo europeo o estadounidense no es dogmática ni abstracta: se basa en la experiencia histórica de que las economías abiertas generan mayor prosperidad, innovación y dinamismo que las cerradas. Para que los acuerdos de libre comercio cumplan su cometido, no bastan negociaciones interminables; deben ser facilitados, protegidos y defendidos como expresiones de la libertad económica. Cuando, en cambio, se convierten en objeto de litis judiciales o escudos arancelarios, los beneficiarios últimos no son los ciudadanos, sino las élites que obtienen réditos de la escasez y la burocracia.

    En última instancia, quienes siempre pierden con estas parálisis son los individuos: consumidores que pagan más, productores que venden menos y economías enteras que pierden competitividad. Si el objetivo declarado de los gobiernos es incrementar la prosperidad y la cooperación pacífica, deberían permitir que el comercio florezca, no entorpecerlo con tribunales y vetos políticos. El libre comercio debe ser libre no solo en el papel, sino en la práctica.

  • El regreso del CEO de Ripple a Davos: implicaciones para el ecosistema cripto y el rol de Binance

    El foro económico de Davos 2026, uno de los eventos más influyentes de la economía global, volvió a poner bajo los reflectores a las criptomonedas esta semana. En medio de un clima regulatorio más favorable y de una creciente atención institucional sobre activos digitales, el CEO de Ripple Labs, Brad Garlinghouse, ha sido uno de los protagonistas clave en Davos durante las sesiones dedicadas a la industria cripto y su integración con los mercados tradicionales.

    Garlinghouse, quien ha liderado a Ripple—a la vez empresa de tecnología blockchain y creadora del token XRP—desde 2015, aprovechó su presencia en Suiza para participar en debates de alto nivel y encuentros estratégicos con líderes financieros globales.  En concreto, su agenda incluyó un panel sobre la compatibilidad de las empresas cripto con los mercados públicos tradicionales, un tema que ha rondado a Ripple desde que ganó su batalla legal con la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) en 2025, lo que despejó un gran obstáculo para la compañía en suelo estadounidense.

    En paralelo, Garlinghouse también se prepara para grabar un episodio en vivo del popular All-In Podcast desde el USA House en Davos, una locación que este año funciona prácticamente como una sede diplomática y de debate por parte del gobierno estadounidense.  En esa conversación, se espera que se aborden tanto el papel de XRP y Ripple en la nueva regulación cripto como la visión de la industria ante un momento de transformación.

    ¿Qué significa esto para Ripple y el mercado cripto?

    La presencia de Ripple en Davos no es anecdótica. Tras años de incertidumbre con el regulador estadounidense, la empresa ha visto una especie de reconocimiento tácito de su modelo de negocio y de su token XRP, que ha ganado considerable atención en redes y mercados —incluyendo un notable impulso en la visibilidad social frente a otras grandes criptomonedas—, aunque no sin volatilidad propia del mercado.

    Además, el foro de Davos ha sido escenario de conversaciones sobre posibles fusiones, adquisiciones y alianzas institucionales que podrían consolidar la posición de Ripple en el ecosistema financiero global, especialmente ahora que la tokenización de activos y las relaciones entre cripto y banca tradicional están en el centro de la agenda financiera para 2026.

    Binance, Binance.US y el contexto regulatorio

    Aunque el foco mediático ha estado en Garlinghouse, otro nombre que sigue siendo relevante es Binance, el exchange de criptomonedas más grande del mundo por volumen de operaciones. Binance y su subsidiaria orientada al mercado estadounidense, Binance.US, han enfrentado desafíos legales y regulatorios en años recientes.

    El fundador de Binance, Changpeng Zhao, pagó multas multimillonarias en Estados Unidos y renunció como CEO en el marco de acuerdos con las autoridades, lo que abrió paso a una nueva etapa para la compañía bajo la dirección de Richard Teng y con esfuerzos renovados de cumplimiento normativo.

    Hay especulaciones y declaraciones de figuras cercanas a la industria que sugieren que, si en algún momento se producen devoluciones parciales de sanciones o multas pagadas por Binance, esos fondos podrían regresar a inversiones dentro del mercado estadounidense —una señal de interés por mantener una presencia significativa en la economía cripto de ese país—.

    El regreso de Ripple con Garlinghouse a Davos simboliza el momento de transición para las criptomonedas: no solo como activos especulativos, sino como elementos potenciales de infraestructura financiera. Con la atención del capital institucional y de reguladores, figuras como el CEO de Ripple y los principales líderes de plataformas como Binance siguen influyendo en cómo se moldeará el futuro cripto.