Categoría: Cultura y Sociedad

  • No porque una ley los obligue a ello, colegios en Hong Kong deciden congelar sus tarifas por el coronavirus

    Las escuelas privadas en el mundo se enfrentan a una batalla por la supervivencia frente a la crisis del coronavirus. En el caso de Hong Kong, el gobierno planea mantener las escuelas cerradas hasta por lo menos, fines de mayo. Por lo que, mirando hacia el otoño, las escuelas prometen una congelación de tarifas para el próximo año académico, con mayores becas y fondos para las familias afectadas por la recesión económica, con el fin de tratar de mantener los lugares llenos y los padres a bordo. Es un claro ejemplo de autoregulación y de acuerdos libres y vountarios, entre acudientes y dueños de escuela, donde queda fuera la intervención estatal.

    «Los expertos aconsejaron que debería haber al menos 21 días sin nuevos casos antes de que las escuelas se reanuden», dijo la fuente. “Dada la situación actual, se estimó que las escuelas no pueden volver a abrir el 20 de abril y tendrán que permanecer cerradas hasta finales de mayo. No queremos poner a los estudiantes en riesgo».

    Hay alrededor de 160 escuelas privadas en Hong Kong, incluidas más de 50 escuelas internacionales. La tasa promedio de matrícula para el nivel secundario fue de HK $153.800 (unos USD 20,000) en 2018/19. Las escuelas generalmente tienen que presentar los aumentos propuestos a la Oficina de Educación para fines de abril, pero no es el caso si pretenden congelar las tarifas.

    Un chequeo de 22 escuelas internacionales que cobran cuotas verificó que al menos 8 planearon cobrar lo mismo para el año escolar 2020/21. Eso se produjo después del anuncio de la English Schools Foundation (ESF) el mes pasado de que congelaría las tarifas el próximo año para sus 22 escuelas.

    Muchos otros centros ofrecen descuentos en las tarifas, desde un 10% hasta un 50% durante el período de verano teniendo en cuenta el hecho de que las escuelas solo pueden ofrecer una educación en línea. Otros están ofreciendo descuentos para comidas, transporte y actividades extra curriculares.

    “Este es un momento muy difícil para todos en Hong Kong, y estamos haciendo todo lo posible para ayudar a los estudiantes y sus familias. Por lo tanto, no aumentaremos nuestras tarifas escolares el próximo año académico”, dijo Howard Tuckett, director de una de las escuelas.

    Ruth Benny, fundadora de la consultora de escuelas privadas Top Schools, comentó que la mayoría de las escuelas internacionales tienden a aumentar las tarifas en un promedio de 3 a 9% cada año, lo que habría excedido el aumento de los ingresos de los padres y las tasas de inflación interanuales. «Creo que los padres realmente esperan una congelación de las tarifas», dijo. «Y aquellas escuelas que ya habían propuesto un aumento, con suerte retrocederán y retirarán esa propuesta».

    Ip Kin-yuen, quien representa al sector educativo en la legislatura, dijo que, si bien las escuelas privadas e internacionales deberían considerar congelar las tasas de matrícula, el Buró de Educación  no intervendría activamente. «Son los propios colegios los que deben entender la situación de las familias y aplicar las medidas oportunas. El gobierno no ejercerá sus poderes administrativos para intervenir en los cambios en la matrícula, por lo que aún depende de las escuelas hacer las propuestas», afirmó Ip.

    Hong Kong, a pesar de la situación crítica por la que viene atravesando, sumado ahora el Corona Virus, sigue demostrando al mundo la importancia que le otorgan a los acuerdos celebrados en libertad, y más aún, cuando el objetivo es tan importante como la educación.

  • Cuando la ley laboral perjudica a los más pobres

    Al final de mi escrito de opinión intitulado, “siempre es mejor actuar en libertad”, propuse tres rutas de acción para enfrentar la extraordinaria situación a la cual nos ha enfrentado, por un lado, el COVID-19, y por otro, el claustro gubernamental forzado, el cual, bien o mal, es una realidad que nos aboca a otras realidades o formidables retos económicos y sociales. En todo ello, cada día que pasa, veo la urgencia de buscar la luz en la oscuridad. Me refiero a la oportunidad única de lograr cambios en las falaces políticas en las cuales hemos confiado nuestro desarrollo.

    En el artículo señalado dije que expandiría las tres propuestas de cambios en ciertas políticas; a saber: 1) Reducir los impuestos. 2) Eliminar todos los impedimentos de libertad impuestos en la ley laboral, y 3) “Desburrocratizar el gobierno; tanto en lo que no le corresponde como en tamaño.

    Hoy comenzaré ampliando el segundo punto; el de esas leyes laborales que son, más que nada, reflejo de despistadas ideologías impuestas por intermedio de un clientelismo morboso. Y no debemos limitar el tema laboral a “los trabajadores” o emplanillados, sino a todos, y en particular a los más pobres que quedan por fuera del club o sindicato de los “trabajadores”.

    Y hoy, más que nunca, comienzo por rechazar de forma enérgica la torcida noción de que el común de los empresarios no sienta empatía por sus colaboradores. Precisamente, en la mañana de hoy, escuchaba al legislador estadounidense de la Florida, Marco Rubio, destacando el drama de los pequeños empresarios que se han visto forzados a despedir a personas que son mucho más que un mero empleado. Personas que han conocido íntimamente por años; inclusive a sus familias y hasta el perro y el gato de la casa. Quien jamás tuvo que despedir a un colaborador no debe emitir juicios a la ligera. En la actual crisis viral-económica no sólo los empleados están en crisis, sino los mismos empleadores.

    Son tantas las injusticias impuestas a través de leyes clientelistas, que es difícil abordarlas. Tomemos el tema del salario mínimo: esa imposición que favorece a una minoría de emplanillados, al tiempo que deja en desamparo a más del 40% de trabajadores y emprendedores del sector informal para quienes la ley es perjudicial.

    El trabajo del empleado depende del trabajo del empleador. Hoy, más que nunca, esto se hace presente y visible en la pandemia. La imposición de condiciones al empleador no garantiza estabilidad al empleado, y por regla, es todo lo contrario. Quien jamás tuvo que contratar difícilmente entenderá el reto que ello impone; y probablemente puede llevar a la contratación de empleados que pondrán en riesgo la paila de todos.

    El gran error clientelista de sindicatos que exigen estabilidad laboral por la vía legislativa. ¿Cómo dar estabilidad a un empleado cuando al empleador se le imponen toda clase de obstáculos, más allá de los que impone el propio mercado? En términos aeronáuticos, es como mandar a un capitán de aeronave a cruzar un océano con poco combustible.

    El tema es enfocar a todo el mercado; y no sólo el laboral. En la medida del éxito empresarial crecerá en tamaño y estabilidad el mercado laboral, reduciendo la necesidad o tentación de subsidios empobrecedores. En buena medida la crisis de la CSS viene por la poca cantidad de cotizantes.

    En resumen, no sólo cambian los tiempos, sino las condiciones que motivaron legislaciones. El reto está en reconocer cuando las leyes son el problema. La AI o Inteligencia Artificial ya no es ciencia ficción, sino una realidad presente y creciente, la cual no va a reducir plazas de trabajo, sino cambiar las clases de trabajo. Y en la medida que se hace más eficiente la productividad, se reducen los precios y aumenta el consumo favoreciendo la economía.

    Si nos quedamos estancos en caducas realidades laborales, empresariales, legislativas y tal, estaremos sembrando tempestades.

  • El mes en el cual el mundo se detuvo. II parte.

    Sociedades cerradas vs sociedades abiertas

    Dos sociedades confucianas: China vs Corea del Sur. Una sociedad cerrada versus una sociedad abierta. Dos respuestas distintas. Una cuarentena draconiana versus dejar la sociedad relativamente abierta, confiando en los profesionales de la medicina, en los individuos, en la familias y en la comunidad para tomar decisiones correctas.

    Los políticos ahora tienen la piel en juego, y todos están tomando decisiones duras, quizás porque tienen miedo del pánico ciudadano y de que los acusen de que fallaron en actuar, porque raramente en la vida de un político, sus decisiones van a tener castigo, así que prefieren equivocarse del lado de la precaución. Ahora todos los políticos son oficiales de crédito de bancos porque tienen la piel en juego. Es casi una ley marcial, la gente se queda en su casa si o si, y los derechos de reunión y de libre tránsito de los ciudadanos son coartados.

    Es San Luis versus Filadelfia en 1918. San Luis tomó medidas draconianas de cuarentena, Filadelfia no lo hizo, quiso que la vida siguiera normal. Y al final tras miles de muertos, entre ellos servidores públicos, la sociedad cayó en la anarquía, con muertos apilados por las calles sin que nadie los recogiera. Por eso las medidas que tomaron tardíamente China, Italia y España, de prácticamente declarar una ley marcial son tan populares, cuando los políticos ven la barba de su vecino arder, ponen las suyas en remojo. Ahora todo el mundo quiere ser San Luis en 1918, con sus medidas de alejamiento social. Nadie quiere ser Filadelfia, con su “es otra simple gripe dejen que la vida siga normal”. Pero ¿hay alguna alternativa?

    Cuando la crisis estalló en China, todos los problemas de una sociedad cerrada de un solo partido, se vieron venir juntos. El virus andaba circulando desde noviembre, y cuando un médico se dio cuenta en diciembre que existía un virus con características similares al SARS, pero más contagioso, dando vueltas y lo mencionó en redes sociales, las autoridades chinas en lugar de premiar su alerta e investigar qué estaba pasando, detuvieron al médico, lo interrogaron, le hicieron eliminar sus post, y le hicieron firmar una retractación de los mismos. El médico moriría durante la epidemia. Era más importante mantener la reputación de infalibilidad del Estado Chino y del Partido Comunista, que alertar a la población. Cuando la pandemia estalló en Wuhan y en Hubei, se ocultó al mundo su gravedad, aunque el hecho de que China limitara la exportación de materiales médicos y los satélites detectaran la construcción de enormes hospitales de emergencia, le hicieron pensar a muchos que la crisis era más seria de lo previsto. Al final parece que China ha logrado controlar el brote en Wuhan y puede lograrlo pronto en Hubei, pero la crisis ahora es mundial y los estados, uno a uno parecen seguir el ejemplo Chino, de una cuarentena rigurosa y dejar que la economía se detenga por varios meses.

    Pero no todos. Entre ser una sociedad cerrada como China, o ser una nueva Filadelfia, como muy pronto lo serán el México de López Obrador o la Nicaragua de Daniel Ortega, hay otras medidas y hay otros caminos; eso sí, siempre y cuando la sociedad sepa manejar el problema. Y los vecinos de China saben cómo lidiar con eso. Corea del Sur, Japón o Taiwán, saben los problemas de epidemias que presenta la peculiar combinación de clima, hábitos higiénicos y sanitarios, combinados con la censura estatal, que hacen de China un foco de epidemias muy peligroso. Y se han preparado por décadas para ello. Por eso han logrado luchar contra la pandemia, pero manteniendo en lo posible las sociedades abiertas y la vida económica activa.

    Corea de Sur es un caso importante, porque junto con China ha logrado reducir la pandemia, aunque de una manera radicalmente distinta.

    ¿Cómo lo hicieron?

    Bueno, como hemos dicho, ellos conocen a su vecino, así que se prepararon. Un tamizado masivo de la población mediante testeo, un seguimiento agresivo de los casos infectados para aislar a los infectados, uso masivo de mascarillas, no solo para el personal médico sino para todo el mundo, un país donde los negocios se abrogan a no dejar entrar a nadie sin mascarilla. Los derechos de propiedad en lugar de violarse, se potencian. Un local tiene derecho de echar a quien no se limpie o no use mascarilla sin miedo a ser llamado discriminador.

    El tamizado masivo se permite gracias a que los surcoreanos han desarrollado kits de pruebas rápidas y los producen en masa en su empresa privada, tienen puestos de control voluntario donde en 10 minutos tienen un resultado preliminar, tienen apps de celular para diagnóstico temprano, donde las personas pueden entrar a ver si cumplen con los síntomas. Los coreanos han sido educados para lavarse las manos, usar mascarillas, practicar el distanciamiento social.

    Sí se han tomado medidas restrictivas con los contagiados, como usar cámaras de televisión, ponerles brazaletes con GPS, vigilar los celulares, tarjetas de crédito, y transacciones bancarias de los infectados para asegurarse de que no incumplan la cuarentena.

    Los Coreanos del Sur, están dando cátedra sobre cómo luchar contra una pandemia tratando de defender la propiedad privada, la transparencia y libertad de expresión y la sociedad abierta.

    Su sistema de salud es mixto, con un componente público primario preventivo y uno privado secundario. El privado secundario ahora mismo está subsidiado con fondos de emergencia del gobierno, porque está claro que los seguros privados o el seguro estatal universal no son suficientes,  pero a diferencia de otros países como España, se han negado a establecer controles de precio o a requisar de hecho a la sanidad privada.

    Claro que a diferencia de España o Italia, los coreanos del sur sabían lo que se podía venir. Ahora el reto es preparar al mundo y a Panamá para luchar contra pandemias futuras, siendo menos China y más Corea del Sur. Esta vez nos agarró desprevenidos, en el futuro no habrá excusas.

  • Siempre es mejor actuar en libertad (cuando salgamos de la cuarentena)

    En medio de la pandemia, la tentación gubernamental es la de conculcar libertades a fin de superar la crisis pandémica. Lástima que a eso hemos llegado; que cuando, más que nunca, necesitamos el aporte de todos los ciudadanos, no quede otra que meterlos presos a todos, ya que no saben respetar ni el distanciamiento social requerido.

    Muchos creen que libertad y libertinaje son sinónimos. Libertinaje o libertino se refiere a aquellos que no entienden de límites. En tanto que sólo somos libres para obrar el bien, y no el mal. Visto así, ¿crees que sólo la autoridad central es capaz de obrar en bien y no el resto o buena parte de la ciudadanía? El gran reto de una buena autoridad es saber gobernar sin vulnerar libertades. O, en todo caso, lo menos posible.

    Exagerando, una manera efectiva de evitar accidentes de tránsito es prohibiendo todo el tránsito. ¡Uy! ¿No habrá otra y mejor forma de lograrlo? A juzgar por la actuación de nuestra ATTT uno diría que no. Llegamos a ello mediante la endémica práctica del desgobierno que venimos padeciendo. Ahora, cuando necesitamos el aporte de una ciudadanía, que actúen conmensuradamente, tal como el mantener un distanciamiento social, nos encontramos con que la gente no lo hace, no lo entiende o no le importa. Ahora estamos presos en nuestro camino de servidumbre.

    Un jurista comentó que nuestra constitución es letra muerta. Que no importa lo que diga, las autoridades hacen lo que les viene en ganas. Más aún, gran parte de la constitución es incumplible… ¡no la puedes llevar a la práctica!

    En semejante escenario, con buena medida de anomia, no queda otra que el autoritarismo. El problema es que ello disminuye y va dejando por fuera al ciudadano, lo cual es una ¡barbaridad! Ahora, si las acciones de la autoridad fracasan, ¿quién es responsable?

    En Corea del Norte dictan hasta como vestirse y como peinarse. En Panamá casi todos hemos quedado presos en casa, con lo cual se supone el problema desaparecerá. El tema es que la autoridad central jamás tendrá a mano todas las variables de información de lo que acontece en el país, y menos en el mundo.

    ¿Sabes por qué los alemanes prefirieron no invadir a Suiza durante la II Guerra M? Por que allí todos los ciudadanos estaban armados hasta los dientes y el costo de tomarse ese país era impensable. Pero en Panamá hemos “desarmado” a la población, dejándola sin recursos ante las pandemias. En contraposición, sí tenemos un ejemplo bastante bueno, el de los Vecinos Vigilantes, el cual, mal que bien, funciona.

    Los panameños haríamos bien en movernos hacia una sociedad descentralizada y libre, en dónde los politicastros del mundo no tendrían manera de someternos en servidumbre. Para ello existen tres correcciones de rumbo, apenas salgamos de la cuarentena,  que nos permitirían llegar a buen destino. 1) Reducir los impuestos a no más del 10%, o menos. 2) Eliminar todos los impedimentos de libertad impuestos en la ley laboral, y 3) “Desburrocratizar el gobierno, tanto en lo que no le corresponde como en tamaño. Esa estrategia de salida es la correcta, apostando por la libertad.

  • Estrategia de Salida

    La pandemia nos ha agarrado desprevenidos y ahora no nos queda otra que emprender el camino hacia la cuarentena absoluta. Por 15 días, prorrogables. O sea, sin plan B si el plan A, la cuarentena, no funciona. Porque la cuarentena tiene sus problemas, por ejemplo en Italia, parece que esta semana, la infección debe llegar a su pico, pero luego viene la recaída si no se suspenden todas las medidas.

    China pudo imponer una cuarentena estricta por dos meses porque fue sólo una región de China. El resto de China tomo medidas más leves y subsidió a la economía de Wuhan y Hubei. Eso no va a pasar con Panamá, nadie nos va a subsidiar. Por lo tanto, una vez frenemos la velocidad de expansión de la pandemia, toca encontrar alguna estrategia de salida, aún sin haber terminado los contagios y sin haber terminado la epidemia, o sea, poner a andar la economía con la epidemia aún sin haber sido extinguida. Una estrategia de salida.

    No somos un país confuciano, con gente inteligente, dispuesta a cumplir su misión. Una población homogénea trabajando con un equipo, el juega vivo, el que poco me importa, ahora nos pasarán la factura. Sin embargo hay maneras de mantener la economía andando en medio de una pandemia, y es el camino tomado por los vecinos de China, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong Kong, Japón. Sí, no somos asiáticos confucianos, pero tenemos que aprender o morir, sea de COVID 19 o de hambre, a ser un poco como ellos.

    Una estrategia de salida debe pasar por fomentar el trabajo en casa, y las ventas a domicilio, disminuir el tamaño del estado, mandando para su casa a los empleados públicos no esenciales aún con sueldos suspendidos. El Estado está en modo de guerra y solo los funcionarios esenciales para luchar contra la epidemia, los de seguridad, salubridad, quizás los maestros, pero no es posible que se hable de sacrificios y que la gente se quede en sus casas sin sueldo de sus empresas privadas o sin sus ganancias del día a día de sus negocios informales, mientras los empleados públicos se gastan los impuestos que ya no van a ingresar, trabajando medio día con salarios completos. ¡Con qué moral pueden los diputados exigir que los bancos, o sea los ahorristas, absorban las pérdidas de los pagos a préstamos que no van a recibir, si los propios diputados no están dispuesto a bajarse su salario!. Ni eliminar sin sueldo a las decenas de asesores.

    Panamá tiene un estado sobredimensionado y caro que ahora es un lujo; es el momento de entrar en economía de guerra y enfocar el gasto en sus funciones esenciales: seguridad, salubridad, relaciones exteriores. En lo que nos saque de la pandemia. Cortar subsidios, que ahora son un lujo, y ver qué se hace con la Asamblea Nacional, un Órgano más caro que por ahora es un estorbo, con diputados que de hecho están más para crear corridas bancarias y conatos de saqueos, que otra cosa.

    Los puntos claves para una estrategia de salida es hacer que la empresa privada vuelva a funcionar cuanto antes.

    Para eso se necesita, aparte de una ayuda fiscal, que la gente pueda salir a trabajar.

    Por lo tanto, mientras dure la cuarentena debemos apuntar a ser como Corea del Sur.

    1. Abrir empresas privadas.
    2. Testeo masivo de la población. Sin excepciones, tenemos que saber quién puede ir a trabajar y quién no.
    3. Política de información clara, tipo SMS masivos para saber quién esta contagiado, a quién quieren interrogar los investigadores del MINSA; quién no y qué medidas ha tomado el gobierno, no poniendo toques de queda por sorpresa. La información es vital.
    4. Vigilancia electrónica de los infectados, instalar cámaras termales con inteligencia artificial en el metro, paradas de buses, aeropuertos y puertos. Brazaletes con GPS a los infectados, vigilancia de sus teléfonos móviles, cuentas bancarias, y tarjetas de crédito y débito. Uso de drones en casos extremos.
    5. Mascarillas, mascarillas, mascarillas. Por ahora dejen las N 95 para los médicos y personal de salud o seguridad, eventualmente para todo el mundo. La gente tiene que salir a trabajar, pero tiene que dejar sus fluidos respiratorios apartados. El distanciamiento social funciona así, pero permite que las oficinas puedan funcionar. No se puede hacer distanciamiento social en el metro o en autobús, o en un taxi. En Asia los asiáticos prefirieron mascarillas para todo el mundo, y que la gente salga a trabajar, los europeos prefirieron no recomendar el uso de mascarillas, por razones más culturales que científicas, y bueno ahora tienen a todo el mundo en casa. Encerrados sin trabajar ni producir.

    ¿Quién tiene razón? ¿Quiénes van a salir mejor librados de esta crisis? Panamá debe ir pensando en un plan B. En una estrategia de salida.

  • El cuatrimestre en el que el mundo se detuvo

    El mundo está paralizado y las discusiones arrecian sobre las medidas tomadas; pero en el fondo, hay dos conceptos en disputa y  es momento para explicar las diferencias entre un evento conocido como de riesgo sistémico y otro conocido como «black swan». Comencemos.

    Una enfermedad globalizada

    Tras pasar lo peor en Enero y Febrero, China y Corea del Sur han logrado entrar en la fase descendente de la curva. China, donde se originó el COVID 19, optó por una estrategia de distanciamiento social radical, mientas que Corea del Sur, en cambio, optó por una estrategia más moderada, siendo un país a donde el virus se importó y llegó a superar en casos conocidos a China, gracias a un distanciamiento social moderado y un tamizado agresivo de pruebas.

    El epicentro de la enfermedad ahora parece ser el sur de Europa, aunque Italia al tomar de manera tardía medidas de aislamiento social radical, parece están empezando a lograr estar en el tope de la curva, con igual cantidad de casos nuevos en varios días, y pronto veremos si entra en la fase descendente. España, ahora, parece ser el país más enfermo de Europa, con 36% más de casos en la misma etapa de la epidemia que los que tuvo Italia en su momento.

    Fronteras cerradas, puertos, aeropuertos y fábricas cerradas, la globalización liberal parece haberse parado en seco. Ahora todos somos keynesianos, el estado aumenta su rol en la economía, interviniendo contratos de financiamiento y servicios públicos, distribuyendo alimentos, interviniendo la sanidades privadas, ordenando confinamientos, haciendo compras millonarias, subsidiado vacunas e investigación médica.

    Hay quienes hablan del fin de la globalización neoliberal, hasta que cuando pase lo peor se den cuenta que están demasiado endeudados, que no van tener industrias andando para cargar sobre ellas más impuestos, y que imprimir moneda va a ser un problema serio que va a causar inflación y con esto una seria caída de los salarios reales. Tras el gasto público forzado por este Cisne Negro llamado COVID 19 va a venir un serio debate sobre la austeridad, los sistemas públicos de salud, la sanidad privada y sus méritos; pero también va a venir el tener que tomar medidas para poner las industrias a andar y lograr una recuperación económica seria. Y no serán fáciles. Así que las noticas de la muerte de la “globalización neoliberal” son un poco exageradas; después de la guerra, la pandemia de gripe española y el hambre de 1918, vinieron los años locos de los 1920s. Tras la Peste Negra vino el fin del orden feudal, y el nacimiento del capitalismo, precisamente en el Norte de Italia, más asolado por la crisis, igual que hoy. Tras una crisis así, la gente quiere bailar en las calles como la mamá de Jojo Rabbit, no construir el paraíso. Las noticias de la muerte del liberalismo son prematuras.

    Lo cierto es que se ha demostrado que la humanidad ahora por primera vez, es una población global. Que una epidemia letal como la Peste Negra, que asoló China, Irán, Siria y luego toda Europa, ya no va a quedar localizada en Eurasia siguiendo rutas comerciales terrestres y marítimas en barcos de vela. La peste negra sigue con nosotros, tras el brote durante el impero Romano. Que la gran epidemia de viruela, que mató al 90% de la población de pueblos originarios del Nuevo Mundo, no va a quedar confinada al nuevo mundo.

    En 1918 la gripe porcina saltó de especies, de un cerdo a un granjero de Kansas, que había sido reclutado para pelear en la Primera Guerra Mundial, quien enfermó a sus compañeros de barracas; el virus viajó en el barco hacia Europa y desembarcó en Francia, donde creó una epidemia, cruzó las trincheras (si un virus de gripe puede cruzar la tierra de nadie, puede cruzar cualquier frontera por más cerrada que esté; cerrar fronteras sin tomar otras medidas solo gana tiempo), e infectó a Alemania. Como la censura estatal de guerra ocultaba a los enemigos la existencia de un virus, sólo los diarios españoles se dieron cuenta de la epidemia de gripe que mató a millones de españoles, y enfermó hasta el propio Rey quien sobrevivió. De allí su nombre de Gripe Española. El virus viajó en barco a todo el mundo, y regresó habiendo mutado de manera más virulenta a los Estados Unidos. La gripe española fue la primera gran pandemia mundial que mató gente en todos los continentes. Y no será la última.

    Un mundo globalizado requiere de respuestas globalizadas. Para que una epidemia se detenga tienen que pasar varias cosas, no solo evitar que tú te contagies. Se tiene que evitar que el vecino se contagie. Lo mismo pasa con los países; de nada sirve que el virus ya haya pasado por un país, sea que enfermó a todos los que tenía que matar o que con políticas de sanidad pública frenaran la epidemia, para que país vecino sea un foco de contagio a futuro. Así que no nos extrañe que veamos que los estados acuerden con la Organización Mundial de la Salud protocolos conjuntos para afrontar esta epidemia a futuro. En eso el orden global va a salir fortalecido, con el perdón de nativistas y nacionalistas. Los virus no respetan fronteras, religiones, nacionalidades e ideologías. Igual que el hombre liberal de Justo Arosemena, su hábitat es el mundo, y para ellos no existe la palabra extranjero.

    Contrario a lo que se piensa, el capitalismo no gusta ni de las guerras ni de las pandemias. Ambas son hostiles al libre comercio. Los únicos comerciantes que se benefician de las guerras son los fabricantes de armas y los que manejan industrias extractivas como la petrolera que buscan ventajas territoriales.

    ¿Una simple gripe? Riesgos sistémicos versus cisnes negros.

    En una escena de la película de Christopher Nolan, El Caballero de la Noche, el Guasón habla con un desfigurado Harvey Dent, en su cama del hospital. El Guasón le dice a Dent: “Saben que he notado, nadie entra en pánico cuando las cosas van de acuerdo con el plan, aunque el plan sea horripilante. Si mañana le digo a los medios que unos pandilleros fueron abaleados, o un camión lleno de soldado fue volado en pedazos, nadie entra en pánico, porque esto era parte del plan; en cambio sí le digo a la gene que un pequeño alcalde va a morir, todo el mundo pierde la cabeza, porque no era parte del plan.”

    Esa es la diferencia entre un riesgo sistémico, que ha sido conocido, estudiado por el sistema e integrado en el diseño de los sistemas de salud pública, o en los cálculos actuariales de las aseguradoras, o en el sistema inmunológico de nuestros cuerpos, en los tratamientos de los médicos, o los productos de las farmacéuticas. Un riesgo que ya conocemos, lo hemos normalizado y sabemos vivir con él, porque es parte ahora del plan, a un riesgo desconocido, que no sabemos a dónde nos puede llevar, y contra el cual no nos preparamos. Si calculas que x cantidad de personas va a morir al año de gripe, es parte del plan. Pero si ese número se dispara, la gente entra en pánico y ningún político que no sea un suicida político va a decir, “es un simple refriado, dejemos que la biología haga su trabajo, que la enfermedad mate a quien tenga que matar y luego se extinga porque los sobrevivientes tienen inmunidad colectiva” sin suicidarse políticamente. Sino miren como reculó Boris Johnson.

    Nassin Taleb, dice que un Cisne Negro es el impacto inesperado de lo altamente improbable. Los virus de la gripe y el resfriado mutan constantemente al adaptarse a su huésped, por lo tanto tienden a hacerse más benignos con el tiempo. A un virus no le conviene matar a su huésped rápido, porque entonces carece de cédulas en las cuales parasitar su ADN/ARN y no va a tener tiempo de contagiar a otro huésped. Un virus que mate a una persona rápido se extinguiría porque no tiene tiempo de saltar de huésped. Por eso las cepas más virulentas de gripe y resfriado tienden a extinguirse y las más débiles a florecer y es seguro que eso pasará a largo plazo con el COVID 19. Pero la evolución es al azar y nada impide que un virus mute para hacerse más letal. El caso de la gripe española está claro, en los campamentos militares norteamericanos era letal, pero en Europa se volvió más letal, y barrió el mundo hasta que la cepa más letal creo inmunidad colectiva y se quedó sin huéspedes que matar. Ningún político o médico responsable se la va a jugar con la pequeña posibilidad de que el virus mute hacia una variante más letal, un auténtico cisne negro. De nuevo su carrera pende de un hilo.

    ¿Pero es un simple resfriado?

    Para empezar, los resfriados u gripes estacionales no son una sola enfermedad sino muchas causadas por coronavirus, rinovirus, adenovirus y otros. No es correcto comparar la fatalidad de una sola enfermedad con varias bajo el título de gripe o resfriado. Si fuéramos consecuentes, entonces tendríamos que sumar las muertes de COVID 19 a la de otros resfriados y gripes y veríamos como se disparan este año.

    Muchas personas comparan la mortalidad del Coronavirus con la de la gripe estacional y se preguntan por qué no dejar que este se maneje de manera igual. Citan en ejemplo del H1N1 o gripe porcina del 2009. Tas detectarse un brote en los hospitales de la Ciudad de México, Felipe Calderón tomó medidas sumamente duras; el presidente Barak Obama, recién estrenado, declaró estado de emergencia aunque todavía no había muerto nadie en los Estados Unidos, pero al final no tomaron medidas radicales para parar la economía, solo sanitarias. La gripe mató 12000 personas, y 600 en Argentina, Hay que aclarar que el H1N1 no es un coronavirus sino un ortomixovirus del grupo de la influenza A. El brote del 2009, mató a 18,000 personas mundialmente, y sigue estando allí, recurriendo por estaciones. Es otra influenza estacional más. Pero no siempre fue así. En 1918/1919, una cepa realmente virulenta de este virus, en tres oleadas infectó a 500 millones de personas, el 27% de la población mundial de aquel entonces, y mató entre 17 a 50 millones de personas. El brote del 2009, 91 años después, fue más benigno porque gran parte de la población actual tenía inmunidad porque sus abuelos y bisabuelos sobrevivieron en 1918. La Influenza A, tipo H1N1 es ahora un riesgo sistémico, ha sido normalizada por nuestros sistemas inmunológicos y por los sistemas de salud públicos y por las aseguradoras privadas; el COVID 19 en cambio es un cisne negro el día de hoy, no sabemos qué tan inmunes seamos, o que tan letal pueda ser, o como va a mutar, y no lo calculamos en nuestros organismos o en nuestros sistemas de salud. Hoy el H1N1 es un riesgo normalizado, pero en 1918 fue un cisne negro que tomó al mundo por sorpresa. Como el COVID 19 hoy. Así que no comparemos manzanas con peras.

    Además los virus suelen tener sexo viral; la gripe aviar puede combinarse con la porcina o con la humana sin problemas al infectar dos virus la misma célula. Lo cual da lugar a variedades más letales. ¿Qué tan letal es el COVID 19? Comparado con la gripe normal, la mortalidad de la gripe estacional normal es del 0.1% según la OMS, el SARS 1, otro coronavirus, es mortal al 15% pero no era muy contagioso entre humanos, el H1N1 en el 2009 fue 0.02% mortal, pero en el 1918 era 2% mortal. Ambos altamente contagiosos.

    Bueno, el COVID 19 es 3% mortal según la OMS. Más mortal que la gripe española. Bueno, me dirán que casi todos los muertos de COVID son ancianos con precondiciones mientras que la gripe española mataba a los jóvenes y saludables, pero es que casi todos los muertos de enfermedades respiratorias, como el SARS, el resfriado común, o de influenza A, como las gripes aviar o porcina, tienen precondiciones y mueren por complicaciones como infecciones bacteriales. Los virus respiratorios suelen matar a niños con sistemas inmunológicos que no están formados, o a ancianos o enfermos que los tienen debilitados, nada nuevo aquí. Virus que maten mayoritariamente personas entre los 20 y 40 años como la Gripe Española de 1918 son rarísimos. Así que negar la letalidad del COVID 19 vs otras enfermedades respiratorias aduciendo el tema de las complicaciones es absurdo. Los datos médicos dicen que es más letal. Además la letalidad puede subir. Porque esa cifra global de la OMS incluye a los países donde el sistema de salud pudo controlar la epidemia sin colapsar. En Italia, la mortalidad ya pasa el 6% y en Madrid el 4%. Un virus que manda al 40% de los enfermos al hospital, y a un 15% de los enfermos a cuidados intensivos puede hacer colapsar los sistemas de salud públicos y privados de un Estado. Y hacer que el sistema de cuidados intensivos del país entero colapse. Lo que dispara la mortalidad de otras enfermedades y accidentes en lo ancho del espectro. Después de la Gripe Española de 1918 pasó lo mismo, el hambre por el colapso de actividades económicas, y la muerte de muchos médicos y enfermeros, causaron que otras enfermedades se dispararan. Este es un riesgo real ahora mismo.

    El COVID 19 nunca contagiará a muchos, la gripe española le dio al 27% de la población mundial, y en el peor escenario de COVID 19, los barcos de cruceros, atiborrados de jubilados y parejas maduras, el contagio ha sido del 20%. De los contagiados que den positivo, muchos serán asintomáticos, darán positivo en las pruebas, pero nunca presentarán síntomas. Otros como el actor Tom Hanks y su esposa Rita Wilson tendrán síntomas leves, como resfriado o alergia. El problema es aquellos que necesiten hospitalización o cuidados intensivos que son estadísticamente muchos más que en una gripe estacional o un resfriado, que de hecho van a seguir infectando gente mientras dure la pandemia de COVID 19, y eso puede colapsar un sistema de salud. En Madrid 40% de los contagiados requieren de atención médica, ¿qué pasa si son desbordados? La mortalidad puede acercarse al 10%. Una enfermedad que mata a 10% de los diagnosticados no es relajo.

    No es un simple resfriado. Pero hay razones para el optimismo. En la siguiente entrega voy a analizar las medidas tomadas, por qué se tomaron, los riesgos y consecuencias políticas. Los ganadores y perdedores.

  • ¿Sabían que la automatización de tiendas lleva más de 122 años de historia?

    Llevamos tiempo viendo la automatización en el proceso de venta en retail como si fuera una nueva tendencia, pero lo que muchos no saben es que llevamos aproximadamente 122 años intentando ‘futurizar’ nuestras tiendas y además si analizamos su evolución en todo el mundo, éstas no han cambiado tanto con el paso de los años. Como nos comenta el autor de un artículo sobre este tema, Laureano Turienzo, escribir sobre la automatización de las tiendas como si fuera una ‘nueva tendencia’ es no conocer la historia del retail.

    Remontándonos a la Alemania de 1895, abre sus puertas Quisisana, el primer restaurante automático del mundo, fabricando hasta sus propios equipos y máquinas. Los periódicos en esa época ya hablaban de una nueva corriente de automatización de los restaurantes y del fin del trabajo poco cualificado y desplome de salarios. Hace dos siglos, los artesanos ingleses incluso quemaban máquinas de hilar en los principios de la Revolución Industrial para que no acabaran con sus puestos de trabajo. Hoy en día, los países más automatizados del mundo son paradójicamente los que tienen una menor tasa de desempleo, como Singapur, Corea del sur, Dinamarca, Taiwan o EEUU.

    Unos años más tarde, en 1902, se abre en EEUU el primer restaurante-cafetería autónomo: Horn & Hardart, usando equipos Quisisana y replicando su concepto de tienda, moderna, cosmopolita y atractiva. No se trataba de precio, aunque también era bastante asequible; era cuestión de ser diferente. Siempre estaban lleno: los clientes introducían sus fichas en máquinas expendedoras, y aparecía milagrosamente su pedido de comida. Detrás de eso, alguien cocinaba y las servía. O si querías café, echabas otra moneda a otra máquina y se vertía sobre tu vaso. Compra inteligente, ahorro de tiempo, conveniencia y valor diferencial eran sus lemas.

    Horn & Hardart fue un éxito absoluto, y en pocos años, sus creadores, Joseph Horn y Frank Hardart abrieron más de 100 nuevos restaurantes. Habían muerto las esperas. Eran los disruptores de su época, que marcó el inicio de la era de la comida rápida. El modelo era eficiente y ahorraba en costes estructurales, ya que se necesitaba mucho menos personal. Los clientes lo vieron además como algo positivo y novedoso. Era parte del “american way of life”, y se convirtió en la cadena de restaurantes más grande del mundo, alimentando cada día a unas 800,000 personas, el ícono del retail de todos los tiempos y el primer intento de la industria de restaurantes de emular las líneas de montaje de la industria pesada.

    The world’s first automat, Quisisana at 13 Leipziger strasse in Berlin Germany. Image taken in 1897.

    Además, en Horn & Hardart Automats eran muy estrictos con los controles de calidad y con su política de alimentos frescos. Después de la hora de cierre, todos los días, sus camiones llevaban la comida excedente a las tiendas de “One day“, ubicadas en vecindarios de bajos ingresos, que vendían estos artículos a precios reducidos. También en eso fueron pioneros; segundas marcas para rentabilizar el negocio y dar salida a los excedentes que no cumplían los estándares de primera.

    Por otra parte, la búsqueda de la automatización también en las formas de pago es más viejo de lo que pensamos. Horn & Hardart se perfeccionó en la década de 1940, simplificando el sistema de pago: hasta ese momento los clientes tenían que cambiar sus billetes por fichas de plástico, ahora los clientes seleccionaban las comidas que deseaban, introducían el dinero, presionaban un botón y recibían su producto. El sistema de pago se integró en la experiencia de compra, como pasa actualmente con servicios como Uber.

    El primer sistema de autopago fue instalado en un supermercado en 1992 en Price Chopper Supermarkets en Nueva York, hace más de un cuarto de siglo. Pero mucho antes, en 1954, hace más de 6 décadas, los supermercados Meijer hacían también historia en el mundo del retail e incorporaban en sus líneas de cajas registradoras, cintas transportadoras automáticas para que los clientes pusieran los productos y todo fuera más rápido.

    Pero lamentablemente, el modelo de Horn & Hardart se agotó. De nuevo, los procesos de destrucción creativa: nuevos modelos de negocios que destruyen otros ya existentes y dominantes en el mercado. Pasó y seguirá pasando, incluso con Amazon, Alibaba o Apple. En los sesenta aparecieron las grandes cadenas de hamburgueserías, y Horn & Hardart fue decayendo y acabó cerrando en 1991 su último local en Nueva York.

    El hecho es que, aunque hoy hablamos de la automatización de las tiendas como algo ultramoderno, en realidad es algo que existe hace más de un siglo, y además de éstas, probablemente seguirán existiendo las tiendas de barrio de toda la vida, y al final el que decidirá es el consumidor.

  • ¿Es malo aumentar precios durante una emergencia?

    A juzgar por las reacciones del personal gubernamental en las conferencias del Ministerio de Salud el día de ayer, que amenazaban con establecer controles de precios en la venta de productos bactericidas ante la amenaza del Corona, uno diría que sí, que aumentar precios es perverso. Pero, y los peros suelen ser interesantes, el blanco y negro puro no suelen ser típicos en la naturaleza sino las infinitas gamas de grises. En tal sentido ¿qué tal si les digo que el aumento de precios de los germicidas en tiempos de Corona tiene su lado positivo?

    Y es que las leyes que imponen irreflexivamente controles de precios durante eventos extremos tienen efectos imprevistos, e indeseables. Pero son muchas las autoridades que fácilmente se van por la ruta de lo políticamente correcto que luego resulta ser incorrecto. Las advertencias en torno a todo ello han sido dadas hace mucho tiempo, pero lastimosamente poco esmero ponemos en el estudio de la historia.

    En el caso de corona virus, lo primero que aflora son las pasiones emotivas y hasta una especie de deleite morboso ante el evento catastrófico. Yo le llamo el efecto carnaval. Sumidos en el frenesí del sensacionalismo y espanto, saltan muchos a criticar a los comerciantes que aumentan los precios de productos asediados; y a éstos les tildan de especuladores codiciosos, y hasta de crueles. Pero, lamentablemente lo típico es la reacción intestinal y no la del cerebro. Las normas económicas de libre mercado nos advierten, con sus buenas razones, que los precios en un mercado desembarazado de frágiles politicastros ofrecen información invaluable relativas a la demanda y la oferta.

    Lo que sí es cruel es que los primeros que lleguen a la tienda se lleven todo el jabón bactericida; cosa que es mucho más improbable si el precio de ese momento refleja la realidad de la demanda y la oferta. ¿Tienes idea de las complicaciones de satisfacer demandas desmedidas en momentos de crisis? Si en ese momento congelas los precios, los comerciantes no tendrán mayores incentivos para salir a reabastecer esos productos.

    Durante un huracán que deja árboles regados por calles y encima de casas ¿cómo hacen las empresas que cortan árboles para dar el servicio? Sí… tienen que salir intempestivamente a contratar más personal e invertir en más maquinaria y tal.

    La cruda realidad es que los dictámenes gubernamentales no pueden cambiar las leyes de la naturaleza, incluyendo las económicas. Una persona conocida se jactaba de haber comprado toda la existencia de productos germicidas en un súper. Consumismo frívolo o de pánico irracional.

    La única garantía de oferta de algún producto esencial depende del precio que permita la reposición en tiempos de crisis. En ese momento los precios elevados son muy éticos. Y en tal sentido exagero para ilustrar. Supongamos que el gobierno dicta una disminución de precios del jabón germicida. Simplemente los comercios no tendrán incentivo alguno por satisfacer la demanda. ¿Crees que vender cerveza durante un juego de futbol o beisbol cuesta igual que venderla en la cantina?

    Los precios controlados van a incentivar un mercado negro y muchas otras respuestas imprevistas por los burrócratas, como la escasez. Lástima me da ver a organismos empresariales respaldando semejantes medidas; ya que dan claras evidencias de no entender la economía. Eso sí es muy triste.

  • El Coronavirus ya está aquí. ¿Y ahora qué hacemos?

    Nada fortalece el poder del estado después de las guerras que una epidemia. Una epidemia usualmente implica restricciones al derecho de libertad de movimiento, al derecho de reunión, al derecho a la intimidad, ya que tu historial medio y con quien te reúnes se torna un tema de políticas públicas, y hasta de seguridad nacional. El Estado, cuya misión básica es dar seguridad a todos los ciudadanos, ahora tiene todas las excusas para acrecentar su poder. También hay restricciones al derecho de propiedad. Por ejemplo es común que los países pongan controles de precios para acabar con la especulación, y lo único que logran es fomentar las compras de pánico y las compras especulativas de acaparadores para su reventa a mayor precio. Hay que estar muy atentos a estos peligros. Por ahora el gobierno parece tomar las cosas con su calma característica. Lo que no sabemos es que si es por sangre fría o incapacidad oculta.

    Porque el corona virus trae dos problemas grandes. El primero, es el médico, que no pienso tocar acá porque no soy médico, el segundo es el impacto económico sobre Panamá del coronavirus.

    Panamá tiene una economía de servicios con varios pilares. Y el coronavirus puede hacer entrar en crisis a todos.

    El colapso del offshore y la construcción. El pilar planteado por la plataforma financiera de Panamá se encuentra bajo asedio de la OCDE y el GAFI, con sus estándares internacionales, algunos realmente planteados para combatir el financiamiento de actividades ilícitas y la evasión fiscal, pero también con claros propósitos proteccionistas de evitar que la gente vote con los pies hacia jurisdicciones más cómodas y evitar la competencia fiscal perjudicial. El sector construcción también ha tomado duro, y hay ahora mismo hay un exceso de inventario, con apartamentos y locales comerciales vacíos. Los obreros de la construcción se han reducido a la mitad. Y por lo tanto, las cuotas sindicales que financiaban al SUNTRACS, FENADESO y al FAD.

    Ahora el coronavirus va a atacar otros dos pilares de la economía panameña que ya venían estando golpeados.

    El Canal de Panamá. La ACP no ha dicho nada, pero ahora a las restricciones de calado por la falta de agua se va a sumar el colapso del comercio desde China y Corea del Sur y la caída de los precios del petróleo. La actividad comercial en los puertos de la costa oeste de los Estados Unidos que comercian principalmente con Asia, ha caído un 25% y los puertos de la costa este, que usan el Canal de Panamá para comerciar con Asia, esperan una caída del 15% el primer cuatrimestre de este año, principalmente gracias a la caída del comercio con China. Comercio que pasa por el Canal de Panamá. Y que sumado a las restricciones de dragado por la sequía, va a hacer que el tránsito por el Canal de Panamá disminuya, y por consiguiente los ingresos en forma de peajes y los aportes del Canal al presupuesto de Panamá, que desde Martinelli usa estos ingresos para sufragar gastos fijos y no inversiones. Sume a esto que la crisis deflacionaria del Coronavirus ha provocado una caída brutal en las importaciones de materias primas a China, entre ellas el petróleo, que ha caído a un mínimo, lo que hace la ruta por Suez más competitiva que la Panameña con sus restricciones de calado y tiempos de espera. El Canal de Panamá, los puertos y la industria logística van a tomar duro. Y con esto los ingresos del Estado Panameño.

    El Sector Turismo. Los hoteles ya habían despedido a más de 30 mil personas antes del coronavirus, ahora va a ser devastador. Las aerolíneas han tenido que cancelar vuelos, dejar pasajeros en tierra, la industria cinematográfica ha tenido que atrasar estrenos como Mulan y la última de James Bond. La Liga de Fútbol Italiana está cancelada. Los restaurantes operan con horarios restringidos. En Francia todas las aglomeraciones de más de mil personas han sido canceladas. Si las aerolíneas, hoteles, restaurantes y cines tenían problemas antes del coronavirus, ahora el efecto puede ser devastador.

    ¿Qué hacer? Emmanuel Rahn tiene una frase famosa, “no dejar que ninguna crisis se desperdicie”.  Las crisis también son épocas de oportunidades. Y las oportunidades son varias.

    El problema con poner todos los huevos en una sola canasta. Los empresarios norteamericanos se estaban dando cuenta con la guerra comercial entre los Estados Unidos y China, antes del coronavirus, que no había sido sabio poner todos sus huevos manufactureros en la misma canasta China. Ahora con más razón, teniendo en cuenta el riesgo de los gustos gastronómicos y hábitos higiénicos de los Chinos, la posible aparición de cisnes negros en forma de pandemias en China, van a asustar más a los inversionistas que van a buscar un “desacoplamiento” de la economía China y la norteamericana diversificando su producción en otros países. Un economista norteamericano nos dijo la semana pasada que México y Centroamérica deberían poder aprovechar la coyuntura para atraer inversiones manufactureras. Panamá, que ha puesto todos sus huevos en un sector servicios que ahora va a tomar duro con la crisis, debería prepararse para aprovechar esta oportunidad. Pero para ello debemos hacer modificaciones en la legislación vigente, sobre todo en el Código de Trabajo.

    El aumento de desempleo y el colapso de la industria de la construcción van a hacer que el poder de los sindicatos sea mucho menor para oponerse a las reformas, y si persiste la situación de Coronavirus, no van a poder hacer grandes y violentas manifestaciones contra las mismas. Es una oportunidad que no debería desperdiciarse.

    El problema del sistema de salud público panameño. La atención médica primaria, que es la que evita que la gente no se enferme en primer lugar y la atención médica terciaria, para los cuidados catastróficos que la atención medica privada es incapaz de asumir, como lo demuestra la conducta de las aseguradoras, pueden ser mejores. Está claro que la salubridad pública tiene un rol que cumplir y puede ser mejor. Es una discusión que hay que tener. Fuera de la histeria de que “quieren privatizar la CSS” cuando en efecto se trata de unificar el sistema estatal de salud. Se trata acá de crear un sistema estatal de seguros primarios que funcione, un seguro de salud estatal que cubra las carencias de los seguros privados y un sistema de salud estatal terciario para los eventos catastróficos, como lo puede ser la infestación del coronavirus.

    Son todas oportunidades que se presentan en una crisis. Pero por ahora parece que el gobierno sólo puede atender un problema a la vez, y éste es contener el coronavirus. En lugar de mirar los efectos que la crisis va a tener sobre nuestra economía y ver qué oportunidades saldrán al final de la crisis.

  • La gente sigue confiando en las grandes compañías de tecnología, pero Facebook pierde adeptos

    The Verge, revista estadounidense de noticias tecnológicas, llevó a cabo su primera encuesta nacional destinada a evaluar la opinión pública de las corporaciones de mayor experiencia en el sector.

    El sector tecnológico continúa siendo el más confiable entre los nueve sectores empresariales consultados y se ha mantenido aproximadamente al mismo nivel en los últimos ocho años. El análisis del informe, The Verge Tech Survey 2020, indica que la animadversión hacia las compañías genéricas de «gran tecnología» se debe principalmente a su papel en el control de los medios, y en particular de las redes sociales. Este fenómeno, conocido como techlash, refleja la creencia creciente de que los gigantes digitales, al margen de cualquier control social efectivo, acumulan demasiado poder sobre nuestras economías, nuestras democracias, nuestras sociedades e, incluso, sobre nuestras mentes.

    La mencionada encuesta encontró que al menos el 89% de los consumidores tienen una visión favorable de Amazon, Google, Netflix y Microsoft, un 71% de Facebook, y solo un 61% de Twitter. Además, el 26% piensa que Facebook tiene un impacto negativo en la sociedad, y de Twitter lo piensa cerca del 25%. Por otra parte, solo el 38% de los encuestados sabía que Facebook posee Instagram, el 29% que posee WhatsApp y menos de la mitad de los encuestados sabían que Google poseía YouTube. En general, una gran mayoría de personas dijo que se sentiría decepcionado si Google, Amazon, Microsoft, Netflix o Apple desaparecieran. Sorprendentemente el 33% de los encuestados dijo que estaría decepcionado si Twitter desapareciera.

    Hablando de Facebook, cuando se les preguntó sobre sus principales razones para no usar la plataforma, el 46% de los encuestados mencionó las preocupaciones de privacidad como su principal motivación para abandonar el sitio. Entre las principales razones encontramos también la falta de interés en su contenido, la desaprobación de las prácticas comerciales de Facebook y la preferencia por usar otras plataformas de redes sociales.

    El estudio mostró una caída en la confianza de las grandes compañías tecnológicas en los Estados Unidos, Francia, Canadá y algunos otros países. Al mismo tiempo, la confianza en el sector tecnológico continúa siendo increíblemente alta en China, India y otros países en desarrollo. Las personas en estos mercados de rápido crecimiento saben cuán dramáticamente ha mejorado su nivel de vida, mientras que los ciudadanos de los países ricos se centran en la privacidad, la manipulación de los medios y la desigualdad de ingresos.

    A nivel mundial, el 61% cree que el ritmo del cambio tecnológico es demasiado rápido. Además, los encuestados preocupados por «la información falsa o las noticias falsas que se utilizan como arma» aumentaron del 70% en 2018 al 76% en el último informe. Curiosamente, es una creencia popular que las compañías tecnológicas más grandes tienen demasiado poder y deberían dividirse en compañías más pequeñas. El 56% dijo que el gobierno debería disolver las compañías tecnológicas si controlan demasiado la economía. El 72% afirmó que Facebook tiene demasiado poder y el 51% dijo que Google y YouTube deberían dividirse en compañías separadas.

    En pocas palabras, quizá el techlash está sobrevalorado.  Microsoft, Amazon y Apple, las cuatro compañías tecnológicas más grandes de EE. UU. por capitalización de mercado, fueron calificadas como las que tienen el impacto más positivo en la sociedad.